Harry Potter al módulo siete es JK Rowling.

Notas del autor: El juego de ajedrez en este capítulo utiliza el mismo final creado por el Maestro Internacional Jeremy Silman para la película de Harry Potter y la piedra filosofal. Nada de ese juego terminó en la película de una manera en la que la audiencia pudiera ver, lo cual es una lástima ya que hubiera sido una escena más dramática con la reina blanca como una villana menor. Pero con Ron demostrando sus habilidades para el ajedrez en esta historia, tuve que incluir el juego aquí.

Notas de la traductora: Gracias por todos sus comentarios maravillosos!


Capítulo 20

–¿Profesora? –Dijo Hermione titubeando.

La profesora Vector se dio la vuelta sorprendida al ver a dos niños de primer año en ese lugar.

–¡Señorita Granger! ¡Sr. Weasley! ¿Qué están haciendo aquí? Les dije que regresaran a su dormitorio.

Hermione palideció bajo la mirada molesta de su profesora y miró a Ron.

–Eh, quisimos asegurarnos de que estuvieran bien –dijo el niño nervioso–. Íbamos a ir por ayuda si algo les hubiera ocurrido. –Vector sacudió la cabeza.

–Eso fue muy considerado de su parte, pero tonto –dijo ella–. Les quitaría puntos si no tuviera cosas más importantes de las que preocuparme.

–Los obstáculos… –dijo Hermione tomando una bocanada de aire–. ¿Harry…?

Para entonces, ella y Ron habían notado al joven de cabello oscuro mirándolos con enojo al lado de Vector.

–Se los dije.

–Oh, Harry, lo siento mucho –dijo Hermione–. Nunca me imaginé que la piedra en verdad estuviera en peligro. Todos los profesores estaban seguros de que sus protecciones funcionarían.

–Pero no lo hicieron –dijo Harry simplemente. Sonaba muy tranquilo considerando las circunstancias, pero Hermione pudo ver su enojo y su miedo.

–No es culpa de la señorita Granger, Sr. Potter –dijo Vector–. Ella tomó la mejor decisión basada en lo que sabía. La profesora Babbling y yo debimos de cometer serios errores si nuestras protecciones no fueron suficientes para detener al ladrón.

–¿Cree que el resto sea suficiente? –Preguntó Hermione.

–Lo dudo –dijo Harry.

–Eso espero –respondió Vector–, pero desafortunadamente, no hay manera de saberlo y no hay manera de detener al ladrón ya que yo no puedo atravesar esta puerta.

–Pero es su obstáculo, profesora –protestó Harry.

–Lo es, pero el profesor Dumbledore tiene la única llave. No hay manera de pasar sin esta.

–Pues, Snape debió de encontrar la manera.

–No sabemos quién es el ladrón, Sr. Potter. De cualquier modo, no puedo abrir la puerta.

–¿Sabe cuál fue el error? –Preguntó Hermione–. Quizás podamos imitar lo que hizo el ladrón.

–No tengo idea. Pensé que había protegido mi trampa contra cualquier ataque. Las estatuas no parecen haber sufrido daño físico.

–¿Qué es lo que hacen? –Preguntó Ron, observando cómo las estatuas continuaban intercambiando flashes de colores con sus ojos de cristal enormes.

–Pues, envían pulsaciones de luz el uno al otro, así que debe de ser un código –dijo Hermione. Intentó pensar sobre lo que Vector pudiera haber diseñado–. ¿Acaso involucra la factorización de números grandes?

Vector sonrió un poco.

–Señorita Granger –dijo ella–, confieso que mi plan original involucraba una combinación que consistiera de factores primos de un número de seis dígitos… hasta que te conocí.

–¿A mí?

–Sí. Tu aritmética mental tan prodigiosa me inspiró a buscar un método más seguro para proteger la piedra. Contacté a unos cuantos aritmagos y tecnomagos en los Estados Unidos para pedir su consejo y examiné la literatura muggle lo mejor que pude. No es el tipo de material al que estoy acostumbrada, pero logré encontrar algo útil llamado "intercambio de claves".

Eso era algo nuevo. Usualmente era Hermione quien sorprendía a la profesora Vector con su conocimiento, ¿pero la profesora Vector conocía sobre intercambio de claves? Eso no tenía ni veinte años de antigüedad, incluso en el mundo muggle. Era bastante sorprendente considerando que la mayoría de los magos pensaban que los objetos muggles funcionaban con "eclectricidad".

–¿Diffie-Hellman o RSA? –Preguntó ella.

–¿Qué? –Dijeron Harry y Ron al mismo tiempo.

–Por supuesto que sabes sobre eso. Mi obstáculo utiliza el protocolo pictográfico Diffie-Hellman.

Hermione asintió. El protocolo Diffie-Hellman era un método de comunicación entre dos personas que utilizaba un código en caso de que su comunicación fuera monitoreada. Utilizaba matemáticas relativamente simples que eran casi imposibles de revertir, por lo que alguien escuchando no obtendría toda la información y no sería capaz de duplicarla. Pero incluso su limitado conocimiento en programación le hacía saber que siempre había una manera de descifrar esos sistemas. Comenzó a tener una idea.

–¿Cómo funciona exactamente?

Bueno, ya que parece que no vamos a ir a ningún lado, señorita Granger… Las estatuas son Alice y Bob. –Ahora que examinaba más que los ojos de cristal, Hermione se dio cuenta que la estatua a la izquierda era una guerrera, con un aspecto similar al de Juana de Arco. Ron y Harry levantaron una ceja ante los nombres tan comunes–. Cada cinco minutos, Alice envía un número primo al azar (p) entre diez mil y veinte mil, y Bob envía un número al azar (g) entre mil y p. Los flashes están en código como el de un ábaco: rojo, amarillo, verde, azul, violeta, y blanco entre cero y cinco, respectivamente, con el dígito más significativo primero. –Hermione asintió de nuevo.

–Y generan una clave privada al azar, elevan g como potencia de ese número junto al módulo p, y responden con ese número como el siguiente mensaje.

El rostro de la profesora Vector se iluminó con orgullo a pesar de la situación.

–Correcto… por lo menos si entiendo la terminología. Cada estatua elige un número secreto al azar, una clave privada como tú dices, la cual también debe de estar entre mil y p. Pero los exponentes que resultan se repiten cada diez segundos por cinco minutos, y si algo sale mal, el ciclo comienza de nuevo al instante.

Para entonces, Harry y Ron observaban de una bruja a la otra como si fuera un partido de tenis.

–Así que, ¿es un tipo de aritmancia avanzada? –Preguntó Harry tentativamente.

–¿Hablaron en inglés? –Preguntó Ron.

–Es un módulo aritmético –dijo Hermione–. Es como… como hacer matemáticas con un reloj. Puedes sumar y multiplicar, pero cuando llegas al doce, tienes que comenzar desde cero… excepto que es un reloj mucho más grande, y más elegante.

Eso era simplificarlo mucho, y Hermione lo sabía. La profesora Vector intentó explicarles a los niños y lo hizo un poco mejor, aunque era difícil ya que no estaban acostumbrados a la idea de usar letras como números. Las dos estatuas intercambiaban dos números, p y g, y cada una elegía un número secreto, elevaban g a ese número, lo dividían sobre p, y tomaban lo que sobraba. Después compartían ese número a la otra estatua, elevaban g a potencia de ese número, lo dividían por p, y tomaban lo que sobraba. Cuando terminaban, las reglas matemáticas indicaban que cada estatua terminaba con el mismo número secreto.

–Si haces flashes de luz con ese nuevo número secreto con tu varita, activa las estatuas y la puerta se abre –terminó Vector–. Pero no hay manera de calcular ese número lo suficiente rápido. La única manera es utilizando la llave que tiene Dumbledore, la cual está conectada a las estatuas con el encantamiento proteico.

Harry y Ron aún lucían confundidos, pero todo tenía sentido para Hermione, excepto por cómo alguien había logrado atravesar el obstáculo.

–Pues, el ladrón no pudo haberlo forzado –dijo ella–. Tomaría un mínimo de cuatrocientas operaciones aritméticas descubrir el código. Ni siquiera yo puedo hacer logaritmos discretos tan rápido, incluso con una calculadora.

–Debió de haber funcionado ya que ganar contra tus habilidades era mi meta –dijo Vector.

–Mmm… bueno, si no lo forzó, entonces la respuesta más obvia es que fue un hombre en medio de un ataque. –Hermione dio un paso al frente y se colocó en medio de las dos estatuas–. Pudo pararse aquí, lanzar flashes de luz con su varita, y fingir que era Alice hablando con Bob o Bob hablando con Alice al mismo tiempo. Así pudo darles el código que quisiera.

–Pero pensé en eso, señorita Granger. Espero que no creas que pudiera ser confundida por un simple hombre en medio de un ataque. Por eso es por lo que Alice y Bob sólo esperan diez segundos para enviar sus exponentes la primera vez, es lo más rápido que pude programarlos. Cualquiera que intentara tal ataque sólo tendría diez segundos para realizarlo.

El rostro de Hermione se tornó serio. Analizó el procedimiento en su mente y se dio cuenta de que incluso eso tomaría veinte operaciones de cuatro dígitos. Tenía que haber una manera de forzarlo. El ladrón lo había logrado. Claro, quizás había abrumado a las estatuas con magia, pero sintió que estaba ignorando algo… algo que debería de hacerlo mucho más fácil… con sólo unas operaciones…

–¡Por supuesto! –Gritó ella–. Harry, dame tu varita.

–¿Qué? –Dijo él–. Eh… ¿de acuerdo?

Hermione tomó la varita de Harry con su mano izquierda y se colocó en medio de las dos estatuas.

–Señorita Granger… –comenzó Vector.

–¡Lumos! –Gritó Hermione. Para su entusiasmo, ambas varitas se encendieron. Apuntó cada una a los rostros de las estatuas.

Vector se detuvo, sus ojos abiertos completamente. El realizar un hechizo con ambas manos no era sencillo, especialmente para alguien de primer año.

Pero Hermione apenas había comenzado. El profesor Flitwick les había enseñado como hacer flashes de colores en clase de Encantamientos, pero en ese momento sólo había sido algo divertido. Ahora, tenía un buen uso para eso.

Gules, gules, gules –dijo ella. Ambas luces lanzaron tres pulsaciones de color rojo, o triple cero, las cuales revolvieron a Alice y Bob y las obligaron a comenzar el ciclo de nuevo. Hermione se preparó para realizar el cálculo mental más rápido, y diez segundos después, comenzó.

Primero, Alice lanzó su número primo, p, con la secuencia amarillo, amarillo, blanco, azul, blanco, azul, blanco, verde, los cuales Hermione inmediatamente tradujo como 11 887.

El número de Bob era el siguiente, generando el número g: azul, violeta, blanco, azul, amarillo, o 3 481.

Y Hermione sabía lo que tenía que hacer. Tenía que sacar el cuadrado de 3 481, dividir la respuesta por 11 887, tomar el resto y traducirlo en colores, todo en menos de diez segundos. Llegaba al límite de sus habilidades, pero lo logró justo a tiempo: 4 508. Mantuvo sus varitas en alto y gritó:

Argent, purpure, argent, gules, gules, argent, azure.

El tiempo pareció detenerse mientras Alice y Bob procesaban la entrada de Hermione. Incluso usando la varita de Harry con su mano izquierda, los colores habían resultado correctos, pero no tenía idea de si las estatuas los aceptarían.

Entonces, Alice y Bob lanzaron un nuevo par de números: sus exponentes. Alice envió blanco, violeta, blanco, amarillo, verde, blanco, amarillo, o 9 626, y Bob envió amarillo, amarillo, azul, blanco, violeta, o 1 139. Por supuesto, Hermione no sabía si esos números eran en respuesta a ella o a sus propios números, pero lo tuvo que intentar.

Fue difícil. Tuvo que hacer las mismas operaciones que antes dos veces, todo mientras enviaba su número original cada diez segundos. Hizo lo que pudo por ignorar los murmullos que intercambiaron Harry y Ron sin idea de lo que estaba haciendo, y a la profesora Vector observándola con escepticismo mientras diez, veinte, treinta segundos pasaban. Finalmente, justo a los cuarenta segundos, tuvo la respuesta. Si tenía razón, la clave de Alice era 711 y la de Bob era 1 638.

Hermione bajó su mano izquierda y mantuvo su varita apuntada hacia Alice, rogando que funcionara.

Argent, vert, or, ¡or! –Bajó su varita y apuntó la de Harry hacia Bob–. Or, argent, or, azure, argent, ¡azure! –Apenas logró evitar tartamudear con tal trabalenguas.

Repentinamente, escuchó un fuerte ruido y un sonido de engranajes moviéndose detrás de ella. La profesora Vector soltó una exclamación de sorpresa, y Harry y Ron comenzaron a sonreír. Hermione se dio la vuelta y vio a Alice y a Bob levantar sus hachas y la puerta de piedra se abrió.

–Hermione… ¿cómo…? –Dijo Vector sin poder creerlo.

–Fácil –respondió–. Use dos como mi número secreto. No está permitido en el rango, pero Alice y Bob no lo sabrían a menos que codificara en su programación una lista con millones de entradas, o que ellos mismos pudieran realizar logaritmos discretos.

La profesora Vector pensó sobre cómo funcionaban las matemáticas por un momento y después dejó caer su cabeza con comprensión.

–Tienes razón, Hermione. Admito que no había considerado esa posibilidad. Pero pensé que las estatuas también estaban encantadas para aceptar sólo luces de los cristales como exponentes, así que ese ataque no debió de funcionar.

–Snape debió de encontrar una manera de interrumpir eso. –Todos saltaron ya que Harry había sido quien había hablado. Vector suspiró.

–Aunque aún no estoy convencida de la identidad del ladrón, Sr. Potter, me temo que debo de estar de acuerdo. Algún tipo de hechizo debió de permitirle usar su propio número, como Hermione, y eso necesitaría de algo más poderoso que un Confundus.

–¿Qué estamos esperando, entonces? Vamos –insistió Harry caminando hacia la puerta.

–¡No! –Dijo Vector–. Yo seguiré y haré lo que pueda por detener al ladrón. Ustedes tres deben de regresar al instante y advertir al castillo. Son pequeños, la escoba será suficiente para llevarlos a los tres.

–No, yo iré con usted –dijo Harry.

–No harás eso.

–¡Yo también voy! –Dijo Ron corriendo al lado de Harry–. No voy a dejar a Harry de nuevo. Lamento mucho no haberte creído.

–Sr. Potter, Sr. Weasley, les ordeno que regresen junto a la señorita Granger.

–¡Puede expulsarnos después, profesora! –Gritó Harry–. Nadie nos creyó antes. Usted fue la única que nos escuchó. Nosotros somos los únicos capaces de detener al ladrón.

–Escucharán si les dan una buena razón. Señorita Granger, vaya al apartamento de la profesora McGonagall, asumo que sabes dónde es, y dile que llegamos… –la profesora Vector dio un paso adelante y miró a través de la puerta, intentando entender lo que estaba viendo–. Sí, dile que llegamos al tablero de ajedrez. Este debe de ser su obstáculo. Escuchará eso.

–¿Tablero de ajedrez? –Dijo Ron con entusiasmo.

–¿Tenemos que jugar para cruzar? –Preguntó Harry.

–Ciertamente. Ese es el tipo de obstáculo que ella diseñaría.

–Entonces va a necesitar a Ron –dijo Harry.

–Lo dudo, Sr. Potter. No has visto jugar a la profesora McGonagall. Será muy difícil para mí derrotarla, y si recuerdas tus lecciones, sabes que las piezas transformadas serán tan inteligentes como ella.

Usted no ha visto jugar a Ron, profesora. Necesita a Ron. Y yo iré con él. Hermione, ¿te vas o te quedas?

Hermione palideció mientras todas las miradas se dirigían a ella. ¿Debería de continuar o ser la voz de la razón? Pero las cosas ya se habían vuelto tan locas, ¿cuál era la voz de la razón?

–Yo… –comenzó con un poco de miedo–. Profesora, siempre podemos regresar sin problema, ¿no? –Preguntó–. ¿Ir por ayuda en cualquier momento?

–Sí –admitió Vector–. El profesor Dumbledore insistió que no permitiéramos que alguien fuera atrapado aquí.

–¿Y estaba de acuerdo con la "muerte dolorosa" al principio? –Demandó Ron.

–Bueno, no es tan difícil de escapar –dijo Hermione–. Huímos la primera vez.

–¿Cuándo…? –Comenzó Vector–. No importa. No quiero saber. Miren, no me agrada, pero vamos a tener que llegar a un compromiso. Yo tengo que seguir, y rápido. No puedo obligarlos a regresar porque no podré volver a cruzar esta puerta por mí misma. Tiene que haber tres o cuatro obstáculos más, incluyendo el tablero de ajedrez. Les permitiré que me ayuden a atravesarlos si pueden, pero quiero que me prometan que si nos encontramos con el ladrón, o si se vuelve muy peligroso, regresarán inmediatamente e irán por ayuda.

–Lo prometo, profesora –dijo Hermione al instante.

–Sí, Harry y yo también –dijo Ron.

Harry lanzó una mirada frustrada a los tres.

–Harry, sabes que la profesora Vector es mejor que nosotros –le recordó Hermione–. Sólo la distraerás. Además, si eres en quien está interesado el ladrón, lo mejor será huir y que alguien más experimentado se encargue.

Harry parecía querer gritar a sus amigos. Lo hizo sentirse más frustrado el que no pudo contradecir su lógica.

–De acuerdo –gruñó.

–Harry, en verdad lo siento –repitió Hermione–. Nunca pensé que pudiéramos llegar tan lejos.

–Sí, yo tampoco –agregó Ron–. No tenía idea de lo que estaba ocurriendo con toda la aritmancia. No sé si Bill pudiera entenderlo.

–Está bien –dijo Harry sin sentirlo–. Vamos a detener a Snape.

Caminaron a la siguiente cámara.

–¿Qué es este lugar? –Susurró Hermione.

Era otra habitación con antorchas, aunque había más sombras porque había muchos objetos en su camino. Estaban detrás de las piezas negras de un tablero enorme, el cual abarcaba todo el espacio. Las piezas eran del tamaño de un adulto o más grandes, con los peones de cinco pies y seis pulgadas de alto. Al otro lado del tablero, las piezas blancas lanzaban miradas molestas a los intrusos. Había un hueco al otro lado del tablero, pero lo más extraño era el techo. El techo estaba lleno de filosas estalactitas, las cuales eran tan largas que casi tocaban las cabezas de las piezas y se movían como péndulos con un sonido tan suave como el del viento golpeando al césped. No había espacio en la cámara para moverse por arriba o alrededor del tablero, y encima de todo, había una presencia grande de magia en el aire.

La profesora Vector agitó su varita por un momento y después la guardó.

–Los encantamientos son muy poderosos –dijo–. Creo que el profesor Flitwick y la profesora McGonagall trabajaron juntos en este obstáculo. Estamos limitados con la magia que podemos hacer a salvo.

–Tiene sentido si hay que jugar –dijo Ron. Caminó hacia el rey negro–. ¿Tenemos que, eh, tomar sus lugares para poder cruzar? –Preguntó.

El rey se dio la vuelta y asintió, y después todas las piezas del lado del rey se dieron la vuelta y caminaron al único espacio detrás del tablero.

–De acuerdo. –Ron estiró sus brazos–. Profesora Vector, creo que usted debería de ser el rey…

–No, creo que deberías de ser el rey, Sr. Weasley –lo contradijo–. Será más seguro para ti de esa manera. –Ron negó con la cabeza.

–No, usted es la que necesita continuar.

–Sí, pero tú necesitas poder terminar el juego.

–Profesora –dijo Hermione–, ¿qué ocurre cuando una pieza es capturada?

–No lo sé, excepto que no podrán continuar. Tienes que ser cuidadoso con las capturas, Weasley. Si es muy peligroso, tendremos que darnos la vuelta. –Ron asintió.

–Ajá, pero aun así usted tiene que ser el rey, profesora. El juego no termina en este cuarto. Si va a continuar, usted es la pieza más importante que hay que proteger.

Vector consideró protestar de nuevo, pero se detuvo. Su lógica tenía sentido.

–De acuerdo. Tomaré el lugar del rey.

–Bien –dijo Ron–. Harry, tu toma el lugar del alfil. Yo seré el caballo. Hermione, tú la torre… A jugar.

En cuanto todos estuvieron en posición, el peón d blanco, un caballero de tamaño real con una espada en su cadera, avanzó dos casillas con confianza.

Rn asintió ante el movimiento.

–¡Peón a d5! –Llamó.

Un peón negro idéntico avanzó dos casillas, quedando frente a frente con el blanco. Los humanos notaron que, a diferencia del ajedrez mágico normal, las piezas no hablaban. Después, el peón c blanco también avanzó dos casillas.

Ron se volteó a ver a Hermione cuando notó el movimiento.

–El gambito de la reina –dijo–. ¿Qué opinas? ¿Aceptamos, o rechazamos?

–¿O algo más? –Respondió Hermione–. No lo sé, tú eres mejor jugador.

–Yo sugiero que lo rechaces –dijo la profesora Vector–. Necesitamos jugar de manera defensiva, y eso nos haría más fuertes.

–Buena idea –dijo Ron–. ¡Peón a e6!

El peón e se movió una casilla. Después, y para la sorpresa de Ron y Hermione, las piezas de McGonagall continuaron jugando la variante ortodoxa al gambito de la reina declinado, con uno de los caballos blancos moviéndose a c3. Ron, sin embargo, decidió intentar cambiar el juego.

–Harry, e7 –dijo. Harry se movió una casilla en diagonal.

Las piezas blancas aprovecharon la apertura y el peón c blanco avanzó para hacer una captura. Los jugadores humanos perdieron el aliento cuando el peón se inclinó para tomar al peón d por la muñeca y el tobillo, levantó al aire a la estatua que debía de pesar quinientas libras, dio una vuelta para una revolución completa, y lo arrojó sobre las cabezas de las otras piezas, con las estalactitas haciéndose a un lado, hasta que se estrelló contra la pared detrás de ellos y cayó al suelo inconsciente.

Eso… no se ve bien –dijo Hermione en un chillido.

–No podemos hacer nada –dijo Ron con pesadez–. Tenemos que seguir jugando.

–¿Profesora? –Dijo Hermione nerviosa. Vector se tomó un momento.

–Dadas las circunstancias, supongo que lo permitiré. Pero hay que tener cuidado. Eso no parece mortal, pero los pudiera llevar a la enfermería si es que fueran capturados.

–Haré lo mejor que pueda, profesora –dijo Ron con determinación.

Continuaron jugando. Fue un juego tranquilo por un tiempo, tratando de sólo mover piezas, pero con un par de piezas capturadas. Pero entonces, fue el turno de Harry de capturar una pieza.

Ese fue el problema que no habían pensado antes. El peón blanco no se movió cuando Harry se acercó, permaneciendo en la esquina de su casilla.

–¡Muévete! –Le ordenó Harry, pero la estatua permaneció impasible con sus brazos cruzados sobre su pecho.

–Quizás debamos de lanzarlo, de alguna manera, como lo hacen las otras piezas –sugirió Hermione.

–¡Pero no puedo hacer eso! –Protestó Harry–. ¿Qué no la magia debería de hacerse cargo o algo?

–No por sí sola –dijo Vector–. Supongo que eso es parte del reto. Pero un encantamiento levitatorio debiera de funcionar. Creo que los encantamientos en este cuarto lo permitirán. –Apuntó su varita al peón blanco–. Wingardium Leviosa. –Con gran esfuerzo, levitó la estatua y la movió fuera del tablero. Y sí, las estalactitas se hicieron a un lado dándole el espacio para que pudiera mover el peón sobre el resto de las piezas. Tomó su varita con ambas manos al sentir el peso. Con sus brazos temblando y sudor cayendo sobre su frente, finalmente liberó el hechizo, y el peón cayó al suelo detrás del tablero con un fuerte ruido. Ella tembló en su casilla, apenas capaz de permanecer en pie. –Espero que no tengamos que hacer eso muchas veces.

Pero unos movimientos después, Ron tuvo que capturar un alfil… una criatura de aspecto terrible, como el del Cardenal Richelieu. Con seis pies de alto, túnica clerical y mitra, eran un poco más pesado que el peón. La profesora Vector intentó levitarla, como antes. Colocó sus pies firmes, jadeando y resoplando, y sosteniendo con fuerza su varita, pero sólo logró hacer que el alfil se tambaleara un poco, se elevara unas pulgadas, y cayera de golpe. La estatua sonrió en silencio.

–Lo siento. Es muy pesado –dijo Vector–. No se cómo moverlo.

–¡Espere! –Dijo Hermione–. ¿Recuerdan al troll? Podemos hacerlo si trabajamos juntos. Todos digamos el hechizo al mismo tiempo. Uno… dos… tres…

El alfil mostró una expresión de sorpresa al ser levitado. Fue difícil. Las piernas temblaron por el esfuerzo, y Harry comenzó a sudar tanto que parecía que sus lentes iban a resbalar. Hermione pudo entender porque la profesora Vector tuvo tanto problema cuando sintió la energía escaparse de su cuerpo, pero lograron quitar al alfil del tablero.

–Eso… fue difícil –exclamó Ron–. Espero que no tengamos que hacer eso con el rey.

–Yo también –dijo Hermione sin aliento.

El juego se volvió aún más difícil después de eso. Ron necesitaba mucho tiempo para considerar sus movimientos. Hermione y la profesora Vector ofrecieron consejos de vez en cuando, pero pudieron ver que la profesora McGonagall y Ron estaban en otro nivel. "Una transformación sólo puede hacer tanto como el mago que la visualice", les había dicho McGonagall en múltiples ocasiones. Desafortunadamente, ella podía visualizar bastante en lo que se refería al ajedrez.

–Harry, hay algo que me he estado preguntando –dijo Hermione para pasar el tiempo mientras observaba desde su lugar en la última fila. Él se dio la vuelta para verla.

–¿Qué?

–¿Cómo pasaste el lazo del diablo? –Para su sorpresa, Harry sonrió.

–Pues, las vainas me atraparon –dijo–. Y no sabía lo que eran, pero no me gustaba lo que estaba ocurriendo, así que pensé "¿qué haría Hermione?" –Hermione se sonrojó.

–¿Y…? –Dijo algo nerviosa.

–Utilicé el hechizo para hacer llamas azules que siempre estás usando.

–¿En serio? –Dijo Hermione con sorpresa y después sonrió–. Harry, no sabía que podías realizar ese hechizo.

–Eh… yo tampoco.

–Oh… –dijo Hermione–. Pues… es bueno que lo lograste.

–Sí.

–Así es, Sr. Potter –dijo la profesora Vector–. Cuando no te vi al llegar al lazo del diablo temí lo peor por un momento.

–Profesora… –dijo Hermione con curiosidad–. Ya que los hechizos de fuego funcionan, el lazo del diablo no parece un obstáculo tan difícil para un mago adulto, ahora que lo pienso.

–Eso es porque no era un obstáculo. Está ahí para ser algo blando para aquel que entre de manera legítima. Cuando está seco, el lazo del diablo es un excelente petate.

–Oh.

Hubo un ruido fuerte cuando Ron envió a la otra torre a hacer una captura.

Era un juego difícil. Perdieron a la reina negra mientras lograban capturar al otro alfil blanco. Hermione estaba un poco molesta al ver que Ron parecía estarse refrenando. Aún estaba atrapada en la última fila, observando a una torre blanca en su diagonal.

A Hermione también comenzó a desagradarle la reina blanca. Con sus seis pies de altura, de mármol brillante con una corona elaborada y túnicas de la realeza, Hermione pensó que era igual a la Bruja Blanca en El león, la bruja y el ropero. También lucía más engreída y condescendiente cada vez que capturaba a un peón y lo lanzaba como un trapo detrás del tablero.

Y después, Hermione se dio cuenta, Ron estuvo a un movimiento de un jaque mate, pero desafortunadamente, fue en el tiempo incorrecto. La reina blanca lo notó también y dio un paso adelante y lanzó otro peón detrás de la cabeza de Hermione, atacando la casilla a la que Ron tenía que ir. Aún peor, Harry estaba en la misma fila y también estaba bajo ataque.

–Eh, ¿Ron…? –Dijo su amiga un poco nerviosa.

–Lo estoy pensando, estoy pensando –dijo el pelirrojo.

Hermione observó la escena. Necesitaban bloquear el ataque de la reina blanca contra Harry y abrir la línea de ataque al rey blanco… y prestar atención a las consecuencias. Ese era un problema difícil. No estaba segura de que funcionaría el pensar tantos movimientos con anticipación, pero una mirada al rostro de Ron le dijo todo lo que necesitaba saber ya que su expresión se llenaba cada vez más de preocupación. Sólo había dos opciones, y ella sabía cuál tomar.

–Ron –dijo con preocupación–, por favor dime que ves algo que yo no.

–No, me temo que no –respondió.

–¿Qué ocurre? –Preguntó Harry.

–Podemos ganar, pero… –Hermione comenzó a señalar las piezas–. Nuestra torre se mueve a c3, su reina toma la torre, el caballo hace jaque al rey… la reina toma al caballo, el alfil hace jaque al rey, la reina se mueve a e3, el alfil toma a la reina, y hace jaque mate.

Harry apenas pudo registrar todo eso, pero vio a dónde señalaba el dedo de Hermione en medio de la secuencia.

–¡Ron, no puedes! –Gritó.

Pero Ron negó con la cabeza.

–Tenemos que hacerlo. Hay que hacer sacrificios en el ajedrez.

–Pero…

–¿Quieres detener a Snape o no?

–Ron…

–¿Está seguro, Sr. Weasley? –Preguntó la profesora Vector, aunque estaba bastante segura de que veía lo mismo.

–Definitivamente.

–Lo siento, pero tiene razón, profesora –respondió Hermione–. La única otra opción es torre a c3, la reina toma la torre, el alfil hace jaque al rey, la reina toma al alfil… –estaba señalando a Harry–... el caballo hace jaque mate.

–¡Yo lo haré! –Dijo Harry en un instante.

–¡No! –Ron lo detuvo–. Harry, te dije que el juego no termina aquí. Sigues diciendo que Quien-Tú-Sabes… –tragó saliva–. Si él regresa, vendrá tras de ti, y será mejor si no eres el que está atrapado en la enfermería. Sólo recuerda, una vez que haga jaque al rey, todos los movimientos de la reina serán forzados. Tienen que terminar la jugada.

–Sr. Weasley, intentaré colocar un encantamiento ablandador sobre ti –dijo Vector–. Desafortunadamente, no puedo estar segura de que funcionará. Asegúrate de cubrir tu cabeza con tus brazos.

–Gracias profesora –dijo Ron algo nervioso–. ¡Torre a c3!

La torre negra avanzó dos casillas, interponiéndose entre Harry y la reina blanca. Pero la reina blanca lanzó una sonrisa malévola, levantó la torre, y la arrojó detrás de las filas mirando a Harry con triunfo.

Ron tomó un gran respiro.

–Pues, aquí voy…

–¡Espera! –Gritó Hermione–. ¡Ganamos en tres movimientos! ¡Háganse a un lado!

Nada ocurrió.

–Valió la pena el intento.

Vector levantó su varita y la apuntó a Ron.

Pulvinus –dijo, pero no fue claro si hizo algo–. Esto es lo mejor que puedo hacer, Sr. Weasley. Espero que sea suficiente.

Ron asintió. Estaba temblando mientras caminaba dos casillas hacia adelante y una a la izquierda.

La reina blanca se dio la vuelta bruscamente, como si hubiera sido ofendida, y caminó hacia Ron. El niño comenzó a gritar, y los otros niños lo siguieron mientras lo tomaba por la muñeca y el tobillo, daba una vuelta, y lo lanzaba contra la pared con fuerza. Y después, algo ocurrió que no esperaban: la puerta que llevaba a la cámara de la profesora Vector se abrió, y Ron voló a través de ella. Hubo el suficiente tiempo para que escucharan un golpe y un grito de dolor antes de que se cerrara de nuevo.

–¡Ron! –Gritó Hermione y comenzó a moverse.

–¡No te muevas! –Le ordenó Harry–. ¡Aún estamos jugando! –Se movió a c5 para hacer jaque al rey blanco. La reina blanca, luciendo nerviosa, se movió a la línea de ataque de Harry… su único movimiento legal, aún si letal para ella. Harry se movió hacia su casilla en e3 con una mirada llena de ira. Pero después, cuando levantó su varita, se dio cuenta de que había un problema. La reina era aún más pesada que el alfil, y sólo había tres de ellos.

–¿Creen que podamos cargarla? –Preguntó. Una sonrisa de burla apareció en el rostro de la reina blanca cuando notó su titubeo.

–Tenemos que intentarlo –dijo Hermione–. ¡Wingardium Leviosa!

Dos hechizos más se unieron al suyo, y la reina se tambaleó un poco, pero permaneció en su lugar. Su sonrisa creció aún más. Hermione estaba cansada. Estaba poniendo tanto poder como pudo en el hechizo que pensó que iba a caer, pero no fue suficiente. Cayó sobre sus rodillas, sus manos blancas por el esfuerzo, y enfocó su ira por lo que la reina blanca había hecho a Ron en su varita. A la distancia, notó que Harry también caía en sus rodillas, y la profesora Vector parecía estar temblando. Pero finalmente, la reina blanca se elevó con una expresión de terror en su rostro. El trío empujo con toda su fuerza, y ella voló detrás de la línea del enemigo y se estrelló contra el suelo.

–¡Toma eso! –Soltó Hermione sin aliento.

Harry estaba respirando con dificultad mientras se ponía de pie y tomaba su lugar en la casilla e3. Rogando que no lo tendrían que hacer de nuevo, se enfrentó al rey blanco.

–¡Jaque mate!

Para el inmenso alivio de todos, el rey blanco se quitó su corona y, con una expresión frustrada, la soltó a los pies de Harry con un fuerte golpe y tanto las piezas blancas como negras los dejaron pasar.

–¡Sí! –Celebró Harry elevando su puño al aire–. Vamos.

–Harry, ¿y Ron? –Lo llamó Hermione.

Se miraron los unos a los otros.

–Sigue con vida… y está consciente. No creo que su caída fuera con tanta fuerza –dijo Vector, aunque no estaba segura–. De igual manera, uno de ustedes o los dos debería de ir a ayudarlo.

–Pero qué tal si el resto de los obstáculos necesita de los tres –protestó Harry.

Todos permanecieron en silencio por un momento.

–¿Qué más hay, profesora? –Dijo Hermione lentamente.

–Debería de haber dos obstáculos más: el del profesor Quirrell y el del profesor Snape. Sé que el profesor Quirrell trajo otro troll. –Hermione soltó un grito–. No sé lo que hizo el profesor Snape.

–¿Quirrell no colocó ningún hechizo en contra de magia oscura? –Dijo Harry con sorpresa.

–Quizás. Si es competente (aún no estoy segura de eso), debió de encantar al troll para que sea resistente a la magia. Ahora, si ambos insisten en continuar, déjenme mirar primero, por favor. –Vector caminó lentamente hacia la puerta, la empujó levemente y dio una rápida mirada. Suspiró con alivio y se dio la vuelta–. El ladrón lo ha derrotado. Eso deja el obstáculo del profesor Snape… Así que dejaré que vengan conmigo. Si podemos resolverlo, yo seguiré y ustedes regresarán. ¿Entendido?

–Sí, profesora –dijeron ambos niños.

–Bien. Vamos.

Caminaron dentro de la cámara siguiente, aun temblando un poco por lo ocurrido en el tablero de ajedrez, y fueron golpeados de inmediato por un olor familiar y asqueroso. Aguantaron la respiración mientras atravesaban el cuarto pasando a un troll de montaña de unos quince pies de alto y más feo que el que habían conocido en Halloween, el cual para su suerte estaba inconsciente con una mancha de sangre en su cabeza.

Para su sorpresa, la puerta al otro lado de la cámara no estaba cerrada. En su lugar, en cuanto atravesaron el arco, llamas azules salieron detrás de ellos, llenando la puerta del suelo al techo. Al mismo tiempo, llamas negras que parecían emitir oscuridad y no luz aparecieron en el arco al otro lado del cuarto.

–¡Estamos atrapados! –Dijo Harry.

Hermione acercó su mano con cautela a las llamas azules detrás de ellos.

–¡Sí! –Exclamó con alivio–. Podemos regresar sin problema.

–No podemos continuar –dijo la profesora Vector–. Ese es fuego maldito y muy caliente. –Era cierto… podían sentir el calor emitido por este. En el cuarto también había una mesa con siete botellas de pociones y un rollo de pergamino.

–Debe de ser una pista –dijo Hermione abriendo el pergamino–. El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás… ¡Oh, es un acertijo! Tres botellas tienen vino, tres tienen… veneno, y una protegerá al que la beba para poder continuar. Sí, es brillante. Snape siempre dice que los más grandes magos no tienen una pizca de lógica. Esto debería de ser fácil. Denme un minuto… –Comenzó a susurrar para sí misma y señalando las botellas. No le tomó mucho tiempo antes de hablarles de nuevo–. Listo. Es esta. –Señaló la tercera botella en la fila.

–¿Estás segura, Hermione? –Preguntó Vector.

–Absolutamente.

–No. No lo creo –dijo Harry.

–¿Qué…? –Hermione dijo sin poder creerlo. Ni siquiera había leído el acertijo–. ¿Por qué no?

–Es muy fácil. Incluso si la mayoría de los magos no pueden resolverlo, e incluso si Snape no es el ladrón, ¿en verdad crees que lo haría tan obvio? Debe de ser una trampa.

–Harry, sé que tú y Snape han tenido problemas, pero creo que estás exagerando.

–De hecho, Hermione, estoy de acuerdo con tu amigo en esto –dijo Vector para su sorpresa–. Ese es el tipo de cosa que el profesor Snape haría. Además, siempre existe el peligro de que el ladrón haya mezclado las botellas.

Hermione se sintió derrotada.

–¿Cómo descubrimos cuál es la segura?

–No lo sé –dijo Harry con pesadez. Estaban tan cerca, pensó. Tenía que haber una manera.

–¿Hay algún modo de probarlas con magia? –Vector negó con la cabeza.

–No con lo que tenemos aquí.

Harry suspiró. ¿Había otra manera? ¿Acaso Snape había pensado sobre alguien legítimo entrando, y las botellas habían sido mezcladas? ¿Le importaba? Observó a su alrededor por algo que fuera útil, pero no había nada. El cuarto estaba vacío.

¡Espera, no! Había algo. Con sus habilidades de buscador notó algo flotando entre las llamas detrás de ellos, y muchas más inconscientes en el suelo detrás de ellos.

–¡Eso es! –Gritó. Corrió a la puerta y saltó al aire, como intentado capturar la snitch. Pareció atrapar algo, y regresó y soltó su premio en la mesa: una polilla gitana algo mareada–. Podemos probar las pociones en estas.

Los ojos de Hermione se abrieron ampliamente. No le agradaba el hacer pruebas en animales, pero considerando las circunstancias, podía hacer una excepción.

–Harry, ¡eso es brillante! Necesitamos una gota de cada botella. Intenta atrapar unas cuantas más. Yo probaré las pociones.

La profesora Vector observó con interés a los dos niños mientras trabajaban de manera sincronizada. Harry puso sus habilidades para el quidditch en buen uso mientras Hermione tomaba la primera botella y la inclinaba con cautela, dejando caer una sola gota de poción en la polilla. El insecto de inmediato se colapsó y se quedó quieto.

Hermione frunció el ceño. Pero rápidamente continuó con la segunda botella ya que Harry ya tenía la polilla lista. Pronto agradeció la idea de probar las pociones ya que no sólo las primeras tres, sino que las primeras cinco botellas que probó, incluyendo la que se suponía era la respuesta correcta, resultaron contener veneno. En la sexta botella, una de las que Hermione creyó contenía veneno, la polilla tembló, pero continuó batiendo sus alas. Así que esa no tenía veneno. Ahora, ¿a probarla en el fuego?

Pero Harry ya tenía la respuesta.

Wingardium Leviosa. –La polilla batió sus alas inútilmente en contra de la magia. La expresión de Hermione se tornó seria mientras Harry la llevaba a través del aire hasta que pasó el fuego maldito. Pero cuando la trajo de vuelta, la criatura aún estaba moviendo sus alas y no tenía ni una quemadura.

–Pues, listo –dijo Vector son seriedad. Ella tomó la botella con la poción–. Sr. Potter… Harry, te debo una disculpa. No creí que fuera posible, pero parece que todos estos obstáculos no son tan seguros como pensé.

–Está bien –dijo Harry renuentemente–. Sólo asegúrese de detener a Snape… o quien sea que esté ahí. –Ella asintió.

–Hermione, no hay suficientes puntos para quitarte por lo imprudente que fuiste esta noche. –Hermione palideció considerablemente–. Y no hay suficientes puntos para darte por tu excelencia aquí… y eso va para ti y para tus amigos. Por favor, digan lo mismo a Ronald de mi parte.

–Lo haré, profesora –dijo ella sonrojándose.

–Ahora, debo de continuar. Regresen, ayuden a su amigo, y salgan los tres de este lugar. Encuentren a la profesora McGonagall, díganle lo que sea que tengan que decir para que escuche, y envíen una lechuza al profesor Dumbledore.

Harry asintió con comprensión. El labio de Hermione tembló, y repentinamente se lanzó sobre su profesora favorita y la abrazó.

–Oh, profesora, por favor, tenga cuidado –dijo en un sollozo.

–Siempre… Ahora, ¡váyanse!

Septima Vector observó a los dos niños darse la vuelta y atravesar las llamas azules rogando en silencio que regresaran con bien. Después, tomó la poción de protección y sintió el frío extendiéndose por todo su cuerpo. Respiro profundamente, levantó su varita, y dio un paso al frente para atravesar el fuego maldito.


Notas del autor: Gules, or, vert, azure, purpure y argent: del francés antiguo para rojo, dorado, verde, azul, morado, y plateado, como usados en la heráldica.

Pulvinus: Del latín para "almohadón".

En caso de que se estuvieran preguntando, el número secreto de Alice era 11 869, y el de Bob era 2 574.