Peor riesgo intermitentemente retorciéndose (cuatro palabras comunes al azar).

Notas de la traducción: Disculpen el retraso. El trabajo ha sido una locura (lo cual es bueno). Espero que disfruten el capítulo y gracias por todos sus comentarios!


Capítulo 36

Fred y George Weasley subieron con renuencia a su dormitorio en la torre de Gryffindor mientras que la profesora Vector, Harry, Hermione, y el imbécil de Lockhart iban a intentar salvar a su hermanita del heredero de Slytherin. Después de las cosas que la habían visto ver y hacer, rápidamente estuvieron de acuerdo que podían confiar en Hermione con sus vidas… tanto como confiaban en ellos mismos, por lo menos. Ella obviamente también pensaba lo mejor de la profesora Vector, y Harry había hecho cosas bastante impresionantes, pero era Ginny de quien estaban hablando. Harían lo que sea por ella, y era obviamente doloroso que habían estado ignorando sus problemas todo el año. Si no regresaba de esto, no se perdonarían a sí mismos.

En lo que respecta al cuarto miembro del grupo de rescate, sabían que Lockhart no sabía luchar. No podían entender porque los profesores lo enviarían a la cámara a menos que fuera como anzuelo, y estaban lo suficiente preocupados para reírse de eso.

–¡Fuera! –gritó Fred al momento que entraron a su dormitorio.

Kenneth, Lloyd, y Raphael tenían mucho miedo de los gemelos para atreverse a cuestionarlos y huyeron del cuarto al instante. Lee Jordan, sin embargo, titubeó y colocó una mano sobre sus hombros a la salida.

–Lo siento, amigos. Espero que esté bien.

–Nosotros también, Lee –dijo George.

Fred y George Weasley definitivamente no estaban bien haciendo nada y esperando a descubrir lo que estaba ocurriendo. Una vez el cuarto estuvo vacío, Fred metió su mano en su túnica y sacó el único secreto que habían guardado de Lee.

–Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

El mapa del merodeador se llenó, cada página, cada piso. De inmediato se dirigieron a la cuarta página, la cual mostraba el segundo piso, y encontraron el baño de Myrtle. Dentro del pequeño cuadrado vieron los nombres de Septima Vector, Hermione Granger, Harry Potter, Gilderoy Lockhart, y Myrtle Warren.

–Ahí están –dijo Fred.

–Sí. Esperemos que encuentren la cámara –dijo George.

–Desearía que la cámara estuviera en el mapa –se quejó Fred–. Hubiéramos resuelto esto hace años.

Continuaron observando el mapa por unos minutos. Los puntos se movieron en el baño un poco, pero no fueron a ningún lado.

–Sólo están ahí –dijo Fred.

–Probablemente siguen hablando con Myrtle. No puede ser fácil sacarle información.

–Sólo un poco… ¡Lockhart desapareció!

George miró de nuevo y saltó de sorpresa.

–Y Harry también.

–Y ahí van Hermione y Vector. Debieron de encontrar la cámara.

–Genial, excepto que no podemos verlos.

–Sí… supongo que no hay nada que podamos hacer más que esperar a que regresen.

–Sí…

Se sentaron y esperaron con ansiedad, pero unos minutos después vieron algo extraño.

–Oye, ¿qué está haciendo Ron? –dijo Fred.

George miró y vio a un punto con el nombre de Ronald Weasley moviéndose en dirección al baño de Myrtle.

–Debe de estar yendo tras ellos –dijo George.

–Es más Gryffindor de lo que pensaba.

–¿Y eso qué dice de nosotros?

Los gemelos se miraron el uno al otro y salieron a toda prisa de su cuarto. Por suerte, George no perdió su sentido común.

–Espera, nos verán irnos. ¿Cómo es que salió Ron?

Fred se detuvo.

–No lo sé –dijo–, pero vamos a necesitar una distracción.

Un minuto después, algo muy extraño ocurrió, especialmente en una situación como esa. Un fuego artificial explotó en la sala común de Gryffindor, haciendo a los estudiantes correr a esconderse por miedo a otro ataque.

–Es crudo, pero funcionó –dijo Fred mientras atravesaban el retrato. Y corrieron por el pasillo.

Pero apenas dieron unos pasos cuando George se detuvo.

–¡Abortar! ¡Abortar! ¡Viene Snape!

–¿Snape? ¿Qué está haciendo aquí? –susurró Fred, lanzando una mirada al mapa.

–No lo sé, pero tenemos que regresar y esperar a que se vaya. Nunca lo esquivaremos.

–Genial –gruñó Fred, pero siguió a su gemelo de vuelta al retrato de la Dama Gorda. Desafortunadamente, esta vez no fueron lo suficiente veloces y Snape los vio en la entrada mientras daba vuelta en la esquina–. ¡Señores Weasley! –exclamó el grasiento–. Bajo las circunstancias, asumo que se tardaron un poco en regresar a su torre. –Los gemelos se miraron el uno al otro nerviosos–. Ha habido un cambio de planes. Sus padres acaban de llegar a la oficina de la profesora McGonagall. Vayan por Percy y Ronald para que pueda… llevarlos a ellos –gruñó.

Fred y George intercambiaron una mirada nerviosa mientras se daban cuenta que acababan de perder su oportunidad de ayudar. Eso no iba a terminar bien.


Ronald Weasley no se iba a tomar el secuestro de su hermana menor sentado, especialmente cuando sus dos mejores amigos estaban poniéndose en peligro para salvarla. Al momento en que llegó a la torre de Gryffindor, ya tenía un plan… quizás no el mejor, pero tenía uno. Se apresuró a su dormitorio y se lanzó al baúl de Harry, ignorando las preguntas de Neville, Dean, y Seamus. En un momento, había encontrado la capa de invisibilidad de Harry y salió a toda prisa del cuarto.

Sin ser visto, Ron se apresuró por los pasillos, apenas evitando a Snape y a otros a maestros, hasta llegar al baño de Myrtle. Dentro, no vio señal de ningún ser vivo, pero el lugar estaba lleno del fuego azul de Hermione y un lavabo parecía haber sido removido, revelando una enorme tubería. Se removió parcialmente la capa, mostrando su cabeza.

–¡AHHH! –gritó Myrtle como si hubiera visto un… olvídalo.

–Myrtle, tranquila, soy yo –dijo Ron. Señaló la tubería–. ¿Todos bajaron?

–Sí –dijo Myrtle raramente feliz–. ¿También viniste a vengar mi muerte?

Ron parpadeó sorprendido.

–Eh, sí, supongo. –Y antes de que pudiera preguntar más, se lanzó dentro de la tubería.

Esperaba que la capa de invisibilidad de Harry también tuviera manchas invisibles porque la tubería era larga y estaba muy sucia. No estaba seguro de porque la seguía usando, excepto que quizás no quería tomarse el tiempo de doblarla de nuevo. Finalmente, llegó al suelo con un fuerte golpe, deslizándose fuera de la tubería a un enorme túnel también lleno de fuego azul. Se tambaleó de pie e intentó comprender lo que estaba viendo.


Lockhart apuntó su varita a Hermione.

–Dile adiós a tus memorias… Obliv… ¡AH!

Hermione soltó un grito ahogado mientras Lockhart caía de golpe sobre su rostro. En ese momento, sus amarres se rompieron por magia accidental, y, actuando por instinto, corrió adelante, pateó a Lockhart en el estómago con satisfacción, y tomó las cuatro varitas de su mano. Fue sólo entonces que levantó la mirada para intentar entender lo que había interrumpido su hechizo.

Ron se quitó la capa de invisibilidad de Harry y apareció de la nada con una sonrisa en su rostro.

–He querido hacer eso por meses –dijo.

–¡Ron! –Hermione saltó por encima de la forma de Lockhart, tomó al pelirrojo, y lo abrazó con fuerza–. ¡Oh, gracias a Dios! ¡Gracias a Merlín! Eso estuvo cerca. ¡Gracias, Ron, gracias!

–Hermione, no pensé que estarías tan feliz de verme –dijo Ron, claramente teniendo dificultad para respirar bajo su agarre.

–Lo siento –murmuró ella, soltándolo y tranquilizándose–. Este sucio, mentiroso… bastardo… –pateó a Lockhart en el trasero, ocasionando que gruñera por el dolor–. ¡Iba a borrar nuestras memorias y dejar que Ginny muriera sólo para escribir otro libro!

–¡Qué! –rugió Ron.

Pero antes de que pudiera patearlo él mismo, lo interrumpió la profesora Vector.

–Ya es suficiente. Señorita Granger, ¿mi varita?

–Oh, cierto, profesora. –Hermione le entregó su varita y la de Lockhart y lanzó la suya a Harry.

Incarcerous –dijo Vector y Lockhart estuvo atado en cuerdas. Se agachó a su lado y removió sus lentes de sol–. Aquí tienes Weasley, ponte estos. Te protegerán del basilisco… en parte. Y tú, Gilderoy Lockhart, casi eliminaste la mente más brillante que pasó por Hogwarts desde antes de que nacieras. No tienes idea de con quien estás lidiando. Te haría bien que te borrara tu memoria, pero quiero que recuerdes que no te metes con Septima Vector, y especialmente que no te metes con mis estudiantes. –Los ojos de Hermione se abrieron más mientras recordaba los otros momentos en los que había visto a su maestra así… en contra del troll y Quirrell. Definitivamente era una guerrera. Vector se puso de pie, determinada a ignorar cualquiera otra cosa que Lockhart dijera–. Vamos, Weasley, ya que estás aquí y no tenemos manera de que salgas rápidamente, vamos a buscar a tu hermana. Y mantén esa capa a la mano.

Ron se enderezó y asintió, sosteniendo su varita. Deliberadamente pisó a Lockhart mientras avanzaba.

Septima Vector continuó con los tres niños detrás de ella… dos cuya ayuda necesitaría y uno con el que estaba atrapada por terquedad, y se preguntó cómo es que había terminado en esa situación de nuevo. Veinte años de dar clases en Hogwarts sin mayor incidente, incluyendo una guerra, y ahora, los mismos tres niños habían estado en peligro mortal tres veces en dos años, cada vez con ella como el único adulto alrededor para ayudarlos. La idea de que Harry Potter estaba maldito cruzó su mente, aunque eso no detendría a Hermione de ayudar a su amigo. Si la niña podía sobrevivir a un basilisco, no estaba segura de si algo podría detener a Hermione… o por lo menos eso era lo que se decía a sí misma.

La niña en cuestión estaba caminando con un frasco de llamas azules en mano para visibilidad, y lanzando el hechizo alrededor del corredor de vez en cuando. Con su varita en mano, aunque no tenía idea de que hechizos podría usar en contra de un basilisco, Vector intentó permanecer al frente. Después de otra curva, llegaron a una pared en la que estaban talladas dos serpientes con ojos esmeraldas. Al instante, Potter realizó un sonido escalofriante que la hizo temblar y la puerta se abrió en silencio.

Esa, se dieron cuenta, debía de ser la verdadera cámara de los secretos. Era alta y se imponía como una catedral macabra, sostenida por pilares tallados como serpientes apenas visibles en la luz tenue y que continuaban hasta que se escondían en las sombras. El pequeño frasco con llamas no sería suficiente.

–No tenemos el elemento de sorpresa –advirtió Hermione. Elevó su varita y lanzó llamas azules tan lejos como pudo en la cámara, pero aun así, no podían ver al otro lado.

–Manténganse alertas –dijo Vector y continuó adelante.

Pasaron un pilar tras otro, las serpientes luciendo escalofriantemente vivas bajo la luz del fuego. Podían escuchar el eco de sus pasos resonando en el silencio. Hermione lanzó más llamas en lo que parecía ser la mitad del camino, revelando la imagen en sombras de una estatua enorme a la distancia, con una larga barba delgada, una mirada seria, y túnica de piedra.

–Ese debe ser Slytherin –dijo Harry.

–Ajá –confirmó Vector–. Hay un busto de él en la sala común de Slytherin. Hermione, ¿te sientes bien? Haz usado ese hechizo bastante. Y estabas inconsciente hace una hora.

–Estaré bien –dijo Hermione, aunque si lo pensaba, comenzaba a sentirse sin aliento. Lanzó otra serie de llamas mientras se acercaban a la estatua, y vio una pequeña figura en el suelo, como si estuviera haciendo reverencia a la estatua, y su largo cabello negro cubriendo su rostro.

Hermione fue la primera en recordar el efecto de sus lentes en los colores.

¡Ginny! –gritó y corrió a la niña.

¡Ginny! –repitieron Harry y Ron, siguiéndola de cerca.

Volteó a la niña, intentando poner su poco conocimiento de primeros auxilios en buen uso para buscar su pulso.

–Está viva –dijo con un suspiro de alivio, aunque el pulso era leve y se sentía helada.

–¡Oh, gracias Merlín! –dijo Ron. Sacudió el hombro de Ginny–. ¡Ginny, despierta! ¡Tenemos que salir de aquí! –Ginny se desplomó tiesa. –¡Despierta! –dijo aún con más ansiedad.

–Quizás el basilisco la dejó inconsciente de algún modo –sugirió Hermione–. Busquemos la manera de llevarla a Madame Pomfrey.

Ella y Ron comenzaron a levantarla, pero escucharon una voz grave hablar con tono suave.

–No se despertará.

Los cuatro se dieron la vuelta para ver a un joven alto, apuesto, de cabello oscuro, de unos dieciséis años recargado contra un pilar. Tenía un extraño aspecto: borroso en la orilla, quizás algo transparente. Hermione no podía ver por los lentes si estaba a color o en blanco y negro, como un fantasma, y no iba a arriesgarse a quitárselos.

Harry soltó un grito ahogado cuando reconoció al joven.

¿Tom?

–¿Tom? –dijo Ron.

–¿Tom Ryddle? –preguntó Hermione–. ¿Del diario?

–¿Diario? –dijo Vector con confusión.

–Bien hecho, señorita Granger –dijo Tom Ryddle con una sonrisa–. No estaba seguro si creer las historias de Ginny sobre tu inteligencia. Pero el ver tu modo ingenioso de defenderte en contra de mi basilisco me convenció. Admito que incluso yo no hubiera pensado en usar lentes con filtro azul.

–¿Tu basilisco? –dijo Ron–. ¡Tú! ¡ eres el heredero de Slytherin! ¿Qué le hiciste a Ginny? –dio un salto y corrió hacia Ryddle.

–¡Weasley! –gritó Vector, pero fue muy lenta. Ron lo atravesó como fantasma.

–Vaya, gracias, Sr. Weasley –dijo Ryddle, elevando su mano. Imposiblemente, había metido su mano en el bolsillo de Ron y estaba sosteniendo su varita con su mano.

–¿Qu...qué eres? –preguntó Vector con miedo. Nunca había escuchado que un espíritu hiciera eso, y prácticamente podía oler la magia oscura saliendo de él. Tenía el presentimiento de que negociar no serviría de mucho.

–Un recuerdo –dijo Ryddle–. Preservado por cincuenta años en mi diario. –Señaló a los escalones de piedra en la base de la estatua, donde se encontraba el diario que Harry había encontrado en el baño de Myrtle, y después, mirando entre Ginny y el libro negro, Hermione finalmente recordó dónde lo había visto antes.

–Oh, Dios, ¡soy una tonta! –lloró. Todos se dieron la vuelta para verla, incluso Ryddle–. Vi a Ginny con ese diario el día que fuimos al callejón Diagon. Me preguntó si era mío. No sabía de dónde venía pero comenzó a actuar extraño desde el día que lo recibió. Yo… nunca pensé sobre eso –dijo con tristeza.

–Oh, sí, señorita Granger –dijo Ryddle, su sonrisa malvada creciendo más–. De todas las personas en la escuela, tú estuviste más cerca de arruinarlo todo. Incluso más que Percy, a pesar de su constante intromisión. Esperaba a una niña sin amigos de su edad, que odiaba la idea de venir a la escuela con libros y túnicas de segunda mano, que era constantemente molestada y se encontraba en las sombras de sus hermanos… –el rostro de Ron se oscureció bastante a través de los lentes, lo cual quería decir que estaba muy sonrojado–... y entonces llegaste y te hiciste su amiga, dándole un ser humano real con quien hablar de sus patéticos problemas y preocupaciones, obligando a sus hermanos a reconocer su talento para el quidditch, ayudándola a vengarse de sus bromas. Casi la alejaste de mi agarre. –Tom dejó salir una risa fría, aguda, casi en falsete–. Pero siempre he sido capaz de cautivar a las personas que necesito, y en cuanto sentiste que tu propia vida estaba en peligro, repentinamente, estabas tan metida en tus propias preocupaciones para prestarle atención.

Hermione se hundió en el suelo con terror. ¿Cuánto de ese desastre ella había provocado?

Pero Ron cada vez estaba más enfurecido.

–¡Dime qué le hiciste a Ginny!

Una explosión se escuchó de la varita de Ron en la mano de Ryddle, y Ron fue lanzado contra Harry y Hermione y cayó al suelo.

–Ah, Ronald, el más despistado de los hermanos –dijo Ryddle–. No es lo que yo hice. Es lo que Ginny hizo. Yo sólo estuve ahí para ella cuando todos sus amigos y familia la abandonaron, cuando no creía tener a alguien más, cuando se llenó de desesperación pensando que el grandioso, famoso, y buen Harry Potter nunca la querría… –Dejó salir una risita femenina escalofriante–. Y, por supuesto, cuando comenzó a perder la memoria e intentó adivinar porque… fue lo único interesante que escribió, claro, pero fui paciente mientras me entregaba su alma, y fuimos lo suficiente cercanos… confió en mi lo suficiente, que fui capaz de poner un poco de la mía en ella.

La respuesta llegó a la mente e Vector.

–¡La poseíste! –Los niños soltaron un grito ahogado y voltearon a verla–. La has estado controlando todo el año. Tu… diario ese hizo que ella abriera la cámara, atacara a los estudiantes, escribiera esos mensajes…

–Que grupo tan inteligente –se rió Ryddle de nuevo–. Muy bien adivinado. Siendo honesto, sólo esperaba a Potter.

–¿Y...y...yo? –tartamudeó Harry. Hermione pudo ver sus cejas elevarse detrás de sus lentes.

–Pero por supuesto. Que historia tan fascinante tienes. Fue suerte que cuando Ginny dejó de confiar en su diario y lo tiró, tú lo encontrarás. Desafortunadamente, tú no confiaste tanto en mí como ella…

–¡Intentaste ponerme en contra de Hagrid! –protestó Hagrid.

–Sí, el torpe de Hagrid. Ese fue uno de mis raros errores, mostrarte eso. Viste a través de eso casi tan rápido como Dumbledore, y pasé los siguientes dos meses y medio atrapado en el fondo de tu baúl. Estaba muy molesto cuando Ginny entró en pánico y se robó el diario de regreso, pero tuve que hacer lo que pude. Estaba seguro de que podría atraerte a este lugar si uno de tus amiguitos era atacado, pero entonces, parece que te sobreestimé a ti Granger… el cerebro del trío. En cuanto vi que esos lentes azules te habían protegido, supe que habías resuelto el misterio y tuve que acelerar mis planes.

–Ll...llevándote a Ginny –dijo Hermione. Ryddle sonrió y asintió.

–¿Qué rayos le hiciste? –gritó Ron.

–¿Qué? ¿No lo has descifrado, Weasley? ¿No? Los niños estos días. ¿Quizás usted, profesora? ¿Estuvo en Slytherin, no? ¿Vio algo de magia oscura en sus días?

Vector sacudió la cabeza.

–Yo no… nunca he visto… –Se detuvo y miró a la niña Weasley, y después lanzó otra mirada cuidadosa al extraño joven–. Estás tomando de su energía vital, de algún modo –dijo–. Eres más sólido desde que llegamos. La estás usando para… ¿para qué? ¿Regresar a la vida?

–Oh, bravo, profesora. Diez puntos para Slytherin. Era una pregunta difícil. Sí, Ginny me entregó su alma lo suficiente para poder dejar mi diario finalmente. Y el proceso está casi completo…

Ron se puso de pie de nuevo, pero Harry y Hermione lo detuvieron. No podía hacer nada sin su varita.

–¡Déjala ir! –gritó Vector–. ¡Desmaius!

El aturdidor de la profesora atravesó la cabeza de Ryddle. Él se rió con maldad y elevó la varita de Ron.

–Ah, ah, ah. No puede lastimarme, pero yo a usted sí. Sugiero que se comporte, profesora. Tengo preguntas para el Potter aquí.

Harry se enfureció.

–¿Cómo qué?

–¿Cómo es que , un niño flaco sin poco talento mágico, derrotaste al mago más grande de la historia? ¿Cómo es que tú te escapaste con sólo una cicatriz mientras que los poderes de Lord Voldemort fueron destruidos? –Vector y Ron soltaron un grito ahogado.

–¿Por qué te importa? –dijo Harry desafiante–. Voldemort fue después de tu época.

Ante eso, Ryddle se rió con más intensidad de lo que lo había hecho toda la noche. Su risa se escuchó en eco por toda la cámara, como si llegara a lo más profundo.

–Niño tonto, aún no lo ves –Dijo. Elevó su varita y comenzó a escribir letras de fuego azul en el aire.

TOM SORVOLO RYDDLE

Hermione lo estaba buscando y soltó un grito ahogado cuando lo vio. Entonces, con un leve movimiento, Ryddle guió las letras para que se acomodaran. Entonces, Vector también debió verlo, porque pareció perder el aire y comenzó a gritar los hechizos más terribles que pudo pensar antes de que terminara.

¡Reducto! ¡Brachium Emendo! ¡Defodio! ¡Viscera…!

¡Expelliarmus! –dijo Ryddle con pereza mientras las maldiciones lo atravesaban, algunas creando cráteres en la pared de la cámara. La varita de Vector salió volando de su mano.

En el aire entre ellos, las letras se habían acomodado.

SOY LORD VOLDEMORT

–Voldemort –susurró Harry.

–No de nuevo –murmuró Hermione, cayendo de rodillas con sus manos en el suelo a un lado de Ron. Ron parecía estar a punto de desmayarse.

–¿Lo ves, Potter? Ninguno de ustedes puede tocarme –dijo Ryddle… Voldemort. –No pueden detenerme. Ginny morirá y Lord Voldemort regresará, muy vivo.

–¡NO! –Todas las miradas se dirigieron a Hermione. Parecía estar intentando gatear lejos en pánico, y parecía incapaz de controlar sus manos y pies–. No, no, no, no, ¡NO! –De repente, se tambaleó de pie y corrió lo más rápido que pudo.

–¡Hermione! –gritó Harry con incredulidad.

–¿Hermione? –dijo Ron.

Ryddle sólo se rió de nuevo.

–¡Corre todo lo que quieras, niña! –le gritó–. ¡Es muy tarde para pedir ayuda! Bien, Potter, parece que tu amiga es la misma sangre sucia temerosa de siempre, huyendo cuando las cosas se ponen difíciles.

–¡Hermione es una bruja diez veces mejor que tú! –dijo él desafiantemente.

–Por lo que pude entender, tu sangre sucia ni siquiera pudo aguantar a Draco Malfoy cuando pensaba que él era el heredero de Slytherin. Sólo es una persona que dice que está de tu lado, pero no puedes confiar en ella cuando la necesitas. Al igual que tus maestros, quienes ignoran tus preocupaciones. Al igual que Dumbledore, quien te dejó con parientes tan terribles… oh, sí, Ginny me lo dijo todo.

–¡Albus Dumbledore es el mejor mago del mundo! Es el único a quien tenías miedo.

–Albus Dumbledore fue ahuyentado del castillo por mi simple recuerdo.

–¡Estás equivocado! –Harry apuntó su varita a Ryddle, aunque no estaba seguro de qué haría con esta. Su rostro estaba pálido mientras intentaba engañar a Ryddle–. Yo estoy con Dumbledore. Nosotros estamos con Dumbledore. Cada maestro en este castillo está con Dumbledore. Nos lo dijeron. ¡Nunca estará lejos mientras estemos aquí!

Ryddle comenzó a reírse de nuevo, pero se paralizó. Música comenzó a llenar la cámara, una música fuera de ese mundo, y Harry, Ron, y Vector estaban convencidos de que era la música más hermosa que había escuchado… música abrumadora, llena de valor y que llenaba el espíritu. Y entonces, un ave enorme, tan grande como un cisne, apareció sobre un pilar y bajó hasta aterrizar a un lado de Harry, soltando algo a sus pies. El ave lucía de un color azul profundo por los lentes, pero parecía brillar como luz de estrellas, y sus ojos brillaban como zafiros. Harry nunca había visto al ave en su mejor estado, pero reconoció la forma al instante.

–¿Fawkes? –dijo.

–¡Fawkes! –exclamó Vector, aliviada por la ayuda.

–Un fénix –respiró Ryddle.

–El fénix de Dumbledore –le dijo Harry–. ¿Lo ves?

Ryddle miró al pequeño objeto que había caído a los pies de Harry.

–Y el sombrero seleccionador, parece –sonrió, jugando con la varita de Ron y apuntándola a Harry, probablemente para lanzar algún tipo de maldición terrible–. Así que esto es lo que Dumbledore envía a su campeón: un ave cantarina y un viejo… ¡AH!

La varita de Ron se movió en la mano de Ryddle. Algo parecía haberlo atacado por atrás, pasando a través de su cuerpo fantasmal, pero físicamente luchando con él por la varita. Su brazo se agitó con más y más violencia, e intentó lanzar unos cuantos hechizos, los cuales no dieron con el blanco. Movió su otra mano alrededor intentando tomar algo, olvidando que su cuerpo aún era intangible.

Entonces, un brazo apareció de la nada, y otra voz se escuchó.

¡Lumos Solem!

–¡AH!

Un flash de luz solar brillante fue visible en los bordes de los lentes de los espectadores, y bastante luz azul atravesó los lentes. Ryddle lo recibió completamente en el rostro. Se escuchó un terrible ruido y dio un paso atrás, cubriéndose sus ojos con sus manos.

Harry, Ron, y Vector observaron con asombro mientras la mano aparecía de nuevo, y se quitaba la capa de invisibilidad de Harry.

–¡Hermione! –dijeron.

Ahí estaba, de pie en sus calcetines para permanecer en silencio, la punta de su varita aun brillando, y mirando con furia a Ryddle.

–No voy a huir de nuevo –dijo.

Entonces, miró a su otra mano.

–Oh, Ron, lo siento mucho.

Ron palideció cuando vio su mano. Su varita había sido partida en dos.

–¡Mi varita!

–Lo siento, Ron. Intenté quitársela. Yo… te compraré una nueva… espera un minuto. –Corrió a Ginny y buscó en su túnica. En un momento, sacó la varita de Ginny–. Toma, usa la de ella por ahora.

–Tienes que estar bromeando –se quejó Ron, pero tomó la varita de Ginny.

Escucharon un gruñido.

–¡Olviden las preguntas! –dijo Ryddle. Entonces, dejó salir una serie se siseos. Se escuchó el ruido de piedras moviéndose, y la boca de la enorme estatua de Salazar Slytherin se abrió.

–¡El basilisco! ¡Corran! –gritó Harry. Tomó al sombrero seleccionador y dio un paso atrás, intentando sisear también.

–Parsel no te salvará, Potter. Sólo obedece al heredero de Slytherin –dijo Ryddle.

Ron y Hermione se dispersaron. Vector tomó a Ginny y la cargó sobre su hombro antes de correr a la salida.

Ryddle siseó algo más. Hermione no sabía que había dicho, pero por la manera en la que Harry gritó "¡Hermione, cuidado!" pudo adivinar que era algo similar a "¡Mata a la sangre sucia!"

Se ocultó detrás de un pilar e intentó pensar en un hechizo que pudiera usar. Como una criatura mágica poderosa, el basilisco seguramente tenía piel resistente a magia muy poderosa que pudiera bloquear la mayoría de los hechizos que conocía. La profesora Vector estaba disparando hechizos detrás de ella tan rápido como podía, esperando que algo hiciera efecto.

¡Conjunctivitis! ¡Diffindo! ¡Percutio! ¡Reducto! ¡Defodio! ¡Bombarda! ¡Confringo! ¡Depulso! ¡Incendio! ¡Immobulus! –Hermione sólo podía hacer unos cuantos de esos hechizos, y no con tanta intensidad. Cegar al basilisco con luz como había hecho con Ryddle era lo único que le llegaba a la mente… si tan sólo supiera algún tipo de hechizo para penetrar armaduras.

–¿Qué…? –Escuchó decir a Harry, y después lo vio sacar algo largo y brillante del sombrero seleccionador. Pero entonces, ocurrió lo peor.

El basilisco llegó a la vista, movió su cabeza, y la miró directamente.

No pudo ver en dónde estaban sus ojos en ese segundo, pero los sintió con fuerza. Cerró sus ojos y se dio la vuelta. Aún estaba consciente, pero era como si hubiera sido golpeada por un tubo de plomo. Sintió un terrible dolor de cabeza de nuevo, y todo el cansancio por los hechizos que había hecho la alcanzó. Por Dios, ¡era enorme! Cuarenta pies de largo, quizás cincuenta. Podía escucharlo deslizándose cada vez más cerca, dirigiéndose a ella. Una gota de veneno mortal cayó de sus colmillos e hizo un agujero en la falda de su túnica.

–¡Oye! –gritó Harry, y al mismo tiempo, Fawkes chilló. Hermione miró con los ojos entrecerrados y pensó que estaba alucinando. Vio a Harry correr hacia el basilisco con una enorme espada, pero se tropezó y cayó sobre sus rodillas, claramente siendo golpeado por su mirada. El basilisco se lanzó para atacar, pero movió su cabeza cuando Fawkes chilló y se lanzó contra él. La serpiente rugió de dolor, y Hermione arriesgó otra mirada a su cabeza, confirmando lo que estaba esperando: Fawkes había picoteado sus ojos, preservado por los poderes regenerativos del fénix.

–¡Está ciego! –gritó Hermione. Se quitó los lentes de su rostro. El mundo lucía más verde y amarillo por el fosfeno combinado con las llamas azules alrededor de la cámara, pero estaba mucho más brillante y claro–. Fawkes lo cegó… ¡AH! –En su movimiento, el lado de la cabeza del basilisco la golpeó en el pecho y la lanzó contra la pared. Estaba segura de que se había roto una costilla, y se colapsó por el dolor.

Ryddle estaba siseando con ira. El basilisco se lanzó contra Harry de nuevo, atacando a ciegas. Harry estaba en el suelo, sosteniendo la espada sobre él. Giró fuera de su camino mientras evitaba los colmillos del rey de las serpientes y estos golpeaban el suelo a pulgadas de él. Entonces, a su derecha, un colmillo cayó en el suelo. Sobre su cabeza, Harry lo atravesó con la espada, empujándola contra su garganta y lengua. Se movió con dolor, pero el basilisco se acercó de nuevo, listo para atacar el rostro de Harry.

–¡Oye! –La profesora Vector y Ron estaba corriendo hacia el basilisco, sin lentes y lanzando hechizos. Los hechizos de Ron no harían más que molestar a la bestia, pero Hermione se levantó y se unió a ellos con los hechizos que ella conocía. Vector, sin embargo, estaba lanzando poderosas maldiciones a su boca abierta y a las cuencas vacías de sus ojos. La mayoría de sus hechizos rebotaron en la dura piel de su rostros, pero un Incendio logró entrar entre su quijada y lastimó carne sensible en el paladar de su boca.

El basilisco rugió de nuevo por el dolor, y se lanzó contra la fuente de los hechizos. Apenas y Vector logró saltar fuera de su camino. Sin molestarse en quitarse sus lentes enganchables, Harry se dio la vuelta y se arrojó contra él, con la espada en mano. Cuando la serpiente bajó su cabeza de nuevo, él dio un salto, corriendo los dos o tres pasos debajo del enorme arco de su cuerpo, y empujó la espada dentro de su quijada con toda su fuerza. El brillante metal atravesó la carne de su quijada inferior, la carne quemada de su paladar, y directo al cerebro de la bestia, saliendo al otro lado de su cabeza. Hermione, Ron, y Vector soltaron un grito ahogado mientras el monstruo de Slytherin, de mil años de edad, temblaba de nuevo y se colapsaba sin vida en el suelo de la cámara.

¡Justo sobre Harry!

–¡Harry! –gritaron Ron y Hermione.

–¡Potter! –dijo Vector. Ni siquiera intentó levantar el cuerpo. Sólo apuntó su varita–. ¡Depulso! –El cuerpo de la serpiente se deslizó de sobre Harry por el encantamiento repulsor, volteando a Harry en el proceso–. ¿Estás bien, Potter? –dijo con preocupación, realizando los pocos encantamientos de diagnóstico que conocía.

–Auch… viviré –gruñó Harry. Hermione no estaba segura de si Harry era el mejor juez de eso, pero su maestra pareció tranquilizarse mientras lo examinaba… un poco–. ¿Está muerto? –preguntó.

–Sí, Potter, definitivamente está muerto. Ahora, quédate quieto. No estás bien.

–¿Ginny? –dijo débilmente.

–Aún inconsciente –dijo Ron. Llevó a Ginny de vuelta al grupo desde donde Vector la había dejado sentada. Hermione se acercó con torpeza a ellos, sosteniendo su pecho sobre su costilla rota y aún con su dolor de cabeza, sintiéndose a punto de colapsar por su agotamiento.

Y entonces Ryddle… Voldemort, caminó a ellos furioso, aún borroso, aún transparente, pero casi sólido.

–¿Crees que ganaste, Potter? –gritó–. ¡Perdiste! Quizás hayas matado a la bestia de Slytherin, ¡pero aún no puedes salvar a Ginny! Lord Voldemort regresará, y entonces mataré a cada uno de tus amigos y te guardaré para el final… Creo que comenzaré con la sangre sucia.

Hermione observó al mago terrible como un venado cegado por luces. No sabía qué hacer. Ginny iba a morir y su propia probabilidad de sobrevivir lucía mínima. Pero entonces, hizo la conexión: el diario, el colmillo, el agujero en su túnica. Se puso de pie y apuntó su varita no a Ryddle, ni a Ginny, pero al diario, y rezó por tener la fuerza para lanzar un hechizo más.

¡Wingardium Leviosa!

–¡Qué! –gritó Ryddle.

El diario era ligero, pero era un objeto pequeño para levitar una larga distancia, y mucho más difícil de lo normal. Tembló mientras lo flotaba hacia ella con sus manos temblorosas, y entonces Tom se lanzó contra ella, posiblemente lo suficiente sólido para tocarla ahora, obligándola a hacerse a un lado, lastimando más su pecho.

Pero fue entonces, no cuando Lockhart intentó el encantamiento desmemorizante, no cuando descubrió lo que había ocurrido a la joven Weasley, no cuando el basilisco salió de la estatua, pero ahora, cuando intentó atacar a Hermione, que la sangre de Septima Vector hirvió, y en un momento de claridad, supo lo que tenía que hacer.

–¡No hoy, hijo de perra! ¡Accio diario!

–¡No!

Pero Ryddle no fue lo suficiente rápido. El diario voló directo a la mano de Vector, y lo aventó al suelo junto al colmillo de basilisco suelto y se inclinó sobre este. Hermione se inclinó también, y comprensión cruzó la mirada de Harry, quien se estiró dolorosamente para alcanzarlo. Las tres manos se acercaron al mismo tiempo, y la mano de Ron se unió un segundo después cuando vio lo que estaban haciendo, incluso mientras sostenía a Ginny con su otro brazo.

–¡No! ¡Deténganse! –gritó Ryddle. Se lanzó sobre ellos, pero no había nada que pudiera hacer. Los cuatro levantaron el colmillo como una daga y lo encajaron con toda su fuerza en la cubierta del diario. Tinta brotó de la cubierta como un torrente de sangre. Ryddle soltó un grito largo y desgarrador que pareció salir del mismo diario, y después se desvaneció en un rayo de luz.

Los ojos de Ginny se abrieron, y buscó una bocanada de aire.

–¡Ginny! –Ron lloró de alegría y abrazó a su hermana con fuerza–. ¡Oh, gracias Merlín!

–¿R...R...Ron…? –dijo Ginny con voz débil.

–Estás bien –dijo él.

–¡Ron! ¡El monstruo! ¡Tenemos que salir de aquí!

–Está bien, Ginny –dijo Hermione. Levantó el diario destruido para que lo viera–. Todo acabó.

–¿Hermione? –dijo la pequeña con confusión. Su mirada se movió del diario a la profesora Vector al basilisco muerto a Harry en el suelo–. ¿Harry? –Jadeó y comenzó a sollozar en el hombro de Ron–. Oh Dios mío, Harry, ¡lo siento tanto! No quería hacerlo, lo juro… Ryddle me obligó… tomó control de mi… no pude detenerlo… quería decirle a alguien, pero estaba tan asustada… ¿qué ocurrió? ¿Cómo lo mataste? ¿Qué le ocurrió a Ryddle?

–Tranquilízate por favor, señorita Weasley –dijo la profesora Vector–. Ryddle se ha ido, y el Potter mató al basilisco. Estás a salvo.

–¡Pero seré expulsada! –lloró Ginny–. ¡Solté a un monstruo gigantesco en la escuela!

–Lo dudo. Ryddle nos dijo todo. Ser poseída por Quien-Tú-Sabes no es razón para ser expulsada. Ahora, tenemos que llevarlos a todos a la enfermería. ¿Puedes caminar, señorita Weasley?

–Eso… eso creo –Ron la ayudó a ponerse de pie.

–¿Hermione?

–Estaré bien –dijo de nuevo, aunque estaba temblando y resbalándose en sus calcetas empapadas.

–Ven aquí, Hermione –dijo Vector, y colocó uno de los brazos de Hermione sobre su hombro y convocó sus zapatos. Harry intentó levantarse, pero era claramente imposible. La profesora apuntó su varita a él–. Mobilicorpus. –Harry se elevó, recostado en el aire–. Intenta relajarte, Potter. Te llevaremos a un lugar donde puedan ayudarte lo más pronto posible. Sr. Weasley, ¿puedes traer la espada y el sombrero seleccionador? –Ron asintió y los colocó en su cinturón. Vector se dirigió al fénix–. Lamento molestarte más, Fawkes, ¿pero podrías cargarnos a los cinco… rayos, Lockhart… cinco más uno para salir de la cámara?

Fawkes soltó un graznido, y asintió.

–Gracias, Fawkes. Vámonos.

–¿Hermione? –dijo Ron mientras se tambaleaban a la salida.

–¿Sí?

–¿Volviste a lanzar un hechizo en la cara de Quien-Tú-Sabes?

–Oh, no –dijo Hermione avergonzada, y se cubrió su rostro con su mano libre.


Notas del autor: Percutio: Hechizo perforante, basado en el Latín para "perforar".

Viscera...: El comienzo del hechizo para expulsar las entrañas, basado en el latín para "órganos".