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– Capitulo XX –
Unión
(組合)
-Individualmente, somos una gota de agua. Juntos, somos un océano. –Ryunosuke Satoro.
El auto se detuvo una vez estuvo fuera de la residencia, tanto él como su mascota bajaron a toda prisa, cerrando la puerta del mismo con fuerza antes de subir con rapidez los escalones que daban a la puerta principal. Toco el timbre con premura, nervioso porque alguien le abriera y con ello, pudiese entrar a la vieja vivienda. Cuando esta se abrió dejo ver el rostro inexpresivo de Akiho, quien observo al recién llegado de pies a cabeza.
– Buenas noches príncipe Victor – hablo con suavidad - mi jefe lo esperaba – haciéndose a un lado para que el nombrado entrara.
Victor asintió y entro rápidamente al lugar mientras la joven mujer cerraba la puerta.
– Él se encuentra en el segundo piso, mano derecha – dijo Akiho – en la única habitación iluminada – Volteo a ver a Makkachin – me temo que su mascota deberá quedarse aquí.
- Pero…
- No se preocupe, yo cuidare de él.
Victor asintió aun con dudas respecto a ello, acaricio la cabeza de su mascota, susurrándole que se portara bien, se despidió de la joven y subió las escaleras tan rápido como le era posible.
Avanzo por el largo pasillo por el que Akiho le había indicado y, tras un breve recorrido, dio con la habitación que buscaba, se acercó a ella y toco la puerta. Tras unos minutos esta se abrió y, Yakov salió de la misma, impidiendo que su ex alumno pudiese ver lo que había en su interior.
– Dijiste que quería hablar de Yuuri.
– Sabía que vendrías tan rápido mencionara a ese chico pero, no esperaba que lo hicieras tan pronto – pasando por su lado y comenzando a alejarse.
– Bueno… – Siguiendo al mayor unos pasos atrás.
– No tienes que darme explicaciones – aclaro – tu sabes por qué haces las cosas.
Victor no contesto a lo dicho.
– Lo que me sorprende, es saber que pudiste librarte de la cena con tu padre – dijo sin regresar a verlo – ¿qué excusa le diste?
Victor hizo una mueca y contesto.
– Pues…
Tras el breve aturdimiento que sintió al escuchar el nombre del azabache, Victor se aclaró la garganta y hablo.
– Estaré ahí, tan pronto me sea posible, adiós – y colgó la llamada.
– ¿Que te dijo? – pregunto Noel.
– Necesita verme.
– Eso ya me quedo claro, lo que quiero saber es el motivo.
–… – metió su celular dentro de su ropa y se alejó de su mejor amigo para tomar uno de sus abrigos.
– ¿Qué haces?
Victor no contesto de inmediato, se colocó el abrigo y comenzó a caminar.
– ¿Victor? – Su mejor amigo lo regreso a ver aun sin entender su comportamiento.
– Voy a salir.
– ¿Disculpa?
– Tengo que ver a Yakov, discúlpame con mi padre.
– ¿Te volviste loco? – Comenzando a seguirlo – Tu padre está en el gran comedor junto a tu futuro suegro y tu prometida.
Victor lo ignoro y entro a una habitación contigua, tan pronto entro, su mascota salto de su cama para ir a su encuentro.
– Makkachin voy a salir, ¿te gustaría acompañarme? – su amigo ladro como si eso fuera suficiente para decirle que si – Muy bien.
– Victor, no me ignores.
– No te ignoro, simplemente no te hago caso que es distinto – contesto y volvió a salir de la habitación junto a su fiel compañero.
Noel ante lo visto solo siguió a su protegido, insistiéndole durante todo el camino desde su habitación hacia la salida del palacio que lo que estaba a punto de hacer le traería problemas con su padre.
– Victor – tomándolo del brazo antes de que abriera la puerta de su auto – No hagas esto.
– Lo siento – dijo y halo de su brazo para soltarse del agarre del otro – tengo que hacerlo – aseguro, abriendo la puerta del auto, acto que hizo que Makkachin entrara al mismo segundos después.
– ¿Que se supone que le diga a al rey?
– Inventa algo – dijo con algo de frustración en su voz.
– Victor.
– Noel, Por favor – susurro.
Apretó con fuerzas sus manos, odiaba el hecho de ceder ante cualquier petición que su mejor amigo le hacía, en esos momentos las palabras del príncipe más joven resonaron con fuerza en su mente. Respiro profundamente y contesto.
– Haz lo que quieras – Victor lo contemplo con una ceja enarcada – si preguntan por ti, diré que al última vez que te vi, ibas con dirección al comedor – y le dio la espalda, comenzando a caminar hacia el interior del palacio.
– ¡Noel! – lo llamo por su nombre pero su mejor amigo no regreso a verlo en ningún momento.
– Digamos que trabajo en ello – aseguro metiendo sus manos dentro de su abrigo.
– Puedo notarlo – dijo abriendo la puerta de su despacho para entrar en él, siendo seguido por Victor – ¿Deseas algo de tomar?
– Un te estaría bien – sacándose su abrigo para dejarlo encima del sofá, sentándose segundos después en el mismo.
Yakov asintió y apretó el botón de su intercomunicador.
– Akiho – hablo – Te y galletas, por favor.
– "En seguida"
Y corto la comunicación.
– Dijiste que querías hablar de Yuuri – volvió a repetir la frase.
– Directo al grano – dijo Yakov, sentándose en el sofá de enfrente.
– Sabes los motivos – indico.
– Lo sé – acomodándose sobre el sofá – Te hice venir porque, esta tarde encontré algo… Interesante.
– ¿Algo?
– Quizás es coincidencia o el destino lo trajo aquí para hacerme pagar mis pecados – susurro.
– ¿De qué hablas Yakov?
– Katsuki Yuuri apareció con fiebre e inconsciente en la zona del lago que esta al sur de mi residencia.
– ¿Qué? – Victor se levantó de golpe.
– Victor – levantando una mano, como indicándole que no se sobresaltara – vuelve a sentarte – este obedeció – Como decía, lo encontré inconsciente, tenía fiebre y temblaba por el frio gracias a que estuvo dentro del lago durante quien sabe cuánto tiempo – aseguro.
– ¿Pero está bien?
– Si, por suerte lo encontré a tiempo y mi médico de cabecera lo atendió, le administro los fármacos indicados por lo que la fiebre cedió un poco pero aún se está recuperando – observando el rostro de su ex alumno conforme hablaba – ahora duerme en una de las habitaciones.
– Es la habitación de donde…
– Sí.
Victor se hundió en el sofá, sintiendo un extraño alivio al escuchar que Yuuri estaba bien.
– Entonces… ¿Era por eso que me hiciste venir?
Yakov suspiro y contesto.
– En parte.
Victor al escucharle supo que había algo más.
Dos golpes en la puerta hicieron que voltearan sus cabezas, para encontrarse con Akiho, quien entraba al lugar con una bandeja sobre sus manos. Se acercó rápidamente, dejando sobre la pequeña mesita dos tazas de té y dos platos con galletas, le sonrió a su jefe, asintió y salió del lugar.
– Y… – tomando su taza de té – ¿Cuál es el otro tema del que quieres hablar conmigo?
Yakov lo imito y antes de contestar, tomo un sorbo de su taza de té.
No sabía dónde estaba.
Estaba rodeado de árboles, flores, rocas y el sonido de agua corriendo se podía escuchar a lo lejos. No había luz que alumbrara el camino que recorría, la única iluminación tenue que tenía, era la que pequeñas luciérnagas emitían al volar por el lugar. No habida otro sonido aparte de sus pasos y el agua que corría a los lejos por lo que, por instinto debería sentir el miedo recorrerle pero, por alguna extraña razón se encontraba tranquilo, como si inconscientemente supiera donde estaba, como si aquel lugar no fuera peligroso y lo invitara a seguir sin problema alguna.
El paraje continuo siendo el mismo, no cambio sin importar cuanto caminara, lo único que se hacía más fuerte era el sonido del agua correr, como si se estuviera acercando a su origen.
Detuvo su andar cuando diviso una extraña cueva, con símbolos tallados en las rocas que formaban la entrada. Conocía los símbolos pero, por alguna razón no lograba recordar de dónde pero, sabía de antemano que no indicaban algo peligroso para sí mismo. Sin vacilar prosiguió su andar hasta que se encontró en el interior de aquella misteriosa cueva.
Camino sin detenerse aun cuando no había luz que alumbrara el mismo hasta que, por fin, llego a la salida y descubrió que no era de un arroyo de donde provenía el sonido de agua, era el sonido de la lluvia que caía con fuerza.
El cielo se encontraba completamente nublado, las enormes gotas de agua caían sin cesar, una ligera neblina se extendía por el lugar, podía divisar a medias enormes árboles y estructuras de piedra alzarse en la región.
Suspiro con fuerza, sintiendo como su aliento condensaba, volviéndose parte de la neblina del lugar. Se abrazó a sí mismo y emprendió su camino.
Avanzo por unos minutos sin preocuparse por su entorno hasta que, el sonido de un trueno capto su atención, entrecerró los ojos y observo a lo lejos como enormes rayos caían con fuerza en un punto fijo. Movido por su curiosidad avanzo hasta que sus ojos se posaron sobre la figura de una joven vestida de blanco mientras sostenía con su mano derecha un tridente.
– Esa mujer – susurro pero no continúo avanzando.
Los rayos siguieron cayendo hasta que la unión de los mismos emitió una poderosa luz que le hizo voltearse para proteger sus ojos de la luminosidad. Cuando dirigió su vista nuevamente, sus ojos captaron una enorme figura que jamás había visto o, al menos eso creía.
La enorme figura media más de veinte metros, vestía una enorme túnica color negro, con una de sus manos sostenía un enorme bastón, su rostro era el de una persona mayor con una extensa barba color blanca que llegaba hasta sus pies –los cuales eran cubiertos por la túnica–, su rostro poseía pequeños lunares oscuros y sus ojos poseían una extraña compasión que le hizo sentirse extraño.
– El necesita de tus poderes – le escucho decir a la joven mujer – aun es joven e inexperto pero, estoy segura que el podrá con lo que el destino a predestinado para nosotros… Para destruir el germen.
La enorme figura asintió con una sonrisa.
– No debes preocuparte – contesto el anciano – si su corazón es justo, siempre contara con mi apoyo.
La joven mujer hizo una reverencia al escucharle hablar.
El anciano no borro su sonrisa y alzo su rostro, dirigiendo su vista hacia al frente.
Trago con fuerza, por alguna razón sentía como si el enorme anciano pudiese verlo a un desde esa distancia, aun estando oculto por las ligera vegetación que se alzaba en el lugar.
El anciano elevo su mano y una bola de energía comenzó a formarse.
– Aun no es el momento… Entronado.
Sus ojos se abrieron por la sorpresa al escuchar decir lo último, el anciano lanzo la bola de energía y el lugar se ilumino por completo.
Se removió sobre la cama, su frente estaba empapada de sudor, apretó con fuerza la tela que lo cubría y abrió ligeramente sus ojos. Su vista se encontraba borrosa, la fiebre aún no había cedido por lo que sentía que la cabeza le daba vueltas, no reconocía el lugar, solo podía percibir un extraño olor a medicamentos que le estaba revolviendo el estómago.
– No te muevas, aun tienes fiebre – la voz de una joven mujer llego a sus oídos y volteo esperando poder verla pero solo pudo notar una figura empañada.
– ¿Quién?
La figura sonrió y coloco un paño frio sobre su frente.
– No es importante, por ahora descansa, después podrás encontrar respuestas a tus preguntas – dijo con una suave voz.
Yuuri no contesto, parpadeo un par de veces antes de sentir como sus ojos se cerraban y la oscuridad lo llevaba hacia sus brazos.
El rostro del rey mostraba cierta molestia, tamborileaba ligeramente los dedos sobre la superficie de la mesa mientras los sirvientes comenzaban a servir los platillos de la cena. Se acomodó sobre su asiento – al frente de todos– y hablo.
– ¿Dónde está mi hijo? – pregunto con una voz grave que denotaba su molestia.
Noel no contesto.
– Volveré a preguntar… ¿Dónde está? – el rey giro su cabeza para encarar al joven guardaespaldas.
Noel se mordió el labio inferior y contesto, muy a su pesar.
– La última vez que lo vi, se dirigía hacia este lugar – trago con fuerza.
– ¿Y no se te ocurrió acompañarlo y cerciorarte que llegara?
Noel agacho la cabeza.
– ¿No sabes cuál es tu trabajo?
Apretó con fuerza sus manos.
– Cariño – la reina Anora poso una de sus manos sobre la de su esposo – calma.
El rey respiro con fuerza.
– Noel – lo llamo – ¿Sabes o no dónde está mi hijo?
Noel abrió su boca pero ninguna palabra salió de ella.
– Sabes que si no contestas lo que tu rey te demanda, ¿puedes ser encarcelado en caso de que estés encubriéndolo?
Noel levanto su cabeza y sus ojos enfocaron el rostro del príncipe más joven, quien solo negó ligeramente con su cabeza.
"Si sigues encubriendo al viejo te meterás en problemas"
Nuevamente las palabras del príncipe Yuri resonaron con fuerza en su cabeza.
– Yo…
– Noel no tiene la culpa Majestad.
La voz de Irina capto la atención de todos, lo cual hizo que se sonrojara ligeramente.
– ¿Hay algo que quieras decir, querida Irina?
La joven pelirroja asintió.
– Cuando el joven Noel se separó del príncipe yo me encontré con él unos minutos después – dijo bajando la vista – note que estaba algo sudoroso y su rostro algo ruborizado por lo que le pregunte si se sentía bien, al inicio dijo que si pero conforme nos acercábamos al gran comedor me di cuenta que su estado de salud no era el mejor.
Los ojos de Noel se agrandaron conforme iba escuchando las palabras de la joven pelirroja, sobre todo porque él sabía muy bien que aquello no era más que una mentira.
– ¿Y qué sucedió después? – pregunto el rey.
– Le comente que no debía exigirse, que si no se sentía bien, regresara a sus aposentos a descansar – trago ligeramente – yo lo excusaría con usted en caso de ser necesario.
– Si Victor se siente mal, deberíamos pedirle al médico real que vaya con él y lo atienda – dijo la reina, volteando a ver a su marido – ¿no crees?
– Tienes razón – el real hizo ademan para llamar a uno de sus sirvientes.
Irina se apresuró a contestar.
– El príncipe me pidió que les comentara que tomaría un baño y dormiría por lo que, no creo que sea prudente molestarlo si ya se encuentra descansando.
– Comprendo – contesto el rey – aun así, eso no lo excusa de no haber avisado, sabia la importancia de esta cena – dijo con algo de molestia.
– Lo se majestad pero, creo que lo más correcto es darle prioridad a la salud, si el príncipe se enferma se ausentara de sus deberes y un soberano debe pensar en su gente, si su salud se deteriora el reino es quien sufrirá más su ausencia – aseguro Irina – es una decepción no tener su presencia ni admirar los fuegos artificiales que se pretenden lanzar esta noche pero… Una esposa debe velar por la salud de su marido.
El rey sonrió ligeramente al escuchar la respuesta de su futura nuera.
– Como siempre, demuestras tu calidad humana y tus sabios consejos mi querida Irina – tomando la mano de su esposa quien regreso a verlo con una sonrisa – debes estar orgulloso de la hija que tienes, querido amigo.
– Por supuesto, mi hija es un gran orgullo para mí – contesto el padre de Irina.
Irina se sonrojo nuevamente.
– En vista de que mi hijo esta indispuesto, comencemos con la cena – soltando la mano de su esposa y haciendo un ademan para que los sirvientes terminaran de servir – Noel – el joven guardaespaldas lo regreso a ver – En futuras ocasiones, debes estar más atento, ¿entendiste? – el rey lo observo de reojo.
– Lo hare majestad.
– Muy bien, puedes retirarte.
Noel asintió, hizo una reverencia y comenzó a caminar hacia la salida, de forma fugaz regreso a ver a Irina, quien le sonrió ligeramente antes de salir por completo de lugar, agradeciéndole internamente por su ayuda al encubrir a Victor.
Dejo su taza de té a medio terminar sobre la pequeña mesita, siendo seguido por la mirada de su ex alumno en todo momento.
– ¿Y bien?
– Durante nuestra última conversación, hablaste de Ravus.
Victor se tensó al escucharlo, recordando lo mal que se había sentido al hacerlo.
– Sí.
– Dijiste que de cierta forma, tu padre tuvo la culpa y aun así lo cubría.
– Bueno… Tanto como decir que él tuvo la culpa pues…
– En cierta forma tienes razón aunque, mis propias acciones ocasionaron lo que le sucedió a mi hijo.
– Yakov.
– Durante años guarde silencio por la lealtad que alguna vez le tuve a tu padre pero, creo que seguir callando solo hace que la culpa crezca.
– Eso quiere decir…
– Te diré todo, por la memoria de mi hijo es que lo hago pero, sin importar que suceda, no debes revelar de donde obtuviste la información, ¿quedo claro?
Victor asintió mientras le sostenía la mirada.
– Bien.
Yakov se levantó de su asiento y camino hacia la ventana de su despacho, mientras su mirada se perdía en el horizonte, comenzó a hablar.
– Como sabes, durante años me desempeñe como el canciller de Nueva Crisis, era la mano derecha de tu padre, quien atendía los asuntos del estado cuando tu padre se encontraba ocupado como para poder realizarlos.
– Lo sé.
– Dicho puesto me lo entrego por años de leal servicio además por ser en quien más confiaba, después de todo, lo conocía desde que tu abuelo lo reconoció como su hijo.
Victor asintió.
Conocía perfectamente esa historia, su abuelo el rey William Nikiforov tuvo un heredero al trono mucho antes de que su padre fuera el sucesor real, el cual murió durante un ataque cadente cuando regresaba de Cartelia. Durante esos años no se sabía qué pasaría con el reino, su abuelo ya era un hombre mayor, su esposa había muerto años antes y no había otro heredero que tomara su lugar cuando hiciera falta.
Fue durante su desesperación que recordó que tenía otro hijo, uno que había concebido con una prostituta en Aries, durante una fugaz noche de borrachera, pero al cual nunca reconoció por el escándalo que aquello provocaría si salía a la luz pero, al no tener otra alternativa, y viéndose entre la espada y la pared, dejo de lado la opinión publica y mando a buscarlo.
Ese hijo era su padre Demian Nikiforov, quien por aquellos años tenía solo veinte años de edad y que, por un giro del destino, paso de ser un plebeyo sin padre ni título de nobleza, a ser el heredero al trono de Nueva Crisis.
Fue en esa época que conoció a Yakov, con quien entablo una gran amistad al compartir los mismos pensamientos políticos e ideológicos, por ello cuando su padre asumió el trono años después, no fue sorpresa para nadie que Yakov se convirtiera en el Canciller.
Al inicio muchos tuvieron dudas respecto a que el asumiera el puesto pero, gracias a sus grandes conocimientos en ramas como política y economía se ganó rápidamente el apoyo de los súbditos así como de los demás nobles.
– Durante años le serví, fui su padrino de bodas, estuve durante tu presentación como el heredero del reino, era muy cercano a mi familia en especial a mi hijo…
Victor noto como le costaba hablar del tema.
– Cuando Ravus fue creciendo me di cuenta de sus habilidades, era un chico muy inteligente, ingenioso y un gran guerrero por lo que, cuando tuvo la edad suficiente, ingreso a la guarda. Tuve problemas con mi ex esposa por eso, ella no deseaba que nuestro hijo se inmiscuyera en la guerra ya que temía que un día le pasara algo – Yakov soltó una leve risa – siempre le decía que exageraba, que nada le pasaría…
– Yakov.
– Ravus progreso maravillosamente en el ejército, pronto lo vi volverse capitán de su propia tropa, contaba con el apoyo de Demian, quien siempre me decía que debía estar orgulloso del hijo que tena – suspiro – lo estaba.
Victor solo se mantuvo en silencio.
– Pero… Comencé a notar que algo era diferente, pronto lo vi más callado, mas metido en su habitación, llegaba con infinidad de escritos y libros que nunca había visto, su semblante paso de ser el chico alegre y vivas al de un hombre calculador… Siempre me dije que eran ideas mías.
Yakov se volvió y se dirigió nuevamente hacia su asiento.
– Un día, tu padre me dijo que enviaría a Demian a la frontera de nuestro reino, para enfrentar a las tropas del rey Katsuki, demoro meses en volver pero lo hizo, pero siempre tuve la impresión que algo le sucedió.
– ¿Algo?
– Si, había crecido un par de centímetros, su cuerpo era más ancho y fuerte, su cabello era más largo y sus ojos eran de un tono más oscuro del de siempre… Me dijo que era normal, había estado luchando durante meses y eso le hizo ganar musculatura.
– ¿Le creíste?
– Era mi hijo… No podía desconfiar de él.
Su semblante era sereno pero con cierto aire de tristeza.
– Paso el tiempo y tu padre me informo de las negociaciones con el reino de los Katsuki, al inicio los nobles se negaron ya que, ellos deseaban conquistar Nueva Hasetsu y hacerse con sus riquezas pero, pude disuadirlos, garantizando que si había paz, podríamos llegar a un acuerdo con ellos y disfrutar de las riquezas de ambos reinos, beneficiándonos de maneras nunca antes vistas.
– Supe que esperaban poder comerciar con ellos, los Katsuki enviarían los alimentos y artículos que solo se conseguían en sus tierras así nosotros haríamos lo mismo con ellos.
– Ese era el plan, Nueva Hasetsu se beneficiaria de la tecnología de nuestro reino y nosotros del poder del cristal… Ambos ganaríamos por ello, durante meses estuve viajando y reuniéndome con el rey Katsuki, hasta que logramos tener términos contundentes y se concertó el día de la firma.
– ¿Y qué paso?
– Llegamos sin contratiempos, obviamente aun había cierto recelo, si no fuera por mi intervención, Ravus y Nix hubiesen peleado en ese mismo lugar.
– Eso era algo que no convendría a nadie.
– Lo sé. Por suerte pudimos pasar ese mal rato y tuve una breve reunión con el rey, para finalizar todos los puntos pendientes y me retire a los aposentos que habían preparado para mí esa noche.
– Siento que es aquí donde todo cambio.
– Lo hizo – dijo en un susurro – esa noche todo cambio entre tu padre y yo.
El aire frio de la intemperie entro por la ventana. Su vista se mantuvo sobre las viejas páginas de aquel libro, el cual hablaba de economía, números y otras ramas que usualmente usaba para realizar su trabajo. Sobre la cama había papeles, pergaminos y bitácoras, llevando un dedicado desarrollo de las que fueran las más desgastantes negociaciones que había realizado en su vida.
Cerró sus ojos y apretó el puente de su nariz por el cansancio. Dejo el libro sobre la cama y camino hacia la ventana para admirar el paisaje. Mañana finalmente era el día que llevaban esperando desde que habían comenzado aquel trayecto y no podía sentirse más satisfecho con el resultado.
Un par de golpes en la puerta lo alertaron, elevo la voz para que la persona tras la puerta escuchara y el sonido de esta al abrirse le hizo girarse.
– Ravus.
– Sabia que un estabas despierto – dijo Ravus, sosteniendo una pequeña bandeja con una taza sobre la misma.
– Tengo cosas que terminar antes de mañana – acercándose a su hijo.
– Eso supuse – dando unos pasos al frente y ofreciéndole él te – es tu preferido – dijo con una suave sonrisa.
– Gracias – contesto y tomo la taza para probar un sorbo.
Su hijo solo mantuvo su sonrisa y dejo la bandeja sobre el pequeño mueble a lado de la cama.
– Deberías ir a dormir… El día a seguir será, agitado.
Su padre asintió pero no hizo indicio de entrar a la cama, solo dejo la taza sobre el mueble a medio terminar y volvió a tomar el libro que antes estaba leyendo.
– Aun tengo cosas que hacer – dijo e hizo ademan de abrir el libro.
– Padre – tomando su brazo – debes descansar – volvió a decir.
– Aun tengo asuntos que terminar – halo de su brazo pero su hijo lo seguía sosteniendo.
– No creo que termines, es muy tarde… Es mejor dormir.
– Ravus – elevo su voz demostrando que estaba molestándole la insistencia de su hijo – ¿puedo saber qué interés tienes en que duerma?
– El que todo hijo tiene con su padre, cuidar su salud.
Yakov frunció el ceño, aquella actitud le resulto muy extraña proveniente de su hijo.
– Ravus… – estaba por seguir hablando por el sonido de una explosión resonó – ¿Que fue eso? – halo de su brazo hasta soltarse del agarre de su hizo y se giró.
– No fue nada.
– Esa fue una explosión – dijo y dio un paso al frente pero su vista comenzó a nublarse – ¿qué? – callo de rodillas, sosteniéndose de la cama.
– Te dije que era mejor que durmieras.
– Ravus – le llamo, girando su cabeza para tratar de enfocar el rostro de su hijo – Él te… ¿Que le pusiste?
– Nada, solo unas gotas para dormir… Quizás más de la cuenta.
– Tu… – cayó al suelo por completo – ¿Por qué?
– Era necesario.
El sonido de personas gritando, explosiones tras explosiones comenzaron a hacer eco en el exterior.
– ¿Necesario? – Murmuro elevando con esfuerzo su cabeza, enfocando el rostro de su hijo a duras penas – Ravus… Tu…
Lo último que noto, antes de perder la conciencia fue la figura de Demian aparecer tras la silueta de su hijo.
El silencio se hizo presente cuando Yakov termino de relatar los hechos de esa noche.
– Cuando desperté, me encontraba en el hospital siendo atendido por las enfermeras – dijo con una voz apagada.
– ¿Cuándo volviste a ver a mi padre?
– Tras darme de alta me retire a mi casa en Nueva Crisis y hasta que no estuve totalmente recuperado no se me permitió abandonarla. Pasó un mes tras ello y fue cuando tu padre pidió mi presencia.
– ¿Y qué te dijo?
– Recuerdo que pidió que callara, que lo sucedido no era lo que yo estaba imaginando. Que él había abordado su nave horas después, que termino sus asuntos a tiempo y creyó que llegar por la noche sería conveniente así podría hablar con el rey Katsuki horas antes de la firma.
– Entonces… El realmente…
– No lo sé Victor, dijo que trato de salvarlos cuando comenzaron los disturbios, que el lucho contra muchos hombres para ello pero…
– ¿Pero?
– La muerte de Ravus.
Victor enarco una ceja al no comprender.
– Sabes que mi hijo… Su muerte no fue…
– Lo sé.
– Si Demian quería salvar a los Katsuki, ¿Por qué Ravus murió de esa forma?
– Escuche que murió por culpa de la explosión generada por un ángelus.
– Esa es la versión oficial pero…
– No la crees.
– La mayoría que murieron gracias a la explosión tuvieron quemaduras que los hicieron agonizar por semanas o quedaron totalmente irreconocibles en cambio Ravus… El cuerpo de mi hijo fue convertido en cenizas… Solo el murió de esa forma, no hubo otra persona que sufriera ese final.
– …
– Las únicas ocasiones en las que escuche que sucedió fue…
– ¿Fue?
– Cuando la guarda personal del rey Katsuki usaba sus poderes en algún enfrentamiento.
Victor no dijo nada, sorprendido al darse cuenta hacia donde quería llegar el mayor.
– Tú crees… Que Ravus…
– Los Kingsglaive no atacarían a nadie a menos que se estuvieran defendiendo, si algo siempre se dijo, aun dentro de nuestras filas, es que la guarda personal del rey Regis siempre fue justa y luchaba limpiamente. Ellos no tendrían motivos de matar a mi hijo a menos…
–…
– A menos que los atacaran primero durante esa noche.
Ambos se mantuvieron en silencio durante unos segundos, tratando de asimilar lo dicho. Victor tenía un sinfín de emociones, por un lado las inquietudes que sentía sobre lo sucedido aquella noche volvían a asaltarlo y por el otro, la necesidad de creer que su padre era inocente, golpeaba con fuerza en su mente, como si se negara a ver a su padre como un frio asesino.
– Entonces, ¿Crees realmente que lo hizo?
– No lo sé – aclaro – hay muchas incógnitas respecto a lo sucedido, la muerte de los reyes es un misterio y la presencia de tu padre aquella noche… Cualquiera dudaría, Victor.
Al ver el rostro de su alumno lleno de aflicción, pregunto.
– Con todo esto, ¿qué es lo que tú crees?
Victor no contesto y esa fue suficiente respuesta para darse cuenta que, al igual que él, las dudas sobre la inocencia del rey se fortalecían.
Sostenía entre sus manos el libro cosmogonía, como si con ello el miedo y la desesperación que lastimaba su corazón pudiesen calmarse. Tenía los ojos rojos por haber llorado durante horas, las dudas seguían en el aire y no tener información de su hermano menor la angustiaba en demasía.
La puerta de la entrada se abrió y giro rápidamente, encontrándose con un abatido Adalberto.
– ¿Lo encontraron? – pregunto.
Adalberto negó y su miedo se acrecentó.
– Entonces… Demian…
– Él no lo tiene – dijo con firmeza.
– ¿Cómo lo sabes? – Dejando el libro sobre la mesita para levantarse de su lugar – Él podría fácilmente mantenerlo preso o torturarlo sin que nadie sepa nada.
– No lo tiene – volvió a repetir – cuando Anora se enteró de lo sucedido, envió a su hijo a investigar en la zona de detenciones, incluso uso su habilidad con los animales para ello.
– ¿Y?
– No encontraron nada.
– Pero…
– Si Demian lo tuviera, ya lo hubiese hecho público.
– Yuuri es el verdadero rey, ¿crees que Demian se expondría a un juicio público si sabe que esa información saldrá a la luz?
– Si – aseguro – Que mejor manera de acabar con él, diciendo que el propio hijo de Regis los abandono a su suerte, traicionando a todos al abandonarlos cuando pudo volver y reclamar su trono… Además de ser un temido y buscado ladrón.
–…
– El buscaría la manera de hacer ver a Yuuri como el malvado de la historia – colocando sus manos sobre los hombros de su ahijada – Demian no lo capturo, puedo asegurártelo.
– Pero, si Demian no lo tiene… ¿Dónde está?
El rubio mayor simplemente negó con su cabeza, haciendo que las lágrimas volvieran a caer por sus mejillas. Apoyo su cabeza sobre el pecho de su padrino mientras el, la envolvía en un fuerte abrazo.
– No te preocupes, lo encontraremos – declaro, tratando de que la angustia de la más joven disminuyera – no importa dónde o con quien este, daremos con su paradero y lo traeremos de vuelta.
Mary no respondió, solo asintió con su cabeza sin dejar de llorar por su hermano desaparecido.
La cena había trascurrido sin contratiempo alguno. Todos los presentes se habían trasladado al jardín para admirar los hermosos fuegos artificiales que el rey había mandado a lanzar en honor del futuro enlace de su hijo. Los hermosos colores adornaban el cielo, desapareciendo segundos después como si fueran bellas estrellas fugaces cayendo en el horizonte.
Mientras los mayores hablaban entre ellos, la joven prometida del príncipe, admiraba la belleza de los mismos con un gesto de tristeza en su rostro.
– Srita Irina.
La pelirroja volteo hacia la dirección de aquella voz.
– Joven Noel.
– ¿La interrumpo?
– No, para nada – indico con una suave sonrisa en su rostro – ¿puedo ayudarlo en algo?
– No – dijo devolviéndole la sonrisa – solo quería… – volteando a ambos lados, asegurándose que nadie de los presentes lo escuchaba más que la pelirroja – quería agradecerle lo que hizo por el príncipe.
La pelirroja se sorprendió al escuchar su agradecimiento y un suave sonrojo afloro en sus mejillas.
– No tiene por qué hacerlo.
– Claro que si – se apresuró a responder – si no fuera por usted tanto el príncipe como yo estaríamos en serios problemas así que… Gracias por ello.
Ella agacho la cabeza y asintió.
– Lo hice porque creí que era lo correcto – indico regresando a ver nuevamente los fuegos artificiales – no voy a negar que es un poco triste que no asistiera esta noche y que me hubiese gustado contar con su compañía para admirar el cielo.
Noel sintió un pinchazo de culpa al escucharla hablar.
– Pero, estoy segura que algo surgió de gran importancia para él, de no serlo no hubiese faltado a su palabra.
"Claro, gran importancia" pensó con sarcasmo.
– Además… Sé que aún no soy del todo de su gracia.
– No diga eso, su presencia y compañía es de la gracia del príncipe.
Ella regreso a verlo con la misma sonrisa.
– Gracias, sé que en estos días el príncipe ha sido considerado conmigo pero, sé muy bien que este compromiso no fue del todo de su agrado, fue sorpresivo incluso para mí, así que lo comprendo.
– …
– Aunque en mi caso, me alegre al saberlo, siempre tuvo un gran afecto hacia el príncipe, desde que éramos niños siempre lo tuvo presente en mis pensamientos… Un joven amable, hábil en cualquier arte que desarrollaba, elegante y un porte que te embelesaba con solo verle… Para cuando me di cuenta, me había conquistado por completo.
"¿Es el mismo Victor que conocemos?" Pensó al recordar algunas de las tonterías que su protegido había hecho en el pasado.
– Pero… El príncipe siempre se ha mantenido alejado y distante, indescifrable para mí, por ello… Si puedo ayudarle en el futuro en cualquier problema que tenga, lo hare sin dudarlo – dijo llevando su mano derecha hacia el lugar donde estaba su corazón – quizás, con ello, pueda ganarme un poco de su afecto.
– Cualquier hombre sentiría un gran afecto al tener como esposa a una hermosa e inteligente mujer como lo es usted.
El sonrojo en el rostro de Irina se hizo aún más evidente al escuchar el elogio dado por el otro ya que, muy pocos hombres habían sido tan sinceros y directos con su persona.
– Gracias – dijo sintiéndose un poco más animada – esas palabras me dan animo joven Noel, las suficientes para no rendirme.
Noel se sintió más animado al ver que la tristeza había abandonado el rostro de la joven mujer.
– Es una suerte que el príncipe aun no tenga a ninguna mujer ocupando su corazón, es por ello que no me desanimo del todo – dijo con seguridad - aún tengo una pequeña oportunidad, ¿no cree?
Noel abrió su boca pero no encontró palabras para desmentir aquello, aun cuando sabía perfectamente que, aunque su mejor amigo lo negara, sabía que alguien ocupaba sus emociones y pensamientos.
"Puede que una mujer no pero…" pensó, pero solo se limitó a sonreír y admirar, al igual que todos los que se encontraban en palacio, los fuegos artificiales que adornaban el cielo.
Terminaron sus tazas de té y los bocadillos, el ambiente se sentía tenso por la conversación antes sostenida, había muchas dudas y preguntas pero, lamentablemente no tenían forma de resolverlas por el momento.
– ¿Qué harás? – pregunto Yakov.
– Aun no lo sé, creo que lo más apropiado es hablar con Yuuri y que me cuente su versión de los hechos.
– Creo lo mismo.
Ambos se levantaron de sus asientos y salieron fuera del despacho.
– ¿Volverás a palacio?
– Mmm… No lo sé.
Yakov regreso a verlo.
– Para estos momentos mi padre ya debe saber que no estoy y…
Se mordió el labio inferir, sabía perfectamente que su padre seguramente ya tenía planeado el castigo que le impondría nada más pisar el castillo, aunque aquello no era algo que no hubiese enfrentado antes, lo que más le preocupaba era lo que su padre haría si se enteraba que su mejor amigo lo encubrió en su huida.
Su mente divago por unos segundos cuando sintió como su celular emitía un breve sonido. Lo saco de entre sus ropas y procedió a leer el mensaje que, para su sorpresa, Noel le había enviado.
– ¿Sucedió algo?
– Pues…
"El rey cree que estas enfermo y te encuentras descansando… Cuando regreses, Agradece correctamente a la señorita Irina por la ayuda"
Sonrió débilmente y volvió a meter el celular en su anterior lugar.
– ¿Puedo quedarme esta noche?
– No tengo problema con ello pero, ¿qué dirá el rey?
– Ya tengo cubierto eso, así que no habrá problema.
– Muy bien, le pediré a la Srita Akiho que mande a preparar una habitación – dándole la espalda nuevamente para comenzar a caminar.
– De hecho… mmm…
Yakov detuvo su caminar y se volvió nuevamente.
– ¿Qué pasa?
–Veras… Es que…
El mayor noto como a su ex alumno le costaba pedirle lo que sea que estaba rondando su mente y, como si intuyera lo que estaba por decirle, hablo.
– Quieres verlo, ¿no es así?
Victor desvió la mirada.
Yakov soltó un suspiro.
– Ve a verlo, solo no lo despiertes, aún necesita guardar reposo, mañana podrás preguntarle lo que desees.
Victor asintió con una suave sonrisa en su rostro.
– Buenas noches – girándose para emprender nuevamente su camino.
– Buenas noches – respondió Victor.
Se giró sobre sus taloness y tomo el camino contrario al mayor, dirigiéndose a la habitación donde Yuuri dormía.
La puerta emitió un pequeño chirrido al abrirse, la habitación se encontraba casi a oscuras, la única luz en la mima provenía de la lámpara de la mesita a lado de la cama. Dirigió sus pasos hacia donde el joven azabache dormitaba y se sentó en la misma una vez estuvo a su lado.
Podía notar las mejillas enrojecidas, el sudor que perlaba su frente y la respiración algo agitada que este emitía. Cada cierto tiempo notaba como arrugaba el ceño, como si un mal sueño lo asaltara pero, por alguna razón se contenía para no despertar de él.
– Yuuri – susurro su nombre.
El azabache no respondió, aun cuando el de ojos azules tomo su mano para acariciar el dorso de la misma con su dedo pulgar.
– ¿Qué fue lo que hiciste para terminar en este estado? – pregunto aun sabiendo que el otro no respondería.
Pasaron unos minutos, en los que Victor se mantuvo contemplando el rostro del azabache y cambiaba el paño de su frente, estuvo tan absorto en ello que no percibió la presencia de una tercera persona en la habitación, hasta que esta cerró la puerta.
– Srita Akiho.
La joven de lentes le sonrió, caminando hacia el sofá que estaba a unos cuantos pasos lejos de la cama, dejando sobre de este unas mantas y una almohada.
– Mi jefe me pidió que los trajera – girándose para verle de frente – supuso que querría pasar la noche en este habitación.
– Supuso bien.
– ¿Necesita algo más?
– Si… ¿Makkachin?
– No se preocupe por él, se acondiciono una habitación para que él pueda utilizarla.
Victor sonrió a modo de agradecimiento.
– ¿Algo más en que pueda ayudarle?
– No, así está bien, ya hizo lo suficiente Srita Akiho, muchas gracias.
Ella asintió y procedió a salir de la habitación.
Victor regreso su vista hacia el rostro del menor, contemplándolo un par de segundos. Dejo de acariciar su mano y se levantó de la cama.
– Espero mañana, puedas hablar conmigo.
Dijo y se inclinó ligeramente, dejando un suave beso sobre la mejilla del azabache.
Camino hacia el sofá, dejo su abrigo sobre el respaldo, se quitó los zapatos, se acomodó sobre del mismo y cerro sus ojos, dejando que Morfeo lo llevara entre sus brazos.
Cuando abrió los ojos, la luz apenas y se filtraba por los grandes ventanales. Por un instante no supo donde se encontraba, su cuerpo se sentía algo entumido y sus huesos crujieron al levantarse del sofá.
El sonido de la puerta abriéndose le hizo dirigir su vista hacia ella, la figura de Akiho entro a la habitación, ignorándolo por unos momentos puesto que, su intención era verificar el estado de salud del azabache, quien era ajeno a todo lo que acontecía a su alrededor.
– ¿Cómo está? – pregunto Victor, bostezando ligeramente.
– Ya no tiene fiebre – aseguro – es mejor dejarlo dormir un poco más, el día de ayer estuvo muy enfermo y su cuerpo lo necesita – acomodando mejor la sabana que lo cubría.
– Aun no logro comprender, ¿Cómo fue que Yuuri termino en este lugar?
– No lo sabemos – indico Akiho – mi jefe lo encontró inconsciente y aunque ha tenido breves episodios en los que ha despertado, se ha encontrado algo desorientado y febril, por lo que vuelve a dormir casi al instante.
– Ya veo.
Akiho lo regreso a ver de reojo, se acomodó sus lentes y sonrió ligeramente.
– Mi jefe me pidió que le entregara unas cosas – dijo y camino hacia la puerta.
Victor la siguió con la mirada, observo como tomaba unas bolsas, regresaba a su lado y se las entregaba.
– ¿Qué es?
– Ropa – respondió – solicite al joven Noel sus medidas – cruzándose de brazos – el baño está enfrente – señalando la puerta contigua de la habitación – es mejor que tome una ducha, mi jefe lo espera en el jardín para tomar el desayuno.
– Pero… – dudo unos segundos y regreso a ver al azabache.
– No se preocupe.
Victor se mordió el labio inferior al escuchar a la joven mujer, por algún motivo temía que Yuuri despertara y desapareciera como siempre lo hacía. No podía perder aquella oportunidad de hablar con él, si el azabache se esfumaba no tendría otra forma de contactarlo ni que respondiera a todas sus preguntas.
– Si llega a despertar se lo hare saber – dijo al notar las dudas en el rostro del príncipe.
– De acuerdo – respondió.
– Muy bien.
Akiho se despidió y salió de la habitación.
Victor solo observo al más joven unos instantes antes de caminar hacia el pequeño baño de la habitación y tomar una rápida ducha.
Pasaron unos minutos, la puerta del baño se abrió y Victor salió secándose el cabello con una toalla. Había cambiado sus ropas por las que la joven Akiho le había entregado, sorprendiéndose de que Noel supiera sus medidas exactas, no es como si no se hubiesen bañado juntos en aguas termales pero, comúnmente su ropa era traída directamente a palacio, ya que solía ver los modelos de todo tipo de ropa vía internet y solo bastaba que lo pidiera para que se lo proporcionaran. Ya le preguntaría a su mejor amigo como tenía aquella información.
Se calzo los zapatos, se hizo una rápida coleta de caballo, acomodo la ropa que se había quitado en las bolsas y se acercó a la cama.
– Mas tarde vendré a verte – susurro mientras acariciaba la mejilla del menor – descansa.
Deposito un beso sobre su frente y salió de la habitación.
Lentamente abrió sus ojos. Parpadeo un par de veces y su vista enfoco el lugar. Se sintió aturdido por unos segundos, se levantó con cuidado de la cama sintiendo una fatiga y entumecimiento que nunca había sentido antes. Volteo a ambos lados, encontrando un par de frascos y una cajita de tabletas en la mesita de a lado, lo que hizo que recordara fugazmente el olor a medicina que había percibido.
Trato de tragar pero, noto que su boca se encontraba totalmente seca.
– ¿Dónde estoy? – pregunto aunque sabía que nadie le respondería.
Salió de la cama con cuidado puesto que la cabeza aun le daba vueltas y, tras respirar un par de veces, se dirigió a la gran ventana del lugar. Percatándose de un paisaje que no le era para nada familiar.
– ¿Que es este lugar?
Se giró y vio unas bolsas sobre el sofá, notando ligeramente que se trataba de ropa.
– Alguien estuvo aquí – aseguro.
El sonido del picaporte al ser abierto le hizo dirigir su vista a la puerta. Una hermosa joven con lentes entro al lugar, con una bandeja entre sus manos y le sonrió sutilmente.
– Veo que ya está despierto – dijo cerrando la puerta.
– Mmm… Yo… – no pudo continuar, por alguna razón la joven le era familiar.
– ¿Se siente mejor?
– Si…
– Le he traído el desayuno – caminando hacia la mesita de noche y dejo la bandeja sobre la misma – el doctor recomendó que guardara reposo – girándose nuevamente – debe tomar los medicamentos cada ocho horas.
Yuuri no contesto y asintió débilmente.
– Muy bien, me retiro – dijo al no escuchar su respuesta.
La joven estaba por salir de la habitación cuando la voz de Yuuri la detuvo nuevamente.
– Este… Disculpe… Mmm… ¿Puedo saber dónde estoy? – Pregunto con timidez – ¿Cómo llegue aquí?
La joven mujer se acomodó sus lentes y contesto.
– Mi jefe lo encontró a orillas del lago que está cerca de la residencia, llego con temperatura por el tiempo que estuvo dentro del lago – índico – por suerte el médico de cabecera lo atendido rápidamente y no hubo secuelas por las cuales preocuparse.
– Entiendo.
– ¿Necesita algo más?
– Mmm… Usted…
– Oh, disculpe mi falta de modales – sonrió – Soy Akiho Abernathy, asistente personal del rector de la academia Lucis.
"¿Academia Lucis?" pensó.
– ¿Veo que le sorprende?
– Si, es que… ¿Es la casa del rector?
– Es correcto, es la casa del Sr. Yakov Feltsman
Yuuri se sorprendió por la declaración. Conocía al rector de la academia Lucis, lo había visto en los eventos así como en las reuniones que se llevaban a cabo dentro del campus pero, jamás imagino que un día terminaría en su casa y mucho menos en aquellas circunstancias.
– …
– Si no requiere nada mas de mi persona, debo retirarme – aclaro y se encamino hacia la puerta – Oh, olvide mencionarlo – haciendo que Yuuri la regresará a ver – mi jefe quiere hablar con usted, espero no haya algún inconveniente.
– No, ninguno – se apresuró a contestar.
– Muy bien – le sonrió – espero disfrute el desayuno que le fue preparado – y abandono la habitación.
La tensión que había sentido mientras la joven Akiho desapareció de sus hombros, soltó un largo suspiro y camino nuevamente hacia la cama. Se sentó y tomo la bandeja para colocarla sobre sus piernas. Durante unos segundos contemplo el desayuno, dudando entre si tomarlo o no pero, al escuchar los sonidos de su estómago protestando por comida, no tuvo más remedio que dejar de lado las dudas y comenzar a probarlo.
Una vez termino con el desayuno, dejo la bandeja sobre la mesita de noche y se dejó caer sobre la superficie del colchón.
– ¿Cómo fue que termine en este lugar?
Su mente comenzó a recordar lo sucedido el día anterior y el recuerdo de una enorme serpiente cruzo su mente.
– Leviatán – alzando su mano para ver el dorso de la misma – Si así se comporta el, no quiero ni imaginarme como serán los demás Sidereos.
Se giró sobre la cama para acomodarse mejor y cerró sus ojos, dejando que el sueño nuevamente lo envolviera.
Cuando volvió a abrir los ojos ya pasaba del medio día. Su cuerpo se sentía más relajado y la fiebre no había vuelto a aparecer. Se estiro haciendo que sus huesos crecieran, se relamió los labios y soltó un ligero bostezo. Se giró para levantarse de la cama y antes de que pudiese tocar el suelo, un par de golpes en la puerta lo detuvieron.
La puerta se abrió lentamente, la Srita Akiho entro al lugar con una suave sonrisa en su rostro y hablo.
– Me alegra verlo despierto.
– Lo lamento, me volví a dormir.
– No se preocupe, es natural que después de la fiebre de anoche su cuerpo requiera un tiempo más prolongado de descanso.
Él sonrió con timidez.
– Sé que debería dejarlo descansar un poco más pero, mi jefe requiere verlo en su oficina.
– ¿El rector?
Ella asintió.
– De acuerdo.
– Le sugiero tomar un baño antes de la reunión, su ropa se encuentra encima del escritorio.
El regreso a ver el escritorio y, hasta ese momento, se percató que traía un pijama que no era suyo.
– Lo espero en la planta baja – dicho salió del lugar, cerrando la puerta tras de sí.
Yuuri se encogió de hombros, tomo la ropa que estaba sobre el escritorio y entro al baño para tomar una rápida ducha.
Unos minutos después y más relajado por el baño, Yuuri salió de la habitación, camino por el largo pasillo hasta que encontró las escaleras que daban la entrada principal y, desde su lugar, pudo ver a la joven Akiho esperando por su persona.
– Lo siento, ¿le hice esperar mucho?
Ella se giró para encararlo.
– No, no se preocupe, fue el tiempo necesario.
Él sonrió.
– Es por aquí, sígame.
Se mantuvo unos pasos por detrás de la joven mujer, siguiéndola por el pasillo que ella indicaba. No intercambiaron palabra alguna, el silencio se mantuvo en el aire mientras transitaba aquel camino. Yuuri solo se detuvo hasta que la joven de lentes lo hizo. Ella toco la puerta y la voz de un hombre dio permiso de entrar.
– El joven Kaidou ha venido tal como lo solicito – dijo entrando por unos segundos al despacho.
– Hazlo pasar.
Ella asintió, salió del lugar y le indico a Yuuri las órdenes de su jefe.
El azabache trago con fuerza, entrando al lugar con los nervios a flor de piel. Dio un pequeño respingo cuando la puerta se cerró tras él y los únicos en aquel lugar eran el rector y el mismo.
– Veo que ha recuperado la salud.
– Mmm… Sí, Yo… – apretando con fuerza sus manos por los nervios.
– No tienes por qué estar nervioso, no estás aquí para recibir algún tipo de regaño – levantándose de su silla y caminar hacia donde se encontraba el azabache.
– Lo siento, es que…
Yakov sonrió ligeramente y se detuvo a unos cuantos pasos de donde estaba el menor.
– Me sorprendió la forma en cómo te encontré – hablo sin dejar de observar el rostro del azabache – ¿puedo saber cómo terminaste en aquel estado?
– Pues…
Yuuri dudo en que responder, no podía decirle que una enorme serpiente de más de 30 metros lo sacudió dentro de las profundidades de las aguas y casi lo mata, aquello era una locura de solo pensarlo. Así que dijo lo que creyó más convincente.
– Un accidente… Un amigo mío tiene un bote y estábamos navegando – desvió la mirada para que no viera el nerviosismo en sus ojos – me caí… Y termine en este lugar.
– ¿Seguro? – pregunto con algo de dudas.
– Sí.
El rector solo negó con su cabeza y lo observo por unos segundos, una mirada que ponía más nervioso a Yuuri de lo que ya estaba.
– Este… ¿Tengo algo en la cara? – El rector enarco una ceja y Yuuri se apresuró a responder – lo siento no quise decirlo de ese modo es solo que, casi nunca me observan tan detenidamente.
– ¿Te molesta que te observen?
– No, es que… Me observa como si buscara algo y… Lo siento.
Yakov sonrió.
– No es nada malo es solo que, ahora que te observo mejor – dijo ya que nunca se había detenido a observarlo en las pocas ocasiones que había ido a la academia – te pareces mucho a tu padre.
Yuuri se tensó rápidamente.
– Es natural el parecido, después de todo eres hijo de Regis.
Los ojos de Yuuri se agrandaron al escucharle decir el nombre de su padre.
– ¿Qué?
– Reconozco que al inicio me sorprendió enterarme que estabas con vida, lo sucedido aquella noche es algo indescriptible pero, el que estés vivo me quita un poco del peso que cargo sobre mis hombros…
– Yo…
– Aunque debí darme cuenta cuando te vi en la academia ¿no cree joven Kaidou?
– ….
– No, ese no es tu nombre – dijo con firmeza – No es así, Katsuki Yuuri.
Abrió su boca pero ningún sonido salió de ella. Nunca se imaginó que el rector supiera quien era en realidad después de todo, él era un niño de seis años cuando le conoció en el palacio. Por ello siempre supuso que sí, un día llegase a hablar personalmente con él, este no lo reconocería.
– ¿Cómo…? – no concluyo la pregunta por los nervios.
– Victor me lo dijo.
"Lógico" pensó para sus adentros.
– No te preocupes, tu secreto está a salvo.
Lo último sorprendió a Yuuri. Si recordaba bien, su hermana le había contado que Yakov había sido el canciller de Nueva Crisis antes de lo sucedido con sus padres, la mano de derecha de Demian y uno de sus amigos más íntimos. No entendía el por qué alguien con ese historial guardaría un secreto de esa índole a su rey.
– ¿Por qué? – Pregunto curioso – ¿Por qué lo haría?
El hombre mayor suspiro y comenzó a alejarse, hasta detenerse frente a un mueble donde se encontraban varias fotografías.
– Culpa.
Yuuri no comprendió lo dicho.
– Sé que quizás no lo comprendas pero… Durante muchos años he guardado cosas que quizás no debería, callado hechos que por mi lealtad se han mantenido en secreto.
Yuuri supo de inmediato a que se refería.
– Lo sucedido hace trece años, me ha perseguido durante mucho tiempo, por seguir el camino que tome, perdí más de lo que gane… Si hubiese hecho algo, si mis ojos no se hubieran cegado en aquellos instantes, quizás lo sucedido…
– No fue su culpa – finalmente contesto – usted no sabía que aquella noche sucedería aquello – tratando de calmar la pena que el hombre mayor poseía.
– Puede ser pero… – girándose para verle – eso no justifica los errores que cometí.
– Todos lo hacemos, nos equivocamos y aprendemos de ello – sonrió ligeramente – se lo dice alguien que ha cometido muchos en tan poco tiempo.
– ¿Lo dices por lo del Dr. Cialdini?
– En parte – bajando la cabeza al recordar a su amigo fallecido.
– Puedo ver que has pasado por mucho, pero también aprendiste ¿no?
El asintió.
– Supongo que ambos aprendimos de nuestros errores, aunque algunos son más oscuros que otros.
Yuuri le sonrió ligeramente.
– Sé que no puedo pedir tu perdón, no después de lo que le hicieron a tu padres ni a ti pero…
– No, usted no tiene por qué…
– Lo tengo – aseguro – mi hijo orquesto parte de todo ello y como su padre, debo asumir esa responsabilidad.
– Entonces… ¿Usted si cree...?
– Tras conversar con Victor, todas las dudas que tenía entorno a esa noche fueron despejadas aunque… – quiso decir que las de Victor aun persistían pero lo guardo para sí mismo – Solo me resta pedirte perdón.
Yuuri negó con su cabeza sin desviar la mirada.
– Usted no es culpable de nada, solo cumplía con su deber, el único culpable de todo esto es Demian, y solo él debe asumir esa responsabilidad.
– ¿Qué piensas hacer respecto a Demian? – Pregunto curioso por lo que haría respecto a su antiguo amigo – ¿piensas luchar por el trono? ¿Piensas…?
– Yo… Aún estoy evaluando lo que hare – contesto, tratando de zanjar el tema.
Yakov entendió que el menor no quería continuar hablando de ese tema y prefirió dejar hasta ahí la conversación.
– Supongo que deseas volver a casa.
Yuuri asintió.
– De acuerdo, en cuanto desees hacerlo solo tienes que informarle a la Srita. Akiho y ella se encargara del resto.
– Gracias… Mmm… Sobre los gastos…
Yakov levanto su mano de forma que el callara.
– No te preocupes por ello, no tienes que pagarme nada, hice lo que creí correcto, nada más.
– Gracias – sonriéndole ligeramente.
Yakov le devolvió la sonrisa.
– Entonces… Lo dejo, debe tener muchas cosas que hacer.
– Supones bien.
Yuuri giro sobre sus talones y avanzo hacia la puerta, tuvo la intención de salir de la habitación pero, la voz de Yakov lo detuvo.
– Yuuri – este volteo a verlo – antes de irte, hay alguien que desea verte.
– ¿Verme?
– Te está esperando en el jardin de la residencia, ve a verlo, también tiene algunas cosas que conversar contigo.
Yuuri parpadeo un par de veces por lo dicho, asintió y salió de la habitación, preguntándose quien era la persona que lo estaba esperando.
Camino por el largo pasillo que la Srita Akiho le había indicado. Durante su trayecto, pensó en las miles de personas que podrían estar esperándolo en el jardín pero, ninguna se le venía a la mente. Por un minuto imagino que, quizás, su hermana o Adalberto lo habían localizado pero, de ser ellos los que lo estuviesen esperando en ese lugar, no habrían pedido que no le dijeran nada, eran su familia después de todo.
Se detuvo a escasos pasos del lugar, soltó un largo suspiro y salió de la residencia.
El sol lo deslumbro una vez estuvo en el exterior, parpadeo un par de veces para acostumbrarse a la luminosidad y, cuando sus ojos se adaptaron, busco con la mirada a la persona que lo estaba esperando, llevándose una gran sorpresa al darse cuenta de quién era.
– Vi… – no pudo terminar de hablar por la sorpresa.
El joven príncipe se encontraba de espaldas, admirando el paisaje que lo rodeaba, Makkachin corría felizmente de un lado a otro, persiguiendo a las pequeñas aves que volaban por el lugar.
Su cuerpo se congelo, no podía moverse por la impresión que le causo verlo. Los nervios comenzaron a asaltarlo, lo que menos deseaba era verlo, mucho menos después de lo sucedido en su última conversación. Había sido bastante frio con él, todo por la muerte de Celestino, quizás aquello no era una excusa pero, en esos instantes, su cabeza solo podía pensar en lo sucedido y como Demian Nikiforov había sido el causante.
Dio un paso atrás, con la firme intención de darse la vuelta y escapar pero, no contaba con que Makkachin se percatara de su presencia, comenzara a ladrar y corriera con rapidez hacia donde se encontraba.
– ¿Makkachin? – dijo Victor al verlo salir corriendo de aquel modo, girándose sobre sus talones y encontrándose con la persona que esperaba.
– Vic… – trato de decir su nombre pero, la fuerza con la que el perro se lanzó sobre de él, le hizo caer al suelo con él encima – Sí... A mí también me alegra verte – susurro mientras el enorme can le lamia la cara.
Victor no espero ni un segundo más y camino hacia donde ambos se encontraban, deteniéndose a unos cuantos pasos.
– Yuuri – lo llamo, haciendo que el azabache volteara a verlo.
– Victor – trago con fuerza y, logrando que Makkachin lo liberara, procedió a levantarse y sacudir su ropa.
Sus ojos se encontraron, ninguno hizo esfuerzo de desviar la mirada, sus corazones comenzaron a latir con fuerza, las manos les sudaban y los nervios los golpeaban. No sabían cómo iniciar la conversación, no después de lo sucedido la última vez. Finalmente y, tras mucha vacilación por parte de ambos, el azabache fue el primero en desviar la mirada, morderse el labio inferior y hablar.
– ¿Qué haces aquí? – pregunto fríamente, tratando que el tenue sonrojo que comenzaba a florecer en sus mejillas fuera notorio por el mayor.
Victor trago con fuerza y contesto.
– Yakov me llamo – declaro – confieso que solo me dijo que quería decirme algo respecto a ti pero, no imagine encontrarle en el estado en el que estabas a noche.
– ¿A noche? – Volteando a verlo – ¿has estado aquí desde ayer?
– Si, ya era muy tarde como para regresar al castillo así que, pase la noche aquí – aseguro, enarcando una ceja al notar las mejillas sonrojadas del menor – ¿Te sientes bien? – alargo la mano para tocar su mejilla, haciendo con ello que el menor se tensara.
– Si… Si… Estoy bien – tartamudeo por la acción del otro.
– Me alegro, a noche te veías algo mal, cambie varias veces el paño de tu frente pero temía que no fuera suficiente ni que las medicinas estuviesen causando efecto…
Yuuri parpadeo al escucharlo.
– Espera… ¿estuviste cuidándome? – el asintió – ¿toda la noche?
– Dormía unas horas y me levantaba a revisar como seguías – indico.
Abrió su boca pero ningún sonido provino de ella. No salía del asombro, el hijo de Demian Nikiforov lo había estado cuidando toda la noche. A él, a quien su padre trato de matar siendo un niño y cuyos padres perecieron por culpa suya.
¿Quizás se había equivocado con Victor?
No estaba seguro pero, si de algo estaba seguro en aquellos instantes, era a quien pertenecía la ropa que vio sobre el sofá.
– ¿Por qué?
– ¿He?
– ¿Por qué me cuidaste?
Victor no supo que contestar, ni el mismo sabía a ciencia cierta porque lo había hecho.
– ¿No vas a contestarme?
– Es que no sé qué decirte… Ni siquiera yo sé por qué lo hice.
–…
– Solo… Solo sé que, sentí que debía hacerlo – prosiguió – verte ahí, débil y frágil… Solo supe que debía cuidarte.
El azabache se mordió el labio inferior.
– Tu padre…
– No, él no sabe que estoy aquí.
– ¿No le has dicho…?
– ¿Sobre qué encontré al hijo del rey Regis y es el famoso ladrón Glass Shade?
Yuuri bajo la cabeza.
– No te preocupes, él no sabe nada de eso.
– ¿Por qué no le dijiste? – Volvió a preguntar – tenías la oportunidad de entregarme… técnicamente, estoy en tus manos.
Victor suspiro y metió sus manos dentro de su abrigo.
– Quizás porque… De alguna forma, creo que me dices la verdad o, que no me mentiste acerca de lo que crees que es cierto.
Yuuri estaba por reclamar lo último.
– Por eso estoy aquí, quiero que me cuentes todo lo que sabes acerca de esa noche – Yuuri cerro su boca por lo solicitado – quiero que me cuentes lo sucedido con tus padres.
Yuuri dudo en hacerlo y contesto.
– ¿Vas a creerme?
– Eso depende – afirmo – he descubierto un par de cosas y… Quizás tú puedas aclararlas.
Yuuri lo medito unos segundos, no sabía si creer en las palabras del mayor, tampoco estaba muy seguro de que al contarle lo que sabía, este le creyera pero, quizás arriesgarse fuera el único camino que tenía.
– De acuerdo – contesto – te diré lo que se.
Victor sonrió, acto que Yuuri secundo al sonreírle tímidamente mientras Makkachin corría alrededor de ellos.
Durante una hora Yuuri le relato lo sucedido la noche de hace trece años o, al menos lo que su hermana y Adalberto le habían contado acerca de ello. Victor escucho cada palabras dicha por el menor, haciendo una que otra pregunta cuando no comprendía algo de lo relatado pero, en su mayoría, se mantenía en silencio mientras el contrario terminaba de explicarle.
– Y… ¿Qué piensas? – pregunto al terminar de contar lo sucedido.
– Pues… Es…
– ¿Mucho que digerir?
– Demasiado, diría yo.
Ambos de mantuvieron en silencio unos minutos hasta que el azabache volvió a hablar.
– ¿Crees que miento?
Victor no contesto.
Yuuri Suspiro.
– Entiendo que es tu padre y es difícil asimilar todo lo que acabo de decir pero, tienes que creerme cuando te digo que no miento.
Victor se desato la coleta de caballo y se revolvió el cabello.
– Yuuri – dijo su nombre en un susurro – no es fácil asimilar todo – aseguro – es cierto que muchas cosas encajan con lo que Yakov me conto pero, no esperes que de un momento a otro confié en eso… No digo que me estés mintiendo pero…
– Es tu padre.
Victor asintió.
– No es fácil ver al hombre que te dio la vida como un cruel asesino – continuo – como alguien que sería capaz de los actos más bajos que puedan existir… Solo por poder.
El rostro afligido de Victor causo que el pecho del menor se apretara con fuerza. El solo hecho de ver a ese joven de ojos azules con un semblante lleno de tristeza le causaba un enorme arrepentimiento, ¿había hecho lo correcto al contarle todo? Quizás lo mejor hubiese sido negarse desde un inicio y alejarse de ahí pero, no había vuelta atrás, le había dicho todo y solo podían aceptar las consecuencias de ello.
– ¿Qué piensas hacer?
Victor regreso a verlo.
– Ahora que sabes todo – le sostuvo la mirada – ¿iras con tu padre y le dirás lo que descubriste?
El aparto la vista y dejo que su mirada se perdiera en el horizonte.
- Yuuri – hablo en un susurro - ¿Acaso no crees que es hora de terminar el ciclo? – Dijo, cambiando bruscamente el tema y dejando sin contestar la pregunta del menor - la historia es una rueda – bajando la mirada mientras hablaba - Los oprimidos se rebelan, para luego ser los dictadores de un nuevo grupo de oprimidos. El odio solo engendra odio.
– Supongo que es difícil de romperlo – Dijo en un murmullo – nuestras familias siempre han estado en guerra.
– ¿Y crees que no se puede cambiar?
Yuuri soltó una ligera risa.
– Solo míranos… Yo soy un Katsuki y tu un Nikiforov – dijo como si apenas lo hubiese descubierto – Yo trato de vengar la muerte de mis padres, de recuperar el trono y tu… Eres el hijo de tu padre, es obvio que estas de su lado… Así que… Nuestros caminos nunca podrán unirse en algo que no sea más que odio.
– Yo no te odio.
– Sí, claro.
– Es en serio, no lo hago.
Yuuri trataba de creerlo pero sabía muy en el fondo que aquello no podía ser verdad.
– Solo… Yuuri… ¿Nunca has querido algo más que esto para nuestras familias? – Él lo regreso a ver – ¿no podríamos buscar la forma de terminar con este camino?
– …
– Nuestras familias llevan generaciones odiándose – se levantó de su lugar y camino unos pasos – ¿y que hemos ganado? – Dijo con pena – Solo muerte y sangre… Debemos romper eso.
– ¿Y qué propones que haga? – imito al mayor, se levantó de su lugar y se acercó a el – ¿Qué me rinda y haga como que mis padres no murieron por su culpa?
– No, pero… ¿A dónde llevara esto? – Volvió a preguntar – la venganza solo trae más venganza.
– ¿Entonces? – Se cruzó de brazos – ¿voy y solo me presento y le digo "su majestad estoy aquí para que me devuelva el trono, ríndase y entregase"?
Víctor suspiro.
– Así no funciona esto y lo sabes, en el momento que tu padre sepa mi paradero… El comenzara a buscare para matarme, tengo que moverme antes que él.
– ¿Lo mataras?
Aquella era la pregunta que no quería responder y menos al de ojos azules.
– Yuuri, responde.
– …
– El que calla otorga – murmuro.
El silencio los inundo a ambos, no había palabras que decir respecto a ese tema en particular. Victor al ver el rostro abatido del azabache decidió acortar la distancia que los separaba y dejó sus manos sobre sus hombros.
– Diga lo que diga, no hará que cambies de opinión ¿verdad?
– El tomo la vida de mis padres, quizás no quieras creerlo pero… Tengo que vengar su muerte – sentencio.
Víctor apretó un poco los hombros del menor.
– Yuuri, escuche que tu padre era un hombre justo, incluso en los peores crímenes lo era.
– Eso dicen.
– ¿Puedo pedirte al menos eso?
– ¿Qué quieres decir? – alzo la vista y sus ojos se conectaron con los de Víctor.
– No puedo persuadirte de que no mates a mi padre.
– No, lo siento – dijo en un débil susurro.
– Es por eso que…– le costaba hablar– no quiero verme peleando contigo en el futuro ni que haya derramamiento de sangre innecesario así que… ¿puedo pedirte que tenga un juicio justo?
– ¿Ha?
– Todo criminal debe ser enjuiciado, al menos te pido eso para mi padre.
Yuuri frunció el ceño al escucharlo.
– Si mi padre no es culpable, estarás matando a un inocente.
– El no…
– Pero… Si mi padre resulta ser culpable de todos los crímenes de los que lo acusas en ese juicio, te prometo que no hacer nada para impedir que reciba el castigo que escogiste para él.
La sorpresa en el rostro de Yuuri era clara, nunca espero escuchar esa petición por parte del hijo del rey Demian. Le estaba rogando o, al menos eso percibió al escucharle hablar, que no matara a su padre, que no tomara su vida de forma violenta, a cambio le sugería enjuiciarlo por todos los crímenes que cometió.
Se mordido el labio inferior y bajo la mirada, dudando en aceptar la propuesta dada por Víctor, había tantas cosas, tantos escenarios en los que esa decisión podrían cambiar drásticamente su futuro… ¿Y si Demian huía? ¿Si hacia algo para salir impune?
Tantas y tanas cosas que no sabía si debía aceptar.
Por un lado estaba su hermana y los aliados que esperaron por el todos esos años, no sabía si ellos aceptarían esa proposición pero, no podía negar que muy en el fondo, él tampoco quería llegar a un futuro en el que debería medir fuerzas con el de ojos azules. Tan solo de pensarlo le oprimía el pecho de forma dolorosa, le generaba un sinfín de sensaciones que eran tan extrañas y nuevas en él, que no sabía que pensar al respecto.
Además, algo que había mencionado Víctor era cierto, su padre siempre fue considerado un hombre justo y sabio, aun en los crímenes más atroces que pudiesen cometerse, el mantuvo los juicios como único medio entre la libertad, el castigo o la muerte… Nunca tomaba una decisión sin que los presos tuvieran un juicio justo que decidieran su destino, fueran buenos o no.
Tras mucho pensarlo y meditar la sugerencia, tomo una decisión, solo esperaba no equivocarse.
– De acuerdo – contesto con un pequeño susurro.
– ¿Qué?
– Que… Está bien – levantando la vista para ver el rostro del mayor – tu padre tendrá un juicio justo.
– Yuuri – una sonrisa apareció en su rostro.
– Pero… Tienes que saber que la forma en la que llegaremos a ello, quizás no sea la más pacífica.
La sonrisa en el rostro de Víctor desapareció.
Al ver aquello, Yuuri continúo rápidamente.
– No puedo prometerte que no habrá heridos pero, puedo asegurarte que hare lo posible para que no haya muertes innecesarias durante el trayecto.
Supo que lo dicho había tenido efecto en el mayor cuando la sonrisa floreció nuevamente en su rostro, llenándole de una extraña felicidad que le calentaba el corazón.
– ¿No me odiaras sin importar como acaba todo con tu padre?
Víctor negó con su cabeza.
– Si él es culpable, solo habrá recibido el castigo que merecía – dijo alejando sus manos de los hombros del azabache.
Yuuri suspiro de alivio.
– Es por eso, que sea cual sea el resultado de todo esto, tu y yo seremos aliados.
– ¿Aliados?
Víctor asintió.
– Haremos lo posible para que el circulo de odio que marco a nuestras familias finalmente se rompa – aseguro sin perder la sonrisa – No podemos borrar nuestro pasado ni el de nuestros ancestros pero, si podemos remediar nuestro presente, construiremos un futuro donde nuestras familias pueden vivir juntas, felices y en paz.
Una suave brisa comenzó a sentirse en el lugar, como si apoyara las palabras dichas por el mayor. Las mejillas de Yuuri se sonrojaron ligeramente y el corazón comenzó a latirle fuertemente. Imaginar un futuro donde no hubiese dolor ni pena, las personas viviendo felices y riendo sin temores, un lugar donde ambos reinos convivieran en armonía como en un inicio y cuya unión fuera fortalecida por la alianza de dos reyes que idealizaban lo mismo… Eso era un futuro que a Yuuri le agradaba hacer realidad.
– Si, hagámoslo – dijo sonriéndole.
– Hagámoslo – secundo Víctor.
– Pero para eso… – dudo unos segundos en hablar – Quédate.
– ¿He?
– Quédate… Quédate a mi lado, hasta que se haga realidad.
Víctor sorprendido por la declaración del menor no supo que responder al inicio pero, tras meditarlo, soltó una ligera risa. Tomo la muñeca del azabache y la llevo hasta sus labios, depositando un suave beso en ella, haciendo que el menor se sonrojara por la acción.
– Eso sonó como a una proposición, ¿no crees?
El sonrojo en el rostro de Yuuri se acrecentó, pero solo atino a sonreír con timidez.
Víctor atrajo al azabache hacia si para envolverlo en un cálido abrazo. Yuuri aún no dejaba de sorprenderse por cada acción o palabras dichas por el príncipe mayor pero, devolvió el abrazo y se dejó llevar por la calidez del mismo.
– No te preocupes, estaré contigo durante todo el camino, haremos lo posible para que no haya más dolor.
– Víctor.
– Siempre contaras con mi ayuda.
El corazón de Yuuri se calentó por la emoción que sentía y abrazo con más fuerza al mayor.
– Tu también, siempre contaras conmigo – declaro con emoción – Cambiaremos juntos el destino de todos.
つづく/ Continuara...
Y se acabó otro capítulo.
¿Les gusto? Trate de hacerlo lo mejor posible pero, creo que no logre transmitir lo que imagine como quise pero, quedo aceptable Xd
¿Qué piensan de Irina? La pobre ilusionada con Victor pero, a él le gusta el pepi… digo, Yuuri le agrada :v
¿Noel? Pobre, siembre sufriendo al ser amigo de Victor.
¿De Yakov? Su historia es bastante trágica, perdió a su hijo, su matrimonio se fue al garete, teniendo que ocultar miles de cosas, esperemos sea feliz en el futuro.
A partir de aquí, creo que se dieron cuenta que inicia el Victuuri \(*o*)/ y la trama se mueve más rápido.
Tratare de actualizar pronto.
Nos vemos.
