Harry Potter fue hecho a propósito, dijo JK Rowling. En cualquier galaxia en la que se encuentren, pueden tomar la circunferencia de Harry Potter, dividirlo por su diámetro, medirlo lo suficiente cerca, y descubrir un milagro… otro Harry Potter, dibujando a kilómetros del punto decimal.


Capítulo 31

En diciembre, Hermione se sentía más tranquila al tener mejor suerte. Primero, no hubo más ataques por un mes, así que no se sintió tan mal diciendo a sus padres que quería quedarse a pasar Navidad en la escuela. Segundo, el robo del almacén privado de Snape tuvo lugar con éxito. Oh, Snape probablemente tenía una buena idea de quien había hecho explotar el caldero de Goyle y lo que había sido robado, pero no podía probarlo. Y tercero, la escuela había anunciado la creación de un club de duelo.

–¡Finalmente! –dijo Hermione–. Quizás podamos aprender Defensa avanzada.

–Que, ¿piensas que el monstruo de Slytherin puede luchar con una varita? –dijo Ron.

–Cualquier cosa ayuda, Ron. Me pregunto quién estará a cargo. Espero que sea el profesor Flitwick. Siempre habla sobre sus días en el circuito de duelos profesionales.

–Mientras no sea Lockhart –dijo Harry.

Pero para el desaliento de Harry, era el profesor Lockhart quien estaba a cargo del club de duelos, junto a su "asistente", el profesor Snape.

Snape destrozó a Lockhart.

Sólo utilizó un encantamiento de desarme, y Lockhart intentó hacerlo parecer como que esa fue su intención, pero a Hermione le costó trabajo creerlo, por mucho que quería. Sólo había tantos "errores" que podía aceptar de Lockhart.

Las cosas no mejoraron después de eso ya que el profesor Snape había pedido a Hermione que combatiera contra Millicent Bulstrode, y de algún modo había terminado en una dolorosa llave de cabeza hasta que Harry quitó a la niña más grande de encima. Después, Snape puso a Harry contra Malfoy en la plataforma y susurró algo en el oído de Malfoy. Lockhart parecía también estar enseñando un hechizo a Harry, pero soltó su varita. Harry lucía confundido mientras Lockhart decía la cuenta regresiva.

–Tres… dos… uno… ¡ahora!

Malfoy movió su varita ampliamente.

¡Serpensortia! –gritó, y con un fuerte ruido, una enorme serpiente negra y venenosa salió de la punta de su varita y cayó sobre la plataforma, levantando su cabeza para lanzarse contra Harry. Hermione (y la mayoría de la multitud) dio un paso atrás con rapidez. Harry sólo se quedó ahí, obviamente sin tener idea de cómo detenerlo.

–No te muevas, Potter, me desharé de ella –dijo Snape con flojera.

– ¡Permíteme! ¡Alarte Ascendere! –Lockhart agitó su varita, pero, en lugar de deshacerse de la serpiente, la lanzó al aire y la hizo enojar. La serpiente comenzó a deslizarse hacia el blanco más cercano, Justin Finch-Fletchley, mostrando los colmillos.

Y después ocurrió.

Harry abrió su boca, pero ningún hechizo, de hecho, ninguna palabra salió de esta, sólo un extraño siseo. Había algo malo en eso, algo que no era natural, como si no fuera una parte normal de la realidad, o por lo menos, no fuera parte de Harry.

Pero la serpiente se detuvo.

Hermione nunca había visto o escuchado algo como eso, sólo leído descripciones vagas, pero comprendió. Harry estaba hablando parsel, y basado en su lectura sobre la cámara de los secretos, sabía que era una habilidad por la que Salazar Slytherin había sido famoso. Pero Harry no podía ser el heredero de Slytherin. Ella sabía dónde había estado durante ambos ataques. Ella estuvo ahí durante el primero.

Harry lucía feliz por su… habilidad, claro, hasta que Justin salió huyendo del comedor y notó las miradas de terror en su dirección. Ron rápidamente lo tomó y lo jaló fuera del comedor. Ni él ni Hermione hablaron hasta que llegaron a la sala común, y Ron lanzó a Harry contra un sillón.

–¿Por qué no nos dijiste que hablas parsel?

–¿Hablar qué? –dijo Harry con confusión.

–¡Parsel! Puedes hablar con las serpientes.

–Sí, ¿y? –respondió Harry–. No es como si estuviera alrededor de tantas serpientes. Quiero decir, accidentalmente lancé una boa constrictor contra Dudley, pero esa es la única otra vez que ha ocurrido.

La boca de Hermione se abrió un poco. La historia de Harry no era tan sorprendente. Siendo criado por muggles, y no muy bien, probablemente no sabía mucho sobre eso.

–¿Lanzaste una boa constrictor contra tu primo? –dijo Ron con preocupación.

–Por accidente –repitió Harry.

–Pero acabas de lanzar esa serpiente contra Justin…

–¡¿Qué?! ¡No! Le dije que se hiciera para atrás. ¿No escucharon?

–No, nosotros no hablamos parsel, Harry –le dijo Ron–. Sonaba a que la estabas incitando o algo. Sólo escuchamos el siseo. Apuesto a que eso pensó Justin.

–Pero eso es ridículo. Estaba hablando inglés… ¿no? Hermione, estaba hablando inglés, ¿verdad?

Hermione sacudió la cabeza.

–No, Harry. Sonó como un siseo para mí… probablemente para todos. Sólo los que hablan parsel pueden comprenderlo.

–De acuerdo, hablo parsel. ¿Cuál es el problema?

–Harry –dijo Hermione con calma–, el hablante de parsel más famoso en la historia fue Salazar Slytherin. –Harry la observó, finalmente comprendiendo el horror de la situación–. Es por eso que el símbolo de Slytherin es una serpiente.

–Exacto –continuó Ron–, y ahora todos van a pensar que tú eres el heredero de Slytherin.

–¡Pero no lo soy…! –Harry continuó mirando a los dos nervioso–. Saben que no lo soy –dijo con fiereza.

Nosotros lo sabemos, Harry… o por lo menos sabemos que no atacaste a la Sra. Norris y a Colin –respondió Hermione–. Pero Salazar Slytherin vivió hace mil años… puedes ser su descendiente.

Harry lucía temeroso, dándose cuenta que quizás tenía razón.

–Pero… ¿cómo?

–Haz el cálculo. Tienes dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos, y así… dos veces más ancestros en cada generación, ¿verdad?

–Eh, supongo –Harry murmuró, pero no lucía convencido.

Hermione lo intentó de todos modos.

–Es crecimiento exponencial. Si examinas diez generaciones, tienes más de mil ancestros… veinte generaciones, un millón… treinta generaciones… mil millones, lo cual es mucho más que la población muggle en Europa en esa época, y eso es sólo hace setecientos u ochocientos años. Sólo examinando los ancestros hasta ese punto comienzas a tener ancestros duplicados con parientes distantes… primos en cuarto, quinto, y décimo grado… casándose. Si examinas la población de hace mil años, todos los sangre pura probablemente están relacionados. Ron podría ser descendiente de Slytherin. Yo podría ser descendiente de Slytherin. De hecho, me sorprendería más si no lo soy. Los sangre pura no pueden ser puros por siempre.

–Pero el "verdadero" heredero de Slytherin probablemente habla parsel –dijo Harry.

–Pero sabemos que tú no lo hiciste, y no lo harías –insistió ella–. Honestamente, el hecho de estás tan preocupado es algo bueno.

Pero Harry no se sentía consolado. Estuvo taciturno el resto de la noche y todo el día siguiente. Quizás no estaba tan preocupado por la posibilidad de ser el heredero de Slytherin, pero definitivamente estaba preocupado por lo que pensarían los demás. Hermione hizo lo mejor por darle espacio, esperando que se sintiera mejor después de un tiempo. Quizás estaba siendo muy optimista considerando lo terco que era Harry, pero se estaba cansando de su actitud.

Ya que Herbología había cancelado ese día debido al clima, Hermione sugirió un juego de ajedrez a Ron. Había pasado un tiempo desde que habían jugado y él aceptó con gusto. Hermione se había esforzado más las últimas veces que habían jugado, con aperturas estándar como el gambito de reina, pero lo mejor que había logrado era un empate. Pensaba que le estaba yendo bien en ese juego, y para su alivio, Harry se fue a la mitad a encontrar a Justin y explicar las cosas.

De hecho, había logrado llevar a Ron a un cierre ventajoso cuando hubo una conmoción en el retrato de la entrada. Todos levantaron la mirada para ver a Katie Bell entrar a la sala común, gritando.

–¡Hubo un ataque! ¡Hubo un ataque!

Al instante, hubo una conmoción mientras varias personas gritaban y rodeaban a Katie, intentando extraer la historia. El corazón de Hermione latió con fuerza. Katie la vio junto a Ron y se dirigió a ellos.

–¡Granger! ¡Weasley! ¡Piensan que Harry lo hizo!

–¿Qué? –dijo Ron con incredulidad.

–¡No! –gritó Hermione.

–Lo encontraron en la escena. Hagrid jura que no fue él, pero Dumbledore está hablando con él.

–No p...p...pudo ser H...Harry –tartamudeó Hermione–. E...estuvimos con él cuando ocurrió el primer ataque.

–¿Quién fue petrificado? –dijo Ron. Tanto él como Hermione temían la respuesta.

–El Hufflepuff de anoche… –dijo Katie y gritos ahogados se escucharon en la sala común–. Justin Finch-Fletchley… ¡y Nick Casi Decapitado!

Hermione se cubrió su boca con sus manos, no sólo por el horror, pero también por su repentina nausea, mareo, y sudor. Comenzó a temblar, soltando un chillido por la sorpresa, y subió corriendo las escaleras. No quería ir hasta su cuarto, sólo corrió a la primera habitación y después al baño, encontrándolo afortunadamente vacío, y se encerró dentro.

En la distancia, en una esquina de su mente, parte de su cerebro estaba pensando, por Dios, estoy sufriendo un ataque de pánico. El resto de su cerebro corría a una milla por minuto, intentando pensar algo coherente.

¿Nick Casi Decapitado? ¿Qué podía petrificar a un fantasma? ¿Qué podía lastimar a un fantasma? ¡Y Justin! ¿Acaso el heredero intentaba culpar a Harry? ¿Estaba amenazando a las personas cercanas a él? ¿Era Malfoy? ¿Ella iba a ser la siguiente? Se sentó ahí por no supo cuánto tiempo, ocultándose en la esquina de un baño que no era suyo. Era igual a su primer año.

Draco Malfoy iba tras ella, pensó. Y si él era el heredero de Slytherin, y nadie podía atraparlo o descubrir cómo lo estaba haciendo, estaba segura de que era cuestión de tiempo. En el mejor caso, perdería los siguientes meses de su vida y probablemente tendría que repetir su segundo año en cualquier escuela a la que sus padres la enviaran porque ciertamente no la dejarían regresar a ese lugar. Pero en el fondo, sabía, sabía que Malfoy no dudaría matarla si podía salirse con la suya. ¿Se podía cortar la garganta de alguien petrificado? Si no, quizás había métodos más drásticos… ¡NO! No podía pensar eso. Ya estaba lo suficiente asustada. Pensar en eso sólo lo haría peor.

¿Pero qué iba a hacer? Sólo podía dejar el castillo durante Navidad y Pascua. Ya estaba comprometida a quedarse en Navidad para terminar el veritaserum, y se perdería los exámenes si se iba en Pascua, pero quedarse en el castillo con Draco Malfoy un minuto más de lo que debía parecía una mala idea.

Fue sorprendida por un golpe en la puerta.

–¡AH! –gritó.

–¡AH!

–¿Quién es? –dijo Hermione, sosteniendo su varita con fuerza.

–¡Sólo abre! –gritó la otra voz. Se escuchaba tan asustada como ella.

Con la varita lista, se puso de pie lentamente y abrió la puerta un poco para lanzar una mirada rápida afuera.

–¿Ginny? –dijo con sorpresa.

Fue entonces que Hermione se dio cuenta que el cuarto al que había entrado era el de las niñas de primer año. Ginny no le respondió. Sólo abrió la puerta con fuerza y sacó a Hermione del baño. No se veía bien. El rostro de Ginny estaba tan blanco como la tiza, su túnica y su cabello desarreglados, y estaba sudando y temblando mucho más que Hermione. Una vez que Hermione estuvo fuera, corrió dentro y cerró la puerta. En segundos, Hermione escuchó el sonido de Ginny perdiendo su desayuno. No la culpó. Quizás no era un blanco como sangre pura, pero todo el asunto era horrorizante. Esperó nerviosa por un momento, pero cuando Ginny no salió, Hermione decidió que no estaba en condición de ayudarla y subió a su propio dormitorio.


Queridos mamá y papá:

Cambié de opinión. Regresaré a casa en Navidad, y no estoy segura de sí regresaré a la escuela. ¿Podrían escribir a Beauxbatons y pedir la solicitud de transferencia?

Hubo otro ataque, y esta vez, fue peor. Un niño de Hufflepuff en mi año fue petrificado, y también un fantasma. ¡Un fantasma! No tengo idea de cómo eso fue posible. Nadie lo sabe. Aún creo que Draco Malfoy es el culpable, o por lo menos está involucrado. Lamento sonar tan histérica, pero honestamente creo que quiere matarme. Sé que suena difícil de creer de un niño de doce años, pero su familia es básicamente una familia mágica nazi.

Lo siento. Ya no aguanto más. Estoy paranoica y tengo ataques de pánico. No puedo ir a ningún lado sola, y necesito irme de esta escuela. No quiero abandonar a mis amigos, pero no ayudaré estando petrificada o peor.

Con amor,

Hermione

Dan y Emma Granger leyeron una y otra vez la carta con terror, preguntándose qué había ocurrido con el Hogwarts seguro.

–Algo en verdad la está afectando –dijo Dan, abrazando a su esposa.

–¿Puedes culparla? –respondió Emma–. Sus amigos están siendo atacados por un monstruo que nadie sabe quién o qué es.

–No la culpo, Emma. Creo que está haciendo lo más inteligente. Es sólo que casi fue matada por un troll de montaña, y su maestro fue asesinado en frente de ella, y aun así quería regresar. Ahora, no puede aguantar quedarse un minuto más.

–Creo que la situación es más cercana. Aún si ese Malfoy no es quien está atacando a los estudiantes, aún es un blanco por su sangre. Es una lástima, lo sé. Se ha estado llevando tan bien con sus amigos y especialmente con la profesora Vector. La noche que estuvimos con los Weasley… –Emma casi estaba llorando–. No la había visto tan feliz en mucho tiempo. –Enterró su rostro en el hombro de Dan.

–Lo sé, cariño, lo sé –susurró–. Pero por lo menos estará a salvo. Y ella sola lo decidió. No podemos negarle eso.


Hermione sabía que tenía preparaciones que hacer, y sólo tenía una semana para hacerlo antes de que el expreso la llevara de regreso a Londres, quizás por última vez. Tener un plan y saber sus responsabilidades en ese plan había hecho a un lado los ataques de pánico por el momento. Había regresado a su modo determinado.

El primer paso era tener el baño de Myrtle listo. Le tomó todas las piezas de vidrio de su kit de pociones para crear y probar un químico que funcionara sin tener que usar una transformación en la que no confiaba. Tendría que usar el kit de su pareja en clase el jueves y comprar uno nuevo durante las vacaciones. A sus padres no les gustaría, pero no tenía otra opción en mente. Había modificado los trozos de vidrio con fuego conjurado, trabajando principalmente con teoría. Sólo funcionó bien cuando lo probó con agua. Probablemente perdería mucho líquido, pero era suficiente. El veritaserum estaría listo a tiempo.

Aún hablaba con Myrtle cuando el fantasma tenía el ánimo. Pero desde el último ataque, estaba consciente de que sus preguntas eran más mórbidas, preguntando sobre su "vida" como fantasma. A Myrtle parecía gustarle la atención, lo cual sólo alimentó el ciclo poco saludable, y mientras más escarbaba Hermione, la vida después de la muerte se veía más extraña y escalofriante.

–Myrtle… –preguntó mientras terminaba de arreglar sus cosas–, ¿alguna vez has pensado en… terminar tu educación?

¿Disculpa? –dijo el fantasma con indignación–. No puedo hacer eso si no puedo lanzar un hechizo con esta estúpida varita. –Sacó una varita fantasmal de su túnica y la agitó a su alrededor, sin efecto.

–Lo sé. Es sólo que pensé que aún podrías atender lecciones. Te daría algo que hacer.

–¿Por qué querría hacer eso? –Myrtle sopló su nariz–. Me gusta estar aquí.

Pero eres miserable aquí, pensó Hermione.

–Pues, si vas a acosar una escuela, por lo menos podrías aprender algo.

–¿Cuál es el punto? No es bueno para mí.

–Vamos, Myrtle, eres una Ravenclaw. "El ingenio sin medida es el mayor tesoro de un hombre". ¿No es eso lo que dicen?

–Fue así... una vez… hace mucho tiempo –murmuró–. Pero es tan cansado recordar.

Hermione entrecerró los ojos. Su memoria recordó algo que había leído unas semanas antes, pero no lo podía poner en palabras a través de sus otras preocupaciones. Tendría que investigarlo cuando tuviera la oportunidad.

–Lo siento, Myrtle, aun no entiendo a los fantasmas –dijo–, ¿pero no hay algo que quieras hacer además de pasar todo tu tiempo aquí?

Myrtle sopló su nariz de nuevo.

–No realmente. No hay nadie que se burle de mí aquí, excepto Peeves. Y por lo menos has intentado ser amable. No es tan malo.

Hermione pensó que sonaba deprimente, y no creía que Myrtle apreciaría lo que tenía que hacer después.

–Pues, en verdad lo siento, pero no estoy segura de que regresaré después de Navidad. Espero que puedas entenderlo considerando este asunto del heredero de Slytherin. Quiero decir, incluso atacó a Nick.

–Oh, adelante, sálvate –dijo Myrtle tristemente–. No te preocupes por mí. Nadie se molestará en venir a verme aquí de nuevo. No sé porque estás tan asustada ahora. Estas cosas siempre pasan aquí.

–¿Eh? ¿De qué hablas? –dijo Hermione. Pero Myrtle ya se había lanzado de nuevo a su excusado. Hermione pensó que Myrtle estaba siendo igual de deprimente y se fue.

Le había rogado a Harry, y él le había prestado su capa de invisibilidad para ir y venir del baño de Myrtle sola sin tener que preocuparse por ser encontrada por el heredero. No había estado en los pasillos sola desde que Justin había sido atacado. Después de ponerse la capa, caminó por los pasillos, invisible, buscando a las dos personas que necesitaba que la ayudaran. No fue difícil.

–¡Hagan paso para el heredero de Slytherin! ¡Un verdadero mago oscuro está pasando!

Los gemelos Weasley estaban llevando a Harry por los pasillos, burlándose de todos los que se escondían de él y pensaban que en verdad era el heredero. Irónicamente, parecía lo único que había animado a Harry, así que lo habían estado haciendo toda la semana, a pesar de que Percy y Ginny les habían dicho que pararan.

–Tengan cuidado, dejará entrar a todas las víboras al castillo por el invierno –dijo Fred.

Hermione se escondió detrás de una estatua y se quitó la capa.

–Psh. Harry –lo llamó.

Harry miró en su dirección y cruzaron miradas.

–Aquí está tu capa, Harry –susurró–. Gracias. Ya tengo todo listo.

–No hay problema, Hermione. ¿Segura que no puedes quedarte? –dijo Harry con tristeza.

–No, lo siento, pero apenas y logré pasar esta semana.

–¿Planeando un ataque secreto contra el enemigo? –dijo Fred apareciendo de golpe.

–No con Harry –dijo ella rápidamente–. Ustedes son a quienes necesito.

Las cejas de Fred y George desaparecieron entre su cabello.

–Y qué tipo de servicio… –comenzó George.

–¿...ocupas de nuestra parte, señorita Granger? –terminó Fred.

–Les mostraré. Vamos, síganme.

Fred y George se lanzaron una mirada inquisitiva y caminaron detrás de ella en dirección al baño de Myrtle.

–¿El baño de niñas? –dijo Fred–. Oh, pequeña…

–Oh, limpien sus mentes… yo… estoy planeando algo mucho más perverso.

Eso obtuvo su atención.

–Esto va a estar bueno, George.

–Sí, quizás suframos hasta la próxima semana, pero será bueno –respondió.

Hermione suspiró.

–Sólo miren. –Abrió la puerta del cubículo, mostrándoles el caldero.

–Oh, vaya –dijo George–. Creando pociones ilícitas. ¿Y eso es un destilador?

–Sí. Tuve que hacerlo yo ya que no podía comprar uno.

–Por supuesto que lo hizo, Fred.

–Por supuesto que sí. Así que… si traemos una cerveza de mantequilla…

Lanzó una mirada molesta a Fred.

–No es un buen destilador. No vale la pena el esfuerzo.

–De acuerdo, o gran Maestra de Pociones –respondió Fred–. ¿Y qué estás preparando?

–Veritaserum.

Las quijadas de Fred y George cayeron al suelo.

–Te estás burlando de nosotros –dijeron al mismo tiempo.

–No. Aquí están las instrucciones que copié de Moste Potente Potions. –Les mostró su cuaderno–. Si todo sale bien, estará lista el día de Navidad.

George le quitó las instrucciones y las examinó.

–Demonios, no está bromeando. En verdad está preparando veritaserum.

–Esto es una locura –dijo Fred sin poder creerlo–. Es de nivel de séptimo año: un mes entero para prepararlo, destilarlo al final, y algunos de estos ingredientes… plumas de jobberknoll, trompeta del diablo, y ¿de dónde sacaste las conchas de cangrejo de fuego?

–Se las robé a Snape.

Las quijadas de los gemelos cayeron al suelo de nuevo, y ambos estiraron sus brazos.

–¡Cásate con nosotros! –exclamaron para después abrazarla y levantarla.

–¡Basta! –dijo empujándolos–. ¿Qué no pueden tomarse algo con seriedad?

–Pero esto es lo más increíble que hemos visto todo el año –dijo Fred–. , Señorita Sigue-las-instrucciones.

–Señorita Reglas –se unió George.

–Señorita Niña Buena.

–Preparando pociones ilegales en el baño.

–Y robando a Snape. ¿Te sientes bien, Hermione? Te ves algo caliente. –Fred colocó su mano en su frente.

Ella la golpeó a un lado.

–¡No, no estoy bien! ¡Estoy aterrorizada!

Y con eso, Fred y George finalmente se volvieron completamente serios mientras veían a Hermione temblando e intentando no comenzar a llorar.

–Son todos estos ataques a hijos de muggles –sollozó–. Y nadie parece poder algo sobre ellos. Yo… tengo miedo de dejar mi cuarto, y… y que Malfoy quiere matarme. –Los gemelos se enojaron al escuchar eso–. Esta poción es para él… para descubrir que es lo que sabe sobre el heredero de Slytherin.

Comprensión llenó sus rostros.

–Así que quieres que encontremos el modo… –comenzó Fred.

–... de que le demos a Malfoy algo de esta poción –terminó George.

–Sí, pero más que eso. Me voy a casa a pasar Navidad. Y yo… y quizás no regrese. –Fred y George soltaron gritos ahogados–. Quizás me transfiera a Beauxbatons el próximo semestre. Necesito que terminen la poción por mí.

Los gemelos la observaron con sorpresa.

–Pero no podemos… –dijo George.

–Sí pueden. Recuerdo todas esas pociones de sonidos animales que usaron hace unas semanas. Snape quizás los odia más que a nadie, pero fueron bastante avanzadas. ¿Por favor? Ustedes son los únicos en los que puedo confiar para que terminen la poción correctamente y mantengan el secreto. ¡Necesito a alguien que me ayude o me volveré loca!

De repente, George tomó su formal temblorosa y la rodeó con sus brazos, y Fred le dio unos golpecitos en su espalda. Ella se relajó entre ellos, llorando en la túnica de George.

–Ya, ya, Hermione –dijo George–. No dejaremos que nada te pase. Sólo dinos qué hacer con ese bravucón.

–Sí, nadie se mete con nuestra Hermione –dijo Fred–. Nos encargaremos de él por ti.

¿Su Hermione? Pensó. Era extraño, pero pensó que le agradaba. Por muchos problemas que causaban, siempre habían sido buenos con ella a su modo, casi como tener sus propios hermanos. Ron y Ginny no sabían lo mucho que tenían, decidió.

–Gracias –susurró una vez se tranquilizó–. Muchas gracias.

–No hay problema –dijo Fred–. Nos gusta tu estilo. Y te debemos una por expandir nuestro conocimiento del castillo.

–Cierto, así que, ¿cuál es el plan? –dijo George.

Hermione les entregó varias hojas de papel.

–Primero, terminen la poción. Escribí todos los pasos para ustedes aquí y cuando necesitan ser realizados, incluyendo como usar el destilador.

–De acuerdo… sí, creo que podemos hacer esto –dijo Fred, examinando las instrucciones.

–Oh, fácilmente –dijo George–. Si Snape fuera tan claro, a los estudiantes quizás les iría bien en clase.

–No, sólo encontraría otra excusa para reprobar a las personas.

Ejem –los interrumpió Hermione–. Una vez la poción este lista, necesitan una manera de dársela a Malfoy e interrogarlo sin que nadie se entere. Harry y Ron ya están enterados, así que pueden ayudar. Creo que puedo confiar en ustedes para esta parte.

–Naturalmente –dijo Fred–. Estos planes son nuestra especialidad.

–Mmm… –George estaba pensando–. Aunque será más difícil de lo que parece. Aún con los mejores disfraces, un sangre pura rico como Malfoy reconocerá que le den veritaserum. ¿Cómo evitamos que se entere de lo que está ocurriendo?

–Oh, esa es la parte fácil –dijo Hermione con una leve sonrisa–. Sólo denle una poción para olvidar.

Los gemelos la miraron algo nerviosos.

–Eh, lo siento Hermione, pero creo que leíste mal uno de tus libros –dijo George.

–Sí, una poción para olvidar sólo hace que alguien sea diez veces más olvidadizo y que olviden sus citas y donde ponen sus llaves –le dijo Fred.

–Lo sé –dijo Hermione–, pero si le dan una poción para dormir, se encargará de ese problema. Las personas normalmente no recuerdan los últimos minutos antes de quedarse dormidas porque el estado hipnagógico antes de quedarse dormidas elimina la formación de memorias a largo plazo. Así que si es diez veces más olvidadizo, no recordará la última media hora.

Fred y George intercambiaron otra mirada nerviosa, con los ojos abiertos como platos.

–Eh… ¿cómo haces eso, Hermione? –preguntó George.

–Mis padres son dentistas, ¿recuerdan? Tuvieron que atender clases de medicina, así que tienen el entrenamiento básico de un sanador.

–George –dijo Fred–, ¿por qué tengo el presentimiento de que nuestra pequeña Hermione podría arruinarnos más de lo posible?

–Probablemente porque puede. Una futura creadora de hechizos y maestra de pociones con conocimiento de sanación… es una combinación peligrosa.

Hermione no había pensado en eso antes… y en verdad no quería pensar en eso en ese momento, pero era cierto. Explotar su conocimiento médico podría ser una manera de desarrollar bastantes maldiciones terribles. Esperaba nunca necesitar hacer algo así.

–Bueno, por suerte, no estoy planeando arruinarlos –dijo–, aunque hay unas cosas que quiero aclarar.

–¿Aclarar?

–¿Cómo?

–Pues… no voy a decirles que no se guarden algo de veritaserum.

–¿No? –dijeron los gemelos con incredulidad.

–No, porque sé que es una pérdida de tiempo. Sólo les diré que esto es ilegal, y que si caigo, los llevaré conmigo. –Y en ese punto, los gemelos vieron el mismo fuego que Harry y Ron habían visto semanas antes. Asintieron con fervor.

–Y eso quiere decir que no lo pueden usar para obtener información para chantajes o para bromas, o algo así, y que deben de tener cuidado de no preguntarle a Malfoy algo que no sea sobre la cámara de los secretos, o quizás pregunte como lo descubrieron después.

–Mmm, buen punto –dijo George.

–Eso lo hace más aburrido –respondió Fred.

–Aun así, quizás podamos encontrar algún uso más discreto –dijo George–. Pero no te preocupes, te guardaremos un frasco.

–Es lo menos que podemos hacer por darnos este regalo –agregó Fred.

–Gracias –dijo Hermione–. No sé si les he dicho esto antes, pero son buenos amigos, aún si algo fastidiosos.

–Cuidado, Hermione –dijo Fred–. Esos halagos te llevarán lejos.

–¿Hay algo más que necesites? –preguntó George.

–Pues, hay una cosa más que podrían hacer por mí –dijo Hermione.

–Lo que tú digas –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

–¿Pueden venir conmigo a la sala común de los elfos? Necesito hablar con ellos antes de irme, pero no quiero ir a ningún lado sola.

Fred y George se rieron, y le costó trabajo convencerlos de no llevarla al gran comedor con ellos sosteniéndola de los brazos. Subieron la pequeña escalera a los dormitorios de los elfos (para las quejas de los altos jóvenes) y llegaron a la sala común.

Para su sorpresa, no eran los únicos estudiantes ahí. Luna Lovegood estaba en la sala común jugando snap explosivo con Sonya mientras una elfina pequeña trenzaba su largo cabello rubio.

–Hola Hermione, Fred, y George –dijo Luna con su voz soñadora, levantando su mirada del juego–. Gracias por mostrarme donde viven los elfos, Hermione. Son fascinantes, ¿no lo crees?

–Eh, sí, lo son –dijo Hermione, sorprendida de que Luna hablaba con más sentido de lo normal.

–¿Estás bien, Hermione? –preguntó–. Luces como si hubieras tenido una pelea contra una larva de aquavirus.

Y se fue de nuevo.

–Oh, estoy bien… algo –dijo Hermione con cautela mientras se sentaba junto a la mesa–. ¿Podemos jugar?

Sonya barajó las cartas con velocidad, y Hermione observó con atención intentado asegurarse de que no hiciera trampa. No le sorprendería de ella. Luna estaba tarareando para sí misma. Sin embargo, Hermione pronto dejó de prestar atención.

–¿Hay algún problema, señorita Hermione Granger? –preguntó Sonya.

–Pues, yo… cambié mis planes –dijo con voz suave–. Iré a casa a pasar Navidad.

–Ah, es bueno pasar tiempo con su familia, señorita.

–Sí, pero no estoy segura de que regresaré.

Sonya soltó la baraja y las cartas explotaron y volaron por toda la mesa. La pequeña elfina saltó y se escondió detrás de Luna.

–¿Va a dejar Hogwarts, señorita? –dijo con expresión de terror.

–Quizás… por lo menos hasta que descubran quien está detrás de estos ataques. Lo siento, no quiero dejarlos, pero los hijos de muggles son los blancos, y creo que llegué a mi límite de peligro. Ya fue lo suficiente difícil convencer a mis padres de que me dejaran regresar después de lo ocurrido el año pasado.

–Pero… pero ha sido tan amable con los elfos, señorita –lloró Sonya–. Ningún estudiante ha visitado tanto a los elfos en tan poco tiempo.

–Lo sé, y también te extrañaré, Sonya. Si alguien puede hacer algo sobre estos ataques, definitivamente regresaré, pero… pero no estoy segura de poder hasta entonces. –Se sentía culpable… y egoísta… pero por mucho que lo intentara, no podía pensar en qué más hacer. Estaba agradecida de que Harry, Ron, y los gemelos entendían, aún si tampoco les gustaba (le costó trabajo convencer a Ron).

–Si está asustada, señorita, podemos vigilar por el monstruo –ofreció Sonya.

–¡No! No, Sonya, por favor no se pongan en riesgo por mí… nadie. –Miró a ambas elfinas y a sus compañeros–. No puede continuar por siempre. Sólo espero que atrapen al heredero de Slytherin antes de que algo peor pase.

–Nosotros también, Hermione –dijo Fred.

–Por supuesto, quizás nosotros podamos ayudar con eso –agregó George.

–De manera controlada, claro –concluyó Fred.

–Sólo manténganse a salvo, ¿de acuerdo? ¿Por mí? –dijo Hermione.

–Ah, nuestra pequeña Hermione se preocupa por nosotros –dijo George.

–Que considerado de su parte –respondió Fred con una sonrisa.

Hermione suspiró.

–Vamos a jugar.

Pero Sonya no estaba lista para rendirse.

–Señorita Hermione Granger… –dijo con timidez–, si usted lo quiere, Sonya puede poner la traza élfica en usted.

–¿La qué?

–Los elfos ponemos una traza en nuestros amos usando nuestro lazo de servitud para que los elfos podamos atender cuando nuestros amos nos llamen, señorita. Ya que usted es una estudiante en Hogwarts, Sonya puede poner una traza en usted a través del lazo con la escuela, señorita, y puede llamar a Sonya si necesita ayuda… si Sonya no está en servicio, claro.

–No tienes que hacer eso Sonya... –dijo Hermione, pero vio la mirada suplicante de la elfina y no pudo evitar decir que no–. De acuerdo, si tú quieres, no te detendré, pero no sé si lo usaré, incluso si regreso. No quiero que salgas lastimada.

–Gracias, señorita Hermione Granger. –Sonya chasqueó sus dedos y Hermione sintió un cosquilleo en su columna–. Listo, señorita.

Ya que Sonya estaba satisfecha, barajó las cartas de nuevo. El juego fue rápido y feroz con la elfina y los gemelos. Luna también probó ser sorprendentemente buena. Hermione podía calcular las posibilidades, pero no era tan buena estratega como los demás y le costó un poco de trabajo. Aun así, fue divertido. Estaba feliz de poder tener una última tarde de diversión antes de las vacaciones.

Por un tiempo, la pequeña elfina estaba saltando de un lado a otro y trabajando en el cabello de Luna, sin prestar atención a la conversación, hasta que, en un momento, lanzó un grito.

–¡Su cabello está listo, señorita Lunática Lovey-good! ¡Tiene mucho!

–Gracias, Smidgen –dijo Luna–, pero es Luna Lovegood –dijo lentamente.

–Lu-na Lov-eh-gud… –repitió Smidgen.

–Ajá, mucho mejor –dijo Luna contenta.

Aunque Smidgen había trenzado el cabello de Luna, lo había hecho de modo irregular, con cinco trenzas de tamaños diferentes. Hermione se rio.

–Luna, te pareces a mi compañera, Lily, con el cabello así –dijo.

Luna inclinó su cabeza.

–Interesante. Quizás su cabello también es arreglado por los elfos. Espero que un estilo de peinado diferente confunda a los nargles.

Hermione se forzó a admitir que no valía la pena preguntar.


"Tarea de vacaciones, primer problema: calcular las expansiones aritmánticas de cinco variantes heráldicas de color del encantamiento Lumos y describir cómo los elementos de modificación resultan en colores específicos. Problema dos: probar que el Lumos básico es una simplificación de la forma Argent degenerada del encantamiento, y que el encantamiento Nox puede describirse como una degeneración de la variable Sable. Y problema tres: aplicar este grupo de siete de modificaciones al encantamiento de cambio de color; explicar el razonamiento con atención especial a como el modificador Sable actúa diferente en los dos encantamientos. Feliz Navidad. Que la pasen muy bien."

Era una larga tarea, pero para Hermione, no era muy difícil. Ya podía planear en su mente como los términos de color en las ecuaciones trabajarían basados en la frecuencia espectral de la luz, y ayudaba que era una modificación en una sola variable. Con más variables, las ecuaciones serían más largas y complejas que las que estudiaban los estudiantes muggles, aunque las herramientas matemáticas eran las mismas.

Hermione ya sabía que el encantamiento Lumos era descrito con tres variables espaciales para la ecuación de una esfera: x^2 + y^2 x z^2 = B, donde B era la intensidad de la luz (eso tuvo que ser asumido como correcto por el resto de la clase ya que no habían estudiado conos aún). Los términos de color sólo involucraban el agregar otra ecuación cuadrática en una simple variable, f, por la frecuencia, con coeficientes basados en cierta tabla numerológica.

La parte difícil era el aplicar las reglas arcanas que traducían las ecuaciones aritmánticas en movimientos de varita (lo cual era una ecuación de dos variables, o hechizos más complejos dependiendo de la posición de la mano) y el ritmo del hechizo (el cual era derivado de una ecuación de una variable). Hermione aún no sabía eso, pero sabía que los términos de color no cambiaban el movimiento de varita del encantamiento Lumos, lo cual era una gran pista sobre cómo funcionaban. Por otro lado, era posible que el resultado no fuera tan simple si aplicado a las expansiones más complejas del encantamiento de cambio de color.

Pero era la última clase de Aritmancia antes de las vacaciones y Hermione no sabía si tendría la oportunidad de entregar la tarea. Estaba temiendo decirle a la profesora Vector tanto como a los demás, pero tenía que hacerlo.

–¿Profesora…? –dijo con timidez mientras los estudiantes se iban.

–¿Sí, Hermione?

–Yo… tengo que decirle… no sé si regresaré para el semestre de primavera.

–Oh… –Vector comprendió al instante porque Hermione tomaría tal decisión, pero no pudo ocultar por completo su decepción.

–Pedí a mis padres que lo investigaran, y… considerando lo que está ocurriendo, puedo obtener una transferencia por circunstancias especiales para Beauxbatons para el semestre de primavera –continuó–. Lo siento, profesora, quisiera que fuera diferente, pero…

–No tienes que disculparme conmigo. Sólo puedo imaginarme lo difícil que es para ti. La única persona que merece ser culpada es el heredero de Slytherin. –Vector se detuvo y suspiró–. Claro que te extrañaré si no regresas, pero por lo menos seré feliz de que estés a salvo en otro lugar.

Hermione se sintió aún más culpable. Sentía que la compasión de su profesora favorita, encima de todo lo demás, era más de lo que se merecía y bajó la mirada.

–Supongo que no soy tan Gryffindor.

Pero Vector colocó un brazo alrededor de sus hombros.

–Hermione Granger, eres una de las jóvenes más valientes que conozco, pero nadie tendría que ser tan Gryffindor a tu edad, y no hay vergüenza en hacer lo que te mantenga a salvo. Probaste quien eres el año pasado, y nadie puede quitarte eso.

–Siento que estoy dejando ganar al heredero de Slytherin. Y también estoy preocupada por los otros hijos de muggles que están atrapados aquí.

–No va a ganar, te lo prometo. Aún si tenemos que revisar cada rincón de este castillo el próximo verano, encontraremos el monstruo de Slytherin. El profesor Dumbledore ya ha implementado medidas de seguridad adicionales, comenzando por pedir a los fantasmas y retratos que se mantengan alerta por cualquier actividad sospechosa. Y ya escuchaste la recomendación de no ir a ningún lugar sola, algo que has estado siguiendo de manera admirable. Y si regresas después de las vacaciones, todos los profesores haremos lo posible para mantenerte a ti y a los demás estudiantes a salvo. Pero por ahora, tienes que cuidarte de ti. No eres buena para nadie si te caes a pedazos. Ve a casa, Hermione, disfruta tus vacaciones, descansa, pon algo de espacio entre tú y Hogwarts por un tiempo, y ve cómo te sientes después. Y te escribiré si algo cambia aquí.

Hermione soltó un leve sollozo y abrazó a su profesora.

–Muchas gracias, profesora. Ha sido tan buena conmigo…

–Tú lo vales, Hermione. Nunca lo olvides. Ahora… ¿aún vas a tomar tu examen de cálculo vectorial cuando regreses a casa?

–Sí, logré mantenerme al corriente… apenas.

–¿Y tus experimentos en pociones? ¿Vas a trabajar en esos?

Hermione se asustó un poco hasta que se dio cuenta de que la profesora Vector se refería a su ensayo.

–Sí, profesora –dijo–. He creado las suficientes runas para que mis padres intenten la poción que quiero. Hay algunas… complicaciones con el ensayo, pero espero resolverlas pronto.

–Bien. Ahora, te vea o no en enero, espero que tengas unas buenas vacaciones.

–Gracias, profesora. Usted también.

Mientras su estudiante favorita dejaba el aula, Septima Vector sintió un dolor en su pecho y una terrible necesidad de seguirla. Pero no podía dejar su puesto a mitad del año, especialmente cuando sus otros estudiantes la necesitaban. Después, el sentimiento fue rápidamente reemplazado por enojo. Si alguna vez ponía sus manos en el bastardo que había alejado a la mente joven más brillante que había visto en su vida, lo pagaría.


La reunión en Kings Cross fue una triste. Muchos estudiantes estaban regresando a sus padres con miradas bajas y expresiones de preocupación o alivio por estar lejos de Hogwarts por un par de semanas, y había rumores de otras personas transfiriéndose a Beauxbatons, la escuela mágica canadiense, e incluso tan lejos como Australia.

Hermione (aunque no era la única hija de muggles afectada) estaba de un mal humor particular. Apenas y había podido hablar con sus amigos de la clase de Aritmancia en el tren. No pudo evitar sentir que los estaba dejando por siempre, aún si regresaría para su tercer año. Le dolía como si estuviera dejando parte de ella en el castillo… como si debería de haber sido más valiente y luchado en lugar de irse a casa y dejar que los niños terminaran el plan que ella había comenzado.

Cuando encontró a sus padres, ninguno de ellos dijo nada. Hermione aún estaba debatiendo qué decirles cuando su ansiedad le ganó, soltó su baúl, se lanzó a los brazos de sus padres, y se dejó llorar por un tiempo como si fuera una pequeña de ocho años de nuevo.