.
– Capitulo XVII –
悲しい約束
Una Triste Promesa
Hay que tomarse un tiempo para ver. Necesitamos una pausa para reaccionar, para comprender, una distancia para « darnos cuenta».- Mariscal, E.
Abrió la puerta de la gran biblioteca con cuidado, sin percatarse de las personas que estaban en el lugar. Cuatro pares de ojos regresaron a verle, mientras que el rostro de uno de los presentes le regalo una sonrisa, el otro lo observaba con seriedad.
– Príncipe – dijo Irina al verlo entrar a la biblioteca, dejando que sus mejillas tomaran un suave color carmín.
Víctor solo le devolvió la sonrisa.
– Me alegra verlo – continuo – supe que fue a ver el juicio que impartió su majestad.
– Si, algo así – sentándose en uno de los sofás.
– ¿Está todo bien? – pregunto al percatarse de la falta de alegría en el príncipe.
– No del todo – contesto sin ánimo.
– ¿Sucedió algo malo? – colocando su mano sobre el brazo ajeno.
Víctor recordó brevemente las últimas palabras que había tenido con Yuuri pero, decidió dejarlas atrás por el momento y cambiar su semblante.
– El final del juicio fue… No el que muchos esperaban.
– ¿Fue encontrado culpable?
Víctor frunció el ceño al darse cuenta que aún no sabían nada.
– Pensé que ya lo sabrían.
– ¿Qué cosa?
– Celestino… Esta muerto.
– ¿Qué? – dijo Noel, quien se había mantenido en silencio desde que había entrado a la biblioteca.
– Mi padre quería usar un suero de la verdad, Celestino no lo permitió y, le quito un vial a los guardas… Creo que ya sabes lo que sucedió.
Ambos no salían del asombro que aquella noticia les había causado.
– ¿Y su familia? – pregunto Irina un tanto consternada.
– Mi padre los exilio del reino.
Irina se llevó su mano derecha hacia su boca en señal de sorpresa.
– El rey hizo lo que creyó correcto – contesto Noel – sabes lo que suele suceder con las familias de aquellos que consideran traidores, no son bien tratados en el reino.
Víctor no dijo nada y solo desvió la mirada.
Irina por su parte solo posaba sus ojos de un rostro a otro, sintiendo la clara incomodidad en el ambiente.
– Recordé que la reina Anora me pidió ir a verla – dijo cerrando su libro y levantándose de su sitio.
– ¿Gusta que la acompañe? – Dijo Noel.
– No, no se moleste, estoy segura que ustedes tienen mucho de qué hablar después de lo sucedido – mordiéndose ligeramente el labio inferior – con su permiso – hizo una pequeña reverencia y se alejó de ambos.
Camino con calma hacia las enormes puertas de la biblioteca, volteando hacia tras solo unos segundos para observar a ambos jóvenes, quienes seguían sin dirigirse mirada o palabra alguna. Sonrió levemente, esperando que su pequeña mentira, arreglara aquello que los estaba molestando.
Regreso su vista al frente y salió del lugar.
Víctor siguió con su vista perdida en algún punto de los libreros mientras Noel tomaba el ultimo sorbo de su te, el cual se había enfriado hace mucho tiempo. Dejo la taza ahora vacía sobre la pequeña mesita y dirigió su vista hacia la figura de protegido, cerró sus ojos y suspiro.
– Víctor.
No obtuvo respuesta.
– Víctor, por favor.
Siguió sin respuesta.
– Puedes dejar de comportarte como un niño solo porque no estuve de tu parte en esta ocasión.
Víctor solo dirigió su vista hacia el rostro de su mejor amigo.
– Entiendo que estas enfadado por ello, pero no creo que sea motivó suficiente como para ignorarme.
Víctor respiro profundamente.
– No estoy molesto contigo – finalmente respondió.
– ¿No? Entonces, ¿Por qué no me contestas?
– Solo estoy pensando en… Algunas cosas.
Noel conocía aquella mirada seria y sin alegría, algo le había ocurrido a su protegido y, por el semblante tan triste que este irradiaba, sabía que aquello que había ocurrido le había lastimado de un modo u otro.
– ¿Que sucedió?
– ¿Por qué crees que me sucedió algo?
Noel solo le dirijo una triste sonrisa.
– Tienes razón, si sucedió algo.
– ¿Puedo saber el que?
Víctor lo pensó un minuto antes de responder pero, en vez de relatarle lo que había sucedido con Yuuri, decidió preguntar otra cosa.
– Noel… ¿Que sabes de los Katsuki?
Noel frunció el ceño ante la inusual pregunta de su protegido.
– No debiste correr de esa forma – ayudándole a recostarse en la cama.
– Estoy bien – emitiendo un leve gemido de dolor.
– Claro, se nota lo bien que estas.
Phichit le dedicaba una mirada llena de reproche.
Tras la muerte de Celestino, había salido corriendo del lugar, como buscando escapar de una realidad que lo estaba atormentando y la repentina aparición de Víctor no había ayudado en nada, incluso un sentimiento de dolor por lo que le dijo seguía brotando en su pecho, aunque decidió ignorarlo ya que no sacaría nada recordándolo. Había llegado a casa una hora más tarde, siendo recibido por una molesta Mary y los semblantes preocupados de Adalberto, Sunan y Phichit secundando a la misma.
Su mejor amigo le había ayudado a llegar a su habitación, se dio un baño por la súbita fiebre que comenzaba a asaltarlo y ahora estaba en su cama con la cabeza dándole vueltas por su estado actual.
– ¿Cómo te sientes? – sentándose en la silla de al lado.
– Mareado y con algo de frio.
– Es normal, aun no te recuperas de esa herida y tu forzando tu cuerpo.
Yuuri cerró sus ojos un momento debido al cansancio.
– Phichit.
– ¿Mmm?
. ¿Te sorprendería si te dijera que, cambie de opinión?
– Depende… ¿Sobre qué tema?
– Acerca del plan que tienen en mente para derrocar a Demian.
Phichit se sorprendió por lo que acababa de escuchar.
– ¿Quieres participar? – pregunto un tanto escéptico.
Yuuri solo regreso a verlo con un extraño brillo en sus ojos que provoco que un escalofrío recorriera su columna y sin palabras, entendió la respuesta de su mejor amigo.
Varios libros se encontraban sobre uno de los escritorios de la biblioteca, algunos se encontraban apilados, otros habían caído al suelo tras ser leídos y no contener lo que buscaba mientras que otros seguían en espera de ser abiertos.
Desde que había pedido a su mejor amigo contarle acerca de los Katsuki, se había dedicado a leer cada libro que se encontraba en el lugar buscando información de dicha familia, por muy pequeña que esta fuera, todo con el fin de que la enorme curiosidad que ahora lo carcomía fuera despejada.
– Aun no entiendo por qué quieres saber de los Katsuki, nunca te intereso saber de ellos – dijo Noel apartando su vista del libro que tenía entre las manos.
– Eso era por que antes no tenía motivos para ellos.
– ¿Y ahora sí? – Dejando el libro en el escritorio – ¿me vas a decir el motivo?
Víctor no contesto.
– Si sigues callando, no sabré como ayudarte – apoyándose en el escritorio y cruzando los brazos.
– Es algo… Personal y necesito saber la respuesta.
– Tiene que ver con lo que sucedió hoy en la plaza, ¿no?
– Quizás – dejando otro libro sobre la enorme pila y abriendo otro.
Noel rodo los ojos al no poder llegar a ningún lado con la actitud de su amigo.
– No encuentro nada más allá de lo que ya sabemos – dijo cerrando el libro que tenía entre las manos y dejándolo en el escritorio.
– Eso es Natural, la información que conocemos es general y es la que se maneja en todos lados, si buscas algo confidencial en los libros de la biblioteca real no lo vas a encontrar – aseguró Noel.
Víctor enarco una ceja y regreso a verle.
– No me mires así – dijo Noel – La información confidencial esta reguardada por el rey, ya sabes, la historia de la familia real y sus secretos deben guardarse de todo aquel que quiera hacer mal uso de ella – encogiéndose de hombros.
– Me estás diciendo que, si quiero saber algo muy íntimo de los Katsuki… ¿La información se encuentra guardada en la bóveda personal de mi padre? – girándose para encarar a su compañero.
– Si, ¿Dónde más crees que estaría?
Víctor bajo la mirada por unos segundos, dándose cuenta que su amigo tenía razón, si quería encontrar información detallada acerca de la familia real anterior, solo su padre podría esclarecer todo el misterio.
"Pregúntale al hombre al que llamas padre"
Aquellas palabras volvieron a sonar con fuerza en su cabeza.
– Noel.
– ¿Mmm?
– Necesito que me hagas un favor.
– ¿Que necesitas?
– Necesito que me ayudes a entrar en la bóveda personal de mi padre.
Después de una hora y tras haber descansado en su habitación, tanto Phichit y Yuuri bajaron al primer piso, encontrándose a Sunan y a los demás sentados en la sala, tomando un poco de café y conversando entre ellos.
– ¿Se irán el día de hoy? – escucho preguntar al padre de Sunan.
– Si, fue lo que me dijo por teléfono – contesto Adalberto.
– ¿Te mencionaron la hora?
– Después de las tres de la tarde.
– Pero, ese horario… Es muy peligroso.
– Nadie de los transportes diurnos quiso llevarlos, solo un amigo suyo accedió a hacerlo, por suerte el auto de esa persona tiene faros integrados así que los cadentes no serán problema.
– Así que… Se irán – dijo Yuuri.
Todos regresaron a ver a los jóvenes, bajando la mirada al escuchar sus palabras.
– Deben cumplir la orden del rey – indico Mary.
En ese momento Yuuri sintió como la ansiedad y tristeza lo volvían a hundir.
– Yuuri – su hermana se levantó y se acercó a el – no es culpa tuya – dijo colocando sus manos sobre sus hombros.
– Sabes que eso no me hace sentir mejor, ¿verdad?
– Lo sé.
– No es justo, Celestino no tenía que pagar por las cosas que yo hice… Nunca debí involucrarlo.
– Celestino conocía los riesgos de ayudarte, el tomo las consecuencias de ello… Se lo difícil que es soportar perder algo que amas y mucho más cuando sientes que sus muertes son una carga para ti pero, si hay una forma de honrar su muerte… Es impedir que estas fueran en vano.
– También lo dices por nuestros padres, ¿no es así?
Mary dibujo una triste sonrisa y asintió.
– No sé cómo voy a continuar después de esto.
– De la misma forma que lo hemos hecho todos – Yuuri la contemplo sin desviar la mirada – viviendo.
El no contesto y solo dejo que su hermana lo abrazara.
– ¿Quieres ir a despedirte de la familia de Celestino? – Dijo Phichit, interrumpiendo el momento entre ambos hermanos.
Ambos se separaron.
– No creo que su esposa quiera verme.
– Ella no te odia – se apresuró a contestar Sunan – es más, ella desea verte antes de partir.
– ¿Por qué? – pregunto curioso.
– No lo sé, solo dijo que deseaba darte algo antes de irse así que… No la dejes esperando.
Yuuri bajo la mirada, preguntándose ¿qué era lo que la esposa de celestino quería darle?
– ¿Te volviste loco?
El rostro de Noel era un poema, ya que aún no podía creer lo que su compañero le estaba pidiendo.
– Noel, por favor.
– No – dijo para darse la vuelta y caminar hacia la salida de la biblioteca.
– ¡Noel! – comenzando a seguirlo.
– No, lo que me pides es demasiado – contesto sin detenerse.
– No te estoy pidiendo nada que no haya hecho antes – aseguro.
– Una cosa es colarse a la cocina o al despacho del rey para tomar un documento donde te están acusando por algo que hiciste – dijo con enojo – y otra es meterse en su habitación para hurgar en documentos confidenciales del reino.
– Noel, por favor, necesito hacerlo – insistió.
Noel se detuvo a pocos pasos de la puerta y se giró sobre sus pies para encararlo.
– He dicho, No.
– Por favor – siguió suplicando, colocando aquel gesto de tristeza que a medio mundo convencía cuando necesitaba algo.
– No – volvió a repetir desviando la mirada.
– Noel… – lo llamo con un tono de súplica en su voz.
– No – dijo esta vez con un titubeo en su voz.
Víctor continuo observándolo esta vez, pequeñas lagrimas comenzaron a acumularse en sus ojos las cuales, aun cuando Noel intento no caer en su juego, termino suspirando a modo de derrota.
– ¡Esta bien! – Elevo su voz – ¡Te ayudare, pero deja de poner esa cara!
– ¡Noel, Gracias! – dijo abrazándolo.
– Si, si, ya está bien – apartándolo de golpe.
– Sabía que no me dejarías solo en esto.
Noel solo rodo los ojos por lo dicho.
– Entonces – Víctor lo tomo del brazo – no perdamos tiempo.
– ¿Qué?
Víctor lo comenzó a jalar hacia la puerta, la cual fue abierta por los guardias y salieron del lugar.
Todo el trayecto, Noel se vio siendo jalado por su protegido, quien tenía una enorme sonrisa en su rostro mientras se dirigían hacia la habitación del rey.
– Víctor, ¿no deberíamos cerciorarnos primero de que el rey no esté en su alcoba?
Víctor se detuvo y soltó a su amigo.
– A esta hora mi padre debe estar en su despacho resolviendo algún problema.
– Yo preferiría verificarlo antes de hacerlo, si nos atrapan el castigo que recibiremos…
– Oh, vamos Noel, no estamos robando un banco, solo nos vamos a escabullir en…
– ¿En dónde, príncipe Víctor?
Una voz gruesa y áspera les hizo dar un brinco por el susto, ambos se giraron sobre sus pies para encontrarse con el rostro serio y sin expresión del maestro Ballad quien era acompañado por Yuri y Otabek.
– En... La cocina – contesto Víctor – ya sabe cómo es el cocinero real cuando alguien se mete en su lugar de trabajo y le roba los postres recién hechos.
El maestro Ballad no creyó del todo aquella declaración pero, lo dejo pasar.
– Noel – volteando a ver a su alumno.
– Solo entraremos a la cocina maestro, ya sabe cómo es el príncipe a veces – siguiendo la mentira de su amigo.
– Muy bien – comenzando a caminar y pasando entre ellos – no olvides el entrenamiento.
– No lo hare maestro.
Y siguió su camino, el cual fue tomado por Otabek segundos después.
– Bien, vamos Noel… – dijo Víctor girando hacia izquierda y perdiéndose por el pasillo.
Noel suspiro y siguió al príncipe pero, detuvo sus pasos cuando la voz de Yuri le llamo.
– Sabes tan bien como yo que el maestro no se creyó esa mentira.
– Lo sé – contesto sin regresar a verle.
– No olvides lo que te dije acerca de seguirle el juego al viejo.
Regreso a verlo sin emitir palabra alguna.
– Solo es un recordatorio.
Dejando a un Noel solo con sus pensamientos, Yuri siguió el mismo camino que Otabek y el maestro Ballad habían tomado.
El sol se estaba ocultando en el horizonte, la noche pronto se haría presente y con ello, los peligros que acechaban en Eos. Aun cuando era de conocimiento público y, se sugería no salir después del horario permitido, la familia de Celestino ya se encontraba fuera del que alguna vez fue su hogar, subiendo las maletas y algunas pertenencias en el auto que los llevaría a la vieja granja de la familia de la esposa del mismo.
Yuuri contemplaba todo sin poder moverse de su sitio, ya que no tenía fuerzas para hablarle o en este caso, ayudarle a subir todo al auto, ya que sentía la culpa lo seguía carcomiendo por dentro.
Por su parte, Adalberto y compañía eran quienes se habían ofrecido para terminar el trabajo.
– Supongo que es todo – dijo Phichit, cerrando la cajuela del auto.
– Muchas gracias por venir a ayudarnos, no tenían por qué hacerlo.
– No fue nada, lo hicimos con todo placer – contesto Sunan.
– Dafne – hablo Adalberto, sacando un pequeño objeto de entre sus ropas.
Ella volteo a verlo.
– Espero pueda ayudarte – dijo entregándoselo.
– ¿Qué es? – tomando el sobre.
– Un celular y una agenda con números telefónicos.
– Pero… ¿Por qué?
– Sé que el rey ordeno que se te diera una dote pero, dudo mucho que te sea suficiente, más si piensas vivir toda tu vida en la granja de tus padres.
Ella bajo la mirada.
– Además, tus hijos querrán estudiar alguna carrera.
– Las personas exiliadas pierden ese beneficio – aseguro Dafne.
– Lo sé, es por eso que en esta agenda están los números de teléfono de personas que pueden ayudarte, solo debes decirles que hablas de parte mía o de Sunan y ellos se encargaran del resto.
– ¿Puedo saber quiénes son estas personas?
– Altissia – susurro.
– ¿Se trata del…?
– No temas en pedir ayuda si la necesitas.
La viuda de Celestino sonrió dejando que una solitaria lágrima cayera por su mejilla.
– Muchas gracias.
Adalberto asintió y se movió de su sitio, dejando que la figura de Yuuri fuera visible. Dafne se limpió el rostro y camino hacia donde estaba el joven azabache, quien bajo la cabeza al verla llegar a su lado.
– Yuuri.
El no respondió.
– No fue tu culpa – dijo con una voz suave y comprensiva.
Yuuri levanto la cabeza y vio una suave sonrisa en el rostro de Dafne.
– La pérdida de mi marido es difícil, no solo perdí a la persona que amo, mis hijos perdieron a su padre.
Los labios de Yuuri temblaron al no poder responder.
– Pero ni mis hijos ni yo te culpamos, mi esposo conocía los riesgos y el trato de ayudarte tanto como pudo porque creía en ti.
– Dafne – las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas.
– No solo el creyó que este reino podría cambiar, también mis hijos y yo creemos firmemente en ello.
– Yo…
Dafne tomo las manos del más joven y las levanto a la altura de su corazón.
– Sé que serás un noble y justo rey Yuuri, que traerás paz a este reino así como a todas las personas que seguimos esperando por ella.
Las lágrimas no dejaron de caer por el rostro de Yuuri.
– Es cierto – dijo liberando sus manos para sacar una cajita de su bolsa – toma.
– ¿Qué es? – dijo tomándola con una mano y limpiándose el rostro con la otra.
– Hace poco fue tu cumpleaños ¿no es así?
Yuuri frunció el ceño.
– Celestino lo había comprado pero, no tuvo tiempo para entregártelo.
Contuvo el aliento cuando escucho el origen de la cajita. Las manos comenzaron a temblarle y la abrió con cuidado. Dentro de la cajita había una pequeña cadena de oro, no era muy lujosa pero para él, era el objeto más valioso del mundo.
– Yo… – levanto la vista.
– Feliz cumpleaños, Yuuri.
Las lágrimas nuevamente asaltaron su rostro y, sin poder contener sus emociones, abrazo a la viuda de celestino y la estrecho con fuerza.
– Yo… No dejare que el sacrificio de Celestino sea en vano, yo… Prometo que…
– Sé que lo harás – susurro Dafne – sé que Celestino, donde sea que se encuentre, estará muy orgulloso de ti cuando asumas el trono.
Yuuri finalmente dibujo una pequeña sonrisa.
– Espero que sí.
Dafne asintió y se apartó de él.
– ¡Mamá es hora de irnos! – le llamo uno de sus hijos.
Ella sonrió y camino hacia donde estaban sus hijos en compañía de Yuuri.
– Cuídense mucho – dijo Adalberto abrazando a Dafne.
– Lo haremos – contesto.
Todos entraron en el auto y, tras una última sonrisa, cerraron la puerta del mismo, el auto arranco, alejándose hasta perderse de la vista de todos.
– Adalberto – lo llamo Yuuri.
El volteo a verlo.
– Necesito un favor.
Frunció el ceño, ya que no era habitual que el azabache le pidiera un favor.
– Dime.
– Necesito encontrar al hombre que delato a Celestino – girándose para encarar a los tres.
Phichit, Adalberto y Sunan regresaron a verse sin decir palabras.
– ¿Que sucede? – dijo percatándose de su forma de actuar.
– Es que…– Phichit se calló regresando a ver a su padre.
– Ya sabemos quién delato a Celestino.
– ¿Qué?
– De hecho, lo descubrimos el mismo día que murió Celestino – aseguro Phichit.
Yuuri bajo la mirada unos segundos, sorprendido por lo que acaba de escuchar. Trago con fuerza y levanto la vista.
– ¿Quién es?
Nadie contesto.
– ¿Quién es? – volvió a preguntar, esta vez con impaciencia.
– Es mejor que lo veas con tus propios ojos – sugirió Phichit.
La habitación del rey era una de las más grandes del palacio. Las ventanas eran adornadas por bellas cortinas doradas con encajes blancos en las orillas, el suelo estaba tapizado con un tipo de tela parecía al terciopelo, a mano derecha había dos pequeños sofá junto a una mesita, a mano derecha un tocador donde se encontraban los artículos personales de la reina Anora, la cama estaba al frente ordenada como siempre y al fondo, se encontraba la puerta que daba al cuarto de baño.
– Y pensar que alguna vez le perteneció al rey Katsuki – dijo Víctor.
– Lo fue, aunque cambio mucho según me entere, el rey Demian ordeno redecorarla por completo.
Víctor no contesto y camino por la habitación.
– ¿Al menos sabes dónde está la bóveda?
– Hablas conmigo – aseguro Víctor.
El camino hacia la pared que estaba al lado de la cama, tanteo la misma y, tras unos segundos, encontró el botón que buscaba, justo detrás de la enorme base de la cama.
– Bingo – dijo y lo pulso.
La enorme pared se deslizo hacia atrás y luego hacia la izquierda, revelando un pasadizo que no muchos conocían.
– No quiero saber cómo es que sabes eso.
– Digamos que no es la primera vez que entro aquí, sin que mi padre lo sepa.
– Lógico.
– Espera afuera y vigila que nadie venga, si ves que mi padre se acerca, envíame un mensaje.
Noel asintió.
– Ten cuidado – le pidió.
Víctor asintió y comenzó a bajar las escaleras de aquel misterioso pasadizo. Aunque sabía que estaba mintiéndole a Noel, no creyó conveniente decirle como conocía la ubicación de la bóveda realmente, sobre todo porque la descubrió un día que su padre le llamo a sus aposentos y, como la puerta estaba abierta él pudo ver claramente como su padre salía de aquel pasadizo, cerrándose tras él, su padre nunca se enteró de ello y no quería saber exactamente qué haría si se enteraba. Por lo que decidió guardarse el secreto para no meter en más problemas de los que ya a su mejor amigo.
Cuando bajo el último escalón, busco el botón en la pared y las luces se encendieron inmediatamente. La bóveda no era muy grande pero tampoco pequeña, había muchas estantería repletas de libros cuyas páginas habían perdido el blanco que las caracterizaba por el pasar de los años así como viejos pergaminos con palabras antiguas que no conocía del todo.
Ahora tenía el problema de dónde empezar a buscar la información que necesitaba. Comenzó leyendo brevemente los primeros libros que estaban en la sección de la letra K, al inicio no encontró mucho, solo lo que ya se conocía, el origen del reino, quien fue su primer rey, sus descendientes, los pormenores de la guerra que habían tenido con su familia pero nada más.
Incluso había encontrado un viejo pergamino que hablaba de la antigua leyenda de Etro, la diosa del Valhala que había concedido su poder a los Katsuki, el germen que azota el mundo por las noches y la sagrada misión de estos para combatirla. Hoy en día, la leyenda de la diosa era eso, una simple historia que muchos no creían realmente, y aunque veían la magia frente a ellos, seguían escépticos puesto que, con todo ese poder, ¿por qué no habían acabado con los cadentes?
También hablaba del cristal, aquel poderoso objeto que canalizaba los poderes de los Katsuki para combatir los cadentes pero, dicho cristal no había aparecido tras la muerte de los reyes, ¿acaso solo era una fantasía? Nadie lo había visto salvo las familia real por lo que, o solo era un mentira para excusar los extraños poderes de los mismos o, el cristal desapareció sin dejar rastro.
Cerró nuevamente el pergamino sin encontrar nada relevante, al menos no sobre los hechos ocurridos la noche de hace trece años, cuando los reyes Katsuki habían muerto en un golpe de estado propiciados por los mismos súbditos del reino.
¿Por qué Yuuri le había dicho que le preguntara a su padre?
¿Que tenía que ver con ello?
No podía sacarse de la cabeza el rostro triste y lleno de resentimiento de Yuuri, mucho menos lo que insinuó con sus palabras.
¿Yuuri era el hijo del rey Regis?
Si era así, ¿Cómo había sobrevivido al golpe de estado?
Se revolvió el cabello en señal de frustración y procedió a seguir buscando entre cientos de libros y Pergaminos viejos. Por lo que no se dio cuenta del tiempo que había pasado por lo que, solo se detuvo cuando su teléfono sonó.
– ¿Noel?
"Sal de ahí, el rey está en camino a sus habitaciones"
– ¿Que tan lejos?
"Acaba de salir de su despacho, está despidiéndose del presidente de Arcadya"
– En seguida salgo – y colgó.
Metió su celular dentro de su pantalón y cuando estaba por salir, tiro sin querer uno de libro que estaba oculto en la estantería conjunta. Lo levanto y le dedico una mirada curiosa, la pasta del libro era totalmente negra, no había letras que dijeran el nombre del mismo y, como si algo lo llamase, lo abrió para leer su contenido.
Grande fue su sorpresa al darse cuenta que no era un libro como cualquier otro, este contenía notas, cálculos y fechas de lo que parecían experimentos de algún tipo, lo que más le extraño fue la letra de las palabras en las páginas del mismo.
– La letra de mi padre – susurro.
En el mismo detallaba haber encontrado un objeto valioso, pero para utilizarlo debía encontrar el huésped perfecto que pudiese albergarlo sin que este se descontrolara. Hablaba de un aura oscura proveniente del mismo y los nefastos resultados que había obtenido al querer usarlo. Indicaba que gracias a él había hallado el lugar donde se encontraba la otra mitad y que, quizás pronto, sus planes rendirían frutos.
– ¿En que estaba metido?
Paso las páginas, encontrando algunos garabatos y letras antiguas que no conocía, solo reconoció el nombre de la diosa Etro y Caos en algunas líneas. Siguió pasando páginas hasta que, una en especial, llamo su atención. En ella hablaba de haber encontrado a un huésped para ese objeto y, que tras horas de espera, el experimento había funcionado, el objeto estaba dentro de la persona que había escogido y, este se había adaptado perfectamente al mismo.
– ¿Huésped? – Se preguntó curioso.
Un ruido en el pasadizo de las escaleras lo alerto, cerro el libro y lo volvió a colocar en su sitio. Cuando alzo la cabeza pudo notar una sombra bajando por la misma por lo que, rápidamente se metió entre los estantes y se escondió en los más alejados del lugar. Alzo la vista y noto como su padre entraba en el lugar.
– ¡Por la diosa! – exclamo por lo bajo.
Su padre se movió con lentitud por el lugar, mientras él se movía sobre sus rodillas y manos para no ser visto por el mismo. Pidiendo a todos los dioses que no notara su presencia o, en esta ocasión no tendría como escaparse del castigo. Espero a que su padre se sentara y comenzara a leer el libro que estaba en el escritorio ubicado al fondo y procedió a avanzar hasta llegar al pasadizo, subiendo los escalones lentamente hasta que se encontró fuera del campo de visión y corrió los que faltaban.
Salió por el pasadizo y se apresuró a la puerta de la habitación, encontrándose a un Noel muy asustado tras ella.
– ¿Te vio?
– No, eso creo…
– Por eso te dije que era una locura.
– No se dio cuenta – aseguro cerrando la puerta tras el – eso es lo importante.
– ¿Y si lo hizo?
– Noel, seamos francos, si mi padre se hubiese dado cuenta no estaría aquí contigo.
Noel entrecerró los ojos por la frustración.
– No es gracioso.
– Lo sé – secundo – pero es mejor irnos antes de que el salga y nos vea aquí.
Noel asintió y comenzaron a alejarse del lugar tan rápido como les fue posible.
La sorpresa en el rostro de Yuuri no se hizo esperar, no entendía el por qué Adalberto y los demás lo habían traigo a ese lugar en específico, se giró para encararlos y preguntar el por qué.
– ¿Por qué venimos al orfanato? – pregunto aun sin poder encontrar el motivo de su presencia.
– La persona que buscas está aquí, Yuuri – contesto Adalberto.
– ¿En el orfanato? – Pregunto nuevamente – eso es imposible, aquí hay solo niños y monjas, además de la ayuda que Minako les brinda.
Adalberto suspiro.
– Sígueme.
Yuuri frunció el ceño pero siguió a Adalberto, siendo imitado por Phichit y Sunan.
El cielo ya se encontraba bajo el manto de la noche por lo que no había personas recorriendo las calles cercanas al orfanato, las calles eran iluminadas por las viejas farolas y sus sombras se proyectaban por las mismas. El frio comenzaba a colarse por sus huesos y la sensación de que lo que estaba por mostrarse lo hundiría aún más, siguió rondándole la cabeza.
Tanto misterio entre Adalberto, Sunan y Phichit comenzaba a inquietarlo, ¿Quién era la persona que había causado la muerte de Celestino? ¿Y por qué estaba en el orfanato? No tenía sentido alguno para él.
Yuuri detuvo sus pasos solo cuando Adalberto y los demás se detuvieron en la vieja capilla que estaba a una cuadra del orfanato.
– ¿La capilla? – le pregunto a Adalberto.
– ¿Todavía no te das una idea? – pregunto haciendo caso omiso de la pregunta de Yuuri.
Yuuri frunció el ceño nuevamente, pensó por unos segundos y negó con su cabeza.
Adalberto suspiro.
– Yuuri… La persona es… – Phichit trato de explicarle – Cuando, te fuiste corriendo vi algo – declaro.
– ¿Qué cosa?
– Ardyn le estaba dando un sobre a…
Yuuri se dio cuenta que les estaba costando decirle quien era.
– Ardyn estaba con otra persona – siguió Sunan – se estaban ocultando en un callejón, las personas ya se habían ido, le entrego un paquete que por lo mucho que se cuidaban al voltear, era dinero.
Yuuri solo se mantuvo en silencio.
– Estamos fuera de la capilla, ¿Quién crees que era esa persona?
El bajo la mirada, lo pensó unos segundos y, tras ello, la idea que cruzo su mente le trajo un sentimiento de sorpresa y horror.
– ¿Me estás diciendo que la personas que entrego a Celestino es…?
– Si no puedes creerlo, entra y confróntalo – le sugirió Sunan.
Apretó con fuerza sus manos y dio unos pasos al frente con la decisión de hacerlo pero, la mano de Phichit sobre su brazo lo detuvo.
–…
– Espera – le dijo, sacando algo de su mochila – si vas a hacerlo, ¿Quién mejor que Shade para ello?
Yuuri se sorprendió de ver su traje en manos de su mejor amigo.
– Phichit.
– Cámbiate, nosotros estaremos cuidándote la espalda por si algo sale mal.
Yuuri observo la determinación de su mejor amigo, sonrió y tomo el traje.
Ambos jadeaban furiosamente por la carrera que habían tenido desde la habitación del rey, se dejaron caer sobre los sofás tratando de recuperar el aliento perdido. El susto de verse casi atrapado por el rey aún seguía vibrando en sus almas, temiendo que por alguna razón el rey entrara a la biblioteca solo para enviarlos a la mazmorra por entrar en una zona personal y restringida.
Cuando sus corazones se tranquilizaron y sus respiraciones volvieron a ser normales, se sentaron mejor en los sofás.
– ¿Por qué siempre me metes en estos problemas?
– Porque de no hacerlo, tu vida sería muy aburrida.
Noel negó con su cabeza.
– ¿Y bien?, ¿encontraste lo que buscabas?
Víctor se mantuvo en silencio, pensando en decirle lo que había encontrado en la bóveda, algo alejado del tema que realmente estaba buscando en primer lugar.
– No – contesto – solo encontré lo que todo mundo sabe, sus poderes, los reyes que gobernaron, sus hijos, la leyenda de la diosa… Nada importante, ni relacionado a lo que quería saber.
– ¿Y qué es lo que buscas? – Volvió a preguntar – Sé que quieres saber de los Katsuki pero, ¿Qué es lo que buscas exactamente?
Noto la duda en el rostro de su amigo y suspiro.
– Si lo que te preocupa es que le diga algo al rey, no lo hare.
Víctor enarco una ceja.
– Lo prometo – aseguro – Nunca he dicho nada de lo que me cuentas, ¿Por qué lo haría ahora?
– Porque quizás sea algo que puede perjudicar a mi padre y yo no quiero decírselo.
Noel frunció el ceño.
– ¿De qué hablas?
– Prométeme, pase lo que pase, no le dirás a nadie lo que te voy a decir.
El asintió en silencio.
– Hoy, cuando Celestino murió, me encontré con Yuuri.
Noel rodo los ojos y negó con su cabeza, estaba por hablar pero Víctor lo detuvo.
– No es lo que crees – le aseguro – hable con el pero, él me dijo algunas cosas que me dejaron pensando.
– ¿Cosas?
– Dijo que… Los Nikiforov solo causan muerte.
– ¿Qué?, ¿él te dijo eso? – Pregunto con sorpresa – Víctor ese chico…
– Déjame terminar, por favor – le pidió, tratando de calmarlo – eso no fue lo que me inquieto, lo que dijo después sí.
– ¿Y eso fue?
– Dijo que, todo empezaba con la usurpación de un trono que no le pertenecía a mi padre.
–…
– Y la muerte de sus padres.
– Víctor, estas tratando de decir que ese chico…
– Puede que Yuuri, sea el hijo del rey Regis… Katsuki Yuuri.
– ¿Ha?, No estarás creyendo eso ¿o sí?
– Pues…
– Víctor eso es imposible, los Katsuki están muertos – dijo levantándose de golpe – murieron hace trece años, los reyes fueron asesinados y sus hijos se calcinaron cuando parte del castillo se incendió.
– Lo sé, incluso yo llegue a pensar que era una locura pero…
– ¿Pero qué?
– Yuuri, también dijo que…
– ¿Qué? – Cruzándose de brazos – ¿Qué otra locura te dijo?
– Que él era Glass Shade.
El silencio inundo el ambiente por unos segundos antes de que Noel volviera a hablar.
– No es… Como… ¿Tú lo crees?
– Bueno, es imposible negarlo cuando lo ves desaparecer en destellos de luz, como lo hace Shade ¿no crees?
Noel se dejó caer sobre su asiento nuevamente, aun sin asimilar toda la información.
– Tu padre debe saberlo, él está buscándolo.
– No.
– Pero Víctor…
– Lo prometiste.
Noel hizo una mueca, arrepintiéndose internamente por la promesa hecha.
– Supongo que ahora te das cuenta en el dilema en el que estoy.
– Claramente – contesto con desdén – ¿y qué harás?, porque encubrir a un ladrón, por muy príncipe que sea, es un delito… Es traición a la corona.
– ¿Ahora si crees que es el príncipe?
– Después de que me dijeras que ese chico es Glass Shade, todo encaja.
–…
– Los Katsuki poseían magia y habilidades específicas, durante meses se ha rumorado que Shade es el hijo del rey Regis, ya que usa técnicas que solo la familia real usaba en combate…. Así que si, no puede haber más dudas, ese chico definitivamente es Katsuki Yuuri.
– No solo eso, por sangre él es el verdadero rey de Nueva Hasetsu.
– No, no lo es.
– Noel.
– Los diez nobles tomaron la decisión, entregaron el reino a tu padre, por mucho que él sea el hijo del anterior rey, no puede reclamar nada, además ¿Por qué ahora? – Mostrando la molestia en su voz – ¿Por qué no apareció hace trece años para reclamar el trono? Quizás era un niño de seis, siete años pero pudo mostrarse y alguien se haría cargo de su tutela hasta que fuera mayor y se volviera rey.
– Quizás no pudo, no sabemos que fue de él durante estos años.
– Oh, quizás está tramando algo contra tu padre, ¿no lo has pensado?
– De ser así, hace mucho lo hubiese hecho, dudo que sabiendo quien es no hiciera algo para recuperar el trono que por sangre es de él.
– Deja de defenderlo Víctor – la voz de Noel se mostraba irritada – esto es serio, estás hablando de una confrontación política si ese chico lo anuncia, tu padre debe saberlo para que tome medidas.
– ¿Para qué?, ¿para que lo encierre, lo envié lejos?
– Víctor.
– Escucha, no haremos nada hasta que encuentre lo que busco, ¿entendido?
Noel camino de un lado a otro buscando una forma de persuadirlo, pero falló en el intento.
– Bien, pero te recuerdo que lo que está pasando es muy serio Víctor, tu padre debe saberlo, tener al hijo del anterior rey dentro del reino es un problema no solo para él, sino para todo el mundo.
– Lo sé.
Noel suspiro y tomo asiento.
– ¿Y qué es lo que buscas?
– Yuuri dijo que mi padre… O al menos lo insinuó, tuvo algo que ver con la muerte de los Katsuki.
– Esa es una tontería, el rey Demian no estaba en Nueva Hasetsu cuando los Katsuki fallecieron.
– Lo sé, pero el simple hecho de que lo mencionara me inquieta.
– Así que, ¿quieres saber que paso hace trece años?
Víctor asintió.
– ¿Y cómo planeas eso, exactamente? – Pregunto – no hay libro o documento que contenga esa información.
– Es lo que más me molesta, no encontrar lo que busco.
Noel observo el gesto de impotencia de su amigo, aun no comprendía las razones de Víctor para proteger a ese chico pero, él era su guardaespaldas y debía hacer lo que fuera necesario para mantenerlo a salvo y, si hallando la verdad en toda ese neblina de preguntas era la única manera de hacerlo, solo había una forma.
– Víctor.
Este regreso a verlo.
– Tal vez no haya documento que posea la información que buscas pero…
–…
– Quizás, haya alguien que pueda ayudarte con ello.
Víctor lo miro con confusión.
– Alguien que estuvo aquí, la noche de hace trece años.
La capilla estaba a casi a oscuras, solo las tenues luces que brindaban las velas eran la única iluminación que esta contenía. El aire se sentía algo frio pero nada comparado al que se sentía en la intemperie. Un agradable aroma a incienso podía percibirse, dejando que la sensación de estar en contacto con los viejos dioses envolviera al que entraba al lugar.
El padre Ignis, quien llevaba el sacerdocio de los sidéreos en Nueva Hasetsu – vocación dada solo a las mujeres pero que por su fe se le concedió– se encontraba al frente del lugar, metiendo algunas cosas en una pequeña caja, cerrándola con llave segundos después. Una extraña sonrisa se extendió por su rostro y sus ojos mostraban una emoción fuera de la del amable padre que todos conocían. Se agacho y retiro unas cuantas losetas del suelo, mostrando un pequeño agujero bajo de las mismas, metió la caja y volvió a colocar las mismas.
– Otro día, otro trabajo bien remunerado – dijo en un leve murmullo.
Se giró para salir de la capilla, puesto que tenía que regresar al orfanato y vigilar con ayuda de la directora, que los niños terminaran sus deberes. Antes de que pudiese continuar, una oscura figura se dejó ver a pocos pasos de la puerta.
– Oh, hermano, si vienes a rezar estás en tu casa, los dioses están aquí para escuchar tus ruegos – dijo dando un paso al frente.
– No vine a rezar, padre Ignis.
El padre se congelo solo unos segundos al reconocer la voz de la persona frente a él.
– Glass… Shade.
El mencionado dio unos pasos al frente, dejando que las luces delas velas lo mostraran.
– Padre Ignis, no pensé que fueras esa clase de persona – dijo avanzando unos pasos – aliándote con la nobleza para herir a otros, usando la ropa que solo los elegidos por la diosa pueden portar con orgullo.
El padre se mantuvo en silencio pero, el semblante de sorpresa desapareció dejando que una sonrisa altiva proseguida de una fuerte risa se dejara escuchar en el lugar.
– Veo que lo descubriste, tardaste mucho ¿no crees? – dijo sin un ápice de miedo en su voz.
El ladrón no respondió.
– Nosotros los plebeyos, somos la clase más baja dentro de la jerarquía de poder en ambos reinos – dijo moviéndose hacia la derecha y cruzando los brazos tras su espalda – Ninguno de nosotros tenemos el poder de desafiar la autoridad de los diez nobles o del mismo rey Demian.
–…
– "El poder es todo en este mundo" – enfatizando la frase con sus dedos – En ocasiones, algunos tenemos que elegir entre caer o, dejar morir a otros en pos de nuestra supervivencia personal.
Shade solo lo seguía con la mirada, apretando con fuerza sus manos mientras el padre Ignis hablaba.
– Es la naturaleza humana, al final de cuentas, los que nacimos con mala estrella debemos inclinarnos ante los que tienen el poder.
– ¿Es por eso que vendiste a Celestino? – dijo con enojo – ¿por poder? ¿Por dinero?
– Tú que vas a saber – indico – ¿sabes lo que vivimos los que crecimos en las calles? ¿Lo que tuvimos que luchar para estar dónde estamos? – Dijo como si se tratara de justificar – Huérfano de nacimiento, fui llevado por una buena familia, claro me dio estudios pero nunca me adoptaron, solo era otro chico que ayudaban, gustaban conceder generosas donaciones, por ello cuando crecí quise hacer lo mismo, me enliste en la congregación de la diosa que estaba en el reino, al inicio los hombres solo éramos pequeños monjes, menores que las sacerdotisas… Las humillaciones de otros al vernos, solo por estar en un habito de mujeres, eran el pan de cada día.
– ¿Entonces fue por venganza?
– No, claro que no, ¿Por qué haría algo así?– riendo ligeramente – durante esos años, aguante humillaciones, insultos entre otras cosas, todo gracias a los que tenían poder… Fue ahí donde me di cuenta que, la única forma de que te respetaran era obtener ese poder… Y que mejor para ello que el dinero y las influencias de otros que lo poseen… Y tú lo iniciaste.
– ¿Yo?
– Si, tu llegada fue como una señal para que pusiera en marcha mis pensamientos, el comandante Ardyn te odia, el rey por igual, la guardia te busca incansablemente… ¿Qué mejor que ayudar en tu captura y obtener dinero por ello? Así podría dejar – alzando los brazos para mostrar el lugar – esto… A comparación de las sacerdotisas o la misma divina, los hombres podemos dimitir al habito, diciendo que creemos que la diosa considera que hemos cumplido nuestra misión con ella en esta vida.
– ¿Y Celestino que tenía que ver con todo esto?
– Buena pregunta – el padre bajo los dos escalones y camino unos pasos hacia el ladrón – Celestino comenzó a hacer cosas extrañas, dando comida a pobres, regalos, donaciones…. ¿De dónde obtenía todo eso?
Shade apretó los dientes, recordando que hace unos días él le había dado el dinero a Celestino para comprar algunas cosas y ayudar a los necesitados, incluso había ido al lugar sin pensarlo, lugar donde había visto también al padre Ignis, pero nunca capto algo extraño en su comportamiento.
– Así que, seguro tenía algo que ver contigo, sobre todo cuando una noche, vi al doctor, ayudándote… ¿Tu hombro esta mejor? Espero al menos haya hecho un buen trabajo.
El recuerdo de aquella noche lo golpeo, recordaba haber sido ayudado por un extraño pero, el padre Ignis no podía serlo, la silueta y la voz eran definitivamente las de un niño.
– Después… Decidí pasarle la información al comandante y el me pagaba por cada cosa que encontraba de ti, por muy pequeña que fuera.
– Fue por ti que lo apresaran la primera vez.
– Pero fue tu culpa que lo consideraran al menos sospechoso en primer lugar, el comandante Ardyn estaba bastante molesto por la forma en como irrumpiste en la zona de detenciones.
El ladrón no pudo refutar aquel hecho.
– Todo lo demás ya lo sabes, verte tirado en un charco de sangre fue bastante… Extraño, considerando que todo mundo te ve como un hombre invencible.
– Tu…
– El comandante estaba feliz con el video de ti siendo llevado por Celestino, nunca lo vi tan contento en mi vida, incluso la paga fue tres veces más grande de lo usual.
– Vendiste a Celestino por dinero.
– Y lo haría de nuevo si con ello garantizo tener un futuro mejor y más… Elegante que estas ropas – tomando la tela de su túnica.
Las manos del ladrón comenzaron a congelarse.
El frio comenzó a expandirse por todo el lugar, las velas se apagaron por la brisa helada que comenzó a sentirse, la única iluminación en el lugar eran los ojos del mismo, los cuales se iluminaron de forma intermitente en un intenso color a su Neón por el enojo que le recorría el cuerpo.
– Cuando supe que eras tú, no podía creerlo, un hombre que juro seguir las reglas de la diosa, quien juro proteger al prójimo… Vine esperando encontrarte arrepentido por lo hecho pero, lo único que ve es a un hombre corrompido por la codicia y el poder.
– Todos somos iguales – dijo tratando de no mostrar el miedo que le estaba recorriendo al ver al ladrón mostrar parte de su poder.
– Tenía la intención de ser clemente pero… Lo que le hiciste a Celestino, causar su muerte.
– Celestino no valía nada, solo era otro médico tratando de ser héroe – haciendo un ademan que indicaba que el tema no le era de importancia.
Aquello fue la gota que derramo el vaso.
– ¡Celestino era mucho mejor persona que tú! – grito y enormes picos de hielo se alzaron alrededor del cuerpo del padre Ignis, acercándose lentamente hacia el – ¡Le quitaste la vida a un padre, a un esposo, a un amigo!
El padre se movió, su rostro mostraba el pánico que estaba sintiendo.
– ¿Y qué harás? ¿Matarme?– dijo deteniendo cuando su espalda se topó con la estatua de la diosa tras el – ¿Qué ganaras con ello?
Shade no contesto y alzo su mano mientras caminaba hacia él.
– Eres un monstruo, no mereces vivir.
Los picos se hicieron hacia atrás y con un ademan de su dueño estos se lanzaron hacia el padre, quien se cubrió con sus brazos como si eso pudiese protegerlo del destino que le aguardaba.
– ¡Yuuri!
Un grito le hizo recobrar la compostura y los pico se detuvieron justo cuando tocaron la piel del padre, pero estos no lograron herirlo.
"¿Yuuri?, ¿podría ser…?" pensó el padre sin levantar la cabeza.
Tres figuras envueltas en capucha se acercaron al ladrón.
– No lo hagas – dijo uno de ellos – tú no eres así.
– Por su culpa murió Celestino.
– Lo sé – acercándose lentamente a el – pero Celestino no volverá con su muerte.
– ¿Y entonces? ¿Lo dejo vivir tan tranquilo?
– No, pero tampoco puedes quitarle la vida, no es lo que Celestino querría que hicieras – dijo tocando su brazo – el confiaba en ti y sabia el gran hombre que eres así como la gran amabilidad que hay en tu corazón.
Unas cuantas lágrimas cayeron de los ojos del ladrón, quien bajo su brazo haciendo con ello que los picos de hielos se deshicieran.
– El no merece vivir.
– Puede ser, pero no puedes quitar una vida por otra, tú no eres Demian Nikiforov.
Con escuchar ese nombre, fue como si algo en su mente reaccionara.
– Eres hijo de tu padre, heredaste su compasión y la forma que tenía para hacer justicia.
El ladrón volteo a verlo y asintió.
– Padre Ignis – lo llamo – tienes veinticuatro horas a partir de este momento para irte del reino, no quiero volverte a ver en mi vida, si para cuando el tiempo que te doy tú no te has marchado… Te buscare y no dudare en acabar contigo – regresándole a ver de reojo.
El padre trago con fuerza, levantándose con miedo.
– Vámonos – le susurro, apoyándose en el cuerpo del otro por el cansancio que sentía.
La otra figura asintió y le ayudo a salir del lugar, siendo seguido por las otras dos figuras, dejando a un muy asustado padre, temblando por ver al ladrón Shade en una faceta que nunca le había visto, pero con una clara idea de lo que podía hacer a partir de ese momento.
El rey se encontraba en su despacho, firmando reformas, declinando audiencias y sellando los veredictos que algunos acusados habían obtenido en juicios previos.
La muerte de Celestino seguía fresca, todos los medio hablaban de ella como si fuera la noticias más importante de todos los tiempos, ¿un acusado muriendo por su propia mano frente al rey? Era la primicia que todos los medios acaparaban.
Demian, haciendo uso de su diplomacia y conducta, había evadido el tema magistralmente, diciendo que su muerte era lo último que él deseaba pero, con el simple hecho de haber muerto, él se había inculpado de traición.
Lo único que lamentaba era no haber obtenido información alguna acerca de Shade.
– Tu hijo es bastante impredecible… Regis – dijo con una sonrisa – por que sin duda debe ser tu hijo, no hay otro ser humano capaz de hacer lo que tu familia ha hecho por generaciones.
El sonido de dos golpes en la puerta llamó su atención.
– Adelante.
Un guardia abrió la puerta, entra al lugar, hizo una reverencia y se acercó unos pasos.
– Majestad, disculpe la interrupción.
– ¿Que sucede?
– Un hombre solicita verle enseguida.
– No tengo tiempo para atender fanáticos.
– Lo sé, tratamos de persuadirlo para que se fuera pero insiste en verlo.
– ¿Dijo que quiere?
– Si, dijo que poseía información importante que solo usted podía saber.
– ¿Acerca de qué?
– Glass Shade.
El rey dejo la pluma sobre el escritorio, se levantó y camino hacia la puerta.
– Conduzcan a ese hombre a la sala del trono.
– Como ordene majestad
El soldado hizo una reverencia y salió del despacho.
Las puertas de la sala del trono se abrieron diez minutos después. El rey avanzo por el pasillo hasta la escalinata que daba al trono, el hombre se encontraba arrodillado, aun cuando el rey paso a su lado no levanto la cabeza ni emitió sonido alguno al verlo subir la misma
El rey se sentó en el trono, con un ademan hizo que los guardias abandonaran la sala y procedió a hablar.
– Mis guardas dijeron que tenías información importante acerca de Shade – dijo con una voz grave – sabes lo que te sucederá si estas mintiendo ¿verdad?
– Lo entiendo majestad.
– Muy bien – acomodándose mejor en el trono – ¿qué información me tienes?
– Mi rey, se lo difícil que ha sido localizar al ladrón y más, lograr saber quién se oculta tras ese antifaz.
El rey enarco una ceja.
– ¿Qué pensaría si le dijera, que ya no tendrá que buscarlo porque yo sé dónde se encuentra?, no hablo de su alter ego como ese sucio ladrón sino, como un simple civil.
El rey se inclinó hacia delante, con un brillo de interés en sus ojos.
– ¿Sabes cómo se llama?
– Por supuesto que lo sé, majestad.
Levanto la cabeza y el rostro del padre Ignis mostraba una enorme sonrisa.
El frio de la noche se dejaba sentir con fuerza, sus cabellos eran mecidos por la misma mientras varias lágrimas caían por su rostro. Se encontraba arrodillado frente al viejo lago que alguna vez fue testigo de su encuentro con Víctor cuando niños, el que los volvió a reunir una vez después de encontrarse en palacio… Y el que hoy era testigo de la más grande tristeza que podía sentir en su pecho.
Sin fuerzas sostenía sobre su regazo el traje que por meses había portado, ayudando a los que estaban a merced de Demian y la guarda, con el que había luchado en contra de los cadentes cuando estos habían atacado a varias personas fuera del reino, tantas aventuras que había vivido con él y ahora, ese traje le resultaba tan ajeno y doloroso que no podía ni verlo.
– Yuuri – susurro Phichit, dando un paso al frente a para consolar a su amigo pero, la mano de Adalberto lo detuvo.
– Necesita un momento para el – dijo respondiendo la silenciosa pregunta del menor.
Yuuri continuo dejando que las lágrimas cayeran por sus mejillas, recriminándose una y otra vez lo sucedido con Celestino, diciéndose a cada momento que si hubiese escuchado a su hermana, Adalberto y a los demás, nada de esto hubiese ocurrido.
– Es mi culpa – susurro.
"No lo es" pensaron los tres pero se mantuvieron en silencio.
Suspiro profundamente sin levantarse de su sitio.
– Su no hubiese sido tan terco respecto a todo esto, acerca de mi destino, el trono, sobre Demian… Celestino aun estaría con vida.
– Eso no lo garantiza, Yuuri – finalmente hablo Adalberto – no sabemos si Celestino aun seguiría con vida, el padre Ignis ya lo tenía en la mira, solo necesito un momento para lograr llevar a cabo su plan.
– Y yo se lo di – apretando con fuerza el traje – este manto solo ha causado dolor.
– Claro que no – agrego Phichit – has ayudado a muchas personas, las cuales harían lo que fueran para devolver el favor.
– Celestino no me debía nada, así que no es justo que entregara su vida.
– No te debía nada pero quiso hacerlo, todo por el futuro que él creía podía ser salvado – prosiguió Sunan.
– ¿Cómo pudo poner su fe en alguien como yo? – dijo con un tono de voz que demostraba lo derrotado que se encontraba.
– Porque tú representas lo que muchas creen haber perdido hace mucho.
Yuuri se giró ligeramente para ver a Sunan de reojo.
– Esperanza.
– ¿Esperanza? – Soltando una pequeña risa – ¿Cómo puedo serlo al causar tanto dolor? ¿Que se supone que haga cuando el dolor y las perdidas seguirán presentes?
– Seguir adelante – dijo Adalberto.
Él se alejó de Phichit y Sunan para cercarse al azabache, arrodillándose a su lado.
– ¿Crees que todo está perdido? Levántate y vuelve a intentarlo, ¿crees que Celestino merecía seguir viviendo? No dejes que su sacrifico sea en vano, sigue adelante con esto y derroca a Demian, ¿crees que las personas merecen un mundo mejor, lejos de la oscuridad y los cadentes? Recupera el cristal y cumple tu destino.
– Adalberto.
– No estás solo Yuuri, es cierto que en una guerra será imposible salvar a todos, tanto Sunan como yo sabemos eso de primera mano pero, en vez de hundirnos y darnos por vencidos seguimos adelante, impidiendo que los sueños y esperanzas de los aquellos que ya no están se apaguen.
Yuuri comenzó a llorar con más fuerza.
– Todos confiamos en ti, no importa si morimos en el camino… Lo importante es salvar este mundo, proteger a las personas que viven en él y tú eres la única persona que puede hacerlo.
– Yo…
– No te des por vencido… Aférrate a esos recuerdos y toma la fuerza que te falta de ellos.
Yuuri bajo la mirada para ver el traje.
– Solo tienes que seguir adelante, no detenerte sin importar los obstáculos… Nosotros estamos detrás de ti así como aquellos que se fueron.
Fugaces recuerdos cruzaron su mente, el rostro de su padre, la cálida sonrisa de su madre, los regaños de su hermana, y las muchas voces de aquellas personas que considera importantes… Todas dándole fuerza para seguir adelante.
Respiro profundamente y se limpió las lágrimas con el dorso de su mano.
– Tienes razón – murmuro, levantándose de su sitio junto al mayor – no puedo dejarme vencer, si lo hago Celestino no descansara en paz.
Los tres asintieron a sus palabras.
– Es por eso que Shade no volverá.
– ¿Qué? – dijeron los tres al unísono.
– Todos están buscándome, lo mejor que Shade puede hacer es desaparecer… Al menos, hasta que sea el momento en el que deba volver, por ello – extendiéndole el traje a Adalberto – No hay nadie mejor que pueda mantenerlo a salvo.
El mayor contemplo el traje, asintió y lo tomo con una de sus manos.
– ¿Y qué piensas hacer? – Pregunto Phichit – Si Shade ya no estará.
– Lo que debí hacer desde un inicio.
Los tres guardaron silencio.
– Reclamare el trono y recuperare la santalita.
– ¡Yuuri! – Phichit hablo con emoción.
– Bien dicho – dijo Adalberto colocando su mano sobre su hombro.
– Me alegra escucharte decir eso – agrego Sunan – pero, sabes lo que eso significa, ¿verdad?
Yuuri regreso a verlo con una determinación en su mirada que Sunan nunca había visto en él.
– Lo sé – contesto – pero he tomado la decisión, sin importar lo que eso conlleva.
Yuuri guardo silencio unos segundos antes de volver a hablar.
– Matare al rey Demian.
つづく/ Continuara...
Y Terminado.
La trama se comienza a mover hacia otro rumbo, desde aquí van a pasar muchas cosas. Debo decir que en esta parte vamos como por el 40% por ciento de la trama, así que aún falta mucho XD
Gracias a quienes siguen leyendo y me dejan sus hermosos comentarios que, son mi aliento a seguir con este intento de trama.
El capítulo dejo preguntas sin resolver, pero conforme vaya avanzando la trama se responderán.
Hasta el próximo capítulo.
Nos vemos.
