– Capitulo XXI –
予期せぬ提携
(Alianzas Inesperadas)
Parte I
"Nunca sabes lo que te sucederá" - TARAJI P. HENSON - Queenie
Los ojos del rey observaban la figura de un abatido Ardyn, quien se encontraba hincado con la cabeza mirando al suelo. Nunca creyó llegar a estar en aquella situación, escuchando las quejas de su rey así como lo decepcionado que se encontraba con su desempeño, enumerando los miles de errores que había cometido durante su mandato como capitán de la guardia real pero, por sobre todas las cosas, el haber dejado escapar en más de una ocasión, al ladrón Shade quien, hasta ahora, se había desvanecido sin dejar rastro.
− Supongo que estás preparado para tu castigo, ¿no es así? – dijo sin ninguna emoción en su rostro.
Ardyn se mantuvo en silencio, secundando sin palabras lo dicho por su rey.
− Me decepcionaste Ardyn, creí que serias diferente al anterior comandante de la guardia pero me has demostrado que eres incluso, peor que él.
−…
− ¿Sabes cuál es el castigo por tus fallas?
Ardyn trago con fuerza.
− Debería condenarte a sufrir el mismo fin que tu antecesor pero – comenzando a jugar con sus dedos – debo admitir que hiciste una que otra cosa bien.
− Su majestad – levanto la cabeza unos segundos.
− ¡No he terminado de hablar!
Ardyn volvió a callar.
− ¡Cuando tu rey habla, tu deber es callar!
El comandante bajo la cabeza nuevamente.
− Como iba diciendo, tuviste alguno que otro logro y no olvido que, aun con los… Inconvenientes en Kilika con Shade, lograste traer lo que te encargue sin un rasguño.
Ardyn respiro profundamente.
− Es por ello, que después de meditarlo mucho – levantándose de su trono para comenzar a bajar los escalones – un esfuerzo considerable considerando tus miles de fallas – bajando el último escalón y caminando hacia donde el comandante se encontraba – tome la decisión de que tu condena, no sea tan… Fatal.
El rey entrecerró los ojos haciendo que su semblante se ensombreciera.
− Capitán Ardyn, a partir de este momento queda relegado de su puesto, su título de nobleza le será arrebatado así como todas sus pertenecías.
− Su majestad.
− Serás enviado junto a tu familia al país de Artai donde permanecerás hasta el último día de tu vida, sirviendo a los granjeros encargados del cuidado de los chocobo.
−…
− ¿Tienes alguna objeción a tu condena?
Ardyn abrió y cerró su boca pero no emitió sonido alguno.
− ¿Y bien?
− Ninguna su majestad.
− Muy bien – el rey le dio la espalda y comenzó a subir nuevamente las escaleras para volver a sentarse en su trono – es todo… Llévenselo.
Hizo un ademan y los guardias que estaban en la entrada del lugar caminaron hacia el ex comandante, lo tomaron por los brazos y lo jalaron para que se levantara, haciendo que caminara a rastras hacia la salida.
Cuando la puerta se cerró, un guardia con un casco en mano camino por el largo pasillo hasta quedar frente a la escalinata y se hinco.
− Su majestad.
− Ya sabes qué hacer con el – dijo con una voz grabe y fría.
− Como usted ordene.
− Y… ¿Comandante Fleuret?
El levanto la vista.
− No me falles.
Él sonrió, se levantó para hacer una reverencia y salió del lugar.
Sus ojos parpadearon un par de veces al escuchar lo dicho por el de ojos azules. Aun no salía del asombro mientras observaba como Victor tomaba un sorbo de su chocolate caliente.
− ¿Degradado? – volvió a preguntar como queriendo confirmar que había escuchado bien.
− Si, tal como escuchaste – tomando otro sorbo − mi padre lo exilio del reino por todas las fallas que cometió durante su gestión así que, él y su familia partirán hoy mismo a las tres de la tarde hacia Artai.
− Pero eso es… − Dijo desviando la mirada, apretando con algo de fuerza la lata de su bebida caliente – Es un suicidio partir a esa hora.
− Lo sé pero, son órdenes de mi padre.
− Es que… − cerrando sus labios, tratando de reprimir lo que pensaba.
− Dilo – le animo – prometimos cambiar el futuro juntos ¿no?, eso significa que yo te contare todo y tú harás lo mismo.
Yuuri se mordió el labio inferior y dudo en contarle lo que pasaba por su cabeza.
− Yuuri – acercándose más a él haciendo que este último se pusiera más nervioso − ¿me vas a decir?
− Es que… Pues… − cerró sus ojos, sintiendo los nervios recorrerle, al tenerlo tan cerca que, ante el miedo decidió hablar – No lo sé pero, tengo la sensación de que algo no está bien – dijo finalmente.
− ¿Por qué lo dices? – alejándose para alivio del menor.
Yuuri suspiro de alivio y trago con fuerza.
− No lo sé, siento que todo esto no encaja, conocemos a tu padre o… – Regresándolo a ver de reojo – al menos lo que sabemos, que no suele perdonarle la vida a nadie que lo traiciona o le falla y, digamos que Ardyn no era alguien conocido por tener éxito en sus labores.
− ¿Y quién tenía la culpa de ello? – Victor soltó una pequeña risa al recordar la infinidad de veces que había visto en televisión como el ladrón Shade avergonzaba a la guarda.
− ¡Oye!
− Solo digo la verdad.
Yuuri hizo un puchero pero, tras unos segundos comenzó a reír.
− De acuerdo, te concedo eso… Quizás yo tuve mucha culpa de ello.
− ¿Quizás? – enarco una ceja sin dejar de reír.
− Bueno, la mayoría del tiempo – dijo aceptándolo − ¿contento?
− Sí – aclarando su voz para dejar de reír – regresando al tema, ¿Por qué crees que algo no está bien con lo que le sucedió?
− No lo sé, temo que tu padre trame algo.
− ¿Crees que planea matarlo?
− No lo sé, quizás me equivoque y le perdonó la vida – encogiéndose de hombros – de todas formas, le pediré a… − mirándole de reojo.
− No te preocupes, comprendo que aún no quieras decirme quienes son tus aliados
− Gracias – le sonrió – en fin, les pediré que vigilen a Ardyn y lo sigan hasta que llegue a su destino, solo por precaución.
Victor le sonrió ligeramente, y Yuuri noto que quería decirle algo más.
− ¿Que sucede?
El mayor negó.
− Es solo que… Es extraño que busques la manera de protegerlo aún, cuando el traro de matarte varias veces.
− Ardyn solo cumplía órdenes además, digamos que yo le jugaba bastantes bromas por lo que su odio quizás, está justificado – esto último lo dijo entre dientes – me siento un poco culpable por el fin que tuvo, es todo.
Victor alargo su mano hasta el hombro izquierdo del azabache e hizo que este apoyara su cabeza en su hombro.
− Eres demasiado bueno para tu propio bien.
− Me lo han dicho – contesto con las mejillas encendidas.
Dejo la lata de su bebida sobre la roca de lado y se levantó ante la atenta mirada del azabache.
− Mejor cambiemos a temas más alegres – dijo girándose para encararlo – venimos a patinar ¿o no? – extendiendo su mano para que la tomara.
Yuuri sonrió, asintió y tomo la mano que le era ofrecida para levantarse del su sitio.
Ambos llevaban puestos sus patines por lo que simplemente se deslizaron por el hielo de aquel viejo lago, riendo y divirtiéndose por un instante mientras Makkachin se deslizaba por el hielo, tratando de levantarse.
Con cuidado masajeaba el puente de su nariz, esperando con ello que la tensión y el estrés que sentía se evaporaran, aunque sabía que con aquella acción no ganaría el efecto que esperaba.
No lograba comprender la actitud que últimamente su hermano había adoptado, salía de casa a la escuela y regresaba ya pasadas las cinco de la tarde, cuando el sol se había ocultado por completo, asegurándoles que solo paseaba con sus amigos pero, muy en el fondo, había algo que le inquietaba de aquellas salidas.
Su hermano nunca había sido aficionado a salir, aun cuando tuviera amigos, él prefería regresar a casa, encerrarse y estar en su laptop a menos que saliera sin avisar y usara su alter ego como Shade. Desde que había regresado tras estar perdido, algo había cambiado y no sabía el que.
− Yuuri – susurro su nombre − ¿qué sucede contigo?
Se preguntó, recordando brevemente el momento en el cual su hermano regreso a casa.
El timbre de la puerta sonó en repetidas ocasiones, no tenía ganas de levantarse de su lugar, animo que su padrino compartía. Había pasado la noche en vela, esperando alguna noticia del paradero de su hermano, fuera buena o mala pero, con cada hora que pasaba las esperanzas lentamente comenzaban a desvanecerse.
− Deberíamos abrir – murmuro su padrino – puede que sea algo importante.
− ¿Mas que la vida de mi hermano? – Pregunto regresando a verlo – no lo creo.
Adalberto suspiro y se levantó de su lugar.
− Iré yo.
Con pasos lentos avanzo hasta la puerta, el timbre no dejaba de sonar lo cual irritaba de cierta forma al rubio. Con fastidio claramente marcado en su rostro, abrió la puerta, llevándose una gran sorpresa al ver quien era.
− ¿Yuuri?
El azabache se sobresaltó al escuchar su nombre ya que, mientras esperaba a que abrieran – después de muchas veces tocar el timbre− le dio la espalda a la puerta para observar su alrededor.
− He… Hola.
Por un minuto había imaginado que le reñirían nada más verle en la puerta pero, jamás pensó que el rubio se acercara velozmente y lo envolviera en un fuerte abrazo.
−…
− Estas vivo – murmuro con alivio en su voz − ¿Estas bien? − pregunto separándose un poco para ver el rostro del menor − ¿Estas herido?
Yuuri aún estaba sorprendido por la acción del mayor, que tardo en procesar lo que el rubio le había preguntado.
− ¿Qué?
− ¿Estas bien? – volvió a preguntar.
− Sí, estoy bien – contesto con una sonrisa – no me paso nada grave.
Escucho al mayor suspirar de alivio y le regreso la sonrisa.
− Entra, tu hermana ha estado muy preocupada.
Yuuri asintió y siguió al rubio hasta la sala de la casa.
Nada más entrar, su hermana se levantó de golpe y corrió hacia él, abrazándolo con toda la fuerza de la que disponía en ese momento. Yuuri sintió como su cuello comenzaba a empaparse, dándose cuenta que se trataba de las lágrimas que su hermana estaba derramando.
− Mary – pronuncio su nombre – estoy bien.
Ella no contesto, solo lo abrazo con más fuerza.
− Hermana.
− Tú – les escucho decir – grandísimo idiota.
− Yo…
− ¿Sabes lo preocupados que hemos estado? – pregunto, separándose de golpe con los ojos rojos – Pensábamos que estabas muerto, nadie sabía dónde estabas, incluso pensamos que… − ella lo soltó y le dio la espalda, comenzando a sollozar de nuevo.
− Lo siento – hablo Yuuri – sé que los preocupe pero, ya estoy aquí.
Su hermana no contesto.
− Mary – se acercó a ella – lo siento – volvió a decir – de verdad pero… Aquí estoy – dijo abrazándola por la espalda.
− Esta bien – le escucho decir unos instantes después – estas vivo y sin heridas, es lo que importa – llevando sus manos hacia las de su hermano menor y las apretó con fuerza.
Yuuri sonrió, sintiendo que finalmente estaba en casa.
− Mary – le llamo Adalberto − ¿estás bien?
La pregunta de su padrino le hizo regresar a la realidad y le dirigió la mirada aun algo confundida.
− Si… No… No estoy segura.
− ¿Que sucede?
− Es Yuuri – declaro − ¿has notado algo extraño desde que volvió?
− ¿Algo extraño?
− Si, últimamente sale mucho, siempre esta con el celular en la mano y sonríe cuando nadie lo está viendo, incluso ahora quiere saber cuáles son los planes que seguiremos, además de que cuando le preguntamos donde estuvo durante las horas que permaneció perdido, no quiso comentar nada, solo dijo que una persona conocida lo salvo pero…
− Si Yuuri quiere mantener en secreto donde estuvo, sus razones tendrá, si lo obligamos a decirnos, solo regresaremos al inicio, cuando no confiaba en nosotros y prefería hacer las cosas por su cuenta… Y sabes cómo termina todo cuando hace eso último.
− Lo sé pero, ¿qué me dices de lo otro? – dijo cruzándose de brazos.
− Es normal, ahora que ha decidido seguir su destino, quiere estar al tanto de lo que nuestros aliados harán además, no olvides que él es el verdadero rey.
− Sin corona – indico.
− Con o sin la corona, lo es.
Mary frunció el ceño.
− Escucha, es normal lo que sucede – acercándose y sentándose a su lado – ha pasado por muchas cosas en poco tiempo, descubrió que es un príncipe, tiene un destino que cumplir, miles de vidas están en sus manos, es normal que él quiera saber que harán nuestros aliados y tomar la decisión correcta además…
− ¿Además? – regresando a verle.
− Acaba de salir de vacaciones, no olvides que también es un simple estudiante que necesita distraerse de vez en cuando.
− ¿Desde cuando eres así de optimista?
− Culpa a Sunan, él es una muy mala influencia.
Mary solo rio un poco al escucharlo.
Ambos mantuvieron su conversación por unos minutos más hasta que el timbre de la casa sonó, indicándoles que tenían visitas. Mary se levantó de su sitio aun extrañada por aquello, no esperaban a nadie por lo que, al abrir la puerta, se sorprendió de encontrarse con Sunan y el viejo Cid.
− Buenos días Mary – la saludo Sunan.
− Buenos días – le respondió – No los esperábamos, ¿sucedió algo?
− Me temo que sí, ¿podemos pasar?
− Sí, Claro.
Ella se movió a un lado dejando que ambos ingresaran a la casa y cerró la puerta. Caminaron por el pequeño pasillo hasta llegar a la sala donde un sorprendido Adalberto los recibió.
− Sunan, Cid – dijo sus nombres en un murmullo − ¿Sucedió algo?, pensé que nos veríamos la próxima semana.
− Si, ese era el plan pero…− Sunan regreso a ver al viejo Cid.
El hombre mayor asintió y dio un paso al frente.
− ¿Alguno de los dos vio el noticiero el día de hoy?
Ambos negaron con sus cabezas.
Cid suspiro.
− ¿Qué sucede? – Volvió a preguntar Mary.
− Lo mejor será sentarnos, lo que debemos hablar es de suma importancia y puede que complique las cosas.
Tanto Mary y Adalberto se regresaron a ver, preocupados por aquello de lo que el viejo Cid quería hablar.
Emitió un fuerte gemido cuando el frio hielo impacto sobre su parte trasera. Era la tercera vez que caía al tratar de hacer un simple Salchow, no sabía el por qué le estaba sucediendo eso, siempre que practicaba los saltos solían salirle a la perfección aunque, quizás el motivo principal es que siempre lo hacía cuando estaba con su mejor amigo, personas intimas de su confianza o cuando no había publico alrededor que lo viera patinar.
Y el tener a Victor, viéndolo mientras hacia sus saltos quizás era motivo suficiente para estar tan nervioso y caer como un novato hacia el frio hielo. Se levantó con esfuerzo, frotándose la parte dolorida de su cuerpo, escuchando a pocos metros de él una ligera risa por parte del de ojos azules.
− No te rías – susurro cuando finalmente estuvo de pie.
− Lo siento, es solo que es la tercera vez que te caes – dijo llegando a su lado.
− Lo sé, no suele pasarme siempre, solo cuando…
−…
− Solo cuando tengo publico aunque en este caso es por ti – dijo por lo bajo.
− ¿Qué? – pregunto al no escuchar.
Yuuri volvió a repetir lo dicho pero esta vez a un nivel casi inaudible.
− ¿Que dijiste?
− Que… Me pones nervioso… Digo me pongo nervioso con público – notando que sus mejillas comenzaban a enrojecer.
Victor alzo una ceja al escucharlo, sorprendido porque con lo valiente que se mostraba cuando combatía con los guardas o los cadentes, no encontraba sentido a que se pusiera nervioso al patinar.
− Es curioso – susurro cruzado de brazos.
− ¿El qué?
− Que te pongas nervioso.
− Todas las personas se ponen nerviosas por alguna razón.
− Si pero, de todas las personas, nunca imagine que sufrieras nervios de ese tipo.
− ¿Por qué lo dices? – deslizándose por el hielo siendo seguido por el mayor.
− Eres Glass Shade – dijo como si fuera la respuesta que esperaba.
Yuuri enarco una ceja, girándose una vez llego a la orilla y apoyándose en la pequeña baldosa que se encontraba en ese lugar.
− Lo que quiero decir – imitándolo y apoyándose en la baldosa – eres capaz de enfrentar a toda una guarda y los cadentes, aun a sabiendas lo peligroso que eso puede ser.
− ¿Y?
− Que no tiene sentido que sientas nervios por el público cuando, básicamente, enfrentas a la muerte prácticamente a diario… Oh, al menos lo hacías.
Yuuri no contesto. Reflexionando las palabras dichas por Victor, pensando en la mejor manera que tenía para explicarle las razones de sus nervios.
− Tienes un punto – contesto – pero a la vez ese punto es la respuesta a tu pregunta.
Victor regreso a verlo con un gesto de confusión.
− Mira… ¿Has escuchado el dicho "caras vemos, corazones no sabemos"?
Victor asintió.
− Ese dicho es fácilmente aplicable – indico – como Glass Shade puedo ser todo lo que como Katsuki Yuuri jamás podría –comenzando a jugar con sus dedos – mientras llevo la máscara el miedo a ser el ridículo desaparece, nadie sabe quién soy, nadie conoce mi rostro por lo que, si me equivoco solo hablaran de un hombre sin rostro… Pero como Katsuki Yuuri, si me equivoco todo mundo hablara de mí, me señalara y… No soy bueno manejando el miedo al qué dirán, ni a que quizás no haga bien las cosas.
− En pocas palabras… Ocultas tus miedos e inseguridades tras la máscara.
Yuuri no regreso a verlo y simplemente asintió.
Victor observo por unos instantes el rostro algo decaído del azabache, sonrió y acaricio su cabeza, para sorpresa del mismo.
− ¿Victor?
− Si tu problema son tus inseguridades… Entonces debemos buscar una manera de deshacernos de ellas.
− ¿Y que se supone que haremos?
− Tienes que dejar de ver al público.
Yuuri rodo los ojos.
− Claro, como es muy fácil, solo cierro los ojos y me golpeo contra lo que tengo enfrente ¿no?
Victor rio levemente.
− Lo que quiero decir es que, debes de fijar tu atención en un solo punto…Olvidándote de todo tu alrededor.
− No entiendo.
Victor solo dejo su sonrisa en su rostro colocándose tras el más joven, dejando que sus manos tocaran sus hombros y su aliento rozara su oído.
− Tienes que olvidar todo lo que hay en tú alrededor, personas, animales, objetos… Solo céntrate en que tus pasos cautiven las miradas de quienes realmente te importan, si logras eso, los demás los seguirán.
− Pero aquí no hay nadie más, a excepción de tu… Y yo – dijo nervioso por lo cerca que tenía al de ojos azules.
− Exactamente… Si quieres perder el nervio, trata de que tus pasos me cautiven, si logras eso, estoy seguro que lograras perder el miedo al público ya que, si consigues que mis ojos solo te sigan a ti durante una rutina, lo demás es pan comido.
Yuuri volteo ligeramente su rostro para ver de reojo al mayor, sintiendo como sus piernas se tambaleaban como si fueran de mantequillas y sus mejillas se teñían de carmín.
− ¿Que dices?
Yuuri trago con fuerza por los nervios y asintió.
− ¡Perfecto! – Dijo alejándose del azabache − ¿Comenzamos?
− Mmm… Si – contesto y siguió al de ojos azules.
Ambas mujeres se encontraban mirando diferentes libros que mostraban los más hermosos diseños para vestidos de novias, desde los más antiguos hasta los más modernos. Las sonrisas en sus rostros mostraban lo maravilladas que se encontraban de hojear aquellos libros y sus pequeñas risas lo asombradas que estaban por su belleza.
Los sirvientes iban y venían, llenando las tazas una vez que estas se encontraban vacías, murmurando por lo bajo − cuando creían que nadie los veía−, sobre la próxima boda del príncipe así como los rumores de que era un compromiso sin amor.
Estos murmullos quizás pasaron desapercibidos por ambas puesto que su concentración estaba puesta en los vestidos de novias, arreglos florales, diseños de las invitaciones, el lugar y en cada detalle que aquella esperada boda debía llevar.
− Este me gusta – dijo la reina – es antiguo, discreto pero elegante – volteando la revista para mostrárselo – y la cola no es ni muy larga ni muy corta, perfecta para que los niños la puedan llevar sin problema.
Irina sonrió felizmente.
− ¿A ti cual te gusta? – pregunto la reina.
− No lo sé – contesto – todos los diseños son tan hermosos que me es imposible escoger.
La reina soltó una breve risa.
− No te preocupes, tenemos mucho tiempo – aseguro colocando su mano sobre la de ella – mientras tanto, podemos concentrarnos en otros detalles, que te parece si vemos el diseño de las invitaciones.
Irina asintió.
La reina Cerro los libros y tomo el que mostraba los diseños de las invitaciones.
Mientras Irina hojeaba el enorme libro, la reina sonreía mientras observaba el rostro de la más joven. Fue ene se momento que decidió hablar de un tema que rondaba su cabeza desde hace unas horas.
− Irina – la llamo y ella levanto la vista – quería agradecerte.
− ¿Agradecerme?
− Si, lo que hiciste por Víctor.
− Oh – ella se sonrojo y sonrió – no es nada, cualquier persona lo hubiese hecho, estaba enfermo y yo solo…
− Querida, tú y yo sabemos que Víctor no estaba enfermo.
Irina parpadeo por lo dicho y se apresuró a contestar.
− Yo… Claro que sí, el solo…
− Irina, Querida, no tienes que fingir – dijo con suavidad – tú y yo sabemos que las razones detrás de la falta del príncipe en la cena de hace unos días, no era por una repentina fiebre.
−… − los labios de la pelirroja temblaron.
− No te preocupes – se apresuró a calmarla – nadie más lo sabe, puedes estar tranquila.
La joven pelirroja soltó el aire que estaba conteniendo por los nervios.
− ¿Cómo lo supo?
− Cariño, conozco a mi hijastro mejor que nadie en este castillo y, debo decir que él no estaba muy feliz por el evento, ya que suele estresarse si le piden hacer algo que no le es consultado de antemano.
Irina baja la mirada.
− Lo sé.
− No debes estar triste, cual sea que fuera las razones por las que falto, debieron ser muy importantes.
− Si, lo sé – volvió a decir – no sé cuál era la razón pero, el príncipe dijo que era algo que le surgió de la nada y tuvo que irse.
− ¿Hablaste con él?
− Si, me encontré con él al día siguiente.
Caminaba por el pasillo en dirección a la biblioteca, llevaba entre sus manos un pequeño libro que había tomado prestado unos días atrás. Finalmente después de algunos contratiempos, lo había terminado de leer por lo que, había tomado la decisión de devolverlo y, si encontraba un nuevo libro que le resultara interesante, podría tener algo de lectura ligera para esa misma noche.
Se desplazó con cuidado, saludando a los guardas y sirvientes que encontraba durante su trayecto. Giro en la esquina que daba a la biblioteca cuando, para su sorpresa, se encontró con el príncipe Víctor quien, al verla, sonrió y se acercó a ella.
− Buenos días – le saludo.
Ella no respondió de inmediato puesto que aún no cabía de la sorpresa que fue encontrárselo.
− ¿Lady Irina?
Ella salió de su estupor y sonrió.
− Buenos días Príncipe – hizo una ligera reverencia.
Victor le sonrío gentilmente.
− Me alegra verla – dijo sin borrar la sonrisa en su rostro – de hecho iba en dirección a su habitación.
Irina se sonrojo y hablo.
− ¿Si? – Paso saliva − ¿necesitaba algo?
Victor volteo a ambos lados, verificando que no había nadie en el pasillo.
− Creo que lo mejor es hablar en la biblioteca, así nadie nos interrumpirá.
− Claro.
La joven pelirroja camino a lado del príncipe, sintiendo como su corazón comenzaba a palpitar de forma acelerada, respiro profundamente para tranquilizar sus sentidos y mantuvo la sonrisa en su rostro. Victor abrió la puerta de la biblioteca una vez llegaron al lugar, dejando que la pelirroja entrara primero.
Cerró la puerta tras entrar y siguió a Irina hasta los sofás, sentándose en uno de ellos.
− Y… ¿Cuál es el tema que deseaba platicar conmigo?
− Es por lo sucedido el día de ayer.
− Oh…
− Primero que nada, quiero disculparme, era una cena muy importante y falte sin dar explicación alguna de ello.
− No tiene que hacerlo – contesto rápidamente – usted tenía algo que hacer y, seguramente el rey no lo entendería.
Victor sonrío al ver la comprensión de la más joven.
− También quería agradecerte por cubrirnos – refiriéndose a su mejor amigo – sin tu intervención estoy seguro que el rey nos hubiera impuesto un castigo algo… Drástico.
− Lo sé, el rey es una persona algo difícil de tratar en ese aspecto por ello, cuando note el nerviosismo del joven Noel, supe que algo había sucedido con usted así que, decidí ayudarle – sonrojándose nuevamente – me alegra saber que mi pequeña mentira funciono.
Al decir aquello nunca espero que el príncipe tomara su mano, haciendo que su corazón palpitara de forma acelerada ni que sus mejillas se encendieran con más fuerza.
− Es por ello que no sé cómo pagar tu amabilidad – dijo con suavidad.
− No tiene que hacerlo, lo hice de todo corazón.
− Aun así, si un día necesitas algo o quieres mi compañía para ir a algún sitio que te agrade, estaré dispuesto a hacerlo.
− ¿De verdad?
El asintió.
− Quizás… Le tome la palabra algún día.
− Gracias – el soltó su mano.
− Príncipe Victor –el regreso a verla – puedo saber, si no es mucha indiscreción de mi parte… La razón de su partida.
Victor desvió la mirada e Irina noto rápidamente la tensión que sus palabras habían generado en él.
− Príncipe…
− Tuve – hablo haciendo que callara – tuve que salir, recibí una llamada de parte de un conocido mío, algo sucedió cerca de donde vive y me pido ir a verlo.
− ¿Un accidente?
− No – contesto con rapidez – bueno, al menos yo no lo veo así pero, no era nada peligroso.
Irina soltó un suspiro de alivio.
− Como me entretuve por mucho tiempo, me quede a dormir en su casa por ello es que llegue hasta hoy.
− Ya veo – ella comenzó a jugar con sus dedos − ¿se resolvió el inconveniente?
− Si – el regreso a verla con una sonrisa – por suerte todo el asunto se resolvió.
Irina le devolvió la sonrisa, sintiendo como los nervios comenzaban a desvanecerse gracias a la breve explicación del príncipe pero, el sentimiento de que le ocultaba algo importante acerca de su repentina salida, se mantenía vigente en su mente.
− Me alegra saber que Victor hablo contigo, después de la ayuda que le brindaste era lo mínimo que podía hacer – dijo la reina al escuchar el relato – pero, por lo que puedo notar, esa conversación no te convenció del todo.
− Sé que no tengo por qué pedirle explicaciones, actualmente solo soy su prometida así que no tengo el poder para ello pero… − apretó con fuerza la tela de su vestido.
− Pero sientes que algo anda mal – concluyo la reina.
− Solo deseo que lo que sea que logra conmocionar tanto al príncipe, no sea peligroso para su persona – bajo la mirada – no quiero verlo en una situación de la que no pueda salir.
La reina sonrió de formo comprensiva, tomo el libro de diseños y lo dejo en la mesita para tomar las manos de la más joven.
− No debes preocuparte por ello – aseguro con una sonrisa – si Vi−chan tiene problemas, sin duda sabrá cuando decirnos para que lo apoyemos.
La mirada de Irina indicaba que no estaba segura de ello.
− Por ahora, lo mejor es relajarnos y recibirlo siempre con una sonrisa – levantando el mentón de la menor con una de sus manos − ¿Quieres que te vea con un gesto de tristeza?
Ella negó.
− Entonces… Sonríe, si algo sale mal, aquí estaremos para apoyarlo.
Irina contuvo la mirada de la reina y sonrió.
− De acuerdo.
− ¿Qué tal si seguimos viendo los diseños?, hay muchas cosas que hacer y poco tiempo para ello.
Irina asintió y tomo nuevamente el libro para seguir admirando los diseños de las invitaciones.
Yuuri respiraba agitadamente, el sudor perlaba su frente y se encontraba sentado en una de las rocas del lugar, durante media hora estuvo practicando los saltos pero, hasta el momento no había acertado ninguno lo cual le generaba un sentimiento de frustración personal. Sobre todo cuando todo había sido atestiguado por Victor quien, durante todo el tiempo que estuvo practicando, mantuvo el ceño fruncido y moviendo la cabeza como indicándole "no, así no es"
− Definitivamente tus nervios son un tema a tratar.
− Lo siento – contesto tratando de recuperar el aliento.
− No pasa nada, solo tienes que seguir esforzándote – dándole unas palmaditas en la espalda – yo estaré apoyándote.
Yuuri giro la cabeza y le sonrió.
− Ya que estamos descansando, hay algo que quería preguntarte.
− ¿Qué cosa?
− ¿Cuándo comenzó a gustarte e patinaje?
− Cuando era niño pero, creo que ya te lo había mencionado.
− Si, me dijiste que desde niño pero no las razones detrás de ello – lo regreso a ver con curiosidad.−
Yuuri le desvió la mirada, recordando de forma fugaz lo sucedido años atrás en ese mismo lugar.
− ¿Yuuri?
− Pues… Es que… − bajando la cabeza – me comenzó a gustar porque…
−…
− El patinaje me gustaba, siempre lo hizo pero, aunque lo intentaba nunca lo hacía bien, incluso pensé en dejarlo hasta que…
− ¿Hasta qué?
− Hasta que… − volteando a verlo con una mirada llena de determinación – me salvaste la vida, en este mismo lugar.
Victor parpadeo un par de veces al escuchar lo último, extrañado por ello pregunto.
− ¿Salvarte la vida?
− Sí.
−…
− ¿Qué pasa?
Yuuri frunció el ceño al ver el gesto de sorpresa en el de ojos azules.
− Es que… ¿Cuándo te salve la vida?
− ¿Ha?
− Es que, no recuerdo haberlo hecho.
− ¿Qué? – Se sorprendió al escucharlo − ¿No lo recuerdas?
− Pues, no.
Los labios del azabache temblaron por la sorpresa, no esperaba que Victor no recordara ese hecho.
− Victor… ¿No recuerdas nada de nada?
El de ojos azules frunció el ceño e hizo una mueca, tratando de recordar algún hecho en particular que hiciera referencia a ese detalle.
− Pues… Cuando era niño…
− ¿Aja?
− Encontré a un cerdito ahogándose y Makkachin lo saco del agua – dijo con una enorme sonrisa.
− ¿Cerdito?
− Si, recuerdo que era muy tierno.
− Ya – suspiro con pesadez − ¿recueras que hiciste después?
−Mmm… Lo llevamos al hospital más cercano, me dijeron que no tenía nada grave y solo fue el susto, después lo visite brevemente antes de que el chofer de mi padre me sacara de ahí… Ya que me había escapado de un evento, donde estaba presidiendo en compañía de algún noble – soltó una ligera risa.
− Victor – lo llamo sintiendo los nervios a flor de pie.
− ¿Dime?
− Ese… Ese cerdito… Era yo – dirigiendo su vista hacia el rostro del mayor.
− ¿He?
− Era yo – dijo con timidez − El niño que salvaste.
Victor parpadeo un par de veces.
− ¿Tú eras esa bolita de carne? – Yuuri asintió – pero, no te pareces.
Yuuri desvió la mirada y sonrió con nervios.
− En esa época era un poco… Rollizo.
Victor recorrió el cuerpo del menor de arriba a abajo, haciendo que este se tensara por la mirada del otro.
− ¿Qué?
− Sí que cambiaste.
− Bueno… No podía quedarme para siempre en esa forma, ¿no crees?
− Tienes razón – secundo – incluso, te ves mucho mejor ahora.
Yuuri se sonrojo por lo dicho.
− Y yo pensando que la primera vez que ti vi fue en este lago – soltó una pequeña risa.
− ¿La primera?
− Sí.
Yuuri no contesto ya que no había entendido.
− Sucede que, hace años vi a un lindo joven patinando en este lugar, sus movimientos eran fluidos, atrayentes… Era como si su cuerpo estuviese creando música al moverse por el hielo.
− Ese chico, ¿era yo?
Victor asintió.
− Recuerdo que ese día venia de regreso de una evento de mi padre y, se me ocurrió ver por la ventana del coche, fue ese preciso momento en donde te vi. Reconozco que no te vi claramente pero, desde ese día, tuve la necesidad de encontrarte… Ya que podías transmitir tanto con tan solo deslizarte en el hielo que pensé "Definitivamente debo encontrar a ese ángel"
El sonrojo en el rostro del menor se volvió más notorio, que este tuvo que bajar la mirada y ocultarla tras su cabello.
− ¿Yuuri? – hablo.
− A mí también…
− ¿Mmm?
− Yo también pensé algo similar, mientras estaba aún algo asustado por lo sucedido, pude verte fugazmente y… Mi mente pensó "un príncipe de ojos azules me salvo, espero volver a verlo algún día y agradecerle"
Apretó con fuerza ambas manos, pensando que quizás, sus palabras fueran tomadas como una simple tontería pero, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando, la cálida mano del mayor se posó sobre una de las suyas.
− Ahora me doy cuenta, que tú y yo estábamos destinados a conocernos.
Yuuri levanto la vista, dirigiéndola hacia el rostro de ojos azules.
− Victor – dijo sintiendo sus mejillas arder.
− ¿No sientes lo mismo?
Yuuri le contuvo la mirada y paso saliva.
− Si, también lo creo.
Y ambos sonrieron antes de que Makkachin saltara encima de ambos.
− ¿Recuérdame porque tengo que encubrir tus mentiras? – Pregunto Phichit a unos cuantos metros de la casa.
− No son mentiras, solo es ocultar la verdad para evitar que mi hermana se moleste.
− ¿Mas?
− Phichit – deteniéndose frente a él y dándose la vuelta para encararlo − si cuando salía por las noches como Shade mi hermana me reñía hasta el cansancio, si se entera de que me frecuento con el hijo de nuestro enemigo es capaz de encerrarme donde nadie pueda encontrarme.
− Y con gusto apoyo esa idea – dijo cruzándose de brazos – sabes lo que pienso respecto a esa "amistad" – haciendo énfasis en la palabra con sus dedos− es el hijo del rey Demian, capaz y ambos estén tramando algo en contra tuya.
− Victor no haría eso.
− ¿Cómo lo sabes? – Pregunto con molestia – desde mi punto de vista, él es el enemigo y no deberías frecuentarlo.
Yuuri frunció el ceño.
− Es más, creo que en este mismo momento iré y le diré toda a tu hermana, así quizás evitemos que sigas fraternizando con el enemigo.
Phichit camino haciendo a un lado a su mejor amigo, hasta que este lo detuvo cuando estaba por tocar el timbre.
− Si tú le dices eso, le diré que tú lo sabias y que me cubriste infinidad de veces – dijo cruzando los brazos tras su espalda – Que desde que volví "esas salidas contigo" en realidad eran salidas para ver a Víctor.
Phichit se tensó al escucharlo hablar, sabiendo que su amigo estaba sonriendo por la escena que sucedería si Mary se enteraba de ello.
− No lo harías.
− ¿Y tú?
Yuuri se giró y ambos conectaron sus miradas.
− No serias capaz de decirle eso a Mary.
− Si me van a reñir, compartirás el castigo conmigo – cruzándose de brazos – y si eso no es suficiente, estoy seguro que el señor Sunan estará feliz de saber que su yerno no es otro que el mismo Seung−Gil Lee, hijo del comandante Lee.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Phichit.
− No sé de qué hablas – desvió la mirada.
Yuuri sonrió internamente, sabía de antemano que su mejor amigo quería ocultar su relación a cualquier precio, no por miedo a la reacción de sus padres, ya que ellos solo deseaban que sus hijos fueran felices, sin importar quien fuera la persona que escogieran para ello pero, la razón del por qué tanto Phichit como Seung callaban su relación, era por el padre de este último.
No era un secreto que el comandante Lee era un hombre tradicional y que se esperaba que su hijo tomara como esposa a alguna noble que, gracias al matrimonio, forjara alguna alianza política… Una situación que si bien, su mejor amigo nunca le comento o explico – y que a la fecha no ha tenido la amabilidad de decirle abiertamente que tiene pareja− intuía perfectamente, ya que era lo que se comentaba por la escuela cuando se hablaba de la realeza, los nobles y sus bodas.
Sinceramente, esperaba que aquello se solucionara pronto para su mejor amigo y este pudiese ser feliz con la persona que amaba la cual, aun no le era presentada formalmente… Lo cual era una situación por demás triste.
− Sí, claro – sonrió, dejando de lado sus pensamientos y avanzo hacia la puerta − ¿Entramos?
Su mejor amigo entrecerró los ojos.
Yuuri solo siguió sonriendo.
Phichit suspiro, negó con su cabeza y camino hacia la puerta, la cual Yuuri ya había abierto, paso por su lado y le saco la lengua a lo que Yuuri soltó una ligera risa.
Estaba por entrar cuando nuevamente, como el día anterior, nota esa sensación de que alguien lo observaba.
- ¿Sucede algo? – pregunto Phichit al ver que Yuuri no estaba.
- No, no pasa nada, seguro es mi imaginación – contesto y entro a la casa.
La puerta fue cerrada una vez que entraron a la casa, encontrándose con Mary, Adalberto, Sunan y el viejo Cid hablando en la sala respecto a un tema que, por el gesto que mantenían en sus rostros, era algo por lo cual debían preocuparse.
− ¿Que sucede? – pregunto Yuuri.
Todos regresaron a verse antes de que Adalberto tomara la palabra.
− Sucedió algo que no preveíamos.
− ¿El qué?
− Ardyn fue dado de baja de la guarda real – contesto Sunan.
Yuuri parpadeo un par de veces, tratando de aparentar sorpresa al escuchar la noticia.
− ¿Cuándo…?
− Sucedió esta mañana – dijo Sunan – La noticia fue dada en el noticiero, aunque solo se intuye que el rey lo destituyo puesto que, se presentó al nuevo comandante de la guarda y argumentaron que Ardyn declino por voluntad propia, ya que decidió "dedicarse" más tiempo a su familia.
− Los que conocen a Ardyn saben que él no declinaría por nada del mundo, sobre todo cuando juro que prefería morir antes de abandonar la guarda sin haberme capturado.
− Por eso mismo pensamos que el rey está tramando algo – agrego Adalberto – es bastante inusual que Demian lo deje ir tan fácil, sobre todo cuando el ultimo comandante… Desapareció sin dejar rastro.
− Entonces… ¿Crees que Demian enviara a alguien para que asesine a Ardyn?
− Puede ser, aunque eso ya no nos incumbe, lo que nos debe preocupar es ese nuevo comandante – dijo girándose para encarar a los demás – con el dentro de la guarda, será difícil movernos, no sabemos cuáles serán sus próximos movimientos, si Demian lo puso, es por algo.
Yuuri bajo la vista.
Es cierto que Ardyn no era de su gracia, muchas veces estuvo a punto de morir a causa suya, en infinidad de veces pudo ser testigo de las maneras poco morales que tenía al actuar respecto a las cazas nocturnas, de cómo prefería dejar morir a otros cuando "creía" que no podía salvarles de los cadentes y era un suicidio mandar a sus hombres en un intento que sería en vano. Pero también, fue testigo de la fidelidad que le demostraba a su rey, de las noches de incesante búsqueda de un ladrón que "amenazaba" la paz del reino, de lo estratégico que solía ser en sus batallas, del buen maestro que era cuando entrenaba a sus hombres, un soldado frio y estricto que haría lo que fuera por proteger a su reino, así tuviera que usar los métodos más viles que tuviese a la mano.
Definitivamente no podía dejar que sucediera lo que pensaba, si estaba al alcance de su mano, evitaría que otra vida se apagara por culpa de Demian Nikiforov.
− No lo dejare morir.
Todos los presentes dejaron la conversación que mantenían para regresar a verle.
− ¿A qué te refieres? – pregunto Mary, curiosa por el semblante tan serio que su hermano menor había adoptado.
Yuuri suspiro y hablo nuevamente.
− No dejare que Demian asesine al comandante Ardyn.
Adalberto y Sunan se miraron entre ellos antes de que el primero contestara.
− Yuuri, lo que suceda con Ardyn ya no es un tema que nos competa.
− Pero…
− Ardyn ha sido la causa de que miles de personas mueran – dijo con firmeza − ¿acaso olvidas cuántas vidas fueron arrebatadas por los cadentes solo porque el no quiso acudir a su rescate?
− No, pero…
− Casi te mata, ¿lo olvidas?
− No, no lo olvido pero… Eso no es…
− ¿Entonces? – Pregunto con impaciencia – lo que le suceda no es asunto tuyo mucho menos lo que Demian decida hacer con él.
− Dejaras que muera un hombre inocente.
− ¿Inocente? – Soltó una pequeña risa – Ardyn puede ser todo menos inocente.
Ambos mantenían la mirada fija sobre la del otro, fruncieron el ceño, dispuestos a que el otro comprendiera sus razones.
− No veo justa su muerte, es cierto ha cometido errores pero…
− Yuuri – coloco sus manos sobre sus hombros y bajo el tono de su voz – escucha, si Ardyn fuera uno de nuestros hombres, haríamos lo que fuera para protegerlo, y lo sabes.
− Lo sé, pero…
− No hay peros – sentencio – el destino de Ardyn ya no es un tema que deba importarnos, el mismo decidió su destino al verter toda su fidelidad a un hombre como Demian, y los que le siguen solo tienen un final.
Yuuri apretó con fuerzas sus manos.
− En estos momentos hay temas mucho más importantes e imperativos que discutir – bajando sus manos de los hombros del menor – Este tema está cerrado – dándole la espalda para continuar discutiendo con los demás el tema que les era de importancia.
Yuuri sintió la impotencia volver a recorrerle, nuevamente se encontraba atado, no podía hacer nada para salvar a alguien, aun cuando ese alguien fuera el mismo Ardyn. Es cierto, reconocía todas y cada una de sus acciones pero, la muerte no era un camino que le deseara.
¿Cómo se suponía que gobernaría si no era capaz de tomar decisiones de esa índole sin que le censuraran? ¿Cómo esperaban que salvara el mundo si no podía correr riesgos cuando creía que eso era lo correcto? ¿Acaso esperaban que se sentara y dejara que los demás tomaran las decisiones? ¿Que era un muñeco al cual podían manipular a su antojo?
No, él no era un títere, él era el príncipe, hijo del rey Regis y por sobre todo, era el entronado… El elegido para salvar el mundo, no dejaría que nadie tomara las decisiones por él, si colocaban un muro frente a él, el construiría el camino a seguir.
Yuuri levanto la vista y hablo.
− No, dije que no dejare que Ardyn muera y mantendré mi palabra.
Adalberto negó con su cabeza ante la terquedad del menor, se giró para volver a encararlo y contesto.
− Ya hablamos de esto, no vamos a salvarlo.
− Si, lo haremos, no permitiré otra muerte por culpa de Demian.
El rubio frunció el ceño y se acercó al más joven.
− No voy a arriesgar a otras personas solo por tu capricho, el destino de Ardyn está decidido, fin de la discusión.
− Esa es tu opinión pero no la acepto, lo voy a salvar y tú vas a ayudarme.
−No lo hare, es una locura lo que propones.
Yuuri apretó sus manos pero no cambio de opinión.
− Si lo harás, porque yo te lo ordeno.
Adalberto no contesto.
− Soy tu rey y esa es la decisión que tome – dijo sin titubear y manteniendo la mirada fija en el rostro del mayor – vas a ayudarme quieras o no.
Ambos mantuvieron la mirada fija en la del otro, esperando que el otro la desviara en señal de derrota. El ambiente se sentía tenso por la discusión de ambos. Nadie de los presentes sabía que hacer o decir, solo se mantuvieron expectantes de lo que sucedería en los próximos minutos. No fue hasta que la risa grabe y divertida del viejo Cid se escuchó en el lugar, que la tensión se evaporo.
− Definitivamente eres hijo de Regis – dijo levantándose del sofá en el que estaba, acercándose a ambos – cuando tomas una decisión no hay fuerza que te haga cambiarla.
− Yo…
Cid levanto una mano para pedirle que guardara silencio y sonrió.
− Has tomado tu decisión y has dado la orden a seguir, nosotros como tus consejeros siempre te daremos las opiniones y sugerencias que pudiéramos tener respecto a la misma pero, solo tú debes saber qué camino tomar.
− Cid – la voz de Adalberto lo llamo pero este lo ignoro.
− Debes saber que tus decisiones como rey, tendrán consecuencias, sean buena o malas, ¿lo sabes verdad?
Yuuri asintió sin bajar la mirada.
− Un rey nunca se retracta de una decisión tomada – dijo cruzando sus brazos tras su espalda − ¿estás seguro que esto es lo que quieres hacer?
Volvió a asentir sin emitir palabras.
Cid sonrió.
− Muy bien, si esa es la orden del rey eso se hará.
− Pero Cid, es una locura – dijo Adalberto tratando de hacerle comprender.
− Adalberto – el viejo se giró para verlo de frente− el mismo lo dijo, es el rey y nosotros debemos acatar sus órdenes, si algo sucede el será el único que deberá tomar la responsabilidad de lo que suceda.
El rubio hizo una mueca de fastidio.
− De acuerdo – contesto sin ganas.
− Muy bien – dando pequeño golpes en su hombro – enviaremos a algunos de nuestros hombres para que vigilen a Ardyn y lo sigan hasta que llegue a su destino, si sucede algo ellos nos avisaran.
− Gracias – Yuuri sonrió.
− De nada – contesto el viejo Cid – ahora que esto se solucionó, lo mejor es retomar el tema que nos interesa – dijo y volvió a su sitio.
Adalberto resoplo al verse obligado a hacer algo que consideraba innecesario pero, la orden ya estaba dada y no le quedaba otra cosa más que acatarla. Con el fastidio claramente marcado en su rostro se giró para seguir la conversación con los demás.
Yuuri solo sonrió al ver lo sucedido, alegrándose de que por una vez, algo que había decidió respecto a su vida desde que supo quién era realmente, fue tomado en cuenta y seguido por los demás. Se giró sobre sus talones para ver a su mejor amigo y este solo le sonrió mientras negaba con su cabeza, ambos rieron por lo bajo y se acercaron a los demás, para discutir el tema del nuevo comandante de la guarda real.
つづく/ Continuara...
Bien, un capitulo ligero con dosis de Victuuri :3
¿Qué les pareció el capítulo?
No hubo mucha acción, ni nueva información la verdad, solo son acciones que suceden tras el último capítulo así que no esperaba poner mucho, de hecho, este capítulo era por mucho, más largo pero decidí cortarle hasta este punto o los aburro jajaja
¿Creen que si Yuuri salva al ex comandante, tendrá consecuencias a futuro? Por qué Cid se lo dejo bastante claro.
¿Sera un problema ese nuevo comandante?
¿Qué les pareció que Phichit sea el alcahuete de Yuuri? Además de que lo hace porque también él tiene sus secretos que, aunque Yuuri no los dice, los conoce jajaja
Y hasta aquí llegamos, espero pronto traer el próximo capítulo.
¡Nos vemos!
