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Capitulo XXIV –

マジック、ダンス、そして夢

Magia, Danza y Sueños.

Parte II

"El amor, como ciego que es, impide a los amantes ver las divertidas tonterías que cometen" - William Shakespeare


Sus pisadas resonaban gracia a la nieve en el suelo, todo lo que los rodeaba eran rocas y enormes árboles. El sonido de pequeñas aves se dejaba escuchar, escondiéndose en sus nidos al caer la noche.

Caminaban todos juntos, iluminados por lo faroles de manos que algunos gitanos llevaban con ellos. Cada que el sonido de cadentes apareciendo llegaba a sus oídos, tomaban otro rumbo para esquivarlos y evitar un desafortunado encuentro.

Yuuri no temía enfrentarlos, desde que porto la máscara de Shade lo ha hecho sin miedo a salir herido pero, esta vez, no se trataba de cinco o seis personas las que estaría protegiendo, se trataba de más de cincuenta y no estaba muy convencido de poder controlar su poder ni de que podría contra cada cadente que naciera y los atacara.

Quizás trascurrieron más de treinta minutos o quizás fue más tiempo pero, tras algún tiempo de caminar por el bosque, pudo divisar a lo lejos pequeñas luces, que se hicieron más grande conforme se acercaron.

Noto como entre los árboles se escuchaban extraños sonidos y supo de inmediato que los estaban vigilando. Cuando salieron de inmenso bosque, noto que varios gitanos estaban distribuidos en diferentes direcciones que, al ver a su jefe, solo asintieron, sacando una pequeña pistola que levantaron y dispararon, de donde salió un señal luminosa, como indicando que quienes se acercaban no eran enemigos.

Tal hecho se repitió cada cantidad de metros que recorrían hasta que, a lo lejos pudo ver una enorme roca, tan alta como el castillo de Nueva Hasetsu, varias aberturas en ella simulaban pequeñas ventanas de donde los gitanos que hacían guardia los observaban. Una enorme puerta de roble era la entrada, siendo custodiada por dos gitanos que, al ver a su jefe y sus hombres acercándose indicaron con su mano que abrieran la puerta.

– Wow, esto es… – dijo Yuuri impresionado por lo que veía.

– ¿Impresionado? – pregunto Wesh.

– Si, es que, nunca había visto algo igual.

– Es extraño que tú, siendo quien eres, diga eso.

– Bueno, siempre hay cosas en este mundo que aún pueden sorprenderme.

El jefe de los gitanos rio.

– ¿Son faros? – pregunto al ver los enormes paneles que estaban posicionados en diferentes lugares de la roca y el lugar.

– Por supuesto, ¿Cómo crees que ahuyentamos a los cadentes?

Tras ese comentario no contesto.

Una vez todos pasaron por las enormes puertas, estas volvieron a cerrarse y lo que vio, lo maravillo por completo.

El interior del lugar era enorme, cientos de personas se encontraban yendo y viniendo, había tiendas que simulaban casas, había un pequeño arroyo que, por lo que podía intuir, provenía de lo alto de la montaña y desembocaba en algún lugar del bosque que habían atravesado. Conejos, gallinas, gallos y borregos se encontraban en corrales, siendo criados por los gitanos.

Algunas mujeres tejían hermosos telares mientras enseñaban ese arte a los niños. La música se escuchaba por todo el lugar, siendo creada por hombres y mujeres que tocaban los instrumentos de forma magistral. En otra sección, algunos hombres practicaban con sus espadas y reían entre ellos.

Uno a uno bajaron los escalones de las enormes escaleras hasta que, sus pies tocaron el suelo, notaron que miles de ojos se habían posado sobre de ellos.

– Mmm… ¿Seguro que confías en ellos? – murmuro Víctor.

– No creo que quieran matar al hombre que salvo a la hija y mujer de su jefe.

– Pero si al hijo del rey que no los protegió.

– Ellos dijeron que te querían vivo para pedir recompensa, no creo que te maten – le contesto con algo de duda.

Víctor no le contesto pero el gesto de duda seguía en su rostro.

- Ya lo hubieran hecho – hablo nuevamente Yuuri – si quisieran matarte o, matarnos, no nos hubieran traído hasta aquí.

- ¿Quizás quieran sacrificarnos?

Yuuri entrecerró sus ojos.

- Vale, quizás exagero.

Haciendo que Yuuri sonriera.

- ¿Sabes?, algo que me llamo la atención al entrar es que, en el exterior poseen faros para ahuyentar a los cadentes pero en el interior…

- No hay ninguno – concluyo Yuuri.

- Mmm…

- Es por que este lugar es un santuario – señalando los extraños símbolos dibujados en varios lugares de la enorme cueva.

Yuuri nunca había visto uno, solo los conocía por los viejos libros donde hacían mención de los mismos. Lugares de antaño donde los antiguos oradores, mucho antes de que la plaga cayera en el mundo, adoraban a los sidereos además de servir como refugio cuando quedaban varados en algún lugar remoto. Actualmente no existen muchos de ellos, ya que la mayoría fueron destruidos por la plaga pero, si tenías la fortuna de encontrarte con uno, este te mantendría a salvo de los cadentes puesto que se consideraba un lugar santo y bendecido por los viejos dioses.

- Ahora todo tiene sentido, los gitanos se protegen de los cadentes al apoderarse de ellos.

- Eso parece.

Todos se detuvieron cuando la música callo, las personas a su alrededor pararon sus actividades y su jefe, quien se colocó cerca del pequeño arrollo, hablo.

– Pueblo mío – todos dirigieron su vista al jefe – esta noche tenemos invitados de honor – regresaron a ver a Víctor y Yuuri – todos saben que hace un tiempo, mi esposa e hija, fueron víctimas de un ataque cadente, todos llegamos a pensar lo peor, incluso preparamos los ritos funerarios para despedirles.

Todos asintieron a sus palabras.

– Pero, gracias a los dioses, mi esposa e hija, regresaron sin un rasguño.

Las personas gritaron emocionados por ello.

Su jefe levanto sus manos y callaron.

– Por palabras de mi pequeña hija, supimos que el infame ladrón, Glass Shade, había sido quien les salvo la vida durante el ataque – su gente asintió – todos saben que hice un juramento, si me encontraba con él, le agradecería… Y mi pueblo estaría a mi lado para hacerlo.

Nadie dijo nada.

– Es por ello, que esta noche, como lo jure, he traído conmigo al hombre que salvo a mi familia – levanto su mano y señalo a Yuuri – el ladrón Shade, esta entre nosotros.

Los susurros comenzaron a expandirse entre el pueblo el gitano, haciendo que los nervios comenzaran a recorrer a Yuuri. Tuvo la intención de dar un paso a tras pero una mano le empujó hacia delante, haciendo que todos voltearan a verle.

– Yo…

– Muchacho – uno de los gitanos le hablo – el jefe espera.

Yuuri pasó saliva y camino hacia donde estaba Wesh, quien lo recibió con una enorme sonrisa.

– Se lo que piensan pero, creo que si algo he aprendido este día es que, las apariencias pueden engañar – palmeando el hombro del azabache – Glass Shade salvo a mi familia y mi pueblo te agradece.

Yuuri regreso a ver a los gitanos y estos hicieron una breve reverencia en señal de apoyo y agradecimiento.

– ¿Pero por qué tan callados? – Pregunto Wesh – que suene la música, sirvan comida y vino, esta noche tenemos que celebrar.

El pueblo estallo en risas y gritos.

Yuuri respiro profundamente cuando los gitanos comenzaron a dispersarse por el lugar, la música regreso y las risas le acompañaron. Como si buscara su apoyo, dirigió su vista hacia el rostro de Víctor, quien le regalo la más hermosa de las sonrisas.


La música seguía flotando en el aire, las risas y gritos de los gitanos acompañaban el ambiente, las bebidas iban y venían en una fiesta que resulta más divertida de lo que hubiesen pensado, además de descubrir lo amables y compartidos que eran con ellos, dos forasteros que habían perdido a su medio de transporte y habían quedado varados sin poder volver a su lugar de origen.

Ambos se encontraban sentados algo alejados de la multitud, pero no lo suficiente como para perderse la diversión de la cálida fiesta del lugar. Durante unos minutos se entretuvieron con un viejo juego de manos que, para sorpresa de Yuuri, Víctor no sabía de su existencia.

– ¡Piedra, papel o tijeras! – dijeron ambos al unísono.

– ¡Te gane! – Dijo emocionado el azabache – eso hacen, diez a uno.

– Dame un respiro, apenas y conozco este juego.

Yuuri soltó una pequeña risa.

– Aun no logro comprender, ¿Cómo es posible que no conozcas algo tan simple?

– Toda la culpa es de mi padre, no tuve una infancia feliz, al menos no totalmente.

Yuuri hizo una mueca al no comprender.

– Toda mi vida estaba marcada por un itinerario de actividades, lecciones de etiqueta, política, economía, entrenamiento militar aunque, este último era limitado por mis problemas del corazón.

Yuuri bajo la vista al recordar la cicatriz en el pecho de Víctor.

– En resumidas cuentas, mi vida siempre estuvo manejada por mi padre así que, los juegos no eran parte de ese itinerario.

– ¿Y tu madre? – Pregunto – ¿ella lo apoyaba?

Víctor hizo una mueca que le hizo comprender que no era un tema que del que le gustaba hablar.

– Lo siento, no debí preguntar eso.

– No, no te disculpes – dijo con una triste sonrisa – es difícil hablar de ella sin que un sentimiento de tristeza aparezca.

–…

– Pero si puedo decirte que, los momentos más felices de mi vida… Ella estuvo en ellos.

Yuuri lo observo por unos instantes y le devolvió la sonrisa.

– Cambiando de tema – dijo con algo de emoción – ¿Qué se siente ser tan famoso?

– ¿Ha?

– Ya sabes, las mujeres te adoran – haciendo que Yuuri se sonrojara – los noticieros siempre tienen una sección que habla de ti, los guardias quieren capturarte, los ciudadanos te aman u odian e incluso, ahora tienes a todo un pueblo gitano agradecido contigo que incluso monto una gran fiesta en tu nombre.

– No sigas – dándole un golpecito en el hombro – haces que me apene por ello.

– No deberías – índico tomando su mano para apretarla con fuerza – eres alguien especial.

Yuuri se sonrojo furiosamente.

– Todo mundo lo sabe… Yo lo sé, y no hay día que no me alegre de haber conocido a alguien como tú.

– Víctor.

Sus corazones comenzaron a palpitar con fuerza. Sus ojos se conectaron. La distancia entre sus rostros lentamente disminuía. Sus respiraciones se volvieron más agitadas. Se relamieron los labios de forma inconsciente. Lentamente sus ojos comenzaron a cerrarse.

– ¡Víctor!

Ambos se separaron rápidamente, sorprendidos por la repentina aparición de Luminitsa, la pequeña hija del jefe de los gitanos.

– ¡Hey!, ¿Qué sucede? – le contesto aun algo consternado.

– Baila conmigo.

– ¿Qué? – Soltó una pequeña risa por la extraña petición de la pequeña gitana – Lo siento pero, no se bailar.

La pequeña Luminitsa bajo la cabeza.

– ¿Qué no se supone que la danza es parte de las lecciones de la nobleza? – intervino Yuuri.

– Si pero, los bailes gitanos no estaban en el itinerario.

– Eso tiene remedio.

– …

– Luminitsa – la pequeña levanto la vista – mi amigo no conoce los bailes de tu pueblo por ello se negó pero, tu puedes enseñarle ¿verdad?

El rostro de la pequeña se ilumino.

– ¡Sí!

– ¿He? – Víctor regreso a ver a ambos – pero… Yuuri…

– No te preocupes, lo harás bien.

– Pero…

– ¡Vamos Víctor!

Cualquier reclamo que el príncipe quiso hacer, murieron en su garganta ya que las pequeñas manos de la joven gitana lo comenzaron a jalar, haciendo que se levantara de su asiento y siendo arrastrado por ella hacia el lugar donde muchos gitanos bailaban alegremente.

Soltó en varias ocasiones un par de risas, al observar como Víctor trataba de imitar los pasos de la pequeña Gitana hasta que, después de un par de tropiezos domino el baile, siguiendo a los demás gitanos en alegra danza que mantenían en ese momento.

– Sin duda eres un genio – susurro Yuuri con una sonrisa.

– Lo es.

– Si... ¿Ha?

Giro su cabeza hacia la dirección donde había escuchado aquella voz, sobresaltándose al darse cuenta de que se trataba de Jovanka, la bella mujer del jefe de los gitanos.

– Lo siento, ¿te asuste?

– No, que va, solo estaba distraído con…

– Es guapo – dijo volteando a ver a Víctor.

– Este… Si – dijo apenado.

– Mi esposo me conto todo.

– …

– Deben amarse mucho si se escaparon para tener un día para ustedes solos.

– ¿He? – regreso a verla por la impresión de esa declaración.

– Es tu novio, ¿no?

– ¿He? – Elevo su voz al escucharla – No, no, él no es mi novio – se apresuró a negar.

– ¿Tu esposo?

Yuuri negó rápidamente.

– ¿Amigos con derecho?

– El y yo no tenemos esa clase de relación – dijo con nerviosismo.

– ¿No?

– No – respondió sintiéndose un poco acosado por las preguntas de Jovanka.

– Ya – dijo regresando a ver a los gitanos bailando – entonces es un tanto inusual.

– ¿El qué? – pregunto algo intrigado.

– La forma en cómo se miran, no es de amigos exactamente.

– ¿Qué quieres decir?

– No puedo hablar por él – dijo señalando a Víctor – pero… A ti te gusta, ¿verdad?

– Pues, Si, es un gran amigo, por supuesto que me gusta.

Jovanka soltó una pequeña risa.

– No lo digo en ese sentido…

– …

– Hay diferentes tipos de "gustar" lo sabes, ¿no?

Yuuri asintió.

– Te pueden gustar tus amigos, tus pasatiempos o incluso gustar de un dulce específicamente.

Yuuri volvió a asentir.

– También hay gustos… Que giran en torno al amor – ella lo regreso a ver de reojo.

Yuuri frunció el ceño.

Jovanka comenzó a reír.

"Veo que el pobre es algo denso en cuanto a este tema" pensó para sus adentros.

La gitana estaba por continuar cuando los vítores de su pueblo atrajeron su atención, divisando a su esposo en el centro mientras elevaba sus manos.

– Ya, ya… Yo también quiero seguir bebiendo, gritando y bailando – le escucho decir – pero, quiero decir esto antes de que termine más ebrio que una cuba – haciendo reír a todos los presentes – Todos conocen nuestras leyes y costumbres – la mayoría asintió – sobre todo, una de las leyes más importantes por la que nos regimos – aseguro con un ademan de su mano – Cuando un forastero le salva la vida a un gitano, el pueblo adquiere una deuda de vida de debe ser pagada, dicho favor debe ser devuelto en la misma medida.. Vida por vida… – aclaro con un gesto en su rostro que mostraba la seriedad con la que hablaba – Tu salvaste la vida de mi esposa e hija – dirigiendo su vista hacia la figura de Yuuri – así que, si algún día, necesitas ayuda y el pueblo gitano puede hacerlo, ten por seguro que estaremos ahí para cumplir con nuestro deuda – finalizo con una sonrisa.

Todo el pueblo elevo su voz y aplaudió, secundando las palabras de su jefe.

– Pero dejemos de lado las formalidades, que la música siga – su pueblo grito emocionado.

– ¡Toque una canción jefe!

– ¡Hace mucho que no lo hace!

– ¿Quieren oírme tocar? – pregunto emocionado Wesh.

Su pueblo afirmo con un fuerte grito.

– Muy bien, tocare para ustedes antes de que el alcohol haga efecto – todos rieron – pero necesitare la hermosa voz de mi mujer para acompañarme, Jovanka, cariño, acompáñame.

La joven gitana a lado de Yuuri negó con su cabeza mientras sonreía.

– Debería prohibirle el alcohol, siempre actúa demasiado permisivo cuando se pone ebrio – dijo haciendo Yuuri riera – En fin, el deber me llama – levantándose de su lugar para caminar hacia donde se encontraba su esposo.

Pero antes de que se alejara más de la cuenta, se volvió a girar y encaro nuevamente al menor.

– Referente a lo que te dije.

– …

– Reconozco el significado detrás de ese brillo en una mirada, los gitanos somos conocidos por estar conectados a la naturaleza, a los viejos dioses y a los sentidos del alma.

Yuuri no dijo nada.

– Puede que no te hayas dado cuenta o quizás, es tu propia mente negando lo que tu corazón ya sabe.

– No entiendo.

– Ese chico, te gusta – declaro con una sonrisa – pero, no como un hermano o amigo sino, de forma romántica.

– No…Yo no…

Jovanka solo rio al ver el nerviosismo del menor, girándose sobre sus pies antes de que este pudiera responderle. Dejando a un pobre Yuuri consternado por sus palabras.


La música comenzó a sonar, era muy diferente a las que antes habían acompañado el ambiente, los sonidos eran más bajos y le recordaban de algún modo a los canticos usados en las capillas cuando iniciaba alguna misa en honor a los viejos dioses.

Un hilo fino en un gran tapiz,
aunque lleno de color,
no sabe si él es parte,
del diseño de la gran creación.

La suave y delicada voz de Jovanka comenzó a acompañar la música, todo el pueblo gitano había callado sus gritos y risas, prestando atención a la letra que la mujer de su jefe entonaba.

Y la piedra en esta montaña que,
en lo alto puedes ver.,
¿Se creerá más importante que las que han de sostener?

Las palabras dichas por Jovanka seguían resonando con fuerza dentro de su cabeza, era imposible que sintiera algo que no fuera amistad por Victor, no negaba que poseía una apariencia bastante seductora y atrayente pero, eso le pasaba a cualquiera que se cruzara con el después de todo, era el príncipe.

"Lo que dijo Jovanka… Es imposible, a mí no me gusta Victor" pensó "no de ese modo… ¿o sí?"

– En definitiva, no puedo seguirle el paso a esa pequeña.

Yuuri levanto la vista, notando como el mayor respiraba agitadamente por el anterior baile que había compartido con Luminitsa.

– Bueno, se trata de una niña y tú ya eres…

Victor frunció el ceño.

– ¿Yo que?

– No, nada.

– ¿Que ibas a decir? – inclinándose hacia donde estaba Yuuri.

– Pues… – buscando una forma de sacarse del problema – Tiene una hermosa voz, ¿no crees?

Más, ¿quién de su vida sabrá el valor?

¿O quién lo ha de apreciar?

Nunca lo verá ojo de mortal.

Tú lo debes mirar,
Con la mirada celestial, Lai, lai, lai...

– Sin duda, tiene una de las voces más hermosas que he escuchado.

Ambos escucharon la hermosa voz que Jovanka poseía, la letra les llenaba de un aire acogedor, recordándoles de alguna forma que no debían sentirse perdidos aun cuando no tuvieran nada en este mundo.

El oro puro no se estimó,
más que agua de manantial.

Como un rey verá su pastor,
la oveja que perdida está.

Y si un hombre todo lo extravió, ¿ha perdido su valor?

¿O sólo es el principio?, ¿Nueva vida comenzó?

Sus ojos regresaron a ver el perfil del de ojos azules, las palabras de Jovanka seguían resonando con fuerza en su mente, calando en lo más profundo de sus emociones. No podía sentir lo que ella había dicho, era algo imposible, no por que tuviera algún tipo de prejuicio hacia tener algo con un persona del mismo sexo, ya que era muy normal en la sociedad pero, ¿Victor? Definitivamente aquello no era posible, eran amigos, unidos por una promesa de cambiar al mundo, nada más.

Soltó un suspiro que no pasó desapercibido por el otro.

– ¿Que sucede?

El negó con su cabeza.

– Nada, solo es sorprendente.

– ¿El qué?

– El hecho de que venimos a tener un momento de paz y diversión en nuestras vidas – dijo sin dejar de ver al frente – y ahora estamos aquí, comiendo y bebiendo junto a un pueblo gitano que baila felizmente.

Victor dibujo una sonrisa, asintiendo a las palabras del menor.

– Hablando de baile – dijo Victor.

– ¿Mmm?

Victor extendió su mano hacia Yuuri y este lo regreso a ver confundido.

– Baila conmigo.

– ¿He?

– Todo mundo está festejando, sería una falta de respeto sino los acompañamos.

– ¿No dijiste que estabas cansado?

– De bailar con la pequeña traviesa, es un torbellino.

Yuuri trago con fuerza.

– Pero eso no impide que me esfuerce un poco y tome este baile contigo.

– Es que…

– ¿Acaso vas a negarme un baile?

– No es eso – aseguro – es que yo no…

– …

– No sé... No se bailar.

Al escucharlo, Víctor tomo su mano, jalándolo para que se levantara y quedaran frente a frente.

– Eso tiene arreglo.

Y las palabras murieron en su garganta al verse arrastrado por el mayor.

Del hombre riquezas o su vigor, no debes juzgar,
Por lo que ganó y lo que regaló.

Jovanka prosiguió con su canto, señalando al azabache una vez Víctor lo arrastro al lugar donde todos se encontraban bailando alegremente, pudo notar que este negaba furiosamente con su cabeza, intentando irse del sito para ser detenido por el de ojos azules, quien le sonreía dulcemente.

Respuesta verá…

Los ojos de Yuuri regresaron a ver a la mujer del jefe de los gitanos, sonrojándose brevemente por las palabras que esta le había dicho minutos atrás.

Respuesta verá quien va a mirar,
con la mirada celestial.

"Yo no… No puedo… No puedo estar enamorado de Víctor" pensó para sus adentros, mientras la música seguía flotando en el aire.

– Yuuri – lo llamo Víctor – Solo déjate llevar – dijo tomando su mano para guiarlo en el baile.

El azabache asintió y comenzó a moverse junto a los demás, sintiendo como sus mejillas se tornaban de color carmín nuevamente.

Por eso queremos hoy compartir

Aunque poco encontrarás,

Si nada es lo que tienes

Mucho más te rodeará.

Ambos seguían los pasos de los demás gitanos, moviéndose de un lado a otro, girando junto a los demás cuando estos lo hacían. Las risas de la mayoría de los gitanos inundaban el lugar, la música los guiaba, lentamente los nervios que habían sentido por no seguir el paso se esfumaron y, ahora, bailaban al ritmo de la voz de Jovanka.

Pues nunca lamentos encontrarás

Si tu vida has de cambiar

Y si no sabes qué pasos dar

Sólo tienes que bailar,

Sólo tienes que bailar.

Lai, La, Lai...

Sus pensamientos solo convergían en uno solo.

La fina figura de Víctor, sus movimientos tan precisos al bailar, la hermosa sonrisa que este le regalaba mientras se movían junto a los demás gitanos. Su corazón latía con fuerza dentro de su pecho, sintiendo una extraña emoción por rozar su mano junto a la del de ojos azules cuando lo hacían al bailar.

"¿Sera posible?" se preguntó mientras giraba sobre sus pies y tomaba la mano de Víctor durante unos segundos al bailar "¿Esta emoción que siente mi corazón al verle, al tocarle, será amor?"

¿Dirás que tu prójimo es de valor, por lo que ha de comprar?

Nunca lo verá ojo terrenal, ve lo celestial, ¡Tienes que ver!

Los gitanos hicieron una enorme rueda sin dejar de bailar, alejándose el uno del otro por unos instantes, para encontrarse nuevamente cuando el círculo se rompió y giraron para tomar la mano de su pareja al bailar.

Fue durante ese momento, que una joven mujer se tropezó con él, haciendo que su cuerpo golpeara al de Víctor y este le ayudara a estabilizarse, quedando frente a frente con sus manos unidas.

Sólo a través… De la mirada celestial.

Ambos se sonrieron mientras sus corazones palpitaban con fuerza, emocionados por la cercanía, prosiguiendo con su baile comenzaron a moverse nuevamente, mientras la voz de Jovanka terminaba su canción la música lentamente culminaba.

"Esta emoción… ¿Sera amor?" Penso para si mismo.

Fue lo último que pensó antes de que su cuerpo volviera a moverse con la nueva melodía que comenzó a sonar en el lugar.


El ambiente era frio y sereno, atrás quedaron los rastros de música, danza y felicidad que el pueblo gitano habían logrado gracia a la fiesta. Ahora cada persona en el lugar dormía plácidamente en su tienda, aunque algunos dormían afuera con una botella de vino en el brazo puesto que, el alcohol los noqueo horas antes de la culminación.

Como invitados de honor, tanto Victor como Yuuri habían sido invitados a dormir en la tienda de Wesh, argumentando que, al ser el jefe del pueblo, no había lugar mejor para pasar la noche, que su propia casa.

Por ello, ambos dormían en un suave lecho, creado de paja y algodón, camas típicas del pueblo gitano que, aunque tenían dinero suficiente para vivir con lujos– –gracias a sus actividades poco morales y que Yuuri no menciono– preferían viviendas sencillas, ya que Vivian en contacto con la naturaleza y los viejos dioses, usando el dinero para comprar víveres o, ayudar a los necesitados que los nobles dejaban en el olvido.

Al inicio se había negado, intentando dejar la suave cama al mayor de los dos pero, Victor se opuso rotundamente a que durmiera en el suelo o algún otro lado, comentando que ya eran muy cercanos y que dormir juntos demostraba los buenos amigos que eran.

Yuuri no pudo negarse mucho menos cuando los nervios le impedían concentrarse.

Por unos instantes pensó que se olvidaría de los problemas que tendría al llegar a casa y que tendría una noche relajada sin pesadillas pero, a mitad de la noche, un extraño susurro le hablaba en sueños, haciéndole sudar frio, despertándolo de golpe con la garganta seca.

Trago con fuerza, tratando de respirar con normalidad, aquella voz era extraña y profunda, inquietándolo de forma tal, que sentía que sus huesos eran mantequilla y que se desmayaría por el escalofrió que sintió mientras dormía.

Regreso a ver a su acompañante, quien dormía profundamente sin que nada lo alterara. Aquello le hizo sonreír brevemente, acariciando ligeramente su mejilla antes de alejarse y salir del lecho.

Camino hasta que se encontró fuera de tienda. El exterior lo recibió con una brisa fría que le hizo temblar pero se recuperó instantes después. Se dirigió hacia el pequeño arrollo y se sentó sobre la superficie de una de las rocas del lugar.

Pensando en la voz que lo había alterado. Por alguna razón le resultaba familiar pero no lograba recordar el por qué.

– ¿De quién era esa voz? – se preguntó, tomando una pequeña piedra y tirándola al arrollo – no logro recordar de donde la conozco.

Continúo tirando pequeñas piedras en el arroyo, como si aquella acción fuera suficiente para tranquilizarlo. Pasaron más de diez minutos en los que continuo su tarea hasta que, el sueño regreso y le hizo bostezar.

– Mejor regreso a la cama.

Se levantó y emprendió el camino de vuelta cuando lo escucho.

"Entronado"

Aquel susurro le hizo girarse sobre sus talones.

– Pero…

Regreso a ver a todas partes, buscando al dueño de aquella profunda voz.

"Entronado"

Frunció el ceño al volverlo a escuchar.

Una suave y gélida brisa comenzó a sentirse en el lugar, el olor a hierba mojada llego hasta su nariz, extrañándolo porque estaba dentro de una cueva por lo que, ¿de dónde podía provenir ese olor?

Comenzó a caminar por el camino de dónde provenía el inusual aroma. Las tiendas que lo rodeaban estaban a oscuras, el aire era frio y la sensación de ser observado se intensifico.

Su corto trayecto lo llevo hacia una extraña pared llena de símbolos antiguos, los cuales se le hicieron familiares.

– Estos símbolos, yo los conozco – recordando las imágenes que había visto en el cosmogonía – son marcas de los viejos dioses pero, estas pertenecen a…

Nada más tocar la pared, los símbolos comenzaron a brillar intensamente, la luz que provocaron lo cegaron unos segundos, haciéndolo parpadear una vez esta desapareció, al igual que la pared, dejando un extraño pasaje.

– Pero… Que… – tartamudeo por la sorpresa.

"Entronado"

Volvió a escuchar la voz y supo de inmediato que provenía de aquel oscuro pasaje.

Armándose de un poco del valor que poseía –y que él creía no tener– entro al pasaje y siguió el camino marcado, sin percatarse que tras él, la pared había vuelto a tapar el acceso al mismo.

/

Árboles, flores, rocas, agua fluyendo…

Todo le era extrañamente familiar. Sin luz que alumbrara el camino que seguía, tuvo que recurrir a las pequeñas luciérnagas que sobrevolaban el lugar, huyendo despavoridas cuando pasaba cerca de ellas. No había sonidos más que el agua fluyendo pero, no parecía haber algún arroyo cerca de donde estaba por lo que, le resultaba inusual aquel sonido.

Su camino no tuvo cambios, todo era igual salvo el número de luciérnagas por lo que en un instante llego a pensar que estaba caminando en círculos hasta que, tras unos cuantos pasos más, pudo distinguir la entrada de una cueva.

"Genial, entre por un pasaje que me lleva a otra cueva" pensó.

Se detuvo ante la entrada.

Los mismos símbolos en la pared de la cueva de los gitanos se encontraban tallados en la roca de esta nueva entrada.

– Definitivamente son los mismos símbolos de ese viejo dios – dijo tocando los símbolos por unos segundos.

Tras observarlos continúo su camino hacia el interior de la cueva.

Cuando por fin pudo salir de aquella cueva, la lluvia cayendo en el lugar fue quien le dio la bienvenida, una ligera neblina cubría el lugar y, tras pensarlo, por fin pudo recordar porque se le hacía tan familiar el entorno.

– Mi sueño – dijo con sorpresa – es el mismo lugar.

Sin siquiera pensarlo, comenzó a correr hacia la ubicación que recordaba, sino no estaba errado, estaba seguro que aquella persona lo esperaba en el mismo lugar que en su sueño. Corrió sin detenerse entre los enormes árboles y estructuras de piedra.

Solo se detuvo una vez llego a su destino y, lo único que lo recibió, fue un viejo árbol sin hojas, rodeado de agua.

– ¿Me abre equivocado de lugar? – pregunto al aire, tratando de recuperar el aliento perdido.

Se giró sobre sus pies para recorrer el entorno con su mirada, buscando un indicio de la persona que buscaba pero, por mucho que lo hacía, no había rastro de ella.

– No, no pude haberme equivocado, este lugar es el mismo que en mi sueño – aseguro aunque no había confianza en su voz – ¿Quizás me equivoque en alguna vuelta que di?

Sus pensamientos fueron interrumpidos por un fuerte trueno que resonó e ilumino el lugar, llevándose sus manos hacia sus oídos para aminorar el sonido. Cuando finalmente paso bajo sus manos.

– Debería volver, seguramente es solo un lugar parecido.

Dudo que haya un lugar idéntico a este, joven entronado.

Una voz grave y fría a su espalda lo paralizo por completo. Trago con fuerza y se giró lentamente para encarar al dueño de la voz.

Al menos… No en este mundo, debo aclarar

Reprimió un gemido cuando finalmente diviso a la persona tras él.

En el lugar donde antes había estado el viejo árbol, se encontraba un hombre mayor con túnicas oscuras y una enorme barba blanca que llegaba hasta el suelo, su rostro tenía pequeños lunares a cada lado de su cabeza y su mano sostenía un viejo bastón color café oscuro.

Sus ojos grises lo observaban con serenidad y una paciencia infinita que en su vida había visto en alguien más, una extraña aura lo rodeaba, la cual, aunque no lograba descifrar, le decía que no estaba frente a un hombre común y corriente.

Me alegro que hayas encontrado el camino hacia aquí, debo decir que estaba comenzando a pensar que quizás debería intervenir en tus sueños nuevamente para hablar contigo pero, me complace saber que no tuve necesidad de ello

– Te conozco – dijo al recuperar su voz – estabas en mi sueño, tu eres…

El hombre mayor sonrió al ver el estado de aturdimiento del más joven y hablo.

Soy Lamu, el señor de las tempestades y ventiscas.

"Lo sabía" pensó Yuuri.

No sabía mucho del viejo dios y lo poco que conocía provenía del cosmogonía que su hermana le había entregado hacia algunos días. En el mismo indicaba que Lamu era el más justo de los Sidereos, pocos reyes Katsuki lograron convocarlo y hacer un contrato con él ya que, aunque la misión sagrada de su familia era acabar con los cadentes o, al menos mantenerlos a raya hasta que el entronado naciera, algunos usaron métodos pocos ortodoxos para hacer valer la ley, métodos que eran un tanto injustos ante los ojos del viejo dios.

Por ello, muy pocos reyes pudieron escribir en el cosmogonía que tuvieron la gracia de tener su poder bajo su mando y, tenerlo frente suyo, cuando pocos lo hicieron, significaba que, quizás no estaba haciendo las cosas tan mal. Aunque, ser el entronado también tuvo que ver con el mismo.

Veo que te sorprende.

– Si, digo, bueno, no todos los días tienes en frente a uno de los viejos dioses y… – callo al percatarse que estaba divagando – lo siento, no debí hablar de ese modo.

No te preocupes por las formalidades – aseguro Lamu – puedes hablar conmigo como lo haces con cualquier persona.

–…

Lamu al ver la duda en los ojos del menor, volvió a sonreír.

¿Por qué no te acercas? – Pregunto – deseo poder ver de frente al elegido.

Es que… – buscando una excusa para no acercarse.

Acaso, ¿me tienes miedo?

– ¡No! – Respondió de forma brusca – digo… Es que… Bueno… Leviatán, el…

Oh, ya veo – dijo comprendiendo la razón detrás de la defensiva del azabache – ¿crees que hare lo mismo?

– Bueno, el casi me mata – dijo en un ligero susurro.

Lamu sonrió, podría estar a cierta distancia del elegido pero, tenía un gran oído, así que escucho el murmullo.

Te ofrezco una disculpa por ello, durante siglos hemos tratado de que cambie su actitud pero, como el mismo mar, nuestro hermano es fiero y cambiante, no es fácil controlarlo… Pero, puedo asegurarte que no planeo lastimarte al contrario, estoy aquí para ayudarte.

Yuuri le dedico una mirada que demostraba que aun desconfiaba pero, tomo ese sentimiento y lo guardo dentro de su corazón, comenzando a acercarse lentamente, hasta quedar a solo unos pasos del viejo dios.

Te pareces a tu padre.

Los ojos de Yuuri se abrieron a su máxima expresión cuando escucho hablar de su padre.

– ¿Lo conociste?

Lo hice, durante su gestión como rey de Hasetsu, mantuve un contrato con él.

"Ahora que recuerdo, mi hermana lo menciono" pensó.

Tu padre fue uno de los reyes más justos que he conocido, por ello hice un contrato con él.

– …

Lamu observo el rostro del menor y supo que había rastro de dudas en él.

Hubo muchos reyes Katsuki antes de tu padre, algunos mejores que otros pero pocos a fines a mi poder – indico – y aun con ello, nunca hice contrato con algunos de ellos puesto que, aun cuando sus acciones eran en pos de salvaguardar su reino y el mundo, eran injustas incluso algo oscuras.

– Por ello nunca les brindaste tu poder.

Lamu asintió.

Nosotros, los sidereos, nos manejamos a través de ciertas características y hábitos muy exactos que los Katsuki deben poseer para convocarnos, por lo que, antes de acudir a su llamado, debemos cerciorarnos que las poseen.

– ¿Temen que se corrompan?

Los humanos son corruptibles Yuuri – aclaro rápidamente – su libre albedrio les da esa facilidad, tanto pueden guiarse por la luz como por una senda oscura.

– Lo dices como si ya hubiese pasado – dijo con una ceja enarcada – ¿algún Katsuki se corrompió?

Lamu callo unos momentos y hablo.

No hay excepciones a ello, Yuuri.

El azabache quiso replicar pero, prefirió callar, por alguna razón el viejo sidéreo le contesto de forma evasiva respecto a la corrupción de lo humanos, tenía el presentimiento que algo más grande estaba oculto en lo dicho pero, si Lamu, siendo quien era prefería callar, significaba que por ahora era mejor dejar el tema para otra ocasión.

– Dijiste que confieres tu poder a quien crees justo pero, en mi caso, ¿es por ello o, por ser simplemente el elegido? – pregunto, cambiando el tema de forma brusca – según entendí, sin importar que pase, al final del día, me conferirán sus poderes para que cumpla la misión por la que nací.

Te he visto crecer joven entronado, , tratas de proteger a todo aquel que crees que merece ser salvado, tienes un corazón bondadoso y prefieres la justicia y la integridad antes que usar la violencia en contra de alguien sin que este sea enjuiciado, es por ello que estoy aquí, no solo porque eres el elegido – explico con firmeza – Aunque, ciertamente, al ser el entronado, todos nuestros poderes estarán a tu disposición cuando llegue el momento pero, eso no significa que estemos obligados a ello sin importar tus acciones.

– ¿Qué quieres decir?

Si llegas a desviarte de tu camino, si llegas a dejar la senda de la luz que te marcamos desde antes de nacer, todos nuestros poderes se te serán retirados.

– Quiere decir… Que si elijo la oscuridad, no salvar el mundo cuando llegue ese momento, ¿perderé mis poderes?

Todos y cada uno de ellos – reafirmo – incluso con los que naciste.

La sorpresa nuevamente se instaló en su rostro, aun no lograba procesar la información. Siempre se preguntó qué pasaría si decidiera rechazar su destino, irse y no salvar el mundo pero, ¿perder sus poderes? Eso era algo en lo que nunca pensó ya que, ¿qué posibilidad existía? Si Lamu buscaba advertirle de las consecuencias, más que solo hacerlo, había logrado que el miedo se apoderara de su mente,

¿Mucha información que procesar? – preguntó.

– Algo – contesto aun consternado por la noticia – es, impactante saberlo.

Quizás piensas que es algo extremo pero, lo hacemos con el fin de que nuestros poderes y dones, no sean usados por la oscuridad. Desde el inicio de la creación siempre hemos visto por los humanos y su bienestar – explico con calma – por ello, debemos asegurarnos que los poderes que conferimos sean usados en pos de esa causa.

– Comprendo – agachando la cabeza.

Lamu lo contemplo unos momentos, antes de volver a hablar.

Conozco tus inquietudes Yuuri – afirmo, haciendo que el nombrado alza la cabeza – buscas respuestas que desearías te contestáramos.

– Respuestas que no me darás si pregunto, ¿no?

Lamu asintió con su cabeza.

– ¿Por qué? – Volvió a preguntar – todo mundo siempre me ha dicho que cuando llegue el momento, tendré las respuestas que busco pero… Si Leviatán e incluso tú, se han negado a hacerlo… ¿Dónde las voy a conseguir?

Sé que no es fácil para ti vivir en la ignorancia respecto a tu destino o incluso a lo sucedido en el pasado pero, creme cuando te digo esto – dejando su mano libre sobre el hombro del menor – si me fuera posible, respondería todas y cada una de tus inquietudes.

– ¿Acaso lo tienen prohibido?

Acertaste.

Al escucharlo, Yuuri comenzó a buscar razones del porque los mismos Sidereos tendrían prohibido hablarle de lo sucedido en el pasado o, de aquello que le esperaba en el futuro. Tras mucho meditarlo, solo pudo pensar en una razón, lo bastante fuerte como para impedírselos.

– Bahamut – susurro.

Así es.

– No entiendo, ¿qué razón habría para negarme las respuestas que busco?

Bahamut es nuestro hermano mayor.

"Pero… Tú te vez más viejo que el" pensó Yuuri recordando fugazmente la imagen de Bahamut "aunque, si pueden manipular su estatura y crear tempestades con un chasquido de sus dedos, no dudo que puedan manipular su apariencia a voluntad"

El azabache regreso a la realidad para seguir escuchando a Lamu.

Es nuestro rey, el dios de las armas y la guerra, el más poderoso e inteligente de todos nosotros – dijo con orgullo – cuando la gran calamidad hizo que el mundo sucumbiera al germen de la oscuridad y la profecía del entronado surgió, proclamo que no podíamos hablar del pasado ni el futuro, solo podíamos guiar al elegido durante el camino.

– ¿Y el oráculo?, pensé que ella sabía todo, ya que es la elegida de Bahamut para ser un puente entre los humanos y ustedes.

Ella solo recibe las órdenes y visiones que nuestro hermano le envía… solo puede hablar de aquello que se le tiene permitido, más allá de eso, sus labios están sellados.

– Incluso el oráculo – murmuro para sus adentros – tanta prohibición… No encuentro razones de peso para ello.

Nuestro hermano tiene sus razones pero no te preocupes, cuando el día en el que debas verle cara a cara podrás resolver tus dudas.

– ¿Verle? – Pregunto con sorpresa – ¿quiere verme?

Por supuesto, en su momento lo harás.

Ambos sonrieron ante lo dicho.

No eran las respuestas que buscaba pero, era un inicio.

Enormes centellas y truenos surcaron el cielo, el viento comenzó a rugir con fuerza y las aguas del pequeño arrollo se movieron de forma violenta.

– ¿Que sucede?

Me está llamando.

– ¿Quién?

Nuestro rey.

Yuuri callo, comprendiendo lo que sucedía.

Debo irme, tome más tiempo del permitido – aseguro el viejo dios.

Yuuri asintió con un breve movimiento de su cabeza.

Lamu sonrió nuevamente.

Me dio gusto poder conocerte y hablar personalmente contigo – dijo con suavidad – Mary hizo un gran trabajo criándote.

– ¿Ocultando cosas? – reprocho.

A veces los secretos son necesarios – aseguro Lamu – más cuando el mundo depende de ello.

Yuuri bajo la mirada.

No tomes mis palabras como un reproche, no estoy juzgando los sentimientos que tienes encontrar de los secretos.

–…

Estoy aquí para entregarte mi poder y ayudarte en la batalla que se aproxima.

– ¿Contra Demian?

El sidéreo guardo silencio unos segundos.

Él incluido.

La forma en como había hablado, le dio a entender que había algo mas pero se limitó a contestarle lo que le pregunto.

– ¿Volveré a verte?

Lamu no hablo, solo alargo su mano para que, tras un momento de vacilación, Yuuri tomo la mano que le era ofrecida.

Siempre estaré a tu lado pero – haciendo que el menor lanzara un gemido de dolor cuando el ardor familiar de la marca comenzó a aparecer entre ambas manos – cuando el momento llegue, volveremos a vernos.

El cielo comenzó a ser cubierto por enormes truenos y centellas, una intensa luz cubrió el lugar y Yuuri tuvo que cubrirse los ojos por la intensidad de la misma.

"Buena suerte, entronado"

El sonido desapareció, el viento volvió a la calma dejando una fría brisa en su lugar, la luz lentamente se apagó y, cuando finalmente abrió sus ojos, se encontraba nuevamente en la cueva de los gitanos frente a la misma pared que había abierto.

Los símbolos habían perdido su luz, solo eran dibujos tallados en la roca pero, sin duda, lo vivido en aquel extraño lugar no era producto de un sueño. Elevo su mano para divisar la palma y, ahí se encontraba la macar de Lamu, desvaneciéndose lentamente.

– Tinta, Leviatán y ahora Lamu… Eso significa que solo faltan Shiva y Bahamut – susurro observando la palma de su mano – entonces, falta poco…

La marca en su palma se desvaneció por completo, suspirando segundos después.

– Solo espero no fallarles – dijo dirigiendo su vista hacia la pared – Lamu menciono que los humanos nos corrompemos y, evito responderme cuando pregunte si alguien de mi familia se había corrompido acaso, ¿será que algún Katsuki se dejó guiar por la oscuridad y se corrompió?

– ¿Quién se corrompió?

Un escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar su voz, se giró rápidamente para encontrarse con Víctor, quien venía bostezando por el camino.

– Víctor, ¿Qué haces aquí? – Pregunto alarmado – Pensé que estabas dormido.

– Lo estaba – contesto al llegar a su lado – me desperté y no te vi a mi lado así que, salí a buscarte.

– Oh, lo siento, no podía conciliar el sueño y decidí caminar un rato.

– Ya veo… Pero, eso no contesta la pregunta que te hice.

– ¿Ha?

– Dijiste que algo se corrompió.

Yuuri tartamudeo brevemente antes de contestar.

– Pues… Yo… hablaba de los símbolos.

– ¿Símbolos?

El azabache señalo la pared tras de él.

– Algunos están algo rasgados por eso lo que escuchaste – dijo con nerviosismo.

Víctor contemplo los símbolos unos instantes antes de sonreír y tomar la mano del menor.

– ¿Víctor? – lo lamo con un suave color carmín sobre sus mejillas.

– Hace frio, es mejor regresar – aseguro jalándolo para que comenzara a caminar – debemos dormir lo necesario, mañana nos espera un día algo agitado.

Yuuri no contesto y se dejó guiar por el mayor.

No hubo palabras.

No hubo miradas durante el camino.

Solo dos corazones palpitando con fuerza y dos manos que continuaron unidas mientras sus dueños dormían plácidamente sobre aquel lecho de paja.

つづく/ Continuara...


¡Hola queridos Lectores!

¿Qué tal el capítulo? ¿Emocionante?

Debo decir que me tarde mucho en hacer esto, sobre todo por dos escenas que no quedaban como quería pero, al final pude sacarlas.

¿Qué les pareció el Victuuri?

Yuuri comienza a cuestionarse sus sentimientos, gracias a Jovanka que, gracias a su experiencia, como que ha movido las cosas dentro de la cabeza del mismo.

Este capítulo fue más sobre la pareja y sobre Lamu xD

Las cosas se ponen intensas, ya solo faltan dos sidéreos y, no sabemos cómo van aparecer pero, será de forma inesperada.

El próximo capítulo se tratara del show de navidad donde, Yuuri sufrirá un poquito pero, nada grave por su parte, Víctor lidiara con las consecuencias de este día y, gracias a Noel, llegara a una conclusión obvia para todos pero menos para él.

Pero, será en el próximo capítulo.

¡Nos vemos!