Quizás los derechos de autor de Harry Potter no fueron otorgados a JK Rowling en 1943, pero no le den ideas al Congreso.
Notas del autor: Este capítulo y el siguiente fueron bastante difíciles. Son muy importantes para dar pie al próximo año, así que tenían que salir bien. Tuve que hacerlo uno de mis capítulos más largos para poder describir todo lo que quería, y después decidí dividirlo a la mitad en el último momento, no sólo por lo largo, sino porque el nuevo final de este capítulo se sintió como un final natural.
Muchas gracias a Pahan por su buen consejo en la dirección que debían tomar estos capítulos.
Notas de la traductora: Gracias por sus comentarios y apoyo a esta historia!
Capítulo 33
Unos días después del comienzo del semestre, Harry encontró un diario negro y viejo que alguien había intentado tirar dentro de un retrete en el baño de Myrtle la Llorona, para la aflicción del fantasma. Hermione no pensó mucho sobre el objeto al principio. Pensaba que le era familiar por alguna razón, pero no podía recordar de dónde. Pero después vio el nombre en la portada: T. M. Ryddle, y Ron recordó que T. M. Ryddle había ganado un premio por servicios especiales a la escuela en 1943.
–¡Ese es el mismo año en el que la cámara de los secretos fue abierta! –exclamó Hermione–. Myrtle, dijiste que conociste a Tom Ryddle. ¿Recuerdas algo sobre él recibiendo un premio?
Myrtle no estaba en condición para responder preguntas después de inundar el baño, pero logró responderle.
–No. Las personas no suelen hacer grandes anuncios aquí. –Gimió y se dio la vuelta para regresar a su cubículo.
–¡Myrtle, espera! –dijo Hermione–. ¿Sabes algo sobre la cámara de los secretos? Fue abierta cuando Tom Ryddle estudió aquí. Creo que atrapó a la persona que la había abierto.
Ante eso, Myrtle lució temerosa, aunque no sabía a qué podía tenerle miedo un fantasma.
–No, nadie sabía nada –dijo–. Lo único que sabíamos era que personas estaban siendo petrificadas y nadie sabía cómo.
–Oh… –Harry y Ron gruñeron murmurando que era otro callejón sin salida, pero Hermione aún estaba haciendo conexiones: Myrtle había estado viva cuando Tom Ryddle estudió ahí. Tom Ryddle estudió ahí cuando la cámara de los secretos fue abierta. Y la profesora Vector le había dicho, hacía mucho tiempo, justo después del incidente con el troll, que sólo un estudiante había muerto en los últimos cincuenta años.
–Myrtle… –dijo con cautela–, tú… tú fuiste la estudiante que murió cuando la cámara de los secretos fue abierta, ¿no es así?
El "aliento" de Myrtle salió como un grito, y después gimió en voz baja, pero asintió.
Harry y Ron soltaron un grito ahogado y soltaron una serie de preguntas rápidas.
–¿Viste al heredero?
–¿Viste al monstruo?
–¿Escuchaste algo?
–No… no, no, ¡NO! –lloró Myrtle y elevó su nariz–. Nunca supe cómo ocurrió. Un día sólo ocurrió. Y es todo lo que sé. –Y con eso, se lanzó de vuelta dentro de su retrete.
Hermione suspiró y lanzó una mirada exasperada a los niños.
–Lo siento –dijo Harry.
–¿Qué? –dijo Ron–. No es nuestra culpa que está loca.
Por lo que podían ver, el diario de T. M. Ryddle estaba en blanco y no tenía propiedades especiales o mensajes ocultos. Hermione y Ron lo consideraron sin valor, pero Harry lo conservó diciendo que quería averiguar porque alguien se había querido deshacer de él.
Mientras tanto, Hermione le dio a Filch unos días para calmarse después de que Myrtle lo había hecho enojar al inundar el baño del segundo piso antes de hablar con él sobre su proyecto personal. El problema es que había prometido no ir a ningún lugar sola, y muy pocas personas querían acercarse a Filch. Las cosas se tranquilizaron gradualmente ya que no había habido otro ataque desde Justin, pero no se iba a arriesgar.
–¿Por favor, Harry? –dijo.
–¡Hermione, me odia! Aún piensa que petrifiqué a la Sra. Norris.
–Bueno, quizás si ayudas a hacer algo bueno por él lo convencerás de lo contrario. Y sabe que tú sabes que es un squib, así que no estamos contando su secreto… Y… y también quería usarte en el experimento –admitió.
–¿Qué? ¿Por qué? Pensé que sólo estabas haciendo la prueba con personas no-mágicas.
–Sí, pero necesito un control.
–¿Un qué?
–Una persona mágica para ver si las runas funcionan de la misma manera que una varita. Yo lo haría, pero sería mejor si lo hiciera alguien que es más… promedio en pociones.
–¿Y ese soy yo? –dijo Harry con escepticismo.
–Sin ofender, pero es entre tú y Ron, aunque él es tan terco como tú.
Harry lanzó una mirada hacia donde Ron estaba sentado. Tenían el mismo nivel en pociones, pero tenía que admitir que Ron probablemente era menos paciente para la materia (o Filch) que él.
–No vas a poner mi nombre en el ensayo, ¿verdad?
–Por supuesto que no. Tú eres el sujeto H.
–¿Sujeto H?
–Es una etiqueta anónima. Es práctica estándar en el mundo muggle. Filch es el sujeto A, y mis padres son los sujetos D y E.
Harry suspiró.
–De acuerdo, ¿cuándo vamos?
–En cuanto termine la cena, creo. Filch debería de estar en su oficina después de las comidas. Lo podremos encontrar ahí.
La predicción de Hermione resultó correcta. Cuando tomaron sus cosas para pociones y llegaron a la oficina de Filch lo encontraron ahí, luciendo tan molesto como siempre. El perder la compañía de su gata no le había ayudado, y no parecía tener a nadie más. Hermione sospechaba que era la primera vez que un estudiante había tocado su puerta en años, y su reacción fue justo lo que esperaron.
–Disculpe, ¿Sr. Filch? –dijo ella.
–¿Eh? ¿Qué? ¿Qué están haciendo ustedes aquí? ¿Vinieron a echármelo en cara?
–No, Sr. Filch –dijo Hermione–. Creo que puedo ayudarlo.
Hermione pensó que quizás había causado un cortocircuito en su cerebro ya que Filch abría y cerraba la boca como un pez.
–¿Ayu… darme? ¿Qué tipo de broma ridícula es esta? Nadie viene aquí a ayudarme.
–Bueno, no es completamente eso, señor, pero en verdad creo poder ayudarlo.
–¿Y cómo piensas ayudarme?
Hermione respiró profundamente. Considerando lo sensible que Filch era, tenía que tener cuidado de cómo decirlo.
–Creo que he inventado un sistema para ayudarlo a hacer pociones mejor que Embrujorrápid.
Eso era aún más increíble.
–Tú… pero… eso… yo… –tartamudeó Filch–. ¿A qué estás jugando? ¿Se te antojó hacer una broma pesada al squib? ¡Fuera de mi oficina!
Filch se movió para empujarlos fuera, pero Hermione lo miró con firmeza.
–No es una broma, Sr. Filch. Funcionó con mis padres y son muggles.
Filch se detuvo, luciendo interesado, quizás incluso esperanzado, por primera vez.
–¿Lograste que muggles prepararan pociones? –dijo.
–Sí, lo hice. Fue sencillo con runas. Voy a escribir un ensayo para El Pocionero Pragmático, y esperaba que pudiera ayudarme a demostrarlo. No usaría su nombre.
–¿Tú… no…? ¿Y qué hace él aquí? –dijo señalando a Harry.
Hermione sonrió un poco.
–Él será otro sujeto para el experimento.
Filch los observó a ambos. Experimentar en otro estudiante quizás lo haría sentirse mejor.
–De acuerdo, estoy escuchando –dijo.
Hermione explicó el procedimiento del experimento. Observaría a Harry preparar el filtro de Alihotsy usando su varita, y Filch usaría el método de Embrujorrápid. A Filch no le agradó la idea pero le aseguró que sería por una buena causa. Después de eso, ambos lo harían de nuevo usando las runas. Filch estuvo de acuerdo, y lo convenció de que firmara junto a Harry un documento de autorización que había escrito, dándole permiso de publicar los resultados. No estaba segura de si era normal para los magos, pero era buena práctica.
Como había esperado, el filtro de Alihotsy de Harry resultó decente, mientras que el de Filch fue tan desastroso como los primeros intentos de sus padres. Fue algo mejor, se dio cuenta, probablemente por la magia latente en la varita que Filch estaba intentando usar.
Pero cuando hicieron el segundo intento, usando las runas, un cambio sorprendente ocurrió en Filch. En cuanto Hermione le mostró cómo usar los hechizos en runas y sus ingredientes comenzaron a disolverse de manera correcta, comenzó a sonreír, y no su sonrisa malévola. Su rostro decaído se iluminó en una sonrisa genuina que lo hizo verse una década más joven.
–Por Merlín, ¡está… está funcionando! ¡Está funcionando! –exclamó. No había llegado a la mitad del procedimiento cuando tomó sus notas de Embrujorrápid y las tiró a la basura, y cuando terminó y Hermione declaró que su poción era aceptable, estaba llorando de alegría y tomó la mano de Hermione.
–No puedo decirte lo mucho que esto significa para mí –dijo. Incluso había dejado de respirar con dificultad–. He intentado hacer magia por tanto tiempo… y… gracias, señorita Granger.
–De nada, Sr. Filch. Me alegra haberlo ayudado –respondió con una sonrisa.
Después, Filch miró al reloj.
–Oh, vaya, ya pasó el toque de queda. –Hermione comenzó a sudar al darse cuenta de la hora que era y Harry la miró con pánico. Pero parecía que sus esfuerzos por ayudarlo habían dado fruto.
–Les diré que, tráiganme más runas mañana y me olvidaré de lo tarde que es –dijo Filch.
–Es un trato –dijo Hermione con una sonrisa.
–¿Acaso nos volvimos amigos de Filch? –susurró Harry mientras caminaban de regreso a la torre de Gryffindor.
–Creo que sí –respondió Hermione–. Creo que no es tan difícil si uno en verdad se interesa en las personas. –Se acordó de los elfos y Myrtle–. Y quien sabe, quizás nos sea útil algún día.
Harry probablemente nunca hubiera pensado en intentar hacerse amigo de Filch, pero estaba de acuerdo.
Al día siguiente, Filch caminó alrededor del castillo sonriendo y actuando de manera amable. Eso causó que los profesores se preguntaran si había sido drogado con pociones, y causó que Fred y George Weasley salieran corriendo gritando que era una señal del apocalipsis.
El día de San Valentín fue un desastre cortesía de Gilderoy Lockhart. Su sugerencia de que los estudiantes preguntaran a Snape como hacer pociones de amor ya era lo suficiente mala. Sus enanos cantantes y vestidos como cupidos, interrumpiendo las clases, hicieron más por desilusionar a Hermione, especialmente considerando que el día de San Valentín era el domingo y no logró que repartieran sus telegramas cantados hasta el lunes.
Hermione agradeció que el día había terminado cuando se arrojó en un sillón en la sala común después de la cena. Pero para su sorpresa, levantó la mirada para ver a Ginny Weasley acercándose a ella. No había visto mucho a Ginny desde el otoño, y la joven no se le había acercado mucho desde entonces.
–Hermione… –dijo Ginny temblando. Lucía mejor desde que había comenzado el semestre, pero en ese momento parecía bastante nerviosa–. Puedo… ¿puedo preguntarte algo? –dijo.
–Eh, claro, Ginny. ¿Qué ocurre?
–Cuando… cuando ese, eh, enano entregó el telegrama a Harry…
–Oh, eso –dijo Hermione. Era un secreto abierto el hecho de que Ginny había enviado un poema de amor absurdo a Harry como tarjeta de San Valentín.
–Bueno, no, no eso exactamente… –la interrumpió la niña–. Es sólo que… vi… cuando se rompió la mochila de Harry, que tenía un diario.
–Oh, ¿aún tiene esa cosa vieja? –dijo Hermione sin darle importancia–. No sé porque. No hay nada de especial en él excepto que alguien lo tiró en el baño de Myrtle.
Ginny pareció relajarse pero se tensó de nuevo rápidamente al escuchar a Hermione.
–Bueno, verás… –tartamudeó–. Sobre eso… yo…
–Oh, sus ojos son verdes como los de un sapo en escabeche… –Fueron interrumpidas cuando Fred y George entraron a la sala común, cantando el mensaje de San Valentín para Harry. Sin embargo, George se detuvo cuando vio la mirada furiosa y mortificada de Ginny y le dio un codazo a Fred para que también lo hiciera.
–Eh, hola, Gin-Gin –dijo Fred nervioso–. Sólo estábamos diciendo lo… linda que es la canción.
–Eh, sí, eso –dijo George–. Rimar escabeche con anochece no fue lo mejor, pero sigue siendo un gran cumplido.
–¡Basta! –lloró Ginny.
–Claro, si te gustan los sapos en escabeche –dijo Fred.
–¡Chiroptera mucosa!
Fred corrió a su dormitorio con murciélagos negros batiendo alrededor de su cabeza.
–Eh… iré a ayudarlo –dijo George y salió corriendo.
–Ginny, ¿estás segura de no poder enseñarme ese hechizo? –preguntó Hermione.
–No. Si te lo enseño lo podrás usar en mi contra.
–Pero no haría eso.
–Me voy a mi cuarto –dijo Ginny abruptamente y subió las escaleras.
Hermione sacudió la cabeza y no recordó hasta que fue tarde el preguntarle a Ginny de que quería hablar.
El día siguiente, Ron y Harry se acercaron a Hermione con frenesí y explicaron que el heredero de Slytherin, la persona que había abierto la cámara de los secretos cincuenta años antes y había sido expulsada después de matar a Myrtle, era Hagrid.
Eso lo descubrieron después de que Harry había escrito en el diario de T. M. Ryddle por primera vez, y alguien o algo haciéndose llamar la memoria de Tom Ryddle le escribió de vuelta (lo cual ya era extraño), y de algún modo había mostrado a Harry una memoria de él descubriendo a Hagrid con el monstruo.
Pero los tres estuvieron de acuerdo que algo no estaba bien en esa historia.
–De acuerdo, por un lado, nadie dijo que el heredero de Slytherin lo estuviera haciendo a propósito –analizó la escena Hermione–. Y odio admitirlo, pero Hagrid quizás es lo suficiente despistado para conservar al monstruo incluso después de que hubiera atacado a cinco personas, y como tú dijiste, Harry, los ataques debieron de parar después de que fuera capturado o Ryddle no hubiera obtenido ese premio.
–Hagrid probablemente se sintió mal de que estuviera encerrado por tanto tiempo –gruñó Ron.
–Pero no estoy segura –dijo Hermione–. Hagrid ha estado aquí como guardabosques por los últimos cincuenta años. ¿Por qué la cámara de los secretos de nuevo abriría ahora? ¿Y por qué parecía que Lucius Malfoy sabía lo que estaba ocurriendo?
–¿Creen que Hagrid tenga un niño oculto que acaba de llegar? –dijo Ron.
Harry y Hermione lucieron algo horrorizados ante la idea.
–No a menos que sea Goyle –dijo Harry intentando relajar el ambiente–. Es el único lo suficiente grande.
–No, hay algo más –dijo Hermione–. Harry, ¿dijiste que el monstruo era grande y peludo, con pinzas y muchas patas?
–Sí.
–¿Como una acromántula?
–¿Una qué?
–Una araña gigante.
Ron gimió y tembló.
–No lo sé. Supongo que pudo serlo. ¿Por qué?
–Porque la profesora Vector me dijo que cuando era una estudiante hubo un rumor de que el monstruo de Slytherin era una acromántula, pero lo investigó y resulta que las acromántulas no pueden petrificar a las personas.
–¿Así que crees que el monstruo es otra cosa? –dijo Harry esperanzado.
–¿En serio? ¿Cuántos monstruos creen que puede haber en este lugar? –dijo Ron.
Hermione suspiró. Habían estado hablando en círculos sobre el tema por horas.
–¿Creen que deberíamos ir y preguntar a Hagrid sobre esto? –dijo.
–Oh, eso sería una gran visita –dijo Ron–. Oye, Hagrid, ¿has estado jugando últimamente con algo loco y peludo en el castillo?
Harry tembló y miró sus pies con incomodidad.
–Probablemente no querrá hablar de haber sido expulsado –dijo–. Yo… creo que deberíamos dejarlo solo a menos que haya otro ataque. Han sido dos meses después de todo.
–Sí, supongo –dijo Hermione.
Pero Hermione continuó su investigación, junto a las demás cosas en su lista. Estaba ahogándose en ecuaciones diferenciales, y estaba notando escalofriantemente como maldiciones funcionaban a través de ellas. Mientras tanto, investigó lo que pudo sobre las acromántulas, más libros para su ensayo de pociones, y algo sobre fantasmas… aún esperaba a pesar de todo poder hacer algo por Myrtle. Tenía que ser especialmente difícil el ser matado por el monstruo de Slytherin, pensó, y debió de ser un blanco por ser hija de muggles, lo cual lo hacía aún peor.
La profesora Babbling también realizó varios seminarios en runas durante la primavera, los cuales el trío atendió. Harry estuvo feliz de tener más práctica para lograr que sus hechizos en runas duraran todo el verano. Ron estaba progresando tanto como Harry. Ambos tuvieron que esforzarse para sobrepasar sus garabatos naturales y dibujar las letras derechas, pero Harry también tenía el impedimento de haber tenido que disminuir su nivel durante la primaria para obtener peores calificaciones que su primo. Era un crimen en contra de los estudios, pensó Hermione. Si alguna vez ponía sus manos sobre esos Dursley…
De cualquier modo, mientras las semanas pasaban sin ningún ataque, Hermione comenzó a relajarse, aunque continuó buscando tener un acompañante siempre que estaba en los pasillos. Quizás era como Lockhart dijo y el heredero se había rendido (aunque ahora dudaba que fuera por él).
Ese día, Hermione estaba buscando información sobre fantasmas de nuevo, y esta vez, encontró un tesoro. No había mucha información, especialmente en el misterioso tema de dónde venían los fantasmas, pero incluso en la introducción de ese libro pudo notar que iba a ser una lectura interesante:
Muy poco ha sido escrito sobre la naturaleza de la vida después de la muerte de los fantasmas comparado con las vidas de varias razas de seres. Esto es una gran omisión ya que los fantasmas son, de cierto modo, los más parecidos a nosotros, y al mismo tiempo, los más diferentes siendo no seres, pero Espíritus, aunque de la misma naturaleza que las almas de magos y brujas. En este libro, me he esforzado por corregir esta omisión, con uno de los proyectos más extensos por entrevistar a fantasmas de diversas épocas para obtener un entendimiento de sus experiencias y modo de pensar.
Hermione sabía que debía de examinarlo mejor más tarde, pero decidió dar una leída rápida a temas de interés, y se sintió feliz al ver que alguien además de ella había notado esos problemas. Pero entonces, mientras comenzaba a leer las observaciones del autor, su entusiasmo se disipó, reemplazado por una sensación de terror:
Los fantasmas frecuentemente son descritos como difíciles de mantener una conversación, desinteresados, sin estar realmente conscientes del ambiente de los vivos, y sus memorias son notablemente malas, especialmente en los fantasmas más antiguos. La mayoría de los magos lo acepta como la manera de ser. Muy pocos se molestan en preguntar el porqué de las cosas, lo cual es desafortunado, ya que es injusto para los mismos fantasmas, y priva a los vivos de lo que serían registros históricos invaluables. Sólo ha habido muy pocas estudios a largo plazo que sigan a los mismos fantasmas por varios años para intentar comprender el comportamiento de los espíritus, pero combinando las anécdotas disponibles, es ahora posible deducir una conclusión plausible.
Hermione pudo notar por el lenguaje, el estilo de escritura riguroso, y el interés en el tema que el autor del libro era un hijo de muggles o un mestizo. Quizás había sangre pura que escribieran de ese modo, pero usualmente eran pocos, incluso entre los más agradables como el señor Weasley.
La mala memoria de los fantasmas es resultado de que, como las fantasmas no tienen edad física ni cambian, están atrapados en la misma personalidad y, hasta cierto punto, el mismo estado mental en el que se encontraban al momento de morir. Al examinarlo con más atención, también parecen incapaces de crear nuevas memorias duraderas. Comparaciones cuidadosas entre mis entrevistas y las realizadas por otros individuos durante plazos de varios años revelan que usualmente recuerdan los primeros años después de su muerte y los últimos antes del presente, pero muy poco entre ellos. Una persona con la que interactuaron con frecuencia hace una década pudiera ser completamente olvidada, y la información nueva que es aprendida se pierde eventualmente.
Además, aunque los fantasmas pueden desarrollarse un poco mental y emocionalmente en los primeros años después de su muerte, muchos de esos cambios resultan ser temporales. Lo único que he notado que resulte en un cambio permanente (y usualmente positivo) en la personalidad del fantasma, al igual que memorias nuevas y duraderas, es si el fantasma es capaz de resolver algún "asunto pendiente", como reconciliarse con un miembro de su familia o vengar su muerte.
Hermione dejó el libro de lado después de eso, con el estómago algo revuelto. Sabía que Myrtle tenía problemas, pero nunca imaginó que la vida después de la muerte de un fantasma pudiera ser tan terrible. Aunque ciertamente explicaba bastante. Estaba segura de que Myrtle estaba deprimida al borde del suicidio incluso antes de que el heredero la matara, y sin la posibilidad de recuperarse o madurar, había permanecido así, llorando en el baño por casi cincuenta años. Eso ya era malo, pero tampoco había podido crear memorias nuevas o aprender nada nuevo… y eso para Hermione era un destino peor que la muerte. Se sintió aún peor por Myrtle, pero no tenía idea de que hacer por ella.
Comenzó a sentir algo más también: un extraño sentimiento enfermizo que recordaba como la respuesta molesta que había gritado a Ron el año anterior: "Si nos comen, te voy a perseguir". Tembló ante el pensamiento. Después del incidente tan terrible lo habían considerado gracioso, pero ya no parecía serlo. Aún no comprendía a los fantasmas por completo pero sinceramente esperaba que nunca tendría que perseguir a alguien como fantasma.
