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Capitulo XXVII
受け入れ
Aceptación
Parte II
"Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón".− Marguerite Yourcenar
"Soy la prometida del príncipe Víctor"
Aquella frase seguía resonando en su mente con fuerza. Si bien, estaba al tanto del compromiso, volver a recordarlo y en esas condiciones, hicieron que su corazón palpitara con fuerza por el dolor y las lágrimas que poco a poco se reunían en sus ojos no ayudaban tampoco.
Respiro profundamente, tratando de controlarse y ocultar las emociones que lo estaban asaltando. Se obligó a sonreír aun cuando su corazón se encontraba roto.
− Vaya, sabía que la prometida de Víctor era linda pero nunca imagine que fuera tan hermosa – dijo logrando que su voz no titubeara.
La pelirroja se sonrojo, sin dejar de sonreír se abrazó más al cuerpo del príncipe que, por la expresión en su rostro, no estaba cómodo con la situación.
− Yuuri – lo llamo Víctor.
− Seguramente ustedes deben tener cosas que hacer y yo estoy haciéndoles perder el tiempo.
− Eso no…
− Teníamos pensado ir a cenar – respondió la pelirroja interrumpiendo al príncipe.
− Ya veo – Yuuri bajo la cabeza – entonces no les quito más tiempo.
Levanto ligeramente la cabeza y enfoco el rostro de Víctor. Apretó con fuerza sus manos. Le estaba costando contener sus emociones, ver a aquella mujer aferrarse de esa forma al brazo de Víctor le lastimaba profundamente pero, en su interior, sabía que no podía hacer nada. Sus labios temblaron, las lágrimas pronto comenzarían a caer por sus mejillas así que, se apresuró a despedirse antes de que estas le traicionaran.
− Nos vemos después… Príncipe.
−… − Los ojos de Víctor se abrieron por la sorpresa, nunca espero que le llamara de esa forma.
Antes de que pudiese decir algo, la figura de Yuuri se giró sobre sus talones y salió corriendo de ahí. Intento moverse e ir tras el pero, el brazo de Irina seguía colgado del suyo, impidiéndole que se moviera de su sitio por lo que, solo pudo ver como la figura del menor se perdía en el horizonte.
Trago con fuerza y apretó sus manos para reprimir la frustración que estaba sintiendo en ese momento. En un solo segundo había pasado de sentirse la persona más feliz del mundo por verse correspondido a ser el individuo con la peor suerte, nunca imagino que tanto Noel como Irina aparecieran justo cuando Yuuri se le había declarado, mucho menos que interrumpieran cuando iba a dar su respuesta.
Lo cual hizo que una fugaz idea cruzara su mente, ¿ambos habían escuchado la declaración de Yuuri? no estaba seguro que tanto habían alcanzado a escuchar, mucho menos desde cuando estaban ahí por lo que, antes de que pudiese hacer algo respecto, debía aclarar las cosas con la joven pelirroja quien, seguía guindada de su brazo sin intenciones de soltarlo.
Víctor respiro un par de veces para tranquilizarse y comenzar con un tema que, para bien o para mal, le rompería el corazón a la pelirroja sin que pudiese evitarlo.
− Irina – pronuncio su nombre con un tono de voz grave que hizo que la pelirroja regresara a verle – Puedo saber, ¿Por qué sacaste a colación lo del compromiso?
Ella se sorprendió por la pregunta y agacho la cabeza.
− Solo mencione lo que todo mundo sabe – respondió sin levantar la cabeza – él dijo que mi nombre le resulto familiar y, por ello lo mencione.
El silencio se apodero de ambos durante unos instantes. La brisa nocturna movió ligeramente sus cabellos como si esta, intentara aligerar un poco el momento incomodo que estaban viviendo. Víctor suspiro y volvió a hablar, preguntando lo que realmente quería saber.
− ¿Que tanto escuchaste de nuestra conversación?
Irina levanto la cabeza e intuyendo rápidamente a que se refería.
− Todo – declaro con un tono de voz que demostraba lo incomoda que se encontraba.
Al escuchar su respuesta supo de inmediato las verdaderas razones por las cuales la pelirroja había sacado el tema de su actual compromiso. Nada tenía que ver la "familiaridad" que Yuuri había mencionado, solo había sido un momento de pánico y celos por parte de la joven, lo cual le hizo reír ligeramente ya que, nunca espero que los sentimientos de la misma fueran así de intensos como para tratar de alejar al chico que "pretendía" a su prometido.
Llevo su mano hacia el brazo que lo sujetaba con fuerza. Irina al sentir el tacto del mayor supo que este le pedía sin palabras que lo soltara. Y así lo hizo. Al sentirse libre de aquel posesivo abrazo, se giró sobre sus pies y dejo que sus ojos buscaran los de la pelirroja.
− Irina.
Ella no respondió, solo continuo sosteniéndole la mirada, con un brillo en sus ojos que Víctor interpreto como anhelo y desesperación.
− No soy ajeno a los sentimientos que guardas por mi persona – dijo con franqueza.
Irina se sonrojo con fuerza. Si bien, los sentimientos que le profesaba al príncipe no eran un secreto, nunca los había manifestado y siempre agradeció que nadie comentara nada al respecto pero, al verse confrontada por el hombre dueño de los mismos, hizo que su corazón palpitara de forma descontrolada por la vergüenza.
− Agradezco que me escogieras para ser la persona a quien entregaste tu corazón y tus pensamientos.
− No debe agradecerme, yo haría lo que fuera por usted príncipe… Mi corazón siempre ha latido por usted.
Una suave sonrisa colmada de tristeza se apodero del rostro de Víctor. Envolvió el cuerpo de la pelirroja entre sus brazos, buscando una forma sutil de decirle lo que realmente sentía por ella.
Por su parte, Irina se sentía feliz entre los brazos del príncipe. Al sentir el calor del contrario, una pequeña esperanza nació en su pecho, una donde el mayor le correspondería ahora que tenía noción de sus sentimientos.
El breve momento en el cual, ambos se perdieron en sus propios pensamientos culmino cuando Víctor deshizo el abrazo y contemplo el rostro de la joven. Ella lo observaba con un brillo en los ojos que hacía que su corazón se estrujara por lo que haría.
− Irina.
− ¿Si?
− Agradezco tus sentimientos pero… − tomando un poco de aire antes de hablar − me temo que no puedo corresponderlos.
Ambos se separaron. El rostro de Irina mostraba la sorpresa y la decepción que aquellas palabras le habían provocado. Víctor al ver aquel gesto en el rostro de la más joven solo atino a llevar la palma de su mana para acariciar su mejilla y, de ese modo, brindarle un poco de consuelo a su herido corazón.
− Siempre te he querido – comenzó a decir – pero el cariño que te tengo, no es el mismo que tú me profesas.
Ella desvió la mirada.
− ¿Acaso hice algo mal? – pregunto, tratando de entender por qué el príncipe no la amaba.
El negó con su cabeza.
− No, no has hecho nada mal Irina, simplemente que… Nunca he podido verte más que como una hermana a la que quiero proteger.
− Pero, si lo intentamos…
La tomo por los hombros y respondió.
− El amor no se fuerza y lo sabes. Por mucho que me esfuerce en amarte, me temo que nunca podría hacerlo.
Ella se mantuvo en silencio unos instantes antes de contestar.
− Es… ¿Es por ese chico? – Pregunto con duda en su voz − ¿él es la razón del por qué no puede amarme?
Víctor no respondió de inmediato, pensando en sí debería contestar esa pregunta, el momento ya era demasiado incómodo para incluir a Yuuri en la conversación pero, al final, creyó que lo mejor era ser sincero con ella y no dejar ningún rastro de duda en ella que pudiese generarle falsas esperanzas.
− Si – fue su respuesta.
Ella apretó con fuerza la tela de su vestido, tratando de evitar que las lágrimas que se reunían en sus ojos, cayeran por sus mejillas.
− ¿Él es la persona que finalmente gano su corazón?
El solo asintió.
− ¿Realmente le ama?
Él sonrió por la pregunta.
− Tarde mucho tiempo en darme cuenta de ello – dijo sin dejar de sonreír – pero, en este momento, puedo asegurarlo… Estoy enamorado de Yuuri.
La suave brisa de la noche e hizo presente. Moviendo ligeramente sus cabellos, como dándoles unos segundos para que pensara en las palabras que dirían a continuación.
Ella sonrío y dejo que las lágrimas que trato de retener finalmente caigan por sus mejillas. Con calma deja que sus manos tomen el rostro del príncipe quien, ante la sorpresa de la acción, se quedó quieto.
− Entonces, si su corazón ya eligió a quien amar, no espere más y vaya tras de él.
Víctor abre sus ojos a su máxima expresión por las palabras que la pelirroja le dedicaba.
Ella solo asiente y él sonríe.
Deposita un suave beso sobre la frente de la misma y se gira sobre sus talones, no sin antes agradecerle con una suave sonrisa. Ella vuelve a asentir con su cabeza y es cuando el príncipe se gira por completo para salir corriendo por la misma dirección en la que Yuuri había desaparecido.
Una vez lo vio desaparecer entre el horizonte, las lágrimas cayeron con fuerza por sus mejillas, acompañado por suaves sollozos que demostraban la tristeza que estaba viviendo en ese momento. Su corazón se encontraba roto por dejar ir al hombre que amaba pero, no había nada que pudiera hacer para retenerlo.
Mientras lloraba, unas suaves manos se colocaron sobre sus hombros y levanto la cabeza. Noel le dedicaba una mirada llena de comprensión. Aquello hizo que se acercara a él y ocultara su rostro en el pecho del otro. El joven guardaespaldas solo se limitó a estrecharla entre sus brazos mientras las lágrimas caían por el rostro de Irina.
Con esfuerzo trataba de recuperar el aliento perdido. Había salido corriendo del lugar tan rápido como le fue posible, evitando a todo momento voltear atrás y seguir contemplando aquella escena. Si bien, no era un secreto lo del compromiso de Víctor, que se lo recordaran justo cuando se le había declarado a este, hizo que el pánico así como el arrepentimiento afloraran en su ser.
Camino un poco por aquella calle tan concurrida. Las familias caminaban alegremente, tomando ponche caliente y cantando Villancicos, las parejas por su parte sonreían y se dedicaban pequeños besos que hicieron que su estómago diera un vuelvo al pensar en Víctor.
Definitivamente debía olvidarse de él, en su futuro no había posibilidades de un romance. Víctor estaba comprometido y debía aceptarlo.
− Pronto se casara y formara una linda familia a lado de esa joven – soltó la pregunta en un susurro mientras las lágrimas amenazaban por caer por sus mejillas − ¿Por qué tuve que enamorarme de él?
Conforme iba caminando, sus pensamientos seguían pendientes de Víctor, por mucho que tratara de olvidarse de él, cada recuerdo se aferraba a su corazón y mente, como si fuera una marca que nunca podría arrancarse de su ser.
Estaba tan absorto en sus pensamientos que no escucho la voz que gritaba su nombre, no fue hasta que, esa misma se escuchó demasiado cerca que reparo en ella y se giró para ver de dónde provenía.
− ¡Yuuri!
Sus ojos se abrieron de par en par. Víctor estaba a menos de siete metros de distancia de donde estaba parado. Las personas se le quedaron viendo con sorpresa, los susurros comenzaron a propagarse por el lugar.
"¿El Príncipe Víctor?"
"¿Es el?"
"Pero, ¿qué hace aquí?"
Eran las palabras que lograba escuchar mientras salía del asombro que fue verlo en aquel lugar.
− Víctor – susurro su nombre.
Víctor comenzó a caminar rápidamente hacia donde estaba. Su mirada estaba llena de determinación que por unos segundos se vio imposibilitado de moverse. Las personas se hicieron a un lado al ver como el príncipe caminaba hacia Yuuri quien, tras salir de su asombro, dio un paso atrás.
− ¡Yuuri, espera!
Elevo su voz pero no fue suficiente.
Yuuri volvió a girarse y salió corriendo del lugar, tratando de perderse entre la multitud, siendo seguido por Víctor, dejando desconcertados a todos los presentes por lo que acababa de pasar.
Ambos caminaban por la calle sin decir palabra alguna.
Tras la marcha de Víctor, Noel se quedó a lado de la joven pelirroja, tratando de confortarla tras haber sido rechazada por el hombre que amaba. Nunca había pasado por aquella situación, no era alguien muy bueno en brindar consuelo cuando alguien lo necesitaba, ya que no sabía que palabras debía usar para que la persona que sufría se sintiera mejor por lo que, solo atino a sacar un pañuelo de entre su ropa y entregárselo.
Ella solo lo había tomado, dedicándole una suave sonrisa antes de limpiarse las lágrimas con el mismo. Durante aquel corto caminar, solo se dedicaron a ser la compañía del otro hasta que llegaron a la avenida en donde el chofer los había dejado.
− ¿Se siente mejor?
− No – respondió en un susurro – nunca se está listo para admitir la derrota pero, lo estaré, no se preocupe.
Noel solo pudo sonreírle y asintió con su cabeza.
Tras esperar unos minutos, el coche que los había transportado a aquel mismo lugar, se detuvo frente a ambos. Con un además evito que el chofer saliera del coche y abrió la puerta para que la joven pelirroja ingresara en él.
− ¿No vendrá a palacio, joven Noel? – pregunto al ver que el mayor no hacia intento de ingresar al coche.
− Me temo que no, tengo que buscar al príncipe, volveré a palacio una vez lo encuentre.
− Entiendo.
− No se preocupe, estaremos en palacio cuando menos se lo espere.
Ella asintió y Noel cerró la puerta.
Le indico al chofer que regresara a palacio ya le avisaría una vez encontrara al príncipe. El chofer asintió, encendió el auto y, tras unos segundos, desapareció dela vista de Noel.
"¿Dónde se habrá metido ese idiota?"
Fue lo que pensó, emprendiendo su camino.
Ambos adultos volteaban a ver en diferentes direcciones, como si con la mirada, buscaran algo o alguien. Se notaba la impaciencia en el rostro de la mujer. Su pie derecho se movía de arriba abajo mientras apoyaba todo su peso sobre la pierna izquierda, tenía los brazos cruzados y, por la forma en como movía se mordía el labio, estaba a punto de estallar por la misma.
− Ya debería haber salido – dijo Mary con impaciencia.
− Tranquila – le sugirió Adalberto – seguramente está hablando con sus compañeros.
− Para estar hablando ya se tardó mucho – le indico.
Adalberto sonrió y coloco sus manos sobre los hombros de su ahijada.
− Dale un poco más de tiempo, quizás Minako lo entretuvo para felicitarlos. Hicieron un buen trabajo.
− Lo sé pero…
− Lo mejor es que te calmes, ya vendrá.
Mary puso los ojos en blanco y le desvió la mirada.
Pasaron alrededor de diez minutos y la paciencia de Mary se agotó. Ignorando las protestas de su padrino, camino hacia la parte trasera del escenario, encontrándose para su buena suerte con Mila y Sala, las mejores amigas de su hermano.
− Disculpen – les hablo al acercarse.
− Oh, Mary – le respondió Sala – que alegría verte – dándole un abrazo a la adulta − ¿qué haces aquí?, ¿sucedió algo?
Mila solo le sonrío.
− No, bueno… Estoy buscando a Yuuri, ¿lo has visto?
− ¿Yuuri?
− Si, quedamos de vernos en las gradas cuando la función terminara pero, no llego.
− Que raro – comento – Yuuri hace mucho que se fue.
− ¿Qué?, ¿Saben hacia donde se fue?
− Pues…
− Dijo que necesitaba aire – le contesto Sala – no me pareció nada raro así que, salió del lugar y ya nadie lo ha vuelto a ver.
Mary frunció el ceño.
Aquello le resultaba muy extraño, su hermano le había prometido encontrarlos fuera del escenario pero, se había ido sin decir a donde.
"¿Habrá regresado a casa?" Pensó.
No pudo seguir con sus indagatorias mentales. La figura de Adalberto se acercó, saludando a las menores con un movimiento de su cabeza y dedicándole una sonrisa.
− ¿Encontraste a Yuuri? – pregunto dirigiéndose a Mary.
− No – respondió – al parecer hace mucho que se fue.
Su padrino enarco una ceja.
− ¿Habrá vuelto a casa?
− Quizás pero, ¿Por qué no nos avisó? – Cruzándose de brazos – es extraño.
Ambos adultos se sumergieron en sus pensamientos, buscando una razón por la cual Yuuri se había ido sin decirles nada mientras, Mila y Sala solo se regresaron a ver entre ellas, sin saber que decirles a los adultos respecto al tema.
Durante unos momentos nadie dijo nada hasta que, la voz alegre y jovial de un joven en muletas los llamo, haciéndoles girar la cabeza hacia su dirección.
− ¡Hey!
− ¡Riku! – dijeron Mila y Sala al verlo.
Riku se acercó lentamente hacia donde estaban, sonriéndoles dulcemente.
− ¿Te dejaron salir? – pregunto Mila.
− Si, algo así.
− Riku – le hablo sala a modo de advertencia.
− Quizás, Salí de casa sin permiso… Además, mientras use estas cosas – moviendo una de sus muletas – mi pie estará bien.
Ambas negaron con sus cabezas.
− Pero, ¿interrumpí algo? – pregunto al regresar a ver a los adultos.
− Pues… Digamos que no encontramos a Yuuri – Dijo Sala encogiéndose de hombros.
− ¿Yuuri?
− Si, se fue sin decirles nada – señalando con su cabeza a Mary y Adalberto.
− ¿Es así?, que raro, yo lo vi corriendo hacia un callejón mientras venia.
− ¿Qué? – dijeron todos al unísono.
− Si, mmm… Quise hablarle pero, iba corriendo tan aprisa que no me dio tiempo, era como si algo o alguien lo estuviese persiguiendo por que, por la cara que tenía… No sé, parecía angustiado.
Ambos adultos se regresaron a ver entre ellos. Agradecieron al información brindada y dieron la media vuelta para comenzar a alejarse por el mismo camino por donde habían llegado mientras que, dejaban a tres jóvenes consternados por la situación.
Continuaba corriendo por las calles del reino. Sin importarle a cuantas personas golpeaba en el proceso, ganándose con ello miles de maldiciones por parte de los mismos. En aquel momento no le importaba ni los gritos, su familia o la enorme profecía que colgaba de sus hombros, lo único que deseaba era poder huir del chico que lo seguía persiguiendo desde hace más de veinte minutos y a quien le había confesado sus sentimientos.
Ignoro los gritos que decían su nombre. Ignoro a las personas molestas con las que chocaba cada dos por tres, solo deseaba escapar y Víctor no se la estaba poniendo fácil.
Se detuvo en una calle cuyo semáforo acababa de ponerse en verde. Con dificultad trataba de recuperar el aliento, por muy buena condición física que tuviera, eso no le garantizaba seguir corriendo sin cansarse. En esos momentos deseaba que uno de los tantos dones de los viejos dioses, fuera el tener energía ilimitada, y eso que la suya era bastante alta en comparación a de las personas comunes.
El semáforo comenzó a parpadear, apurando a los transeúntes que debían darse prisa o tendrían que esperar al siguiente cambio para hacerlo. Alzo la vista para verlo, la energía le faltaba, deseaba tanto descansar pero, una voz a los lejos le recordó por que debía seguir corriendo.
− ¡Yuuri!
Regreso a ver hacia atrás y se encontró a Víctor jadeando por la carrera que había hecho al perseguirlo. Sin dudarlo y al verlo a unos cuantos metros lejos de él, continuo su carrera y cruzo justo antes de que el semáforo cambiara a rojo. Impidiendo a los transeúntes que continuaran.
Víctor tuvo que detenerse en donde estaba. Yuuri regreso a verlo antes de negar con su cabeza y continuar su carrera, para la mala suerte del de ojos azules, tuvo que esperar a que el semáforo cambiara nuevamente y así, poder ir tras el azabache.
No sabía dónde estaba, solo supo que dio la vuelta en una esquina, en otra y otra. Conocía el reino como la palma de su mano pero, por la desesperación se había desorientado por completo, lo único que si sabía era que estaba en una calle cuyas escalinatas iban hacia algún lugar. Soltó un largo suspiro y no le quedo de otra que bajar las escaleras hacia donde quiera que estas dieran.
Se abrazó así mismo intentando ahuyentar el frio. Sus pensamientos rememoraban cada segundo lo sucedido con Víctor. El deseo de retroceder el tiempo y callarse las palabras que golpeaban con fuerza su corazón.
"No debí decirle"
Era la frase que se repetía constantemente.
Continuo caminando con el ánimo por los suelos, hasta que sus pasos lo llevaron hacia un pequeño puente que conectaba dos calles y un viejo canal corría debajo del mismo. Se dejó caer de rodillas. Sentía el cuerpo pesado por el cansancio del esfuerzo anterior, su cabeza era un desastre y lo único que deseaba era ir a casa, tirarse en su cama para no salir de ella en un largo tiempo.
Fue tal su pesar que no noto la segunda figura que estaba a unos cuantos metros tras de él. Solo pudo ser consciente de la misma cuando la voz de esa persona le llamo.
−Yuuri.
Se levantó con rapidez, girándose segundos después para encarar al duelo de la misma. Sus ojos se posaron sobre la figura de Víctor quien, se encontraba apoyado con su mano sobre la pared del edificio que estaba a pocos metros del puente.
− Víctor – murmuro dando un paso atrás aun sin salir de su asombro.
El de ojos azules frunció ligeramente el ceño. Su rostro estaba bañado en sudor, tenía algunos mechos de cabello pegados al mismo. Respiraba agitadamente por el esfuerzo pero, aun en ese estado, trago con fuerza y comenzó a caminar hacia donde Yuuri se encontraba.
La incomodidad comenzaba a hacer mella en la cordura de Yuuri. Quería escapar pero sus piernas no le respondían. Con tan solo ver la figura de Víctor, acercándose a él poco a poco, hicieron que sus sentidos se desconectaran y lo único que podía percibir era el suave aroma que provenía de la colonia del mismo.
Cuando logro que sus sentidos se conectaran de nuevo, Víctor ya estaba a menos de cuatro pasos de su persona. Hizo el intento de girarse para salir corriendo pero, la mano de Víctor fue más rápida y lo tomo de su brazo, impidiendo que abandonara el lugar.
Yuuri comienza a jalar su brazo, intentando liberarse del agarre pero, la fuerza con la que Víctor lo sostiene le impide mover su mano. En su desesperación, intenta usar su mano libre pero, la otra mano de Víctor la sujeta, haciéndole imposible separarse.
− ¡Suéltame! – dijo elevando su voz.
− Yuuri, tranquilízate.
− ¡Déjame ir!
− ¡No, hasta que hablemos!
− ¡No tenemos nada de qué hablar! – le respondió con desesperación en su voz – ¡No entiendo que haces aquí, deberías estar con tu novia!
− Ella no…
Gruesas lágrimas comenzaron a caer por el rostro de Yuuri, algo que en un inicio sorprendió a Víctor quien, aun con aquella situación delante de él, no aflojo el agarre sobre las muñecas del menor.
− Yuuri…
− Suéltame… Por favor… − dijo en un susurro que, para Víctor sonaba como una súplica.
La réplica que pensaba decir murió en su garganta. El ambiente comenzó a tornarse frio. El suelo bajo sus pies comenzó a congelarse y, al dirigir su mirada hacia las manos de Yuuri, estas comenzaron a emitir un aura azul y fría. En ese momento se dio cuenta que el azabache estaba perdiendo el control de sus poderes gracias a la desesperación que estaba viviendo.
El frio comenzaba calarle los huesos, su aliento se materializaba en pequeños círculos de humo. Si no hacía algo rápido, corría el riesgo de que ambos se congelaran en ese lugar. Debía pensar en algo que tranquilizara al menor, quien seguía forcejeando con la intención de escapar.
Nada se le ocurría y el hielo comenzaba a extenderse por las paredes de los edificios. Fue en ese momento que una tonta y desesperada idea cruzo sus pensamientos, no estaba seguro si funcionaria, si en vez de tranquilizarlo lo angustiaría mas pero, no tenía otra opción.
Jalo al menor por las muñecas hasta envolverlo con sus brazos. Yuuri por un segundo se tensó pero, segundos después comenzó a forcejear nuevamente. Víctor respiro profundamente, alejo un poco al azabache sin dejar de abrazarlo, contemplo su rosto bañado en lágrimas y, tras pensarlo, lo hizo.
Los ojos de Yuuri se abrieron de par en par por la sorpresa, su cuerpo se paralizo, el aroma de la colonia de Víctor llego a su nariz con fuerza, dejo caer sus manos las cuales perdieron poco a poco el aura fría de hace minutos, el suelo y las paredes lentamente volvieron a su estado anterior y el frente frio que había creado desapareció por completo.
No salía del asombro, ni en sus más locos sueños imagino que eso sucedería. Su corazón palpitaba como loco, no sabía dónde poner las manos, su mente estaba totalmente en blanco y los brazos de Víctor lo estrechaban de forma tal, que sus cuerpos estaban muy pegados, tanto que podía percibir como el corazón del otro palpitaba de la misma forma que el suyo.
Cuando recobro el movimiento en su cuerpo, trato de alejarse de Víctor pero, al tratar de dar un paso atrás, su pie se dobló y ambos cayeron al suelo, quedando el mayor encima de su cuerpo, mientras el brazo del mismo estaba tras su cabeza, protegiéndola del impacto.
Solo en ese momento, los labios de Víctor se separaron de los suyos y, con ello, respiro profundamente, buscando recuperar el aliento tras aquel demandante beso que lo había paralizado por completo.
Sus mejillas estaban teñidas de carmín, las últimas lágrimas caían por sus mejillas y respiraba agitadamente. Para Víctor era el semblante más hermoso que hubiese visto en alguien.
− Yuuri – dijo su nombre con un tono de voz algo ronco.
El no respondió de inmediato solo siguió contemplando el rostro de Víctor.
− ¿Por qué? – Pregunto cuando pudo hacerse al fin con su voz − ¿Por qué me besaste?
− …
− ¿Tanto te desagrado mi confesión que ahora te burlas de mí? – tapándose la cara con sus manos.
El rostro de Víctor mostro su sorpresa. No negaba que un inicio lo hizo porque creyó que era la única forma de tranquilizarlo pero, una vez los labios del menor hicieron contacto con los suyos, el deseo de seguir besándolo se apodero de él. Nunca pensó que Yuuri lo atribuyera a una broma de su parte o a que se estuviese burlando de los sentimientos que este tenía por él.
− Yuuri – lo llamo, tratando de que apartara sus manos y pudiese ver su rostro.
− No.
− Déjame verte.
− No – repitió.
− Yuuri… No te bese por que quisiera burlarme de ti – declaro en un suave susurro.
−…
− Al principio solo busque una forma de que te tranquilizaras… Pero también, deseaba hacerlo.
Esa última frase sorprendió a Yuuri quien, bajo sus manos lentamente, encontrándose con una hermosa sonrisa en el rostro del mayor.
− ¿Qué?
− Era lo único que se me ocurrió para sorprenderte y tranquilizarte.
Yuuri le desvió la mirada.
− Deja de burlarte de mí.
Aquello último hizo que Víctor frunciera el ceño ya que nada de lo que decía parecía convencer al menor. Se levantó del suelo, sacudiendo con sus manos su ropa antes de estirar su mano para que Yuuri la tomara. Este vacilo al inicio pero, tomo la misma y con jalón por parte del mayor, estuvo de pie nuevamente.
− Suéltame – le dijo sin regresar a verle.
Víctor no contesto pero seguía apretando con fuerza la mano del menor.
− Víctor, por favor… Tu prometida te está esperando – jalando su mano hasta que por fin se liberó del agarre.
Al ver que Víctor no planeaba irse, se giró sobre sus pies con la clara intención de irse.
− Tenemos que hablar – hablo Víctor al verlo alejarse.
− No, no tenemos que hacerlo, olvida todo lo que dije, haz de cuenta que no escuchaste nada – dijo sin detenerse.
Pero Víctor no tenía la menor intención de dejar las cosas así, mucho menos cuando aún tenía cosas que aclarar con el menor. Camino rápidamente hasta el azabache y lo abrazo por detrás. Yuuri al verse nuevamente preso por los brazos del mayor, comenzó a forcejear para liberarse del mismo. Víctor al verlo moverse tanto le hizo girarse dentro del abrazo para encarar al menor y, tal como minutos atrás lo había hecho, unión nuevamente sus labios.
Yuuri lo empuja con fuerza, tapándose la boca con la palma de su mano mientras el carmín volvía apoderarse de sus mejillas.
− ¡Deja de jugar conmigo! – Le grito − ¡si no sientes nada por mí, no tienes por qué burlarte de mis sentimientos de esa manera!
− ¡Yo nunca jugaría con los sentimientos de una persona! – Respondió con molestia − ¡Mucho menos besaría a alguien que me es indiferente!
− ¿Qué? – bajo su mano al no comprender lo dicho por el mayor.
Víctor soltó un suspiro. Camino los pocos pasos que los separaba a ambos y le sonrió dulcemente.
− Dame tu mano – solicito.
− ¿Qué?, ¿para qué?
El no respondió y le tendió su mano.
Yuuri la observo unos segundos pero, tras unos segundos accedió y tomo la mano ajena. Con leve giro, la palma de su mano fue llevada hacia el pecho del mayor, pudo percibir lo agitado que se encontraba. Palpitaba sin control alguno, de la misma forma que el suyo lo hacía por la cercanía del otro.
− Tu corazón… Late muy rápido.
− Suele latir de esa forma cuando estoy a tu lado.
Los ojos del menor le indicaron que no comprendía hacia donde quería ir con aquella acción. Sonrió levemente y hablo.
− Me gustas.
Los ojos de Yuuri se abrieron de par en par por la repentina confesión.
− No, esa no es la palabra correcta – bajando la mano del menor para estrecharla con fuerza – Poniéndolo de otra forma… Estoy enamorado de ti – dijo mientras su miraba se suavizaba.
Los labios de Yuuri temblaron, una lagrima cayo por su mejilla, se limpió el rastro de esta con el dorso de su mano libre y agacho la cabeza.
− No… No juegues con eso.
− Nunca lo haría – tomando la otra mano del menor – No podría jugar con los sentimientos de la persona a la amo.
− Pero, tú prometida…
− Es unilateral… Nunca estuve de acuerdo con ese compromiso en primer lugar, todo fue cosa de mi padre.
Con suavidad tomo el rostro del otro y lo volvió a repetir.
− Te amo, Katsuki Yuuri…. Lo que más deseo en este momento, es estar a tu lado – dejando un suave beso sobre los labios del otro antes de volver a retirarse.
El menor trago con fuerza.
− ¿Sabes las consecuencias?, tu padre no estará feliz por esto, no solo estarías rompiendo el compromiso que el arreglo sino, también, estarás a lado de quien considera su enemigo.
Víctor negó con su cabeza sin perder la sonrisa en su rostro.
− No importa, si tu estas a mi lado, puedo enfrentar lo que sea que el destino me ponga enfrente.
El silencio se apodero de ambos. La brisa de la noche comenzó a sentirse nuevamente. Sus pensamientos repasaron una y otra vez las consecuencias que ambos tendrían por ello, una voz en su interior le decía que se negara, que olvidara ese amor que había nacido sin darse cuenta, que en el futuro que le aguardaba no había cabida para un sentimiento como ese pero, la sonrisa en el rostro de Víctor, hizo que esa voz se apagara por completo, haciendo que tomara una decisión.
− Si – contesto en un pequeño susurro.
− ¿Qué?
− Si… Yo también quiero estar contigo – dedicándole una suave sonrisa.
La emoción en el rostro de Víctor era el gesto más bello que nunca había visto, sus ojos brillaban, su sonrisa era deslumbrante, todo parecía un maravilloso sueño del que no quería despertar. Solo cuando los brazos del mayor lo rodearon y lo estrecharon con fuerza, supo que no era un sueño sino, la realidad.
− Yuuri… Te amo.
− Yo también, te amo.
Se alejaron solo un poco para que sus miradas se encontraran, se contemplaron por unos segundos antes de que sus labios volvieran a encontrarse. El beso fue lento y suave. Olvidándose de todo por unos segundos, solo eran ellos dos, amándose, demostrándose con esa simple caricia lo mucho que importaban para el otro.
"No podía permitir que…"
"Eres un monstruo"
"Él es tu…"
"Vas a…."
Los cabellos color plata de la joven mujer, se tiñeron de rojo.
Victor se alejó bruscamente de Yuuri, haciendo que este le regresara a ver con confusión.
− Victor, ¿estás bien?
El no respondió ya que el shock que aquella visión le había provocado seguía presente.
− ¿Victor?
Tras recuperarse del mismo enfoco el rostro de Yuuri, quien lo regresaba a ver con una mirada llena de preocupación. El no contesto, solo se limitó a negar con su cabeza. Acercando a su ahora pareja para estrecharla entre sus brazos y dejar un suave beso sobre su cabeza.
"¿Ella era…?" se preguntó "La mujer que escucho en mis pesadillas… No, no puede ser ella"
Y como si necesitara sentir el apoyo de la persona que estaba en sus brazos, la estrecho con más fuerza, esperando que la sensación de esa inesperada pesadilla se desvaneciera.
Media hora había pasado y no lograba encontrara a Victor.
Había recorrido las calles cercanas pero ninguna mostro indicios de que el príncipe hubiese cruzado las mismas. Lo único que se repetía en cada una, eran las miles de parejas que caminaban tomados de la mano y tomando ponche caliente.
Se detuvo frente a unos pequeños locales llenos de comensales. Soltó un largo suspiro de cansancio y hablo.
− ¿Dónde se habrá metido ese idiota?
Nunca pensó ver en persona aquella escena.
La joven Irina se había ido con los ojos rojos de tanto llorar y Victor había huido del lugar con la excusa de perseguir aquel muchacho que era la causa de todos sus problemas. Siempre supo que su amigo sentía algo por ese plebeyo pero, ni en sus más locos sueños llego a prever que serían así de intensos sus sentimientos por él.
Definitivamente tendría que hablar con él, hacerle entrar en razón y, si la diosa lo favorecía, todo volvería a ser como era antes de la llegada de ese chico.
− Primero debo encontrarlo.
Camino sin rumbo fijo unos minutos más. Observando a cada transeúnte que se cruzaba con él. No supo en que momento una joven chica había cruzado la calle, ni mucho menos noto cuando se acercó tanto a ella que termino chocando con la misma. Por suerte y gracias a sus reflejos, logro tomarla de la mano antes de que cayera al suelo.
− Lo siento mucho – dijo con preocupación – no te vi.
La chica tenía el ceño levemente fruncido cuando lo regreso a ver, indicándole que estaba molesta por lo sucedido y eso se confirmó cuando ella jalo su brazo.
− Esta bien, no pasó nada, si me disculpa – dijo girándose para continuar su camino, comenzando a caminar rápidamente.
− ¿Te encuentras bien? – pregunto antes de que se alejara lo suficiente como para que no le escuchara.
− Eso no es de su incumbencia.
Noel suspiro por la tosca respuesta que recibió.
− ¿Segura que estarás bien?, Ya es algo tarde como para que una chica camine sola.
La chica se detuvo, se giró, dedicándole una afilada mirada que hizo que Noel se tensara.
− Creo que ese tema no le corresponde.
− Lo sé –levantando sus manos en señal de paz y acercándose lentamente – es solo que siempre que veo a alguien en problemas, tengo la necesidad de ayudarle.
− ¿Y qué le dice que YO – señalándose a sí misma – tengo problemas?
Noel finalmente sonrió, deteniéndose a unos cuantos pasos de ella.
− Conozco esa mirada, es de alguien que está preocupada por algo y, por lo que intuyo es algo grave.
Ella desvió la mirada e hizo un pequeño mohín, lo cual indicaba que estaba pensando acerca de responder la declaración o no. Pasaron unos segundos antes de que ella suspirara y hablara.
− Tiene buen ojo – dijo secamente – ciertamente, estoy preocupada pero…
Ella callo de pronto, dejando su mirada fija en un punto. Noel siguió la dirección de la mirada, dándose cuenta que observaba el escudo que estaba impreso en la espada que estaba a su costado. Rápidamente el cerro su abrigo con algo de incomodidad.
− ¿Eres parte de la guarda?
− No.
− ¿Y por qué llevas una espada con el escudo de armas del reino?
Noel desvió la mirada, se suponía que las preguntas las hacia él, ¿en qué momento se invirtieron los papeles?
− ¿No vas a responder?
− ¿Debería?
− Pides que te cuente lo que sucede pero, ¿no eres capaz de responder lo que yo preguntó?
− Tuche – él dijo con una sonrisa – tiene razón, así como yo pido me responda, supongo que debo hacer lo mismo.
Ella asintió.
− No soy parte de la guarda pero, tengo entrenamiento… Trabajo para el rey pero no como uno más de sus soldados soy el… Debo cuidar de alguien.
− Oh, un guarda espaldas – ella aseguró cruzándose de brazos.
− Si, podría decirse que sí.
Ella dibujo una sutil sonrisa.
− ¿Y usted?, ¿Cuál es el motivo por el cual esta tan preocupada?
La chica dudo en responderle pero, el joven frente suyo le había respondido y, por su actitud, parecía ser alguien honesto por lo que, tras pensarlo le contesto.
− Busco a mi hermano – aseguro bajando la mirada.
− ¿Se perdió?
− No, al parecer tuvo un problema y… solo estoy angustiada por lo que sea que le haya pasado.
− Ya veo.
Ambos guardaron silencio, sin saber que más decir para mantener la conversación. Pasaron unos segundos antes de que la voz de la chica rompiera el silencio.
− Debo retirarme y continuar mi búsqueda.
Estaba por girarse cuando el brazo de Noel la detuvo. Ella frunció el ceño.
− Disculpa – soltándola – es solo que, no creo prudente que vayas sola, ya es muy tarde.
− Se cuidarme.
− Eso veo pero, ¿no es mejor que dos personas busquen algo perdido?, quizás lo encuentres más rápido así además.
− ¿Estas pidiendo acompañarme?
− Más bien ayudarte además, mientras lo hago seguiré con mi propia búsqueda.
− ¿Búsqueda?
− No eres la única que está buscando a una persona perdida.
− ¿Es a quien cuidas?
− Algo así.
Ella volvió a callar, pensando si era buena idea aceptar su propuesta. No conocía al joven, era un soldado al servicio de Demian –aunque este negara serlo− así que, ¿qué tan seguro era llevarlo consigo mientras buscaba a su hermano?
Además, le había prometido a su padrino volver con su hermano sin contratiempos. Obtener ayuda de un completo extraño no estaba en sus planes pero, el chico tenía razón en algo, era muy tarde y, tras la marcha de su tío hacia sus rondas fuera del reino, estaba sola en la búsqueda de su familiar.
− ¿Que decides?, ¿te acompaño?
Las preguntas del joven la trajeron de nuevo a la realidad.
− Bueno, no niego que tienes razón, dos personas son mejores cuando se trata de buscar a alguien.
Noel sonrió.
− Pero, ni siquiera se su nombre como para que lo deje acompañarme.
El parpadeo dándose cuenta de ese detalle.
− Eso tiene arreglo – extendió su mano – Mi nombre es Noel, ¿puedo saber el suyo?
− Mary… Me llamo Mary – tomando la mano del otro mientras sus ojos se conectaban unos segundos.
− Y… ¿Por dónde quieres comenzar a buscar? – pregunto soltando su mano.
Ella simplemente le sonrió.
Caminaban tranquilamente por las calles del reino. No les importaba el frio del ambiente que calaba sus huesos, solo les importaba sus sentimientos así como el calor que sus manos unidas les transmitían. Habían pasado solo unos minutos desde que se confesaron mutuamente, pero la emoción que vivieron al hacerlo y tras compartir aquellos besos –aunque dos de ellos fueron robados por el mayor− no se comparaba con nada que hubiesen sentido antes.
Yuuri continuaba con las mejillas encendidas. Aun no podía creer lo que estaba sucediendo. Todo parecía un hermoso sueño, uno donde la persona que amaba le correspondía y donde su deseo de permanecer juntos era reciproco.
"No puedo creerlo… Victor y yo…" pensó para sus adentros, recordando una y otra vez el momento en el que Victor le dijo que le amaba.
Apretó un poco más el agarre de sus manos por la dicha que estaba sintiendo. Acto que logro captar la atención de Victor quien, al ver el sonrojo en el rostro de Yuuri, no pudo evitar pensar que nunca se cansaría de ver ese hermoso rostro lleno de vergüenza.
− ¿Todo bien? – le pregunto mientras caminaban.
− ¿Ha? – sobresaltándose por la preguntando – Si… Si todo bien – regalándole una sonrisa.
Victor le devolvió la sonrisa y continúo caminando.
No hubo más palabras, solo necesitaban el calor de sus manos para decirse todo. Yuuri soltó un suspiro de alivio al sentir que por un segundo sus problemas no existían. Metió su mano libre dentro del bolsillo de su pantalón, cuando se percató de la pequeña cajita que había escondido de su familia.
"Los anillos… Lo había olvidado" se dijo mientras apretaba la cajita con fuerza.
El detiene sus pasos haciendo que Victor lo haga. Con preocupación se gira para encarar al menor.
− ¿Yuuri? – su voz mostraba preocupación.
El azabache no contesto. Simplemente regreso a ver a todas partes, verificando que nadie los estuviera viendo. El regreso a ver el rostro del mayor con las mejillas encendidas mientras este último enarcaba una ceja al no comprender su comportamiento.
− ¿Sucede algo? – volvió a preguntar.
Yuuri apretó con fuerza el agarre de sus manos.
− Ven conmigo – le dijo comenzando a correr mientras jalaba a Victor de la mano.
Ambos corrieron por las calles. Ignorando a todo aquel que chocaba con ellos. Solo se detuvieron cuando llegaron a un lugar que Yuuri conocía perfectamente. La vieja capilla donde alguna vez el padre Ignis profeso la fe de la diosa o, donde fingía hacerlo. La misma estaba adornada con pequeñas luces color blancas y las puertas estaban cerradas. Durante la navidad nadie acudía a la mimas, puesta que estaban ocupados celebrando la festividad y profesando su fe en familia, siendo el día siguiente la fecha cuando la mayoría del reino se congregaba en las diferentes capillas que había alrededor del reino para agradecer a la diosa.
Ambos se encontraban agitados por la carrera, comenzando a buscar a aire para recuperarse. Yuuri giro en varias direcciones para cerciorarse que no había nadie en el lugar y, cuando ambos recuperaron el aliento, dirigió su vista hacia el rostro de Victor.
− ¿Estas bien? – le pregunto.
− Si – respondido Yuuri.
− ¿Seguro? – pregunto nuevamente no muy convencido.
− Sí.
− ¿Entonces?, ¿Por qué nos trajiste aquí?, ¿acaso quieres rezarle a la diosa?
− No, no es nada de eso.
Victor enarco una ceja al no comprender el comportamiento del menor.
Con fuerza apretó la cajita dentro de su chamarra, sus mejillas comenzaron a arder con más fuerza por lo que estaba a punto de hacer. Respiro profundamente en varias ocasiones para darse valor y, cuando creyó que ya era el momento, saco la cajita del interior de su ropa, se la extendió al mayor, quien abrió los ojos por la sorpresa.
− ¡Feliz cumpleaños! – dijo con un tono de voz algo alto y con los ojos cerrados.
Victor no dijo nada, tomo la pequeña cajita para abrirla, sonriendo dulcemente al ver el interior de la misma.
− ¿No es muy pronto para que nos casemos? – pregunto a modo de broma.
− ¡No es nada de eso! – Sonrojándose furiosamente y moviendo sus manos con rapidez – Es… Es por tu cumpleaños y… y… Para que ambos recordemos la promesa que hicimos – desviando la mirada por los nervios.
Victor soltó una ligera risa al ver lo nervioso que estaba el menor. Tomo los anillos y guardo la cajita dentro de su propio abrigo, para acercarse a Yuuri y tomar su mano.
− Yuuri – el azabache regreso a verlo con las mejillas encendidas – desde que nos conocimos, hemos pasado por cientos de cosas que terminaron acercándonos de formas que jamás creímos posibles.
El menor asintió.
− Hemos enfrentado las dificultades que nuestro encuentro ha generado, nunca nos rendimos, permanecimos fieles a esos ideales y eso nos trajo hasta aquí.
− …
− Es por ello que si importar lo que suceda, cumpliremos la promesa que hicimos tiempo atrás pero, además… Te hago otra promesa que también pienso cumplir.
− Victor…
− Sin importar las dificultades que nuestra relación nos traiga, siempre estaré a tu lado − deslizando el anillo en el dedo anular de Yuuri.
Los ojos de Yuuri parecieron brillar cuando escucho las últimas palabras del mayor quien, le extendió el otro anillo. Cuando comprendió el porqué de ello, trago con fuerza, lo tomo con los nervios recorriéndole el cuerpo e imito las acciones de Victor, dejando que el pequeño anillo, se deslizara en el dedo anular del mismo.
Se tomaron las manos, sus ojos se encontraron y sonrieron dulcemente.
Un sonido en el cielo capto su atención. Bellos colores comenzaron a adornarlo. Los fuegos artificiales comenzaron a maravillar a todo mundo, haciéndoles sonreír por ello.
− Vaya, tenía la creencia que mi padre no los lanzaría este año.
− ¿Por qué?
− Siempre lo hacía por mi fiesta de cumpleaños pero, como este año les comente que no quería fiesta, supuse que los suspenderían también.
− Bueno, puedes tomarlo como un regalo de su parte.
Victor solo le dedico una mirada comprensiva. Paso sus manos por la cintura del menor para acercarlo más y dejar que sus cuerpos quedaran pegados. Yuuri le sonrió, sonrojándose por la cercanía.
− Yuuri, no hay mejor regalo de cumpleaños, que tenerte a mi lado.
− Victor.
No hubo necesidad de palabras, acercaron sus rostros hasta que sus labios se encontraron nuevamente, mientras el cielo se pintaba de miles de colores.
Tanto Mary como Noel continuaron su búsqueda por las calles del reino. Durante su trayecto, comenzaron a hablar de cosas triviales referidas a sus vidas personales, omitiendo claro, las cosas que creyeron no debían revelarse ya que, aun cuando había un aire que hacía que confiaran en el otro, no sabían si podían contarles esos secretos.
− Así que huérfanos, ¿he?
− Si, nuestros padres murieron en…Un accidente de auto – dijo este último con dificultad, ya que la verdadera razón era todo menos un accidente.
− Debió ser difícil seguir tu vida, sobre todo con un hermano tan pequeño a tu lado.
− Bueno, no niego que lo fue pero, teníamos a mi padrino, él nos ha apoyado durante todo el camino.
− Debe quererlos mucho, hacerse cargo de dos niños y seguir a su lado actualmente, no cualquier hombre lo hace.
− ¿Estás diciendo que tu no serias capaz de criar a los hijos de alguien más? – Pregunto con diversión − ¿crees que serias mal padre?
Él se sonrojo ligeramente.
− No, no lo decía por eso, simplemente digo que cuidar de dos niños es una enorme responsabilidad, no cualquier persona, sea hombre o mujer está preparado para ello… Pero sin duda es uno de los retos más hermosos que existen.
Mary solo negó con su cabeza sin dejar de sonreír.
− Pero, ¿te confieso algo?
Ella asintió.
− Te entiendo perfectamente… El sentimiento.
Mary enarco una ceja al no comprender.
− Yo también soy huérfano – dijo en un susurro – mis padres murieron en un ataque cadente.
− Como la mayoría de los huérfanos del reino.
El asintió.
− Pero, en mi caso, tuve la fortuna de no terminar en un orfanato – sonriendo ligeramente – mis padres eran muy buenos amigo de mi maestro así que, cuando se enteró de lo sucedido, me busco…
− ¿Cuántos años tenías?
− Mmm… No lo recuerdo, ¿seis, siete?... No lo sé… No me gusta recordarlo mucho.
− Entiendo.
− Por eso entiendo lo que sientes, pase por lo mismo, tuvimos la suerte de contar con personas que se hicieron cargo de ambos.
− Tienes razón.
Continuaron charlando unos minutos más mientras seguían con la búsqueda. Hablaron de todo, sus trabajos – lo general sin revelar nada importante− sus aficiones y las razones – omitiendo algunos hechos− por las cuales estaban metidos en ese problema.
− Ya veo, así que tu… Protegido salió corriendo tras alguien más.
− Si, le he dicho que deje de verle pero no entiende.
− Quizás se enamoró.
− No lo digas ni en broma.
− ¿Eso sería malo? – riendo brevemente.
El no contesto de inmediato. Le desvió la mirada mientras un ligero sonrojo apareció en sus mejillas ya que, por alguna extraña razón, ver reír a la joven le hacía sentirse un tanto extraño a tal punto que no lograba identificar lo que estaba sintiendo.
− …
− Quizás – fue su respuesta – ¿Y tú hermano?, ¿tienes alguna idea del por qué estaba tan angustiado? – pregunto cambiando el tema.
Mary sonrió, comprendiendo que el joven no quería seguir esa dirección en la conversación.
− No, solo se lo que su amigo dijo, lo vio corriendo con cara de espanto… así que por ello lo busco, si tiene algún problema le ayudare a solucionarlo.
− Ya veo.
Siguieron con su búsqueda.
Llegaron a una pequeña zona llena de puestos ambulantes, le dieron una rápida mirada antes de caminar hacia un callejón y seguir el camino del mismo. Llegaron a una plaza que Mary conocía, a lo lejos podía divisar la vieja capilla del retirado padre Ignis. Entrecerró los ojos y diviso a dos personas que, por lo lejos no podía identificar.
− Parece que hay personas aqui – dijo Mary.
− Si, eso parece… Vamos a ver, quizás ellos vieron a tu hermano o a… Mi protegido.
Ella rio, asintió y siguió el camino.
Conforme se fueron a cercando, las siluetas de las dos personas se comenzó a hacer más nítida. Una vez pudieron ver quiénes eran, sus ojos se abrieron de golpe al identificarlos finalmente.
− No es cierto… − Hablo Mary.
− El…
Abrieron la boca en varias ocasiones por la sorpresa pero ningún sonido salió de las mismas. Les tomo unos segundos recomponerse de la impresión. Fruncieron el ceño y, sin importarles nada, gritaron.
− ¡Yuuri!
− ¡Víctor!
/
Ambos se separaron bruscamente al escuchar los gritos tras de ellos. Sus ojos se agrandaron al ver a los dueños de las voces. No podían creer lo que veían, ¿de todas las personas que existían, justamente ellos debían encontrarlos besándose frente a una capilla? La diosa definitivamente les taba gastando una broma de mal gusto.
Ninguno de los dos dijo nada, solo se separaron lo suficiente para encararlos. Notaron como Mary Y Noel se alejaron varios pasos. Frunciendo el ceño como si el otro les hubiese hecho algo imperdonable.
− ¿Lo conoces? – le pregunto Mary.
− Eso debería preguntarlo yo – le respondió bruscamente.
Se observaron con el ceño fruncido unos segundos antes de regresar a ver a Yuuri y Víctor, quienes aún no salían del asombro. Víctor trago con fuerza y, hablo en voz baja, la suficiente como para que solo su pareja le escuchara.
− Yuuri, ¿ella es…?
− Mi hermana – le respondió – supongo que ese chico es Noel, ¿no?
− Supones bien.
Los nervios comenzaron a asaltar a Yuuri. ¿Cómo era posible que después de sentirse la persona más feliz del mundo ahora sentía un miedo atroz?, en el reino había más de dos millones de personas, ¿Por qué ellos precisamente?, definitivamente tenía la peor suerte en el mundo. Su cuerpo tembló ligeramente. Hecho que no pasó desapercibido por Víctor, quien tomo su mano, tratando de tranquilizarlo.
Mary al ver aquella acción, se enfureció a un más y le grito a su hermano.
− ¡¿Qué carajos crees que estás haciendo?!
Su hermano no le respondió, solo bajo la mirada, como si se tratara de un pequeño niño que había hecho una travesura y no se veía capaz de afrontar el regaño. Víctor al notarlo, apretó aún más el agarre, enviándole un poco de seguridad a su pareja. Yuuri trago con fuerza y levanto la vista.
− No… No estábamos haciendo nada malo – respondió con algo de miedo.
Su hermana apretó sus manos hasta volverlas puños y le respondió.
− ¡¿Sabes quién es él?! – Pregunto con furia − ¡¿Lo sabes?!
− Si, lo sé.
− ¡¿Y aun así te metiste con e?! ¡¿Sabiendo quién es su jodido padre?! – elevando su voz a un tono a un mayor.
− Lo se… Siempre lo he sabido.
Ella se estaba conteniendo, él lo sabía. Conocía perfectamente su hermana, la furia que estaba sintiendo estaba elevándose conforme hablaban y, temía, que no culminara nada bien.
− Dime algo… ¿Él fue la razón de tu desaparición?
Yuuri no respondió.
− ¿Fue por el que te fuiste y cuando regresaste, no quisiste decir dónde o con quien estabas?
Él le desvió la mirada y fue toda la respuesta que necesito.
La temperatura comenzó a descender rápidamente, hecho que Yuuri capto de inmediato. Definitivamente aquello no era producto de sus poderes, estaba nervioso no lo negaba pero, no lo suficiente como para que perdiera el control de los mismos. Giro su cabeza para ver a su pareja y noto que cada que respiraba una nube de humo salía de su boca al igual que la del chico que estaba a unos pasos de su hermana, quien por el gesto que estaba haciendo, se encontraba igual o más confundido que ellos.
El regreso a verla, y bajo la vista para ver sus manos. Estas emitían un aura azul que él conocía perfectamente. Aquello le indico que lo que estaba pasando era culpa de su hermana, las fuertes emociones que estaba experimentando, estaban provocando el descenso de la temperatura en el ambiente.
Recordó en ese momento lo sucedido con su tío. Si no lograba hacerla entrar en razón y se tranquilizaba, quizás Noel y Víctor correrían con la misma suerte que su familiar.
Con calma soltó la mano de Víctor, ganándose una mirada llena de confusión por parte de este. Yuuri le regreso a ver y le sonrió, Víctor soltó un suspiro, dejando que Yuuri diera dos pasos al frente con las manos levantadas.
− Hermana… Lo mejor es ir a casa y hablar ahí de esto.
− ¡¿Hablar?! – Le grito − ¡¿De qué quieres hablar?! ¡¿De qué te metiste con nuestro enemigo?!
− Víctor no es…
− ¡Es el hijo del hombre que mató a nuestros padres!
El suelo se congelo rápidamente, atrapando a Noel y Víctor en el proceso.
− Esto es… − dijo Noel con sorpresa.
"No sabía que la hermana de Yuuri tenía sus mismos poderes" pensó Víctor.
Ambos trataron de zafarse del hielo que los mantenía plantados donde estaban parados pero, les fue imposible romperlo. Yuuri apretó los dientes, la situación se estaba saliendo de control, las emociones de su hermana se estaban desbordando.
− ¡¿Cómo pudiste?! – le volvió a gritar – De todas las personas, ¿Por qué el?
− Eso no es asunto tuyo… − le respondió en voz baja – Mary, escucha…
− ¡No!
Mary cerró sus ojos, su cuerpo tembló brevemente. Varios picos de hielo comenzaron a formarse en el cielo, formando un enorme domo encima de ellos. El miedo recorrió el cuerpo de Yuuri, sabía lo que esos picos podían provocar. Ya lo había vivido en carne propia cuando venció a aquel cadente en Kilika, un trozo de hielo que utilizo para eliminarla se había incrustado en su cuerpo y casi lo mata –aunque a esto último se le había agregado el encuentro con Ardyn− si esos picos caían al suelo, Víctor y Noel saldrían heridos.
Sabía lo que tenía que hacer pero, no quería lastimar a su hermana. Aunque la enfrentara usando sus poderes para hacerle retroceder, corría el riesgo no solo de lastimarla gravemente, también estaba el hecho de que, quizás, los picos de hielo no se deshicieran y cayeran sobre de ellos.
Si los usaba para protegerlos, su hermana en ese estado podría atacarlos mientras trataba de salvarlos y el final sería le mismo ya que no se vía capaz de regresarle el ataque.
¿Qué se supone que debía hacer? Una gota de sudor recorrió su rostro.
− Mary… Por favor – trato nuevamente de razonar con ella − vamos a casa.
Ella le dedico una mirada llena de furia.
Y los siguiente que supo fue como los picos comenzaron a caer sobre ellos.
El tiempo pareció ir más lento de lo usual.
Yuuri observo como los picos caían desde el cielo sin intención de detenerse. No sabía qué hacer. Proteger a Víctor y Noel o atacar a su hermana para, en el mejor de los casos, los picos se deshicieran antes de llegar a su destino.
"No… Por favor… No…" fueron sus pensamientos mientras sentía como el tiempo comenzaba a ir más lento "No quiero lastimarla… Pero tampoco puedo dejar que a ellos les pase nada"
Los picos se acercaban peligrosamente y no tomaba ninguna decisión.
"Por favor…"
Cerro sus ojos y se llevó las manos a su cabeza en un intento encontrar una solución. La desesperación recorría sus venas como si fuera fuego que le quemaba por dentro. No tenía una solución. Tenía miedo.
"Necesitas ayuda"
Abrió sus ojos de golpe. El espacio donde se encontraba estaba totalmente oscuro. No había sonido ni color. Era como si hubiese sido transportado hacia lugar donde no había nada más que oscuridad.
− ¿Dónde…?
"Parece que necesitas ayuda, ¿o me equivoco, entronado?"
− Esa voz… − girándose rápidamente para ver a la persona dueña de la misma.
Oh, ¿no me digas que te has olvidado tan rápido de mí?, ¿quizás debo intentar matarte para que me recuerdes? – riendo levemente.
− ¿Lamu?, ¿Qué…?
"Pediste ayuda, ¿no?"
− Yo… − recordando rápidamente lo sucedido − ¡Víctor, Noel, mi hermana!
Lamu levanto una de sus manos para evitar que siguiera hablando.
"Tranquilo, aun estas a tiempo… Digamos que, estamos en un espacio donde el tiempo no transcurre… No aun"
− Pero… Ellos… Tengo que salvarles, pero… Mi hermana…
"Estas en una encrucijada" declaro "salvarles a ellos pero con el riesgo que tu hermana arremeta mientras lo haces o, herirla con el fin de detener el ataque aunque no garantiza que lo haga"
− Conmigo ha funcionado…
"Si, pero tu controlas tus poderes, ellos están ligados cien por ciento a ti… tu hermana a penas los despertó por lo que no están conectados del todo a ella así que, un ataque directo no garantiza que el mismo se cancele"
− Entonces, ¿Qué hago?
− Yuuri… ¿Sabes los efectos de tu poder congelante?
− ¿Efectos? – Pregunto confundido – Yo… Sí, eso creo…
Lamu no contesto y Yuuri prosiguió.
− Puedo, congelar lo que esté a mi alrededor, bajar la temperatura, congelar incluso a las personas…
"Exacto… Puedes congelar incluso a los seres vivos y mantenerlo en ese estado por mucho tiempo pero, ¿Qué pasa si reciben un golpe mientras están en esa situación?"
− Pues… Se rompen en pedazos – recordando lo sucedido con su tío – mueren… Hechos fragmentos.
"Es por ello que cada rey Katsuki que tuvo este poder, se le aconsejo jamás usarlo para inmovilizar a otro ser humano"
− Pero… Yo lo he hecho…
"Has tenido suerte que ningún humano haya muerto de esa forma, no digo que no lo uses, en momentos críticos, cuando no hay otra situación, es inevitable"
− ¿Y qué hago?, si los uso para detenerla quizás la mate pero si los protejo, ella quizás los mate – llevándose las manos al rostro por la desesperación.
Lamu sonrió y le extendió su mano.
"Necesitas un elemento capaz de inmovilizar sin que este cause la muerte y pueda generar un campo lo suficientemente grande para evitar que esos picos caigan al suelo"
Yuuri bajos sus manos y observo la mano que le era extendida.
"Estamos aquí, a tu lado… Nuestros poderes son tuyos, no lo olvides"
Yuuri observo con detenimiento la mano del viejo dios. Pequeños rayos emanaron de la misma. El regreso a ver el rostro de Lamu. Asintió y tomo la mano que le era ofrecida.
Cuando sus ojos se abrieron de nuevo estos se iluminaron por completo, pequeñas chismas emanaron de los mismos. Sus manos se electrificaron. Aquella electricidad recorrió su ser. Su cuerpo se ilumino por completo y con un grito dejo escapar aquella fuerte energía eléctrica que había nacido de los más profundo de su ser.
Los rayos electrificaron el lugar.
Mary cayó al suelo paralizada por la misma, siendo seguida por Víctor Y Noel, quienes cayeron al suelo una vez el hielo se vio fragmentado por la descarga.
La electricidad se dirigió al cielo, creando una barrera que se vio impactada por los picos de hielo, que se desintegraron uno a uno por la colisión. Lo único que cayó del cielo fueron pequeños fragmentos de hielo que no eran dañinos para ningún de los presentes.
Yuuri respiro agitadamente. Cuando la energía comenzó a disiparse, el cansancio comenzó a hacerse presente en su cuerpo. Sus ojos perdieron aquel brillo y regresaron a ser los mismos de siempre.
Su hermana, Víctor y Noel emitieron gemidos de dolor por el impacto, levantándose con dificultad hasta quedar totalmente erguidos. Sus miradas regresaron a ver al azabache quien cayó de rodillas tras unos segundos.
Víctor corrió a su lado ignorando su propio dolor y se colocó a su lado.
− ¿Estas bien?
El asintió.
− Solo es cansancio.
− No sabía que también manejabas el rayo – dijo tratando de sonar divertido.
− ¿Ese fue un intento de broma? – Pregunto – no creo que la situación necesite de ellas.
Víctor le sonrió.
− Pero… Yo tampoco lo sabía.
Con ayuda de su pareja, poco a poco se fue levantando hasta quedar nuevamente en pie.
− Yuuri.
La voz de su hermana le hizo dirigir su vista nuevamente hacia donde esta se encontraba. Soltó un largo suspiro. Se alegraba de que su hermana se tranquilizara pero, sabía que mientras continuaran en ese lugar, a lado de Víctor y su guardaespaldas, la situación volvería a ser la misma. No se veía capaz de hacer uso de ese poder nuevamente, aun le era nuevo el hecho de tener a los viejos dioses de su lado, así que no creía prudente volver a rogarles por ayuda. Bastante ya había hecho Lamu al prestarle su don.
Con pesar se separó de Víctor, acaricio su mejilla y le dedico una sonrisa.
− Tengo que irme.
− Pero…
El negó con su cabeza.
− Los poderes de mi hermana son inestables – confeso – no creo ser capaz de contenerla nuevamente así que, lo mejor es que vaya a casa y hable con ella.
− Entiendo – bajo la mirada con pesar. Sabía que Yuuri tenía razón y que debía irse pero, la despedida, ahora que por fin habían aclarado las cosas entre ellos, le sabía amarga.
Yuuri comprendió la tristeza de su pareja y tomo su rostro con sus dos manos.
− No te preocupes, cuando arregle esto, te llamare.
− ¿Esta noche?
− Hare lo que pueda pero, si no logro hacerlo, mañana sin falta te estaré llamando.
− Vale – sonriéndole dulcemente – esperare tu llamada.
− Mmm…
Sin importarles que tanto Mary como Noel estuvieran observando, unieron sus labios en un dulce beso, el cual se rompió tan rápido como había iniciado. Algo que los entristeció pero, no tenia de otra.
Yuuri comenzó a alejarse lentamente.
Cuando estuvo frente a su hermana esta estaba claramente enfadada por no decir furiosa. Con fuerza tomo el brazo de su hermano menor y comenzó a jalar del mismo para que caminara con ella, hasta que ambos se perdieron por el mismo callejón por donde la segunda había llegado.
Víctor soltó un largo suspiro. Despedir a su reciente novio de aquella forma nunca fue lo que había esperado pero, teniendo las vidas que ambos mantenían, no era sorpresa.
Se giró sobre sus talones solo para encontrarse con la mirada acusatoria de Noel, quien estaba cruzado de brazos, con la clara intención de obtener una buena explicación respecto a lo sucedido.
− ¿Qué excusa vas a darme esta vez?
Víctor trago con fuerza.
つづく/ Continuara...
Finalmente he terminado este mini arco, por fin el Victuri es Canon \(*−*)/
En mi Fanfic claro, es canon en el anime, ya saben jajaja
En fin, ¿qué les pareció? ¿Les gusto? ¿Esperaban algo más?
En algún punto se iban a dar cuenta que Yuuri tenía algo que ver con Victor, digo, esas escapadas eran extrañas jajá
¿Extrañaron a algún personaje?
Pensaba Incluir a Seung y Phichit pero, al final lo deje por que planee otra escena en otro capítulo con ellos dos así que, elimine lo planeado en este.
¿Extrañaron al rey? xD
Sin más, me despido.
¡Nos vemos!
