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Capitulo XIX−

乱流

Aguas Turbulentas

Todo lo grande, está en medio de la tempestad.− Martin Heidegger


El viejo puerto pesquero del reino era muy conocido por todos sus habitantes, era la zona de comercio de la clase baja puesto que los productos de alta calidad, exportados de otras partes del mundo, tenían precios altos para que los plebeyos pudiesen costearlos. La situación con los años se había incrementado, desde que el rey Demian asumió el control total, los insumos sufrieron una enorme subida en los precios, lo cual hacia que muchos compararan la situación estable que el fallecido rey Regis mantuvo durante su reinado con lo que actualmente hacia el rey Nikiforov.

No era un secreto el descontento del pueblo, ya que era una situación general que se había visto en todas partes del mundo pero, cuando no tenías influencia ni poder, solo te quedaba callar y aceptar lo que los demás te daban… Situación que Yuuri aborrecía en demasía, ya que se sentía impotente al no poder hacer nada por aquellos que sufrían.

Ver aquel panorama mientras caminaba por los muelles, los cuales crujían con cada paso que daban, hacía que el dolor, la tristeza y la impotencia se acumularan en su pecho. Conocía lo que sucedía pero presenciarlo en persona era desalentador.

Avanzaron sin decir palabras, tratando de hacer caso omiso de las miradas derrotadas y tristes de aquellos que iban y venían por el lugar. No supo que en momento paso pero, tras unos minutos de recorrido, llegaron a una parte de los muelles deshabitada, solo habían enormes construcciones a medio terminar, negocios con el letrero de clausurado, pequeñas animales iban y venían al verlos acercarse, el olor era un tanto nauseabundo pero soportable, las aguas del mar estaba cubierto por una delgada capa de hielo y el frio amenazaba con traspasar la gruesa capa que traía puesta.

− ¿Dónde estamos? – pregunto tratando de ubicar el lugar.

− Estamos en la zona más antigua de los muelles – contesto Adalberto – durante el reinado de tu padre, se pensaba modernizar el lugar, para que los pequeños negocios pudiesen crecer y comerciar con mejores estancias, así podrían exportar los insumos con más rapidez y mantener la calidad.

− ¿Por eso las viejas construcciones?

− Si, pero… No pudo terminar el proyecto y los nobles junto con el rey, determinaron que el mismo era demasiado costoso y, que no había necesidad de ello ya que podían comerciar con alimentos de otras partes del mundo… Solo vieron sus intereses, así que los pequeños negocios al ver toda la mercancía nueva y con mejor calidad se compraba más que la suya, tuvieron que cerrar.

− ¿Y los que siguen comerciando?

− Ellos lo siguen haciendo porque no tienen de otra además, sin esos pequeños negocios aún existentes, las familias de bajos recursos no podrían llevarles alimento a sus hijos.

Yuuri bajo la cabeza, apretó con fuerza sus manos al escuchar lo último.

− Pero, ¿eso que tiene que ver con que viniéramos a este lugar?

− Pronto lo sabrás.

Frunció el ceño pero se mantuvo en silencio y siguió avanzando por el camino.

Caminaron sin decir palabras, observando el solitario panorama del lugar hasta que, a lo lejos, Yuuri diviso un enorme edificio, construido por encima de las aguas del mar, y en una enorme hilera, a mano izquierda más de veinte autos se encontraban estacionados. Se detuvieron a pocos metros del lugar y Adalberto se giró para verle.

− ¿Vamos a entrar?

− Si – dijo tragando con fuerza − ¿recuerdas que te comente que nuestros aliados querían verte?

Yuuri asintió.

− Este lugar nos ha servido como punto de reunión desde hace años, fue abandonado desde hace mucho tiempo por lo que la guardia real no lo vigila, así que podemos venir sin tener que cuidarnos de ellos.

− Entiendo pero…

− ¿Pero?

− Sé que quieren verme pero, ¿Qué tiene que ver la reunión con que me pidieras ponerme el traje de Shade? – moviendo a un lado la capa que cubría su cuerpo y mostrara su vestimenta.

− Algunos ya saben quién eres pero, otros no saben que apariencia tienes y, no queremos que algo salga mal, si se sabe quién eres y llega a oídos de Demian…

− ¿Crees que hay un traidor? – pregunto al darse cuenta hacia donde iba la conversación.

Adalberto se cruzó de brazos.

− No sospecho de ninguno de los que a lo largo de los años nos han apoyado pero, tu tío…

Yuuri bajo la mirada y recordó la breve conversación que había tenido con su hermana antes de salir con Adalberto.

¿Nuestro tío?

Mientras su hermana terminaba de acomodar la ropa limpia dentro del cesto, habían comenzado a tener una inusual platica sobre la próxima reunión a la que acudiría, donde conocería a los aliados de su familia y que, aunque no lo expresara, le tenía los nervios de punta.

Así es, al parecer nuestro tío tiene "conexiones" importantes que podrían beneficiarnos.

¿Asistió a muchas reuniones?

No, a lo mucho dos reuniones pero, debo aceptar que gracias a él, tuvimos acceso a los movimientos del rey en Nabreus así como, los días exactos en los que trasportarían viales y armamento.

Eso es bueno ¿no?, puede ayudar.

Si, eso creo – dijo con un tono de voz que Yuuri intuyo estaba algo molesta.

¿Hay algo mal con él?

No… Si…Bueno…

¿Sí o no?

Mira – girándose para encararlo – en los últimos años no hemos sabido de él, incluso pensamos que estaba muerto.

Bueno, quizás estuvo muy ocupado y por eso no teníamos noticias.

Eso quiero creer pero, es extraño Yuuri, después de tanto tiempo, ¿aparece de nuevo? – apoyándose sobre la mesa – y no solo eso, con conexiones y dinero… ¿No sientes que algo no está bien?

Si lo pones de ese modo, pareciera que no confías en él.

Con todo lo que ha sucedido en nuestras vidas, confiar en alguien es difícil.

Yuuri bajo la mirada.

Escucha – acercándose y colocándose en cuclillas para tomar sus manos – no te pido que no confíes en él, es nuestro tío después de todo pero, solo ten cuidado.

¿Ira a la próxima reunión?

Si, lo hará – su hermana dejo la palma de su mano sobre su mejilla – prométeme que, pase lo que pase, no te alejaras de Adalberto ¿sí?

Yuuri se mordió el labio.

Solo hasta que podamos confiar completamente en él.

Yuuri solo la observo fijamente antes de asentir.

− Entiendo – susurro después de rememorar la última platica con su hermana – supongo que es mejor que no vea mi rostro hasta que estén completamente seguros de su lealtad.

− Lo entendiste bien – sacando el antifaz de entre sus ropas para entregárselo – póntelo.

Yuuri obedeció, tomo el antifaz y lo coloco en su rostro.

− Dudo que él no sepa como es mi cara, el me conoce.

− Ciertamente, pero eras un niño y aceptémoslo, a esa edad… Tu cara era una adorable bolita de carne – soltando una ligera risa.

Yuuri se sonroso al recordar la regordeta figura que poseía cuando más pequeño.

− Vale, entendí.

− Muy bien, andando.

Le dio un suave apretón en el hombro y se giró para seguir el camino hacia el viejo edificio.

− Aquí vamos – murmuro.

Trato de avanzar pero, un extraño escalofrío le recorrió la espalda haciéndole girar de golpe, volteando a en varias ocasiones hacia los lados, como si estuviese buscando algo.

− ¿Yuuri? – Lo llamo Adalberto al ver que no le seguía − ¿está todo bien?

No contesto durante unos segundos.

− Si… Todo bien – dijo antes de voltear por última vez a los lado – solo, son los nervios, creo – comenzando a caminar nuevamente.

− No te preocupes, todo estará bien – sonrió y siguió su camino.

Yuuri lo siguió de cerca.

"¿Qué fue esa extraña sensación? – Se preguntó – sentí como si alguien me estuviese mirando fijamente"

Tras caminar un breve trayecto, abrieron la puerta y entraron al lugar.


Noel continuaba observando de reojo a su protegido, no habían intercambiado palabra alguna desde que abandonaron la residencia de Yakov, no es como si no tuviera preguntas al respecto pero, al ver el gesto tan afligido del mismo, se contuvo de hablar, esperando que Victor iniciara la conversación.

− Noel – ahí estaba, la voz apagada del príncipe.

− Dime – dijo deteniéndose tras el antes de entrar al castillo.

− Gracias – girándose para dedicarle una triste sonrisa.

− ¿Por qué?

− Si no fuera por ti, no hubiese escuchado lo que Yakov sabía.

Noel se contuvo de hablar, ya que el gesto en el rostro del otro, demostraba que lo que había escuchado, lo había conmocionado de alguna forma.

− No tienes por qué agradecerme, sabes que siempre te ayudare.

Victor asintió, se giró nuevamente y entraron a palacio.

Los guardias de la entrada solo los siguieron con la mirada mientras ellos se perdían de su vista. Continuaron caminando por los pasillos hasta que se encontraron con uno de los miles de sirvientes que trabajaban en el lugar.

− Oh, príncipe Victor – dijo haciendo una reverencia – Me alegra verlo, hemos estado buscándolo.

− ¿Sucedió algo?

− No majestad, solo que el rey solicitó su presencia en el jardín para tomar el desayuno junto a la reina y los demás.

− Entiendo.

− Es mejor que subas y te cambies Victor – le indico Noel – hablaremos más tarde – dejando su mano sobre su hombro.

Victor asintió.

− Entonces nos vemos más tarde, tengo que ir con el Maestro Caius y continuar con el entrenamiento.

Noel le dio un ligero apretón en el hombre y tomo el camino que daba a la sala de entrenamientos mientras que el, por su parte, le indicaba al sirviente que iría al jardín tan pronto se cambiara de ropa.


El rey tomo con cuidado su taza de café, aspiro unos segundos el agradable aroma que este desprendía y dio un pequeño sorbo del mismo. Frente a él se encontraba su esposa y ambos lados su hijastro, el príncipe Yuri así como la futura esposa de su hijo mayor, Irina. Aquel día se encontraba de muy buen humor por lo que, había pedido a sus sirvientes servir el desayuno en el jardín y no en el comedor principal, desean pasar un agradable momento familiar.

Cuando la puerta del jardín se abrió, sus ojos se dirigieron hacia ese lugar, encontrándose con la figura de su hijo, el príncipe Victor, caminando lentamente hacia el lugar donde se encontraban.

− Veo que finalmente los sirvientes pudieron encontrarte, ¿Puedo saber en dónde estabas? − Pregunto pero, por extraño que pareciera, no había reproche alguno en la pregunta.

− Salí a tomar un poco de aire – contesto, sentándose a lado de su prometida.

− ¿Y para ello, llevaste a Noel contigo? – el rey regreso a verle de reojo.

Victor contuvo el aliento unos instantes, sabía que engañar a su padre era algo imposible pero, se recuperó de la impresión tan pronto como le fue posible y contesto.

− Noel es mi guardaespaldas, es normal que si salgo a dar un breve paseo el me acompañe.

El rey desvió la mirada y sonrió.

− En eso tienes razón, él debe cuidarte… Me alegra saber que cumple sus funciones.

El desayuno continuo sin interrupciones, solo breves palabras de la reina dirigidas a su hijo, quien la fulminaba con la mirada cada que corregía su forma de comer. Una vez terminaron, los sirvientes recogieron la mesa, dejando sobre la misma solo las tazas de café de los adultos así como una cesta de panes recién horneados.

− Victor – la suave voz de la reina Anora lo llamo − ¿estas emocionado por la cena de hoy?

− ¿Cena? – digo limpiándose los labios con una servilleta.

− Es cierto, no he tenido tiempo de hablar contigo de ello – dijo el rey.

Victor regreso a verlo.

− Esta noche vendrá el padre de tu hermosa prometida, una cena íntima para celebrar la futura unión de nuestros hijos y aclarar los términos del matrimonio.

Aquello hizo que el estómago de Victor diera un vuelco.

− Y, como Irina una vez menciono que amaba los fuegos artificiales hechos en nuestro reino por lo que, como una ocasión especial, serán lanzados a media noche como un pequeño presente para ella.

Victor suspiro.

− Por lo que, debes estar listo y acompañarla esta noche, ¿quedo claro?

− Como desees padre – sonrió.

− Muy bien, sabes que sería mal visto que el príncipe no este con su prometida en una ocasión tan importante, sobre todo frente a su futura familia política.

Victo no dijo nada y se mantuvo en silencio.

Por su parte, Irina –quien había estado escuchando todo mientras observa el rostro del príncipe− dejo su taza de café nuevamente sobre la mesa, sonrió y, como si percibiera la incomodidad en el otro se apresuró a hablar.

− Agradezco el gesto su majestad pero, si el príncipe tiene otras actividades que impidan su presencia en la cena, estoy seguro que mi padre lo entendería – dijo con una sonrisa – además, cuando el matrimonio se cumpla, habrá ocasiones en las que tendré que visitar ciertos lugares sin su compañía por las actividades que como futuro regente deberá atender.

El rey asintió y palmeo suavemente la mano de la más joven.

− Sabias palabras mi dulce Irina – dijo con suavidad – ciertamente, en algunas ocasiones mi hijo no podrá estar contigo por sus futuras actividades pero, por el momento él debe permanecer a tu lado, para que nuestros reinos observen como la futura pareja real son unidos y estables.

Irina asintió y regreso a ver al príncipe.

− No te preocupes – aseguro Victor – estaré a tu lado.

Irina bajo la mirada y sus mejillas se sonrojaron.

− Me alegro escuchar eso – dijo el rey tomando un pieza de pan de la cesta, concluyendo así la conversión.

Durante unos momentos el silencio reino en el ambiente, hasta que Yuri se levantó sin previo aviso.

− ¿Sucede algo? – pregunto el rey.

− Debo retirarme – dijo regresando a ver el rostro de su madre, quien sonrió – El maestro Caius me encargo algunos deberes y debo concluirlos – haciendo una ligera reverencia.

El rey asintió y el joven rubio se despidió, no sin antes besar la mejilla de su madre, quien aprovechó el momento para susurrarle.

− Mantente alerta y vigílalo – su hijo solo regreso a verla y asintió.

Sus pasos se alejaron del lugar, dejando a su familia disfrutar de lo que quedaba del momento.


La puerta se cerró tras él una vez estuvieron en el interior del edificio. El lugar era enorme, construido en su mayoría de madera y estructuras de metal, estaba tenuemente iluminado por los viejos focos que se encontraban en diferentes posiciones del mismo. Aun cuando había sido abandonado desde hace mucho –notándose por la falta de mantenimiento− el lugar se encontraba limpio por lo que intuyo, lo habían aseado antes de que la reunión se llevase a cabo. Un agradable olor a lavanda cruzo por su nariz, proveniente de la habitación del fondo, donde podía escuchar los susurros que las conversaciones ajenas emitían dentro de la misma.

Los nervios comenzaban a ganarle, las manos le sudaban y un extraño vuelco en su estómago le aviso que estaba por devolver el desayuno.

"Que bien, ahora tengo un ataque de pánico" pensó mientras se relamía los labios.

No era la primera vez que estaba frente a muchas personas con el traje puesto de hecho, siempre había sentido seguridad al portarlo, logrando ser tan valiente y decidido que como Yuuri Katsuki no podía… Pero ahora, aquella seguridad se había esfumado, todos en aquella habitación esperaban algo de él y no estaba muy seguro de poder cumplir.

El instinto de dar la vuelta y escapar comenzó a asaltarlo cuando, la puerta de la habitación se abrió, dejando ver la figura de su mejor amigo.

− ¡Yuuri! – dijo levantando un poco su voz y caminando a su lado – Al fin llegas y usando el traje.

− Si… − trago con fuerza – Adalberto me pidió usarlo.

− Ya veo, creo que fue lo mejor… Allá dentro todo mundo habla y comienza a lanzar cada chisme que si te ven en forma civil, capaz hablan a tus espaldas.

− ¿Por no ser el guerrero alto, fuerte y valiente que esperaban?

− No, por ser un lindo cerdito – dijo soltando una ligera risa.

− ¡Phichit! – exclamo a lo cual su mejor amigo solo continuo riendo.

− Ya, ya… − levanto sus manos en señal de paz − ¿te encuentras más tranquilo?

Yuuri no dijo nada y comprendió el por qué su mejor amigo se había burlado de él.

Adalberto apareció unos segundos después, puesto que él había dejado solo a Yuuri mientras hablaba con los demás dentro de la habitación.

− ¿Estás listo?

− Sinceramente… No, pero ya estamos aquí.

− No te preocupes, todo saldrá bien – aseguro su amigo – ellos hablaran de los planes que están haciendo, te presentaran, te tomaran de la mano y listo.

− ¿Solo eso? – pregunto entrecerrando los ojos.

− … Si.

Por la forma en como había contestado, Yuuri no le creyó del todo.

− Están esperando – indicó Adalberto.

Se dio la vuelta para volver a caminar hacia la habitación, siendo seguido por ambos adolescentes.

Los ojos de Yuuri se abrieron de par en par. La habitación era enorme, en medio había un pequeño pasillo por donde Adalberto camino hasta llegar al frente, lugar donde una enorme mesa se encontraba. A los lados del pequeño pasillo había muchas sillas en fila, donde personas que desconocía se encontraban sentadas.

Tras un breve saludo, Adalberto comenzó a hablar teniendo a su lado al padre de Phichit y un hombre de barba blanca, que rondaba por los cincuenta años, vistiendo pantalones de mezclilla, chamarra roja y una gorra, nunca lo había visto pero por la extraña familiaridad con la que actuaba con el rubio, podía intuir que eran amigos o conocidos de hace años.

Tanto Phichit como él se mantuvieron detrás de todos, escuchando atentamente la voz de Adalberto, quien hablaba de los planes que tenían, de los movimientos que pensaban hacer durante el aniversario del reino y como entrarían al castillo ese día.

− Sé que todos han estado esperando este momento desde hace años, que el camino a sigo lardo y difícil pero, después de todo este tiempo, finalmente el hijo de nuestro difunto rey, ha decidido tomar las riendas y cumplir con la promesa que le hicimos.

Al momento de escucharlo, supo que el momento había llegado, sobre todo cuando Adalberto lo enfoco y asintió con la cabeza. Regreso a ver a su mejor amigo quien solo le sonrió.

− Tu puedes – le escucho susurrarle.

Y comenzó a caminar por el pasillo.

Las miradas y susurros no se hicieron esperar, algunos se mantuvieron en silencio y sonrieron –quienes lo conocían y lo vieron durante su cumpleaños en la vieja cripta− otros por su parte, comenzaron a hablar por lo bajo, oraciones como "entonces los rumores eran ciertos, Shade es el hijo de Regis" "Vaya, esto solo confirma que la sangre Katsuki sigue teniendo magia" y otras palabras que no lograba distinguir correctamente por los murmullos.

Cuando llego al frente, Adalberto se colocó a su lado y dejo su mano sobre el hombro del menor.

− Creo que todos aquí conocen a Shade.

Los presentes asintieron.

− El príncipe Yuuri ha estado luchando por su cuenta por este reino, mucho antes de saber su origen y destino – dijo con voz firme – después de mucha duda, del dolor de haber perdido a un gran amigo… El príncipe ha tomado la decisión de recuperar el reino – todos gritaron con júbilo – y, el mismo ha declarado que será quien tome la vida del rey Demian.

Los gritos de todos los presentes se alzaron, celebrando que su futuro rey ahora estaba de su parte.

− Aun es joven – declaro Adalberto – y cometerá errores por eso, debemos guiarlo por el camino correcto, apoyarlo a cada paso que dé, todo con el fin de devolverle a este reino la paz y la gloria que Demian Nikiforov le arrebato.

Yuuri escuchaba las palabras del rubio, sintiendo como sus manos comenzaban a sudar por cada rostro emocionado que observaba. Fue durante los momentos que recorrió el lugar con la mirada, que noto como dos figuras encapuchadas entraban a la habitación y, por el tamaño de estas, no se trataban de personas adultas.

"¿Serán niños?" pensó al seguir a las dos siluetas con la mirada.

Su mirada no dejaba de seguirlos hasta que la mano de Adalberto lo movió un poco y regreso a verle.

− Sé que quieren seguir escuchando mi melodiosa voz – todos los presentes soltaron una ligera risa por la broma – Pero, es tiempo que el futuro rey hable y dirija unas cuantas palabras a sus súbditos.

Yuuri le dedico una mirada llena de pánico.

− Tranquilo, solo di lo que creas correcto, ellos te apoyaran – susurro, le dio un pequeño apretón en su hombro y comenzó a caminar por el pasillo.

− Ha – regreso a ver al frente.

Su corazón comenzó a palpitar con fuerza, su frente comenzó a sudar y las manos eran un lio nervioso. Trago con dificultad, sintiendo como le costaba respirar.

− ¿Yuuri? – pregunto Sunan, quien se acercó al más joven al ver que no decía palabra alguna.

− Yo… − quiso hablar pero las palabras murieron en su boca.

El hombre de barba blanca solo lo observaba de reojo, analizándolo de arriba abajo, soltó un largo suspiro, se arregló la gorra, dio un paso al frente y le dio un fuerte golpe en la espalda, haciendo que Yuuri diera un paso al frente por el empujón, regresando a verlo con sorpresa por el acto.

− En definitiva eres hijo de Toshiya – dijo con una voz grave pero con un rastro de diversión en la misma – heredaste sus típicos ataques de pánico, ¿qué no podías ser más como tu madre?

Todos los demás rieron con el hombre de gorra.

− ¿Ha?

− ¿Qué? ¿No lo sabias? – Pregunto con una sonrisa – Todos aquí lo saben, ¿cierto? – dirigiéndose a los presentes quienes asintieron – tu padre solía tener ataques de pánico en su juventud.

− Pero, Adalberto y mi hermana dijeron que…

− ¿Que tu padre era valiente y arrojado?

Yuuri asintió, no comprendiendo por que el hombre hablaba así de su padre.

− Claro que lo era, pero no siempre fue así – aseguro cruzándose de brazos – tu padre era muy nervioso mientras estudiaba en Lucis, era un fuerte guerrero eso no lo niego, durante sus batallas podía ser el más valiente soldado que pudieses conocer pero, cuando tenía ataques de pánico parecía más un niño que un futuro rey.

Yuuri no salía de su asombro.

− Todos recuerdan su coronación ¿no? – Dijo regresando a ver a los presentes, ganándose un fuerte "si" – todo iba muy bien hasta que se cayó a mitad de la sala.

−…

− Todos nos reímos, no lo negamos, fue divertido – soltando una ligera risa – tu padre quería Salir huyendo hasta que Adalberto, Sunan y… Ralph – callando unos segundos al decir el ultimo nombre – lo detuvieron y le hicieron ver que todos los presentes sin importar sus caídas o equivocaciones estarían con el… Se corono como rey y, tras ello además de muchas equivocaciones que había tenido siendo príncipe… Se volvió un gran soberano, con confianza y seguridad en sus actos.

− Pero, si mi padre… ¿Por qué?

− ¿Por qué no te dijeron eso? – Dijo la pregunta que Yuuri no había concluido − ¿Quién va a decir que su rey antes de ser el gran soberano que era, sufría de ataques de pánico?

− …

− Lo que trato que veas con todo lo que dije, es que nadie aquí te va a juzgar si se te traba la lengua, te equivocas con los nombres o si te caes en medio de todos, ¿cierto? – Los demás asintieron – nadie nace sabiendo gobernar, nadie nace siendo un gran guerrero quizás naces con intuición y rápido aprendizaje pero nunca es fácil el camino… Para ser una gran persona o, en este caso ser un gran rey como lo fue tu padre, se necesita caer miles de veces, hasta ser la mejor versión de ti mismo.

Yuuri lo contemplo unos segundos, sintiendo como el peso sobre sus hombros se levantaba y todos los nervios vividos minutos atrás se habían esfumado.

− ¿Listo para hablar? – pegunto el mayor.

Yuuri le sonrió.

− Si – agradeciéndole con la mirada su ayuda.


Adalberto observaba a Yuuri desde el lugar en el que se encontraba, dejando de reír cuando la voz del anciano cayo, dejando la palabra aún más tranquilo príncipe. Cuando la voz del menor comenzó a sonar en el lugar, regreso a ver a la pequeña figura a su lado.

− Anora te envió, ¿cierto?

La pequeña figura levanto su ligeramente su cabeza para regresar a verlo.

− No podía venir ya que el rey le asigno algunas actividades por lo que, vine en su lugar además, ese cerdo necesita que lo cuiden.

Adalberto rio levemente.

− No es tan descuidado como parece.

− Claro que no, es peor.

Adalberto no contesto.

− Pero, es justamente por ello… Que debemos cuidarlo, solo él puede ser el rey.

Adalberto asintió.

− Veo que lo acompañaste – le dirigió la palabra al acompañante de la figura más pequeña – Espero no te haya causado problemas con él.

− No se preocupe, mi maestro sabe que cual es mi responsabilidad así que, no suele reprocharme cuando cumplo con mi deber.

La sonrisa en su rostro creció al darse cuenta que, aun en aquella situación, el más joven seguía teniendo aquella personalidad tan seria que lo caracterizaba.

− ¿Aún no ha llegado? – pregunto el más pequeño, interrumpiendo los pensamientos del rubio.

− Dijo que tenía unos compromisos, que llegaría pronto pero…

− Sigue sin dar señal de que debemos confiar en él.

− Exactamente.

Ambos se cruzaron de brazos.

Los gritos de los presentes hicieron que ambos regresaran la mirada al frente, observando como todos se levantaban con la intención de acercarse a Yuuri quien, les sonreía y les daba la mano cuando se lo solicitaban.

− Parece que todos están de su parte.

− En eso se parece a su padre – dijo Adalberto – siempre lograba convencer a todos con una sonrisa, nos hacía sentir seguros y confiar en él sin importar los problemas.

Los tres sonrieron por las palabras.

Al pasar de una hora la puerta de la habitación nuevamente se abrió, dejando pasar a un joven alto, cabello cortó color café claro, sus ojos estaban ocultos tras sus gafas oscuras, iba vestido formalmente siendo seguido por otros dos sujetos con ropas oscuras, quienes miraban alrededor por lo que, podía intuirse, eran sus guardaespaldas.

− ¡Adalberto! – dijo alzando un poco la voz y acercándose – Lamento la tardanza, ya sabes cómo son los negocios.

− Lo sé pero… Lo importante es que llegaste a tiempo.

− Me alegro escuchar eso – contesto con una sonrisa − ¿Dónde está…?

Adalberto suspiro y se giró ligeramente, mostrando como Yuuri estaba platicando con Sunan.

− Esplendido, iré a saludarlo – dijo con emoción – han sido muchos años sin ver al hijo de mi hermana – palmeo su hombro y se alejó de él, siendo seguido de cerca por sus guardaespaldas.

Tanto Adalberto como las dos figuras encapuchas solo observaron cómo se iba alejando.

− No confió en el – dijo la figura encapuchada más pequeña.

− No eres el único – respondió el rubio.


Yuuri continuaba saludando y tomando la mano de aquellos que se acercaban a él, escuchando las palabras de todos, algunos le comentaban lo mucho que habían deseado conocerle en persona otros, recordaban las pocas veces que lo habían visto cuando visitaron el palacio y sus padres seguían con vida y, algunos pocos, hablaron de lo contentos que estaban por saber que el príncipe, era el famoso Glass Shade ya que, había ayudado a muchas personas siendo el imbatible ladrón que avergonzaba a la guarda.

− ¿Cuándo fue que descubriste tus poderes? – pregunto un joven que, por la apariencia y estatura, no podía tener más de veinte años.

− Desde que tenía diez años – contesto.

− ¿Y hasta ahora decidiste usarlos?

− Mi hermana siempre dijo que mis poderes eran algo que debía ocultar, que nadie debía saberlo porque sería peligroso pero… Cuando cumplí la mayoría de edad… No sé por qué pero, algo me decía que debía ayudar a los demás con ellos.

− ¡Digno hijo de Regis! – levanto la voz un hombre mayor.

Todos le dieron la razón.

− Por supuesto que sería así – hablo el hombre de barba que había ayudado a Yuuri – es su hijo y un Katsuki, la magia corre por sus venas.

Yuuri regreso a verlo y sonrió con algo de nerviosismo.

− Pero… Es mejor darle aire, el chico ha tenido muchas emociones – dijo notando la situación del menor – no queremos que se muera de los nervios – haciendo que los demás se dispersaran, dejándolos solos junto a Sunan.

− Gracias, sentía que me ahogaba con tantas preguntas.

− Lo sé, eres idéntico a tu padre.

− ¿Le solía ocurrir?

− En ocasiones.

− Cuando era más joven que tú y tenía audiencia con tu abuelo así como el consejo de aquel entonces, solía comenzar a sudar – agrego Sunan – Incluso creíamos que se desmayaría antes de entrar a la sala siquiera.

− ¿Por qué nunca me lo dijeron?

− No creíamos que fuera algo importante y tú no solías preguntar mucho por el además, cuando te enteraste de todo lo que menos querías era escucharnos.

Yuuri se sonrojo por la vergüenza.

− Siento eso.

− No te preocupes, era entendible en tu situación – Sunan le sonrió.

Yuuri asintió y regreso a ver al hombre mayor.

− No le di las gracias por lo que hizo por mí – dijo haciendo una reverencia – muchas gracias por ayudarme.

− Levántate – contesto – un rey nunca debe inclinarse, lo hice porque vi que necesitabas relajarte.

− Aun así, gracias por ello… Mmm… − apretando los labios al no saber el nombre del mayor.

− Cid… Mi nombre es Cid Sophiar.

− ¿Cid? – Enarcando una ceja – He escuchado ese nombre antes pero, no recuerdo de dónde.

− Cid es quien reparo el regalía hace años.

− ¿Regalía?, ¿Te refieres al auto volador que Adalberto uso para llegar a Altissia? – Volteo a ver a Sunan y este asintió − ¿Eres ese Cid? – Volteando nuevamente para ver al mayor.

− El mismo – dijo con una sonrisa.

− No solo es un gran mecánico e inventor también… − Sunan callo por unos segundos, suspiro y continuo – es el padre de Ralph.

Contuvo el aliento, conocía la historia del tercer guardaespaldas de su padre, el consejero real que había ayudado a su padre en cientos de ocasiones, el más confiable guerrero que el reino tuvo en su momento, el hombre que sacrifico su vida con la firme intención de que la última voluntad de su padre se cumpliera.

− Yo… Siento que su hijo…

− No tienes que decir nada, mi hijo hizo lo que creyó correcto en esos momentos y no hay día que no me enorgullezca de el – dijo Cid con una sonrisa.

Yuuri sonrió pero, noto que la mirada del mayor demostraba la tristeza que sentía al hablar de su hijo.

− Si usted vino a la reunión – cambiando el tema repentinamente − ¿el hijo de Ralph lo acompaño?

Cid rodo los ojos.

− Mi nieto no vino – cruzándose de brazos en clara molestia – ese chico hace lo que le venga en gana, nunca me obedece.

− Pero ha ayudado a nuestra causa en muchas ocasiones – agrego Sunan.

− Eso no lo exime de no venir.

− Es una lástima – hablo Yuuri – tenía ganas de conocerle.

− No te preocupes, algún día lo harás… Eso, sino lo conoces ya.

− ¿Qué quiere decir?

− No me hagas caso, este viejo divaga en ocasiones.

Yuuri frunció el ceño con clara intención de seguir preguntándole cuando, la voz de una cuarta persona les hizo voltear.

− Ahí está, mi muy amado sobrino.

Los tres levantaron la vista para encarar a la figura que se acercaba.

−Has crecido mucho Yuuri – dijo el hombre al acercarse, abrazándolo con fuerza.

− Este…

− ¿No me digas que no recuerdas a tu tío? – dijo soltándolo y quitándose los lentes.

El rostro del mayor finalmente se dejaba ver, algunas arrugas adornaban el mismo, su cabello castaño claro y sus ojos le recordaban a su difunta madre pero, claramente la nariz que este poseía era diferente. Yuuri por alguna extraña razón sintió un aire frio recorrerle, como si la presencia del otro no le causara una buena impresión.

− Yo… Sí, es solo la impresión, han pasado años desde la última vez que lo vi, tío Hideaki.

− Lo mismo digo – dijo observándole de arriba hacia abajo − ¿Por qué no te quitas el antifaz? – Pregunto – quisiera ver el rostro del hijo de mi hermana, estoy seguro que te pareces a ella ¿no? – el estiro su mano con dirección a su rostro.

− Este… Yo…

El sonido del celular de su tío interrumpió su breve charla.

− Oh, es importante − se disculpó y se alejó para atenderla.

Yuuri se sintió algo aliviado al ver que su rostro seguía oculto.

− ¿Hay algo mal Yuuri? – pregunto Sunan al ver el rostro del más joven algo aturdido.

− No lo sé, hay algo… Que no se siente bien.

− Son tus nervios – contesto Sunan.

− Puede ser.

Tras la charla, la puerta de la habitación se abrió, dejando que unas personas con pequeños carritos con diferentes platillos entraran, dejándolos en el centro de la misma, haciendo con ello que todos los invitados comenzara a tomar una copa de vino, wiski o alguna bebida alcohólica, algunos se limitaban a disfrutar de la comida ofrecida dejando de lado las bebidas.

Las charlas fueron breves, las sonrisas amables pero, Yuuri sentía que algo no andaba bien, era como un extraño sexto sentido le indicara de algo pero no lograba identificarlo. Durante las breves palabras que tenía con alguno que otro aliado, sus ojos observaban a su tío quien, tenía una copa de vino en su mano y en la otra su celular, él le sonreía cada tanto pero, si algo había notado era, que este regresaba a ver su móvil cada tiempo, como si esperaba que algo sucediera.

− Yuuri – lo llamo su mejor amigo − ¿estás seguro de que estas bien?

− Sí.

− ¿Seguro? – Repitió – desde hace unos minutos te noto algo tenso.

Yuuri dudo unos segundos pero contesto.

− ¿Alguna vez has sentido algo como un sexto sentido?

− De esas veces que sientes que algo va a suceder, ¿te refieres a eso?

− Sí, tengo este presentimiento que…. No lo sé, como si algo estuviese ocurriendo y que nos va a afectar.

− Son tus nervios, demasiadas emociones para un solo día.

− No lo sé.

− Ten – pasándole un vaso de ponche.

Yuuri lo regreso a ver con pánico.

− Solo tiene cinco por ciento de alcohol, es para los nervios.

Yuuri lo tomo con recelo y se lo tomo de un trago.

Paso una hora más cuando Yuuri observo como su tío tomaba su celular, movía sus labios y lo volvía a guardar dentro de su ropa. Se movió entre la multitud y se acercó a su persona.

− Lamento no haber conversado más tiempo contigo pero… Surgieron algunos negocios que debo atender− dijo con una sonrisa.

− Entiendo.

− Espero que, la próxima vez… Podamos conversar entre nosotros, eso sí la hay claro.

− ¿Qué quieres decir?

− Ya sabes, mis viajes, las próximas reuniones de los aliados… No tendremos privacidad – abrazándolo con fuerza – nos vemos.

Dicho esto avanzo por el lugar siendo seguido por sus guardaespaldas, hasta que salió de la habitación. El ruido en la misma era alto, las voces, las risas todo se había perdido en un segundo cuando su tío salió del edificio, un fuerte dolor de cabeza le asalto, haciendo que llevara sus manos hacia la misma.

− ¿Yuuri? – le llamo su mejor amigo con preocupación.

− Es que…. Ha… − cayo de rodillas al suelo, sosteniéndose con ambas manos sobre la superficie del mismo.

− ¿Te sientes mal? – dijo Phichit arrodillándose a su lado.

− No, yo…

Imágenes y figuras pasaron por su mente, creadas por inmensas ondas que se desplazaban por el suelo, las extrañas figuras se acercaban con cuidado a un edificio que reconoció de inmediato.

− Hay… − las imágenes se desvanecieron y el dolor de cabeza se esfumaba, por alguna razón sintió que esas ondas eran enviadas por Titán – Debemos irnos.

− ¿Qué?

− Phichit… Nos están atacando.

El rostro de Phichit mostraba sorpresa pero, antes de que pudiera decir algo una fuerte explosión se escuchó fuera del lugar.

− ¿Qué está pasando?

Todos los presentes se sorprendieron por la explosión cuando por los ventanales superiores fueron rotos por pequeños viales que, al caer al suelo comenzaron a soltar un humo color verde, haciendo toser a la mayoría.

− Es un vial venenoso – dijo Sunan− debemos salir de aquí.

Todos comenzaron a moverse hacia la salida pero la voz grave de Adalberto los detuvo.

− Hay cientos de guardias fuera − comenzando a toser.

− ¿Cómo encontraron este lugar? – pregunto uno.

− Es imposible, este lugar fue abandonado hace años, no tendrían por qué estar aquí – dijo otro.

− Sunan – lo llamo Adalberto – saca a Yuuri por la puerta trasera, los demás los enfrentaremos.

Sunan asintió, con la firme intención de tomar al menor del brazo.

− ¡No! – Jalando su brazo – no me voy a ir dejándoles a todos aquí.

− Debes irte – anuncio Adalberto.

− ¡No! – Declaro – si ustedes se quedan, yo también.

Otra explosión esta vez en la entrada, provoco un enorme hueco por donde varios guardias entraron al lugar. Todos desenfundaron sus espadas comenzando a repeler el ataque.

Yuuri observaba mientras tosía como la pelea comenzaba, algunos salían volando para golpearse contra las columnas del lugar, otros forcejeaban con los guardas. Las fechas –provenientes de algún lugar− golpeaban a los guardas haciendo que cayeran al suelo. Yuuri salió corriendo hacia la entrada donde otra horda de guardias se acercaba. Sin pensarlo dejo sus manos sobre el suelo, congelando rápidamente e interceptándolos.

Con su magia creaba picos que salían disparados hacia los guardas quien cayeron con fuerza al suelo al verse impactados por los mismos, el hielo se expandió hasta cubrir varias partes del lugar, haciendo que la temperatura bajara.

Yuuri no fue capaz de ver como un vial explosivo era lanzado hacia su ubicación por lo que, de no ser por una figura más pequeña que se lanzó hacia él, cayendo ambos con fuerza al agua, hubiese sido impacto por la misma.

Ambos salieron a la superficie, impulsando con ambas manos para volver a subir a la plataforma, quedando de rodillas mientras expulsaban el agua que habían tragado.

− En definitiva eras un cerdo despistado, casi te matan ahí, ¿en qué pensabas? – pregunto la figura encapuchada.

−…. – Yuuri saco el agua que había tragado mientras intentaba recordar de donde conocía esa voz.

− Si no fuera porque me lo pidieron − susurro.

Ambos estaban concentrados en recuperarse que no vieron a un guarda que se acercaba a ellos con su espada en mano, dispuestos a atacarlos. Solo captaron su presencia cuando una flecha impacto en la cabeza del mismo. Dirigieron su vista más allá del lugar y observaron como una figura encapuchada bajaba su arco.

− Siempre tan oportuno – dijo la persona a su lado, levantándose de su lugar – Se supone que eres el futuro rey… Entonces demuéstralo – dijo y corrió hacia la batalla.

Yuuri respiro profundamente e hizo el intento de levantarse pero, algo lo jalo nuevamente al suelo.

− ¿Qué?

Su vista se dirigió hacia su pierna derecha, observando con sorpresa como el agua, como si fuera un tentáculo, rodeaba su pierna.

− ¿Pero qué?

No pudo objetar, el tentáculo lo jalo con fuerza llevándolo nuevamente hacia las frías aguas del lugar. Llevo sus manos hacia aquel extraño látigo en un intento de liberarse, pero la fuerza de este se había adherido a su pierna que le era imposible quitarlo. Trato de usar su magia pero por alguna extraña razón esta no se materializaba sobre la superficie del tentáculo.

El aire comenzaba a escapársele y la cabeza le daba vueltas. Cuando todo el aire que había estado reprimiendo se escapó de sus pulmones, una extraña fuerza lo jalo hacia el fondo de las aguas, los oídos le zumbaban, su visión se volvió borrosa y, cuando menos lo supo, todo se volvió negro.


Tras el desayuno, había decidió regresar a su habitación y permanecer ahí hasta la hora de la comida. Aun recordaba vívidamente la conversación sostenida con Yakov, confiaba en que mantendría su promesa, que no revelaría a su padre lo que había descubierto respecto a Yuuri y su pasado. Tenía sentimientos encontrados, por un lado estaba su deber, aquel que le dictaba hablar con su padre y decirle lo que estaba sucediendo pero, por el otro, tenía ese extraño sentimiento de proteger a Yuuri, la necesidad de que estuviese a salvo, una sensación que nunca había sentido por nada ni nadie.

− ¿Por qué me siento así cuando pienso en él? – se preguntó.

Se giró sobre la cama, tratando de calmar sus pensamientos pero, unos golpes en la puerta le hicieron sentarse sobre el colchón.

− Adelante.

La puerta se abrió y su mejor amigo ingreso a la habitación.

− ¿Todo bien? – cerrando la puerta tras de él.

− No tanto como quisiera.

− Te noto decaído, ¿discutiste con el rey? – acercándose hacia el de ojos azules y sentándose a su lado.

− No… Si… Digamos que no es solo eso.

Noel no contesto y dejo que este continuara.

− Mi padre quiere que este a lado de Irina esta noche en esa "supuesta" cena.

−Y claramente tú no quieres.

− No tengo humor para una cena – indico.

− ¿Te incomoda la presencia de la joven Irina?

− No – negó con su cabeza – Irina me parece una joven encantadora, comprensiva y amable pero… Con todo lo que sucedió, mi ánimo no está como para cenar, sonreír y convivir con todos.

Noel suspiro.

− ¿Tiene que ver con lo que hablaste con Yakov?

− Eso también contribuyo.

− ¿Tan malo fue?

Victor se pasó las manos por su cabello, se levantó y comenzó a caminar de un lado a otro.

− Victor – le llamo al ver que no hablaba.

− No sé qué pensar Noel.

− Cuéntame entonces.

Se detuvo y comenzó a hablar.

− Cuando Yuuri insinuó que mi padre tuvo que ver con lo sucedido hace trece años, no le creí del todo.

− Obviamente.

− Pero…

− …

− Con lo que me dijo Yakov, ya estoy dudando.

− ¿Que te dijo?

Victor lo contemplo unos segundos.

− Mi padre estuvo en el castillo la noche que mataron a los reyes Katsuki.

Noel abrió sus ojos hasta su máxima expresión, tratando de asimilar lo dicho por el otro.

− Espera… ¿Qué? – Noel se levantó – eso no es posible.

− …

− El rey estaba en Nueva Crisis, el único que vino una noche antes fue el canciller, ¿y si se confundió?

− El sonaba muy seguro cuando lo dijo, de hecho… Fue lo único que me dijo.

− ¿Qué quieres decir?

− No importo cuanto le preguntara, Yakov se negó a hablar por una supuesta promesa que le hizo a mi padre.

− ¿Y por qué te dijo eso?

− No lo sé, quizás fue por que hable demás.

−…

− Mencione a Ravus.

Al escucharle mencionar aquel nombre, supo de inmediato lo que seguramente paso por la cabeza del viejo canciller.

− Victor, sabes lo que ese tema significa para Yakov.

− Lo sé, estaba molesto y no pude contenerme.

Noel negó con su cabeza.

− Entonces, crees que lo que dijo ¿es verdad?

− El sonaba muy seguro respecto a eso – afirmo – además, de no ser cierto, ¿Por qué lo diría?

Noel se mordió el labio.

− ¿Y qué harás? – le pregunto.

− No lo sé pero, con eso la sospecha a un es más grande que antes.

− …

− Sea como sea debo aclarar esta duda.

− ¿Y dónde vas a encontrar la respuesta?

Victor lo regreso a ver con decisión.

− Debo encontrar a Yuuri.

− ¿Qué? – Noel se sorprendió por lo dicho – Pero Victor…

− Él es el único que puede responder la mayoría de mis dudas.

− ¿Y si la respuesta que te dé, no te agrada?

Victor no contesto.


Abrió sus ojos al escuchar un sonido parecido a un tornado, el viento golpeaba con fuerza su rostro y el extraño sentido de que caería en algún momento le hizo recorrer el panorama con la mirada. Todo a su alrededor parecía un enorme tornado de agua, como si estuviera en el interior del mismo, bajos sus pies no había nada solo un vacío inmenso que soplaba enorme ráfagas de viento.

− ¿Dónde estoy?

Lo único que recordaba era la batalla, los gritos y el fuego de la explosión.

− ¿Pero…? – se llevó las manos hacia una distancia prudente de su rostro, percatándose que su magia no funcionaba.

"Tu magia no funciona en mi territorio, entronado"

Una voz grave y gruesa le helo la sangre, enviando escalofríos por toda sus espalda.

− ¿Quién eres?

La voz no contesto, durante unos segundos solo escucho el sonido del viento al arreciarse, no fue hasta que vio en las aguas del tornado, unos luminosos ojos acercándose de entre las mismas.

"¿Quién soy?, soy quien controla las aguas y los mares, la bruma que se alza cuando llovizna, aquel que envía las lluvias tras épocas de sequias"

Los bellos de su cuerpo se erizaron al percatarse que la voz de acercaba.

− Tu… Tú eres...

De entre las aguas apareció una enorme serpiente de más de diez metros, moviendo sus branquias y acercando su enorme hocico a Yuuri.

− ¿Estoy soñando? – pregunto.

"No necesito un estúpido sueño como mi compañeros para hacerme presente, entronado"

Con aquello confirmo que no era un sueño, solo la más cruda realidad, recordando vagamente el nombre de aquella enorme criatura que en muchas ocasiones había visto en sueños además de haber leído su nombre en el libro cosmogonía.

− Leviatán… El Sidéreo de los Mares – susurro.

La enorme serpiente soltó una risa grave que le provoco cierto temor al azabache.

"Salúdame a tus padres… Entronado"

Cuando la enorme serpiente se aproximaba a lanzar un enorme torrente de agua desde su boca a la figura de Yuuri, este alzo sus manos y, el ataque hecho por la serpiente se esfumo antes de que pudiera golpearlo.

− …

Yuuri bajo sus manos y se percató que la marca de Titán se había hecho presente.

"Veo que Titán te confirió su protección"

− ¿Qué quieres de mí? – pregunto sin inmutarse ante la imponente presencia del sidéreo.

"¿Qué quiero de ti?" – Pregunto – "fui despertado de mi largo descanso, solo para ayudar a un enclenque que no tiene idea de lo que está en juego"

− Yo no…

"Pero… el actual oráculo me mostro que has luchado por tu cuenta, así que… Más te vale no caer en la tentación de la oscuridad o tu destino será el mismo que tu antecesor"

−¿Antecesor? ¿De quién hablas?pregunto, recordando las fugaces conversaciones que tanto el enorme sidéreo y una pequeña figura sostenían en sus sueños.

"Averígualo por tu propia cuenta"

− ¡Leviatán!

"Que te quede claro Entronado, yo no sirvo a nadie ni a nada, mi poder no está a tu disposición, te ayudare si lo creo conveniente sino, te las arreglaras tu solo"

El viento comenzó a arreciar, las aguas se tambalearon, nuevamente el ardor que sintió cuando conoció a Titán se hizo presente en la palma de su mano dejando ver una extraña marca en ella, las aguas del tornado cayeron sobre de él y lo expulsaron lejos mientras la oscuridad nuevamente le hacía perder el conocimiento.


Su cuerpo cayo con fuerza, emitiendo un gemido por el dolor, sus manos se encontraban atadas tras su espalda y, una vez recupero el aliento, levanto la cabeza para ver a su captor.

− Puedo preguntar… ¿Por qué sospechan de mí?

− El ataque comenzó justo cuando saliste del lugar – hablo Adalberto.

− Eso no prueba nada – dijo sin titubear.

Después de que la lucha culminase, con los cuerpos inertes de muchos guardas sobre el asfalto y otros más escapando de la pelea, algunos de los aliados habían alcanzado al tío de Yuuri poco antes de que saliera del territorio. Si no fuera por Phichit, quien había recordado las extrañas miradas que Yuuri había estado teniendo sobre la figura del mismo y lo sucedido con el antes del ataque, nunca hubiesen tenido alguna razón válida para ir tras él.

Yagami Hideaki solo sonreía sin importar los golpes o heridas que tuviera en el cuerpo, mucho menos le interesaban los rostros preocupados de los que lo rodeaban, se mostraba tan sereno que irritaba a los demás.

− Eres… − Adalberto se contuvo – siéntelo – dijo y dos hombres tomaron de los brazos a Hideaki e hicieron lo solicitado.

− Volveré a preguntar… ¿Por qué piensan que fui yo? – dijo sin dejar de sonreír.

− Por una simple y sencilla razón – Adalberto se acercó – jamás confiamos en ti.

− ¿Así?, ¿Por qué no?

− Conexiones, fortuna, posición… Eso no se consigue en tan poco tiempo como tú lo hiciste, sobre todo cuando tu relación con la reina Hiroko nunca fue muy cordial, siempre la envidiaste, siempre hablaste mal de ella porque logro tener lo que tú nunca tuviste.

El rostro de Hideaki se endureció.

− Los problemas con mi hermana son asunto del pasado, eso no demuestra mi culpabilidad.

− ¿Y es por eso que has estado teniendo reuniones con Demian?

− Oh, ¿me has estado siguiendo? – Pregunto con ironía – Solo es una pantomima, debo acercarme a él para tener información, ¿acaso no les ayude con la ubicación de armamentos y viales que la guarda mantenía en custodia?

− ¿Y tus salidas nocturnas? Parecía que querías ocultar algo.

− Obviamente, si el rey me pedía hacer algo, lo hacía, debo mostrar mi lealtad o sospecharía – Declaro − ¿que tú no haces lo mismo?

Adalberto apretó los dientes al ver como Hideaki evadía el tema, Sunan al ver que su amigo estaba perdiendo la paciencia se acercó, coloco su mano sobre su hombro, el rubio regreso a verlo y asintió, alejándose unos pasos de Hideaki.

− Sabemos que tu pasado no es suficiente prueba de tu culpabilidad – dijo Sunan con los brazos tras su espalda – tampoco que ayudes a Demian, muchos de aquí lo hemos hechos en pos de ganar su confianza.

Hideaki Asintió.

− Tampoco el que te hayas hecho con fortuna ya que, ganarse la confianza de Demian o de alguno de los diez nobles puede dar paso a ella – aseguro – muchos de aquí han pasado por ello ¿no es así? – los demás asintieron.

− Exactamente – contesto Hideaki – después de Ralph, eres la voz de la razón cuando la fuerza bruta – regresando a ver al rubio – se quiere imponer.

Adalberto apretó los dientes.

− Con todos esos puntos, es obvio que tienes las mejores intenciones hacia la causa – haciendo que muchos comenzaran a murmurar – ayudaste localizando armamento escondido, pasajes que no estaban en los mapas, conexiones en el bajo mundo… No veo por qué no confiar en ti – sonriéndole.

Hideaki le devolvió la sonrisa.

− Ya que eres inocente, no deberías estar atado – dijo haciendo un ademan para que le quitaran las cuerdas.

Muchos comenzaron a alzar la voz, incluso Adalberto estaba por moverse de su lugar al escuchar a su compañero.

− Pero…− hablo nuevamente Sunan, haciendo que los dos hombres que estaban por soltarlo se detuvieran – hay algo que no entiendo – acercándose al hermano de la reina Hiroko − ¿Cómo conseguiste que Demian perdonara tu vida?

La sala se quedó en silencio, incluso el rostro de Hideaki se congelo.

− ¿Perdón? – dijo como si no comprendiera la pregunta.

− Lo que escuchaste, ¿Cómo conseguiste que el rey te perdonara? – Comenzando a pasear por el lugar – todo mundo sabe que Demian Nikiforov es un hombre sin escrúpulos ni compasión alguna, no perdona la vida de alguien si no le sirve a menos… Que le dé algo a cambio.

− No sé de qué hablas – desviando la mirada.

Sunan sonrió y con un ademan uno de los aliados le trajo un sobre de donde saco unos documentos.

− Dime, este eres tú ¿no? – mostrándole una foto donde el aparecía con cadenas en los brazos y piernas, vistiendo un traje que solo los condenados a las minas usaban.

−…

− ¿No hablaras? – Volvió a preguntar – entonces yo contestare… Hace siete años fuiste acusado de estafa, robo y casi asesinato de tres personas en Nabreus − hablo con seguridad – Demian te condeno a la pena de muerte pero, debido a que ninguna de las tres personas falleció… Te condeno de manera perpetua a las minas de Arcadis donde se supone pasarías toda tu vida.

Hideaki trago con fuerza, comenzando a sudar.

− ¿Cómo fue que Demian te perdono? – Regresando a verlo – sobre todo por esos crímenes.

− ¿De dónde obtuviste esa información?

− De la misma forma que tu… Dinero y Conexiones – contesto – mejores que las tuyas debo añadir.

Hideaki frunció el ceño y apretó los dientes.

− ¿Hablaras?

El no contesto.

− Muy bien prosigo, estuviste dos años forzado a trabajar sin sueldo, encadenado, sin ninguna posibilidad de salir libre pero, un día como cualquiera, el presidente de Arcadis visito las minas para ver con sus propios ojos los progresos cuando…Te acercaste a él, escuchaste que necesitaba a alguien de confianza, alguien que pudiese ayudarle como un asistente… De ahí solo basto con que te ganaras su confianza, con tu labia y uso de tu falso arrepentimiento… Cuando Demian te convoco para revisar la petición del presidente de dejarte libre… ¿Qué le prometiste? ¿Qué le hizo cambiar de parecer para que te liberase?

Todos guardaron silencio, notando como el rostro de Yagami sudaba y sus labios temblaban.

Sunan sonrió.

− Vendiste a tus sobrinos ¿no es así?

Como supuso, Hideaki no contesto.

− ¿Demian sabe dónde viven y quiénes son?

−… − Hideaki desvió la mirada.

− Contesta, de ti depende tu condena.

− De todas formas vas a matarme, para que quieres que conteste.

− Quizás si cooperas, tu vida sea perdonada… Aunque no puedo prometerte que seas libre.

−….

− ¿Y bien?

− Demian no sabe dónde están, pero le dije que tenía forma de localizarlos después de todo, soy su tío – dijo despacio – si le daba la información y los intentaba capturar, huirían y no volvería a tenerlos en sus manos así que…

− Le propusiste encontrarlos, ganarte su confianza y entregárselos… por eso buscaste unirte a la alianza.

− Que mejor forma de entregarle al hijo de mi hermana que durante una reunión de la misma.

− ¿Por qué? – Pregunto − ¿Por qué vender a tu propia sangre?

− ¿Por qué? – sus ojos se conectaron – desde que mi hermana se hizo reina todos hablaban de ella, lo buena que era, la suerte que tuvo de casarse con el rey, lo rica que era, lo orgullosos que se sentían por tenerla como hija…. Mi hermana vivía en un castillo, siendo atendida las veinticuatro horas mientras yo, residía en un mugriento hostal, teniendo que servir a los clientes, soportar sus quejas, sus insultos…

− La reina nunca abandono a su familia, les aportaba dinero, mejoro el negocio, les dio una mejor vida.

− ¿Su maldita caridad era una mejor vida? – Pregunto con enojo – ¡solo nos dabas sus migajas!, ¡Yo merecía ser alguien en la vida no un simple empleado, yo era el que tenía que ser servido como rey no ella!

− Tanto odiabas a tu hermana, ¿Qué vendiste a tus sobrinos?

− Por dinero o poder… Vendería mi propia alma.

Sunan cerró sus ojos, respiro profundo y, cuando estaba por volver a hablar sintió como alguien lo impulsaba hacia atrás y tomaba a Hideaki por los hombros.

− ¡¿Dónde está Yuuri?!

Todos los presentes abrieron sus ojos por la sorpresa, nadie la había visto llegar, nadie había escuchado sus pasos, estaban más atentos al interrogatorio que, para cuando Mary ingreso al lugar y se acercó al prisionero, ya se encontraba tomándolo por los hombros y zarandeándolo.

−¡Mary! – grito Sunan, acercándose a ella para alejarla.

− ¡Suéltame! – le contesto quitándose los brazos de Sunan de encima.

− No puedes intervenir así, lo estamos interrogando.

− ¡No me importa su maldito interrogatorio ni lo que este idiota hizo para llegar a nosotros, yo solo quiero saber dónde está mi hermano!

Mientras Sunan y Mari intercambiaban palabras a base de gritos, Adalberto se giró ligeramente y dirigió su vista hacia dos figuras más pequeñas.

− Tu le avisaste, ¿cierto?

El rubio se giró para encararlo.

− Es su hermana, debía saberlo y en vista de que nadie parecía importarle… − contesto Yuri.

− Claro que nos importa, pero no sabemos si Demian lo tiene, por eso estamos interrogándolo, para obtener información.

− ¿Y crees que él te la dará?

−…

− Ni siquiera saben si ese tipo sabe siquiera donde está el cerdo.

Adalberto no supo que contestar y regreso su vista al frente.

Mary alejo las manos del mayor mientras esté trataba de calmarla.

− Mary, déjame a mí.

− ¡No!, ¡Quiero saber dónde está Yuuri! – Grito regresando a ver a su tío − ¡¿Dónde está?! – Pregunto con desesperación − ¡¿Qué hiciste con él?!

− Oh, ¿así que no saben dónde está? –Pregunto sorprendido mientras reía – vaya par de guardianes son ustedes, perdiendo a su rey de esta forma.

− ¡No juegues conmigo Hideaki! – Volvió a gritar − ¡¿Dónde está?!

Hideaki comenzó a reír sin importar el rostro preocupado de su sobrina.

− Si no está aquí y no lo encuentran… Seguramente Demian ya se deshizo de él… Tal como lo hizo con la despreciable y sucia de tu madre.

Y ese insulto fue la gota que derramo el vaso. La rabia que Mary había estado conteniendo se desato y se abalanzó ante él, exigiendo la información del paradero de su hermano, con lágrimas que caían desde sus ojos sobre el rostro del hombre. Pero, ella no se daba cuenta de que el rostro de Yagami se hacía más pálido y más azulado conforme caían las gotas.

Aquellas lágrimas desesperadas estaban tornadas en un extraño brillo azul que lentamente comenzaron a congelarlo. La mujer solo pudo darse cuenta de lo que había sucedido cuando dio unos pasos hacia atrás y, ante ella ya no estaba el cuerpo vivo de su tío sino, una estatua de hielo.

− ¿Qué?

Nadie dijo nada, todos estaban igual o más sorprendidos por lo sucedido.

Alzo sus manos para ver las palmas de estas y, ahogo un grito al percatarse que de ellas emanaba un aura azul, parecida a la que su hermano usaba cuando utilizaba sus poderes. Antes de que siquiera pudiese hablar, el sonido de los presentes ahogando un grito le hizo levantar la vista para ser testigo, de cómo la estatua de cristal se desmoronaba hasta volverse miles de fragmentos que cayeron al suelo.

Mary regreso a ver a Sunan y este, aun sorprendido por lo sucedido, solo pudo contenerle la mirada.


Se arrastró fuera de las frías aguas, el viento hacia que temblara por el frio, aun cuando trataba de manejar su poder y alejar el frio, este no le respondía, como se negara a apoyarlo en aquellos momentos. Apoyo su mano sobre la corteza de uno de los enormes árboles que rodeaban el lugar, la cabeza le daba vueltas y la fiebre que comenzaba a asaltarlo lentamente le estaba haciendo perder el conocimiento.

Trato de dar un paso más pero su cuerpo se desvaneció por completo, cayendo con fuerza sobre la fría tierra. Leves nubes de vapor salían de su boca cada que exhalaba, las fuerzas le habían abandonado y el cansancio se hizo presente haciéndole casi imposible mantener los ojos abiertos.

Con esfuerzo logro escuchar los pasos de alguien acercarse, no sabía si era amigo o enemigo, en aquellos momentos no tenía energías para moverse de su sitio, lo único que pudo deslumbrar antes de que la inconciencia lo reclamara, fue a una figura envuelta en un largo abrigo oscuro y un par de ojos azules.


La puerta se abrió de par en par, los pasos de Mary se apresuraron al interior de la casa, caminando de un lugar a otro, los objetos comenzaron a congelarse y la temperatura disminuía lentamente. Se llevó sus manos hacia su cabeza en claro señal de desesperación.

Adalberto, Sunan y Phichit que habían entrado tras ella, solo observaban a la joven mujer caminar de un extremo a otro de la habitación, sintiendo los ligeros estragos de su poder.

− Mary – le llamo Adalberto – debes calmarte.

− ¿Calmarme? – pregunto deteniéndose frente a el − ¡¿Cómo quieres que me calme después de lo que paso?! ¡¿Cómo me pides eso cuando mi hermano no aparece?!

− Lo sé – dijo levantando sus manos – todos ya están buscándolo.

− ¿Y si Demian lo capturo? – pregunto con miedo – y sí… El…

− Yuuri está vivo.

− ¿Cómo puedes asegurarlo?

− Si Demian lo tuviese en sus manos ya lo sabríamos, el no dejaría pasar la oportunidad de hacer pública la captura de Shade.

Mary le dio la espalda, en clara señal de no creerle.

Mientras Adalberto trataba de calmar a su ahijada, Sunan y su hijo no sabían que hacer, solo se regresaban a ver entre ellos siendo espectadores de la discusión.

− No sabía que Mary tenia poderes – susurro Phichit − ¿no se supone que solo el rey y su heredero los tienen?

Sunan frunció el ceño.

− ¿Dónde escuchaste eso?

− Solo lo supuse – se encogió de hombros.

− Todos los Katsuki nacen con la magia corriéndole por las venas pero, como cualquier arte, deben cultivarlo – aseguro – entrenamiento, meditación, haciendo uso de ellos.

− ¿Cómo Yuuri?

− Yuuri utilizo sus poderes durante años, quizás siendo más joven estaba limitado pero, al ponerse el manto de Shade tuvo la oportunidad para desarrollarlos y, el entrenamiento de la academia Lucis solo los mejoro.

− Pero… Mary…

− Mary nunca entreno, no porque Regis no lo permitiera, simplemente que, al ser Yuuri el heredero al trono, dejaron a mary con otras responsabilidades como princesa por lo que nunca uso sus poderes, incluso se pensó que había nacido sin ellos ya que no hubo manifestación alguna de los mismos…

− ¿Hubo casos parecidos en el pasado?

− Si, siempre se entrenó al heredero al trono y, por costumbre sus hermanos se dedicaban a otras artes aunque había excepciones, también nacieron Katsuki sin poderes pero, eran muy inusuales – continuo mientras observaba a Adalberto en cuclillas hablando con Mary, quien estaba sentada en uno de los sofás.

− Me sorprende que aun cuando han pasado generaciones, la magia siga en su familia.

Su padre lo regreso a ver con una mirada interrogativa.

− Lo digo porque, la sangre original se va diluyendo con cada generación y, por ende también la magia ¿no?

− En eso tienes razón, hubo casos de Katsuki que, como te mencione antes, nacieron sin ellos o, nacían con poderes específicos, hablar con animales, habilidades como análisis de combate, hacer temblar la tierra, poder congelar pequeños objetos… En fin, tenían poderes menores pero, en su mayoría eran familiares lejanos, que no tenían lazos sanguíneos muy fuertes con la familia real principal.

Phichit asintió antes de volver la vista hacia el frente, observando a una muy devastada Mary apoyada sobre el hombro de su padrino. Recorrió el lugar, percatándose que el hielo sobre los objetos había desaparecido y la temperatura, la que había bajado solo unos grados, volvía a la normalidad.

− Todo estará bien – escucharon decir al rubio una vez se acercaron – encontraremos a Yuuri.

− Tengo miedo – contesto.

− Lo sé, nosotros también pero, debemos confiar en Yuuri, él sabe defenderse, si algo sale mal, sabrá cómo salir de ello.

Mary asintió limpiándose las lágrimas.

Sunan y Phichit se acercaron al percatarse que la joven estaba más tranquila.

− Vaya Mary, sí que nos sorprendiste – la voz entusiasta de Phichit captó la atención de todos, tratando con ello cambiar el ambiente tan pesimista – Congelando al viejo Hideaki y luego volviéndolo fragmentos de hielo, eso sí fue asombroso.

− No me lo recuerdes – dijo con pesar – ni yo misma se lo que sucedió.

− Sucedió lo que debía – hablo Sunan – eres hija de Toshiya, hermana del entronado, es obvio que la magia esta en tus venas solo que, nunca tuviste razones para utilizarla.

− Sunan tiene razón – continuo Adalberto – entraste en un estado de ira, eso fue el detonante para que tu propia magia apareciera.

− Dudo que vuelva a suceder – declaro – solo lo congele – mordiéndose el labio inferior – no soy como Yuuri, que puede congelar toda una cuadra o crear picos enormes de hielo.

− Quizás no – aseguro Sunan – quizás nunca seas tan poderosa como Yuuri pero, estoy seguro que si canalizas esos poderes y los cultivas, serán de ayuda en el futuro.

Mary pareció pensarlo unos segundos antes de contestar.

− Por ahora no me preocupan mis… Poderes – dijo en un débil murmullo – lo importante es encontrar a Yuuri.

Los tres hombres se regresaron a ver entre ellos y solo asintieron a las palabras de Mary.


El reloj marcaba las nueve de la noche, por lo que debía terminar de alistarse para acudir a la cena. Arreglo su cabello y acomodo su traje, su estado de ánimo no era el mejor y su reflejo se lo mostraba pero, si quería evitar una posible discusión con su padre, debía sonreír y fingir que todo estaba en orden.

Unos golpes en la puerta llamaron su atención, indicándole a quien estuviese tras ella que podía pasar.

− ¿Estás listo? – pregunto Noel.

− Lo más posible – contesto.

− Tu cara dice lo contrario – cruzándose de brazos y apoyándose en el marco de la puerta.

− Sabes que no estoy de acuerdo con esto – alejándose del espejo y caminando hacia la puerta.

− Lo sé pero, solo es una noche – indico con una sonrisa.

− …

− Solo sonríe y trata de divertirte, quizás la cena cambie tu humor y salga mejor de lo que esperas.

− Ojala.

Noel negó con su cabeza.

− Vamos, te están esperando.

Victor hizo el intento de moverse pero, el sonido de su celular lo detuvo.

− ¿Victor?

− Dame un minuto – dijo y se acercó a la mesita de noche para tomar su celular.

− ¿Quién es? – pregunto al acercarse.

− Es Yakov – dijo con sorpresa.

− ¿Tenias asuntos pendientes con él?

− No – aseguro.

− Mejor contesta, quizás es algo importante.

Victor asintió y contesto.

− Yakov.

− "Victor"

− Es extraño que me llames, sobre todo después de lo sucedido – dijo con precaución − ¿necesitas algo?

− "No te hable por la conversación que tuvimos, ese tema ya quedo más que claro"

− Lo sé.

− "Te llamo por otro motivo, que creo es de tu interés"

Victor callo unos segundos, regresando a ver a Noel.

− ¿Y que puede ser?

− "Necesito que vengas a mi casa"

− ¿A tu casa? – Frunció el ceño − ¿Por qué?

− "No puedo decírtelo por teléfono"

− De acuerdo, mañana a primera hora estaré ahí.

− "No, tiene que ser ahora"

− ¿Ahora? – Pregunto – Yakov no me es posible, tengo una cena con mi padre.

− "Necesito que vengas – insistió − creo que esto es más importante para ti, que la cena con el rey"

− Yakov, no entiendo la insistencia – pasándose una mano por su cabello − ¿qué sería más importante que la cena con mi padre?

Escucho como Yakov suspiraba.

− "Se trata de Katsuki Yuuri"

El semblante de Victor se congelo y regreso a ver a Noel.


Apago la pantalla de su celular y lo guardo dentro de su ropa.

La puerta de la habitación se abrió de donde un joven con gabardina blanca salió con un maletín en la mano derecha a lado de una enfermera salieron.

− ¿Cuál es su diagnóstico? – pregunto.

− Fue difícil pero, logramos bajarle la fiebre – aseguro – considerando el tiempo que estuvo en el agua, no sufrió ningún daño más allá del resfriado y la fiebre.

− ¿Tendrá secuelas?

− Ninguna, solo debe descansar y tomar las medicinas que mi asistente le indicara.

La joven enfermera sonrió.

− Muchas gracias doctor y disculpe las molestias, sobre todo por las horas que tuvo que invertir.

− No se preocupe, es mi trabajo.

Yakov asintió.

− Pase con la Srita Akiho, ella cubrirá los honorarios y el costo de las medicinas.

El doctor asintió, le dio la mano y se despidió, alejándose a lado de su asistente por el pasillo.

Yakov suspiro y entro a la habitación.

La misma estaba iluminaba a media luz, camino lentamente hacia la cama que se encontraba en el centro de la misma donde, el cuerpo de un joven se encontraba tendido, arropado hasta el cuello y con una compresa fría en su frente.

− Debe ser una broma del destino − Dijo observando el pálido rostro del joven gracias a la fiebre que lo había asaltado y con las mejillas encendidas − que sea yo quien te ayude… Katsuki Yuuri.

つづく/ Continuara...


Bueno, aquí otro capítulo, quizás muy emocionante no fue pero, al menos supimos que, en efecto, Mary tiene poderes, algo débiles pero los tiene.

Respecto a Yakov, él tiene mucho que decir, se siente culpable por muchas cosas y en los próximos capítulos se podrán ver.

La aparición de leviatán debo aclarar, no fue un sueño, él se presentó ante Yuuri por eso, le afecto en la vida real al punto que le provoco fiebre al estar en contacto con el agua fría por tanto tiempo aunque, claro, si este hubiese querido, simplemente lo saca sin complicaciones pero, como se dieron cuenta no tiene un bonito genio y le vale Yuuri jajaja.

Creo que ya se dieron cuenta que los "Lideres" de toda la alianza son Sunan y Adalberto y, si se preguntan el por qué, creo que al ser a quienes Toshiya les encargo proteger a sus hijos y salvar el reino, es obvio… Aunque Sunan no estaba pero, por el simple hecho de haber sido parte de su guarda personal y amigo íntimo pues, quedo XD

Como dije la trama se moverá más rápido, quizás sientan que hay huecos pero, más adelante hare extras de escenas perdidas… Cuando este más avanzada la trama.

Fuera de eso, me despido y nos vemos.