16
Todo disperso
Moonghost se ofreció para escabullirse rápidamente en el Club de Fans de los pokémon y regresar el peluche de colección sin causar más revuelo. Lo que menos deseaban en esos momentos era que una horda furiosa de fanáticos los cazara por toda la ciudad.
La misión de devolución fue un éxito. Moonghost se aseguró de que los miembros se dieran cuenta del regreso del preciado muñeco de Skitty.
Dijo haber visto al Sr. Pokémon posar las manos sobre el vidrio y llorar de alivio. También que los demás miembros estaban preparando una ceremonia escalofriante, colocando velas alrededor de la urna donde reposaba el peluche y se fue cuando empezaban a entonar unos cánticos con melodía tétrica. Todos cuestionaron la veracidad de su relato.
Corrieron hasta el Centro Pokémon antes de que cerrara sus puertas al público. Necesitaban un lugar donde pasar la noche cómodamente, sin mayores sobresaltos, o esas eran las intenciones de la mayoría.
Aunque a simple vista todos parecían intactos, Dyfir le pidió a la enfermera Joy que les hiciera un chequeo para salir de dudas, siendo Mewtwo el único que rechazó rotundamente que siquiera se le acercaran.
Dyfir prefirió no insistir. Ya era una proeza que accediera a entrar al Centro sin rechistar. Además, se le notaba a leguas que no estaba de buen humor, lo delataba la tensión en la mandíbula y sus pupilas encogidas que a duras penas se notaban.
Ambos acabaron sentados en el comedor a esperar por los hermanos en absoluto silencio. Dyfir aprovechó de ordenar la cena de una vez, mirando de soslayo al enorme pokémon que veía con el ceño ligeramente fruncido a algún punto perdido en el suelo.
La joven no sabía qué hacer o decir para destruir un silencio tan denso e incómodo. Deseaba preguntarle qué le ocurría, que si algo le preocupaba podía confiárselo, que quizás así podría alivianar la carga que parecía llevar sobre sus hombros, pero... no se atrevía a hacerlo.
Aunque Mewtwo siempre la trataba con mucha cordialidad, ya había notado que no estaba tan a gusto con los humanos, así que era una pérdida de tiempo intentar hacerlo hablar con ella de temas fuera de lo banal.
Mewtwo era muy reservado, casi tanto como la mismísima Eve, aunque con la educación y el sentido común suficiente para mantener conversaciones civilizadas en lugar de tirar a morder como si fuera un salvaje. Tampoco es que necesitase recurrir a técnicas tan burdas de defensa, le bastaba con la imponente altura y su potente voz telepática para intimidar a cualquiera.
Era un pokémon tan singular como los hermanos, lo supo desde el momento en que saltó en su ayuda y le plantó cara al Equipo Rocket en Viridian. El poder de Mewtwo casi podía palparse y eso que Dyfir no era más que una simple humana. Estaba segura que Eve también lo sabía, incluso con una noción más amplia de su fuerza y por eso prefería ignorarlo en lugar de confrontarlo.
Quizás, por parecerle que era tan poderoso, comenzaba a preocuparse por él. Mewtwo se había entregado al Equipo Rocket por el bienestar de Eve y ella, en lugar de quedarse para pedir disculpas por lo sucedido, había vuelto a desaparecer. Era posible que la insensatez de Eve terminara por colmarle la paciencia.
Justo cuando suspiraba melancólicamente, sabiendo que nunca conseguiría que Mewtwo le confiara sus pesares, los hermanos entraron estruendosamente en el comedor. Ambos pegaron un respingo mientras corrían a tomar sus asientos, riendo con tanto gusto que borraron las preocupaciones respecto a Mewtwo que atribulaban a Dyfir.
Los seguía de cerca la enfermera en jefe del centro hospitalario.
— No hay nada de qué preocuparse, Dyfir. Estos pokémon están en perfectas condiciones. Sólo necesitan una buena comida y una cama muy mullida. Ya un Chansey está preparando su habitación, así que pueden ir a descansar en cuanto terminen de cenar—la enfermera, sonriendo alegremente, le entregó a la joven la llave de un cuarto junto al parte médico—. ¡Buen provecho!
Otro Chansey llegó apenas la enfermera se despidió, llevando una enorme bandeja con la cena del grupo, que consistía en hamburguesas y una ensalada gigante para Flowar.
Dyfir había pensado en complacerlos después del día ajetreado que habían tenido. Todos agradecieron sus atenciones, comenzando a devorar gustosos su cena con mucha avidez y gusto.
Mewtwo ni siquiera miró su comida. El clon los observó en silencio mientras iniciaban una plática trivial. Los hermanos actuaban con una naturalidad que le crispaba los nervios, tanto que presentaron formalmente al hermano que se hacía llamar Baby, como si el Equipo Rocket jamás se hubiese aparecido.
No pudo decidir qué era peor: si el esfuerzo que hacía Baby para hablar como un niño humano de tres años o que ninguno mostrara ni una pizca de preocupación ante la ausencia de Eve.
— Exijo una explicación —dijo súbitamente. Las palabras que llevaban rato bailando en la punta de su lengua finalmente habían escapado de su intentos por contenerlas. Habló con un tono de voz severo y bastante grave, interrumpiendo la cháchara y trayendo un silencio sepulcral a la mesa—. Al menos uno de ustedes debe haber notado que la psiquis de Eve no está funcionando correctamente. Sé que todos ustedes poseen cualidades psíquicas, aunque sean ínfimas es suficiente para captar esta irregularidad tan severa, hasta un principiante lo notaría.
Los hermanos intercambiaron miradas llenas de asombro y pánico. Ninguno respondió de inmediato, mirándose unos a otros muy nerviosos, como si pudieran comunicarse entre ellos en silencio.
Finalmente, Flowar tomó la iniciativa con su característica sonrisa afable, con un tono de voz muy sereno y amigable.
— ¿Piensas que algo anda mal con Eve? —preguntó inocentemente. Pegó un respingo, asustada por la mirada asesina que Mewtwo le lanzó, carraspeando para permitirse recuperar la compostura y, con cierto nerviosismo, añadir—: E-es muy lindo que te preocupes tanto… Sólo está algo estresada. Es todo. Siempre le ha costado lidiar con imprevistos como los ocurridos hoy: la desaparición de las ondas en pueblo Lavender; los miembros chiflados del club acosándola con sus manos pegajosas y, para rematar, el Equipo Rocket que casi logra raptarnos. Llegó a su límite y necesita un tiempo a solas para…
— Esto está lejos de ser una alteración por no saber actuar bajo presión. Esta anomalía en su psiquis no empezó hoy. Ha estado perturbada desde lo ocurrido con los cazadores —espetó Mewtwo de malagana. No toleraba que Flowar intentase verle la cara de tonto, se le notaba en su risita nerviosa que estaba mintiendo con alevosía—. Es posible que pierda el control de sí misma si no logra equilibrarla, incluso podría llegar a hacer algo de lo que se arrepentiría después. Deben saberlo bien, ustedes la conocen mejor que nadie… —se detuvo para respirar profundamente y poder controlarse un poco—. Nunca necesité que alguien me dijera que Eve es poderosa. Lo constaté por mi cuenta, así fue como la encontré entre la multitud, pero es demasiado volátil porque permite que su psiquis se nutra de sus emociones. No se atrevan a mentirme diciendo lo contrario. ¿Por qué permiten que esté sola cuando es claro que necesita asistencia?
— ¿Y eso se puede? —Dyfir soltó la pregunta tan espontáneamente que de inmediato sintió que las mejillas le ardían de vergüenza.
Se había dejado llevar ante la emoción de que Mewtwo decidiera hablar sobre aquello que lo tenía angustiado. Claro, Dyfir había acertado con que tenía algo que ver con Eve, pero no entendía lo que Mewtwo estaba explicando.
Para la entrenadora, Eve sólo estaba más malhumorada de lo usual por ellos meterse en problemas "a propósito" y su ausencia no se le hacía extraña. La pokémon siempre necesitaba algo de espacio luego de hechos como los de ese día o terminaría matándolos a todos.
En pocas palabras, le parecía tan normal el obvio repudio de Eve a la idea de compartir con extraños, que pensaba que Mewtwo estaba exagerando. Pero siendo que no entendía del todo lo que el clon estaba hablando y gracias a la mirada severa que éste le lanzó, la curiosidad de Dyfir desapareció completamente, deseando que la tierra la tragara ahí y ahora.
— Claro que se puede mientras haya alguien que sepa cómo y ella lo permita, porque es un procedimiento algo… personal —respondió Mewtwo, haciendo todo lo posible por no ser grosero con la entrenadora, a sabiendas de que ella no tenía idea de cómo funcionaban los poderes psíquicos de los pokémon. Irónicamente, la intervención de la entrenadora le permitió calmarse un poco y modular el tono de su voz—. Sólo tengo que asistirla para que sincronice su psiquis con la mía. Como si estuvieras afinando un instrumento.
— G-gracias, p-pero no es necesario. Le basta con pasar una noche a solas y ya, n-no hay que armar tanto alboroto —insistió Flowar, intentando restarle importancia al asunto, empeñada en usar su voz maternal combinada con afables gestos… que sólo avivaron de nuevo la indignación de Mewtwo.
— ¿Por qué insisten en mantener una mentira tan absurda? No intenten engañarme actuando tan desentendidos o, por lo menos, tengan coherencia al hacerlo. Vamos, que todos los días veo cómo hacen de todo para que ella comparta con ustedes o, de lo contrario, sólo les dirigiría la palabra cuando fuera estrictamente necesario —no podía creer lo que estaba ocurriendo. No iba a permitir que lo trataran como imbécil, ya suficiente tenía con lanzar su sentido común a la basura y tragarse la mentira de Dómino—. Entiendo que tengan secretos, no están obligados a contarme nada si así lo desean, pero es difícil hacerme la vista gorda con algo tan evidente. Esto es algo que puede afectar gravemente a Eve y a quienes le rodean si no es tratado a tiempo. Desgraciadamente para todos, pero especialmente para mí, es imposible hacerme el desentendido aunque la conozca prácticamente nada. No entiendo por qué, siendo ustedes sus hermanos, no se preocupan por lo que pueda ocurrirle.
El lugar quedó más callado que un cementerio a la medianoche.
Flowar y Moonghost intercambiaron miradas de profunda preocupación, se notaba que ambos tenían una carga de la que deseaban deshacerse. La boca de Rocknight era una línea perfecta y las pupilas de sus ojos estaban tan contraídas como las de Mewtwo.
Dyfir pasaba la mirada de uno a otro, mordiéndose las uñas hecha una mata de nervios, intentando descifrar lo que pasaba por la cabeza de los demás. El único que parecía estar en otra parte era Baby, que seguía degustando su hamburguesa a pesar del reclamo de Mewtwo.
Fue Rocknight quien finalmente, clavando sus ojos de plata en Mewtwo como si fueran flechas, tuvo el valor de enfrentársele.
— Enhorabuena por tu perspicacia. Me disculpo por haber puesto en duda tu inteligencia. Permíteme darte la razón: es cierto que hay algo más detrás de todo lo ocurrido hoy—su voz ocultaba cierto tono de sarcasmo que Mewtwo logró captar sin muchos problemas. Pero sus hermanos no vieron la ironía oculta en sus palabras, escandalizándose tanto que incluso Baby se atragantó. Flowar se lanzó a suplicarle que se detuviera, mas el hermano de piedra estaba hablando de nuevo—: No es mi intención ser grosero contigo, pero tienes que aprender a entender cómo funcionan las cosas en mi familia si pretendes seguir en este viaje con nosotros. Tenemos muchos secretos y está estrictamente prohibido hablar de ellos, es una regla que nos trae consecuencias gravísimas si se nos ocurre romperla. Yo, personalmente, te habría revelado muchas cosas ya si tuviera la autoridad para hacerlo; pero no es así. Perdónanos por preocuparnos por nuestros propios pellejos. También lamentamos profundamente que sea la mismísima Eve quien nos exija hacernos los desentendidos, porque ya suficientes problemas le ha causado nuestra irresponsabilidad —lanzó una rápida ojeada al resto de sus hermanos, deteniéndose un poco más en Moonghost, que frunció el ceño a modo de reproche y desvió la mirada—. Además, tú también pareces tener un secreto bastante importante y no me ves hostigándote para saber qué relación tienes con la rubia loca que casi nos abduce hoy, ¿o sí?
Se detuvo un momento para tomar un poco de jugo. Rocknight no sabía cómo lidiar con Mewtwo. No sólo actuaba con una firmeza envidiable, también era demasiado sagaz para su propio bien y eso le traería problemas con ellos… muchos y muy graves problemas.
Suspiró pasándose la mano por el rostro. Aprovechó ese instante para tranquilizarse, no quería volver a sonar tan mordaz al dirigirse nuevamente a Mewtwo. Entendía por lo que debía estar pasando y apreciaba su preocupación, aunque no lo expresara en voz alta. Empatizaba tanto con el clon, que siquiera le reprochaba que lo viera con tanto disgusto.
— Lo lamento… en serio que lo lamento mucho. La verdadera desdicha en este asunto es que la mayoría de nuestros secretos competen a Eve personalmente. Si ella misma no toma la iniciativa de confiárselos, es porque no los ve dignos... ni siquiera nosotros lo hemos sido jamás… —se le quebró la voz. Era una verdad que le dolía. Un súbito cansancio se apoderó de su cuerpo, las ganas de dormir cayeron como plomo sobre sus párpados, quería entregarse a un sueño profundo mas no debía dejarse llevar por su mayor defecto—. Les daré la oportunidad a ambos de pensar si quieren continuar con nosotros en esta travesía —dijo, tomando por sorpresa a Dyfir y a Mewtwo, algo que éste no tomó muy bien—. Es lo único que puedo hacer por ustedes. No les reprocharemos nada si deciden irse.
Mewtwo se puso de pie al tiro, dejando el lugar como si fuera un vendaval, haciendo oídos sordos a los llamados de Dyfir que intentó levantarse torpemente de su asiento para disuadirlo, tropezando y dándose de bruces en el suelo.
Aquello era la gota que derramaba el vaso, pensó el clon, o eso creyó hasta ver que le detenían las puertas cerradas del Centro Pokémon. Bien pudo haberlas abierto por su cuenta, tan sólo le bastaba un ademán con la mano para abrir los cerrojos e irse volando de aquel lugar para más nunca tener que lidiar con tales desplantes.
En lugar de eso, se dio la vuelta y caminó distraídamente por los pasillos hasta llegar a una puerta que estaba en lo más apartado de la recepción. Detectó que no había nadie dentro, tampoco que estuviera bajo llave, así que atravesó la puerta y corrió el cerrojo.
Había hallado la pequeña biblioteca del Centro, el lugar perfecto para aislarse e intentar olvidar toda la mierda de aquel día.
Se sentó en el suelo cruzando las piernas. Ahora era él quien necesitaba controlar sus emociones y recuperar la armonía de su psiquis. La ira y la confusión se entremezclaban caóticamente en su interior, aceleraban su corazón, nublando su mente hasta empujarlo a actuar impulsivamente.
Las palabras de Rocknight lo habían ofendido más de lo que jamás pensó, tanto que tuvo que hacer uso del atisbo de cordura que le quedaba para no devolvérselas con un puñetazo en toda la boca. Era la verdadera razón para levantarse e irse tan aprisa.
En otras circunstancias no hubiese dudado en hacerlo callar con presión psíquica, hasta le sacaría la información que deseaba sin tanto esfuerzo, Rocknight no parecía tener la suficiente fuerza mental para detenerlo.
Sin embargo, estaba demasiado consternado por la gigantesca indignación que sintió ante sus palabras, especialmente porque volvía a rechazar la oferta de abandonar la travesía. Puesto que, si en verdad quisiera largarse como le proponían, unas simples puertas no lo hubiesen detenido nunca
Ni siquiera se detuvo a considerar que le ofrecían la solución definitiva a todos sus disgustos. Sin Eve y sus hermanos, su vida volvería a la normalidad, no tendría que lidiar con problemas ni secretos ajenos.
Eso sin mencionar la frustración y humillación que venía arrastrando desde su encuentro con aquellos cazadores de pacotilla. No existía mayor vergüenza que un bicho de poca monta ridiculizara al pokémon más fuerte que jamás había existido. Tampoco olvidaría que se dejó engañar por Dómino fácilmente, aunque la lógica le advertía a gritos que era una trampa.
Se dejó llevar por la desesperación, pensando que ella estaba en peligro… algo que sólo a él parecía importarle.
No podía dejar de preguntarse, con insano reproche, por qué estaba actuando tan impulsivamente y errando en cada decisión que tomaba. Se sentía como el Mewtwo del pasado, cuando apenas era un neófito impulsivo e inmaduro, tan volátil que necesitaba de la maldita tecnología del Equipo Rocket para poder controlar decentemente sus poderes psíquicos.
Todo era por darle más importancia de la debida a Eve. Estaba cruzando límites peligrosos, donde la lógica perdía la batalla contra los impulsos alimentados por las emociones. Era la única manera de explicar por qué se entregó a Dómino sin pensar en las implicaciones, todo con tal de verla libre, aún sabiendo que el Equipo Rocket no era de fiar.
Dejó escapar un gruñido entre dientes. Estaba planteando la situación desde la perspectiva equivocada, nada de eso tenía que ver con sentimientos… Una discreta sonrisa de satisfacción se asomó en su rostro al hallar la respuesta. Tan sólo se trataba de un instinto muy básico: el miedo.
El Equipo Rocket resultaba el menor de sus problemas cuando la psiquis de Eve parecía una bomba de tiempo. Era más sencillo lidiar con una agente creída pero tonta, que con aquella enana irritante.
El desequilibrio en la psiquis de la pequeña amargada era verdaderamente preocupante. Le sorprendía que Eve, con su estado mental actual, pudiera mantener la cordura. Su psiquis comenzaría a devorarla si no recuperaba la paz mental, pero... eso no era de su incumbencia. Rocknight lo había dejado bastante claro.
La sangre comenzó a hervirle al caer en cuenta de que regresaba al punto de inicio, donde el miedo que lo llevó a tomar torpemente ciertas decisiones no era la justificación si no, más bien, su excusa preferida.
Dejó escapar un largo y lastimero suspiro. No comprendía por qué era tan complicado lidiar con ese asunto. Todos los días tenía que repetirse incontable cantidad de veces que no debía interferir, que su única función era observar, un simple espectador que encontró la oportunidad perfecta de escapar a una auto-condenada vida monótona.
Entonces… ¿Por qué se le hacía tan complicado mantener una relación estrictamente cordial y con fines científicos con Eve? ¿Por qué le afectaba tanto verla desmoronarse ante sus ojos cuando no le importaba?
Darle tanta relevancia al asunto era inconcebible, no hallarle explicación era inaceptable, sin mencionar lo humillante que resulta ser considerado un estorbo.
¿Qué quería obtener de todo esto? No existía ningún beneficio para él además de evitar la llegada de un supuesto apocalipsis o comprender el funcionamiento de quien, se supone, es la hija prodigio de una deidad. Ni siquiera la idea de encontrar una explicación de semejante imperfecto en la supuesta salvadora del mundo porque ya la tenía: Eve era insoportablemente testaruda.
Ella no significaba nada para él más que un dolor de cabeza asegurado. No era como los clones que estuvieron bajo su protección por un largo tiempo, estaban vivos gracias a él, eran como sus hijos. Eve no era nada, apenas hablaban y lo trataba un poco mejor luego de la discusión en Pueblo Paleta pero se trataba de algo minúsculo. Semejante comparación daba risa, era hasta absurdo pensarlo, no existía relación entre una cosa y otra.
Si esa era la conclusión a sus divagaciones, entonces… ¿por qué quedaba tan insatisfecho al definir su posición con respecto a ella? No importaba lo que pensase, dijese o hiciese, Eve siempre se las ingeniaba para desbaratar todas sus convicciones. Le permitía mancillar su dignidad y su orgullo al aceptar cada desplante en silencio, incluso bajaba la cabeza para no imponerse sobre cualquiera de los demás hermanos y así sacarles la información que quisiera.
La única explicación que estaba dispuesto a aceptar era que estaba sometido bajo un enorme estrés, tan grave que afectaba su psiquis y, por ende, también su comportamiento y raciocinio.
Se aferró a esa idea al momento de iniciar una sesión de meditación intensa con la que esperaba rescatar del abismo al Mewtwo que solía ser, el que sólo se preocupaba de sí mismo, que pareció perderse en el camino entre su escondite y el lugar donde Dyfir estaba parada con su lastimado Typhlosion.
Quería dejar de preocuparse tanto por Eve. No valía la pena terminar en ese estado por alguien a quien él le importaba nada.
El sol se asomaba tímidamente en el horizonte para dar los buenos días a los madrugadores que corrían para llegar a sus trabajos, como si el enorme festejo del día anterior hubiese sido un simple sueño. Apenas quedaban vestigios pisoteados en el suelo del colorido carnaval, deshaciéndose bajo el rocío dejado por la bruma marina, pulverizados bajo los pies de los humanos somnolientos que bamboleaban por las calles.
Colgó el teléfono justo cuando la luz del día consiguió traspasar las espesas nubes grises, quedándose un rato largo dentro de la silenciosa cabina telefónica del Centro Pokémon, disfrutando de la soledad luego de varios minutos de lucha para hacer funcionar el aparato.
Se recostó contra la puerta, suspirando profundamente para intentar mitigar un poco la jaqueca que la aquejaba, rogando que a nadie se le ocurriera utilizar las cabinas tan temprano. Necesitaba un tiempo más de paz.
"Si tan sólo nos hubiésemos tropezado con algún Creyente ya, no me arriesgaría a depender de extraños. Pero no me queda más opción… perdóname por haber fallado…"
Eve abrió los ojos lentamente, mirando con recelo la pantalla apagada del videoteléfono, todavía dudando de si había tomado la decisión correcta, pensando en las consecuencias que su incompetencia le traería en el futuro.
Todos los recuerdos de la noche anterior eran demasiado turbios. Su mente parecía haber quedado sumergida en una densa nube blancuzca que apenas se disipó con la llegada del alba. Despertó en la azotea del Centro Pokémon, sin saber cómo diantres había llegado ahí, sólo tenía la convicción de ejecutar una idea que revoloteaba en su cabeza.
Permaneció en la cabina, meditando sobre lo que había hecho hasta que sus oídos captaron movimiento cerca, alcanzando a escuchar la voz de Dyfir hablando con la enfermera en un tono que mostraba cierto desconcierto.
No se esforzó en entender lo que decían. Bajó la mirada, intuyendo que la entrenadora estaba informándole de la desaparición del PokeNav que ella tenía en la mano.
Salió cuando las dos humanas finalizaron su conversación, intentando lucir entera y serena para poder hablar con sus hermanos. Debía informarles de la decisión que acababa de tomar.
Siguió el ruido de las voces hasta el comedor, encontrándolos en el preciso momento en que comenzaban a desayunar, pasando casi desapercibida si no fuera por el par de ojos violeta que se clavaron en ella.
Ni se molestó en preguntarse si Mewtwo había notado lo de ayer, tenía la certeza de que así era, pero era más fácil hacerse la desentendida mientras robaba una croqueta del plato de Moonghost.
— ¡Eve! —dijeron todos al unísono, bastante desconcertados ante su repentina aparición.
— ¿Por qué me quitas croquetas a mí? —se quejó Moonghost haciendo pucheros, sin reparar en las ojeras o en el aspecto descuidado del pelaje de su hermana.
— Partimos hoy mismo —lanzándole el Pokenav a una muy desconcertada Dyfir mientras engullía la croqueta de un solo bocado, tomando otra para la desgracia de su fantasmagórico hermano. No disfrutaba lo que comía, era como masticar cenizas, pero cualquier acción banal le servía para evadir la mirada de Mewtwo.
Eve siguió comiendo a pesar de la exclamación de sorpresa que profirieron todos sus hermanos. Actuaría con la mayor naturalidad posible aunque ellos, en parte, supieran lo que le estaba ocurriendo… si bien no del todo.
"No pienses en esas cosas ahora", se dijo, queriendo evitar a toda costa que Mewtwo tuviera más motivos para hacerle preguntas.
— ¿Y a dónde vamos? —se animó a preguntar Rocknight.
— A Pueblo Paleta —contestó ella sin más, robándole el jugo a su hermano. Sus papilas gustativas le agradecieron que algo medianamente decente las estimulara.
— ¿Eh? ¿De vuelta? —tanta fue la extrañeza de Moonghost que pasó por alto que su hermana continuara robándole el desayuno, una comida preparada por humanos que normalmente rechazaba— ¿Acaso uno de nuestros hermanos está ahí? ¿No es irónico? Estuvimos allí antes, pero ahora hay que regresar y queda muy, muy, pero muy lejos.
— Me encantaría continuar con la dinámica en la que les digo a dónde vamos y ustedes lo aceptan sin miramientos —suspiró Eve con cierto hastío, dejando vacío el vaso de su hermano—. Somos un grupo demasiado grande. Viajar de esa manera es muy engorroso, además de que llamamos mucho la atención, así que tomé una decisión —hizo una pausa, aprovechando para estirarse un poco ante la mirada ansiosa de sus hermanos, tenía todo el cuerpo agarrotado—. Flowar y Rocknight se quedarán un tiempo con el profesor Oak.
— ¡¿Qué?! —saltó Moonghost de inmediato, sin poder creer lo que estaba escuchando—. ¿Apenas nos estamos reuniendo y ya quieres separarnos? Somos un equipo, pero más que nada una familia, no puedes hacer eso sin consultarnos.
— Ya hablé con el profesor y aceptó gustoso. Ni te molestes en intentar hacerme cambiar de parecer.
Justo cuando Moonghost abría la boca para replicar, Flowar lo detuvo sosteniéndolo suavemente del brazo, dedicándole una sonrisa para calmarlo.
— Despreocúpate, Moonghost. A mi me parece una decisión acertada, está claro que no soy de mucha ayuda en aprietos. Y a Rocknight lo noto algo ojeroso.
— ¿En serio? —soltó el aludido, mirándola de una forma que daba a entender que no compartía del todo lo que decía su hermana, aunque su hermano fantasmagórico le dio la razón de inmediato.
— ¿Por qué no me dejas a mí en su lugar? Rocknight es más útil que yo aunque tenga cara de perro con sueño —insistió Moonghost, con la preocupación marcada en su rostro.
— Sabes que necesito tus ojos —la respuesta de Eve confundió bastante a Dyfir, más cuando había probado que podía ver en la oscuridad por su cuenta. Seguramente se trataba de otro secreto—. No estoy de humor para discutir. La decisión está tomada. Punto.
No tenía ganas de alargar la conversación, así que se dio media vuelta y caminó hacia la salida del centro, no sin antes decirle a Dyfir que tenía un par de horas para reabastecer provisiones.
Avanzó con cierta prisa hasta caer en cuenta de que sus intentos por escapar eran en vano. La sombra proyectada de Mewtwo la cubrió amenazadoramente, parándola en seco. Debía seguir haciendo su mejor esfuerzo para actuar con naturalidad.
— Ya sabes por qué estoy aquí. No vale la pena que sigas esmerándote tanto en ignorarme por encima de lo usual —su tono voz era confuso, se escuchaba sereno pero el enojo lo hacía temblar.
— Nada que no pueda manejar yo sola —contestó Eve con cierta brusquedad pero sin girarse para enfrentarlo, no estaba dispuesta a darle explicaciones.
— Basta. Esto es serio. Puedo ayudarte si vuelve a ocurrir, pero sólo si me lo permites.
Eve suspiró entre hastiada y angustiada, pasándose la mano por el rostro para contenerse y no soltar las palabras que le quedaron colgando en la punta de la lengua.
Mewtwo era un psíquico extremadamente diestro, la sensibilidad de su psiquis era admirable, cosa que no era nada buena dadas las circunstancias. Sabía que la ayuda que le ofrecía era sincera, que él sería capaz de auxiliarla para poder resistir un poco más, pero no podía permitirle conectarse con ella de esa forma. Hacerlo sería firmar una sentencia de muerte para ambos sin que él lo supiera.
— Gracias… —musitó tímidamente. Fue un enorme disgusto que se le quebrara la voz, pero estaba segura de que el clon no lo notaría cuando ni siquiera se lo esperaba. Lo dijo con toda la sinceridad del mundo aunque lo hiciera con intención de desviar la atención—. Ayer fue un mal día, es todo. Hay veces que… que no me puedo controlar bien. No soy tan experta como todos esperan… desearía que así fuera… No quiero que sientas ninguna obligación por mí… alguien más asumió esa carga —suspiró—. Acompaña a Dyfir si quieres, así se sentirá presionada y no demorará tanto tiempo en las tiendas. Quiero irme ya de esta ciudad.
Mewtwo estaba petrificado, su mente quedó en blanco y su cuerpo tan afectado por esto que comenzó a sudar frío. Le permitió irse sin decir nada más, viéndola cruzar la puerta y alzar vuelo. No estaba en condiciones para detenerla luego de lo que le había hecho, que nada tenía que ver con la amabilidad de controlar su mal genio característico. No. Fue la vulnerabilidad que le mostró lo que lo había sacudido violentamente.
La entereza recuperada durante su meditación nocturna se había derrumbado con sólo un par de palabras. Sin siquiera recibir una cuchillada de aquellos ojos fríos… casi que lo hubiese preferido antes que escuchar cómo intentaba disimular el tono quebrado de su voz. La había dejado en paz porque insistirle terminaría afectándolo de más.
Anoche creía que su decisión y convicción eran firmes como un roble… uno al que hizo echar raíces en un terreno inestable… ¡vaya estupidez! ¿Qué debía hacer ahora? Su estupefacción le permitió a alguien más formular la respuesta a aquella pregunta.
— Te debo un consejo ya que tomaste la decisión de quedarte —Mewtwo pegó un pequeño respingo ante la repentina intervención de Rocknight, quien lo miraba inexpresivamente desde el pasillo que daba al comedor—. Ganarse la confianza de Eve es difícil, pero continúa despacio como hasta ahora, sabiendo cuándo desistir y pronto se dará cuenta de que no eres una amenaza. No sé si llegue a considerarte un amigo, pero puedo asegurarte que ha comenzado a mostrar cierto respeto hacia ti. Eso no lo logra cualquiera, compañero.
Mewtwo, nuevamente, no supo cómo reaccionar y dejó que Rocknight regresara al comedor sin decir nada. Creyó que lo ocurrido anoche le ayudaría para encauzar de vuelta su verdadero tu propósito en aquella aventura, pero cuando vio a Eve entrar en el comedor no pudo contenerse, tuvo que seguirla y hablarle, un impulso que le fue imposible de controlar. Él mismo había echado sus convicciones a la basura.
Y ahora Rocknight le soltaba aquella bomba. Estaba acabado, confundido y con la mente vuelta un desastre por culpa de un aluvión de pensamientos.
No quería seguir pensando en todo lo que acababa de suceder, así que fue con calma hasta Dyfir para decirle que iría con ella a comprar las provisiones, esperando que la inusual compañía de un humano le ayudara a distraerse.
Eve contemplaba el mar desde el edificio más alto que pudo encontrar cercano a la costa, esperando que la brisa proveniente del océano espantara un poco la suciedad de la ciudad, que se pegaba a ella produciéndole asco, náuseas y una ligera jaqueca.
Le molestaba que algo tan simplón la dejara tan indispuesta cuando había estado expuesta a cosas peores. Si no fuera tan susceptible, quizás y sólo quizás, cierto individuo no hubiese saltado a ayudarlos cuando estuvieron en apuros en Viridian.
Suspiró por enésima vez. Quejarse del smog sólo era una excusa para evadir el verdadero problema. Había descubierto la razón que produjo la ansiedad que durante días la tuvo presa, dejando a un lado lo ocurrido con Blaze, aunque en un principio creyó que todo había sido una especie de premonición que la preparaba para su encuentro con el peculiar Scizor.
Un escalofrío recorrió su espalda, preguntándose qué debía hacer para afrontar el nuevo obstáculo que tenía por delante, no se sentía preparada para lidiar con eso sin la presencia de su preciado guía y mentor. Se estremeció una vez más, luchando como podía por no ahogarse en su angustia, imaginando que ante ella estaba el único que podía tranquilizarla y aferrándose a esa figura ausente para mantenerse cuerda.
"No está mal sentir miedo mientras no permitas que te domine"; no le había dado tanta importancia a esas palabras hasta ese momento, ahora las convertiría en su mantra.
No les diría al resto de sus hermanos lo que estaba ocurriendo, al menos por el momento, estaba segura de que les crearía un repentino afán que terminaría por entorpecer más el viaje.
Por ahora, sólo rogaba por encontrar pronto a quien tanto necesitaba, sin importarle siquiera las consecuencias que conllevaba su despertar. Aceptaría cualquier castigo con tal de sentirse segura.
Al llegar el mediodía, Dyfir y Mewtwo habían comprado la mayoría de las provisiones que la chica tenía anotadas en una lista. Mientras caminaban por las calles abarrotadas de gente que buscaba un restaurante para almorzar, la joven chequeaba que en el interior de la bolsa estuvieran todos los artículos enlistados en la factura de su última compra, ignorando a la gente que se le quedaba viendo por el pokémon de dos metros que la acompañaba.
— Bebidas revitalizantes, antídotos, curitas, algo para despertar a Rocknight en caso de que se duerma —enumeraba en voz alta distraídamente—. Parece que todo está en orden en el departamento de higiene y primeros auxilios. Sólo queda pasar a comprar algo de comida. Aprovecharemos de comprar algunas golosinas, ¿te parece?
Mewtwo solamente asintió, sin mostrar ninguna pizca de emoción o disgusto, con la mirada perdida en algún punto que estaba fuera del alcance de Dyfir. Frunció el ceño exteriorizando así su preocupación, sabiendo que él sólo la acompañaba para intentar distraerse luego de la pequeña discusión que tuvo anoche con Rocknight.
La joven, en su inocente visión de las cosas, se compadeció de él. Dyfir tenía la certeza de que el comportamiento de Eve era producto de su aversión por las grandes urbes, cuyo smog le producía un malestar general bastante pesado, cosa que nadie se molestó en explicarle nunca al clon porque no pisaban una ciudad desde que se conocieron en Viridian.
Al caer en cuenta de esto, se dio un suave manotón en la frente, reprochándose por no hablarle nunca de un detalle tan importante; cualquier cosa que afectara el humor de Eve era de interés para evitar convertirse en blanco de su amargura. Más cuando abrió la boca para enfrascarse en una larga explicación, dispuesta a hacer de todo por mejorar el estado de ánimo de Mewtwo, una voz desconocida la detuvo en seco.
— ¡Oye, tú! ¡Sí, tú! ¡La chica del cabello blanco!
Ambos voltearon con curiosidad, tropezándose con un muchacho que aparentaba tener la misma edad de Dyfir, aunque algo más alto. Su piel morena resaltaba sus ojos cubiertos de miel enmarcados en gafas de pasta gruesa, una mata de cabello castaño alborotado fallaba en ocultar su mirada, que transmitía ferocidad en ese momento. Vestía unas ropas cómodas de diversos tonos azules y grises, como si estuviera preparado para iniciar su respectivo viaje por la región, el cinturón con pokebolas lo delataba.
— ¿Qué te parece una batalla? —preguntó el joven con una media sonrisa.
Dyfir alzó una ceja mostrando cierto recelo, no era muy apropiado salir de la nada para retar a alguien a un combate estando en plena ciudad, además de que no estaba segura de que su compañero estuviera dispuesto a tomarse un tiempo para tales cosas. Casi se le escapa un bufido de indignación cuando giró a ver a Mewtwo y éste ya se estaba encogiendo de hombros para decirle que le daba igual.
— Eh… claro… ¿por qué no? —aunque titubeaba si era lo correcto. Tenía bastante tiempo sin tener una batalla amistosa con un entrenador, últimamente sólo se enfrentaba a criminales.
— ¡Excelente! —exclamó el chico muy emocionado mientras desprendía una pokebola de su cinturón.
Dyfir le gritó para detenerlo. Era muy imprudente tener una batalla en medio de una calle transitada. El joven se puso rojo de la vergüenza ante la mirada ceñuda de la chica de cabellos blancos y la torcedura de ojos de Mewtwo, apresurándose para indicarles el camino a una arena de batalla pública que estaba cerca del lugar.
Tuvieron suerte de encontrarla desocupada. Habitualmente había una gran cantidad de jóvenes reunidos para ser combatientes o simples espectadores, una batalla siempre era motivo de emoción. Dyfir lo atribuyó al día y la hora, estaban en medio de la semana y la mayoría de los jóvenes estaban asistiendo a clases.
El chico, que durante el camino se presentó como Nathaniel, se apresuró a colocarse al otro lado de la arena, dándole apenas tiempo a Dyfir de posicionarse cuando lanzó su pokebola.
Un Vaporeon de lustrosas escamas surgió esparciendo gotas de rocío a su alrededor, desvaneciéndose al chocar con las llamas que el enérgico Llamita liberó con un rugido al salir de su propia cápsula.
— ¡Espera un momento! ¿No ibas a utilizar ese pokémon? —Nathaniel habló atropellando las palabras, bastante contrariado, señalando a Mewtwo quien apenas tomaba asiento.
— Eh… nunca dije eso… además que no es mío… Sólo me acompaña —respondió Dyfir entre risillas nerviosas, notando que Mewtwo no estaba para nada contento de que el chico creyera que tenía dueño.
— ¡Qué fastidio! Sólo pedí pelear contigo por ese pokémon. Nunca había visto uno así antes —replicó él con desdén —. Bueno… da igual. ¡Chorro de Agua!
Llamita reaccionó antes que su propia entrenadora, evitando el ataque acuático casi con absurda facilidad, aunque no parecía del todo peligroso.
Mewtwo rió para sus adentros, resolviendo al instante que el Vaporeon no tenía oportunidad de ganar a pesar de la ventaja de tipo, porque se notaba a leguas que carecía de experiencia en batalla. Todo porque su ataque era, literalmente, un hilo de agua que apenas ayudaría a regar un jardín.
Dyfir también se percató de esto, quedándose en silencio mientras su Typhlosion continuaba evadiendo los pequeños chorros de agua con saltos, preguntándose qué diantres estaba pensando su contrincante al querer enfrentarse a Mewtwo con un pokémon de tan bajo nivel.
Por su parte, Nathaniel daba órdenes con el mismo entusiasmo que un director de orquesta, pidiéndole a su pokémon que se lanzara en embestidas de alta velocidad además de atacar con los chorros de agua.
Para ese momento, el mismísimo Llamita notó lo inexperto que era su contrincante y percibió la perplejidad de su entrenadora ante eso, tomando la iniciativa de cambiar a una maniobra más ofensiva. No le tomó mucho trabajo tomar al Vaporeon con la guardia baja, posicionándose a un costado para atestarle un puñetazo de energía eléctrica que mandó a volar al zorro acuático a los pies de su entrenador, completamente noqueado.
Nathaniel quedó boquiabierto, instando a su pokémon para que se levantara y siguiese luchando. Dyfir frunció el ceño ante esto, viendo cómo el pobre Vaporeon se esforzaba por ponerse en pie. No tardó en dar fin a todo regresando su Typhlosion a su pokebola.
— Ya me retiro —anunció de sopetón—. No vale la pena forzar a tu pokémon a continuar cuando hay una clara diferencia de nivel.
Le indicó a Mewtwo con un gesto que ya debían irse, pero Nathaniel corrió a cortarle el paso, insistiéndole en continuar la batalla con él utilizando otro pokémon. Dyfir se negó rotundamente, ya se estaba acabando el tiempo que Eve les dio para comprar provisiones, más quedó boquiabierta cuando el joven se puso de rodillas frente a ella.
— Por favor… en verdad necesito esto… déjame explicarte…
Dyfir no supo qué hacer ante esto. Buscó con la mirada a Mewtwo para pedirte ayuda y éste sólo se encogió de hombros nuevamente con indiferencia. Nathaniel comenzó a hablar sin que ella le diera permiso de hacerlo, su voz se quebraba fácilmente, dejando a la joven entre la espada y la pared.
Lo único que podía hacer, además de sentir una profunda lástima por él, era pensar que Eve seguramente la mataría.
