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– Capitulo XXV –
結果
Consecuencias
"Cuando algo es moralmente correcto hay que defenderlo sin preocuparse de las consecuencias políticas o personales que vamos a pagar".- Gunter Grass
No sabía cuánto tiempo había pasado desde que los gritos y reclamos comenzaron a resonar en la sala, solo podía recordar haber ingresado a su casa, ser jalado del brazo por su hermana y obligado a sentarse en el sofá para recibir, sin poder objetar, el regaño que esta le tenía preparado por no haber llegado la noche anterior.
Decir que lo tomo desprevenido sería una gran mentira, sabía perfectamente las consecuencias de quedarse en Bevelle pero, no era como si hubiese algo en sus manos para salir de la situación en la que estaba. Lo único que podía hacer en esos momentos era mantearse en silencio y recibir el reclamo sin oponerse, después de todo, era algo que anticipaba por escaparse con Victor que, dicho sea de paso, seguramente estaba recibiendo un regaño peor.
– ¿Sabes lo preocupados que estábamos? – pregunto su hermana, moviéndose de un lado a otro – No sabíamos nada de ti, no contestabas el móvil, incluso llegamos a pensar que estabas herido.
– No me paso nada – dijo en un susurro.
– ¿Y si hubiese ocurrido? – Volvió a preguntar – por un minuto pensé que ya habías aprendido la lección, que ya no harías este tipo de cosas pero veo que me equivoque – aseguro cruzándose de brazos – tal parece que tengo que estar vigilándote para que no te mates.
– No soy un niño, se cuidarme solo.
– ¿Si? – Contesto con ironía – pues tus acciones demuestran lo contrario.
Yuuri no contesto.
– Pides que respetemos tus decisiones, que eres el rey – dijo sin moverse de su sitio – ¿acaso un rey haría esto?
Yuuri la regreso a ver, su mirada demostraba la frustración que estaba sintiendo pero, aun cuando quiso responder sus labios permanecieron cerrados, las palabras murieron en su garganta, aceptando aunque no lo quisiera, que su hermana tenía razón en ese punto.
– ¿No dices nada? – Le volvió a preguntar – claro que no, después de todo tengo razón.
Yuuri apretó con fuerza sus manos y desvió la mirada.
– Yuuri – lo llamo por su nombre, intentando calmarse – no puedo evitar que salgas, como tú mismo dijiste, no eres un niño como para que esté detrás de ti pero, sabes lo que sucede, la situación en la que estamos.
–…
– Por ahora no es conveniente que te alejes de casa y si lo haces, al menos queremos saber dónde estás, para estar seguros que nada te va a pasar.
– ¿Que me tiene que pasar?
– Demian.
Al escucharlo, el cuerpo del menor se tensó.
– Yuuri… – su hermana respiro profundamente y se sentó a su lado – no quiero seguir discutiendo contigo.
"La única que ha estado hablando eres tú, por lo que no veo discusión alguna en todo esto" pensó Yuuri.
– Solo respóndeme una sola cosa.
Su hermano la regreso a ver.
– ¿Dónde estuviste toda la noche?
Yuuri la contemplo unos segundos antes de desviar la mirada, negándose a contestar.
– ¿No me vas a contestar?
Su hermano continúo sin emitir palabra.
– ¿Estabas con un amigo o amiga que conozcamos?
No obtuvo respuesta.
– Yuuri, ¿no confías en mí?
– ¿Y tu si?
Yuuri regreso a ver a su hermana, sus ojos se conectaron por unos segundos, buscando que el otro bajara la misma pero, sabían que los dos, siendo tan tercos como eran, no darían su brazo a torcer.
– ¿Debería? – finalmente respondió Mary.
El ceño fruncido en el rostro de su hermano, le indico que aquella no era la respuesta que esperaba por lo que, verlo levantarse de golpe era una situación familiar. Hecho que se le hacía muy usual, ya que siempre sucedía cuando Yuuri sentía que la situación se le sala de las manos y prefería alejarse.
– ¿Cómo quieres que confié en ti si sueles ocultarme cosas? – su hermana le imito y se levantó de su asiento.
Yuuri se detuvo tras haber dado unos cuantos pasos, girándose para encararla.
– No puedo creer que digas eso – contesto Yuuri – ¿quieres que te recuerde quien me oculto mi origen?, ¿Quién me mintió acerca de quién era?
– Sabes por qué lo hice.
– Eso no justifica nada, me pides confianza cuando en su momento no la tuviste conmigo – elevando su voz un tono más arriba de lo usual.
– Tuve mis razones y las conoces, no tienes derecho a juzgar.
– ¿No lo tengo?, ¿y tú sí?
– Soy tu hermana mayor y tu tutora legal, tengo el derecho de saber qué haces.
– Eres increíble – se dio la vuelta, dirigiéndose a las escaleras que daban al segundo piso.
– Yuuri, ¿A dónde vas?
– A mi cuarto, ¿o también tengo prohibido hacerlo?
– No me hables de ese modo – le respondió – además, tu y yo no hemos terminado de hablar.
– Desde mi punto de vista ya hablamos lo suficiente – dijo comenzando a subir las escaleras.
– ¡Yuuri! – le llamo, alcanzándolo y jalándolo del brazo – no hemos terminado de hablar, no me has contestado lo que te pregunte.
– Y al parecer no has notado que yo no quiero decirte – le contesto con enojo.
– ¿Que estas ocultando? – ejerciendo mas presión en el agarre.
– Eso no es asunto tuyo – tratando de liberarse del agarre de su hermana.
– ¡Claro que sí, soy tu hermana!
Yuuri abrió los ojos de par en par el escuchar el grito de la mayor, el ceño de su frente se arrugo y jalo su brazo hasta liberarse del agarre.
– Lo eres – confirmo Yuuri – pero nada más.
–…
– Eres mi hermana, pero no mi madre – su hermana iba a decir algo pero la interrumpió – ¿mencionaste que yo era el rey?, tienes razón, lo soy – le aseguro – por lo cual no tengo que darte cuentas de lo que haga o diga, el único que es responsable de las decisiones que tome soy yo, no tú.
– Yuuri…
– Así que, te pido te limites a ser mi hermana, si quieres aconsejarme perfecto pero, soy yo quien decide si hago caso o no.
Mary trago con fuerza pero le mantuvo la mirada.
– Si ya no tienes nada que decirme, me retiro a mi cuarto.
Dicho esto, se giró y subió las escaleras, ignorando el llamado de su hermana.
Las lágrimas comenzaron a caer por las mejillas de Mary. Las mismas no eran por tristeza o por dolor, era por la impotencia que comenzó a recorrerle el cuerpo. Siempre tuvo diferencias con su hermano, nunca negó que quizás era demasiado estricta con el pero, en ninguna de las ocasiones en las que discutieron, Yuuri jamás le respondió de ese modo, mucho menos cuando descubrió toda la verdad. El que le haya dicho eso, demostraba que, de un modo u otro, su hermano estaba cambiando y, con ello, el comenzaba a guardar sus propios secretos, en los cuales no estaba incluida.
El sonido de la puerta al cerrarse capto su atención, respiro profundamente, intentando calmar sus emociones y se limpió el rostro, intentando que la persona que había entrado, no la encontrara de ese modo.
– Bueno días – dijo intentando sonreír.
– Buenos días – respondió Adalberto, dejando sus cosas sobre el sofá – ¿sucedió algo?
– ¿Cómo estuvo la caza? – ignorando la pregunta de su padrino.
Adalberto suspiro.
– Déjame adivinar… ¿Yuuri?
Mary desvió la mirada.
– ¿Soy tan fácil de leer?
– No pero, las únicas veces que te he visto llorar es cuando murieron tus padres y, por que algo le sucedió a Yuuri… ¿No ha vuelto?
– Llego a la casa a las ocho.
– Bueno, no fue tan tarde.
– De la mañana.
Adalberto guardo silencio, comprendiendo por donde iba la situación.
– Discutieron, ¿no es así?
Ella se sentó en el sofá y no contesto.
Adalberto se quitó la capucha y se sentó a su lado.
– ¿Quieres hablar de ello?
– No… Si… No sé.
– …
– ¿No crees que Yuuri ha cambiado mucho?
– Si, aunque creo que ya te había respondido esa pregunta.
– Lo sé pero, es diferente ahora, antes solo se limitaba a contestarme y encerrarse a su cuarto pero ahora… El me dejo muy en claro que solo soy su hermana.
Adalberto enarco una ceja.
– Dijo que él era el rey y no debía preguntar.
– ¿Te dijo eso?
– No – se corrigió – dijo que él era el rey y él era responsable de sus decisiones.
– Tiene razón.
Mary lo regreso a ver con los ojos muy abiertos por la sorpresa.
– No me mires así – indico – pero, él tiene razón, él es el rey… Incluso para mi es difícil aceptarlo pero, finalmente el deberá tomar las decisiones que crea pertinentes, aun cuando no esté de acuerdo con ellas.
– ¿Incluso si nos oculta cosas?
– Toshiya también lo hizo – aclaro – Yuuri es su hijo, seria inusual que no haya heredado esa cualidad de él.
Mary bajo la mirada.
– Solo hay que mantenerlo vigilado, aun cuando trate de ocultar todo lo que le sucede, tarde o temprano saldrá a la luz.
– ¿Tu lo crees?
– Si, incluso el secreto mejor guardado siempre se revela de una forma u otra.
Mary no respondió.
– Si algo sucede, estaremos ahí para apoyarlo, incluso para hacerle entrar en razón si está errando.
Su ahijada no le contesto y solo atino abrazarla con fuerza.
El ceño del rey se encontraba fruncido, pequeñas venas se resaltaban alrededor de sus ojos, mostraba sin disimulo lo enojado que se encontraba con la persona que estaba frente a él. Después de contemplar a la persona, se levantó de su asiento y hablo.
– ¿Esperas que crea esa pobre explicación?
Victor no regreso a verle.
– ¿No vas a decir nada?
Su hijo levanto la vista y sus ojos se encontraron.
– ¿Que más quieres que diga?
El rey ante las palabras de su hijo, golpeo con fuerza el escritorio y lo regreso a ver con furia.
– Te doy la oportunidad de explicar tu ausencia, ¿y me contestas de esa forma?
Nuevamente su hijo se mantuvo en silencio.
– Hijos como tu… – susurro el rey.
Se movió con lentitud, eliminando la poca distancia que lo separaba de su hijo. Una vez estuvo a su lado, un fuerte sonido se hizo presente en el lugar.
– … – no emitió sonido alguno, solo se llevó la palma de su mano hacia su mejilla la cual, se está tornando color carmín por el impacto.
– Te lo preguntare una vez más, ¿Dónde estabas?
Victor levanto la vista y bajo su mano.
– Ya te lo dije, necesitaba salir de aquí, así que monte a Chocolina y fui a la casa que tenemos en Bevelle, la que le pertenecía a mi madre, sin darme cuenta anocheció y ya no pude volver.
El rey lo observo con cuidado unos segundos sin dejar de fruncir el ceño, soltó un suspiro y se giró sobre sus pies para darle la espalda.
– Deshazte de ese chocobo – le indico al guardia que estaba en la puerta.
– ¡Padre! – lo llamo Victor.
– Ese chocobo solo es una distracción para ti y en estos momentos no tienes por qué estar perdiendo el tiempo con ella.
– Chocolina era de mi madre y tú…
– Se muy bien que era de tu madre – dijo regresando a verlo de reojo – pero ella ya no está, no es necesario mantenerla, sobre todo si solo perderás el tiempo.
Victor iba a decir algo, no podía permitir perder a uno de los pocos recuerdos que tenia de su difunta madre pero, su protesta se vio interrumpida cuando las puertas del despacho fueron abiertas de par en par.
– ¡Espere por favor! – la voz de una tercera persona les hizo voltearse.
Irina entro con premura al lugar, con un gesto de tristeza en su rostro.
– Querida Irina, ¿sucede algo? – hablo el rey al verla entrar tan agitada.
– Lo siento su majestad, sé que no es propio de una señorita interrumpir la conversación que dos hombres mantienen pero…
El rey no hablo y dejo que continuara.
– Siempre he soñado con montar a Chocolina, la he visto en varias ocasiones y se lo dulce que es con los demás así que… ¡Le suplico le perdone la vida!
La mirada del rey se mantuvo fija en ambos, durante unos segundos no emitió sonido alguno, haciendo que el ambiente se hiciera más pesado de lo que ya era hasta que, tras meditarlo, hablo.
– Muy bien.
El rostro de Irina se ilumino.
– Por pedido de Irina, lo dejare pasar por hoy pero… Si se vuelve a repetir…
– Muchas gracias su majestad – Irina le agradeció e hizo una pequeña reverencia.
– Pueden Marcharse.
Ambos asintieron y dieron la media vuelta para salir del despacho pero, antes de lo hiciera el rey hablo nuevamente.
– Estas advertido, Victor…. No vuelvas a decepcionarme.
Victor no contesto y procedió salir del despacho junto a Irina.
Se dejó caer sobre la amplia cama, las emociones propias de la discusión con su hermana aún seguían presentes, dejándolo en un estado de aturdimiento del cual le era difícil salir. Nunca espero hablarle de ese modo es más, no pensó en levantarle la voz simplemente la impotencia y la frustración llegaron a su límite que no pudo contenerse. No sabía cuándo comenzó a tomarse tan en serio lo de ser rey, si, tenía la intención de salvar a todos, cumplir la profecía y volver a tener una vida tranquila… Pero tal pareciera que su corazón había elegido ser el gobernante de un reino usurpado sin pensarlo siquiera.
– ¿Por qué le hable de ese modo? – Se preguntó, sentándose en la cama – mi hermana no merecía que le hablara así.
Se levantó de la cama para quitarse la chamarra que traía puesta y dejarla sobre el respaldo de la silla pero, al hacerlo, un objeto cayó de ella y aterrizo en el suelo. Yuuri dejo la chamarra y se inclinó para recogerlo. Era un péndulo con una hermosa piedra azul la cual, la pequeña Luminitsa le había regalado antes de partir de Bevelle.
Una suave sonrisa se posó en su rostro al recodarlo.
– ¿Para mí?
Los ojos del azabache observaban con detenimiento el pequeño péndulo de color azul que la pequeña Luminitsa le había entregado. Nunca espero un regalo, mucho menos perteneciente a la gente del pueblo gitano pero, ahora que lo tenía sobre su mano, brillando y emitiendo ligeros rayos de colores en el lugar, no podía sentirse más feliz por recibirlo.
– Si – la pequeña lo observaba con sus enormes ojos y una hermosa sonrisa en su rostro.
– Es hermoso – le contesto devolviéndole la sonrisa – muchas gracias.
Ella solo siguió sonriéndole dulcemente.
– Es una pena que tengan que irse – hablo Jovanka.
– ¿Seguro que no quieren quedarse unos días? – pregunto Wesh quien estaba sujetando a su esposa por la cintura.
– Me temo que no es posible – le respondió Victor – tenemos asuntos que atender.
– Si, el quedarnos no estaba en nuestros planes pero, me alegra de que lo hiciéramos – prosiguió Yuuri.
– ¿Nos volveremos a ver? – pregunto la pequeña Luminitsa, interrumpiendo la conversación de los adultos.
Tanto Yuuri como Victor dirigieron su vista al rostro de la menor y sonrieron dulcemente.
– No te preocupes – le contesto Yuuri, colocándose en cuclillas para quedar a su altura – sin importar que suceda ni el tiempo que transcurra, nos volveremos a ver – acariciando suavemente el cabello de la misma.
–¿Seguro?
Yuuri asintió, haciéndola sonreír.
– Yuuri tiene razón – secundo Victor, acercándose para tomarla en brazos – cuando menos lo esperes volveremos a vernos.
El rostro de Luminitsa se ilumino y paso sus brazos alrededor del cuello de Victor. Este le devolvió el abrazo, dejándola nuevamente en el suelo unos segundos después.
– Es hora de irnos – le dijo Yuuri.
Victor asintió.
– Me dio gusto conocerlos – aseguro Yuuri – a todos.
– Compartimos el sentimiento – dijo Jovanka.
– Vuelvan a visitarnos – agrego Wesh.
Ambos asintieron antes de girar sus cabezas y observar, como uno de los hombres de Wesh traía consigo a Chocolina.
– No sé cómo pagarles el que la hayan encontrado – dijo Victor acariciando la cabeza de su quería amiga.
– No fue nada, mis hombres la encontraron mientras daban sus recorridos.
"Más bien, buscaban a quien robar" ´pensó Yuuri.
Victor le sonrió y subió al lomo de la enorme chocobo.
– Si algo ocurre no duden en contactarnos, vendremos en su ayuda tan pronto nos sea posible – dijo Yuuri.
Todos asintieron pero, la pequeña frunció el ceño.
– ¿Sucede algo Luminitsa?
– Pero… Tú vives en Nueva Hasetsu ¿no?
– Si, así es.
– ¿Cómo vamos a localizarte?
Los adultos se regresaron a verse entre ellos, comprendiendo que, la pequeña gitana tenía razón en ello. La señal celular se perdía en aquel lugar tan oculto en Bevelle por no decir que los gitanos no podían ir y venir dentro del reino sin que los guardias los aprendieran durante el camino así que, ahora tenían un problema que no habían notado.
– En eso tiene razón – cruzándose de brazos – nadie tiene celular por no decir que la señal es pésima aquí.
– ¿No hay otra forma en que puedan contactarnos? – pregunto Victor con algo de preocupación.
– Mmm…
Yuuri cerró sus ojos y su mente comenzó a trabajar. No podían depender de la tecnología para ello así que era algo que quedaba descartado completamente. Tampoco les podía pedir que viajaran al reino, ya que los guardas los podrían aprender. ¿Cómo podrían comunicarse si algo sucedía y necesitaban ayuda?
Todos los presentes solo observaban el rostro serio y ansioso del azabache, esperando que pudiese encontrar una solución al dilema que tenían enfrente.
Fue en ese momento que Yuuri abrió sus ojos de golpe, lo cual indicaba que había encontrado una solución.
– Wesh, ¿conocen a Chris?
El jefe de los gitanos enarco una ceja y hablo.
– Si, todo aquel que se mueva en el mercado negro lo conoce, de hecho lo veo cada semana para venderle una parte de los botines que obtenemos.
El rostro de Yuuri se ilumino por esa respuesta.
– Entonces podemos usar a Chris de puente.
Todos enarcaron una ceja, dándole a entender que no comprendían del todo la situación.
– Chris es un conocido mío, él sabe cómo contactarme si algo sucede – aseguro sin dejar de sonreír – si necesitan mi ayuda, búsquenlo y denle el mensaje, él sabrá como hacérmelo llegar.
– ¿Hablan del mismo Cris que la guarda a tratado de capturar desde hace años? – pregunto Victor, curioso por la mención del buscado contrabandista.
– Si, el mismo – dijo volteando a verlo.
– Vaya, parece que tu "oscuro" círculo social se extiende cada vez más – contesto Victor, soltando una suave risa por la broma.
– Muy gracioso – rodando los ojos por la misma.
– Entonces ya no tenemos que preocuparnos por ello – dijo Wesh – si algo pasa, acudiremos con Chris.
Yuuri asintió.
– Debemos irnos – le menciono Victor – está saliendo el sol.
– Sí.
– Cuídense mucho – dijo Jovanka.
– Lo haremos – le respondió el azabache.
– Yuuri – le llamo Victor, ofreciéndole su mano para que subiera.
El azabache solo tomo la mano que le era ofrecida y de un impulso subió sobre Chocolina.
– Buen Viaje – dijo con una sonrisa Luminitsa.
Ambos asintieron.
Chocolina extendió sus enormes alas y comenzó a correr por el enorme prado hasta que lentamente se elevó por los aires. Yuuri elevo su mano, despidiéndose con ademan de sus nuevos amigos, esperando que pudiese verlos en un futuro próximo.
Estaba perdido en sus pensamientos, recordando brevemente la dulce sonrisa de Luminitsa y los nuevos amigos que había hecho. Era una de las pocas veces en las que ser quien era, le llenaba el pecho de felicidad y alegría ya que, de no ser por aquella noche en la que había salvado la vida de la pequeña y su madre, no hubiese ganado los amigos que ahora tenía –aunque al inicio trataron de secuestrarlo–
– Espero volver a verlos – susurro, moviendo el pequeño cristal del péndulo hacia la luz que se filtraba por las ventanas, llenando en un segundo la habitación con bellos colores.
El sonido de su celular capto su atención, sacándolo de su pantalón para prender la pantalla y leer un breve mensaje de su mejor amigo.
"Necesitamos hablar… ¿Dónde te metiste?"
Soltó un suspiro, sabiendo que después de la discusión con su hermana, le esperaba una larga plática con Phichit. Jalo la silla, se sentó y encendió su laptop, dando clic en la aplicación una vez estuvo prendida la pantalla y, tras unos segundos en los cuales espero a que conectara el servidor, la pantalla cambio por el rostro de su mejor amigo.
– Muy bien, suelta la sopa – dijo nada más ver el rostro del azabache en la pantalla –¿Dónde te metiste toda la noche?
– Hola Phichit, ¿Cómo estás?, yo muy bien ¿y tú?
– Muy gracioso.
Yuuri solo soltó una ligera risa.
– En serio, ¿Dónde te metiste? – Volvió a preguntar – ¿sabes cuantas veces tuve que negar que no sabía dónde estabas?
–…
– ¡Más de treinta veces! – Aclaro dramatizando con sus manos – mi padre me interrogo en varias ocasiones sin mencionar que tu hermana hizo lo mismo cuando vino a buscarte a mi casa.
– Mmm… ¿Lo siento?
– ¡Yuuri!
– Vale, lo lamento.
– Al menos me hubieses informado donde estabas y si no ibas a volver quizás, al menos, tendría una coartada para cubrirte.
– Lo siento – volvió a disculparse – no se suponía que esto sucediera, solo era ir y volver pero… Se complicaron las cosas y me quede sin señal.
– ¿Qué cosas? – entrecerró sus ojos.
– …
– ¡Yuuri! – Levanto la voz al ver el mutismo de su mejor amigo – lo mínimo que merezco como tú mejor amigo, casi hermano y a quien interrogaron cual prisionero de guerra, es una explicación detallada de donde estabas.
– …
– Le diré a Sala y a Mila que conoces al príncipe, que son amigos íntimos – declaro haciendo que Yuuri agrandara sus ojos por lo dicho – y que, estarás gustoso en llevarlas a que lo conozcan – levantando su celular para que su amigo lo viera.
– ¡Vale, Vale! – levanto sus manos para detenerlo – ¡te diré todo pero, guarda el celular!
Phichit sonrió de forma triunfal y guardo el celular.
"Odio cuando se pone en modo stalker y usa lo que sabe en mi contra" pensó para sus adentros "si Sala o Mila se enteran… No dejaran de acosarme"
– ¿Y bien?
Yuuri suspiro.
– Sucede que salí con Victor y…
– ¡Ahora entiendo! – Cruzándose de brazos – con razón no le dijiste a nadie donde ibas, te fuiste a una cita con él.
– ¡No era una cita! – Contesto algo nervioso – solo lo acompañe a un lugar.
Su mejor amigo entrecerró los ojos, dándole a entender que no le creía.
– Escucha, me pidió ir con él a un lugar que era muy preciado para él, porque le recordaba a su madre.
– ¿Y ese lugar donde queda?
– …
– Yuuri.
– ¿Prometes no decirle nada a nadie?
– ¿Cuándo he dicho algo que me has confiado?
– En eso te doy la razón – respondió – fuimos a Bevelle.
– ¿Qué?
– Que fuimos a Bevelle.
– ¿Qué?
– Que fuimos…
– ¡No esa clase de "que"! – Dijo sorprendido – ¿Te fuiste a un país que queda a varias millas de aquí?, ¿Cómo sucedió eso?
– Victor es dueño de un chocobo dorado así que…
– Oh, ya, se fueron volando hacia allí.
Yuuri asintió.
– Quitando el hecho de que te fuiste a pasear y vivir una aventura con el enemigo.
– Él no es…
– Como sea, dejando de lado que no acepto que sigas frecuentándolo por lo obvio, la cuestión aquí es… ¿Por qué no volvieron?
– Tuvimos dificultades.
– ¿Y son?
– Digamos que asuste a su chocobo sin querer y se fue corriendo, tratamos de buscarlo pero estaba oscureciendo, después cuando volvíamos para pasar la noche en la casa que tiene ahí, nos atacaron los gitanos.
– ¿Gitanos? – Parpadeo Phichit – Entonces, ¿son ciertas las historias de que suelen atacar a los viajeros?
Yuuri volvió a asentir.
– ¿Y cómo salieron de eso? – Pregunto intrigado – ¿usaste tus poderes?
– Sí y no.
Phichit enarco una ceja y Yuuri suspiro de nuevo.
Comenzó a relatarle brevemente lo sucedido en Bevelle, como fue el encuentro con los gitanos, el cómo tuvo la intención de dejar que Victor huyera y que, gracias a lo hecho tiempo atrás, cuando salvo a una pequeña niña junto a su madre, le había conferido la gracia de los gitanos. Le conto sin detalles el cómo los invitaron a su guarida, el descubrir uno de los míticos santuarios dedicados a los sidereos, la fiesta, la música y las risas de un pueblo que lo acogió sin reparos pero, omitió lo sucedido con Lamu, aun no creía oportuno hablar sobre ello con nadie.
– Vaya, así que ahora eres el salvador de todo un pueblo – le sonrió su mejor amigo.
– Creo que si – sonrojándose ligeramente.
– Debió ser muy divertido convivir con ellos, un día debes llevarme para conocerles.
– Claro, si se da la ocasión, te llevare.
– Más te vale.
Ambos se sonrieron.
Yuuri sintió que la presión en su pecho se aligeraba, que el miedo al reclamo por parte de su mejor amigo se esfumaba, dejando a su paso solo risas por los comentarios hechos. Fue durante el recordatorio de lo vivido que recordó brevemente las palabras de Jovanka, quien había sugerido que, lo que sentía por Victor, era más que solo amistad.
"Puede que no te hayas dado cuenta o quizás, es tu propia mente negando lo que tu corazón ya sabe"
Apretó con fuerza sus manos mientras la dulce voz de la mujer del jefe de los gitanos se escuchaba en su mente.
"Ese chico te gusta pero, no como un hermano o amigo sino, de forma romántica"
Se mordió el labio inferior por la frase en su cabeza.
"No, no puede ser eso…" Pensó.
– ¿Yuuri?
La voz de su mejor amigo le hizo dar un respingo y regresar a verle.
– ¿Qué?, ¿qué sucede?
– Nada pero, estabas poniendo una cara muy rara – contesto – ¿te sucede algo?
Yuuri observo el rostro de su mejor amigo tras la pantalla, debatiéndose entre confesarle lo sucedido o callárselo. Desde que había escuchado esas frases su cabeza no dejaba de ser un torbellino de pensamientos que no lo dejaban calmarse. Necesitaba ayuda, nunca había pasado por ello ni replantearse la idea del amor en su vida pero, ¿a quién acudir?, su hermana y Adalberto no eran una opción ya que, tan solo de mencionarlo lo presionarían para que dijera de quien se trataba y no se imaginaba diciéndoles que era el hijo de su peor enemigo.
– Yuuri – lo volvió a llamar.
El azabache no contesto de inmediato, pensando una y otra vez que hacer. Su mejor amigo tenía una relación, una que no le había dicho que tenía abiertamente pero, eso no quitaba el hecho de que la mantenía así que, ¿Quién mejor para aconsejarle?, solo evitaría decirle que se trataba de Victor.
– Phichit.
– ¿Mmm?
– ¿Puedo hacerte una pregunta?
– Claro, tú dirás.
Trago con fuerza antes de continuar.
– ¿Cuándo te diste cuenta que, lo que sentías por Seung, era amor?
– Pues… ¿Qué? – Phichit lo regreso a ver una vez capto mejor la pregunta.
Yuuri solo le sostuvo la mirada.
– Yuuri… No sé de lo que…
– Phichit.
Ambos conectaron sus miradas, diciéndose todo sin palabras. Finalmente, su mejor amigo desvió la mirada y suspiro.
– ¿Somos tan obvios? – pregunto.
– No, no lo son.
– Entonces, ¿Cómo…?
– Eres mi mejor amigo – respondió como si fuera la respuesta más obvia – te conozco mejor que nadie.
– En eso tienes razón – sonriéndole ligeramente.
– No te pido que me des muchos detalles – aclaro Yuuri – eso es algo que, si es lo que deseas, compartirás conmigo.
Phichit asintió y dejo que continuara.
– Pero... ¿Cómo lo supiste?
– …
– ¿Cuándo te diste cuenta que estabas enamorado?
Su mejor amigo se mantuvo en silencio unos segundos. Una dulce sonrisa apareció en su rostro, un largo suspiro le prosiguió, indicándole que estaba rememorando momentos muy especiales con su pareja.
– ¿Quieres que te sea sincero?
– Sí.
– Ni yo mismo lo sé.
Yuuri enarco una ceja.
– Sabes cómo es Seung – su amigo asintió – es bastante reservado, no habla casi con nadie, incluso hoy en día me sorprende el hecho de que conmigo hable demasiado – haciendo que Yuuri riera – no le gusta estar mucho tiempo cerca de los demás, no porque tenga alguna fobia o algo así, simplemente que creció con una educación demasiado estricta y le cuesta abrirse a los demás.
– Todo lo contrario a ti.
– Exactamente – respondió – nos hicimos amigos de forma extraña, ya que un día salí corriendo de la escuela porque mi madre me esperaba para acompañarla a hacer unas compras cuando en el camino.
– ¿Tropezaste con él?
– Si, no lo vi y caímos a un canal – haciendo un gesto de pavor – por un minuto creí que me comería vivo pero, se mostró muy comprensivo. Lo lleve a mi casa que era la más cerca, mientras su ropa se secaba trate de hacerle platica.
– ¿Te hizo caso?
– No, él se limitaba a contestar con un sí o un no.
– Típico de el – dijo Yuuri con una sonrisa.
– Pasó una hora y estaba por irse cuando mi hermana llego. Ella comenzó a gritar diciendo donde estaba esto o lo otro, comencé a discutir con ella y a perseguirla por la casa. Todo frente a Seung.
– …
– Lo más extraño es que, en vez de molestarse, se rio.
– ¿Qué?
– Si, se rio… Al parecer nuestras tonterías le parecieron divertida – dijo con sorpresa – después de eso llegaron mis padres, mi madre me riño por no acompañarla, mi padre invito a Seung a cenar ya que era muy tarde y no era propio a esas horas estar en las calles así que… Ceno con nosotros.
– Wow, eso no me lo esperaba.
– Ni yo, la cena fue muy agradable, Seung se entendió rápidamente con mi padre, incluso hablaron del viñedo… ¿puedes creerlo?, mi padre lo elogio, dijo que tenía un gran futuro como empresario o presidente de su nación cuando tomara el puesto de su padre. Ni a mí me ha dicho eso – dijo indignado por el recuerdo.
– Seamos honestos, tú no eres muy bueno con los números ni las finanzas.
– ¡Yuuri!
– Lo tuyo es la fotografía y todo lo relacionado a la farándula – su amigo le regreso a ver con un gesto de indignación – las cosas como son.
– No me simpatizas.
Yuuri sonrió.
– Como sea. Tras la cena y la despedida, acompañe a Seung fuera de mi casa donde lo esperaba una limosina, hasta yo me sorprendí – aclaro – su padre le llamo en ese momento, no supe de que hablaron lo único que escuche fue cuando regreso a verme y dijo…
– ¿Qué cosa?
– Que había estado en casa de un amigo.
El rostro de Yuuri se mostró claramente sorprendido ya que, era bien sabido que Seung no era conocido por tener amigos, así que, el hecho de que llamara a Phichit de esa forma es que, le había agradado en ese momento, lo suficiente para catalogarlo de ese modo.
– ¿Y qué sucedió después? – pregunto saliendo de su asombro.
– Lo obvio, intercambiamos números telefónicos, redes sociales, correo… Y cuando menos lo supe, cada noche hablábamos de cualquier cosa por medio de video llamadas. Salíamos de vez en cuando, me ayudaba a estudiar cuando no entendía algo… Cuando menos me di cuenta, mi vida estaba llena de él.
– …
– No sé en qué momento me enamore Yuuri pero, cuando no estaba con el me sentía vacío, extrañaba verlo, hablarle, hacerle reír, dejar que me riñera cuando me equivocaba… Sentir esas mariposas en el estómago era tan extraño que cuando no sucedía por no verle, me hacía sentir… Que me faltaba algo en mi vida.
Yuuri apretó con fuerza sus manos al escucharle hablar.
"Es… Lo mismo que me pasa con Victor" pensó.
– ¿Cuándo confirmaste que, era amor? – pregunto.
– ¿Cuándo? – Haciendo un gesto en el que demostraba que estaba pensando – Cuando vi que una chica trata de besarle.
– ¿Qué?
Phichit Sonrió y procedió a contarle.
Aquel día había quedado en ir al departamento de Seung para estudiar sobre la materia que más odiaba, economía. Pero, al ver que tardaba tanto en salir, decidió buscarlo, lo encontró a lado de una chica de su clase, quien tras confesarle que lo amaba, esta trato de besarle. En aquel momento se congelo, sintiendo como algo comparado al enojo había crecido en su pecho, solo para dejarlo ir cuando Seung, amablemente, alejo a la joven, quien entre lágrimas acepto el rechazo y salió del lugar, corriendo hacia el interior del edificio. Tras eso y unos días de pensarlo, llego a la conclusión que Seung le gustaba más que un amigo.
– Así que, decidí invitarlo al cine, cuando regresábamos le confesé lo que sentía y…
– ¿Te correspondió?
– No, solo se congelo, me golpeo en la cara y se fue tan rápido que no pude detenerle.
Una risa nerviosa escapo de los labios de Yuuri.
– No todo fue hermoso, muchos días pasaron antes de volver a verle y, cuando finalmente me dio su respuesta… No pude ser más feliz.
Yuuri sonrió al ver el rostro tan feliz de su mejor amigo.
– Pero… ¿No tuvieron problemas?
– ¿Problemas?
– Si, ya sabes, con sus personalidades tan diferentes…
– Como toda pareja, tuvimos nuestros momentos – indico cruzándose de brazos – pero, siempre he pensado que gracias a ser tan diferentes, es que nos complementamos tan bien.
– Ya veo – Yuuri bajo la cabeza sin dejar de sonreír.
– Pero, a todo esto, ¿Por qué quisiste saber acerca de mi relación con Seung?
– Bueno, no exactamente sobre tu relación como tal – afirmo – es que… No hay nadie a quien más pueda pedirle un consejo o referencia acerca de…
– ¿El amor?
– Algo así.
– Espera… ¿Te gusta alguien? – pregunto acercándose más a la pantalla.
– ¿He?
– Entonces lo que Sala y Mila dijeron era cierto – entrecerrando los ojos y sonriéndole – que guardadito te lo tenías, ¿he?
– No, no es eso…
– ¿Quién es?, ¿es alguien que conozco?
Yuuri se mantuvo en silencio unos segundos, nervioso por las preguntas de su mejor amigo.
– Bueno… Si, podría decirse que le conoces pero, te aclaro nuevamente, no es nada, solo quería saber cómo se siente cuando alguien te gusta.
– … – Phichit no contesto, ya que su amigo le confeso sin darse cuenta que si había alguien en su vida.
Yuuri lo regreso a ver.
– Y no estoy confirmando nada.
Phichit solo sonrió y dejo de presionarle, a sabiendas que cuando algo así te pasaba, al inicio te negabas a creer que es amor lo que sientes por esa persona.
– Vale, no seguiré presionando.
Su mejor amigo suspiro con alivio.
– Pero, si dejas que te de un consejo – Yuuri lo regreso a ver – a veces cuando más lo negamos es por que inevitablemente ya caímos por esa persona.
Yuuri se sonrojo.
– Yo… No…
– Aunque claro, a veces nuestros sentimientos se confunden, y podemos pensar que es amor cuando solo es admiración por las cualidades que tiene esa persona –aclaro.
– …
– Así que no te presiones, ¿sí? – Le sugirió – si es amor tarde o temprano te darás cuenta y si no, no pasa nada, todo llega en su momento.
– ¿Cuándo te volviste tan sabio?
– Agradece a Seung, convivir con él me ha ayudado a ampliar mi panorama.
– Entonces se las daré cuando lo vea – indico – gracias a él, has madurado un poco.
– ¡Oye!
– Lo siento – riendo ligeramente.
– Serás.
Una tercera voz les hizo dejar la conversación, haciendo que ambos suspiraran.
– Tengo que irme, como puedes ver, mi madre quiere que vaya con ella a elegir su vestido para el baile de año nuevo del rey – dijo con pesar – no sé por qué no se lleva a mi hermana.
– Quizás porque ella está más pendiente de su novio – encogiéndose de hombros.
– Puede ser… En fin, hablamos luego.
– Si, cuídate.
– Igual y, piensa en lo que conversamos, ¿sí?
Yuuri asintió.
– Nos vemos.
Tras la despedida, la pantalla de apago, dejando solo el fondo de la laptop en su lugar. Yuuri bajo la tapa de la misma y se hundió en la silla, rememorando cada palabra de la conversación entre ambos. Se levantó de la silla y se dirigió hacia su cama, solo para abrir la venta y dejar que la brisa de la mañana golpeara su rostro.
– ¿Amor?, ¿Admiración?... Victor, ¿qué siento por ti?
Apoyando sus brazos sobre el marco de la ventana, mientras sus pensamientos recordaban una y otra vez la sonrisa del de ojos azules.
– ¡Ha! – un gemido escapo de sus labios cuando la fría superficie de la compresa toco su mejilla.
Noel le dirigió una mirada llena de reproche.
– Eso te pasa por escaparte y desobedecer al rey – metiendo la pomada en el botiquín nuevamente – deberías estar feliz de que solo fuese ese el castigo y no otra cosa – levantándose para dejar el mismo en su lugar de origen.
– Preferiría estar en el calabozo que el golpe en mi mejilla – susurro.
Noel rodo los ojos y, una vez guardo el botiquín regreso para sentarse a lado de su amigo.
– Agradece la ayuda de la señorita Irina, sin su intervención el destino de Chocolina sería otro.
El recordar la sentencia que su padre había dictado para su chocobo le envío un escalofrío por toda la columna. Bajo la compresa y hablo.
– Lo sé, no tienes que repetirlo – declaro sin animo – Chocolina no tiene la culpa.
– ¿Y Katsuki Yuuri?
Victor alzo la cabeza rápidamente al escuchar el nombre del azabache, enarcando una ceja y dirigiéndole una mirada confundida a su mejor amigo.
– ¿Acaso crees que soy idiota? – Pregunto – sé muy bien que eso de que "te fuiste para salir de aquí" es solo una tonta excusa para cubrirlo.
Victor bajo la mirada.
– Te lo he dicho en muchas ocasiones y vuelvo a repetirlo, ese chico solo te ha traído problemas desde que lo conociste.
– Noel.
– No, esta vez tú eres el que va a escucharme.
Haciendo que Victor callara antes de que pudiera replicarle.
– Desde que Katsuki Yuuri se cruzó en tu vida, solo has acumulado un monto de problemas que día tras día se vuelven más insostenibles.
– Yo ya tenía problemas antes de conocerle – le aclaro.
– Si, no niego que siempre te metías en algún problema del que tenía que ayudarte a salir pero, no al punto de que tu padre te levantara la mano o que amenazara con matar a la adorada mascota de la difunta reina Aleksandra.
El de ojos azules trago con fuerza y desvió la mirada.
– Sé que no te gusta que te lo recuerde pero, entiéndeme, cada vez que algo pasa es por culpa de él.
Victor no respondió.
– Solo… – tratando de contener el tono de su voz – trata de no meterte en más problemas por su culpa, ¿de acuerdo?
No obtuvo una respuesta nuevamente pero, esperaba que Victor lo escuchara, aunque fuera por esta vez.
– Tengo que ir con el maestro Ballad, ¿estarás bien? – le pregunto.
– Si, ¿Por qué no lo estaría?
Noel suspiro y se levantó.
– Volveré tan pronto termine mis deberes – su mejor amigo solo asintió – cuídate.
Comenzó a alejarse del príncipe hasta que llego a la puerta, deteniéndose una vez estuvo a punto de salir del lugar.
– No olvides agradecerle a la Señorita Irina – afirmo.
– Lo sé.
– Es la segunda vez Victor – regresando a verle – deberías ser más agradecido con tu prometida.
–…
– ¿Por qué no la invitas al show de navidad? – Le pregunto – puede ser una buena manera de agradecerle su ayuda, ¿no crees?
– Lo pensare.
Noel le dedico una suave sonrisa y salió del lugar.
Tras darse una ducha rápida y dejar de lado sus pensamientos referentes a Victor, decidió ir a la cocina y tomar algo para almorzar. Deteniendo sus pasos cuando, al bajar el último escalón, se encontró con varios pares de ojos que lo regresaron a ver. No necesitaba ser un genio para darse cuento de lo incomodo que se sentía el ambiente, nadie emitió sonido alguno, solo se regresaron a ver entre ellos, como si con esa acción, pudiesen hablar sin pronunciar palabra alguna.
Los ojos de Yuuri se dirigieron hacia los papeles y planos que estaban en la mesa los cuales, fueron ocultados de su vista por los cuerpos de algunos de los presentes. Aquella acción le hizo fruncir el ceño ya que, se suponía, no le ocultarían nada, sobre todo desde que decidió por cuenta propia seguir el destino que tenía marcado.
– No sabía que tendrían reunión – dijo tratando de quitarle hierro al asunto.
Nadie contesto en el momento, solo se regresaron a ver entre ellos.
– ¿No van a decirme? – les pregunto.
– Sabrías de esto si el día de ayer no te hubieses desaparecido – le respondió Adalberto.
– Adalberto – hablo Sunan, con un tono de voz que indicaba que cuidara sus palabras.
Yuuri frunció el ceño ante la respuesta tan fría del rubio.
– La situación de ayer estaba fuera de mis manos, no pude volver.
– Situación que no has querido aclarar.
– Porque no necesito hacerlo – dijo Yuuri con clara molestia.
Adalberto lo regreso a ver de reojo y sonrió.
– ¿Es así?
Yuuri no contesto de inmediato. Sabía perfectamente que si seguían por ese camino, terminarían discutiendo y, a diferencia de su hermana, Adalberto siempre buscaba la manera de desarmarlo en una conversación, aun cuando no tuviera razón en la misma.
Respirando profundamente y calmando sus emociones, contesto.
– Estoy aquí, ¿no? – se cruzó de brazos – es lo que debería importar.
– Si, lo estás pero… – Adalberto se levantó de su asiento y se dirigió hacia Yuuri – ¿Lo estarás cuando llegue el momento?
El azabache enarco una ceja al no comprender.
– Con estas actitudes nos estas dando razones para desconfiar – dijo sin permitir que el más joven replicara – nosotros aquí, nos reunimos para afinar los detalles del plan que hemos venido trazando desde hace meses y tú, quien se supone lo debe guiar, se desaparece sin decirle nada a nadie.
– Yo no…
– Así que dime… Príncipe Yuuri, ¿podemos confiar en ti?
Yuuri abrió y cerró la boca pero de ella no salió ningún sonido.
– ¿No dices nada?
– ¿Qué quieres que diga?
–…
Sus miradas se encontraban conectadas, tratando de no perder la muda batalla que sostenían en ese momento pero, tras no poder encontrar forma de replicar lo dicho por el rubio, Yuuri finalmente desvió la mirada y comenzó a caminar hacia la puerta. Siendo detenido cuando sintió como alguien lo jalaba del brazo.
– ¿Dónde vas? – ´pregunto su hermana.
– A cualquier parte que no sea aquí – dijo intentando deshacerse del agarre de su hermana – Es claro que no me necesitan.
– Yuuri – ejerciendo más presión en el agarre.
– ¿Para qué quieres que me quede?
– …
– ¿Acaso me van a decir que planean hacer?
Mary desvió la mirada.
– No estamos convencidos de que sea lo mejor.
– ¿Lo mejor?
– Dijiste que planeabas ser parte de esto pero, siempre haces cosas que nos hacen desconfiar y…
Yuuri abrió sus ojos a su máxima expresión por lo dicho, solo para cambiar su expresión de sorpresa por una de enojo segundos después.
– Ya veo, entonces ustedes pueden solos con esto – jalando su brazo – no necesitan a su "rey" para ello.
– Yuuri...
– Solo déjenme preguntarles algo – dijo en voz alta para que todos los presentes escucharan – si este "plan" – haciendo énfasis en la palabra – funciona y logran derrocar a Demian… ¿Cómo salvaran al mundo? – todos se regresaron a ver entre si – aun cuando no quieran decirme las cosas porque desconfíen de mí, al final de todo… Necesitan al elegido… ¿Acaso lo olvidan?
Todos lo regresaron a ver con sorpresa ya que no esperaban que les hablara de ese modo. Al percatarse que no iban a hablar aun con ello, jalo su brazo para deshacerse del agarre de su hermana y camino hacia la puerta.
– ¡Yuuri! – ella intento seguirlo.
– ¡Déjame en paz! – grito girándose para encararla, haciendo que de forma inconsciente picos de hielo aparecieran en el suelo, impidiendo que su hermana se acercara – Si no van a decirme que planean hacer – dijo tratando de controlar sus emociones e impedir que sus poderes se salieran de control – entonces me largo –regresando a ver a todos los presentes – estoy seguro que podrán salvar el mundo sin el entronado y sus poderes.
Al ver que preferían callar, Yuuri negó con su cabeza y salió de la casa, azotando la puerta con fuerza al salir.
Después de salir de su casa de aquella forma, había estado caminando sin rumbo aparente. Solo caminaba sin detenerse a ver a los transeúntes con los que chocaba. Su cabeza era un lio y sus emociones un torbellino, ¿Por qué había reaccionado de ese modo? Nunca pensó en decir todo aquello, solo estaba enojado por su falta de confianza. Quien debía reprochar eso era el no ellos, no después de todos los años que callaron su pasado y le vendieron una vida feliz que realmente no tenía.
Se detuvo cuando llego a una zona llena de tiendas y restaurantes, lugar al que no planeaba ir pero que sus pies le llevaron sin pensarlo realmente.
– Supongo que tendré que disculparme cuando regrese – murmuro dirigiendo su vista al cielo, como si en él hubiese algo de interés para él.
Tras soltar un largo suspiro, decidió caminar un poco más para despejar su mente pero, los comentarios de unos comensales, quienes tomaban sus alimentos en las mesitas fueras del establecimiento, captaron su atención.
– Ya quiero que sea mañana – dijo una joven mujer de largos cabellos rubios.
– El show navideño – le respondió su amiga de cabello corto y lentes – este año representaran el cascanueces ¿no?
– Si – contesto una chica de cabellos oscuros – dicen que la chica que hará de clara es muy linda y el chico que será el cascanueces no esta tan mal.
– ¿En serio? – pregunto al rubia.
– Si pero, lo que me da más curiosidad es, ¿Por qué hicieron el show navideño en navidad?
– ¿Por qué lo preguntas? – dijo al de cabello corto.
– El show siempre se hizo el día veinticuatro no el veinticinco.
– Es verdad, este año cambiaron el día, ¿Por qué será?
– Según escuche – dijo la de lentes – el príncipe no quiso realizar una fiesta por su cumpleaños así que, decidieron realizar el show el veinticinco.
"¿Cumpleaños?" se preguntó Yuuri dejando de prestar atención a la plática.
Era de dominio público la fecha. Cada año se realizaba una fiesta en el palacio, no solo por ser el día de navidad sino, también, porque era el cumpleaños del primogénito del rey Demian. Aquella noticia nunca le fue de importancia ya que, por aquellos días nunca se imaginó conociendo al hijo de quien, al día de hoy, era su peor enemigo. Por ello, la fecha solo la recordaba como la festividad del mes pero, ahora que conocía a Victor no podía evitar sorprenderse por la misma.
– Es cierto – susurro – mañana es su cumpleaños – afirmo metiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón – han pasado tantas cosas que lo olvide – mordiéndose el labio inferior – ¿debería comprarle algo?
Con ese pensamiento, siguió su camino, admirando los artículos que las diferentes tiendas tenían en sus escaparates, esperando que algo de lo visto captara su atención. No estaba seguro si debía hacerlo, no conocía los gustos de Victor por lo que, no sabía si lo que eligiera fuera lo suficientemente bueno como para que el otro lo aceptara sin pensar que su detalle era insignificante.
– ¿Que se supone que deba regalarle? – Volvió a preguntarse – no conozco sus gustos – dijo deteniéndose de pronto – quizás, solo debería mandarle una postal por medio del celular – susurro.
Suspiro y siguió su camino. Fue durante ese trayecto que diviso, unos artículos que captaron su atención. Se acercó con cuidado al escaparate, observando con cuidado los objetos que se vendían. Tras pensarlo mucho, se alejó y entro al local.
El interior era cálido y luminoso. Varias vitrinas se encontraban en el lugar. Algunos clientes admiraban los objetos mientras los empleados del local sonreían y describían detalladamente cada uno de los mismos.
Yuuri trago con fuerza y camino hacia una de las vitrinas, siendo atendido por una joven mujer de cabello largo, vestida con una traje color azul y un gafete en el lado derecho de su pecho donde indicaba el nombre del local "María Dolores" así como el suyo propio debajo de este.
– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? – pregunto amablemente la empleada del local.
– Buenos días – respondió con una tímida sonrisa – podría mostrarme este par, ¿por favor?
– Con gusto – dijo recorriendo el vidrio y tomando el par de anillos que solicito – aquí tiene – dejando la pequeña cajita sobre la vitrina.
Yuuri la tomo y los observo con cuidado.
"Nunca pensé conocerlo, mucho menos que nos volviéramos tan cercanos en tampoco tiempo pero… Me ha ayudado sin pedirme nada a cambio incluso, expuso su vida al ayudarnos a Celestino a mí, a escapar de la zona de detenciones" apretando con fuerza la pequeña cajita "Hicimos una promesa… Una que planeo cumplir hasta al final así que… Un amuleto para recordarla quizás, sea un buen regalo…"
– ¿Qué le parecen?
La voz de la joven empleada lo saco de sus pensamientos.
– Si, estos – afirmo, dejando la cajita sobre la vitrina nuevamente.
– Perfecto – contesto y procedió a llenar el documento de compra en la computadora – ¿Contado o plazo a meses?
– A Plazos.
– Muy bien – dijo, deslizando una carpeta donde venía las especificaciones del pago.
Yuuri abrió la carpeta y coloco en ella su tarjeta. La empleada sonrió, tomo la carpeta e hizo el cobro debido. Tras ingresar la cajita en la bolsita del local, la coloco en la vitrina junto con el documento de compra y la tarjeta.
– Gracias por su compra.
Yuuri asintió y salió del local.
Durante su camino por las calles, noto como las personas que pasaban por su lado regresaban a verle con curiosidad. Sabia sin que le dijeran el motivo de ello, su cara estaba enrojecida y acalorada producto de la vergüenza. Nunca planeo comprar aquel par de anillos, mucho menos hacerlo por el dueño de aquel par de ojos azules que, con solo mirarle hacia que sus piernas se sintieran como mantequilla. Mentalmente se decía que solo era un regalo de agradecimiento, nada mas pero, conforme caminaba y notaba las miradas indiscretas de los demás, esa afirmación comenzaba a desmoronarse.
– Solo es un regalo – se dijo tratando de convencerse – solo… Es eso… Un simple amuleto para que ambos recordemos nuestra promesa y podamos cumplirla.
Se detuvo un par de calles más adelante, respirando profundamente para calmarse ahora que no había nadie a su alrededor.
– Es mejor que oculte esto o me harán más preguntas de las que quiero responder – dijo sacando la cajita de la bolsa para ocultarla dentro de su chamarra y tirando la bolsa de la tienda en el cesto de basura más cercano.
Una vez lo hizo, siguió su camino de regreso a su casa, con la firme intención de arreglar las cosas con su hermana y Adalberto o, al menos dentro de la medida posible ya que, no planeaba decirles nada respecto a Victor hasta que fuera necesario.
Su trayecto a su casa fue tranquilo o al menos lo fue, hasta que, unas cuadras antes de llegar, la misma presencia que venía sintiendo desde hace día volvió a presentarse. Cerró sus ojos al percibir un dolor proveniente de su cabeza, las líneas volvieron a formarse dentro de la misma pero, esta vez, el dolor proveniente de ellas no era tan fuerte como en sus inicios, podía soportarlo mejor y, entre las líneas que formaban los edificios en su mente, un fulgor oscuro apareció de pronto.
– Esto es… – dijo abriendo sus ojos de pronto.
Convoco una de sus dagas y la lanzo hacia lo alto de uno de los edificios, desapareciendo entre fragmentos de luz para seguir el trayecto de la daga y reapareciendo en lo alto del mismo. La presencia se esfumo antes de que pudiera dar con ella, encontrándose solo a las palomas que dormitaban en el lugar, huir despavoridas al verle aparecer.
– No, no es mi imaginación – se dijo recorriendo el lugar con la mirada – definitivamente había alguien aquí – acercándose al barandal del edificio – ¿Quién será? – Se preguntó – ¿Por qué me sigue?
Cerró sus ojos buscando una explicación y, al no poder hallarla, los volvió a abrir, suspiro con cansancio y, tras dar una última mirada al lugar, desapareció entre fragmentos de luz, para aparecer nuevamente en la calle y poder seguir nuevamente su camino a casa, teniendo en mente que debía averiguar quién era la extraña figura que lo perseguía constantemente.
– Ya veo.
El rey dejo a un lado la pluma y cerro la carpeta con los documentos que estaba firmando. Unió sus manos y dejo reposar su mentón sobre ellas, observando la figura de su fiel soldado, quien se encontraba arrodillado sin alzar la cabeza.
– Veo que sus poderes están creciendo, esta dominando el poder de Titán mas rápido de lo que esperaba – aseguro con una sonrisa – que haya podido localizarte tras unos minutos de vigilarlo habla muy bien de su energía.
Demian se levantó de su asiento para acercarse a su fiel soldado.
– ¿Alguna otra cosa que debas informar?
El soldado dejo escapar humo negro por los orificios de su casco.
– Entiendo – asintiendo con su cabeza, llevando sus manos tras su espalda – aún no hay movimiento por parte de sus aliados.
El soldado alzo su cabeza y dejo escapar humo por su casco.
– Por supuesto que tiene aliados, sería ilógico pensar lo contrario.
El bajo su cabeza al escucharlo.
Durante unos instantes no hubo palabras por parte del rey, ni pensamientos enviados por su soldado. Pero, tras observarlo, el rey sonrió y hablo.
– Hay algo que te inquieta – dijo apoyándose sobre su escritorio – ¿qué es?
El soldado no contesto.
– Tu rey te demanda que hables, no importa lo que sea que ronde esa… Retorcida cabeza tuya.
El humo oscuro nuevamente escapo por su casco.
– Vaya, no me esperaba eso – dijo soltando una risa – después de tantos años de… Disciplina con los Leroy y aun tienes uno que otro momento de sentimentalismo – aseguro.
El soldado no contesto.
– Quizás fui muy duro con mi hijo y, la forma en que lo trate respecto a su huida no fue la más comprensiva – hablo contestando la muda pregunta de su soldado – sé muy bien dónde y con quien estaba –entrecerrando los ojos mientras sonreía – pero, debo ser firme con el aun cuando sus salidas con el elegido no cambien en nada mi plan… Soy su padre y debo mostrarme recto e inflexible con él, ¿qué pensaran los demás de su rey? – caminando nuevamente hacia la silla para sentarse en ella.
El soldado solo expulso humo aceptando la explicación de su rey.
– Puedes retirarte – le dijo con un ademan de su mano – sigue vigilándolo pero, apártate un poco… Dejemos que piense que solo era paranoia suya, no queremos que descubra antes de tiempo que estamos siguiendo sus pasos, ¿o sí?
El soldado asintió y desapareció entre la bruma oscura.
– El momento se acerca… – dijo sacando una carpeta de donde extrajo una foto de Yuuri – estoy deseando estar frente a frente mi joven entronado y ver realizado lo que por largo tiempo he estado buscando.
Con lentitud abrió la puerta de su hogar, no sin antes respirar profundamente y tranquilizar sus emociones. En un inicio llego a pensar que no habría nadie en la casa, considerando que ya pasaban de la una de la tarde pero, grande fue su sorpresa al ver que todos seguían en la sala, reunidos con los mismos papeles sobre la mesa.
Todos callaron al verle entrar, regresando a verse entre ellos. Yuuri no soporto la incomodidad no después de lo sucedido en la mañana así que, sin decir nada solo siguió su camino, con la firme intención de subir a su cuarto y encerrarse hasta que todos se hubiesen ido.
Pero… Nada más poner un pie en el primer escalón, la voz apagada de su hermana lo detuvo.
– Tenemos que hablar.
– Creo que dijimos todo – contesto sin ganas.
– Sabes que no.
–…
Su hermana suspiro y se levantó de su asiento. Todos se hicieron a un lado para dejarla pasar. Ella camino lentamente hasta quedar unos pasos de él.
Yuuri no se giró tampoco hizo movimiento alguno para regresar a verla.
Mary respiro profundamente y hablo.
– Acepto que no debí hablar como lo hice mucho menos presionarte – acepto cruzándose de brazos – tienes una vida y después de todo lo sucedido no debemos pedirte que la compartas, sabes cuidarte… Al menos la mayor parte del tiempo – aseguro – pero, también debes aceptar que no podemos confiarnos, sobre todo si queremos recuperar el reino.
– …
– Yuuri – lo llamo tomándolo del brazo para hacerle girar y encararle – solo te pedimos que confíes en nosotros o que al menos nos digas que sucede.
– No estoy listo – contesto – hay cosas que no puedo decir, no aun… No es algo malo – indico al ver el gesto de desconfianza en el rostro de los demás – si lo fuera ya se los hubiese dicho sin pensarlo.
– Pero…
– Creo que aún no es el momento para ello, así como ustedes guardan secretos que no creen prudente decirme aun, de la misma forma es para mí.
Su hermana bajo la mirada.
– Escucha, hay cosas que necesito hacer por mi cuenta y, cuando llegue el momento las compartiré solo… Necesito tiempo.
Todos regresaron a verse, hablando en voz baja respecto a lo dicho por el menor, asintieron un par de veces y, regresando a ver a Mary, esta asintió y volvió la mirada nuevamente hacia el rostro de su hermano menor.
– Muy bien – dijo sin más.
– ¿Esta bien? – pregunto sorprendido.
– Tienes razón, si te presionamos solo nos dividiremos y, no podemos hacer eso, tenemos que estar juntos para recuperar el reino.
Yuuri asintió.
– Solo te pido que, aunque no nos puedas decir, al menos nos comentes donde vas a estar o, al menos algo para no sentirnos angustiados.
– De acuerdo.
La tensión en el ambiente lentamente comenzó a sentirse menos asfixiante. Mary le sonrió ligeramente antes de abrazarlo con fuerza a lo que solo pudo parpadear por la sorpresa del acto. Una vez que el abrazo se deshizo, ella lo tomo de su mano e hizo que caminara hasta que estaba a lado de los demás.
– ¿Alguien resume la reunión? – pidió Mary.
Adalberto tomo la palabra y comenzó a recapitular lo dicho en la misma. Conforme pasaban los minutos, las dudas comenzaron a hacerse presentes en la mente de Yuuri, sobre todo por la promesa que le había hecho a Victor referente a su padre, sobre todo por el fin que tenía aquel plan el cual, tenía todo menos la intención de dejar vivo al rey Demian.
– ¿Piensan matarlo ese día? – pregunto Yuuri cuando Adalberto termino de explicar.
– Esa es la idea – contesto el rubio.
– Todo mundo estará concentrado en la fiesta, incluso los soldados estarán distraídos, bebiendo sin importarles quien entra o sale del palacio – prosiguió Sunan – pero, aun con todo eso, usaremos los pasadizos del palacio para infiltrarnos en el y llegar a la sala del trono.
– Según nuestro informante, Demian siempre suele retirarse tras unas horas en cualquier fiesta que el presida en el palacio – secundo Mary.
– Mary y tu acudirán a la fiesta – continuo Sunan – acompañados de mi esposa e hijos, se mezclaran en la misma y, cuando Demian abandone el salón, nos informaran con estos transmisores – levantando un pequeño dispositivo del tamaño de una semilla de limón – así sabremos cuando entrar y acorralar al rey en la sala del trono.
– Cuando capturemos a Demian, lo llevaremos fuera del palacio – continuo Adalberto – Tu y Mary dejaran la fiesta para alcanzarnos en el lugar de encuentro – regresando a ver a Yuuri – es ahí donde podrás cumplir la promesa.
– ¿Promesa? – pregunto Yuuri aun sin salir de su asombro.
– Matarlo.
Yuuri abrió sus ojos por lo dicho y, tras ellas, un fugaz recuerdo apareció en su mente.
El mayor contemplo el traje, asintió y lo tomo con una de sus manos.
– ¿Y qué piensas hacer? – Pregunto Phichit – Si Shade ya no estará.
– Lo que debí hacer desde un inicio.
Los tres guardaron silencio.
– Reclamare el trono y recuperare la santalita.
– ¡Yuuri! – Phichit hablo con emoción.
– Bien dicho – dijo Adalberto colocando su mano sobre su hombro.
– Me alegra escucharte decir eso – agrego Sunan – pero, sabes lo que eso significa, ¿verdad?
Yuuri regreso a verlo con una determinación en su mirada que Sunan nunca había visto en él.
– Lo sé – contesto – pero he tomado la decisión, sin importar lo que eso conlleva.
Yuuri guardo silencio unos segundos antes de volver a hablar.
– Matare al rey Demian.
Trago con fuerza cuando aquella memoria desapareció de su mente. Había olvidado la promesa que hizo tras la muerte de Celestino, no negaba que aquel dio estaba furioso y consternado, perdió a un valioso amigo por sus malas decisiones y que la había tomado basado en cómo se sentía en ese momento pero, después de todo lo sucedido y tras haber hecho un pacto con Victor, se veía imposibilitado de poder cumplir la promesa hecha ante la memoria de su amigo fallecido.
– ¿Tienes dudas al respecto del plan? – pregunto su hermana al ver un gesto extraño en su rostro.
–…
– ¿Quieres que recapitulemos el mismo? – pregunto esta vez Adalberto.
Yuuri negó con su cabeza y apretó con fuerza sus manos hasta volverlas un puño.
– Bien – dijo el rubio – todos ya saben lo que haremos – todos asintieron a sus palabras – solo tenemos seis días para llevarlo a cabo, es esencial que nadie se equivoque, solo tenemos esta oportunidad, si fallamos…
– Demian estará al tanto de nosotros y nos cazara hasta capturarnos.
Todos bajaron la mirada y asintieron.
– Todos deben cumplir con su papel. Sin excepción alguna – continuo Adalberto – ¿dudas?
Nadie contesto solo negaron con su cabeza.
– Bien – dijo regresando a ver a cada uno de los presentes – en vista de que todos están al tanto de lo que se hará, podemos dar por terminada la reunión.
Todos asintieron y procedieron a levantar los papeles, mapas e informes sobre la mesa.
– Al parecer la mayoría aquí ya es consciente de lo que se hará pero… – la voz del viejo Cid, quien se había mantenido en silencio durante toda la reunión, les hizo detenerse y voltear a verle – El rostro de nuestro joven rey indica que aún tiene dudas.
Adalberto y Sunan fruncieron el ceño, girándose para ver el rostro del más joven.
– ¿Yuuri? – La voz de Sunan le hizo levantar la cabeza – ¿Sucede algo?
– ¿Hay algo que no entendiste? – secundo Adalberto.
Yuuri tardo en contestarles, buscando una forma sencilla de explicarles por qué no estaba de acuerdo al plan, una razón válida de informarles que no podía cumplir aquella promesa, todo sin tener que meter la relación amistosa que mantenía con el hijo de Demian.
– Yo… Es que…
– ¿Estas bien? – su hermana lo tomo por el brazo.
– No tengo dudas respecto al plan – dijo con firmeza – entendí perfectamente lo que se planea hacer pero…
– ¿Pero? – Adalberto se cruzó de brazos.
– Yo… No creo poder cumplir la promesa – dijo haciendo que todos colocaran una expresión de sorpresa en su rostro.
– ¿Qué?
– Yuuri, ¿Por qué dices eso? – hablo su hermana colocándose enfrente de el – tú lo prometiste… Tu…
– Si, lo sé – le contesto con rapidez – prometí matarlo, soy consciente de eso pero…
– ¿Pero qué? – Dijo Adalberto caminando hasta colocarse a solo unos pasos del azabache – ¿No me digas que te arrepentiste y quieres dejarle el reino?
– ¿Qué? –Frunció el ceño ante la pregunta – ¡No! ¡No dije eso!
– ¿Entonces? – Hablo con severidad – ¿Por qué cambiaste de opinión?, ¿acaso te aterro el hecho de matarlo?
– ¡No!
– Entonces explícanos, ¿qué te hizo querer cambiar de opinión y romper tu promesa?
Yuuri respiro profundamente. Sabía que si seguían por ese camino de gritos y enojo solo terminarían en malos términos. Ya habían tenido una discusión el mismo día, no quería tener otra y quedar en nada así que, cuando logro calmarse, dirigió su vista al frente y hablo.
– Escucha, lo que menos quiero es una discusión – dijo tratando de calmar al rubio – así que, solo… – trago con fuerza – escucha lo que digo y, después puedes decirme todo lo que pienses.
El rubio se mantuvo en silencio hasta que, tras pensarlo, solo asintió a lo dicho.
Yuuri suspiro y hablo nuevamente.
– Sé que todos esperan que cumpla lo que prometí – todos los presentes asintieron – y lo hare pero… No matare a Demian de esa forma.
Adalberto hizo un gesto de réplica pero, antes de que pudiera hablar Yuuri se adelantó.
– Durante estos días estuve pensándolo detenidamente – dijo con temor en su voz – ¿qué ganare matando a Demian? ¿Cómo me verán las personas que viven en el reino?, ¿un héroe o un cruel asesino?
– Yuuri, ellos no saben lo que sucedió, ellos…
– Lo se Adalberto, también lo pensé… Aun cuando mate a Demian y justifique porque lo hice, ¿lo creerán?
Todos se mantuvieron en silencio.
– Eso mismo pensé… Tengo muchas razones para matar a Demian, incluso más que cualquier otra persona en este lugar – regresando a ver a cada uno de ellos – perdí a mis padres, amigos, mi trono y al reino… Perdimos nuestras vidas cuando el orquesto ese golpe de estado.
Los demás solo bajaron sus cabezas.
– Pero, si lo mato sin aviso o sin dar pruebas de que tengo que hacerlo, los demás nobles y los súbditos del reino, solo lo verán como un golpe de estado o incluso, me verán como un asesino que mato a su rey solo por poder – notando como los demás se regresaban a ver – estoy de acuerdo en el plan – aseguro – pero no en el final del mismo.
–¿Entonces? – Pregunto Adalberto – ¿qué quieres que hagamos?, no tenemos otra salida, quizás el reino lo vera así pero es la única forma de terminar con esto.
– ¿Y no piensas que si lo hago, solo estaría continuando con este círculo de sangre y muerte? – dedicándole una mirada llena de ansiedad y preocupación – si lo hago, ¿quién me garantiza que no habrá alguien más que quiera vengar a Demian y atente contra alguno de nosotros en el futuro?
Adalberto no contesto y desvió la mirada.
Cid comenzó a reír y se levantó de su asiento, caminando hacia donde estaba el más joven, deteniéndose a unos pasos de él.
– Veo que has pensado mucho en esto, ¿no?
– Algo así – respondió con timidez.
– Si has pensado en todo eso, supongo que has pensado en otra forma de terminar con esto y que prevenga alguna venganza futura, ¿no es así?
Yuuri asintió.
– No puedo evitar que me odien, ya que una muerte nunca será perdonada por mucho que tenga razones de por medio.
– ¿Pero?
– Pero si logro demostrarles a todos, nobles o plebeyos, que Demian merece morir por todo lo que hizo hace trece años… Si logro convencerles que la muerte es el único castigo que se merece, quizás evitare que sangre inocente sea derramada.
– Estas proponiendo que… – Cid lo observo unos segundos y sonrió.
– Quiero enjuiciar a Demian Nikiforov por los crímenes que cometió hace trece años.
Todos contuvieron el aliento, nadie se esperaba esa declaración, mucho menos viniendo por parte del hijo del rey Regis. Adalberto volvió a fruncir el ceño una vez se recuperó de la sorpresa y hablo.
– ¿Estás hablando en serio?
El azabache asintió.
– Debes estar bromeando, ¿un juicio? – Dijo con enojo – aun cuando logres que todo el mundo te escuche cuando tengas encadenado a su "rey" – enfatizando la palabra con sus dedos – ¿crees que aceptaran un juicio?, la mayoría de los nobles están de su lado, para ellos él es su rey, en el momento que te vean a su lado, te aprenderán y al que mandaran a la orca será a ti.
– Y si lo mato antes de ello, ¿no crees que harán lo mismo?, todos aquellos que lo apoyaron quizás estén tranquilos un tiempo pero, comenzaran a moverse, buscando una oportunidad para matarnos… Es un ciclo que quiero romper.
– Esto no…
– Esto es lo que quiero hacer, si logro demostrar que es culpable, al menos no me verán como el enemigo, si lo mato, eso seré para ellos.
Adalberto no respondió.
– ¿Estás seguro que esto es lo que quieres hacer? – pregunto Cid.
– Mi padre, el rey Regis, siempre se caracterizó por ser alguien noble y que tomaba decisiones en base a lo que creía correcto… El nunca condujo a la muerte a ningún prisionero a menos que creyera que era el único castigo que veía justificado… Por eso… Quiero seguir la misma ideología que el diariamente profesaba.
–…
– Sé que tienes dudas – le dijo al rubio – pero intento que este círculo de sangre y muerte que mi familia ha cargado en contra de los Nikiforov desde hace siglos termine.
– ¿Y su hijo?
– ¿Que tiene que ver?
– Demian tiene un hijo, ¿no pensaras que él se quedara de brazos cruzados, o si?
Yuuri abrió su boca pero no emitió sonido alguno, nunca espero que Adalberto sacara a flote ese tema es más, ni siquiera se le paso por la cabeza siquiera meterlo en la conversación mientras les informaba a que resolución había llegado por lo que, intuyo que el rubio hablo del mismo para tratar de hacerle cambiar de parecer.
– ¿Que tanto sabes de su hijo?
– No mucho, solo lo suficiente… Un chico inteligente, hábil en el combate cuerpo a cuerpo, carismático como su padre lo que le hace un mentiroso muy hábil.
"Él no es un mentiroso" pensó Yuuri.
– Aunque le ha provocado un sinfín de problemas a Demian…
– ¿Apoya a su padre? – pregunto aun a sabiendas de la respuesta.
– Hasta donde sabemos han tenido diferencias en cuanto a cómo gobernar el reino pero, es su padre a fin de cuentas – apoyo Sunan – un hijo siempre apoyara a su padre por mucho que este se equivoque.
– En conclusión no saben si el hijo de Demian lo apoyara o no – pasando su vista del rostro de Sunan al de Adalberto – y si lo mato, no están seguros si querrá vengarse.
Ambos no respondieron.
Yuuri suspiro.
– Esa es mi conclusión respecto al destino de Demian… Llevaremos a cabo el plan pero, solo lo aprenderemos, le diremos la verdad a todo el mundo y lo llevaremos a juicio – declaro con firmeza – él es culpable y todos aquí lo sabemos por lo que el único castigo es… Al final cumpliré mi promesa pero, el camino que quiero tomar no es el que conlleve sangre.
– ¿Y sobre su hijo? – Pregunto Cid – ¿qué has pensado respecto a él?
– Cuando llegue el momento sabré que hacer, si es tan inteligente como dicen, comprenderá que era el único destino que le aguardaba a su padre era ese.
Nadie hizo sonido alguno, solo se regresaron a ver entre ellos, murmurándose palabras que Yuuri no lograba escuchar con claridad, una vez culminaron de hacerlo, fue Sunan el que tomo la palabra.
– No compartimos la idea – dijo para pesar del menor – ya que hemos planeado todo esto durante años.
– Lo sé.
– Pero, no podemos negar que tienes razón – levantando su mano para calmar al rubio quien tenía intenciones de replicar – mucha sangre se ha derramado por siglos, en una guerra que parece que no tendrá fin a menos que busquemos alguna alternativa.
– ¿Y?
– Aun con pesar y con dudas… Te apoyaremos.
Una sonrisa se dibujó en su rostro al escucharlo.
Sunan le devolvió el gesto, se acercó a él y coloco sus manos sobre sus hombros.
– Solo esperamos que este cambio en el plan original no haga que fracasemos.
– No lo hará – dijo con seguridad en su voz – lo prometo.
Sunan le dio un pequeño apretón en sus hombros y se alejó.
– Bien, ahí lo tiene – dijo Cid – el rey ha hablado, infórmenle a los demás aliados del cambio y que estén listo para el día en que ejecutaremos el plan.
La mayoría asintió, término de recoger los papeles y tras unos minutos más, uno a uno comenzó a abandonar el lugar.
– Solo espero que sepas lo que haces – fueron las únicas palabras que Adalberto le dedico antes de alejarse con Sunan.
– No tomes tan apecho sus palabras – hablo Cid al ver desaparecer a ambos adultos por la puerta – es algo terco a cambiar de idea, sucedía mucho cuando tu padre aún vivía pero, al final lo aceptara… Él te apoya aunque no lo demuestre.
– Eso espero – dijo soltando un suspiro.
– Yuuri – su hermana le llamo – ¿Confías en este plan?
– Mentiría si te digo que no tengo miedo ni dudas al respecto pero, creo que es lo mejor.
– …
– Para todos.
Mary bajo la mirada.
– Sé que tienes dudas – tomando las manos de su hermana – pero, nuestro padre hubiese querido terminar la guerra, sin sangre de por medio, al menos, creo en ello.
Su hermana sonrió y asintió.
– Si crees que es lo mejor, te apoyare pero, eso no evita que tenga algunas dudas.
– Lo sé.
– En fin, en vista de que todo término – hablo Cid interrumpiéndolos – lo mejor será que parta nuevamente a casa, esa nave no se reparará sola.
– ¿Nave? – pregunto Yuuri.
– No se supone que tu nieta se quedó para seguir el trabajo – dijo soltando las manos de su hermano – deberías confiar más en ella.
– Confió en ella, al menos más que en su hermano – aseguro colocando una mueca de enfado – pero, es mejor que supervise el trabajo, no queremos fallas cuando llegue el momento de usarla.
– ¿Alguien me dice de que hablan? – pregunto Yuuri al ver que lo mantenían al margen.
– Una navecilla que estoy reparando – le contesto Cid, como si el tema no tuviera importancia – ya la veras cuando llegue el momento.
– Vale – dijo no muy conforme con la respuesta ya que todo lo que escuchaba giraba en torno a "ese momento".
– Cuídate – le dijo el mayor – la próxima vez que nos veamos, espero que sea cuando Demian reciba su castigo.
El menor solo atino a sonreír.
– ¿Me acompañas a la salida? – le pregunto a Mary.
– Claro.
Ambos le sonrieron al azabache y salieron del lugar.
Yuuri solo se giró para ver el pasillo por donde ambos desaparecieron. Llevándose su mano derecha hacia el lugar donde estaba su corazón, mordiéndose el labio inferior por aquel extraño presentimiento que comenzó a invadirlo tras haber escuchado el plan que los demás habían orquestado.
"Solo espero que no sea nada malo" pensó, aun cuando aquellas palabras no lograron calmar la angustia en su interior.
つづく/ Continuara...
Terminado.
Este capítulo salió largo jajaja
No esperaba que fuera así, cuando hice el borrador en la libreta esperaba que fueran solo treinta paginas pero, se extendieron a 48 Owo, espero no les haya aburrido tanta faramalla.
En fin.
¿Qué les pareció?
Yuuri tuvo que enfrentarse nuevamente a su familia y aliados, es natural, es el rey y deben saber que ya no pueden manejarlo jajaja
Victor sufrió TwT pero no lo hago en mala onda, es el camino que debe seguir.
El rey y sus secretos, al parecer sabe más del entronado de lo que muchos creen.
Pero bueno, esperen la próxima actualización que, si algo les adelanto, amaran los otros dos capítulos, ya que por fin se realizara algo que muchos esperan… O eso creo jajaj
¡Nos vemos!
