15
Club de fans
Todo vestigio de la batalla contra los cazadores fue borrado gracias a las habilidades curativas de Flowar, desde los inmensos moretones y cortes dispersos en el cuerpo de Mewtwo hasta los sutiles raspones de Ania, quien no cabía de agradecimiento por haber sido rescatada de un cruel destino.
Se fueron a dormir luego de que Flowar terminara a causa del cansancio, sin hablar nada respecto a su aventura, sólo querían recuperar energías luego de un día agotador y lleno de emociones.
Así llegó rápidamente el día siguiente, en paz y tranquilidad, con una mañana fresca y esplendorosa, despidiéndose del agradecido Fabián que necesitaba regresar a su casa para dar razón a sus padres.
El grupo de viajeros también debía retomar el camino hacia Vermilion pero no podía. Eve todavía no regresaba al campamento, todos comenzaban a preguntarse si se había quedado dormida, aunque nadie se atrevía a averiguarlo.
Prefirieron no molestarla y esperarla, entreteniéndose viendo a Dyfir mientras realizaba un inventario de su mochila en silencio absoluto, con la chica lanzándoles miradas expectantes cada que podía. Aún no la habían puesto al tanto de lo sucedido con los cazadores, unos por cansancio y otros porque ni querían tocar el tema, ella se mordía la lengua para contener su impaciencia y evitar ser una pesada.
Eve apenas apareció cuando la mañana estaba algo avanzada, robándose la mirada de todos por sus marcadas ojeras y su pelaje alborotado. No dio razones de su retraso a pesar de que ahora quedaba claro que dormida no estaba, sólo les preguntó si estaban listos y se dirigió al camino sin esperar respuesta, por lo que Dyfir tuvo que meter lo que quedaba a los golpes en la mochila para no quedarse atrás.
Ese fue el momento que aprovecharon los hermanos para contarle a Dyfir los detalles de lo sucedido el día anterior. La joven pedaleaba enérgicamente, sin ocultar su asombro ante lo que escuchaba, especialmente con el tema referente al Scizor y cómo se las ingenió para hacerle frente a Mewtwo, el primero que saltó a desacreditar la existencia de un ser con tales cualidades.
Mientras la entrenadora se entretenía armando una teoría que justificara lo sucedido a Mewtwo, hablando de ello como si no fuera más que un exceso de confianza del clon, él hacía todo lo posible por ignorar su exposición de motivos. Tan sólo recordar el bochorno de aquella batalla lo enojaba a niveles inauditos y no quería desquitarse con Dyfir.
Para Mewtwo era completamente inaceptable que un Scizor lo hubiese avergonzado de esa manera. Sabía desde el principio que estaba en desventaja, no sólo porque los bichos tenían una resistencia natural ante los poderes mentales, también el exoesqueleto metálico le ayudaba a repeler su fuerza psíquica; por eso ni se tomó la molestia de inmovilizarlo en cuanto lo vio salir del vehículo.
¿Pero que destruyera su Barrera con tanta facilidad? ¿Así nada más? Lo había hecho parecer un completo novato.
Resopló con profunda frustración. No le molestaba perder siempre y cuando su orgullo se mantuviera intacto, algo que protegió un poco al no dejarse noquear por el insecto. Se le escapó otro resoplido al percatarse de que estaba pensando sandeces. Esa era una anécdota que se aseguraría de olvidar lo más pronto posible.
Aún cuando estaba decidido a no tomárselo tan a pecho, porque las posibilidades de encontrarse nuevamente con ese bicho eran casi nulas, algo en Blaze lo enojaba a sobremanera y no lograba dar con el motivo. ¿Su habilidad en batalla le producía celos sin darse cuenta? ¿Le exasperaba que hiciera tanta alharaca para ser el centro de atención? ¿No soportaba su altanero tono de voz? ¡¿Cómo demonios le producía semejante furia un estúpido bicho?!
Estaba tan rabioso con respecto a Blaze que sentía que iba a estallar en cualquier momento, fantaseaba con la idea de pulverizar una montaña porque sabía que tenía el poder suficiente para hacerlo y eso lo haría sentirse mucho mejor. Aunque la tentación era enorme sabía que no era la mejor de sus ideas, prefería soportar su enojo en silencio antes que llamar la atención, así evitaba que los hermanos le hicieran preguntas incómodas.
—Quien en realidad me sorprende es Eve. Ahora resulta que tiene los encantos suficientes para conseguirse un pretendiente tan apasionado —comentó Dyfir con cruel picardía.
Mewtwo esperó el inicio de otro impase entre las dos, pero la aludida no abrió la boca, limitándose a seguir su camino sin siquiera voltear para lanzarle una mirada asesina de rutina.
Mientras Flowar alegaba a favor de su hermana, diciendo que dichos encantos no estaban tan ocultos como Dyfir aseguraba, Mewtwo volvía a sentirse intrigado por el aura extraña que rodeaba a Eve desde el día anterior y aún no desaparecía.
El malhumor de Mewtwo no era suficiente para pasar por alto algo como eso. Resultaba difícil de explicar pero era muy sencillo de notar gracias a la experiencia de su psiquis. El aura de Eve era la estándar de un psíquico con suficiente dominio de sus poderes, lucía como una capa traslúcida que no permitía vislumbrar ningún resquicio de emoción mientras la protegía ante cualquiera que intentase entrar en su mente para leerla o controlarla. En cambio ahora tenía un aspecto turbio, como unos vidrios empañados por el frío del invierno.
Mientras Mewtwo pensaba en todo eso, Moonghost se dio a la tarea de imitar a Blaze, remedando los halagos que le dedicaba a Eve e inventándose otros absurdos, burlándose de la galantería barata con la que intentó cortejarla. Todo lo hacía sin estar consciente de lo mucho que obstinaba al, frustrando sus intentos de analizar la psiquis de Eve y obligándolo a revivir el instante en que el insecto los recitaba, rechinando los dientes ante el disgusto.
Flowar detuvo el espectáculo del fantasma, alegando que no le había hecho ni un rasguño a Eve, mostrando cierta caballerosidad en todo momento. Entonces volcó toda su atención en Eve, ignorando que Moonghost le reclama que estaba halagando a un criminal, preguntándole respecto al modo en que había derrotado a Blaze.
— Jamás te había visto hacer eso con tu plasma —agregó muy emocionada. Aunque no poseía las finas cualidades psíquicas de Mewtwo, era capaz de notar los cambios en el comportamiento de su hermana. Le picaba la lengua por preguntarle directamente para ver si podía ayudarla a sentirse mejor, pero Eve jamás desarrollo tanta confianza hacia ella, no se atrevía a hablar con ella al respecto.
— El plasma es energía pura —respondió Eve finalmente con voz monótona, acumulando un puño de chispas violáceas en la palma de su mano sin apartar los ojos del camino—. Cuando un cuerpo se sobrecarga y dos fuentes de plasma se juntan, parece que me permite afectar la gravedad alrededor de dicho cuerpo aunque, más bien, es la propia fuerza de la energía que los aplasta acorde a mi voluntad.
— ¡Sorprendente! Pensé que sólo podías anular la electricidad con el plasma, ¡es genial! —Flowar estaba fascinada con las habilidades de su hermana, observando ensimismada cómo ésta cerraba su puño bruscamente, pulverizando el poco plasma que saltaba entre sus dedos—. ¿Cuándo aprendiste a hacer eso? No recuerdo que nos hubieras dicho que hacías algo tan asombroso, no podría olvidar algo así, es digno de celebración. Debió ser hace mucho tiempo para que lo manejes con algo de soltura, ¿cierto?
Eve masculló que no lo recordaba, añadiendo que era una habilidad inútil por el tiempo que tomaba preparar a un solo objetivo para someterlo, acelerando el paso y esquivando a su hermana cuando quiso para hacerle más preguntas.
Mentía. Recordaba a la perfección el instante de su gran descubrimiento, era imposible olvidar algo tan especial, pero no podía —ni quería— contarles esa anécdota a sus hermanos, nunca lo había hecho y mantendría la boca cerrada por su propio bien. Con sólo rememorarlo sentía que le apuñalaban el corazón mil veces…
Respiró profundamente al sentir que se le formaba un nudo en la garganta, luchando por mantenerse estoica, rogando que se distrajeran con alguna tontería y la dejaran tranquila para concentrarse en las ondas que fijaban su rumbo.
Por fortuna para Eve, sus hermanos iniciaron una nueva conversación trivial con Dyfir casi al instante, manteniéndose entretenidos por largo rato. Así los minutos pasaron entre curiosidades de los extraños sueños de Moonghost a los cuentos del rábano petrificado que Flowar tuvo como mascota cuando era pequeña.
Apenas el sol acababa de alcanzar el punto más alto en el cielo, pasado el mediodía, sus rostros fueron azotados por los primeros vestigios de brisa marina, visualizando una ciudad al borde de la costa con enormes puertos repletos de blancas embarcaciones desperdigadas en el ancho mar.
El grupo celebraba lo cerca que estaban de llegar a Vermilion, ansiosos por descansar y reponer provisiones antes de seguir su trayecto a pueblo Lavender, siendo Eve la única que no participaba en el jolgorio.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo, tan súbitamente y tan desagradable que la detuvo en seco, conteniendo las ganas de vomitar cuando el mundo dio vueltas a una velocidad alarmante. Su corazón comenzó a latir tan rápido que le hacía daño, a duras penas le permitía respirar, estaba en pleno ataque de pánico.
Sintió que se moriría ahí mismo al descubrir qué le causaba semejante malestar, siquiera supo cómo pudo mantenerse en pie, presa de uno de los miedos más grandes que jamás había experimentado en su vida.
— ¿Ocurre algo? —le preguntó Mewtwo bastante preocupado, detectando de inmediato cómo su aura se tornaba ominosa en pleno ataque.
Así fue como el resto advirtió lo que pasaba, acercándose con prisa a Eve, siendo Rocknight quien tuvo la prudencia de contener a sus otros dos hermanos al ver el estado en el que se hallaba su hermana.
— Es… es… sucede que… No, no… no es posible… Pero eso es… —tartamudeó Eve sin poder completar ninguna oración coherente. Empezó a caminar de lado a lado como si fuera un gato acorralado, realizando movimientos erráticos con las manos mientras articulaba palabras inentendibles. A duras penas pudo recuperar un poco de temple, respirando profundamente antes de decir con voz ronca—. Ya no siento nada… Las ondas de psiquis en Lavender… han desaparecido…
Los hermanos reaccionaron de inmediato, ni Rocknight pudo contenerse esa vez, ahogando un grito de asombro y saltando hacia ella sin pensarlo. La acorralaron, atosigándola con preguntas que sólo empeoraron su dificultad para respirar.
— ¿Cómo es eso posible? ¿Algo malo está sucediendo? ¿Habrá despertado por su cuenta? —las palabras volaban como dardos de un lado al otro, llevándola al borde de la histeria.
— ¡¿Creen que lo sé?! ¡No se supone que esto suceda! ¡Él me tiene que seguir llamando hasta que yo lo libere! —estalló liberando una gran descarga de plasma, cerrándoles la boca a sus hermanos en el acto, más por la fuerza de su voz que por el ataque en sí.
Deshizo el corro que habían formado alrededor de ella, apartándose unos cuantos pasos respirando entrecortadamente, intentando recuperar el aliento y la capacidad de hablar corrido antes de volver a intervenir.
— No sé qué ha ocurrido ni por qué. Sólo dejaron de llegar las ondas de psiquis de Lavender, pero… —suspiró, posando la mano en su pecho y aún respirando con cierta dificultad—. En su lugar hay otra señal muy débil viniendo de aquí mismo… hay alguien en Vermilion.
— ¿Por qué nos ocurren estas cosas cuando íbamos tan bien? —se lamentó Flowar, suspirando para sacudirse el pesar de semejante infortunio y poder esgrimir una esplendorosa sonrisa que buscaba animar al resto—. Oh, bueno, veámosle el lado positivo. Al menos estamos en el lugar y momento indicado, nuestro viaje hasta aquí no será en vano.
— ¡Estás loca! ¡¿Cómo puede ser esto bueno?! —bufó Eve con consternación, consiguiendo que su hermana frunciera levemente el ceño ante su grosero negativismo—. ¡¿No se te hace extraño que desaparezca de repente?! ¡Pudo ocurrirle algo, por Gea! ¡No puedo creer que digas semejante estupidez!
— ¡Oye, más cuidado con las palabras, señorita! ¿Suceder algo cómo qué? Se supone que los objetos están en un lugar seguro, nadie más que tú puede saber dónde están y borrar los sellos, así que no veo el por qué no podemos ser optimistas —refunfuñó la flor cruzándose de brazos, retándola con la mirada a que le respondiera de vuelta.
Eve no le contestó. No pensaba hacerlo de todas maneras, debía mantenerle respeto porque era mayor y ya había cruzado la raya al tacharla de loca. Pudo contenerse a pesar de que eso le resultaba una odisea en esos momentos porque, dejando de lado las cuestiones personales que no le permitieron conciliar el sueño, cuando todavía sus músculos se recuperaban de haber cargado con Rocknight en Monte Luna, comenzó a ser acosa por una sensación espantosa que le ponía los pelos de punta.
Un mal presentimiento había surgido de la nada y la perseguía desde entonces. Contarles a sus hermanos era inútil, nunca se tomaban nada en serio a menos que lograran caer en cuenta de lo grave que era una situación —cosa que no sucedía muy a menudo—, incluso Rocknight la desacreditaría diciéndole que estaba exagerando las cosas. Le dirían también que estaba bajo demasiada presión y que necesitaba descansar cuando no era cierto, por eso prefería callar antes de que ganarse otro disgusto.
— Sigamos —se limitó a decir, avanzando con paso firme sin voltear a mirar a ninguno de sus hermanos.
Vermilion era una ciudad que había presentado un enorme desarrollo en los últimos años, transformándose de un lugar desabrido a uno de los puertos más concurridos en ese lado del mundo.
Los barcos llegaban cargados de mercancías desde los lugares más recónditos del mundo y de ahí eran distribuidas al resto de Kanto. Sin embargo, eran más los barcos cargueros que partían de ahí para exportar, distribuyendo los productos más finos de la región: tecnología de punta fabricada por la Corporación Silph; telas finas como seda hechas con hilo de Caterpie a través de un procedimiento secreto único en el mundo; o manjares exóticos como las colas de Slowpoke que, aunque no fueran bien vistas por asociaciones protectores de la especie, seguía siendo un alimento de alta demanda entre las clases pudientes de todas partes del mundo.
Los puertos de Vermilion también recibían, como mínimo, una docena de cruceros al día repletos de turistas provenientes de todas partes del mundo. Inundaban las calles con sus enormes sombreros de ala ancha y casuales vestimentas blancas para repeler los rayos del sol, muchos hablando en exóticos idiomas o acentos mientras degustaban un buen vino sentados en un restaurante a orillas del mar.
Vermilion también hacia mucho eco en su propia región gracias al icónico gimnasio pokémon manejado por un veterano de guerra. De allí surgían espantosas anécdotas que contaban la brutalidad del Teniente retirado, quien usaba pokémon del tipo eléctrico para destrozar a sus retadores, al punto de dejarlos sin ganas de exigir revancha.
Dyfir se veía muy tentada de probar sus capacidades ante el Rayo Americano, más terminó atrapada en medio de otra de las cosas que hacía única a la ciudad: el Carnaval de Vermilion. Pronto quedaron rodeados por un sinfín de trajes voluminosos y coloridos, serpentinas, papelillos, trompetas y tambores.
En una de las avenidas principales más amplias transitaba un colosal desfile de múltiples colores, exhibiendo un sinfín de disfraces alusivos al mar en medio de fanfarrias, brindado así un tributo al océano que era el motivo de la celebración.
Dyfir alucinaba con las cometas de Milotic y Gyarados de larguísimas colas de papel de seda. Se divertía con los chistosos globos de peces de todos los tamaños, formas y colores. Quedaba boquiabierta a causa de los carros alegóricos inspirados en enormes criaturas marinas tales como Lapras y Wailord. Veía con ilusión a las hermosas bailarinas luciendo trajes alusivos a Lumineon y los elegantes caballeros Kingdra que las escoltaban.
Tan llamativo y atrapante era el desfile del carnaval, que ni turistas ni oriundos reparaban en los peculiares pokémon que acompañaban a la joven entrenadora, que se mantenían al margen sintiéndose algo intimidados por el gentío que los rodeaba.
A pesar del alboroto que semejante fiestón suponía, alguien mezclado en la multitud no estaba tan hechizado por el vuelo de las faldas de las damas Lumineon y había puesto el ojo en los compañeros de Dyfir, abriéndose paso con cierta gracia entre las personas hasta pararse al lado de la entrenadora.
El hombre la saludó con una suave voz, haciéndole un gesto educado con su sombrero de bombín e ignorando que la había tomado muy desprevenida. Se trataba de alguien bastante mayor, su cabello y bigote de cepillo eran blancos como la nieve, haciendo un interesante contraste con su fino traje de chaleco negro como el carbón que reflejaba la luz con sus botones dorados.
— ¿S-se le ofrece algo? —balbuceó Dyfir, fijándose en la corbata amarilla que se asomaba en su cuello y el bastón negro en el que se apoyaba.
— Disculpe si la he asustado, señorita. No pude evitar importunarla al notar que se encuentra en compañía de magníficas criaturas; jamás había visto estas especies en toda mi vida y eso que soy un hombre que ha viajado por todo el mundo—el anciano esbozó una sonrisa que hizo brillar sus ojos grises, mostrándose amable y totalmente inofensivo—. Permítame pedirle disculpas de nuevo, es muy grosero de mi parte abordarla de esta manera, se me olvidan los modales cuando se trata de pokémon —entonces le extendió una tarjeta que rezaba "Señor Pokémon" con letras doradas finamente elaboradas—. Soy el presidente del Club de Fans de los Pokémon de Kanto, reconocido internacionalmente como de los mejores, y me gustaría que aceptase mi invitación para acudir a nuestro festejo privado de carnaval.
Dyfir se sintió halagada ante los modales refinados del hombre. Estaba muy tentada a aceptar la invitación, pues sus padres eran miembros honorarios de la sede en Johto del mencionado club gracias a su trabajado de crianza, pero sabía que eso no le agradaría nada a Eve, especialmente por lo ocurrido antes de llegar a la ciudad.
Justo cuando intentaba rechazar educadamente la invitación del Sr. Pokémon, éste la tomó por el brazo y la arrastró consigo a través de la muchedumbre, hablando muy animadamente.
— ¡Ahora te nombro miembro honorífico de nuestro club! Alguien con el talento de hallar pokémon tan singulares a tan temprana edad merece eso y mucho más en nuestro grupo. ¡Haz de ser reconocida por esto! —exclamaba ebrio de emoción.
La joven poco pudo hacer, incluso al voltear para pedir ayuda con la mirada pudo ver a Moonghost desternillándose de la risa, dándose cuenta de que debía resolver eso sola.
— Supongo que tenemos que rescatarla —suspiró Rocknight, esperando a que Eve lo aprobara asintiendo con la cabeza.
— ¿Tengo otra opción? —dijo ella con desdén.
Siguieron al hombre a través de las concurridas calles de la ciudad, llegando pronto a una casona antigua pero bien conservada, que poseía amplios jardines ocupados por una cantidad variopinta de humanos y pokémon. Entre todos hablaban animadamente, tomando y comiendo aperitivos mientras compartían la algarabía del carnaval.
El Sr. Pokémon no dudó en empujar a Dyfir hacia una pequeña tarima donde una banda ambientaba el lugar con su música, deteniéndola para presentarla y mostrar a sus compañeros de viaje, que apenas llegaban al sitio cuando todos giraron para mirarlos.
Se formó un pandemónium en menos de un segundo. Eve fue la única lo suficientemente rápida para reaccionar a tiempo, logrando escabullirse de las garras de los fanáticos emocionados y corriendo a resguardarse en lo alto de un árbol que estaba cerca de la casona. Algunos fueron lo suficientemente osados para seguirla hasta su escondite, dejándose llevar por la insana necesidad de tocarla, intentando disuadirla de bajar con golosinas que con sólo mirarlas le producían náuseas.
Eve no bajaría aunque le ofrecieran una montaña de sus golosinas preferidas, mucho menos cuando aquellos humanos la veían como si fuera un objeto, eran repugnantes. No sintió ni pizca de remordimiento al hacerles un gesto grosero, sacándoles la lengua para mofarse antes de perderse entre el follaje de las ramas más altas.
Asomó la cabeza al llegar a la copa, observando desde su refugio en las alturas cómo Mewtwo y sus hermanos eran manoseados por los miembros del club, pensando en que probablemente no se defendían para evitar hacerles daño a esa cuerda de locos. No pudo evitar sentir algo de satisfacción, era como una pequeña venganza por parte del destino a su favor que compensaba en algo todas las penurias que había tenido que soportar.
Hubiera pasado el resto del día ahí, divirtiéndose con la desgracia de los demás, si tan sólo un débil ruido no hubiese llegado a sus oídos. Sus orejas se movieron intentando captar el origen del tenue sonido, bajando cautelosamente hasta quedar a nivel del segundo piso de la casona, donde una de las ramas casi acariciaba una de las ventanas. Se acercó lentamente para poder observar a través del vidrio cristalino, con cuidado de no ser vista, todavía había un par de obstinados que se negaban a dejarla ir.
Esa y el resto de las ventanas a la vista pertenecían a una amplia habitación, donde estaban dispuestos una inmensa variedad de objetos curiosos cuidadosamente ordenados en estanterías y exhibidores protegidos con barreras de cristal. Entre todas las cosas, había una que destacaba por encima de todas las demás y era justo esa de donde parecía provenir el ruido.
Se aseguró de que ningún humano la veía antes de correr el cerrojo de la ventana con un poco de fuerza psíquica y saltar al interior, caminando con prisa hacia el exhibidor que contenía un peluche de Skitty. Lo observó detenidamente por unos segundos, sintiendo cómo se le ponían los pelos de punta al escuchar los débiles latidos de un corazón.
No titubeó al actuar, extendiendo sus manos para retirar el vidrio con sumo cuidado, resbalándosele de las temblorosas manos casi de inmediato y dejando que se estrellara a sus pies.
Dio varios pasos hacia atrás con terror, restándole importancia a los trozos de cristal que salieron volando en todas direcciones, únicamente afectada por aquello que sus ojos captaron brevemente en el celaje de su reflejo. Respiró entrecortadamente hasta recuperar la calma, diciéndose que sólo era producto de su imaginación, atribuyendo lo ocurrido a la falta de sueño.
Levitó para esquivar las filosas esquirlas, tomando el peluche y escabulléndose por la ventana, subiendo por el techo para poder huir sin que ninguno de los invitados la viera.
Lo que acababa de suceder no le sentó nada bien, se sentía mareada y con náuseas, quería tomarse un tiempo para recomponerse. Pero más importante era lo que tenía en sus manos, necesitaba hallar un sitio donde poder estar sola y examinar bien aquel objeto; le costaba contener sus ansias.
Mientras tanto, el resto seguía luchando por desembarazarse de los —excesivamente— entusiasmados fanáticos, que ya habían rebasado el nivel de manoseo a pelearse directamente por quién negociaría con Dyfir para intercambiar pokémon... con estos de por medio.
Mewtwo era quien peor la estaba pasando, su aversión por los humanos no estaba superada del todo, así que verse en tal situación ponía a prueba su paciencia. Le bastaría apenas un poco de fuerza psíquica para quitárselos de encima, pero pensaba en Eve y las consecuencias que traería sabiendo lo poco delicado que sería en su proceder.
Hablando de la enana amargada, seguramente la estaba pasando tan mal como él, con la diferencia de que ella no toleraba en lo absoluto a los humanos, así que seguramente mordería a alguien en cualquier momento. La buscó rápidamente con la mirada sin éxito, hablándole con su telepatía exclusivamente a Rocknight para informarle de lo que ocurría, esperando que él sí diera razón de su paradero.
— ¡No lo sé…! ¡Ni siquiera sé dónde está mi cola! —gimió, dando brazadas en un desesperado intento por liberarse de los fanáticos entusiastas.
La excitación de los miembros del club llegó a la cúspide cuando descubrieron que podían hablar, amontonándose aún más y cerrando el corro que se cernía sobre ellos. Sentían que les comenzaba a faltar el aire, atrapados como estaban, a alguno se le irían los tiempos y atacaría por puro instinto.
Una alarma escandalosa empezó a sonar repentinamente, exaltando a todos los invitados de la fiesta, quienes se olvidaron inmediatamente de los pokémon que estaban a punto de perecer bajo su insano fanatismo, como si los hubieran hechizado para que se congregaran ante su líder igual que una polilla siendo atraída hacia la luz.
Mewtwo apenas recuperaba el aliento cuando el Sr. Pokémon se montaba en la tarima, con un gesto de tragedia muy marcado en el rostro al momento de dirigirse a sus invitados con voz temblorosa.
— ¡Atención, atención por favor! ¡Esto es una emergencia! ¡Ha sido hurtado el muñeco de Skitty de la colección exclusiva de Oro del Invierno Verde, edición limitada de la Federación de Concursos Pokémon! —aunque el absurdo trabalenguas dejó patidifusos a los viajeros, parecía tratarse de algo muy importante, porque bastó para que todos los miembros ahogaran un grito de terror y entraran en pánico.
— ¿Alguien entiende su jerga? —preguntó Rocknight apenas con un hilillo de voz.
— Yo lo único que sé es que le envíe muchísimos recuerdos a la madre de cada uno de estos locos — bufó Moonghost. El fantasma se había estirado tanto en su desesperado intento por huir, que ahora parecía una bola de estambre atacada por gatos ociosos.
— Estas personas son monstruos — añadió Flowar mientras ayudaba a su hermano a desenredar algunas de sus partes. Ella también había sufrido bastante, haciendo hasta lo imposible por proteger los delicados pétalos de su flor.
Mewtwo no cabía de asombro por esto. Le costaba creer que fuera el único que se preocupara por la ausencia de Eve y que, justamente, era dada la alarma por un objeto desaparecido.
— Oye, Mewtwo, tienes razón. Eve no está por ningún lado… —comentó Rocknight con voz queda—. ¿Dónde se habrá metido ahora?
Cuando apenas comenzaron a buscar en todas direcciones por si alguien la conseguía, un ligero ronroneo llamó su atención y los atrajo hasta las ramas bajas de un árbol cercano, donde un Meowth los miraba moviendo su cola lentamente.
— ¿Buscan a la de ojos azules? —ronroneó el gato con una sonrisa misteriosa —. Es una niña muy ágil, pudo escaparse de esos locos sin problemas, la envidio tanto. Me hubiese gustado reaccionar tan rápido la primera vez que me trajeron aquí. Tuve las cuatro patas enyesadas por dos meses porque no saben contenerse los muy tontos.
— ¿Has visto a nuestra hermana? ¿Dónde se metió? —le preguntó Flowar algo preocupada.
— Claro, no le quité los ojos de encima ni por un momento, es maravilloso ver que alguien ponga en su lugar a estar cuerda de ineptos. Tuvieron que verla, se burló de ellos en su propia cara, ojalá pudiera hacer ese gesto —respondió el gato entre risitas—. De hecho, ella es quien ha provocado todo este alboroto, deberían darle las gracias por salvarles el pellejo.
— ¿A qué te refieres con eso? —intervino Rocknight, frunciendo levemente el ceño—. Ve al grano, gato.
— Más claro imposible, amiguitos. Ella fue quien robó ese estúpido muñeco —dijo el Meowth, estirándose perezosamente a más no poder—. La vi subirse al techo y largarse de aquí. Ninguno de los tontos se dio cuenta de que ella se llevó su horrendo tesoro.
Los hermanos intercambiaron miradas extrañadas, a su hermana jamás le habían gustado los juguetes y mucho menos tratándose de algo fabricado por los humanos. Mewtwo también cuestionó el interés de Eve por el muñeco, yendo más allá de la evidente hasta dar con la posibilidad más factible, que no dudó en manifestar. Casi de inmediato, todos ahogaron un grito de asombro, cayendo en cuenta de lo que estaba ocurriendo.
— ¡Lo encontró! —exclamaron los hermanos al unísono.
Corrieron todos a rescatar a Dyfir, arrancándosela al Sr. Pokémon sin mucho protocolo y abandonando presurosamente la fiesta para hallar a Eve.
Pasaron un par de horas luego de que dejaran la casona del Club de Fans de los Pokémon. Habían recorrido gran parte de la ciudad buscando a Eve, aumentando la velocidad de sus pasos a medida que transcurría el tiempo, preguntándose dónde pudo haberse metido.
Todos estaban de acuerdo en que la pequeña amargada iría en busca de un lugar donde pudiera estar tranquila, así que descartaron los sitios donde estaban en pleno apogeo las fiestas del Carnaval, enfocándose en plazas pequeñas, arenas de batalla públicas que estuvieran cerradas, incluso callejones solitarios y peligrosos. Por ninguna parte había rastros de ella.
Su última esperanza era el puerto, específicamente en los almacenes, donde había gigantescos galpones que servían para depositar contenedores gigantes de mercancía mientras eran procesados por la aduana. Existía una sección de galpones especialmente desolada y descuidada, la más apartada de todas, que parecía olvidada por las autoridades del puerto.
Mientras Dyfir preguntaba a los encargados del lugar si habían visto a Eve, el resto deambulaba entre los gigantescos almacenes, agudizando los sentidos con la esperanza de hallar alguna señal que les indicara la presencia de la hermana amargada.
— ¿Dónde se habrá metido Eve? ¿Y si le sucedió algo? Más temprano no lucía nada bien, habrá pasado toda la noche en vela y tendrá pocas energías —preguntaba Flowar muy angustiada—. Ay, debí prestarle más atención, incluso colgármele de las orejas para que me dijera lo que le sucede.
— Tranquila Flowar, nuestra hermana está bien, sólo está intentando hacer su trabajo en paz —dijo Rocknight pasándole el brazo por encima de los hombros para acercarla a él y calmarla.
— ¿No se te ha ocurrido preguntarle a un árbol? Alguno tuvo que verla, podrían ayudar regando la voz o… ¿qué hacen ellos exactamente? —señaló Moonghost, sorprendiendo a sus hermanos por su repentino rastro de brillantez.
— Ya hice eso pero los árboles de aquí están trastocados, sólo les gusta chismosear sobre quién es el más feo o quién tiene el adorno de Carnaval más vistoso —refunfuñó la flor, sacándole unas risillas a sus hermanos gracias al modo en que arrugó el rostro para mostrar su descontento.
Mewtwo se mantenía en silencio, observando con detenimiento cada rincón, enfocando su psiquis en un intento por captar la psiquis de Eve. En todo ese tiempo la sentía cerca pero no lograba dar con el sitio exacto, había algo turbio en su psiquis que le impedía localizarla con exactitud y eso no le gustaba para nada.
La charla de los hermanos acerca de los árboles de Vermilion se extendió alcanzando niveles de sinsentidos insospechados, volviendo tortuosa su búsqueda telepática, especialmente cuando una sensación siniestra crecía en su pecho a cada minuto que pasaba. Quería pensar que aquello era a causa de que Eve estaba muy disgustada por haber sido expuesta a fanáticos humanos, aunque dudaba con creces que algo tan absurdo pudiera generar semejante cambio negativo.
Tan sensibles estaban sus sentidos psíquicos que impulsaron su cuerpo sin estar consciente de ello, interceptando unos proyectiles con una Barrera y salvando a los hermanos, que apenas procesaban lo que acababa de suceder. Flowar pegó un gritito de pánico al ver los proyectiles que quedaron incrustados en la barrera, que pronto liberaron una descarga eléctrica, rozando la piel de Mewtwo antes de que él los lanzara lejos y los hiciera estallar ejecutando un movimiento con la mano.
Unos aplausos pausados festejaron su hazaña desde las profundidades del galpón más destartalado. Una chica, que rondaba la edad de Dyfir, surgió de las sombras, mirándolos fijamente con sus intensos ojos violetas que brillaban gracias a la sonrisa de suficiencia que surcaba su rostro, enmarcado por laboriosos rulos dorados.
— ¡Excelentes reflejos! —dijo con voz cantarina. Su sofisticado uniforme a blanco y negro hacía resaltar el logo del Equipo Rocket en su pecho—. Pensé que estabas distraído pero me equivoqué. Debo admitir que me sorprendes. Supongo que es lo menos que puedo esperar de ti.
Mewtwo reprobó el falso tono de inocencia que teñía la voz de aquella joven. Era imposible no reconocer a quien todos conocían con el nombre clave de Domino, una de las agentes más destacadas del Equipo Rocket, quien disfrutó jactarse de un historial de misiones cumplidas perfecto hasta que le asignaron su caso. Formaba parte de la élite de la organización, era una de las favoritas de Giovanni por su desempeño y carencia de clemencia ante sus enemigos, además de otras razones enfermizas que el clon prefería omitir.
— ¿Sucede algo? —preguntó Domino con cierto desdén, revisando la hora en un comunicador que colgaba de su cinturón, alzando una ceja despectivamente—. Te recuerdo algo más agresivo. Ya deberías haber intentado atacarme o amenazarme un par de veces.
El comentario despertó la curiosidad entre los hermanos y el enojo en Mewtwo. Evitaba a toda costa hablar de su pasado con ellos, sospechaba que no les agradaría si se enteraban que era una creación del Equipo Rocket; una aberración hecha por humanos era todo lo contrario a los hijos de la Diosa que había forjado aquel mundo.
— Me aseguraré de reducirlo todo a cenizas la próxima vez —dijo con crueldad, limitando su telepatía para que sólo Domino recibiera el mensaje que la hizo reír.
El clon sabía que seguiría siendo de interés para el Equipo Rocket mientras su existencia siguiera plasmada en los archivos de la organización. No tendría paz mientras la ambición del bastardo que había ordenado su creación para saciar sus ansias de poder se mantuviera intacta.
Sabía que algo así ocurriría tarde o temprano, había abandona su escondite en Viridian y viajaba a sus anchas junto a un nuevo objeto de interés para Giovanni, era como correr bañado en salvia hacia un enjambre de Heracross. Más bien habían tardado demasiado tiempo en enviar a alguien más experimentado para cumplir los caprichos del líder.
— No me cabe duda de que serías capaz de eso y mucho más —respondió ella sin dejarse intimidad por los fieros ojos violeta del pokémon.
Entonces, otras cuatro figuras se perfilaron a espaldas de Domino, saliendo a la luz los sonrientes miembros del Escuadrón Nº45. Hicieron el ademán de iniciar la coreografía que acompañaba su lema, pero su líder rápidamente los detuvo, recordándoles que estaban en compañía de un superior que no gustaba de tales excentricidades.
— ¿Cierto que se ven fuertes, agente Domino? —preguntó R2 melosamente para intentar disimular lo que estuvo a punto de ocurrir, lanzándole una mirada cómplice al Seviper enrollado a sus pies que siseaba impaciente.
Domino le hubiese cerrado la boca de una bofetada si no los necesitara para ciertas menudencias, para ella era una pesadilla trabajar con escuadrones inferiores, pero era la única forma de acercarse a su objetivo. Su único interés era Mewtwo, poco le importaban los otros pokémon que pedía su jefe, ella únicamente buscaba terminar el trabajo que empezó hace un par de años.
Mewtwo modificó la memoria de todos los implicados en la misión para recapturarlo en el Monte Quena, incluyendo al mismísimo Giovanni, quien sufrió un enorme bochorno al regresar a la base y tener que recibir explicaciones de quienes habían quedado por fuera de la operación. Peor aún, la información respecto a su fracaso se filtró y llego a oídos de otras organizaciones criminales, convirtiéndolos en el hazmerreír hasta el último rincón del mundo.
Domino tuvo que asistir a varias sesiones dolorosas con un especialista en pokémon psíquicos para recobrar la memoria, fue imposible recuperarse por completo ante todas las trabas que Mewtwo había puesto en su mente. La había humillado y dañado por dentro, su prestigio quedó destruido, razones suficientes para desarrollar un odio exagerado en su contra. Deseaba verlo convertido en un esclavo, soñaba con verlo luchar hasta que su cuerpo no pudiera más, añoraba verlo morir en la más absoluta de las miserias.
Quería convertirlo en la herramienta que convertiría a su jefe en el dueño del mundo y ella en la mujer más poderosa que jamás había existido, no le interesaban aquellos conejos súper-desarrollados, ninguno le llegaba a los talones al pokémon más poderoso. Mewtwo sería su trofeo más grande, la cúspide de su carrera, sería reconocida como la agente que domó a la bestia más fiera de todas.
Una bestia que hacía todo lo posible por ocultar su debilidad tras una apariencia regia, alguien que quería hacerse el peligroso pero que era fácil de someter si conocías lo que derrumbaba su fachada. Aquel secreto, el punto débil del monstruo, era de las pocas cosas que había recuperado gracias a su terapia.
— Como tienes mejor memoria que yo, seguramente recuerdas a unos amigos míos que se mueren por verte de nuevo —dijo Domino tranquilamente, tomando otro aparato colgado a su cinturón para accionarlo.
Frente a ella se materializaron unos robot que flotaban a pocos centímetros del suelo, con un diseño triangular que exponía un núcleo de cristal a través del cual fluía la energía que Mewtwo, bien sabía, neutralizaba su psiquis con una descarga eléctrica.
El Escuadrón 45 no podía contener la emoción, las presas estaban acorraladas desde su punto de vista, sólo Domino sabía que ese apenas era el primer paso. Debía disuadir a Mewtwo de no poner resistencia, no tendrían oportunidad en una lucha sin importar que tuviese pokémon poderosos en su cinturón, y sabía muy bien lo que tenía que hacer para lograr su propósito.
— ¿No son divinos? Los llamo cariñosamente Atrapa-bichos. Estos amiguitos son una versión muy superior a sus antecesores, nuestros ingenieros se han esforzado por utilizar la tecnología más avanzada para optimizarlos, deberías sentirte halagado de que tantas personas se preocupen así por ti —Domino se regocijaba en silencio viendo cómo el ceño del clon de Mew se ensombrecía con cada palabra que soltaba—. Despreocúpate Mewtwo, no nos hemos olvidado de tus amigos, aquí también tengo algo especial para que no se sientan excluidos.
— Es un asunto entre ustedes y yo. Ellos no tienen nada que ver en todo esto —espetó Mewtwo de mala gana, cuidando de que sus palabras siguieran siendo exclusivamente para la agente sin importarle la confusión que generaba en los hermanos.
— Ay, mira, no es que me haga ilusión hacer mandados como estos; lo mío es ir por objetivos más importantes para la organización y cazar mascotas nuevas para el jefe no es mi trabajo. Pero él tiene mucho interés en ellos, no puedo hacer nada para que cambie de parecer, sólo complacerlo —respondió encogiéndose de hombros despreocupadamente.
Caminó hasta detenerse a unos cuantos pasos de las máquinas, rogando porque los tontos a sus espaldas se mantuvieran callados y no arruinaran su plan.
— ¿Qué te parece si hacemos un trato? Tú te entregas y yo libero a tu amiguita.
Mewtwo sintió que le echaban un balde de agua helada encima. Le costaba creerle sabiendo que Eve estaba lejos de ser una criatura indefensa, ella lucharía para no ser capturada, mucho más si se trataba de los humanos que tanto desagrado le producían. Seguiría firme ante esto si no fuera por la extraña perturbación en la psiquis de Eve que no le permitía hallarla.
Domino se entregó a la tarea de dar una detallada descripción física de Eve, haciendo hincapié en su sedoso pelaje blanco como la nieve y sus lindos ojos, alabando lo bonitos que eran y lo mucho que envidiaba que fueran tan azules. Aunque la joven sabía lo que hacía, desconocía por completo lo mucho que afectaba al clon, quien intentaba no pensar que todo lo estaba ocurriendo en ese momento era su culpa por ser el arma perdida que Giovanni ansiaba recuperar.
— Más te vale que no le hayas hecho daño a mi hermana —espetó Moonghost muy molesto, conteniéndose sólo porque Flowar le pidió que mantuviera la calma.
— Oh, descuiden. Ha sido tratada con más cuidado de lo que estamos acostumbrados, casi como una invitada de honor, es que parece una muñequita de porcelana —indicó maliciosamente, logrando sembrar más temor en los viajeros, que entendieron eso como una referencia a su visita al club del Sr. Pokémon. Estaban siendo observados quién sabe desde cuándo—. Se las devolveré sana y salva en tanto Mewtwo acepte entregarse por las buenas.
El clon de negaba a reconocer que hubiesen logrado capturar a la amargada que discutía sin problemas con él a pesar de su apariencia intimidante y que le doblara en estatura, la misma que seguía luchando a pesar del malestar que le producía el smog en Viridian, que no bajó la guardia a pesar de haberla ayudado y quien miró con malos ojos cuando Moonghost lo saludó como si fueran amigos de toda la vida.
Era Moonghost quien, casualmente, le pedía no creerle a Domino, repitiéndole lo mismo que él se decía para intentar desacreditarla y estaría de acuerdo si no fuera por la maldita psiquis de Eve.
Mewtwo probablemente fue el único en tomarse la molestia de intentar hallarla de ese modo, ninguno de sus hermanos parecía tener la capacidad de rastrearla con su psiquis… Su cuerpo se tensó de frustración; ahora todo tenía sentido, la irregularidad en la psiquis de Eve se traducía en lucha, estaba combatiendo para no sucumbir ante una fuerza mayor.
Empezó a caminar hacia Domino, ignorando completamente a Moonghost, dudando de su decisión a pesar de que avanzaba con paso firme, diciéndole a la agente que aceptaba entregarse.
— A tu jefe le basta conmigo —espetó luego de exigirle que se olvidaran de la existencia de los hermanos.
Domino sonrió ampliamente antes de ordenarle a las máquinas que se abalanzaran sobre Mewtwo sin que los hermanos tuvieran tiempo de impedirlo. El clon pronto se vio reducido por una descarga de energía que inhabilitó su psiquis para evitar que se defendiera, quedando completamente inmovilizado e inútil.
Sonrió con amargura. Dudaba de si estaba haciendo lo correcto, estaba actuando descuidadamente, el Equipo Rocket no era fiable y también debía considerar por quién estaba cometiendo semejante tontería. Había conseguido la libertad plena luego de su último encuentro con el Equipo Rocket, aún sabiendo que borrándole la memoria a Giovanni no sería suficiente, que aquellos bastardos tenían muchos archivos que respaldaban su existencia y que ninguno desaparecería a menos que él mismo alcanzara a pulverizarlos con sus propias manos.
Aunque era difícil deshacerse del estigma del Equipo Rocket, seguía siendo libre y se volvía más poderoso con cada día que pasaba. Se había ganado el control sobre su destino y tenía con qué defenderlo. Entonces… ¿por qué lo entregaba tan fácilmente?
Se estaba dejando capturar para que un despreciable humano pudiera jactarse de poseer al pokémon más fuerte del mundo, regalaba su vida sólo para que una enana odiosa, que a duras penas le dirigía la palabra, pudiera recobrar su libertad.
Eve era intratable, lo sacaba de quicio con facilidad, ni siquiera entendía por qué seguía soportándola. Estaba desesperado por hallar un motivo lógico, el caos en la psiquis de Eve no era motivo suficiente para regalar su vida en bandeja de plata, se negaba a aceptar que unas razones tan patéticas acabaran con su destino.
"No seas tonto", dijo la voz de su consciencia con cierto tono lacónico. Estaba exagerando las cosas al punto de llevar sus pensamientos por el camino equivocado.
Mewtwo no estaba obsequiándose al Equipo Rocket porque se preocupase por Eve. Era un estupidez que una parte de él atribuyera sus acciones a un sinsentido tan grande. Él sólo confiaba plenamente en sus propias capacidades, sabía que podría deshacerse de aquellas máquinas con un poco de esfuerzo luego de recuperar a la insoportable cascarrabias, quizás terminaría agotado pero sí que podía salirse con las suya.
No había ningún otro motivo… ¿O quizás sí? Otra voz ponía en duda su supuesta convicción. Eso sólo lo hizo enojar, preparándose para liberar su poder psíquico en cuanto devolviesen a Eve y así él podría recuperar otra vez su libertad.
Cuando empezaba a fantasear con la idea de deshacerse de Domino en cuanto destruyera las máquinas, el Seviper se deslizó entre las piernas de la agente, siseando y liberando una enorme cantidad de humo negro muy espeso producido en lo más profundo de su estómago.
Los hermanos quedaron envueltos en la Pantalla de Humo, asfixiados y enceguecidos por la nube de suciedad, incapaces de actuar para siquiera huir y recuperar el aliento.
Mewtwo quedó petrificado al ver que otras máquinas salían disparadas desde las profundidades del galpón, lanzándose sobre los hermanos indefensos mientras él hacía nada, todo sucedía tan rápido que no podía concentrarse lo suficiente para liberarse de su prisión como tenía planeado. Ni siquiera el enojo que le produjo tropezarse con la sonrisa burlona de Domino fue suficiente para hacer estallar los cachivaches que lo sometían.
Luego que el humo se disipara, Mewtwo apreció que cada uno de los hermanos había sido atrapado por máquinas similares a las suyas. Ni el escurridizo Moonghost pudo hacer algo contra la capacidad de anulación de aquellos artefactos, que atacaban la psiquis y el cuerpo con una efectividad repugnante.
— Ay, por favor, no me mires así. Soy honesta cuando digo que no estoy interesada, pero no puedo decir lo mismo de estos alcornoques, esa misión es de ellos. Tú eres mi presa — dijo Domino entre risitas caminando hacia él, sacándole la lengua en son de burla, tan confiada que no estaba ni pizca intimidada por la gélida mirada del clon.
Repentinamente, una fila de fuego evitó que se acercara a Mewtwo para seguir burlándose de él, chamuscándole las cejas a la rubia que pegó un grito de espanto mientras saltaba para atrás. Su rostro, cabello y ropa quedaron negros como el carbón, cubiertos de hollín que la agente intentaba sacudirse con desesperación.
— ¡Más les vale soltarlos ahora mismo! —gritó Dyfir con fiereza, llegando al trote acompañada de Llamita y preparándose para llamar más pokémon a la batalla.
— Esa es la chica que viaja con ellos, agente Domino —señaló R3 con algo de ansiedad.
— ¡No me digas! —bufó lacónicamente la rubia, deseando tener un arma para hacerle un agujero entre ceja y ceja a Dyfir por haber arruinado su cuidado cabello —. ¡¿Eres tonta, niña?! ¡Sólo un imbécil hace exigencias cuando se halla en clara desventaja! ¡Especialmente ante el Equipo Rocket! ¡¿No te han enseñado respeto?!
Domino a duras penas esquivó un segundo Lanzallamas que Llamita no dudó en disparar apenas escuchó la ofensa proferida contra su entrenadora.
Dyfir sonrió con satisfacción, regocijándose ante la fuerza del fuego potenciado por la nueva dieta a base de carbón que tenía su Typhlosion desde hace un par de semanas. Más no había tiempo para festejar los progresos de su compañero, debía liberar pronto a sus amigos para que pudieran asistirla, pero no sabía cómo.
Cuando los Rocket del Escuadrón 45 liberaron a sus pokémon y Llamita gruñó desafiante a sus contrincantes, supo que debía confiar en sus habilidades, sus compañeros dependían de ella ahora.
En el instante que Dyfir inhalaba para exclamar la primera orden, el Arcanine de R2 fue impactado por la espalda con un proyectil de energía oscura con tanta fuerza, que la joven entrenadora y su pokémon tuvieron que hacerse a un lado para no ser llevados por el medio.
Casi de inmediato, una sombra pasó rápidamente entre el resto de los pokémon del Equipo Rocket, golpeándolos y aventándolos contra sus respectivos entrenadores, quedando todos noqueados con enormes chichones en sus cabezas.
Domino fue la única que se mantuvo en pie y la primera en distinguir a la bola rosada que se detuvo a una distancia prudencial de ella.
La criatura, que era muy parecida al resto a los hermanos, le devolvía la mirada con sus ojos violeta pálido. De pelaje rosado como algodón de azúcar, una turmalina en forma de diamante decoraba el medio de su frente y lucía un cuerpo bastante atlético a pesar de los colores pasteles de su pelaje… y que a duras penas era la mitad de alto que el resto de sus familiares.
El hermano movió su cola lentamente, claro indicio de que estaba preparado para atacar, no importaba lo adorable e inofensivo que lo hacía ver su tamaño, el color de piel rosa y lila o la punta afelpada de su cola, sonreía con confianza ante la iracunda agente élite del Equipo Rocket.
— ¡Baby! —exclamaron los hermanos al unísono sin poder contener la alegría aún en su precaria situación.
El aludido suavizó el gesto de su rostro, olvidándose de sus oponentes por un instante para girar a verlos y dedicarles una sonrisa tan esplendorosa, que incluso podría derretir el corazón del ser más vil del planeta, saludándolos efusivamente con sus bracitos.
Cuando todos pensaban que la aparición de un nuevo hermano dispuesto a luchar era suficiente motivo para contentarse, casi les da un infarto por la emoción de ver que Eve caminaba hacia ellos.
— Me voy por un par de horas y se meten en problemas… ¿por qué no me sorprende? — espetó, deteniéndose a una distancia prudencial de toda la escena… bastante más apartada de lo necesario.
A diferencia del resto, que celebró abiertamente la dosis de amargura de la recién llegada, Mewtwo no podía compartir la euforia de sus compañeros. No sabía si sentirse aliviado de verla libre o tonto por no haber confiado en su sentido común, muy a pesar de que tuviera la confianza de liberarse en cualquier momento.
Nada de eso guardaba sentido ante lo que era capaz de percibir en ese instante. La psiquis de Eve seguía en conflicto, no había duda, era tan inestable que unas cuantas chispas de plasma se escapaban de su cuerpo tembloroso, que también sudaba profusamente. No estaba bien, ni su cuerpo ni su mente, todo sin motivo aparente y eso encendía sus alarmas, era una bomba de tiempo ambulante.
— Eres la que faltaba… —dijo Domino alzando lo que alguna vez fueron sus cejas, mostrando una sorpresa bastante fingida mientras se cruzaba de brazos y adoptaba una actitud desafiante—. Y por lo que veo ahora hay uno de más. Admitiré que me produce mucha curiosidad saber de dónde salen tantos de ustedes, pero notarás que acaban de arruinar mi imagen personal y no estoy de muy buen humor para resolver acertijos. Así que acabemos con esto rápido, ¿te parece?
— Estoy de acuerdo. Puedes liberarlos a todos de inmediato o cuando gustes, aunque te advierto que puedo ser algo impaciente, así que no me tardaría mucho si fuera tú —respondió Eve con firmeza.
— ¡Pero qué dices! —Domino estalló en crueles carcajadas, sacando de sus bolsillos un peculiar tulipán negro y una pokebola púrpura—. ¿Quién te crees? ¿Desde cuándo los pokémon dan órdenes a los humanos? Porque eso eres por si no te has dado cuenta, un simple pokémon que está destinado a convertirse en una herramienta para mi jefe. Te convertirás en un esclavo más que servirá al Equipo Rocket para controlar todo el mundo, no eres ni serás más que eso.
Mewtwo sintió que le hervía la sangre. Le revolvía el estómago escuchar semejantes sandeces, era un insulto para cualquier pokémon que lo menospreciaran de esa manera, como si no fueran más habilidosos que los humanos. Sin ellos los humanos eran nada, tanto que tenían que crear objetos que los dominaran o hubiesen sido aniquilados hace mucho tiempo.
Los dientes de Domino hubiesen acabado rodando por el suelo si Mewtwo no estuviera sometido por esas máquinas. Ese pensamiento, que muchos humanos compartían, lo molestaba a niveles inimaginables. Por eso le sorprendía que Eve se limitara a taladrarla con su fría mirada, ella era mucho menos tolerante que él con los humanos; prácticamente estaba alabando que no se rebajara al nivel de aquella alimaña hasta que una extraña sonrisa cruzó su níveo rostro.
Eve caminó hacia la agente con suma calma, haciendo oídos sordos a las amenazas y maldiciones que profería en su contra, pasando por encima de la flor que se clavó a sus pies para liberar una descarga que quedó neutralizada por el plasma que expelía su cuerpo. Sus ojos parecían tener un manto que enturbiaba los cristalinos irises, clavados en la paralizada Domino, sin borrar aquella perturbadora mueca.
— ¡Eve! —la voz de Baby resonó entre los hangares, con un tono que le hacía sonar mucho más joven que sus hermanos, pero con la suficiente firmeza para lograr que la aludida se detuviera en seco—. ¡Yo confío en ti!
El pequeño había evitado que Eve atacara a la rubia que se vio súbitamente presa de un pánico inexplicable. Mewtwo no encontraba explicación al comportamiento de ninguna de las dos, porque bien Eve podía haber ignorado a su hermano o Domino pudo invocar a un pokémon que luchara por ella, pero ambas parecían unas estatuas. Mucho menos entendía a qué venían las curiosas palabras de Baby.
Lo único que resultaba obvio para Mewtwo era la información que podía obtener con la psiquis y el lenguaje corporal de Eve. Su mente estaba muy turbia, entorpeciendo el control sobre sus poderes psíquicos y cualquier intento por recuperar la compostura, haciendo que su cuerpo convulsionara al no poder dominar su propio poder. Era como si estuviera librando una lucha interna y estuviera perdiendo. Mewtwo se preguntaba con suma preocupación qué podría estar provocando semejante inconveniente en ella.
Por un instante, viendo el modo en que Eve cerraba los ojos fuertemente y rechinaba los dientes, el clon creyó que estaba llegando al punto de no retorno. Grande fue su sorpresa cuando sólo la escuchó gruñir con frustración antes de liberar una enorme descarga de plasma que los cubrió a todos.
Enceguecidos por el repentino ataque de Eve, el Equipo Rocket no pudo hacer nada cuando las máquinas se quedaron sin energía y cayeron al suelo. En cuanto Domino se dio cuenta de lo hecho por la pokémon, gritó tan fuerte que su frustración seguramente le había dado la vuelta al mundo en un segundo.
— ¡Eres una maldita basura!
El hechizo que mantenía paralizada a Domino parecía haberse desvanecido tan rápido como se apoderó de ella. Más no lo suficiente para evitar que Eve la mandara a volar antes de que llegase a tocarla junto a sus subordinados con una descarga de energía psíquica, tal y como lo había hecho en su último encuentro con ayuda de Mewtwo.
Los gritos del Equipo Rocket no habían terminado de resonar cuando el resto de los hermanos se lanzaban hacia el recién liberado. Eve reaccionó tan rápido como ellos, pero para huir en la dirección contraria.
Mewtwo pegó un respingo ante tan extraña acción, dispuesto a detenerla para ayudarla como fuese posible, su caótica psiquis le ponía los pelos de punta y tenía que hacer algo al respecto.
Ni siquiera le importó estar mareado, los cambios bruscos en su propia psiquis ocasionado por las máquinas tampoco le hacían bien, pero tenía que hacer algo por Eve o podría pasarla peor que él.
Sin embargo, un peso cayó entre sus brazos cuando dio el primer paso para seguirla, quedando a cuadros al ver que el nuevo hermano se había lanzado para que lo atajara, impidiendo que la siguiera.
— ¡Hola, zeñod! —dijo, utilizando un tono de voz completamente distinto al de antes, sonando mucho más infantil y balbuceante, clavándole la mirada con sus brillantes ojos violeta pálido y una enorme sonrisa surcando su rostro—. Me pidiedon que le entegada esto.
Extendió sus pequeños bracitos, poniéndole bajo las narices el polvoriento peluche de Skitty que había sido robado del museo del club. Tuvo que hacer malabares para quitarse el juguete de encima sin parecer grosero, más cuando lo consiguió, Eve ya no estaba a la vista y el resto de los hermanos lo rodearon para darle la bienvenida al recién llegado, incluyéndolo en los agasajos como si Baby y él fueran el mismo cuerpo.
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