Basada en los descubrimientos de Rowling (1997), subsecuentes publicaciones, y otros ensayos de White Squirrel, puedo decir sin duda alguna que Harry Potter y esta historia no me pertenecen.


Capítulo 25

Los Granger llegaron a la Madriguera y encontraron un ambiente mágico aún más extraño que el del callejón Diagon. Mientras los Weasley salían de la chimenea, siete manecillas en un enorme reloj se movieron de "Viajando" a "Casa". Al inspeccionarlo más cerca, cada manecilla resultó tener el nombre de uno de los Weasley. Dos de las manecillas, pertenecientes a Bill y a Charlie, estaban apuntando a "Trabajo". Había fotografías que se movían en las paredes, un aullido escalofriante proveniente de algún lugar en la parte superior de la casa, y un espejo en la cocina que les dio la bienvenida verbalmente. Un ave que parecía más un plumero que una lechuza estaba dormida en una esquina. Y el olor a pollo asado inundaba la casa.

Rápidamente llevaron el baúl de Hermione al cuarto de Ginny y se sentaron en la cocina. Era un poco apretado, pero parecía que los Weasley estaban acostumbrados ya que pusieron la mesa, sirvieron la comida, y acomodaron los asientos en perfecta sincronía. (Se quejaron y discutieron, pero en verdad parecía que habían practicado bastante).

Antes de sentarse, Hermione habló con Fred y George en susurros.

–Si le hacen una broma a mis padres, se arrepentirán. Recuerden, las niñas pueden meterse a los dormitorios de los niños en la escuela, pero no al revés.

–No nos atreveríamos, Hermione –respondió Fred.

–Sí, son huéspedes en nuestro hogar, después de todo –agregó George.

–Y no han hecho nada para… provocarnos.

–Bien –dijo Hermione–. Asegurémonos que siga así.

Una vez estuvieran sentados alrededor de la mesa, el señor Weasley declaró que era hora de comenzar y fue exactamente lo que hicieron. La comida estuvo deliciosa. Ron había presumido que la comida de su madre era mucho mejor que la de Hogwarts, pero Hermione no lo había creído. La comida de Hogwarts siempre era de buena calidad, siendo preparada por docenas de elfos que eran específicamente entrenados para eso y eran el equivalente a chefs profesionales, por lo que no había tenido razón para creer lo que Ron decía… hasta ese momento.

–La comida es maravillosa, Sra. Weasley –dijo Hermione.

–Ajá. Definitivamente –agregó su madre–. ¿Cómo es que lo haces?

–Es magia –dijo el señor Weasley con una sonrisa.

–Oh, Arthur –lo reprimió la señora Weasley–. No es nada, sólo preparé algo rápido.

Pero era más que eso. La señora Weasley estaba siendo modesta sobre su comida, pero los Granger (y Harry) estaban impresionados. Resultó que había matado a la gallina más gorda esa mañana, la había pelado, rellenado, y horneado con vegetales y una salsa especial para la ocasión. Todos los ingredientes permanecieron tan frescos como era posible gracias a encantamientos preservadores, y seguramente había usado algo de magia para preparar una cena tan compleja en un sólo día y tener tiempo suficiente para ir de compras.

Inevitablemente, la conversación se dirigió a sus vidas. Era extraño para magos el poder hablar con muggles, aun cuando sus hijos eran buenos amigos. El señor Weasley tenía un sorprendente número de preguntas sobre cómo funcionaba el mundo muggle. Era entretenido, pero su nivel de ignorancia era escalofriante, especialmente para un mago que se supone trabaja con objetos muggle. Pero los padres de Hermione eran igual de ignorantes sobre el mundo mágico, aunque tenían el Estatuto del Secreto como excusa.

–Así qué, Hermione, ¿qué has estado haciendo este verano? –Preguntó Fred con interés.

–Pues, una de las primeras cosas que hice fue tomar mi examen de nivel A en matemáticas. Es como un EXTASIS, y me saqué una A –dijo contenta.

Todos los Weasley soltaron un grito ahogado, desde Arthur hasta Ginny. Aparentemente, su reputación la precedía.

–Es como una E en Hogwarts –aclaró ella mientras Harry y sus padres se reían.

–Oh –dijeron todos suspirando con alivio. Hermione Granger sacando un simple Aceptable en matemáticas sería un desastre. Estar feliz por eso sería una señal del apocalipsis. Fred y George sonrieron y discretamente elevaron sus vasos para brindar por lo que había dicho.

–¿Así que ya terminaste de estudiar matemáticas muggles? –Preguntó Ron.

–Por Dios, no. Hay mucho más al nivel universitario.

–Sí, comenzó a estudiar cálculo vectorial después de eso –dijo Dan, para la sorpresa de nadie.

–Pero ha sido bueno tenerla en casa –agregó Emma–. Hermione incluso nos mostró como hacer un par de pociones que no requieren varita.

Eso hizo que varios en el cuarto elevaran una ceja.

–¿Pueden hacer eso? –Soltó Ron.

–Claro –dijo Hermione–, si no se necesitan movimientos de varita, toda la magia está en los ingredientes… Aunque, de hecho, creo que sería posible para los muggles el preparar muchas de las pociones estándar usando runas ya que los hechizos son estandarizados.

Los Weasley la observaron con sorpresa.

–Pero no pueden… pero eso… –tartamudeó la señora Weasley, pero no pareció poder encontrar una objeción de verdad.

–¿En verdad? –Dijo el señor Weasley–. Eso es muy interesante. Nunca pensé en eso de esa manera. No puedo pensar en una razón por la que no funcionaría, si las runas pueden reemplazar lo que hacen los hechizos.

Después, para su sorpresa, fue Percy quien habló.

–Hermione, si puedes demostrar eso, deberías de escribirlo. Estoy seguro que El Pocionero Pragmático estaría feliz de ver nuevos desarrollos provenientes de una brillante estudiante.

–¿En serio? –Exclamó ella–. Pero sólo estoy en segundo año.

–El profesor Dumbledore escribió para múltiples publicaciones cuando sólo era un estudiante –dijo Percy con importancia–. Y creo que tienes el potencial para seguir sus pasos si te enfocas.

Hermione fue deslumbrada por el cumplido, pero repentinamente, Ron comenzó a reír y ella le lanzó una mirada molesta.

–Por la barba de Merlín, ¿te imaginas la cara de Snape si ve tu nombre en esa publicación? Tienes que hacerlo.

Hermione lo vio y se rio a pesar de sí misma. Tendría que darle puntos entonces… o encontraría una excusa para quitar cincuenta de coraje. Harry, Fred, George, e incluso Ginny pensaron que era bastante gracioso.

Mientras tanto, la señora Weasley notó que Fred y George estaban adoptando una expresión bastante interesada y decidió cortarlo de golpe.

–¡Ni siquiera lo piensen! –Dijo–. Lo que sea que estén pensando, deténganse. –Eso causó que el resto de los niños se rieran aún más.

–¿Y qué hay de ti, Arthur? –Preguntó Dan–. ¿Qué es lo que haces exactamente?

–Trabajo en la Oficina Contra el Uso Incorrecto de los Artefactos Muggles –respondió el señor Weasley con entusiasmo.

–¿Uso incorrecto de artefactos muggles?

–Sí, verán, las regulaciones para encantar objetos muggles son de hecho muy estrictas porque pudieran ser vendidos o regalados a muggles, y mi oficina es la que vigila que se cumplan. Por supuesto, el problema más grande es lo que llamamos "cebo para muggles". Algunos magos venden a propósito objetos, como llaves que desaparecen o cerraduras que muerde, y por supuesto, un muggle que no sabe de magia nunca puede decirle a alguien porque no le creerían.

–Ah, veo cómo podría ser un problema –respondió Dan–. Es bueno saber que alguien nos está cuidando.

–Mi padre recientemente presionó al Wizengamot para que aprobaran una Ley para la Defensa de los Muggles que castigaría con uniformidad los "cebos" y otros crímenes en contra de los muggles –dijo Percy. No había mostrado mucho orgullo por su familia en la escuela, pero aparentemente incluso él consideraba que obtener algo aprobado en el Wizengamot significaba algo, y si era como el Parlamento, los Granger estaban de acuerdo.

–¿En verdad? –Dijo Emma con sorpresa–. Eso no pudo ser fácil. Suena a que estás haciendo un buen trabajo.

–Me gusta pensarlo. Claro, la mayoría de nosotros somos amistosos. Hay algunos que no creen que los muggles valen tantos problemas, pero yo sí. Además, disfruto mi trabajo y eso es lo que importa, ¿no es así?

–Por supuesto, Arthur, cariño –dijo la señora Weasley con sinceridad.

–¿Y ustedes dos? –preguntó el señor Weasley a Dan y Emma–. Los niños intentaron explicar lo que hacen, pero creo que no lo lograron.

–Oh, ambos somos dentistas –respondió Dan.

–¿Y qué es un dentista exactamente?

–Reparamos los dientes de las personas. Verán, cuando los dientes de alguien están dañados o podridos, no podemos arreglarlo con un simple hechizo… –Eso los llevó quizás a la conversación más extraña que los Granger habían tenido con alguien que no fuera un dentista. El señor Weasley estaba fascinado mientras Dan y Emma explicaban el proceso de escavar la parte podrida del diente y rellenarla con metal. Fred y George también parecían fascinados, aunque Hermione temió que era por razones más siniestras. El resto de los Weasley, especialmente la señora Weasley, se pusieron verdes por la descripción.

–Suena bastante doloroso –dijo el señor Weasley–. ¿Las personas tienen problema yendo al dentista cuando lo necesitan?

–Oh, sí. Una visita al dentista inspira miedo a los corazones de los hombres más fuertes –dijo Dan, practicando su mirada de "padre sobreprotector" en los niños, quienes temblaron–. Desafortunadamente, es un problema para nuestro negocio –agregó.

–Me lo imagino –dijo la señora Weasley con incomodidad antes de cambiar de tema.

Después de la cena, los Granger agradecieron a los Weasley por invitarlos y se despidieron, y el señor Weasley llevó con cuidado a Dan y a Emma a través de la red Flu, reportando, para el alivio de Hermione, que habían llegado a salvo a Londres.

Para entonces, era casi la hora de dormir. Hermione siguió a la tímida hermana de Ron al tercer piso, donde estaría durmiendo en un catre de campaña durante la semana. Estuvo feliz de ver que el cuarto de Ginny, como el suyo, no era muy rosa y femenino, aunque estaba orientado más al quidditch que a los estudios.

Pero al momento en el que se cerró la puerta, un cambio sorprendente ocurrió en Ginny. Dejó salir un gran suspiro que parecía ser parte alivio y parte exasperación, y después pareció relajarse y sonreír por primera vez en todo el día.

–Me alegra que hayas decidido quedarte con nosotros, Hermione –dijo con rapidez–. Será bueno tener otra niña con quien hablar. Sólo está Luna en el pueblo, y ella es un poco… –articuló "loca", pero no dijo la palabra.

–Ah, sí, Ginny –dijo Hermione–. Me agrada estar aquí. Eh… ¿estás bien? Apenas y dijiste algo durante la cena, y ahora…

–Lo siento. No quise ser grosera. Sólo que me pongo nerviosa alrededor de Harry. He querido conocerlo toda mi vida, y ahora que está aquí, no puedo decir ni dos palabras –dijo frenéticamente–. Tú eres su amiga. ¿Puedes decirme cómo es?

El famoso Harry Potter de nuevo, pensó ella. Hermione se maravilló ante lo poco tímida que Ginny en verdad era cuando su celebridad favorita no estaba a su alrededor.

–Supongo, ¿pero qué Ron no te ha contado sobre él? –Dijo.

–Ron es un niño. Él no nota las cosas importantes.

En eso podía estar de acuerdo.

–Bueno, lo primero que viene a la mente es… Harry es muy impulsivo. Y terco. Salió volando detrás de Malfoy a pesar de que le dijeron que no, y nunca había volado antes. Y el mismo día aceptó un duelo de medianoche. Estuvo deambulando por el castillo durante la noche en Navidad. Y tuve que detenerlo para que no fuera detrás del ladrón al final del año.

–Pero, ¿en verdad detuvo a Quien-Tú-Sabes? ¿De nuevo? –La interrumpió Ginny con entusiasmo.

–Bueno, por accidente, pero sí… aunque el profesor Dumbledore y yo ayudamos.

–¡Eso es genial! –Gritó ella.

–No tanto si estuviste ahí –la contradijo Hermione–. Fue escalofriante.

–Oh… aun así, no muchas personas se enfrentan a Quien-Tú-Sabes y sobreviven.

Hubo un silencio incómodo. Hermione trataba de no pensar en eso.

–Así que… todos mis hermanos dicen que eres muy inteligente –cambió de tema Ginny.

Hermione se sonrojó.

–En aritmancia, sí –dijo–. Quiero decir, la profesora Vector nunca había tenido a un estudiante de primero en su clase. Pero…

–¿Qué no también sacaste las mejores calificaciones en tus otras clases?

–Bueno, sí…

–Eso es sorprendente. Bill y Percy hicieron cosas así. Espero que yo…

–Estoy segura de que te irá bien, Ginny. Suena a que corre en la familia.

–Gracias, Hermione –dijo con una leve sonrisa–. Dime… puedes… ¿introducirme a tus amigos cuando llegue a Hogwarts? –Dijo repentinamente nerviosa.

–Claro –respondió Hermione–. Por supuesto, ya conoces a Harry y Ron…

–Gracias –suspiró la pelirroja con alivio. Se puso inesperadamente seria mientras continuaba en casi un susurro–. Yo… no tengo amigos… sólo mis hermanos. Son geniales… bueno, unos más que otros… pero es difícil ser la única niña en la familia.

–¿No tienes amigos? –Dijo Hermione con preocupación–. ¿Pero qué tal en el pueblo?

Ginny sacudió la cabeza.

–Hay muy pocos niños mágicos aquí, y casi nadie de mi edad. Y no podemos invitar a muggles por toda la magia que usamos aquí.

–Supongo que no. Pero debes de tener algún amigo –insistió Hermione. No podía creer que alguien tan extrovertido como Ginny fuera tan solitario como ella había estado durante la primaria.

–Bueno, Luna, pero en verdad está un poco loca.

–No puede estar tan mal.

–No, en serio. Te la presentaré si se da una vuelta, pero no la he visto mucho desde que murió su mamá.

–¿Oh….?

–Sí, fue muy triste. Un accidente hace un par de años. Ahora pasa la mayor parte de su tiempo con su papá.

–Oh… Bueno, no te preocupes, estoy segura de que harás muchos amigos en Hogwarts.

Ginny se entusiasmó ante la idea y hablaron de nada por un tiempo más. Finalmente, era la hora de dormir. Ginny acomodó todo y vació sus bolsas de compras, guardando con cuidado su varita nueva en un lugar de honor en su ropero.

–¿Esto es tuyo, Hermione? –Preguntó mientras examinaba sus útiles. Levantó un diario viejo con cubierta de piel negra.

–No, no es mío.

–Oh. Mi mamá debió comprármelo. –Colocó el diario de vuelta en su pila de libros y estuvo lista para dormir–. Buenas noches, Hermione.

–Buenas noches, Ginny.


Unos días después, los niños decidieron ir a practicar quidditch en un claro escondido por varios árboles… excepto por Percy, quien dijo que estaba ocupado. Hermione estaba segura que sólo había salido de su cuarto para comer desde que había llegado.

–Oye, Hermione, ¿quieres jugar? –Le preguntó Ron mientras salían.

–No, gracias. Sabes que soy terrible en una escoba.

–¡Yo juego! –Dijo Ginny.

No –dijo Ron–. Ni siquiera puedes volar.

–Claro que puedo. Ustedes son los que nunca me dejan jugar.

–Nunca has subido a una escoba.

–Harry tampoco lo había hecho y vuela muy bien –notó Hermione.

–Sí, pero es Harry.

–¿En serio, Ron? Es mejor que Ginny empiece ya. Y de todos modos, aprenderá a volar en Hogwarts en unas semanas.

–Que aprenda ahí.

–Todos aprendieron a volar antes de ir a Hogwarts –dijo Ginny con enojo–. Sólo porque nunca me dejan usar sus escobas…

–Eso no es muy amable –lo regañó Hermione–. Quizás es muy buena.

–Ya vámonos. No la necesitamos. Es sólo una… –Comenzó Ron, pero se detuvo al ver la mirada asesina de Hermione.

–¿Una qué, Ron? –Prácticamente gruñó–. ¿Una niña? Me pediste que jugara, y en caso de que no lo hayas notado, soy una niña. Y todas las cazadoras del equipo de Gryffindor también son niñas.

–Y lo sabemos –dijo Fred con una sonrisa–. Pero en serio, Ginny no tiene experiencia, y ya somos cuatro sin Percy.

Ante eso, Ginny lanzó una mirada de súplica a Hermione que debió de haber practicado con sus padres y sus hermanos por años. Fue difícil resistirse.

Las cosas que hago por mis amigos, pensó Hermione.

–De acuerdo, jugaré también. Ginny no puede ser peor que yo, así que estaremos parejos.

Después de ese argumento, los niños no tuvieron opción mas que dejar que las niñas jugaran, aunque a Harry por lo menos no pareció importarle. Fue por su Nimbus 2000 y el resto fue al almacén de escobas, de donde sacaron cinco que parecían más maltratadas que las escobas viejas de la escuela. Hermione parecía cada vez menos segura de esa idea, pero colocó la escoba de Bill sobre su hombro con valentía y siguió a los niños al claro.

Repentinamente, la señora Weasley salió por la puerta trasera.

–¿Y a dónde crees que vas, señorita? –La llamó.

–A jugar quidditch con los niños y Hermione, mamá –respondió Ginny nerviosa.

–¡Ginny, no puedes volar! –Gritó la señora Weasley con pánico.

Ginny tomó todo su coraje y lanzó una mirada molesta a su madre. Después, sin decir nada más, subió a la escoba y se fue. La señora Weasley gritó. Después de tres vueltas alrededor de la casa que parecieron usar toda la capacidad de la escoba, voló cerca, voló boca abajo, y se detuvo en frente del rostro de su madre, su largo cabello colgando de su cabeza.

–¡Qué demonios! –Dijeron Ron, Fred, y George al mismo tiempo. Harry y Hermione no hablaron, pero estaban pensando lo mismo.

–Ginny… ¿cómo…? –Tartamudeó la señora Weasley.

–Supongo que soy natural –dijo. Se dio la vuelta y se bajó sin problema.

–Pues… pues… ¡no vuelvas a asustarme así! –La regañó su madre, pero parecía muy orgullosa de ella como para enojarse.

–Sí, mamá.

Cuídenla –dijo a sus hijos.

–Ginny, ¿por qué no nos dijiste que podías volar así? –Dijo George.

–¿Por qué nunca me dejaron subir a una escoba? –Respondió ella.

–Eso estuvo genial, Ginny –dijo Harry en voz baja.

Fue como si alguien hubiera presionado un botón. Ginny soltó un chillido y casi se tropezó con sus propios pies. No pudo hablar durante el resto del camino. Fue sólo cuando llegaron al claro que permaneció atrás y susurró:

–Gracias, Hermione. He querido hacer eso por años… no soy natural. Me he estado saliendo a volar con las escobas de mis hermanos desde que tenía seis años.

Tenían que volar bajo en el claro para ser ocultados por los árboles, lo cual le pareció mejor a Hermione. Tampoco podían jugar quidditch con las pelotas reales, así que se lanzaron manzanas, o en el caso de Fred y George, las lanzaban a personas ya que un juego de tres contra tres les permitía ser bateadores. Hermione se arrepintió al momento de estar en el aire. Podía volar sin lastimarse, y lo intentó, pero los niños y Ginny estaban en otro nivel. Claro, Ginny era inconsistente. Podía volar bien, pero se paralizaba cada vez que se acercaba a Harry, lo cual era malo cuando estaban en equipos opuestos, y peligroso cuando Fred y George trataron de ponerlos en el mismo equipo.

Habían estado volando por casi una hora, y Hermione estaba deseando poder dejar de hacerlo por el resto de la tarde, cuando sus oraciones fueron respondidas: un joven alto y apuesto, con una escoba de calidad sobre sus hombros caminó hacia ellos entre los árboles.

–¡Cedric! –Dijo Hermione con entusiasmo y voló hacia él. El resto de los jugadores la siguieron.

–Hola, Hermione –dijo Cedric–. Debiste decirme que estarías en el pueblo.

–Oh, ¿vives cerca? No lo sabía. –Por culpa de esos niños Weasley, pensó.

–Hola, Diggory –dijo Fred cuando aterrizó–. ¿Qué tal?

–Sólo pensé en darme una vuelta. Tu papá le mencionó al mío que tenían invitados. ¿Les molesta si me uno al juego?

–¡Para nada! Puedes tomar mi lugar –dijo Hermione rápidamente.

–¿En serio? ¿Estás segura, Hermione?

–Sí, en serio. Prefiero que mis dos pies permanezcan en el suelo. Oh, ¿ya conoces a Harry, Cedric? –Presentó a su amigo.

–No había tenido el placer, aunque te he visto volar –dijo Cedric a Harry–. Eres muy bueno, Potter. Encantado de conocerte.

–Gracias. ¿Eres el buscador de reserva de Hufflepuff, verdad?

–Así es –dijo Cedric con una sonrisa–. O así era el año pasado. Probablemente también éste, pero tendré la posibilidad de ser capitán el próximo año. Quizás entonces pueda jugar contra ti en un verdadero campo.

–Eh, sí… lo espero con ansias.

–Genial. Así que, ¿tres contra tres? –Preguntó a los Weasley.

Fred y George se susurraron el uno al otro con expresiones calculadoras.

–De acuerdo, Diggory –dijo Fred–. Qué te parece Ron, Ginny y tú, contra Harry y nosotros –propusieron, dejándolo con (era difícil negarlo) los jugadores más débiles. Pero Cedric aceptó con gracia y los dos equipos se elevaron mientras Hermione los observaba.

Sí, definitivamente era más divertido en el suelo.

A pesar de la inconsistencia de Ginny, Cedric estaba impresionado por su habilidad.

–Nunca me dijeron que Ginny sabía volar –les dijo a los gemelos después de un tiempo.

–Sí, eh, no lo sabíamos –respondió George.

–En verdad nos sorprendió –agregó Fred.

–Eso se merecen por nunca dejarme subir a una escoba –dijo Ginny. Después, se rio con maldad y voló con rapidez rozando sus cabezas con sus pies.

Ellos la esquivaron, y Fred le gritó:

–¡Esto significa guerra!


El día antes de que regresara a casa, Hermione estaba sentada en el porche trasero, leyendo un libro sobre cómo calcular tangentes y normales en funciones vectoriales (era un proceso tedioso y complejo que sería mejor hecho en una computadora, pero eso no podía ser en el mundo mágico). Percy finalmente había salido de su cuarto para hacerle unas preguntas de trigonometría básica ya que estaba estudiando para su clase de Aritmancia de sexto año, y Ginny estaba desgnomizando el jardín.

Gruñidos de "¡suéltame!" llenaban el aire mientras Ginny lanzaba a los gnomos sobre los setos. Era extraño tratar tan despiadadamente a una criatura que podía hablar, pero a pesar de sus enormes cabezas y su capacidad de decir "¡suéltame!" en contexto, la única vez que Hermione había intentado hablar con las criaturas con forma de papa sólo le habían respondido con incoherencia y mordido su dedo, y fue obligada a concluir que no tenían más inteligencia que un perico.

Todos estaban tan entretenidos en lo que estaban haciendo que les tomó un tiempo notar a una niña con largo cabello rubio acercarse desde el sendero del jardín, con una mirada distraída, como si estuviera buscando formas interesantes en las nubes; pero una vez se le notaba, era difícil quitar la mirada. Era una pequeña de aspecto chiflado, usando colores que no coordinaban y un collar de corcho.

–Hola, Ginny –dijo la niña con una voz etérea. Y después, como si hubiera notado los bultos voladores por primera vez, se inclinó para tomar uno mientras decía con entusiasmo–: ¡Tienes gnomos!

Ginny levantó la mirada.

–Oh, hola Lu…

–¡Auch! –El gnomo había mordido el dedo de la niña, y ella lo sacudió.

–¿Estás bien? –Preguntó Hermione.

–Oh, bastante –respondió–. La saliva de gnomo es excelente para estimular la creatividad y el talento musical.

Hermione miró a Ginny pidiendo una explicación. No recordaba haberse sentido especialmente creativa o inspirada a hacer música después de que fue mordida.

–Hermione, ella es la niña de la que te había contado, Luna Lovegood –explicó Ginny–. También comenzará en Hogwarts este año. Luna, ella es Hermione Granger. Está en el mismo año que Ron… excepto que va a estar en la clase de Aritmancia de cuarto año.

Luna inclinó su cabeza hacia un lado.

–Hola, Hermione Granger –dijo–. Sospeché que eras buena en los estudios. Tu exceso de cabello debería de bloquear bien los torposoplos.

–Encantada de conocerte, Luna –tartamudeó Hermione–. Pero, ¿qué son los torposoplos?

–Son pequeñas criaturas que flotan dentro de tus oídos y embotan tu cerebro. Pero se enredarían en tu cabello alborotado y se harían a un lado.

Ginny comenzó a reír.

–Yo… no creo que exista algo así –dijo Hermione lentamente.

–Eso es porque nunca has visto uno –dijo Luna con indignación.

–¿Y qué haces por aquí, Luna? –Preguntó Ginny antes de que Hermione ocasionara algo.

–Estaba siguiendo a un blibber maravilloso y me trajo aquí –dijo Luna con voz soñadora, como si fuera la cosa más natural en el mundo.

Hermione dirigió su mirada a Ginny de nuevo. Ginny giró su dedo cerca de su sien cuando Luna no estaba mirando. Hermione no creyó que eso fuera amable, pero era difícil no estar de acuerdo con esa valoración. Luna caminó alrededor del jardín durante el resto de la mañana, y Hermione no creyó que dijera algo que en verdad tuviera sentido. Aún así, parecía una buena niña. Probablemente estaba más aislada que Ginny. Esperaba que algo de interacción social normal le ayudara.


Al día siguiente, Hermione empacó sus cosas para ir a casa a pasar los últimos cinco días del verano.

–Ha sido maravilloso tenerte con nosotros, querida –dijo la señora Weasley–. Sé que Ginny lo disfrutó. Espero que puedas venir de nuevo el próximo verano.

–Muchas gracias por invitarme, Sra. Weasley. Me encantaría regresar. –La verdad era que Hermione también había disfrutado pasar un tiempo con Ginny. A pesar de su obsesión con el quidditch, y su obsesión más grave con Harry, era más similar a ella que la mayoría de las niñas a las que conocía… aunque no estaba segura de lo que había estado haciendo Ginny con ese diario durante los últimos días.

–Sí, gracias por venir –dijo Ron algo incómodo.

–Sí… y gracias de nuevo por decirle a McGonagall que me sacara de casa de los Dursley –agregó Harry.

–Me alegra que pudiera –respondió Hermione–. Sabes que ayudaré si puedo.

–Yo también –dijo Ron.

–Sí, lo sé. Me alegra tener amigos como ustedes –dijo Harry.

En la esquina, nadie notó a Ginny mirándolos con anhelo.

–De acuerdo, ¿lista, Hermione? –dijo el señor Weasley mientras se paraba en la chimenea.

–Sí, señor Weasley. Los veré el martes.

–Hasta luego –dijeron los niños.

Y con eso, el señor Weasley la llevó al callejón Diagon a encontrarse con sus padres. A pesar del desastre del año anterior, ese probablemente había sido el mejor verano de su vida.