#incluye un disclaimer
Partes de este capítulo son citas de Harry Potter y la Cámara de los Secretos, adaptadas al estilo del resto de la historia.
Capítulo 23
Minerva McGonagall caminaba alrededor de la oficina del directo como tigre enjaulado mientras los estudiantes viajaban de regreso a Londres ya que había escuchado algo bastante inquietante sobre uno de sus estudiantes.
–¿No te dije Albus, hace once años y de nuevo el año pasado, que esos muggles no serían buenos guardianes?
–Así fue, Minerva –Albus Dumbledore respondió con molesta calma–. Y yo te dije en ambas ocasiones, sé que no es el mejor ambiente, pero hay circunstancias que requieren que Harry Potter viva con familiares sanguíneos de su madre.
–¿Y qué circunstancias son esas? –Explotó Minerva–. Creo que es hora que me expliques que es tan importante para que dejes a un niño con guardianes que, en el mejor de los casos, no lo aprecian. Y debo de agregar: espero que tengas una buena respuesta que me convenza de no ir al Ministerio.
–De acuerdo –dijo Albus–. La razón es Voldemort. –Minerva dejó salir un pequeño grito–. Y el hecho de que nuevamente ha aparecido en Gran Bretaña hace eso aún más importante. Si lo recuerdas de la guerra, Voldemort podía pasar casi cualquier tipo de barrera con el suficiente esfuerzo. Harry no podía ser criado bajo el encantamiento Fidelio, así que utilicé lo más cercano. El sacrificio de Lily logró posible el colocar barreras de sangre en el lugar donde habite su sangre, en este caso su hermana y su sobrino. Ningún mago con la intención de dañar a Harry puede lastimarlo ahí, y Voldemort no puede atravesar las barreras. Harry debe de estar ahí para recargarlas cada verano para que podamos enviarlo ahí en caso de una emergencia. –Y ahí Albus extendió sus brazos–. Si sabes de otra manera de mantener al joven Harry a salvo, estoy feliz de escucharla.
Minerva se rindió y se sentó. Por supuesto que no sabía de otra cosa… no sin tener que pedir muchos favores para dejar que Harry se quedara en Hogwarts durante el verano, y eso sería difícil. Además, Albus podía pensar a largo tiempo mejor que ella. La pregunta era si la protección valía la pena, y… pues… Quien-No-Debe-Ser-Nombrado estuvo en el castillo solo dos semanas antes.
–De acuerdo, Albus –dijo ella–. Continuaré confiando en tu juicio sobre cómo mantener a Harry a salvo, por ahora. Pero no continuaré ignorándolo en esa casa, algo de lo que ambos hemos sido culpables durante los últimos once años. Le pedí a la señorita Granger que me informe si siente que el niño está en peligro, y lo visitaré en persona si lo hace… y quizás si no.
Le agradó ver que Albus asintió.
–Por supuesto, Minerva –dijo–. Creo que eso es justo. Y por favor, infórmame si sabes de algo más.
–Lo haré.
Daniel Granger respiró profundamente.
–Necesito otra bebida.
Septima le sirvió otro shot de whiskey de fuego, el cual los Granger adultos describieron con sabor a "scotch con salsa y pólvora". Fue una muestra de lo seria que era la situación cuando Vector recomendó el whiskey de fuego cuando compró la cena para la familia en un cuarto privado en el Caldero Chorreante.
Dan se tomó el shot de golpe y lo siguió con un trago de agua. Emma estaba recargada sobre el hombro de su esposo mientras Hermione sostenía su mano libre.
–Veamos –dijo Dan con molestia–, su profesor de Defensa estaba poseído por el espíritu de un mago tan malo que temen decir su nombre. Dejó que un troll entrara en el castillo en Halloween como una distracción para intentar robar la piedra filosofal y que este mago oscuro volviera a la vida. Después, más recientemente, lo intentó de nuevo, y usted, Hermione, y sus amigos intentaron detenerlo… y entiendo que intentó alejar a los niños del peligro… pero el incidente terminó con su amigo siendo atacado y el maestro… –dudó si repetirlo enfrente de su hija–... murió enfrente de ellos. ¿Me olvidé de algo?
–No –dijo Hermione con voz baja–. Creo que lo dijiste todo. –Había algo que no les había dicho, más que nada porque no estaba segura: era posible que Voldemort intentó poseerla (o a Ron), pero no pudo por la protección en Harry. Eso explicaría por qué su piel se sintió caliente por un momento. No estaba segura de creerlo, y ciertamente no quería, así que no lo mencionó.
–¿Quiere decirnos de nuevo por qué deberíamos de confiar en su escuela para mantener a salvo a nuestra hija? –Dijo su padre.
Septima se lamió sus labios secos y bajó la mirada a la mesa por un momento.
–Simplemente, el historial de seguridad en Hogwarts aún es muy bueno, a pesar del incidente –explicó–. Les dije después de Halloween que este tipo de situaciones son muy extrañas, y aún lo creo.
–Sin embargo, cuando les dije que la historia de Hogwarts demuestra una excelente seguridad, admito que no les dije todo. Lo que no mencioné antes es que cosas malas suelen ocurrir a los profesores de Defensa Contra las Artes Oscuras. No está relacionado con la clase, y nunca había afectado antes a los estudiantes, pero se cree que Quien-Ustedes-Saben colocó una maldición en el puesto para debilitar a sus enemigos. Ningún profesor de Defensa ha logrado enseñar por más de un año desde que yo era estudiante. Siempre parecen estar involucrados en algún tipo de escándalo, o se lastiman, o tienen que dejar el país repentinamente, o son tan incompetentes que son despedidos. Algunos han muerto, aunque este incidente es el primer asesinato en los terrenos. Hubo algunas muertes por la guerra durante unos veranos, y otras fueron accidentes o enfermedades… La epidemia de viruela de dragón de 1979 se llevó a dos, de hecho.
–Les digo esto porque espero que puedan comprender que a pesar de estos problemas, los estudiantes de Hogwarts han estado a salvo. Este año es el primero desde que comencé a dar clases en el que estudiantes estuvieron en grave peligro por algo que no fuera su propia estupidez. Además, el director Dumbledore hará lo posible de ahora en adelante para asegurarse que personas poseídas no puedan entrar al castillo.
Dan y Emma observaron a Septima con seriedad.
–Tendrá que disculparnos por no sentirnos tan seguros de eso sin antes ver resultados –respondió Dan–. Después de todo, nos dijo que lo del troll fue un incidente aislado.
–Entiendo su preocupación –respondió–. Sin tener familia, sólo puedo decir que no tengo ningún problema en continuar trabajando en Hogwarts, a pesar de lo ocurrido.
–Apreciamos su opinión, profesora –dijo Emma–. Pero por favor entienda que es una decisión difícil para nosotros… Ahora, Hermione, ¿qué tienes que decir tú sobre todo esto? –Preguntó a su hija con una mirada seria que la hizo pensar que preferiría enfrentarse de nuevo a la reina blanca de McGonagall.
–¿Qué? –Dijo nerviosa–. Yo… yo sólo estaba haciendo lo que tenía que hacer.
–Entiendo que sentiste que debías de ayudar a tus amigos, ¿pero deambular de ese modo en medio de la noche en verdad era la mejor manera de hacerlo?
–Mamá, lo intenté. Harry no nos dio una mejor opción.
–Sra. Granger, por favor no sea muy dura con Hermione –interrumpió Septima–. Ha pasado por algo muy difícil, y… honestamente, su hija es una heroína. Salvó la vida de su amigo tres veces esa noche… nada sencillo, aún si su amigo no hubiera sido Harry Potter. Y es posible que también nos ayudó a detener a Quien-No-Debe-Ser-Nombrado de regresar al poder y prevenir una guerra que hubiera devastado al mundo mágico. Intentó actuar de manera responsable en todo momento. Considero que su única decisión cuestionable fue bajar a encontrarnos en lugar de regresar a su dormitorio, pero eso hubiera ayudado a Quirrell a robar la piedra.
Emma guardó silencio por un momento y se limpió unas lágrimas.
–Lo siento, Hermione –dijo ella–. Es sólo que es difícil ver a nuestra pequeña… involucrada en algo así. Te enviamos a la escuela a aprender magia, y terminas salvando a tus amigos de magos malvados.
Hermione soltó un sollozo y abrazó a su madre con fuerza. Dan colocó un brazo alrededor de ambas.
Finalmente, Emma se soltó e intentó sin éxito aplacar el cabello de su hija.
–Mira… estamos orgullosos de ti. En verdad. Suena a que hiciste un gran trabajo… Pero, ¿en verdad nos estás diciendo que quieres regresar a Hogwarts después de todo lo que ha ocurrido?
–Sí, mamá.
–Pero…
–Mamá, un amigo mío me dijo que no puedo dejar que el miedo y el dolor me separen de lo que más quiero. Quiero a mis amigos, y me gusta Hogwarts… me encanta cuando no hay un psicópata involucrado. Este año ha sido el mejor año de mi vida. Por favor, no me hagan comenzar de nuevo en una escuela diferente.
Emma se cubrió su rostro con una mano.
–Oh, Hermione… ¿cuándo creciste?
–Creo que fue hace unos cuatro años, y no quisimos admitirlo –dijo Dan con una sonrisa débil–. Hermione, no tenemos que decidir nada aún. De hecho, profesora, ¿cuál es la fecha límite para decidir a dónde irá?
–Normalmente tienen hasta finales de julio, aunque bajo circunstancias extraordinarias, una transferencia pudiera ocurrir incluso durante la semana antes de que comiencen las clases.
–De acuerdo, tomaremos una decisión antes de que termine julio –dijo Dan–. Y sé que nos hubiera gustado verla bajo mejores circunstancias, pero significa mucho para nosotros que viniera a vernos y a explicar las cosas.
–Sí, y gracias también por la cena –agregó Emma.
–No fue ninguna molestia, Sr. y Sra. Granger. A veces creo que un enfoque más directo beneficia más a nuestros estudiantes. Ahora, se hace tarde, y sé que tienen que, cómo se dice, ¿manejar a casa? Hermione, espero verte de nuevo en septiembre.
–Haré lo que pueda, profesora –respondió.
Dan y Emma intercambiaron una mirada. No tenemos opción, ¿verdad?
–Buenas noches, profesora –dijo Dan estrechando la mano de Septima.
–Buenas noches.
Se despidieron y los Granger subieron a su automóvil para el viaje de regreso a Crawley. En el camino, Hermione esperó un tiempo hasta que sintió que era seguro mencionar su otra noticia.
–Mamá, papá, ¿saben cómo esa carta decía que no tengo permitido usar magia fuera de la escuela? –Preguntó.
–Sí –dijeron sus padres con cautela.
–Pues, hablé con la profesora McGonagall, y resulta que no es completamente cierto…
Harry Potter exploró su cuarto, buscando un buen lugar dónde esconder sus libros de la escuela. El tío Vernon había encerrado su baúl, el cual contenía sus libros, túnicas, varita, caldero, escoba, y hechizos en runas, en la alacena debajo de las escaleras al momento en que llegaron a casa. Todos los hechizos que había esperado usar para lograr concesiones de sus parientes estaban ahí… casi todos. Por suerte, había anticipado esa posibilidad y conservó un trozo de madera con runas latinas en su bolsillo.
Después de inspeccionar con cautela, encontró una tabla en el suelo debajo de su cama que revelaba un espacio lo suficiente grande para guardar sus libros. Después, sólo tuvo que esperar. Unos días después, cuando el tío Vernon, la tía Petunia, y Dudley estaban en el jardín, Harry bajó las escaleras, sacó el trozo de madera de su bolsillo, lo colocó contra la puerta de la alacena, y susurró: Alohomora.
El hechizo fue liberado de las runas y la cerradura se abrió. Harry sonrió son satisfacción. Lo más rápido que pudo, tomó sus libros de texto, tinta, plumas, y pergamino, y el resto de pedazos de madera en los que había tallado runas, y los llevó arriba. No tenía muchos de esos hechizos a la mano, pero esperaba que fueran suficientes. Dejó su varita (no podía usarla de cualquier modo), aunque esperaba no arrepentirse de esa decisión.
El problema era Hedwig. Había sido encerrada bajo candado en su jaula para prevenir que Harry enviara cartas a sus amigos. Sólo tenía dos Alohomora más (debió de hacer más), y sospechaba que necesitaría uno para sacar sus cosas antes de regresar a Hogwarts. Eso significaba que podía dejarla salir una sola vez durante la noche, pero sería encerrada de nuevo en cuanto el tío Vernon se enterara. Odiaba verla encerrada en su jaula, pero decidió que sólo utilizaría ese hechizo en caso de emergencia.
Oh bueno, por lo menos sus parientes estaban muy asustados para intentar algo. Y podía hacer su tarea.
–Y lo único que tienes que hacer es sostener el círculo de runas y decir el nombre del hechizo… en teoría.
–¿En teoría? –Preguntó Emma Granger un poco nerviosa.
–Bueno, no estoy segura si ustedes pueden hacerlo –respondió su hija–. Algunos objetos mágicos funcionan para los muggles y otros no.
–Oh… de acuerdo, pero no va a, tú sabes, ¿explotar o algo así?
–No tienen porque. Lo peor que puede pasar es que se nos devuelva, pero es un encantamiento levitatorio así que no sería un problema.
Hermione tuvo que presentar sus exámenes tres días después de regresar a casa, lo cual fue un desafío pero algo que pudo manejar. Ahora, sólo tenía su tarea de vacaciones por la cual preocuparse mientras esperaba los resultados que recibiría en agosto. Con su tiempo libre, comenzó a mostrarles a sus padres la magia limitada que podía hacer en casa. Pero eso, pensó, era la prueba más interesante: si sus padres podían realizar hechizos con el uso de runas.
Su madre lucía nerviosa mientras sostenía el pedazo de madera cuadrado con un círculo de runas talladas, pero estaba dispuesta a intentarlo. Lo agitó en dirección a un libro pequeño sobre la mesa y dijo:
–Wingardium Leviosa.
El libro saltó y permaneció en el aire, siguiendo el movimiento de su mano. Emma estaba tan sorprendida que casi soltó la madera.
–¡Funcionó! ¡Funcionó! –Gritó con entusiasmo como una niña pequeña.
–¡Lo hiciste, mamá! ¡Hiciste magia! –Dijo Hermione y ambas comenzaron a reír.
–¡Excelente, Hermione! –Dijo su madre besando su cabeza.
–Bueno, nunca creí ver el día –dijo su padre mientras observaba–. ¿Cuántas más tienes?
–Unas cuantas –dijo Hermione y sacó otra madera para que él lo intentara.
–Tía Petunia… tengo una pregunta para ti.
La respuesta fue justo lo que Harry esperaba: se dio la vuelta en la cocina y le lanzó una mirada molesta. Harry había esperado por un momento en el que su tío Vernon estuviera en el trabajo y Dudley estuviera con sus amigos para hablar con su tía, pero estaba rompiendo una de las reglas más importantes en el número 4 de Privet Drive: no hagas preguntas.
–Sólo una pregunta –agregó mientras su tía Petunia parecía estar a punto de mandarlo lejos.
Ella lo observó con molestia por un largo momento.
–Suéltala ya, muchacho.
–¿Mi mamá alguna vez mencionó que había una guerra en su mundo?
El color desapareció del rostro de la tía Petunia tan rápido que no pudo ser saludable. Se recargó en uno de los muebles.
–¿Qu...qué? –Dijo con miedo.
–¿Mi mamá alguna vez te dijo o a tus padres que había una guerra en su mundo? ¿Qué muchas personas estaban muriendo? ¿Qué ella era un blanco por su familia "normal"? ¿Por qué ella y mi papá tuvieron que ocultarse?
–¡Suficiente! –Obligó a sus manos temblorosas a permanecer quietas e hizo lo que pudo por calmarse–. Si debes saberlo, muchacho… no. Lily mencionó que estaban ocurriendo cosas malas… supongo que había lo suficiente para poder adivinar que había una guerra. Pero no, nunca supimos lo malo que era hasta que te dejaron en nuestra entrada con nada más que una carta explicando lo que había ocurrido.
–¿Y supongo que nunca te molestaste en preguntarle, verdad?
–¡Suficiente! ¡Vete a tu cuarto!
–Sí, tía Petunia.
Extrañamente, Harry no estaba molesto. Aún si probablemente se quedaría sin almuerzo, había valido la pena. Tenía bastante que pensar. Y tenía que decirle a Hermione una vez pudiera escribirle.
–Tienen que tener cuidado con esto –les advirtió Hermione–. Funciona como ácido hidroclorídrico concentrado sobre la mayoría de las cosas. No habrá problema en las tuberías, pero hay que asegurarse de dejarlo ir con mucha agua.
–¿Y dejan que niños de once años lo usen? –Preguntó Dan.
–Aunque no lo creas, es más seguro que dejar que magos y brujas sin entrenamiento acerquen sus varitas a las pociones.
Habían tenido que hacer un viaje especial al callejón Diagon para comprar ingredientes de pociones para poder trabajar en casa. Sólo había unas cuantas pociones que podían hacer sin el uso de varitas (Hermione deseaba haber pensado hacer algunas runas con hechizos para hacer pociones), ¿pero por qué desperdiciar la oportunidad? Las pocas que podían hacer de ese modo eran similares a experimentos químicos o a cocinas, a pesar de los ingredientes extraños, y su mamá estaba entusiasmada por intentarlo después de las demostraciones con las runas.
Siguiendo las indicaciones de Hermione, Emma agregó la secreción de bundimun con cuidado al caldero que estaba hirviendo a fuego lento en la estufa, trituró los colmillos de serpiente, hirvió las babosas cornudas, y así, todo utilizando el kit para hacer pociones de Hermione para evitar suciedad mágica en los utensilios de la cocina.
–Bien. Ahora, apaga el fuego antes de agregar las púas de puercoespín. Neville se equivocó ahí y… no terminó bien.
–De acuerdo. Estufa apagada… –Agregó las púas de puercoespín lentamente y estas se disolvieron en la mezcla.
–Es tan extraño ver cosas disolverse que normalmente no deberían –exclamó Emma. Hermione sólo sacudió los hombros. Para entonces era bastante normal para ella. No pasó mucho tiempo antes de que llegaran al último paso.
–Bien, bien –dijo Hermione–. Ahora, mezcla el puré de moras azules. Eso neutraliza los efectos corrosivos.
–Si tú lo dices.
La poción se volvió espesa mientras Emma la mezclaba y tomó un color azul claro, un poco más gris que el cielo en un día soleado, justo el color que el libro de texto decía que tenía que ser.
–¿Eso quiere decir que lo hice bien?
–Sí… Bien, Sra. Granger –Hermione imitó el tono acerbo de Snape–. Supongo que superó las expectativas en su trabajo.
–¿En verdad es así todo el tiempo?
–Desafortunadamente, sí. No creo que le guste enseñar… o los niños.
–¿Y por qué da clases a adolescentes? –Preguntó Dan.
–Quisiera saberlo. De cualquier modo, tenemos que tener cuidado limpiando. Cosas malas pueden ocurrir si los ingredientes son contaminados.
Querida profesora McGonagall:
Estoy preocupada por Harry. Ha sido un mes desde que terminaron las clases y no he recibido ninguna carta suya aun cuando le he escrito tres veces. Ron dice que no ha escuchado de él tampoco. Creo que sus parientes no le permiten escribir. ¿Podría visitarlo y asegurarse que esté bien? Gracias.
Sinceramente,
Hermione Granger
Minerva guardó la nota en su bolsillo mientras caminaba hacia la puerta del número 4 de Privet Drive. Era posible que Harry no tuviera ganas de escribir cartas o estuviera ocupado, pero su instinto le decía que no. Si había una cosa que había notado de ese muchacho era su dedicación a sus amigos. De cualquier modo, llegaría al fondo de todo esto.
Tocó el timbre y un momento después, un niño muy grande de cabello rubio abrió la puerta.
–¿Diga? –Dijo.
–Buenos días. Tú debes ser Dudley –dijo ella–. Me gustaría hablar con Harry Potter.
Dudley Dursley le lanzó una mirada aterrorizada y salió corriendo.
–¡Mamá! ¡Papá!
Minerva suspiró. Tenía el presentimiento de que necesitaría un trago o dos después de esa visita.
Un minuto después, una mujer de rostro de forma de caballo y su esposo con bastante sobrepeso llegaron a la puerta.
–¡Usted! –Soltó la mujer–. ¿Qué está haciendo usted aquí?
–Tan amable como siempre, ¿no es así, Petunia? Estoy visitando a Harry. Quisiera verlo lo antes posible, por favor.
–¿Y qué le da el derecho…? –Gruñó Vernon Dursley.
–Vernon, por favor, es una de ellos –susurró Petunia jalando su camisa.
–No permitiré que otro más entre a mi casa.
–Vernon, no puedes deshacerte de ella –insistió Petunia–. No aceptan un no por respuesta. Es lo mismo que esas malditas cartas.
Vernon palideció mientras recordaba la entrada dramática de Hagrid el año anterior.
–De acuerdo –gruñó–. Pero que sea rápido–. Caminó con fuerza hacia las escaleras–. ¡Muchacho! ¡Baja!
Se escuchó el ruido de un golpe y alguien apresurándose y pronto Harry Potter se encontraba en el vestíbulo.
–¡Profesora! –Dijo con sorpresa mientras corría a la puerta–. ¿Qué ocurre? ¿Hay algún problema?
–Sólo si hay algún problema aquí, Sr. Potter –dijo Minerva con gentileza–. Tus amigos están preocupados por ti. No han escuchado de ti todo el verano.
–Pues, el tío Vernon no ha dejado salir a Hedwig… pero no importa. Ron y Hermione no me han enviado cartas de todos modos –dijo con tristeza.
–¿Qué? Eso no es cierto, Sr. Potter. La señorita Granger me informó que te escribió tres veces. ¿Estás diciendo que no recibiste ninguna de sus cartas?
–No, no he sabido nada de nadie.
Minerva se dirigió a los Dursley.
–¿Han estado bloqueando el correo de Harry… de nuevo? –Agregó con una buena idea de lo que había ocurrido el año anterior.
Pero Vernon sacudió la cabeza.
–No hemos visto ninguna lechuza además de la suya. No es nuestra culpa si no pueden llegar aquí. –Y gruñó y murmuró algo sobre disgusto por "monstruos" enviando cartas por lechuza.
–¿Y el correo regular? –Continuó–. Uno de los amigos de Harry ha estado escribiendo por su sistema de correo.
–Nada ha llegado para Harry –insistió Petunia–. ¿Cree que no aprendimos nuestra lección después del año pasado?
Minerva frunció el ceño. No estaba convencida, pero no había razón para que las lechuzas no llegaran. Sacó su varita.
Dudley gritó y saltó atrás con sus manos cubriendo su enorme trasero. Petunia también dio un paso atrás, pero Vernon gritó:
–¡Espere un momento! ¡No permitiré que haga… eso… en mi casa!
–Haré lo que yo quiera, Sr. Dursley, muchas gracias –respondió–. Y si su correo está siendo interceptado, creo sería de interés para ustedes también. –Agitó su varita alrededor y murmuró unos cuantos encantamientos, buscando hechizos o barreras que pudieran interferir con el correo, pero sólo encontró las barreras de sangre de Albus–. Mm… que extraño –dijo mientras los Dursley balbuceaban–. No sé porque tu correo no ha sido entregado, Potter, pero considero que tu lechuza será capaz de enviar y traer cartas, y por lo menos podrás contactar a tus amigos. –Después se dirigió a los Dursley–. No es saludable que una lechuza permanezca tanto tiempo encerrada, y su correspondencia no causará muchos problemas, así que les pido que le permitan salir.
Vernon parecía listo para gritar de nuevo, pero Petunia logró controlarlo.
–De acuerdo. Pero más vale que no haya problemas. ¿Hay algo más?
–Eso depende de Harry, Sr. Dursley. Sr. Potter, ¿ha habido algún otro problema?
–No –dijo después de pensarlo–. Todo está bien.
Minerva lo miró seriamente.
–De acuerdo. No dudes en escribirme si necesitas algo. Tengan un buen día.
El tío Vernon continuó gruñendo después de que se fue la profesora, pero pronto subió las escaleras para abrir la cerradura de la jaula de Hedwig, murmurando sobre "monstruos entrometidos y buenos para nada" todo el camino.
–Y más vale que sólo la dejes salir en la noche, cuando nadie la pueda ver –advirtió a Harry.
Harry sólo sonrió cuando lo dejaron solo en su cuarto. Acarició a una Hedwig entusiasmada intentando tranquilizarla y comenzó sus cartas para Ron y Hermione.
Una semana después llegó el cumpleaños de Harry. Hedwig había salido esa noche, y él esperaba recibir regalos de Ron y Hermione. Por otra parte, Harry estaba siendo completamente ignorado, como siempre. Esperaban que no fuera visto o escuchado mientras los Dursley entretenían a unos clientes importantes del tío Vernon. Eso estaba bien para él. No le importaban esas cenas elegantes y poco sinceras de todos modos. Mientras subía a su cuarto, supuso que pasaría una noche tranquila leyendo. Sólo hubo una complicación.
Había un elfo doméstico parado en su cama.
Harry agradeció a Merlín que Hermione le había presentado a los elfos en la escuela o probablemente hubiera gritado y arruinado todo en ese momento. Pero no era un elfo de Hogwarts. Estaba más sucio, sus muñecas estaban vendadas, tenía unas cuantas cicatrices en su cara, y parecía estar usando la funda de una almohada en lugar de una toalla. Su nariz era muy larga y sus ojos eran del mismo tono verde que el de una pelota de tenis.
–Este… hola –dijo Harry azorado.
El elfo saltó de la cama e hizo una reverencia tan baja que su nariz tocó el suelo.
–Harry Potter –dijo la criatura con una voz tan aguda que Harry estaba seguro de que se había oído en el piso de abajo–, hace mucho tiempo que Dobby quería conocerlo, señor… Es un gran honor…
–Gr...Gracias… eh… Dobby –respondió Harry–. ¿Por qué estás en mi cuarto?
–Dobby tiene un mensaje para usted, señor… es difícil, señor… –El elfo comenzó a jalar sus orejas.
–Mira, Dobby –susurró Harry–, es un placer conocerte, pero este no es un buen momento. Puedes, por lo menos, ¿hablar un poco más rápido?
Dobby parecía decepcionado.
–Sí, señor. Dobby ha venido a dar una advertencia a Harry Potter, señor. Sus amos no deben saberlo, pero Dobby debe advertirle, señor… Harry Potter no debe regresar a Hogwarts.
Hubo silencio, sólo roto por el tintineo de tenedores y cuchillos que venía del piso inferior, y el distante rumor de la voz de tío Vernon.
–¿Qué-qué? –Tartamudeó Harry–. Pero sí tengo que regresar. No sabes lo que es vivir aquí. Los únicos amigos que tengo están en Hogwarts. Además, Hermione dice que es muy tarde para cambiar de escuelas este año. –Para su alegría, Hermione había logrado convencer sus padres de regresar a Hogwarts en septiembre.
–No, no, no –chilló Dobby, sacudiendo la cabeza con tanta fuerza que se daba golpes con las orejas–. No es tarde para Harry Potter, señor. Harry Potter es famoso. Cualquier escuela le dará clases. Debe ir a otra escuela, donde este a salvo. Es demasiado importante, demasiado bueno, para que lo perdamos. Si Harry Potter vuelve a Hogwarts, estará en peligro mortal.
–¿Por qué? –preguntó Harry sorprendido.
–Hay una conspiración, Harry Potter. Una conspiración para hacer que este año sucedan las cosas más terribles en el Colegio Hogwarts de Magia –susurró Dobby, sintiendo un temblor repentino por todo el cuerpo–. Hace meses que Dobby lo sabe, señor. Harry Potter no debe exponerse al peligro: ¡es demasiado importante, señor!
–¿Qué cosas terribles? –Preguntó inmediatamente Harry–. ¿Quién las está tramando?
Dobby hizo un extraño ruido ahogado y acto seguido se empezó a golpear la cabeza furiosamente contra la pared.
–¡Dobby malo! ¡Dobby malo! –gritó.
Harry corrió y alejó al elfo de la pared.
–¡Detente! ¿Qué estás haciendo? –Siseó. Lo obligó a sentarse en la cama.
Dobby miró a Harry con ojos cruzados.
–Dobby tenía que castigarse, señor. Dobby casi reveló los secretos de su familia, señor.
–¿Castigarte?
–Sí, Harry Potter, señor. Dobby siempre tiene que castigarse, señor. A veces, su familia le recuerda que necesita castigos adicionales. Si supieran que Dobby está aquí, señor… –tembló como si estuviera a punto de correr a la pared de nuevo.
–Pero eso es horrible –dijo Harry–. Los elfos de Hogwarts nunca hacen eso…
Los ojos de Dobby se abrieron ampliamente.
–¿Conoce a los elfos de Hogwarts, señor?
–Sí, a mi amiga Hermione le gusta visitarlos. Son muy amables…
Para el horror de Harry, Dobby comenzó a sollozar con fuerza.
–¡Lo siento! –Siseó. Creyó que había escuchado las voces de abajo detenerse–. Por favor, baja la voz. No quise ofenderte.
–¿Ofender a Dobby? –Se atragantó el elfo–. Dobby había escuchado de la grandeza de Harry Potter, señor, pero nunca de su bondad. Harry Potter es amigo incluso de los elfos domésticos.
–No soy así… las historias exageran –dijo–. Hermione es mejor haciendo magia… Pero Dobby… ¿todas las familias mágicas tratan así a sus elfos? ¿Qué no hay reglas?
Dobby comenzó a jalar sus orejas de nuevo.
–Los elfos son propiedad, unidos a sus familias, señor –lloró–. Cada familia controla a su elfo como cree mejor.
–¿Y cuál es tu familia?
El elfo tembló y saltó para golpearse de nuevo contra la pared. Harry actuó con rapidez y lo jaló de vuelta.
–¡Detente! No pueden saber que estás aquí. –Señaló al suelo–. Mira, quizás deberías de ir a ver a mi amiga. Su nombre es Hermione Granger. Creo que vive en Crawley… espera, tengo su dirección. –Corrió a su cajón de calcetines y sacó la carta más reciente de Hermione. Mostró a Dobby la dirección del remitente–. Mira, aquí vive. Ella sabe mucho más sobre los elfos que yo. Quizás pueda ayudarte.
Un momento después, Harry deseó no haber abierto su boca ya que Dobby comenzó a sollozar en agradecimiento. En verdad estaba en mal estado comparado con los elfos de Hogwarts.
–Por favor, baja la voz –le rogó–. Estaré en problemas si los Dursley escuchan algo. Mira, lo siento, pero no puedes estar aquí hoy. Hermione te podrá ayudar mejor, probablemente también con lo del peligro mortal.
Dobby dejó de llorar y se sentó muy tieso, sus ojos verdes casi saliendo de su rostro.
–Oh, no, señor –chilló–. El peligro es muy grande para Harry Potter, señor, y sus amigos. Dobby ha escuchado de sus heroísmos, pero es peligro es muy grande. Harry Potter no puede regresar a Hogwarts.
–Pero no puedo dejar a mis amigos… –miró de nuevo al sobre en su mano–. Espera un momento. ¿Tú eres quien estaba deteniendo mis cartas?
Dobby bajó la mirada hacia sus pies sucios y descalzos.
–Harry Potter no debe enojarse con Dobby –dijo el elfo–. Dobby pensó que si los amigos de Harry Potter lo olvidaban… Dobby intentó detener el correo de Harry Potter, señor, pero sus amigos se preocuparon por él y le dijeron a la profesora que lo visitara.
–¿Lo ves? Tengo buenos amigos en Hogwarts. Hermione salvó mi vida el año pasado. No voy a dejar que se enfrenten al peligro mortal solos. Además, Dumbledore dijo que incrementará la seguridad. Nada se le escapará.
–Albus Dumbledore es el mejor director que ha tenido Hogwarts. Dobby lo sabe, señor. Dobby ha oído que los poderes de Dumbledore rivalizan con los de El-que-no-debe-ser-nombrado. Pero, señor –la voz de Dobby se transformó en un apresurado susurro–, hay poderes que Dumbledore no… poderes que ningún mago honesto…
Y antes de que Harry pudiera detenerlo, Dobby saltó de la cama, cogió la lámpara de la mesa de Harry y empezó a golpearse con ella en la cabeza lanzando unos alaridos que destrozaban los tímpanos. Y todo fue cuesta abajo desde ese momento. Harry logró meter a Dobby al closet por el tiempo suficiente para recibir la reprimenda del tío Vernon, pero tan pronto como él se había ido del cuarto Dobby comenzó a advertirle que no podía regresar a Hogwarts, y cuando se rehusó a escucharlo, el elfo corrió abajo y arruinó el preciado pudín de su tía Petunia y desapareció. Después, una lechuza entró y soltó una carta sobre la cabeza de la Sra. Mason, quien resultó sufrir de fobia a las aves, y lo peor, la carta era una advertencia del Ministerio de magia sobre su uso de magia fuera de la escuela. Su mentira fue descubierta y él no había hecho nada.
El tío Vernon estaba más que furioso cuando vio la carta. Y sí, tenía un brillo demente en los ojos como el de un gato gordo que acababa de acorralar a un ratón, y comenzó a reír como un maniaco.
–Bueno, muchacho, ¿sabes qué te digo? Te voy a encerrar… Nunca regresarás a ese colegio… Ahuyentaremos a esa maldita ave lejos de la casa, y les diremos a esos fenómenos de tu escuela que te escapaste. Y no puedes usar magia para salir, ¡o te expulsarán!
Harry sabía que había sido descubierto. Sólo tenía una última oportunidad para asustarlos ahora. Su mano se dirigió a su bolsillo y sacó un pedazo de madera que había guardado para una emergencia.
–¿No puedo? –Dijo amenazantemente. Sostuvo las runas enfrente del tío Vernon–. ¡Flipendo! –Gritó.
Nada ocurrió.
–Demonios.
Hermione le había advertido que era posible que no mantuviera la carga por tanto tiempo. Desafortunadamente, esa jugada le había conseguido un fuerte golpe en el estómago, y el tío Vernon lo alzó y lo lanzó dentro de su cuarto en lugar de sólo jalarlo. Un candado fue a la ventana para mantener a Hedwig fuera, la puerta del cuarto fue cerrada con llave por fuera.
Harry permaneció despierto por mucho tiempo esa noche, esperando a que los Dursley estuvieran dormidos. Después, levantó la tabla del piso y encontró los dos encantamientos para abrir cerraduras que había guardado. Había la posibilidad de que esos aún no habían perdido la carga. Si alguno funcionaba, podría salir de su cuarto e ir a algún lugar dónde pudiera pedir ayuda, quizás interceptar a Hedwig cuando regresara.
–Alohomora. Alohomora.
No tuvo suerte. Ambos círculos de runas habían perdido su carga. Estaba atrapado.
