12
Una danza lunar fuera de lugar
La noche los atrapó en plena caminata por el bosque. El terreno escabroso no le permitió a Dyfir seguir utilizando su bicicleta, repitiéndose la incómoda situación experimentada en el Bosque Viridian, negándose rotundamente a dejarla tirada por más que intentaran disuadirla de pasar a buscarla luego; el vehículo era vital para ella, así que debían ayudarla a sortear matorrales, rocas, zanjas y raíces de gigantescos árboles.
Por suerte para el grupo, ese bosque no era tan denso y traicionero como el de Viridian, permitiendo que la tímida luz de la luna menguante les mostrara el camino y facilitando su labor al ejecutar la "Operación Salvando a la Bicicleta" —como Moonghost la había bautizado. A pesar de la tortuosa marcha, no tardaron tanto en llegar a una de las varias entradas a las famosas cuevas de Monte Luna.
Al sentir la fría brisa proveniente de la oscura cueva azotándoles las caras, Eve les pidió que esperaran un momento mientras decidía el siguiente paso a tomar, incapaz de ocultar que era presa de una profunda preocupación. Todos lo notaron, mas nadie quiso comentar nada al respecto, así que tomaron asiento en espera de instrucciones.
Permanecieron alrededor de una hora conversando, lanzándole impacientes miradas desde sus improvisados asientos a Eve, que observaba fijamente la oscura entrada intentando ubicar de dónde surgían las ondas de psiquis con exactitud. Se tardaba tanto que incluso Moonghost se le acercó para meterle prisa, pero ella atajó sus intenciones en el aire, diciéndole rápidamente que quería evitar entrar a la cueva a menos que fuera estrictamente necesario.
— Bueno… —suspiró Dyfir con aburrimiento para disimular un bostezo, observando detenidamente la pantalla de su Pokenav—. El profesor Oak cargó varios mapas de rutas y ciudades de Kanto aquí. Me dijo que archivó algunos mapas de estas cuevas, aunque me aconsejó que no me fiara demasiado de ellos, porque son muy viejos, que están incompletos y son poco confiables —agregó con desánimo, forzándose a dibujar una sonrisa optimista—. De todas maneras, creo que pueden ayudarnos en algo… trataré de ubicar esta entrada ahora mismo…
— Yo escucharía el consejo del profesor. Nos podemos perder con facilidad ahí dentro; tan sólo miren lo oscuro que está —comentó Flowar con preocupación, acercándose un poco a la cueva para inspeccionar, estremeciéndose al sentir nuevamente el gélido viento de las entrañas de la montaña rodearla por completo— ¡Qué aterrador! —farfulló con disgusto.
En ese preciso instante, Eve gruñó con tal frustración que los hizo ponerse de pie al tiro. La pokémon pateó el suelo, concentrándose en la pequeña nube de polvo que levantó para rehuir de las miradas que sabía estaban sobre ella, aumentando su estrés ante la situación con la que estaba lidiando.
— No me digas que tenemos que… —Moonghost miró bastante angustiado a su hermana, rogando que su actitud se debiera sólo a una equivocación.
— Sí. Tenemos que entrar a la cueva —Eve no le permitió terminar, sin apartar la mirada de la oscura entrada, tan renuente como los demás a sumergirse en las profundidades de la montaña.
— ¡Ni hablar! Esta es la idea menos brillante que jamás has tenido, está exageradamente oscuro ahí adentro, ¡nos perderemos! —chilló Flowar, mirando la cueva temblando de pánico, como si se tratara de las fauces de un lobo gigantesco.
— La oscuridad es lo de menos. Dyfir tiene a su Typhlosion para darnos luz y calor con las llamas de su lomo —dijo Mewtwo rápidamente para tranquilizar a Flowar.
La hermana flor no notaba que su reacción afectaba a Eve, quien estaba haciendo un enorme esfuerzo por disimular su propia preocupación, cosa que lograba maravillosamente menos con el clon que era más suspicaz que el resto. Tales sutilezas eran su forma de ayudar sin parecer un pesado.
— ¡No se me había ocurrido! —exclamó Dyfir muy emocionada, buscando la pokebola de Llamita para liberarlo de inmediato.
— ¿Estás completamente segura de esto? ¿Lo juras por nuestra madrecita?—le preguntó ansiosamente Moonghost a Eve.
— ¿Y por quién crees que estoy haciendo todo esto? Por algo perdí una hora meditando la decisión que debía tomar, no puedo arriesgarme a extraviarnos ahí dentro por un simple capricho —espetó ella con cierto tono sarcástico en su voz, dándole la espalda para acercarse de vuelta a la cueva—. No hay lugar a dudas, las ondas provienen del interior; son fuertes y confusas a la vez. Puedo sentirlas en todas partes, pero languidecen cuando me acerco.
— No te preocupes más por la oscuridad, Moonghost. Mi Llamita nos dará suficiente luz para esta aventura —dijo Dyfir, colocándose cerca del fantasma y señalando orgullosamente con ambos índices a su fornido Typhlosion, quien sonreía con suficiencia al volverse de utilidad para algo tan importante—. ¿Puedes creer que no se me había ocurrido antes? ¡Qué tontita! Si no fuera por Mewtwo…
— ¡No estoy ni poquito preocupado! No necesito luz en la penumbra —Moonghost echó a reír, acercándose a la cueva bajo la mirada confundida de la entrenadora—. Los fantasmas, por simple naturaleza, podemos ver en la oscuridad. Y gracias a mi magnífica existencia… o algo así… ¡Eve también! —agregó hinchando el pecho con orgullo.
— Nada mal, pero Gea no le ha otorgado tan magnífico don a todos, Moonghost —puntualizó Flowar, mirando a su hermano de una manera bastante chistosa, como si estuviera soportando la tentación de jalarle las mejillas—. Además, no fanfarronees tanto, a veces pareces estar más ciego que un topo.
— Ustedes tres —Eve se dirigió severamente a Flowar, Dyfir y Mewtwo, tomándolos desprevenidos—. Irán detrás del Typhlosion y no se separen de él, por favor. Yo me encargaré de guiarlo.
— ¿Y qué pasará si te alejas mucho? —preguntó Moonghost suspicazmente, cruzándose de brazos—. No sería nada lindo que nos dejaras botados y que luego yo tenga que correr a alcanzarte para detenerte. Ellos podrían perderse por descuido tuyo, mira que te conozco y sé que tú...
— Aunque ya tuve la idea de perderlos a propósito en Monte Luna y me tienta cada vez que se repite en mi cabeza, lo cierto es que el Typhlosion sería el ciego aquí si me llegase a perder de vista— espetó Eve, frunciendo levemente el ceño, dándose media vuelta y caminando hacia la boca de la cueva—. Quedaba un poco de luz anoche y la tomé—comentó despreocupadamente, más para sí misma que para el resto.
— ¡Oh! ¡Eso me alivia un poco! —exclamó Flowar tan alegremente que extrañó a Dyfir y Mewtwo.
— ¿Se supone que eso es importante? —preguntó la joven escépticamente.
Eve torció los ojos con hastío, adentrándose en la cueva sin contestar. Dyfir pensó que Eve sería engullida por las sombras y tendrían que apresurarse para no quedar rezagados, mas quedó boquiabierta al ver lo que ocurrió en su lugar.
Fue todo lo contrario. El pelaje níveo emitió un pálido resplandor en cuanto la oscuridad intentó envolverla, difuminando su frágil figura transformándola en una aparición, casi como si la luna hubiera decidido reencarnar en una criatura.
Dyfir y Llamita quedaron boquiabiertos. Mewtwo también estaba asombrado, aunque ocupó su mente en analizar el sentido práctico de semejante peculiaridad en lugar de dejarse llevar por la belleza fantasiosa del pelaje brillante.
— Quizás no lo han notado todavía, pero estoy brillando más que el trasero de un Volbeat —dijo Eve lacónicamente, sacándole unas risitas a sus hermanos—. No me pregunten —añadió rápidamente, leyendo la mente de la entrenadora sin necesidad de utilizar sus poderes psíquicos—. No tengo la respuesta a eso, es algo totalmente inútil que, más bien, me ha dificultado las cosas. Imaginen cazar cuando eres un farol ambulante. Ahora, ¿podemos ir a lo que nos compete?
Aunque la revelación de que Eve fuera una cazadora desconcertó a Dyfir, el tono impaciente en su voz bastó para que se mordiera la lengua y evitase comentar algo al respecto.
Eve se dio nuevamente la vuelta, adentrándose más en la cueva con paso firme, sin mirar atrás. Moonghost la siguió rápidamente y detrás de él fue el resto. Veían lo necesario para no dejarse apabullar por la negrura, tanto Eve como Moonghost se mantenían a la vista todo el tiempo, ayudando a mantener la calma entre los más inquietos.
Vagaron por la cueva un muy largo rato, perdiendo rápidamente la noción del tiempo, concentrándose en el interminable pasillo que parecía llevarlos al mismísimo corazón mismo de la montaña. Aunque ellos se hubiesen olvidado de su existencia, el tiempo no se detenía y comenzaba a soplar un gélido viento que calaba los huesos, por lo que Mewtwo supuso que debía ser alrededor de medianoche.
"¿Cuánto tardaremos en dar con el lugar correcto?", se preguntó con una preocupación que no exteriorizaba para nada.
Dudaba que estuviesen preparados para una larga estadía en esas cuevas, el Typhlosion eventualmente se agotaría y el efecto luminiscente del pelaje de Eve parecía circunstancial; eso suponía ante el peculiar comentario de dormir expuesta a la luz de la luna. Se quedarían sin luz en cualquier momento, al menos por un rato, y eso pondría nerviosos a quienes no pudieran lidiar con la absoluta oscuridad. Lo único positivo hasta ahora era que el camino no se había bifurcado, sólo era un pasillo absurdamente largo, pero sabía que eso cambiaría en cualquier instante.
Por si el panorama no fuera lo suficientemente sombrío, Eve dejó de mostrar seguridad en sus pasos a medida que los minutos pasaban, haciéndose más ansiosos sus movimientos. Se detenía frecuentemente y miraba a todos lados con vehemencia, como si buscara una entrada oculta a otro pasillo, acercándose disimuladamente a las paredes para asegurarse que no hubiera ninguna grieta que la sacara de ese camino tan derecho. Luego de repetir incontables ocasiones, comenzaba a lucir desesperada y a Mewtwo le preocupaba que terminara presa de un arranque de nervios.
— ¡No saben cuánto me alegro de que Llamita esté con nosotros! Es de gran ayuda para que no se congelen mis pétalos —dijo Flowar tiritando, sacando a Mewtwo de sus cavilaciones; intentaba protegerse del frío con sus brazos y enrollando la cola alrededor de su cuerpo—. ¡Y menos mal que Eve es la encargada! Si hubiera tenido que ser guiada por Moonghost a ciegas presentaba la renuncia a esta campaña.
Mewtwo alzó una ceja ante los inesperados y extraños comentarios, aunque la mirada de Flowar le reveló las verdaderas intenciones con estos. La pokémon flor también había notado el estado en el que Eve se encontraba y buscaba distraerla un poco para evitar que se agobiara demasiado, cosa que lograba en vista de los resoplidos llenos de reprobación que lanzaba la aludida. Eran hermanos después de todo, se conocían bien y debían saber cómo lidiar con tales situaciones. Ay, los beneficios que algunos tenían.
— ¡¿Qué quisiste decir con eso?! —Moonghost no tardó en protestar, claramente ofendido por el comentario de su hermana, ayudando aunque ignorara el propósito de todo eso.
— Te equivocas, no te ha insinuado nada, hermano. Flowar prefiere decirte la verdad sin muchos rodeos —respondió Eve con crueldad, aunque la sonrisa burlona que bailaba en su rostro mostraba que le gustaba seguir la corriente.
— ¡No me quieras tanto! —lloriqueó Moonghost profundamente dolido.
— Petición aceptada—dijo, mordiéndose la lengua para no carcajearse ante el chillido de indignación de su hermano.
Las ganas de reír de Eve murieron de pronto. Se detuvo en seco, rodando los ojos por todas partes con cierta desesperación antes de dejarse caer, tomando asiento para disimular mientras recuperaba la compostura.
Moonghost descubrió lo que consternó a su hermana antes que la luz del fuego de Llamita lo revelara al resto. El camino desembocaba en una cámara que, finalmente y para su desgracia, se bifurcaba en varios caminos que tomaban se dirigían a todos los puntos cardinales.
Eve no podía seguir ocultando la preocupación que la embargaba y la desorientación que la ofuscaba. Sentía las ondas de psiquis viniendo de todos los pasillos y no hallaba nada que la ayudase a escoger el camino correcto.
Aunque ella se negara a anunciarlo en voz alta, ya todos estaban al tanto de lo que ocurría, pero el único que tuvo el valor de preguntarle si se encontraba bien fue Mewtwo.
— Es que… —balbuceó ella, tan ahogada en su preocupación que ni le molestó que se le acercara.
— ¿Qué? —insistió Flowar, bastante preocupada por el cambio de actitud de su hermana.
— Espera, permíteme decirlo por ti —intervino rápidamente Dyfir, aclarándose la garganta antes de añadir solemnemente—: Estamos perdidos.
Eve le lanzó una mirada asesina a la entrenadora, amargada entre su inminente fracaso y el hecho de que no le gustaba ser interrumpida por una humana.
— ¡Vaya novedad! —suspiró Moonghost, acostándose sobre el suelo polvoriento y lanzándole una mirada somnolienta a su hermana—. No serás una eminencia de guía, pero jamás te has extraviado —entonces, sus ojos se llenaron de picardía, alzando las cejas juguetonamente y sonriendo—. ¿Por qué te sucede algo como esto justo ahora? ¿Acaso hay "algo" perturbando tu fino sentido de orientación?
— ¡El camino es el problema! —gruñó Eve con frustración, obviando por completo las indirectas sin sentido de su hermano.
— ¿Te podemos ayudar en algo? —Mewtwo le hizo la pregunta con tanta precaución que la hizo sentir algo apenada—. Explícanos qué te tiene tan confundida, quizás podamos dar con algo que te permita continuar con la búsqueda. Angustiarse no sirve de nada en estas circunstancias.
Eve rehuyó su mirada, aunque lograba apreciar el intimidantes par de metros de altura del clon por el rabillo del ojo, sintiéndose incómoda ante su amabilidad. Suspiró con pesar.
— Bueno… al menos tengo una idea de la cosa donde puede estar encerrado nuestro hermano. Supongo que es algo —dijo encogiéndose de hombros y añadiendo rápidamente al presentir las ganas de preguntar de la joven entrenadora—: Es una roca lunar.
— ¡Fantástico! —rezongó Dyfir con fingida alegría, cruzándose de brazos y alzando una ceja despectivamente —. Y eso explica que estamos perdidos porque…
— ¿No es obvio? —la mirada mordaz de Mewtwo fue suficiente para detener la mala actitud que la joven estaba adoptando, lo cual sólo aumentaba la frustración en Eve, tanto que incluso su psiquis podía percibirla sutilmente
Explicó que, probablemente, estaba ocurriendolo mismo que los mantuvo encerrados en el Bosque Viridian durante días. Al Flowar encontrarse encerrada en un árbol, lo más común en ese entorno, las ondas de psiquis se canalizaban a través de ellos y rebotaban en todas direcciones. Así, al menos, lo expuso Eve en su momento y se debía considerar en vista de las circunstancias: Monte Luna era una locación muy conocida por ser un yacimiento natural de piedras lunares, indispensables para la evolución de ciertas especies de pokémon. Sin embargo, la gran diferencia era que las piedras, en contraposición a los árboles en un bosque, existían en menos cantidad y la energía que emitían era mucho más fuerte.
La explicación dejó boquiabiertos a todos; incluso a Eve estaba sorprendida por la meticulosidad del pokémon. Moonghost comenzó a hacer comentarios jocosos respecto al humo que salía de la cabeza de Mewtwo por semejante conclusión, dándole oportunidad a Eve de reordenar sus pensamientos y recuperar la compostura.
— Estás casi en lo cierto —dijo finalmente mientras se levantaba—. Todas las rocas reflejan con la misma fuerza la psiquis de mi hermano. Me producían jaqueca y eso es muy molesto, pero nada que no soportara mientras el camino se mantuvo recto. Por eso… —giró la cabeza hacia los pasillos, observando los oscuros pasillos con cierta aprehensión—. Todos los caminos son idénticos para mí, no existe la más mínima diferencia que me ayude a tomar una decisión. Puede que todos lleven al mismo lugar o que uno nos haga adentrarnos en la montaña para no salir nunca más.
Eve pensó que hallar el final de su vida de esa manera, muriendo de hambre en la oscuridad, sería muy patético.
— De todos modos… ¿Cómo hallaríamos la roca correcta si escogiéramos el camino correcto? —inquirió Dyfir con voz temblorosa, dejando entrever que la idea de perderse para siempre en aquellas cuevas le resultaba pavorosa—. ¡Están por todas partes! Es como encontrar una aguja en un pajar.
— Esa piedra debe tener algo especial, como la joya de Moonghost o el árbol colosal del Flowar, no puede ser cualquiera —señaló Mewtwo, frunciendo ligeramente el ceño. La actitud tan pesimista de la joven comenzaba a colmarle la paciencia.
— ¿Qué clase de particularidad puede tener una roca que, de por sí, es utilizada como objeto evolutivo? —preguntó Flowar con cierto pesar.
Así iniciaron una discusión sobre rocas y sus particularidades. Que si era más brillante, que si el color era distinto, que si era protegida en las entrañas de un monstruo con tres cabezas, y un sinfín de sinsentidos más se añadieron a la lista gracias al entusiasmado Moonghost, que gustaba jugar en demasía con la idea de imaginar qué podría tener de especial una mísera piedrita. Eve ni siquiera sabía cómo reaccionar ante soberana ridiculez cuando se hallaba tan angustiada por el asunto.
— ¿H-hola…?
La repentina intervención de una tímida vocecilla les puso los pelos de punta, especialmente a los pokémon, que no habían detectado la presencia de otros seres en toda su travesía por la cueva. Buscaron nerviosamente con la mirada, encontrando una diminuta criatura, cuyo cuerpo rosa y con forma de estrella se asomaba temerosamente desde detrás de una roca en uno de los pasillos. El sencillo bucle que coronaba su cabeza se estremeció al sentir la mirada de todos sobre ella, intimidándose especialmente ante los penetrantes ojos de Eve.
— ¡Ay! Ese Cleffa casi logra que se me salga el corazón —bufó Dyfir, llevándose la mano al pecho y recostándose contra la pared. Llamita se acercaba para cerciorarse de que se encontrara bien cuando pegó un brinco, señalando al retraído pokémon con el dedo— ¡Un Cleffa! —fue lo único que pudo decir por la emoción que la ahogaba.
La pequeña estuvo a punto de salir corriendo ante la exagerada reacción de la joven humana, sin embargo, tomó valor para dejarse ver por completo. Las costumbres de su especie le indicaban que debía permanecer lo más escondida posible y evadir la mirada de los extraños, pero algo en sus conversaciones carentes de sentido le pareció divertido, inequívoca señal de que no eran peligrosos.
— No pude evitar escucharlos —se excusó con apenas un hilillo de voz—. Nuestro hogar está repleto de rocas místicas que provienen de Casa. Cuando los mayores han cumplido cierta edad, se hace una ceremonia para otorgarles una roca, al sostenerlas se vuelven más grandes. Se encuentran en todas partes y está prohibido tocarlas antes de la ceremonia, pues primero debemos rendirle tributo a la Gran Piedra Mística.
La pequeña Cleffa perdió paulatinamente la timidez, hablando cada vez más rápido por la emoción que le causaba hablar con extraños, algo que nunca había hecho jamás. En los ojos de Eve se vislumbró una pequeña luz de esperanza, el hada lunar hablaba de una roca a la que rendían pleitesía, quizás era lo que estaba buscando.
— ¿Le sucede algo? —preguntó Dyfir confundida. Como era humana, no entendía lo que decía el pequeño pokémon como lo hacían sus compañeros.
— Está hablando de una roca lunar de gran tamaño —le respondió Mewtwo inmediatamente, llamando la atención de todos a excepción de la Cleffa y Eve, que escuchaba con atención todo lo que decía la pequeña—. Había oído algo al respecto, pero la información era tan absurda que lo taché de disparates.
— ¿Qué sabes al respecto? —lo ojos de Flowar brillaron con curiosidad.
— Desde hace varios años, un hombre ha planteado la teoría de que la línea de especie de los Cleffa proviene de la luna, llegando a la tierra gracias a un meteorito de gran tamaño que utilizaron como transporte —el tono de voz y el gesto plasmado en su rostro mientras explicaba, daba a entender que le parecía algo bastante tonto, tanto que decirlo le provocaba repelús—. Resulta que ese supuesto meteorito es una roca lunar gigantesca que se halla oculta en lo más profundo de la montaña, las demás parecen guijarros a su lado.
— ¿Cómo sabes tantas cosas? —preguntó Moonghost muy impresionado.
— Tenía mucho tiempo libre —dijo con indiferencia y encogiéndose de hombros.
En ese momento, Eve interrumpió su conversación con el ceño algo fruncido, diciéndoles que había convencido a la pequeña hada de que los llevase hasta la Gran Roca Mística. La adorable Cleffa, curiosamente entusiasmada, les señalaba que la siguieran por uno de los caminos de la izquierda.
El hada con forma de estrella los condujo por los pasillos dando pequeños saltos, sin necesitar de la luz al conocer hasta el último recoveco de su hogar, aunque estaba fascinada en secreto por el luminiscente pelaje de Eve.
Moonghost comentó en voz muy baja, luego de sortear una encrucijada que vino después de tres bifurcaciones, que le parecía muy sospechosa la confianza de la Cleffa; agregando, además, sus sospechas de que se trataba de un monstruo disfrazado que los llevaba a su nido para devorarlos y escupir sus huesos.
— Es su casa. Es normal que sepa cuál camino tomar, nosotros vivíamos en un sitio bastante intrincado también. No deberías ser tan suspicaz cuando nuestras únicas opciones son ésta o morir —Flowar siempre le contestaba con calma a pesar de los disparates que soltaba.
— Igual, ¿no les parece extraño que accediera tan fácil a llevarnos hasta esa piedra lunar? —murmuró Dyfir, procurando que sólo la escucharan sus compañeros.
— Simple inocencia infantil, seguramente nunca le han dicho que no debe hablar con extraños —contestó Moonghost encogiéndose de hombros despreocupadamente.
— ¿No que era un monstruo carnívoro que usaba como cebo su tierna apariencia para conducirnos a su nido, comernos y escupir nuestros huesos? —espetó Eve, mirando a su hermano por encima de su hombro con cierto desdén.
—Oye, esa es sólo una teoría. La otra que estoy planteando explica que desconoce que puede meterse en problemas debido a su corta edad —se apresuró a replicar altaneramente, ganándose unas miradas reprobatorias de todo el grupo que resultarían graciosas a quien las notase— ¿Qué? Mewtwo no es el único con derecho a saberlo todo.
Eve suspiró con exasperación, dejando pasar por alto las extravagancias de su hermano y concentrándose en no perder de vista a la Cleffa; aunque avanzaba pegando saltitos, en varias ocasiones era engullida por la oscuridad y tenía que apresurar el paso para poder darle alcance.
Pareció que habían caminado una eternidad cuando avistaron algo de luz al fondo del pasillo, traspasando un arco de roca que les daba entrada a una enorme fosa, abierta al infinito firmamento tachonado de estrellas. Mientras todos se alegraban de haber sobrevivido a la oscuridad de las entrañas de la montaña, Eve fijaba su atención en un altar erigido en el centro del lugar, donde reposaba una descomunal roca grisácea que emitía una luz apenas perceptible. Barrió la mirada por el lugar, atestiguando el momento en que su guía se reunía con otras pequeñas estrellas, fijándose en el resto de hadas lunares —que variaban en forma y tamaño— clavándoles sus pequeños ojos negros entre intrigados y desconfiados.
— ¡Asombroso! ¡Es mucho más grande lo que pude imaginar! —exclamó Moonghost asombrado cuando reparó en la roca, cortando súbitamente la tensión que se cernía en el lugar.
— ¡Moonghost! —siseó Eve entre dientes, jalando de la oreja a su hermano para castigar su insensatez— ¡Por Gea! ¿Acaso no te das cuenta de que somos extraños en un territorio que no nos pertenece? No somos invitados.
— Tampoco te enojes, podrían tomar tu comportamiento como una grosería —dijo Flowar, salvando a su hermano de que le jalaran las mejillas y riendo por lo bajo ante el bufido de indignación de Eve; era insólito que la reprendieran por culpa de Moonghost—. Relájate y concéntrate en hacer tu tarea. Yo me haré cargo si se vuelven agresivos en nuestra contra.
— ¿No que no te gusta pelear? —preguntó Dyfir suspicazmente.
— No es necesaria la violencia para resolver los conflictos y tengo métodos pacíficos que no lastiman a nadie —contestó Flowar con autosuficiencia y el pecho inflado de orgullo, señalando discretamente la flor al final de su oreja —. ¡No se diga más! ¡Adelante, hermanita!
El gesto de Eve fue un poema al ver las porras que le hacía Flowar con pompones imaginarios, limitándose a asentir y caminar con prisa para huir del bochorno. Luego de calmarse, dio pasos más prudentes hacia la inmensa roca, deteniéndose ante las hadas cuando formaron una barrera para detener su avance.
El hada más grande, la cual parecía ser su líder, dio un paso adelante. Era un poco más alta y mucho más robusta que Eve, su presencia intimidaría a cualquiera si tan sólo su cuerpo no fuera rosa y tan rechoncho que provocaba apapacharlo, con un muy cuidado bucle cayendo sobre su frente y alas puntiagudas. La Clefable la inspeccionó severamente con la mirada, escudriñando en sus ojos claros con aquellas pequeñas perlas negras que adornaban su rostro.
El hada corpulenta, después de fruncir ligeramente el ceño, ahogó un bufido y se hizo a un lado para permitirle pasar. Eve agradeció con un sutil movimiento de su cabeza, pasando entre las hadas sin que la Clefable le quitara la vista de encima, acercándose a la gran roca lunar para verificar si era lo que tanto buscaba.
— ¿Saben algo? Me parece gracioso que le digan hermanita a Eve —comentó Dyfir, sonriendo al ver la diferencia de tamaño entre el Clefable y la aludida.
— ¿Por qué? ¿Está mal? —preguntó Flowar con extrañeza.
— ¡Para nada! Sólo que si yo tuviera un hermano mayor no me dirigiría a él de esa manera —ambos hermanos se llevaron las manos a la boca para ahogar una risotada. Dyfir sintió que sus mejillas ardían cuando añadió—. ¿Qué tiene de gracioso lo que dije?
— ¿Eve? ¿La mayor? ¡Eso es un buen chiste! —respondió Moonghost sin poder evitar que se le escapara una risita—. Al contrario, Eve es la menor de todos. Y, por si te interesa saberlo, Flowar es mayor que yo.
Mientras Dyfir trataba de comprender que el orden en el que despertaban no determinaba el rango en la familia de los hermanos, Eve se devanaba los sesos para descifrar qué haría para liberar a su hermano, luego de sentir un inmenso alivio al determinar que aquella roca era el epicentro de las ondas de psiquis. Sólo cuando resolvió quién se encontraba recluido en la roca, pudo tener una pista que la acercara más a la solución, experimentando escalofríos desagradables al entender que las hadas lunares que la miraban fijamente eran una parte crucial para disolver los sellos.
Sus mejillas ardieron apenas supo lo que debía hacer, maldiciendo los requisitos que le exigían para liberar a sus hermanos, uno más humillante que el anterior. Ese tipo de cosas le hacían cuestionar la seriedad del asunto y a considerar el lanzar todas sus responsabilidades a un hueco para olvidarse del asunto por completo. Suspiró con pesar; sabía muy bien que no podría hacerlo ni aunque tuviese la oportunidad.
Resignada, se giró hacia la Clefable y se acercó, saludándola con un sutil gesto de la cabeza. El flujo de los movimientos y gestos llamó mucho la atención de Mewtwo, quien no había dejado de observar a Eve ni por un segundo, atento a prestar apoyo ante cualquier contrariedad. Las mejillas ligeramente sonrosadas de Eve, junto con sus nerviosos ademanes e intranquilas orejas, lo empujaron a acercarse cuando la Clefable se apartó para hablar con el resto de las hadas.
— ¿Todo en orden? ¿Ya sabes lo que tienes que hacer?
Eve huyó de su mirada, intentando ocultar lo rojo de sus mejillas y el claro descontento en su mirada por lo que pronto haría ante la vista de todos. Un montón de Clefairy aparecieron a su lado, agarrándola por los brazos y arrastrándola hacia donde estaba el resto entre risillas, sin darle tiempo a responder y siendo recibida con inusual emoción por las hadas.
Ante la mirada extrañada de Mewtwo, todas las hadas comenzaron a hablarle a Eve al mismo tiempo, cundidas de emoción mientras le explicaban quién sabe qué. El clon no sabía si debía hacer o decir algo, Eve lucía muy contrariada intentando entender todo lo que le decían, girando la cabeza de lado a lado como si fuera espectadora en un partido de tenis.
Repentinamente, las hadas se apresuraron a formar un círculo alrededor del altar, empujando a Eve y colocándola entre ellas. Sólo cuando la Clefable se acercó para darle unas últimas indicaciones a la pokémon, moviendo con efusividad sus brazos, Mewtwo supo el motivo de aquellas mejillas coloradas.
— ¡Empecemos!
Las hadas rieron emocionadas, agitando los brazos de un lado al otro, moviendo sus cortas piernas al compás de una canción que entonaban alegremente, iniciando una cuidada coreografía alrededor de la gran roca. Saltaban y giraban grácilmente en el aire, quedando suspendidas por un segundo para hacer gala de su lindura, abusando de la gravedad como si no existiera.
A pesar del magnífico espectáculo de los Clefairy, el cual haría mirar fácilmente a la persona más apática del mundo, lo que en verdad se robaba toda la atención era Eve. El estupor en los viajeros fue soberbio cuando ella comenzó a bailar junto a las hadas, ejecutando movimientos tan torpes que rompía la perfecta sincronía del grupo, hundiéndose más en la vergüenza cada vez que se equivocaba y otras bailarinas chocaban contra ella.
— ¿En serio Eve está haciendo esto o estoy teniendo un sueño bastante descabellado? —preguntó Dyfir con un hilito de voz, tan sorprendida que era incapaz de reírse.
— ¡Es una Danza Lunar! —exclamó Moonghost con emoción—. Pero sólo se organizan durante noches con Luna Llena, cuando está en su punto más alto en el cielo —agregó pensativamente, notando la mirada de extrañeza que el resto le dirigía—. ¿Por qué me miran así? La luna es mi símbolo —señaló la amatista tallada con forma de media luna en su frente y dibujó una sonrisa burlona—, conozco un montón de rituales que la involucran. Pero no les hablaré de ninguno ni aunque me ofrezcan una dotación de chocolate de por vida.
— ¡Gran diferencia! Como si no tuviéramos que sacarte la información a cucharitas —dijo Dyfir lacónicamente.
Una luz enceguecedora erradicó por completo el nacimiento de aquella discusión, lastimándoles los ojos y estremeciéndolos por el poder que poseía. La roca brillaba como si fuera la misma luna, dejando a la vista aquellos símbolos tan particulares que pudieron apreciar en el Bosque Viridian, sus trazos eran tan elaborados y delicados que sólo podían ser obra de un dios.
El símbolo que daba forma a la espinela en la frente de Eve apareció rodeado de una estrella con doce puntas, de cuyo centro comenzó a surgir lentamente una enorme mota de luz, cayendo con delicadeza a los pies de ella ante la asombrada mirada de todos en el lugar. El baile no se detuvo hasta ese momento, las hadas corrieron con prisa para saciar su curiosidad, querían saber qué contenía su Gran Piedra Sagrada.
La luz fue menguando lentamente hasta extinguirse, revelando una criatura hecha un ovillo en el suelo, cuyo pelaje gris despedía diminutos destellos plateados al reflejar la poca luz que existía en la fosa. Lejos de contentarse por haber resuelto el acertijo, Eve gruñó con profunda frustración, profiriendo maldiciones tan soeces que las hadas más grandes corrieron escandalizadas a tapar los oídos de las más pequeñas.
— ¿Y ahora qué sucede? — dijo Flowar, corriendo para verificar qué sucedía con su hermana, preocupada de que algo saliera mal. Moonghost fue detrás de ella, luego de procesar que Eve profiriera semejante vocabulario. Cuando la hermana flor llegó a su lado, sus ojos se iluminaron con ilusión al identificar al hermano que estaba ante ellos, luciendo una esplendorosa sonrisa—. ¡Es Rocknight! ¡Oh, qué gran felicidad! ¡Qué gusto verte de nuevo! ¿No sienten lo mismo? ¿Cómo has estado? Oye, ¿me estás escuchan…?¡No es posible!
Ante el bufido de amargura que soltaron los tres hermanos al unísono, Dyfir y Mewtwo intercambiaron rápidamente miradas y se les acercaron con prisa, pensando que algo iba mal. Al llegar, pudieron apreciar mejor al nuevo hermano.
Rocknight no se movió ni un ápice a pesar de la airada conversación que mantenían sus hermanos en una lengua extraña. Su pelaje gris desprendía destellos que recordaba a plata lustrada, con sólo algunas partes más oscuras en las orejas y pies. La gema en la frente consistía de tres piezas circulares que formaban un triángulo invertido, aparentemente hechos de plata, que brillaban como si contuvieran en su interior millones de estrellas. Pero lo más llamativo en su anatomía era su cola, compuesta de cientos de rocas pequeñas, predispuestas de tal forma que le permitían moverla con total normalidad; era como un exoesqueleto rocoso.
Curiosamente, a pesar del escándalo que habían hecho sus hermanos, Rocknight parecía estar profundamente dormido, abrazando su cola como si esa fuera su ancla para permanecer en un maravilloso mundo onírico. Parecía que nada de lo que sucediera a su alrededor fuese capaz de perturbar su sueño.
— ¡Por Gea! ¿Cómo puede seguir durmiendo luego de una siesta de mil años? —dijo Moonghost volviendo a hablar con normalidad, sorprendiendo un poco a los demás por la indignación en su tono de voz—. ¿No se supone que al eliminar los sellos debería quedar con los ojos más abierto que un Hoothoot?
— Bueno, le gusta dormir, cosas que pasan —dijo Dyfir entre risitas, ganándose una mirada ceñuda tan aterradora por parte de los tres hermanos, que deseó no haber abierto la boca—. ¿D-dije algo malo?
— No tienes idea del enorme inconveniente que esto supone —dijo Flowar con voz grave.
Dyfir preguntó el motivo y se limitaron a responder lo obvio: que Rocknight estaba dormido. Cuando la joven insistió, pues no comprendía por qué eso era un problema tan grande, propuso que lo despertaran para poner fin al asunto.
— Ojalá fuera tan sencillo como decirlo— suspiró Moonghost apesadumbrado.
Rocknight era bastante fuerte y ágil para ser un tipo roca, su serenidad y paciencia eran dignas de admiración entre sus hermanos, casi nada podía perturbarlo. Sin embargo, su mayor defecto era ser perezoso, podría dormir durante años si se lo permitieran, aquello era un inconveniente por una particularidad a la que nadie encontraba explicación.
— ¡¿Cómo que pesa más que un Snorlax?! —Dyfir estaba escandalizada, era imposible que un pokémon pesara tanto cuando era igual en contextura que Moonghost—. Si se trata de una broma, no es graciosa. ¿Cómo piensan sacarlo de aquí si no pueden despertarlo? ¡Y peor! ¿Qué sucedería si decide seguir durmiendo por años?
Los hermanos se limitaron a contestar, con muy mala cara, que harían lo mismo de siempre; no era la primera vez que aquello les sucedía. Dejando a Dyfir y Mewtwo con la duda, rodearon a su hermano, hablando de que tomarían turnos.
Al día siguiente, cuando el sol indicaba que era mediodía, Dyfir miraba distraídamente por la ventana del comedor de un Centro Pokémon que se encontraba a la salida del Monte Luna, tomando una limonada fría para refrescarse.
Cerca a su mesa, oculto discretamente en una esquina, yacía Rocknight profundamente dormido todavía. Su discretos ronquidos y respiración acompasada distraían a la joven, en vista de que Mewtwo se negaba a entrar en el recinto hospitalario y no tenía nadie con quien hablar, así que sólo podía entretenerse contando cuántas veces roncaba el hermano.
Cuando pensó que moriría de aburrimiento, la enfermera Joy encargada cruzó la puerta acompañada de un Chansey, portando una bandeja con tres pokebolas que ofreció alegremente a la entrenadora.
— Estos pokémon han sido atendidos satisfactoriamente y están listos para continuar con el viaje. Debo felicitarte por el cuidado tan esmerado que les ha dado, están sanos y en perfectas condiciones físicas, ¡es maravilloso! — dijo Joy con su Chansey aplaudiendo para secundarla. Dyfir se sonrojó ligeramente, preguntando apenada respecto al estado del resto de "sus pokémon"; casi siente que se le viene el mundo encima cuando el gesto de la enfermera se ensombreció lleno de cólera—. Les coloqué unas vías para pasarles un tratamiento que aminorara su dolor. Sin embargo, tuve problemas con el blanco y me mordió cuando intenté ponérsela—le mostró su antebrazo vendado—. Descuida, no me hizo tanto daño, igual es sorprendente que pudiera moverse tan rápido cuando tiene todos los músculos engarrotados.
— ¡Lo siento mucho! Es que… no le gustan las agujas —mintió Dyfir, levantándose para hacer una reverencia a la enfermera, estaba muerta de vergüenza.
— Habría sido más cuidadosa si me lo hubieras dicho antes —la enfermera se echó a reír. La entrenadora sólo podía pensar que era demasiado buena por tomarse las cosas con tanta calma—. Como no quiso aceptar el tratamiento, le pediré a un par de Chansey que le apliquen gel relajante y le ayuden a hacer estiramientos para aliviar su dolor. Tomará más tiempo para que se recupere, pero es lo único que puedo hacer en vista de las circunstancias.
Dyfir le agradeció nuevamente de manera muy efusiva, todavía sonrojada por la mordida oculta bajo el vendaje, jurando que reprendería a Eve por un comportamiento tal salvaje. La enfermera Joy se limitó a sonreírle para tranquilizarla, pensando en lo extraños que eran sus pacientes, estaba más contenta de lo que aparentaba por atender pokémon tan raros.
¡Hola! Siento mucho la tardanza con las actualizaciones, pero la vida en general me mantiene muy ocupada, tengo que trabajar o ya saben lo que sucede.
Sin embargo, como he terminado definitivamente la publicación de la historia en el foro que lo vio nacer (y que por cierto, cerraron hace muy poco), puedo enfocarme por completo al resto de las páginas donde tengo la historia, así que esperen actualizaciones relativamente más seguidas.
No olviden pasarse por mi galería de deviantART para disfrutar de dibujos relacionados a la historia. Mismo nombre, misma roca ;)
¡Hasta pronto!
