17
Visitas inesperadas
Les tomó casi una semana regresar a Pueblo Paleta, todo por seguir un camino que rodeaba el Monte Luna con tal de evitarlo. Nadie quería sumergirse de nuevo en las entrañas de la montaña.
Hubiesen tardado un par de días más de viaje si no fuera por la terca insistencia de Eve, que los hacía madrugar para iniciar la marcha lo más temprano posible, permitiéndoles detenerse únicamente para alimentarse y dormir ya bien entrada la noche.
Incluso ya estando en el pueblo, los apresuró para ir directamente al laboratorio. Nadie supo si el afán era por llegar lo más pronto posible o por querer evitar a las viejas chismosas que se tropezaron en la otra ocasión.
Para cuando llegó el mediodía, Dyfir ya se encontraba conversando plácidamente con el profesor Oak, tomando una limonada, con un muy emocionado Nathaniel sentado a su lado, quien escuchaba con atención a la eminencia de los pokémon que estaba en su presencia.
Desde el jardín, a resguardo de la fresca sombra de un árbol, Eve podía verlos conversar, observando con especial recelo al chico de tez morena. Nathaniel era apenas un año mayor que Dyfir, pero mucho más inmaduro y una verdadera desgracia como entrenador; al menos la chica llegaba a ser útil en ocasiones.
— Se nota que has estudiado bastante, Nathaniel. También debo decir que estos dibujos son asombrosos. ¿No has considerado convertirte en investigador? —decía el profesor Oak al revisar el portafolio que el joven le entregó hecho una mata de nervios.
Eve remedó al profesor con profundo resentimiento. Le chocaba ver sus sonrisas estúpidas, haciéndose los tontos ante todos los problemas que esos humanos le causaban de gratis.
— ¿Sabías que se arrodilló ante Dyfir para suplicarle que lo ayudara a salir de la ciudad? —Mewtwo apareció tan repentinamente que la hizo respingar—. Aprovecho la ocasión ya que no me permitiste explicártelo antes. Sus padres no le dejaban emprender su viaje sin un compañero y parece que ese chico es como una paria, no tiene amigos en su ciudad. Estaba encarcelado por carecer de carisma.
El clon tampoco aprobaba la adición de Nathaniel al grupo. Sin embargo, una historia tan patética le producía algo extraño, no distinguía si se trataba de lástima o acidez estomacal.
Lo cierto es que el joven añoraba tanto explorar el mundo, que siempre estaba en primera fila cuando llegaba un retador al gimnasio, además de tomar varios trabajos a medio tiempo desde los once años para reunir el suficiente dinero y poder pagar por las crías de los pokémon que ahora poseía, todos evoluciones de Eevee.
— ¿Acaso eso es problema mío? Vine hasta acá para reducir el grupo y ella se trae una nueva mascota —espetó Eve de malagana.
— No estorba tanto aunque sea un inútil como entrenador… y que casi lo mata un Weedle en el camino —señaló Mewtwo a pesar de saber que Nathaniel era indefendible ante Eve—. Aunque todos sabemos que lo odias más de la cuenta porque también te confundió con un Eevee.
La cara de Eve se puso más roja que un tomate, mordiéndose la lengua para no contestarle, sabiendo que eso sólo lo motivaría a seguir metiendo el dedo en la llaga. Mewtwo mantuvo la serenidad en su rostro, aún cuando se moría de risa por dentro. Normalmente se molestaría por lo fácil que se enojaba, pero esa vez era distinto.
Poco a poco, Eve había recuperado la estabilidad en sus psiquis, seguía percibiendo algo extraño en ella pero nada comparado a aquel día en Vermilion. La vigilaba constantemente, no le importaba si ella se diera cuenta, quería asegurarse de que todo estuviera bien como pokémon psíquico que era.
En ese momento, llegó la Sra. Ketchum acompañada de su fiel Mr. Mime, ambos cargando unas cestas que estaban a rebosar de galletas caseras recién hechas, cuyo aroma a jengibre y miel llegó a las narices de todos.
— ¡Hola! Los vi pasar y supuse que vendrían para acá, así que les preparé algo delicioso para compartir —saludó alegremente la mujer secundado por su gracioso Mr. Mime.
Como si de niños de kínder se tratase, todos los hermanos corrieron hacia Delia dejando de lado todo lo que estuvieran haciendo, ahogando de vergüenza a Eve al ver cómo saltaban para devorar las golosinas.
— A veces es difícil creer que seas la hermana menor —comentó Mewtwo distraídamente, observando cómo incluso Rocknight se desvivía por las deliciosas galletas.
— Recibieron una educación distinta a la mía —respondió Eve poniéndose de pie, ignorando que había logrado despertar curiosidad en el clon—. Voy a entrar. Aquí hace demasiado calor y me está dando mucha sed.
Mewtwo la siguió, también se sentía acalorado y necesitaba algo de tomar, además que no le interesaba para nada la comida traída por Delia.
Como si el pensamiento la hubiese convocado, la cariñosa mujer apareció detrás de ellos justo cuando cruzaban el umbral de la puerta, siendo perseguida por el resto de los hermanos, quienes también corrieron a tomar la limonada que Tracey traía en una bandeja.
— ¿Saben que llegaron en buen momento? Hace poco se instaló una feria en el pueblo que tiene bastantes cosas divertidas. O eso me han contado —comentó Delia con una enorme sonrisa.
— ¿Ké feso? —preguntó Moonghost con la boca a rebosar de galletas.
— Es como una gran fiesta con muchos puestos de juegos y comida, atracciones mecánicas, exhibiciones de cosas exóticas o... algo así —explicó Dyfir, sin estar segura de que su respuesta aclarara las dudas del fantasma.
— ¡Eso suena bastante divertido! ¿Vamos todos? —dijo Flowar, con claro interés, poniéndose en un sitio donde pudiera ver a todos sus hermanos, especialmente a Eve.
— Ay, Eve. Di que sí. ¡Anda! —suplicó Moonghost, atajándola justo cuando intentaba escapar de vuelta por la puerta—. Creo que necesitamos algo de diversión luego de todo lo que hemos pasado, ¿no crees?
— ¡Yo quiedo id! ¡Vamoz todoz! —secundó Baby pegando saltitos.
— Vayan ustedes si eso quieren —contestó Eve rápidamente intentando escabullirse, viéndose nuevamente impedida cuando Moonghost se expandió para cubrir completamente la salida.
— ¡Tú también tienes que venir! Así no tiene chiste —saltó a decir Moonghost, aferrándose con más saña al marco de la puerta para no dejarla escapar, no le importaba la mirada desdeñosa que le dedicaba—. Vamos… es la última noche que pasaremos juntos por quién sabe cuánto tiempo. Un poquito de diversión no te hará daño.
Eve arrugó el ceño. Lejos de estar ofuscada, como siempre ocurría en esas situaciones, parecía más bien contrariada. Actuaba evasivamente en lugar de hacer gala de su característica pedantería, como si buscara que sus hermanos se ocupasen de sus propios asuntos en vez de intentar mantenerlos bajo control; ansiaba más que nunca estar sola.
Aquello eran tan sólo suposiciones de Mewtwo, quien no dejaba de monitorea la psiquis de Eve ni un segundo, preparado para enfrentarla en caso de que se saliera de control.
Mientras el clon era carcomido por su inusual preocupación, la menor de los hermanos suspiró con resignación, dándoles a sus hermanos la respuesta que tanto ansiaban. Estallaron de alegría, pegando brinquitos de emoción tal cual niños, logrando espantarla a tal punto que se las arregló para huir de los abrazos que se le venían encima al pasar a través de Moonghost.
Sus hermanos no se dieron por vencidos, corriendo detrás de ella sin decoro ante sus sentimientos, sin reparar en la mirada perpleja que Mewtwo mantenía clavada en ellos, observando la persecución que ahora se daba en el jardín. Sintió compasión de Eve, aquellas muestras de afecto eran demasiado vigorosas, así que no le quedaba más opción que asistir también o se vería víctima de los jalones de mejilla de Moonghost.
Decidieron salir cuando el sol de la tarde comenzaba a caer, avanzando con paso firme por las modestas calles del pueblo bajo un cielo pintarrajeado de matices naranja y violeta, donde tímidas estrellas comenzaban a asomarse con su trémulo destello.
Dyfir andaba por el camino hablando animadamente. Mientras los hermanos ignoraban las miradas que robaban, ella se entregaba a responder todas las preguntas que le hacían respecto a su experiencia en ferias. Ya estaba cansada y con la garganta ardiéndole de dolor luego de tanto parlotear, pero no quería desilusionarlos, deseaba seguirles hablando, esperando que tuvieran la mejor noche posible.
Nathaniel estaba al lado de ella, más que dispuesto a añadir extras de sus propias vivencias, alardeando que tenía muchas cosas que contar al ser oriundo de una ciudad conocida por sus grandes festejos y atracciones. Le ayudaban el profesor Oak y la Sra. Delia, muy gustosos de contar anécdotas que, en vista de su edad, eran abundantes y entretenidas a oídos de los hermanos.
Aquella algarabía avanzaba a la cabecera de la procesión, siendo la silenciosa Eve quien cerraba el grupo, manteniéndose a cierta distancia pero observando y escuchando cada detalle.
Su alegría le producía un nudo en la garganta que a duras penas le permitía respirar, tenía planeado hacer un anuncio importante a sus hermanos esa noche y la dichosa visita a la feria lo había arruinado todo. Ahora tendría que contenerse unas horas más, rogando porque todo se mantuviera como hasta ese momento y no alterarlos más de la cuenta.
De todos modos, estaba más que segura de que recibiría cualquier tipo de regaño por guardarse cosas tan importantes por tanto tiempo, y se lo merecía hasta cierto punto. Si tan solo no se hubieran dedicado a perder tiempo en nimiedades como las que estaba solapando ahora…
— ¿Todo en orden?
Mewtwo le habló tan repentinamente que la hizo respingar, no sólo la cachaba en los momentos más inapropiados, tampoco se acostumbraba a escuchar su voz telepática retumbándole en la cabeza. Sin embargo, lo más exasperante fue tropezarse con su mirada, lograba captar preocupación en aquellos fríos ojos violeta, algo que la hacía sentirse presa de una inquisición de la que no podía escapar.
— ¿A qué viene la pregunta? —espetó de malagana, girando la cabeza para no tener que mirarlo directamente, esperando que así entendiera que nada le pasaba y que , en dado caso, no estaba entre sus intenciones confiárselo—. Ya ha sido suficiente, ¿sabes? Tienes una semana importunándome a cada rato con preguntas tontas. Sin importar que te haya respondido miles de veces lo mismo, tú sigues insistiendo. No entiendo por qué te preocupas tanto, me gustaría que dejaras de hacerlo, eres bastante molesto.
— Oh, créeme, a mí también me encantaría saber por qué me tomo semejante molestia, porque me harta tanto o incluso más que a ti —replicó utilizando el mismo tono de voz que ella—. Por cierto, se nota cuando actúas como imbécil a propósito. Dicho de otra manera: no eres tan buena mintiendo.
Apenas dijo esto, aceleró el paso para alcanzar a los demás, dejando a Eve con la boca abierta de indignación. La sangre le hirvió y le coloró las mejillas rápidamente, sintiéndose profundamente frustrada ante un pokémon tan perspicaz, siempre entrometiéndose en sus asuntos por más que intentara ignorarlo o aparentar cierta simpatía para mantenerlo a raya.
"¡Nada funciona con este tipo!", pensó resentidamente, lo que bastó para accionar un botón dentro de ella que cambió su humor drásticamente.
Suspiró. Era un absoluto fracaso haciendo amistades, más no valía la pena mejorar sus habilidades sociales en ese momento de su vida. Además de no interesarle, era lo mejor que podía hacer por aquel extraño, la decisión de no permitirle más allá de algo casual era por su propio bien.
— ¡Hemos llegado!
El emocionado anuncio de la Sra. Delia y las exclamaciones de asombro de sus hermanos sacaron a Eve de sus cavilaciones. La feria se había plantado en los límites del pueblo, sembrando varias docenas de carpas multicolores entre enormes juegos mecánicos que daban vueltas vertiginosas o realizaban piruetas de infarto en el aire. Una mezcla de gritos, risas y aromas diversos le daban verdadera vida a pesar de ser uno de los pueblos más tranquilos de la región.
A los oídos de Eve llegó el murmullo de una muchedumbre y la voz de un hombre logrando alzarse por encima de todo, invitando con vigor a que todos pasaran a la feria, sobre lo magníficamente divertida que era y de la promoción de disfrutar de todas las atracciones con el pago de un solo boleto —ya que eran sus últimos días de estancia.
— ¡Tienen una suerte envidiable! —celebró la Sra. Delia, contagiada con la emoción del resto de los hermanos, que a sus ojos parecían niños pequeños en lugar de pokémon.
Fueron ellos quienes apremiaron a los humanos del grupo, empujándolos hasta la boletería con cierta premura, incapaces de quedarse tranquilos hasta tener los boletos entre sus manos. Dyfir los apartó y con ayuda de Nathaniel repartió los boletos, aprovechando la oportunidad para darles las reglas del paseo así como las instrucciones a seguir en caso de extraviarse.
— Como sé que no voy a poder controlarlos, nos separaremos y nos reuniremos en este poste dentro de una hora —decía mientras entregaba el último boleto a Mewtwo—. Así será más fácil evitar que discutan por las atracciones que quieren probar. Dense una vuelta por los kioscos, móntense en los juegos que quieran, apártense de los juegos con premios porque son una estafa, eviten las pokebolas y recuerden: en este poste dentro de una hora. Miren, allá hay un reloj. Una hora…
— ¡Yo pido a Mewtwo como compañero! —saltó Moonghost sin esperar a que la chica terminara de hablar, jalando al clon del brazo con tanta fuerza que casi consigue hacerlo caer de bruces.
— ¡Iríamos más rápido si me soltaras! —exclamó Mewtwo, consiguiendo librarse del tenaz agarre del hermano luego de serpentear entre varios kioscos.
Volvía a sentirse de muy malhumor por su culpa, estaba haciendo un enorme esfuerzo por no arruinarle la noche al resto, pero con Moonghost arrastrándolo por todo el lugar habían llamado la atención más de lo que habrían con sólo caminar casualmente como cualquier otro visitante. Su enojo sólo aumentó al percatarse de que el fantasma no le hacía ni pizca de caso, más ocupado cuchicheando en los puestos de juegos que en captar el estado de ánimo de su compañero.
— ¡Dame un poco de espacio! Necesito pensar… —contestó distraídamente.
— Típico. Me arrastras por media feria sin siquiera saber lo que quieres hacer. No debería sorprenderme —espetó Mewtwo sin molestarse en disimular su ofuscación.
— ¡Qué bueno que me conozcas tanto, compadre! —respondió Moonghost, dibujando una radiante sonrisa.
Mewtwo no supo ni cómo reaccionar ante esto. En serio el fantasma no tenía ni la más casquivana idea de que aquello estaba lejos de ser un cumplido, parecía que la curiosidad y la emoción aletargaban su percepción de las cosas. Lo que el clon no sabía era que Moonghost, si bien no era tan perspicaz como él, sólo estaba concentrado en una misión que él consideraba importante.
— ¡Ay, al fin! ¡Ven aquí! —Moonghost estiró su brazo un par de metros, enganchándolo como si fuera un anzuelo para atraerlo hacia él, sin siquiera sentir escalofríos ante la mirada asesina que Mewtwo le lanzaba—. ¿Ves eso que está ahí? —preguntó, señalándole una vitrina.
Mewtwo se concentró en los objetos exhibidos para controlar su malgenio, observando una variedad de cachivaches que iban desde juguetes baratos a algunos de buena calidad, incluso había ciertas cosas que parecían valiosas. De todos los objetos colgaba una etiqueta con un número escrito, por lo que Mewtwo supuso que eran premios y que aquel puesto era, justamente, de esos que Dyfir les advirtió evitar.
— Hay algunos premios que tienen buena pinta, ¿cierto? Y el juego luce bastante sencillo también…
— Te hacen creer eso para que gastes más intentando ganar —respondió Mewtwo, recordando algunos de los negocios menores del Equipo Rocket y pensando en que Moonghost sería capaz de endeudar incluso a sus bisnietos si tuviera dinero para ello.
Por ese mismo pensamiento, casi le da un infarto cuando el fantasma sacudió bajo sus narices un monedero que le parecía extrañamente familiar, haciendo sonar las monedas en su interior.
— Eso no será un problema. Nosotros somos más hábiles sin importar lo trucado que esté ese juego —dijo Moonghost ensanchando su sonrisa—. Porque eso haremos. Vamos a jugar los dos, así tendremos más oportunidad de ganar un buen premio, ¡es el plan perfecto!
— ¡Debes estar bromeando! No pienso rebajarme por una baratija —bufó Mewtwo inmediatamente, sintiendo vergüenza con sólo ver en qué consistía el juego en cuestión—. Además… ¡¿le sacaste el monedero a Dyfir del bolso?!
— Ay, Mewtwo. No viste bien la vitrina y mucho menos las puertas que podrían abrirse para ti gracias a esas "baratijas" —dijo Moonghost con fingido tono lastimero, pasando su brazo por encima de los hombros de Mewtwo, teniéndolo demasiado cerca para el gusto del clon—. Sólo importa la "baratija" que está justo ahí —agregó señalando con el dedo uno de los premios de mayor valor—. Eso es lo único que vale la pena y debería importarte mucho, amigo mío. No será fácil ganarlo, pero sé que lo lograremos y luego tú lo vas a obsequiar.
— ¿Acaso escuchas lo que estás diciendo?
— ¡Ay, sólo hazme caso! Esto te va a beneficiar en grande. Quiero que las cosas mejoren para ti y te estoy ayudando dándote un empujoncito —replicó el fantasma, guiñándole el ojo pícaramente antes de arrastrarlo consigo de nuevo.
Mewtwo apenas pudo apreciar el objeto que Moonghost pretendía ganar y lo que debía hacer para obtenerlo. No lograba descifrar las intenciones del fantasma con todo eso, mucho menos hallaba los supuestos beneficios que aquello le traería, sólo le importaba la humillación que suponía alzarse como ganador.
Pero era demasiado tarde para retractarse, Moonghost se había aprovechado de su estupor para pagarle rápidamente al encargado, hundiéndolo más en el pozo de la desesperación. El juego acababa de comenzar, uno que nada tenía que ver con esa feria y él no tenía ni la más casquivana idea del lío en que lo estaban metiendo.
El grupo regresaba a casa del profesor Oak muy entrada la noche, conversando animadamente sobre su experiencia, con los hermanos monopolizando la plática con las historias de sus experiencias.
Eran como niños pequeños que vivieron encerrados en una burbuja desde el momento de nacer y que por fin eran liberados al mundo, describiendo las sensaciones que habían recibido gracias a las máquinas que a Dyfir, por el contrario, casi la matan del susto al darse cuenta del poco mantenimiento que recibían.
Moonghost era el narrador más entusiasta, contando con lujo de detalles sus experiencias en las atracciones mientras se saboreaba el enorme algodón de azúcar con gran gusto, sin reparar en el gigantesco chichón que comenzaba a asomarse en la cima de su cabeza luego de que Dyfir lo reprendiera por haberle sacado el monedero del bolso… sin importar que el fantasma hubiese conseguido triplicar el contenido al dejar en la bancarrota a unos cuantos ilusionistas.
Eve mantenía la distancia, escuchando en silencio lo excitante que les había parecido la montaña rusa y lo deliciosas que eran las golosinas —a pesar de la dudosa higiene de los puestos de comida— desde su lugar en la cola de la procesión. Ella no había participado en ninguna de esas cosas, nada de kioscos o juegos para ella, prefirió buscar un rincón oscuro para sumergirse en sus pensamientos.
Había muchas cosas por las cuales preocuparse, su regreso al pueblo no era por diversión, tendría que lidiar con muchos problemas en cuanto partiesen… demasiados problemas… más de los que jamás se habría imaginado… tantos que no sabía si podría manejarlos como esperaban que lo hiciera.
— La feria les agradó bastante —volvió a respingar ante la invasiva telepatía de Mewtwo, quien había reducido el paso lentamente hasta quedar a su lado—. Es posible que esto los mantenga contentos y te obedezcan sin muchos problemas, al menos hasta que lleguemos a Lavender.
— ¿No tienes nada mejor que hacer? Comienzo a pensar que te parece divertido molestarme —espetó Eve de muy malagana, indignada de que siempre interrumpiera el hilo de sus pensamientos con su potente voz.
— Voy a pretender que no dijiste eso —respondió Mewtwo, aunque gracias a un atisbo de molestia en su tono, ella pudo notar que se mordía la lengua para no contestarle del modo que se merecía—. No es mi intención importunarte y robar tu preciado tiempo de meditación. Sólo me acerqué para darte algo.
Eve se detuvo en seco, sin poder ocultar la sorpresa, mientras que Mewtwo tampoco daba crédito a la estupefacción que veía en su rostro.
— ¿Qué has dicho? ¿Estás tomándome el pelo?
Mewtwo se limitó a resoplar con cierta indignación antes de extenderle la mano, sintiéndose como tonto al tener que inclinarse ligeramente para que ella pudiera apreciar lo que sostenía: una gargantilla de cuero negro con broche y algunas decoraciones de acero.
Eve pegó un respingo cuando Mewtwo dejó caer el collar en sus manos, sintiendo el frío de las decoraciones al tacto y la rigidez del cuero. Todo el mundo se redujo a ese objeto por un instante, lo único que podía escuchar era el latido acelerado de su corazón, su mente estaba totalmente en blanco.
— ¿Por qué… me das esto? —dijo Eve con un hilillo de voz sin despegar la mirada del collar—. Tu y yo… no nos llevamos bien en lo absoluto… lo nuestro es mera cortesía… ¿Por qué me obsequiarías algo?
— No hay razón. Pero si en verdad necesitas alguna excusa para aceptarlo, entonces tómalo como una ofrenda de paz o algo así —contestó Mewtwo con la serenidad que le caracterizaba, sin verse afectado por lo contrariada que estaba Eve ante su obsequio—. Aunque parece que no es de tu agrado. Lo entiendo si es así, no tengo idea alguna de tus gustos…
— ¡No es eso! —saltó a decir Eve, interrumpiéndolo en seco y ahora sí logrando descolocarlo ligeramente, fallando en disimular la vergüenza que se apoderó de ella—. Sólo que… —suspiró—. Es… muy complicado de explicar… Pero no significa que… que… me desagrade… De hecho, es algo… lindo… sí… es lindo…
— No es necesario que intentes explicarte. Es más cómodo que lo aceptes y ya —suspiró Mewtwo, comenzando a sentirse tan avergonzado como ella. Era una situación bastante incómoda. Lo peor de todo es que no había terminado, debía cumplir con las instrucciones o Moonghost se lo reprocharía incluso después de morir. Era mejor decirlo rápido, así que tomó aire y, tratando de sonar lo más indiferente y calmado posible, preguntó—: ¿Me permites colocártelo?
El cuerpo de Eve se tensó, sintiendo cómo su rostro se ruborizada inevitablemente. Sin embargo, asintió sin mirarlo a los ojos. Le entregó el collar, elevándose un poco del suelo para evitarle la molestia de agacharse, agradeciendo el respiro que obtenía al darle la espalda.
Mewtwo poca importancia le daba a lo que Eve intentaba disimular, más ocupado en terminar con la labor, sabiendo cómo debía hacerse gracias a la breve práctica que Moonghost le obligó a realizar. Sabía que le quedaría bien gracias a que el fantasma se lo puso primero para asegurarse de que el accesorio fuera de la talla correcta. Lo que no nunca esperó fue atraparse pensando que le quedara bien en contraste con su pelaje níveo, el cual rozó brevemente con sus dedos y se sorprendió al sentirlo su tacto, pues era tan suave como la seda.
— Gracias —musitó Eve al darse la vuelta.
Mewtwo respondió negando ligeramente con la cabeza, incluso mostrando el atisbo de una sonrisa, como restándole importancia en un intento de minimizar lo bochornoso de la situación. Se sintió extraño cuando Eve intentó esconder una discreta sonrisa, no era lo que esperaba en lo absoluto, todo ese rato se estuvo preparando para soportar una avalancha de insultos o comentarios cortantes.
Para su gran asombro, las cosas sucedieron tal y como Moonghost dijo. No le quiso creer cuando aseguraba que aquello era parecido a la "magia negra", aunque sólo se sacrificaba la dignidad en caso de fallar.
Repentinamente, el resto del grupo los llamó a gritos, se detuvieron por tanto tiempo que se habían quedado muy atrás. Ambos respingaron, el llamado los sacó drásticamente de su burbuja, tanto que Eve no tardó en apresurarlo, alegando que estaba algo cansada y que debían prepararse para partir en la mañana.
Mewtwo entendió que era momento de volver a poner los pies en la tierra y lo aceptó con cierta resignación, pero Eve se detuvo luego de dar unos pocos pasos, girando a mirarlo y regalarle una sonrisa de agradecimiento genuina.
Aquello le hizo sentir de una manera tan extraña, que se quedó clavado en el lugar, permitiéndose unos segundos para recomponerse a pesar de que ella ya se alejaba, haciéndole cuestionar sus acciones mientras observaba cómo esquivaba a Flowar para evitar otro bochorno respecto al regalo.
Era muy entrada la madrugada, la fría brisa de la noche bailaba con la sepulcral soledad que rodeaba la casa del profesor, pero eso no bastaba para que Eve lograra conciliar el sueño como el resto de sus hermanos, que quedaron extenuados luego de su aventura en la feria.
Se escabulló de la casa cuando desistió de seguir intentando, no podría dormir ni con somníferos, su mente iba a mil por hora en un desesperado intento por no ahogarse en los pensamientos que la atormentaban. Lo mejor era distraerse con un paseo por los amplios terrenos del lugar, con la esperanza de que el tiempo a solas le sirviera para meditar correctamente, era la única opción que le quedaba para no volver a entrar en crisis.
Al poco tiempo de empezar su paseo nocturno, notó que no le estaba ayudando como esperaba, caminar sin rumbo era un completo despropósito para ella hasta que pensó en algo que podría ayudarla. Alzó vuelo para llegar rápidamente a su nuevo destino: el lugar más alto en todo el terreno.
Apenas posó los pies en el suelo, cuestionó su decisión respecto al sitio escogido, especialmente luego de lo ocurrido esa noche al regresar de la feria. La vista mantenía el encanto que le parecía inexplicablemente agradable aún sabiendo que era obra de humanos, pero tampoco encontró el sosiego que esperaba, como ocurrió en la ocasión donde tuvo que ir hasta allí para hablar con Mewtwo.
Resopló con cierto desgano, tocando con la punta de sus dedos el collar que le habían obsequiado, preguntándose si era correcto utilizarlo. En el pasado, sus hermanos siempre recibían ofrendas de sus protegidos, especialmente sus hermanas, que eran agasajadas con rocas brillantes y miles de flores exóticas por sus admiradores. Ese era su primer obsequio en mucho tiempo… no porque nadie hubiese querido complacerla, simplemente llegó un momento en que tenía razones de peso para rechazarlos.
Suspiró con pesar, a sabiendas de que algo tan inocente le traería problemas, desconocía qué tan graves serían. Usar aquella baratija generaría opiniones de mal gusto en algunos, pero el verdadero conflicto se originaba en quien le había obsequiado la prenda, más ahora que comenzaba a sentir la obligación de interceder por él.
"Es una tontería… Un detalle tan pequeño no le hace daño a nadie… no es malo… completamente inofensivo… ¿cierto?", pensó, apretando fuerte el collar entre sus dedos. "¿Pensarás lo mismo? ¿O no es tan insignificante para que lo omitas? ¿Qué harás para castigarme por esto?"
Volvió a suspirar, esta vez con cierto hastío. No debería estarse preocupando por tales trivialidades, todavía le quedaba tanto por hacer y el tiempo era como arena escurriéndose entre sus dedos.
No podía seguir permitiendo que el resto de sus hermanos se tomasen su misión como un juego, menos por lo que vio en el cristal cuando hurtó el muñeco de Skitty, era la señal inequívoca de que todo estaba por empeorar. Tendría que deshacerse del regalo para poder estar en paz.
Justo cuando se preparaba para quitarse el collar, captó un sonido a sus espaldas, poniendo en alerta el resto de sus sentidos y preparándola para defenderse ante un posible depredador. Volteó y entornó los ojos para escudriñar en la oscuridad, tropezándose con la encorvada figura que se alzaba en la copa de un árbol cercano, perfilándose contra el cielo estrellado.
Eve bufó con cierto desdén, torciendo los ojos y dándole la espalda, como restándole importancia a la bestia que apenas era un poco más grande que ella.
— Había tardado mucho en enviar a alguien… Eres Adzu, ¿cierto? —espetó Eve de malagana — ¿Qué te parece si bajas? Es más cómodo hablar estando al mismo nivel.
Escuchó un aleteo y una brisa fría la rodeó, volviendo a girar sólo cuando vio polvo levantándose a sus pies, topándose cara a cara con un Fearow que mantuvo sus alas desplegadas por unos segundos para alardear de su envergadura.
El pajarraco de cresta pintona, plumas alborotadas y cuyo pico retorcido podría atravesarla en un instante, no era un Fearow común. Además del aura sombría que lo rodeaba, llevaba su cuerpo adornado con marcas negras delicadamente dibujadas, siendo los ojos en el interior de cada ala lo más llamativo. Fueron éstas las que le ayudaron a identificar de quién se trataba.
— Me impresiona que te mantengas alerta a pesar de ser una niña tan mimada —le respondió el Fearow, alardeando también de su voz masculina gruesa y profunda antes de replegar sus alas—. Aunque hice ruido a propósito, así que no sé si sea acertado darte mérito, pues ya estarías muerta si las circunstancias fueran otras.
— Te imaginaba con una facha más intimidante. Me dijeron que preferías los dragones. Aunque por otras cosas que me han contado de ti, eso de las plumas no te queda tan mal —replicó Eve con cierta malicia.
— Las aves de rapiña también entran en mis especialidades, son tan feroces en los cielos como los dragones, incluso son algo más cómodas de usar —respondió Adzu mostrando indiferencia, a pesar de haber captado perfectamente a lo que se refería al mencionar lo de sus plumas, cosa que no le hacía ni pizca de gracia—. Además, llaman menos la atención de los humanos que los dragones. Se vuelven locos por las lagartijas súper desarrolladas.
— Es un completo despropósito. Los dragones casi no tienen debilidades. Las aves en cambio… con una buena descarga es suficiente para que se estrellen contra el suelo —dijo ella con la sombra de una sonrisa burlona asomándose en su rostro.
— Aquí el verdadero despropósito es que intentes imitar el sarcasmo petulante que tanto caracteriza a tú hermano. Se necesita ser más suspicaz para que sea eficaz, niña —espetó Adzu, hinchando las plumas de su pecho como clara muestra de disgusto, sólo tranquilizándose para añadir maliciosamente—. Hablando de él… todavía brilla por su ausencia. La carencia de un verdadero líder es notoria en ustedes, la responsabilidad te ha quedado muy grande… ¡vaya calamidad! Y se supone que el destino de este patético mundo está en tus manos.
Las mofas del Fearow cesaron cuando unas cuantas chispas de plasma saltaron del cuerpo de Eve a modo de advertencia. Que quisiera humillarla con eso la hacía enfurecer, en especial porque tenía algo de razón, viéndose forzada a contenerse sólo para no darle el placer de sentir que había ganado aquella discusión.
— ¿Sólo viniste para hacerme perder el tiempo o Drakar te envió por algo? —dijo Eve espetó, sacudiendo la mano en señal de hastío.
— Me sigues sorprendiendo. Es cierto que yo no malgastaría mi tiempo haciéndote una visita si no estuviese cumpliendo órdenes. Bien hecho, pequeña. Entonces imaginarás lo humillante que es convertirme en el intermediario de tonterías tan inaceptables —contestó Adzu, acicalando un poco una de sus alas antes de continuar— Mi Señor está al tanto de tu situación actual, niña. No le costó mucho enterarse de todas las dificultades que padeces y se ha mostrado profundamente preocupado al respecto.
Un escalofrío subió por toda la espalda de Eve. Sabía perfectamente el rumbo que tomaría aquella conversación, la perseverancia de aquel tipo le repugnaba y se lo había dejado en claro hasta el hartazgo, pero él seguía insistiendo.
— Sabes que mi respuesta a todo es un rotundo no, y nada de lo él que diga o intente me hará cambiar de opinión —dijo Eve, intentando mantenerse lo más calmada posible a pesar de la desagradable sensación que comenzaba a apoderarse de ella.
— Ay, lo sé. Se lo hemos dicho hasta la saciedad pero no quiere escuchar razones. Los jóvenes como ustedes siempre se niegan a tomar los consejos de los mayores —respondió Adzu entre risitas maliciosas—. Cambiando un poco el tema… ¿Son ideas mías o tus hermanos no saben que hemos despertado? Me cuesta creer que se hayan ido a jugar como niños despreocupados si estuvieran al tanto. ¿Y qué es eso? —señaló el collar—. Tal parece que uno de tus amiguitos se ha convertido en un admirador. Dudo mucho que a mi Señor le complazca enterarse de que alguien más te haya marcado como de su propiedad.
— ¡Eso no te incumbe! —siseó amenazadoramente, dejando escapar otra descarga de plasma que le produjo a Adzu una risotada—. Ya trajiste el mensaje, ahora envía la respuesta. No te queda nada más que decir. Lárgate.
— Eso significa que tampoco saben nada sobre tu "pequeño e insignificante" asunto, ¿cierto? —dijo Adzu burlonamente, jactándose ante el nuevo aluvión de chispas de plasma que saltaron del cuerpo de Eve—. Tus hermanos son todos unos alcahuetes. Recuerdo que eras tratada como una leprosa por tus propios protegidos, todo por el "secretito" que todos conocían en aquel entonces. Tu hermano era lo único que impedía que fueras linchada por esa gentuza cuya vida dependía de ti. ¿No es irónico que la divinidad sea tan frágil? Tus nuevos amigos han sido cruelmente engañados. ¿Qué pensarán de ti cuando descubran lo que tanto ocultas? ¿No te parece cruel mentirles tan gravemente?
— He fallado si piensan bien de mí—dijo Eve, tensando los labios al percatarse de que había pensado en voz alta.
— ¡Qué dulce! Lamento decirte que eso de hacerte la dura no es muy efectivo cuando tu propia sangre te mete la zancadilla. Quieres alejarlos pero ellos se aseguran de que te respiren en la nuca. ¿No es irónicamente cruel? —Adzu reía por lo bajo, disfrutando del ligero rubor que la ira ponía en las mejillas de Eve y la mirada asesina que le dedicaba—. Será un verdadero deleite cuando llegue el día en que pierdas el control y nuestro compañero convierta a tus amiguitos en tentempiés. Te sentirás tan culpable… no me lo perdería por nada.
— Ya estás delirando.
Eve le dio la espalda. No era lo más sensato, pero estaba segura de que Adzu tenía terminantemente prohibido hacerle daño, obedecía a rajatabla aunque fuera en contra de su voluntad. No era algo por lo que se sentía orgullosa, jamás deseó tener tal privilegio, incluso prefería que el ave intentase atacarla porque era lo natural. Percibía sus deseos de convertirla en un colador con su puntiagudo pico y le hubiese encantado que le diera un motivo para darle un puñetazo en la cara. Lamentablemente para ambos, nada funcionaba correctamente en ninguno de los lados.
— Tienes razón, eso de que seas el mensajero es humillante. Algo tan burdo es una pérdida total de tiempo —espetó Eve luego de recuperar la serenidad, interrumpiendo el parloteo del pajarraco, quien se dedicó a resaltar su supuesta inutilidad y debilidad—. Tus comentarios para denigrarme son de aficionado, no conseguirás perturbarme con nada de lo que digas, sólo alimentas tu ego en vano. Así que mejor ve a botar tus plumas a otro lado.
— ¡Claro! Aprovecha que puedes ser todo lo insolente que gustes sin consecuencias. En otras circunstancias ya estarías muerta, niña —graznó Adzu, aleteando efusivamente hasta elevarse y posarse de nuevo en la copa del árbol—. ¡No soporto a los jóvenes! Yo no me sentiría tan confiado e indestructible estando en tu lugar, llevas contigo algo que te supera en todos los sentidos y nosotros estamos de vuelta. Mientras tú sigues jugando a los acertijos, nosotros podemos hacer lo que nos plazca, ten por seguro que no desperdiciaremos el tiempo en nimiedades. Llevan las de perder.
Sin decir nada más, Adzu batió con más fuerzas sus alas y despegó hacia el firmamento, siendo devorado por la negrura de la noche en cuestión de segundos. Eve lo siguió con la mirada hasta perderlo de vista, todavía sintiendo que le ardían las mejillas por el impase que acababa de tener, pensando con cierto pesar que le hubiese gustado poder refutarle con más sagacidad al pajarraco.
No tenía caso prestarle atención a lo dicho por Adzu. Si bien era cierto que le llevaban la ventaja y el tiempo comenzaba a agotarse, mientras mantuviera la calma todo estaría bien. El Fearow ansiaba verla perder el control de sí misma y eso no sucedería, jamás había ocurrido, lo único que podían hacer en su contra sería sabotearla porque...
Nuevamente un desagradable escalofrío recorrió su cuerpo de arriba abajo. Sacudió la cabeza fervientemente, no podía confiar en ello, sabía muy bien que aquello no era garante de nada… Debía concentrarse en mantener la firmeza y continuar con su misión, esos eran los únicos objetivos importantes para ella, todo saldría bien mientras lo tuviese siempre en mente. Tenía fe de encontrar rápido al resto de sus hermanos.
Apenas pensó en esto, le pareció que el collar se volvía extremadamente pesado y le quemaba el cuello. Se limitó a suspirar, apenas rozando su nuevo accesorio con la yema de los dedos, tentada de nuevo a quitárselo y lanzarlo lo más lejos posible. Lo desabrochó, tanteando su peso entre las manos y observándolo con atención.
¿Cómo podía algo tan simple ser tan complicado? Suspiró, dejándose caer de nuevo, entregándose completamente a meditar si en verdad quería conservar aquel collar. No era un simple objeto para quien se lo obsequió.
"Tómalo como una ofrenda de paz…".
Tenía hasta el amanecer para estar segura de que el collar… no… que él valía lo suficiente para que ella intercediera cuando llegase el momento. No estaba dispuesta a cometer los mismos errores del pasado, no se creía capaz soportar que se desencadenaran desgracias por causa suya y tener que cargar con la culpa por el resto de su vida.
