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Camino a Monte Luna

Pikachu condujo a Eve a través de la maleza, avanzando lentamente por el improvisado y escabroso camino que subía la montaña, el hábitat más apartado de la casa del investigador pokémon.

Como Pikachu se negó a decirle el lugar exacto en el que Mewtwo se encontraba, Eve tuvo que aceptar que él fuera su guía y perder varias horas escalando. Para ninguno resultaba un gran reto subir a pie, pero Eve no dejaba de lamentarse por el tiempo perdido, ella pudo haber volado y llegar rápidamente a su destino si la bombilla con patas no fuera tan caprichoso.

Al acercarse a la cúspide, el camino se fue ensanchando hasta llevarlos a un amplio terreno llano, transformándose en una especie de mirador natural. Avanzaron unos cuantos pasos rodeando la cima hasta que divisaron una silueta perfilándose contra el cielo nocturno, sentada al borde del precipicio.

Estaba nublado aquella noche, pero el viento permitió que la luna menguante se asomara tímidamente a través del manto de algodón oscuro, alumbrando apenas el entorno y permitiéndole a Eve apreciar mejor a Mewtwo. Pikachu estuvo a punto de saltar para llamarlo, pero Eve lo detuvo y le indicó con un movimiento de la cabeza que se retirara.

El roedor le lanzó una mirada llena de reproche, mas no protestó e hizo caso. Eve observó con recelo cómo Pikachu caminaba lentamente, arrastrando los pies hasta desaparecer entre unos arbustos. Como Eve sabía que la rata husmearía para llevar el chisme, aunque también fue por venganza ante su desesperante insistencia, decidió dispararle una descarga de plasma para asegurar su privacidad.

Mientras deseaba que Pikachu rodara cuesta abajo y cayera en unos arbustos espinosos que evitaron durante el ascenso, Eve se acercó cautelosamente a Mewtwo. Se hallaba inusualmente nerviosa, pensando en qué decir y cómo decirlo, deteniéndose apenas a unos pocos pasos de él.

Mewtwo no notó su presencia al parecer o quizás la ignoraba adrede, no lo sabía; Eve sólo se concentró en tomar una gran bocanada de aire para poder comenzar con la cuestión, aquello se estaba volviendo demasiado tortuoso para ella.

— Buenas noches —musitó con delicadeza. Ella no tenía experiencia en platicar con extraños y tampoco conocía lo suficiente a Mewtwo para saber cómo podría reaccionar—. ¿Puedo tomar asiento?

Eve rechinó los dientes al notar que Mewtwo estaba meditando, incluso se sintió estúpida cuando el pokémon siquiera hizo algún movimiento para indicar que la escuchaba. Sin embargo, sabía que no era del todo bienvenida, gracias a la versatilidad de su psiquis podía intuirlo.

Eve frunció levemente el ceño ante su obstinación, decidiendo tomar una actitud similar, así que se sentó a su lado ignorando si tenía permiso de hacerlo. Si no la quería cerca pues mala suerte, haberlo dicho antes, ella no esperaría un permiso que jamás llegaría.

Había llegado bastante lejos, Eve no se movería ni un ápice de ese lugar hasta intercambiar palabras con Mewtwo, pensando en lo injusto que le parecía la situación cuando consideraba que ella era la única víctima de las circunstancias. Dejó que su mirada vagara por el paisaje para distraerse, despertando un súbito interés en ella que le ayudó a distraerse y olvidar la incómoda situación en la que se encontraba.

El cielo comenzaba a despejarse gracias al necio viento que soplaba sin cesar, dejando que la escaza luz de luna bañara finalmente la llanura, incluso opacando las débiles luces de las escazas viviendas que se erigían en esa parte del pueblo. Si agudizaba un poco la vista, podía apreciar la vaga silueta del Monte Luna, rodeada de un frondoso bosque que se perdía en las faldas de la montaña.

Eve suspiró inconscientemente, fascinada por la majestuosidad del paisaje nocturno, embelesada por la fría brisa que mecía suavemente sus orejas; por un instante, logró olvidar sus preocupaciones y los motivos que la llevaron hasta lo más alto de aquella montaña.

Mewtwo pudo sentir aquel cambio en la pokémon, revisando discretamente por el rabillo del ojo y sorprendiéndose al ver el gesto relajado dibujado en su rostro, a pesar de seguir muy enojado. La voz de la pequeña amargada ahora sonaba suave y dulce, perturbadoramente contrario al tono frío y ponzoñoso que solía emplear a diario. Más eso no sería suficiente para mitigar el nivel de las ofensas recibidas, la ignoraría por completo, no aceptaría disculpas a regañadientes.

Y aunque estuviera dispuesto a escucharla no importaba, si bien permanecía en Pueblo Paleta ya había tomado una decisión; su paciencia no estaba hecha para soportar a alguien como Eve, por lo que su interés por continuar en aquella campaña se desvaneció por completo.

El silencio reinó en la montaña por largo rato, ni el canto de los grillos o el ulular de algún ave en plena caza amenizaban la noche. Eve no apartaba la vista del Monte Luna, sintiendo las débiles ondas de psiquis sacudir su cuerpo, imaginando que su hermano la llamaba como si estuviese perdido en la oscuridad. Mientras ella se preguntaba a quién encontraría en esa ocasión, Mewtwo intentaba sumergirse por completo en una meditación absoluta, fallando catastróficamente y recurriendo a entretenerse intentando recrear el paisaje en su cabeza con la mayor exactitud posible.

Mewtwo se esforzaba por ignorarla, esperando que el rechazo mandase el mensaje y ella se fuera para no verse nunca más. Sin embargo, otro suspiro de Eve, con el que se encogió y escondió la cabeza entre las rodillas, lo desconcentraron.

— Perdón —musitó Eve.

Su vaga palabra, ahogada por el regazo de Eve, desbarató los planes de Mewtwo. No pudo evitar abrir con auténtica sorpresa los ojos, girando rápidamente la cabeza para verla directamente, renuente a creer que eso acababa de suceder.

¿Qué dijiste? —le preguntó. Afortunadamente, usar una voz telepática confería ventajas; ahora, por ejemplo, tenía un nudo en la garganta que no le hubiese permitido sonar con tanta firmeza.

— Yo… te pedí disculpas… —Eve se escudó todavía más tras sus rodillas, sólo mientras superaba la repentina sensación de vergüenza que se apoderaba de ella al sentir los ojos de Mewtwo taladrándole la nuca. Tomó otra gran bocanada de aire para serenarse y encararlo por fin—. Lo lamento. No debo tratarte de esa manera a pesar de la presión que suponen mis deberes, yo soy la única culpable de que fallen las cosas —habló tan rápido que Mewtwo le entendió a duras penas. Tomó de nuevo otra bocanada de aire antes de continuar—. Es que… esto de buscar sin saber dónde, en ocasiones vagando sin rumbo en espera de haber tomado la dirección correcta, no es nada fácil y me vuelve loca. Me desespero aún más porque quiero que mis hermanos estén conmigo, así me siento más segura, con más fuerza para hacer todo lo que debo hacer.

Eve no entendía qué la había motivado a soltar la lengua de ese modo, ella jamás se había expresado de ese modo frente a cualquiera, pero se sentía extrañamente liberador.

Por su parte, Mewtwo la miraba de hito en hito, sorprendido ante la inesperada confianza que tenía hacia él. No sabía cómo reaccionar ante esto, tampoco perdería el tiempo intentándolo, consciente de que lo único que rondaba en su cabeza era que no podía perder semejante oportunidad. Eve tenía un grave secreto que propició el altercado entre ellos, necesitaba averiguar de qué se trataba.

¿Qué debes hacer? —era demasiado frontal pero no hallaba otra manera de plantearlo debido al súbito ataque de curiosidad que padecía.

Su mandíbula se tensó al ver que la ira se asomaba en los ojos de Eve, temiendo haberlo arruinado de nuevo, hasta notar que en ellos había algo más que eso.

Eve cerró los ojos, respirando profundamente para controlarse, en especial porque el miedo se había presentado y eso le produciría una crisis con facilidad. Era un lujo que no podía darse frente a un extraño.

— Confía en mí, es mejor que no sepas nada de eso por ahora, puede resultar agobiante —contestó distraídamente, fijando de nuevo la mirada sobre el Monte Luna, lidiando con todas sus fuerzas contra el miedo—. No es nada malo, aunque eso depende del punto de vista de quién lo vea, seguro hay cosas peores —añadió con repentino optimismo, dirigiéndole una sonrisa que dejó pasmado a Mewtwo, semejante cambio emocional era perturbador—. Entonces… —balbuceó con timidez, descolocando aún más a Mewtwo— ¿me disculpas por haberte gritado?

Eve consiguió mantener la mirada fija en los ojos de Mewtwo, esperando ligeramente ansiosa su respuesta, mientras éste intentaba poner en orden sus pensamientos. Finalmente, Mewtwo cerró los ojos y suspiró, refugiándose de nuevo en el paisaje tenuemente alumbrado por la luna incompleta.

Te perdono —dijo con solemnidad, esforzándose por sonreír con sutileza, dando a entender así la sinceridad de sus palabras.

La sonrisa de alegría de Eve fue contagiosa, Mewtwo fue capaz de sentir que era algo genuino, el enojo se disipaba por completo y se sentía satisfecho por ello. Luego de observarse fijamente por un par de segundos, ambos giraron para contemplar el paisaje en silencio, preferían mantener la boca cerrada para no arruinar semejante avance; al menos, hasta que Eve recordó el verdadero motivo por el que buscaba a Mewtwo.

— Oye, encontré a otro de mis hermanos al fin, puedo sentir las ondas de psiquis hasta acá —dijo entusiasmada, señalando el Monte Luna con su pequeño índice—. Es una señal muy débil, pero estoy segura que con sólo acercarme un poco tendré la certeza, no cabe duda alguna.

¿Cuándo partimos? —preguntó Mewtwo, contagiado por el ánimo de Eve, observando detenidamente la silueta de la montaña que sería su destino.

— Mañana a primera hora; necesito recuperar el tiempo perdido —suspiró con cierto pesar, levantándose y estirándose para espantar un poco el cansancio que la atacaba de pronto—Dyfir estaba preocupada por ti y espera que te traiga conmigo. Vamos, regresemos a la casa.

Mewtwo asintió y se levantó de inmediato, lanzándole una última mirada a la luna menguante antes de seguir a Eve, que comenzó a bajar la montaña dando saltos enormes y aterrizando con suavidad antes de volver a elevarse. Mewtwo la siguió de cerca levitando, sólo deteniéndose brevemente al escuchar unos gemidos provenientes de unos arbustos espinosos.

Siguiendo de largo, trazaron el camino de vuelta en silencio, era mejor no arruinar el progreso que apuntaba a convertirse en una mejor convivencia entre ellos. Cuando estaba cerca de la casa del profesor, Eve lo detuvo repentinamente, viéndolo con tanta seriedad que Mewtwo llegó a preocuparse.

— Tengo que pedirte algo —Mewtwo alzó una ceja con curiosidad—. No le cuentes a nadie que fui amable contigo, especialmente a Moonghost.

La petición era extraña, incluso graciosa, aunque Mewtwo comprendió que estaba en juego la integridad del orgullo de Eve. No pudo evitar que se le escapara una risotada, ganándose una mirada de reproche de Eve, que estaba ligeramente ruborizada ante su reacción.

Vaya… —suspiró Mewtwo cuando recuperó la compostura—. Descuida, no le diré a nadie respecto a nuestra plática, es mejor que quede entre nosotros.

— Gracias —musitó Eve dándole la espalda, con la sombra de una sonrisa asomándose en su rostro.

La mañana llegó fresca a Pueblo Paleta. El rocío que aún cubría el pasto apenas reflejaba los primeros rayos de sol cuando terminaron de prepararse para partir, reanudando su travesía con Dyfir despidiéndose de los nuevos amigos que había hecho.

Dyfir dirigió su bicicleta al camino que los llevaría a Monte Luna, pedaleando alegre y enérgicamente, llevando a Moonghost en la canasta y a Flowar en la rejilla que ocupaba antes su hermana, mientras Eve y Mewtwo los flanqueaban al vuelo.

— Es una verdadera lástima que la luna esté menguando —se lamentó Dyfir sin apartar la vista del camino—. El profesor Oak me comentó que en Monte Luna es el único lugar de la región donde se pueden encontrar Clefairy. Lo más interesante es que tienen un ritual único en todo el mundo; lo llaman la Danza Lunar y sólo la ejecutan durante las noches de luna llena —relató, satisfecha por la atención que recibía por parte de Moonghost y Flowar—. Me encantaría poder ver una Danza Lunar, pero los Clefairy son tímidos y difíciles de hallar.

— ¿No la has visto nunca? —preguntó Moonghost socarronamente—. Aquí entre nosotros, no es la cosa más asombrosa del mundo, yo te puedo montar una coreografía mejor con sólo un tutú.

— ¿Por qué un tutú? —soltó Dyfir, carraspeando para no estallar en risas y perder el control de su bicicleta, aunque algo indignada por el tono que usó el fantasma—. ¡Y claro que no la he visto! Por eso lo estoy mencionando. ¿Crees que lloriquearía por cualquier tontería?

— Eso es cuestionable —dijo Eve para sí.

— ¿Y por qué no? Se nota a leguas que lo tuyo es explorar el mundo y emprender una nueva aventura cada día —señaló Flowar cordialmente, generando cierta incomodidad en la entrenadora.

— En Johto no hay Clefairy. Además, inicié mi viaje pokémon luego de cumplir quince años, no diez como hace la mayoría; apenas tengo un año entrenando. Quiero ser entrenadora élite y la mejor oportunidad para probar si tengo madera para ello era con la liga de mi región —bajó la velocidad hasta detenerse, hurgando en su mochila hasta sacar un estuche delgado, abriéndolo para mostrarles el contenido—. Sólo me falta una medalla para poder participar; miren ustedes mismos.

— ¡Guau! —soltaron Moonghost y Flowar al unísono, maravillados por las brillantes y coloridas medallas que protegía la cajita de cuero negro.

— ¿Por qué no tienes las ocho? ¿El último gimnasio era muy difícil? —Flowar continuaba el interrogatorio con interés. Dyfir no podía sentirse más halagada por ello.

— Es que decidí tomar unas vacaciones luego de ganar la séptima —la risilla nerviosa de Dyfir hacía notar la inseguridad con la que contestaba—. No paré de entrenar desde que comencé mi viaje, fue un año completo recorriendo la región, de gimnasio en gimnasio, de reto en reto… —suspiró—. Necesitábamos un descanso y aproveché un viaje a Altomare que me regalaron mis padres, así tendríamos la mente despejada para ir por el octavo gimnasio.

— ¡Alto! ¡Detén el fotograma! —Moonghost pegó un salto tan alto y habló de modo tan dramático, que Dyfir tuvo que morderse la lengua para no reír—. ¿Eso significa que dejaste tus sueños de lado para estar con nosotros?

— Así es —titubeó Dyfir, viendo con preocupación la repentina tristeza que mostró Flowar ante esto, por lo que agregó rápidamente—: Acompañarlos en esta aventura es una de las mejores cosas que me ha podido pasar. Crecí escuchando cientos de cuentos sobre entrenadores que han vivido cosas increíbles, simples humanos que han enfrentado adversidades que sólo son vistas en leyendas, que han podido triunfar con criaturas legendarias a su lado o en contra, salvando al mundo de una inminente destrucción. Junto a ustedes siento que estoy participando en una de esas historias que me inspiraron a ser entrenadora —volvió a suspirar, dedicándoles la sonrisa más radiante que podía sin lastimarse la quijada —. Ustedes son simplemente maravillosos. Me han hecho muy feliz.

— ¡Ay, ya para! ¡Conseguirás que me sonroje! —exclamó Moonghost ligeramente avergonzado, retorciéndose y palpando la temperatura de sus mejillas sonrosadas.

— Y yo que vomite mis vísceras —espetó Eve con repulsión, mirándolos por encima de su hombro—. No hagas que Moonghost pierda el control con tus halagos o comenzará a hacer ruidos molestos.

Eve volvió a concentrarse en el camino, ignorando la mirada ceñuda que le lanzaron Dyfir y Moonghost, marcando el final de aquella conversación. Continuaron charlando animadamente entre ellos, Dyfir pedaleaba con tranquilidad pero a buen ritmo, deteniéndose sólo hasta el mediodía para almorzar.

Gracias al estricto cronograma de Eve y al Pokenav de Dyfir, dejaron atrás los campos de Pueblo Paleta, hallándose a la entrada del bosque que cubría las faldas de Monte Luna cuando el sol comenzaba a caer.

El cielo tiñéndose de naranja y púrpura fue la señal para detenerse, debían preparar el campamento para pasar la noche antes que toda la luz desapareciera. La fogata ya ardía con fuerza cuando la noche los cubrió; Dyfir terminaba de prepararles la cena a sus pokémon —auspiciada por un entusiasta Brock— cuando se reunió con los que se sentaban entorno al fuego. Repartieron unos sándwiches que engulleron como si no hubiesen probado bocado en días, agradecidos con la tranquilidad del lugar luego de un día agotador.

— Es increíble que estemos tan cerca, pensé que tardaríamos un par de días al menos —comentó Dyfir, dándole un enorme mordisco a su sándwich mientras recordaba todo el tiempo que les tomó llegar al Bosque Viridian.

— La distancia entre Pueblo Paleta y Monte Luna es ínfima gracias al camino que nos sugirió el profesor Oak, omitir Viridian y Pewter ahorra mucho tiempo. Eso y los caminos verdes que tomamos nos ayudaron bastante —comentó Flowar tomando un poco de agua de la cantimplora, jugando un rato con el Pokenav para revisar los mapas.

— Eso es porque contigo resulta imposible perderse; si no hay atajos, le pides al bosque que los haga para ti y te complace —dijo Moonghost, tomando su décimo sándwich de la canasta y zampándoselo de un solo bocado—. Es la única ventaja de que detestes los viajes largos, logras sacarle mejor provecho a la pereza que yo.

— Déjala en paz, Moonghost. Flowar es una excelente guía y si así van a seguir siendo los viajes, la amaré aún más —dijo Dyfir riendo.

— ¿Ves? Dyfir aprecia mi talento con sinceridad, sin burlarse —dijo Flowar jocosamente, guiñándole el ojo a su hermano y mostrándole la lengua para mofarse.

Estamos cerca, lo único que realmente nos compete es llegar sin importar cómo lo hicimos —dijo Mewtwo serenamente luego de terminar con el único sándwich que tomó.

El clon lanzó una mirada furtiva por encima de su hombro, tropezándose con los azules ojos de Eve, quien los observaba atentamente desde la oscuridad que le brindaba las ramas de un árbol. No quiso cenar, reacia a probar alimentos preparados por humanos, eliminando cualquier riesgo de enfermarse por su causa.

Inspeccionó todo mientras los demás recogían y se preparaban para dormir, tumbándose un rato en la grama para charlar entre ellos mientras contemplaban las estrellas. Mewtwo fue el único en seguir el ejemplo de Eve, buscando su propio árbol para descansar, igual de reservado que siempre.

Eve le lanzó una última mirada inquisitiva al Monte Luna, que se perfilaba como la sombra de un gigante contra el cielo estrellado de la noche. Estando tan cerca, podía asegurar con los ojos cerrados que uno de sus hermanos yacía dormido en las entrañas de la montaña; las ondas de psiquis le erizaban la piel a pesar de su sutileza, era imposible que se estuviera equivocando. Sin embargo, la señal seguía siendo algo débil y eso la preocupaba, no podía gastar demasiado tiempo en la búsqueda de un solo hermano.

Habían pasado un par de meses desde su despertar y apenas había encontrado a dos de sus hermanos, la ansiedad comenzaría a jugar en su contra si no lograba agilizar su tarea. No quería decepcionar a nadie, especialmente a… Suspiró. Si tan sólo se enterase de su situación estaría en serios problemas. ¿Cómo lidiaría con eso cuando llegase el momento de reencontrarse? ¿Cuánto tardaría en despertar? Ojalá fuese pronto, necesitaba un guía con urgencia, aunque titubeaba al recordar que tenía compañía de más. Eso no le iba a gustar nada…

Dyfir llamó su atención al levantarse para regresar a sus pokémon a sus respectivas cápsulas, preparándose para dormir, causándole a Eve una repentina ansiedad que no tenía explicación. Luego miró a Mewtwo, inmerso en una meditación improvisada, como si esa fuera su manera de recuperar energías.

La urgencia se apoderó de Eve sin que ella pudiera hacer algo al respecto, se puso de pie para evitarlo, pero eso sólo le hizo darse cuenta de que las piernas le temblaban.

"Controla tus emociones o ellas te dominarán a ti. No puedes permitirte sucumbir por tales nimiedades"; las palabras resonaron en su cabeza como un mantra. No era su consciencia ni su sentido común, sólo un recuerdo lejano que resonaba con la única voz que podía amar y temer a la vez. Respiró profundamente varias veces antes de volver a tomar sentarse, agradeciendo que su breve crisis de ansiedad pasara desapercibida para los demás.

Suspiró con cierto pesar, alzando la mirada para contemplar el ínfimo trozo de luna que colgaba en el firmamento, intentando hallar algo de consuelo en las infinitas estrellas que titilaban tímidamente. Aunque tenía prisa por recuperar el tiempo perdido, no valdría la pena si perdía el foco y se convertía en un desastre ambulante. Si sólo sus hermanos la ayudaran en vez de tontear haciendo amiguitos por doquier…

Suspiró una vez más, sacudiendo la cabeza para espantar que los pensamientos que la estresaban volvieran a anidarse en su cabeza. Se tomaría aquella noche para descansar, así que se puso de pie para apartarse un poco del campamento, con intenciones aprovechar los escasos rayos de luna. Cualquier ínfima luz que hallara en la oscuridad evitaría que perdiese el rumbo y cayera en la desesperación.


¡Yay! Ya pasamos la barrera de los 10 episodios. Pensé que este día no llegaría, debo mantener el buen ritmo para actualizar el fanfic completo antes de publicar el capítulo final :,)

Espero que el capítulo haya sido de su agrado y recuerden visitar mi galería en deviantART, ahí posteo muchos dibujos relacionados a la historia y sus personajes.