Harry Potter le pertenece a JK Rowling, esta historia le pertenece a White Squirrel.

Notas de la traductora: Partes de este capítulo son citas adaptadas de Harry Potter y la cámara de los secretos.


Capítulo 35

Hermione intentó no pensar en el diario robado para poder disfrutar el partido de quidditch del día siguiente. En verdad creía que Harry debía reportar el robo; aún si el diario no era valioso, alguien había hecho bastante para robarlo, pero no quiso, porque no quería que la relación entre Hagrid y la cámara de los secretos fuera descubierta. Pero intentó no pensar en eso y comió un buen desayuno y habló sobre la probabilidad de que Gryffindor ganara contra Hufflepuff cada vez que se lo preguntaron.

Después del desayuno, comenzaban a subir la gran escalera para que Harry recogiera sus cosas de quidditch cuando, de la nada, Harry comenzó a gritar.

¡La voz! Acabo de oírla de nuevo, ¿ustedes no?

Hermione no había escuchado ninguna voz, pero recordaba que había algo que Harry podía recordar que nadie más podía. De repente, muchas cosas tuvieron sentido y se llevó una mano a la frente.

¡Eureka!

–¿Qué? –dijeron Harry y Ron.

¡Harry, creo que acabo de comprender algo! ¡Tengo que ir a la biblioteca! –Y antes de que pudieran responder, se fue corriendo por las escaleras.

Le tomó unos diez segundos el recordar la promesa que había hecho en Navidad sobre no ir a ningún lado en el castillo sola. Ni siquiera tuvo que disminuir su paso. En su lugar sólo tomó a la primera prefecta que vio, una joven Ravenclaw de cabello rizado.

–Tú, ¿cuál es tu nombre? –dijo.

–Eh, Penelope Clearwater –dijo la joven, parpadeando con confusión.

–Penelope, bien, yo soy Hermione. Necesito que vengas conmigo a la biblioteca. –Tomó a Penelope de la mano y la jaló antes de que pudiera objetar.

–¿La biblioteca? ¿Qué? ¿Por qué?

Lanzó una mirada sobre su hombro.

–Creo que acabo de descubrir que está causando los ataques.

–¿Qué? ¿Los ataques? Pero no ha habido un ataque en meses –dijo Penelope.

–Creo que va a haber otro.

–¿Qué? ¿Cómo… cómo sabes eso?

–Porque Harry lo escuchó. Creo que es una serpiente. Yo… no lo estoy explicando bien. El semestre pasado, Harry estaba escuchando una voz extraña que nadie más podía escuchar… una vez fue después de que la Sra. Norris fue atacada. En ese momento no pensé que significara algo, ¡y me acabo de dar cuenta de que lo debió de haber escuchado en parsel!

–¡Parsel! –exclamó Penelope. Aceleró el paso para alcanzar a Hermione–. ¿Así que el monstruo es una serpiente?

–Sí. Lo estaba investigando el semestre pasado y me salté esa sección porque no mencionaba petrificación, pero necesito verla de nuevo. No estoy segura, pero creo que el monstruo es un basilisco.

–¿Basilisco? –dijo Penelope–. No lo conozco.

–Sí, tampoco estoy segura. Es por eso por lo que quiero buscarlo, pero es conocido en la mitología muggle como una serpiente que mata con la mirada.

–Eso suena algo familiar. Soy hija de muggles, pero nunca me metí tanto en la mitología. Estaba muy asustada en Navidad.

–Yo también. Casi no regresé, pero me alegra haberlo resuelto.

Finalmente llegaron a la biblioteca y Penelope, quien como una Ravenclaw de sexto año conocía ese lugar mejor que Hermione, señaló un pasillo.

–Criaturas mágicas está por aquí.

Se apresuraron por el pasillo y tomaron varios libros sobre reptiles mágicos y serpientes antes de llevarlos a la mesa más cercana. Ambas jóvenes comenzaron a examinarlos, con Hermione murmurando: "Basilisco… basilisco… basilisco".

Apenas y notaron que Rebecca Gamp de la clase de Aritmancia de Hermione ya estaba sentada en la mesa y no estaba feliz de tener su espacio invadido.

–¿Qué ocurre? –demandó la Ravenclaw de cabello negro.

–Oh, hola, Rebecca –dijo Hermione. Decidió que no estaba en el primer libro y continuó–. Es sobre la cámara de los secretos… una larga historia… –y continuó cambiando las páginas del libro a toda velocidad.

–Bueno, las dejo, entonces –dijo Rebecca. Tomó sus libros y se fue molesta. Hermione y Penelope estaban tan enfocadas que ni siquiera lo notaron.

El segundo de libro de Hermione no parecía estar en ningún orden.

–¿Por qué ninguno de estos libros tiene un índice? –siseó.

–No lo sé –gruñó Penelope–. Es frustrante. Ahorraríamos mucho tiempo si los magos se unieran al siglo XX.

–Tenemos que apresurarnos. Si Harry escuchó parsel, eso quiere decir que el monstruo se está moviendo de nuevo.

–¡Lo encontré! –dijo Penelope–. Mira.

Hermione leyó la página:

De las muchas bestias pavorosas y monstruos terribles que vagan por nuestra tierra, no hay ninguna más sorprendente ni más letal que el basilisco, conocido como el rey de las serpientes. Esta serpiente, que puede alcanzar un tamaño gigantesco y cuya vida dura varios siglos, nace de un huevo de gallina empollado por un sapo. Sus métodos de matar son de lo más extraordinario, pues además de sus colmillos mortalmente venenosos, el basilisco mata con la mirada, y todos cuantos fijen su vista en el brillo de sus ojos han de sufrir instantánea muerte. Las arañas huyen del basilisco, pues es éste su mortal enemigo, y el basilisco huye sólo del canto del gallo, que para él es mortal.

–¡Eso es! –lloró Hermione en voz tan alta que Madame Pince las calló. Después, continuó en voz más baja–. Vive por cientos de años, así que pudiera haber sobrevivido en la cámara todo este tiempo. Las arañas huyen de éste… ¿recuerdas cómo todas las arañas desaparecieron el semestre pasado? El llanto del gallo es fatal… Harry dijo que algo estaba matando los gallos de Hagrid. ¡Todo queda!

–Espera un momento –dijo Penelope–. El libro dice que la mirada del basilisco causa muerte instantánea, ¿así que por qué fueron todas las víctimas petrificadas?

Hermione suspiró y cubrió su rostro con sus manos para aclarar su cabeza. Su mente estaba corriendo para encontrar una explicación.

–Porque… porque… –murmuró. Recordaba cómo había sido encontrado Colin–. Porque Colin lo vio a través de su cámara –exclamó–. Sólo fue petrificado, pero destruyó la cámara por completo.

–Oh, cierto –dijo Penelope–. Y Justin lo encontró con ese fantasma. Debió de verlo a través de él. El fantasma lo miró directo a los ojos, pero no podía morir de nuevo. Es algo extraño, pero…

–Sí, y la Sra. Norris… ¡vio su reflejo en el piso! Es como Medusa.

–Excepto que es el reflejo lo que petrifica, y la mirada mata –concluyó Penelope–. ¿Pero cómo se mueve? Los ataques han ocurrido en diferentes lugares.

Hermione suspiró, y después sacó su mapa del castillo. Examinó las páginas por un momento. No parecía haber nada tan grande donde esconderse.

–No lo sé –dijo–. Pensaría que si está deambulando en el castillo, atraparía a muchas personas en los pasillos. A menos que… quizás sí está en las paredes… por supuesto, es una serpiente. ¡Se está moviendo a través de las tuberías! Sí, eso es. Tenemos que decirle a la profesora McGonagall. –Si era honesta, no estaba segura de porque dijo McGonagall. Dumbledore… pero su oficina estaba protegida por una contraseña y no tenían tiempo. O Lockhart. A pesar de sus errores, lo único que aún tenía era que era un gran cazador de criaturas oscuras… pero algo aún le daba un extraño presentimiento sobre él. Además, McGonagall tenía más autoridad y era más organizada, así que McGonagall tenía que ser. Saltó y caminó a la puerta… y retrocedió con temor y se dio la vuelta–. ¡Oh Dios! –dijo en un grito ahogado.

–¿Qué es? –dijo Penelope agitada.

–Penelope, ¿te das cuenta de lo que ocurre? Hay una serpiente gigante que puede matar con la mirada suelta en el castillo en este momento, ¡y nosotras somos los blancos!

Penelope soltó un grito ahogado.

–¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¿Qué vamos a hacer? ¡El heredero está detrás de los hijos de muggles!

–No hay que entrar en pánico –dijo Hermione, aunque ella casi lo estaba. Sabía cómo se había sentido Harry el año pasado, cuando se puso paranoico por la piedra filosofal (y resultó que tuvo razón)–. Necesitamos encontrar una manera de llegar a McGonagall sin ser matadas por el basilisco.

–Espera, sabemos que el reflejo sólo petrifica. Tengo un espejo. –Penelope sacó un espejo de mano de su túnica–. Podemos usarlo para ver en las esquinas.

–De acuerdo, eso evitará que nos mate, pero si somos petrificadas en el camino, nadie sabrá que descubrimos qué es. Oh, si tan sólo pudiéramos enviar un mensaje a ella directamente… –Entonces Hermione llevó su mano a su frente de nuevo–. Por Dios, soy una tonta. –Revisó su reloj nerviosa: apenas a tiempo–. ¿Sonya? –dijo.

Hubo un ruido, y la pequeña elfina rubia se apareció al lado de la mesa. Hermione nunca había estado más feliz de verla. Casi era hora de que empezara su turno.

–¿La señorita Granger necesita la ayuda de Sonya? –dijo Sonya.

–¿Tienes un elfo doméstico? –dijo Penelope sorprendida.

–No, es una elfina de la escuela. Es una larga historia. –Hermione sacó un cuaderno de su túnica y arrancó una página–. Sonya, creemos que el monstruo está suelto de nuevo.

–¡Ah! –dijo Sonya.

–Necesitamos que le lleves un mensaje a la profesora McGonagall. Penelope, ¿puedes copiar esta página del libro?

–Eh, claro. –Agitó su varita y en un momento la hoja de su cuaderno lucía exactamente igual que si hubiera sido arrancada del libro de la biblioteca.

–Gracias. Ahora, a escribir una nota… –Hermione hizo un círculo alrededor de la palabra basilisco en la página, dibujó una línea desde ahí, y escribió cámara y tuberías en el margen–. Quisiera que hubiera una manera de bloquear la mirada por completo –dijo. Dibujó un círculo alrededor de serpiente y otra línea y escribió parsel–. Quizás una manera de filtrar la luz… si es que funciona así. –Después conectó mirada mortal a la frase espejos petrifican y otra idea le llegó a la mente–. Penelope, ¿de qué color son los ojos de una serpiente?

Penelope parpadeó en sorpresa y buscó entre los libros de nuevo.

–Eh… rojos, amarillos, verdes… parece que es variado.

–¿Ninguno azul?

–Eh, no veo azul.

–Genial. No es perfecto, pero es una oportunidad. ¿Puedes transformar dos pares de lentes de sol?

–¿Lentes de sol? Pues, supongo. ¿Crees que ayuden?

–Vale la pena. También usaremos los espejos. Sabemos que funcionan. –Terminó la nota conectando gallo con gallinas de Hagrid antes de entregársela a la elfina nerviosa–. De acuerdo, Sonya, necesito que lleves esta nota a la profesora McGonagall en este momento. Dile que el monstruo de Slytherin es un basilisco, que está suelto en el castillo, y que Penelope Clearwater y yo estamos intentando llegar a ella. ¿Lo entiendes?

–Señorita Granger, Sonya la protegerá del monstruo –comenzó ella.

–No, Sonya, es más importante que este mensaje llegue a la profesora McGonagall, y después necesito que te alejes de los pasillos, donde estés a salvo. Tenemos nuestra propia manera de protegernos. Ve por favor, Sonya.

–Sí, señorita –dijo Sonya con renuencia, sus orejas caídas. Chasqueó sus dedos y desapareció.

–De acuerdo. Penelope, dame los lentes. –Hermione los tomó y sacó su propia varita. Intentó imaginar un cambio de un cambio de color normal a un filtro de color que era oscurecido en base a una frecuencia específica, esperando que el componente de intención de la magia sería suficiente. Agitó su varita–. Colovaria Azure –dijo dos veces. No estaba segura de si su hechizo había funcionado, pero los lentes eran azules–. Toma, póntelos –dijo.

–¿Lentes azules?

–Ajá. Espero que los ojos del basilisco sean amarillos o rojos o algo, y que el filtro azul pueda bloquearlos para no verlos. Vamos, tenemos que llegar a la oficina de la profesora McGonagall… y usemos el espejo para ver las esquinas, por si acaso.

Ambas niñas miraron afuera con el espejo y salieron de la biblioteca al pasillo iluminado por antorchas. Debían de lucir extrañas caminando por el pasillo con sus lentes azules, pero no les importó en ese momento. Lo único con lo que Hermione no había contado era la iluminación. El cielo azul de las ventanas parcialmente iluminaba el pasillo, pero era intermitente, y la luz de las antorchas era bastante tenue con los filtros azules.

–No puedo ver nada –se quejó Penelope mientras llegaban a una esquina especialmente oscura.

–Espera un momento –dijo Hermione. Sacó su frasco viejo de su túnica y usó su "Lacarnum Inflamari" para llenarlo de llamas azules. Lo sostuvo como una linterna, e iluminó el pasillo con una luz azul que les permitía navegar con los lentes.

–Eso es brillante, Hermione –dijo Penelope mientras continuaban–. ¿Cómo se te ocurrió eso?

–Tengo bastante historia con este encantamiento –dijo Hermione con una sonrisa. Penelope sonrió de regreso.

Pero esas sonrisas no duraron mucho ya que cuando miraron la siguiente esquina, vieron una luz infame en el espejo.


La mente de la profesora McGonagall corría a mil mientras leía la página que la elfina agitada le había entregado. La señorita Granger tenía razón, por supuesto, y la verdad que había descubierto era aterrorizante. Había un basilisco suelto en la escuela en ese momento. Sin duda iba detrás de un estudiante hijo de muggles, quizás la misma joven Granger, pero podía salir de cualquier lado y atacar a cualquiera a través de las tuberías del castillo. Y la única persona que podía encontrarlo era…

–Tengo que encontrar a Potter –dijo–. Sonnitt, regresa con la señorita Granger y la señorita Clearwater y diles que las veré en la zona de entrenamiento.

–Sí, profesora McGonagall, señora. –La elfina desapareció.

Minerva conjuró un espejo rápidamente y corrió al pasillo para llegar a la zona de entrenamiento. Pero apenas y se movió unos pasos cuando Sonnitt regresó, luciendo más agitada que nunca.

–¡Profesora McGonagall, señora! –chilló la elfina sin aliento–. ¡Hermione Granger y Penelope Clearwater fueron atacadas!

–¿Qué?

–Están cerca del pasillo de la biblioteca. ¡Sonya las vio!

–Por los rizos emplumados de Morgana –murmuró McGonagall antes de decidir qué hacer–. De acuerdo, Sonnitt, informa al profesor Flitwick y a Madame Pomfrey de inmediato, y diles que utilicen espejos para ver en las esquinas… y después a la profesora Vector. Me matará si no le digo. Llegaré a la enfermería en cuanto pueda.

–Sí, señora –chilló Sonnitt con miedo. Tomó un respiro y desapareció de nuevo.

Minerva se apresuró a la zona de entrenamiento usando el espejo en cada esquina, aunque lo guardó cuando salió del castillo. Si el basilisco estaba afuera, todos estaban condenados. Tomó un megáfono morado grande del almacén de escobas y corrió al campo de quidditch.

–¡El partido ha sido cancelado! –gritó a las tribunas. Fue bienvenida por un torrente de protestas, las cuales ignoró mientras buscaba a Potter–. Todos los estudiantes deben de permanecer donde están hasta recibir otras instrucciones. Serán llevados de regreso a sus dormitorios pronto. –Era un riesgo. Un basilisco era una bestia poderosa, y mucho más peligrosa cerca de una multitud, pero estaba contando con que el heredero no querría matar a tantos sangre pura–. Sr. Potter, venga conmigo de inmediato –dijo con voz seria cuando encontró al muchacho.

–Profesora, ¿qué ocurre? –dijo Ron Weasley, alejándose de la multitud.

–Quédate aquí, Weasley. Enviaré por ti cuando sea seguro. Potter, conmigo.

Harry Potter la siguió al castillo, corriendo para poder estar al par de los pasos acelerados de Minerva.

–Profesora, ¿qué pasó? –dijo sin aliento.

–Hubo otro ataque, Potter. Otro ataque doble. –El niño soltó un grito ahogado–. Ahora, quédate cerca de mí y dime de inmediato si escuchas alguna voz inusual.

–¿Voz? –dijo sorprendido–. ¿Sabe sobre eso?

–Acabo de aprender que el monstruo de Slytherin es una serpiente, Potter. Lo que estabas escuchando era parsel.

El niño se paralizó por unos pasos antes de alcanzarla corriendo.

–Por Dios, debí saberlo –dijo.

–Sólo mantén el oído abierto, Potter –respondió. Un minuto después, llegaron a la enfermería–. ¿Nada? –preguntó Minerva.

–No, profesora. Y la primera vez lo escuché a través de tres pisos.

–Entonces probablemente regresó a dormir. Ven aquí, Filius –llamó dentro de la enfermería–. Enviaré al resto de los estudiantes a sus salas comunes y el Sr. Weasley vendrá aquí. Espera aquí con Madame Pomfrey… me temo que esto será una trágica sorpresa, Potter.

Mientras la profesora McGonagall se alejaba con el profesor Flitwick, Harry entró a la enfermería. En la cama, con Madame Pomfrey y la profesora Vector de pie a su lado, se encontraba Hermione. Harry sintió como si unas manos heladas estuvieran arañando su pecho hasta llegar a su corazón cuando vio que no estaba petrificada como los demás. Sus ojos estaban cerrados como si estuviera durmiendo, y su brazo caía sin vida a su lado sobre la mano de Madame Pomfrey.

–Ella… ella no está petrificada… –Harry se atragantó con terror, sin poder hablar–. Acaso…

–Está viva, Sr. Potter –dijo Madame Pomfrey–. Sólo están inconscientes… ambas.

Harry casi se colapsó con alivio mientras ella señalaba la cama de al lado, donde Harry vio que una prefecta de cabello rizado también estaba acostada, como dormida. Harry caminó por el pasillo y vio una a una figura más pequeña en una tercera cama. Por un momento pensó que era Dobby, pero después vio la nariz y el cabello rubio–. ¿Sonya? ¿Qué le ocurrió? –dijo.

–Agotamiento mágico –dijo Madame Pomfrey–. Aparentemente, se apareció no menos de siete u ocho veces en sólo unos minutos. Incluso dentro del castillo, es algo difícil.

–Sr. Potter –le habló la profesora Vector–. Hermione identificó al monstruo de Slytherin como un basilisco. –Harry lanzó a Vector una mirada confusa–. Es una serpiente gigante que puede matar con una sola mirada.

–Oh… eso es malo.

–Sí, lo es. Ahora, hemos decidido que esa información no puede dejar este cuarto para evitar que el heredero se entere que lo sabemos. ¿Lo entiendes? –Harry asintió lentamente–. Bien. Hermione y la señorita Clearwater fueron encontradas con esto. –Levantó el par de lentes–. ¿Los reconoces como algún tipo de artefacto muggle?

–¿Lentes azules? No –dijo Harry con confusión.

–Sólo puedo suponer que la intención era que filtraran la mirada mortal del basilisco –dijo Vector.

–Estoy de acuerdo –dijo Madame Pomfrey–. Probablemente la razón por la que sólo están inconscientes y no petrificadas.

–¿Así que Hermione no faltará a clases? –dijo Harry–. Apuesto a que le gustará eso.

Vector sonrió con cautela.

–Estoy segura.

Harry apenas tuvo tiempo de calmarse cuando Ron entró a toda prisa a la enfermería, seguido de Fred y George, quienes aún estaban en sus túnicas de quidditch.

–¡Hermione! –gritaron, apresurándose a su lado.

–Está bien, señores Weasley, sólo inconsciente –dijo Madame Pomfrey haciéndolos a un lado–. Aunque ambas aún recibieron un fuerte golpe. Sólo están respondiendo a mis hechizos restaurativos más leves, pero deberían de despertar en unas horas.

–Es un alivio –dijo George–. ¿Creen que logró ver al heredero?

–Eso espero –gruñó Fred–. Si puedo poner mis manos sobre quien hizo esto a Hermione, yo…

–Dejará que los adultos se encarguen, Sr. Weasley –lo interrumpió Vector con seriedad–. El monstruo es muy peligroso para que los estudiantes hagan algo. Esta información no debe dejar este cuarto, pero antes de ser atacada, Hermione lo identificó como un basilisco.

Fred y George abrieron los ojos ampliamente.

–¡Demonios!

–¿Se enfrentó a un maldito basilisco y vivió? –exclamó Fred.

–Y ni siquiera fue petrificada –agregó George.

–Esa es nuestra Hermione –dijo Fred dándole un golpe suave en la cabeza–. Imposible no está en su vocabulario.

–Sí, sólo que no estoy segura de si es bueno o malo –dijo la profesora Vector.

Pero mientras se sentaban y esperaban hubo una conmoción afuera de la enfermería, y escucharon a la profesora McGonagall.

–¿Ministro? ¿Sr. Malfoy? ¿Qué están haciendo aquí?


Mientras Hermione despertaba, lo primero que sintió fue un terrible dolor de cabeza. Se sentía como si la hubieran golpeado con un tubo de metal justo detrás de sus ojos. ¿Qué ocurrió? ¿Dónde estaba? Lo último que recordaba era… ¡el espejo! ¡Había sido atacada por el basilisco de Slytherin! Su corazón comenzó a latir con fuerza. ¿Acaso los lentes habían funcionado? ¿Había sido petrificada? ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Qué cosas terribles habían ocurrido mientras dormían? Gruñó y se movió en lo que dedujo era una cama en la enfermería, intentando comprender la situación.

–¡Madame Pomfrey, se movió!

¿Ese fue Harry? Intentó abrir sus ojos, pero la luz era muy brillante. Escuchó pasos acercándose a ella y la voz de la enfermera.

–Informa a la profesora McGonagall, Potter. Tranquila, señorita Granger. Estoy segura de que lo que te ocurrió nunca ha ocurrido antes, así que será mejor que te lo tomes lento. ¿Cómo te sientes?

–Mi… mi cabeza… –se quejó.

–Dolor de cabeza… no me sorprende, considerando –dijo Madame Pomfrey–. Aquí, ve si puedes tomar esto. –Entregó una botella de poción pequeña en la mano temblorosa de Hermione y la guió a su boca. La bebió lentamente. De inmediato, su dolor de cabeza se redujo. Abrió los ojos un poco pero no pudo ver mucho por la luz.

–Gracias –dijo.

–Bien, ¿hay algo más que te duela o no funcione?

Hermione movió sus dedos de las manos y pies y se quejó de nuevo. Cada músculo dolía, pero no tanto como su cabeza… más como un mal caso de gripe.

–Dolor muscular… en todos lados –dijo–. Por favor, ¿cuánto tiempo ha pasado?

–Sólo unas horas, señorita Granger –le dijo Madame Pomfrey, pero suspiró con pesadez ya que lo había dicho antes de darle otras dos pociones–. Aún no es hora de la cena. ¿Cómo te sientes ahora?

Hermione bebió las pociones y sintió sus músculos relajarse y el dolor subsidió, aunque aún sentía que se había agotado.

–Mucho mejor, Madame. Gracias. ¿Así que los lentes funcionaron?

–Si quieres decir que te salvaron de ser petrificada, sí, aunque sospecho que el dolor muscular es algún tipo de petrificación parcial. Por suerte, no necesité el filtro de mandrágora para revertirlo.

Hermione se sentó sobre la cama y observó la enfermería. De repente, escuchó un chillido a su izquierda.

–¿La señorita Granger está despierta? –dijo una voz suave con cautela.

–¿Sonya? –Vio a la elfina acostada en una cama muy larga para ella a dos camas de distancia–. Sí, estoy bien. ¿Qué te pasó a ti?

–Sonya necesita descansar, señorita. Sonya se apareció muchas veces.

–Oh, lo siento.

–Sonya se alegra de haber ayudado a Hermione Granger, señorita. –Cerró sus ojos y regresó a dormir.

En ese momento, Penelope Clearwater se movió en la cama entre Hermione y Sonya. Hermione se sintió mejor al ver que sus lentes también habían funcionado.

–Oh… ¿alguien anotó la placa de ese camión? –gruñó Penelope.

Madame Pomfrey ya tenía otras dosis de pociones listas para ella.

–Bienvenida de regreso a la tierra de los vivos, señorita Clearwater –dijo–. Quédate quieta un momento. Querrás estas.

Penelope gruñó de nuevo y bebió las pociones, parpadeando sus ojos mientras su cabeza se relajaba.

–¿Hermione?

–Aquí –dijo–. Los lentes funcionaron. Sólo estuvimos inconscientes unas seis horas.

–Genial…

–No tan genial –dijo Madame Pomfrey–. Han sido unas largas seis horas. Les diría que se quedaran en cama, Granger, pero la profesora McGonagall demandó ser informada al instante cuando te despertaras.

–¿Madame? ¿Qué ocurrió? –dijo Hermione preocupada. Pero pronto obtuvo su respuesta cuando las puertas se abrieron de golpe y una multitud entró: la profesora McGonagall, Flitwick, Vector, y Lockhart (Lockhart lucía renuente), junto a Harry, Fred, George, y Percy, todos luciendo solemnes y con lágrimas. Hermione no tuvo tiempo de hacer una pregunta porque todos comenzaron a hablar al mismo tiempo.

–¡Hermione, estás despierta! –comenzó Ron–. Oh, Merlín, es terrible.

–Fudge…

–...tiene a Ginny…

–...y Malfoy…

–...se llevó a Hagrid…

–...a la cámara…

–...y Dumbledore…

–¡Oigan! –gritó Hermione. Todos se detuvieron. Se acarició su frente–. Uno a la vez. Me acabo de despertar.

La profesora McGonagall habló. Estaba pálida y su voz temblaba. Lucía tan atemorizada como había estado cuando la piedra filosofal fue amenazada, si no más.

–Señorita Granger –dijo–. Cuando tú y la señorita Clearwater fueron atacadas, Lucius Malfoy lo utilizó como una excusa para obligar al Consejo a suspender al profesor Dumbledore y removerlo del castillo diciendo que no era capaz de proteger la escuela.

–¿Qué? –lloró Hermione (con Penelope en eco)–. ¿Y piensan que harán las cosas mejor sin él?

–Es lo que dijimos todos los profesores, señorita Granger –dijo la profesora Vector–. Cada uno. Pero Lucius Malfoy es muy… persuasivo. Dumbledore fue saqueado antes del almuerzo.

–Desafortunadamente, eso fue el principio –dijo McGonagall–. Al mismo tiempo que llegó el Sr. Malfoy, el Ministro de Magia también vino a la escuela y arrestó a Hagrid por los ataques.

–¿Qué? ¡No! Hagrid nunca lo haría.

–Lo sabemos, señorita Granger. Me temo que eso fue comprobado con claridad.

Hermione sintió un golpe en el estómago.

–¿Qué ocurrió, profesora?

Pero fue Ron quien respondió.

–¡El heredero de Slytherin se llevó a Ginny!

Hermione perdió el aire.

–¿Ginny?

–Dentro de la cámara –confirmó McGonagall.

–¿Cómo? ¿Por qué? ¿Está… están seguros?

McGonagall parecía estar al borde de las lágrimas, pero continuó hablando:

–Hace menos de una hora un nuevo mensaje fue encontrado debajo del de Halloween… Sus huesos reposarán en la cámara por siempre. El único estudiante que no hemos encontrado es Ginny Weasley.

–Incluso nosotros no sabemos a dónde fue –susurró Fred–. Y siempre podemos encontrarla. –Fred y George lucían tan pálidos como fantasmas.

–Pero… pero es una sangre pura –dijo Hermione agitada–. ¿Qué querría el heredero de Slytherin con ella?

–Los Weasley aún son traidores a la sangre –dijo George.

Yo supongo que sabía algo –sugirió Fred–. Vieron como estaba. Pudo haberla estado ch...chantajeando todo el año.

–Señorita Granger, señorita Clearwater, no seguiré dándole vueltas –comenzó McGonagall de nuevo–. Quizás aún haya la posibilidad de que la señorita Weasley esté viva, pero… pero lo esté o no, si no podemos encontrar y detener al heredero y al basilisco rápidamente, Hogwarts tendrá que ser cerrado indefinidamente. Si vieron algo… si tienen idea de quién es el heredero…

Hermione abrió su boca. ¿Cerrar Hogwarts? ¿A dónde irían los estudiantes? ¿Qué ocurriría si el castillo era abandonado con el basilisco dentro? ¿Qué tal si el heredero escapaba de vuelta a la población? Sacudió la cabeza, dándose cuenta de las lágrimas cayendo de sus ojos.

–Lo siento mucho, profesora. Lo único que vimos fue el basilisco. No vimos quien lo estaba controlando.

La multitud decayó en frente de sus ojos. Esa claramente había sido su última esperanza. Harry quizás sería capaz de rastrear con parsel, pero si había regresado a dormir, sería inútil.

–Gilderoy, pareces pensar que tienes todo bajo control –dijo el profesor Flitwick al profesor de Defensa en un último intento–. Quizás tengas una idea de dónde está la entrada a la cámara. Entonces, quizás puedas atacar al heredero directamente. Estoy seguro de que con tu experiencia, sabes una manera de matar a un basilisco sin un gallo.

Lockhart parecía estar sudando.

–Pues… –tartamudeó–. Quizás… pero desafortunadamente, me tomaría mucho tiempo tener que encontrar la cámara. Yo… yo podría eventualmente, por supuesto, pero parece estar bien escondida.

Lockhart sonaba más sospechoso que nunca, pero las palabras del profesor Flitwick pusieron a pensar a Hermione. Su cabeza aún dolía, pero considerando la gravedad de la situación, su mente analítica se lanzó a toda velocidad con venganza.

–¡Esperen! –dijo sin aliento. Todas las miradas se dirigieron a ella–. No sé quién es el heredero, y no sé dónde está la cámara de los secretos, pero sé quién quizás lo sepa.

–¿Quién? –dijeron varias voces a la vez.

–Myrtle la llorona.

–¿Myrtle? –dijo Ron. Enseguida, sus ojos se iluminaron–. Hermione, ¡los mensajes están junto a su baño! La entrada a la cámara podría estar ahí mismo.

–¡Es verdad! –Hermione saltó de la cámara y casi no tembló al estar de pie–. Tenemos que hablar con ella.

Pero McGonagall elevó su mano.

–Un momento, señorita Granger. Tenemos que tener cuidado. No quiero poner en riesgo a más personas de las que sea necesario, especialmente estudiantes. Ahora, desafortunadamente, Sr. Potter, te necesitaremos, si estás dispuesto. Eres el único que puede escuchar al basilisco, y quizás puedas controlarlo.

–Lo haré, profesora –dijo rápidamente–. Lo que sea por salvar a Ginny.

–Muy bien. Gilderoy, tu irás a enfrentarte al basilisco.

–¿Qué? ¿Y...y...yo? –dijo Lockhart, su voz rompiéndose.

–Tú eres el experto en criaturas oscuras, ¿o no? Te acompañaré y ayudaré si es necesario. –Por las miradas que los profesores intercambiaron, era claro que McGonagall pensaba que haría todo el trabajo.

–Oh… s...sí, por supuesto –respondió, aunque parecía que quería estar en cualquier lugar menos ahí.

–Profesora, creo que me necesitará para hablar con Myrtle –dijo Hermione–. A menos que conozca a alguien más que pueda hablar con ella por más de dos minutos sin hacerla llorar.

McGonagall suspiró.

–Por mucho que odio admitirlo, tienes razón, señorita Granger. También tendrás que venir. –Se dirigió a los jóvenes Weasley–. Ustedes cuatro deben de regresar a la torre al instante.

–¡Pero Ginny…! –protestaron.

–No serán de ayuda si están petrificados o muertos –habló encima de ellos–. Este es un trabajo para profesionales. Les prometo que haré mi mayor esfuerzo por salvarla. Ahora váyanse.

–T…tiene razón. –Hermione se dirigió a la nueva voz. Ni siquiera había notado que Percy, pálido y en silencio, había pasado la mayor parte de la conversación sosteniendo la mano de Penelope. Esa era una sorpresa. Le susurró algo.

–Tenemos que ir...irnos –dijo.

Fred, George, y Ron inclinaron sus cabezas.

–Tráiganla de vuelta –dijo Ron a Harry y Hermione con ferocidad–. Tienen que traerla de vuelta.

–Haremos lo que podamos –prometió Hermione.

Después de que se fueron los Weasley, McGonagall se preparó para salir, pero la profesora Vector la detuvo.

–Minerva... –dijo. Su propia voz estaba temblando, pero se obligó a pararse con firmeza–. Creo que yo debería de acompañar a Gilderoy y los estudiantes en tu lugar.

–¿Septima? No tienes que hacerlo –respondió McGonagall–. Soy capaz de hacerlo por mí misma.

–Sé que lo eres, Minerva, pero yo era una buena duelista, y más importante, soy una Slytherin sangre pura y los tres son mestizos. Si hay alguna oportunidad de razonar con el heredero, soy la mejor opción. Además, prometí a Hermione y a sus padres que la mantendría a salvo, y planeo mantener esa promesa, y con Dumbledore lejos, necesitamos que mantengas un semblante de orden.

McGonagall presionó sus labios juntos y observó a su colega, pero su lógica tenía sentido. Asintió lentamente.

–De acuerdo, Septima. Buena suerte.

–Gracias, Minerva. –Vector respiró profundamente–. Debemos de irnos. Vamos, Gilderoy, Potter. Hermione, si te sientes lista…

–Haré lo que pueda –dijo–. Vámonos.

Vector los llevó a través de los corredores, manteniendo una mano firme en el hombro de Lockhart mientras caminaban y usando un espejo de nuevo para mirar las esquinas.

–Potter, avísanos si escuchas al basilisco –dijo.

–Sí, profesora.

–Hermione, esos lentes azules que te salvaron de ser petrificada. ¿Puedes duplicarlos?

–Puedo mejorarlos ahora que sé que funcionan –dijo con confianza, y comenzó a murmurar para sí misma–. Necesito elegir una mejor función de frecuencia. Una parábola no será suficiente… –En teoría, Colovaria Azure era una parábola perfecta para un filtro de luz azul que no dejaba pasar a otros colores. En práctica, era imposible realizar el hechizo con precisión perfecta, y por lo tanto, siempre había términos cuadrados de orden superior que podrían causar fugas de otros colores… fugas que serían fatales en este caso. Eso quería decir que necesitaba una función más elegante para suprimir los términos de orden superior. Quizás una función cuártica. Intentó insertar unos cuantos números.

–No, no, los números son muy grandes. Nunca se realizaría con tanta precisión –murmuró–. Idealmente, querría algún tipo de función rectangular… pero no, está llena de fugas en la expansión de Fourier. Quizás una función seno que no regresara hasta… no, eso tampoco funcionaría… Por supuesto, ¡una elipse! –exclamó. Era tan simple: sólo usaría una forma parabólica regular y tomaría la raíz cuadrada. Su valor sería imaginaria fuera del rango de frecuencia deseado, así que suprimiría los términos de orden superior por completo… por lo menos en teoría. Ahora, sólo necesitaba estar segura del color, y para eso, necesitaba a Myrtle.

–¿Algo, Potter? –preguntó Vector mientras llegaban al baño.

–No, no lo escucho.

–De acuerdo, Hermione, haz lo que sea que tengas que hacer entonces.

Hermione asintió y abrió la puerta, con los demás siguiéndola.

–¿Myrtle? –la llamó. Escuchó un gemido desde un retrete–. Myrtle, por favor ven. Necesitamos hablar contigo.

La joven fantasma atravesó su cubículo.

–¿Qué quieres? –dijo de modo taciturno.

–Necesito preguntarte… sobre cómo moriste.

Myrtle lanzó una mirada molesta a Hermione.

–Ya te dije que no sé nada. –Se dio la vuelta y comenzó a regresar a su cubículo.

–¡Myrtle, espera! Nosotros… vamos a intentar vengar tu muerte.

Y con esas palabras mágicas, Myrtle se detuvo drásticamente. Lentamente, se dio la vuelta y flotó hasta estar cerca del rostro de Hermione.

–¿Lo dices en serio? –dijo.

–No te mentiría, Myrtle. Descubrimos lo que es el monstruo, pero necesitamos tu ayuda para encontrarlo.

Myrtle se enderezó y se "paró" con determinación. Incluso pareció brillar más.

–¿Qué quieres saber?

–Cuando moriste… no sólo "ocurrió", ¿verdad? Viste algo… un par de ojos, ¿no es así?

Sus ojos se abrieron con sorpresa.

–A...así es –dijo–. ¿Cómo lo supiste?

–Porque el monstruo es un basilisco. Mata con la mirada. ¿Dónde los viste?

Myrtle se dio la vuelta y señaló.

–Por ahí, en ese lavabo.

Harry se apresuró al lavabo y lo examinó con cautela. Rápidamente descubrió que no funcionaba.

–Esa llave nunca ha funcionado, ni siquiera cuando estaba viva –dijo Myrtle.

Harry la ignoró y continuó examinando el lavabo. De repente, todos en el cuarto dieron un salto (Lockhart más que todos) cuando hizo un extraño siseo. Escucharon el rechinar mientras la llave comenzaba a brillar con luz blanca y a girar por sí sola, seguida por el sonido de engranajes mientras el lavabo completo se hundía en el piso, revelando una enorme tubería abierta por la cual una persona podría deslizarse fácilmente, o una serpiente.

–La cámara de los secretos –susurró Hermione.

–La encontramos –dijo Harry–. Tenemos que bajar.

–Sí, Potter –dijo Vector–. Desafortunadamente, quizás te necesitemos de nuevo. Hermione, ¿los lentes?

–Sí, profesora. Necesitaremos dos pares. Myrtle, esto es importante. Necesito que me digas el color exacto de los ojos que viste antes de morir.

–Oh, eran amarillos… definitivamente amarillos. Grandes y de color amarillo brillante.

–¿Qué tipo de amarillo? ¿Amarillo dorado? ¿Amarillo jazmín? ¿Amarillo azafrán?

–Supongo que de un color dorado.

–¿Había algo de verde o azul en ellos? ¿Aunque sea sólo un punto o línea?

Myrtle cerró los ojos concentrándose. Frunció el ceño. No podía ser fácil para ella recordar ese detalle.

–No, no lo había –decidió–. Más líneas y manchas de color rojo y anaranjado.

–Perfecto –Hermione tomó cuatro pares de lentes de sol de la profesora Vector y comenzó a crear el hechizo que necesitaría–. Un filtro azul en la misma longitud de las células cónicas en los ojos… eso será unos 400 o 480 nanómetros –murmuró. Vector y Harry la observaron con interés, aunque Myrtle y Lockhart lucían confundidos.

Al lidiar con colores en el encantamiento Lumos y de cambio de color, como había aprendido durante Navidad, la frecuencia de luz era medida en unidades de la frecuencia máxima del espectro de la luz solar, las cuales Hermione había investigado y descubierto eran 340 Tera Hertz. En esas unidades, la frecuencia de luz visible estaba en un rango entre 1.26 y 2.20. Los filtros que quería hacer permitirían pasar frecuencias entre 1.84 y 2.20 unidades, así que estableció los ceros en esa ecuación a esos límites de frecuencia, produciendo una función parabólica de - (x - 1.84)(x - 2.20), o -x^2 + 4.04x - 4.048. Después, sacó la raíz cuadrada y la normalizó multiplicándola por… 50/9, y estaba lista.

–No hay cambio en el movimiento de varita, igual que antes –continuó–. Y el hechizo… –Comenzó a murmurar el rito requerido para pensar una palabra que quedara–. Da da da di da… Da da da di da… ¡Listo! –Agitó la varita sobre el primer par de lentes–. ¡Colovaria Fluctuabrevis! –Los lentes cambiaron de su rápido intento intuitivo anterior a un azul real profundo. Increíble, diez sílabas, pensó. Era el hechizo más largo que había realizado, pero hechizos muy específicos usualmente eran largos. Y sí, era latín macarrónico, pero era el ritmo lo que importaba y nunca nadie se molestaba en rechazar hechizos. Se colocó los lentes para probarlos. Las antorchas lucían más tenues que en su intento anterior, lo cual era una buena señal, y el cabello rubio de Lockhart lucía casi tan oscuro como el de Harry a través de ellos, lo cual era una señal mejor.

–Creo que está funcionado –dijo, y repitió el hechizo tres veces en los otros lentes y los entregó. Transformó los de Harry en unos que pudieran engancharse.

–Hermione, ¿acabas de inventar un nuevo hechizo para modificar el color en cinco minutos en tu cabeza? –preguntó Vector con incredulidad mientras se probaba los lentes.

–Profesora, ¿en verdad es el momento? –respondió Hermione.

–Lo siento –dijo Vector avergonzada–. Pero eso fue brillante, Hermione.

–Gracias, profesora.

–Sabes que tus padres me matarán si te dejo bajar.

–Lo sé, profesora, pero me matarán a mi primero, así que estaremos a mano. Me necesitará abajo en caso de que algo falle con los hechizos.

–Lo sé. Sólo promete que tendrás cuidado. Tú también, Potter.

–Sí, profesora –dijeron ambos niños.

–Pues… no puedo ver nada con esto –dijo Lockhart, quitándose los lentes–. No veo como podrán ayudarnos.

–Lo salvarán de morir si el basilisco lo ve a los ojos –dijo Hermione con seriedad–. ¡Lacarnum Inflamari! –Puso más poder en el hechizo que nunca antes, y varias llamas azules flotaron por todo el baño, iluminando con su escalofriante luz azul–. ¿Puede ver ahora? –demandó.

–Eh… sí –admitió Lockhart.

–Excelente. Puedes ir primero, Gilderoy –dijo Vector.

Pero Lockhart no se movió.

–Miren, cuando dije que sé cómo matar a un basilisco, quizás haya exagerado un poco…

–Oh, no, Gilderoy. Como el profesor de Defensa, es tú trabajo el enfrentar las amenazas a la escuela.

–Pues, lo siento, pero voy a tener que renunciar. Ahora, no quiero lastimar a nadie, pero… –sacó su varita.

Hubo un susurro y de repente, Lockhart cayó de espaldas. Hermione y Vector intercambiaron una mirada de confusión hasta que vieron a Harry de pie al lado de la entrada de la cámara con su varita en una mano y la de Lockhart en la otra. Los lentes azules habían ocultado por completo el rayo de luz roja de su Expelliarmus.

–No debió dejar que Snape nos enseñara eso –dijo.

Lockhart palideció aún más mientras se sentaba, aunque era difícil de ver con los lentes.

–Espera –sollozó–. No les sirvo así.

–Oh, no lo sé –respondió Vector con una risa fría que Hermione nunca había escuchado de ella antes–. Diría que te acabas de volver la persona menos valiosa en este cuarto. Así que irás primero para asegurarte de que es seguro.

–¡¿Qué?!

–¿Profesora? –dijo Hermione son sorpresa.

–Verás, Gilderoy, soy una Slytherin, después de todo –dijo Septima–. Y sabes, siempre pensé que eras un inepto cuando eras un estudiante, y ahora que veo la verdad, aún lo eres. Ahora, apresúrate.

–En verdad no creo… ¡AH! –Harry se había movido y lo empujó, haciéndolo caer en la tubería. Un momento después, escucharon un golpe y un gemido distante.

–Pues, está vivo –dijo Harry, saltando detrás de él.

–¡Harry! –protestó Hermione–. Niños. Será mejor que vayamos tras ellos, profesora.

Vector asintió y rápidamente bajaron. La tubería debía de bajar cientos de pies, asquerosa, resbaladiza, y babosa. Hermione estaba gritando y sintiéndose asqueada todo el camino, y se aferró a sus lentes para no perderlos. Después de lo que pareció una eternidad, comenzó a enderezarse a un ángulo que debía de llevarlos debajo del lago negro, y salió volando de la salida a una velocidad poco segura hasta caer en un túnel de piedra húmedo. Apenas tuvo tiempo de hacerse a un lado antes de que la profesora Vector saliera de la tubería y cayera a su lado.

¡Lacarnum Inflamari! –lloró, creando más llamas azules en el túnel. Miraron a su alrededor. Lockhart estaba recargado contra la pared, aterrorizado. Más adelante, vieron algo en uno de los pasajes, algo enorme y curvo y… ¿sin forma? Hermione soltó un grito y se dio la vuelta.

–Yo iré –susurró Harry.

–¡Con cuidado! –dijo ella–. Aún con los lentes, no quieres verlo a los ojos.

Harry estuvo callado por un largo tiempo mientras se acercaba, y el corazón de Hermione comenzó a latir cada vez más rápido

–Todo está bien. Sólo es piel –dijo finalmente.

Hermione se dio la vuelta y vio el enorme objeto.

–¿Sólo es piel? –dijo con incredulidad–. Ese basilisco debe de ser más grande que una anaconda para dejar esto.

De repente, escucharon un golpe y un gemido detrás de ellos. Se dieron la vuelta y vieron a Lockhart de pie a un lado de Vector, sosteniendo su varita.

–¿Atacándome por detrás, Gilderoy? ¿Qué demonios crees que estás haciendo? –demandó con enojo.

Harry y Hermione sacaron sus varitas, pero Lockhart murmuró algo y Hermione apenas tuvo tiempo de ver un rayo de luz antes de que su varita saliera volando de de su mano, y Harry perdió ambas ante la traición de su maestro. Lockhart había usado el truco de Harry en su contra.

–¡Profesor! –protestaron.

Pero Lockhart tenía una sonrisa maniaca. Apuntó su varita a los tres para que se pusieran en fila.

–¿Un inútil, Septima? –dijo–. ¿Quieres la verdad? De acuerdo, la verdad es que no hice nada de lo que escribí en mis libros.

Hermione soltó un grito ahogado. Incluso ella había comenzado a preguntarse sobre sus credenciales, pero nunca se hubiera imaginado que fuera tal fraude.

–Tienes razón. Soy terrible luchando contra criaturas oscuras, pero no dejo que eso me detenga. No, encuentro a las personas que lo hicieron, los entrevisto hasta que puedo relatar sus historias con mi propia voz inimitable, y borro sus memorias para que no puedan revelarlo. Si hay algo de lo que me enorgullezco, son mis encantamientos para la memoria.

–¡Tú qué! –gritó Vector. Hermione estaba muy horrorizada para hablar. ¿Robar los logros de otras personas y borrar sus memorias? ¡Era enfermo! También se sintió un poco culpable. ¿Qué no era eso lo que les había dicho a Fred y George que hicieran con Malfoy? Pero eso sólo fue media hora. Estos eran grandes eventos en la vida de alguien. Tenía que alejarse de ese truan. Se dio la vuelta y comenzó a correr…

¡Incarcerous!

Hermione se tropezó y cayó con sus pies atrapados por las cuerdas que salieron de la varita de Lockhart.

–No creas que nadie no ha intentado eso antes –dijo con prepotencia. Y después, ató a Harry y Vector por si acaso–. Quizás no lo haya hecho por un tiempo, pero no puedo ser completamente incompetente en este negocio. Ahora, ahora, señorita Granger, no es nada personal. Claro que admiro a un fan dedicado.

–Retiro todo lo bueno que dije sobre usted –soltó Hermione.

–Oh, vaya. Pues, es un buen negocio –continuó Lockhart, disfrutando ser el único con una varita–. Soy mucho más fotogénico que todos los cazadores de criaturas mágicas. Ahora… ¿qué haré con ustedes tres? Creo que Encuentro con un basilisco suena como un buen título, ¿no lo creen? Llevaré esa piel para mostrársela a Minerva y le diré que llegué trágicamente tarde para salvar a la niña, y como los tres perdieron sus mentes al ver su cuerpo destrozado. ¿No son útiles los encantamientos para la memoria?

Eso fue suficiente para que Hermione sufriera un ataque de pánico. Su maestro iba a borrar su memoria. Y no sólo iba a quitar media hora. Iba a quitar Merlín sabía cuánto. Lo suficiente para que las personas pensaran que había perdido la mente. ¿Sus memorias de sus amigos? ¿De sus padres? ¿De las matemáticas y la magia? ¡No podía vivir así! ¡Tenía que escapar! Comenzó a sentir un hormigueo y un mareo, y sus manos se sentían calientes. Miró abajo y vio que las cuerdas que la ataban se estaban quemando. En el fondo de su mente, se dio cuenta de que estaba destrozando su atadura con magia accidental, pero la mayor parte de su cerebro estaba muy ocupada asustada por el hecho de que ya era tarde.

Lockhart apuntó su varita directo a ella y se rio.

–Despídete de tus memorias.


Notas del autor: Fluctuabrevis: del latín para "onda breve".