10

Hazlo con amabilidad

El Equipo Rocket logró colarse en los terrenos del laboratorio del profesor Oak, amenazando con llevarse a los hermanos a cualquier costo. Los pokémon de los criminales eran fuertes, Dyfir lo sabía de primera mano, pues si Mewtwo no hubiese intervenido aquella noche en Viridian ella no estaría ahí. La situación podía agravarse si no actuaban con cuidado, necesitaban derrotarlos rápidamente y llamar a la policía… ¡o a quien sea que llamara el alboroto!

A pesar de las circunstancias y de la terrible amenaza que suponían aquellos hombres, alguien se mostraba bastante renuente, tanto que incluso los del Equipo Rocket intercambiaban miradas de extrañeza entre ellos mientras escuchaban la conversación.

— ¡No, no y no! ¡Me niego a complacer este tipo de comportamiento! —exclamó Flowar negando efusivamente con la cabeza, cruzándose de brazos en muestra de absoluta testarudez—. La violencia no soluciona los problemas, estoy totalmente en contra de esto. Todo se puede solucionar con palabras y no con golpes.

— ¡¿Qué estás diciendo?! —bufó Dyfir con genuina incredulidad—. ¿No escuchaste? ¡Quieren llevárselos! ¿Acaso sabes algo de lo que hacen estos tipos a los pokémon?

— ¡Ay, qué contrariedad! —suspiró Moonghost con cierto pesar, rascándose la cabeza y dedicándole una sonrisa nerviosa a la joven entrenadora—. Verás, Dyfir... a Flowar no le gusta pelear, es algo así como… pacifista.

— ¡Y a mucha honra! —añadió Flowar inflando el pecho con orgullo.

— T-tiene que ser una broma… —Dyfir apenas habló con un hilillo de voz, aquello no podía estar sucediendo.

— Si fuera una broma ya te estarías riendo —dijo Moonghost entre risas, pero ante la mirada asesina de la chica tuvo que morderse la lengua, recuperando la compostura en un santiamén—. Lo siento, lo olvidé por completo. ¿Segura que no te lo había dicho antes?

— Obviamente, no —siseó Dyfir rechinando los dientes.

— Esto es más patético que entrenar nuevos reclutas —comentó el que se identificó como R1, acomodándose los pequeños lentes de sol redondos que usaba.

— De acuerdo… está bien… no importa… —musitó Dyfir aspirando grandes bocanadas de aire con cierto nerviosismo—. Yo me encargaré del Houndoom y tú, Moonghost… no sé, escoge a quien quieras, tenemos que arreglárnoslas —el fantasma asintió con entusiasmo, lanzándose a la batalla justo cuando la chica le dio la primera orden a su Furret, señalando su objetivo— ¡Ataque Rápido!

Tretsenl vociferó con entusiasmo y salió disparado a gran velocidad contra el Houndoom. El perro cornudo gruñó mostrando sus filosos colmillos, esquivando al hurón por los pelos cuando su entrenador se lo ordenó.

— ¡Hoy cenas peluche al carbón, Houndoom! — exclamó R3 riendo entre dientes.

Este fue el modo en que el perro recibió la orden de atacar. Las ascuas saltaron en sus fauces, liberando un Lanzallamas que se generó en lo más profundo de sus entrañas, dirigiéndolo directamente al hurón. Tretsenl no tuvo oportunidad de esquivarlo del todo, chillando de dolor al sentir el calor y el olor de su lustroso pelaje chamuscado. Corriendo rápidamente de vuelta a los pies de su entrenadora, Tretsenl se afligía por el daño recibido, pero en sus pequeños ojos se veía la determinación de continuar.

Dyfir maldijo por lo bajo al ver el pelo ensortijado y ennegrecido de su pokémon. No sabía qué hacer, esos pokémon atacaban a matar, ella no estaba preparada para enfrentarse a tales cosas.

— Oye, tú Houndoom está algo gordo, déjale ese muñeco de felpa a mi Arcanine —dijo R2 burlonamente— ¡Usa Lanzallamas!

El majestuoso pokémon no titubeó para complacer a su entrenador, liberando una hilera de llamas que fue directa al todavía resentido Tretsenl. Sin embargo, Moonghost se interpuso entre el ataque y el hurón, con su cuerpo envuelto en un aura violeta tan pálida que apenas se lograba distinguir, deteniendo el Lanzallamas a pocos centímetros de ellos y desviándolo con dificultad hacia…

— ¡¿Qué está sucediendo aquí?! —preguntó Eve a toda prisa, llegando sólo para recibir el Lanzallamas que su hermano repelió en pleno rostro.

El pánico que se manifestaba en la cara de Moonghost opacaba por completo a la estupefacción del resto. El rostro de Eve quedó completamente chamuscado y, por la mirada asesina que le dedicaba, a su hermano le esperaba un espantoso castigo.

— ¡¿Qué pasó?! ¿Q-qué fue lo que hiciste? —Dyfir con apenas hablaba con un hilillo de voz, haciendo todo lo posible por no partirse de risa.

— Pues, resulta que soy bien "patata" usando ataques psíquicos —musitó Moonghost con un gesto de profunda consternación.

— ¡Pisotón! —el hombre extremadamente "robusto" que se identificaba como R4, parecía completamente ajeno a lo que sucedía, dándole órdenes con la mirada perdida a su Lickitung.

El pokémon corrió lo más rápido que le permitían sus cortas piernas, pegando un salto y dirigiendo sus pezuñas hacia Moonghost para ejecutar el ataque indicado. Todo parecía ir perfecto para el Lickitung, hasta que su pie traspasó por completo a Moonghost, cuyo rostro desapareció en el estómago de su oponente.

— Bien, esto es bastante vergonzoso —la voz ahogada de Moonghost le provocó escalofríos al Lickitung al sentir cómo retumbaba en sus entrañas. Ambos permanecieron paralizados, sumamente incómodos por tan peculiar situación—. Me siento violado… ¡Oh, miren, un bollito de canela de la Sra. K!

Repentinamente, el Lickitung salió disparado por los aires luego de que Eve saltara sobre él, atinándole un fuerte coletazo en el rostro que consiguió liberar a su hermano. Moonghost le sonrió a Eve con mucha ilusión, agradecido por su gesto, a lo que ella respondió dándole un fuerte manotón en la nuca.

— ¡Ay, eso duele!

— ¡Mírame la cara y atrévete a decirme que tienes derecho de queja! —chilló Eve señalándose el rostro chamuscado.

— ¡Ya pórtense bien los dos! —se quejó Flowar, reprobando por completo el comportamiento de ambos. Los dos le respondieron al unísono echándole la culpa al otro.

Mientras los hermanos discutían entre ellos, el Electabuzz recibió la orden de atacar con un Impactrueno. Dyfir fue la única que se percató de esto y le comandó a Tretsenl que utilizara Cola Férrea. El Electabuzz apenas comenzaba a expeler chispas de su pelaje cuando Tretsenl pasó raudamente cerca de los hermanos, pegando un salto y dándole un coletazo a su oponente en pleno estómago.

— ¡Ya déjense de tonterías y acabemos con esto! —vociferó R2 rojo de indignación por cómo estaban saliendo las cosas a pesar del relajo que mostraban sus objetivos.

— ¡Electabuzz, recupérate y rostízalos con tu Trueno! —ordenó R1 al instante.

El Electabuzz farfulló, su cuerpo fue nuevamente envuelto en chispas doradas que saltaban de su áspero pelaje, listo para liberar su poderosa descarga. Eve se olvidó de Moonghost al darse cuenta de lo que sucedía, corriendo muy rápido y embistiendo al Electabuzz.

El pelaje de Eve desprendía chispas de energía violácea por todas partes cuando tacleó a su oponente, cuyo cuerpo quedó cubierto de chispas de plasma que saltaban como Remoraid.

Eve bufó burlonamente, encarando a los Rocket con una sonrisa de suficiencia, sabiendo que el Electabuzz estaba fuera de combate. El gritito de consternación del Rocket fue como música para sus oídos.

— ¡No de nuevo! ¡¿Cómo es que un pokémon puede ser tan inútil?! —R1 estaba profundamente frustrado. Intentaba encontrarle una explicación a lo sucedido mientras regresaba al Electabuzz a su pokebola y lanzaba otra— ¡Espeon, tu turno! ¡Y más te vale durar más de cinco minutos o te cuelgo de la cola!

El zorro psíquico liberó destellos de luz al salir de su prisión móvil, anunciando su salida con un tierno y melodioso aullido, que pronto convirtió en gruñido ante la amenaza de su entrenador.

— ¡Houndoom, tritúralos ahora! —exclamó R3 mientras su compañero hacía el cambio. No podía perder tiempo si buscaban restar oportunidades de escapar a sus oponentes.

Cuando el can se lanzaba hacia Eve, el Azumarril de Dyfir salió de la nada y lo interceptó con una Hidro Bomba que arrastró al Houndoom lejos. Dyfir con gran optimismo, le ordenó a su Furret que utilizara Rizo Defensa, con lo que el hurón se hizo una bola y comenzó a girar sobre sí mismo a gran velocidad.

Mientras el Houndoom intentaba reincorporarse torpemente tosiendo agua, el Arcanine corrió a toda velocidad luego de que le ordenaran utilizar Velocidad Extrema. Su majestuosidad se vio destruida cuando Eve se interpuso en su camino y disparó un Rayo Confusión con el fulgor de la gema en su frente, logrando que el Arcanine cambiara su trayecto y terminara estampándose de lleno contra un árbol.

— ¡Ya basta! —vociferó R4, mirando a Eve determinadamente con sus minúsculos ojos negros—. ¡Usa Lengüetazo, Lickitung!

— ¡Y tú, Bola Sombra! —le ordenó R1 a su Espeon.

El Lickitung se lanzó como bólido hacia su objetivo, mientras que el Espeon preparaba la esfera de energía oscura y la disparaba, ambos apuntando al mismo objetivo. Eve se preparó para recibir a ambos, aunque Moonghost espabiló y disparó una Bola Sombra que interceptó la del Espeon, anulándose entre sí. Por su parte, Eve utilizó un Psíquico que congeló al Lickitung a mitad de camino, que se retorció de dolor buscando liberarse con desesperación; Eve lo impulsó hacia atrás con una fuerza tremenda, asegurándose de que cayera encima de su entrenador.

Flowarcita, sé que estás en contra de la violencia y todo eso, pero… ¡un Rayito Solar no vendría mal! —comentó Moonghost con voz ahogada, luego de salvarse de que el Arcanine, en un breve instante de lucidez, intentara arrancarle el brazo de un mordisco.

— ¡Te pasas de flojo! ¡Aunque yo no apruebe su comportamiento, sé muy bien que ustedes pueden solitos contra ellos! —exclamó Flowar con indignación, cruzándose nuevamente de brazos y dándoles la espalda, soltando un "¡Hum!" que dejó bien claro que no cambiaría de parecer.

— ¡No es flojera! —bufó Moonghost con cierto reproche, señalando al Arcanine que volvía a estamparse de frente contra un tronco— ¡Son más fuertes que los de casa! —volvió a escabullirse de las fauces del can de fuego, dándole un manotón en el hocico como escarmiento antes de pegar un salto que lo alejara— ¡No podemos con ellos!

— Habla por ti —espetó Eve con desdén justo cuando le devolvía al Lickitung su lengua enrollada ayudándose con fuerza psíquica.

— ¿Y por qué tienen que pelear? Yo no he visto que les pidan el favor de que se detengan —refunfuñó Flowar sin siquiera voltear.

— ¡Estás de broma! —Moonghost no daba crédito a lo que oía.

— ¡Houndoom, usa Lanzallamas de nuevo! —vociferó R3.

Al perro cornudo se le unió el Arcanine bajo órdenes de su entrenador. Ambos canes dispararon unas potentes líneas de fuego, que se fundieron a mitad del trayecto, carbonizando y dejando un camino oscuro a su paso.

Eve corrió para colocarse al frente, levantando una Pantalla de Luz que recibió de lleno las llamas, evitando que alcanzara a sus compañeros. Los perros ígneos mostraban una determinación tan ferviente como sus ataques, haciendo sudar a Eve por el esfuerzo de mantener la barrera y aguantar el sofocante calor.

El gritito de espanto que pegó Flowar al sentir ella misma el sopor que su hermana debía aguantar espabiló a Dyfir y Moonghost. El fantasma intentó interrumpir el ataque de ambos perros espantándolos con una Bola Sombra, pero el Espeon se lo impidió con una propia, anulándose de nuevo entre ellos.

— ¡Usa tú Rodada ahora, Tretsenl!

Al Dyfir dar la orden, el Furret salió disparado a gran velocidad, sorteando el Lanzallamas doble con gran facilidad, eludiendo el Rayo Psíquico con cual el Espeon intentó interceptarlo y acabando en el estómago del Lickitung, que salió volando por los aires y cayó nuevamente sobre un par de Rocket. Luego de un rodeo para eludir un segundo Rayo Psíquico, Tretsenl consiguió posicionarse y cargar contra el Houndoom y el Arcanine, liberando a Eve de la presión de los Lanzallamas.

Con el Espeon ocupado en esquivar a Tretsenl, Eve tuvo tiempo de deshacer la Pantalla de Luz y generar una Bola Sombra que se llevó por el medio al zorro psíquico. El Espeon chilló de frustración mientras salía volando y caía en los brazos de su entrenador.

— ¡No es justo que le atinaras y yo no! —Moonghost parecía verdaderamente conmovido por esto, aunque fascinado por la habilidad de su hermana, era su extraña manera de dar un cumplido.

— No puedo con ninguno de ustedes —espetó Eve de malagana, refiriéndose exclusivamente a sus hermanos. Lo único que estaban haciendo era traerle un problema tras otro.

Eve vio por el rabillo del ojo que sus oponentes se levantaban y comenzaban a reorganizarse; no podía permitirlo, no cuando su misión era puesta en riesgo por estar en la mira de esos criminales. Respirando profundamente, su cuerpo fue envuelto en un aura violeta, concentrándose en busca de canalizar su energía psíquica. Pronto la liberó frente a sus enemigos en forma de burbuja —que era invisible para todos excepto ella—, haciéndola estallar con un ademán de la mano, Así creó una explosión que elevó a entrenadores y pokémon por igual, mandándolos por los aires hasta perderse en la distancia, tal como si fueran un cohete.

— ¡Adiosito! —gritó Moonghost burlonamente, despidiéndose con la mano.

Eve aún podía escuchar las maldiciones que le dedicaban cuando sintió que alguien más se acercaba a ellos. Tenía preparada una esfera de plasma chispeando en su mano cuando se giró, lista para encarar cualquier otra amenaza, disgustándose mucho al ver que sólo se trataba del profesor Oak.

— ¡¿Qué sucede?! —preguntó el hombre justo cuando Tretsenl se detenía con gracia a los pies de su entrenadora, celebrando su hazaña y haciendo un ruido muy similar a "¡Ta-dá!".

Cuando Moonghost se precipitaba hacia el profesor para contarle lo que acababa de pasar, dándole lujo de detalles sobre cosas que jamás sucedieron, Eve sintió que se le erizaba la piel sin explicación.

Sin prestarle más atención a Moonghost o a los llamados de Flowar, Eve dio la vuelta y fue en busca de un lugar donde pudiera estar a solas. Necesitaba calma absoluta para verificar que lo recién experimentado fuera algo a lo cual prestarle la debida atención y no el producto de su repudio a los humanos.

Una hora más tarde, todos se encontraban reunidos en la sala del profesor, platicando con el anciano animadamente, amparados de la fría noche de las montañas. Luego de explicarle al profesor Oak que no fueron atacados por un robot gigante —como Moonghost le dijo— y de miles de disculpas de Flowar por los destrozos ocasionados, devoraban una tardía cena con suculentos sándwiches de Remoraid.

Dyfir y el profesor escuchaban atentamente a Flowar y Moonghost, entretenidos con los sinsentidos que estos discutían, hasta que Eve entró repentinamente a la habitación, diciendo algo en un idioma que ninguno de los humanos entendió pero que hizo poner en pie de un salto a sus hermanos.

— ¿Lo dices en serio? ¿Por fin sientes a otro de nuestros hermanos? —los ojos de Flowar brillaban con emoción mientras seguían a Eve, quien se acercaba a un mapa de Kanto enmarcado que tenía el profesor en la sala.

— Eso dije —contestó Eve distraídamente, más concentrada en examinar el mapa que en la alegría de sus hermanos.

— ¿A dónde tenemos que ir ahora? —a Dyfir le carcomía la curiosidad, esquivando a Moonghost a tiempo para evitar quedar bañada en jugo de naranja; el fantasma no paraba de pegar saltitos de emoción sin poner cuidado de con qué tropezaba.

— No estoy completamente segura, pero… —musitó Eve, entrecerrando los ojos cuando consiguió el punto que buscaba en el mapa, poniendo su dedo sobre éste—. Aquí… Monte Luna o en los alrededores…

— Eso está relativamente cerca. Hace poco se inauguró una ruta que va directo a Monte Luna desde aquí—comentó el profesor Oak, acercándose para trazar con el dedo el camino que mencionaba—. ¿Cuándo planean partir?

— Mañana mismo —que Flowar fuera la que diese semejante respuesta sorprendió a sus compañeros. Flowar ignoró esto por completo, fijando sus verdes ojos sobre la extrañada Eve—. Es lo mejor, hermanita, hemos estado estancados aquí por mucho tiempo. No podemos seguir abusando de la hospitalidad del profesor.

Dyfir dejó el vaso vacío sobre la mesita para ponerse de pie, estirándose un poco antes de decirles a los hermanos:

— Entonces es mejor que vaya a preparar mi mochila, así dejo todo listo para salir mañana a primera hora —Dyfir ya iba corriendo a su habitación cuando cayó en cuenta de algo, deteniéndose cuando estaba en el rellano de la puerta, mirando la ventana con cierta aprehensión—. Oigan, ¿qué hay de Mewtwo? Hay que avisarle, pero no lo he visto en todo el día. ¿Alguien lo ha visto?

Flowar y Moonghost intercambiaron miradas, esperando que alguno diera razón del paradero, como ninguno respondía terminaron por negar con la cabeza. A Eve siquiera parecía interesarle el asunto, había comenzado a trazar su camino de vuelta al jardín cuando Moonghost, luego de hacer memoria, dijo:

— Yo lo vi un momento en la tarde y hablé con él, caminaba por ahí algo distraído. Desde entonces no sé nada de él —se encogió de hombros y suspiró.

— Pues, tenemos que buscarlo para avisarle que nos vamos —dijo Dyfir rascándose la cabeza para disimular su preocupación— ¿Le habrá ocurrido algo?

Flowar lanzó una mirada cautelosa a Eve antes de saltar hacia Dyfir, elevándose del suelo para poder susurrarle algo al oído.

— Moonghost y yo estábamos jugando a las escondidas, lo encontré después de que habló con Mewtwo y me contó un poco de lo que charlaron —su tono misterioso captó por completo la atención de la entrenadora, aunque Flowar sólo estaba preocupada de que Eve no se diera cuenta de que cuchicheaban—. Sospecho que él y mi hermana tuvieron un impase.

Dyfir no terminaba de procesar lo que acababa de escuchar cuando se dio prisa para cortarle el paso a Eve, frunciendo el ceño desafiantemente a pesar de la mirada helada que le lanzaron los ojos cristalinos de la pokémon.

— ¡¿Qué mosca te picó?! ¡Déjame pasar! —bufó Eve con claro descontento.

— ¿Le dijiste algo malo a Mewtwo? —preguntó la entrenadora, ignorando por completo se mal carácter.

— ¿Y qué si fue así? —espetó ella de malagana, cruzándose de brazos y moviendo la cola con impaciencia.

— Pues, que tenemos que avisarle que nos vamos mañana —para ese momento, Dyfir se estaba conteniendo las ganas de jalarle las mejillas del mismo modo en que lo hacía con Moonghost—. Ha sido de gran ayuda para nosotros, no podemos dejarlo aquí…

— ¡Corrección! Te ayudó a ti porque eres tan inútil que no puedes salvaguardar tu propia vida —soltó Eve, empezando a molestarse por la osadía de la humana al reclamarle por cosas absurdas—. Sal a buscarlo si tanto te interesa que nos acompañe. Pero que conste, mañana nos vamos y me importa un pepino si ninguno de ustedes está listo. Yo me largo.

— ¡No! —rugió Dyfir roja de indignación, cortándole el paso una vez más a Eve—. L-lo considero un compañero, uno bueno, no es justo que lo trates mal.

— ¿Cómo sabes que lo traté mal? ¿Acaso estabas ahí cuando pasó lo que dices que sucedió? —preguntó Eve lacónicamente, sin saber si debía reír por lo absurdo o hacerla volar igual que al Equipo Rocket.

— N-no… —balbuceó Dyfir algo avergonzada. Ciertamente no sabía con exactitud lo ocurrido entre ese par, o si sucedió algo en verdad, pero la única explicación para ella estaba en la punta de su lengua y no titubeó para soltarla—: ¡Pero se trata de ti! ¡Que seas una odiosa sin remedio no implica que los demás no consideremos a Mewtwo como amigo! ¡Así que serás quien lo buscará y le pedirás disculpas… d-de inmediato!

— Le estás entrando fuerte a las esporas de Gloom, ¿cierto? —Eve había perdido completo interés por la pataleta de la entrenadora. Estaba loca si pensaba que la obedecería como una de sus mascotas encerradas en pelotas.

— ¡DIJE QUE DE INMEDIATO!

Dyfir gritó a todo pulmón llegando al límite de su paciencia, agarrando a Eve por las orejas con un movimiento tan rápido que no dio oportunidad para que ésta se escabullera. Dyfir levantó a Eve y caminó directo a la salida que daba al jardín, sorprendiéndose por lo liviana que era y lo fácil que resultaba esquivar sus patadas.

— ¡¿Qué demonios crees que haces?! ¡Suéltame ahora mismo! —chilló Eve, retorciéndose todo lo que podía para patear o rasguñar a la chica.

Dyfir sólo soltó a Eve cuando estuvo a varios pasos lejos de la casa, dejándola caer al suelo, donde aterrizó de lleno sobre sus posaderas. Mientras Eve se incorporaba, sobándose el área adolorida, Dyfir la señaló autoritariamente con su índice.

— ¡No regreses hasta que te disculpes!

Dyfir nunca supo de la mirada de desprecio que Eve le dedicó, más concentrada en volver a la casa y rogando haber sido lo suficientemente tosca para hacer recapacitar a la pokémon por su mal comportamiento. Lejos de sentir arrepentimiento, Eve sólo sintió que el resentimiento hacia los extraños que entorpecían su misión crecía.

— ¡Já! ¡Lo dice como si eso realmente me importara! —espetó, dándole la espalda y caminando para alejarse de esa estúpida casa lo más posible—. ¡Me voy ahora mismo a Monte Luna y que mis hermanos me alcancen si les da la gana! Un humano exigiéndome cosas… ¡sólo eso me faltaba! ¡¿Quién se cree?! ¡No pienso tolerar estas estupideces de alguien que lo único que hace bien es estorbar!

Se detuvo súbitamente al sentir la presencia de alguien a sus espaldas. Cuando giró la cabeza para ver por encima de su hombro, encontró a un pequeño roedor amarillo, con pequeños ojos café y mejillas rojas como manzanas, de largas orejas puntiagudas que terminaban en negro y cola retorcida. Era una rata eléctrica que los humanos conocían como Pikachu; ese en especial pertenecía al chico de piel tostada que llegó el mismo día que ellos al pueblo.

— Nunca es bueno decir cosas cuando la rabia está a flor de piel —dijo el Pikachu calmadamente, sin sentirse intimidado por la fría mirada de la pokémon de pelaje níveo—. En lo más profundo de tu corazón los aprecias mucho, ya te habrías desaparecido si resultase ser lo contrario.

— Mejor ocúpate de tus asuntos, bombillo con patas —gruñó Eve molesta, retomando la marcha para alejarse del roedor eléctrico… en vano, porque el Pikachu comenzó a seguirla.

— Mewtwo no quiere que nadie lo moleste, ¿sabes? —Eve torció los ojos cuando el Pikachu dijo esto, ella quería exactamente lo mismo y no tenía a nadie fastidiando a otros por eso—. Está actuando muy raro, todo apunta a que es culpa tuya.

— Ajá, sí, fui yo. ¿Y qué? ¡Ni siquiera se conocen!

— Para tú información, lo conozco incluso desde antes que tú —corroboró Pikachu, sintiéndose orgulloso al decirlo.

— Entonces ve a darle lata a él y déjame tranquila.

— No, eso no me corresponde. Se sentirá mucho mejor si le pides una disculpa, él no merece que lo trates de un modo tan grosero —insistió Pikachu, casi siguiéndole al trote cuando Eve aceleró el paso—. Si lo conocieras siquiera un poquito, sabrías que se estaba esforzando en ser amable contigo. ¿No te da algo de remordimiento eso?

— ¡No!

Llegaron a un pastizal donde algunos Tauros y Milktank todavía pastaban, Eve intentaba alejarse lo más posible del Pikachu, mas él conseguía el modo de alcanzarla siempre. La cháchara del roedor era interminable y crispante, lo peor es que no se callaba por más que lo insultara.

— ¡¿Qué demonios tengo que hacer para que me dejes en paz?! —vociferó Eve al borde del colapso nervioso, luego de que la rata eléctrica se las ingeniara para perseguirla por varios minutos, incluso apareciendo inesperadamente cuando pensaba que la había perdido.

— Pedirle disculpas por tu mala actitud —contestó Pikachu sin inmutarse.

Eve no pudo soportar la frustración que sentía y terminó pateando una roca gigante. Al no hacerlo de la manera adecuada, lejos de aliviar el estrés, se hizo daño y el dolor le llegó hasta la punta de las orejas.

Las chispas de plasma comenzaron a salir disparadas de su cuerpo sin alcanzar al Pikachu de milagro, Eve tuvo que sentarse un momento para que el palpitante dolor en sus dedos pasara, maldiciendo por lo bajo a la rata que mal disimulaba su risa.

— ¿Sabes dónde está? —gruñó Eve al asegurarse de que podía hablar sin que se le quebrara la voz.

— ¡Claro! —Pikachu celebró su logro pegando un brinco de alegría— ¡Yo te llevo! Así me aseguraré de que en verdad hables con él.

El roedor eléctrico giró la cabeza y Eve siguió con la mirada hacia donde sus pequeños ojos negros apuntaban, tropezando con una montaña artificial, el punto más alto en todo el laboratorio del profesor Oak.