La mecánica cuántica dice que Harry Potter le pertenece a JK Rowling y esta historia a White Squirrel… probablemente.

Notas del autor: Aquí está el final del segundo año de Hermione. Tenía una cantidad de cosas sorprendente para concluir el año. ¿Qué nuevas aventuras esperan en el tercer año? Con una clase nivel TIMO de Aritmancia, no será aburrido.


Capítulo 38

Hermione aún estaba cansada, adolorida, y algo aturdida cuando subió a su cuarto después del desayuno al día siguiente, perdida en pensamientos sobre cierto plan loco para el verano que le había llegado en la noche. Harry estaría en la enfermería otro día, y Ron y Ginny se estaban manteniendo aislados por el momento, pero por supuesto, sus cuatro compañeras la había acorralado al instante (Dumbledore sólo les había dicho que el heredero y el monstruo habían sido derrotados durante el desayuno) y demandaron escuchar toda la historia. Sally-Anne la abrazó con fuerza y le agradeció profundamente cuando Hermione explicó lo que había ocurrido, y ella no la culpó. Finalmente estaban a salvo.

Todas sus compañeras estaban horrorizadas por lo que había tenido que sufrir, especialmente dos años seguidos, pero Parvati estaba especialmente preocupada.

–Hermione, lamentamos no haber sido de más ayuda este año –le dijo. Las demás niñas asintieron su acuerdo–. Tuvo que ser aterrorizante con todos esos ataques a hijos de muggles. Lamentamos no haber estado prestando atención.

Hermione se sonrojó. No pudo evitar pensar en cómo había ignorado a Ginny por tanto tiempo.

–Está bien, chicas –dijo–. Estuve bien yo sola.


–¡Ustedes! ¡Potter! ¡Granger! –Draco Malfoy se acercó a los dos (y a Ron y Ginny) una vez que Harry salió de la enfermería. Estaba tan lívido que corrió adelante de Crabbe y Goyle, quienes respiraban con dificultad intentando alcanzarlo–. Mi padre me dijo que lo engañaron para que liberara a nuestro elfo –exclamó.

Harry y Hermione no se inmutaron ante el bravucón de Slytherin. Ginny tembló, pero Ron la apoyó.

–¿Sí? Pues se merece más que eso por lo que le hizo a Ginny –dijo Ron de vuelta.

–La manera en la que tu padre trataba a ese elfo era abominable –agregó Hermione–. En el mundo muggle, se metería en problemas incluso por tratar a un hurón de ese modo.

Ginny notablemente miró a Malfoy de arriba a abajo.

–Parece que es algo bueno que no lo haga –dijo, generando risas.

Por un momento Malfoy parecía más un pez que un hurón, pero se tranquilizó.

–No te metas, Weasleta. Ustedes dos… –señaló a Harry y Hermione–... nos deben un nuevo elfo.

–Dobby fue liberado de manera justa –le informó Hermione–. Lo comprobé con los elfos de las cocinas.

Malfoy hizo un exagerado sonido como si fuera a vomitar.

–Claro que la sangre sucia es amante de elfos.

–¡Cállate! –gritó Ron. Sin embargo, como aún no había recibido una nueva varita (Bill le iba a mandar su vieja varita), no pudo hechizar a Malfoy esta vez.

–Es bueno que lo soy, Malfoy –respondió Hermione–. El tener un elfo como amigo probablemente salvó la vida de Ginny.

–Oh, sí, una tragedia evitada –respondió el Slytherin, su voz llena de sarcasmo.

Ron gruñó.

–Lárgate, Malfoy –dijo Harry y sacó su varita. Malfoy, Crabbe, y Goyle hicieron lo mismo, y Hermione no se tardó mucho en hacerlo.

Expelliarmus –dijo Harry

Lumos Solem –lanzó Hermione al mismo tiempo, ambos usando los mismos hechizos que habían usado en la cámara.

El hechizo de Harry golpeó a Crabbe antes de que él pudiera lanzar uno, y Hermione cegó a Goyle, causando que su hechizo no tuviera blanco. Malfoy, sin embargo, fue creativo. El enorme libro de Herbología de Ron fue transformado en una enorme araña, la cual se colgó de su túnica. Ron gritó como una niña y corrió en círculos, intentando tirarla.

–¡Tú… tú…! –tartamudeó Ginny mientras Malfoy se reía. Sacó su varita, y Hermione supo al instante lo que iba a ocurrir y observó la mano de Ginny con atención.

¡Chiroptera Mucosa!

–¡Ah! ¡Pagarás por esto, Weasleta! –Malfoy se atragantó antes de salir huyendo de los murciélagos negros saliendo de su nariz y golpeándolo con sus alas en la cabeza.

–¡Ron, no te muevas! –dijo Hermione. Lanzó el hechizo destransformador más poderoso que conocía a su pecho, y la araña se transformó de vuelta en un libro y cayó al suelo.

–Gracias, Hermione –dijo.

Los niños salieron después de eso, con las clases concluidas por el día, pero Hermione se quedó atrás.

–Ginny, ¿puedo hablar contigo en privado por un momento?

–No te voy a enseñar ese hechizo –dijo con una sonrisa. Hermione sacudió la cabeza.

–No es sobre eso.

–Oh… está bien.

Hermione repentinamente estuvo consciente del número de lugares en el castillo que no eran apropiados para ese tipo de conversación, e intentó pensar en un lugar adecuado al cual ir. Aulas vacías usualmente eran buenas para una conversación privada, pero no eran muy cómodas o íntimas, lo cual necesitaba en este caso. La sala común casi siempre tenía personas… no tenía la privacidad que estaba segura necesitaría. La biblioteca era mejor, pero incluso ahí había varias miradas entrometidas. Parecía extraño, ahora que lo pensaba, que no hubiera un lugar cómodo en el castillo en donde dos estudiantes pudieran hablar a solas in ser interrumpidos... De hecho, no, no era extraño, se dio cuenta. Eso desalentaría a los estudiantes mayores. Sacó el mapa de su túnica, aunque aún le faltaban unos cuantos cuartos secretos, para buscar más ideas.

–¿Ese es el famoso mapa? –preguntó Ginny.

–Sí, pensé en buscar algo más cómodo que un aula vacía.

–¿Es algo tan importante?

–Quizás no. Pero en verdad quería encontrar un lugar en el que tú… en el que ambas pudiéramos hablar con comodidad. –Después, recordó algo que Sonya le había dicho: Hogwarts siempre tiene más secretos. Sabía de un secreto o dos que no había… que no podía dibujar en el mapa–. Ginny, ¿te molestaría un poco de ejercicio? –dijo–. Quiero mostrarte algo que muy pocas personas conocen.

Ginny elevó una ceja, fascinada con la sugerencia de su amiga, y Hermione la llevó a la gran escalera. Comenzaron a subir. Pasaron el séptimo piso y llegaron a la gran torre. Pasaron el décimo cuarto piso, el más alto al que los estudiantes podían subir en cualquiera de las torres. Finalmente, llegaron al décimo séptimo piso, donde las cosas comenzaron a volverse extrañas. Todo era una copia de algo más en el castillo desde el décimo séptimo piso para arriba… más y más copias distorsionadas mientras más arriba. Los retratos se volvieron borrosos y no hablaban, las escaleras estaban chuecas, las piedras en las paredes no eran cuadradas, y los cuartos estaban basados en otros cuartos en el castillo.

Ginny respiraba con dificultad. Sólo se había condicionado a subir a su dormitorio en el octavo piso (además de Astronomía una vez a la semana) al contrario del de Hermione en el décimo cuarto.

–¿Qué tan alto estamos? –preguntó.

–Alto –dijo Hermione. Estaba examinando cada cuarto que pasaban–. Más alto que el castillo entero visto desde afuera.

–¿En serio? ¿Qué tan arriba llega?

–Infinito, creo. Es un lugar extraño. Creo que es generado por la magia del castillo. Los cuartos cambian cuando te das la vuelta, y si subes otros diez pisos, es bastante escalofriante, pero deberíamos de estar bien si no subimos más. Fred y George quizás mencionaron cuando los envié aquí.

–Oh, sí, lo recuerdo. Esa fue una buena broma.

Hermione continuó mirando dentro de los cuartos mientras pasaban: aulas, cuartos de estudio, habitaciones, décimo séptimo piso, décimo octavo, décimo noveno… lotería. Era una sala común en miniatura, con un sillón, una mesa, y una chimenea pequeña (que quizás funcione o no). Estaba decorada en colores Ravenclaw, pero los limosneros no podían ser tan exigentes, y no se sentía tan cómoda subiendo más. Se rio cuando la encontró. ¿Cuántos amorosos estudiantes de años mayores sabían ese pequeño truco?

–Hermione, ¿qué es este lugar? –preguntó Ginny con sorpresa.

–No lo sé. El castillo lo creó. Supongo que hay algún tipo de magia que se expande a la gran torre, pero el castillo no sabe qué poner aquí, así que lo llena con pequeños trozos del castillo. Vamos, hay que sentarnos.

Ginny se sentó a su lado en el sillón.

–Mira, quizás estoy reaccionando de más –comenzó Hermione–, pero quería sentarme en algún lugar cómodo donde no hubiera oportunidad de que alguien nos interrumpiera. Nadie nunca sube aquí… se supone que no debemos subir aquí.

–Hermione, ¿qué ocurre? –preguntó Ginny nerviosa.

–Pues, lo primero es… quiero disculparme contigo, Ginny.

–¿Conmigo? –dijo la joven menor con sorpresa–. ¿Por qué tendrías que disculparte conmigo? Yo fui quien…

–No, Ginny. Ya hemos hablado de esto. Lo que Ryddle hizo no fue tu culpa. Todo fue él. –Ginny tragó saliva y asintió con tristeza–. Quería disculparme porque he sido una terrible amiga contigo –continuó Hermione.

–No lo has sido –dijo Ginny automáticamente.

–Sí, lo he sido. Vi lo sola que estabas al principio del año e intenté ser tu amiga. Pero entonces, cuando los ataques ocurrieron, me asusté y comencé a ignorarte. Si hubiera estado ahí para ti, quizás tú…

Ginny comenzaba a rendirse. Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.

–No, Hermione, yo era la que estaba escondiendo todo. Tom era… él estaba intentando hacerme que lo escondiera. Yo estaba tan asustada de que Percy me entregaría a las autoridades o algo…

–Oye, está bien –dijo Hermione, colocando un brazo alrededor de sus hombros–. Y lo digo en serio. Voy a intentar ser una mejor amiga el próximo año. Voy a estar muy ocupada con todas mis clases, pero voy a intentar no dejarte de lado… y le diré a Ron que tampoco lo haga.

Ginny se rio un poco ante eso.

–Gracias, Hermione.

–No hay problema. La otra cosa es… quería preguntarte cómo has estado.

–¿Qué? Quiero decir… estoy bien. Quiero decir… me está yendo bien.

–Ginny, por favor. Sé que Harry piensa que estás perfectamente feliz de nuevo. Y estoy segura de que Ron quiere pensar eso. Pero yo no estoy tan segura. Sé que a mí no me está yendo tan bien. He estado teniendo pesadillas, y a veces siento que me va a dar un ataque de pánico. –También podía ver las ojeras en los ojos de Ginny–. Honestamente, no estoy segura de que los niños están bien, pero no creo que tú lo estés. Y no es tu culpa. Todos pasamos por una experiencia traumática, y por muy brillante que Dumbledore es, en el mundo muggle, uno no envía a alguien a dormir con una taza de chocolate caliente después de algo así. Le das a alguien con quien hablar… si quieres, claro.

Ginny comenzó a llorar abiertamente. De repente, lanzó sus brazos alrededor de Hermione y se aferró con fuerza a su pecho.

–Yo… no puedo… –murmuró.

–Está bien –susurró Hermione, acariciando su pelo–. Entiendo si no quieres, pero… no se cuánto te dijo Ron sobre lo que ocurrió el año pasado, cuando el profesor Quirrell murió. Yo estuve ahí, ¿recuerdas? Y fue escalofriante. Pero el verano pasado, mis padres me hicieron ver a un terapeuta… es como un sanador de la mente muggle, excepto que normalmente te ayudan hablando, y usamos una historia falsa. De cualquier modo, al principio no quería hablar más que tú, pero una vez que lo hice, me alegré de haberlo hecho. En verdad me ayudó. –De hecho, era la razón por la que Hermione había pensado en tener esa conversación con la pequeña pelirroja en primer lugar.

Ginny soltó un leve sollozo y se sentó aún en el brazo de Hermione por unos minutos. Y entonces, con voz vacilante, comenzó a hablar.

–Con Tom, él… él siempre estaba ahí para hablar conmigo… Siempre era amable… Él… él...tenía cosas lindas que decirme cuando estaba asustada o preocupada... Pensé que me estaba ayudando… incluso me ayudó con mi tarea algunas veces… pero… pero todo fue una mentira, ¿no? –Repentinamente estuvo feliz de que Hermione insistiera en un lugar privado.

Hermione intentó recordar la manera en la que su terapeuta le había hablado.

–Eso debe de hacer difícil que confíes en la gente, ¿no es así?

Ginny se aferró de la túnica de Hermione y asintió.

–Yo… creí que era mi mejor amigo –susurró–. Sólo me usó todo el tiempo… He...Hermione, ¿qué me espera ahora?

–Ya, ya, Ginny –respondió ella–. Sólo piensa en lo que en verdad tienes. Tú… confías en tus padres, ¿verdad?

Ella levantó la mirada y asintió de nuevo.

–¿Y confías en tus hermanos?

–Sí… excepto… –se separó y se acomodó en la esquina del sillón.

–¿Qué?

–Es difícil con Percy –admitió.

–Sabes que te quiere tanto como los demás –insistió Hermione.

–Lo sé, pero… no creo que él lo entienda. Está tan preocupado por ser Premio Anual –se quejó–. Yo estaba… no lo sé.

–Dijiste que pensabas que te entregaría a las autoridades –recordó Hermione–. ¿Por qué?

–¡Porque es Percy! –soltó Ginny–. Porque es lo que siempre hace.

–¿Porque es su respuesta automática? ¿Porque pensaste que lo haría "por tu propio bien" aún si fuera o no lo correcto?

–¡Sí! ¡Exacto! Sé que quiere ayudar, pero pensé que lo empeoraría.

Hermione podía verlo ahora. Percy era en lo que ella se hubiera convertido si no conociera a Harry y Ron: una estudiante sobresaliente, apegada a las reglas, siempre defiriendo a las autoridades, estén bien o mal. Podía ver ahora como pudiera molestar a sus hermanos menores… después de todo, ella había molestado bastante a Ron al principio.

–Confío en ti también –soltó Ginny, y de inmediato se arrepintió. La hizo sentirse vulnerable. Hermione había sido buena con ella, pero no era de su familia, y si la joven decía algo para arruinar esa confianza ahora…

–Yo… eh… me alegro de escucharlo –dijo débilmente. No pudo evitar pensar que era más de lo que se merecía.

–No pude creerlo después de que yo… –Ginny se detuvo–. Después de que fuiste atacada por el basilisco, y aun así fuiste a salvarme.

–Ginny, intenté huir en Navidad, y lo odié. No voy a hacer una tontería, pero no quiero huir más. Me alegro de que confíes en mí, y no puedo prometerte que seré perfecta, pero prometo que intentaré lo más posible nunca traicionar esa confianza.

Ginny la abrazó de nuevo.

–Gracias, Hermione. En verdad eres una buena amiga, y… e intentaré ir a ti si alguna vez siento que necesito hablar… De hecho, hay algo más.

–¿Qué es?

–Harry –dijo nerviosa–. ¿Qué piensa Harry de mí?

–¿Qué? ¿Quieres decir, siendo un niño despistado que piensa que estás perfectamente feliz de nuevo? ¿O qué piensa Harry sobre Ginny Weasley en general?

–Eh, la segunda, supongo –dijo Ginny, sonrojándose.

–Pues, sé que está feliz de que estés bien. Piensa que eres una buena niña. Sabe que eres buena volando. Y sé que le agrada tu familia entera. Piensa que eres alguien divertida… y yo también. Pero… creo que no te conoce tan bien. Si te soy honesta, creo que yo tampoco te conozco tan bien, y por lo menos yo lo estaba intentando.

Ella suspiró.

–Eso me temía.

–Oye, está bien. Siempre hay tiempo para que nos conozcamos mejor.

–Sí, pero… –De repente, las palabras salieron de golpe–. Sabes que en verdad me gusta Harry, Hermione. Quiero decir, siempre me ha gustado porque he escuchado todas las historias, y sé que la mayoría son inventadas, pero cuando escuché lo que hizo en la cámara… ¡con una espada! ¡Eso fue increíble! Hay mucho más en él de lo que cuentan las historias. No puedo creer que arriesgara su vida así por mí.

–Claro que sí. Es Harry. Además, eres la hermana de Ron. No podíamos dejarte ahí. Estamos aquí para ti.

Ginny no sabía que decir, así que abrazó a Hermione de nuevo, pero aún sonaba triste.

–Harry ni siquiera sabe que estoy ahí –dijo–. No… no normalmente. Y quiero acercarme más a él, ¡pero ni siquiera puedo hablarle! Lo intento, y me congelo, y es peor ahora. Estoy tan preocupada de que nunca me va a notar. Yo… sé que pudiera terminar con alguien más algún día, pero… quiero por lo menos tener una oportunidad.

Hermione la miró incómodo. Esto rápidamente se salía de su área de experiencia.

–Pues, no tengo más experiencia que tú con los niños –dijo con precaución–, y no confiaría en el consejo de mis compañeras de cuarto por nada. Pero… creo que Harry te nota más de lo que piensas… pero honestamente, Ginny, creo que quizás debas de parar a intentar hablar con él. Escucha. Te congelas cuando lo intentas, así que quizás necesites dar un paso atrás e intentar relajarte a su alrededor. Se tu misma, y no te preocupes de lo que Harry verá. Te vi volar en la madriguera, y pasé toda la semana contigo. Créeme, hay una niña ahí que vale la pena notar… –colocó una mano sobre el pecho de Ginny–... pero debes de ser capaz de dejarla salir.

Ginny sonrió más animadamente de lo que Hermione había visto en meses. Hermione en verdad pensó que podría atraer la atención de Harry si lograba relajarse, especialmente si continuaba volando como lo había hecho cuando la conoció. Por supuesto, era Harry de quien estaban hablando; él era casi tan despistado como Ron a veces. No quería que la niña se ilusionara mucho, pero continuó.

–Y algo más, Ginny: tú y Harry aún son muy jóvenes. Tienes mucho tiempo para el romance. Por el momento, deberían de enfocarse en conocerse, y cuando sean mayores, quizás incluso considerar salir con alguien más por un tiempo. Quién sabe… quizás encuentres que alguien más es la mejor persona para ti. O quizás no. Lo importante es que no deberías de detener tu vida por Harry. Deberías de vivir por ti misma. Además, Harry tuvo una niñez muy difícil, y si soy honesta, tengo el presentimiento de que va a ser algo lento para todo esto.

–Pues… lo pensaré –dijo Ginny, claramente abrumada por el consejo inesperado–. Gracias… por todo.


–¿Cómo has estado, Hermione? –le preguntó la profesora Vector.

Hermione tomó un largo y contemplativo sorbo de té mientras se sentaba en el salón del departamento de su maestra.

–Es difícil –dijo lentamente–. Es extraño… siento como que sabía exactamente lo que tenía que decirle a Ginny, pero es mucho más difícil lidiar conmigo misma.

Vector sonrió con gentileza.

–No me sorprende. Es más difícil el lidiar con nuestros propios problemas. Además, pude ver desde el principio que serías el tipo de persona que sería su peor crítico. Pero espero que te sientas cómoda viniendo a hablar conmigo cuando necesites hablar.

–Mmm… gracias, profesora. –Hermione tomó otro sorbo algo tembloroso de té–. ¿Sabe qué es lo más loco?

–¿Mmm?

–Lo más escalofriante que me pasó ahí abajo… no tuvo nada que ver con el basilisco. No tuvo nada que ver con Ryddle… ¡Fue cuando Gilderoy Lockhart intentó borrar mi memoria! –Sus manos comenzaron a temblar tanto que tuvo que dejar su té sobre la mesa.

El arresto de Gilderoy Lockhart por uso ilegal de encantamientos desmemorizantes causó casi tanto alboroto como la muerte del monstruo de Slytherin. La noticia fue recibida con indignación, sorpresa, y negación de muchas de las jóvenes, mientras que los varones declararon saber que era un fraude todo el tiempo. Después de ser llevado y cuestionado por los aurores, los cargos se incrementaron y fue revelado que había usado encantamientos desmemorizantes en docenas de personas alrededor del mundo, quienes ahora eran buscadas para que recibieran tratamiento, y era suficiente para potencialmente enviar a Lockhart a la prisión de Azkaban por vida.

–Si soy honesta, eso tampoco es sorprendente –dijo la profesora Vector–. Inusual, quizás, pero no sorprendente. Sé que le das un gran valor a la integridad de tu mente.

–¿No lo deberían hacer todos? –dijo Hermione con histeria–. Quiero decir, ¡los encantamientos desmemorizantes son aterrorizantes! ¿Un movimiento de la varita y puede hacer que todos piensen que perdimos la mente? ¿Cuánto es eso? ¿Meses? ¿Años? ¿Qué no es casi tan malo como matar a alguien? Quiero decir, he visto Cortocircuito 2

–¿Qué?

–Una película muggle… no importa. Es sólo que es terrible. Pueden quitártelo todo en un instante… profesora… ¿los encantamientos desmemorizantes son reversibles? –preguntó, temiendo la respuesta.

–Pues, es complicado –dijo Vector con todo de disculpa–, pero usualmente sí, excepto en el raro caso de que algo salga mal. Por otro lado, desmemorizamiento más extenso requiere de terapia de sanación intensiva… y toma casi el mismo tiempo que lo que fue perdido.

–¡Pero aun así es horrible! Me podría haber tomado años recuperar mi memoria, incluso si alguien hubiera sabido lo que ocurrió en verdad. ¡A todos nos podría haber pasado!

–Lo siento, Hermione. No sé qué decir. Lockhart es un hombre malo. Por suerte, fue detenido, y será enfrentado a la justicia.

–¡Y su historia también era ridícula! –continuó–. ¿Perdimos nuestras mentes ante la visión de su cuerpo destrozado? Trauma emocional no causa pérdida de memoria. No tanto. No permanente.

Vector dejó de lado su taza de té y la miró con sumo interés.

–Hermione, ¿qué hubieran hecho tus padres si hubieras llegado a casa con meses o años perdidos?

Tembló ante la idea.

–Mis padres recibieron entrenamiento médico muggle. Ellos… me hubieran llevado a un doctor muggle para recibir una segunda opinión –se dio cuenta de golpe–. Y me hubieran hecho una resonancia magnética para ver que estaba mal. Profesora, ¿qué hace el encantamiento desmemorizante físicamente al cerebro?

–¿Físicamente? Nada. Las memorias no se han ido. Sólo no puedes acceder a ellas. De otro modo sería tratable. Hermione, ¿estás diciendo que tus padres hubieran reconocido que magia fue usada en ti?

–¡Sí! Estoy segura de eso. Si vieran que perdí la memoria, pero no había nada físicamente en mí, de inmediato hubieran pensado que fue magia… especialmente después del año pasado.

Después de eso, Vector se rio con fuerza.

–¡Por las barbas de Merlín! Creo que Lockhart cometió un grave error intentando usar un encantamiento desmemorizante en una hija de muggles. Verás, tantas cosas extrañas pueden ocurrir en el mundo mágico, y él es tan famoso, que la mayoría de las personas hubieran creído su historia sin cuestionarlo, pero dices que tus padres muggles lo hubieran dudado de inmediato, te hubieran buscado tratamiento, y lo hubiera descubierto de cualquier modo. Tendré que decirles a los aurores que le digan eso.

–Supongo… pero aun así, podría haber perdido años y pasado años intentando recuperarlos. Hubiera perdido a mis amigos, mis años de adolescencia, mi carrera…

–No si yo tengo algo que decir al respecto. Una vez hubiera recuperado mi memoria, te hubiera enseñado lo más que pudiera. Quizás hubieras comenzado tarde, pero las brujas viven muchos años.

–¿Haría eso por mí?

–Ciertamente. Después de ver tu habilidad para la creación de hechizos en acción, bueno, raramente he visto tal combinación de inteligencia nata, valor bajo presión, y dedicación a tus amigos. Después de los últimos dos años, no voy a dejarte, Hermione Granger, y no creo que tus amigos sean del tipo que te abandone tampoco.

Hermione se estiró sobre la mesa y abrazó a su maestra.

–Muchas gracias, profesora. También conozco a mis amigos… por supuesto, Harry hubiera estado ahí conmigo… pero cuando Ron llegó y golpeó a Lockhart y se quitó la capa de invisibilidad… eh, eso fue bastante impresionante.

Vector sonrió para sí misma mientras el rostro de su estudiante se iluminaba al hablar de sus amigos. Quizás iba a pasar un verano difícil, pero iba a estar bien.

–Muggles llaman a eso "caballerosidad", ¿no? –dijo.

–Así es –se rio Hermione.

–Nunca pensé que estaría tan feliz de ver a un estudiante rompiendo las reglas –se rio su profesora con ella.

–Las cosas se han vuelto verdaderamente extrañas por aquí.

–Tristemente, sí… –un silencio incómodo las rodeó después de esa dolorosa verdad–. ¿Y cómo van las ecuaciones diferenciales? –preguntó Vector.

Hermione sacudió los hombros.

–Van… a tiempo. Es algo escalofriante porque ya puedo ver los elementos de las maldiciones en ellas.

–Puede serlo, sí, pero te acostumbras en su mayoría, y muchos otros hechizos poderosos son descritos con ecuaciones diferenciales. –Hermione asintió–. ¿Y qué sigue?

–Pues, estaba pensando en álgebra lineal.

¿En serio? –dijo Vector con interés–. Sabes, eso comienza a acercarse a la investigación en aritmancia avanzada.

–¿En verdad?

–Por supuesto. Muchas de las técnicas avanzadas están en álgebra lineal… resolver sistemas lineales arbitrarios, técnicas de regresión, expansiones de Fourier…

–También estoy segura de que son las matemáticas en mecánica cuántica.

–¿Mecánica cuántica?

–La ciencia muggle de física fundamental subyacente a toda la materia y energía.

–Bueno, entonces, no me sorprende que esté involucrada en tanta magia avanzada. –Lanzó una mirada a la nada mientras pensaba por un momento–. Hermione, ¿estarías interesada en un estudio independiente en Aritmancia avanzada?

Los ojos de Hermione se abrieron del tamaño de platos.

–Profesora… ¿quiere decir, nivel EXTASIS de Aritmancia?

–De hecho, estoy hablando de nivel de maestría… pero eso no es lo que quiero decir. Quiero decir que si tu libro de álgebra lineal es tan comprensivo como tu libro de cálculo, es posible que llegues al punto en el que tú puedas enseñarme a algunas cosas el próximo año. No te confundas… aún te falta mucho en el tema de creación de hechizos, pero estoy sugiriendo que podríamos explorar la aplicación de las matemáticas que estás estudiando con esas técnicas aritmánticas que ya conoces. No será innovador, por lo menos al principio, pero creo que quizás podamos escribir un artículo para Anales de Aritmancia para finales del próximo año escolar. No sería un gran compromiso. Sé que estarás muy ocupada con tus clases nuevas. Quizás una hora a la semana sería suficiente.

–Profesora, yo… no sé qué decir –tartamudeó Hermione–. Eso sería maravilloso. Pero… ¿por qué me está ofreciendo esto a mí?

–Porque estoy muy interesada en ver que se te ocurre. Porque eres más que capaz. Y por otra razón: una maestría normalmente requiere tres años de estudio después de Hogwarts. Pero si comienzas con tu investigación antes de tomar tu EXTASIS, creo que podrías completarla para tu graduación.

Hermione sonrió con entusiasmo mientras corría alrededor de la mesa para abrazar a su profesora. Sí, Vector pensó. Ella iba a estar bien.


–Déjame ver si lo entiendo –dijo Cedric Diggory. La vida continuó después del incidente, al igual que la clase de Aritmancia y su grupo de estudio–. Inventaste una variante del encantamiento de cambio de color.

–Al momento… en tu cabeza –enfatizó Roger Davies.

–Y te permitió ver a un basilisco gigante a los ojos sin perder el sentido, mucho menos ser petrificada.

–Sí, básicamente –dijo Hermione–. Bloqueé casi todos los colores en sus ojos, así que no podía verlos. E incluso entonces, se sintió como ser golpeada en la cabeza con una bludger… o eso supongo.

Cedric levantó sus manos ante eso… aunque él y los demás aún estaban sonriendo con admiración.

–Eso es todo –dijo–. Tú ganas. Ganas en Aritmancia por siempre. Nunca podría crear un hechizo en mi cabeza así.

–Oh, estoy segura de que podrían en un apuro –dijo Hermione–. Especialmente uno que hemos estudiado con tanto detalle, como el encantamiento de cambio de color.

–Sí, podríamos –dijo Roger–, pero nunca lo podríamos hacer ver tan fácil, como tú.

–Estamos orgullosos de ti, Hermione –dijo Alicia Spinnet–. que Gryffindor lo está…

–Hufflepuff y Ravenclaw también tuvieron víctimas –señaló Cedric.

–Sí, es posible que salvaras la vida de Penelope –dijo Roger–, y creo que todos están felices de que la escuela no tuviera que ser cerrada.

–Ajá –se sonrojó Hermione–. Oh, y Filch vino a verme ayer y me agradeció por derrotar al monstruo.

–Filch siendo amable –dijo Alicia, sacudiendo la cabeza–. Sólo tú, Hermione. ¿Y cómo has estado?

–Oh, ahí la llevo. La profesora Vector ha sido una gran ayuda. Pero me sentiré mejor cuando convenza a mis padres de que me dejen regresar.

–¡No te sacarían! –exclamó Alicia.

Hermione sacudió la cabeza.

–Eso querían el año pasado, y de nuevo en Navidad. Voy a intentar regresar lo más que pueda.

–Más te vale. El monstruo está muerto. La amenaza se ha ido.

–Lo sé, pero sabes cómo son los padres. Pero voy a intentarlo.

–Bien. Y sabes que aún puedes venir a hablar con nosotros también.

–Ajá. Gracias.

–Sabes, esto de los poliedros es bastante interesante –dijo Roger, abriendo su libro de Aritmancia.

–Sí, me alegro de que enseñen los sólidos arquimedianos… –respondió Hermione.

Fueron interrumpidos cuando vieron a una joven de cabello negro y piel bronceada acercarse a la mesa.

–Oh, hola, Rebecca –dijo Roger.

–Hola, Roger –respondió Rebecca Gamp antes de dirigirse a su compañera más joven–. ¿Así que es cierto lo que están diciendo, Hermione? –preguntó–. ¿Sobre el basilisco y la creación de hechizos y eso?

–Bueno… no por completo –dijo Hermione–, pero la mayoría de los rumores que he escuchado son más o menos acertados.

Rebecca sacudió la cabeza con incredulidad.

–No sé cómo es que te volviste tan buena –murmuró–. Oye, yo, eh, lamento no haberte ayudado el otro día, pero no fuiste muy clara.

Rebecca sonaba más molesta que otra cosa.

–Está bien. Todo resultó bien al final –respondió Hermione con amabilidad.


Tomó tres largas semanas para que las mandrágoras maduraran después de que el basilisco muriera para que las víctimas petrificadas pudieran ser reanimadas. Una vez que ocurrió, Hermione tomó el valor para hablar con uno de ellos… alguien con quien había querido, pero temido un poco, hablar por meses. Las cosas eran mejores para ella ahora, pero encima de las pesadillas y terrores de Ryddle, el basilisco, y Lockhart, había un temor que la estaba consumiendo en el fondo de su mente.

–Disculpe, ¿Sir Nicholas?

El fantasma se dio la vuelta en el aire. Madame Pomfrey, el profesor Snape, y el profesor Dumbledore habían conversado sobre el tema y decidido rociar la poción restaurativa de mandrágora a través de Nick Casi-Decapitado como un espray. Aún si los fantasmas no podían probar alimento, funcionó, y Nick regresó a su normal, triste, y plateada personalidad.

–Hola, señorita Granger –respondió.

–Me preguntaba si puedo hacerle unas preguntas, Sir Nicholas. He intentado preguntar a Myrtle, pero bueno, creo que es muy joven… y el ser hija de muggles no le ayuda.

–Oh, supongo –suspiró Nick–. De hecho, supongo que debo agradecerte, por derrotar al monstruo y salvar la escuela, y por ayudar a Myrtle. El cambio en ella es simplemente milagroso. ¿Qué quieres saber?

Hermione cruzó sus brazos para calmar sus nervios.

–Pues, lo primero es… ¿cómo es que alguien se convierte en fantasma?

El semblante de Nick decayó.

–Eres muy joven –le dijo–. No sabes lo que estás preguntando. –Comenzó a alejarse. Hermione corrió detrás de él.

–Por favor, Sir Nicholas. He enfrentado la muerte varias veces. Creo que necesito saberlo.

Los ojos del fantasma se entrecerraron mientras la evaluaba. Parecía estar considerando si responder.

–Un mago o bruja –habló finalmente con lentitud–, pueden elegir si quedarse atrás cuando mueren… pueden elegir dejar parte de ellos atrás, flotando transparentes donde una vez caminaron en vida. Pero muy pocos eligen ese camino, y no es un camino que pueda recomendar.

¿Qué? Pensó. ¿Acaso Nick pensaba que ella quería convertirse en un fantasma? ¡Acaso estaba loco!

–Después de hablar con Myrtle, yo tampoco lo recomendaría –dijo ella.

Nick estaba tan sorprendido que su cabeza colgó de su cuello.

–¿Tú… no lo harías? –Tartamudeó–. Pero entonces, ¿por qué quieres saberlo?

–Porque quería saber cómo es que usted… Myrtle… todos los fantasmas… lo siento, como ustedes terminaron… atrapados de este modo, Sir Nicholas. ¿Dice que es una elección? ¿Cómo algún tipo de hechizo? ¿Un ritual?

–Nada tan concreto –respondió Nick con frialdad–. Nuestro secreto es sólo que teníamos miedo de la muerte. La elección es rendirse al temor… permanecer detrás, atrapados por siempre entre el mundo de los vivos y el más allá. Yo estoy aquí porque mi valor Gryffindor me falló.

Hermione frunció el ceño y sacudió la cabeza.

–Pero eso no tiene sentido. Muchas personas temen la muerte. Pero puedo hacer el cálculo y lo fantasmas son raros… uno o dos por cada cien magos por lo que puedo ver. ¿Qué hay de diferente en ellos? ...Sin ofender…

–No es miedo ordinario –aclaró Nick–. Una bruja o mago se vuelve fantasma si tienen más miedo de la muerte que de la vida pálida de un fantasma, aún si no están conscientes de esa elección.

–Oh… –Hermione suspiró con alivio. ¿No se había dicho a sí misma explícitamente que el destino de un fantasma era peor que la muerte? Era un extraño alivio el escuchar que la magia por sí misma se alineaba con sus valores. Temía la muerte, claro. ¿Cómo no hacerlo cuando la había confrontado a los trece años? Pero no dejaría que su miedo ganara. Aun así, no era bueno que los fantasmas que habían tomado esa elección fueran obligados a sufrir por eso–. ¿No hay manera de que los fantasmas… pasen al otro lado? –preguntó–. Eso es lo que ocurre en las historias muggle.

Nick sacudió su cabeza con tristeza.

–No lo sabemos… o si lo sabemos, lo he olvidado. Nadie lo ha visto. Ya que sólo seres mágicos pueden convertirse en fantasmas, hay algunos que creen que si toda la magia desapareciera, Merlín no lo permita, entonces todos los fantasmas desaparecerían. Hay otros que creen que si un fantasma llegara a aceptar que lo desconocido que se encuentra después del Velo es menos aterrorizante que nuestra triste existencia, entonces pudieran cruzar, pero como los fantasmas no maduran más de lo que hicieron en vida, nadie parece haberlo podido hacer.

Hermione asintió con solemnidad. Así que no había una verdadera manera de ayudar a Myrtle ni a ninguno de los demás.

–Hay algo más que me estaba preguntando, Sir Nicholas.

–¿Sí?

–Estaba pensando sobre su fiesta. ¿De dónde sacan los fantasmas las plumas, tinta, y pergamino para escribir cartas? ¿De dónde sacan las sierras musicales o caballos fantasmas a los cuales montar?

Nick inclinó su cabeza (hacia el lado donde no se caía, claro) mientras observaba a Hermione.

–Es extraño ver tal interés en alguien tan joven –dijo–. En lo que respecta a los caballos, los fantasmas podemos tomar parte de nuestras posesiones al morir. Así como mantenemos un eco de nuestra ropa, espadas y joyas, jinetes montan a este plano en caballos fantasmales. En lo que se refiere a los objetos, hay un ritual, o algo así. Cuando un objeto es consumido por fuego mágico, un fantasma puede obtener una copia fantasmal dentro del fuego, mientras sea lo suficiente pequeño para cargarlo.

–¿Pueden? –dijo Hermione–. Pero entonces podrían obtener comida…

–No comida. El quemar aún es un tipo de transformación. La Ley Gamp de la Transformación Elemental también cubre a los fantasmas. Así como nuestras varitas se convierten en simples palos al morir, nosotros tampoco podemos obtener comida intangible.

–Ah, lo entiendo –dijo. Eso tenía bastante sentido.

–¿Algo más, señorita Granger?

Hermione pensó sobre otro detalle que había aprendido recientemente.

–Pues…


–Vamos, Myrtle –dijo Hermione–. Organicé todo con Sir Nicholas. Tenemos a todos los fantasmas del castillo y unos cuantos de afuera, y cinco invitados vivos… y el Barón Sanguinario aceptó mantener a Peeves lejos. Te has estado sintiendo mejor desde el incidente con el basilisco, ¿no? Deberías de salir y vivir… tu vida después de la muerte un poco.

–Oh… eso supongo, ya que has sido tan amable conmigo.

Myrtle Warren flotó a través de la puerta de su cubículo y siguió a Hermione fuera del baño.

Hermione había notado la fecha de pasada y subconscientemente la sustrajo para descubrir que el 13 de junio era el cumpleaños número cincuenta de Myrtle. Sería un crimen, pensó, no tener una fiesta para celebrar un día tan importante (en la cultura fantasmal), especialmente cuando estaba más alegre (aunque "alegre" aún era bastante sensible viniendo de Myrtle) después de la venganza (parcial) de su muerte. Convencer a Nick de organizarlo era la parte fácil. Convencer a Harry, Ron, Ginny, y la profesora Vector de atender había sido lo difícil.

Bajaron las escaleras a las mazmorras, provocando las miradas de varias personas a las que se encontraron ese domingo por la tarde al ver a Myrtle fuera de su baño. Todos los invitados vivos estaban usando abrigos de invierno, completamente preparados para el frío esa vez.

La fiesta fue mucho más pequeña que la de Nick, pero la atmósfera era similar. La mazmorra estaba iluminada por velas altas y negras quemando con fuego azul. No había orquesta de sierras musicales en esta fiesta, pero resultó que el Fraile Gordo tocaba bien el violín, y el baile era decente. Y había comida podrida en la mesa, incluyendo un pastel con forma de lápida que leía:

MYRTLE WARREN

MURIÓ EL 13 DE JUNIO DE 1943

Myrtle comenzó a llorar, atípicamente, de felicidad al ver las festividades y recibir las felicitaciones de los otros fantasmas.

–Gracias, Hermione, Sir Nicholas –dijo ella–. Nunca nadie ha hecho tanto por mí.

–Tú también nos ayudaste –dijo Hermione–. Además, nadie debería de estar solo… en… su… cumpleaños de muerte número cincuenta… –dijo con algo de incomodidad.

Myrtle dejó de llorar y la vio con curiosidad.

–Hermione, tú eres hija de muggles. ¿Cómo llegaste el punto de poner esas palabras juntas?

–Me he estado preguntando lo mismo por dos años, Myrtle. No tengo idea.


–Esto es todo, señorita –dijo Sonya–. Esto es todo el castillo.

–¿En serio? –dijo Hermione con entusiasmo–. ¿Todo?

Era la última semana del año y Hermione finalmente, finalmente completó su mapa del castillo. Sonya le estaba mostrando la última sección, el séptimo piso del ala este, y se había detenido junto a un ridículo tapiz mágico de unos trolls con tutus. El próximo año, decidió, no caminaría más contando sus pasos. Sólo daría una mirada rápida para saber si algo había cambiado.

Pero entonces, Sonya aclaró su comentario con una sonrisa pícara.

–Este es el último cuarto secreto, señorita. Está justo aquí, señorita, pero es extra especial, y Sonya lo explicará a la señorita Hermione Granger el próximo año.

–¿Qué? –dijo Hermione con incredulidad.

–Sonya lo explicará a la señorita Hermione Granger el próximo año –repitió la elfina.

–Pero eso… pero… ¿por qué? –se quejó. Sonya se rio.

–Porque este cuarto es extra especial, y la señorita Hermione Granger querrá más tiempo para explorarlo.

–Sonya, ¡no puedes hacerme esto! –No podía creer que la elfina la iba a hacer esperar todo el verano para aprender sobre el último cuarto en su mapa. Quizás ni siquiera regresaría el año siguiente… pero no, se rehusaba a pensar eso.

–Bueno, Sonya supone que la señorita Hermione Granger podría ordenarle que le dijera… –dijo Sonya inocentemente.

¡Esa pequeña rebelde! Sabía que a Hermione no le gustaba dar órdenes a los elfos sin importar lo dispuesta que estaba a aceptar su estación.

–De acuerdo, tú ganas –gruñó, causando que la elfina se riera de nuevo–. ¿Regresamos a tu dormitorio, entonces?

Con eso, las orejas de Sonya cayeron, y miró al suelo.

–Sonya no cree que eso sea una buena idea, señorita. Los otros elfos tienen miedo de estar cerca de usted, señorita… Tienen miedo de que intentará liberarlos, señorita –susurró.

–Eso es ridículo –dijo Hermione–. La situación de Dobby era completamente diferente. Los elfos de Hogwarts son felices aquí. ¿Qué no me convencieron de no intentar liberarlos la primera vez que los conocí?

–Por supuesto, señorita, pero liberar a un elfo es una gran ofensa, y a los demás elfos no le gustó.

Hermione suspiró recordando el plan en el que estaba trabajando. Había acordado todo con el profesor Dumbledore y había mencionado sus planes a algunas personas mientras escribía a sus padres, rogándoles que la escucharan cuando llegara a casa.

–Pues, van a tener que acostumbrarse –dijo–. De una manera u otra, Dobby va a estar trabajando aquí el próximo año.

Sonya hizo un gesto de incomodidad, pero asintió. Parecía pensar que el plan de Hermione era bizarro, si no es que tan incorrecto como Hermione pensaba que era la esclavitud de los elfos en primer lugar, y no estaba feliz por la idea de Hermione por un número de razones.

–¿Qué va a pasar el próximo año, señorita, y Hermione no necesita llamar a Sonya? –preguntó.

–Aún te visitaré, Sonya, por supuesto –le aseguró a la elfina–. Aún si algunas cosas cambian, sigues siendo mi amiga y yo no abandono a mis amigos.

Sonya sonrió y abrazó a Hermione.

–Gracias, señorita. Usted es una buena amiga, incluso si es una bruja extraña.

Por supuesto, Sonya no era una elfina normal tampoco al ser lo suficiente valiente para decir eso en voz alta. Sí, comparada con otras brujas, la vida de Hermione era bastante extraña. ¿Por qué de repente me siento como Luna Lovegood? Pensó.


No fue hasta el último día del año (había pasado sus exámenes brillantemente) cuando Hermione finalmente obtuvo la visita que había estado esperando. Estaba sentada bajo un árbol en los terrenos trabajando en sus ecuaciones diferenciales cuando escuchó un ruido a su lado. Levantó la mirada y vio a un elfo de edad media con una larga nariz delgada y ojos del color verde de una pelota de tenis. Aún lucía bastante lastimado, pero sus moretones se habían curado y estaba de pie completamente erguido (sus tres pies de altura) con una expresión de orgullo.

–¡Señorita Hermione Granger! –dijo el elfo–. La señorita Hermione Granger dejó un mensaje con los elfos para que Dobby viniera a hablar con ella, ¡y Dobby ha venido!

Hermione sonrió mientras recordaba la carta inusual que había enviado a sus padres el mes anterior:

Queridos mamá y papá: Esto va a sonar muy extraño, ¿pero podrían decirme cuánto es lo más que están dispuestos a pagar por un trabajador doméstico que viva en nuestra casa y que tiene permitido usar magia ahí? Por favor sólo denme una cantidad, aún si es más bajo de lo que estarían dispuestos a pagar. Les explicaré cuando llegue a casa. Con amor, Hermione.

–Hola, Dobby –dijo ella, elevándose sobre sus rodillas para que estuvieran a la misma altura–. ¿Te gustaría un trabajo?