Harry Potter le pertenece a JK Rowling en todos los idiomas incluyendo, pero no limitado, runas antiguas.
Esta historia le pertenece a White Squirrel en todos los idiomas. Sí, incluso en español.
Notas del autor: Bien, aquí está: el final del primer año. Las cosas ya comienzan a ser diferentes del canon, y continuarán difiriendo aún más cuando la aritmancia sea más importante. Hermione aprenderá análisis y reversión de hechizos el próximo año, y creación de hechizos el siguiente, aunque puede adelantar un poco.
Quiero agradecer a todos los que me han apoyado en este camino… a los casi mil seguidores, más de seiscientos usuarios que marcaron como favorita esta historia, y mejores ratings que muchas otras historias que admiro. Me entusiasma ver que tantas personas disfrutan mi historia. Después de todo, lo hago por diversión. Los reviews han sido un gran apoyo, y me alegra saber que tantos disfrutaron la resolución de mi versión de la Piedra Filosofal.
Notas de la traductora: Quiero agradecer por mi parte a todos los que han apoyado esta traducción, en especial a todos los que se han tomado la molestia de dejar un comentario o marcarla como favorita. Amo esta historia, y me entusiasma saber que tantas otras personas están disfrutando mi adaptación al español.
Capítulo 22
La reunión que tomó lugar en la enfermería durante el desayuno la mañana siguiente fue impresionante. Además de los tres niños y la profesora Vector, los profesores Dumbledore, McGonagall, Flitwick, Sprout, Snape, y Babbling también estaban ahí, junto a Hagrid, sentados en un gran círculo. Madame Pomfrey los miraba con desaprobación desde la esquina por invadir su espacio. Hermione y Ron ya estaban mejor y estaban sentados en sillas, pero Harry y la Profesora Vector permanecían en cama. Harry y Ron estaban preocupados por la final de quidditch al día siguiente, pero Madame Pomfrey le dijo a Harry que si se portaba bien, podría jugar. Hermione no podía entender cómo es que los niños estaban preocupados por el quidditch después de todo lo ocurrido, pero sabía lo suficiente sobre Harry para darse cuenta de que, por alguna extraña razón, así era como él lidiaba con su estrés.
–Creo que debo de elaborar sobre el anuncio que hice durante el desayuno –comenzó Dumbledore–. La historia completa de lo que ocurrió es que el profesor Quirrell, desafortunadamente, fue poseído por el espíritu de Lord Voldemort.
Todos los adultos y Ron temblaron. Snape se tocó su brazo izquierdo discretamente.
Hermione escuchó a medias mientras Dumbledore describía los eventos de la noche anterior, pero se sostuvo de los brazos de su silla mientras las imágenes regresaban a su mente. Estaba segura de que la poción para dormir sin sueños era la única razón por la que había descansado. Incluso ahora podía ver el cuerpo inerte de Quirrell en el suelo si cerraba sus ojos.
¡Vi a un hombre morir!
Empujó el pensamiento al fondo de su mente mientras intentaba enfocarse en la conversación.
–¿Has informado al Ministro que Quien-Tú-Sabes regresó, Albus? –Preguntó McGonagall nerviosa.
–Lo hice, Minerva. Sin embargo, parece que Cornelius no quiso escucharme –dijo secamente–. Por fortuna para nosotros, el enfrentamiento entre Voldemort y Harry lo dejó muy debilitado. No creo que se muestre de nuevo por un tiempo. Pero de vuelta al asunto que nos concierne: debemos de entender exactamente que salió mal con nuestras protecciones.
Los maestros hablaron en orden, cada uno explicando lo mejor que pudo cómo es que su obstáculo había fallado. El problema principal parecía ser que habían sobrestimado a su enemigo. Nadie parecía haber esperado que Voldemort se arriesgara a entrar al castillo personalmente.
Snape, sin embargo, parecía más sorprendido que Vector, Hermione, y Harry habían pasado su trampa.
–Una sabelotodo como la señorita Granger debía de 'resolver' el acertijo en un minuto y bebido el filtro de los muertos en vida.
Oh, así que eso es lo que era, pensó Hermione. La profesora Vector parecía querer gritar a Snape, pero Hermione calmó su propio enojo para responder.
–Fue Harry, profesor. Él pensó que el acertijo era muy fácil y decidió que era un truco. Y él fue quien pensó en probar las pociones con las polillas.
Una expresión de sorpresa apareció en el rostro de Snape y observó a Harry con atención, pero regresó a su usual ceño.
–Bien, Sr. Potter –gruñó–. No puedo creerlo, pero has mostrado más sensatez que noventa y nueve de cien magos. Si tan sólo esta diligencia fuera transmitida en clase.
Harry abrió su boca para responder, pero Dumbledore lo interrumpió.
–Eso es suficiente, Severus –dijo el mago anciano. Después comenzó a explicar su propio truco de esconder la piedra filosofal en un espejo del que Quirrell no la podía sacar. Desafortunadamente, Quirrell respondió robando el espejo. Escucharon a Vector decir su versión de lo ocurrido la noche anterior, seguida por la confrontación entre Dumbledore y Quirrell en los túneles de drenaje, y finalmente Quirrell regresando a la enfermería, donde su último ataque falló y Voldemort lo dejó por muerto.
¡Vi a un hombre morir!
No puedo pensar en eso ahora. Tengo que enfocarme en esta reunión.
–Mi cicatriz me estaba doliendo –dijo Harry tímidamente mientras describía su enfrentamiento. Y mi manos, era como si quemaran a Quirrell cuando lo tocaba… ¿Por qué no podía tocarme, profesor?
–Porque estaba poseído por Voldemort, Harry –explicó Dumbledore–. Tu madre murió para salvarte de Voldemort, y tal acto de amor deja una marca… no una cicatriz, sino una protección de amor en tu corazón y en tu piel, una protección que funciona específicamente en contra de Voldemort aún hoy. Porque si hay algo que él no puede entender, es el amor, y no puede soportar el tocar a alguien marcado por algo tan bueno oponiéndose a él.
–Entonces yo…
–Tú no mataste a Quirrell, Harry, aunque tú, en defensa propia, lo lastimaste bastante. Ni tú, Hermione –agregó Dumbledore como si estuviera leyendo sus pensamientos–. Tú lanzaste un simple hechizo para incapacitar en defensa de tu amigo, nada más, y Voldemort ciertamente hubiera matado a Quirrell en cuanto dejara de ser útil.
Hermione procesó eso. No era suficiente para que su culpa se fuera por completo, pero ayudaba, aunque aún sentía terror por lo que había visto.
¡Vi a un hombre morir!
¡Vi a un hombre ser asesinado!
¡Por Voldemort!
Tuve que hacerlo. Estaba intentando matar a Harry… o lastimarlo, por lo menos.
Intentó pensar en lo que hubiera hecho diferente, y no pudo pensar en nada. Fue una mala situación e hizo lo que pudo. Pero aún se sentía sumamente nerviosa.
El profesor Snape explicó sobre sus sospechas sobre Quirrell desde el principio del año… sospechas que, desafortunadamente, nunca pudo corroborar. Harry cayó de su asiento cuando aprendió, aunque entre dientes, que Snape había intentado salvarlo del hechizo de Quirrell durante el primer partido quidditch, no al revés. Hermione se sintió mortificada cuando recordó que había incendiado su túnica, pero por suerte, el trío guardó silencio sobre eso.
Estaban a salvo ahora, les aseguró Dumbledore cuando la reunión terminó. Voldemort se había ido del castillo, y no podría realizar el mismo truco en nadie más. La piedra filosofal sería removida y él hablaría con los Flamel sobre si era seguro que continuara en existencia. Un nuevo profesor de Defensa sería contratado en cuanto encontrara a alguien lo suficiente valiente para solicitar el trabajo. Él y los otros maestros dejaron que Harry y Vector descansaran. La mayoría en el cuarto se sintieron aliviados de que no tendrían que seguir escuchándolo decir el nombre de Voldemort.
Sólo la profesora McGonagall se quedó atrás.
–Debo disculparme con ustedes –dijo a los niños–. Me temo que, en mi exceso se seguridad, fui culpable de ignorar las preocupaciones de mis estudiantes. Espero que puedan perdonarme por fallar en mi deber de servirles como su jefa de casa. Ustedes tres fueron mejores Gryffindor que yo anoche.
Los ojos de Ron se abrieron ampliamente. Esa era una historia para compartir con su familia. Harry sólo lanzó una mirada tranquilizadora a McGonagall y asintió. Hermione también asintió, aun cuando no sentía que merecía el halago. Había pasado la mayor parte de la noche intentando alejar a Harry del peligro y de no hacer algo Gryffindor.
–Y Sr. Weasley –dijo la profesora McGonagall con seriedad antes de dejar el cuarto. Ron tragó saliva con ansiedad.
–¿Sí, profesora?
–Exijo la revancha.
Ron se rió nervioso.
McGonagall se fue y Hermione se recostó en la silla entre las camas de Harry y la profesora Vector, sin estar interesada en ir a otro lado. Se sentía exhausta, y el estar sola con sus pensamientos sólo lo hizo peor. Se sentía… extraña, mal. No estaba segura de sí debería estar llorando. Había llorado mucho sobre nada durante el último año, pero eso no era nada similar. Parte de ella quería dejarlo salir de su sistema de algún modo, pero las lágrimas no salían. Sólo sentía un vació en su pecho, justo debajo de su esternón. Sólo podía pensar en que no debería de tener que lidiar con algo así.
¡Sólo tengo doce años!
Le tomó un minuto… fue sólo cuando vio que todas las miradas en el cuarto estaban sobre ella que se dio cuenta que lo había gritado en voz alta en vez de pensarlo.
–Lo siento –dijo. Se sintió sonrojarse y bajó la mirada.
–No, Hermione –dijo la profesora Vector–. Es perfectamente comprensible. –Se forzó a levantarse, con dificultad, y se sentó y movió sus piernas al borde de la cama para poder verla de frente.
–Es sólo… ¿cómo es que ocurrió algo así? –Soltó Hermione–. ¿Cómo…? –Perdió la voz cuando finalmente comenzó a llorar.
No notó a Ron mirando a otro lado avergonzado, o la expresión incómoda en el rostro de Harry. Se sentían tan afectados como ella, pero siendo niños, tenían su propio modo de lidiar con eso. Sólo notó la gentil mano sobre su hombro. Prácticamente saltó ante el contacto y escuchó el gruñido de dolor cuando abrazó a su maestra, pero pronto sintió los brazos de la profesora Vector a su alrededor, y lloró en su hombro por un tiempo.
–Lo siento, Hermione –dijo Vector suavemente–. Nunca debiste de estar involucrada en esto. Si hubiéramos hecho nuestro trabajo bien, no tendrías que. Desafortunadamente, las cosas a veces pasan, y no puedes escaparlas… lo sé. He visto momentos cuando fue peor. Vi a muchos niños heridos durante la guerra, y yo también perdí amigos. Casi nadie no… Mira, no voy a fingir que es fácil, o rápido, pero seguirás adelante. Eres más fuerte de lo que piensas, Hermione. Sí, lo eres –agregó cuando la niña sacudió la cabeza–. Sólo una Gryffindor de verdad haría lo que tú hiciste anoche.
Hermione negó con la cabeza antes de levantar la mirada.
–Sólo estaba tratando de detener a Harry para que saliera herido –lloró–. Sólo lo hice porque tenía que.
–No, sé que eres más lista que eso, Hermione –Vector sonrió débilmente–. Ese es el verdadero significado del valor de los Gryffindor… el hacer lo que tienes que hacer, aun cuando tienes miedo. ¿Crees que cualquier alumno de primer año pudiera haber enfrentado ese juego de ajedrez? Me avergüenza decir que muchos en mi propia casa tendrían problema dejando el dormitorio después de horas. –Y hechizaste a Quien-Tú-Sabes no fue dicho, pero ambas lo pensaron–. El sombrero seleccionador te envió a Gryffindor por algo, y probaste que ahí es donde perteneces. Seguirás adelante, y tendrás muchos amigos maravillosos y una familia a tu alrededor para ayudarte.
Hermione tembló una vez más y comenzó a relajarse. El hueco en su pecho comenzó a llenarse. Pero entonces, había algo más de lo que preocuparse.
–Profesora… ¿qué le voy a decir a mis padres? –Dijo sentándose de nuevo en su silla.
–¿Le vas a decir a tus padres? –Lloró Ron desde el otro lado del cuarto–. ¿Estás loca? Ni siquiera yo se lo voy a decir a los míos.
–Creo que deberías, Sr. Weasley –dijo Vector–. Aunque el director preferiría que algunas cosas permanezcan en secreto, habrá rumores. Creo que tus padres preferirían escucharlo de ti que de alguien más.
Ron se calló y bajó la mirada nervioso.
–Yo… no quiero mentirles –dijo Hermione–. Y les dije que no iba a ocultarles las cosas, pero esto… se asustaron mucho después del incidente del troll. Creo que hubieran preferido que me transfiriera en lugar de que regresara.
–Pues… te dije lo que pensaba sobre el tema después de Halloween –dijo Vector–. Y agregaré que tus padres recibirán una carta informándoles que el profesor Quirrell murió, aunque ninguna mencionando tu parte en el incidente. Tristemente, Quirrell no es el primer profesor de Defensa que muere recientemente... muchas personas piensan que hay una maldición en el puesto. Tus padres probablemente querrán una mejor explicación.
Hermione sollozó.
–Esa será una buena carta –dijo amargamente–. Queridos mamá y papá, ¿recuerdan cómo les dije que un psicópata malvado no iba a entrar en la escuela a intentar matar a alguien?
Vector hizo un ruido que sonó como si estuviera intentando aguantarse la risa, y después suspiró.
–Si lo prefieres, puedo ayudarte a lidiar con tus padres –dijo–. De hecho, quizás será mejor si no das muchos detalles en tu carta, y yo puedo visitarlos a ti y a tus padres una vez que termine el año para explicarles en persona.
Los ojos de Hermione se abrieron aún más.
–¿Haría eso por mí, profesora?
–Eso y mucho más Hermione. Puedo decir con honestidad que no tengo idea de qué harás con esa mente tuya, pero no quiero perdérmelo.
Hermione saltó de nuevo sobre la profesora.
–¡Gracias! ¡Gracias, profesora! No sé qué haría sin usted.
–Oh, estoy segura de que te iría bien.
Hermione les dio a las niñas de Gryffindor una versión breve de la historia esa noche… tanto como se sintió cómoda diciendo. Fue suficiente para provocar chillidos de terror y tanta simpatía como pudo aguantar. Ya era difícil para algunas de las niñas escuchar sobre la muerte de un maestro, y era peor el escuchar la versión de un testigo.
Atendió la final de quidditch el día siguiente como buena amiga. Harry aún estaba recuperándose del incidente con Quirrell, pero volar parecía ser lo único que lo hacía feliz, así que no iba a quitárselo. Fue un juego cerrado. Los cazadores de Ravenclaw eran tan buenos como las de Gryffindor, pero Harry capturó la snitch llevándolos a la victoria. Hubo una gran fiesta en la sala común esa noche. Después de todo, Gryffindor había ganado la copa de quidditch por primera vez en seis años, y, si podían mantener la ventaja de diez puntos por los próximos dos días, ganarían la copa de las casas por primera vez en siete años. Y lo lograron, lo cual causó otra fiesta después del banquete de fin de año.
Hermione hizo lo que pudo por unirse a la diversión, alentada por sus amigos, pero los puntos eran menos importantes en ese momento que a principios del año. Si se era honesta, estuvo un poco distraída el resto del año, aun cuando Ron, por lo menos, se recuperó bastante rápido de la experiencia (Harry era más difícil de leer). Hermione pasó mucho tiempo visitando a la profesora Vector, discutiendo cálculo, aritmancia, y la vida en general. Aunque al final, la profesora tenía razón: era difícil, y tomaría tiempo, pero se sentía un poco mejor.
Harry y Ron decidieron pasar su tiempo relajándose bajo el sol durante los últimos días del año mientras esperaban los resultados de sus exámenes, y Hermione se les unió, aunque llevó su libro de cálculo con ella. Se lo merecían. Harry, predeciblemente, no estaba entusiasmado por la idea de ir a casa, mientras que Hermione, como la mayoría de los estudiantes, decidió que sería agradable, excepto por el hecho de que no podía usar magia.
Mientras tanto, con todo el caos y las celebraciones, fue el día después de la copa de las casas cuando Fred y George finalmente pudieron hablar con ella.
–Hermione –dijeron recargándose a cada lado de su sillón.
–Te hemos estado buscando…
–...por todos lados.
–Lo siento –dijo en un suspiro, sin la energía para reaccionar a sus extrañas personalidades–. He estado algo distraída.
–Oh, y lo suenas –dijo George con simpatía.
–¿Dónde está nuestra Hermione normal y llena de entusiasmo desenfrenado? –Preguntó Fred con una sonrisa.
–Está en terapia –gruñó Hermione–. Regresará el próximo año.
–Ah, veo que hay una chispa de algo aún –respondió Fred con una sonrisa.
George, sin embargo, lucía inusualmente nervioso.
–Mira, no queremos traer de vuelta recuerdos dolorosos, pero Ron nos ha estado diciendo cosas muy locas sobre lo que ocurrió con Quirrell.
–Y ahora que lo pienso, Alicia y las otras niñas también –agregó Fred.
–Cierto. Así que en verdad estuviste ahí cuando Quirrell… –George dejó el resto de sus palabras al aire. Hermione respiró profundamente.
–Sí, ahí estuve. Yo… lo vi todo –dijo temblando un poco.
–Lamentamos mucho escuchar eso –dijo George con admiración.
–Sí, no lo merecías –agregó Fred–. Quirrell en verdad estaba poseído por… –bajó su tono de voz hasta que fue casi un susurro–... ¿Quién-Tú-Sabes?
Hermione tembló y asintió.
–Sí, había… un rostro extra creciendo en la parte de atrás de su cabeza.
–¡Loco! ¿Es cierto que lo hechizaste?
–Ajá. Estaba atacando a Harry. Era lo único que pude pensar en hacer.
–De acuerdo, esto quizás no es lo que quieres escuchar en este momento –dijo George–, pero para ser claros, técnicamente, estás diciendo que hechizaste a Quien-Tú-Sabes en el rostro.
–No me lo recuerden –respondió Hermione. Se recargó hacia atrás y cubrió su rostro con sus manos. Aún sentía su corazón acelerarse cada vez que pensaba sobre eso. Hechizar al mago oscuro más cruel de los últimos cincuenta años no era algo que debería estar en la hoja de vida de una alumna de primer año. Pero entonces, le llegó una idea a la mente–. Esperen un momento, ¿recuerdan la tormenta de nieve en diciembre? Se la pasaron golpeando la parte de atrás del turbante de Quirrell. Técnicamente, golpearon a Quien-Ustedes-Saben en la cara en múltiples ocasiones con una bola de nieve.
–Múltiples… –dijo George.
–Bola de nieve…
–No sé si eso nos hace los reyes de los bromistas u hombres muertos.
–O ambos. Especialmente si mamá está involucrada.
–Demonios, no hemos escuchado de ella desde lo que hizo Ron. Debe de estar a punto de explotar si le está tomando tanto.
–Será mejor que nos preparemos, George. Como sea, Hermione, Ron también nos dijo cosas interesantes sobre tu habilidad para escabullirte en el castillo en la noche.
–Eh…
–Oh, sí, algo sobre empujar a nuestro hermanito dentro de un almacén de escobas. –George elevó sus cejas.
–Oh, no –gruñó Hermione.
–Y ni siquiera tiene doce años. Empiezan temprano en estos días.
–¿Podemos no hablar de eso? –Les rogó.
–Oh, no, es muy bueno como para ignorarlo, ¿verdad Fred?
–Así es.
–¿O qué tal si no lo mencionan, y yo fingiré que fue Peeves quien colocó todas esas bombas de olor en todas las puertas del sexto piso? –Los amenazó Hermione.
–¿No lo harías? –Exclamó Fred.
–¿Cómo…? –Comenzó George.
–Sonya y yo las notamos cuando explotaron. ¿Sabían que el apartamento de la profesora McGonagall está en el sexto piso?
Los gemelos se observaron el uno al otro tan intensamente que Hermione se preguntó si podían comunicarse telepáticamente.
–Lo sabíamos –respondió Fred–, y supongo que no debería sorprendernos que tú también lo sabes.
–Bien, Hermione, parece que has ganado de nuevo –dijo George. Estaba intentando sonar ofendido, pero estaba sonriendo. Hermione sonrió también.
–En el mundo muggle, eso es llamado "destrucción mutua asegurada".
–¿Sabes algo? Eres escalofriante a veces –dijo George.
–Brillante, sí, pero escalofriante –concluyó Fred.
–¿Sabes algo más? –Continuó George–. Pensamos que sería genial si pasaras unos días en nuestra casa este verano.
–Sí, Ron también lo cree –dijo Fred–. También invitaremos a Harry.
–¿En serio? –Chilló Hermione–. Pero su mamá…
–Ah, estará de acuerdo. Le encantan las visitas. Y mi papá la convencerá si no está segura.
–Papá probablemente querrá que tus padres también se queden. Le encantan los muggles.
–Pues… ¡eso sería estupendo! –Nunca había sido invitada a casa de sus amigos a pasar la noche–. Les preguntaré a mis padres si puedo ir.
–Excelente…
–Te enviaremos una lechuza…
–Si no muere primero.
–Eh, sí, gracias.
Hermione estaba emocionada, pero la llegada del verano le pesaba a Harry al punto de que, al día siguiente, lo encontraron sentado solo en uno de los rincones ocultos de la sala común, agitando con fuerza su varita sobre una pluma y unos pedazos de madera.
–Vamos, vamos, ¡Initium! –Murmuró. Tomó uno de los pedazos de madera y lo soltó. Cayó con fuerza sobre la mesa y gruñó con frustración.
–¿Harry? –Dijo Hermione.
Harry saltó e intentó ocultar su trabajo hasta que vio quien era.
–Oh, Hermione, eres tú.
–Harry, ¿qué estás haciendo? –Dijo ella.
–Yo… sólo… –Bajó la mirada con culpabilidad.
–¿Qué?
–Pues, ¿recuerdas cuando la profesora Babbling nos dijo que las runas pueden guardar hechizos para ser utilizados después? Estaba intentando encantar algo para utilizar los hechizos durante el verano.
–¿Este verano? Harry, no debes. No tenemos permitido usar magia durante el verano.
–Lo sé, sólo pensé… sé que no debemos de usar nuestras varitas, pero Ron puede volar y eso, así que pensé que podría encantar algo con un hechizo para activarlo sin usar una varita, y aún poder usarlo.
–No creo que deba –dijo ella, incluso cuando comenzó a preguntarse sobre la posibilidad–. ¿Qué tal si te descubren? Te podrías meter en problemas.
–Pero tengo que intentarlo. –Harry comenzó a escribir otra combinación de palabras. En los seminarios, la profesora Babbling les había enseñado a usar las runas "INITIUM" y "FINIS" para activar y desactivar hechizos usando sus varitas, pero la mayoría de patrones de activación que no requerían varitas eran mucho más complicados.
–¿Pero para qué? –Lo presionó Hermione–. No vas a hechizar a tus parientes, ¿verdad?
Harry lució aún más culpable.
–No terriblemente –dijo–. Sólo lo suficiente para asustarlos. Mis tíos no saben que no tengo permitido usar magia fuera de la escuela, pero quizás lo sospechen si no ven nada durante el verano.
–Pero… pero… ¿no lo sabría tu tía por tu mamá?
Harry se detuvo y levantó la mirada.
–Yo… no lo sé… Habló sobre mi mamá haciendo magia en casa. Quizás sólo nos dan una advertencia la primera vez, o algo así.
–Mm… pues, aun así no me gusta. Creo que deberías de hablar con la profesora McGonagall sobre tus problemas.
–No quiero molestarla –murmuró–. Vamos, ¡Leviosa! –Las runas fallaron nuevamente.
–Le molestará más si te metes en problemas. –Él no respondió. Hermione se acercó más a él y le habló en susurros–. Harry, no quería hablar de esto así… pero si tus parientes abusan de ti, alguien tiene que hacer algo al respecto.
Harry la miró a los ojos nuevamente, nervioso. Pareció considerarlo por un momento, pero habló en un susurro.
–No es así. Sólo no nos caemos bien. No me golpean ni nada… bueno, Dudley lo hace, pero él es un bravucón con todos.
–Pero si no se caen bien, no es la mejor situación –insistió Hermione.
–No tienes que preocuparte por mí –dijo Harry–. Puedo cuidarme solo.
Hermione suspiró y se puso de pie.
–Claro que me preocupo, Harry –dijo ella–. Muchos lo hacemos, aún si no lo decimos. Y aún si esto funciona, no resolverá tus problemas.
Harry sólo sacudió los hombros. Hermione se rindió y salió a través del retrato. Le di una última mirada antes de dejar la sala común.
–Lo siento, Harry –dijo en un tono tan bajo que nadie más la escuchó.
Caminó directo a la oficina de McGonagall.
–Señorita Granger, las calificaciones estarán listas mañana –dijo McGonagall cuando abrió la puerta.
Hermione soltó un suspiro exasperado. ¿Por qué todos pensaban que eso era en lo que estaba interesada?
–No es sobre eso, profesora.
–Oh, mis disculpas. ¿En qué puedo ayudarte?
–Pues… es algo sensible, profesora.
–Por favor, pasa. Toma asiento. –Cerró la puerta detrás de ella y se sentó en el escritorio enfrente de Hermione–. Señorita Granger, sé que no nos hemos llevado tan bien como me gustaría este año –dijo–, especialmente siento tu jefa de casa. Pero espero que puedas confiar en mí, y haré lo que pueda por ayudarte en lo que necesites.
–Gracias, profesora. Lo sé. Pero esto es sobre Harry. –El rostro de McGonagall se ensombreció.
–¿Ha hecho alguna otra cosa?
–¡No! Bueno, algo así, pero no es eso de lo que quería hablarle. Está intentando hacer esos hechizos basados en runas que nos enseñó la profesora Babbling para utilizar en casa, y quiero asegurarme de que no se va a meter en problemas. –La boca de McGonagall se convirtió en una línea delgada.
–¿El Sr. Potter mencionó por qué quiere intentar este tipo de magia? –Preguntó son seriedad.
–Pues, eso es de lo que quería hablarle... –Hermione respiró profundamente–. Estoy preocupada por la situación en casa de Harry, profesora. –Una mirada de preocupación cruzó el rostro de McGonagall, y Hermione le contó lo que Harry había dicho durante el año: que a sus tíos no les gustaba la magia y pensaban que era una "monstruosidad", que mostraban obvio favoritismo por su primo, que estaba preocupada que no comía lo suficiente estando con ellos, y, más claro, que Harry hablaba como si fuera miserable ahí y quería hechizar y asustar a sus parientes para que lo trataran mejor. Cuando terminó, McGonagall hizo un ruido como el de un gato molesto.
–Señorita Granger, quisiera que me hubieras hablado de esto antes. Yo también tenía mis preocupaciones, pero no tenía evidencia hasta ahora –dijo–. No puedo decirte mucho de lo que se por motivos confidenciales, pero te prometo que hablaré con el director sobre esto y veré si podemos hacer algo para ayudar al Sr. Potter este verano. –Hermione suspiró con alivio.
–Gracias, profesora. Sé que debí de venir antes. Es sólo que a Harry no le gusta hablar de su vida en casa, y…
–Eso no es inusual en este tipo de situaciones. Lo entiendo. Sin embargo, por favor escríbeme de inmediato si algo más te hiciera pensar que el Sr. Potter está en peligro.
–Sí, profesora. ¿Y qué de esos hechizos? No quiero que se meta en problemas por usar magia.
McGonagall pareció luchar mentalmente sobre eso por un momento.
–Supongo que no es mala idea… De acuerdo, sólo te lo digo porque sé que eres responsable. No te pediré que no hagas nada al respecto porque tú y tus padres son muy curiosos para eso. Pero te ruego que tengas cuidado respecto al estatuto del secreto. Y eso es doble para el Sr. Potter.
Hermione asintió y McGonagall continuó.
–El Decreto para la Razonable Restricción de la Brujería en los Menores de Edad es una de las leyes peores escritas y menos vigiladas en el mundo mágico, y fue escrita deliberadamente con tantas excepciones para el beneficio de magos sangre pura. Obviamente, la magia accidental no está restringida ya que no se puede controlar. Pero el uso de objetos mágicos tampoco está restringido porque muchos niños juegan con juguetes mágicos, hacen labores domésticas con instrumentos mágicos, y por supuesto, vuelan en escobas… aunque esas están bajo el control de otra división. Dudo que los magos sangre pura que escribieron las leyes hayan considerado que un hijo de muggles compraría esos objetos, y mucho menos los usaría, pero aún si van en contra del espíritu de la ley, estos hechizos con runas no van en contra de esta, y más importante, no hay mecanismo para supervisar y lidiar con esto.
–¿En serio? –Dijo Hermione–. Así que Harry… o yo… ¿podríamos hacer magia con estas runas, y estaría bien?
–Así es. Mientras no utilicen sus varitas durante las vacaciones, no serán disciplinados. Sin embargo, te pido que obedezcan el estatuto del secreto. Si no lo hacen, fácilmente podrían meterse en problemas por ambos cargos.
–Lo entiendo, profesora. Gracias.
Mucho más tranquila después de la conversación, Hermione habló con Harry lo que había aprendido sobre las runas y su curiosidad se intensificó sobre el proyecto. Incluyó a Ron, quien estaba entusiasmado por tener una manera de defenderse de Fred y George después de que su madre inevitablemente confisque sus varitas, y el trío comenzó a trabajar. Justo a tiempo para el fin del año, lo lograron. Ron descubrió que las palabras más importantes que necesitarían eran "SOLVO" (liberar), "LOQUITUR" (hablar), and "TENET" (sostener); y Hermione descubrió el patrón circular que debían de utilizar. Cuando terminaron, tenían un círculo de runas que conservaría un hechizo escrito en medio con la encantación Potenti, además del que la profesora Babbling les había enseñado para dar más poder a las runas de control y liberarlo cuando la persona sosteniéndolo dijera el hechizo. Por lo menos esa era la teoría. Hermione les advirtió que no funcionaría con hechizos muy poderosos y que perdería su "carga" después de un tiempo, como una batería. Pero cuando lo probaron con un encantamiento de endurecimiento, este cambió un cojín blando a uno duro con éxito… no era perfecto, pero era suficiente para Harry, quien les agradeció profusamente.
–Voy a divertirme bastante con Dudley este verano –dijo.
Era el día antes de que el expreso de Hogwarts regresara a Londres, y con sus cosas casi listas y los hechizos en runas preparados para que Hermione pudiera mostrárselos a sus padres, sólo había una cosa por hacer en su mente.
–¿Cómo subes a este lugar todo el tiempo? –Demandó Ron mientras el trío subía de rodillas la pequeña escalera detrás del gran comedor.
–No es tan malo, Ron –dijo Hermione al frente. La verdad es que se había vuelto bastante buena navegando el espacio de los elfos.
–No entiendo porque tenemos que hacer esto –se quejó–. Sólo son elfos domésticos.
–No son sólo elfos domésticos, Ron. Ellos cocinan toda la comida que tanto te gusta. Recogen todo tu desastre e incluso lavan tu ropa… y eso demuestra mucho valor de su parte.
–¡Oye!
–No interactúan mucho con los humanos, y lo correcto es despedirnos antes de irnos –terminó.
–Tiene sentido –dijo Harry–. Sería agradable si yo recibiera las gracias por hacer las labores en casa.
Ron gruñó y continuó subiendo.
Pronto llegaron al largo pasillo que los llevaba a la sala común de los elfos. Mientras continuaban de rodillas, un elfo pequeño salió de una de las habitaciones y los vio.
–¡Hermione Granger! –Chilló–. ¡Y Harry Potter! ¡Harry Potter! –El elfo corrió a la sala común gritando–, ¡es Hermione Granger, Ronald Weasley, y Harry Potter!
El trío llegó a la sala común de tonos amarillos y fueron recibidos como héroes. Los elfos saltaron y se acercaron para estrechar sus manos con más entusiasmo que cuando los habían conocido. Hermione pronto encontró un familiar par de ojos azul cobalto y empujó su camino hacia ella.
–¡Señorita Granger! ¿Es cierto? ¿Es cierto? –Chilló la elfina de cabello rubio.
–¿Qué, Sonya? –Dijo Hermione.
–Escuchamos que Harry Potter y sus amigos se encontraron con Quien-No-Debe-Ser-Nombrado en el castillo… –los elfos temblaron–... y escaparon con vida.
–Oh, cierto –dijo Harry–. Sí, lo hicimos. Estaba poseyendo a Quirrell.
Todos los elfos temblaron.
–Harry Potter y sus amigos son muy valientes por enfrentar tales peligros, señorita –dijo Sonya.
–Sólo hicimos lo que teníamos que hacer –insistió ella.
–La señorita Granger es muy modesta –escucharon una voz chillona que no habían escuchado antes. Todos los elfos se callaron al instante y abrieron paso para que el recién llegado pudiera acercarse: una elfina mayor que los demás con cabello blanco que crecía más en sus orejas que en su cabeza. Usaba una toalla que era más elegante que el resto y caminaba tan similar a la realeza como un elfo pudiera imitar.
–Yo soy Flory, la jefa de elfos –dijo la elfina anciana–. Estoy encantada de conocerlos, Harry Potter, señor, Hermione Granger, señorita, y Ronald Weasley, señor. Los elfos les debemos las gracias. Han hecho un gran servicio al mundo mágico de Gran Bretaña ahuyentando al Señor Tenebroso de Hogwarts.
–Gracias –dijo Harry–. Pero la profesora Vector y Dumbledore también ayudaron.
–Sí, señor. Es bueno ver magos enfrentándose a Quien-No-Debe-Ser-Nombrado antes de que se vuelva más fuerte. –Los otros elfos asintieron.
–¿Puede decirles a los elfos qué ocurrió, señor? –Preguntó Sonya con reverencia.
–Eh, supongo que sí –dijo Harry.
Se sentaron y contaron la mayor parte de lo que ocurrió esa terrible noche, excepto por las partes más sensibles, desde las sospechas iniciales de Harry hasta la muerte de Quirrell. Los tres niños aún temblaban al recordar lo último, especialmente Hermione.
–Fue horrible –dijo–. Yo… nunca…
–La señorita Hermione Granger y sus amigos son muy valientes –la tranquilizó Sonya.
Después, para su sorpresa, Tilly se acercó y colocó una mano sobre su hombro.
–Es difícil ver a alguien morir, señorita –dijo la elfina de ojos grises–. Nosotros los elfos vemos eso. Vivimos más años que los magos, y sentimos la magia de nuestros amos. Ya que estamos unidos al castillo, sentimos cuando murió el profesor Quirrell, incluso los niños elfos. Pero nos consuela el estar con nuestras familias, ya sean magos o elfos. Será diferente para magos y brujas, pero a los elfos nos ayuda tener a alguien a quien cuidar. Y no deben de dejar que el miedo o el dolor los alejen de lo que más quieren, señorita.
Eso era algo nuevo. Ya era suficiente malo que los niños elfos sintieran morir a un profesor. Y su consejo era muy bueno si lo aplicaban a su propia especie.
–Gracias, Tilly. Estoy segura de que me sentiré mejor después del verano –dijo ella.
–¿Se va de vacaciones mañana, señorita? –Preguntó Sonya.
–Ajá. Sólo queríamos visitarlos una vez más ya que no regresaremos hasta septiembre.
Muchos de los elfos chillaron felices al escuchar su respuesta.
–La señorita Granger y sus amigos son muy amables. Otros magos nunca visitan a los elfos en nuestro hogar.
–Debería de presentarles a otros estudiantes hijos de muggles –respondió Hermione–. Creo que algunos estarían interesados. Los muggles piensan que es importante aprender sobre otras culturas.
–Quizás… –dijo Sonya con timidez–. Quizás tú podrías enseñarles a los magos más sobre eso.
Algunos de los elfos mayores lucían escandalizados por su atrevimiento, pero Hermione pensó que era una buena idea.
–Sí, quizás sería útil si todas esas rebeliones de duendes son un indicio.
Hablaron por un tiempo más sobre sus planes de verano… o Hermione y Ron lo hicieron. Harry no tenía planes. Después, se despidieron de los elfos y antes de saberlo, era el día siguiente y tomaron los botes para cruzar el lago de regreso a la estación. Unas horas después estaban de vuelta en Kings Cross, despidiéndose (el tren había llegado doce minutos tarde de acuerdo al reloj de Hermione, pero por supuesto, justo a tiempo de acuerdo a los relojes de la estación). Hermione logró ver a la mamá de Ron y a su hermana menor, ambas pelirrojas, y a la familia de Harry: un hombre grande de rostro morado que miraba a Harry con desdén, una mujer delgada con cara de caballo que le lanzó una mirada de asco hacia Hedwig, y un niño muy gordo quien, para el deleite de Harry, lucía aterrorizado por su primo mágico.
Después, encontró a sus padres y corrió hacia ellos y los abrazó con fuerza. Ahora que los había visto de nuevo, le costó mucho trabajo no soltarse llorando.
Pero fue salvada cuando la profesora Vector se acercó a ellos (por consejo de Hermione, usando un vestido muggle, aunque algo anticuado).
–Sr. y Sra. Granger, es un placer verlos de nuevo –dijo ella.
–Igualmente, profesora –dijo su mamá. Ella y Dan estrecharon la mano de la profesora.
–No puedo decirles lo feliz que estoy por el desempeño de Hermione este año –continuó ella mientras Hermione se sonrojaba–. Las mejores calificaciones en su clase, y por un gran margen.
–Pues, gracias, profesora –dijo Dan–. Pero su carta…
–Sí, como dije, el incidente que resultó en la desafortunada muerte de nuestro profesor de Defensa… ¿Me permitirían invitarlos a cenar, Sr. y Sra. Granger? Creo que necesitamos tener una larga plática.
