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Capitulo XXVII

受け入れ

Aceptación

Parte I

"Ten paciencia con todas las cosas, pero sobre todo contigo mismo".− San Francisco de Sales


Con calma se colocó la capucha mientras salía al exterior del palacio. El frio comenzaba a sentirse por lo que saco los guantes que estaban dentro de la misma y procedió a ponérselos. Los guardias lo observaban sin emitir sonido alguno. Bajo las enormes escaleras hasta llegar al final de las mismas, donde la limosina lo esperaba.

− Su majestad – hablo el chofer y abrió la puerta del coche.

− Gracias – le respondió Víctor antes de entrar al vehículo.

La puerta fue cerrada de nueva cuenta, encontrándose dentro del coche a Noel y la joven Irina. La mirada que el primero le dedico, le indico que aún seguía molesto con el pero, antes de que pudiera decir algo, este se adelantó y, con una suave sonrisa hablo.

− ¿Lista para ver el espectáculo? – le pregunto Noel a la joven pelirroja.

Ella regreso a verle y le sonrió.

− ¡Por supuesto! – Contesto con emoción – he esperado este momento desde que era pequeña.

− Debe ser un sueño hecho realidad para usted.

− Lo es – dijo con timidez – sobre todo porque poder compartirlo en compañía de ambos – observando de reojo al príncipe.

Durante unos segundos nadie comento nada. Situación que Noel tuvo que romper al aclararse la voz, haciendo que Víctor −quien tenía la mirada perdida en el paisaje tras la ventana− regresara a verle con una ceja enarcada. Noel no emitió sonido alguno, solo hizo un movimiento con sus ojos, indicándole con ellos la figura de la joven Irina.

Víctor soltó un suspiro al comprender lo que su mejor amigo trataba de decirle y, tras pensarlo, finalmente hablo.

− Me alegra saber que las personas que le acompañan el día de hoy, son de su gracia – dijo con una sonrisa – debo decir que comparto el sentimiento.

Las mejillas de la joven pelirroja se sonrojaron mientras ella comenzaba a jugar con uno de los mechones de su pelo.

− A veces es necesario tener un tiempo libre lejos del trabajo en palacio – agrego sin dejar de sonreír – y que mejor compañía que la de aquellas personas que consideras buenos amigos.

Los ojos tanto de Noel como los de la pelirroja se abrieron a su máxima expresión antes de regresar a verle. El primero cerró sus ojos y oculto su rostro tras la palma de su mano, negando con su cabeza por lo que su mejor amigo había dicho, tragándose las maldiciones que comenzaba a formular hacia el mismo. Por su parte, la joven pelirroja bajo la cabeza por la obvia decepción, soltando un largo suspiro.

En cambio, el de ojos azules reprimió una ligera risa por los gestos hechos por parte de ambos. Al ver que nadie tenía intenciones de continuar con la conversación, decidió regresar su vista hacia la ventana y seguir admirando el paisaje.


Su respiración era agitada, su frente estaba empeñada en sudor y se mordía los labios por la obvia ansiedad que corría por sus venas. En vano buscaba calmarse, conforme pasaban los segundos el miedo comenzaba a hacer mella en el poco valor que aun tenia.

Sus ojos seguían observando a sus compañeros, quienes hablaban y reían, emocionados por la pronta actuación que acontecería esa noche pero el, no compartía ese ánimo. Un súbito deseo de correr se apodero de él, no supo porque acepto, no sabía porque le dijo a Víctor que lo haría cuando claramente sus miedos le impedían salir a escena.

Estaba por ser el hazme reír de todo el mundo, ¿Qué pensaba en aceptar algo que sabía de antemano no lograría?

Apretó con fuerza sus manos y se giró con la clara intención de salir de aquel lugar cuando Sala y Mila se colocaron frente a él con los ojos brillantes de emoción así como una hermosa sonrisa.

− ¿Listo para salir a escena? – pregunto Sala.

− Pues…

− ¿Emocionado? – prosiguió Sala.

− Yo…

− Claro que debes estarlo – respondió Mila antes de que su amigo lo hiciera− después de esto, serás el patinado más famoso y cotizado de todo el mundo – colocando sus manos en jarras.

− La fama no lo es todo – aseguro Sala – lo importante es que Yuuri se demuestre así mismo que puede hacerlo.

− Sí, claro – comento Mila – eso también pero, no puedes negarme que tras esto –señalando el lugar con sus dedos – será tan famoso que… El dinero caerá por montones.

Sala solo rodo los ojos y Yuuri se sonrojo.

− Ahora que lo pienso, cuando seas famoso – dirigiéndose a Yuuri − ¿quieres salir a cenar?

− ¡Mila!

− Es broma – comenzando a reír.

− Chicas, ya déjenlo.

La voz de Minako les hizo girarse, encontrándose con la figura de la ex bailarina acercándose al lugar donde estaban parados.

− Si siguen acosándolo de eso modo, harán que mi protagonista salga corriendo por la puerta – aseguro acercándose a Yuuri – con lo que costó convencerlo no podemos permitirnos eso – riendo ligeramente.

Mila rodo los ojos y sonrió.

− ¿Listo para salir? – pregunto Minako.

Yuuri trago con fuerza.

Minako al ver sus nervios, lo tomo por los hombros y hablo.

− Cierra los ojos y respira profundamente – le sugirió.

Yuuri dudo unos segundos pero hizo lo que se le pedía.

− Pon tu mente en blanco – dijo esperando que su pupilo siguiera la orden – olvídate de todo, del público, de los miedos que tengas… Solo piensa en patinar y disfrutarlo.

Yuuri volvió a respirar, asintió y abrió los ojos.

− ¿Mejor?

− No.

Minako frunció el ceño.

− Necesito aire – dijo Yuuri.

− Sal y toma un poco − dedicándole una mirada comprensiva − aún quedan unos minutos, además tus escenas comienzan en la tercera escena así que…

Yuuri asintió, les dedicó una triste sonrisa antes de alejarse de ambas mujeres.

Camino por todo el lugar hasta llegar a las pequeñas escaleras que lo llevaban a la parte trasera del escenario. Una vez la brisa nocturna roso su rostro la calma comenzaba a abrirse paso entre la ansiedad que lo estaba consumiendo. Se acercó al pequeño barandal que estaba al frente, apoyo sus brazos sobre del mismo y su vista se perdió entre las aguas del pequeño canal que estaba debajo del lugar.

− ¿Qué estoy haciendo? – Se preguntó – preferiría enfrentar a todo el ejército de Demian que patinar enfrente de todas esas personas – ocultando su rostro sobre sus brazos.


El coche se detuvo en la avenida cercana a la gran plaza. El chofer bajo con rapidez del mismo para abrir la puerta y dejar que los tres ocupantes bajaran. El último en dejar el auto fue Noel quien, tras dar un par de ordenes al conductor este asintió, cerró la puerta y procedió a subir al coche, alejándose nuevamente, dejando a los tres jóvenes en aquel lugar.

− Debemos darnos prisa – hablo Noel poniéndose la capucha – el espectáculo está por comenzar y seguramente el lugar está lleno.

− ¿No se supone que "tus contactos" nos apartaron lugar en la primera fila? – pregunto Víctor enfatizando la palabra con sus dedos.

− Lo hicieron pero, la puntualidad es un atributo que muchos aprecian y si quiero seguir contactando con esos "contactos" debemos irnos.

− Oh, claro, no vaya a ser que nos quiten los asientos.

Noel rodo los ojos e Irina rio por lo bajo.

Víctor regreso a ver y se acercó a ella. Sin dejar de sonreír, tomo la capucha de su capar y la coloco sobre su cabeza, haciendo que el rostro de la pelirroja tomara el color de su cabello por la pena.

− Es mejor ocultar nuestros rostros – dijo con suavidad – así evitaremos problemas con la prensa.

Ella asintió con su cabeza.

Cuando los tres ocultaron sus rostros bajo la capucha, caminaron por las calles de aquella avenida. Conforme siguieron el camino, el mismo comenzó a llenarse de gente que avanzaba con rapidez hacia la plaza principal. Murmullos llegaron a sus oídos, personas alegres y emocionadas reían al pasar, sus ojos brillaban con el simple hecho de poder presenciar el espectáculo navideño.

Las luces, los colores se hacían más vivos conforme se acercaban al lugar. Los gritos de los vendedores de los pequeños puestos, promocionando sus alimentos, sus bebidas de diferentes sabores y golosinas, fueron lo que los recibieron cuando estuvieron en el lugar.

Muchos estaban impacientes, sentados en las pequeñas gradas mientras que, los que no alcanzaron asiento, se mantenían en pie, sin importarles si tuvieran que estar la hora y media que duraba el espectáculo, solo podía verse una vez al año así que el sacrificio valía la pena.

Los tres se sentaron en los asientos que les habían reservado, el lugar era iluminado con pequeñas luces, dando un acogedor ambiente que, pronto se volvería vivido y colorido.

La mirada de Víctor iba de un lado a otro, como si con ello, buscara algo o alguien, hecho que no pasó desapercibido por Noel quien, al ver mover su cabeza de manera sospechosa pregunto.

− ¿Buscas a alguien?

− Mmm…

− Víctor, ¿Qué sucede?

Este no respondió. Seguía buscando algo con la mirada, escaneando el escenario, como si en él, hubiese algo de interés. Al no poder encontrar lo que buscaba, giro su cabeza para enfocar el rostro de su mejor amigo.

− En un momento vuelvo.

− ¿Pero qué dices?, el espectáculo está por comenzar.

− Lo sé – dijo levantándose – vuelvo enseguida.

− Pero…

− Vuelvo.

Se alejó rápidamente del lugar, dejando a Noel con la palabra en la palabra. Él se giró para ver a la pelirroja quien hizo un gesto de duda a lo que él solo pudo soltar un suspiro.


Camino hacia la parte trasera del escenario. Busco con la mirada a quien buscaba pero, solo divisaba a diferentes patinadores que hablaban entre ellos. Decidió caminar un poco más hacia el frente y, antes de que pudiera avanzar más. Una joven de cabellos oscuros y ojos violetas lo intercepto.

− Ha, ha – dijo moviendo su mano en señal de negación – me temo que el escenario y todo lo que hay dentro de él, es uso exclusivo de los patinadores y sus entrenadores.

Víctor solo parpadeo un par de veces antes de contestar.

− Lo siento, no era mi intención.

− No te preocupes – aseguró – lo mejor es que regreses a tu sitio – señalando al público − y veas el espectáculo a lado de los demás.

− Si, lo haría pero…

− ¿Pero?

− Sucede que…

− ¡Sala, estamos por comenzar! – Grito una chica de cabellos castaños y ojos azules – Es la primera escena − acercándose a ella – y te toca salir… − callando al ver al joven que hablaba con su amiga − ¿Quién es él? – escaneando con la mirada al joven encapuchado.

− Un chico que al parecer quería ver el espectáculo… Desde el escenario.

− ¿Ha? − enarco una ceja − ¿y eso por qué?, ¿acaso hay alguna chica que te gusta y quieres verla más de cerca?

− ¡Mila!

− ¿Qué?

Víctor rio por lo bajo, divirtiéndose por la inusual escena que acontecía frente suyo. Tras dejar que ambas mujeres discutirán las razones de su repentina aparición, las interrumpió y hablo.

− Disculpen.

− ¿Qué? – preguntaron al unísono.

− ¿Han visto a Yuuri?

− ¿Yuuri? – Sala frunció el ceño.

− ¿Él es la razón de que estés aquí? – secundo Mila.

− Si, quería hablar con el antes de que salga a escena, ¿lo han visto?

Ambas se regresaron a ver, lo cual indico a Víctor que no confiaban en él.

− ¿De dónde lo conoces?

Víctor quedo sorprendido por la inusual pregunta pero respondió.

− Lo conocí durante la fiesta que el rey hizo hace casi un mes dentro de palacio.

− Oh, cuando Phichit lo llevo como su acompañante – contesto Sala.

− Sí.

− Bueno si son amigos no hay problema entonces – agrego Mila – él está por allá – señalando la parte más alejada del escenario – está tomando un poco de aire para aliviar los nervios.

− Gracias.

Él se movió por en medio de ambas y camino hacia el lugar que le fue señalado, ignorando por completo las miradas de ambas mujeres.

Avanzo con rapidez por el lugar hasta que finalmente lo diviso. Yuuri se encontraba caminando de un lado a otro, podía percibir desde donde estaba la ansiedad por la que el joven azabache estaba pasando. Soltó una ligera risa por verle en aquel estado. Camino hacia él, percatándose de que este estaba tan metido en sus pensamientos que no tenía presente su alrededor ni quienes lo rodeaban así que, sin hacer el menor ruido se acercó a él y, en un descuido del menor se colocó tras él, le toco el hombro y el azabache soltó un gemido por el susto que le había dado.

− ¿Qué?

− Tu nerviosismo es un caso grave.

− ¿Víctor?

− Hola – dijo moviendo un poco la capucha para que viera su rostro.

− Me asustaste.

− Lo siento, no fue mi intención hacerlo.

Yuuri negó con su cabeza.

− ¿Qué haces aquí? – pregunto saliendo del susto anterior.

− Vine a verte, ¿Qué más?

− Si pero, me refiero aquí, tras el escenario, ¿no deberías estar sentado en las gradas con tus amigos?

− Debería pero, creí que lo mejor sería venir a verte y ayudarte.

Yuuri se sonrojo y bajo la cabeza, emocionado por alguna extraña razón al escuchar esas palabras provenientes del de ojos azules. Víctor no dijo más palabras y eso desconcertó a Yuuri. Levanto la cabeza y noto como el de ojos azules lo escaneaba de arriba hacia abajo lo cual lo avergonzó sobre manera.

− ¿Qué?, ¿Qué sucede?

− No, nada – dijo Víctor saliendo de su estupor – es que te vez…

−…

− Te vez muy guapo.

Yuuri se sonrojo aún más por lo dicho.

− Gra… Gracias.

Ambos conectan sus miradas y sonríen. Hablan durante unos cuantos minutos, saben que no tienen mucho tiempo pero, por aquella fracción de tiempo, Yuuri externa los miedos que le invaden, el temor a no poder cumplir con lo prometido y avergonzarse ante todos. El de ojos azules lo tranquilizo lo mejor que pudo, dándole palabras de aliento, asegurándole que todo saldría bien.

− ¿Más tranquilo?

− Si… Un poco…

− Todo saldrá bien – le aseguro con optimismo – si necesitas apoyo, solo debes olvidarte de tu alrededor y concentrar tu mirada en mí.

− Víctor.

− Te lo dije en dos ocasiones, si logras cautivarme con tu patinaje, no habrá nadie en ese público que logre apartar la mirada.

Yuuri no emitió respuesta alguna, solo se mordió el labio inferior y asintió con su cabeza. Víctor le sonrió y, ante de que pudiera hablar, el sonido del público, emocionado por el comienzo del espectáculo los interrumpió. Ambos suspiraron, el tiempo junto se había terminado y Víctor debía volver a lado de sus compañeros.

− Debo irme.

− Sí.

− Te estaré observando, ¿vale?

− Lo sé.

− Buena suerte y, no olvides lo que hablamos.

Yuuri asintió.

Víctor lo imito y, antes de irse se acercó al menor, dejando sobre su mejilla, para sorpresa de este, un suave beso, haciendo que la cara se le calentara y sus mejillas se sonrojaran.

− Nos vemos.

Este se giró sobre sus pies, alejándose lentamente del azabache quien, aun con la cara roja, no salía del asombro que el beso le había causado.


Todo estaba lleno, no se podía ver más allá de las personas que estaban en el concurrido lugar. Las luces en el escenario comenzaban a iluminarse, la música sonaba alegrando el lugar, haciendo que el público gritara emocionado. Víctor camino entre la gente, esquivándolos lo mejor que podía, la gente estaba tan emocionada que no le permitía avanzar adecuadamente.

Fue durante su trayecto que, sin poder evitarlo, golpeo el hombro de una persona. Al girar su cabeza diviso una joven chica de cabello castaño con las puntas de color dorado y ojos cafés. Esta lo regreso a ver con el ceño fruncido, lo cual demostraba lo molesta que estaba por el golpe.

− Lo lamento – se disculpó.

−…− ella lo observo de arriba hacia abajo sin decir nada.

Víctor la contemplo, buscando una razón para la molestia de la chica, ya que no creía que un simple golpe, producto de un descuido fuera el motivo del mismo.

− ¿Mary?

Un hombre alto, musculoso y cabello rubio llamo a la chica, quien lo regreso a ver, lo cual provoco que el ceño que hasta hace poco había estado frunciendo, desapareciera nada más al verlo.

− Adalberto.

− ¿Sucede algo? – pregunto el rubio.

− No, nada – contesto – este joven tropezó conmigo – aseguro – solo se estaba disculpando.

El rubio solo dirigió su vista al encapuchado.

− Vamos, debemos buscar nuestros asientos – dijo tomando con suavidad el brazo de la joven.

− Tienes razón.

Ella le dedico una última mirada al encapuchado antes de que tanto ella como su acompañante continuaran su camino y se perdieran entre el tumulto de gente. La mirada de Víctor continúo observando el lugar por donde ambos adultos habían desaparecido.

"¿Por qué ese hombre se me hizo familia?"

Era la pregunta que rondaba la mente de Víctor pero, la ignoro por unos momentos y retomo su camino hacia el lugar donde sus compañeros lo esperaban. Nada más llegar, tomo asiento a lado de Noel y este, al verle llegar, no dudo en cuestionarlo.

− ¿Dónde estabas?

− Tenía algo que hacer.

− ¿En la plaza? – pregunto con intriga.

− Si, había algo que debía hacer con urgencia pero, ya termine.

Noel no creyó en las palabras de su amigo pero, decidió hacer de la vista gorda y no arruinar el agradable momento.

− Noel.

− ¿Mmm?

− ¿Se te hace familiar un hombre alto, rubio y cuyo nombre es Adalberto?

− ¿Adalberto?

Víctor asintió.

− Mmm… Creo que, es el nombre de un integrante de la guardia nocturna.

− ¿Así?

− Si, el maestro Ballad no suele hablar mucho de la guardia nocturna pero, suele hablar de los elementos que son sobresalientes en la misma y Adalberto es uno de ellos.

"Ahora entiendo por qué se me hizo conocido" pensó.

− ¿Por qué la pregunta?

− No, por nada, es que tropecé con él mientras venia de regreso.

− Seguramente vino a divertirse como nosotros, no todos los días puedes disfrutar de este espectáculo – se encogió de hombros.

− Puede ser.

Ambos culminaron la conversación y su mirada regreso hacia el escenario donde la conocida Ex Bailarina, Minako Okukawa hacia acto de presencia para iniciar con el show navideño.


Con calma leía las páginas de aquel viejo libro, el aroma a te recién hecho podía percibirse en la habitación mientras por la venta, la fría brisa de la noche se colaba por la ventana más cercana. Se suponía que acompañaría a su esposo a la reunión que tendría con los nobles en el palacio pero, al final se había excusada diciendo que se sentía indispuesta y termino a solas en su habitación, con aquel libro entre sus manos.

Había pedido que no la molestasen, ya que no quería ver a ningún noble aquella noche pero, cuando la puerta se abrió y vislumbro los rubios cabellos de su hijo, no pudo evitar sonreír y dejar el libro en la mesita de al lado.

− Yuri – le llamo al verle entrar − ¿sucede algo cariño?

El menor no dijo nada solo se mantuvo en su sitio con aquel semblante serio tan característico de su persona.

− Acércate – le dijo con una voz suave.

Su hijo asintió, cerró la puerta tras de él y camino hacia donde su madre se encontraba. Una vez llego a su lado ella tomo sus manos y hablo.

− Tenía la idea de que saldrías con Otabek para ver el espectáculo navideño.

− Iba a hacerlo pero, ese maldito tonto va a participar y no tengo ganas de ver a un cerdo deslizarse por el hielo.

La reina Anora emitió una suave risa al escucharlo expresarse de esa forma del joven príncipe. Ambos habían sido notificados por Adalberto que de último minuto, Yuuri había aceptado reemplazar a su amigo en el espectáculo. Algo que de antemano era de su conocimiento, no agrado a su hermana Mayor, quien siempre le pidió que mantuviera un perfil bajo respecto a exhibirse en público. Algo que nunca había acatado al pie de la letra, siendo el que más problemas le había causado a la guarda.

− Dudo que el hecho de que Yuuri participe en el show, sea el motivo por el cual viniste a verme, ¿Que te inquieta? – volvió a preguntar.

− ¿Por qué crees que algo me inquieta? – Soltó las manos de su madre con molestia − ¿no puedo venir a verte solo porque me plazca?

− Claro que puedes pero, no es usual que vengas a mis aposentos sin un motivo.

El pequeño rubio desvió la mirada, intentando que su madre no leyera la verdadera razón de su repentina aparición en sus aposentos.

− ¿Entonces? – pregunto nuevamente.

Yuri dudo en decirle pero, al ver aquella brillante sonrisa que tanto adoraba, finalmente hablo.

− Es solo que aun no comprendo por qué debemos ayudar a ese cerdo, conozco la historia del "entronado" – enfatizando las palabras con sus dedos – pero, ¿Por qué alguien como él, que es un torpe y se mete en miles de problemas tiene que ser el elegido?

Anora sonrió y le dedico una mirada comprensiva. Con un ademan de su mano le invito sentarse a su lado del sofá a lo cual, el joven rubio accedió.

− Ninguno de nosotros sabemos los motivos de los dioses, ni siquiera Yuuko comprende la razón del por qué ellos escogieron a Katsuki Yuuri – su hijo resoplo – es cierto que hubo grandes reyes, estrategas innatos para la guerra, mucho más aptos que el para serlo.

− ¿Pero?

− Si los dioses decidieron escoger el alma de Katsuki Yuuri para ser quien nos salve de la oscuridad, es porque hay algo en el que ningún rey tuvo.

− …

− Entiendo tu molestia y frustración, Yuuri no ha dado muchas señales para ser digno de confianza – riendo al recordar las miles de problemas que tuvo en aquellas últimas semanas – pero, es en estos momentos llenos de oscuridad, que necesitamos que la fe sea nuestra guía.

− ¿Quieres que le tenga fe a un cerdo como él?

− Fe en que podrá salvarnos a todos.

Su hijo no hizo caso y desvió la mirada. Anora suspiro y se giró sobre su asiento para encararlo mejor, tomando las manos del mismo para hacerle levantarse y quedar frente a ella.

− Escucha, nadie sabe que vendrá en el futuro, tampoco podemos anticipar si el plan que hemos construidos tenga éxito es por eso, que sin importar que pase, aun cuando no le tengas fe, debes permanecer a su lado, para que no se desvié del camino que los viejos dioses le han marcado… Él va a necesitarte.

− ¡Siempre dices eso! – Dijo soltando bruscamente las manos de su madre − ¡Siempre me hablas de esa forma, como si supieras algo que yo no! – alejándose unos cuantos pasos y dándole la espalda.

La reina coloco un semblante de tristeza en su rostro, suspiro y se levantó de su asiento, acercándose a su pequeño hijo.

− No sé lo que nos depara el destino pero – colocando sus manos sobre sus hombros – quiero que estés preparado para cualquier eventualidad que se llegue a presentar.

− Lo haces sonar como si algo muy malo se avecinara como si – bajo la mirada – como si tú ya no vas a estar conmigo, como si… Me vas a dejar solo.

Ella no comenta nada, solo envuelve entre sus brazos el frágil cuerpo de su pequeño hijo, como intentando expresarle con esa acción, todo lo que en palabras no podía.

− Sin importar lo que pase, aun cuando yo deje este mundo, mi espíritu siempre te estará acompañando para guiarte en tu camino – le susurro.

Un suave sollozo provino del joven rubio. Se giró dentro del abrazo y le devolvió el gesto. Anora no podía ver el rostro de su hijo, quien lo ocultaba contra su pecho pero, aun sin poder hacerlo, sabía que varias lagrimas comenzaron a caer por sus mejillas.


El público aplaudió y grito cuando Minako salió a escena. Con una suave sonrisa agradeció al público por presentarse, como cada año, en ese lugar para ser testigos del más grande espectáculo anual que Nueva Hasetsu puede ofrecer. El público la apoya y, tras unos últimos agradecimientos, Minako hace una reverencia, señala el telón y, poco a poco este comienza a levantarse mientras Minako desaparece del escenario.

El escenario muestra un paisaje nevado, una ´pequeña cerca, un lago a los lejos así como pequeñas casitas.

La joven patinadora que hacía de Clara junto a otro patinador aparecieron en escena.

− Debemos apresurarnos para llegar a casa, madre ha dicho que el tío Drosselmeyer vendrá de visita por navidad y quiere vernos arreglados para la cena.

− Para madre solo es excusa para hacer fiesta además, a ti te gusta que venga el tío porque te trae regalos, convenenciera.

− ¿Que dices?

Ambos comienzan a perseguirse. Dando saltos mientras la música se escucha de fondo. Hay giros, saltos y movimientos de sus manos hasta que Sala muestra indignación y desaparece del escenario siendo seguida por el otro patinador.

El montaje cambia. El escenario ahora es la acogedora sala de la vivienda de la protagonista. Sala reaparece cambiada con un vestido color lila que le llegaba hacia las rodillas y el cabello trenzado. A su lado hay dos hombres y una mujer patinando con ella. No hablan mucho. Los pocos diálogos comienzan cuando el patinador que encarna a Drosselmeyer aparece en escena.

− Oh, mi dulce Clara, mira como haz crecido.

− Tío, solo ha pasado un año desde que nos vimos.

− En tan corto tiempo, muchas cosas pueden cambiar – él dijo con una sonrisa.

− Tienes razón.

− Tío, ¿qué nuevas aventuras tuviste este año? – pregunto el hermano de Clara.

El tío sonríe y la música suena de nuevo. Todos los patinadores comienzan a deslizarse por el hielo. El sonido es alegre y fiestero, con ademanes el patinador que encarna a Drosselmeyer relata los viajes que ha hecho. Saltos y giros son parte del mismo. El actor del tío le entrega un regalo a Clara, el cascanueces, feliz patina por el escenario hasta que su hermano trata de quitárselo y le rompe un brazo. Ella sale del escenario con lágrimas.

La escena cambia, la noche a caído y todo está en penumbras. Sala aparece con un piyama, patinando un solo por unos minutos hasta que, se acerca al pino y nota que el cascanueces fue arreglado. Sonríe y las luces del pino brillan con fuerza, ella suelta el cascanueces y se aleja. Varios patinadores aparecen caracterizados como si fueran juguetes.

− ¿Es un sueño? – se pregunta Clara.

Comienzan a patinar. Al inicio Sala patina con desconfianza pero conforme avanza la música su personaje comienza a tener más confianza en los recién llegados. La música es suave y hermosa hasta que, el sonido de un rayo la calla.

Un patinador caracterizado con una corona, cola y orejas de ratón entra en escena. Los demás actriz se asustan y comienzan a patinador por el hielo, siendo perseguidos por otros patinadores con el mismo disfraz.

El patinador con la corona se acerca a clara, apuntándola con una espada. Clara cae al suelo y, cuando la música llega al clímax, las luces se encienden y un actor caracterizado de cascanueces sale a escena.

"Ese no es Yuuri" pensó Victor al ver al patinador.

− Son dos actores los que hacen del cascanueces, ¿no? – pregunto Irina en un susurro.

− Si – le respondió Noel – hasta donde sé, no les daría tiempo para desmaquillar al actor así que usan dos, uno que hace del cascanueces como juguete y otro cuando es… Bueno, humano.

"Oh, es por eso" pensó nuevamente Victor, centrando su vista en el escenario.

Ambos personajes comienzan a luchar. Dando saltos y giros sobre el hielo. La escena de acción dura solo tres minutos. El cascanueces cae al suelo, el rey rato esta por culminar la batalla con su muerte cuando Clara, le lanza su zapato y el cae al suelo, con un charco de sangre derramándose desde su cabeza.

La música cambia.

El cascanueces se levanta y toma las manos de Clara.

− Ven conmigo – le dice con dulzura – quiero mostrarte nuestro reino de azúcar.

Clara asiente y las luces se apagan.

Las luces se vuelven a encender y, en la pantalla del fondo, con solo sombras, una voz en off cuenta la historia del cascanueces. El por qué quedo convertido en un juguete, de la maldición que pesa sobre el reino y sus habitantes.

Tiempo atrás el príncipe de los ratones se enamoró de una hermosa princesa con la que deseaba desposarse pero, le fue negado ya que el rey no deseaba tener como yerno a un ratón, su madre la reina de los ratones decidió embrujar a la princesa y su belleza fue convertida en fealdad. El mago de la corte encontró una cura. Una exótica nuez del oriente, cuyo contenido rompería el embrujo. El rey mando por ella y emitió un decreto, aquel que lograse abrir la nuez se casaría con su hija cuando el hechizo fuera roto. Varios jóvenes viajaron para probar suerte pero ninguno lo logro. Príncipes, sultanes y marqueses hicieron filas para poder romper la nuez.

Ni uno tuvo suerte. La reina ratona creyó que, al no poder romper la nuez, el rey accedería al matrimonio entre sus hijos ya que solo ella podría romper el embrujo. Pero, no contaba con un chico, sobrino del mago de la corte, con solo morder la nuez, esta se abriera. La princesa comió el contenido y recupero su belleza.

La reina Ratona, enfurecida maldijo al sobrino del mago, convirtiéndolo en un cascanueces. EL rey al ver lo sucedido, creyó que el mago había hechizado al cascanueces para parecer humano y lo desterró del reino. La reina ratona no conforme, trato de matar a la princesa en venganza pero el rey, la embosco y acabo con su vida.

Desde ese momento, el príncipe ratón quien tomo la corona de su difunta madre, juró vengarse del cascanueces, ya que a él culpaba de todas sus desgracias.

La voz en off callo y el telón volvió a caer.

Cuando volvió a levantarse, la escena era representada por nubes, confeti cayendo y patinadores vestidos de blanco. Los juguetes recibieron a Clara quien, después de escuchar la historia del cascanueces quiso ayudarle a romper la maldición.

−Solo una joven de corazón puro puede hacer que la recupere por completo – le contesto una patinadora vestida de muñeca.

Todos comenzaron a bailar y deslizarse por el hielo, girando y saltando cada dos por tres. La música callo de pronto, las luces enfocaron un punto en especial, donde un joven vestido como un príncipe se encontraba haciendo una reverencia.

El público grito emocionado al verlo.

"Yuuri…" Pensó Victor.

− ¿Es él? – Pregunto Noel con sorpresa − ¿sabías que él iba a estar en el escenario? – dijo en un susurro regresando a ver a su protegido.

Victor solo se encogió de hombros como si no supiera nada del tema.

Por unos minutos no se movió de su sitio. Todos lo miraban con sorpresa y expectación. Los nervios comenzaron a asaltarlo. Minako que estaba tas el escenario trato de llamarlo para que comenzara a patinar pero, el azabache parecía no escuchar sonido alguno por el miedo.

"No, definitivamente no puedo hacer esto"

Yuuri estaba por dar la vuelta cuando, entre el público, por fin diviso a quien más quería ver en ese momento. Victor le regalo una sonrisa y, movió sus labios, transmitiéndole un simple mensaje que el azabache capto rápidamente.

"Tú puedes"

Yuuri respiro profundamente, calmo todos sus miedos y comenzó a deslizarse por el hielo. Durante unos minutos, patino solo, sin compañía, solo siguiendo la música, llevando a cabo la coreografía exactamente como Minako había estado indicando desde hace semanas.

Desde su lugar, Victor observaba con detenimiento cada movimiento que el menor hacía. Con cada salto su corazón comenzaba a palpitar con fuerza. Una extra sensación se apodero de su pecho, no sabía explicarla pero, esa emoción le hacía sentirse vivo y de alguna forma feliz.

"¿Que sientes por el?"

La pregunta de Noel resonó en su cabeza nuevamente.

El cascanueces se acerca a Clara, comenzando a patinar con ella por todo el escenario hasta que, la escena cambia, el rey ratón está vivo y amenaza a ambos. Nuevamente comienzan a luchar, el cascanueces cae herido, Clara corre para tomar la espada del cascanueces y atraviesa el corazón del rey ratón. El sonido de rayos se escucha en todo el lugar. Clara abraza a un herido cascanueces. Todo se funde en negro y el telón cae.

El telón se levanta y Clara está en su cama, ella se despierta llorando. Sus padres tratan de consolarla, ella sigue llorando y patina para salir de la escena. En la siguiente se ve a Clara entrar en la vivienda que su tío Aquila cada año para pasar las fiestas con ellos. Ella patina por el hielo, diciéndolo con su danza lo sucedido. El tío Drosselmeyer le dice que fue un sueño. Ella llora cuando escucha que la puerta se abre y un chico, común y corriente entra al lugar.

Ella se sorprende y él le sonríe.

− Cascanueces.

El telón cae nuevamente por unos segundos antes de volver a levantarse, mostrando a todos los patinadores. Hicieron una pequeña reverencia y uno a uno patino un poco y dio un salto antes de salir del escenario por completo. El último en patinar fue Yuuri, quien se deslizo sin dudas por el hielo.

"Si logras cautivarme…"

Las palabras de Victor se escucharon en su mente. Respiro profundamente antes de saltar. Fue en ese momento que sorprendió a todos. Un salto que nunca pudo realizar en práctica lo hizo en es momento.

"¿Un Flip?" Victor se sorprendió al verlo acertar el salto "Yuuri… Esto sensación…"

Se llevó su mano hacia su pecho mientras un vago recuerdo se apodero de su mente.


Mami, ¿qué es el amor?

La reina soltó una ligera risa al escuchar la inocente pregunta de su pequeño hijo.

¿Qué es?

Su hijo asintió.

El amor es el sentimiento más hermoso que pueda existir, cuando encuentras a esa persona especial solo querrás protegerle y verle feliz. El simple hecho de estar a su lado hace que tu corazón lata con fuerza, sientes que a su lado nada es imposible, tus pensamientos no pueden apartarse de ella y no quieres separarte nunca de esa persona.


Sus ojos se abrieron a su máxima expresión cuando el recuerdo se esfumo.

"Entonces es eso… De Yuuri yo estoy…"

Cuando su vista regresa al escenario, el telón lentamente estaba cayendo, culminando la función. El público estalla en gritos y aplausos. La felicidad por el show era palpable en cada uno de ellos.

Con calma cada uno de los visitantes comenzó a irse, despejando el área, fue en ese instante que, tras pensarlo un poco, Victor se giró sobre sus talones y salió corriendo del lugar para buscar a Yuuri.

Para cuando Noel quiso gritarle, su protegido ya estaba a varios metros lejos de ahí.

− Este chico…− susurro ocultando sui rostro tras la palma de su mano − ¿qué cree que hace?, ¿piensa dejarnos tirados aquí?

La joven Irina coloca un gesto de tristeza en su rostro pero, respiro y se recompuso de inmediato. Con una sonrisa se acercó a Noel y hablo.

− ¿Por qué no vamos tras él? – Le pregunto – quizás el príncipe tenía algo urgente que hacer y necesitara nuestra ayuda.

Noel suspiro y asintió a la sugerencia de la chica.


Se apoyó sobre el pilar que estaba a su lado. Los nervios seguían recorriéndole y sus mejillas estaban encendidas por la vergüenza. Aun no podía creer que acababa de patinar enfrente de todo ese tumulto de gente. Que logro hacerlo sin cometer error alguno y, para su sorpresa, logro conectar un Flip, algo que en su vida nunca había logrado.

No sabía por qué lo hizo, solo sintió la necesidad de dar ese salto al ver que Victor lo seguía con la mirada. La adrenalina se apodero de él, el deseo de que deseara ver más y más de su patinaje lo había recorrido de pies a cabeza. Tal como le dijo minutos atrás, deseaba cautivarlo para que no apartara la mirada.

Se deslizo por la pared, hasta quedar sentado en el frio suelo.

- ¿Que estaba pensando? – Agarrándose la cabeza - ¿Por qué deseaba que me siguiera observando?, ¿Por qué?

Sus pensamientos lo mantuvieron perdido que no noto cuando una segunda persona se acercó a él. Solo cuando la tuvo a un paso de su persona, levanto la cabeza.

- Sala.

- ¿Todo bien? – extendiéndole un bote con agua.

- Gracias – tomándolo para abrir la botella y tomar un sorbo.

- ¿Que sucede? – sentándose en el suelo y hacerle compañía – te noto algo tenso.

- …

- ¿Es por la presentación? – le pregunto con curiosidad – lo hiciste bien, todo mundo estuvo feliz con tu patinaje, no deberías estar tan nervioso por ello.

- No es por… La presentación no es el motivo.

Sala solo lo observo, esperando continuara.

Yuuri suspiro.

- Alguna vez… Sentiste algo que…

- …

- ¿Alguna vez deseaste cautivar a alguien con lo que estás haciendo?

Sala parpadeo un par de veces por la inusual pregunta. No contesto de inmediato. Trato de encontrarle sentido a la pregunta que su amigo le había hecho por lo que, tras meditarlo, solo llego a una conclusión.

- ¿Te gusta alguien?

- ¿He? – el la regreso a ver con sorpresa.

- Es por eso que me preguntaste eso ¿no? – Dijo con una extraña emoción en su voz - ¿Te gusta alguien?, ¿estaba entre el público?

- ¿Qué?, ¡No!... ¡No es eso lo que quise decir!

- Oh, vamos Yuuri, somos amigos, puedes tenerme confianza en cuanto a esos temas aunque, si fuera Mila…

El negó con su cabeza.

- Sala, no se trata de eso, en serio.

- ¿No? – Cruzándose de brazos - ¿entonces por qué me preguntaste eso?

- Yo… Bueno… - desviándole la mirada mientras su cara se teñía de carmín.

Sala solo soltó una pequeña risa por el comportamiento de su amigo.

- Quizás el motivo de tu pregunta no sea ese – le aseguro Sala, tratando de ayudarle aunque este no quisiera – pero, si te puedo decir algo que, quizás te ayude a aclarar lo que sea que ronde tu cabeza.

Yuuri le regreso a ver, curioso por lo que le iba a decir.

- Es normal querer llamar la atención de esa persona en especial – apoyando su mano sobre el hombro de Yuuri – que seguro no es tu caso – aclaro – quieres que solo te vea a ti, que todo lo que hagas le sea igual de especial como lo que él hace lo es para ti.

- …

- Tu corazón palpita con fuerza cada que lo vez, cuando ves su sonrisa crees que es lo más hermoso en el mundo y darías lo que fuera por verla, cuando toma tu mano el tiempo se congela y crees que eres capaz de cualquier cosa, es el protagonistas de muchos de tus sueños.

"Eso… Suele pasarme con Victor" Pensó internamente.

- ¿Sabes cómo se le llama a eso?

El negó con su cabeza aun cuando conocía la respuesta.

- Amor.

Yuuri apretó con fuerza sus manos. No quería aceptarlo. No estaba en posición de hacerlo, sobre todo porque se trataba del hijo de Demian Nikiforov, el hombre que mató a sus padres.

- ¿Y cuándo esa persona no es la correcta?, ¿y si es un chico?

Sala enarco una ceja por las preguntas pero, no quiso preguntar más, seguramente su amigo estaba demasiado confundido.

- El amor es así… A veces nos enamoramos de personas que para la sociedad o, para nuestras familias son incorrectas… Ya sabes, Educación, trabajo, noble o plebeyo, Hombre o mujer.

- …

- Lo importante aquí, no son esos prejuicios, que habrán miles de ellos tras de ti, juzgando tu forma de vestir, hablar, de la persona con la que te casas… En fin, siempre juzgaran.

- Es decir, te juzgaran por todo lo que hagas.

- Si, así que, lo mejor no es preocuparse por ello y vivir nuestras vidas como mejor nos plazca, después de todo, los dioses nos la dieron para que cada quien tome su camino, sea bueno o malo.

- Ya.

Sala sonrió y se apoyó unos segundos en Yuuri.

- El amor es el sentimiento más hermoso que existe, ¿no crees?

- Sí.

- Así que, cuando nos llegue, lo mejor que podemos hacer, es abrazarlo y dejar que se exprese, no sabemos que nos depara el destino más adelante y, ¿qué mejor forma de recibirlo que estar a lado de esa persona especial?... Pero bueno, ese no es nuestro caso.

- Si, no lo es – dijo en voz baja.

Yuuri levanto su cabeza. Analizando cada palabra que Sala le dijo. Con cada frase, su pecho se contraía, sabia la respuesta pero, aun no quería aceptarlo. Los nervios volvían a hacer mella en su ser, su respiración volvía a agitarse. Con cuidado se levantó de su lugar, ganándose una mirada llena de confusión por parte de Sala.

- Necesito aire.

Fue lo que único que dijo antes de abandonar el lugar.


Se apoyó sobre el barandal que estaba junto al canal. Su mirada estaba perdida en el horizonte mientras sus emociones eran un torbellino que no lo dejaba pensar con claridad. Todo había pasado tan rápido que aún no lograba procesarlo. Descubrir los sentimientos que antes se negaba a ver lo habían dejado perdido y, lo peor para él, es que no sabía que haría una vez estuviese frente al causante de todo ello.

Soltó un largo suspiro. El frio comenzaba a calarle los huesos y sus sentimientos no lo dejaban concentrarse, definitivamente aquel día fue uno con demasiadas emociones y que difícilmente podría olvidar.

"Jovanka… Sala… tenían razón… Yo… de Victor…"

Estaba tan metido en sus pensamientos que no se percató de la presencia de una segunda persona por lo que, no fue hasta que unos fuertes brazos lo estrecharon en un cálido abrazo que se dio cuenta de la misma, soltando un gemido por el breve susto causado por el mismo.

Por un minuto pensó en darse la vuelta y encarar a quien le había pegado semejante susto pero, un suave aroma, uno que conocía perfectamente lleno sus sentidos, su corazón comenzó a palpitar con fuerza y sus mejillas cobraron nuevamente el color del carmín.

Tras unos minutos, el abrazo que lo aprisionaba se deshizo. Se giró lentamente para encarar al hombre que, desde hace mucho y sin darse cuenta, había terminado por ocupar su corazón y pensamientos.

Ambos estaban nerviosos, se podía notar en sus gestos y en la forma en como pasaban saliva, como buscando una forma de comenzar la conversación. Antes había sido tan natural hablar el uno del otro pero, ahora con aquella nueva ola de sentimientos sacudiéndoles las entrañas, las palabras habían desaparecido.

Al no encontrar palabras para poder expresarse, dijeron lo primero que cruzo por su mente.

− ¡Necesito decirte algo! – dijeron al unísono.

− Tú primero – comento Yuuri.

− No, tu primero…− le sugirió Víctor.

Yuuri trago con fuerza. Aun no estaba completamente seguro de hablar del tema pero, tener a la razón de aquellos fuertes sentimientos frente suyo, le había incentivado a decirlo lo que sucedía. Armándose del valor que extrañamente había aparecido en aquel instante, respiro profundamente y hablo.

− Antes de decirte lo que sucede, quiero que sepas que, sea cual sea tu reacción siempre serás un valioso amigo para mí – relamiéndose los labios – por ende, si lo que estoy a punto de decirte te incomoda o ya no quieres verme, lo entenderé.

− Yuuri…

El negó con su cabeza y continúo.

− No estoy seguro de cómo ni cuándo sucedió, nunca imagine sentirme de esta forma, desarrollar esta clase de sentimientos por otro chico – dijo con nerviosismo − ¡Que no está mal ni nada! Pero… – corrigiendo sus palabras para que no sonara tan mal – Solo que no esperaba sentirme así, por alguien… Lo que siento – mordiéndose el labio inferior – nunca lo llegue a sentir por nadie, no hasta que apareciste en mi vida.

− …

− Aun cuando no lo aceptes y creas que no puedes corresponderlos, siempre estaré para ti… Como un amigo.

El rostro de Víctor mostraba la sorpresa que las palabras del menor habían causado en él. Nunca espero obtener ese discurso, mucho menos el peso que estas poseían. Su corazón comenzó a latir fuertemente, una sensación de felicidad comenzaba a apoderarse de sus emociones. Una voz en su mente le gritaba que no se emocionara que quizás, estaba confundiendo lo que Yuuri trataba de decirle, que era demasiado bello imaginar que quizás era lo mismo que el sentía por lo que, antes de seguir sembrando ese rayo de esperanza, decidió confirmarlo.

− Yuuri, ¿tu estas queriendo decirme que…?

Las mejillas de Yuuri se encendieron aún más por la vergüenza, apretó con fuerza la tela de su abrigo y bajo la mirada, preparándose para el rechazo del otro. Pero, lo que sucedió, no fueron palabras pidiéndole ya no buscarlo o rechazando su amistad, solo sintió la mano del de ojos azules sobre su mejilla, haciéndole levantar la cabeza y enfocando aquel rostro que muchas veces ocupo sus sueños.

− Víctor… Yo…

Se mordió el labio inferior y finalmente respondió la pregunta que el mayor le había hecho.

− Te quiero.

El rostro de Víctor se ilumino al escuchar aquellas dos simples palabras. Acaricio suavemente la mejilla contraria, sintiendo una gran emoción al saber que su suposición era correcta y que no había malinterpretado lo que el menor quiso expresarle.

− Yuuri… Yo también…

− ¡Príncipe!

Una voz suave y algo aguda los hizo separarse de inmediato. Las miradas de ambos se dirigió hacia el lugar de donde provino aquella voz, encontrando la figura de una hermosa joven de largos cabellos pelirrojos, acompañada de otro joven que, por la mirada llena de sorpresa y frustración que le dedicaba a Víctor, no estaba contento con la situación.

La joven pelirroja se acercó lentamente y se colocó a lado de Víctor.

− ¿Interrumpo? – pregunto suavemente.

− Pues… − Dijo Víctor regresando a ver de reojo a Yuuri.

− ¡No! – Contesto Yuuri – No interrumpió nada – dijo tratando de sonreír.

Ella le devolvió la sonrisa pero, la incomodidad aún estaba presente.

− Príncipe Víctor – dirigiendo su vista hacia el de ojos azules – No sabía que contaba con amigos entre los plebeyos del reino.

− Irina – pronuncio su nombre mientras fruncía el ceño.

Aquel tono de voz le indico que debía medir sus palabras, por lo cual la pelirroja bajo la cabeza con las mejillas encendidas.

− ¿Irina? − Al escuchar aquel nombre, un extraño presentimiento se instaló en el pecho de Yuuri – Discúlpame el atrevimiento pero, por alguna razón tu nombre me suena familiar.

Ella regreso a verlo y la sonrisa volvió aparecer en su rostro.

− Seguramente lo escuchaste en las noticias mientras anunciaban el compromiso.

− ¿Compromiso?

Irina envolvió el brazo del príncipe con el de ella, acercándose un poco más a él mientras sonreía dulcemente, haciendo con este acto que Víctor la regresara a ver con confusión.

− Si, compromiso ya que… Yo soy la prometida del príncipe Víctor.

Los ojos de Víctor se abrieron de par en par al escuchar la declaración de la pelirroja, dirigió su vista hacia el rostro del azabache quien le devolvió una mirada llena de sorpresa, mientras la tensión e incomodidad del momento aumentaban.

つづく/ Continuara...


¡Hola Seguidores!

Después de casi un mes, dije casi por que no se cumplió jajaja

Por fin les traje un nuevo capítulo, espero les haya gustado, trate de hacer lo mejor posible, sobre todo por el Victuri, ya era tiempo de que ambos tontos se dieran cuenta.

¿Qué les parecido la confesión?

En cuanto a Victor trate de asemejar un poco las emociones que tiene en el anime cuando lo ve patinando y que ese fue el detonante para darse cuenta de sus sentimientos.

La incomodidad era necesaria, digo, Irina tarde o temprano iba a estar en medio.

Y, seguro se dieron cuenta con esto que, este arco del "romance" entre ambos era de lo que hablaba jajaja

En fin, espero sus comentarios y nos vemos en el próximo.

¡Bye, Bye!