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– Capitulo XVIII –
分岐
Bifurcación
Son nuestros caminos diferentes, los que nos separan, es el destino el que nos aleja.– Miguel Visurraga Sosa
Las enormes rejas de la residencia se abrieron, dejando pasar al auto que transportaba a Noel y a Víctor, siendo el segundo quien no estaba muy convencido respecto a visitar al dueño de la misma, sobre todo cuando este había dicho públicamente que nunca recibiría visitas, a menos que fuera el mismo rey en persona quien lo hiciera.
– ¿Seguro que el tendrá las respuestas que busco? – dijo bajando el vidrio del auto para observar el lugar.
– No te puedo asegurar si lo sabrá, pero es la única persona que podría ayudarte respecto al tema de los Katsuki después de todo, él estuvo en primera fila durante el asalto – contesto Noel.
– Aunque lo sepa, dudo que me responda – susurro Víctor.
– Quizás, pero al menos buscaste respuestas.
Víctor hizo una mueca y continúo observando el paisaje.
El auto se detuvo una vez llego a la puerta principal de la residencia, el chofer se bajó del mismo para abrir la puerta y dejar bajar al príncipe así como a su guardaespaldas.
Víctor recorrió el lugar con la mirada, deteniéndose sobre la figura de una bella mujer, vestida formalmente y que se ajustaba los lentes que poseía.
– Bienvenido Príncipe – dijo la mujer.
– Me da gusto volver a verla Srita Akiho.
– Mi jefe es un hombre muy ocupado, su tiempo para visitas inesperadas es escaso pero, debido a que usted solicito verlo, hizo un espacio en su agenda – aseguro con una voz neutral y semblante serio – si gusta pasar, él lo espera en su despacho.
– Muchas gracias.
Ambos siguieron a la joven mujer y entraron a la enorme residencia.
Akiho los condujo por un largo pasillo, iluminado a media luz y un agradable aroma a sándalo.
– Mi jefe se sorprendió al recibir su llamada – dijo Akiho rompiendo el silencio.
– ¿Así? – Víctor la regreso a ver de reojo.
– Es inusual que usted le pida una audiencia, sobre todo cuando han pasado muchos años desde la última vez que se vieron en persona.
– Lo sé, la última vez que lo vi fue cuando me gradué de la academia Lucis.
Aun recordaba vívidamente el día de su graduación. Las chicas de la academia –de diferentes grados– lloraban abiertamente y pedían que no se fuera, que lo extrañarían amargamente y no tenerlo las haría sufrir. Toda una multitud de jovencitas que impedían salir de la misma, incluso los profesores no podían hacer nada para calmarlas… Sobra decir que aun cuando se fue del lugar, durante semanas la mayoría de ellas iban a la dirección para pedir su número de celular personal para localizarlo… Todo un dolor de cabeza para la academia.
– Llegamos – dijo Akiho, girando sobre sus talones para encararlos – Lo está esperando dentro.
– Gracias – volteando a ver a su amigo – Vamos, Noel.
Ambos hicieron el intento de moverse pero la joven mujer se puso enfrente de ambos.
– Me temo que eso no es posible – alzando su mano para detenerlos.
–…
– Usted fue quien solicito la audiencia con mi jefe y solo a usted lo recibirá – mirando de arriba abajo a Noel.
Víctor frunció el ceño, dispuesto a refutar pero la mano de Noel sobre su hombro lo detuvo.
– No te preocupes – dijo con una sonrisa.
El asintió y Akiho abrió la puerta.
– El príncipe está aquí – anuncio una vez entro en el lugar.
Su jefe asintió y Akiho le indico al príncipe que entrara al lugar.
– Gracias – susurro Víctor.
Akiho asintió, salió de la habitación y cerró la puerta.
– Tu llamada fue bastante inesperada – dijo levantándose de su asiento detrás del escritorio – ¿puedo saber a qué se debe la súbita petición de vernos?
– Hay algo que necesito discutir contigo.
– Puedo intuirlo, la pregunta seria, ¿el qué? – deteniéndose a pocos pasos de él.
– Hay algo que me inquieta respecto a un hecho en particular y solo tú puedes ayudarme – dijo manteniendo la mirada sobre el rostro ajeno – Yakov, Necesito que me cuentes que sucedió la noche que murieron los reyes Katsuki.
Los primeros rayos del sol comenzaron a colarse por la ventana de su habitación, su calidez tocaron ligeramente su rostro haciendo que arrugara el ceño al verse despertado por el nuevo día. Parpadeo un par de veces para acostumbrar su vista a su entorno, levantándose con cuidado y estirando su cuerpo para escuchar como sus huesos crujían ante aquella acción. Por un momento su mente se encontró perdida por la soñolencia pero, tras enfocarse mejor, los sucesos del día anterior comenzaron a pasar por su mente como si se tratara de una película.
Atrajo sin ganas sus piernas, abrazándolas con fuerza, tratando con aquello, soportar todo el dolor y las incesantes ganas de volver a llorar.
– ¿Que se supone que haga a partir de ahora? – susurro.
Recordaba vívidamente las palabras que dijo ante Adalberto y los demás, la decisión que había tomado después de repasar todos los errores y consecuencias que habían sucedido por su causa pero, ahora que todo caía sobre sus hombros y no había nadie a su lado para sostenerlo aquella mañana, miles de preguntas se formularon nuevamente dentro de su mente.
¿Cómo lograría derrocar a Demian? ¿Cómo recuperaría el cristal? Pero por sobre todas ellas, ¿Cómo planeaba salvar al mundo si en su momento, no pudo salvar la vida de un amigo?
Suspiro sin ánimo y estiro su mano para tomar su celular que estaba sobe la mesita de noche, al prender la pantalla noto que los mensajes de Víctor habían cesado, el ultimo que le había enviado era el de un día antes de que Celestino muriera y él estaba inconsciente como para contestar.
Las lágrimas comenzaron a reunirse en sus ojos, recordaba la forma tan fría con la que lo había tratado pero, no podía estar cerca de él, era el hijo del hombre que mató a su padre, era un Nikiforov, ¿Quién aseguraba que Víctor no se volvería igual que su padre? La muerte de Celestino abrió el panorama, uno donde la familia Nikiforov mostraba su verdadera cara y, el solo hecho de decirse una y otra vez que Víctor sería igual que su padre, le rasgaba el alma de una forma que no podía describir.
– Si no hubiésemos nacido siendo lo que somos, ¿todo sería diferente? – murmuro, dejando el celular sobre la cama y ocultar su rostro sobre sus rodillas.
Unos golpes en la puerta captaron su atención.
– Yuuri – era la voz de Mary – ¿despertaste?
– Si – contesto.
– ¿Puedo pasar?
Yuuri dudo en contestar antes de indicarle que entrara.
– ¿Estas bien? – dijo entrando a la habitación, con una bandeja con lo que pensó era su desayuno.
– Desperté… Supongo que eso se puede traducir como bien.
Su hermana suspiro y dejo la bandeja en el escritorio.
– Yuuri – dijo su nombre en un tono suave – Sé que quisieras quedarte aquí encerrado pero… No es sano.
– Lo sé.
Mary suspiro al ver el estado de su hermano menor.
– ¿Cómo sigue la herida?
– Mejor, cerró completamente aunque, aun duele un poco por dentro.
– Es normal, aun cuando los Katsuki solemos recuperarnos más rápido que cualquiera no significa que sanemos totalmente.
El asintió sin decir nada más.
Ella se acercó para sentarse a su lado, observando el semblante lleno de tristeza del mismo, sintiendo como su corazón se a oprimía de ver cuán herido estaba tras la muerte de Celestino, culpándose por algo que no estaba en sus manos poder controlar.
Con una mano tomo la de su hermano y con la otra, alzo el rostro del mismo para que sus ojos se encontraran.
– Escucha, sé que no es fácil y que no hay palabras para mitigar el dolor que sientes pero, tomaste una decisión ¿no?
El asintió.
– Estando encerrado, esa promesa que hiciste, de salvar este reino no se va a cumplir.
Yuuri desvió la mirada.
– No estás solo, incluso Celestino, que aunque no está presente, su espíritu como el de nuestros padres siempre estará aquí – soltando su mano para señalar el lugar donde estaba su corazón.
Yuuri finalmente le regalo una sonrisa.
– Ahora… ¿Por qué no desayunas? – le pregunto con una sonrisa– te hice unos hotcakes con miel.
– ¿No decías que nada de golosinas?
– Bueno, creo que por hoy podemos hacernos de la vista gorda – guiñándole un ojo.
Su hermano soltó una pequeña risa.
Yuuri tomo el plato y comenzó a comer su desayuno en silencio, siendo observado por la atenta mirada de su hermana mayor, una vez este se había terminado, Mary dejo el plato en el escritorio nuevamente.
– Yuuri – su hermana le llamo.
– ¿mm?
– ¿Recuerdas que prometí darte respuestas?
Yuuri frunció ligeramente el ceño antes de asentir al recordar a lo que se refería su hermana. Mary metió su mano dentro del delantal y saco un libro, con letras doradas en la portada y unos dibujos extraños en la misma.
– Este libro contiene información acerca de los sidéreos, el cristal y la profecía del entronado así como información detallada de nuestra familia – dijo colocando el libro sobre el regazo de su hermano.
Yuuri tomo el libro y una sensación extraña pero a la vez familiar comenzó a vibrar en su pecho.
– ¿Sucede algo? – pregunto.
– Es que… – no termino de hablar ya que sus ojos continuaban sobre la portada del libro.
– ¿Yuuri?
Abrió el libro y una memoria perdida comenzó a flotar en su mente.
Caminaba por los enormes pasillos del lugar, apoyando su pequeña mano sobre la fría pared mientras la otra mano la usaba para limpiar las lágrimas que había derramado tiempo atrás.
El silencio del pasillo le provocaba escalofríos, el reloj marcaba las doce de la noche por lo que, no había nadie en el lugar, salvo las pinturas y estatuas que adornaban el mismo.
Se detuvo unos minutos al estar a menos de dos metros del lugar que buscaba, notando como las luces aún estaban encendidas. Sollozo un par de veces y continúo su camino hasta llegar a la puerta, la cual emitió un chirrido al ser abierta ligeramente.
El rey alejo su vista de los papeles que estaba leyendo para dirigirla hacia la figura que estaba en la entrada, una suave sonrisa apareció en su rostro y se giró sobre su asiento.
– ¿Está todo bien, Yuuri?
El pequeño soltó un sollozo y negó con su cabeza.
– ¿Que sucede?
– Pesadilla – susurro sin alejarse de la puerta.
El rey no dijo nada y se levantó de su asiento para acercarse a su hijo menor, se colocó en cuclillas y acaricio la pequeña cabeza del mismo.
– ¿Quieres contarme?
El negó con la cabeza y solo abrazo a su padre.
– Tranquilo, mi pequeño, estoy contigo – dijo abrazando a su pequeño.
Yuuri sollozo un par de veces más hasta que finalmente se detuvo.
– ¿Quieres volver a la cama?
Él se aferró a su padre, indicándole con aquel acto el miedo que tenía.
– ¿Quieres que papá te lea un cuento para que puedas dormir?
Yuuri asintió.
– Muy bien, ¿quieres que te lea "el pez de oro"?
El rey tomo el pomo de la puerta de su despacho con la intención de cerrarla al salir pero, su hijo levanto su cabeza y negó con su cabeza.
– ¿Cuál quieres que te lea?
Yuuri lo pensó unos segundos y contesto.
– El libro que leíste la vez pasada – murmuro.
– ¿Libro?
– Si, el que tenía letras brillantes y hablaba de los sí... side… – mordiéndose el labio al no poder nombrarlos.
– ¿Los sidéreos?
El asintió.
– Pero, ese no es un libro de cuentos infantiles.
– Pero tiene imágenes bonitas y me gusta cuando mueves tus manos - moviendo sus pequeños brazos en el aire, tratando de imitar los movimientos que hacia su padre al leerle.
El rey aun no salía del asombro, nunca espero que su hijo le pidiera leerle justamente aquel libro, aun cuando reconocía que en algunas ocasiones lo leía para que poco a poco conociera sus orígenes, de donde provenían sus poderes así como los dioses que los guiaban, nunca espero que aquel libro fuera el que le pidiera para poder dormir… Un sentimiento de tristeza se formó en su pecho, al saber que aunque tratara de cambiarlo, el destino de su hijo estaba ligado a los viejos dioses.
– De acuerdo – el rey entro nuevamente a su despacho, dejando a su hijo sobre uno de los sofás y se acercó a uno de los libreros para sacar el libro que buscaba.
Cuando lo tuvo entre sus manos, se acercó a su hijo y se lo entrego.
– Ahora si jovencito, a la cama – dijo y cargo a su hijo para envolverlo en un fuerte abrazo.
Su hijo simplemente asintió, apretó con fuerza el libro y se apoyó sobre el hombro de su padre, mientras salían del despacho con dirección a su habitación.
– ¿Yuuri?
La voz de su hermana lo trajo de vuelta a la realidad.
– ¿He?
– ¿Sucede algo?
– No, es solo que… Este libro…
– ¿Tiene algo de malo?
– No, está bien es que – callando unos segundos antes de seguir – nuestro padre me leía constantemente algunos pasajes del mismo.
– ¿Qué? – Frunció el ceño al escuchar lo dicho por su hermano – ¿estás seguro?
– Si, no recuerdo mucho de nuestra infancia pero… Este libro, aparece en mis memorias – dijo admirando la portada – sinceramente no sabía que libro era pero, en algunas ocasiones tengo estos recuerdos donde veo a nuestro padre leyéndome historias acerca de los sidéreos, los cadentes o cosas ligadas a la diosa Etro.
Mary abrió aún más sus ojos por lo sorpréndete que era escuchar hablar a su hermano de aquellas memorias.
– ¿Mary? – Pregunto al notar el mutismo de la mayor – ¿sabías de eso?
Ella parpadeo un par de veces antes de contestar.
– Me temo que no, sabía que nuestro padre solía leerte cuentos pero… No que te leyera el libro Cosmogonía.
– ¿Demasiado sorpréndete?
– Considerando que eras un niño de seis años, sí.
Yuuri bajo la mirada.
– ¿Crees que nuestro padre me estaba preparando?
– No lo sé, nuestros padres solían guardar muchos secretos – acariciando su cabeza – pero, ellos querían lo mejor para nosotros así que, no dudo que todo lo que hicieron, lo hicieron pensando que era lo mejor para los dos.
Yuuri asintió y dibujo una débil sonrisa.
– Lo mejor que podemos hacer ahora es continuar, ¿Por qué no comienzas a leerlo? Quizás así recuerdes más cosas.
– Lo hare.
– Muy bien – dijo dejando un suave beso en su cabeza – tengo cosas que hacer, si necesitas algo, solo avísame.
El asintió y Mary salió de la habitación.
Yuuri aparto la vista de la puerta y la dirigió al libro, comenzó a hojearlo lentamente, observando solo las imágenes que en el aparecía sin detenerse a leer las descripciones o narraciones que este contenía, hasta que llego a un apartado que hablaba de la Sideralia o, la parte que hablaba de los sidéreos y su reinado como dioses.
– ¿Los sidéreos? – se preguntó y comenzó a leer las pequeñas descripciones que tenían las imagines de los mismos – Titán, inamovible como la roca. Lamú, súbito como el rayo. Shiva, bella como la nieve. Leviatán, sempiterna como la marea. Bahamut, firme como el acero. Ifrit, tornadizo como el fuego… Desde tiempos inmemoriales velan por Eos los seis Sidéreos.*
Mientras leía las descripciones, de forma fugaz apareció lo vivido en aquel sueño, donde había conocido a Titán, preguntándose si algún día lograría ver cara a cara a los otros cinco Sidéreos que el libro cosmogonía mencionaba.
Mary se sentó en el sofá con un gesto de preocupación en su rostro el cual, no pasó desapercibido por Adalberto.
– ¿Sucedió algo? – Pregunto – Yuuri, ¿Está bien?
– Si, él está bien, su herida sano completamente pero necesita un poco más de descanso.
– Y ¿qué es lo que te inquieta? – Volvió a preguntar – por tu rostro, debe ser algo importante.
Ella se mordió el labio inferior antes de contestar.
– ¿Sabías que nuestro padre le leía el cosmogonía?
Adalberto frunció el ceño.
– No, Toshiya nunca lo menciono pero, ¿tiene algo de malo?
– Yuuri era un bebe, solo tenía seis años… ¿no era demasiado joven para saber de todo lo relacionado a nuestra familia? – Pregunto, aunque por el modo en que lo hizo, sonó como si se lo preguntara a alguien más – Incluso yo, que soy la mayor, supe de la misión de nuestra familia hasta los diez y solo de forma general, no fue hasta su muerte que me entere de todo.
Adalberto se cruzó de brazos.
– No puedo asegurarte los motivos que tuvo tu padre para hacerlo pero, quizás el creyó conveniente que Yuuri lo supiera antes de tiempo, después de todo, él debía velar por la seguridad y entrenamiento futuro del entronado para que cumpliera su misión, sin desviarse del camino.
– No lo sé – apoyando su cabeza en la palma de su mano mientras tenía el brazo flexionado sobre el respaldo del sofá – a veces siento que nuestro padre sabia muchas cosas que no le dijo a nadie más y que quedaron ocultas tras su muerte.
– Todo secreto, por muchas medias que se tomen para protegerlo, termina saliendo a la luz.
Ella solo volteo a verlo.
– Si Toshiya tenía motivos más allá de los que imaginamos, seguramente al final se descubrirá, él era un hombre inteligente y, si hurgo algún plan para concluir la guerra y cumplir la misión de la diosa, solo debemos continuar y ver qué sucede a futuro.
Adalberto le dedico una suave sonrisa.
– Confía en tu padre Mary – concluyo.
– Siempre lo he hecho – contesto con resignación – incluso a día de hoy, lo sigo haciendo.
La sala del trono se encontraba en completo silencio, no había sonido alguno salvo la suave respiración de las dos únicas personas en el lugar. El rey Demian observaba el entorno desde su trono, tenía la cabeza ligeramente inclinada hacia la izquierda, la mirada fija en algún punto de la sala y tamborileaba sus dedos sobre el respaldo del mismo.
Sus pensamientos se encontraban en otro lado, procesando la información que el padre Ignis le había entregado. Preguntándose, ¿qué debía hacer a partir de ese punto?
– Su majestad – hablo Ardyn sin levantarse de su sitio – ¿Qué planes tiene respecto a la información que el padre le dio? – pregunto con cuidado de no molestar al rey.
– … – no contesto.
Ardyn se mantuvo en su posición.
El rey suspiro y se levantó de su asiento.
– Aun no tengo decidido qué hacer con la… Valiosa información que el padre me dio acerca de Shade – comenzando a bajar los escalones.
– ¿Le indico quien se esconde tras ese traje?
– Así es – dijo con calma – es bastante deprimente que un simple plebeyo diera con esa información – deteniéndose frente a Ardyn – la guarda real cada día me decepciona aún más.
– Lo lamento su majestad, yo…
El rey levanto su mano, indicándole con aquel gesto que callara.
– Discutiremos después lo que hare contigo – colocando sus manos tras su espalda – retírate.
Ardyn apretó los dientes, asintió con un movimiento de su cabeza y se levantó para darse la vuelta con dirección a la puerta de la sala.
Una vez el comandante salió del lugar el rey dibujo una inusual sonrisa.
– Tengo un trabajo para ti.
Tras decirlo, una bruma oscura comenzó a acumularse frente a él y, tras unos segundos, esta dio forma a un hombre cubierto de una gruesa armadura y una capa color roja tras su espalda, su rostro estaba cubierto por el casco de la misma pero por los orificios de este, despedía un humo color negro.
– Tu trabajo consistirá en vigilar a un chico que asiste a la academia Lucís, Síguelo a todas partes, observa cada movimiento que haga, nadie debe verte ni saber que estás ahí – El rey le entrego saco una foto de entre sus ropas y se la entrego, el hombre de armadura asintió tras verla – infórmame los avances… Ahora vete.
El hombre asintió nuevamente y desapareció entre brumas tal como había llegado.
Durante una fracción de segundo la sala del trono se mantuvo en silencio, hasta que la ligera risa del rey se dejó escuchar.
– ¿Quién lo diría? Después de tantos años de tortura y experimentos… Finalmente te convertiste en mi marioneta – levantando su mano para contemplar la palma de la misma – y que seas tú precisamente el que lo vigile lo vuelve una cruel ironía del destino – el rey levanto la vista sin dejar de sonreír.
El rostro de Yakov no mostraba ninguna emoción, aun cuando su ex alumno le había pedido sin discreción alguna hablar de lo sucedido hace más de trece años. Aun cuando por dentro sus emociones eran un torbellino de pena, amargura y tristeza por lo sucedido aquella noche, permaneció frio y distante.
Soltó un largo suspiro y le dio la espalda al príncipe, caminando hacia el escritorio nuevamente.
– Yakov – lo llamo Víctor.
– ¿Puedo saber el interés que tienes en ese tema? – dijo sin voltearse.
Víctor callo unos segundos.
– ¿Y bien? – Pregunto nuevamente – no creo que solo por mera curiosidad, vinieras a mi casa a querer que te diga acerca de esa noche.
– Necesito saberlo.
– Esa no es una razón suficiente.
Víctor trago con fuerza, preguntándose si sería apropiado contarle las verdaderas razones detrás de su petición. Yakov había sido el mejor amigo de su padre, su mano derecha en Nueva Crisis, el gran canciller que llevo las riendas del reino a lado de del mismo de forma meticulosa y sin errores, aun cuando ahora era el rector de la academia Lucís y se había alejado de su padre así como la política por motivos que desconoce –aunque muchos intuían la razón–, no estaba seguro de si contarle fuera lo mejor, mucho menos si este en algún momento pudiese contárselo a su rey.
– ¿No vas a hablar? – pregunto nuevamente Yakov.
– …
– Muy bien, si no tienes otra razón válida, es mejor que te marches, tengo asuntos más importantes y no voy a perder mi tiempo en cosas sin sentido.
Víctor vacilo un segundo, pensando que era la única oportunidad que tenía para conocer detalles, respiro profundo, esperando no arrepentirse en el futuro porque estaba por hacer.
– Yo… Te lo diré – afirmo – pero necesito tu palabra que guardaras el secreto.
Yakov se giró para encararlo, interesado por la petición.
– Sobre todo a mi padre.
Inclino su cabeza ligeramente por lo último.
– Sabes tan bien como yo, que hace mucho que el rey y yo, no tenemos contacto alguno salvo en ocasiones especiales.
– Lo sé, pero necesito que esto quede entre nosotros – suplico – él ni siquiera sabe que estoy aquí y si llega a saber lo que estoy a punto de contarte, la vida de alguien depende de que no lo sepa.
Yakov se sorprendió por lo dicho, sobre todo por el tono de voz que el príncipe estaba usando, cerró sus ojos, suspiro y volvió a abrirlos.
– Muy bien, guardare el secreto.
Víctor soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, sintiendo como un peso de sus hombros se levantaba.
– Supongo que esto tomara tiempo – dijo Yakov – mejor tomemos asiento.
Víctor asintió, sentándose en una de las sillas frente al escritorio mientras Yakov hacia lo mismo en la silla de enfrente.
Con lentitud bajo los escalones, apoyándose de la pared para no caer mientras en la otra llevaba firmemente agarrado el libro que su hermana le había entregado. Cuando estuvo en la planta baja, se encontró con su hermana y Adalberto, quienes veían el televisor en el canal de las noticias.
– ¿Algo bueno? – pregunto acercándose con lentitud.
– Por el momento no – contesto Mary.
– ¿Cómo te sientes? – pregunto Adalberto.
– Mejor – sentándose en el sofá de al lado – aunque aún me duele un poco.
– Es normal, la herida quizás cerro por fuera pero por dentro aun esta sanando – dijo su hermana.
Yuuri asintió.
– ¿Terminaste de leer el libro?
– ¿Ha? – Regresando a ver el libro que estaba en su regazo – Si, lo leí aunque me aclaro algunas cosas, aún hay preguntas sin respuesta.
– ¿Cómo cuáles?
– Hace tiempo mencionaron lo de una barrera pero, el libro solo menciona que sirve para mantener a raya la oscuridad pero… ¿Exactamente cómo funciona?
Mary regreso a ver a su padrino, este suspiro.
– La barrera fue creada hace muchas generaciones Yuuri – dijo Adalberto.
– Lo sé.
– El primer rey Katsuki lo hizo con la intención de mantener el germen de la oscuridad fuera de nuestro mundo, y durante mucho tiempo lo logro pero…
– ¿Pero?
– La guerra – declaro – los Nikiforov iniciaron el ataque, el primer rey… Katsuki Iedolas tuvo que dividir su magia, mantener la barrera y contraatacar a los Nikiforov, la magia que mantuvo la barrera se debilito y el germen pudo hacerse paso nuevamente, quizás no todo pero lo suficiente para contaminar el mundo nuevamente.
– ¿La barrera lo sigue conteniendo?
– Si, es por ello que aun sale el sol sino fuera por ella, hace mucho que el mundo se hubiese hundido en la completa oscuridad y estaríamos a merced de los cadentes nacidos de la misma.
– Entiendo pero… Si el rey es quien la mantiene ¿porque sigue activa la barrera?
– La barrera ha sido mantenida por cada generación, cada príncipe que se vuelve rey también releva a su antecesor en esa carga, por lo que mantiene la barrera durante su reinado.
– Mi padre murió antes de que yo lo relevara, ¿la barrera no debió caer con su muerte?
– Eso hubiese sucedido, si el oráculo no hubiese hecho un pacto con el primer rey Katsuki.
Yuuri frunció el ceño al no entender.
– Cuando los Nikiforov atacaron y la barrera se vio debilitada, el oráculo de su generación hizo un pacto de sangre con el rey Iedolas, sus poderes se unieron, así la magia del rey y la del oráculo mantendrían la barrera, en caso extremo de necesidad, si el rey hacía falta el oráculo podría continuar la tarea.
– ¿Me estás diciendo que…?
– Cada generación del oráculo nace con la tarea de mantener la barrera junto al rey en turno, si este falta la misma caerá sobro los hombros del oráculo.
– Entonces… Yuuko…
– Al morir la reina Alicia su hija, la princesa Yuuko tomo su lugar como el nuevo oráculo… Y como Toshiya murió la misma noche…
– Yuuko ha mantenido la barrera durante trece años con sus propios poderes – dijo Yuuri bajando la cabeza – lo ha hecho todo sola mientras que yo…
– Ella nunca te ha culpado de nada, asumió su papel a muy corta edad y lo hizo sin dudas ni miedos en su corazón, sabe lo que está en juego y sigue luchando, no solo para sanar a aquellos que se vieron contaminados por el germen sino, también, en mantener la barrera, la única defensa que tenemos en contra del germen que cada día nos amenaza.
– Aun así, yo he tenido una vida más fácil mientras a ella ha sufrido sola.
– No lo está, tiene a las personas de Altissia, su esposo, sus hijas.
– Y a Freya – continuo Mary.
Yuuri apretó con fuerza el libro.
– No te agobies – dijo Mary – Yuuko nunca ha renegado de su destino, ella es feliz ayudándote aunque sea con esa carga.
– Debería haber estado con ella.
– Pero no era el momento –aseguro – pero si quieres ayudarla, cumple tu destino… Así ella podrá librarse de esas cadenas.
Yuuri levanto la cabeza y sonrió.
– Sí.
Su hermana le devolvió la sonrisa, durante ese momento el silencio volvió a apoderarse de la sala, un momento de paz que, aunque no lo dijeran, era cómodo para ellos.
"En otras noticias, la princesa Yuuko se encuentra en las tierras de Aries, ayudando a quienes han sufrido heridas a causa de los cadentes"
Los tres voltearon hacia el televisor, donde la figura de Yuuko apareció arrodillada ante un pequeño niño, usando sus manos para sanar una mancha oscura en la piel del mismo, estas se iluminaron y lentamente la oscura mancha fue desapareciendo de su piel.
– Sin importar que tan ocupada se encuentre, siempre ayuda a los demás – dijo Mary.
Yuuri contemplo el televisor sin dejar de sonreír, mientras el pensamiento de ayudarla para que dejara esa dura carga cruzaba por su mente.
Dejo su taza de té sobre el escritorio escuchando atentamente las palabras que su ex alumno continuaba diciendo. Su rostro no mostraba ninguna emoción aun cuando lo dicho era bastante sorprendente, una vez el de ojos azules concluyo su relato, un breve momento de silencio se apodero de ambos.
– Y… ¿Qué piensas? – pregunto Víctor.
– No puedo negar que me sorprende bastante lo que me acabas de contar – dijo apoyando sus brazos sobre el escritorio – sobre todo lo dicho acerca de ese chico llamado Yuuri.
– ¿Lo conoces? – Pregunto – ya que él estudia en la academia Lucís.
– No lo conozco personalmente, al menos no he hablado con él pero, si lo he visto en algunas ocasiones incluso, supe que era uno de los candidatos a la guarda nocturna.
Víctor alzo la mirada y recordó fugazmente algo relacionado a ello.
– Aunque ahora con todo lo que me has contado, tiene lógica lo que le sucedió.
– ¿Por qué lo dices?
– El entrenador Gladius siempre me envía una lista de los alumnos mejor dotados para la guarda nocturna, cuando el nombre de Yuuri apareció, me comento que tenía talento y creía que sería el primero en aprobar pero… Cuando el chico fallo, fue algo inusual, considerando que en los entrenamientos es el primero en la clase.
Víctor no comento nada.
– Que haya fallado seguramente fue para no ponerse en evidencia.
– Quizás pero, tenía razones para ello.
– Considerando su posición, fue lo mejor para él y justamente por ello deberías mantener al margen.
Víctor solo le contuvo la mirada.
– Conoces el pasado de ambas familias, los Nikiforov y los Katsuki estuvieron en guerra durante generaciones… Deberías mantener alejado de él, sino te verás en vuelto en el conflicto que ese chico provocara por el poder.
Víctor bajo la mirada y apretó los dientes.
– Pero, conociéndote, estoy seguro que harás caso omiso de mis palabras y aun así te involucraras ¿o me equivoco?
El no respondió a la pregunta y Yakov suspiro.
– ¿Me contaras lo que te pedí? – pregunto Víctor, cambiando bruscamente de tema.
Yakov se levantó de su asiento, camino hacia la ventana, dejando que sus ojos admiraran el paisaje.
– Yakov.
– Hice un juramento – hablo con franqueza – cuando me retire de la política y rompí todo lazo con tu padre, jure que nunca revelaría nada de lo que me conto durante nuestros años de amistad, que nunca contaría nada de lo que pudiese ver o escuchar.
– Pero…
– Sabes tan bien como yo, que un juramento hecho a un rey no se puede romper.
– Entonces, ¿no me dirás nada de lo que sucedió hace trece años?
– Aunque quisiera, no me es posible.
– ¿Le dirás a mi padre lo que te conté?
Yakov se giró para verle.
– Te hice una promesa, mis labios están sellados… Pero debes tener cuidado a quien le das esa información Víctor, no todas las personas saben respetar una promesa o juramento hechos a terceros.
Víctor bajo la cabeza, apretando con fuerza el respaldo de la silla, se levantó rápidamente y coloco un gesto de molestia en su rostro.
– ¿Cómo puedes guardar tantos secretos? – Pregunto elevando su voz – No le debes nada a mi padre.
– Le debo mucho –respondió – todo lo que tengo fue gracias a su apoyo – dijo caminando hacia una de las estanterías donde algunos porta retratos se encontraban.
– ¿Incluso si eso causó la muerte de tu hijo?
Víctor noto como el cuerpo del hombre mayor se tensó tras mencionar a su hijo fallecido. No era un secreto las razones de su muerte, las noticias declararon que Ravus había perecido durante el ataque, tratando de ayudar a los reyes Katsuki pero, tristemente su vida termino cuando la explosión de un ángelus lo alcanzo… Aunque muchos especulaban que los motivos reales eran más oscuros y trágicos ya que lo único que habían encontrado del hijo de Yakov, eran cenizas que fueron entregadas a su padre muchos días después.
– Es mejor que te vayas – indico Yakov sin regresar a verlo.
Víctor abrió la boca con la intención de hablar pero, no encontró palabras para hacerlo, sabía que el tema de Ravus seguía siendo un tabú para el mayor y que lo hubiese mencionado, solo le causo un sentimiento de arrepentimiento.
– Lo siento – dijo finalmente.
El mayor no respondió y Víctor supo que la conversación había terminado. Le dedico una última mirada y se giró para dirigirse a la puerta.
– Víctor – le llamo Yakov, deteniéndolo justo antes de que saliera por la puerta.
Guardo silencio unos segundos, solo admirando la foto donde la figura de su hijo Ravus se hacía presente, sonriendo como en aquellos días donde la guerra solo era otro problema político en su vida, donde su vida a lado de su mujer e hijo era esplendida y no tenía rastros de dolor o sufrimiento. Suspiro profundamente, esperando que lo que iba a decir, no causara más problemas de lo que, probablemente ya existían.
– Tu padre… El rey Demian, estuvo en el castillo aquella noche.
El rostro de Víctor mostro sorpresa pero se recuperó de inmediato.
– Gracias.
Fue su respuesta y salió del despacho, dejando a Yakov solo con sus pensamientos.
El sonido de sus pasos resonaron al ir bajando por aquella escalera, las luces del lugar provenían de viejas antorchas que se iban encendiendo conforme iba bajando. Su rostro se encontraba sin expresión pero, por las leves sombras que proyectaban las antorchas le daban un aire oscuro y tétrico. Una vez termino de bajar los escalones, se internó en el pasillo hasta llegar a su destino, una vieja cámara, iluminada por extraños cristales colocados en las diferentes columnas que se encontraban en el lugar.
El rey avanzo y bajo los únicos tres escalones que estaban al frente, avanzando a paso lento hacia el ataúd que poseía el cuerpo de una hermosa mujer. Se detuvo al estar frente a él y coloco su mano sobre el cristal del mismo.
– Lamento tener que encadenarte pero, no me dejaste de otra – susurro mientras observaba las fuertes cadenas que rodeaban el ataúd – ¿Sabes lo que pase por encontrarte? Fueron inteligentes, ocultándote en el lugar más recóndito del mundo… Seguro deben estar inquietos por que estas en mis manos.
Acaricio el cristal del ataúd como si se tratara del rostro de una vieja amante.
– Pronto serás libre, no te preocupes.
Hablo con un tono de frialdad haciendo que la extraña mujer abriera sus ojos, aquellos ojos regresaron a verle fijamente.
– No me mires así, no es culpa mía el encierro en el que vives – dijo y se alejó del ataúd.
Camino con gracia hacia el frente, donde un enorme cristal color azul, que despedía una fría aura se hacía presente.
– No te preocupes, pronto cambiara eso.
Dibujo una enorme sonrisa y dejo reposar la palma de su mano sobre la superficie del cristal, el cual cambio a un rojo intenso tras la acción del mismo.
La espada de su padre se encontraba sobre su regazo, admiraba cada línea, cada figura hecha en ella, desde la filosa hoja hasta la oscura empuñadura. Le había pedido a su hermana y Adalberto poder verla nuevamente puesto que, la única vez que la sostuvo con una de sus manos, la súbita fiebre lo hizo sucumbir y no tuvo tiempo de poder observarla como era debido.
Era cierto que no tenía muchos recuerdos acerca de su padre, salvo breves destellos de memorias pasadas que surgían en contados momentos. Recordaba su sonrisa, sus cálidos abrazos y sus sabias palabras pero, más allá de eso, no tenía nada, solo un libro antiguo y su vieja espada, una que había sido testigo de innumerables batallas.
Sobre aquella hoja, descansaban todos los sueños y esperanzas de sus padres, ¿podría cumplir sus expectativas? No estaba seguro pero, lo intentaría, al menos les debía eso.
– ¿Qué piensas? – la voz de Mary lo trajo de nuevo a la realidad.
– Nada – contesto – solo, estoy pensando en lo mucho que nuestros padres sacrificaron para salvarnos.
Mary se acercó a su hermano, sentándose a su lado.
– Lo hicieron pero, siguen aquí con nosotros.
Yuuri asintió.
– Nuestro padre hubiese querido entrenarte personalmente, ayúdate a blandir una espada, a usar tus poderes… Llevarte a Altissia cuando cumplieses dieciséis y obtuvieras tu propia arma.
– Me hubiese gustado eso – contesto con una triste sonrisa en su rostro.
– Pero, quizás no pudo hacerlo pero – colocando su mano sobre la empuñadura de la espada – te dejo su propia espada, una que ahora te pertenece.
– Si – acariciando los bordes de la empuñadura – Mary… ¿Nuestro padre era muy poderoso?
Mary parpadeo por la pregunta.
– No estoy segura, nuestro padre dejo las batallas tras volverse rey, nunca lo vi ir al frente de algún encuentro con los Nikiforov así que…
– Adalberto dijo que nuestro padre era inteligente, un hombre estratégico y que era muy poderoso en cuanto al uso de sus poderes.
– Si Adalberto te comento eso, debe ser cierto después de todo, ¿Quién mejor que él, quien estuvo a su lado desde jóvenes, puede responder esa pregunta?
– Tienes razón.
Ambos guardaron silencio mientras observaban la espada que alguna vez le perteneció a su padre.
– ¿Estás listo? – Pregunto Mary – Todos esperan verte en la próxima reunión, Adalberto anuncio que habías asumido tu papel y que te unirías a la causa – dijo, sabiendo que quizás no era el mejor momento para ello.
Yuuri se mantuvo en silencio, acariciando la empuñadura antes de regresar a verla y contestar.
– Nunca estaré listo Mary – dijo sin titubeos – y justamente por ello, debo hacerlo, si no lo hago ahora ¿Cuándo?, por mis dudas la vida de un buen hombre fue arrebatada… No quiero que nadie más pase por ello.
– Yuuri.
– Así que, listo o no – apretando con fuerza la empuñadura – lo hare, matare al rey Demian – dijo con decisión – y me asegurare que esta espada sea la que traviese su corazón… Se lo debo a nuestros padres.
Mary dibujo una triste sonrisa, aun cuando no quisiera que ocurriera, que las manos de su hermano menor se mancharan de sangre, era el destino que ya había trazado su camino y no había nada que pudiese hacer para cambiarlo.
– Y yo estaré ahí, para apoyarte a cada paso.
– Lo sé.
Ambos se apoyaron sobre el hombro del otro, sabiendo que el camino que estaban por seguir, era uno lleno de sangre y muerte.
つづく/ Continuara...
Si, lo sé, no es lo mejor pero tenía que hacerlo, porque esto es lo que seguía después del capítulo anterior.
Ahora, a partir de aquí la trama será más rápida, haciendo pequeños saltos en el tiempo, que son dos días, un día, de cosas que ya hicieron pero solo mencionaran y así, ya que si lo escribo la trama será súper lenta y dudo que quieran eso.
Ahora, más preguntas.
¿Quién es esa extraña criatura que llamo el rey?
¿Aparecerán los demás Sidéreos?
¿Por qué Yakov no quiere hablar?
¿El rey castigara al comandante Ardyn?
Pronto se resolverán, no lo duden.
Y hasta que eso suceda, nos vemos en el próximo capítulo.
¡Nos vemos!
PD: No sé cuándo vuelva a actualizar ya que tengo que volver a escribir los borradores (me termine los ya hechos) :V y eso me va a llevar un tiempo, pero seguiré la historia, no se preocupen.
