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– Capitulo XXIII –
マジック、ダンス、そして夢
Magia, Danza y Sueños.
Parte I
"Nunca desistas de un sueño. Sólo trata de ver las señales que te lleven a él." – Paulo Coelho
La navidad estaba por llegar al reino, los adornos iluminaban cada rincón del mismo, los villancicos era la música habitual de cada negocio o vivienda. Los carteles del próximo evento en la plaza central eran la atracción del momento ya que, como cada año, una representación del cascanueces sobre hielo se montaría en ese lugar y, no había persona o noble que no deseara que los dos últimos días que faltaban para poder verla en vivo, culminasen.
Por ello, los integrantes del grupo de patinaje artístico que la montaría, practicaban día y noche con dos meses de anticipación como mínimo, siendo entrenados por Minako, una de las mejores bailarinas que había nacido en el mundo y, aun cuando para muchos era un secreto, había sido la nana de Yuuri y Mary cuando era una joven estudiante que, gracia a la paga del rey anterior, pudo pagarse su carrera y ser lo que hoy en día era.
Aun cuando aquella festividad y evento, era una de las más queridas del año, para Yuuri significaba negarse una y otra vez a participar en ella.
No era un secreto que amaba patinar de hecho, en sus tiempos libres, había sido el entrenador temporal de algunos de sus amigos, enseñándoles lo básico para moverse sobre el hielo y, cuando notaron su habilidad sobre el hielo, le insistían sin éxito que participara.
Incluso Minako había ido personalmente a su casa para pedirle a Mary el permiso para que fuera parte del evento, a lo cual se negó rotundamente para decepción de la bailarina.
Pero, eso no evitaba que se encontrara en aquel lugar, viendo patinar a sus amigos, practicando la corografía, animándoles y dándoles sus opiniones cuando notaba algún error.
– ¿Seguro que no quieres participar? – pregunto nuevamente Sala apoyada en la baldosa.
El negó con su cabeza.
– Es la quinta vez en el día que me lo preguntas.
– Y seguirá haciéndolo – secundo Mila, quien se acercó a ellos – no entiendo tu negativa, eres muy bueno patinando, seguro que Minako te daría el papel principal.
– Ustedes mejor que nadie saben el por qué me niego.
– Justamente por eso deberías hacerlo – Sala hizo una mueca – ¿Cómo vas a superar tu miedo al público si no lo intentas?
Yuuri solo le sonrió.
– Concuerdo con Sala – dijo Mila – Deberías intentarlo, aunque se una vez.
– Si claro – contesto rodando los ojos – ¿y si hago el ridículo? – Pregunto sin ganas – seré el hazme reír de todas las redes.
– Ve el lado positivo, serás famoso.
– Mila – Sala le dio un pequeño codazo – no ayudas – murmuro.
Ella solo se encogió de hombros.
– No insistan, prefiero quedarme aquí – señalando su asiento – observando sus ensayo y ayudándoles en lo que me sea posible.
Ambas negaron con sus cabezas.
Los tres continuaron hablando durante un par de minutos, hasta que la voz de Minako, indicando que debían reanudar la práctica les interrumpió.
– De vuelta al trabajo – dijo Sala.
– Ya faltan dos días – indico Mila – después volveremos a nuestras vidas normales.
– ¿Seguro que no quieres? – Sala volvió a preguntar.
– Sala, no le insistas – sugirió Mila – nada en el mundo hará que Yuuri acepte – cruzándose de brazos.
Yuuri soltó una breve risa.
– Muy seguro.
– Al menos lo intente – le dedico una sonrisa.
– Gracias por ello – dijo sin dejar de reír – además, tengo cosas que hacer.
– ¿Así? – Pregunto Mila intrigada – ¿Cómo qué?
– He quedado con alguien.
– Wow – los ojos de Mila brillaron unos segundos – ¿tienes una cita?
– ¿Cita? – siguió Sala.
Yuuri trago con fuerza.
– He, no… No es nada de eso.
– ¿Entonces? – preguntaron al unísono.
– Solo he quedado con un amigo, es todo.
– Amigo, claro – Mila entrecerró sus ojos – Y yo soy la reina del mundo ¿no?
– En serio.
– Yuuri, tu no sueles "salir" con amigos – enfatizo con los dedos – incluso cuando sales con nosotros, prácticamente te arrastramos – dijo con firmeza – así que, desembucha… ¿Quién es la chica?
– ¿Es alguien que conocemos? – secundo Sala.
– Ya les dije que no es eso – contesto con los nervios recorriéndole.
Ambas entrecerraron los ojos, indicándole que no le creían.
– ¿Por qué no me creen?
– Es más que obvio por que no – Mila se cruzó de brazos.
Ambas mujeres continuaron bombardeándole con preguntas incomodas y bochornosas, ignorando los gritos de Minako quien, tras varios intentos por hacerles volver a la pista, se rindió y dejo que ambas continuaran parloteando, aun cuando estas dos últimas sabían que las reñirían una vez terminaran.
– No es una cita – volvió a decir – solo quede con un amigo, acompañarlo a algo que necesita hacer.
– ¿Y eso incluye velas, comida y música? – dijo Sala.
– ¡Que no es eso!
No importaba cuantas veces lo negara, tal pareciera que sus amigas continuaban con la idea de que tenía una cita, lo cual lo estaba poniendo más nervioso, ya que lo que iba a hacer no lo era o, al menos eso se decía así mismo. Cuando las preguntas llegaron a un punto que pasaba lo inocente, se levantó de golpe de su asiento.
– Oh, miren la hora que es – sacando su celular para ver la hora – tengo que irme.
– ¡Yuuri! – ambas elevaron su voz, indignadas por el comportamiento de su amigo.
– Ustedes deben seguir practicando y yo estoy quitándoles el tiempo – ignoro las protestas de sus amigas.
– Yuuri, ¿a dónde vas? – le grito Mila.
– Debo irme, cosas por hacer y poco tiempo – comenzando a alejarse – ¡Las veo en la presentación! – grito, impidiendo que lo detuvieran con sus protestas.
Ambas jóvenes suspiraron.
– ¿Qué le pasa? – dijo Sala Indignada.
– últimamente se ha vuelto más misterioso que de costumbre – contesto Mila.
– ¿De verdad crees que tenga algún enamoramiento?
– Quien sabe aunque, de resultar ser cierto, sería el chisme del año obvio, después del sorpresivo compromiso del príncipe Víctor.
Sala se encogió de hombros.
Ambas jóvenes iban a continuar cotilleando sobre la vida de su amigo, cuando Minako les volvió a gritar, ambas se sobresaltaron y se deslizaron por la pista, siendo regañadas por su entrenadora.
El rey caminaba lentamente hacia su fiel soldado, escuchando dentro de su mente los pensamientos que este poseía, analizando cada nueva información que este le brindaba acerca de Katsuki Yuuri y los movimientos que este hacia durante el día.
La sonrisa en su rostro, mostraba cuan complacido estaba con la información que le proporcionaba. Se detuvo cuando estuvo a unos cuantos pasos de su sirviente y cruzo sus brazos tras de su espalda.
– Mis suposiciones eran correctas – dijo con voz neutra – él fue quien acabo con el pelotón que envié con el fin de matar a Ardyn.
El soldado expulso un humo negro de su casco en señal de afirmación.
– Sus poderes están creciendo, más rápido de lo que creí – dijo alejándose de su soldado – ser capaz de eliminar a varios Ferrogante que son inmunes a la magia habla mucho de su capacidad – deteniéndose frente al ataúd de cristal – debe ser obra de los sidereos – aseguro, acariciando el cristal – me pregunto, ¿Cuántos de ellos ya están bajo su control?
El soldado tras de él, no emitió sonido alguno, ni mostro algún pensamiento que pudiese responder la pregunta de su rey.
– Puedes retirarte – indico sin regresar a verlo – sigue vigilándolo.
Su soldado asintió y desapareció en una cortina de humo negro.
– No te preocupes querida – dijo el rey con una sonrisa – poco a poco el momento se acerca.
La mujer dentro del ataúd lo regreso a ver con furia.
– No me mires así, yo no soy el culpable de esta situación o, ¿quieres que te recuerde la razón de tu encierro?
Ella se movió bruscamente tratando de abrir el ataúd pero este no cedió ante sus embistes.
– No gastes energía, el ataúd es imposible de abrir.
El rey soltó una breve risa y se alejó del ataúd para caminar hacia el enorme cristal de color azul que estaba frente al mismo.
– No hay poder humano que pueda abrirlo – volvió a decir – ninguna fuerza nacida en este mundo la tiene salvo, aquel que nació para ello – llevando su mano hacia la superficie del cristal – el poder de los dioses convergidos en uno… El elegido para salvar este mundo y eliminar el germen de la oscuridad.
El cristal cambio su color al ser tocado por el rey, emitiendo una fuerte luz roja la cual, le hizo reír.
– Sigues sin querer obedecerme – bajando su mano del cristal – después de todo, fuiste creado por los viejos dioses y solo aquel al que le fuiste brindado puede usarte, ¿no?
El rey se alejó y el cristal volvió a su color original.
– El momento se acerca – repitió – mi plan sigue su curso tal cual lo trace – acercándose nuevamente al ataúd y ganándose la fría mirada de la mujer dentro del mismo – cuando la profecía se cumpla, mi plan finalmente podrá cumplirse.
Apoyándose en el ataúd y dejando su rostro a centímetros del cristal.
– Cuando eso ocurra, tú serás libre y obtendré lo que siempre he anhelado… Y todo gracias a ti, mi querido entronado.
Al escuchar ese nombre, los ojos de la misteriosa mujer cambiaron a un rojo resplandeciente.
Corría por las calles del lugar de forma frenética. Había bajado del autobús con rapidez, olvidándose de las protestas de los transeúntes que se encontraba por el camino. Solo se detenía cuando algún semáforo se colocaba en rojo y le impedía el paso. Tuvo que recorrer una gran distancia desde la parada hasta la vieja capilla.
Tras varios inconvenientes, solo se detuvo para tomar aire cuando estuvo en el lugar. Trago con fuerza y, tras recuperarse emprendió nuevamente el camino, esta vez su destino no era el algo congelado donde solía patinar, esta vez se dirigió a la zona que daba a mano izquierda, por donde el algo se extendía.
Detuvo su carrera cuando vislumbró la parte del algo congelado del lugar, encontrando a la persona que buscaba apoyada en una de las rocas.
– ¡Victor! – lo llamo con emoción.
El príncipe levanto la vista al escuchar su nombre y sonrió.
– ¡Yuuri! – elevando su mano para saludarlo.
El azabache dibujo una sonrisa en su rostro y corrió al encuentro del mayor.
Victor al verlo acercarse se levantó para recibirlo.
– Pensé que no vendrías, como no respondías mis mensajes, ¿paso algo?
– Lo siento – dijo respirando de forma agitada – mis amigas me entretuvieron y a mitad del camino me quede sin señal.
Victor sonrió de forma comprensiva, recordando fugazmente lo poco que el menor le había mencionado acerca del evento de navidad y lo que hacía para ayudar a sus amigos.
– ¿Siguieron insistiéndote? – riendo de forma divertida.
– No te rías, no me gusta negarme y ver como se decepcionan por mi culpa.
– Yo también estaría decepcionado, con lo buen patinador que eres – aseguro – incluso, me atrevería decir que eres uno de los mejores con los que he patinado.
Yuuri rodo los ojos.
– Y, ¿para que querías que nos viéramos? – pregunto, cambiando el tema de forma drástica.
Victor negó con su cabeza al notar que el menor no quería seguir hablando de ello.
– Te quería mostrar algo.
– ¿Algo? – enarco una ceja.
– Si – hizo el intento de moverse pero volvió a hablar – cierra los ojos.
– ¿Para qué?
– Solo hazlo.
Yuuri le dedico una mirada de desconfianza.
– No es nada malo – rio al ver que Yuuri seguía con el mismo gesto – confía en mí.
El azabache, aun no muy convencido, cerró sus ojos.
– No los abras – indico – o me enojare contigo.
– Vale, no los abriré.
Victor sonrió, pero no se movió, percatándose con ello que Yuuri trato de abrir un ojo.
– ¡Yuuri!
– ¡Perdón! – Grito llevándose sus manos hacia su rostro para cubrir sus ojos con sus manos – prometo ya no abrirlos.
Victor permaneció unos segundos en su sitio, observando el rostro del menor, cuando se convenció que este no abriría los ojos, camino hacia alguna parte del lugar.
El azabache por su parte, se encontraba ansioso, preguntándose una y otra vez, que era lo que Victor quería mostrarle.
No tuvo que esperar mucho, puesto que la respuesta llego de inmediato.
– Ya puedes abrirlos – le indico.
– ¿Seguro?
– Sí.
Bajo sus manos pero no abrir sus ojos. Espero unos segundos, suspiro y los abrió lentamente. Lo primero que vio, fue el rostro sonriente de Victor, parpadeo un par de veces y digirió su vista hacia su lado derecho, sorprendiéndose por la criatura que estaba a lado del mismo.
– Ese es…
– Yuuri, te presento a chocolina.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Yuuri y sus ojos se iluminaron al ver al bello chocobo dorado que estaba a lado de Victor. No es como si nunca hubiese visto uno pero, la sorpresa de verle radicaba, en el tipo de chocobo que era. En su vida nunca estuvo en presencia de uno de color dorado, era algo raros por lo que, tener uno, era aún más inusual de lo que muchos creían.
– ¿Chocolina? – pregunto al pensar en el nombre que este poseía.
– Si, ese es el nombre que mi madre le puso, no preguntes el por qué, ya que ni yo mismo lo sé – encogiéndose de hombros.
– ¿Es hembra?
– Creo que por el nombre es obvio – dijo riendo por la pregunta.
– No te burles – dándole un golpecito en el brazo.
Victor volvió a reír y noto, como el menor dudaba en tocar a la chocobo.
– ¿Quieres tocarla?
Yuuri apretó los labios y no contesto.
– ¿Qué pasa?
– Y si… Es que, he leído que los chocobos dorados son algo desconfiados a veces y atacan al que trate de tocarles sin permiso.
– No te preocupes, Chocolina es muy dócil, solo picotea cuando siente que la quieren lastimar.
Eso no convenció al azabache quien se tensó.
– Tranquilo – dijo tomando la mano del azabache – tócala.
Yuuri se sonrojo por la acción pero, con la mano de Victor sobre la suya, acaricio la cabeza de la chocobo, quien emitió un sonido que indicaba que estaba feliz porque la acariciaran.
– Le gustas – indico Victor.
– Eso parece – le respondió – me recuerdas a Silver – le sonrió a la chocobo dorado mientras recordaba a su emplumado compañero – si estuviera aquí, sin duda serian buenos amigos.
– ¿Silver?
– Si – lo regreso a ver – es un chocobo plateado y un gran amigo mío.
– ¿En serio? – Pregunto sorprendido – ¿no sabía que tenías un chocobo?, considerando que muy pocos lo mantienen ya sabes, por lo caro que es su manutención.
– Lo son por ello es que él no vive conmigo – alejando su mano de la cabeza de Chocolina.
–…
– Silver… Es libre, vive como un chocobo salvaje.
– No comprendo, dijiste que es tu amigo y los chocobo salvajes pocas veces se acercan a los humanos.
– Porque no todos son criados por uno y dejados en libertad – emitió una breve risa al ver el rostro lleno de confusión del otro – Conocí a Silver siendo un polluelo, lo encontré en un canal, piando de miedo… Lo lleve conmigo y lo mantuve hasta que mi hermana me riño, ya que estaba creciendo y sabes el tamaño que poseen – regresando a ver a Chocolina – un día, lo lleve a las afueras del reino, lo deje en una cueva cerca de ahí, lo visite casi a diario, esperando se adaptara a la vida salvaje…. Y un día desapareció.
– ¿Desapareció?
– Si, al principio creí que algo le había ocurrido y, digamos que durante un tiempo me sentí mal por haberle perdido ya que no pude protegerle.
–…
– Pero, un día regreso… Y desde entonces ha sido así, Silver vive como un chocobo salvaje, corriendo, luchando con cadentes – Noto que Víctor enarco una ceja por lo último – es un chocobo valiente – aseguro – incluso me ayudo a huir durante un ataque.
– ¿El de Kilika?
– Exactamente, si no fuera por él, no hubiese llegado al reino ni recibir atención médica.
Víctor le sonrió.
– Debe ser un gran Chocobo.
– Lo es, quizás algún día lo conozcas.
– Eso espero.
Ambos se mantuvieron en silencio durante unos segundos antes de que Yuuri rompiera el hielo.
– Cambiando de tema, ¿Querías verme para presentarme a Chocolina?
– En parte – contesto.
Yuuri no contesto y le permitió seguir hablando.
– Hay un lugar que quiero mostrarte pero, no está dentro del reino.
Yuuri frunció el ceño.
– Está ubicado en Bevelle.
– ¿Ha? – Dijo sorprendido – ¿Bevelle?
– Sí.
Conocía Bevelle, al menos dentro de los pocos recuerdos que tenia de cuando era niño. Era una bella ciudad que compartía aguas termales con Bezaie, famosos por ser curativas para el cuerpo y ser zona de relajación para muchos turistas. No era muy aficionado de salir del reino para pasar vacaciones en aquella región pero, la familia de su madre tenía un negocio entre aquellas naciones por lo que, aunque no recordara mucho de esos días, tenía conocimiento del mismo.
Por ello, cuando Victor le menciono aquel lugar se sorprendió, no porque fuera parte de la historia de su familia sino, por que estaba a cientos de kilómetros del reino y no sabía cómo planeaba que fueran sin que tardaran más de un día entero de ida y vuelta.
– Victor – le llamo pensando en cómo hablarlo – Bevelle está a cientos de kilómetros de aquí.
– Lo sé.
– ¿Cómo piensas que lleguemos? – pregunto sin salir de su asombro – no sé tú, pero si llego más allá de las siete de la noche, mi hermana es capaz de encerrarme por todo un año sobre todo, después de lo que me sucedió – recordando el día que estuvo en casa del rector Feltsman
Victor sonrió, acto que dejo perplejo a Yuuri.
– Todo eso lo sé – aseguro como si fuera lo más natural del mundo – por ello traje a chocolina conmigo.
Enarco una ceja al no comprender.
– Yuuri, ¿conoces las habilidades de los chocobo dorado?
Yuuri lo pensó antes de contestar.
– Mmm… Si, ellos son grandes luchadores, pueden recorrer grandes distancias a pie y pueden… – abriendo sus ojos de par en par – espera, ¿quieres que volemos hasta Bevelle?
Victor asintió.
– Pero, Victor…
– Créeme, Chocolina es muy confiable, lo he hecho en cientos de ocasiones – afirmo cruzándose de brazos – además, el tiempo es menor si volamos a que vayamos en auto.
– En eso tienes razón.
– Si nos vamos ahora, estaremos de vuelta antes de las cuatro de la tarde – inclinándose para dejar su rostro a centímetros del otro – ¿qué dices?
Los labios del menor comenzaron a temblar, los nervios lo estaban carcomiendo, tener a Victor tan cerca hacia que el corazón le latiera rápidamente y sus mejillas se cubrieron de carmín. Con la respiración agitada solo pudo asentir con la cabeza, soltando un suspiro de alivio al ver como el otro se alejaba.
– ¡Genial! – Dijo con emoción en su voz – solo dame un minuto, ya vuelvo.
Observo alejarse al mayor hasta que se perdió de su vista, regresando a ver a la chocobo, quien acerco su cabeza para acariciar su mejilla con ella.
– A veces Victor me saca de mi centro – dijo sonriéndole – pero, no puedo negar que mi corazón se alegra cuando lo hace – acariciando su cabeza – ¿Por qué será?
Pasaron unos minutos y Victor regreso a su lado, trayendo consigo una pequeña mochila.
– ¿Y eso?
– Son algunos aperitivos y bebidas – dijo abriendo la mochila para mostrarle el contenido de la misma.
– ¿Trajiste eso a expensas de que, probablemente, diría que no?
– Mmm… Existía la posibilidad pero, en caso de que te negaras, haría lo que fuera para convencerte.
– A veces creo que tienes demasiada confianza en ti mismo – susurro por lo bajo.
– ¿Que dijiste?
– No, nada – moviendo sus manos con nerviosismo.
– Ok.
Yuuri soltó un suspiro de derrota.
Victor le entrego la mochila y le sonrió.
– ¿Nos vamos?
Yuuri se mordió el labio inferior y asintió, acercándose a Victor para que le ayudara a subir a la chocobo, sintiendo como segundos después, Victor le imitaba, colocándose tras él, dejando que sus cuerpos estuvieran más cercanos de lo habitual.
– ¿Nervioso? – pregunto Victor, logrando que el menor se sobresaltara.
– No – contesto por lo bajo.
El mayor paso su brazo por la cintura del azabache, haciendo que este se sonrojara furiosamente.
– Es para que no te caigas.
– Si, no te preocupes – pasando saliva por los nervios.
Victor sonrió, tomo las riendas de la chocobo, quien grazno felizmente antes de comenzar a correr, desplegar sus alas y comenzar a elevarse, hasta que se encontraron surcando los cielos, dirigiéndose a la lejana nación de Bevelle.
Tomo un sorbo de su taza de té mientras seguía pulsando las letras del teclado. Varios números, formulas y medidas se encontraban plasmadas en la pantalla, mostrándole los errores de funcionamiento que la máquina que estaba reparando estaba presentando.
Cuando tomo la tarea de reparar aquella nave, jamás pensó que le tomaría tanto tiempo, mucho menos que las piezas que necesitaría fueran tan escasas, por ello se encontraba analizando y simulando en la computadora las posibles fallas que esta presentaría si llegase a utilizar alguna pieza nueva que no fuera la correcta.
– Abuelo, ya termine de lubricar los engranes – dijo su nieta, acercándose a él mientras se limpiaba la grasa que tenía en las manos.
El viejo Cid sonrió y asintió.
– Bien hecho, ¿te aseguraste de colocarlas en su lugar?
– Si – respondió – las limpie, engrase y las coloque en el motor correspondiente aunque, note un ruido extraño y un olor un tanto desagradable, quizás alguna manguera que conecta al combustible se rompió – dijo colocando sus manos en jarras – la maquina ya es muy vieja, así que no sería sorpresa.
– Nada mal – le dijo a su nieta – ¿podrías revisarlo?
– Por supuesto, no sería digna nieta del gran Cid si ni siquiera pudiese revisar una manguera rota.
El viejo Cid rio ligeramente, observando como su nieta caminaba nuevamente hacia la nave para revisar el posible desperfecto.
– A veces me gustaría que tu hermano fuera como tú – dijo con pesar si dejar de analizar los procesos en la computadora.
– No digas eso, mi hermano simplemente tiene… Otras habilidades – dijo esto último con algo de duda – no cualquiera escoge el modelaje como profesión aun a sabiendas que quizás, no tenga éxito.
– El modelaje y otros trabajitos que no debemos mencionar.
Su nieta rio.
– Bueno, el prefirió esa vida, yo por otro lado, elegí la Electromecánica y el desarrollo tecnológico.
– Por eso eres mi nieta preferida – aseguro.
– Soy tu única nieta – refuto.
Cid sonrió.
Su nieta Cindy, era una joven mujer con muchas cualidades e inteligencia para la tecnología que pocas veces había visto en las últimas generaciones, aun cuando no había estado a su lado durante su crecimiento – puesto que su madre se la había llevado a Nueva Crisis con su nuevo amante mientras que su hermano, al negarse a dejar a su abuelo tras la muerte de su padre, se quedó en Nueva Hasetsu – agradecía que, aun cuando su madre y su padrastro fueron los que la criaron, lo hicieran con buenos cimientos en cuanto a valores y moral se refieren.
Nunca comprendió como era que su nieta era tan diferente a su hermano mayor, cuya vida se había desviado de los cimientos que le inculco. Ya que siempre deseo, que fuera él su sucesor en el negocio familiar pero, el hecho de que su nieta –quien dicho sea de paso, había adquirido un doctorado en la materia mucho antes de presentarse en su puerta para aprender de él y poner en práctica lo estudiado– fuera su sucesora, no era un escenario que le desagradara.
Si bien sería extraño que una mujer llevase las riendas de la familia Sophiar, el futuro era prometedor.
– ¿Estás seguro que es necesario reparar esta cosa? – golpeando el metal para que resonara – el motor es algo antiguo y, aunque hemos reparado la mayoría de los desperfectos, cabe la posibilidad que falle.
– Solo en un cinco por ciento – aseguro.
– Pero ese porcentaje podría hacernos retroceder.
Su abuelo sonrió y se levantó de su lugar para acercarse, contemplando la enorme nave unos segundos.
– Hay mucha historia detrás de esta vieja nave, viajes y batallas que tardaría mucho en contarte pero, sin duda será necesaria cuando llegue el momento.
– ¿El entronado? – pregunto su nieta, quien estaba al tanto de la leyenda, los Katsuki y lo sucedido hace trece años.
– Así es, cuando llegue el momento, el entronado la usara para llegar a un lugar que es de vital importancia para nuestra supervivencia.
Su nieta no contesto y dirigió su vista a la nave.
– Entonces, debemos darnos prisa, si el momento que tanto esperamos está más cerca de lo que pensamos, esta bebe debe estar lista.
Su abuelo coloco su mano sobre su hombro y sonrió.
– Lo estará – dijo con confianza – lo estará.
La sonrisa que tenía en su rostro mostraba lo emocionado y feliz que se encontraba en esos momentos. No podía negar que al inicio estaba algo nervioso, nunca había subido a un avión por lo que, cuando Chocolina se elevó por los aires, apretó con fuerza el brazo de Victor, quien soltó una ligera risa por la acción del menor.
Pero ahora, después del susto inicial, agradecía internamente que Victor lo convenciera porque, se habría perdido aquella hermosa vista desde el cielo.
Durante su viaje, hablaron de cosas triviales como el evento de patinaje, el año nuevo y alguna anécdota vergonzosa que ambos hubiesen vivido en el pasado, haciendo más llevadero el transcurso del mismo por ello, cuando menos lo supo, ya se encontraban sobre las tierras de la nación de Bevelle.
Aterrizaron tranquilamente sobre un prado cubierto de nieve, cuyo paisaje tan inmaculado distaba mucho del que seguro poseía en primavera.
– ¿A dónde vamos desde aquí?
Victor sujeto la mochila a su hombre y contesto.
– Por aquí – tomando la mano del azabache.
Yuuri se sonrojo por la acción pero, antes de que pudiera reclamar fue jalado por el otro por un sendero cercano, siendo seguidos por chocolina.
Durante todo el trayecto, las mejillas del azabache estuvieron encendidas en un furioso color carmín. En muchas ocasiones trato de soltarse del agarre ajeno pero, la fuerza que Victor imprimía en el mismo se lo impedía haciendo que su corazón palpitara más rápido de lo normal.
Cuando llegaron a lo que parecía su destino, dejo escapar un largo suspiro de alivio al verse libre del agarre.
–Llegamos – dijo Victor con emoción.
Yuuri levanto la vista y sus ojos se iluminaron por la vista.
El paisaje que presenciaba era hermoso.
A lo lejos podía divisar un hermoso lago, cuyas aguas, que debían estar congeladas por la época invernal, se encontraban tan apacibles, ignorando la estación. Los arbustos se encontraban cubiertos de pequeñas mantas de nieve, Arboles tan altos como un Ferrogante rodeaban el lugar, de donde colgaban pequeñas enredaderas congeladas que daban la sensación que entraban a un pabellón y, a unos cuantos metros, una pequeña casita acompañaba el lugar.
Cuando salió de su asombro, hablo.
– Es… Es hermoso – dijo con una sonrisa.
– ¿Verdad? – Regresando a ver al azabache – este es mi lugar de refugio cuando, necesito escaparme de las obligaciones, algo que siempre saco de quicio a Noel – riendo ligeramente.
– ¿Es tuyo?
– De mi madre – respondió – un día, cuando mi padre asistió a una reunión con el presidente de Bevebell, salí a pasear con mi madre, para distraernos mientras terminaba y, durante ese paseo, encontramos este lugar – comenzando a caminar nuevamente.
Yuuri lo siguió en silencio.
– Este lugar es algo inusual por ello, cuando volvimos con mi padre, le pidió que hablara con el presidente de Bevelle, para que le concediera esta parte de la nación.
"Con dinero, todo es posible" pensó para sus adentros y respondió – pero, ¿Por qué dijiste que es inusual?
– Ya lo veras.
Ambos continuaron bajando por el pequeño sendero de piedra hasta que, llegaron a la orilla del lago.
– Supongo que te diste cuenta de lo inusual del lago, ¿no?
– Es difícil no hacerlo – dijo observando como el lago iba y venía.
– ¿Sabes por qué no se encuentra congelado, cuando debería estarlo?
Yuuri giro su cabeza para verlo y negó.
– Como sabes, Bevelle y Bezaid son conocidos por tener las mejores aguas termales del mundo – aseguro – no solo por ser relajantes sino, también, por ser curativas.
Yuuri asintió.
– Bajo ambas naciones existen fallas subterráneas las cuales hacen que el agua se caliente al llegar a cierta profundidad en nuestro planeta, surgiendo así lo que conocemos como aguas termales.
Yuuri volvió a asentir.
– ¿Dónde crees que las corrientes de aguas de ambas naciones se conectan?
– ¿El lago?
Victor asintió.
– Por si no lo notaste, la frontera de ambas naciones está a menos de dos kilómetros por lo que…
– Por lo que este lago no se congela por que la temperatura de ambas corrientes lo impide.
Victor volvió a asentir.
– Oh, al menos eso dijeron los científicos, a veces pienso que alguna deidad es la que lo causo por alguna razón y no porque una falla en nuestro planeta lo creo.
Yuuri sonrió.
"¿Una deidad?"– Se preguntó – "si ese fuera el caso, seguramente Shiva tendría que ver en ello pero, lo dudo."
– Pero… Basta de charla, entremos a la casa – dijo Victor – lo mejor será calentarnos.
– Sí.
Ambos emprendieron su caminata hacia la pequeña casa a orillas del lago mientras que, una feliz chocolina, corría por el lugar cubierto de nieve.
Con cuidado, acariciaba el rostro de su pequeña hija mientras sus hermanas dormían plácidamente a su lado.
No sabía cómo la vida le había dado la dicha de ser madre, aun sabiendo lo que el destino le tenía preparado desde que se volvió el oráculo de Eos.
Le debía tanto a la vida y a los dioses que, el dolor que se instalaba en su pecho al recordar lo que pronto sucedería, se volvía un poco más ligero.
– Axel, Lutz, Loop – susurro sus nombres – no saben cuánto las amo mis pequeñas – acariciando con un dedo la mejilla de una de sus hijas – como quisiera poder detener el tiempo.
Una lagrima rodo por su mejilla.
– Son los más bello que la vida me ha dado – sollozo ligeramente – desearía poder cambiar el destino, que nada nos separe… Espero ustedes logren tener un mejor vida que la nuestra.
– Y la tendrán.
La joven oráculo se giró para encontrarse con la dueña de aquella voz.
– Freya – dijo limpiándose las lágrimas.
La bella joven de cabellos oscuros se acercó al oráculo, con ambas manos sujetas a la altura de su pecho. Yuuko sabía que, aunque Freya siempre mantenía sus ojos cerrados, tenía una extraña aura que le decía que podía ver perfectamente como los tuviera abiertos.
– Conozco tus preocupaciones pero, no debes tenerlas, las tres crecerán en un mañana mucho mejor, sin miedos y sin preocupaciones, sin que la oscuridad las aceche.
Yuuko sujeto la madera de la cuna y la apretó ligeramente.
– Lo sé, solo temo que… Aun cuando ese futuro se cumpla, una de ellas algún día heredara mi poder y, temo que las ataduras del destino las aprese.
– Los sidéreos necesitan al oráculo, no solo para mantener a raya a la oscuridad mientras el verdadero rey se alza – aseguro tratando de tranquilizarla – sino, también, para que los humanos sigan manteniendo contacto con ellos, para que escuchen su voz y sigan sus reglas.
Yuuko bajo la mirada.
– Sabes mejor que nadie lo que sucede cuando… Los humanos se desvían de la luz.
Yuuko suspiro.
Si alguien conocía el pasado de Eos y las razones detrás del germen, era ella. Como el oráculo de los viejos dioses, se le bendijo con grandes poderes, premonición, sanación, purificación y, el poder que cada una de los oráculos antes de ella siempre odiaron… Ver el pasado del mundo.
La marca de Bahamut siempre se hacía presente. Sus ojos se iluminaban, mostrando la insignia del rey de los sidéreos. Mostrando el pasado o el futuro de forma intensa, paralizándolas hasta que la premoción o el hecho del pasado que los dioses querían que vieran, se desvanecía.
Por ello, conocía lo que fue y lo que será… Y siempre el miedo la consumía.
Si no fuera por el apoyo de su esposo, las palabras de aliento de Freya, la ilusión de que Yuuri, su mejor amigo de la infancia, salvaría el mundo o la simple existencia de sus hijas, no hubiese podido seguir adelante con su tarea. Tras unos momentos de vacilación, respondió.
– Lo se Freya – dijo con tristeza – el mundo se cubrió de oscuridad por muchas cosas, si tan solo no hubiésemos errado tanto en el pasado, el germen del mundo no estaría consumiéndonos… Ni hubiésemos provocado la furia de… – deteniéndose antes de hablar demás – El mundo no se merecía esto.
– No, no lo merecía – dirigiendo su vista hacia las pequeñas que dormían profundamente – pero a veces el odio, la furia o el desdén, pueden provocar caos.
Yuuko no respondió.
– No te preocupes, todo saldrá bien – acercándose a ella para abrazarla – pase lo que pase, el mundo recuperara su luz.
Yuuko le devolvió el abrazo y asintió.
– Dejemos atrás el pesimismo – dijo Freya – Tu esposo esta abajo, esperándote para ir a la ciudad.
Yuuko alzo la mirada.
– Oh, lo olvide – contesto – hoy teníamos que ir a recoger el vestido.
– La Modista ya llamo cinco veces.
Yuuko rio levemente.
– Seguramente está al borde del colapso, tener que arreglar nuevamente el vestido a casi nada de la fiesta donde lo usare, no es algo fácil.
– Te aconsejo que vayas a verla de inmediato o te quedaras sin vestido.
– Tienes razón – se alejó de la mujer mayor para acercarse a la cuna – volveré pronto mis pequeñas, mami debe salir – dijo con una sonrisa – Freya las cuidara mientras no estoy.
– Lo hare con gusto.
Yuuko le sonrió antes de girarse nuevamente y besar la frente de cada una de sus hijas.
– Debo irme.
Camino hacia la puerta, le dio una última mirada a la mujer de cabellos oscuros y salió del lugar. Sin percatarse que, tras su partida, Freya había borrado la sonrisa de su rostro y un gesto de preocupación se instaló en mismo.
No sabía el por qué su corazón palpitaba tan rápido, ni porque sus mejillas ardían como una granada.
Quizás el motivo había sido por estar más de una hora dentro de las cálidas aguas de aquel lago o, quizás, era por lo cercano que estuvo Víctor mientras llevaba de vestir nada más que un pequeño short, dejando a la vista su bien formado torso… O tal vez era efecto de ambas cosas.
Lo único que sabía era que, se sentía como si hubiese corrido durante un largo tiempo y no lograba tranquilizarse con nada.
– ¿Listo para irnos?
La voz de Víctor lo sobresalto, girándose para encararlo.
– Este… Si… Eso creo.
– ¿Todo bien?
– Si, ¿Por qué preguntas?
– Tienes el rostro colorado – contesto – ¿te regreso la fiebre? – alargando su mano para tocar su rostro.
Yuuri se alejó rápidamente.
– Si, lo estoy… Es el efecto del agua, no estoy acostumbrado a ella– riendo de forma nerviosa – el frio es parte de mí, ya sabes – moviendo sus manos donde ligeras brizas congelantes aparecieron por unos segundos.
– ¿Te afecta el calor? – Pregunto con preocupación – No sabía que…
– No, no, no es lo que piensas – se apresuró a responder al verlo preocupado – es solo que, estoy más acostumbrado al frio o, al menos lo soporto pero, en cuanto al calor…. Nueva Hasetsu es un reino con clima templado, así que, si se trata de calor a veces me veo algo a afiebrado – dijo, sabiendo que si fuera pinocho, le crecería la nariz por mentir.
– Bueno, en eso tienes razón – dijo comprendido la excusa del otro – supongo que solo debes acostumbrarte.
– Si, solo es cuestión de eso.
Víctor sonrió.
– Por suerte, tenemos mucho tiempo para ello, te iras acostumbrando conforme visitemos el lugar
– ¿Visitemos?
– Si, ¿no quieres volver y relajarte?
Yuuri abrió su boca pero no pudo articular palabras.
– Ese es un si para mí – dijo con una sonrisa y tomo la mano ajena – Vamos, Chocolina nos espera.
– Pero, Víctor…
Su réplica no pudo ser escuchada ya que se encontró arrastrado por el otro, hasta la salida del lugar.
Ambos caminaron por el camino de piedra.
Yuuri con las mejillas encendidas puesto que, durante todo el camino que llevaban andando, Víctor no había soltado su mano y este, lo hacía como si fuera lo más normal del mundo mientras no dejaba de sonreír.
– Y, ¿Qué te pareció?
La pregunta lo saco de sus pensamientos.
– Pues… No estuvo mal.
– ¿No estuvo mal? – le pregunto.
– Vale, Me agrado olvidarme de los problemas que tenemos por unas horas.
– ¿Y?
– Me gustaría volver y divertirnos.
La sonrisa de Víctor se agrando.
– ¡Lo haremos! – Dijo emocionado – ¡Solo hay que encontrar el tiempo!
Yuuri asintió.
Ambos continuaron su camino hasta divisar a la chocobo de Víctor, quien seguía corriendo por la nieve. Estaban por llegar a ella cuando, nuevamente, como venía sucediendo desde hace días, la misma sensación de ser observado, recorrió a Yuuri.
– ¿Qué? – se detuvo para darse la vuelta y recorrer el lago con su mirada.
– Yuuri – lo llamo al ver que se detenía – ¿Sucede algo?
– Es que… Sentí como si alguien me estuviera observando.
– Debe ser tu imaginación, en este lugar solo estamos tú, yo y Chocolina – señalándola con un ademan de su mano.
Aun con aquella afirmación, la sensación de ser observado aun no desaparecía del todo.
– Si, puede que tengas razón pero…
Se llevó la mano a su cabeza al notar como el mismo dolor que había sentido aquella noche de la emboscada, volvía a asaltarlo.
– Yuuri – lo llamo – ¿Qué tienes?
– No, es que…
Varias líneas comenzaron a formarse en su cabeza. El paisaje comenzaba a formarse en su cabeza pero, este aparecía en forma de líneas y ondas que se expandían por el lugar. Su cabeza le dolía, sentía que iba a explotarle en cualquier minuto.
Sus piernas fallaron y callo de rodillas al suelo.
– ¡Yuuri! – elevo la voz acercándose para ayudarle.
– No – levanto su mano para detenerle – Estoy… Estoy bien.
Cuando el dolor llego a un punto que sintió que se desmayaba, lo vio, una extraña figura cuya silueta era difusa para las ondas y líneas que se trazaban en su cabeza.
El dolor de cabeza se fue, las líneas desaparecieron pero, la ubicación donde la vio, seguía en su mente.
– Víctor – se levantó y con su brazo hizo que el nombrado diera un paso atrás.
– ¡Hey! – grito con indignación por el empujón.
Yuuri frunció el ceño.
Levanto su mano y varios picos de hielo se formaron en el aire, los cuales lanzo con un ademan hacia la dirección donde había visto a la extraña figura.
Pasados unos segundos donde los pico e clavaron en diferentes direcciones de ese lugar, varios conejos salieron corriendo, asustados por el ataque.
– Puedo preguntarte – dijo Víctor, conmocionado por lo sucedido – ¿Qué te hicieron esos pobres conejos?
– No, es que…
Víctor enarco una ceja esperando su respuesta.
– Parecerá extraño lo que diré pero, vi algo en ese lugar y… Olvídalo, seguramente me afecto el agua.
Víctor dibujo una ligera sonrisa.
– Yuuri, Nada de lo que me digas me parecerá extraño.
El azabache solo suspiro.
– Lo mejor es irnos, antes de que termine por asustar a los zorros o alguna otra criatura del lugar.
– Si, apoyo la idea pero…
– ¿Mmm?
– Los conejos no es lo único que asustaste – declaro señalando un punto en el paisaje.
Yuuri dirigió su vista hacia el lugar que Víctor señalaba, abriendo sus ojos de par en par cuando noto como Chocolina corría despavorida hacia el bosque, perdiéndose en el interior del mismo.
Regreso a ver a Víctor con una mirada llena de culpa.
– Esta oscureciendo – comento, tratando de aligerar el momento de tensión – creo que debemos ir a buscarla o, tendremos que pasar la noche aquí y dudo que eso sea lo más conveniente.
– No, no lo es.
Ambos asintieron y siguieron el sendero que Chocolina había tomado hacia el bosque.
Una hora paso rápidamente.
Habían estado caminando durante todo ese tiempo y, aun cuando Víctor grito el nombre de su chocobo en un par de ocasiones, la enorme ave no dio señales de estar cerca del lugar.
El cielo lentamente comenzaba a oscurecerse, pronto sería imposible seguir con la búsqueda y de los cadentes mejor no hablaban.
Se detuvieron descansar a lado de unas enormes rocas, rodeados por unos inmensos árboles que tapaban el cielo y sus alrededores.
– Esto es imposible – dijo Víctor – ¿A dónde se habrá ido?
– Si está muy asustada, lo más seguro es que se escondió en algún lugar como una cueva para sentirse protegida por lo que…
– No saldrá hasta que salga el sol y sienta que no hay peligro – termino la oración.
– Si, eso mismo.
Víctor se apoyó en la roca y soltó un suspiro de derrota.
– Mi padre va a reñirme – aseguro sin ánimo.
– Mi hermana igual.
Ambos suspiraron.
–Lo mejor es volver a la cabaña y pasar la noche ahí – sugirió Víctor, levantándose – ya mañana lidiaremos con los problemas.
Yuuri asintió y ambos dieron la media vuelta para regresar por el camino.
Durante el camino de regreso, tuvieron una breve plática de las cosas que había en la nación de Bevelle, sus bellos paisajes, la comida típica del lugar y de los lugares que Víctor quería mostrarle la próxima vez que visitarán el país.
– ¿Sabes? Hay algunas cosas que se dicen de los bosques de Bevelle.
– ¿El qué?
– Que hay una gran cantidad de gitanos que suelen asaltar a los viajeros descuidados.
– ¿Gitanos?
Víctor asintió.
– ¿Es cierto o una historia para asustar a quien visite Bevelle?
– No lo sé – acogiéndose de hombros – nunca he estado más de dos días en Bevelle como para comprobarlo.
Yuuri regreso la vista al frente, analizando la información que Víctor le había proporcionado.
Sabía de los rumores acerca de personas que vivían en la intemperie, cazando cadetes, asaltando a los viajeros en diferentes rutas del Reino, de los rituales que solían hacer en nombre de los viejos dioses, alejados de la fe que el oráculo y la divina profesaban. No tenía mucha información respecto a ellos, sólo que eran hostiles con aquellos que no pertenecían a su gente, llegando incluso a matar a los forasteros que encontraban alguno de sus escondites aunque, esto último no estaba comprobado.
– ¿Crees que nos lleguemos a topar con ellos?
– Quien sabe.
– No te noto preocupado sobre esa probabilidad.
– No es que no lo esté pero, si se da el caso, tengo al poderoso Shade para protegernos, ¿No? – guiñándole un ojo.
– Claro, sin duda él nos protegerá – dijo siguiéndole la corriente.
Víctor rio por el comentario.
Su camino fue tranquilo, sin ningún inconveniente, al menos eso es lo que Yuuri creyó, ya que antes de que pudiesen salir del bosque, la sensación de estar vigilados se hizo presente
– Víctor – lo tomo del brazo – espera.
– ¿Qué sucede?
– Nos están vigilando.
– ¿Qué?
Ambos regresaron a ver a todas direcciones.
– Esta vez, parece que tienes razón– agregó Victor.
– Eso parece.
Las Líneas volvieron a aparecer en su mente aunque, esta vez, el dolor en su cabeza no era tan fuerte, algo que lo desconcertó considerando que, hacia más de una hora, casi sentía que su cabeza estaba por estallar.
Varias siluetas algo difusas aparecieron. Estaban prácticamente rodeados por más de cincuenta personas que, por las posiciones no estaban en ese lugar solo por casualidad.
– Estamos rodeados – le susurro – cincuenta personas, quizás sean más.
– ¿Cómo lo sabes?
Yuuri solo lo regreso a ver como si fuera lo más obvio del mundo.
– Cierto, olvido a veces la magia que posees.
–…
– ¿Y qué hacemos?
– No podemos huir si eso es en lo que estás pensando.
– ¿Puedes congelar el lugar?
– Podría intentarlo pero…. – dijo no muy confiado en la idea.
No tuvo tiempo de seguir analizando las cosas.
De un momento a otro el grito de varias personas se dejó escuchar, algunos bajaron con cuerdas desde los arboles otros, aparecieron el frente y atrás del camino que habían tomado, tal como Yuuri había dicho, estaban rodeados.
– Pero miren que tenemos aquí – dijo uno de los gitanos – un par de tortolitos, perdidos en el bosque.
Sus compañeros comenzaron a reír.
Tal comentario hizo sonrojar a Yuuri e incómodo a Víctor.
– No somos… – trato de hablar el azabache.
– ¿Que quieren? – pregunto Victor con el ceño fruncido.
Los gitanos rieron con más fuerza.
– ¿Que no es obvio?
– Queremos su dinero – contesto uno de los gitanos.
– Y sus cosas de valor – agrego otro.
– Así que váyanse quitando esos bonitos atuendos, si lo hacen, quizás los dejemos ir con la ropa interior.
Todos volvieron a reír.
– Me temo que eso no será posible – dijo Victor con una sonrisa – no creo que alguien de su… tamaño, entren en estas ropas – señalando a Yuuri como así mismo.
– ¿No estas llamando gordos? – pregunto indignado.
– No, para nada, solo dije que tu complexión no es la adecuada.
– Victor – Yuuri lo llamo en un susurro – ¿qué haces?
El de ojos azules no contesto y solo mantuvo la sonrisa en su rostro.
– Si algo no soporto, son las burlas – dijo y con un ademan de su cabeza, tres de sus hombres sacaron sus dagas y espadas para arremeter contra el de ojos azules.
Victor al notarlo empujo a Yuuri, quien se tambaleo y cayó al suelo, emitiendo un gemido por la caída. Cuando dirigió su vasta al frente, se percató del escenario.
Victor había bloqueado con ambas manos los brazos de dos de los hombres quienes gimieron de dolor por la presión sobre los mismos.
"Casi olvido lo fuerte que es Victor" pensó, recordando fugazmente aquel encuentro que tuvieron en la zona de detenciones.
Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando el tercer gitano lanzo una estocada con dirección a la espalda de Victor.
– ¡Victor!
Este regreso a ver de reojo y, al ver al tercer gitano, jalo de los brazos de los otros dos, dio un salto y, con ello, hizo que los tres hombres chocaran entre sí.
Aterrizo con gracia a lado de los gitanos que habían caído al suelo y se acercó rápidamente a Yuuri.
– ¿Estas bien? – pregunto ayudándole a pararse.
– He, si… ¿Por qué hiciste eso? – le pregunto con enfado – pudieron matarte.
– Pero no lo hicieron – contesto con una sonrisa.
Ambos comenzaron a discutir, olvidándose de la situación tan precaria en la que se encontraban. El hombre que dirigía a los gitanos frunció el ceño, varias venas comenzaron a formarse en su cabeza por la ira. Nadie avergonzaba a su pueblo, mucho menos un hombre como el de ojos azules. Fue durante ese momento que, tras observarlo detenidamente, supo de donde aquel chico le resultaba familiar.
– Oh, ahora todo tiene sentido – dijo el hombre haciendo que Victor y Yuuri detuvieran su discusión – Eres el hijo del rey Demian, ¿no es así?
Ambos se pusieron pálidos al escuchar ese nombre.
– ¿Qué?, ¿estás hablando enserio? – Pregunto su compañero – ¿este blandengue es el hijo de Demian?
– Sin duda lo es, ¿no es así?
Victor frunció el ceño.
– Creo que hay un ligero cambio de planes –aseguro – estoy seguro que Demian pagara mucho por la vida de su único hijo.
Victor soltó una ligera risa.
– ¿De verdad crees que mi padre aceptaría pagar a cambio de mi vida?
– Bueno, se trata de la vida de su hijo, heredero al trono.
– Aunque con esa belleza de hijo que se ganó al casarse con la reina Anora – dijo uno de ellos con burla.
– Seguro ya lo cambio y ese mocoso será mejor rey.
Todos comenzaron a reír logrando que Victor apretara los labios con fuerza.
– Si no logramos tener dinero por tu vida, tus cosas y ese cabello tan sedoso que te cargas, estoy seguro que servirá – hizo un movimiento con su cabeza y la mayoría de los gitanos que los rodeaban comenzaron a avanzar con sus espadas hacia donde estaban.
Yuuri al ver lo que sucedía hablo.
– ¿Alguna idea? – le pregunto.
– No, por desgracia – respondió.
Yuuri recorrió la zona con la mirada y, como si su subconsciente las hubiese llamado, las líneas volvieron a formar se en su cabeza, mostrándole el entorno más allá del lugar donde estaban, como si trataran de indicarle que los hombres que los rodeaban, eran todos los que estaban en esa zona.
Lentamente los hombres se estaban acercando, Victor y Yuuri quedaron espalda contra espalda, tratando de buscar una solución al dilema que tenían en frente.
– ¿Qué hacemos? – pregunto Victor.
Yuuri no contesto, su cabeza estaba buscando una solución que no las timara a nadie.
– Ese cabello tuyo servirá para una linda peluca – susurro uno de los gitanos.
– Incluso podemos divertirnos con ambos – contesto otro.
Ese último comentario enfureció a Yuuri quien, olvido por completo la búsqueda de una solución pacífica. Dio un paso al frente, indicándole con su brazo a Victor que se quedara tras él.
– Suelo ser bastante benevolente con los demás pero, ustedes rebasaron el límite de mi paciencia – dijo con enojo.
– ¿Y qué piensas hacer? – Pregunto el hombre que lideraba a los gitanos – llorar y acusarnos con tu mami.
Todos comenzaron a reír.
Yuuri soltó una breve risa por el comentario.
– Solo lo diré una vez, váyanse o me veré forzado a lastimarlos.
Los gitanos rieron.
– Tenemos un valiente aquí – sus hombres volvieron a reír – enséñenle lo que le hacemos a los que nos desafían.
Todos asintieron y arremetieron contra el azabache.
– Ustedes lo quisieron.
No supieron en que momento sucedió pero, enormes bloques de hielos se impactaron contra ellos, lanzándolos a diferentes lugares de la zona, El suelo se congelo rápidamente, atrapando a algunos gitanos que no se vieron golpeados por los bloques de hielo y otros, para sorpresa de quien los lideraba, quedaron convertidos en estatuas de hielo, cuyo único movimiento, era el de sus ojos.
– Lo volveré a repetir – dijo Yuuri con los ojos encendidos en un profundo azul neón y sus manos emitiendo olas de frio – Váyanse o no respondo por sus vidas.
El hombre que lideraba a los gitanos chasqueo la lengua recorriendo el lugar con sus ojos, observando como los hombres que no quedaron atrapados o cubiertos de hielo, se levantaban del suelo por los golpes.
– ¿Y bien? – Pregunto Yuuri – ¿Dimitan o pelean?
El hombre no contesto.
– Supongo que esa es su respuesta.
Yuuri estaba por lanzar otra ráfaga de hielo cuando, los fuertes brazos de Victor lo rodearon, haciendo que perdiera el control de su magia y liberando a los gitanos atrapados por la misma.
– ¡Yuuri!
– Vic… Victor, ¿qué? – dijo tartamudeando por los nervios.
– ¡Eso fue genial! – Comento sin soltarlo – ¡Te viste como esos héroes de cuentos, donde el protagonista salva a la princesa!
– …
– Espera… ¿Eso significa que yo sería la princesa de la historia? – se preguntó, sin percatarse que Yuuri estaba muriéndose por los nervios.
– Yo… No… – dijo con la cara roja.
Todos los gitanos los observaban con desdén y furia. Si las miradas fueran dagas, Yuuri estaba seguro que ya lo hubiesen atravesado con ellas. Entendía la molestia, les hizo quedar mal, los dejo en el suelo y, para su mala suerte, ya no era solo la guarda real quienes lo odiaban por humillarlos ahora, tenía a los gitanos molestos con él, ¿qué más podía pasarle?
Noto como el hombre que dirigía a los gitanos abrió su boca para hablar pero, unos pasos a unos cuantos metros captaron su atención, impidiendo que hablara.
Todas las miradas fueron dirigidas al lugar de donde provenían los pasos y, la figura de un hombre alto, cabello oscuro hasta los hombros, ojos azules y vestido con ropas pertenecientes al pueblo gitano, se detuvo a unos pasos del hombre que, hasta en ese momento, pensaba que era el jefe.
– Jefe Wesh – dijo el hombre – ¿Que hace aquí? – Pregunto con sorpresa – pensamos que el día de hoy lo pasaría con su familia.
– Hola Melalo – saludo su jefe – Y lo estoy, solo que mi querida Luminitsa quiso dar un paseo por el bosque, como no suelo salir mucho con ella, aproveche para hacerlo – contesto, sonriéndole a una pequeña niña de no más de ocho años que le devolvió la sonrisa – escuchamos un fuerte estruendo – aseguro borrando la sonrisa dedicada a su hija – vine a ver, no esperaba encontrarlos a ustedes en este… Estado – regresándolos a ver a todos con la mirada.
Sus hombres bajaron la mirada, avergonzados por el estado en el que su jefe los encontró.
– ¿Puedo saber quién les hizo esto?
Todos señalaron al azabache.
Su jefe enarco una ceja y regreso a verlos como preguntando "¿es en serio?"
– Jefe ese chico esta maldito – susurro uno de los gitanos.
– Si, sus manos brillaron y nos congelo – dijo otro temblando.
– Seguro es un cadente con forma humana.
La mayoría apoyo los comentarios, haciendo que Yuuri frunciera el ceño.
– ¡Yo no estoy maldito! – elevo la voz.
– ¡Claro que sí! – Le respondió un gitano – ¡casi nos congelas, demonio!
"¿Demonio?" pensó.
– ¡Si, casi nos mata!
– ¡Y ustedes a nosotros! – Contesto Yuuri – ¿Y lo que dijeron de "divertirse" con nosotros? ¿El de secuestrar a Victor? ¿No era motivo suficiente para defendernos?
Wesh regreso a ver a Melalo con lo mirada entrecerrada, a lo que este solo soltó una risa nerviosa.
La discusión comenzó, los gritos y acusaciones flotaban en el aire, las venas en el rostro de Wesh lentamente resaltaron hasta que, la paciencia del mismo se agotó y silbo fuertemente para hacerles callar.
– Ya es suficiente – los gitanos callaron muertos de vergüenza – me están diciendo, que este chico – señalando a Yuuri – ¿les hizo esto? – señalándolos.
Sus hombres asintieron.
– ¿Me están tomando el pelo?
Ellos negaron con su cabeza.
– Jefe, es cierto – dijo uno de sus hombres señalando a Yuuri – sus manos brillaron, sus ojos se encendieron y todo se congelo – aseguro asustado.
Wesh rodo los ojos.
– Son solo dos niños.
– ¿Niños? – dijo Victor.
– Si eso te ofende, entonces lo son – afirmo Wesh – si ya dejaron de quejarse, quítenle lo que traigan y…
No pudo continuar hablando, ya que sintió como algo frio atravesó el aire y, tras su paso, una gota de sangre cayo desde la pequeña cortada que tenía en su mejilla.
Todo mundo contuvo un gemido al ver lo sucedido.
Wesh se limpió la sangre y sonrió, regresando a ver a Yuuri, cuyos ojos habían vuelto a ser de color azul neón.
– Se lo advertí a tus hombres y te lo advierto a ti, déjanos ir.
Wesh observo la mancha de sangre en el dorso de su mano y hablo.
– Vaya, hacía mucho que no era testigo de la magia en Eos.
– Jefe – hablo Melalo quien callo cuando su jefe lo indico con su mano.
– Los únicos que poseían tales dones eran los Katsuki así que, ¿qué relación tienes con ellos?
Yuuri se tensó por lo dicho.
Wesh comenzó a reír.
– El hijo del rey Demian y un posible pariente de los Katsuki… ¿Cuánto pagaran por ustedes?
Yuuri apretó los dientes y sus ojos brillaron con más fuerza por el enojo.
– Jefe – lo llamo uno de sus hombres – ¿Cómo supo que es el hijo del rey?
– No soy tan idiota – aseguro haciendo que su compañero diera un paso atrás.
Nadie se movió de su sitio, todos se regresaron a ver entre ellos.
– ¿Que están esperando? – Dijo Wesh, a lo que nadie respondió – ustedes…– suspiro y negó con su cabeza – no se queden ahí parados, captúrenlos.
– Pero jefe… Sus poderes…
– ¿Y eso qué?
– Pues…
– ¿Acaso tengo que decirles siempre que hacer?
Todos se regresaron a ver.
– Tienen viales... ¡Úsenlos!
Todos asintieron, sacando dos viales, una para cada mano, algo que hizo que la tensión en el cuerpo de Yuuri aumentara.
– ¿Crees poder repelerlos si los lanzan? – le pregunto Victor en un murmullo.
– No lo sé, son cincuenta hombres con dos viales en cada mano… Si los lanzan al mismo tiempo no solo ellos saldrán heridos.
– ¿Tu magia no puede protegernos?
– Créeme… Mi magia puede ser muy poderosa pero…– recordando brevemente lo sucedido en Kilika – No es invulnerable.
La mente de Yuuri estaba trabajando a mil por hora, buscando algún plan para poder escapar junto con Victor antes de que los gitanos trataran de usar los viales que tenían en cada mano pero, no se le ocurría nada que pudiese salvarlos.
– Acaso – hablo dando un paso atrás junto con Victor – ¿no te preocupa el bienestar de tu hija? – pregunto, tratando de ganar tiempo.
– Mmm… Claro que si – le respondió Wesh – pero, su vida como la de todos está en tus manos, si se oponen y ellos lanzan los viales, la explosión nos alcanzara… La muerte de mis hombres o incluso la de mi hija, estará sobre tu conciencia.
"Bastardo" pensó con frustración "está usándola para chantajearnos"
– Tú decides jovencito, dimita o acepta las consecuencias.
"Usar mis palabras contra mi… Es un…" apretando con fuerza sus manos por la impotencia "¿qué hago?, si trato de pelear ellos lanzaran los viales y la explosión podría matarnos, si nos entregamos quien sabe que harán con nosotros"
Su mente era un caos, no había nada que pudiese hacer para que ambos salieran ilesos así que, solo se le ocurría algo y era, que solo uno podría escapar de ahí.
– Victor – le llamo.
–… – lo regreso a ver.
– Tratare de dispersarlos, cuando haya una abertura corre hacia ella y no mires atrás.
– ¿Me estas pidiendo que te deje?
– No sería la primera vez que luche con tantos a la vez.
– Yuuri.
– Confía en mí… Prometimos cambiar el futuro, ¿no? – Le sonrío brevemente – saldré de esta y te veré en la cabaña del lago.
– …
Yuuri borro la sonrisa y regreso a ver a los gitanos quienes los mantenían rodeados, jugando con los viales en sus manos.
Dio un paso al frente y hablo.
– Lamento decirte esto pero, no soy de los que ceden ante los chantajes – el suelo bajo sus plantas comenzó a congelarse nuevamente y sus manos emitieron tenues ondas frías.
Wesh sonrío.
– Ya lo creo.
Hizo un movimiento con su cabeza y sus hombres se lanzaron nuevamente contra del azabache. Yuuri se posiciono con la firme intención de usar su magia contra ellos pero, nadie se percató que, dentro de los gritos de los gitanos, una larga melena color azabache se movió entre sus filas.
La magia que rodeo el lugar desapareció, sus ojos recuperaron su color original y sus manos dejaron de emanar esa aura fría al verse sorprendido por dos pequeños brazos que rodeaban con fuerza su pierna izquierda.
Los gitanos se detuvieron al ver la escena, bajando los viales y abriendo sus ojos de par en par al ver la escena frente a ellos. Su jefe regreso a ver a todos lados como buscando algo, cerciorándose de que la escena no era una ilusión. Cuando salió de su asombro, grito un nombre.
– ¡Luminitsa! – Grito el nombre de su hija – ¿qué haces ahí? – Pregunto alterado – ¡regresa!
La niña negó, regresando a verle con una enorme sonrisa.
– Papá… ¡Es el! – dijo emocionada.
– ¿Qué?, ¿de qué hablas?
– El chico, el que nos salvó – dijo con alegría – ¡Es el!
Aturdido por lo sucedido, Yuuri aún no lograba procesar lo que estaba ocurriendo. La pequeña hija del jefe, seguía abrazando con fuerza su pierna, observándole con aquellos enormes ojos azules tan parecidos a su padre y una radiante sonrisa que lograba ponerle más nervioso de lo que estaba.
– Luminitsa, ¿verdad?
La pequeña asintió sin soltarlo.
– Creo que me confundes – le respondió, intentando que la niña lo soltara.
Ella negó con su cabeza.
– Eres tu – repitió – eres ese chico, el de la máscara – dijo con la misma emoción inicial – el que nos salvó esa noche.
– …
– Haces aparecer hielo de tus manos, al igual que la esfera que lanzaste contra esos feos monstruos.
Yuuri parpadeo ante la última declaración. No recordaba haber visto a esa niña pero, ella aseguraba que le conocía y que incluso, le había salvado la vida. Reconocía que durante su trayecto como Glass Shade, había salvado a muchas personas pero, no estaba muy seguro de que Luminitsa, la hija del jefe gitano, fuera una de esas personas.
– ¡Luminitsa! – grito su padre.
– Sé que eres tu – aseguro nuevamente – ¿No me recuerdas? – pregunto con un rastro de tristeza en su rostro.
– …
– Incluso dejaste que te abrazara.
"¿Qué me abrazara?" Se preguntó Yuuri "¿Podría ser que…?"
Fue durante un instante mientras observaba el rostro de la joven gitana, que un vago recuerdo acudió a su mente.
− Es mejor que se vayan de aquí − hablo acercándose hacia las personas que estaban tras suyo − La magia del vial no los contendrá por mucho − metiendo una de sus manos nuevamente dentro de capa de donde saco un vial diferente al anterior − Este vial contiene Vapor evasivo − susurro − con él todas aquellos que sean bañados con el podrán pasar inadvertidos a los cadentes, su duración máxima es de dos horas a lo mucho − explico entregándoselo a una mujer mayor que estaba entre las personas − Busquen refugio en el pueblo más cercano, preferiblemente que tengan los faros para evitar un nuevo ataque.
Las personas del pueblo asintieron ante sus palabras con una ligera sonrisa al sentir como el peso del miedo poco a poco se difuminaba de sus mentes. Uno a uno emprendió su camino a lado de los cadentes quienes con esfuerzos se movían de su lugar hasta salir del pueblo. Una pequeña que estaba con su madre se detuvo frente al joven salvador observándole con sus enormes ojos azules.
− ¿Sucede algo pequeña?
− No, nada − hablo con timidez.
−Date prisa o te dejaran − colocándose en cuclillas para quedar a su altura.
− Lo sé − mordiéndose el labio inferior – Gra... Gracias por salvarnos Shade − abrazándolo fuertemente segundos después.
− De... Nada − contesto correspondiendo el abrazo − ahora vete.
La pequeña asintió para salir corriendo del lugar en busca de los demás refugiados.
Fue cuando el recuerdo de aquella noche le golpeo de pronto que logro reconocer a la pequeña niña que lo abrazaba con fuerza y le sonreía dulcemente.
– Eres tú – dijo con sorpresa.
– Yuuri, ¿conoces a esta niña? – pregunto Victor.
– Mmm… Si, hace tiempo hubo un ataque cadente en un pueblo donde los soldados de la guarda nocturna no pudieron intervenir por órdenes de Ardyn así que, decidí ayudarles a escapar.
Todos los presentes estaban conmocionados por la noticia, sobre todo el líder de los gitanos quien, aun cuando no lo demostraba con sus expresiones, se encontraba asombrado por la noticia.
– Jefe, ¿Qué hacemos? – le pregunto uno de sus hombres.
– ¿Debemos continuar el ataque? – pregunto otro.
– Pero, la pequeña Luminitsa está con ellos – seguro otro.
El jefe de los gitanos levanto una mano para hacerles callar, respiro profundamente en varias ocasiones antes de avanzar unos cuantos pasos hasta quedar a menos de dos metros de ambos jóvenes y su pequeña hija.
Tanto Yuuri como Víctor se tensaron al verlo acercarse.
– Hace tiempo, cuando escuche que el pueblo donde mi mujer e hija se encontraban de visita, pensé lo peor – declaro levantando la vista para encararlos – pasaron varios días hasta que supe de ellas – cruzando sus brazos tras su espalda – lo primero que me dijeron cuando por fin pude abrazarlas, fue que habían sido salvadas por el infame ladrón Glass Shade.
–… – Yuuri trago con fuerza al escuchar su seudónimo.
– Porque, tu eres ese ladrón, ¿o me equivoco?
Al no obtener una respuesta que negara ese hecho, el jefe de los gitanos lo tomo como un sí de forma silenciosa.
– Hice un juramento – índico – Si algún día tenía la oportunidad de ver cara a cara a ese ladrón, le daría las gracias.
– No tiene…
El jefe de los gitanos elevo su mano para que lo dejara continuar.
– Salvaste la vida de mi mujer y mi hija, es lo menos que puedo hacer.
Los tres se observaron durante un largo rato, sin poder que hacer o que decir, la tensión no se había evaporado y, los nervios estaban a flor de pie. ¿Qué más podían decir?
Solo la voz de uno de los hombres los saco de sus pensamientos.
– Bien, ya le dio las gracias jefe, ¿a qué hora podemos capturarlos?
– Si, queremos pedir la recompensa y celebrar con alcohol.
Todos los demás rieron.
El jefe de los gitanos hizo un gesto que tanto Yuuri como Víctor interpretaron como que, su humor había caído considerablemente.
– Si no se callan en este mismo instante, los mandare a azotar y no comerán nada más que sobras… Que hayan dejado los perros.
Al escuchar a su jefe, todos callaron.
– ¿Ya nadie más quiere hacer bromas? – pregunto su jefe.
Nadie contesto.
– Eso creí – volvió a dirigir su vista hacia ambos jóvenes.
– Mmm… Este… – Yuuri trato de hablar.
– En vista de que todo esto ya se resolvió – hablo Víctor – creo que podrían dejarnos ir y quizás, podamos seguir con nuestra búsqueda con la poca luz que queda.
– ¿Búsqueda? – Wesh lo regreso a ver con una ceja arqueada.
– Un Chocobo dorado – contesto Yuuri.
Todos se regresaron a ver hasta que alguien hablo.
– Yo vi uno – dijo uno de los hombres – se dirigió hacia el sur, corría como alma que lleva el diablo.
Tanto Yuuri como Víctor soltaron un suspiro.
– A este paso nunca la encontráremos – hablo Víctor.
– Y con la poca luz que queda para cuando lo hagamos, será imposible volver – secundo Yuuri – Aparte, será difícil regresar al lago, los cadentes están por salir.
Ambos callaron, rindiéndose antes los pronósticos tan desafortunados.
Wesh sonrió al notar su descontento.
– Si no les es posible volver, ¿Por qué no vienen con nosotros?
Todos elevaron la voz en señal de sorpresa.
– Nuestro escondite está cerca de aquí, a menos que quieran aventurarse a ser preso de los cadentes – se encogió de hombros.
Ambos se regresaron a ver, sabiendo que no tenían otra opción más que aceptar.
つづく/ Continuara...
¡Hola mis hermos s suscriptores!
Después de dos o tres semanas les traigo un nuevo capítulo :D
Sé que tarde un poquito más pero, me costó encajar ciertas cosas espero les haya gustado.
¿Qué les pareció la NO cita del Victuuri?
Yuuri siempre siendo arrastrado por las locuras de Victor XD
¿Y el rey? ¿Sabrá más de la cuenta de lo que parece? Owo
Muchas preguntas que aún no se resuelven.
Pero pronto lo harán.
¡Nos vemos en un próximo capítulo!
Bye. Bye.
