JK Rowling merece una A (A* en estos días) por su escritura, aunque no por su habilidad para las matemáticas. ¿Qué calificación merece White Squirrel?
Notas del autor: Estoy consciente de que el estudio independiente de matemáticas es más similar al estilo semestral usado en Estados Unidos que al estilo de módulos que entiendo es usado en Gran Bretaña, pero eso es con lo que estoy familiarizado, así que con eso me quedo. Disculpen cualquier error que pudiera ocurrir como resultado.
Gracias por leer esta traducción!
Capítulo 26
Hermione llegó a la estación de Kings Cross el primero de septiembre con tiempo extra. Encontró un compartimiento con Neville Longbottom y habló con él sobre sus vacaciones. Pero mientras los minutos pasaban, parecía que los Weasley iban tarde. A las 10:55, comenzó a preocuparse de que no llegarían. De hecho, eran las 10:59, podía escuchar las sopladas de humo de la locomotora escarlata, cuando Percy, Fred, George, y Ginny subieron corriendo al tren y lanzaron sus baúles a bordo.
–Pensé que iban a perderse el tren –los regañó Hermione.
–Sí, estuvo cerca –dijo George.
–Tuvimos que regresar por el diario de Ginny –agregó Fred.
–Y sus escobas y fuegos artificiales –respondió Ginny.
–¿Y dónde están Ron y Harry? –Preguntó Hermione.
Miraron a su alrededor y no vieron a ninguno de los niños.
–Oh-oh –respondió Fred–. Estaban detrás de nosotros.
–Espero que no se hayan quedado atrás –dijo George.
–Probablemente encontraron otro compartimiento. Ya aparecerán.
–¿Por qué no podemos pasar? –Siseó Harry a Ron mientras golpeaba la barrera sólida entre los andenes nueve y diez.
–La barrera está sellada de algún modo –dijo Ron–. No lo entiendo. Nunca ha hecho esto antes.
–¿Cómo la atravesamos? –Dijo Harry, empujando con frenesí.
–No lo sé… –Ron lanzó una mirada al reloj–. ¡Oh, no! No es bueno. El tren se va a las 11 en punto. Nos lo perdimos.
–¿Qué vamos a hacer?
–No lo sé… –repitió–. ¿Qué tal si mi mamá y mi papá tampoco pueden regresar? ¿Tienes dinero muggle?
–¡Ja! No. Los Dursley nunca me daban dinero.
Ron presionó su oreja contra la barrera.
–No puedo escuchar nada –dijo.
Harry lanzó una mirada a los muggles observando a los dos niños y una lechuza que se comportaban de manera extraña.
–Ron, quizás deberíamos de esperar en el auto –dijo.
–¿El auto? Harry, ¡el auto!
–¿Qué pasa con el auto?
–¡Mi papá lo encantó para volar! –Susurró Ron con un brillo en sus ojos–. ¡Podemos usarlo para volar a Hogwarts!
–¿Qué? Pero no sabemos cómo.
–Puedo hacerlo. Mi papá siempre habla mucho sobre eso.
–Pero…
–Mira, estamos abandonados aquí. Sin dinero muggle, no sabemos cuándo regresaran mi mamá y mi papá, y tenemos que llegar a la escuela. Es una emergencia. –Comenzó a caminar al estacionamiento.
Harry estuvo a punto de protestar de nuevo, pero justo entonces, recordó algo… un fragmento de una memoria de un mes atrás: abandonados… emergencia… transporte de emergencia para el mago o bruja abandonado.
Alcanzó a su amigo y lo tomó del brazo.
–¡Espera, Ron! ¡Tengo una idea!
Harry llevó a Ron a la calle, dejando atrás el estacionamiento. Después, se preparó, rezó que funcionara, y extendió su brazo derecho.
¡BANG! Un autobús morado de tres niveles apareció en la esquina, empujando a varios autos estacionados.
Un momento después, para el deleite de Harry, un joven con uniforme morado bajó a recibirlos.
–Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado a su suerte. Alargue su varita, suba a bordo, y lo llevaremos a donde quiera. Me llamo Stan Shunpike. Estaré a su disposición este día.
–¡Esto es brillante! –Dijo Ron–. ¿Puedes llevarnos a Hogwarts?
–¿Hogwarts? –Dijo Stan Shunpike con confusión–. ¿Por qué no tomaron el tren?
–Se fue sin nosotros –dijo Ron.
–¿Por qué se perdieron el tren?
–No lo perdimos a propósito –respondió Ron con molestia–. ¿Puedes llevarnos o no?
–Claro que sí. Puede tomar un tiempo. Es un día ocupado. Serán once sickles por cada uno, pero por quince también reciben un sándwich de mantequilla de maní y jalea.
–Yo lo pago –dijo Harry sacando el cambio necesario.
–Genial. Vámonos –dijo Ron.
–Fred, George, no creo que Harry y Ron estén en el tren –dio Hermione con exasperación–. Creo que lo perdieron.
Draco Malfoy parecía pensar lo mismo. Se había aparecido alrededor del almuerzo para molestar a Harry y en su lugar descubrió la oportunidad perfecta de celebrar su supuesta expulsión, pero Fred y George lo corrieron rápidamente.
–Bueno, no es tan malo, ¿verdad? –Dijo Fred–. Mamá y papá se encargarán de ellos… una vez que mamá deje de gritar a Ron.
–Probablemente usen la red Flu para ir directo a Hogsmeade –dijo George.
–Probablemente se la están pasando muy bien tomando cerveza de mantequilla…
–Comiendo pescado con papas…
–Platicando con Rosmerta.
–Deben de estar bien.
–Bueno… si ustedes lo dicen –dijo Hermione.
–¡AH!
Harry y Ron gritaron y trataron de cubrirse mientras el autobús noctámbulo se acercaba peligrosamente a uno de los bordes en los acantilados de Dover, para el beneficio de un loco turista mágico. Apareciéndose por todo el país de ese modo los estaba mareando y aterrorizando, tanto que Ron ni siquiera tuvo el estómago para su sándwich de mantequilla de maní y jalea.
–La próxima vez, nos iremos en el auto –gritó a Harry–. Por lo menos así, si nos estrellamos, será nuestra culpa.
Harry comenzaba a estar de acuerdo con él.
–¡Los de primero! –Gritó una voz familiar. Una figura oscura con una linterna se elevaba sobre los estudiantes. Los de primer año se movieron con lentitud hacia Hagrid mientras observaban su enorme cuerpo. Hermione recordó lo sorprendida que había estado cuando lo vio por primera vez.
–Bueno, esa soy yo. Deséenme suerte –dijo Ginny, intentando sonar más segura de lo que estaba. Caminó para unirse al grupo. Luna Lovegood se acercó y se detuvo a su lado, observando a Hagrid con una sonrisa serena.
–¿Todo bien, Hermione? –Dijo Hagrid–. ¿Dónde están los otros dos?
–Se perdieron el tren –dijo ella–. Pensamos que estarían esperándonos aquí.
–Ah, probablemente ya llegaron al castillo. Será mejor que vayas también.
–Bueno… nos vemos después, Hagrid.
–O quizás Ron bebió mucha cerveza de mantequilla –sugirió Fred.
–Vamos. Busquemos un carruaje –dijo George.
Los gemelos llevaron a Hermione y a Neville a un sendero cercano a la estación donde había varias docenas de carruajes para llevar a los estudiantes al castillo. Pero lo dos niños más jóvenes se detuvieron de golpe cuando se acercaron, observando a las cosas que jalaban los carruajes. Parecían caballos, aunque eran esqueléticos y con piel escamosa. Tenían cabezas como de dragón, con dientes filosos y enormes alas de murciélago dobladas a sus costados. Sus ojos eran completamente blancos, pero parecían estar mirando a su alrededor, como si pudieran ver. Tenían un aura escalofriante, como de otro mundo, que hizo que Hermione y Neville temblaran.
–¿Están bien? –preguntó George.
–¿Qué son esas cosas? –Dijo Hermione, señalando a los perturbadores animales.
Los gemelos miraron a donde estaban señalando.
–¿Qué cosas? –preguntó Fred.
–Las que jalan los carruajes.
Los gemelos lucían confundidos.
–No hay nada jalando los carruajes –le dijo Fred.
–Sí –agregó George–. Los carruajes se mueven solos. Siempre lo han hecho.
–¿Nos estás haciendo una broma?
–No… ¿De qué están hablando? ¡Están ahí! –Dijo Hermione, señalando de nuevo–. Son caballos grandes con forma de dragón. Neville, tú los ves, ¿verdad?
–S...sí… –tartamudeó el tímido niño–. Puedo verlos… –Hizo una mueca, como hacía siempre que intentaba recordar algo que había olvidado.
–Creo que los pequeños alumnos de segundo se volvieron locos –dijo Fred. Comenzó a caminar al frente del carruaje–. Claro que no hay…
–¡Cuidado! –Gritó Hermione, medio segundo tarde. Fred caminó contra una de las bestias y cayó al suelo. La criatura movió sus patas traseras y dejó salir un chillido como el de un ave. Otras cosas regresaron el chillido desde los otros carruajes, provocando que muchos de los estudiantes dieran un salto.
–¡Qué demonios! –Dijeron los gemelos al mismo tiempo, y Hermione se dio cuenta de que a menos que estuvieran actuando muy bien (y de manera muy arriesgada), en verdad no podían ver las cosas. Pero definitivamente podían escucharlos. George se acercó al otro lado del carruaje, extendió sus brazos, y con cuidado dio unos pasos al frente. Pronto, hizo contacto con otra de las criaturas.
–¡Excelente! ¡Es invisible! –Dijo y lanzó una mirada a Hermione y Neville–. ¿Pero ustedes pueden verlo?
Una expresión de comprensión llegó al rostro de Neville.
–¡Ya recuerdo! –Gritó–. Se llaman thestrals. Mi abuela me habló de ellos. Son un tipo de caballo con alas, excepto… –palideció y continuó con un tono de voz tan bajo que apenas y pudieron escucharlo–... excepto que sólo personas que han visto la muerte pueden verlos.
Los ojos de Hermione se abrieron con terror, seguida un segundo después por los gemelos.
–¡Oh! –dijo con sorpresa. Animales fantásticos y dónde encontrarlos sólo tiene unas líneas sobre los thestrals, y no había mencionado ese aspecto particular de su naturaleza. Asumió que podían aparecer y desaparecer a su voluntad. Pero con esa característica, probablemente sólo unos estudiantes podían verlos.
–Oh… –dijo Fred–. Así que cuando el profesor Quirrell…
–Sí –dijo ella con rapidez.
–¿Estás bien, Hermione? –preguntó George.
–Algo así –dijo ella. –Aún duele a veces… Neville, ¿tú estás bien?
–Estoy bien –dijo él–. Deberíamos irnos.
Los cuatro subieron al carruaje y comenzó a moverse camino al castillo.
–Fue mi abuelo –dijo Neville después de un minuto o dos de silencio–. La familia entera estuvo con él en San Mungo cuando… cuando se fue.
Hermione le dio un leve golpe en el hombro.
–Lamento lo que ocurrió en la primavera –dijo–. Sé que no es lo mismo… pero se vuelve más fácil.
–Lo sé… –dijo ella–. Gracias, Neville.
–De acuerdo, basta de lamentos –se quejó Fred–. Tenemos bromas que planear.
Llegaron a las puertas del castillo y se pusieron en fila para entrar al gran comedor. Hermione continuó mirando a su alrededor buscando a Ron y Harry, pero no pudo verlos. Renuentemente, tomó asiento junto a Neville y los gemelos, quienes reservaron un asiento para Ginny además de Harry y Ron, y esperaron a los alumnos de primer año.
–Hemos llegado –dijo Stan Shunpike–. Las puertas de Hogwarts. Gracias por viajar con nosotros. –Y antes de que Harry y Ron pudieran decir otra cosa, hubo otro ¡BANG! Y el autobús noctámbulo desapareció.
–Esa fue una idea brillante –gritó Ron, masajeando sus moretones después de un día entero viajando en el ridículo autobús. Incluso Scabbers parecía estar chillando en protesta.
–Por lo menos llegamos –dijo Harry con cautela–. Vamos, hay que entrar al castillo antes de que nos perdamos la cena.
Ron no discutió eso. Los niños jalaron sus pesados baúles y la jaula de Hedwig en dirección a las puertas principales del castillo.
–Harry, creo que ya comenzó la selección –dijo Ron mirando a través de una ventana. Harry se acercó. Scabbers sacó su cabeza del bolsillo de Ron como si quisiera ver también.
Y sí, los platos dorados en las mesas aún estaban vacíos y una fila de estudiantes de primer año estaba de pie en medio del gran comedor, esperando a que la profesora McGonagall colocara el viejo Sombrero Seleccionador sobre sus cabezas. El cabello de Ginny era fácil de distinguir brillando a la luz de las velas.
–Creevey, Colin –dijo McGonagall, y un niño pequeño de cabello castaño claro corrió casi con el mismo entusiasmo que lo había hecho Hermione el año anterior. Harry observó la mesa principal donde Dumbledore estaba sentado, observando la selección con una sonrisa, sin preocupación alguna por los dos estudiantes ausentes. De hecho, ninguno de los profesores parecía haber notado su ausencia, excepto dos. En la esquina del gran comedor, la profesora Vector y Hagrid no estaban viendo la ceremonia. Harry siguió sus miradas y encontró a Hermione, sentada al lado de varios lugares vacíos. Harry se sintió un poco mejor al ver que la profesora Vector no se había olvidado de lo que había ocurrido la otra vez que un estudiante había estado misteriosamente ausente de la cena. Mientras tanto, notó algo más extraño al otro lado de la mesa principal.
–¡GRYFFINDOR! –Gritó el Sombrero Seleccionador.
–Espera, hay un lugar vacío –dijo Harry–. ¿Dónde está Snape?
–Quizás está enfermo –dijo Ron.
–Quizás se fue.
–¡Quizás lo corrieron!
–O quizás –dijo una voz fría detrás de ellos–, está esperando saber porque no llegaron en el tren.
Los dos niños se dieron la vuelta lentamente. Ahí estaba el profesor Snape, con su túnica negra moviéndose con el viento, sonriendo con maldad.
–¿Entonces…? –Gruñó. Scabbers se escondió en el bolsillo de Ron.
–L...la barrera de Kings Cross no nos dejó pasar, señor –dijo Harry–. Perdimos el tren… Viajamos en el autobús noctámbulo.
–Una mentira, seguramente. Síganme. –Snape los llevó a la entrada principal y a través del vestíbulo, aunque por suerte no los llevó a las mazmorras–. Digamos, veinte puntos menos por cada uno por la tardanza… sí, Weasley, puedo hacerlo antes de que empiecen las clases. Y antes de la cena, también. Creo que esto fue un récord. Ni siquiera tu padre logró esto, Potter. –Harry abrió su boca para responder, pero Snape lo interrumpió–. Y detención. Y entren antes de que reconsidere mi generosidad. Los elfos se encargarán de su equipaje. –Y con eso, abrió las puertas del gran comedor.
–Lovegood, Luna –llamó McGonagall, pero se paralizó con el Sombrero Seleccionador en su mano ya que todas las miradas se habían dirigido a Harry y Ron mientras Snape los dejaba entrar. Sólo Luna parecía ajena a todo mientras daba pequeños saltos en dirección al taburete y se sentaba en éste, balanceando sus pies.
–Sólo una entrega tarde, Minerva –dijo Snape con una sonrisa–. Continúa.
Hermione finalmente vio a los sonrojados Harry y Ron, caminando acongojadamente hacia la mesa de Gryffindor. Se había estado preocupando cada vez más cuando no llegaron antes de la Selección, y Fred y George comenzaron a bromear que habían sido expulsados por intentar volar el auto encantado del señor Weasley. Se puso de pie y los abrazó.
–¿Dónde han estado? ¿Están bien? ¿Qué ocurrió? ¿Por qué no estuvieron en el tren? Vamos, siéntense –dijo en un rápido susurro.
Harry y Ron se sentaron y les contaron a ella y los gemelos en susurros lo que había ocurrido desde esa mañana. Que la barrera se hubiera sellado era extraño, pero no sabía que pudiera haber causado eso. Palideció, y los gemelos rieron, cuando Ron dijo que había considerado usar el auto volador para ir a Hogwarts. Lanzó una mirada a la mesa de los maestros, donde vio a Hagrid sonreír y saludarlos y Harry saludó de vuelta. La profesora Vector asintió en su dirección con una expresión de alivio.
A través de todo esto, Hermione mantuvo una mirada en la Selección. Luna parecía estar tomando mucho tiempo, pero a diferencia de la mayoría de los estudiantes, quienes usualmente intercambiaban algunas palabras con el Sombrero, la extraña rubia estaba sonriendo y parecía estar teniendo una agradable conversación. Finalmente, estuvo segura de que escuchó al sombrero reírse antes de anunciar: ¡RAVENCLAW!
Luna, aun sonriendo, saltó hasta tomar asiento en la mesa de al lado. Hermione se preguntó de qué pudo haber hablado con el Sombrero por tanto tiempo. También recordó que su propia Selección, cuando el Sombrero casi la había enviado a Ravenclaw, y después cambió su opinión. Quizás debería mantener una mirada en Luna Lovegood, pensó.
El resto de la Selección continuó con rapidez. Era un grupo pequeño. Finalmente, Ginny estaba sola en medio del gran comedor con todas las miradas sobre ella. Lucía determinada, pero Hermione tenía el presentimiento de que estaba muerta de miedo en su interior. Después de todo, había grandes expectaciones en ella.
–Weasley, Ginevra –dijo McGonagall finalmente.
Ginny enderezó su espalda y caminó para sentarse con calma en el taburete. El Sombrero Seleccionador apenas y tocó su cabeza cuando gritó: ¡GRYFFINDOR!
La mesa entera de Gryffindor se puso de pie y aplaudió. La reputación de la familia Weasley en esa casa era legendaria. Ginny corrió y abrazó a cada uno de sus hermanos y tomó asiento al lado de Fred y George. Ron se acercó a Harry y Hermione para susurrarles en el oído.
–Claro que es la más Gryffindor de nosotros.
Una vez Ginny tomó asiento, Dumbledore dio inicio al banquete en su manera excéntrica. Era tan bueno como Hermione lo recordaba. Quizás los elfos domésticos no tenían el toque personal de la señora Weasley, pero ciertamente hacían un buen trabajo. Hermione habló con Harry, los Weasley, y algunos de los otros alumnos de segundo, y tuvo una larga conversación con Percy y Alicia Spinnet sobre la clase de cuarto año de Aritmancia.
Afortunadamente, nada fuera de lo ordinario ocurrió el resto de la noche (considerando que estaban en Hogwarts). Dumbledore dio su discurso e hizo algunos anuncios… ningún pasillo prohibido o "muertes dolorosas" ese año. Gilderoy Lockhart fue presentado como el nuevo profesor de Defensa, y dio un largo discurso sobre lo feliz que estaba de regresar a Hogwarts, mostrando su sonrisa ganadora de premios a todos en el comedor. Hermione lo escuchó cautivada, apenas consciente de las sonrisas burlonas de los jóvenes a su alrededor. Por supuesto, muchas de las otras niñas también lo observaban con la misma mirada.
Cuando Lockhart terminó, los estudiantes comenzaron a irse, y Hermione caminó con fatiga los catorce pisos para llegar a su dormitorio (eso era lo único en Hogwarts que no había extrañado). Sus compañeras la siguieron una por una. Sally-Anne Perks no se quedó dormida al instante como el año anterior, pero se cambió de ropa con rapidez y, después de abrazar y saludar a Lily Moon, saltó a su cama y se quedó dormida. Hermione aún no podía entender cómo es que prefería las mañanas y se preguntó cómo sería cuando comenzaran las escapadas nocturnas típicas de los adolescentes. Lily se sentó en su cama por un tiempo, jugando con su gato, Wendelin, intentando en vano el cansarla para que no destrozara el dormitorio durante la noche.
–¿Pueden creer que tenemos a Gilderoy Lockhart como profesor? –dijo Lavender Brown con entusiasmo.
–¡Ya se! –Soltó Parvati Patil–. ¿Vieron su sonrisa?
–La Sonrisa más Encantadora por cinco años seguidos –dijo Lavender.
–Es maravilloso –dijo Parvati–. Me pregunto cómo es que mantiene su cabello así.
–Yemas de huevo de occamy –dijo Hermione–. Eso dice en Recreo con la Banshee.
–Increíble, incluso es atrevido con su cabello –dijo Parvati–. Los huevos de occamy son peligrosos de obtener. Mi madre dice que sólo son utilizados para amuletos muy especiales y pociones en India.
–Oh, es brillante –dijo Hermione con entusiasmo–. Estoy segura de que será un gran profesor. Me pregunto sobre qué criaturas nos enseñará primero.
–Es mejor de lo que pensaba –bromeó Lavender–. Incluso logró que Hermione lo notara. –Parvati soltó una risita.
–Pues… –Hermione se sonrojó.
–Vamos, lo puedes admitir con nosotras –dijo Lavender lanzándose sobre su cama–. Quiero decir, es inteligente y apuesto… la combinación perfecta. Cualquier bruja lo querría. Creo que ya estoy enamorada.
Hermione no pudo evitar soltar una risita ante los comentarios de sus compañeras.
–Bueno… –dijo–, tiene ojos agradables.
–Oh, lo sé… azul nomeolvides. Claro… –Lavender se dio la vuelta y lanzó una mirada astuta–, Harry también tiene ojos agradables.
–¡Ah! –Honestamente, no había notado mucho los ojos de Harry. Supuso que, él era algo… era Harry. Era un buen amigo, pero aún era el niño que se lanzaba al peligro sin pensar en lo que estaba haciendo. Aun así, cambió de tema rápidamente al deseo de Gilderoy Lockhart por la harmonía entre las personas mágicas y no-mágicas, como había expresado en Paseos con los hombres lobo.
Pero aun así, Hermione nunca hubiera pensado un año antes que pudiera ser parte de una de las conversaciones de chismes de Lavender y Parvati. Fue algo escalofriante lo bien que se sintió, pero se preocuparía de eso después. Por ahora, tenía a sus amigas y estaba lista para el nuevo año.
Su último pensamiento antes de quedarse dormida fue sobre lo bueno que era estar de vuelta.
A la mañana siguiente, las cosas parecían haber regresado a la normalidad en Hogwarts. Harry y Ron estaban disfrutando su desayuno y conversando mientras Hermione estaba sentada en silencio, intentando leer Viajes con los vampiros. Apenas y logró hacer a un lado el libro cuando la lechuza de la familia Weasley se estrelló contra la mesa, cargando un sobre rojo que soltaba humo ominoso.
–¡Oh, no! –Gruñó Ron.
–Será mejor que lo abras –dijo Neville–. Será peor si no lo haces.
Hermione se preguntó cual era el alboroto mientras Ron abría el sobre con manos temblorosas.
–¡RONALD BILIUS WEASLEY!
Hermione gritó y cubrió sus oídos con sus manos. La señora Weasley tenía una voz fuerte en persona, pero la voz que salió gritando de la carta estaba amplificada por lo menos veinte decibeles, lo cual Hermione sabía que estaba cerca del nivel que pudiera causar dolor y daño en los oídos.
–¿CÓMO TE ATREVES A IRTE SIN DEJAR UNA NOTA? TU PADRE Y YO ESTÁBAMOS PREOCUPADOS CUANDO VIMOS QUE NO ESTABAN… CARTA DE DUMBLEDORE ANOCHE, DICIENDO QUE TOMARON EL AUTOBÚS NOCTÁMBULO… NO PUDISTE ESPERAR A QUE REGRESÁRAMOS, ¿VERDAD? NO TE CRIAMOS PARA COMPORTARTE DE ESTE MODO, Y SI VUELVES A HACER ALGO INDEBIDO, TE ARREPENTIRÁS.
Y si los gritos no fueron suficientes, la carta estalló en llamas. Hermione quitó sus manos de sus orejas con cuidado. Sus oídos resonando.
–¿Qué fue eso? –Demandó, su voz interrumpiendo el silencio en el comedor, provocando que las conversaciones continuaran a su alrededor. Estaba muy sorprendida como para regañar a Ron y a Harry por no dejar una nota.
–Un vociferador –respondió Neville–. Recibí uno de mi abuela una vez, pero lo ignoré… fue terrible.
–¿Cómo es que son legales? Se podría lastimar a alguien con tal volumen.
–No lo sé –respondió Neville–. Nunca he escuchado que alguien fuera lastimado por uno. Sólo son para aterrorizar.
Hermione no tenía nada que responder, y el resto de la conversación fue interrumpida por la profesora McGonagall entregando los horarios a los prefectos.
–Señorita Granger, aquí tengo tu horario –dijo ella mientras se acercaba–. Estarás feliz de saber que podrás estar en todas las clases con tus compañeros de casa este año.
–Gracias, profesora. –Hermione observó su horario: Doble sesión de Herbología, Transformaciones, Defensa, y Doble sesión de Aritmancia ese día. Excelente. Corrió a su dormitorio por sus libros y llegó a los invernaderos con tiempo de sobra.
La profesora Sprout sorprendió a la clase llevándolos al invernadero tres, donde se encontraban algunas de las plantas más peligrosas. Parecía que estaban saltando a fondo ese año, lo cual probó ser más cierto de lo que hubiera pensado.
–Hoy vamos a replantar mandrágoras… –comenzó la profesora Sprout. Pero Hermione no escuchó el resto porque sintió que quizás tendría un ataque al corazón.
¿Mandrágoras? ¿Estaba loca? Es como si la profesora Sprout hubiera dicho que iban a armar armas nucleares, y hubiera tenido el mismo impacto. Hermione tomó su lugar y se apoyó contra la mesa. Ron y Harry la observaron con confusión.
–...Aunque la mandrágora también es peligrosa. ¿Alguien puede decirme por qué?
–¡El llanto de la mandrágora es mortal para aquel que lo escuché! –Soltó Hermione sin levantar su mano.
–Precisamente. Cinco puntos para Gryffindor. –Respondió la profesora Sprout con una sonrisa.
–Pero profesora –rogó Hermione–. ¿Qué no son muy peligrosas alrededor de las personas?
–¿Qué quieres decir, señorita Granger?
–Pues, estoy segura de que el llanto puede ser escuchado a distancia. Si alguien no tiene cuidado podría eliminar a una aldea entera, o peor si lo hiciera con malas intenciones. Y si tuviera un encantamiento amplificado, como un vociferador…
La mayoría de la clase perdió el aliento, y algunos de los estudiantes criados en el mundo muggle, quienes tenían una idea sobre las escalas utilizadas para predecir catástrofes nucleares, comenzaron a sudar como ella.
–¡Señorita Granger! ¿Cómo puedes pensar algo así? –Demandó Sprout.
–¡Porque es obvio, profesora! Lo siento, no quiero ser mórbida, pero los muggles tienen mucho cuidado de evitar que ese tipo de cosas caiga en las manos incorrectas. En el mundo muggle, algo así de poderoso y mortal es llamado "arma de destrucción masiva". Son increíblemente controladas; todas las partes que se usan para hacerlas son muy controladas, y sólo ciertos gobiernos pueden tenerlas. Si alguien más llegara a obtenerlas, sería una crisis internacional, y son guardadas con tal seguridad que lo que pusieron para proteger a la piedra filosofal el año pasado parece juego de niños… profesora.
–Por favor, tranquilízate, señorita Granger –dijo Sprout perdiendo la paciencia ya que la mayoría de la clase se había alejado de Hermione y de las mandrágoras–. Las mandrágoras, aunque son muy raras y cuidadosamente controladas, no son tan peligrosas. Primero, el llanto no es instantáneamente mortal, y no es mortal a distancia. Aunque debilita con rapidez, un encantamiento silenciador protegerá del peligro. Segundo, como un sonido mágico, el llanto sólo es peligroso en su estado natural. Grabaciones del llanto no son peligrosas, y gracias a Merlín, ningún mago oscuro ha logrado incrementar la mortalidad con un encantamiento amplificador.
–Lo siento, profesora –dijo Hermione. La clase se había tranquilizado, pero aún la miraban con cautela. Sabía que no era el tipo de persona que las personas esperaban hablara de cosas tan mórbidas como armas de destrucción masiva.
–No hay problema –respondió Sprout–. Ahora, nuestras mandrágoras son infantes y su llanto aún no es mortal, pero podrían dejarlos inconscientes por varias horas antes de que noten que no tienen bien puestas las orejeras, así que tengan cuidado. –Dividió a los estudiantes en equipos de cuatro, y Hermione, Ron, y Harry, fueron acompañados por un estudiante hijo de muggles de Hufflepuff llamado Justin Finch-Fletchley.
Justin sonrió y estrechó su mano.
–Tú eres Hermione Granger… siempre al tanto de todo. Sabes, yo también me preguntaba sobre las mandrágoras. Me costó trabajo convencer a mi mamá que valía la pena tener magia, pero incluso yo odio pensar lo que los magos podrían hacer con bombas listas para detonar. –Ron miró a ambos con confusión, pero ninguno tuvo el tiempo de explicar física nuclear muggle o política global ya que la profesora Sprout ordenó que se pusieran las orejeras y comenzaran a replantar.
Así que Herbología comenzó bien. Pasaron la clase de Transformaciones cambiando escarabajos a botones, y comieron su almuerzo rápidamente, siendo interrumpidos por el pequeño estudiante de primero, Colin Creevey, haciendo una escena pidiendo a Harry un autógrafo, para después caminar a clase de Defensa.
La primera clase de Defensa con el profesor Lockhart no resultó tan bien como Hermione había esperado. Lockhart pasó la mitad de la clase en un "pequeño examen", el cual fue más sobre él que sus libros. Aún si le gustaba (aunque nunca lo admitiría) cada vez que mostraba su sonrisa ganadora de premios, y expresó que había sido la única en sacar calificación perfecta, no le pareció que fuera la idea más práctica. Y la parte práctica de la clase tampoco estuvo bien planeada. Soltar un grupo de duendecillos en el aula para después esconderse detrás del escritorio no era la mejor manera de darles experiencia. Pero bueno, incluso las personas más inteligentes no eran necesariamente buenas enseñando… como el profesor Snape. Esperaba que el profesor Lockhart mejorara con la práctica.
–Miren. Observen con cuidado. Es Immobulus –dijo a Harry y a Ron mientras congelaba a uno de los duendecillos y lo regresaba a su jaula.
–Immobulus –repitió Harry, y para su alivio, el hechizo funcionó.
–Bien –dijo ella–. Y lamento mucho esto, ¿pero pueden atrapar al resto? Tengo que llegar a Aritmancia.
–Sí, claro –dijo Harry sin entusiasmo. Ron sólo gruñó mientras luchaba contra un duendecillo que intentaba morderlo en la nariz.
–Muchas gracias –dijo Hermione–. Les debo una.
Hermione llegó al aula de la profesora Vector justo a tiempo y tomó su lugar usual en la fila del frente, entre Alicia Spinnet y Roger Davies. La profesora Vector asintió en su dirección y se puso de pie para comenzar la clase. Hermione se preguntó cuánto esperaría para comenzar si hubiera llegado tarde, pero no estaba dispuesta a comprobarlo. Nadie dijo nada sobre la presencia de Hermione ese año, excepto por algunos "bienvenida de vuelta". Incluso Graham Montague, el Slytherin irascible, demostró su respeto reticente después de aprender que ella había sacado las mejores calificaciones en la clase.
–Buenos días y bienvenidos a la clase de Aritmancia de cuarto año –los saludó Vector–. Me alegra ver que casi todos continuaron con la clase después del año anterior.
–Creo que descubrirán que la clase de este año será muy diferente en comparación y, para la mayoría de ustedes, mucho más interesante. El año pasado, nos enfocamos en desarrollar las habilidades y técnicas matemáticas que todos los aritmagos necesitan. Aunque encontramos algunas aplicaciones importantes, como la numerología y los pronósticos, no hicimos mucho con lo que impulsa a la aritmancia, lo cual es, por supuesto, la creación de hechizos.
–Ahora, aún no comenzaremos con la creación de hechizos como tal, pero sí estudiaremos las diferentes herramientas mágicas que son necesarias. Una gran parte de este año involucrará aprender a detectar hechizos activos, analizar los componentes aritmánticos, y cómo remover y revertirlos. Sé que suena a una introducción simplificada y de bajo nivel a las técnicas utilizadas para romper maldiciones, aunque no estudiaremos ninguna hasta el nivel de los TIMOS ya que las maldiciones requieren ecuaciones diferenciales. También aprenderemos cómo revertir encantamientos simples, modificar hechizos, y construir inversas aritmánticas para contraatacar encantamientos. Para todo esto, estudiaremos álgebra avanzada y geometría, que será necesaria para estas técnicas. ¿Alguna pregunta?
Nadie levantó a mano.
–Excelente. Comenzaremos con una revisión sobre como los componentes algebraicos y geométricos de un encantamiento se relacionan con sus efectos…
Continuó con una lección bastante agradable. Sí, Aritmancia seguía siendo la clase favorita de Hermione, y sólo iba a mejorar.
Dos horas después, tuvo la oportunidad de hablar con sus tres amigos mayores por primera vez.
–Así que, ¿grupo de estudio los martes y jueves después de clases? –Preguntó Cedric mientras guardaban sus cosas para irse.
–Los martes y viernes sería mejor –dijo Hermione–. Tengo doble clase de pociones los jueves y no creo poder salir antes de que uno de ustedes vaya a práctica de quidditch.
–Mmm… viernes –gruñó Alicia–. Supongo que eso funciona para mí. ¿Qué tal ustedes dos?
–Está bien para mí –dijo Roger.
–Entonces será los martes y viernes –dijo Cedric–. Nos vemos después, Hermione.
–Hasta luego.
Comenzó a irse cuando la profesora Vector la llamó.
–¿Señorita Granger? –Ella se dio la vuelta.
–¿Sí, profesora?
–Es bueno tenerte de vuelta. –Hermione sonrió.
–Es bueno estar de vuelta, profesora.
–¿Cómo estuvo tu verano, Hermione?
–Muy bien, profesora. Saqué una A, la calificación más alta, en mi examen nivel A de matemáticas.
–No esperaba menos. ¿Aún continúas con tu educación en matemáticas?
–Por supuesto. Estoy estudiando cálculo vectorial. Quiero tomar el examen para eso en Navidad a través de la Universidad abierta, y después continuar con ecuaciones diferenciales en la primavera.
Septima Vector no estaba segura de si alguna vez se acostumbraría a una niña de doce años hablándole de algo que ella sabía eran técnicas de Aritmancia de nivel de EXTASIS y Maestría, pero esa era Hermione Granger.
–Me alegra escucharlo –dijo con una sonrisa–. Ven a verme si necesitas ayuda. Cálculo vectorial es una de mis especialidades. –Hermione soltó una risa–. ¿Y qué tal el resto del verano?
–Fue agradable. Pasé una semana con los Weasley… eso fue muy divertido. E incluso enseñé a mi mamá a preparar algunas pociones… claro, las que no requieren varita.
¿Ahora está experimentando con pociones? Claro que lo está, pensó Septima.
–Eso es… muy impresionante. Por lo que puedo entender, la mayoría de las familias muggle no se molestan.
–Oh, mis papás estaban muy interesados. De hecho, eso me recuerda. Estaba pensando en hacer algunos experimentos más durante las vacaciones de Navidad, y Percy Weasley sugirió que lo escribiera y lo enviara a El Pocionero Pragmático. Tengo el presentimiento de que el profesor Snape no sería de mucha ayuda, así que me preguntaba si usted pudiera ayudarme con eso.
Septima necesitó un momento para darse cuenta que su boca estaba abierta… justo cuando pensó que la niña no podía sorprenderla más. De hecho, pensó que Severus pudiera aceptar un estudio independiente con un alumno lo suficiente bueno, incluso una joven Gryffindor, pero imaginar la expresión del hombre cuando su nombre apareciera en la publicación sería mejor.
–Hermione, te das cuenta de que si tu ensayo fuera publicado este año, ¿serías la autora más joven en ser publicada desde el mismo Dumbledore?
Hermione lucía un poco inquieta, como si no estuviera segura de sí era un cumplido o una reprimenda, pero se tranquilizó antes de responder.
–Sólo porque nadie se molesta en trabajar con muggles, profesora. Es bastante obvio si lo piensa.
–Bueno, desafortunadamente, en nuestra sociedad, muy frecuentemente se ignora lo obvio. –Yo incluida–. Estoy feliz de ayudarte con tu ensayo. Sería bueno que buscaras publicaciones anteriores en la biblioteca para hacerte una idea del estilo.
–Gracias, profesora. Lo haré.
Septima asintió.
–¿Y cómo te has sentido últimamente?
La expresión de Hermione se volvió más seria.
–Mucho mejor –dijo–. Vi a un terapeuta este verano… No pude decirle lo que ocurrió en verdad, pero aun así me ayudó. Sólo espero que sea un año más normal.
–Yo también, Hermione. Yo también.
