Notas de la traductora: ¡Sorpresa! O no, si siguen El Animago Accidental. Estaré de vacaciones durante la próxima actualización, así que les dejo un capítulo por adelantado. La siguiente actualización será el sábado, 13 de enero.

Asegúrense de haber leído el capitulo 27 antes. ¿Ya? ¡Disfruten!


Capítulo 28

Los días pasaban con rapidez ese otoño y, por suerte, todo era normal. El cumpleaños de Hermione era al final de la tercera semana, para el cual Lavender, Parvati, y los gemelos Weasley insistieron en conseguirle un pastel de las cocinas. Querían hacer algo especial ya que cumplía trece. Hubiera sido más agradable si los gemelos no la hubieran puesto en alerta toda la noche.

–No nos meteríamos contigo en tu día especial –le dijo George.

–Sí –agregó Fred–. El convertirse en adolescente es una broma por sí sola. Verás, ahora debes de preocuparte de los muchachos –Hermione se sonrojó.

–Y de la ropa –dijo George.

–Y del cabello.

–Bueno, quizás del cabello no.

–Tienes tu propio estilo único.

–Dejaré eso para Lavender y Parvati por el momento, gracias –les dijo. Quizás tenía trece años, pero su preocupación sobre los muchachos aún involucraba que no se metieran en problemas mortales.

–¿Cómo estuvo tu cumpleaños, Hermione? –preguntó Lavender más tarde esa noche–. Sé que no supimos sobre este el año pasado, así que intentamos compensarte.

–Fue agradable –dijo Hermione–. Mucho mejor que el año pasado. Es una lástima que no pude pasarlo con mis padres, pero ese es el costo de un internado.

–Sí, te entiendo –dijo Lavender–. Harry tiene suerte de tener su cumpleaños en el verano.

–No, no la tiene –dijo Hermione–. Sus familiares lo odian.

–¿Qué? Pero es Harry Potter.

–Sí, pero son muggles… y no son muy amables. No les gusta la magia.

Lavender y Parvati lucían ofendidas al saber que alguien pudiera odiar la magia o al Niño Que Vivió… bueno, alguien fuera de Slytherin.

–¿Así que tú y tus padres siempre hacían algo especial para tu cumpleaños? –cambió el tema Parvati.

–Sí, mis padres siempre me llevaban a un restaurante elegante en mi cumpleaños. Los últimos años antes de venir a Hogwarts fuimos a un restaurante de comida india muy agradable. Preparan el mejor pollo tikka masala.

–¿Te gusta el pollo tikka masala? –dijo Parvati con entusiasmo.

Me encanta el pollo tikka masala. A muchos muggles británicos les gusta. Es una lástima que no lo podamos comer aquí.

–Oh, lo sé –se quejó Parvati–. Me aburre la comida británica. Quisiera algo de tikka masala o curry tradicional de vez en cuando… lo que sea. Padma también se queja. Quiere jugo de mango.

–Sí, pero siempre he dicho que el mundo mágico está atrasado –dijo Hermione–. Los muggles ya no usan plumas y pergamino, y tienen mejor tecnología que la radio. Supongo que es lo mismo con la comida.

Parvati se acomodó mejor en su cama para verla mejor.

–Me pregunto si podemos hacer algo sobre eso –dijo ella.

Hermione se sentó y levantó una ceja. La mayoría de las brujas y los magos no eran del tipo de tomar acción en cosas como esa.

–Quizás –dijo–. Lo he pensado de vez en cuando. ¿Quién controla el menú?

–¿No son los elfos domésticos?

–No lo sé, nunca les he preguntado. A lo mejor. Aunque es probable que son los únicos que saben que cosas pueden cocinar. Escribí la receta para pollo tikka masala durante el verano, pero no sé qué tan buena es. ¿Tú tienes una receta, Parvati?

Parvati lanzó una mirada a Hermione que era similar a la que ella lanzaba a las personas cuando le hacían preguntas obvias.


–¡FRED! ¡GEORGE!

Los dos pelirrojos se rieron cuando la más pequeña de los Weasley entró al gran comedor furiosa durante la cena el viernes. El comedor comenzó a reírse cuando la vio, pero los más cercanos a ella pronto dejaron de hacerlo cuando recibieron su mirada molesta.

–Hola Gin-Gin –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

–Luces diferente… –comenzó Fred.

–...pero no sé porque –terminó George.

El cabello de Ginny era de color rosa brillante.

–¡Cámbienlo de vuelta, tontos! –gritó.

–¿Qué hay de divertido en eso? –dijo Fred.

Ginny apuntó su varita a ellos.

–Espera, hermanita –George la detuvo–. Nosotros, este, no hemos probado el contra-hechizo.

–¡QUÉ!

–No te preocupes –dijo Hermione desde su lugar seguro a distancia–. Me hicieron lo mismo el año pasado, excepto que era rojo Weasley. Debería regresar a la normalidad durante la noche.

Ginny los fulminó con la mirada.

–Me las pagarán. –Eso pareció ser suficiente para que Fred y George se pusieran nerviosos.

Se sentó entre Hermione y Parvati y lanzó una mirada nerviosa a la mesa. Soltó un sollozo casi inaudible y se encogió cuando vio a Harry y Ron intentando no reírse de ella (aunque Ron no lo estaba intentando de verdad). Hermione les lanzó una mirada exasperada.

–Necesito pensar en cómo vengarme –dijo a nadie en particular un poco después–. Siempre puedo utilizar el maleficio de los mocomurciélagos de Bill, pero no sé si pueda contra los dos al mismo tiempo. Quizás le puedo preguntar a T… –se detuvo lanzando una mirada nerviosa a Hermione.

Hermione no sabía a quién con la letra T pudiera preguntar, pero no pudo evitar sentir lástima por la niña. Era nueva después de todo, y eso ya era difícil. Y la idea de diversión de Fred y George no era lo que muchos consideraban normal. Así que bajó la mirada a su plato y comenzó a pensar.

–De hecho, Ginny –dijo–. Creo tener una idea que funcionaría con algo en lo que estoy trabajando.

Ginny le lanzó una mirada inquisitiva y Hermione le susurró su idea. Ginny sonrió con maldad, lo cual puso a Fred y George aún más nerviosos.


–Creo que ya está –dijo Padma–. Ya puedes quitarlo del asador.

–Pero señorita Padma Patil, el pollo aún no está bien cocido –dijo el pequeño elfo.

–Ya lo sé –soltó Padma–. El siguiente paso es hervir el pollo a fuego lento en la salsa para que termine de cocinarse.

Hermione frunció el ceño. Como esperaba, sus amigas sangre pura no eran tan amables como ella con los elfos domésticos. No ayudaba que no conocía a esos elfos tan bien como a otros. La mayoría de los que conocía bien trabajaban en limpieza, aunque cambiaban ocasionalmente.

–¿Cómo va la salsa, Parv? –dijo Padma.

–La salsa está lista, Pad –respondió Parvati–. Fue una buena idea el machacar el cilantro en lugar de cortarlo, Hermione. No sé porque, pero sabe mejor así. ¿Cómo se te ocurrió?

–No fue a mí –dijo Hermione–. Mi mamá tiene una amiga que trabaja como cocinera para eventos y dice que siempre lo prepara así.

–Tal vez es como en pociones –sugirió Padma–. La manera en la que se preparan los ingredientes afecta las cosas de manera extraña.

–Quizás –dijo Hermione. Eso la hizo comenzar a pensar sobre pociones y como las afectarían pequeñas modificaciones. Por supuesto, las pociones eran tan idiosincrásicas y de poca intuición que era difícil saber lo que cambios pequeños harían. Tal vez Snape no era el mejor enseñando, pero tenía que admirar su talento y reputación en el campo.

–De acuerdo, hay que dejarlo hervir a fuego lento en la salsa por unos diez minutos –dijo Padma mientras explicaba a los elfos como combinar los ingredientes.

–Eso parece ser mucha salsa, señorita Patil. –La profesora McGonagall estaba supervisando el proceso, como era la política de la escuela.

Tilly y algunos otros elfos se lo habían explicado cuando Hermione les preguntó:

Nosotros elegimos el menú, señorita Hermione Granger, pero todas las recetas nuevas deben de ser aprobadas por el director o la subdirectora.

–La comida india es así, profesora –respondió Padma–. Se puede limpiar el exceso de salsa con naan o un pan similar.

–Algunas veces –agregó Parvati–. Depende de la comida, pero pan es lo más cercano aquí en Hogwarts.

–A mí me gusta poner salsa en mi arroz, profesora. El arroz blanco no tiene mucho sabor para mi gusto –dijo Hermione. Hermione estaba a cargo de cocinar el arroz, pero era tan simple que los elfos lo tenían bajo control. Por supuesto, su contribución principal habían sido las especias que sus padres le habían enviado con curiosidad esa semana. Hogwarts no tenía a la mano la mitad de las cosas que las gemelas Patil dijeron eran necesarias para la salsa, y sus padres no estaban muy interesados en el asunto, quizás asumiendo que sus hijas ya recibían la nutrición necesaria.

–Que inusual –dijo McGonagall. Aunque eso describía la situación en general… tres alumnas de segundo año enseñando a los elfos domésticos una receta nueva y exótica para la cena–. Puedo decir honestamente que esto es algo que no he visto antes –dijo–. Parece tener un talento para lo inusual, señorita Granger.

–Eh… gracias, profesora.

De repente, escucharon exclamaciones de entusiasmo de otros elfos en las cocinas. Hermione levantó la mirada y vio a Dumbledore caminando hacia ellos con una sonrisa. Los elfos hicieron reverencias mientras pasaba.

–Buenas tardes –dijo el director a los elfos–. Buenas tardes, Minerva –agregó mientras se acercaba–, y señoritas Patil, Patil, y Granger.

–Buenas tardes, Albus –dijo McGonagall–. ¿A qué se debe tu presencia aquí?

–Fui informado de que una nueva receta estaba siendo preparada en las cocinas y pensé en probarla yo mismo. –Se acercó al pollo hirviendo en la salsa y tomó un gran respiro–. Ah, pollo tikka masala. Excelente. Hace mucho que no comía algo moderno.

Y, por supuesto, sin importar lo aislados que los magos británicos eran, Albus Dumbledore conocía la comida india.

En unos minutos la comida estuvo lista y, bajo la dirección del director, Dumbledore, McGonagall, y las tres niñas se sentaron en el duplicado de la mesa principal en las cocinas, y los elfos sirvieron un poco para cada uno. Era algo extraño para Hermione. Nunca había comido (aunque fuera un aperitivo) con el director, aunque siempre parecía ser compañía agradable al otro lado del comedor.

Pero Hermione agradeció a los elfos y comió un poco. Sonrió al instante. Sí, Hogwarts definitivamente necesitaba más comida india. En verdad apreció la receta de Parvati y Padma y la habilidad de los elfos de seguirla con una mirada. Las gemelas Patil lucían igual de satisfechas, y el profesor Dumbledore, quien parecía disfrutar de novedades, asintió en su dirección con agradecimiento.

–Una receta excelente –dijo Dumbledore–. Mis cumplidos. ¿Qué opinas, Minerva?

McGonagall tragó con un poco de incomodidad.

–No es como nada que haya probado antes, Albus –dijo–. Mucho más picante de lo que estoy acostumbrada. Me temo que no soy tan aventurera como tú. Pero debo decir que sabe bastante bien, aunque reduciría el picante por el bien de los estudiantes.

Hermione, Parvati, y Padma suspiraron internamente y suprimieron la urgencia de demostrar su decepción. Oh, bueno, pensó Hermione. Por eso pedí una botella de salsa picante.

–Sí –dijo Dumbledore–, las felicito por su esfuerzo. Creo que será una gran adición a nuestro menú–. Las niñas sonrieron y los elfos celebraron con entusiasmo. Era inusual el hacer cambios grandes en el menú–. Dolly, ¿cuándo crees poder preparar este platillo? –Hermione no se sorprendió de que Dumbledore conocía a los elfos por nombre.

–Necesitamos ordenar los ingredientes, profesor Dumbledore, señor, pero lo podemos preparar el próximo fin de semana –dijo Dolly.

–Excelente. Quizás el domingo por la noche. Creo que será una experiencia educacional para todos.


Hermione regresó a pasar parte de sus fines de semana contando los pasos en el castillo. No le tomó tanto tiempo como el año anterior ya que pronto determinó que la forma del castillo no había cambiado mucho, además de las fluctuaciones usuales. Si se era honesta, lo estaba haciendo con poca energía, pero era mejor que terminar como el año anterior. Había llegado a una tregua con su horario de dormir, aunque fallaba en ocasión, pero era mejor que no se sobrepasara si podía.

Ese día estaba revisando el segundo piso del ala oeste, incluyendo las aulas vacías. Era una tarea solitaria: la mayoría de los estudiantes pasaba sus fines de semana en los dormitorios o afuera, o en el caso de muchos Ravenclaw, en la biblioteca, así que pocas personas iban ahí. Incluso con la conversación ocasional con un retrato, o una armadura caminando en la distancia, estaba muy silencioso.

Considerando el silencio, le sorprendió a Hermione no haber escuchado antes a través de las paredes el suave sonido de un sollozo. No le prestó mucha atención. Sonidos extraños no eran inusuales, y Hermione podía ser algo distraída cuando se enfocaba en otra cosa. Pero en ese momento, tenía que usar el baño, y cuando caminó al más cercano y abrió la puerta, dolorosamente se dio cuenta del sonido.

Había una niña llorando en el baño, y con fuerza.

–¿Hola? ¿Puedo ayudarte? –dijo Hermione, pero la niña pareció no escucharla entre sus sollozos. Caminó a lo largo para ubicar a la niña. Por el sonido, claramente estaba al fondo, aunque Hermione no veía pies en el suelo. O la niña estaba tratando de no ser vista, o era una pequeña de primero cuyos pies no tocaban el suelo.

Hermione sintió que necesitaba ayudar, ya. Dio unos golpes a la puerta.

–¿Hola?

–¡AH! –gritó la niña, y se escuchó el ruido de algo cayendo al escusado.

–Lo siento, ¿estás bien? –dijo Hermione.

–¿Qué quieres? –dijo la voz con tono acusatorio.

–Quería ver si podía ayudar.

–No puedes, vete.

Hermione suspiró. Por supuesto que la niña dijo eso, pero no sonaba a que era lo que quería.

–¿Estás segura? –dijo–. Si sólo quieres hablar…

–¡Que te vayas! –gritó la niña tan fuerte que Hermione dio un paso atrás. Comenzó a sollozar de nuevo.

Hermione no se movió por un minuto intentando decidir qué hacer.

–Me siento mal dejando a alguien llorando aquí, sola. ¿Te molesta si regreso a ver cómo sigues después?

–¿Por qué te importa? –sollozó la voz.

–Pues, es algo tonto, pero esto me pasó el año pasado, y casi me mató un troll de montaña.

–¡Casi! –chilló la voz y, repentinamente, el rostro redondo de una niña, siendo honesta, poco atractiva atravesó la puerta hasta estar nariz a nariz con Hermione–. ¡Qué bien por ti! ¡Casi!

–Yo… lo siento, no sabía… –comenzó Hermione.

–Oh, claro que no sabías. ¡Nadie se molesta en preguntar sobre la miserable, deprimente, y llorona de Myrtle! –Y con eso, soltó un gemido y regresó a su excusado, donde se escuchó el ruido de algo cayendo al agua, y esta salpicó al suelo.

Eso es extraño, pensó Hermione. Se supone que los fantasmas son intangibles.

Escuchó el ruido del excusado, y después el del borboteo del agua, y más salió del cubículo. El fantasma parecía querer taparlo para ahuyentarla.

–¡Myrtle! –Hermione la llamó mientras daba un paso atrás–. Myrtle, por favor, sal. No quise ofenderte. Soy nacida de muggles y aún no estoy acostumbrada a los fantasmas.

Sorprendentemente, el ruido del agua se detuvo, y también los sollozos de Myrtle. Su rostro atravesó de nuevo la puerta con una mirada de interés.

–¿Eres hija de muggles? –preguntó.

–Sí…

Myrtle salió por completo y flotó hacia Hermione. Parecía tener la misma edad (¿cómo es que había muerto tan joven?). Y estaba usando túnicas de aspecto antiguo con el escudo de Ravenclaw.

–Yo también era hija de muggles –dijo.

–¿Tú lo eres… eras… eres? –dijo Hermione algo nerviosa.

Myrtle parecía disfrutar de la incomodidad de Hermione.

–Oh, sí. Estaba tan emocionada cuando me enteré que la magia era real. No tenía ningún amigo en casa y pensé que las cosas serían maravillosas aquí. Me encantaban todas mis clases. Era tan divertido. Pero entonces… –Myrtle comenzó a gemir de nuevo–. Entonces todas mis compañeras de cuarto comenzaron a burlarse de mí. Me llamaban gorda y fea, y Olive Hornby siempre se burlaba de mis lentes. No era mi culpa que no podía comprar mejores. Y después comenzaron los granos… –Dejó salir un largo gemido y comenzó a moverse un poco donde estaba flotando.

Hermione se sonrojó. Esa historia sonaba muy similar para su gusto. Myrtle debió de tener mala suerte al tener esas compañeras. Con su cabello, sus dientes, y actitud de sabelotodo, tenía suficiente para que sus compañeras se burlaran de ella, pero raramente lo hacían.

–No creo que tus lentes se vean mal –intentó calmar al fantasma–. De hecho, mi amigo Harry usa casi el mismo tipo. –Probablemente porque es lo único que pagan sus parientes, pensó Hermione. Los lentes de Myrtle parecían de los redondos de oferta, como los de Harry, excepto que blancos perla en lugar de negro.

Pero Myrtle sólo se quejó.

–Son horribles. Quisiera haber muerto usando algo mejor. Y ese Tom Ryddle… no era tan desagradable, pero sus amigos Slytherin me llamaban sangre sucia fea y se reían a mis espaldas.

–Oh, esos –dijo Hermione con molestia–. Yo tengo a Draco Malfoy. Me lo dice en mi cara. Y si me lo encuentro a solas, siempre intenta hechizarme.

–Tom Ryddle tenía un amigo llamado Abraxas Malfoy. Era de los peores.

–No me sorprende. Los Malfoy son una familia antigua.

–Es horrible como esos sangre pura tratan a los demás. Ni siquiera puedo perseguirlos bien. Acosé a Olive Hornby por años, pero… –Myrtle sollozó–. Pero sacó una orden de restricción en mi contra.

Hermione abrió su boca y la cerró de nuevo. Sí, eso era exactamente el tipo de cosas que los magos harían.

–Eso… es… eso es terrible –dijo–. ¿Pero por qué estás en un baño? –Preguntó Hermione–. Hay muchos lugares mejores en el castillo.

Eso resultó ser lo incorrecto ya que Myrtle lucía ofendida.

–¿Como dónde?

–Pues… si yo fuera un fantasma, probablemente estaría en la biblioteca –respondió Hermione, preguntándose cómo había llegado al punto de decir eso.

–Eso estaría bien para ti –se quejó el fantasma–. eres una Gryffindor. Todas mis compañeras de cuarto pasaban su tiempo libre en la biblioteca. –Comenzó a llorar de nuevo–. Me gusta más aquí. Es más privado, y nadie se queja si lloro aquí. Todos evitan a Myrtle la Llorona. –Y con eso, comenzó a llorar con más fuerza y regresó a su cubículo, desde donde se escuchó el ruido del agua después de que se lanzara al excusado.

–¿Myrtle? Myrtle, lo siento. Puedes… puedes estar en donde tú quieras –dijo Hermione, pero no hubo respuesta, sólo el ruido del excusado. Para entonces, no vio el sentido en continuar. –Bueno… intentaré visitarte de vez en cuando –y dejó el baño, pensando que quizás necesitaba investigar más sobre los fantasmas para poder tener una conversación sensata con ellos. Era una lástima. La historia de Myrtle parecía similar a la suya… y el morir tan joven, y como hija de muggles, debió de ser terrible, y ahí estaba, décadas después si se basaba en su ropa, y aún lloraba en el baño. Hermione sintió escalofríos. Sólo por la gracia de Dios terminaré así.

Fue sólo cuando se fue que Hermione notó el letrero de FUERA DE SERVICIO en la puerta del baño.


El domingo en la noche Hermione se aseguró de recordar a Fred y George de llegar a tiempo a cenar, y los gemelos "caballerosamente" acompañaron a ella y a Ginny al comedor. Una vez ahí, Hermione se aseguró de sentarse en el lugar correcto, y que ella, Ginny, y Parvati rodearan a ambos jóvenes en los ángulos adecuados. El hecho de que Harry y Ron se sentaran a su otro lado, distrayéndolos de algún modo, ayudó.

Cuando la cena apareció en las largas mesas, hubo exclamaciones de sorpresa y murmullos confusos por todo el comedor, ya que no era lo usual. O, había algo normal, pero en varios lugares en cada mesa había un gran tazón con arroz blanco y otro lleno de algo que resultó ser pollo en cubos, ahogado en una extraña salsa de color naranja.

–¿Qué rayos?

–¿Qué es esto?

–¿Acaso los elfos se volvieron locos?

Sólo unas cuantas personas en el comedor lucían felices por la nueva opción, en su mayoría hijos de muggles, quienes comenzaron a explicar rápidamente el platillo a sus compañeros cosmopolitas. Por supuesto, el profesor Dumbledore estaba encantado, y, Harry le informó después que por alguna razón, el profesor Snape lucía bastante satisfecho con la comida.

–Esto es lo que llamo una cena de verdad –dijo Parvati con entusiasmo mientras se servía arroz en su plato.

–Definitivamente –dijo Hermione mientras se servía pollo.

Fred y George miraron con interés a las dos jóvenes que se servían con entusiasmo comida que nunca habían visto antes.

–¿Y qué es esto exactamente? –preguntó George.

–Pollo tikka masala –respondieron Hermione y Parvati al mismo tiempo.

Fred y George miraron a ambas niñas con sorpresa.

–Es una adaptación británica muggle de comida tradicional india –explicó Parvati–. Arroz y pollo cocinado en una salsa con tomates, cilantro, yogurt, y especias asiáticas.

–Tomate y…

–¿...yogurt? –dijeron los gemelos con confusión.

–¿En una salsa? –Dijo Fred.

–¿No están haciendo una broma? –preguntó George.

–No, esa es la receta –dijo Hermione–. Se la enseñamos a los elfos el fin de semana pasado. Deberían probarlo. Es muy bueno.

Fred y George sacudieron los hombros y se sirvieron dos platos.

–Mm, no está mal –dijo George después de probarlo.

–Sí, extraño, pero nada mal –agregó Fred.

–Tenías razón, Hermione, esto es bueno –dijo Ginny con aprecio.

–Ajá, ¿puedes pasarla la receta a nuestra mamá? –preguntó Ron.

–Lo pensaremos –dijo Parvati–. Oye, Hermione, ¿trajiste la salsa picante?

–Ajá.

–¿Salsa picante? –preguntaron Fred y George.

Hermione destapó una pequeña botella de salsa roja y sirvió un poco en su comida, para después dársela a Parvati.

–La profesora McGonagall quería un sabor suave, pero en realidad debe de ser más picante, así que le pedí a mis padres que me enviaran un poco de salsa picante para agregarle. Ginny, ¿quieres probar?

–Claro –dijo la pequeña con inocencia. Tomó la botella y agregó unas cuantas gotas a su plato.

Pero cuando Hermione tomó la botella de vuelta, la escondió con cuidado y la cambió por otra que había transformado para parecer idéntica en el exterior y la ofreció a Fred y George.

–¿Quieren? No es correcto si no es un poco más picante.

No queriendo ser superados por su hermanita, los gemelos tomaron la botella y sirvieron una cantidad generosa de salsa en su pollo. Cada uno dio una mordida y sonrieron con satisfacción, pero esas sonrisas desaparecieron rápidamente.

–¡Agua, agua, agua! –Y cada uno bebió una copa entera.

Hermione, Parvati, y Ginny comenzaron a reírse, y Hermione y Ginny aplaudieron con entusiasmo.

–Demonios, mujer, ¿qué nos diste? –demandó Fred mientras tosía.

Hermione sacó la otra botella de su manga y la colocó sobre la mesa. Después, asegurándose que los maestros no estuvieran prestando atención, sacó su varita y dio un golpe a la botella que había dado a los gemelos, causando que la etiqueta cambiara de vuelta.

–Es salsa habanero –les dijo–. Diez veces más picante que la salsa normal.

–En otras palabras –aclaró Ginny–, cayeron en un truco muggle.

–Un truco muggle, Freddie –se quejó George–. Estamos fallando.

–Tenemos que regresar a la cima, Georgie. No podemos dejar que Hermione y Ginny piensen que pueden derrocar a los mejores bromistas en la escuela. –Y mostraron a ambas niñas una sonrisa malvada pero dolorosa.

Hermione palideció.

–¿Por qué dejé que me convencieras de esto? –susurró a Ginny, quien tampoco lucía entusiasmada por la idea de su venganza.

Después de que el platillo principal terminó, el profesor Dumbledore, para la sorpresa de muchos, se puso de pie.

–Creo que esta ha sido una interesante experiencia nueva. El platillo nuevo de esta noche fue pollo tikka masala, una versión británica moderna de un platillo indio, y me agrada ver que fue un éxito. –Y sí, alrededor del comedor, parecía haberle gustado la mayoría de los estudiantes, aunque menos a los Slytherin más tradicionales–. Tenemos a tres estudiantes a las cuales agradecer por esta oportunidad, quienes enseñaron la receta a los elfos domésticos durante su tiempo libre. Por esta iniciativa e interés multicultural, otorgo diez puntos por cada una a Hermione Granger, Padma Patil, y Parvati Patil.

Los Gryffindor y Ravenclaw celebraron, mientras que los Hufflepuff aplaudieron con amabilidad. Los Slytherin parecían molestos, pero eso pudiera ser por los puntos o la comida. Hermione notó, al otro lado del comedor, que Draco Malfoy en particular la estaba mirando con molestia.


El cinco de octubre Hermione se despertó e inmediatamente supo que había algo mal. Otra persona cuyo cuerpo reaccionara diferente lo hubiera ignorado por un tiempo, pero ella sabía mejor. Sintió ardor detrás de su paladar, y eso sólo significaba una cosa: el resfriado común.

Había tenido suerte el año anterior, de la poca que había tenido, pero era mucho esperarlo dos años seguidos, no con el frío, la humedad, y la lluvia constante sobre el castillo. Un resfriado siempre significaba lo mismo para ella. Iba a sufrir por tres días un miserable dolor de garganta, seguido de tres días de congestionamiento nasal, y después una tos que continuaría hasta la siguiente semana. Y no tenía paracetamol.

–¿Estás bien, Hermione? –preguntó Parvati mientras Hermione se levantaba lentamente de la cama.

–No… tengo un resfriado –gruñó.

–Deberías de ir con Madame Pomfrey. Una poción pimentónica se deshará de él en un instante.

Hermione se detuvo y observó a su compañera.

–¿Quieres decir que los magos tienen la cura para el resfriado común?

–Sí. Quiero decir, no es perfecta. Es una poción energizante, de hecho, pero funciona… si no te molesta soltar humo por las orejas por unas horas…

Hermione abrió la boca para hacer la pregunta obvia, pero la cerró de nuevo. Por supuesto que hace que te salga humo de las orejas por unas horas.

–Gracias, Parvati, haré eso.

Una hora después, Hermione estaba en la inusualmente llena enfermería. Aparentemente, el resfriado se estaba moviendo.

–Hola, señorita Granger, ¿puedo ayudarle? –dijo Madame Pomfrey.

–Eh, sí, ¿Parvati me dijo que tiene algo para curar el resfriado?

–Ah, sí, otra. Aunque no te ves tan mal, señorita Granger.

–Lo sé, Madame, pero siempre puedo notar cuando comienza uno porque lo primero que pasa es que tengo una sensación de ardor en la parte de atrás de mi boca.

–De acuerdo, entonces, eso es sencillo. –Madame Pomfrey anotó a quien estaba tratando y porque, y después destapó una pequeña botella–. Toma, bebe esto.

La poción pimentónica sabía tan picante que Hermione apenas y pudo beberla. Saltó cuando el calor llenó su cuerpo. Sentía como si hubiera tomado un expreso doble, y la sensación en su garganta se fue al instante.

–Increíble, gracias, Madame –dijo.

–No hay de que, señorita Granger. Regresa si el humo no se va para la hora de la cena.

–Sí, Madame. –Sintió las bocanadas de humo saliendo de sus orejas y a través de su cabello. Debía de lucir ridícula, y en unos minutos, su cabello se volvió incontrolable. Aun así, bajó a desayunar y tomó su asiento normal. Por suerte, varios estudiantes en el comedor e incluso la profesora Sinistra tenían humo saliendo de sus orejas, así que no lucía fuera de lugar.

Unos minutos después, una Ginny con aspecto desaliñado cayó con fuerza sobre un asiento cercano. Hermione se sorprendió cuando la vio. Con su cabello rojo brillante, Ginny lucía aún peor que ella… como si su cabeza entera estuviera quemándose.

–Oh, hola, Ginny –dijo Hermione–. ¿Un pimentónico?

–Sí, Percy me obligó a que tomara un poco. Dijo que no lucía bien.

De hecho, no estaba mal. La túnica de Ginny lucía chueca, había cabellos pegados a su rostro, y aunque lucía despierta, estaba pálida y tenía ojeras.

–Bueno, te ves algo cansada, aún con la poción. ¿Has estado durmiendo bien?

–Estoy bien –dijo defensivamente–. Es sólo… acostumbrarse a las clases y eso, tú sabes.

–Lo entiendo. Sólo no te sobrepases. Yo cometí ese error el año pasado. Puedes hablar conmigo si necesitas ayuda.

–Estoy bien –dijo Ginny, y se enfocó en su comida durante el resto del desayuno.


La parte más difícil de crear un mapa del castillo eran las mazmorras, tanto por su estructura tipo laberinto como por la compañía.

–¿Qué haces aquí, sangre sucia?

Hermione gruñó en voz baja y abrazó su cuaderno. ¿Por qué siempre se encontraba con él cuando exploraba las mazmorras? ¿Acaso tenía espías? Bueno, quizás era así. Acarició el mango de su varita.

–¿Tenemos que hacer esto de nuevo, Malfoy? –dijo–. Tengo tanto derecho de estar aquí abajo como tú.

–No tienes el derecho de espiar la ubicación de nuestra sala común –soltó Malfoy–. Deberías de quedarte en tu torre si sabes lo que es bueno para ti.

–Ese es el punto, ¿no es así? Tú sabes dónde está nuestra sala común, así que no hay razón para que la tuya sea un secreto. Aún no puedo entrar sin la contraseña. –No mencionó que ya sabía dónde estaba la sala común de Slytherin, a unas cuantas vueltas de ahí, si es que estaba en el mismo lugar que Sonya le había mostrado el año anterior.

A Malfoy no le agradó su uso de la lógica. Sacó su varita, pero Hermione era más rápida que antes, al practicar durante el verano después de que Harry la había hechizado. Tenía su varita y apuntó en su dirección antes de que pudiera decir una encantación, aunque aún dio un paso atrás.

–No debiste haber regresado –gruñó.

–Sí, ya lo dijiste –Hermione respondió lo más calmada que pudo–. Pero no dejé que un troll de montaña y un profesor poseído me detuvieran, y no voy a dejar que tú tampoco lo hagas.

–Uno de estos días, Granger, recibirás lo que te mereces –siseó Malfoy.

Hermione suspiró dramáticamente.

–¿Cuál es tú problema, Malfoy? Hay muchos otros hijos de muggles en la escuela. ¿Es porque saco mejores calificaciones que tú? –se rió con falsa valentía–. Porque he estado lidiando con personas que están celosas de mis calificaciones toda mi vida.

–¡Ninguna sangre sucia puede vencer a un Malfoy! ¡Calvorio!

Hermione saltó a un lado, contra la pared, pero el hechizo la alcanzó en el brazo. Sintió una picazón, y cuando sacudió su manga, encontró que todo su cabello se había caído de su brazo. Consideró sus opciones. Aplastó el deseo de decir "toma Aritmancia y después hablamos", y se decidió en contra de lanzar un hechizo de regreso. En su lugar, se fue con rapidez, manteniendo la mirada en él hasta que llegó a la esquina opuesta.

Bueno, eso no estuvo tan mal, pensó. Un hechizo para perder el cabello es tranquilo de su parte.