Harry Potter no le pertenece a White Squirrel, y esta historia no me pertenece a mi.

Notas del autor: Gracias a Starfox5 por sugerir que el trío utilice Veritaserum y a Pahan por ayudarme a expresar la idea.

Notas de la traductora: Gracias a todos por su apoyo y sus comentarios! Disfruten!


Capítulo 30

–¿Veritaserum? –dijeron Ron y Harry al mismo tiempo.

–Es suero de la verdad –dijo Hermione–. Sólo tres gotas harán que alguien diga la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad si se le pregunta. Hay maneras de resistirse, pero se tiene que saber con anticipación que será administrado.

–Así que, tomamos a Malfoy, le damos tres gotas, ¡y le preguntamos sobre la cámara de los secretos! –dijo Ron con entusiasmo–. Eso podría funcionar.

–No –dijo Harry–. Cuando se recupere, correrá y le dirá a Snape.

–Oh, cierto.

Hermione se mordió su labio.

–¿Qué?

–No lo hará si le damos poción para olvidar y para dormir cuando terminemos –dijo–. Si combinamos las dos, no recordará nada de la última media hora, o si lo hace, pensará que fue un sueño.

En verdad das miedo a veces, Hermione –dijo Ron.

–Sólo hago lo que tengo que hacer –respondió–. No voy a seguir aguantando la crueldad de Malfoy. –Sus amigos observaron el fuego en su mirada, un fuego que sólo habían visto una vez antes, cuando había derrotado la "impenetrable" protección de la piedra filosofal que había creado la profesora Vector. Debajo de ese exterior tranquilo, se dieron cuenta que había alguien con quien no se querían enfrentar.

–De acuerdo… así que podemos obtener las cosas… –dijo Ron nervioso–. ¿Pero dónde obtendremos el veritaserum?

–Esa es la parte difícil –dijo ella–. Tendremos que prepararlo.

Harry y Ron intercambiaron una mirada incómoda. Ambos eran mediocres en Pociones.

–De acuerdo, yo tendré que prepararlo –clarificó Hermione–. Pero hay algunos problemas.

–¿Cómo cuáles? –dijo Harry.

Ella se rió con frialdad.

–¿Además de que es ilegal que se use en menores? Pues, primero, necesitaremos un lugar donde preparlo. Para eso, estaba pensando el baño de Myrtle.

–Pero ese es un baño de niñas –protestó Ron.

–Que nadie usa. Es el último lugar donde alguien sospecharía. El segundo problema es que es una poción muy avanzada. Eso quiere decir que será muy peligroso si sale mal, y necesitaremos ingredientes que no están disponibles para los estudiantes.

–Pues, eso no es bueno. ¿Dónde los vamos a obtener? –dijo Ron.

Pero Harry lucía pensativo.

–¿El profesor Snape tendrá lo que necesitamos?

–En su reserva privada, seguramente –respondió Hermione con un suspiro–. Tendremos que robar cosas.

Ron la observó con incredulidad.

–Peligroso, rompe las reglas, ¿y también ocupa robar de Snape? ¿Estás loca, Hermione? Nos matará si se entera.

Ella se cruzó de brazos.

–¿Crees que me gusta, Ronald? Estoy hablando de romper la ley. Pero no voy a esperar a que Malfoy venga tras de mi… –Luchó por evitar que su voz temblara–. Me estaba señalando a , ¿recuerdas? Y los profesores no ayudaron. Si ustedes, Gryffindors, se van a acobardar, mejor olvídenlo, pero lo voy a hacer con o sin su ayuda. Si quieres ayudar a pensar en un plan mejor, Sr. Maestro de Ajedrez…

–De acuerdo, de acuerdo –dijo Ron–. Creo que el mundo se volvió loco si tú estás rompiendo las reglas, pero ayudaré. ¿Qué necesitamos del grasoso?

–Ese es el otro problema –dijo Hermione–. Necesito el libro que dice cómo hacerlo. Snape dijo que se llama Moste Potente Potions, pero estoy segura de que está en la sección prohibida de la biblioteca.

Harry y Ron hicieron una mueca. Necesitarían una nota de un profesor, usualmente mencionando el libro específico, para sacar algo de la Sección Prohibida. Hermione tenía una buena relación con la profesora Vector, pero no tan buena.

–¿Cómo lo obtendremos? –Preguntó Harry–. Los profesores sabrán que queremos hacer una poción.

–Estaba pensando que podríamos decir que estamos interesados en la teoría…

–Oh, vamos –soltó Ron–. Ni siquiera yo caería en eso. ¿Qué maestro sería tan tonto?

De repente, Harry sonrió con entusiasmo.


El plan de Harry funcionó perfectamente, pero la admiración de Hermione por el profesor Lockhart comenzó a declinar. Unos cuantos halagos fue todo lo que necesitaron para que el profesor de Defensa firmara su nota sin siquiera verla. La mala noticia es que se necesitaba un mes para hacer veritaserum. Sin embargo, las instrucciones eran muy detalladas y ella estaba segura de poder hacerlo si tenía los ingredientes. Pero el robar de la reserva privada de Snape no sería fácil y los niños, predeciblemente, estaban más preocupados por el partido de quidditch de la semana siguiente.

Claro, a Hermione también le interesaba. En verdad quería que Harry eliminara la sonrisa del rostro de Malfoy.

–No va a ser tan fácil este año –Hermione dijo al equipo cuando le pidieron su estimación aritmántica. Incluso Oliver Wood parecía interesado en lo que podía decir–. Sé que las chicas son buenas, pero van a tener una desventaja contra cazadores en Nimbus 2001. La buena noticia es que Harry es mucho mejor que Malfoy, y su escoba es casi igual de rápida, así que si ponen una buena defensa, tienen una mejor posibilidad, pero aun así lo veo como un sesenta o quizás sesenta y cinco por ciento.

–Quizás necesitamos algo que nos motive –sugirió Fred–. Eso siempre puede ayudar a dar ventaja.

–Oh no, ¿qué hicieron? –preguntó Hermione.

–Nada en contra de las reglas –dijo George.

–Bueno, ninguna importante –aclaró Fred.

–Sí, y regresarán a la normalidad pronto.

–Sh, silencio, George. Debe de estar ocurriendo justo… ahora…

Todos voltearon a ver a la mesa de Slytherin, donde el equipo de quidditch, ya en sus túnicas verdes, bebían jugo de naranja y discutían el partido. Pero mientras hablaban, sus rostros rápidamente mostraron su confusión, miedo, y enojo mientras todos en el comedor comenzaban a reír. Pronto, estaban de pie, gritando, o intentando gritar ya que su predicamento fue claro. El equipo entero de Slytherin estaba emitiendo un sonido extraño, similar al relinchar de un caballo, cada vez que abrían sus bocas.

–¡Sí! –exclamó Fred.

–Como por arte de magia –dijo George.

–O más bien, de una poción –dijo Fred con una sonrisa.

–¿Funcionó? –fijo Hermione–. ¿Qué se supone que es ese ruido?

–Cebras, por supuesto –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

–Y ahora, para la segunda parte –agregó Fred–. Vamos, todos juntos –dijo señalando al equipo de Gryffindor. Ambos unieron sus brazos y bebieron un trago de su jugo de naranja, y, con la misma sonrisa, los gemelos Weasley se pusieron de pie y soltaron rugidos de león para el gran comedor. Eso causó que los Slytherin gritaran aún más, llenando el comedor del sonido de cebras asustadas.

Pronto, Ron convenció a Harry de tomar su jugo de naranja, y las tres cazadoras lo siguieron. Sólo Oliver se rehusó. El profesor Snape ya había silenciado al equipo de Slytherin y estaba investigando el jugo de naranja.

–Más vale que sea temporal –los confrontó Wood.

Fred elevó diez dedos y George hizo una M con sus manos.

–¿Dura diez minutos?

Ambos asintieron.

–Eso espero, señores Weasley –se apareció la profesora McGonagall detrás de ellos–. Por muy entretenido que sea… –Y lucía entretenida–... es comportamiento inapropiado. Detención conmigo el lunes en la noche.

Fred y George asintieron, pero articularon con los labios "valió la pena" sin que los viera. Y sí, diez minutos después, ambos equipos de quidditch podían hablar normal.

–Eso fue brillante –dijo Ron a sus hermanos–. Leones y cebras. Nunca se me hubiera ocurrido. –Incluso a Ginny pareció gustarle eso. Lucía más animada en comparación con los últimos días.

–Bueno, no todos pueden ser nosotros –dijo Fred.

–Odio decirlo, pero eso fue impresionante –les dijo Hermione–. ¿Cómo lograron que pociones hicieran eso?

–Eso, querida señorita Granger… –comenzó Fred.

–... es un secreto industrial –terminó George.


Hermione estaba en su cama sin poder dormir, preguntándose cómo es que todo insistía en salir mal.

El partido de quidditch había sido casi un desastre. Gryffindor había ganado, pero era lo único bueno. Aún lo podía ver claramente en su mente: la bludger desviándose del curso oportunista que se supone debía seguir, atacando a Harry una y otra vez sin importar lo fuerte que Fred y George la golpeaban. Al igual que el año pasado, alguien había alterado el equipo, y al igual que el año pasado, había tomado un par de binoculares y escaneado la multitud, pero esta vez, no pudo encontrar a alguien hechizando la bludger… nada en la zona de los profesores, el cual fue el primer lugar donde buscó. Después en las gradas, pero tampoco vio nada. Tuvo que sentarse ahí, observando como Harry casi moría una y otra vez sin poder hacer algo.

Hermione tenía el presentimiento de que Malfoy estaba involucrado de algún modo. Como el nuevo buscador de Slytherin, y un jugador mucho más inferior, ¿quién más tendría razón para tirar a Harry de su escoba? Pero no parecía tener algo que ver, y dudaba tener la oportunidad de probarlo después.

Las cosas empeoraron cuando la lluvia cayó más pesada y la visibilidad empeoró. Harry, el Gryffindor idiota, se rehusó a dejar de jugar, incluso cuando George pidió un tiempo fuera. Continuó volando alrededor del campo de quidditch como un bailarín aéreo, manteniéndose un paso adelante de la bludger con movimientos repentinos. Por un tiempo, parecía que tenía todo casi bajo control, pero la bludger ganó al final.

Hermione gritó cuando la bola de hierro se estrelló contra el brazo de Harry. Su escoba dio varias vueltas, y la bludger lo siguió de nuevo, esta vez en dirección a su cabeza, pero la esquivó y se lanzó contra Malfoy. Pensó por un momento que se había cansado y había decidido atacar al Slytherin directamente, pero no, iba por la snitch, tomándola prácticamente bajo la nariz de Malfoy con su buen brazo.

Aterrizó de golpe, cayendo de su escoba. Incluso entonces la bludger intentó atacarlo de nuevo, pero Fred y George la tomaron y la encerraron con esfuerzo en su caja. Por un momento, parecía que lo peor había pasado.

Y después, el profesor Lockhart intentó arreglar el brazo roto. Quizás era brillante para la defensa, pensó, pero sus hechizos de sanación dejaban mucho que desear. En lugar de reparar los huesos, de algún modo había hecho desaparecer cada hueso en el brazo de Harry. Hermione se sintió enferma. Todos esos ligamentos y tendones, colgaban sueltos, y estaba segura de que Harry perdería el brazo, pero Madame Pomfrey le aseguró que no tenía de que preocuparse. Esa era la magia del Crece-huesos. Lo arreglaba todo y Harry estaría bien en la mañana.

Quería defender a Lockhart, decir que había sido un accidente, pero cada vez era más y más difícil. Mientras más lo observaba, más comenzaba a pensar que no tenía idea de lo que estaba haciendo. Nunca enseñaba nada en clase. Sólo actuaba escenas de sus libros, y no estaba segura de haberlo visto realizar algún hechizo correctamente.

Eso la dejaba con tres problemas diferentes: la cámara de los secretos, la bludger (aunque es posible que Malfoy estuviera detrás de ambos), y el profesor Lockhart; y ninguno de esos problemas ofrecía soluciones fáciles. Y su año iba tan bien.

Mientras se quedaba dormida, Hermione se preguntó que más podría salir mal.

Si tan sólo supiera.


Harry se despertó en medio de la noche y de inmediato gritó por el dolor. La sensación elástica y entumecida ya había sido suficiente, pero ahora sentía como si estuviera lleno de astillas grandes, y peor, podía sentir sus tendones moviéndose bajo su piel intentando conectarse en los lugares correctos.

Su brazo lo distraía tanto que le tomó varios segundos darse cuenta que había alguien humedeciendo su frente con una esponja en la oscura enfermería.

–¡Ah! ¡Quítate! –gritó. Movió su brazo bueno y logró encender la lámpara a su lado. Un par de ojos verdes enormes lo observaron–. ¡Dobby!

Una única lágrima atravesó el rostro de Dobby.

–Harry Potter regresó a Hogwarts –susurró el elfo–. Dobby le advirtió que no regresara, señor. ¿Por qué lo hizo, Harry Potter? ¿Por qué no regresó a casa cuando perdió el tren?

–¿Perder el tren? –dijo Harry–. ¿Cómo es que…?

Pero antes de que pudiera hacer la conexión, hubo un fuerte ruido en la enfermería que casi lo dejó sordo, y una elfina mucho más joven apareció a un lado de la cama.

–¿Sonya? –dijo Harry con confusión.

Sonya miró a Dobby.

–¡Tú! ¡Tú eres Dobby! ¡Tú metiste a Harry Potter en problemas! Nosotros los elfos estamos vigilando que no haya ningún elfo que no debe estar aquí…

Dobby, quien Hermione dijo que probablemente no había tenido mucho contacto con otros elfos, se estremeció y dio un paso atrás.

–Dobby está intentando salvar a Harry Potter –dijo–. Salvarlo de los planes terribles que se planean para Hogwarts. Dobby intentó mantener a Harry Potter lejos, pero nada de lo que hice hizo que se fuera…

–¿Qué planes terribles? –demandó Sonya–. Dile a Sonya. Debemos advertir al profesor Dumbledore de todos los planes terribles.

–Dobby no puede hablar de ellos, ni siquiera con los elfos. Dobby no debe decir. Harry Potter debe irse a casa. Dobby lo ha intentado tres veces, pero él no escucha.

–¿Tres veces? –dijo Harry–. ¡Fuiste tú! Tú hiciste que Ron y yo perdiéramos el tren. ¿Y también hechizaste esa bludger?

El elfo tembló.

–Dobby pensó que su bludger…

De repente, hubo una luz brillante y el ruido de un golpe, y Dobby fue lanzado contra la pared. Se puso de pie con trabajo, sobándose su cabeza, sólo para encontrarse a una furiosa elfina adolescente.

–¡Intentaste matar a Harry Potter! –gritó Sonya. Harry estaba seguro de que despertaría a Madame Pomfrey y quizás al ala entera–. ¡Eres un elfo malo, Dobby! ¡También debimos de vigilar los terrenos! ¡Sonya te llevará al Departamento de Criaturas Mágicas por esto! –Se lanzó contra Dobby, pero hubo otra luz brillante y fue lanzada contra la pared opuesta con un gemido.

–No matar a Harry Potter –dijo Dobby–. Nunca matarlo. Mejor que regresara a casa gravemente herido que quedarse aquí ahora que la cámara de los secretos ha sido abierta de nuevo… –Se congeló, con miedo en su rostro, y tomó la jarra de agua y se golpeó la cabeza–. ¡Dobby malo! –gritó–. Dobby malo.

Sonya estaba a punto de lanzarse contra Dobby, pero se detuvo y se cubrió la boca con sus pequeñas manos cuando vio lo que estaba haciendo.

Pero Harry estaba listo. Tomó a Dobby de las muñecas.

–¿La cámara de los secretos fue abierta antes?

–¿Fue abierta antes? –dijo Sonya en eco.

–Dobby no puede decir más, Harry Potter, señor. No debe de hablar de esas cosas.

–Pero Harry Potter no es hijo de muggles –dijo Sonya–. Es Hermione Granger quien está en peligro. ¡Dobby debe decirle a Sonya! –Se lanzó de nuevo contra Dobby, aferrándose a su espalda. Dobby gritó y ambos lucharon en el suelo. Ambos elfos rodaron alrededor del cuarto, sus extremidades perdiéndose en un torbellino de golpes y rayos de luz, en algún tipo de duelo sin varitas.

–¡Dobby le dirá a Sonya! Sonya protegerá a sus amigos… ¡Ah!

Hubo un ruido más fuerte, y Sonya fue lanzada contra una de las camas vacías. Dobby agitó sus manos, y la sábana debajo de ella se elevó al aire, atrapando a Sonya con tanta fuerza que no pudo escapar.

–¡Dobby, déjala ir! –dijo Harry, pero Dobby lo ignoró.

–Dobby no quiere lastimar a Sonya –dijo el elfo–, pero Dobby conoce magia élfica antigua, y él la usará para proteger a Harry… –Se detuvo y escuchó. Harry y Sonya lo escucharon también. Pasos se acercaban a la enfermería.

–¡Intruso! –gritó Sonya–. ¡Hay un intruso!

–¡Dobby debe irse! –El elfo intruso desapareció y Sonya cayó sobre la cama.

–¿Dobby? ¡Dobby! –gritó con enojo.

En ese momento, los profesores Dumbledore y McGonagall entraron a la enfermería, cargando lo que parecía ser una estatua. Sonya se desató y corrió a ellos, balbuceando.

–Profesor Dumbledore, señor, hubo un intruso. Era un elfo y fue quien hechizó la bludger, y… –Se detuvo y dio un paso atrás, cubriendo su boca con sus manos cuando vio lo que los profesores en verdad estaban cargando.


–Oye, ¿escuchaste sobre ese niño de primero? Creevey, creo.

Hermione se dio la vuelta para ver a una perturbada Alicia Spinnet con confusión. ¿Acaso Harry se había vuelto loco y había robado la cámara del niño o algo?

–No, ¿qué ocurrió? –dijo.

–Petrificado –respondió Alicia. Hermione abrió la boca sorprendida–. Igual que la Sra. Norris. Dicen que estaba yendo a visitar a Harry cuando ocurrió.

–¿Qué…? Pero… ¿cómo?

–No lo sé. Puedes preguntarle a Harry. Él le dijo a Fred que vio cuando lo llevaron a la enfermería.

–Sí, eh, lo haré. –Hermione se dio la vuelta y salió del gran comedor. Vio a Draco Malfoy sonreírle maliciosamente mientras se iba. En cuanto atravesó las puertas, comenzó a correr y no se detuvo hasta llegar al baño de Myrtle. Corrió al primer cubículo y se sentó en el suelo.

Su mente y corazón estaban acelerados. Sus manos estaban temblando de nuevo, y se abrazó a sí misma para detenerlas. Intentó conectar lo que sabía. La cámara de los secretos estaba abierta… o eso decía el mensaje. Un gato y un estudiante habían sido petrificados por una fuerza desconocida en dos incidentes separados. Malfoy había insinuado más de una vez que había estado esperando eso todo el año. Eso señalaba al hecho de que alguien (Malfoy o alguien más) en verdad había abierto la cámara de los secretos y había desatado un terror dentro de la escuela para eliminar a los hijos de muggles. No sabía porque Colin había sido petrificado y no matado o herido lo suficiente para tener que ser removido del castillo, pero no importaba. Si era Malfoy, quería decir que no le importaba matar, y si era alguien más, aún estaba en peligro de ser convertida en estatua hasta la primavera.

Tenía que preparar esa poción.

Con eso resuelto, dejó el baño y regresó a su dormitorio para obtener los ingredientes, materiales, e instrucciones que había copiado de Moste Potente Potions. (También había copiado otras recetas. Esa poción multijugos parecía algo útil.) Le había tomado un tiempo obtener un caldero, pero esa fue la parte fácil. Regresó al baño y preparó su estación de trabajo. Una vasija de cerámica encima de una taza de baño con llamas azules que serían lo suficiente calientes para hervir la poción lentamente y sólo necesitarían ser reemplazadas una vez al día. Colocó el caldero encima después de llenarlo de agua de uno de los lavabos. Las instrucciones decían que el producto final tenía que ser destilado, y aún no estaba segura de cómo haría eso, pero pensaría en algo.

Pero hasta ahí llegó en ese momento. Sus manos aún temblaban, y no se atrevió a comenzar a preparar la poción en esa condición. Sabía que no era por el frío, pero aun así intentó calentarlas bajo el agua caliente del lavabo. Lo encontró relajante.

Las cosas no iban bien. La sola amenaza pudiera asustar a sus padres lo suficiente para que decidieran sacarla de la escuela (y probablemente no eran los únicos). Políticamente hablando, eso podría ser peor… dejar que Malfoy ganara sin que nadie lo enfrentara. ¿Pero cómo iba a explicar esto? Queridos mamá y papá: ¿Recuerdan el niño que se la pasa lanzándome hechizos e insultándome? Creo que también está intentando matarme.

Alguien golpeó la puerta.

–¿Hermione?

–¡Ah! ¿R...Ron? –tartamudeó.

El niño pelirrojo entró al baño.

–¿Estás bien? –preguntó–. Saliste corriendo del desayuno.

–¿Escuchaste sobre Colin? –preguntó, intentando permanecer calmada.

–Sí. Escuché a McGonagall diciéndole a Flitwick. ¿Pero por qué corriste?

–Yo… quería comenzar con el veritaserum lo antes posible. No parece que el heredero esté desperdiciando su tiempo… ¿Puedes… puedes ayudarme con esto?

Ron sacudió la cabeza.

–Soy terrible en Pociones.

–Tengo las instrucciones –respondió Hermione–. Sólo haz lo que digo y estaremos bien.

–Pues… de acuerdo.

Hermione sacó su varita, respiró profundamente para calmarse, y realizó los encantamientos adecuados al caldero. No eran los que utilizaban normalmente para pociones más sencillas en clase, como el encantamiento para disolver, ya que varios de los ingredientes tenían que hervir por un tiempo en lugar de disolverse.

–Listo, ahora ese primero –dijo señalando con su mano temblorosa a uno de los frascos con ingredientes.

–Hermione, tus manos… –dijo Ron.

–Estoy bien, Ron, sólo abre el frasco.

Trabajaron en silencio incómodo después de eso, excepto cuando Hermione daba instrucciones. Ron intentó preguntarle si estaba bien unas cuantas veces más, y Hermione intentó decir cosas sin importancia, pero no ayudó.

Apenas y escucharon cuando la puerta del baño se abrió de nuevo hasta que Harry habló.

–Soy yo.

Hermione saltó tan alto que apenas y evitó tirar el caldero y arruinar la poción. Lanzó una mirada a la puerta para asegurarse de que era él.

¡Harry! –dijo–. Casi me matas del susto. Entra, ¿cómo está tu brazo?

Los tres apenas y cabían en el espacio.

–Está bien –dijo–. Pero tengo que decirles… anoche, Colin Creevey fue petrificado.

–Lo sabemos –dijo Ron–. Cuando Hermione lo descubrió comenzó a preparar la poción de inmediato.

–Bien pensado. Pero hay algo más. –Harry les narró la visita de medianoche de Dobby, su admisión de que la cámara de los secretos había sido abierta antes (Ron estaba seguro de que fue el padre de Malfoy), y su pelea con Sonya. Hermione sonrió por primera vez ese día cuando les dijo que la elfina había intentado defenderla. Y después fue cuando Dumbledore y McGonagall habían llevado a Colin, paralizado con su cámara aún en sus manos–. Y cuando la abrieron, lo de adentro estaba derretido –informó.

–¿Derretido? –dijo Hermione con sorpresa.

–Sí, ¿qué significa?

–No lo sé, pero es una pista. Lo que sea que hizo esto petrifica a las personas y derrite cámaras.

–A menos que haya sido un hechizo –dijo Ron–. Alguien está controlando al monstruo, ¿no?

–Cierto –Hermione suspiró–. Mientras más pronto terminemos esto e interroguemos a Malfoy, mejor. Ron, necesitamos obtener esos ingredientes.

–Aún no sé cómo piensas que los vamos a obtener de Snape –gruñó Ron.

–Pues, esperaba que me ayudaras –soltó ella–. Tú también, Harry, si tienes alguna idea.

–No lo sé –se quejó Ron–. Mira, ¿siquiera sabes cómo son los ingredientes?

–Claro que sí, Ron. Puedo sacarlos de la alacena de Snape sin problema. Sólo necesito que no me vea entrar.

–¿Necesitas una distracción?

–Exacto. Sólo piensa que es un juego de ajedrez.

–Oh, claro. Como un juego de ajedrez –se quejó Ron, pero aun así comenzó a pensarlo–. Qué tal si… que tal si creamos un accidente que tenga que limpiar.

Harry y Hermione elevaron las cejas. Era una solución obvia, aunque arriesgada.

–Eso podría funcionar –dijo Hermione–. No podemos arruinar una de nuestras pociones o Snape sospechará que fuimos nosotros. Tenemos que decidir que poción sabotear. No puede ser algo muy peligroso. No queremos lastimar a nadie, pero necesita ser algo que le tomará tiempo limpiar.

–Pero no sabemos que pociones asignará –dijo Ron.

–Quizás podamos averiguarlo. Reúnanse conmigo en la biblioteca esta tarde.

Los niños aceptaron y se dispersaron después de eso. Hermione se fue de inmediato a la biblioteca para perseguir esa pista. Preguntó a un número de Ravenclaw de diferentes años si aún tenían sus notas de pociones de segundo año. Le tomó un tiempo, pero sus esfuerzos finalmente le consiguieron unas buenas notas del año anterior y de tres años antes, lo cual le permitió deducir el plan del año del profesor Snape. Ambos años habían sido casi idénticos, y su año también era similar. Hermione escribió una lista de pociones que realizarían antes de Navidad y esperó a Ron y Harry.

–¿Cómo encontraste todo esto? –preguntó Ron sin poder creerlo cuando vio la lista.

–Snape no pone mucho esfuerzo en sus lecciones. Ahora, sólo necesitamos elegir que poción nos da la mejor oportunidad.

–¿Qué tal la poción para dormir? –sugirió Ron–. Pone a todos a dormir y Snape tiene que despertarlos.

Hermione tamborileó sus dedos sobre su libro de pociones.

–No, la poción para dormir tiene que ser digerida. Es fácil de solucionar.

–¿El filtro de alihotsy? –dijo Harry–. ¿Pone a todos locos e histéricos?

–No. Tiene efectos emocionales impredecibles en la etapa intermediaria y arriesgamos ser expuestos al vapor.

–¿Y si hacemos algo a la solución para la inflamación de alguien? –dijo Ron–. Snape tendría que curar a todos los que se hinchen.

Hermione lo pensó y observó la receta por alguna indicación.

–Eso podría funcionar –dijo–. Pero no la prepararemos hasta diciembre. Si tenemos que esperar tanto para obtener los ingredientes, el veritaserum no estará listo hasta Navidad.

–Pues, a menos que quieras intentarlo con alguna de las otras…

Observó la lista de nuevo, mordiéndose el labio. No quería admitirlo, pero no había nada que pudieran usar antes. Soltó un suspiro.

–Supongo que no. Pero aun así, Navidad… supongo que puedo decirles a mis padres que quiero quedarme para investigar más, pero no quiero dejarlos solos.

–Podemos intentar algo más –dijo Ron con tono de disculpa.

–No, no, hay personas en peligro aquí. Esto es importante. Hay que hacerlo.


Queridos mamá y papá:

Lamento mucho tener que darles malas noticias, pero algo escalofriante está ocurriendo. Ha habido dos ataques en el castillo. El primero fue contra un gato, pero el segundo fue contra un niño de primer año. Lo extraño es que no fueron ataques normales. Fueron "petrificados", como estatuas… No quiero decir transformados, sólo congelados y aparentemente inconscientes, como un coma mágico o animación suspendida. Nadie puede hacer nada por ellos en este momento, pero los profesores dicen que estarán bien en la primavera después de que el profesor Snape prepare una poción restaurativa con mandrágora para ellos.

Nadie sabe quién lo hizo o como, pero pensamos que tiene que ver con algo llamado la Cámara de los Secretos. Pueden leer sobre eso en la copia de Una historia de Hogwarts que dejé en casa. Existe la leyenda que Salazar Slytherin, uno de los fundadores de la escuela, creó una cámara con un monstruo dentro para deshacerse de todos los hijos de muggles. Supuestamente, sólo el heredero de Slytherin puede controlarlo. Draco Malfoy ha estado actuando como que sabe algo todo el año. Y este elfo extraño también se ha aparecido diciendo que sabe algo, pero no puede decirnos.

Estoy teniendo cuidado, y los maestros están intentando descubrir quién lo hizo, pero es escalofriante. Estoy segura de que a Malfoy le encantaría verme atacada. Ambas víctimas estaban solas, así que me estoy asegurando de no estarlo. En verdad espero que puedan resolverlo pronto. Si tenemos suerte, todo será resuelto antes de Navidad. Los mantendré informados lo más que pueda.

Con amor,

Hermione

Hermione no mencionó aún que quería quedarse a pasar Navidad. Tenía el suficiente tiempo para decidirlo, y si no había más ataques por un tiempo, ambos se sentirían mejor.


Hermione estaba muy cansada cuando salió de clase de Aritmancia el lunes, y aún necesitaba trabajar en el veritaserum. Era difícil arreglar las cosas para no tener que estar ahí a horas inconvenientes, lo cual alentaba el proceso. Por suerte, había logrado jugar con los números y creado un horario razonable.

Después de un largo día de Pociones, Herbología, y una inútil clase doble de Defensa, Aritmancia era refrescante, pero aun así, estuvo cansada y distraída durante la lección, y varios lo notaron, así que no debió sorprenderle que la profesora Vector le pidiera hablar después de clase.

–Hermione, ¿te sientes bien? –dijo con gentileza–. Parece que no has estado durmiendo bien de nuevo.

Hermione miró al suelo avergonzada y sacudió la cabeza. Por un momento, no pudo obtener el valor para hablar.

–No por falta de intentarlo, profesora –dijo en voz baja–. No he podido dormir.

–¿Hay algún problema?

Hermione se forzó a levantar la mirada.

–Es el asunto de la cámara de los secretos. Al principio pensé que quizás alguien le había hecho una broma cruel a la Sra. Norris, pero Colin fue petrificado… –Apretó sus manos en puño, determinada a no dejar que su maestra las viera temblar.

–Oh… –Vector se acercó y colocó un brazo alrededor de los hombros de Hermione–. Mentiría si te dijera que no estoy preocupada. Nada como esto ha ocurrido en mis años en Hogwarts, como maestra o estudiante. Si alguna criatura, o persona, está atacando estudiantes, y no lo podemos encontrar… pues, confieso que yo tampoco he podido dormir bien. –No lo dijo, pero estaba especialmente preocupada por Hermione, la hija de muggles con gran intelecto, curiosidad ilimitada, y una tendencia a meterse en problemas. No necesitaba ser dicho en voz alta.

–Profesora, usted estuvo en Slytherin –dijo Hermione con entusiasmo–. ¿Sabe algo sobre la cámara?

–No más que tú, estoy segura, y probablemente menos… por lo menos sobre algo cierto. Claro que es una leyenda popular en los dormitorios de Slytherin. Debí de haber escuchado cientos de versiones diferentes durante mis siete años como estudiante, todas diferentes y probablemente ninguna cierta. Una de las versiones más populares entonces era que el monstruo de Slytherin era una acromántula, pero las acromántulas no petrifican a las personas… no te preocupes, lo investigué.

–¿Y nadie más tenía idea de quién era el heredero de Slytherin?

–No. Muchos hablaban sobre eso… decían saber quién era. Incluso los pequeños de primero llegaban diciendo que su padre lo conocía o alguna otra tontería. Pero la mayoría sólo hablaba sobre cómo les gustaría saber quién era. Tenía una compañera de cuarto que se la vivía diciendo que el heredero de Slytherin regresaría, y perdón por la frase, "y se desharía de todos los sangre sucia"... Nunca me agradó.

–¿No era la mamá de Draco Malfoy, verdad? –preguntó Hermione.

La profesora Vector se sonrojó un poco.

–No, soy un poco mayor que Narcissa Malfoy y sus hermanas. ¿Por qué? ¿Acaso Draco Malfoy te ha estado dando problemas?

Hermione asintió.

–Lleva diciendo desde el comienzo del año que no debí de regresar. Y cuando la Sra. Norris fue petrificada, dijo… dijo "los sangre sucia serán los siguientes".

La profesora gruñó.

–Lamento que hayas tenido que escuchar eso, Hermione. He intentado elevar el nivel de Slytherin, y en particular, el hacer algo por eliminar ese insulto por veintiún años, pero es una batalla solitaria. Intentaré prestar un poco de más atención a las acciones de Malfoy por ti cuando pueda.

–Gracias, profesora. Es que he estado tan preocupada…

–Lo sé. No te diré que no te preocupes porque sé que lo harás. Y honestamente, es algo por lo que hay que mantenerse alerta. Pero tienes buenos amigos, Hermione. Recuerda eso, y mantente cerca de ellos. Hay seguridad en números.

–Lo haré. Gracias, profesora.

–Bien. ¿Cómo van tus otros estudios?

Hermione se iluminó ante eso.

–Pues, el calcular jacobianos es un dolor de cabeza, pero voy bien. Y creo que tengo un buen esbozo para ese ensayo de pociones. Esperaba poder hacer algunos experimentos durante Navidad, pero… pero no estoy segura de poder hacerlo. No es que sea difícil, pero no estoy segura de tener el tiempo.

De repente, la profesora Vector comenzó a reír.

–¡Profesora! –Se quejó Hermione–. ¿Qué? ¿Qué es?

–Oh, Hermione, lo siento –respondió–. No es gracioso dadas las circunstancias. Es sólo que sólo podrías perder el sueño por algo como el heredero de Slytherin y aún hablar tan… casualmente sobre escribir un innovador ensayo de pociones en tu tiempo libre.

Hermione también se rió. Era algo gracioso.

–Gracias, profesora –dijo–. En verdad necesitaba eso.

–No hay de qué. Cuídate, y mantente a salvo. Es lo mejor que puedes hacer por el momento. Oh, y no creas en ninguno de los amuletos que los estudiantes mayores están vendiendo para protección.

–Sí, profesora.


Hermione no estaba segura de donde estaba. Era algún rincón oscuro del castillo, estaba segura, pero imposiblemente, no lo reconocía. Había visitado cada rincón de Hogwarts por lo menos una vez, pero ese lugar… no le era nada familiar. Aceleró sus pasos, dando vuelta en una esquina, y luego otra, y luego otra, buscando algo que reconociera. Por la estructura tipo laberinto, debería de estar en las mazmorras, ¿pero dónde?

Fue entonces que escuchó los pasos detrás de ella. Se dio la vuelta, pero no vio a nadie. Siempre estaban detrás de ella, sin importar cuantas veces se diera la vuelta. Necesitaba alejarse. Corrió… dando vueltas y vueltas en las mazmorras. ¿Cuándo habían crecido tanto? ¿Acaso había una sección infinita en las mazmorras de la que no sabía, como la escalera en espiral en la gran torre? Y aun así, siempre, los pasos continuaban detrás de ella, acercándose lentamente.

De repente, llegó a un pasillo sin salida. Prácticamente se estrelló contra la pared de piedra antes de verla. Al mismo tiempo, los pasos se detuvieron a los que parecían sólo unos pies detrás de ella. Temblando, se dio la vuelta, varita en mano.

¡Estaba ahí! ¡El heredero de Slytherin! No sabía cómo lo sabía, pero debía ser él. Su rostro estaba ocultado por las sombras, pero la voz era clara y familiar.

–No debiste regresar –dijo el heredero.

–P...p...por favor –gimoteó–. N...nunca te hice nada.

–No debiste regresar –repitió el heredero–. Debiste escuchar a tus superiores. Pero ahora, lo pagarás.

–¡No, por favor…!

–Es hora de que conozcas al monstruo de Slytherin.

Y entonces lo vio… o más bien, no lo vio ya que parecía estar hecho de la misma oscuridad. El monstruo salió de las sombras detrás del heredero y se deslizó hacia ella, una masa oscura como un agujero en el aire.

–¡No, por favor no! ¡Lumos! –lloró Hermione, esperando por lo menos ver contra que estaba luchando, pero la pequeña luz en su varita no logró penetrar la oscuridad–. ¡Lumos! –Intentó de nuevo–. ¡Lumos Solem! ¡Lumos Maxima! ¡Incendio! –Pero nada funcionó. Escuchó una carcajada terrible y el monstruo ya estaba sobre ella.

–¡Ah! –gritó y, actuando con puro instinto, tomó su varita de la mesita de noche–. ¡Lumos Solem! –Y el cuarto fue inundado por la cegadora luz del sol por unos segundos antes de que su varita se apagara.

Hermione escuchó gritar a cuatro voces femeninas, seguidas de gruñidos y murmullos confusos. Finalmente abrió los ojos. Estaba en su dormitorio. Apenas estaba amaneciendo. Lily y Sally-Anne se acababan de levantar. Y había lanzado un hechizo de luz solar en dirección a Lavender y Parvati, quienes aún dormían.

–Demonios, Hermione, ¿qué fue eso? –se quejó Lavender, cubriendo sus ojos con su brazo.

–Yo… lo siento –tartamudeó–. Fue… tuve una pesadilla.

–Oh, lo siento. Pero intenta no entusiasmarte con tu varita la próxima vez.

–¿Fue sobre la cámara de los secretos? –Preguntó Sally-Anne. Hermione recordó que no era la única hija de muggles en el dormitorio. Sally-Anne no había dicho mucho sobre el asunto, pero Hermione no creía haberla visto separada de Lily desde Halloween.

–Sí, lo fue –dijo Hermione con voz baja–, o por lo menos sobre el heredero de Slytherin.

–¿Quieres hablar sobre eso?

–Eh, no, no realmente. Mejor bajaré a la sala común.

Después de arreglarse y tomar su libro de cálculo, hizo eso. Pero a pesar de la hora temprana, se encontró con que ya había alguien más abajo.

–¿Hermione? –dijo una voz pequeña con sorpresa.

Hermione lanzó una mirada y vio a una pequeña y pálida pelirroja guardando su diario.

–Hola, Ginny –dijo con cautela–. ¿Tampoco pudiste dormir?

–Eh… no –dijo Ginny como atrapada–. Este... eh…. ¿ha sido una semana difícil?

–Ni me lo digas –dijo Hermione sin prestar atención mientras abría su libro.

–Pues… Colin se sentaba a mi lado en clase de Encantamientos –dijo Ginny.

Hermione levantó la mirada.

–Lo siento.

–No sé qué ocurrió –dijo ella–. Las cosas parecían estar regresando a la normalidad después de Halloween, y entonces…

–Lo sé. Es escalofriante… estudiantes siendo lastimados y que nadie sepa que ocurre.

–¿Tienes miedo?

Hermione se acercó un poco más a Ginny.

–Sí, lo tengo, pero estoy haciendo algo al respecto. Harry, Ron, y yo estamos trabajando en una manera de descubrir quien está haciendo esto.

Por alguna razón, eso provocó que Ginny palideciera aún más.

–No te preocupes. Tendremos cuidado.

–¿Qué están haciendo? –preguntó la pelirroja.

–Lo siento, es mejor que lo mantengamos secreto. Probablemente no debería decirte tanto. Sólo quería que lo supieras.

–Pues… gracias –dijo Ginny, pero aún sonaba bastante nerviosa.

Hermione se sorprendió un poco de que Ginny no le preguntara sobre su libro de matemáticas, pero ambas se sentaron en silencio hasta que fue la hora del desayuno. Ginny en verdad no lucía bien. Lucía muy similar a como Hermione se había sentido el año anterior cuando había dejado de dormir bien. En verdad debía de estar preocupada por Colin, pensó, pero Hermione no la culpó. Estaba segura de que estaría igual de perdida si algo le pasara a Harry o Ron.

–¿Quieres ir a desayunar, Ginny? –dijo finalmente.

–¿Eh? Sí, claro –dijo Ginny sin verdadero entusiasmo.

–Vamos, te acompaño abajo.

–¿Qué? No necesito que me ayudes.

–Lo sé, pero es más seguro juntas, ¿recuerdas?

–De acuerdo.

Ambas niñas dejaron la torre y bajaron al gran comedor, pero ese día, Hermione tenía el presentimiento de que algo extraño iba a ocurrir. Y cuando llegaron al vestíbulo, así fue.

Tanto Hermione como Ginny gritaron cuando dos monstruos anaranjados saltaron de detrás de una estatua y comenzaron a rugir. Hermione casi se dio la vuelta para salir corriendo, segura de que finalmente se había encontrado con el temible monstruo de Slytherin, hasta que se dio cuenta de que los "monstruos" usaban túnicas de Hogwarts. De algún modo, Fred y George habían logrado cubrir sus caras con pelo, y su cabello era una fabulosa melena de león de color naranja brillante, y sonaba a que también habían consumida una poción de rugido de león.

–¡Rayos! –gritó Ginny una vez que recuperó su aliento–. ¡Les dije que pararan con eso! ¡Casi nos matan del susto! –sacó su varita–. ¡Chiroptera Mucosa! ¡Chiroptera Mucosa!

Sus hechizos golpearon a los gemelos en la cara. Sus rugidos inmediatamente cambiaron al de un gato al que le habían pisado la cola mientras que, a pesar de la imposibilidad anatómica, murciélagos negros adultos salieron de sus narices y batieron sus alas contra sus caras. Sin poder hablar para disculparse, los gemelos se vieron obligados a salir huyendo, evitando ser víctimas de otro hechizo de Ginny.

–Increíble –dijo Hermione–. ¿Qué fue eso?

–Oh, han estado haciendo cosas estúpidas como esa tratando de animarme.

–¿Pensaron que eso te haría sentir mejor? Oh, son ellos… por supuesto que sí. ¿Pero qué fue ese hechizo?

–Esa fue la maldición de los mocomurciélagos de Bill. Me lo enseñó después de que me compraron mi varita.

–Impresionante. Nunca hubiera pensado que alguien de primer año pudiera lanzar un hechizo como ese.

–Gracias –dijo Ginny jugando con su cabello.

–¿Crees que podrías enseñármelo?

–Oh, no, una niña debe de tener algún secreto –dijo Ginny. Pero pareció perder el ánimo de nuevo después de eso y no habló mucho durante el desayuno. Hermione no estaba segura de que pensar de la niña, pero por otro lado, no sentía tener el tiempo de preocuparse en ese momento.


–Myrtle –dijo Hermione un día mientras trabajaba en el veritaserum.

Escuchó a Myrtle soplar su nariz en el cubículo de al lado.

–¿Qué? –dijo con aire sombrío.

–Durante esa celebración de cumpleaños de muerte vi a fantasmas montando a caballo, tocando las sierras musicales, leyendo discursos escritos… ¿Cómo es que los fantasmas obtienen cosas en el… tú sabes, más allá?

Myrtle permaneció en silencio por un momento, y después atravesó su torso por la parte superior del cubículo.

–No lo sé –dijo–. Nunca me he preocupado por esas cosas, y si lo hice, sólo le pregunté a un fantasma más antiguo.

–Oh –dijo Hermione decepcionada–. Si no te molesta que te pregunte, ¿cuántos años tienes?

–Catorce. Tan joven… –gimió el fantasma.

–No, quiero decir… incluyendo tu muerte.

–Oh… –Myrtle frunció el ceño mientras pensaba–. No lo sé.

¿No sabes?

–Creo que perdí la cuenta. Muchos de esos años son borrosos. –suspiró Myrtle con tristeza y regresó a su cubículo–. Sufriendo por décadas, nadie nunca interesado en la pobre de Myrtle –dijo en voz baja antes de lanzarse dentro de su excusado.

Hermione también suspiró. Myrtle no era alguien con quien pudieran tener una buena conversación y tampoco parecía estar bien informada, comparada con la mayoría de los fantasmas. Intentaba ser amigable, pero la fantasma no parecía estar interesada. Era desafortunado. Hermione estaba pasando tanto tiempo ahí que sintió que sería bueno tener alguien con quien hablar.


Notas del autor: Chiroptera Mucosa: Basado en "murciélago" en griego y "mucosidad" en latín.