Hermione Granger (junto al resto del universo de Harry Potter) le pertenece a JK Rowling. Esta historia le pertenece a White Squirrel.
Capítulo 19
Tanto Hermione como Harry estaban preocupados por los exámenes, pero por razones diferentes. Harry estaba paranoico pensando que Voldemort iba a llegar y matarlo en cualquier momento, y Hermione, además de querer pasar sus exámenes, estaba preocupada de que la paranoia de Harry iba a provocar que reprobara. Sin importar cuantas veces le había asegurado que nada podría meterse en Hogwarts, él no podía deshacerse de sus nervios.
Ciertamente, aún tenía dolores de cabeza, aunque tercamente se había rehusado a visitar a madame Pomfrey al respecto (niños, pensó Hermione), insistiendo que significaban peligro. Incluso Ron le dijo que se relajara y no se preocupara.
Hermione, por su parte, cuando llegó el momento, encontró que los exámenes fueron más fáciles de lo que había esperado, por lo que se felicitó a sí misma por sus hábitos de estudio. Antes de saberlo, estaba terminando su último examen, Aritmancia (el cual era más desafiante), mientras que los niños tomaban su examen de Historia. Ahora, sólo tenía que aprender sobre técnicas de integración avanzadas y estudiar para sus exámenes de nivel A el mes siguiente.
Ya había caminado por los terrenos para disfrutar un momento cuando vio a Harry y Ron corriendo hacia ella. Los saludó desde lejos, pero pronto se dio cuenta de que no estaban emocionados porque los exámenes habían terminado. Estaban corriendo como si Fluffy estuviera detrás de ellos, llegando hasta ella con expresiones de terror en sus rostros.
–¡Hermione! –Dijo Harry sin aliento–, ¡Snape lo ha descubierto…! ¡Sabe cómo llegar a la piedra!
–¿Qué? –Exclamó Hermione.
–Lo escuchamos... –dijo Ron sin poder respirar bien–. Quirrell… Snape… se lo dijo…
–¿De qué están hablando?
–Estábamos pasando por la sala de profesores… –dijo Harry.
–Escuchamos a Quirrell… –comenzó Ron.
–Dijo que lo sabía todo…
–Que no quería decirle pero…
–¡Harry! ¡Ron! Tranquilícense y díganme exactamente lo que escucharon –explotó Hermione.
Los niños intentaron calmarse y contaron su historia. Habían estado paseando después del examen de Historia, y cuando pasaron por la sala de profesores, escucharon al profesor Quirrell hablar con alguien al que no podían escuchar bien. Quirrell estaba llorando. Por lo que Hermione pudo entender, dijo algo como "Por favor… por favor, no puedo, sí, es todo, pero… no, por favor… de acuerdo, ¡está bien!" Los niños asumieron que significaba que Quirrell le había dicho a Snape todo lo que necesitaba saber sobre cómo robarse la piedra filosofal, tan imposible como sonara.
–¿Lo escucharon hablar con Snape? –Les preguntó Hermione con sospecha.
–Escuchamos a alguien hablarle en susurros –dijo Harry–. No quisimos acercarnos más en caso de que Snape nos viera, ¿pero qué más pudiera significar?
Para entonces, Hermione ya estaba cansada de discutir con Harry sobre eso.
–Bueno, si estás seguro –dijo–, sólo hay una cosa que podemos hacer.
–¿Qué? –Preguntaron los dos niños.
–Ir a Dumbledore.
Harry y Ron se miraron el uno al otro, y ambos se golpearon a sí mismos en la cabeza antes de comenzar a correr de vuelta al castillo.
–¡Oigan, espérenme! –Gritó Hermione corriendo detrás de ellos.
Los tres corrieron dentro y comenzaron a subir las escaleras. Fue sólo después de subir varios niveles que Harry y Ron se dieron cuenta de que no tenían idea de a dónde iban.
–Eh… ¿dónde está la oficina de Dumbledore? –Dijo Harry cuando llegaron a una intersección.
–En el séptimo piso –respondió Hermione. Sacó su mapa de entre su túnica como referencia. Con los exámenes por preocuparse, sólo había tenido tiempo de explorar el ala oeste con Sonya, pero pensó que sería bueno cargar un mapa pequeño con los lugares más importantes por si acaso–. Me crucé con él cuando estaba explorando el castillo… y casi me estrellé. –Revisó su posición y señaló uno de los pasillos–. Por aquí…
–¿Qué están haciendo adentro?
Se dieron la vuelta para ver a la profesora McGonagall acercarse con una enorme pila de libros. Observó al trío con sospecha, pero claro, navegar el castillo con un mapa doblado no era comportamiento normal.
Hermione se tranquilizó a sí misma para poder hablar con la voz lo más calmada que pudo.
–Queremos ver al profesor Dumbledore.
–¿Al profesor Dumbledore? –McGonagall los observó aún con más sorpresa–. ¿Por qué?
–Es un secreto –soltó Harry. Hermione suprimió un gruñido.
–Bueno, me temo que tendrá que esperar, lo que sea que es –dijo la profesora–. El profesor Dumbledore fue llamado con urgencia al Ministerio hace diez minutos.
–¿No está aquí? ¿Ahora? –Exclamó Harry con terror.
–El director es un hombre muy ocupado con otros deberes además de la escuela. Estoy segura que lo que sea que es, puede esperar hasta mañana.
–¡Pero es sobre la piedra filosofal!
McGonagall soltó sus libros con un fuerte ruido que hizo eco en el pasillo vacío.
–¿Cómo supieron sobre eso? –Susurró. Su susurro pareció llegar aún más lejos.
–Profesora, yo creo… yo se… que Sn… que alguien intentará robar la piedra esta noche –dijo Harry–. Tenemos que advertir a Dumbledore.
Hermione quería decir algo. Decirle a la profesora McGonagall que Harry no se había estado sintiendo bien y estaba paranoico. Debió de escuchar la desesperación en su voz. O quizás decirle sobre todas las cosas extrañas que habían estado ocurriendo alrededor de la piedra que lo hacían preocuparse. Pero no podía pensar en qué decir en ese momento.
–Sr. Potter –dijo McGonagall–, no sé cómo descubrieron sobre la piedra, pero les aseguro que nadie puede robarla. Está muy bien protegida.
–Es lo que les he estado diciendo –dijo Hermione con timidez. Harry y Ron le lanzaron una mirada molesta.
–Pero profesora…
–Deberías de escuchar a tu amiga, Sr. Potter. Todos los maestros nos hemos tomado la seguridad de la piedra muy en serio. Ahora, les sugiero que vayan afuera y disfruten del hermoso día. –Y la advertencia de lo contrario estaba implícita.
Y si la advertencia de la profesora no fue suficiente, la del profesor Snape, cuando se encontraron con él menos de dos minutos después, lo fue.
–No deberían de estar adentro durante un día tan… agradable… –dijo el profesor de Pociones con una sonrisa extraña, como si sólo pudiera adivinar lo que la gente normal consideraba como un lindo día.
–Sólo estábamos… –comenzó Harry.
–Tendrás que ser más cuidadoso, Sr. Potter. Si continúas estando lugares en dónde no debes, comenzarán a pensar que estás… tramando algo. –Harry se sonrojó–. No querrás que te expulsen después de sólo un año. Tengan un buen día.
–Es él –dijo Harry–. Debe saber que nos escapamos para lo de Norberto. Va a intentar robar la piedra hoy, y nos está tratando de espantar.
–Harry, creo que estás mal –dijo Hermione–. Probablemente es Snape siendo Snape. Además, ¿qué podemos hacer ahora?
–Nos separaremos y vigilaremos a Snape y al pasillo prohibido –dijo Harry como si fuera obvio.
Pero el plan falló miserablemente después de que Flitwick los reprimió, Snape también, y una McGonagall molesta los amenazó con quitar cincuenta puntos. Parecía que por lo menos se tomaban la seguridad de los estudiantes en serio.
–Lo siento, Harry, hice todo lo que pude –dijo Hermione cuando se encontraron.
Harry le gruñó, pero ella pudo notar que él sabía que no era su culpa.
–Debe de haber algo más que podamos hacer –se murmuró a sí mismo–. Alguna manera de detener a Snape.
–Harry, por favor, intenta tranquilizarte –le rogó tomándolo por los hombros. Él pareció incómodo al contacto–. Te repito que Snape no puede pasar todos los obstáculos. Quizás escuchaste a Quirrell hablar sobre otra cosa. –Harry lucía nervioso, y nada convencido.
–S...sí, amigo, Quirrell se asusta de todo –dijo Ron, aunque no parecía muy seguro–. Ahora que lo pienso, pudo estar hablando de cualquier cosa.
–Sé lo que escuché. –La expresión de Harry se tornó seria y movió las manos de Hermione.
–Mira, Harry –intentó–. Si estás tan preocupado, hablemos con la profesora Vector. Estoy segura de que por lo menos nos escuchará, pero también estoy segura de que va a decir que la piedra está a salvo.
Harry se detuvo a pensar por un momento.
–De acuerdo –gruñó–. Vamos.
Lograron llegar a la oficina de la profesora Vector sin encontrarse con ningún profesor, aunque por lo menos tendrían una buena historia en esa ocasión.
Por supuesto, cuando la profesora Vector abrió la puerta y vio quién estaba ahí, habló de inmediato:
–Me temo que aún no tengo tu calificación, señorita Granger.
Hermione no pudo suprimir su suspiro esa vez. ¿Acaso se obsesionaba tanto?
–No es sobre eso, profesora.
Vector forzó una sonrisa.
–¿Hay un dragón involucrado?
–No, pero es importante. ¿Podemos pasar?
–De acuerdo, pasen –dijo cerrando la puerta detrás del trío–. Ahora, ¿de qué se trata?
Esta vez, Harry habló:
–Profesora, creemos… ¡Auch! –Hermione lo había pisado con fuerza–. Yo creo que alguien va a intentar robar la piedra filosofal esta noche.
Si la profesora Vector hubiera estado cargando libros, los hubiera soltado.
–Así que… descubrieron lo que hay ahí –dijo con un poco de hostilidad–. ¿Y por qué, explícame, piensas que alguien la va a intentar robar, Potter?
–Porque escuché… a unas personas hablar sobre ella, y hoy una de ellas dijo que había descubierto cómo pasar todas las trampas…
–Ya veo… no preguntaré a quien supuestamente escuchaste, Potter, ya que no importa. No sé lo que piensas que dijeron, pero te aseguro que la piedra filosofal está muy bien protegida como para que alguien la robe.
–Lo sé, pero… escuché… no fueron estudiantes –soltó Harry.
Los ojos de Vector se abrieron ampliamente.
–¿Crees que un profesor intentará robar la piedra?
Harry asintió algo nervioso.
–Yo… sabemos que la mayoría de los profesores hicieron algo para protegerla, así que…
–Sr. Potter –dijo Vector amenazantemente–, si estás intentando convencerme de decir que tipo de obstáculo yo preparé…
–¡No es así! –Dijo Hermione–. Lo siento, profesora, es sólo que Harry ha estado preocupado por esto por semanas. Ron y yo nos la vivimos diciéndole que la piedra está a salvo, pero no nos cree.
–¡Hermione! –Protestó Harry.
–Bueno, es cierto. Sólo queríamos que intentara convencerlo. Está mucho más nervioso que nunca porque el profesor Dumbledore no está, y la profesora McGonagall no tuvo la paciencia de explicar. Sólo pensé… sin decirlo todo… que si pudiera decirle lo bien protegida que está en verdad…
La profesora se sentó y suspiró. Había lidiado con niños con problemas emocionales antes, Hermione más recientemente, pero ese nivel de paranoia era algo que no había visto desde la guerra.
–Señorita Granger, aprecio que quieras ayudar a tu amigo –dijo con tono suave–, aunque llega un momento en el que madame Pomfrey pudiera ser la mejor para lidiar con esto. Espero que no llegue a eso, sin embargo. Sr. Potter, aunque te cueste aceptarlo, los maestros tenemos buenas razones para creer que la piedra está a salvo. Mi obstáculo es adecuado. No le he dicho a nadie más que a Dumbledore como funciona, y te aseguro que nadie pudiera pasarlo sin la clave especial que el profesor Dumbledore lleva consigo todo el tiempo. Sólo hay una clave, la cual se la di a él directamente, y ni siquiera él podría hacerlo sin esta. El obstáculo de la profesora Babbling es tan fuerte como el mío, y estoy segura de que los otros son igual de adecuados. Así que espero que entiendas que incluso un profesor de Hogwarts no tiene esperanzas de atravesarlos todos.
Harry miró sus zapatos. Él parecía derrotado. Pero incluso cuando Hermione pensó que iba a rendirse, su expresión fue determinada e intentó algo más.
–Profesora, mi cicatriz me ha estado doliendo –dijo mirando a la profesora Vector a los ojos.
Hermione soltó una expresión de sorpresa.
–¿Disculpa? –Dijo Vector sin comprender.
–Mi cicatriz –repitió Harry–. La que me dio Voldemort.
Vector siseó ante el nombre, y Ron soltó un leve grito.
–Me ha estado doliendo durante las últimas semanas –continuó Harry.
–Entonces deberías de ver a madame Pomfrey.
–No creo que sea un dolor de cabeza normal. Significa que se acerca peligro. Ha estado ocurriendo desde que esos unicornios comenzaron a morir en el bosque.
–¿Cómo es que…? Hagrid –gruñó Vector.
Harry continuó antes de que pudiera decir más. Yo creo que Sn… Creo que es el profesor Snape, pero eso no importa ¿o sí? Quien sea que es, está trabajando para Voldemort, y va a robar la piedra filosofal para que Voldemort regrese y me mate.
–¡Puedes dejar de decir ese nombre, Harry! –Gritó Ron.
Septima Vector intentó calmar sus nervios y se preguntó si su día podría ser más extraño. Ahí estaba el Niño Que Vivió… no había pensado en él de esa manera, pero no podía ignorarlo ahora, cuando estaba sentado en su oficina, un niño perdido en su pesadilla. Debía de ser difícil para él, después de haber perdido a sus padres por culpa de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado, y no podía evitar temblar cada vez que decía ese nombre. Era imposible saber si había causado un revuelo como tal antes o si era la primera vez, pero podía entenderlo un poco. Debía de ser estresante crecer con ese tipo de historia, y la paranoia no era un resultado inesperado.
–Sr. Potter, en verdad creo que deberías de ver a madame Pomfrey por tus dolores de cabeza –dijo finalmente–. Pero le pediré al profesor Dumbledore que hable contigo personalmente sobre tus preocupaciones cuando regrese. Sé que no es la respuesta que esperabas, pero creo que no es probable que Quien-Tú-Sabes esté involucrado en esto. Mientras tanto, sé que estás estresado después de terminar tus exámenes, y creo que te sentirás mejor si sales al sol. –Ahora.
–Sí, profesor –dijo Harry rendido. Se puso de pie y caminó lentamente fuera de la oficina. Ron lo siguió, colocando una mano sobre su hombro.
Hermione comenzó a seguirlo, pero la profesora Vector le pidió que esperara por un momento.
–Hermione –dijo en voz baja–, me temo que tu amigo puede necesitar ayuda profesional. –Hermione asintió con comprensión. También comenzaba a preocuparse de eso. –Haré lo que pueda para que reciba la ayuda que necesita, pero mientras tanto, por favor trata de cuidarlo.
–Sí, profesora, lo haré –dijo Hermione rápidamente. Era lo menos que podía hacer después de lo ocurrido la noche de Halloween.
Harry aceptó el ir afuera, pero estuvo molesto y nervioso el resto del día. Era claro que su plática con la profesora Vector no tuvo el efecto deseado. No ayudó que insistía que su dolor de cabeza estaba empeorando, aun cuando Hermione comenzaba a pensar que todo estaba en su mente. No parecía querer hablar con ella, e incluso sus conversaciones con Ron parecían forzadas. Al final del día, Hermione comenzó a tener un mal presentimiento sobre esa noche, y Ron parecía tener la misma idea porque le preguntó a Harry si ya se iba a dormir en varias ocasiones, y el niño sólo negó con la cabeza.
Ambos permanecieron despiertos observándolo hasta que todos se fueron a dormir, y fue entonces que Harry finalmente cerró el libro que había estado leyendo y se puso de pie.
–Bueno, no hay otra cosa que hacer, ¿verdad?
–¿De qué hablas? –Dijo Hermione poniéndose de pie con cautela.
Harry sacó su capa de invisibilidad.
–Harry –dijo Ron.
–¿Y qué planeas hacer con eso? –Demandó Hermione. Dio un paso para colocarse en frente de la salida, y Ron la siguió.
–Sé que Snape va a ir tras la piedra esta noche –dijo él–. Así que voy a ir a robármela primero.
–¡Estás loco! –Dijo Ron.
–Harry, no puedes –le rogó Hermione–. Escuchaste lo que dijeron todos los profesores.
–No me importa si me expulsan –dijo Harry elevando su voz–. ¿No lo entienden? Si Snape obtiene la piedra, ¡Voldemort va a regresar! Los puntos y la copa y ser expulsados no importan. Él destrozará Hogwarts, o la convertirá en una escuela de artes oscuras. Mató a mi familia, ¿lo recuerdan? Moriré si me descubren o no si no logro detenerlo, y probablemente también vaya detrás de los otros Gryffindor.
–¡Pero no va a obtener la piedra! –Gritó Hermione y esperó que no hubiera despertado a nadie, o quizás que si–. Nadie puede pasar todos esos obstáculos.
–¡Lo hará! Puedo sentirlo. –Harry presionó la palma de su mano contra su cicatriz–. Va a lograrlo.
–Harry, digamos que tienes razón –imploró Hermione–. Digamos que el profesor Snape va a intentar robar la piedra esta noche y sabe cómo hacerlo. Debes saber que no puedes derrotarlo.
–Tengo que intentarlo –insistió Harry–. Nadie más lo hará.
–Ella tiene razón –dijo Ron–. Sólo estás en primer año…
–Pues, ustedes podrían ayudarme en lugar de estar ahí parados –dijo con molestia.
–¡También estamos en primer año! –Dijo Hermione–. ¿Qué no recuerdas al troll? Un profesor fue mucho mejor que los tres juntos, y los obstáculos están diseñados para que sean difíciles incluso para ellos. Mira, si pensara que tendríamos una oportunidad, estaría a tu lado… tan sólo para asegurarme que no te mates… pero sólo tenemos doce años. Es imposible para nosotros…
–Pues, entonces, iré solo. –Dio un paso hacia ellos. Ron y Hermione lo bloquearon en sincronía.
–Fuera de mi camino –ordenó Harry.
–Harry, lo siento mucho –dijo Hermione con lágrimas en sus ojos–. No podemos dejarte ir.
–Ron, dile que se mueva. –Ron negó con la cabeza.
–Harry, sé que estás asustado, pero no soy tan tonto para no ver que no puedes detener a Snape o atravesar las trampas tú solo. Bill me ha dicho sobre todo lo que tiene que hacer. Ha estado a punto de morir varias veces, y está entrenado para ese trabajo.
–No me importa. Muévanse.
–Harry, para. En serio –tartamudeó Ron–. No queremos que te lastimes. Nosotros… te enfrentaremos si es necesario. –Elevó sus puños y miró a Hermione.
¿Luchar contra él? ¿Con puños? A lo mejor Ron por sus cinco hermanos, ¿pero yo? Necesito magia, pensó Hermione.
Harry sacudió su cabeza y se dirigió a ella.
–Hermione, en verdad lo siento mucho –dijo.
La mano de Hermione se dirigió a su varita.
Pero Harry fue más rápido.
–¡Petrificus Totalus! –lloró.
Los ojos de Hermione se abrieron más por la sorpresa de que Harry conocía ese hechizo, y se dio cuenta de que libro había estado leyendo. Ese momento de duda le costó ya que sus brazos se pegaron a sus lados, sus piernas juntas, y cayó dolorosamente contra la pared, sin poder hablar.
–¡Hermione! –Gritó Ron. Ella quería decirle que mirara detrás de él mientras corría hacia ella, pero no pudo, y mientras él estaba distraído, Harry se colocó la capa de invisibilidad y desapareció detrás del retrato de la entrada.
–Hermione –dijo Ron nuevamente, sólo dando una última mirada al retrato cerrándose–. ¿Qué te hizo? –Sacó su varita–. ¿Qué hago? ¿Qué hago?
Sin poder mover otra cosa que sus ojos, Hermione hizo lo único que pudo y dirigió su mirada hacia la silla en la que Harry había estado sentado. Después de un largo tiempo, él comprendió.
–¡El libro! –Corrió hacia ahí y tomó Las fuerzas oscuras: Guía para la auto-protección. –Vamos, vamos... –Dio la vuelta a las páginas–. Perri… Petro… Petrine… –Después de otro largo tiempo (aunque milagrosamente rápido considerando que era Ron intentando encontrar una respuesta en un libro), logró encontrar la maldición y su contra-hechizo. Un simple Finite Incantatem funcionaría, pero necesitaría mucho poder. Apuntó su varita hacia Hermione.
–¡Chalaro Soma!
Nada ocurrió.
–¡Chalaro Soma! ¡Chalaro Soma! –Dijo frenéticamente.
La boca de Hermione se abrió y tomó un largo respiro. Sus brazos y sus piernas permanecieron pegados.
–¿Hermione?
–Chala-ro Soma –dijo ella con dificultad.
–Chala-ro Soma –repitió Ron.
Las extremidades de Hermione se despegaron, aunque no completamente, pero lo suficiente para que pudiera liberarse del hechizo.
–Gracias –dijo ella mientras él la ayudaba a ponerse de pie. Recogió su varita de donde había caído–. No puedo creer que me venció –dijo con molestia.
–Lo siento.
–Ganaría con facilidad en un duelo –insistió.
–Pues quizás tengas la oportunidad –dijo él–. Tenemos que detenerlo. –Se acercó al retrato de la entrada.
–No, Ron, tenemos que decirle a un profesor.
–¿Qué? ¿Estás loca? Después de lo que dijo Snape, si descubren a Harry intentando ir a ese pasillo, ¡lo van a expulsar!
–Y si intenta atravesar todas esas trampas por sí solo, ¡Harry podría morir! Y sí, Ron, ¡eso es peor! –Ron cerró su boca y asintió–. Tenemos que ir con la profesora Vector. No piensa que Harry está mal, sólo que está enfermo… tú sabes, mentalmente. No sé si lo está o no, pero creo que actuará con más calma.
–¿Es… estás segura…? No tenemos la capa. ¿Y si alguien nos ve?
–Tendríamos un problema de todos modos. Le diremos a quién nos encuentre y espero que nos escuchen. Iré por mi mapa para que por lo menos encontremos lugares dónde escondernos.
–De acuerdo, pero apúrate.
Unos minutos y muchas escaleras después se encontraban en uno de los pasillos, siguiendo el mapa de Hermione para llegar al departamento de la profesora Vector. Hermione iluminó su varita para ver el papel.
–¿Sabes dónde duermen los profesores? –Susurró Ron.
–Los que viven en el castillo –confirmó–. Cada apartamento está detrás de un retrato de un mago o bruja famoso en su campo.
–Genial, ¿dónde…?
–Shh –dijo Hermione intentando escuchar–. Alguien viene –dijo en voz baja–. Nox. –Tomó a Ron por la muñeca y sintió a su alrededor por un cuarto cercano sin uso que estaba marcado en el mapa, uno que Sonya había dicho sólo se abría si se tenían los ojos cerrados. Lo abrió y entró dentro. Tomó un frasco de su bolsillo y lo colocó sobre la puerta, presionando su oreja contra el fondo para poder escuchar, aunque apenas y escuchaba algo más fuerte que su pulso acelerado. Sólo cuando los pasos se alejaron fue que le indicó a Ron que podían salir y abrió la puerta.
–Nunca me imaginé que tú te estarías escabullendo por aquí como los gemelos –dijo Ron sorprendido.
–Sí, y probablemente piensan que tienen que hacerme otra broma para ser los mejores de nuevo –susurró Hermione–. Vamos.
Caminaron al retrato de Bridget Wenlock sin encontrarse con nadie más, y fue cuando Hermione dejó de lado toda su precaución.
–¡Profesora Vector! –Gritó.
Bridget Wenlock se despertó.
–¿Qué hacéis vos? –Gritó.
–Madame Wenlock, por favor dígale a la profesora Vector que nos deje entrar. Es una emergencia. ¡Profesora Vector!
–¡Estudiantes no tienen permitido acceder a estos aposentos! ¡Estudiantes no pueden estar fuera a esta hora!
–¡Por favor! ¡Es una emergencia! ¡Nuestro amigo puede morir! ¡Profesora…!
Finalmente, una sorprendida y desarreglada profesora Vector abrió la puerta vestida con un camisón verde, y lanzó una mirada molesta a los dos estudiantes.
–Hermione, ¿qué ocurre? ¿Qué están haciendo fuera de su dormitorio?
–Es Harry, profesora. Aún está convencido de que el profesor Snape está intentando robar la piedra filosofal y fue a intentar robarla primero. Intentamos detenerlo pero, ¡me hechizó y se escapó!
La molestia de la profesora Vector se desvaneció junto al color en su rostro.
–¿Qué? ¿Está loco? El perro…
–Sabe cómo pasar al perro. Descubrimos que se debe de tocar algo de música gracias a una vieja historia muggle, y Hagrid dejó escapar que era cierto.
Vector palideció aún más.
–¿Estás segura?
Ambos niños asintieron enfáticamente.
–Pero si puede pasar al perro, entonces… oh, no, ¡el lazo del diablo! ¡Tengo que detenerlo! Ustedes vayan de vuelta a su dormitorio. Revertiré cualquier castigo si es que los descubren. Iré por Potter. –Tomó su varita y salió corriendo con sus sandalias.
Ron y Hermione la observaron con sorpresa. Ninguno de los dos habló por un momento.
–Así que… tú qué crees –dijo Ron finalmente.
–Yo… –Hermione lanzó una mirada al retrato aún molesto detrás de ellos–. Lejos de ella –siseó. Corrieron al final del pasillo para estar lejos de cualquier oído–. ¿Qué quieres decir? –Preguntó.
–Quiero ir tras de él –dijo Ron.
–Pero la profesora Vector dijo que lo traería de vuelta.
–Estoy preocupado. ¿Y si tiene razón?
–Oh, Ron, ¡no tú!
–Sólo quiero decir que deberíamos de dar un vistazo, y si algo ocurre, podemos pedir más ayuda.
Hermione quiso protestar, pero había sido casi imposible el lograr algo sensato, y nada lo hacía más fácil. Estaba cansándose de eso.
–De acuerdo. Pero si nos comen, mi espíritu te perseguirá.
Comenzaron a correr de nuevo, dirigiéndose al tercer piso con la ayuda del mapa de Hermione.
–¿Sabes lo que es el lazo del diablo? –Preguntó Ron en el camino.
–Es una planta a la que le gusta la oscuridad y la humedad e intenta estrangularte con sus vainas si te le acercas.
–Oh, adorable. ¿Cómo se escapa?
–Mm… déjame pensarlo, eh… oscuridad y humedad… Por supuesto, fuego. Sólo necesitamos algo de madera y… –Se detuvo a sí misma y golpeó su cabeza con su varita dos veces antes de que Ron pudiera burlarse de su error.
Un poco más adelante Hermione tuvo que jalar a Ron dentro de un almacén de escobas (algo que no esperaba hacer con alguien por unos cuantos años más, o nunca) para evitar a un profesor patrullando los pasillos, y apenas lograron esconderse de Peeves, pero de algún modo llegaron al pasillo prohibido. Se miraron el uno al otro al momento.
–Alohomora –susurró Hermione. La puerta se abrió.
Ahí estaba Fluffy, gruñendo, tan grande y terrible como la recordaba, pero esta vez tenían un arma secreta. Hermione lamió sus labios y comenzó a silbar tan fuerte como pudo. No era muy buena, pero una simple melodía causó que el perro retrocediera y se recostara, y sus seis ojos se cerraron de dos en dos.
Se acercaron a la trampilla. Ya estaba abierta. Hermione lanzó una mirada a Ron mientras continuaba silbando.
–Lumos –dijo él. Pero no podían ver el fondo con la luz de la varita, debía de ser un largo camino. Pero tanto ella como Ron podían hacer el cálculo para eso. La profesora Vector había dicho que cualquiera que pasara a Fluffy tendría que enfrentarse al lazo del diablo. Y eso significaba tener que sobrevivir la caída primero. Señaló a Ron.
El niño con mala suerte respiró profundamente, hizo una mueca, y saltó en el agujero. Después de lo que pareció un largo tiempo, pero probablemente sólo lo suficiente para que cayera al segundo nivel del sótano, escuchó su voz llamándola.
–¡Estoy bien! ¡Hay algo suave al fondo! –Ya había saltado al agujero cuando escuchó su siguiente frase–. ¡Pero no me gustan estas vainas!
Hermione cayó en algo blando y retorciéndose. Se sintió como un Indiana Jones incómodo en un nido de serpientes. Pero tuvo que recordar mantener su mano extendida para mantenerla libre. Sin perder tiempo, la agitó hacia abajo.
–¡Lacarnum Inflamari! –Las llamas azules hicieron el trabajo y los liberaron de la planta estrangulante. Al bajar notaron una escoba recargada contra la pared mientras se acercaban a la única puerta en el cuarto oscuro. Aparentemente, los profesores fueron lo suficiente considerados para proveer una salida si alguien se quedaba atrapado ahí. Se acercaron a la puerta y la abrieron, sin tener idea de lo que encontrarían.
El cuarto siguiente parecía zona de guerra. Parecía que había sido una habitación vacía con sólo unas antorchas en las paredes, pero ahora estaba llena de escombros. Pedazos enormes habían sido destrozados del techo. Había marcas de quemaduras a lo largo de la pared y zonas en el suelo que aún brillaban rojas. La fuente de todo ese daño era obvia. La pared al otro lado estaba llena de runas en una docena de idiomas diferentes. Muchas de esas runas estaban quemadas, destrozadas, o habían salido volando, pero Hermione aún pudo identificar el nórdico, latín, griego, hebreo, árabe, sánscrito, chino, los jeroglíficos, cuneiformes, y algunos otros que no conocía. No pudo intentar adivinar lo que las runas hacían, pero asumió que era una mezcla de hechizos de cerradura y de defensa. De hecho, entre las runas latinas, pudo ver unas maldiciones poderosas, como DIFFINDO y REDUCTO.
Su pulso de aceleró. ¿Acaso Harry había sido herido en esa devastación? Pero Harry no se encontraba por ningún lado, y ciertamente no pudo haberlo pasado por sí solo. La mayoría de las runas parecían dañadas sin reparo por maldiciones poderosas, probablemente por escudos poderosos u otras trampas (el hermano de Ron probablemente lo entendería). Más al punto, la única puerta al fondo estaba abierta.
–Este debe de ser el obstáculo de la profesora Babbling –dijo Hermione sin sorpresa.
–Sí –dijo Ron–. Y parece muy peligrosa. Espero que Snape haya sido lastimado cuando la atravesó.
Hermione eligió ignorar como Ron parecía estar aceptando la teoría de Harry sobre Snape.
–Vamos, hay que seguir.
Caminaron lentamente y con cuidado, pasando sobre las marcas en el suelo listos para escapar si las cosas empeoraban. Pero las runas parecieron haber sido desarmadas. Unas cuantas aún brillaban o parpadeaban, pero no estaban lanzando hechizos. Llegaron a la puerta y la atravesaron para ver algo que, a una inspección más cercana, era una visión peor.
Esa habitación también parecía a primera vista un cuarto vacío. La única característica era la puerta al fondo, y dos estatuas de piedra de pie a cada lado sosteniendo dos hachas de batalla cruzadas en frente de la puerta. Las estatuas tenían forma humana, un poco más grandes de lo normal, excepto por los ojos de insecto que parecían hechos de cristales brillantes, los cuales pulsaban intercambiando flashes de luz de una a la otra. Era obviamente un tipo de código, pensó Hermione, lo que quería decir que era casi ciertamente la trampa de la profesora Vector.
Pero el cuarto no estaba vacío. Ya había dos personas ahí: Harry Potter y la misma profesora Vector. Y ambos estaban pálidos por el miedo, y con buena razón. Ellos también habían visto que Snape, o alguien, había atravesado la trampa anterior y ya no estaba ahí.
Eso quería decir que también había atravesado la trampa de la profesora Vector.
Notas del autor: Chalaro Soma: Basado en el griego para "cuerpo flojo".
