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Capitulo XXII –

予期せぬ提
(Alianzas Inesperadas)

Parte II

"Frente a un común enemigo, de un rival, me hago amigo."


Con pesar y rostros abatidos, la familia del ex comandante Ardyn, acomodaba sus maletas así como las pocas pertenencias que le fueron dejadas tras perder su título. Nunca se imaginaron vivir una situación como la que estaba sucediendo, tener que abandonar todo lo que conocían era inimaginable y ahora, teniendo que asumir esa realidad, el miedo a lo que les esperaba era indescriptible.

Ardyn salió de la que alguna vez llamo su casa, siendo escoltado por dos soldados, quienes lo habían vigilado a cada paso que daba ya que no le era permitido llevarse más allá de las cosas pertinentes. La puerta de la entrada fue cerrada con llave, recorrió su entrono con la mirada, soltó un suspiro y bajo los escalones, avanzando hasta que llego con su familia.

Abrazo con fuerza a sus dos hijos quienes sollozaron levemente dentro del mismo, el susurro unas cuantas palabras a las cuales ellos asintieron y se alejaron de su padre limpiándose las lágrimas.

Su esposa por su parte, se mantuvo firme y no derramo lagrima alguna, solo le dedico una dulce sonrisa.

– Lo siento – susurro Ardyn con tristeza.

– No, no tienes que lamentarlo – contesto su esposa – hiciste todo lo que estuvo a tu alcance y estoy orgullosa de ti.

– Pero…

Ella negó con su cabeza.

– Saldremos adelante, estamos juntos – aseguro llevando sus manos al rostro de su marido – nos levantaremos de nuevo, lejos de todo esto.

Ardyn sonrió y abrazo a su esposa por unos segundos.

Los pasos de una tercera persona les hizo separarse y, al percatarse de quien se trataba hablo.

– Entren al auto – dijo con seriedad.

Su esposa asintió y animo a sus hijos para que hicieran lo mismo.

Una vez estos estuvieron dentro del auto, se giró para encarar a los guardias y la nueva persona que se encontraba con ellos.

– Supongo que viniste a regodearte ¿no? – Dijo con un tono de voz de que demostraba su molestia – ¿Comandante Fleuret?

El hombre soltó una ligera risa.

Fleuret era un hombre alto, ojos color azules y cabello rubio, era bastante joven al menos unos años más que el propio Ardyn, había sido un soldado que trabajo duro durante sus poco años de servicio, ganándose el apoyo de sus compañeros, nobles a los que había servido en ciertas tareas designadas por el rey y que, para frustración del ex comandante, había estado detrás del puesto desde hace mucho tiempo.

– Solo vine a despedirme de usted después de todo, fue mi comandante y lo respeto por ello.

Ardyn negó con su cabeza y se acercó a él.

– Ni tú te crees eso – le susurro – tu y yo sabemos que siempre quisiste mi puesto, solo esperaste el momento preciso para quitármelo.

Fleuret solo sonrió ante lo dicho y contesto.

– Buena suerte Capitán… Oh, mejor dicho, Señor Ardyn.

El ex comandante solo frunció el ceño, le dedico una mirada de desconfianza y se giró sobre sus talones, caminando hacia el auto para abordarlo, una vez estuvo en su interior, el auto arranco y comenzó a alejarse del lugar, hasta que se perdió por completo en el horizonte.

– Comandante – uno de los soldados se acercó a el – ¿que procede?

Fleuret soltó una ligera risa y giro su cabeza para ver al soldado.

– Ya saben lo que tienen que hacer – indico, sabiendo que no había nadie más en el lugar – las órdenes del rey son claras – recalco.

– ¿Debe parecer un asalto? – preguntó el otro soldado.

– Así mismo, debe parecer como si un terrible asalto durante la próxima hora, acabo con la vida del ex comandante y su familia – dijo con diversión – no debe quedar rastro alguno de su presencia, quedo claro.

Ambos soldados asintieron y se alejaron de su nuevo comandante, sin percatarse que a pocos metros dos encapuchados habían escuchado todo desde que Ardyn, había salido de su casa.

Ambas figuras regresaron a verse, se asintieron y se alejaron rápidamente del lugar.


El cuarto se encontraba iluminado por la pequeña lámpara de escritorio, la luna comenzaba a alzarse en el cielo mientras este se encontraba matizado entre un color naranja y un azul oscuro. El único sonido que se escuchaba en el lugar, eran las voces de dos personas que se mantenían en contacto gracias a una video llamada.

– No seas dramático – aseguro mientras reía – no vas a morir por un poco de trabajo.

– No eres tú a quien le ponen a revisar miles de documentos acerca de economía, política y presupuesto mensual – contesto la segunda voz.

– Oh, vamos Victor, solo son papeles y cuestión de concentración.

Victor arrugo el ceño.

– Ya quisiera verte a ti en mi lugar.

– Bueno, algún día estaré en ese sitio así que, por lo mientras debes esforzarte por los dos.

– Eso no me anima.

Yuuri continúo riendo al ver los gestos del otro.

– Ha…– soltó un suspiro de cansancio – preferiría estar deslizándome por el hielo y practicando contigo que aquí, encerrado con todo el trabajo que me dejo mi padre.

– Victor – le llamo con una sonrisa – ya tuviste unas horas de diversión, ahora debes trabajar.

Victor hizo un gesto de tristeza, uno que le recordaba a pequeño cachorro.

– Lo mejor es que termines el trabajo, si lo terminas a tiempo podremos vernos más rápido y practicar un poco más de lo usual.

– En eso tienes razón… Aunque…

Yuuri noto que Victor tenía un gesto un poco inusual en su rostro.

– ¿Sucede algo?

– No es nada grave – se apresuró a contestar – es que, no es solo el trabajo que me deja mi padre también están los preparativos de la boda.

– ¿Boda? – Yuuri parpadeo unos segundos.

Victor solo asintió sin ánimos.

En ese momento, el azabache sintió como si un balde de agua helada le fuera tirado encima. Había olvidado por completo que Victor estaba comprometido con la hija de un noble, quizás ese detalle lo paso por alto por todas las cosas que vivieron desde que supo quién era realmente y, ahora que lo recordaba, un extraño sentimiento de tristeza comenzaba a inundarlo.

"No entiendo, ¿Por qué siento como si me apretaran el corazón?" se preguntó, mientras apretaba con fuerza la tela de su pantalón.

– ¿Yuuri?

La voz de Victor lo trajo de nuevo a la realidad.

– ¿He? – Yuuri regreso a ver la pantalla – lo siento, ¿qué decías?

– Nada, ¿estás bien? – Pregunto con algo de preocupación – te noto algo tenso.

– Si, no te preocupes solo recordé que tenía que hacer algo – comenzando a reír por los nervios.

Victor frunció el ceño por la respuesta.

– Sabes que cuentas conmigo si sucede algo, ¿verdad?

Yuuri sonrió ligeramente.

– Lo sé.

Ambos se contemplaron a través de la pantalla sin saber que decir exactamente, la tensión era clara, como si algo hubiese ocurrido entre ambos sin darse cuenta.

No fue hasta que Victor hablo que la tensión se rompió.

– Tengo que irme, si no termino esto mi padre comenzara a reñirme y no quiero volver a escucharlo decir que no soy responsable de nada.

Yuuri asintió.

– Cuídate, ¿sí?

– Lo hare – contesto – tú has lo mismo.

– Con un guardaespaldas como el que tengo, dudo que me pase algo.

– No esta demás prevenir.

– Cierto – Victor sonrió – Nos vemos.

– Adiós.

Y la pantalla se apagó.

Yuuri se levantó de su escritorio para caminar hacia su cama y dejarse caer sobre la misma.

– No entiendo – se dijo – ¿qué me sucede con Victor? – tomando una almohada para abrazarla – ¿Por qué me sentí así cuando escuche lo de su boda?

Sus pensamientos era un torbellino y sus emociones no dejaban pensar con claridad, aquellos sentimientos eran algo que jamás había experimentado y no saber el porqué de ellos lo tenían desconcertado.

– ¿Que me sucede?

No pudo pensar en una respuesta puesto que, unos cuantos golpes en la puerta le hicieron levantarse de golpe.

– Voy.

Ebrio la puerta y se encontró con su hermana.

– Yuuri.

– ¿Que sucede?

– Lo mejor es que bajes, hay algo que debes saber.

Yuuri asintió, salió de la habitación y tras cerrar la puerta, acompaño a su hermana mayor escaleras abajo.


El rey contemplaba la iluminada ciudad desde el balcón de su habitación. Su esposa, la reina Anora, había salido junto a su pequeño hijastro para concluir unos temas referentes a la fiesta de navidad que estaba próxima a realizarse por lo que, aquella tarde, se encontraba solo disfrutando de una copa de vino y la lectura del libro que había dejado a medio leer.

Sus labios saboreaban el vino y su mente se regocijaba de la buena lectura, sus planes, aunque a veces eran entorpecidos, no habían sufrido cambio alguno durante aquellos años, ¿qué más podía pedir?

Como si el destino le respondiera, un humo color negro comenzó a aparecer tras él, hasta formar la figura de un hombre cubierto de una pesada armadura y una capa que el viento movía.

– Que te has presentado esta noche significa que tienes información valiosa que darme, ¿no es así?

El hombre de armadura no hablo, solo un humor color grisáceo salió de las aberturas de sus casco.

Demian sonrió, dejando su copa de vino sobre la pequeña mesa junto a él y se levantó de su lugar para encararlo.

Algo que le era divertido en demasía, era que gracias a los miles de experimentos que había hecho en aquel sujeto que ahora era un títere a su servicio, era el que este no poseía habla, solo podía comunicarse a través de pensamientos pero, solo podía hacerlo con el rey.

– ¿Que me tienes? – Pregunto acercándose – ¿qué averiguaste de Katsuki Yuuri?

Nuevamente un humo color grisáceo fue expulsado a través del casco y el rey sonrió con algo de sorpresa en su rostro.

– Interesante – dijo con una sonrisa.

Demian se alejó del hombre de armadura y camino hacia el balcón, dejando que su mirada se perdiera en el horizonte.

– Nunca imagine que mi propio hijo mantendría una amistad con él primogénito de Regis – dijo cruzando sus brazos tras su espalda.

El hombre volvió a expulsar humo por su casco.

– No hare nada – dijo girándose sobre sus talones – esto podría servirme, si mi hijo continua frecuentándolo quizás me ayude a cumplir lo que estoy buscando mucho antes de los previsto – aclaro con una sonrisa – ciertamente cambia un poco mis planes pero, no lo suficiente como para arruinarlos.

El hombre de la armadura bajo la cabeza en señal de aceptación.

– Sigue vigilándolos como hasta ahora e infórmame si descubres algo nuevo.

El hombre asintió y así como había aparecido, desapareció en una bruma de humo oscura.

– Hijo mío, me has dado una oportunidad que no pienso desaprovechar.

Y el rey soltó una breve risa.


Los rostros de los presentes demostraban cuan asombrados estaban por la información que Adalberto estaba revelándoles. Desde que supieron que Ardyn había sido degradado de la guarda, la sensación de que Demian enviaría a sus soldados a matarlo era una constante desde que se supe pero, escuchar que realmente el rey había dado la orden de hacerlo, los había sorprendido en demasía.

– Entonces, si dio la orden – dijo Yuuri sin salir del asombro que le causo la noticia.

– Piensa hacerlo pasar por un asalto – continuo Adalberto – no me sorprende, es la forma más sencilla de hacer pasar un asesinato por aun desafortunado incidente.

– ¿Lo haces sonar como si ya lo hubiesen hecho antes?

– Créeme – dirigiendo su vista al azabache – te sorprendería la cantidad de asesinatos que han sido encubiertos de esa forma.

Yuuri bajo la mirada, pensando en cuantas vidas pudo haber tomado Demian de ese modo sin que nadie sospechara.

– ¿Saben que ruta tomaran? – intervino Sunan.

– Según nuestros espías, tomaran la ruta que conecta Kilika con Giza.

Al escucharlo, Yuuri levanto la vista con rapidez.

– Pero – los interrumpió – esa ruta está llena de acantilados.

– Lamentablemente es la más rápida que hay si lo que quieren es llegar a la frontera antes de media noche – aseguro Sunan – los cadentes abundan cuando oscurece pero después de esa hora son más feroces y violentos.

– Lo sé – respondió con amargura.

– ¿Y qué haremos? – hablo Mary.

– Eso depende de Yuuri.

Todos voltearon a verlo haciendo que este se pusiera un poco nervioso por las intensas miradas que estaba recibiendo de los demás.

– Yo…

Tuvo que respirar profundamente para tranquilizar su acelerado corazón, recordándose así mismo, que aquella fue idea suya, que si quería salvar al ex comandante, tendría que tomar la iniciativa.

– Debemos alcanzarlos – dijo con determinación – debemos impedir que su plan tenga éxito.

– Enviaré a unos de mis hombres para ello – contesto Adalberto.

– No – respondió Yuuri – iremos nosotros, no quiero muertes innecesarias, si queremos salvarlo debemos hacerlo nosotros mismos.

Todos regresaron a verse antes de asentir y regresarlo a ver.

– Muy bien, iremos y te mantendremos informado – volvió a decir Adalberto a lo que Yuuri negó con su cabeza.

– Creo que no me di a entender, cuando dije Iremos a salvarlo, también me incluía.

– Definitivamente, no.

– Lo siento Adalberto, pero iré.

– ¿Perdiste la cabeza? – Levantando la voz – ¿Y si uno de los hombres de Demian te ve?

– Ese es el detalle, no me vera a mí – Dijo con una sonrisa.

Adalberto enarco una ceja al igual que los demás.

– Glass Shade ira con ustedes.


Su visión era borrosa, su respiración era agitada, su cuerpo se sentía entumido y un charco de sangre se encontraba debajo de él. A su lado, se encontraban los cuerpos inertes de quienes habían sido sus cuidadoras en palacio.

El viento contenía un olor de sangre y azufre, que le irritaba los ojos.

Con esfuerzo logro enfocar el horizonte, visualizando dos figuras a unos cuantos metros de él, alzo la mano como queriendo alcanzarlas pero el dolor de su cuerpo hizo que esta colapsara segundos después.

Trato de moverse pero su cuerpo no le respondía.

Solo logro girar su cabeza al escuchar los gritos de la figura más pequeña.

¿Cómo pudiste?

No logro escuchar la contestación de la figuras más alta.

¿Tan poco valemos para ti?

Silencio nuevamente.

¿Por qué lo hice? – Pregunto la figura más pequeña acercándose a la más alta – Debía alejarlo de ti, de lo que querías hacer.

Nuevamente no escucho la contestación.

Prefiero morir antes de entregártelo.

La figura más alta tomo a la otra de lo que parecía su cuello y la alzo hasta dejarla suspendida en el aire.

Eres un… Monstruo – dijo la figura más pequeña de forma entrecortada.

No escucho lo que dijo la otra figura, lo único que pudo notar era como esta atravesaba el estómago de la segunda con lo que parecía su mano.

–Victor.

Escucho una voz llamándolo a lo lejos.

– Victor.

El sonido se hacía más cercano.

– ¡Victor!

Abrió los ojos de golpe, sentándose en el sofá con la respiración acelerada y la frente empapada de sudor.

– Victor, ¿estás bien? – pregunto Noel, sentándose a su lado.

El no contesto solo regreso a verlo, tratando de recuperar el aliento.

– ¿Otra vez la pesadilla?

Victor solo asintió a la pregunta.

Noel hizo un gesto de preocupación, se levantó de su lugar para tomar el vaso y llenarlo de agua, entregándoselo al de ojos azules unos instantes después.

– Tómalo, te hará bien.

Victor tomo el vaso y tomo su contenido de un solo trago.

– ¿Mejor?

– Si, gracias – dejando el vaso en la mesita de al lado.

– ¿Quieres hablar de ello?

– No hay mucho que pueda decir, es la misma pesadilla de siempre – recostándose en el respaldo del sofá.

– Lo sé pero, es extraño que después de años regresara sin más – hablo con preocupación.

– Quizás tanto estrés provoco que regresara.

Su mejor amigo frunció el ceño no muy convencido de eso.

– No te preocupes, estaré bien – dijo apretando ligeramente el hombro de su mejor amigo.

– No me pidas que no me preocupe, siempre lo hare, mi deber es cuidarte, si algo te pasa…

– Si algo me pasa – intervino – sé que cuento contigo para sacarme del problema.

Sus miradas se encontraron por unos segundos antes de que Noel la desviara y soltara un suspiro.

– De acuerdo, pero si la pesadilla se vuelve insoportable, prométeme que hablaras conmigo.

Victor asintió.

– Debo irme – dijo levantándose – tengo encargos que realizar, últimamente el maestro Ballad me ha mantenido ocupado.

– Seguramente quiere desquitarse contigo ya que no he vuelto a entrenar – dijo soltando una pequeña risa.

– Muy gracioso.

– Así me amas.

Noel rodo los ojos.

– Deja de holgazanear y termina el trabajo – sentencio – o ambos seremos regañados por el rey.

– ¿Ambos?– frunció el ceño.

– Tu por flojo y yo por consentirlo.

Victor rio y Noel negó con su cabeza.

Emprendió su camino hacia la puerta, despidiéndose de su protegido cuando estaba por salir del despacho, Victor le sonrió y salió del lugar.

Una vez Noel cerró la puerta, volvió a recostarse en el amplio sofá.

– No entiendo, ¿Por qué esa pesadilla nuevamente volvió a aparecer? – Se preguntó – Incluso se volvió más nítida que hace años.

Recordando fugazmente la voz de aquella persona, los gritos y el olor a sangre en el aire.

"¿Quiénes eran esas dos personas?" pensó para sus adentros "¿Por qué sueño con ellas?"

Tenía tantas preguntas y ninguna respuesta.


La noche ya había caído, ninguna estrella brillaba en el cielo, el ambiente se sentía pesado y triste, el paisaje árido así como las olas rompiéndose a lo lejos no calmaban los sentimientos de impotencia que estaban reprimiendo. Abandonar el lugar que había sido su hogar desde que nacieron, fue un duro golpe para toda la familia sobre todo para Ardyn, quien internamente maldecía a aquel ladrón que fue el inicio de su caída.

– Papá – lo llamo su hijo más joven – ¿estaremos bien?

Ardyn suspiro y atrajo a su hijo para abrazarlo.

– Estaremos bien – dedicándole una sonrisa – siempre te gustaron los chocobo, ¿no es así?

Su hijo asintió.

– Ahora podrás aprender a criarlos – las palabras hicieron reír a su hijo – Todo estará bien.

Su hijo lo abrazo con fuerza antes de regresar a su sitio dentro del auto.

El camino que recorrían era tranquilo, el paisaje pasaba rápidamente a través de la ventana, el sonido de los cadentes emergiendo comenzaba a hacerse presente, agradeciendo internamente que el auto en el que viajaba contuviera faros en vez de luces normales o no sabrían que hacer si uno aparecía a mitad de la carretera.

El auto comenzó a saltar ligeramente por los baches que contenía el camino que conectaba Kilika con Giza, el sonido de las olas rompiéndose se hizo más fuerte, indicándoles que el curso se volvería más movido a partir de ese momento.

– Papá.

– Tranquilo, el camino será así hasta que lleguemos a Giza, una vez estemos ahí todo volverá a la normalidad.

Su hijo asintió y se hundió en su asiento.

Los minutos pasaron y, el camino tal como lo índico se volvió más movido hasta que, un fuerte sonido los alerto, el auto comenzó a moverse con fuerza, haciendo que el chofer tuviera que maniobrar para que el mismo no cayera por los acantilados, golpeándose de frente contra unas rocas más cercanas.

Abrió sus ojos unos segundos después del impacto, parpadeando un poco para enfocar el lugar. Con rapidez se movió para verificar a su familia, alegrándose que nada les hubiera pasado por el golpe.

– ¿Están bien? – les pregunto.

Su esposa e hijos asintieron.

– ¿Que sucedió? – pregunto su esposa con algo de temor.

– No lo sé – le contesto – es mejor salir.

Su mujer asintió y abrieron la puerta del auto, comenzando a salir uno a uno del mismo. El chofer se encontraba revisando el auto, puesto que el cofre estaba despidiendo un humo grisáceo donde impacto con la roca.

– ¿Que paso? – le pregunto al chofer.

– Una llanta se ponchó – dijo levantándose – es por ello que perdí el control del auto.

Ardyn enarco una ceja al escuchar la explicación, sintiendo un extraño presentimiento.

– ¿Sucede algo? – pregunto el chofer.

– No – contesto – Deberíamos llamar a una grúa, estamos cerca de Giza, estoy seguro que vendrán a socorrernos – indico examinando el auto – ¿crees que los faros resistirán hasta que vengan?

– Si, por suerte la maquina no sufrió daños.

Asintió y regreso con su familia, quienes tenían un gesto de preocupación en su rostro.

– Cariño –hablo su esposa.

– No te preocupes, todo saldrá bien – dejando su mano sobre su hombro – hablaremos a una grúa y vendrán por nosotros.

– ¿Y los cadentes? – pregunto su hijo mayor.

– Los faros son funcionales, estaremos a salvo de ellos.

Su familia soltó un suspiro de alivio.

– Entren al auto.

– ¿Y tú? – su esposa lo regreso a ver.

– Estaré con el chofer hasta que venga la grúa.

Ellos asintieron.

– Muy bien – se giró para hablarle al chofer – llamaremos a una…

Sus ojos se abrieron de par en par al ver la escena.

De la boca del chofer comenzaba a emanar un camino de sangre, su mirada estaba perdida y en su pecho, una espada lo atravesaba por completo, manchando el suelo con la sangre que brotaba de la herida. Tras de él se encontraba un soldado de la guarda, quien era el responsable de aquel acto.

– Ha…

Tras soltar un último gemido, el cuerpo inerte del chofer cayó al suelo haciendo que Ardyn diera un paso atrás al verlo caer.

– Lo siento comandante… No es personal – dijo el soldado.

El soldado arremetió en contra del ex comandante que, con esfuerzo, logro interceptar con sus manos la hoja de la espada, siendo arrastrado unos pasos hacia atrás por la fuerza del otro.

– Corran – dijo de forma entre cortada – ¡Váyanse! – eleva la voz para que su familia lo escuchara.

Su esposa no dijo nada y junto a sus hijos comenzó correr.

Ardyn forcejeo con el soldado durante unos instantes hasta que logro quitarle la espada, empuñarla y atravesarlo con ella. Por un segundo el alivio recorrió su cuerpo pero, tal sensación se desvaneció cuando el grito de su esposa e hijos, le hizo girarse, encontrándose con más de doce soldados con espada en mano.

Todo ocurría como en cámara lenta.

Los soldados alzaron sus espadas para arremeter en contra de su esposa e hijos, sus gritos eran desgarradores, sabía que no llegaría a tiempo y la impotencia comenzó a abrirse paso.

Sus pies avanzaban lentamente, las espadas caían en dirección a su familia, no había anda que pudiera hacer para protegerles.

Fue durante esa fracción de segundo que, el sonido de dos espadas chocando se escuchó en el lugar. Sus ojos se abrieron de par en par, no podía creer lo que veía.

Tres figuras envueltas en oscuras capuchas habían interceptado el ataque, su familia se encontraba en el suelo, temblando por el miedo que estaban sintiendo.

– Váyanse – dijo la figura más alta.

La esposa de Ardyn asintió y animo a sus hijos a levantarse, comenzando a correr hasta llegar a su esposo, quien los abrazo unos segundos.

– Quédense atrás, no se acerquen – les dijo.

Los tres asintieron y Ardyn corrió para apoyar a quienes los habían salvado de la muerte.


– Así que… Así fue como murió Celestino – dijo con un tono de voz que demostraba lo triste que estaba por la noticia – el noticiero solo informo que había muerto por culpa de un vial que el mismo había usado pero, nunca espere que Yuuri estuviese en ese lugar.

Anora asintió mientras observaba el rostro de la joven oráculo a través de la laptop.

– ¿Cómo esta Yuuri?

– La noticia lo devasto, era un gran amigo y verle morir de esa forma…

– Entiendo – bajo la cabeza – me hubiese gustado estar ahí, para apoyarlo.

– Sabes que no es posible.

– Lo sé, pero me siento tan impotente de no poder ayudarle.

– Ya lo haces – aseguro con una sonrisa – haces todo lo que está en tus manos, preparándole el camino que deberá seguir cuando el momento llegue.

– A veces me gustaría que el destino que nos aguarda no llegara.

– Tu sabes mejor que yo que el destino, es algo que es imposible de cambiar, aun cuando tratemos de modificarlo, llegaremos al mismo punto, quizás en otras circunstancias pero…

– Solo espero que el final que visualice… Pueda modificarse – apretando con fuerza la tela de su vestido.

– Solo podemos espera lo mejor.

Yuuko asintió.

– Hay algo bueno dentro de toda la tragedia que vivió nuestro príncipe.

– ¿Así? – dijo sorprendida.

– Adalberto me comunico que Yuuri finalmente decidió tomar su papel como el futuro rey y, como el entronado.

Yuko sonrió al escucharlo.

– Así que finalmente las ruedas del destino comenzaron a caminar para él.

Anora no comento nada y solo le dedico una simple sonrisa.

– El momento se acerca, ¿Estas preparada?

El oráculo cerro sus ojos, respiro profundamente y al abrirlos nuevamente, le dedico una mirada llena de determinación.

– Se cuál es mi destino y el futuro que me aguarda, no mentira al decir que no tengo miedo, porque lo tengo y mucho – aseguro sin titubeos – pero, estoy segura que cuando todo termine, un futuro mejor y lleno de luz será el nuevo comienzo que nos guie hacia el mañana.

La reina solo sonrió, reprimiendo sus propios pensamientos y guardando para sí misma las palabras que deseaba decirle a la joven oráculo, ya que no deseaba generarle más confusión o dolor del que ya cargaba sobre sus hombros.

– ¿Tu esposo ya está enterado?

Yuuko enarco una ceja.

– Sobre lo que está por llegar.

La joven oráculo suspiro y contesto.

– Lo sabe… Siempre lo ha sabido – dijo con tristeza – se lo dije mucho antes de casarnos, por eso cada que le es posible trata de persuadirme, de ir en contra de los designios de los sidéreos.

–…

– Pero… Siempre le doy la misma respuesta.

– ¿La cuál es?

– Soy el oráculo… Nací con la sangre sagrada de la dinastía de las profetas de los sidéreos, fue escogida por ellos para ser el oráculo que guie al entronado hasta el final y… así como nací para ser el oráculo y continuar la labor que mucho oráculos anteriores a mi hicieron… Moriré siéndolo…

Anora no dijo nada ante las palabras de la más joven.

– Nací para ser el oráculo, vivo para cumplir los designios de los sidéreos y moriré cuando ellos lo decidan pero, hasta el último minuto de mi vida… Seré el oráculo de Altissia.

La reina de Nueva Hasetsu se sorprendió brevemente pero, tras salir de su estopor, sonrió nuevamente.

– Has crecido mucho, Yuuko.

– Las circunstancias a veces nos cambian.

Anora asintió a la respuesta.

– Cuando Yuuri y tú se vuelva a encontrar, ¿piensas entregarle ese objeto?

– Sí.

Aunque Anora no podía verlo, sabía que Yuuko tenía una de sus manos sobre la pequeña cajeta color negro que estaba en la mesita de alado.

– Cuando Yuuri lo porte… Esta batalla que ha durado siglos, estará llegando a su fin.

La reina iba a decir algo más cuando la puerta de su habitación se abrió de golpear y su hijo entro con rapidez en ella.

– Madre.

– Yuri – dijo la reino girándose para encararlo – Creo recordar que te he ensañado a tocar antes de entrar a una habitación ajena.

– Lo lamento – dijo con una meuca en su rostro – pero los encargados de las decoraciones de la fiesta de navidad insisten en verte, según que unas cosas no combinan con no sé qué – encogiéndose de hombros.

La reina suspiro y se volvió a girar para volver su vista a la pantalla.

– Tengo que irme, el deber me llama.

– No te preocupes, hablaremos después.

– Cuídate mucho.

– Tu igual, suerte.

La reina le sonrió y la pantalla se apagó.


La sangre goteaba de sus espadas, los gemidos de los soldados antes de dar su último suspiro era acompañado por la fuerte brisa que soplaba en aquellos momentos. Todo se encontraba en penumbras, la única luz que iluminaba el lugar, era la que provenía del auto.

– ¿Ese era el último? – pregunto una de las figuras encapuchadas.

– Eso parece – le contesto la otra.

Todos voltearon a ver a su alrededor, buscando futuros enemigos pero, al descartar algún tipo de ataque, volvieron a meter sus espadas en sus fundas.

– ¿Quiénes son ustedes? – pregunto Ardyn.

Las figuras encapuchadas se regresaron a ver entre ellas y la más alta contesto.

– Nadie – contesto con una voz que por alguna razón, se le hacía familiar – No somos nadie, solo venimos a salvarte por que se nos ordenó hacerlo.

– ¿Se los ordenaron? – Ardyn enarco una ceja – ¿Quién?

– Esa información es confidencial – dijo al figura más pequeña – no nos es permitido dártela, confórmate con saber que si no fuera por quien nos ordenó salvarte, tú y tu familia estarían muertos.

El ex comandante frunció el ceño, claramente aquella respuesta no era suficiente para él, nadie salvaba a otra persona sin motivo alguno y, hasta donde recordaba, no contaba con ningún aliado que hiciera lo que estuviese a su alcance para salvarle. Algo no estaba bien en todo eso.

– ¿Y qué quieren a cambio? – pregunto frustrado.

La figura más alta soltó una risa.

– ¿De ti? – Observándolo de pies a cabeza– nada, ya lo oíste, estamos aquí porque se nos ordenó no porque nos produzca placer salvarte – cruzándose de brazos – si fuera por mí, hubiese dejado que esos soldados acabaran con lo que estaban comenzando.

– ¿Qué? – Ardyn apretó con fuerza la empuñadura de su espada.

La figura encapuchada lo imito, con la clara intención de pelear con él.

Al ver la escena, su compañero suspiro se acercó a ambos y se colocó en medio.

– Es suficiente – dijo alzando sus manos para detenerlos – no venimos a pelear entre nosotros, se nos dio una orden, la cumplimos y es hora de irnos – dijo regresando a verlos.

Ambos se regresaron a ver, chasquearon la lengua y soltaron la empuñadura de sus espadas.

– Bien – volvió a decir – lo mejor es que se vaya capitán Ardyn, cuando se enteren de lo sucedido no dudaran en enviar a otro pelotón tras usted y su familia.

– Lo sé pero, al parecer el auto tiene una falla por el accidente, hasta que no llamemos a la grúa no podremos irnos.– contesto con molestia.

– Eso tiene arreglo.

Él se giró para que su vista enfocara a una cuarta figura que salió entre las sombras y camino hacia ellos.

– Él se encargara de arreglar el desperfecto y podrán irse.

Ardyn les dedico una mirada llena de desconfianza pero accedió a que la figura que había aparecido, arreglara el auto.

La figura estaba por caminar al auto cuando, el sonido de un disparo resonó en el lugar, las luces del auto se apagaron por completo y la oscuridad los engullo. La figura encapuchada que estaba en medio de Ardyn y la más alta, regreso a ver hacia el lugar de donde había provenido el disparo, encontrándose con un soldado mal herido con una pistola en la mano, sonriendo con altanería.

El encapuchado rápidamente saco una pistola de su cinturón y disparo al soldado, su cuerpo inerte cayó al suelo con esa sonrisa en su rostro.

– Tenemos problemas – dijo al figura más pequeña – sin los faros…

– Ya lo sé – le contesto la más alta.

Sus miedos más profundos comenzaron a tener forma.

El sonido característico de los cadentes al surgir del suelo se escuchó, con lentitud, sus figuras comenzaban a emerger hasta que sus figuras eran nítidas para ellos.

– Son diablillos – dijo la figura más pequeña, comenzando a contar el número de ellos, conteniendo el aliento al darse cuenta que estos aumentaban conforme pasaban los segundos – son demasiados.

– Ellos no son un problema – le contesto su compañero, comenzando a caminar hacia atrás junto a los demás, intentando proteger a la familia del ex comandante – preocúpate si aparecen….

Un nuevo sonido se hizo presente.

Sus ojos se dirigieron hacia el lugar del sonido, abriendo sus ojos de par en par al percatarse que varios Ferrogante comenzaban a emerger.

– Ahora si tenemos problemas, esos bichos son inmunes a los viales.

Todos desenfundaron sus espadas.

La familia de Ardyn se encontraba tras ellos sollozando por el miedo.

Los diablillos y los Ferrogante comenzaron a avanzar hacia ellos, emitiendo fuertes rugidos que hacían temblar las rocas del lugar. No tenían donde escapar, los viales eran inútiles contra los enormes cadentes y los escurridizos que eran los diablillos no ayudaba en absoluto.

La tensión en sus frentes era evidente, el miedo los recorría…

Los cadentes estaban a menos de cinco metros, el aire olía a azufre, los diablillos los apuntaron con sus pequeños arcos, los Ferrogantes elevaron sus enormes espadas con la intención de dejarlas caer sobre ellos. Los gritos de la mujer de Ardyn los paralizo unos segundos hasta que…

El suelo se congelo, enormes bloques de hielos emergieron desde el suelo los cuales los rodearon hasta encerrarlos, protegiéndolos de los ataques de los cadentes.

Los bloques se rompieron segundos después, cuyos fragmentos salieron despedidos, atravesando a los diablillos quienes se volvieron cenizas mientras que los Ferrogantes se tambalearon hasta caer al suelo por la fuerza de los mismos.

Varios pares de ojos quedaron sorprendidos por lo sucedido, girando sus cabezas hacia la estructura rocosa más alta en el lugar, encontrándose con una figura cuya capa era movida por el viento.

– No puede ser – dijo Ardyn al verle.

– ¿Siempre tiene que hacer una entrada tan dramática? – dijo al figura encapuchada más pequeña.

– No podía ser de otro modo – le contesto su compañero más alto.

La figura se dejó caer desde lo alto, aterrizando con gracia frente a todos los presentes.

– Glass Shade – murmuro Ardyn aun sin salir del asombro – ¿Tu?

– Hola Capitán – lo saludo el ladrón – ¿me extraño?

El rostro de Ardyn cambio de color, un furioso rojo adornaba el mismo, la furia comenzaba a correr por su venas, de todas las personas que existían, al único que no quería volver a ver era a aquel ladrón que tanto daño le había hecho a su familia.

– ¿Tu que haces aquí? – Pregunto con furia – ¿Viniste a burlarte?

Shade sonrió.

– Lo crea o no, ese no es el motivo de mi presencia en este lugar.

– Entonces, ¿qué quieres? – avanzo hasta llegar hasta el – ya hiciste demasiado ¿no crees?

Shade lo observo con detenimiento, hizo el intento de contestarle cuando el sonido de los Ferrogantes levantándose de nuevo capto su atención.

– Tal parece que no piensan detenerse – dijo uno de los encapuchados.

– Los cadentes no suelen hacerlo mucho menos cuando hay humanos cerca de ellos – dijo Shade – por alguna razón siempre se han sentido atraído hacia nosotros.

El ladrón observo como los demás volvían a levantar sus espadas pero, dio un paso al frente y los detuvo.

– No, yo me encargo.

Todos bajaron sus espadas y solo observaron como el joven ladrón caminaba hacia los cadentes.

Los Ferrogantes emitieron un fuerte grito al verlo caminar hacia ellos y avanzaron a grandes zancadas hacia él. Shade cerró sus ojos por unos segundos, cuando volvió abrirlos estos habían cambiado a un azul neón brillante, elevo su mano y el suelo se congelo, atrapando a los cadentes quienes intentaban liberarse.

Lentamente el hielo comenzó a expandirse desde sus pies hacia su cabeza, hasta que estos quedaron envueltos en el mismo, incapaces de moverse.

Shade trono sus dedos y los cadentes se volvieron fragmentos de hielo, derritiéndose segundos después de caer al suelo.

Parpadeo unos instantes, sus ojos volvieron a su habitual color café y soltó un suspiro de alivio, como si hubiese estado cargando un enorme peso sobre sus hombros.

Se giró para encarar a los demás, encontrándose con los rostros sorprendidos de todos.

"En el pasado… Shade nunca pudo hacer eso, ¿qué fue lo que sucedió con él?" pensó Ardyn

El joven ladrón camino hacia los presentes, deteniéndose a unos cuantos pasos de ellos.

– ¿Crees poder reparar los faros? – le pregunto a la figura que, desde un inicio, iba a reparar el auto.

La figura asintió.

– Es un juego de niños – contesto – dame unos minutos y estará como nuevo.

– Te lo encargo.

La figura se movió y camino hacia el auto, comenzando a trabajar una vez estuvo delante del mismo.

– ¿Acabaron con todos? – se giró para preguntarle a la figura más alta.

– No quedo nadie, pero me temo que enviaran a más soldados al ver que el primer pelotón no regresa.

– Bien – regresando a ver al ex comandante – cuando terminen las reparaciones, deben irse.

El nombrado no hizo más que encolerizarse aún más por las palabras dichas, ¿desde cuándo recibía órdenes de ese ladrón? El solo recibía órdenes de su rey. Fue gracias a ello que, tras su breve enojo, pudo darse cuenta de la persona que había mandado a salvarle.

– Fuiste tú.

El ladrón no dijo nada.

– Tú los enviaste – afirmo, acercándose para quedar cara a cara con el ladrón – ¿Por qué?

Shade no contesto y solo le contuvo la mirada.

– ¿Por qué los enviaste a protegernos? – Volvió a preguntar – ¿qué ganas tú con ello?

El joven ladrón bajo la cabeza, suspiro y contesto.

– Es cierto que usted y yo no tenemos una buena relación – ganándose una mueca por parte del mayor – que nuestros caminos siempre se han enfrentado, porque mientras usted apoyaba y seguía las ordenes de un rey que no merecía su lealtad, yo me aseguraba que aquellos que sufrían bajo su yugo, pudiesen sobrevivir.

El ex comandante no emitió sonido alguno y dejo que el ladrón continuase.

– Nunca apoye sus métodos puesto que muchas vidas se encontraron en peligro por ello – se cruzó de brazos – pero, aun con ello, no permitiría que lo asesinara mucho menos a su familia ya que, usted siempre lo hizo pensando que era lo correcto para el reino y para quienes viven en él, incluso aun cuando muchas veces casi muero a causa de sus órdenes – esto último lo dijo soltando una ligera risa – Nadie merece morir por órdenes de alguien más, soy partidario que por cada causa habrá una reacción y, por cada delito debe haber un juicio… Solo así podremos vivir en paz.

– ¿Me estás diciendo que me salvaste porque para ti, eso fue lo correcto?

– Si, incluso para un temible ladrón como yo, existe la justicia y lo correcto… Y salvarle a usted junto con su familia, lo era.

Ardyn lo observo con desconfianza.

– Supongo que quieres algo a cambio.

El ladrón negó con su cabeza.

– Solo quiero que vivan en paz y seguros, es todo.

Los pensamientos del ex comandante eran un torbellino, dentro de él, había una batalla interna, donde el sentimiento de odio hacia aquel hombre se intensificaba pero, la creciente gratitud por haberle salvado a él y su familia contrarrestaba esa furia.

Cuando intento responderle, el sonido del cofre del auto al caer, le hizo detenerse, girándose hacia la dirección del mismo.

– Todo listo – dijo el encapuchado, haciendo que el auto arrancara y los faros encendieran.

Shade sonrió por el trabajo hecho.

– Es tiempo de que se vayan capitán, no pierdan tiempo.

Ardyn no contesto y con un ademan de su mano, su familia entro al auto. Camino hacia el auto, cerrando la puerta de atrás y abriendo la puerta del piloto pero, antes de entrar, hablo.

– No pienso agradecerte.

– Lo sé – contesto Shade.

– Pero… Tengo una deuda contigo – apretando con fuerza la puerta del auto – y, aunque no sea de mi agrado, algún día te devolveré el favor.

– No tiene que…

–¡Voy a devolverte el favor! – Elevo sus voz haciéndolo callar – ¡no pienso deberle nada a un sucio ladrón como tú!

Shade apretó con fuerza sus manos pero no contesto.

– La próxima vez que nos veamos, te devolveré el favor que le hiciste a mi familia – regresándolo a ver de reojo – hasta entonces, más te vale que no te maten, solo yo puedo hacerlo, ¿entendiste?

Shade lo observo unos segundos y sonrió.

– Alto y claro.

Ardyn le desvió la mirada, entro al auto cerrando la puerta con fuerza. El auto arranco y comenzó a alejarse.

– ¿Estás seguro de que hiciste lo correcto? – Dijo Adalberto quitándose la capucha.

– Si – contesto, quitándose el antifaz y bajándose la capucha – era lo correcto, no podía permitir otra muerte a causa de Demian – observando como el auto se perdía en la lejanía.

– ¿Y si por hacerlo, tiene consecuencias graves en el futuro?

– Si eso llega a pasar y, si el provoca alguna tragedia en el futuro… Yo mismo acabare con el – dijo sin titubear.

– Bien – contesto no muy convencido.

– Como diría mi padre – hablo Phichit quien ya se había quitado la capucha, rompiendo la tensión del momento – otro trabajo bien hecho – colocando sus manos en jarras.

– Lo dices como si hubieses hecho algo – dijo su padre con una sonrisa, quien tras quitarse la capucha se acercó a ellos.

Todos comenzaron a reír por lo dicho.

– Lo mejor es irnos – agrego Cid – No sé ustedes pero, prefiero estar en mi casa, a salvo de cadentes que puedan matarme.

– En eso tiene razón – concordó Phichit – y mientras volvemos al reino – cogiendo del brazo a su mejor amigo – tengo fotos y grabe video de tu entrada triunfal así como lo imponente que te viste al acabar con esos cadentes – dijo enseñándole su celular.

– ¡Phichit! – Lo llamo con vergüenza –¡Dame eso! – dijo tratando de quitarle el celular.

– De eso nada – alejando el celular del alcance del azabache – este material valdrá oro en redes sociales – comenzando a correr hacia el lugar donde habían dejado el auto.

– ¡Phichit!

Mientras Yuuri corría tras su mejor amigo, Sunan, Cid y Adalberto se quedaron atrás, observando a ambos jóvenes perseguirse.

– Te noto preocupado – dijo Sunan.

– Si.

– ¿Paso algo?

– Sus poderes – refiriéndose al joven príncipe.

–…

Cid al notar que le costaba hablar, continúo.

– Están creciendo – cruzándose de brazos.

Tanto Sunan como Adalberto se mantuvieron en silencio.

– Ningún Rey Katsuki ha hecho tal hazaña.

– ¿Destruir Cadentes?– pregunto Sunan – eso lo ha hecho su familia durante generaciones.

– Si, pero ninguno ha logrado destruir Cadentes inmunes a la magia como él lo hizo – dijo sin regresar a verlos – no sin el anillo – aclaro.

Los tres regresaron a ver a Yuuri con preocupación.

– ¿Y eso es malo?

– El anillo de los Katsuki combina sus poderes naturales con los del cristal, así logran destruir un ejército entero de cadentes de golpe pero… Yuuri logro destruir un par de Ferroganes con el uso de sus propios poderes – bajando la mirada.

– ¿Qué crees que significa? – pregunto Adalberto.

– Mi única hipótesis es… Que Yuuri ya tuvo contacto con los Sidéreos, sin decirnos nada – mirándoles de reojo.

Ambos abrieron sus bocas pero no emitieron sonido alguno.

– Debemos hablar con el – dijo Adalberto – para que…

– No – lo detuvo el viejo Cid – si el príncipe se ha negado a decirnos algo acerca de ello es porque cree que no es el momento.

– Pero…

– Adalberto – dijo su nombre con una voz grabe que demostraba la firmeza con la que hablaba – respetaremos su silencio.

Adalberto callo.

– Además es lo esperado, es el elegido por los viejos dioses para salvarnos… Es normal que poco a poco ellos comiencen a entregarle sus poderes.

Sunan y Adalberto asintieron.

– Por ahora, lo único que debe preocuparnos son los movimientos de Demian y seguir con la búsqueda del anillo.

– Búsqueda que ha sido infructífera durante trece años – indico Sunan– hasta ahora, nadie ha podido encontrarlo.

– Es por eso que no debemos detener la búsqueda, debemos encontrarlo – aseguro Cid – para que, cuando el príncipe obtenga la gracia de los cinco sidéreos, cuente con el poder del anillo – alzando la cabeza y dibujando una sonrisa – así podrá cumplir su misión.

Los tres se regresaron a ver, asintieron y comenzaron a caminar, siguiendo el camino que ambos jóvenes, habían tomado.


つづく/ Continuara...

Y aquí esta, el nuevo capítulo.

Hice todo lo posible para tenerlo antes de navidad y poder publicarlo en esa fecha. Me alegra saber que por una vez, lo logre jajá

No hay mucho que decir, solo que Ardyn será un elemento que volverla a futuro pero, por ahora, desaparecerá de la historia.

En un inicio planeaba matarlo pero, hablando con un amigo mío y, cuando le dije que cosas podrían pasar a futuro, me plasmo la idea de que Ardyn, fuera ese personaje que haría cierta acción y, que por ciertas cosas, quedaría perfecto… Así que se quedó la idea jajá

El próximo capítulo, espero tenerlo para año nuevo y, puedo adelantarles, habrá… Victuuri :3 pero no puedo decir si será bueno o malo, solo que habrá jajá

Espero les haya gustado y les deseo feliz navidad.

¡Nos vemos!