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– Capitulo XXVI –
予期しない変更
Cambios Inesperados
"Nadie puede ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar".– Elliot Gould
Finalmente el día que todos esperaban había llegado.
El escenario estaba cubierto por un enorme telón que cubría la enorme pista de hielo en la plaza principal del reino. Muchas personas iban y venían, ajustando luces, música y adornos que se usarían en el evento de la noche. Los patinadores practicaban sus saltos así como las pocas líneas que dirían durante la puesta en escena ya que, lo que más caracterizaba al show de navidad, era que podían expresar la historia con música y movimientos de sus cuerpos más que con líneas habladas por lo que, el guion, era extremadamente corto.
Yuuri había decidido ayudarles en la puesta en escena, no porque Minako se lo pidiera, ni por las innumerables peticiones por parte de Mila y Sala sino, por que realmente deseaba hacerlo y por qué, aun cuando no tendría un papel en el mismo, podría ver el espectáculo lleno de luces, colores y música a lado de su familia.
Por ello estaba ahí, sentado en las gradas más bajas del lugar, observando a cada uno de sus conocidos deslizarse por el suelo mientras Minako les indicaba con ademanes y uno que otro grito lo que debían hacer.
– ¡Riku ese salto no es así! – Le grito la ex bailarina a uno de sus patinadores – ¡te adelantaste, vuélvelo a hacer!
– ¿No cree que los gritos son la razón de su mala concentración? – pregunto Yuuri sin dejar de ver la pista.
– Si mi voz es suficiente para ponerles nerviosos, entonces no sé qué harán para controlarse en la noche – dijo Minako regresando a verle.
– Algunos son más propensos al pánico que otro, quizás un poco de ánimo les serviría.
– ¿A ti te funciono? – rebatió Minako.
El menor desvió la mirada y trago con dificultad, a lo cual la ex bailarina solo atino a suspirar, sentándose a su lado.
– Lo siento – se disculpó – es solo que, no comprendo el por qué te niegas.
– Ya se lo he dicho con anterioridad – contesto con tristeza – el pánico escénico me impide hacerlo.
– ¿Y cómo lograras superarlo si no lo intentas? – pregunto con severidad.
El azabache solo hizo una mueca sin regresar a verla.
– Entiendo que tus miedos impiden que avances pero, Yuuri… – tomando su mano para que le regresara a ver – tienes talento, eres uno de los mejores patinadores que he visto y el hecho de que te reprimas, que ocultes lo grandioso que eres… Tú deberías estar ahí, patinando a lado de ellos.
Yuuri soltó un largo suspiro. Comprendía perfectamente a Minako, ella sabía reconocer cuando alguien tenía talento, ya sea en el patinaje, la música o la actuación. Era un don que ella poseía, el poder impulsar a aquel que tuviera madera de artista y volverlo una gran estrella que brillaría en ambos reinos pero, él no era esa luz que ella quería sacar a flote. Se conocía así mismo, sabía que todos sus miedos era una atadura que le impedían avanzar y ser mejor, por ello ocultaba su rostro tras una máscara, solo así podía ser el mismo sin miedo al que dirán.
Tras un largo silencio, le contesto, muy a su pesar, sabiendo que no era la respuesta que ella esperaba.
– Minako–Sensei – le llamo en un susurro – sé que todo lo que dices puede ser verdad, conozco tu trayectoria, has convertido a muchos jóvenes en grandes artistas pero…
– ¿Pero?
– Yo no soy alguien que pueda volverse en una estrella.
– ¿Y quién dice que no?
Yuuri hizo otra mueca.
– ¿Que no es obvio? – Contesto de forma interrogativa – no tengo presencia, no puedo cautivar a nadie con lo que hago y mi apariencia no es la de un adonis.
Minako enarco una ceja por lo último.
– No soy lo que llamarían un chico guapo.
– ¿De dónde sacas eso? – Cruzándose de brazos – eres un chico muy lindo – haciendo que Yuuri rodara los ojos – es la verdad, incluso me atrevo a decir que te hubieses visto mucho mejor con el traje del cascanueces que Riku.
– Si claro.
– Un día debemos trabajar con esa autoestima tuya, lo necesitas.
– Lo que necesito es seguir evaluando el ensayo y no concentrarme en algo que no tiene futuro – dijo con algo de molestia en su voz.
– Algo hare para que te des cuenta que vales más de lo que crees.
El menor negó con su cabeza y rodo los ojos.
– Hasta entonces, deberíamos seguir viendo el ensayo ¿no?
Minako se cruzó de brazos e inclino su cabeza, haciendo una mueca que demostraba claramente no estar a gusto con la conversación, sobre todo porque sus esfuerzos seguían siendo en vano.
– Yuuri, es en serio, tu…
– Minako–Sensei, por favor… Ya hemos hablado de esto yo no…
El sonido de algo chocando así como varios gritos les hizo girar sus cabezas, dirigiendo su vista hacia la pista de hielo, encontrándose con dos de los patinadores del espectáculo, entre ellos el protagonista, tirados en el suelo quejándose de dolor.
– ¡Por la diosa! – exclamo Minako levantándose con prisa de su asiento para deslizarse por la pista.
Yuuri la imito y la siguió por el frio hielo.
La ex bailarina se arrodillo a lado de sus dos patinadores, preguntándoles si estaban bien. Examino a ambos en busca de heridas, soltando un suspiro cuando noto que, al parecer, no había heridas graves a la vista.
– ¿Se puede saber en qué pensaban? – Pregunto Minako ayudando a uno de ellos a levantarse – deben fijarse siempre que patinen si no hay nadie tras suyo, pueden lastimarse.
– Lo siento Minako–Sensei –contesto el chico con timidez.
– Una disculpa no hubiese sanado alguna herida grave – indico con molestia – para la próxima…
Un gemido por parte de Riku les hizo regresar a verle, quien al tratar de levantarse había caído nuevamente al hielo, sujetándose la pierna.
– ¿Riku?
– Mi… Mi pierna – contesto el chico con una mueca de dolor.
– Déjame ver – soltando al otro patinador, arrodillándose nuevamente para examinar la pierna de Riku.
– ¿Minako–Sensei? – pregunto Mila con preocupación.
– Al parecer se disloco el pie al caer – susurro Minako – Sala.
– Sí – contesto acercándose.
– Llama a una ambulancia, debemos llevar a Riku al hospital.
Sala asintió y corrió en busca de su celular, mientras los demás seguían observando a su compañero quien gemía por lo bajo con una mueca de dolor en su rostro.
Todos estaban alrededor de la pequeña cama del hospital. Riku se encontraba acostado con el pie elevado para no causarle más dolor. Minako había salido para llamar a los padres del mismo mientras que ellos hablaban de lo sucedido.
– ¿Crees que sea muy grave? – pregunto Mila.
– Quien sabe, el medico aún no ha vuelto con los resultados de las radiografías – le contesto Sala.
– ¿Cómo te sientes? – le pregunto Yuuri a su amigo.
Riku le sonrió y hablo.
– El dolor al menos ha disminuido gracias a los analgésicos.
– Me alegro, solo a ti se te ocurre tener un accidente horas antes del evento – le reprendió.
– Ya sabes como soy, siempre me sucede algo inesperado – se encogió de hombros – no te preocupes, seguramente no es nada y solo tengo que esperar a que se desinflame.
– Esperemos que sea así.
Pasaron alrededor de unos minutos, en los que conversaron animadamente entre ellos, hasta que la puerta de la habitación se abrió, dejando pasar a Minako junto al doctor que, por las caras que ambos tenían, no eran buenas noticias.
– ¿Minako–Sensei? – Pregunto Sala – ¿todo bien?
La ex bailarina solo suspiro y negó con la cabeza.
– Es mejor que el doctor les informe.
El doctor se ajustó sus gafas, colocándose al frente de todos y, tras dar una mirada a su actual paciente, hablo.
– Ya revise las radiografías – sintiendo como el ambiente se tensó de inmediato – me temo que no tengo buenas noticias.
– ¿Es grave doctor? – le pregunto Mila.
– Un esguince – levantando una mano al notar como los demás intentaban replicar – no hubo fractura si eso les preocupa pero, la caída provoco que los ligamentos del tobillo se lesionaran y, por la gravedad del mismo, me temo que tendrá que permanecer sin mover el mismo al menos durante un mes.
– ¿Un mes? – dijeron todos al unísono.
Todos regresaron a ver a Riku.
– ¿Qué sucederá con el espectáculo navideño? – Pregunto Sala – es esta noche – regresando a ver a Minako.
– No podemos cancelarlo –agrego Mila.
– Y es imposible hacerlo, sobre todo por los enormes gastos que hizo el reino por el mismo – susurro Minako – Doctor – lo llamo – ¿está seguro del diagnóstico?
– Me temo que sí, el joven Riku no puedo mover el tobillo, si trata de patinar, corre el riesgo de fracturar el hueso.
Todos los presentes bajaron al cabeza al escuchar las palabras del doctor.
– ¿Y qué hacemos? – Mila se cruzó de brazos – no podemos cancelar el espectáculo pero no podemos continuar sin el protagonista masculino.
– Si tuviéramos un reemplazo no tendríamos este problema – indico Sala.
Los presentes se cruzaron de brazos, buscando una solución al problema que tenían en frente. No podían cancelar el espectáculo, llevaban más de seis meses preparándolo, además de que si lo hacían, corrían el riesgo de que el área de costos del reino, solicitara el reembolso del dinero, uno que no tenían. Debían buscar un reemplazo de inmediato, era la única forma de salvar la situación pero, ¿Quién tomaría el lugar?, no tenían a otro patinador tan bueno como Riku mucho menos que se supiera la coreografía.
Fue en ese momento que, como si todos se sincronizaran en la misma idea que se regresaron a ver entre ellos. No dijeron palabras, solo basto un par de miradas antes de que todos los ojos de los mismos cayeran sobre la figura del azabache.
– ¿Qué? – pregunto Yuuri, sintiendo un escalofrío por toda su espalda.
– Si tenemos un reemplazo – dijo Minako con una enorme sonrisa.
– ¿Ha?
Y un mal presentimiento se instaló en su pecho al ver las sonrisas en los rostros de todos.
La brisa matutina eran una de las pocas cosas que Victor podía disfrutar aquella mañana sin la imponente presencia de su padre ya que, al estar en una audiencia con varios nobles en los que discutirían la creciente disminución de betas, no se presentaría al desayuno, tampoco contaba con la fina persona de su madrastra, esta última había salido en compañía de su hijo y Georgi por compras de la fiesta de año nuevo así que, los únicos que estaban a su lado eran Noel e Irina.
El hecho de disfrutar aquella mañana sin compañía de sus padres, no significaba que estaba feliz por su ausencia, simplemente que podía respirar sin la presión de su padre sobre su persona. Es por ello que podían hablar de cosas tan banales como el Show de navidad sin que este le juzgara.
– Finalmente llego el día – dijo Irina, dejando su taza de café sobre la mesa – el Show de navidad se presentara en la plaza principal.
– La veo muy feliz por ello, Srita Irina – comento Noel.
– Por supuesto, desde hace años he querido verlo en persona.
Victor enarco una ceja por el comentario y hablo.
– Ahora que lo pienso, siempre hablabas de ello en año nuevo durante las reuniones anuales y, me comentabas que no podías asistir por alguna razón.
Irina bajo la mirada.
– Si, siempre surgía algo por lo cual, mis padres jamás pudieron traerme al reino.
Una suave sonrisa a modo de comprensión apareció en el rostro de Victor. Aquel tema siempre fue uno de los principales a la hora de entablar conversación con la joven pelirroja en la reunión anual que los nobles tenían en el reino, quienes hablaban de los temas más importantes que tratarían en el nuevo año en curso. Siempre que vislumbraba a la joven pelirroja, la encontraba con una sonrisa triste, producto de la decepción de no poder ver en vivo el espectáculo y conformarse con la transmisión a nivel internacional.
Fue en ese momento que, una inusual idea cruzo su mente, una que quizás le ayudaría a devolver los favores que amablemente la joven Irina le había hecho en los últimos días.
– ¿Te gustaría verlo en persona?
Tanto Irina como Noel dejaron sus tazas a medio camino de tomar un sorbo de las mismas, sorprendidos por la repentina pregunta del príncipe.
– ¿Disculpe?
Victor soltó una ligera risa.
– Decía que, quizás no debas perdértelo este año, podemos ir a verlo si eso es lo que deseas.
– ¿En serio? – el rostro de Irina se ilumino.
– Si, ¿qué dices?
– ¡Me encantaría!
El de ojos azules solo sonrió al ver la felicidad que su petición había producido en la joven pelirroja.
– Espero que se divierta mucho esta noche Srita Irina – comento Noel.
Ella le devolvió la sonrisa con un suave sonrojo en su rostro.
– Además, es lógico que comiencen a frecuentar los sitios del reino, los súbditos esperan ver al príncipe con su futura esposa teniendo una cita como cualquier pareja.
Irina bajo la mirada sin perder aquel color carmín sobre sus mejillas mientras que Victor trago con fuerza por el comentario.
– Debes tratarla bien Victor – le dijo Noel regresando a verlo – y cuidarla, no sabemos que pueda suceder en un lugar tan concurrido.
Victor sonrió mientras una idea cruzo su mente.
– Por supuesto que lo haremos, Irina es una joven muy valiosa para nuestro reino – aseguro Victor.
– ¿Haremos?
– Si, Tu y yo.
– ¿Qué? – preguntaron Irina y Noel.
– Eres mi guardaespaldas por lógica tu vendrás con nosotros – dijo haciendo que ambos enarcaron una ceja – ¿no esperaras que salga fuera del palacio sin protección, o si?
Tras su comentario, Irina solo suspiro mientras Noel rodo los ojos y negaba con la cabeza.
– Me niego – dijo Yuuri tratando de salir de la habitación.
– Yuuri – le llamo Minako – Si tuviéramos a alguien más que reemplace a Riku, no te lo pediríamos.
– Eso no significa que yo tenga que hacerlo.
– Yuuri, por favor – hablo Sala – no hay nadie más.
– Además, eres el único fuera de los que participaremos en el espectaculo, que se sabe la coreografía completa – agrego Mila.
– Vamos Yuuri, eres un buen patinador, estoy seguro de que lo harás bien – apoyo Riku con una sonrisa – no confió en nadie más para ser mi reemplazo.
Trago con fuerza. No esperaba que todos comenzaran a insistirle de esa forma. Muchos menos que colocaron esos gestos de tristeza, sabiendo que tenía un corazón demasiado noble y no podría negarse. Era un recurso bajo pero funcional para ellos.
– Yuuri – Minako lo tomo de las manos – por favor, te necesitamos.
El azabache regreso a ver a todos, sintiendo como los nervios comenzaban a apoderarse de su persona. Jalo sus manos, ignorando el semblante lleno de preocupación de la Ex bailarina y dio tres pasos hacia atrás.
– Necesito Aire.
– Yuuri – escucho a Minako pronunciar su nombre nuevamente.
– Solo… – trago con fuerza – necesito pensar.
Fue lo último que dijo antes de abandonar la habitación.
Entro a la enorme biblioteca seguido de Noel, quien cerró la puerta mientras en su rostro se podía notar una clara muestra de frustración. Aquello no pasó desapercibido por Victor, el cual, una vez ambos estuvieron sentados en los amplios sofás del lugar, hablo.
– ¿Sucede algo? – Le pregunto, ganándose una mirada llena de molestia por parte de su amigo – ¿qué?
– ¿En serio preguntas?
– Si, no sé qué te pasa, has tenido ese gesto desde que dejamos el jardín.
Noel rodo los ojos.
– ¿Qué? – volvió a preguntar al no comprender la actitud de su mejor amigo.
– En serio Victor, ¿eres o te haces?
–…
– ¿Si te diste cuenta que la joven Irina quería ir contigo al espectáculo?
– Si, por ello la invite.
– Claro pero ella quería ir contigo...
–…
– Solos… Los dos.
Durante unos instantes ninguno de los dos dijo nada, el silencio era la única compañía entre ambos hasta que, tras una suave sonrisa Victor rompió la incomodidad del momento.
– Lo sé.
– ¿Entonces?, ¿Por qué hiciste eso?
– ¿Tengo que contestarte?
– Victor…
– Noel… Estoy al tanto de las intenciones de Irina, tampoco soy tan ciego como para no darme cuenta de lo que siente por mí.
"Es irónico que lo digas, cuando eres el más denso de los dos en cuanto al amor" pensó Noel.
– Pero…
– ¿Pero? – cruzándose de brazos y hundiéndose ligeramente en el sofá.
– No quiero darle falsas esperanzas respecto a mis sentimientos por ella.
– ¿No te gusta ni un poco?
– Lo acepto, Irina es una mujer muy hermosa, con muchas cualidades que cualquier hombre desearía para su futura pareja… Es amable, noble, educada, refinada y discreta.
– ¿Y?, es la mujer perfecta para ti.
– Pero mis sentimientos por ella no son los que espera.
– ¿No sientes nada por ella?
– Me gusta pero… No la veo como la persona que deseo tener a mi lado el resto de mi vida.
– Podría serlo, si te dieras la oportunidad.
– ¿Para qué darle esperanzas a algo que está destinado al fracaso? – le pregunto con seriedad.
– Fracasara si solo piensas en eso.
Victor le desvió la mirada.
– Pronto tendrás que cumplir el compromiso y casarte con ella.
– Un compromiso con el cual nunca estuve de acuerdo.
– Pero tampoco te negaste cuando el rey lo anuncio.
– ¿Acaso tenia opción?
Sus miradas se conectaron, defendiendo de forma silenciosa la postura de cada uno pero, siendo Noel el que siempre trataba de hacerlo entrar en razón, desvió la mirada y volvió a hablar.
– Escucha – usando un tono de voz más calmado – Puede que ahora no te guste de esa forma pero, con el tiempo y el trato, quizás llegues a tener sentimientos romanticos por ella.
–…
– Solo dale tiempo y veraz que solo necesitabas darle la oportunidad.
Victor no contesto.
– Victor…
– Tu y yo sabemos que el amor no se fuerza – dijo sin regresar a verle – por mucho que lo intente yo no…
– Si lo intentas es posible.
– ¿Por qué insistes tanto?
– Porque es lo mejor para el reino.
– ¿Para el reino? – Frunciendo el ceño al escuchar el comentario de su amigo – ¿y lo que yo sienta dónde queda?
– Eres el príncipe – dijo como si esa fuera la respuesta obvia – naciste con deberes y obligaciones específicas. Tu deber principal como futuro monarca es velar por el bienestar del reino y sacrificar tu propia felicidad es una de las miles de cosas que tienes que hacer por él.
– Noel – Lo llamo, como si no lograra comprender lo que el otro decía – yo no…
Su respuesta murió dentro de su garganta cuando el sonido de su celular se comenzó a escuchar en la biblioteca. Soltando un suspiro saco su celular y al mirar quien era la persona que estaba llamando, no pudo evitar que su rostro se iluminara, situación que no pasó desapercibida por Noel.
– Victor, ¿Quién…?
El nombrado no lo escucho o al menos eso quiso creer, ya que solo observo como se levantó del sofá, alejando unos cuantos pasos de donde estaban.
– Yuuri… ¿Que sucede?
Noel al escuchar el nombre de la persona que llamaba, solo rodo los ojos y maldijo por lo bajo.
Victor escucha atentamente las palabras del azabache, puede notar cierto nerviosismo en su voz pero, se contiene de hacer alguna broma por ello ya que, siente que si lo hace, el azabache colgara la llamada y saldrá corriendo del reino con la finalidad de escapar. No responde, solo escucha las razones tras la negativa del menor y, tras finalizar su relato, respira profundamente ante de decir lo que piensa al respecto.
– Apoyo a Minako – dijo haciendo que Yuuri suelte un ligero quejido – no tienen a un reemplazo que tome el lugar de tu amigo, por lo que, la solución más sencilla es que tu tomes su lugar.
– ¡Victor! – Lo llamo sin animo – ¡No puedo hacerlo!, ¡Hare el ridículo frente a todas esas personas!
– ¿Y cómo lo sabes?
– Por que se trata de mí – dijo como esa fuera la respuesta más obvia – ¿acaso olvidas todas las caídas que tuve cuando practique contigo?
– No, no las he olvidado pero, Minako tiene razón – dijo nuevamente – eres un gran patinador, lo harás bien.
– Sí, claro.
Victor soltó un suspiro, tratando de buscar una manera de tranquilizar al menor y convencerlo.
– Escucha, entiendo tus miedos pero, puedes aprovechar esta oportunidad para superarlos.
– No lo creo, habrá miles de personas, el pánico me va a ganar y hare el ridículo en el escenario, por no decir que será el hazme reír en todas las redes.
– Ve el lado amable, serás famoso.
– ¡Victor! – tapando su rostro con su mano libre.
– Vale, mala broma – dijo aceptando su error – pero, si de algo estoy seguro, es que lo harás bien.
– ¿Cómo puedes estar tan seguro?
– Porque se trata de ti.
–…
– Haz logrado muchas cosas sin ayuda de nadie.
– Pero…
– Yuuri… ¿Quién salvo a Luminitsa y a su madre?
– Yo.
– ¿Quién arriesgo su vida yendo a la zona de detenciones, todo por salvar a un amigo?
– Pues… Yo…
– ¿Quién se ha enfrentado en miles de ocasiones en contra de fieros cadentes solo por salvar a otros?
– Yo… – contesto – ¿pero eso que tiene que ver con el problema que tengo?
– Todo – respondió Victor – Solo quiero que te des cuenta que has hecho cosas impresionantes por tu mismo, que hay mucho valor dentro de ti para lograr todo aquello que te propongas, ya sea como Glass Shade o siendo solo Katsuki Yuuri.
– No lo sé – dijo en un susurro.
– Yuuri… Creo en ti.
Aquellas palabras hicieron que el rostro del menor se iluminara y un suave sonrojo apareciera en el mismo el cual, agradeció que solo estuvieran hablando por teléfono y Victor no estaba ahí para verle.
– Victor… ¿Y si fallo?, no quiero decepcionarlos.
– No lo harás, yo estaré ahí para apoyarte.
– ¿Vas a venir a ver el show?
– Si, iré con unos amigos así que, si necesitas olvidarte de todo el mundo, solo debes fijarte en mí.
–…
– Te lo dije una vez y lo vuelvo a repetir, si logras cautivarme con tu patinaje, no habrá nadie en ese lugar que logre separar sus ojos de ti.
Yuuri no dijo nada por unos segundos, tratando de tranquilizar su corazón que palpitaba con fuerza. Cuando le llamo, esperaba solo unas palabras de aliento, que el ayudaran a obtener valor. Nunca espero que Victor le confirmara que vendría a ver el show, aquello lo emocionaba y aterraba al mismo tiempo pero, por alguna razón, por muy extraña que pareciera, le brindaba aliento para hacerlo sin temor a equivocarse.
– De acuerdo.
– ¿De acuerdo?
– Lo hare.
– ¡Genial! – Dijo con emoción – entonces te veo más tarde.
– Mmm… Sí.
– Tengo que irme, Noel se está impacientando de verme hablar por teléfono.
– Vale.
– Hasta luego.
– Hasta luego.
Y la llamada finalizo.
Guardo su celular dentro de su chamarra y entro nuevamente al hospital. Camino por el mismo que daba al cuarto donde se encontraba Riku y compañía, ganándose una mirada llena de expectación por parte de todos.
– ¿Y bien? – Pregunto Minako al verle entrar – ¿ya lo pensaste?
– Vas a tomar el lugar de Riku, ¿verdad? – secundo Sala.
– No vas a abandonarnos, ¿cierto? – le siguió Mila.
Riku solo le sonrió de forma comprensiva. Yuuri comprendió que él no quería presionarlo como los demás, así que permaneció en silencio, esperando su respuesta.
– Estuve pensándolo.
Todos los demás lo observaron sin pestañear, inquietos por su futura respuesta.
– Y…
– ¿Y? – Minako dio un paso al frente.
– Lo hare… Reemplazare a Riku.
Ganándose los gritos de emoción todos al escuchar su respuesta.
– Oigan, estamos en un hospital – les recordó Yuuri.
Y todos guardaron silencio, sin borrar las sonrisas en sus rostros.
– Gracias Yuuri, nos has salvado – indico Minako.
– Al final si patinaremos contigo – dijo Sala.
– Y mira que se negó en muchas ocasiones – prosiguió Mila.
– Basta chicas, lo van a hacer cambiar de opinión – hablo Minako al ver como Yuuri comenzaba a ponerse nervioso – gracias.
Yuuri le sonrió, tratando de ser positivo y, rezándole a todos los dioses para no equivocarse sobre el escenario.
Cuando la llamada finalizo, no pudo evitar que una sonrisa permaneciera en su rostro. Hasta ahora no podía encontrar la razón pero, el simple hecho de escuchar la voz de Yuuri lo emocionaba, lo inundaba de una felicidad que hace mucho que no sentía en su vida, quizás porque era su primer amigo o la única persona que hasta ahora lo comprendía realmente pero, lo que si tenía presente, es que no podía dejar de pensar en él.
Guardo el celular dentro de su ropa y se giró, encontrándose con el rostro serio e interrogante de su mejor amigo, lo cual logro que borrara la sonrisa en su rostro.
– ¿Y bien?
– Y bien, ¿qué?
– ¿Ahora que te pidió ese plebeyo?
– No es ningún plebeyo, se llama Yuuri – aclaro con algo de molestia.
– Que sepa su nombre no cambia nada.
Victor puso los ojos en blanco, camino hacia el sofá, ignorando olímpicamente a su mejor amigo.
– ¿No vas a decirme?
– ¿El qué?
– ¿Que te dijo?
– ¿Para qué quieres saber?
– ¿Vas a continuar contestándome con preguntas?
– ¿Vas a dejar de ser tan molesto?
Sus miradas se conectaron. El ambiente que antes se sentía tranquilo y ameno, cambio súbitamente por uno frio y tenso. Victor odiaba discutir con Noel, no era de su agrado pelear casi a diario con quien era su mejor amigo pero, desde que conoció a Yuuri, las disputas con el primero, se acrecentaron. El entendía sus motivos, solo buscaba su bienestar pero, odiaba en sobremanera que tratara de controlarlo como lo hacía su padre.
– Noel, escucha…
– ¿Sabes? – se cruzó de brazos – no se ni por qué me molesto, nunca me escuchas – dijo levantándose de su asiento, caminando hacia la entrada de la biblioteca.
– Noel – lo llamo Victor.
– ¿Qué? – Este se giró sobre sus talones – ¿qué vas a decirme?, ¿lo mismo de siempre? – Pregunto con un tono lleno de reproche – ¿que ese plebeyo no significa nada para ti?, ¿que no tienes sentimientos por él?
Victor abrió su boca pero de ella no salió sonido alguno.
– ¿Al menos te lo has preguntado?
El no respondió.
– Lógico – negando con su cabeza – Victor, piénsalo, no es normal lo que haces… Siempre que algo le pasa a ese chico, sales corriendo tras él y, me atrevo a decir que es por su culpa que no haces el esfuerzo de interesarte en la joven Irina.
– Eso no es así.
– ¿No? – Pregunto enarcando una ceja – Déjame hacer un breve recordatorio… ¿olvidas lo que sucedió con el Sr. Yakov?
–…
– Con el simple hecho de nombrarlo, tu saliste corriendo, dejando plantado a tu padre con la cena, incluso la joven Irina tuvo que mentir por ti.
– Eso fue…
– Sin mencionar lo que sucedió con Chocolina, por irte de paseo con él, volviste hasta el otro día y tu padre casi la manda a sacrificar, sino fuera por la Señorita Irina…
– Vale, ya entendí, ¿quieres?
– Oh, ¿en serio? – inclino su cabeza y sonrió de forma irónica – ¿de verdad entendiste?
– Noel…
– Mira, no me importa que sientas por él, está claro que ni tú mismo lo sabes – ganándose una mirada de frustración por parte del de ojos azules – solo te recuerdo que no solo eres tu quien arriesga mucho al verlo.
–…
– Todo el reino sufrirá por culpa de esa… Relación – apretando con fuerza sus manos, como si tratara de contenerse – también sufrirá la joven Irina, que no tiene la culpa de tus tonterías.
– Noel… Eso no…
– Es tiempo que piensas seriamente sobre esa relación Victor, ya estas comenzando a sufrir las consecuencias.
Al no escuchar respuesta por parte de Victor, solo pudo negar con su cabeza y abrió la puerta para salir por ella, pero antes de que diera un paso fuera, volvió a hablar.
– No olvides que le prometiste a la Srita. Irina acompañarla al Show Navideño.
– Tu también iras – afirmo.
– Si, pero no es a mí a quien ella espera…
No hubo más palabras. Solo el sonido de la puerta al cerrarse fue la despedida de Noel. Cuando la soledad fue su única compañera, se dejó caer sobre el amplio sofá, dejando que su vista se enfocara en el techo, como si en hubiese algo interesante de ver.
– ¿Que siento por Yuuri? – se preguntó.
Con calma comenzó a recordar el momento en el que lo conoció. Cuando lucho con él en la zona de detenciones, la mirada llena de tristeza y resentimiento que poseía tras la muerte de Celestino. El pálido semblante que tenía cuando enfermo en casa de Yakov. La promesa que se hicieron. La bella sonrisa que adorno su rostro cuando llegaron a Bevelle. La felicidad que le inundo al bailar con él.
– ¿Que siento por ti?
Soltó nuevamente la pregunta pero, aún seguía sin encontrar respuesta.
El reloj marcaba las seis y media de la tarde. Todos corrían de un lugar a otro, probándose los trajes, ajustando sus patines. Los técnicos probaban una última vez el sonido así mismo, Minako hacia las últimas pruebas del escenario, para evitar cualquier accidente dentro del mismo.
Por su parte, Yuuri seguía dentro del camerino que alguna vez le correspondió a Riku, dejando que la estilista terminara de arreglar su cabello y maquillándolo ligeramente, algo que le causaba vergüenza en sobre manera.
– Solo te pondré un poco de rubor en esas mejillas así como un poco de vaselina en los labios – aseguro la joven mujer – eres tan lindo que no necesitas más de mis cuidados.
– Mmm… Gracias – contesto apenado.
La joven mujer rio por lo bajo al ver lo apenado que estaba el menor por lo que, tras unos minutos más, culmino su trabajo y con una sonrisa hizo que Yuuri se levantara.
– ¿Y bien? – Pregunto al dejarlo frente al espejo – ¿qué te parece?
Los ojos de Yuuri se abrieron de golpe, el reflejo que le devolvía la mirada definitivamente no era el, la persona tras el espejo se veía demasiado encantador a diferencia de su persona, cuya gracia al parecer se había perdido durante el camino. Inspecciono el reflejo de arriba hacia abajo. Su cabello estaba peinado hacia atrás, sus mejillas se encontraba sonrojadas, pero esto lo atribuida mas al rubor que a su propia vergüenza, sus labios brillaban tenuemente gracias a la vaselina y el traje que tenía puesto era un pantalón negro, una chaleco con tonalidades azules, arillos de plata, parecido al de un soldado pero con brillantina en las mangas.
Aquel no podía ser su reflejo pero, al ser solo ellos dos dentro del camerino, no le quedo de otra que creerlo.
– Pues… Es…
– ¿Increíble? ¿Maravilloso?
– Ambas… Nunca pensé verme asi.
– ¿Cómo?
– Pues, así de… Genial.
La estilista comenzó a reír haciendo que Yuuri bajara la mirada.
– Disculpa, no me reía de ti sino, de la situación.
–…
– Lo que quiero decir es que, todos poseemos lo que denominamos "belleza" solo que muchas veces la ocultamos sin darnos cuenta y, cuando por fin esta sale a la luz, no somos capaces de creer que semejante gracia estaba dentro de nosotros.
– Ya… Ya veo – contesto apenado y sin salir del asombro.
– Pero, no podemos quedarnos aquí, Minako debe verte.
– Pero…
– Ya verás que Minako también quedara asombrada.
Yuuri no logro decir nada más, solo alcanzo a ver como la estilista salía con premura hacia el exterior del camerino.
La ex bailarían se encontraba verificando las ultimas luces que se usarían en el espectáculo, quedaba menos de veinte minutos y aun podía sentir los nervios recorrerle. Habían salido de un problema mayúsculo, que el protagonista de la obra se lesionara el mismo día del evento era una de las posibilidades con las que nunca conto pero, el hecho de que Yuuri finalmente aceptara participar en el mismo gracias a esa desgracia, no podía negar que en cierta forma –muy a su pesar– lo agradecía.
Cada año desde que Yuuri demostró tener talento para el patinaje, le había estado rogando para que participara en el show de navidad pero, con el carácter y miedos del menor, nunca se había dado la oportunidad para que formara parte del mismo.
El único que inconveniente al que se enfrentaba ahora, era el mismo Yuuri que, esperaba pudiese calmar su ansiedad y lograra patinar sin caerse hasta que el telón callera de nuevo.
– ¡Esas luces están desalineadas, colócalas en el punto que indique! – hablo alzando su voz.
– ¡Vale! – le contesto su asistente.
Minako se cruzó de brazos.
– Solo espero no vuelvan a desalinearse mientras están patinando – susurro.
– ¡Minako!
La voz de su amiga la estilista le hizo girarse sobre sus talones y dirigir su vista hacia lugar de donde provenía la misma.
– ¿Erika?
– Debes venir conmigo, ahora mismo.
– ¿Por qué?, ¿sucedió algo?
– ¿He? – Parpadeo un par de veces – No, no sucedió nada.
– ¿Entonces?
– Debo mostrarte algo – tomando el brazo de su amiga y jalándola ligeramente para que caminara con ella.
– Pero aun debo de…
– Lo sé pero, esto te interesa, créeme.
Minako frunció el ceño pero, confió en su amiga y asintió.
– De acuerdo – alzando su mano para que ambas se detuvieran – ¡Arreglen las luces, en un momento regreso!
– ¡Sí! – le contestaron.
Tras eso ambas continuaron caminando de regreso al camerino.
Una vez estuvieron frente al camerino, Erika le indico con un ademan de su mano para que no se moviera de su lugar y entro al mismo. Minako estuvo esperando un par de minutos fuera hasta que, tras soltar un suspiro, la voz de su amiga capto su atención.
– Listo… Puedes verlo.
– Erika… ¿Qué?
Los ojos de Minako se abrieron de golpe. Las palabras murieron en su boca cuando pudo ver la figura de Yuuri, usando el traje para el espectáculo.
– ¡Yuuri, te ves increíble! – dijo Minako observándolo de arriba abajo.
– ¿Lo crees?
– ¡Por supuesto!
– Este chico es lindo por sí solo, así que no necesito mucho de mi trabajo para verse tan guapo – intervino Erika.
Un suave sonrojo apareció en las mejillas de Yuuri quien, no sabía dónde meter la cara ante los constantes halagos de las dos mujeres.
– ¿Estás listo? – le pregunto Minako tomando sus manos.
– Mmm… Si… Creo.
– Tranquilo, todo saldrá bien, todos estamos aquí para apoyarte – dijo con una sonrisa.
Yuuri solo asintió.
– Bien.
– ¡Diez Minutos!
Escucharon gritar a la asistente de Minako, indicándoles que tenían que subir al escenario para afinar los últimos detalles y comenzar con el espectáculo.
La ex bailarina solo le dio un ligero apretón de manos y Yuuri pudo sentir como la ansiedad comenzaba recorrerle el cuerpo.
つづく/ Continuara...
¡Hola Lectores!
Lo prometido es deuda y un nuevo capítulo vio la luz (owo)/
Obviamente es más relleno que otra cosa pero es necesario si quiero llegar a un punto que se, amaran con locura.
El próximo es la culminación de un mini arco en la historia y de ahí, entramos, ahora sí, a la recta final de esta historia.
A lo mucho quedan diez capítulos o menos, siempre y cuando no me surja otra idea jajaja
¿Y qué les pareció?
No información nueva, solo los nervios de Yuuri y los problemas de Victor.
En fin, nos vemos.
