14
Nuevos enemigos
Protegidos por la espesa maleza de un bosque, cercano a un campo popular entre entrenadores novatos, se encontraba un pequeño zorro de pelaje grisáceo encerrado en una minúscula jaula, temblando como hoja bajo la sombra humana que se proyectaba sobre su cárcel.
Una mujer de piel clara lo observaba atentamente con sus ojos color café mientras sus labios pintados de verde esmeralda formaban una maliciosa sonrisa, jugando distraídamente con un mechón de su llamativo cabello rosa cortado de manera extravagante.
— ¿Cuánto crees que nos paguen por este? —preguntó entre risas crueles, zarandeando la jaula hasta hacer chillar al zorro—. Jamás había visto un Eevee con este color de pelaje. Podríamos tener en nuestras manos una pequeña fortuna, ¿verdad?
— No lo sé, no está entre los pedidos pautados, luego buscaremos una cotización —le respondió un joven de cabellos grises alborotados. Sostenía una tabla electrónica, verificando información mientras se paseaba entre algunas jaulas, contando y asegurándose que todo estuviera en orden—. Aunque es bastante probable que obtengamos una buena cantidad; no sólo por el extraño color, también por ser hembra. Algún criador sin escrúpulos nos las arrancará de las manos para sacarle todas las crías que pueda y venderlas. O quizás algún coleccionista loco para jactarse de ello— añadió con naturalidad, ajeno al espanto que sus palabras provocaron en la aludida.
— Oh, bueno, me conformaré mientras paguen una buena suma de dinero —sentenció la voluptuosa joven con voz cantarina, dando una última patada a la jaula antes de acercarse a su compañero entre crueles risitas—. Somos tan buenos en nuestro trabajo, que si seguimos a este ritmo nos haremos millonarios muy pronto, ¿cierto, Zack? Aunque ya lo seríamos si no hubieses gastado tanto en adquirir nuevos equipos.
— ¿Cuántas veces debo repetirte que era un gasto necesario? —gruñó el hombre, dándole un manotón para que dejara de hacerle cosquillas en la oreja con sus uñas pintadas de negro—. Estoy harto de recordártelo una y otra vez, Lenore.
— ¡Oye, no te alteres tanto! —replicó ella, satisfecha por haberle hecho perder la paciencia tan fácilmente, siempre le había parecido divertido—. Lo del camión está bien, necesitábamos transporte y combina conmigo. Pero pienso que el resto de cachivaches están de más cuando tenemos una herramienta más eficiente y letal.
Sus ojos corrieron a fijarse en la figura del enorme insecto, similar a una mantis, que reposaba al pie de un árbol. Su cuerpo era de acero negro y brillante, siendo que algunas partes eran rojas como rubíes, y sus extremidades superiores acababan en enormes pinzas filosas que recordaban mucho a la cabeza de un Trapinch; se trataba de un Scizor. Abrió los ojos, revelando unos intensos globos carmesí, que se posaron con cierto desdén en Lenore.
— Lo dices como si arrebatarle la mascota a un niño fuera la gran cosa —espetó el insecto, su voz masculina tenía un tono firme y frío, aunque con un atisbo de picardía—. Ninguno de estos trabajos —agregó, señalando todas las jaulas desperdigadas cuyos ocupantes graznaban, aullaban o gruñían ferozmente cuando Zack se acercaba— me supuso un reto, es casi como un juego, pero sin diversión de lo absurdamente fácil que es. Así que no me utilices como argumento para tus estúpidos comentarios.
Lejos de asombrarse por un Scizor parlante, ambos jóvenes parecían estar más que acostumbrados a ello. Tenían un tiempo trabajando juntos como cazadores y contrabandistas, lo suficiente para aparecer recientemente entre los más buscados de Kanto y Johto.
— No sabes cuántas veces he deseado que no supieras hablar o que fueras más "normal" —señaló Lenore frunciendo levemente el ceño, notándose cierto reproche en su voz. Ella y el bicho no se llevaban muy bien, era culpa de aquel esperpento que tuviese que llevar una parte de su cabeza rapada; la otra la mantenía larga por dolor a cortarlo.
— ¿Ves cómo frunce los labios? —masculló Zack entre risas al Scizor, señalando el rostro de la joven con la mirada y alzando una ceja pícaramente—. Es el momento en que recuerda que soporta tus insolencias porque eres más fuerte que ella, amigo mío. Eso sin tocar el tema de tu valor.
Al contrario de Lenore, el joven que gustaba de usar ropas cómodas de color negro y siempre portaba un chaleco verde —su preferido— para guardar sus "cachivaches", se llevaba muy bien con el pokémon.
— ¡Obviamente, amigo mío! Jamás encontrarán a otro Scizor como yo. Pues además de extravagante, guapo y atlético, soy el único que siempre les garantizará el éxito gracias al "factor sorpresa" —fanfarroneó con una gran sonrisa de satisfacción.
Lenore le hizo un gesto grosero con el dedo medio, dándose la media vuelta y alejándose dando pasos muy largos, mascullando maldiciones e improperios de los más soeces contra el insecto.
— Bueno, señor Guapo y Atlético, me vendría bien una mano para guardar la mercancía… o, mejor dicho, una pinza—el único que se reía de los chistes de Zack era él mismo—. Ya terminé de hacer el inventario, tenemos todo listo para entregar pedidos; mejor darnos prisa, que estamos algo atrasados por el extra del Eevee —corroboró el joven, tomando un teléfono móvil para empezar a contactar con sus clientes y organizar los encuentros con ellos.
El Scizor rezongó con hastío pero se puso de pie, estirándose para espabilar y ponerse manos… o, mejor dicho, pinzas a la obra. Hacía oídos sordos a los insultos y súplicas de sus presas cuando se acercaba para recoger las jaulas, todas ocupadas por criaturas pequeñas; la lista de pedidos había sido muy aburrida aquella vez.
Sonreía con crueldad al ver el desespero de sus presas, sintiéndose afortunado de encontrarse en el escalón más alto de la naturaleza. Él era fuerte, eso lo tenía muy claro, por eso se reía con los desesperados insultos de sus prisioneros, en especial cuando intentaban herirlo diciéndole que era una mascota. Lo que ninguna de sus presas sabía era que él no servía a aquel par de pilluelos, eran más bien socios, así de fuerte era para asegurarse un puesto tan privilegiado.
Siguió cargando las jaulas, sin que nada fuera capaz de borrar su sonrisa de satisfacción, ni siquiera las lágrimas de la Eevee que no paraba de llorar ante el destino que le esperaba.
Luego de calmarse los ánimos por el último ataque del Equipo Rocket, un grupo conformado por los hermanos, Mewtwo y el Poliwag de Fabián, salió en búsqueda del Eeevee raptado dejando a los dos humanos atrás para agilizar la misión.
Curiosamente, Eve era quien lideraba el grupo, pidiéndole al renacuajo que los llevara al lugar donde ocurrió el desafortunado evento. El pequeño Poliwag, que muy contento se dejaba llevar en brazos por Flowar, les indicó el camino hasta llegar a un campo que colindaba con un pequeño bosque.
— Aquí hay algunas huellas pero el rastro se pierde entre la maleza del bosque —dijo Rocknight con cierto pesar.
Aunque no lo dijo en voz alta, Mewtwo dudaba mucho del éxito de aquella búsqueda por el tiempo que había transcurrido, ya corría la tarde y estaba seguro de que los cazadores habían abandonado la zona hace rato. Si una organización criminal sofisticada con pelotones organizados como el Equipo Rocket actuaba y huía, un grupo tan pequeño de cazadores haría lo mismo, era lo más lógico a menos que fueran imbéciles. Sin embargo, la insistencia de Eve prevalecía, algo inaudito, tanto que le causaba cierta molestia.
— Era de esperarse —dijo Eve con serenidad desconcertando al clon, que sentía cómo comenzaba a calentársele la sangre ante el enojo que le producía tan absurda campaña—. Flowar, cuento contigo para que Moonghost deje de revisar bajo todas las rocas —añadió con cierto toque de vergüenza.
Y es que eso era lo que fantasma hacía en todo el sentido literal. Flowar tuvo que morderse la lengua para no partirse de risa ante el gesto de contrariedad de su hermano fantasmagórico al descubrir que su labor era inútil, dejando al renacuajo con delicadeza en el suelo, más dispuesta a cumplir con las indicaciones de su pequeña hermana.
La pokémon flor se alejó de ellos bajo la atenta mirada de Mewtwo, sentándose de frente a un árbol, cerrando los ojos y murmurando palabras en ese lenguaje que era completamente extraño para él.
Miró al resto de los hermanos en busca de una explicación pero Moonghost seguía revisando bajo las rocas a pesar de todo, Rocknight continuaba escudriñando por si encontraba algo que fuera de utilidad y Eve se limitó a cerrar los ojos igual que su hermana.
Mewtwo no podía dejar de cuestionar sus decisiones con cierta crispación. Al preguntarle a Eve qué pretendía con todo eso, a sabiendas de que era inútil, sintió cómo se le ponía el rostro rojo de la ira cuando ella lo chitó para mandarlo a callar.
— Estoy tratando de escuchar.
— ¿Escuchar qué? Estamos en medio de la nada, sólo hay brisa y mucha tierra —rezongó Moonghost que se sentía frustrado por su búsqueda infructífera.
— Es eso, justamente, lo que necesito escuchar —gruñó, tomando rápidamente un guijarro del suelo y lanzándoselo a la cabeza; tenía una puntería estupenda.
Ya Mewtwo no podía más con aquella absurda situación. ¿Qué podría oír en el silbar del viento que los ayudase a encontrar el rastro para guiarlos? No podía más con tales tonterías. Probablemente, su indignación se notaba en su rostro, porque Moonghost —extraordinariamente— saltó a darle la explicación que tanto necesitaba.
— ¡Ay, verdad que no te lo he dicho! —se reía algo apenado, sintiéndose acongojado cuando los fríos ojos violeta del clon se clavaron en él, dándole a entender que no estaba de humor para sus bromas—. ¿Sabías que los árboles pueden "hablar"? No, yo no estoy tan loco para entenderlos, pero Flowar sí. Suena descabellado… ¡p-pero es cierto! A veces son muy quisquillosos y divagan demasiado pero ella siempre logra que le digan lo que necesita. No pienses que te estoy tomando el pelo, ¿eh?
— Es difícil no hacerlo cuando me dices algo tan peculiarmente fantasioso —y como no confiaba del todo en lo que el fantasma le decía se dirigió a Eve—. ¿Es cierto lo que dice? —ella se limitó a asentir con la cabeza.
— ¡Eso fue cruel! —sollozó Moonghost, dejando escapar un par de lágrimas falsas, reprochándole con eso que debía confiar un poco más en él—. Pero te perdono porque te quiero. Ahora, ¿sabías que Eve también puede hablar con los árboles?
Eve quiso reprenderlo por decir de más, más prefería volcar toda su concentración en escuchar; no era tan diestra como Flowar. La sacaban de quico, los árboles siempre se iban por las ramas al responder preguntas, nunca podían responder de manera breve y concisa, así desistió en seguir practicando hace mucho tiempo atrás. Lo único que la impulsaba a intentar escucharlos ese día, a incluso a estar ahí, era una ansiedad que la carcomía por dentro. Necesitaba saber…
Sólo la sacaron de su concentración unas palabras que llegaron a sus oídos, tan repentinas e inesperadas, que se le escapó una risita que se extendió más de lo normal. Quiso parar, pero ver el gesto de consternación en Mewtwo reavivó su risita al punto de quedar privada de risa, no podía contenerse.
— Es que… el árbol… no ha querido decir nada… —dijo con voz entrecortada, sintiendo que la taladraban con la mirada, intentando recuperar el aliento y cortar la risa en vano—porque lo pones nervioso. Dice que tu cara se pone tan roja que parece el trasero de un Darmanitan.
Mewtwo no supo cómo reaccionar ante esto, su mente quedó totalmente en blanco, sólo podía sentir que la sangre subía más violentamente a su rostro, poniéndolo más colorado. No sabía qué era peor: acentuar su parecido a las nalgas de un Darmanitan o encontrarse azorado por las súbitas carcajadas de la pequeña malhumorada. Quizás sólo era asombro al ver que aquellos ojos obtenían un fulgor del que solían carecer, en especial ese día, que parecían más un par de témpanos de hielo desde la aparición de Fabián.
Flowar se puso de pie de un salto, trayéndolos de vuelta a la realidad, acercándose a ellos con cierta premura. La risa de Eve, que pasó desapercibida para sus hermanos, consiguió recuperar la compostura mientras su mirada volvía a endurecerse al reunirse la flor con ellos, notándose algo agitada.
— ¡Todavía están cerca! —exclamó muy emocionada— Me dicen los árboles que ya partieron, aunque tenemos tiempo de alcanzarlos si nos apuramos, van en esa dirección. También me dijeron que tu cara está tan roja que parece un trasero de Darmanitan —añadió, apreciando el momento en que el rostro de Mewtwo se ponía más rojo todavía—. ¡Eso no importa ahora! Los convencí de que nos guiaran…
Antes de que Flowar terminara de hablar, Eve ya corría hacia donde señalaba su hermana, robándole un bufido de indignación antes de recoger al renacuajo y seguirla con mucha prisa. El resto hizo lo mismo, consternados ante el afán de Eve, que parecía no importarle dejarlos atrás.
La repentina predisposición de Eve por ayudar se le hacía cada vez más extraña a Mewtwo, incluso al Poliwag, cuya primera impresión de Eve no había sido la mejor.
Sin embargo, más intrigados estaban sus hermanos, que la conocían mejor y sus reacciones ante diversas situaciones eran predecibles la gran mayoría de las veces. Su hermana había recibido una educación muy estricta para poder cumplir su labor, así que algo raro ocurría para que dejara de lado su deber y ninguno tenía ni la más casquivana idea de qué podía ser.
Una vía cruzaba aquel valle siguiendo las irregularidades del terreno hasta llegar a Vermilion, tan tedioso y escabroso que cayó en desuso luego de la construcción de una vía alternativa más directa, mucho más atractiva para los entrenadores.
A pesar de que la espesa maleza reclamara el suelo del viejo camino, un vehículo de dimensiones descomunales seguía aquella ruta, abriéndose paso con absurda facilidad gracias a sus enormes ruedas.
El colosal coche se asemejaba mucho a un tanque blindado, de negra coraza y gruesos vidrios oscuros, con una enorme compuerta en la parte trasera. El habilidoso conductor era Zack y a su lado estaba Lenore, quien buscaba matar el aburrimiento jugueteando con un adorno de campanillas que ella misma había colgado cerca de su asiento.
— Ese Eevee debe valer una fortuna —comentó distraídamente—. Su pelaje es diferente, pareciera brillar bajo la luz… ¡y es hembra! ¿Sabes lo difícil que es conseguir una Eevee hembra?
— Recuerdas que fui yo quien te dijo eso, ¿verdad? —Zack frunció levemente el ceño, suspirando para mermar un poco su frustración puesto que era la quinta vez que escuchaba los mismos comentarios.
— ¡Ay, como sea! Cuando obtenga mi parte de la paga, iré corriendo a esa tienda exclusiva que está cerca del puerto de Vermilion y me voy a comprar ese vestido súper caro que tienen en la estantería —sus ojos brillaban con gran ilusión al recordar aquel vestido rojo de escote pronunciado con bordado de cristales. Era muy coqueta a pesar de ser más masculina que Zack.
— ¡¿Estás loca?! ¡Es demasiado costoso! —bufó el joven de cabellos grises bastante escandalizado, recordando bastante bien el precio del susodicho vestido—. Todavía nos hacen falta unos equipos importantes y los vamos a comprar con la paga de este pedido. Cuando terminemos de invertir en nuestro equipamiento para trabajar cómodamente, podrás gastarte todo tu dinero en chucherías si eso deseas. Por ahora sólo compraré unas hamburguesas para recompensarnos por nuestro arduo trabajo.
Con eso bastó para que Lenore pegara un grito al cielo.
— ¡Eres un pesado! ¡¿Cómo crees que he conseguido clientes tan buenos?! ¡Pues, déjame decirte que no ha sido por vestir harapos! ¡No tendríamos trabajo si no fuera por mi espectacular cuerpo!
— Entonces, ¿con eso admites que eres eso que los humanos llaman prostituta?
La voz proveniente de la parte trasera se escuchó a través de una ventanilla, un poco ahogadas por todos los equipos que estaban en el maletero del vehículo, las jaulas con las presas y Blaze, que se sentía más cómodo allí que junto a sus compañeros humanos.
No le gustaba inmiscuirse en sus conversaciones banales pero sería un pecado dejar pasar la oportunidad de meterse con Lenore, carcajeándose del éxito de su sagaz comentario cuando escuchó la sarta de improperios que disparó como una metralleta en su contra. Cuando Zack quiso detenerla, pues sus quejidos le provocaban jaqueca, terminó convirtiéndose en el blanco de los insultos.
— Ay, qué imbéciles son estos dos —dijo el Scizor entre risas, mirando la jaula que contenía la manzana de la discordia, zarandeándola un poco para hacerla llorar—. Da igual lo que hagan contigo, ¿no crees? Arrebatarte de las manos de ese niño llorón fue tan fácil que me siento ofendido. Ni siquiera era necesario que yo participara. ¡Aburrimiento total!
— ¡Por favor, déjame ir, permíteme regresar con mi dueño! —chilló la zorra desesperadamente, las lágrimas se deslizaban sin control por sus mejillas, no podía parar de llorar por la enorme tristeza y dolor que le suponía ser apartada del dulce niño que con tanto esmero la había cuidado—. ¿No escuchaste cuando dijeron que me venderían a un criador y que me utilizaría para aprovecharse de mis crías? ¡No lo permitas! ¡Te lo suplico¡ ¡Fabián no lo soportará! ¡Me necesita!
— ¡Claro que te necesita! —exclamó lacónicamente el bicho de acero poniéndose de pie rápidamente, tomando con su garra la jaula y lanzándola contra la pared, escandalizando y lastimando un poco a su prisionera. Sus chillidos de miedo y dolor no fueron escuchados, los dos humanos seguían gritándose pidiéndole al otro que se callara, estaba a merced de aquel cruel cazador—. Los humanos son completamente inútiles, por eso nos capturan, nos necesitan para disfrazar sus debilidades y sentirse poderosos. Te convertiste en una herramienta, una estúpida mascota para generar una falsa sensación de superioridad, perdiste tu dignidad en el momento que te dejaste domesticar por ese mocoso.
— ¡Déjala en paz! —rugió con rabia una Clefairy enjaulada.
— Tú no te metas o te corto esas alas estúpidas que tienes —espetó de vuelta.
— Por favor… —insistió la pequeña zorra con voz queda, hecha un ovillo y llorando—. Por favor… ten piedad… somos… somos parecidos, deberías entender… Mi madre me lo advirtió, que mi color de pelaje atraería a muchos de mal corazón, que querrían encerrarme y usarme como trofeo. Tú…
— ¿Nosotros? ¡No me hagas reír! —le dio una patada para hacerla callar, sin dejarse conmover por su llanto o amedrentar por los insultos del resto—. Criaturas como tú, con ese brillo tan inusual, son valorados por humanos y pokémon, son únicas entre miles de miles. Yo no suelto brillitos maricones cuando camino. Mi color inusual sólo sirve para advertir que soy un monstruo y lo prefiero así, de ese modo se lo piensan dos veces antes de meterse conmigo.
Las luces se apagaron súbitamente, el rugir del motor se detuvo y el camión frenó de golpe. El Scizor apenas pudo sostenerse para no caer al suelo y ser aplastado por las jaulas, sintiendo tanta ira que le daba vueltas la cabeza entre la ineptitud del conductor y el alboroto de los prisioneros, escandalizados y quejándose por los golpes.
— ¡ZACK! —rugió, tan indignado como sus presas. ¿Cómo era posible que los humanos se volvieran más inútiles cada día que pasaba?
— ¡No es mi culpa! ¡Se apagó todo de repente! —respondió muy consternado, sintiéndose apabullado entre los insultos de Lenore y los reclamos del Scizor—. ¡¿Ves por qué no puedes comprarte ese vestido?! ¡Te recuerdo que es de segunda mano! ¡Esto necesita mantenimiento y piezas de mejor calidad! —vociferó, estampando la puerta con mucha rabia al salir.
— ¡¿Queeé?! ¡¿Ahora es culpa mía?! ¡Estás en drogas! —gritó Lenore furiosa, saliendo también del vehículo para continuar insultando a su compañero, lanzando la puerta con tanta fuerza que agrietó el vidrio, no se le iba a escapar luego de semejante calumnia.
Blaze gruñó con profunda frustración, aunque había poca luz sabía que se halaba atrapado en medio de un desastre colosal; la habían cagado monumentalmente. Se abrió paso a ciegas poniendo cuidado de donde pisaba, no quería arriesgarse a que alguno de sus prisioneros se pasara de listo, tanteando para encontrar el botón que activaba la compuerta. Vociferó una maldición cuando nada ocurrió al presionar el interruptor, sintiéndose tan angustiado ante el encierro que no le importó abrirla a los golpes. ¡A la mierda Zack!
— ¡Malditas puertas del demonio! —soltó muy molesto, luego de hacer una abertura con sus pinzas y un par de jaulas cayeran al suelo.
Entre eso y las quejas de los prisioneros sintió que iba a estallar, su único modo de hacer catarsis era maldecir y soltar insultos hacia la inutilidad de sus compañeros de trabajo.
Lo único que le hizo calla fue cuando se percató de la figura blanca que estaba pie en medio del camino. Unos ojos tan claros que parecían cristales, le devolvían la mirada expresando una enorme sorpresa. Aquel par de luceros pertenecían a una criatura de figura esbelta y pelaje blanco como algodón, con una llamativa espinela tallada de una forma muy peculiar.
Era la primera vez que veía una criatura como esa, se sentía hipnotizado por el fulgor apenas perceptible que emitía aquel pelaje, más pulcro que nieve recién caída. Blaze era demasiado extrovertido y poco se dejaba intimidar incluso por criaturas que triplicaban su tamaño, pero había perdido por completo el habla. No era capaz de explicar cómo algo de aspecto de porcelana, tan delicado que con sólo mirarlo sentía que resquebrajaba su piel, lo tuviera absolutamente petrificado.
Cuando consiguió ahorrar las fuerzas suficientes para sobreponerse a la parálisis y quiso preguntarle quién era, qué hacía ahí y atraparla con su carisma para poder hablarle, se percató de que un grupo de pokémon venía corriendo, deteniéndose a unos metros de aquella aparición. Había tres muy parecidos a la extraña criatura, pero ninguna le causó tanto impacto como la primera. Otro pokémon era un soberbio espécimen desconocido de alrededor de dos metros e intensos ojos violeta. Por último…
— ¡Ania! ¡¿Estás ahí, Ania?! —llamó desesperadamente el pequeño Poliwag.
— ¡¿Mark?! ¡Mark! ¡Mark! ¡Estoy aquí, Mark! ¡Ayúdame! —chilló la zorra gris.
— ¡¿Pero qué carajo significa esto?! —bufó el Scizor, reconociendo instantáneamente al renacuajo debilucho que había hecho papilla más temprano, librándose completamente del hechizo al que había sucumbido.
— ¡Buen tiro, hermanita! —celebró Flowar alegremente. Eve había disparado al trote una gran carga de plasma para sabotear el funcionamiento del descomunal transporte.
— ¡Mejor cierra la boca, vil malhechor¡ ¡La peor de las escorias entre las escorias! —vociferó Moonghost actuando lo más heroicamente posible, incluso utilizando una voz extremadamente grave pero algo amanerada—. ¡Exigimos que liberes a Tabitha!
— ¡Se llama Ania! —se apresuró a corregir Mark, ignorando lo vergonzoso que era la imitación de súper héroe que hacía el fantasma para el resto de sus hermanos.
— ¡Como se llame! ¡Libérala ahora y te perdonaremos la vida!
— ¿De veras? —preguntó el aludido entre crueles risitas, bajándose del vehículo y caminando con firmeza hacia ellos, deteniéndose sólo cuando quedó a un par de pasos de la aparición que le intrigaba. Eve no se movió ni un ápice a pesar de sentir cómo los ojos carmesí del insecto la escaneaban con descaro, tampoco hizo nada cuando se agachó un poco para intentar que sus ojos quedaran apenas por encima de los de ella. Entonces, hablando con la voz lo suficientemente alta para que pudieran escucharlo, le dijo—. ¿Sabes algo? Tú amigo fanfarrón ya estaría muerto si no fuera por ti. Eres el ángel más hermoso que he visto en mi vida.
— ¡¿Cómo ha dicho?! —jadeó Rocknight muy escandalizado y exteriorizando el pensamiento del resto, que se encontraba estupefacto ante un comentario tan repentino. Estaba tan pasmado que no podía moverse siquiera para defender el honor de su hermanita. ¡Peor todavía era que ella no le hubiese estampado un puñetazo en la cara por la insolencia!
— Dime una cosa, preciosa —continuó—. Si permito que castigues a este terrible malhechor, la peor de las escorias entre las escorias, ¿podría tener el privilegio de conocer tu nombre?
— Eso no te incumbe.
Mewtwo habló con firmeza, rompiendo con su potente voz el hechizo en el que estaban sumidos los hermanos, ganándose una mirada llena de reproche del Scizor. Su desfachatez, extrañamente, le había producido un repentino malestar, aquel modo despreocupado de actuar hizo que su sangre volviera a hervir.
— No te pregunté a ti, bicho raro —espetó con frialdad, taladrándolo con sus ojos carmesí, detestaba a los metiches.
— ¡Miren al Lopunny hablando de orejas! —nunca entendió cómo se le escapó semejante comentario, jamás se le hubiera ocurrido rebajarse a responder insultos tan absurdos; sin embargo, estaba tan molesto sin razón que no podía controlarse. ¿Qué demonios le estaba sucediendo?
El Scizor chascó la lengua y volvió a fijar su total atención en Eve, aunque sin bajar la guardia ante aquel pokémon extraño, jamás debía confiarse en exceso ante desconocidos que comenzaban a lucir hostiles.
— Como pareces ser algo tímida me presentaré primero. Me llamo Blaze, es un gusto conocerte —cogió su mano con delicadeza para no lastimarla con el filo de sus garras, cumpliendo una formalidad más común en humanos sólo como excusa para tocarla, maravillándose más de lo esperado al palpar su fragilidad. Ella pegó un respingo ante su peculiar gesto y apartó la mano con cierta premura; esa reacción, para él, resultaba más exquisita de lo que debía—. ¿Ves que no muerdo? ¿Ahora puedes decirme tu nombre? Me gustaría saber cómo dirigirme al angelito que me ha hecho el día.
— ¡¿Pero qué demonios te ocurre, Eve?! —chilló Flowar, poniéndose roja de indignación, ya no podía soportar que alguien fuera tan atrevido para dirigirse de forma tan directa a su hermanita—. ¡Reacciona! ¡Este tipo se está sobrepasando! —sólo cayó en cuenta de que había metido la pata cuando los demás la miraron con reprobación.
— ¿Eve? ¿Ese es tú nombre? —los ojos de Blaze brillaron con ilusión a pesar de que la aludida comenzaba a dar unos cuantos pasos hacia atrás para alejarse —. Fácil de pronunciar pero difícil de olvidar. ¡Te queda perfecto!
La sonrisa seductora de Blaze se borró de sopetón, reaccionando a tiempo para evitar un ataque que venía directamente a su cabeza, regresando al vehículo de un salto. La cola de Rocknight se incrustó en el suelo con tanta fuerza que mandó a volar algunos guijarros en todas direcciones, desafiándolo con su feroz mirada de plata.
— ¡Ups! Cuánto lo sentimos, pero es deber de los hermanos cuidar a sus hermanitas de lambiscones como tú —dijo Moonghost entre risas, apareciendo detrás de Eve y tomándola por los hombros para apartarla. A pesar de su socarrona carcajada, se encontraba preocupado por la actitud de su hermana, estaba como en trance observando la cola de Rocknight.
Las voces de un hombre y una mujer se escucharon de pronto, discutían a gritos entre ellos, acercándose al lugar entre improperios y juramentos de paliza.
— ¡Ya te lo he dicho más de tres veces! ¡No me explico qué sucedió! ¡La batería está nueva! —vociferó Zack tan molesto que tenía hasta las orejas rojas.
— ¡No pienso quedarme estancada aquí! ¡Quiero dormir en una cama decente hoy! ¡Así que más vale que se te ocurra algo para transportar todas estas jaulas! —bramó Lenore— ¡Nos vamos, Blaze! Agarra a ese zorro y… ¡¿pero qué es esto?!
— ¡Mi auto! —chilló Zack quejumbrosamente, más afectado por la compuerta atrofiada que por los extraños pokémon que estaban frente a ellos.
— Tenían que venir a arruinar el momento con sus insoportables berridos, ¿cierto? Especialmente tú, Lenore —espetó Blaze torciendo los ojos para sobrellevar el bochorno que le hacían pasar sus compañeros de trabajo.
— ¡Cuánta razón tiene el bicho este! Casi me estallan los oídos por culpa de esa voz tan horrenda y chillona —exclamó Moonghost, jalándose las orejas para protegerse del chirrido de Lenore.
— ¡¿Y quién carajo eres tú?! —gritó la aludida muy ofuscada, especialmente por encontrarse con más pokémon parlantes, comenzaba a detestar ser un imán de fenómenos.
— ¡Soy Moonghost el Magnífico! ¡Toda una celebridad! —vociferó utilizando de nuevo su voz "heroica" y robándose las carcajadas de Flowar—. Perdonaré la ofensa que supone tu ignorancia, pues ha de ser difícil escuchar tus propios pensamientos si te la pasas gritando más que un alma en pena.
— ¡Ya basta! Esto no es un juego —espetó Mewtwo con desdén.
Sus ojos brillaron con una intensa luz celeste y extendió la mano, haciendo el ademán de atajar algo invisible frente a él. El aura psíquica envolvió las jaulas que habían caído y las que aún se encontraban en el interior del vehículo también, volando por encima de las cabezas de los asombrados cazadores, quienes vieron las barras de acero retorcerse como si fueran de goma, dejando libre a sus presas.
Los pokémon liberados corrieron en todas direcciones, burlándose de los cazadores que no sabían qué hacer ante la huída masiva, observando con impotencia cuando Ania lloraba de alegría al volver junto a Mark.
Blaze extendió sus alas rugiendo con furia, preparándose para cortarle el brazo a Mewtwo de un solo tajo, aunque viéndose maniatado de inmediato por unas raíces que surgieron violentamente del suelo cuando estaba listo para saltar al ataque.
— ¡Yo no fui! —corrió a defenderse Flowar al convertirse en el blanco de las miradas de sus compañeros.
Grande fue la sorpresa de todos al descubrir que la culpable, en realidad, era Eve. Su fría mirada permanecía clavada en el Scizor, quien se la devolvía con cierta confusión, como si no entendiera por qué le hacía eso luego de ser tan amable con ella.
— Si querías mi atención sólo tenías que pedírmela, hubiese accedido con mucho gusto, preciosa —dijo socarronamente actuando como si nada, aprovechando que su pícara mirada parecía traspasarla, al punto de provocarle un ligero rubor en las mejillas que le provocó una enorme satisfacción.
— No eres mi tipo —espetó Eve de malagana robando varios suspiros de alivio entre sus hermanos. Aquella era la reacción que esperaban desde un principio, les preocupaba que un Rattata le hubiera comido la lengua y, más que eso, que ella hubiera permitido que le hincaran el diente.
— Oh, descuida, siempre dicen lo mismo al principio, pero luego de probarme no me quieren dejar ir—replicó, acentuando todavía más el rubor en su pálido rostro, sintiéndose tan atraído por ello que no entendía cómo no se le lanzaba encima y se la llevaba a cuestas.
— ¡Deja de flirtear, Blaze! ¡Nos han arrebatado la mercancía! —gritó Lenore, sacando una pokebola de su cinturón y lanzándola al aire.
La cápsula bicolor se abrió liberando un haz de luz que creció y creció, revelando en pocos segundos a un inmenso Gyarados que rugió incluso más fuerte que su entrenadora, estremeciendo a todo aquel que lo escuchó.
Zack la imitó rápidamente, dejando libre a un roedor de considerable tamaño y larga cola negra que terminaba en forma de rayo; la rata no paraba de mover las orejas, ansioso por entrar en batalla, se traba de un Raichu bastante inquieto.
Por su parte, Blaze se las había ingeniado para liberarse de las ataduras con sus filosas garras, alistándose también para iniciar la lucha.
— ¡Ay! Acabo de recordar que dejé la estufa encendida en casa, así que si me disculpan… —tartamudeó Moonghost, recibiendo un feroz bufido junto a una mirada asesina de Eve que lo hicieron estremecer—. ¡Lo siento! Pero ese Gyarados me da algo de miedo. A ti tampoco te agradan, ¿cierto?
— ¡Oye, Eve! —llamó Blaze, guiñándole el ojo en cuanto volteó, crispándole los nervios a la aludida al punto de ponerle los pelos de punta—. Esto no tomará mucho tiempo, prometo darte toda la atención que desees luego, también puedo complacerte dándote cualquier otra cosa que quieras. Soy muy complaciente tratándose de alguien tan linda.
— ¡Ya déjate de tonterías! —chilló Lenore, dándole un manotón en la nuca que le dolió más a ella que al bicho, sintiendo que le hervía la sangre con la petulante risilla del bicho—. ¡Argh! ¡Gyarados, ahógalos con tu Hidro Bomba!
El enorme monstruo marino acató la orden de inmediato, tan ágilmente que Eve apenas pudo reaccionar, interponiéndose entre el potente disparo de agua y Rocknight con una barrera que reflejaba la luz. El agua chocó brutalmente contra la pared psíquica, con tanta fuerza que Eve escuchó cómo crujía, tan brutal era la corriente de agua que comenzaba a empujarla hacia atrás.
Aprovechándose de la distracción que causaba el impresionante ataque del monstruo acuático, Blaze salió disparado con sus tenazas envueltas en un aura plateada, contando que su vertiginosa velocidad no permitiría que su objetivo reaccionase a tiempo para salvarse.
Pese a su sorpresiva arremetida, Mewtwo logró detener la Garra Metal que amenazaba con hacerle un tajo en el abdomen tan sólo levantando la mano; sus ojos fieros acaso mostraban el atisbo de brillo azul en las pupilas, tomándose el atrevimiento de dibujar una discreta sonrisa maliciosa antes de empujarlo lejos con mucha fuerza, ganándose el asombro de su oponente cuando logró poner los pies sobre la tierra.
— Con esa clase de ataque no podrás siquiera rozarme —espetó Mewtwo seriamente adoptando una mejor posición para luchar.
Flowar estaba cerca de él, sorprendida ante la sonrisa que cambiaba el semblante generalmente sereno del clon, tanto que le producía cierto temor. Pero más le preocupaba verse envuelta en una batalla donde no estaba dispuesta a participar, así que corrió a buscar refugio llevándose consigo a Ania y Mark, atenta en caso de que necesitaran alguna asistencia. Pudo ver, a través de las hojas del arbusto que les servía de escondite, que Blaze se preparaba para otra arremetida dibujando también una cruel sonrisa.
— Eso ya lo veremos —dijo antes de lanzarse, preparando sus garras de metal una vez más, envolviéndose en un aura carmesí que apenas era visible.
Mientras Eve se encargaba del Gyarados que intentaba devorar a Rocknight de un solo bocado, Moonghost se encontró cara a cara con el Raichu, quien lo miraba desafiante esgrimiendo una enorme sonrisa. Las chispas saltaban de sus mejillas amarillas, haciéndole gestos con las manos y moviendo la cola efusivamente para provocarlo.
Sabiendo que aquel era el oponente que su pokémon había escogido, Zack le ordenó iniciar la ofensiva, a lo que el roedor liberó una inmensa descarga eléctrica. Moonghost pegó un respingo, no esperaba verse realmente implicado en la batalla, desvaneciéndose justo para evitar que lo alcanzara el rayo.
El Raichu bufó de indignación, chillando de sorpresa cuando el fantasma reapareció a sus espaldas, sacándole la lengua a la par que disparaba una Bola Sombra que lo mando a volar lejos varios metros.
— ¡¿Podemos cambiar?! —suplicó Moonghost a Eve, pero al escuchar otro rugido colosal proferido por el Gyarados, desistió inmediatamente de la idea—. ¡Mentira, mentira, mentira! ¡Es todo tuyo! ¡Yo me encargo de la batería con patas!
Zack estaba sorprendido ante la rápida reacción del fantasma, intrigado porque alguien así de cobarde fuera tan ágil. No se dejaría llevar por las apariencias, así que le ordenó a su Raichu reincorporarse y atacar, frustrando su intento con otra esfera de energía fantasmal.
— ¡Argh! ¡Deshazte de esa peste de una vez! —chillaba Lenore histéricamente, sintiéndose impotente ante la destreza de Eve que conseguía exasperar a su pokémon.
El Gyarados no había parado de atacar ni un segundo, intentado atrapar a la escurridiza Eve entre sus fauces, tan exasperado que ansiaba poder devorarla con cruel placer. Ella lo evitaba con gracia en sus movimientos, a consciencia de lo mucho que hacía enojar a la enorme serpiente marina, usándolo como excusa perfecta para intentar poner en orden sus pensamientos y recuperar su compostura.
Su corazón acelerado no se alimentaba con la adrenalina de la batalla contra aquel monstruo, se trataba de algo más abrasivo para ella, era de vital necesidad recuperarse o podría sucumbir. Lo que ocurría en su interior era más peligroso y destructivo que el enemigo frente a ella.
Se suponía que había enterrado el asunto hace muchísimos años, con esfuerzo había sanado las heridas y logrado seguir adelante. Ahora tan sólo podía recordar las palabras que la habían despertado haciendo eco en su cabeza, deseando siquiera poder sentir rabia al descubrir que su significado era toda una burla en su contra, más el sentimiento que atacaba la parte más débil de su ser apenas le daba aliento para continuar esa absurda coreografía.
Buscó perderse en el fervor de la batalla para sobreponerse a la cruel jugada que el destino hizo en su contra, intentó divertirse con la frustración de su contrincante, más ninguno de sus esfuerzos servía de nada.
No. El destino no la había metido en ese aprieto. Todo lo que estaba ocurriendo era su culpa, su gran culpa, pudo seguir su camino en lugar de dejarse seducir por la curiosidad. No podía seguir luchando contra lo que sentía, su mente y corazón estaban demasiado afectados, ella misma se lo había buscado y sería consumida si no ideaba algo para sobreponerse hasta poder hallar un momento de soledad.
Continuar la batalla contra el Gyarados era inútil, necesitaba derrotarlo y seguir adelante, huir rápido de ese lugar. Su cuerpo liberó algunas chispas violáceas de indignación, deseando ser capaz de generar aunque fuera un poco de electricidad, sabiendo que el bloqueo psíquico impuesto sobre ella —mal llamado "sello" — era más fuerte que cualquier deseo.
No era momento de lamentarse por sus pocas cualidades suprimidas, debía demostrar que las arduas lecciones recibidas desde que tenía uso de razón habían valido la pena, que podía desenvolverse con lo más básico de sí misma. A pesar de hallarse perdida en medio de una encrucijada emocional, un poco de diversión en el proceso no le vendría mal, así que escapó nuevamente de las fauces de su oponente y se las arregló para morderle con saña una de las aletas dorsales.
El alarido del Gyarados resonó en todo el lugar, sacudiéndose erráticamente en un desesperado intento por desembarazarse de Eve, que mordía cada vez con más fuerza, sintiendo el oxidado sabor de su propia sangre estallando en su boca. Mientras el monstruo marino retorcía su cuerpo de maneras inverosímiles, el de ella comenzaba a brillar intensamente, enfocando su psiquis para acumular mayor cantidad de energía posible.
Eve salió volando cuando sintió que no podía soportarlo más, dando varias vueltas en el aire y quedando a merced de las fauces del enojado Gyarados; Lenore gritaba y brincaba de felicidad, animando a su pokémon mientras saboreaba la victoria.
Justo cuando el aliento putrefacto del monstruo le azotó el rostro, Eve extendió sus brazos y liberó el Psicorrayo más potente que podía preparar en pocos segundos. El Gyarados recibió el ataque con la boca abierta de par en par, atragantándose con el rayo multicolor hasta caer desmayado a los pies de Lenore.
— ¡Gyarados! —chilló muy consternada, corriendo a revisar a su compañero. Jamás había visto a un pokémon que atacara de esa manera un punto tan delicado, había tirado a matar o para dejarlo muy malherido.
Por otro lado, las cosas no estaban resultando nada sencillas para Mewtwo. Blaze era capaz de anular sus barreras psíquicas y el clon no podía bloquear sus garras de metal, se veía obligado a valerse de su velocidad para defenderse de las ofensivas del insecto. No le resultaba sencillo, casi nunca se había visto en una situación similar, siempre mantenía a sus contrincantes lejos de él.
Con los años había aprendido a canalizar su psiquis en diversos elementos como el fuego y convertirlo en un Lanzallamas, lo más efectivo contra aquel insecto acorazado… si tan sólo se quedara quiero un instante. Blaze le llevaba el ritmo con facilidad, incluso prediciendo sus movimientos, haciéndolo sentir tan hostigado por sus arremetidas que empezaba a desesperarse; especialmente por el modo en que se burlaba de él cada vez que eludía sus llamas.
Blaze se regocijaba en la frustración de Mewtwo. ¡Cuánto se divirtió al ver la expresión en su rostro al pulverizas la primera barrera invisible! Todos sus contendientes lo subestimaban sin excepción, creyendo que la única peculiaridad en él eran los colores de su cuerpo, desconociendo que se había ganado su puesto entre los humanos por una buena razón.
Que el bicho esquivara el fuego con tanta soltura, como si bailar entre brasas fuera una menudencia, humillaba a su oponente y lo haría quedar bien frente a quien buscaba impresionar. Había llegado el momento de exterminar a aquel adefesio, no quería prolongarlo más, las ansias de ponerle las garras a su nueva presa lo estaban volviendo loco.
Realizó un amago para despistar a Mewtwo, dejando vulnerable su defensa, listo para hacerle un corte mortal en el costado con sus pinzas. Cuando se giraba para ejecutar el tajo, recibió un fuerte golpe en el pecho que lo mando a volar lejos; derrapó varios metros hasta detenerse, buscando ávidamente con la mirada y tropezándose con los desafiantes ojos de Rocknight.
— ¡¿Por qué interfieres?! —rugió Mewtwo. Chispas de ira saltaban de sus ojos—. ¡No necesito tu ayuda!
— ¿En serio? —inquirió Rocknight con serenidad, sabiendo que la reacción se debía a la adrenalina mezclada con el orgullo herido del clon—. Seguramente no te has dado cuenta de que tienes el cuerpo cubierto de rasguños, ¿o me equivoco?
Mewtwo frunció el ceño, dudando de sus palabras hasta revisarse, gruñendo por lo bajo al constatar que tenía razón. No se había percatado de los pequeños cortes que tenía en varias partes de su cuerpo, especialmente los brazos y el abdomen, que ese bicho hubiera podido siquiera rozarlo era humillante.
— Yo me encargo de él —musitó Rocknight con severidad, clavando su mirada de plata en el insecto.
Las rocas en su cola comenzaron a girar muy despacio, subiendo la velocidad hasta convertirse en un manchón borroso, zumbando como si fuera un enjambre de beedrill.
Rocknight saltó al ataque, pegando un brinco y realizando una pirueta en el aire que aseguraba dar un buen golpe con su cola. Blaze no intentó esquivarlo, atrapándolo en un aura carmesí en pleno vuelo, reteniéndolo y dañándolo con un Psíquico que poseía una potencia para nada modesta.
El hermano no se esperaba que fuera tan habilidoso, mucho menos que su psiquis tuviera el suficiente desarrollo para causarle semejante dolor, al punto que agradeció cuando lo lanzó lejos.
Todo ocurrió demasiado rápido, sin darle tiempo a Mewtwo de detener al bicho de acero, que salió disparado hacia Rocknight para golpearlo en el estómago con un fugaz Puño Bala. El hermano cayó al suelo hecho un ovillo, el acero lograba traspasar su gruesa piel, causándole un dolor que muy pocas cosas podían.
Blaze sonrió triunfante, nuevamente habían perdido por subestimarlo, ahora estaba listo para dar el golpe de gracia a aquellos dos. Mas cuando estaba por ejecutar su estocada final, sintió que una gran cantidad de energía venía hacia él, quedando confundido cuando fue envuelto en luz y chispas violetas que a duras penas le daban cosquillas.
Sus ojos carmesí tropezaron con los de Eve, que le devolvía la mirada con el ceño ligeramente fruncido, caminando con firmeza en su dirección. Su timidez le había parecido maravillosa, combinaba muy bien con su delicada contextura de muñeca, algo que despertaba su necesidad de protegerla, algo que le gustaba mucho. Pero verla detenerse ante él, dispuesta a enfrentársele con tanta fiereza, hizo estremecer su cuerpo como si estuviera frente al pokémon más grande del mundo.
Aquella criatura que parecía hecha de porcelana había logrado, de nuevo, que se olvidase del mundo que lo rodeaba. No le importaba darles la espalda a sus contrincantes, estaba demasiado concentrado en esos hermosos ojos para preocuparse, había algo en ella que lo atraía como un imán.
— Deja de perder el tiempo con los demás y pelea conmigo —espetó Eve con frialdad. Las chispas de plasma saltaban fuera de control de su cuerpo.
— ¡Ay, preciosa! ¿Por qué me haces esto? No quiero hacerte daño así que no me obligues. Es mejor que guardes esa energía para cuando termine con ellos, ¿no crees? Te va a hacer falta cuando estemos a solas—añadió dibujando una sonrisa seductora.
— Creo que sí tendré que castigarte como me pediste —dijo ella burlonamente, con una sonrisa tan pícara que Blaze no pudo evitar devolvérsela con cierta satisfacción consigo mismo, mientras el resto quedaba estupefacto ante otro nuevo cambio de actitud.
El insecto se sentía como si estuviera saltando entre las nubes en lo más alto del cielo. Aquello era prueba suficiente para saber que ella disfrutaba de sus halagos, ignorando por completo la ominosa tormenta que hacía estallar en el interior de su presa.
Eve no esperó a que Blaze terminara de regodearse ante el aparente éxito de su labia, lanzándose a la carga mientras preparaba otro disparo de plasma, que él evitó a duras penas.
Ella continuó con una avalancha de puñetazos, patadas y coletazos cargados de la energía violácea. Él seguía el ritmo de su vertiginoso baile, encantado con el vigor de sus movimientos, divirtiéndose ante la inutilidad del plasma en su cuerpo, que lo envolvía a pesar de que no lograra alcanzarlo con sus golpes.
— Así nunca conseguirás derrotarme, preciosa. ¿Acaso no quieres herirme? —susurró juguetonamente en una ocasión que la tuvo en la posición perfecta para hablarle al oído.
Había bajado la guardia casi sin que le importase, quedando inmediatamente envuelto en un giro de plasma que lo deslumbró, hallándose atrapado entre los brazos de Eve inesperadamente. A pesar de que era demasiado pequeña para superarlo en fuerza, logró reducir su mundo al espacio que ellos ocupaban, Blaze no puso ningún tipo de resistencia cuando lo acercó hacia ella, sonriéndole de una forma tan seductora que sintió que se desvanecería. No le importaba que su cuerpo quedara totalmente cubierto con aquella energía púrpura inofensiva que ella expelía, él sólo intentaba disfrutar de ella mientras sus rostros se acercaban cada vez más.
— Eres demasiado confiado —le susurró al oído luego de esquivarlo cuando éste intentó eliminar la poca distancia que quedaba entre ambos, empujándolo lejos de ella y posando los pies sobre la tierra, con grandes cantidades de plasma brotando de sus manos.
Ante la mirada de confusión que el desilusionado Blaze le lanzaba, Eve creó una esfera gigante de energía entre sus manos al juntar ambas fuentes de plasma, que no paraban de lanzar chispas en todas direcciones. Poco a poco las fue separando, apretando los dientes con fuerza a causa de la resistencia que ponían los polos, reacios a alejarse el uno del otro.
Blaze, que todavía no entendía qué intentaba hacer la criatura de porcelana, comenzó a experimentar una fuerte presión a su alrededor hasta sentir que una mano gigante lo aplastaba. Logró mantenerse de pie con facilidad al principio hasta que la energía que lo sometía fue demasiado para él, sus piernas cedieron y cayó de rodillas al suelo.
Aquello no podía estar ocurriendo, no permitiría que lo derrotaran de esa manera, luchó incluso estando ya tendido por completo sobre la tierra. Eve había conseguido separar sus manos, creando un flujo de energía constante entre una esfera de plasma y la otra, dejando a Blaze sin fuerzas ante su demoledora presión invisible. El cazador no podía más, le faltaba el aire, el mundo comenzó a oscurecerse hasta apagarse por completo.
Eve pareció asustarse al caer en cuenta de lo que sucedía, desesperándose por cancelar su ataque, al punto de que los músculos de sus brazos ardieron en su enorme esfuerzo por separar las esferas completamente. Dejó escapar un gritito sin querer cuando quebró el vínculo de energía, siendo empujada por una onda de plasma que creó la ruptura y alcanzó al Raichu, dejándolo noqueado de inmediato.
Se lastimó las posaderas al caer al suelo, sin reparar en lo mucho que le costaba respirar o en los saltitos que Moonghost pegaba para celebrar su victoria. Verificó que Blaze ya estuviera liberado de su ataque, todavía podían verse algunas chispas de plasma saltando pero ya no era oprimido por una presión invisible. Suspiró con alivio cuando pudo, su intención no era matarlo —como estuvo a punto de ocurrir—, era un ataque difícil de controlar.
— ¡Blaze! —bramó Lenore, sin poder creer que su miembro estrella hubiese sido derrotado, apresurándose a tomar otra pokebola de su cinturón.
Justo cuando la cazadora iba a lanzar su cápsula, se tropezó con el dulce rostro de Flowar, que le pidió con mucho ímpetu que mirara su flor justo cuando liberaba un polvo azul en toda su cara. El somnífero también alcanzó a Zack, cayendo ambos inevitablemente al suelo, apresados bajo los encantos de Morfeo. Sus ojos brillaron con intensidad, creando unas raíces que ataron y juntaron a los cazadores luego de ejecutar un elegante ademán con la mano.
— Eso estuvo cerca — suspiró Flowar bastante aliviada, sonrojándose al darse cuenta de que sus compañeros la veían de una manera muy extraña, casi cómica—. ¡No me miren así! ¡No ha sido violencia!
— ¿Te encuentras bien, Rocknight? —preguntó Eve con voz queda, todavía no tenía fuerzas para levantarse.
— Sí, lo estoy, sólo no me esperaba que fuera capaz de responderme así el ataque. Todos estábamos en desventaja contra ese bicho —respondió Rocknight dedicándole una cordial sonrisa, acariciando su adolorido abdomen.
— ¿Y tú estás bien? ¿No estás herida? —le preguntó Mewtwo, preocupado por el ritmo errático de su respiración, tendiéndole la mano para ayudarla a levantarse.
Eve se puso de pie sin aceptar su ayuda, ignorándolo por completo mientras mirando por última vez a los cazadores antes de dar la orden para retirarse; no debían seguir cerca cuando el efecto del somnífero pasara.
Mewtwo la observó atentamente, quedándose quieto por un rato antes de seguir a los demás. Dejarlo con la mano extendida era un gesto muy grosero, sólo lo dejaba pasar porque había algo muy extraño en ella, algo que sólo notaba porque lograba percibir una perturbación en su psiquis.
Llegaron al campamento justo cuando la luna se asomaba discretamente tras las montañas, luego de una marcha mucho más lenta y tortuosa, ninguno llevaba prisa luego de un día tan agotador.
Fabián gritó y lloró de alegría al ver a su preciado Eevee en brazos de Flowar, corriendo para abrazarla y expresarle lo mucho que la había extrañado. Ania no podía contener sus lágrimas de felicidad, había escapado de un horrible destino, todo gracias a la persistencia de su amigo Mark y la ayuda de unos extraños.
— ¡Guao! ¡En verdad pudieron rescatarlo! ¡Todos ustedes son increíbles! —comentó Dyfir con clara sorpresa pero muy emocionada, conmovida por el reencuentro del niño con su pokémon. Entonces inspeccionó a sus compañeros, notando los rasguños y golpes que algunos tenían en sus cuerpos—. ¿Pero qué les sucedió? ¿Fue muy complicado? ¿Esos cazadores eran fuertes?
— Sólo digamos que el dichoso scizor nos hizo pasar un mal rato, incluyendo a Eve —respondió Moonghost dejándose caer en la grama, aullando de satisfacción por poder descansar finalmente.
— No se acuesten todavía. No soporto verlos en ese estado, me voy a hacer cargo de sus heridas inmediatamente, no permitiré esto mientras estén bajo mis cuidado —decía Flowar en tanto obligaba a Mewtwo y Rocknight a sentarse donde ella los tuviera al alcance. En eso, el pálido resplandor del pelaje de Eve llamó su atención, volteando y viendo que se alejaba del campamento— ¡Eh, Eve! ¿A dónde vas? Necesito revisarte para asegurarme de que estés bien.
— No necesito nada —contestó Eve de mala gana sin siquiera voltear a verla, acelerando el paso cuando sintió que su hermana intentaba alcanzarla—. Déjame sola.
Flowar se detuvo en seco ante captar su tono de voz trémulo, no entendía qué le sucedía, pero si estar a solas la ayudaba a sentir mejor cumpliría su petición. Aunque eso no quitara que su rechazo le achicara el corazón, creía que podía hacerla sentir mejor si se lo permitiera, se tratase de algo físico o sentimental.
Eve caminó con mucha prisa, perdiéndose entre el amasijo de ramas y hojas del bosque, con intención de apartarse lo más posible del campamento para evitar que la molestaran. Se apoyó de espaldas contra el tronco de un árbol que estaba fuertemente rodeado de arbustos, el follaje era tan denso que apenas unos finísimos hilos de luz plateada lograban escurrirse entre las hojas.
Comenzó a dar grandes bocanadas, buscando aire al sentir que su cuerpo se estremecía con violentos espasmos, intentando hallar algo de cordura en el ruido del viento acariciando las ramas del árbol. El desesperado sonido de su corazón frustraba sus intentos, latiendo tan fuerte y rápido que retumbaba en sus oídos, estaba al borde de enloquecer por completo.
Intentó con todas sus fuerzas hacer que parase pero fracasó, se dejó caer sin poder soportarlo más, ni su cuerpo ni su corazón podía soportar el peso una tristeza que la consumía.
Rompió a llorar, tapándose la boca con la mano para intenta acallar sus sollozos temiendo que alguien pudiese escucharla, ocultando su rostro entre las rodillas. Se lamentaba por un pasado muy distante, maldiciendo a los cuatro vientos el no poder acceder a aquello que podría ayudar a sobrellevarlo; maldecía a la crueldad del destino que buscaba siempre jugar con ella para satisfacer sus sádicos placeres.
— ¿Por qué me has hecho esto? ¿Qué te hice para que me detestes tanto? —sollozó entre lágrimas amargas.
