.
CAPITULO XXX
カウントダウン
Cuenta Regresiva
− PARTE II −
El reloj es una bomba de tiempo, de más o menos tiempo.− Ramón Gómez De La Serna
− 28 de Diciembre –
Sus pasos resonaron por todo el pasillo.
Tras el desayuno y un incómodo ambiente gracias a los hechos de días anteriores, se había recluido en la biblioteca, con la firme intención de investigar más acerca del pasado de su familia y los Katsuki. Sabía que si tenía alguna duda podría preguntarle a su novio pero, no estaba tan seguro de que este le respondiera todo, aun cuando había confianza mutua, algunos secretos familiares eran difíciles de contar.
Sobre todo si estos trataban de una familia cuyos poderes provenían de una antigua diosa y un místico cristal.
La leyenda de la diosa Etro era conocida por todos. Una hermosa diosa encargada de velar por la tierra, purificando las almas para su futura reencarnación, se había enternecido por los humanos y, en pos de ayudarles tras la aparición del germen de la oscuridad, entrego su cristal sagrado a los Katsuki, con el fin de que ellos protegieran el mundo mientras ella se recuperaba y, cuando ella volviera a despertar, terminara la tarea.
Una hermosa leyenda que por alguna razón le intrigaba. No había muchos escritos sobre ello más allá de los dados por la religión erigida a ella. No había forma de comprobar si era cierta o un simple mito, Uno que por alguna razón le inquietaba en sobre manera, como si algo en su interior le dijera que investigara más a fondo.
Por ello, paso toda la tarde tratando de buscar algo que le quitara esa inquietud pero como siempre, la búsqueda resulto inútil.
Lo único que podía hacer, era preguntarle a su novio, aunque no estaba seguro de ello pero, no tenía nada que perder con ello.
Detuvo sus pasos cuando noto como su madrastra e Irina caminaban por el pasillo y, tras unos cuantos pasos, se detuvieron frente a él.
− Victor ¿qué haces aquí? – Pregunto la reina – creí que saldrías con Noel.
− Si, pero, al final me quede en la biblioteca, retome la lectura que tenía pendiente – mintió mientras dibujaba una sonrisa.
− Oh, ya veo.
Un incomodó silencio se instaló en el ambiente. Victor dirigió su vista hacia el rostro de la pelirroja quien, al notarlo, desvió la mirada intentando evitar contacto con la del príncipe. Aún estaba reciente los hechos del día de navidad, por lo que, la joven lo había estado evitando constantemente por ello.
− Irina – la llamo por su nombre, hecho que sobresalto a la misma – desearía poder hablar con usted.
− …
− Es necesario.
− Yo… − apretó con fuerza la tela de su vestido y tembló ligeramente.
− Irina, querida – la reina la llamo − ¿qué sucede?
− Yo… Lo siento pero, no puedo… No aun – dijo dejando escapar una lágrima.
Dio la media vuelta y salió corriendo del lugar, dejando sorprendidos tanto a la reina como a Victor por su abrupta acción.
Victor dejo escapar un largo suspiro, uno que no pasó inadvertido por su madrastra.
− Sé que aunque pregunte no me darás respuesta – aseguro, captando la atención de su hijastro – y temo que será lo mismo con la joven Irina.
Victor desvió la mirada.
− No sé qué sucedió entre ustedes dos pero, por lo poco que vi debió ser algo grave.
− …
− Así que no preguntare.
La reina sonrió débilmente y poso sus manos sobre los hombros del más joven.
− Cual sea que fue el problema que surgió, debes darle tiempo.
Su hijastro regreso a verla.
− Necesita su espacio, cuando se sienta mejor ella misma decidirá hablar contigo por ahora, no la presiones, ¿sí?
El solo asintió y le devolvió la sonrisa.
− Muy bien – alejo sus manos de los hombros ajenos – iré a buscarla, quizás no quiera hablar del tema pero quizás le ayude tener compañía.
Le dedico una última sonrisa antes de girarse sobre sus talones y alejarse de su hijastro.
El, por su parte, lamentaba lo ocurrido ya que, aun se sentía muy mal por haberle roto el corazón.
− 29 de Diciembre –
Ninguno de los dos podía borrar la enorme sonrisa que había en sus rostros.
Pasaban de las once cuando habían iniciado la conversación vía video llamada y, por la interesante que estaba la misma dudaban en culminarla pronto, no es como si les importase mucho en realidad.
Habían pasado cuatro días desde que finalmente se volvieron una pareja pero, por todo lo ocurrido, ninguno de los dos había podido encontrar unos momentos para verse en persona por lo que, debían conformarse con video llamadas a mitad de la madrugada.
− ¿Tu hermana aun te mantiene en toque de queda? – pregunto Victor.
− Ni me lo recuerdes – escondiendo su cabeza sobre la almohada – aun cuando logre convencer a los aliados sobre nuestra relación, ella continua desconfiando, incluso le pidió a Phichit que me vigilara.
− ¿No es tu mejor amigo y quien siempre te apoya en todo?
− Ella no lo sabe, piensa que Phichit esta tan metido con la causa que no se imagina que el suele apoyarme… Incluso si deseo hacer algo que es arriesgado.
− Pero no puede ayudarte para escaparte.
El soltó un largo suspiro.
− Mi hermana estableció horarios, así que Phichit debe traerme a esas horas… No necesito niñera se cuidarme solo.
− Lo mismo pensé cuando asignaron a Noel como mi guardaespaldas.
− ¿Te molesto?
− Al inicio sí, no entendía las razones de mi padre para ello, puedo defenderme solo pero, conforme paso el tiempo me di cuenta que no era tan mala idea, mientras Noel estuviese a mi lado, podría escabullirme y el inventaría cualquier cosa para protegerme, ya sea de una lucha o el castigo de mi padre.
− Suena más a un chivo expiatorio que aun guardaespaldas.
− ¿Cómo osas decir eso?, es mi mejor amigo y él sabe que yo haría lo mismo por él.
− Claro, claro.
− ¡Yuuri!
Ambos comenzaron a reír, evitando alzar la voz para que nadie escuchara que seguían despiertos.
− Victor.
− Mmm…
− ¿Tienes planes para pasado mañana?
− ¿Pasado mañana? – pregunto haciendo memoria sobre lo que había en su agenda −No, solo tendré una reunión con el maestro Ballad por los nuevos reclutas pero, fuera de ahí… Estoy libre, ¿Por qué?
− Es que… Phichit tendrá una… Bueno, tiene un compromiso y, pues… Se supone que ese compromiso es conmigo, ya que iremos al cine y a comer.
Victor frunció el ceño al no comprender.
− O al menos eso piensa mi hermana.
− Espera… ¿Me estás diciendo que le van a mentir a tu hermana? – riendo ligeramente.
− No es mentirle, ambos saldremos pero… El compromiso no es entre nosotros.
− Déjame ver si entendí, tu mejor amigo tiene una cita con alguien y tú aprovecharas el momento para que nos veamos.
Yuuri asintió.
− ¿Que dices?
− ¿Que digo? – Sonriendo con picardía – Digo que me he vuelto una muy mala influencia para mi cerdito.
− ¡No me digas así! – sonrojándose y cubriendo su cara con ambas manos.
− Oh, no te avergüences, eres el cerdito más adorable que he visto.
− ¡Victor!
− Vale, vale… ¿Entonces?
− ¿Entonces qué?
− ¿Nos veremos pasado mañana?
Yuuri sonrió ampliamente y asintió con emoción.
Con cuidado deposito el pequeño cuerpo de su hija Axel dentro de la enorme cuna, dejándola alado de sus dos hermanas. Las tres bebes dormían plácidamente, ajenas a su alrededor y a los problemas que su madre tenía que afrontar.
− Como me gustaría poder tener más tiempo – susurro Yuuko dejando que una lagrima cayera por su mejilla.
− Podrías tenerlo – dijo su esposo, entrando a la habitación – Podrías hablar con Freya, decirle que no quieres hacerlo – colocándose a su lado.
− ¿Me estas pidiendo que abandone la misión que Bahamut me encomendó? – Limpiándose el rostro con el dorso de su mano – sabes que me es imposible.
− Lo sé pero – su esposo suspiro – ¿qué hay de nuestra familia?, ¿nuestra vida juntos? − apretó con fuerza los barrotes de la cuna − Nuestras hijas te necesitan… Yo te necesito.
La joven princesa comprendía los sentimientos de su esposo. No negaba que había momentos en que quería abandonar su misión, olvidarse de todo y ser egoísta pero, cuando recordaba las miles de vidas que dependían de sus actos, el remordimiento de solo pensar en abandonarlos, lastimaba su corazón. Amaba a su esposo e hijas y justamente por ello es que hacia todo lo que estaba en sus manos, todo con tal de darles un mejor futuro.
− Amor mío – susurro Yuuko, tomando su mano para que ambos se alejaran de la cuna y salieran de la habitación de sus hijas.
Ambos caminaron hasta llegar al pequeño jardín que estaba en la terraza, un lugar donde, cuando niños, jugaban a lado de Yuuri.
− Se lo difícil que es para ti – hablo Yuuko – te estoy dejando una difícil tarea.
− Yuuko.
− Nuestras hijas – apretando su mano – tendrán un mejor futuro, uno donde no exista la oscuridad, donde un hermoso cielo azul y un brillante sol las iluminara, no habrá peligros nocturnos… Todo será como hace siglos, solo paz y prosperidad reinara en el mundo.
− Pero tu…
− Sin importar que suceda ni cuan cruel pueda ser el destino – soltando su mano para a cunar el rostro de su esposo entre sus manos – siempre me tendrás.
Nishigōri solo cerró sus ojos y reprimió las inevitables ganas de llorar que lentamente carcomían su interior.
− No será lo mismo – dijo finalmente, tomando las manos de su esposa y abriendo los ojos para contemplarla – nunca lo será.
Yuuko solo sonrió tristemente antes de acercarse y besar sus labios.
− Confió en ti – susurro – cuídalas.
El asintió, volviendo a besar sus labios, manteniendo esa cercanía hasta que el aire se hizo vital para ellos.
− Te amo.
− Yo también – respondió Yuuko.
Los pasos de una tercera persona capto su atención, ambos giraron sus cabezas para encontrarse con la figura de Freya, quien se detuvo a unos cuantos metros de ellos.
− Iré a ver cómo están las niñas.
Yuuko asintió y su esposo se alejó de ella.
Freya hizo una pequeña reverencia al esposo de su princesa, quien solo la regreso a ver de reojo antes de volver a ingresar al edificio. La azabache solo sonrió por la acción hecha por el hombre y solo atino a continuar su camino hasta quedar frente de Yuuko.
− Freya.
− Pediste verme – contesto – en que puedo ayudarte.
− Hay algo que necesito pedirte.
− Sabes que hare cualquier cosa que necesites, solo debes pedirlo.
La suave sonrisa que había estado adornando el rostro de la joven princesa desapareció y su semblante se tornó serio.
− 30 de Diciembre –
− ¡Esta lista!
Fue la alegre declaración de la Cindy. Alejándose unos pasos para admirar la enorme nave que estaba en el lugar. Coloco sus manos en jarras sobre sus caderas mientras sonreía abiertamente.
Su abuelo se acercó lentamente, imitando el gesto de su nieta. Finalmente después de tantos meses, su trabajo había concluido. La nave que alguna vez su amigo Regis condujo durante sus aventuras por mar abierto, se encontraba en perfectas condiciones.
Aun recordaba aquellas aventuras.
Cuando un joven y sonriente Regis, quien aún era el príncipe de Nueva Hasetsu, entro en su garaje. Pidiendo que reparar su auto por alguna tontería que habían hecho. Las bromas que escuchaba entre él y sus mejores amigos, de las noches que se habían quedado en su hogar con la intención de escapar de la molestia del anterior rey por sus usuales escapadas.
De las noches enteras en las que se quedaba despierto, pidiendo su consejo mientras tomaban una taza de café.
Viejos y memorables recuerdos que, esperaba con infinita esperanza, pudieran revivirse pero, esta vez, a lado de su hijo.
− ¿Abuelo?
La voz de su nieta despejo sus recuerdos, parpadeando levemente antes de dirigir su atención en ella.
− ¿Que sucede?
− Nada – aseguro – solo que te perdiste en tus pensamientos, ¿todo bien?
Su abuelo asintió.
− Solo rememoraba el pasado – índico dirigiendo su vista nuevamente a la nava – al ver la nava completamente reparada, no pude evitar recordar a Regis.
Cindy se sorprendió por lo dicho. No era un secreto que su abuelo fue amigo del difunto rey Regis pero, no era alguien que hablara mucho del tema, ya que el cariño que le tuvo al rey, era de un padre e hijo. Así como sufrió la muerte de su padre, también había sufrido la muerte del rey.
− Entiendo – pasando su brazo por los hombros de su abuelo – el estaría feliz de ver lo bien que la dejamos – dijo tratando de animarlo.
− Lo sé, estoy seguro de ello.
La joven rubia apoyo su cabeza sobre la de su abuelo mientras ambos observaban la enorme nave.
− Espero que sea de ayuda.
Ambos continuaron admirando su trabajo terminado, sin percatarse que una tercera persona había ingresado al lugar.
− Wow, sí que se lucieron.
La voz de esa persona capto su atención e hizo que ambos giraran sobre sus talones para verle.
− Tú… − dijo Cid sin ganas − ¿qué haces aquí?
− Vine a ver cómo va todo – respondió − ¿acaso tengo prohibido venir a casa? – pregunto con una sonrisa.
El viejo Cid rodo los ojos y puso mala cara.
Cindy soltó una ligera risa al notar el cambio de ánimo en su abuelo.
− Me da gusto volver a verte, hermano.
Ella camino hasta a él para abrazarlo fuertemente.
− A mí también – dijo devolviendo el abrazo.
− ¿Que no tenías una pasadela o como se diga?
− Pasarela – le corrigió su nieto – ciertamente, la tenía pero se canceló por el próximo año nuevo además, tengo que atender otros negocios – dedicándole una sutil sonrisa a su abuelo.
Cid suspiro al recordar a que negocios se refería.
− ¿Y cómo va todo con el entronado? – pregunto acerándose a su abuelo.
− No sé para qué preguntas, seguramente ya te informaron de ello – contesto su abuelo.
Su nieto negó con su cabeza sin dejar de sonreír.
− La noticia de su relación con el hijo de Demian me sorprendió tanto como a ti.
− Aun no estoy seguro si podemos confiar en ese chico.
− ¿Pero?
− Es la decisión de nuestro rey y tenemos que respetarla.
− Rey, ¿he? – Dirigiendo su vista hacia la imponente nave – No te preocupes tanto por ello.
Su abuelo lo regreso a ver con el ceño fruncido.
− No conozco mucho a Victor – aclaro – pero si lo que la gente dice de él.
−…
− Muchos lo apoyan, ya que él prefiere ayudar a los demás que seguir las reglas de su padre y otros lo odian… así que, no te preocupes – girándose y colocando su mano sobre el hombro de su abuelo – Victor no es su padre.
Alejándose de su abuelo para avanzar hacia la salida.
− ¿Ya te vas? – le pregunto su hermana.
− Tengo unos negocios que atender pero volveré cuando los termine.
− ¿Vienes a cenar?
El asintió, dejando un suave beso sobre su cabeza.
− ¡Tárdate lo que quieras! – Hablo su abuelo − ¡Cenaremos solo los dos!
Cindy rio y negó con su cabeza.
− Él también quiere que estés en la cena.
− Se nota – aseguro soltando una ligera risa – me apartas un plato.
− Como siempre.
Ambos se sonrieron y su hermano salió del garaje.
− ¿Podrías dejar de ser tan arisco cuando viene?
Su abuelo refunfuño por lo bajo.
Ella rodo los ojos ante su comportamiento y continúo con su trabajo.
Todas las personas reunidas en aquel lugar hablaban incesantemente. Algunos gritaban, otros negaban con sus cabezas mientras algunos simplemente se mantuvieron en silencio ya que, por tanto ruido sus palabras serian ignoradas del todo.
Cuando recibió el mensaje donde se solicitaba una reunión en el lugar que conocían, nunca espero ver tantas personas y que estas estuvieran gritándose sin más. Sabía el motivo, las razones detrás de aquella apremiante reunión pero, verles peleando por un tema que consideraba trivial, no era lo que esperaba.
− ¿Y vamos a dejar que el príncipe tenga esa seudo relación con el hijo de nuestro enemigo? – pregunto uno de los hombres.
− Es el hijo de Demian, ¿en que estaba pensando? – secundo otro.
− El tomo la decisión, ¿no debemos respetarla? – dijo otro, tratando de calmarlos.
− ¿Respetarla?, él nos ha puesto en peligro, ¿qué tal si ese Victor abre la boca?
Continúo observándolos sin ingresar al lugar, queriendo saber, hasta donde podían llegar los prejuicios que tenían sobre la familia que actualmente tenía el control de Nueva Hasetsu. Pasaron alrededor de cinco minutos y, tras darse cuenta que no llegarían a nada, hizo acto de presencia en el lugar.
El ambiente se llenó de un silencio incomodo, cuando la joven rubia recorrió el lugar con su mirada.
− Anora – hablo Adalberto, quien le sonrió sutilmente.
− Veo que ya comenzó la reunión – devolviéndole la sonrisa.
El rubio soltó un suspiro y asintió con su cabeza.
− Y no llegamos a nada como puedes ver.
− Dudo que lo hagan si siguen gritándose entre ustedes – dijo avanzando por la habitación hasta quedar en medio de todos.
Todos los presentes se regresaron a ver entre ellos, incomodos por la situación.
− Tenemos razones de sobra para ello – dijo uno de los presentes.
− Cierto, el príncipe nos traiciono – secundo otro – quizás, en estos momentos el rey ya sepa nuestros planes y buscara matarnos.
− Si ese fuera el caso, ¿no creen que ya lo habría hecho?
Nadie se atrevió a contestar.
− Supongo que eso contesta la pregunta.
Todo fue silencio hasta que una voz se dejó escuchar.
− Anora – hablo uno de los hombres – tu opinión siempre ha sido tomada en cuenta pero, con todo respeto en esta ocasión, no creo que tus palabras sean… parciales.
− ¿Parciales?
− Todos sabemos el… − se aclaró su voz − Las razones detrás del por qué ayudas nuestra causa.
− ¿Ý eso que tiene que ver?
− Mucho, en realidad… ¿De parte de quien te pondrías si se trata de tomar una decisión?
Los murmullos no se hicieron esperar.
− Es obvio que de parte del entronado – dijo con mala gana.
− ¿Y no estamos aquí los que le apoyamos? – Pregunto callándolos – hasta donde recuerdo, esta alianza se creó con el único fin de apoyarle y recuperar el trono para dárselo a él.
− Cierto pero… Últimamente sus decisiones fueron basadas en sus sentimientos por el hijo de Demian.
− ¿Y han causado algún problema?
− Por ahora no pero, el drástico cambio en los planes, no nos garantiza que funcione, capaz Demian escapa por culpa de ello y todo por lo que luchamos se va al carajo – dijo con clara molestia.
Anora observo al hombre. Respiro profundamente antes de responder.
− Tienes razón, nuestro príncipe tomo decisiones basadas en sus sentimientos pero, dudo que no las haya meditado antes de tomarlas. Él sabe lo que está en juego y no pondría el futuro de todos en peligro – recorriendo los rostros de los demás con la mirada – confió en él.
− ¿Al punto de que esas decisiones provoquen tu muerte?
La rubia sonrió por la pregunta.
− Desde el momento que decidí apoyarles, he estado preparada para morir si es necesario – regresando a ver a los demás − ¿acaso ustedes no?
Todos observaron a la actual reina y asintieron a sus palabras, mientras el hombre que trataba de instigar a los demás, tuvo que tragarse sus palabras.
− Ahora que hemos aclarado ese punto, ¿podemos comenzar con el verdadero tema que nos trajo aquí?
Todos tomaron asiento sin emitir palabra alguna, para alivio de la joven rubia.
− Cuando hablas de ese modo te pareces a el – dijo Adalberto colocándose a su lado.
− Me lo han dicho pero, nunca llegare a ser como el – aseguro – solo puedo intentarlo.
Adalberto sonrió, alejándose de ella para tomar asiento a lado de los demás, acto que ella imito.
− Todos saben que falta menos de dos días para que el plan se ejecute – dijo Adalberto – por lo que, convocamos esta reunión para afinar los últimos ajustes del mismo… Y si, también para verificar los cambios que nuestro príncipe ordeno – hablo al ver los gesto de incertidumbre – sé que tienen dudas pero, como dijo Anora, debemos confiar.
− ¿Y si sale mal? – pregunto uno de ellos.
− Si eso ocurre, el príncipe tendrá que lidiar con las consecuencias y encontrar el modo de derrocar a Demian.
− 31 de Diciembre –
Tras bajar del autobús, corrió sin detenerse por las avenidas. Después de muchos días sin poder verse, finalmente habían logrado quedar en el lugar donde se habían visto por segunda vez, donde finalmente habían patinado sin que nadie los interrumpiera.
Con una enorme sonrisa dio vuelta en la última esquina, antes de seguir todo el recorrido por la avenida, hasta que diviso la vieja capilla a los lejos. Apresuro sus pasos al ver a la persona que estaba apoyada en la baldosa, todo para llegar a ella tan rápido como fuera posible.
− ¡Victor!
El de ojos azules se giró al escuchar su nombre y sonrió al ver a quien lo llamaba.
− ¡Yuuri!
Se fundieron en un fuerte abrazo una vez estuvieron a escasos centímetros de distancia, sintiendo como sus corazones palpitaban con rapidez. Se separaron un poco solo para encontrar la mirada del otro y, tras sonreírse mutuamente, acercaron sus labios hasta que nada se interpuso. Se besaron suavemente, tomándose todo el tiempo del mundo para disfrutar aquella cálida sensación.
− Si me vas a besar así cada que nos veamos, creo que puedo esperar un poco más – dijo Victor al separarse.
− Victor – susurro Yuuri con algo de pena.
− Te extrañe – declaro con suavidad.
Las mejillas del menor se sonrojaron furiosamente, felices de que el sentimiento fuera mutuo, ya que ambos se habían extrañado. Tras el breve encuentro, ambos se tomaron de las manos y caminaron hacia el viejo lago congelado, donde durante un par de horas, podrían disfrutar de lo que más les fascinaba, el patinaje.
Durante dos maravillosas horas las pasaron patinando, riendo y disfrutando de suaves besos que lograban acalorarlos más de lo que podían admitir. ¿Por qué se habían estado mintiendo respecto a lo que sentían? Ambos eran felices por poder expresarse lo mucho que se amaban y no lo cambiarían por nada.
− ¿Y cómo lograste mentirle a tu hermana? – pregunto Victor tomando un sorbo de su botella de agua.
− Phichit me ayudo – tomando de la propia – Quedo en verse con Se… − callando de pronto al recordar que dicha relación no era publica – con una persona, así que, le dijimos que iríamos al cine y de ahí a comer, por lo que aún tengo una hora más antes de volver a casa.
− ¿Y les creyó?
− Ella confía más en Phichit que en mí así que… − se encogió de hombros.
Victor soltó una pequeña risa al escucharlo.
− Es algo triste que tu hermana confié mas en tu mejor amigo, ¿no crees?
− Considerando todo lo que he hecho, creo que es aceptable.
El de ojos azules paso su brazo por los hombros del menor y lo atrajo hacia él.
− Puede que ella no confié en ti – susurro – pero yo si lo hago.
−…
− Incluso te confió mi vida, Yuuri.
− Victor – regresando a verle.
− ¿Qué? – Pregunto al ver el rostro algo tenso de su novio – me has ayudado y protegido en algunas ocasiones, ¿no crees que es justo que lo haga?
− No lo sé, con todo lo que ha pasado, ya no sé si soy muy digno de confianza, he cambiado de parecer, de ideales…
− Todos cambiamos, si todos nos quedáramos igual, no avanzaríamos… Ser estables impide que veamos lo que está frente a nosotros.
− …
− ¿Acaso crees que sentándote cambiara la situación del mundo?
− No.
− Ahí lo tienes, si queremos cambiar el mundo, debemos empezar con nosotros mismos y, ya lo hemos hecho… Por tomar la decisión de cambiar el destino.
Por unos segundos no dijeron nada, solo admiraron los ojos del otro y, tras meditarlo, ambos sonrieron.
− ¿Te he dicho que te amo? – dijo Yuuri con las mejillas rojas.
− Creo que no – dijo acariciando su mejilla.
− Pues lo hago – acercando su rostro – te amo, Victor Nikiforov.
Victor soltó una ligera risa.
− Yo también.
Un suave beso fue lo que los unió por unos instantes antes de volver a separarse.
− Es por eso… – Hablando con un poco de duda – Así como tú confías en mí, incluso con tu vida en ello.
− ¿Mmm?
− Creo que yo también debo confiar en ti.
− ¿Que no lo hacías ya? – pregunto fingiendo sorpresa – ¡Que escándalo, mi propi novio no confía en mí! – dramatizando un poco la situación.
− ¡Victor!
Su novio solo rio al ver la expresión en su rostro, compadeciéndose de él, deposito un beso en su mejilla y sonrió.
− Sé que lo haces pero, no te refieres a confianza entre nosotros, ¿verdad?
Yuuri asintió.
− ¿Es algo que dudas si debes decirme?
El azabache no respondió y solo asintió con su cabeza.
− ¿Es sobre mi padre?
Yuuri respiro profundamente y hablo.
− Una vez dijiste que, cuando estuviésemos listos para enfrentar a Demian, le diera la oportunidad de darle un juicio justo.
− Lo sé.
− Pues… El momento llego.
El rostro de Victor se tornó serio e impaciente, si su novio había tocado un tema tan delicado que concernía a ambos era por que, finalmente el momento había llegado, uno en el que tendrían que enfrentar a su padre.
− ¿Cuándo…?
− Mañana.
−…
− ¿Cómo?
Yuuri regreso a verlo, trago con fuerza y comenzó a relatarle lo que sucedería ese día, los planes hechos en conjunto con los demás aliados, asegurándole que nadie atentaría contra la vida de su padre o de cualquier persona en el palacio, que el plan estaba elaborado de forma que solo llegaran hasta Demian Nikiforov, los apresarían y, tras eso, harían un comunicado ante ambos reinos, para que el actual rey, fuera enjuiciado por los crímenes cometidos hace trece años.
− ¿Qué piensas? – pregunto una vez termino de contarle lo que estaba por suceder.
− No puedo mentirte, es mi padre de quien hablamos después de todo – relamiéndose los labios, entrelazando sus manos para apretarlas con fuerza – y me duele saber lo que sucederá con él.
− Victor…
− Pero entiendo – girando su cabeza para ver el rostro de su novio – lo sucedido fue horrible, mataron a tus padres, tomaron tu reino… Si mi padre es culpable, tiene que pagar.
−… − bajando la cabeza.
− Prometiste no lastimar a nadie y agradezco que lo cumplas es por eso, que yo cumpliré mi parte, te apoyare en todo, si me necesitas durante esos momentos. – Tomando la mano de su pareja y estrechándola con fuerza – estaré contigo.
Yuuri sonrió dulcemente, acaricio la mejilla de su novio con su mano libre y, tras contemplar aquellos hermosos ojos azules que tanto amaba, se inclinó para besar los labios del mayor, olvidándose por unos instantes lo que segundos antes habían estado hablando.
Ambos estaban tan absortos en la cercanía y en disfrutar de la caricia sobre sus labios que, no se percataron de la oscura figura que los observaba a pocos metros y que, para mala suerte del azabache, había escuchado todo lo que habían hablado, desapareciendo entre brumas momentos después.
El azabache se retiró abruptamente, haciendo que su pareja parpadeara por el repentino rechazo del menor.
− ¿Yuuri?
No respondió.
Giro su cabeza hacia la dirección donde había sentido una extraña presencia pero, al buscarla con la mirada, lo único que diviso, fueron a un par de aves volando despavoridas tras ser asustada por un gato callejero.
"¿Habrá sido mi imaginación?" se preguntó.
− Yuuri – volvió a llamarlo − ¿todo bien?
El menor regreso a verlo y le sonrió.
− Si, lo siento, creí escuchar algo pero, solo eran las aves.
− ¿Seguro?
− Si… ¿Dónde estábamos? – pregunto con timidez.
Victor negó con su cabeza antes de inclinarse y volver a capturar los labios del menor, perdiéndose entre la bruma del placer y la felicidad.
El rey tomo el último sorbo de su copa mientras su mirada se perdía en el horizonte, admirando el oscuro cielo, cuyas estrellas hacia mucho que no aparecían en el mismo. Con calma escuchaba el reporte de su fiel soldado, quien solo se mantuvo en su posición, arrodillado con la cabeza agachada.
− Así que… ¿Ese es su plan?
El soldado expulso nuevamente aquel oscuro humo, contestando sin palabras la pregunta de su rey.
Demian sonrió ampliamente, su mirada se oscureció ligeramente y, con un ademan de su mano, despidió a su soldado, quien asintió con su cabeza y desapareció entre brumas.
− Comandante Fleuret – dijo girándose nuevamente para contemplar el horizonte.
Unos pasos ingresando al balcón le indicaron que ya no se encontraba solo en el lugar.
− Mi rey – dijo el comandante, arrodillándose mientras sonreirá.
− Tengo un trabajo para ti.
− Su orden es mi comando, ¿qué es lo que mi rey solicita?
El rey se giró un poco para mirarle de reojo, con paciencia índica las ordenes que el comandante deberá seguir y, conforme este las escuchaba, la sonrisa en el rostro del mismo, comenzó a notarse.
− Como usted ordene mi rey, su orden se acatara en seguida – el comandante le dedico una reverencia y salió del lugar.
Demian por su parte, solo soltó una breve risa.
− Que comience el juego… Entronado.
つづく/ Continuara...
Hola lectores.
Hace mucho que no aparezco verdad, ¿me extrañaron? Sé que no pero me gusta preguntar.
Finalmente salimos de los juegos y nos adentramos al ya casi final, si ya llevo diciendo eso pero a partir de aquí, ya entramos de lleno.
¿Qué sucederá ahora?
¿Por qué Yuuko dice que el tiempo se acaba?
Demian tiene un plan, ¿qué va a hacer?
Irina no quiere ver a Victor, ¿acaso podrán hablar nuevamente?
¿El plan de Yuuri y sus aliados funcionara?
¿Phichit y Seung finalmente harán pública su relación?
¿La autora dejara de darle vueltas a la historia? Lo dudo :V jajaja
Pero en fin, espero que el capítulo fuera de su gusto y nos vemos en otra actualización.
¡Nos vemos!
