Saquen dos calcetines al azar del cajón de JK Rowling. Si son un par, la probabilidad de que Dobby esté involucrado es baja. Repitan el proceso en el cajón de White Squirrel. Mientras haya calcetines, es probable que Harry Potter esté involucrado.


Capítulo 37

Seis brujas y magos aparecieron en el baño de Myrtle en medio de llamas y cayeron al suelo de golpe.

–¡Están vivos! –dijo el fantasma, sin en esforzarse en ocultar su sorpresa–. ¿Lo… lo hicieron?

–Lo hicimos –dijo Hermione con cautela–. El monstruo está muerto. Esto lo estaba controlando. –Levantó el diario–. Por supuesto, el hombre que lo hizo sigue afuera, pero…

Pero eso pareció ser suficiente para Myrtle.

–Oh, gracias, Hermione, ¡y a todos ustedes! –Se acercó y dio un incómodo abrazo fantasmal a Hermione que la hizo sentir como si le hubieran arrojado una cubeta de agua helada–. Esto es lo mejor que me ha pasado desde que morí. ¿Cómo puedo pagárselo?

–Pues –habló la profesora Vector–, puedes comenzar por encontrar a la profesora McGonagall. Dile que tenemos a Ginny… y Ronald… y que la veremos en la enfermería.

–¡Sí, señora! –Dio un saludo militar y salió volando a toda prisa a través de la pared, sonriendo y brillando.

–No estoy segura de haber visto sonreír a Myrtle antes –dijo Hermione.

Cuando llegaron a la enfermería, Madame Pomfrey ya tenía seis camas con pociones para lo que sea que pudiera encontrar. (Myrtle probablemente no había sido específica). La profesora McGonagall ya estaba ahí, junto a cinco Weasley agitados.

Por un momento, hubo silencio mientras las seis personas nuevas se detenían en la entrada, cubiertas de suciedad y lodo, tres de ellos con lentes azules oscuros sobre sus cabezas, dejando marcas limpias y cómicas en sus rostros. Ron, el que se suponía que no estaba ahí, estaba apoyando a Ginny, con una espada en su cinturón, y llevando a Gilderoy Lockhart atado de las muñecas con una correa. Septima Vector estaba apoyando a Hermione, levitando a Harry en frente de ella, y cargaba una hermosa ave roja y dorada sobre su hombro.

Entonces, hubo una serie de gritos, la mayoría diciendo: ¡Ginny!

La señora Weasley fue la primera de pie. Se lanzó adelante y se arrojó sobre sus niños más jóvenes con lágrimas cubriendo su rostro.

–Oh, Ginny, ¡gracias a Merlín estás viva! –sollozó–. Ronald Bilius Weasley, ¿qué estabas pensando? Ginny, ¿estás bien? ¿Qué ocurrió? Ronald, ¿por qué tienes una espada?

El señor Weasley también se lanzó hacia ellos, seguido de Fred y George (con Percy quedándose atrás incómodo, claramente incapaz de mantener su expresión seria usual), pero no había lugar para que se unieran al abrazo, así que se dirigieron a Harry, Hermione, y Vector.

–La salvaron… –comenzó Fred.

–Muchas gracias –terminó George.

–Harry, amigo, ¿estás bien?

–Lo estará si recibe ayuda –interrumpió Vector–. Poppy, rápido. –Lo dejó en la cama más cercana, y el gruñó en voz baja.

Madame Pomfrey agitó su varita sobre él.

–Por la barba de Merlín, ¿qué le ocurrió?

–El basilisco cayó sobre él.

–¿Cayó sobre él? ¿Qué tan grande era ese basilisco?

–Yo diría que cincuenta pies –dijo Hermione.

–¡Qué! –exclamaron la mayoría de los adultos en el cuarto.

La señora Weasley soltó a Ginny y Ron y se lanzó contra Hermione. Hermione elevó sus manos para detenerla, pero no fue suficiente.

–Oh, y tú la salvaste –dijo ella, abrazando a Hermione con fuerza.

¡Ah! ¡Ah! ¡Ah! ¡Costillas rotas!

–Oh, cariño, lo siento.

Finalmente, la profesora McGonagall tomó cargo.

–Acuéstate por favor, Granger. Nos encargaremos de esto… ¿Gilderoy? ¿Qué te pasó a ti? –Finalmente notó al capturado profesor de Defensa.

–Oh, profesora, quiero levantar cargos en contra de este… criminal –dijo Hermione, aun quejándose de dolor. Pateó a Lockhart en la parte de atrás de su pierna, causando que se cayera sobre una rodilla.

–¡Señorita Granger!

–¡Ah! –se quejó Lockhart–. ¡De nuevo con las patadas!

–Quiero levantar cargos por el intento de uso de un hechizo desmemorizante en un menor. –McGonagall, Pomfrey, y los Weasley soltaron gritos ahogados.

La profesora Vector asintió.

–Es cierto. Nos lo dijo todo. Ha estado usando encantamientos desmemorizantes en personas por años para robar sus historias para sus libros. Si el Ministerio puede encontrarlos y restaurarlos, irá a Azkaban por mucho tiempo.

La señora Weasley estaba lívida.

–Tú… tú… ¡compré todos tus libros!

McGonagall gruñó para sí misma.

–Se pone peor cada año, ¿no? De acuerdo, Lockhart, te detendremos aquí por el momento. Poppy, asegúrate de que esté amarrado. Acuéstate por favor, Granger. Nos encargaremos de esto una vez que reciban ayuda. El profesor Dumbledore viene en camino.

–¿Dumbledore? –soltó Harry con entusiasmo.

–Sí, en cuanto escucharon que la señorita Weasley había sido tomada, el Consejo lo llamó de vuelta. Hagrid también debería de estar de regreso en la mañana.

Hermione se recostó y de inmediato sintió el cansancio sobrepasarla. Ginny tomó la cama a su lado y continuó recibiendo preguntas de su familia que no quería responder, hasta que Madame Pomfrey les dijo que se hicieran para atrás y esperaran a que llegara el profesor Dumbledore. Lockhart estaba atado a una cama al final de la enfermería.

Pasó la siguiente hora o más medio dormida, apenas permaneciendo lo suficiente alerta para notar lo que estaba ocurriendo. Sus costillas rotas (eran dos) fueron arregladas en un instante, pero estaba bastante golpeada y sufriendo agotamiento mágico por crear tantas llamas azules. Ginny estaba físicamente bien excepto por unos cuantos moretones por ser lanzada en la cámara. Harry fue estabilizado rápidamente, pero Madame Pomfrey dijo que tenía suerte de estar vivo ya que por lo menos quinientas libras de basilisco habían caído directamente sobre él, y no podría caminar por un tiempo. Finalmente, Hermione cayó dormida, sin sueños.

Se despertó a la sensación de alguien limpiando su frente con una esponja con cautela. Recordando la historia de Harry del semestre anterior, se levantó de golpe, pero la elfina a su lado tenía una nariz corta y ojos azules.

–¿Sonya?

–Hola, Hermione Granger, señorita –dijo la elfina con entusiasmo–. Sonya está muy feliz de que está bien.

–Eh, sí, excepto por el agotamiento mágico. –Aún se sentía como si hubiera corrido un maratón. Sonrió un poco–. Supongo que estamos a mano.

Sonya se sonrojó.

–Sonya estuvo feliz de ayudar. Usted fue muy valiente luchando contra el monstruo gigante, señorita.

–Gracias. ¿Qué hora es?

–Son las diez en punto, señorita. Se quedó dormida por una hora, pero necesita despertar ahora porque el profesor Dumbledore está aquí, señorita.

–¡El profesor Dumbledore!

–Sí, señorita Granger –dijo el director con amabilidad al otro lado de la habitación. Fawkes estaba sentado en su hombro ahora–. Me alegra ver que te estás recuperando. Estoy seguro de que esto ha sido una situación difícil. Creo que otra ronda de chocolate caliente para todos ayudará.

Hermione miró a su alrededor mientras tomaba una taza de chocolate caliente de la profesora Madame Pomfrey y vio a Harry parpadear y despertarse en la cama de al lado, el diario destruido en la cama entre ellos. El mismo grupo se encontraba ahí, sentados alrededor de la enfermería en una escena bastante similar a lo ocurrido después de la aventura del año anterior.

–De acuerdo, ya estamos todos despiertos –dijo la señora Weasley con impaciencia–. ¿Alguien por favor podría decirnos ahora qué le pasó a Ginny?

–Pues, todo comenzó durante el desayuno… ¿fue esta mañana? –comenzó Hermione. ¿Cómo es que tanto había ocurrido en doce horas? Les dijo a todos cómo se había dado cuenta que Harry estaba escuchando parsel, identificó al monstruo en la biblioteca, envió a Sonya a advertir a la profesora McGonagall, y fue atacada por el basilisco ella misma. McGonagall después explicó sus acciones para asegurar la escuela y como había buscado a Harry para buscar al basilisco para después ser informada que Hermione y Penelope habían sido atacadas. Después, Lucius Malfoy y Cornelius Fudge se habían entrometido, y finalmente, Ginny había sido llevada a la cámara.

Después de eso, Hermione, Harry, y la profesora Vector hablaron en turno explicando el plan que habían formulado después de que Hermione se despertó, como bajaron a la cámara, y lucharon contra Lockhart y después Ryddle. Hubo una conmoción cuando Hermione mencionó el diario, y Ginny comenzó a temblar y llorar sobre su chocolate caliente.

–Pero entonces Ryddle nos dijo que él era Quien-Ustedes-Saben… –dijo Hermione.

–¿Que...qué? –exclamó el señor Weasley–. ¿Quién-tú-sabes p...poseyó a Ginny? ¿Pero cómo…?

–¡S...su diario! –sollozó Ginny–. Me escribió de vuelta cuando yo escribí en él. Me estuvo escribiendo todo el año. I...intenté lucharlo, ¡pero no pude!

–¡Ginny! –La regañó el señor Weasley con severidad–. ¿Qué no te he enseñado nada? Nunca confíes en algo que piense por sí mismo a menos que puedas ver dónde tiene su cerebro. Ese diario era obviamente magia oscura y…

Ginny soltó su chocolate caliente en el suelo y enterró su rostro en sus manos, sollozando sin control.

–Por favor, cálmate, Arthur –dijo Dumbledore con voz suave, moviendo su mano como si nada para limpiar el chocolate caliente y darle otra taza–. Tu hija ha pasado por una terrible situación, y magos y brujas más sabios han sido engañados por Lord Voldemort. Creo que ser poseída es castigo suficiente. Y por suerte, no hay daño permanente.

Ginny aún estaba temblando en su cama.

–Papi, lo siento, no sabía… –sollozó en voz baja–. Encontré el diario en mis libros. Pensé que tú o mamá me lo habían dado.

–Oh, cariño… –dijo el señor Weasley–. Lo siento, Ginny. Me temo que reaccioné de más. –Ginny se acomodó en su cama y dejó que su padre la envolviera en un abrazo.

–Profesor –dijo Hermione, recordando algo más del año anterior–. ¿Qué ocurrió con mantenerse alerta por gente poseída?

El señor y la señora Weasley se dieron la vuelta y lanzaron una mirada molesta a Dumbledore. El director suspiró antes de responder.

–Desafortunadamente, la señorita Weasley no fue poseída hasta que estaba dentro de la escuela. Es diferente monitorear las barreras por individuos poseídos… aunque me temo que ni siquiera eso es infalible... pero es más difícil el monitorear estudiantes tan de cerca todo el tiempo dentro del castillo, y recibiría más oposición. Incluso el tipo de barreras que se requerirían son diferentes.

–¿Para qué sirven entonces? –dijo la señora Weasley.

–Les aseguro que las nuevas medidas hubieran detenido al verdadero Voldemort de entrar al castillo –respondió Dumbledore a modo de disculpa.

–Ejem… Ciertamente revisaremos nuestra seguridad de nuevo –interrumpió McGonagall–, pero creo que deberíamos escuchar como derrotaron a… Quien-Ustedes-Saben y al basilisco.

–Oh, cierto –dijo Hermione–. Bueno, yo sabía que necesitaríamos recuperar la varita de Ron de Ryddle… quiero decir, podría habernos quitado los lentes y todo hubiera acabado, pero no había manera de hacerle frente a frente, así que yo… salí corriendo, como si estuviera asustada. –No mencionó que sólo lo había intentado porque se dio cuenta que tenía la mano en la capa de invisibilidad de Harry y la había guardado discretamente en su pecho antes de salir corriendo. Eso era algo que Harry tendría que decir–. Pero me quité mis zapatos y me acerqué por atrás, y lo golpeé en el rostro con un Lumos Solem. Los lentes azules bloquearon la mayor parte.

–Espera –interrumpió Fred–, ¿hechizaste a Quien-tú-sabes en la cara de nuevo?

Hermione gruñó y se llevó una mano a la frente.

Como sea, obtuve la varita de Ron, pero, pues…

Ron sacó su varita rota de entre su túnica con tristeza.

–¡Ron, tu varita! –exclamó la señora Weasley–. ¿Rompiste su varita?

–Lo siento, Sra. Weasley. Tenía que hacer algo. Pagaré una nueva. Y era la varita vieja de Charlie, ¿no es así? No debería de estar usando una varita de segunda mano de cualquier modo.

La señora Weasley cedió y la dejó continuar la historia: como Ryddle había llamado al basilisco y cómo Vector y Harry lo habían hecho caer.

–Esperen un minuto –interrumpió Madame Pomfrey–. Miraste a un basilisco a los ojos, sin espejo, ¿y permaneciste consciente?

–Eh, sí, supongo –dijo Hermione.

–Ajá –dijo Harry–. Yo también.

La profesora Vector sonrió a Hermione.

–Hermione, esto fácilmente merece otro artículo para Magizoología Mensual. Quizás una carta también.

Fred y George se rieron.

–Sólo tú, Hermione –comenzó Fred.

–Puedes luchar contra un monstruo gigantesco y obtener un artículo de eso –concluyó George.

–Estoy seguro que nuestro hermano, Bill, también querrá escuchar sobre esto –habló Percy–. Rompe-maldiciones se encuentran con guardianes mágicos peligrosos de vez en cuando.

Hermione sonrió un poco mientras terminaban la historia, concluyendo con los cuatro destruyendo el diario con un colmillo de basilisco. La historia completa tomó más de media hora, pero supuso que era buena práctica para cuando inevitablemente tuviera que contarlo a sus padres. Oh, eso iba a ser bueno: Queridos mamá y papá: Tengo buenas y malas noticias. La buena noticia es que detuvimos al heredero de Slytherin, el monstruo está muerto, y salí caminando de todo. La mala noticia es que creo que ocuparemos otra de esas conversaciones cuando llegue a casa. Pero por lo menos nunca pasará de nuevo.

Sí, iba a ser difícil de convencerlos esta vez.

–Una historia impresionante –habló Dumbledore–. Todos han mostrado gran valor esta noche. Arthur, Molly, creo que Ginny estará bien con una buena noche de descanso. No habrá castigo… para nadie. –Lanzó una mirada amable a Ron–. Si pudiera atreverme, me gustaría tener una conversación privada con nuestros cuatro héroes antes de que se vuelvan a dormir. –Su mirada se dirigió principalmente a Harry.

El resto de los Weasley asintieron con renuencia y dejaron la enfermería. Fred y George comenzaron a disculparse con Ginny por como la había tratado todo el año, pero Ginny estaba distraída y miraba a Harry y Hermione mientras se iba. Hermione no pensaba que lucía como que estaría bien con una noche de descanso. No estaba segura de que ella regresaría a la normalidad, y Ginny había estado más metida que ella en todo. Pero por lo menos podría intentar ayudarla cuando saliera de ese lugar.

–Estoy muy orgullosa de los cuatro –dijo Dumbledore con tono cálido–. Salvaron a la señorita Weasley de un terrible destino. Salvaron la escuela de ser cerrada y removieron la amenaza del monstruo de Slytherin para siempre. Previnieron el regreso de Voldemort por segunda vez, y me atrevo a decir que cada uno de ustedes salvó la vida de los demás por lo menos una vez esta noche. Sr. Potter, Sr. Weasley, y señorita Granger, cada uno recibirá el Premio por Servicios Especiales al Colegio. –Los tres niños se sonrieron el uno al otro con asombro–. Y Septima, creo que un Premio al Servicio Extraordinario de un Profesor. También… –Se detuvo y tomó un par de lentes azules y lo examinó con atención–. Señorita Granger, los hechizos son inspiradores. ¿Y dices que lo hiciste sin pluma o pergamino?

–Eh, sí, profesor.

–Te he estado diciendo por dos años lo brillante que es, Albus –dijo Vector mientras Hermione se sonrojaba.

–Así es. Muy pocos estudiantes de segundo año podrían crear tal encantamiento, mucho menos mentalmente. Pero como estaba diciendo, también quiero agradecerles personalmente. Debieron demostrar verdadera lealtad hacia mí en la cámara para que Fawkes fuera a ustedes.

–Ese fue el Sr. Potter, Albus –dijo Vector–. Creo que sus palabras exactas fueron "nunca estará lejos mientras nosotros estemos aquí".

–No me sorprende –sonrió Dumbledore, sus ojos brillando. (¿Cómo los hacía brillar de ese modo? Se preguntó Hermione)– Tienes un verdadero espíritu Gryffindor, Harry. Por supuesto, sólo un verdadero Gryffindor podría haber sacado esto del sombrero. –Dumbledore elevó la espada que Harry había sacado del sombrero seleccionador para que la vieran de cerca. La empuñadura estaba llena de enormes rubíes que merecerían un lugar en las joyas de la corona en el mundo muggle, y ahí, justo debajo de la empuñadura había un nombre grabado: Godric Gryffindor.

Hermione soltó un grito ahogado cuando vio el nombre.

–¿Esa es la espada de Godric Gryffindor? –exclamó–. ¿La que usó en la pelea contra Lord Foul y con la que expulsó a Salazar Slytherin? Harry, ¡ese es un objeto histórico invaluable! –Y acaba de matar a un monstruo gigante con ella, pensó. Oh, bueno, por lo menos la usó para lo que fue diseñada.

Harry, Ron, e incluso la profesora Vector se rieron al ver a Hermione regresar a su personalidad normal.

–Pero profesor –dijo Harry–, hay una cosa que no entiendo. Si yo no soy el heredero de Slytherin, ¿cómo es que puedo hablar parsel?

Ante eso, Dumbledore lució más solemne.

–Mi niño –dijo lentamente–, puedes hablar parsel porque Lord Voldemort, el verdadero heredero de Slytherin, puede hacerlo. A menos que me equivoque, su maldición te dio más que una cicatriz en tu frente. Creo que también te dio una fracción de su poder.

Hermione, Ron, y Vector soltaron un grito ahogado junto a Harry.

–Él… Voldemort… ¿me dio parte de su poder? –dijo Harry con temor.

–Así es –confirmó Dumbledore–, pero afortunadamente, no te dejó ni una gota de su crueldad y maldad. Me alegra decir que has probado tu nobleza una y otra vez.

–Gra...gracias, señor –dijo Harry.

Hermione sonrió a su amigo y pensó que había crecido más de lo que tendría que hacerlo (y también ella y Ron). ¿Y para qué? ¿Gracias? Eso era ciertamente menos de lo que merecía.

–Profesor –dijo–, ¿hay alguna manera de que Harry no tenga que regresar con sus parientes este verano?

Las cejas de Dumbledore se elevaron.

–Seguramente quieres ver a tu familia, Harry –dijo.

–N...no realmente, profesor, definitivamente preferiría no hacerlo –respondió Harry–. Yo… quizás las cosas sean mejores con runas este año, pero se supone que no debo usarlas.

–Se podría quedar con nosotros –habló Ron–. Sería genial tenerlo en la madriguera todo el verano.

Dumbledore suspiró:

–Harry, me temo que no es tan sencillo. Voldemort… el verdadero Voldemort… aún está afuera, y a diferencia de la mayoría de los magos y brujas, la ubicación de tus parientes no es muy conocida. Te permití pasar parte del mes de agosto en la madriguera el año pasado porque, basado la valoración de la profesora McGonagall, tus parientes habían llegado a su nivel más bajo. –Tanto Ron como Hermione se mofaron de eso, y la profesora Vector hizo una mueca al director–. Pero aún estarás más seguro en el hogar de tus parientes, y si te es posible coexistir con ellos durante el verano, deberías de regresar ahí.

–¡Profesor! –dijo Hermione con indignación–. ¿En verdad cree que Harry puede coexistir con personas que lo encerraron en su cuarto con barrotes en su ventana?

–Estoy seguro que la profesora McGonagall dará visitas adicionales al Sr. Potter este verano, señorita Granger. Y de hecho, no creo poder detenerla. Harry, espero que no tengas que recurrir a violencia o amenazas, pero me sentiría mejor si estuvieras con tus parientes.

–Pues… yo preferiría no hacerlo, señor –dijo Harry lentamente–. Pero si está bien que les muestre algo de magia con runas, y la profesora McGonagall me visita, supongo que puedo intentarlo de nuevo.

–Harry, ¿estás seguro? –dijo Hermione.

–Pues… si estaría más seguro ahí…

–Pero tienes que visitarnos en algún momento –exclamó Ron.

–Eh… supongo que puedo tomar el autobús noctámbulo, ¿verdad?

Ron se estremeció mientras recordaba el memorable viaje al principio del año.

–Si estás de acuerdo con eso, Harry, creo que será lo mejor –dijo Dumbledore.

Hermione suspiró.

–Si en verdad quieres intentarlo, Harry, de acuerdo, pero por favor ten cuidado.

–Lo haré.

–Creo que yo también te visitaré una o dos veces, Sr. Potter –dijo la profesora Vector con una sonrisa traviesa–. Después de todo, estarás en mi clase el próximo año y querré asegurarme de que te estás preparando adecuadamente.

–Gracias, profesora –dijo Harry.

Justo entonces se escuchó una conmoción en la puerta. Hermione podía escuchar a Madame Pomfrey gritando con indignación, y después, la puerta se abrió de golpe con un fuerte ruido. Lucius Malfoy entró con Madame Pomfrey protestando detrás de él. Él lucía extrañamente desaliñado, como si hubiera ido a toda presa… lo cual no era sorprendente considerando la hora.

–¿Dumbledore? ¿Cuál es el significado de todo esto? –bramó.

Pero antes de que el director pudiera responder, Sonya, quien aún estaba sentada a un lado de Hermione, reaccionó.

–¡Dobby! –gritó, y se lanzó sobre la cama. Dobby estaba escondido, sosteniéndose detrás de la túnica del señor Malfoy. Intentó retroceder mientras Sonya se acercaba, pero no podía alejarse mucho de su amo. El señor Malfoy elevó su bastón a la elfina.

–¡Sonnitt, detente! –ordenó Dumbledore.

Sonya se detuvo en medio salto y cayó sobre su rostro.

–Mis disculpas, Lucius –dijo el mago anciano–. Sólo un malentendido, te lo aseguro. ¿Qué puedo hacer por ti esta noche?

–Puedes decirme que estás haciendo de regreso, Dumbledore. El consejo te removió esta tarde.

–Y me llamaron de vuelta cuatro horas después cuando escucharon que una niña sangre pura había sido secuestrada –sonrió, su barba plateada moviéndose–. Y muy felices de hacerlo. Algunos parecían estar bajo la impresión de que los habías amenazado para lograr que se deshicieran de mí en primer lugar.

El señor Malfoy palideció varios tonos en su enojo, pero los ojos de Hermione se dirigieron a Dobby. Ahora que lo veía por sí misma, estaba de acuerdo con Harry: el elfo estaba en mala forma. Usaba un almohadón sucio, estaba agachado y ocultándose con temor, lleno de cicatrices y moretones. Incluso Hermione con su limitada experiencia podía ver que era abusado, y peor, muchas de sus heridas fueron provocadas por él mismo. También notó que en ese momento actuaba de forma extraña. Estaba señalando al señor Malfoy detrás de él, señalando al diario, para después golpearse la cabeza.

Sonya realizó la conexión primero. Sus ojos se abrieron más de lo normal, y saltó al lado de Hermione para susurrarle en el oído.

–El amo de Dobby es el que tiene el libro malo, señorita. –El señor Malfoy ni siquiera la notó hablar. Nadie prestaba atención a los elfos domésticos. Hermione comprendió al instante y asintió levemente. Miró a Harry movió su cabeza en dirección a Dobby. Después de otro minuto, los ojos de Harry se abrieron con comprensión, y también asintió.

Dumbledore parecía haberlo adivinado también, ya que se lo dijo al señor Malfoy.

–Estoy seguro de que Arthur Weasley vigilará con más cuidado en caso de que objetos escolares de Voldemort vuelvan a resurgir. Después de todo, fue muy afortunado que la señorita Granger lograra crear una defensa contra el basilisco y ayudó al Sr. Potter y sus amigos a salvar a la pequeña Ginny.

Pues –dijo Lucius Malfoy, mirando especialmente a Hermione–, espero que el Sr. Potter y su sa… amiga siempre estén cerca para salvar el día.

Hermione miró al hombre rubio a los ojos.

–No se preocupe. Ahí estaremos.

La miró con molestia por un momento antes de darse la vuelta.

–¡Vámonos, Dobby! –Pateó al elfo a la salida. Hermione hizo una mueca de dolor y Sonya se cubrió la boca con sus manos con terror cuando los gritos continuaron en ritmo a través de la puerta. Hermione desesperadamente quería hacer algo por el elfo, ¿pero qué podía hacer? Los elfos domésticos eran propiedad, para que los amos hicieran lo que quisieran con ellos. Podía ignorarlo con los elfos de Hogwarts porque eran tratados bien y eran bien educados y parecían enorgullecerse de su… cultura única, pero Dobby no tenía ninguna de esas ventajas.

Pero Harry parecía ya tener un plan. Aun quejándose por el dolor, se inclinó y quitó una de sus calcetas enlodadas, la cual dobló con cuidado y colocó dentro del diario.

–Profesor Dumbledore –dijo rápidamente–, ¿necesita guardar esto o algo por el estilo?

Los ojos de Dumbledore brillaron.

–No, Harry, puedes hacer con él lo que quieras. Ya está muerto.

–Genial. ¿Hermione…?

–Yo lo llevaré. –Hermione se puso de pie con cuidado. Era un plan loco, pero valía la pena.

–Señorita Hermione Granger, ¿qué va a hacer? ¡No puede liberar a un elfo! –chilló Sonya con horror.

–Por favor no interfieras, Sonya –dijo–. Tenemos que hacer algo.

–Pero…

–Creo que esta es la mejor solución, Sonnitt –dijo Dumbledore con sabiduría.

Con eso, el elfo no tuvo otra opción más que sentarse nerviosa y jugar con sus dedos. Mientras tanto, Hermione luchó para empujar su cuerpo hacia adelante y corrió hacia la puerta.

–¡Sr. Malfoy! –Lo llamó. Él se detuvo y se dio la vuelta en la cima de las escaleras. Ella corrió hacia él sin aliento.

–¿Qué quiere, señorita… Granger, verdad?

–Sí, señor. Hermione Granger. –Los ojos de Dobby se abrieron ampliamente al reconocerla. Ella le entregó el diario al señor Malfoy–. Harry y yo queríamos regresarle esto.

El hombre le hizo una mueca y lanzó el diario a su lado, y para su deleite, Dobby lo tomó.

–Sangre sucia insoportable –siseó–. Uno de estos días tu amigo sufrirá el mismo destino que sus padres entrometidos, y sinceramente espero que tú lo sufras con él.

Hermione no dijo nada, pero sostuvo su mirada. Me enfrenté a un basilisco. Puedo lidiar con el Sr. Malfoy, se dijo a sí misma. Bajo su mirada, realizó un gesto como si abriera un libro en dirección de Dobby.

–Vamos, Dobby –dijo él y se dio la vuelta para irse, pero Dobby no se movió.

–¡Que vengas, dije!

–El amo entregó una calceta a Dobby… –susurró el elfo con asombro.

–¿Qué dijiste?

–El amo entregó una calceta a Dobby –repitió, sacando la cosa sucia del libro–. ¡Dobby es libre!

La mirada de Lucius Malfoy se dirigió a Hermione con horror.

–Agradezca a Harry –dijo.

–¡Me perdiste a mi sirviente! ¡Pagarás por esto, sangre sucia! –Sacó su varita.

Oh-oh.

Pero Dobby se colocó enfrente de ella.

–¡No lastimará a Hermione Granger! –gritó y chasqueó sus dedos.

Lucius Malfoy fue lanzado al pie de las escaleras, cayendo desplomando al suelo. Se puso de pie y levantó la mirada con ira, pero Dobby aún estaba protegiendo a Hermione así que no había nada que pudiera hacer… nada que pudiera hacer sin consecuencias en la escuela. Se dio la vuelta y se apresuró hasta estar fuera de su vista.

Hermione cayó sobre sus rodillas agotada.

–Gracias, Dobby.

–¡Harry Potter y Hermione Granger liberaron a Dobby! –chilló el elfo con alegría, y Hermione estaba segura de haber hecho lo correcto–. Harry Potter le dijo a Dobby sobre la bondad de Hermione Granger con los elfos, ¡y ella ayudó a liberar a Dobby! –La rodeó con sus delgados brazos.

–Es lo menos que podíamos hacer, Dobby –dijo ella–. Nadie merece ser tratado así, ni siquiera un elfo.

–Hermione Granger es mejor de lo que Dobby sabía. ¡Dobby debe agradecer a Harry Potter también! –Corrió de regreso a la enfermería.

Hermione lo observó irse con una sonrisa cautelosa y se puso de pie y caminó lentamente en la misma dirección. Llegó justo a tiempo para ver a Dobby abrazar a un Harry confundido y después se desvaneció.

Sonya estaba observando el lugar desde donde Dobby había desaparecido con la boca abierta, luciendo asombrada.

–Señorita Granger, Dobby es un elfo muy enfermo –susurró mientras la niña subía de nuevo a su cama–. Él está feliz de ser libre.

–Sonya, tú lo viste –la contradijo Hermione–. Lo estaban maltratando. El servir a los Malfoy era terrible para él. Sé que es difícil para ti creerlo, pero estará mejor de este modo.

–Sonya no está tan segura, señorita… Dobby ya no será tratado mal por un mal amo… –Bajó su voz aún más, como si estuviera hablando de algo terriblemente escandaloso–, pero dice que quiere un sueldo.

–¿Y? ¿Qué tiene de malo si unos cuantos elfos quieren un sueldo?

–Pero señorita, es muy difícil para un elfo libre el encontrar trabajo, y nunca por un sueldo. Los elfos casi nunca son liberados a menos que sea elfos malos, señorita.

–Y después nadie los querrá –murmuró–. ¿Y qué tal en Hogwarts? Hay trabajo suficiente aquí.

–Por supuesto, señorita Granger –dijo Dumbledore–. No veo objeción alguna a que la escuela contrate a un elfo por sueldo. Si Dobby regresa puede hablar conmigo directamente.

–Listo, lo ves, Sonya. Todo estará bien.

Sonya lucía incómoda ante la idea de un elfo tan trastornado trabajando en Hogwarts.

–A los demás elfos no les gustará que liberara a un elfo, señorita.

–Oh… bueno… supongo que es un pago justo, si eso es lo que se necesita –murmuró Hermione cansada. Tenía mucho en su mente, pero se preocuparía por los detalles mañana… o quizás el día después.