Yo no gano nada de nada por esta traducción, pero como sugirió White Squirrel en la versión original, dudo que una Sociedad para la Promoción del Bienestar de Autores de Fanfiction, o de Traductores, sería una buena idea.


Capítulo 39

Daniel Granger respiró profundamente.

–Necesito otra bebida –dijo.

La familia Granger estaba sintiendo un gran deja-vu mientras la profesora Vector de nuevo los invitaba a cenar en el Caldero Chorreante para explicar los terribles sucesos que casi habían matado a Hermione ese año. No era agradable.

–Así que, en resumen –dijo Dan a la profesora Vector–, un libro maldito con las memorias del mismo mago malvado que el año pasado poseyó a la amiga de Hermione, Ginny Weasley, y la obligó a liberar a una serpiente gigante que puede matar con la mirada, y Hermione fue la única capaz de descubrir que era y cómo protegerse de eso y la llevó con usted, junto a Harry Potter y otro profesor, quien terminó intentando borrar las memorias de todos, a una cámara escondida debajo de la escuela, con Ron Weasley escabulléndose detrás de ustedes, y mataron al monstruo, destruyeron el libro, y salvaron a Ginny… ¿me faltó algo?

–No, creo que es todo –dijo Hermione mientras se recargaba en su mamá. Su mamá la tenía abrazada desde "puede matar con la mirada".

–¿En verdad tenemos que decirlo, profesora? –preguntó él.

Vector suspiró.

–No tengo defensa, Sr. Granger, excepto que su hija salvó su propia vida y la de otros con sus acciones, y salvó a la escuela de ser cerrada, y, si puedo agregar, ayudó a prevenir que Quien-Ustedes-Saben regresara de nuevo. Permití que Hermione me acompañara por la urgencia, y no creí poder comprender su hechizo de protección lo suficiente rápido. No tuve otra opción más que llevar conmigo al Sr. Potter ya que era la única persona en el castillo que podía abrir la cámara. Y en lo que respecta al Sr. Weasley, una vez que estaba ahí, no había manera de encontrar el modo de que regresara. También creí que estarían a salvo con el profesor de Defensa y conmigo. Obviamente no resultó como esperaba, pero triunfamos al final.

–Dijo que Hermione resultó herida… –dijo Emma temblando.

–Mamá, fueron dos costillas rotas que Madame Pomfrey curó de inmediato, y algo de agotamiento mágico –se defendió Hermione–. Eso no es mucho para los magos.

–No me vengas con eso, Hermione –soltó Emma–. Fue por tonta suerte que no fue peor. Y no pienses que hemos olvidado tu parte en todo esto, señorita.

Hermione bajó la cabeza.

–Lo siento, mamá. Sé que fui descuidada. Debí de haber ido directo con un maestro en lugar de ir a la biblioteca. Pero todo lo demás… tuve que hacerlo. Quiero decir, no hubiera ido ahí si no hubiera tenido que hacerlo, pero no había tiempo. Apenas y llegamos a Ginny a tiempo, y tuve que inventar un nuevo hechizo de protección al momento. Y Harry en verdad era el único que podía abrir la cámara. Además, se supone que Lockhart tenía las habilidades y era responsable de protegernos. No es mi culpa que resultó ser un sucio y asqueroso fraude que borra memorias.

Emma se sorprendió al escuchar el asco en la voz de su hija, aún si estaba completamente de acuerdo. El que alguien intentara borrar la memoria de su hija en verdad era una idea terrible, aunque estaba algo preocupada porque Hermione sonaba más afectada por eso que por el incidente con la serpiente gigante.

–Pues… sea como sea… aun así… –Su voz se escuchaba quebrada–... ¿cuántas veces ya es que has estado a punto de morir en la escuela?

–Tres veces –murmuró Hermione, aunque el número podía ser disputado. Dio un suave golpe a su mamá en la espalda–. Pero mamá, esas cosas no pueden volver a ocurrir. –Bueno, otro troll podría entrar, pero eso es poco probable–. El monstruo está muerto, y Quien-Tú-Sabes no puede regresar a la escuela. Dumbledore se aseguró de eso.

–¿Así como se suponía que debía asegurarse hace un año? –dijo Dan con escepticismo.

–Papá, no había nada que pudiera hacer sobre la cámara. Sólo alguien que hablara parsel podía abrirla. Es mala suerte que algo así ocurriera dos años seguidos.

–Tengo que estar de acuerdo con ella en eso… –comenzó Vector.

–Creo que ya dijo suficiente, profesora –explotó Dan.

–¡Papá! Sólo está intentando ayudar –insistió Hermione.

–Lo siento, profesora, pero su ayuda no ha ayudado mucho últimamente.

Hermione no estaba dispuesta a aceptar eso.

–La profesora Vector tomó el lugar de la profesora McGonagall a bajar a la cámara porque prometió protegerme –dijo.

Eso fue suficiente para que sus padres se detuvieran y lanzaran otra mirada a su profesora favorita. También quería agregar que la profesora Vector había estado lanzando hechizos como nunca había visto antes durante esa pelea. La profesora Vector definitivamente era una buena luchadora, y Hermione comenzaba a darse cuenta de lo avanzada que estaba en el área de los duelos.

–Estamos muy agradecidos de que protegió a Hermione –dijo Emma a Vector–. Y podemos reconocer que era una situación difícil, pero obviamente, preferiríamos que nunca hubiera estado en peligro. Y con estos tres incidentes en los últimos dos años, cada vez es más difícil el considerar Hogwarts.

–Pero mamá…

–Discutiremos esto cuando llegues a casa, Hermione –dijo Emma seriamente.

–Esperen, mamá, papá, miren –los interrumpió–, antes de que comiencen a hablar sobre transferirme a Beauxbatons de nuevo, hay algo de lo que quiero hablar con ustedes primero.

–¿Y qué es eso? –dijo su padre con un suspiro.

–Sólo un momento. –Se liberó del agarre de su madre y se levantó para abrir la puerta–. Dobby –llamó–, ¿podrías entrar por favor?

–Dobby está aquí, señorita Hermione Granger. –Dan y Emma observaron con los ojos ampliamente abiertos mientras Hermione llevaba adentro de la habitación a la tímida criatura. Habían escuchado las descripciones de Hermione de los elfos domésticos pero nunca habían visto a uno antes. Era como lo había descrito: tres pies de alto, con orejas de murciélago y enormes ojos verdes, aun usando una funda de almohada sucia y un calcetín de talla humana, cubierto de cicatrices antiguas.

–Mamá, papá, él es Dobby, el elfo que… intentó advertir a Harry sobre el monstruo.

–Por Dios, ¿qué le ocurrió? –dijo Emma cuando vio las cicatrices.

–Sus antiguos amos, es lo que le pasó –dijo Hermione con enojo–. Algunos magos abusan de sus elfos. Harry y yo… convencimos al Sr. Malfoy de liberar a Dobby después del incidente del basilisco.

–Y por convencer, quieres decir… –dijo Dan con perspicacia.

–Todo fue perfectamente legal –dijo Hermione rápidamente–. Pero el Sr. Malfoy estaba muy molesto.

Dobby tembló y habló en susurros:

–Él estaba… estaba intentando atacar a la señorita Hermione Granger, pero Dobby lo detuvo, señor.

–Gracias, Dobby –dijo Hermione sacudiendo los hombros. Le hubiera gustado que no mencionara eso.

–Eh… gracias por eso –dijo Emma nerviosa.

–De nada, señora. Dobby es feliz de ser un elfo libre, y es un honor el conocer al Señor y Señora Granger. –Estrechó sus manos.

–Así que… Dobby… –preguntó Dan–, ¿sabías sobre la cámara todo este tiempo?

Las orejas de Dobby cayeron, y él bajó la cabeza.

–Sí, señor Granger, señor, pero Dobby no podía decirlo. Dobby no podía revelar los secretos de sus amos mientras fuera de ellos, señor. Dobby está muy feliz de alejarse de sus malos… sus malos… –Comenzó a temblar en su único calcetín.

–Oh no –dijo Hermione. Se lanzó hacia el elfo y tomó sus manos, alejándolo de la mesa justo antes de que se golpeara su cabeza contra esta.

–¡Dobby malo! ¡Dobby malo! –gritó el elfo. Sus padres e incluso la profesora Vector se encogieron ante el espectáculo.

–¡Dobby, basta! –gritó Hermione.

El elfo tembló y se quedó quieto de inmediato.

–Dobby lo siente, señorita. Es difícil aprender a ser un elfo libre.

–Como ven, es terrible –dijo Hermione con unas cuantas lágrimas–. Fue entrenado para castigarse a sí mismo. Teníamos que hacer algo por él.

–Por supuesto que sí –dijo Emma con gentileza, llevando a Hermione de nuevo a su asiento–. ¿Pero qué tiene que ver esto con nosotros además de molestar al Sr. Malfoy?

–Pues… la cosa es, mamá… –dijo titubeante–. Dobby quiere trabajar por sueldo ahora, pero los demás elfos dicen que ninguna familia mágica querrá pagar a un elfo. Quiero decir, el profesor Dumbledore lo haría, pero aun así… pensé que sería agradable… si lo contratáramos.

–Como un sirviente que vive con nosotros –terminó su madre–. Así que de esto se trata... Oh, Hermione, sé que quieres ayudar, y sé que nos va bien, pero debes de saber que no podríamos pagar algo así.

–Pero me dieron un número.

–Sólo porque insististe, cariño. Pensé que era uno de tus proyectos. Nunca podríamos pagarle eso.

Hermione soltó una risotada a pesar de sí misma. Pensó que no debería ser tan gracioso. Era otra señal de lo maltratado que estaba Dobby (o los elfos en general, quizás), pero era difícil no reírse.

–Mamá, Dobby se rehúsa a trabajar por más que un tercio de eso

–¿Qué? –dijeron Dan y Emma con incredulidad.

–No pude lograr que aceptara más de un galeón a la semana y un día libre al mes –dijo Hermione–. Pueden intentar convencerlo si quieren, pero no creerán lo tercos que pueden ser los elfos.

–Pero… Dobby… –le dijo Emma–, sabemos cuánto es un galeón. No es mucho por todo tu trabajo.

–Oh, pero Dobby no es un elfo avaricioso, señora Granger, señora. La señorita Granger ofreció a Dobby tres galeones a la semana y fines de semana libres, pero Dobby la convenció de menos. A Dobby le gusta ser libre, señora, pero aún soy un elfo en mi corazón. Me gusta trabajar, señora, si es para buenos amos.

La boca de Emma permaneció abierta por un minuto. Hermione le había dicho a sus padres lo extraña que era la psicología de los elfos, pero no le habían creído hasta ese momento.

–¿Profesora? –Miró a Vector pidiéndole su consejo.

–No me mire a mí, Sra. Granger –respondió Vector–. Esto es idea de Hermione. Me temo que yo tampoco lo entiendo. Un elfo que quiere un sueldo es como un Gryffindor malvado o un hombre lobo como mascota. Son tan extraños que quizás no existan.

–¿Y tú… tú estás de acuerdo con esto, Hermione?

–Pues, creo que es un sueldo de esclavo, pero es mejor que la esclavitud verdadera –respondió Hermione–. Y técnicamente, es un galeón a la semana además de un cuarto y comida… aunque el cuarto no nos cuesta nada, y la comida… bueno, mírenlo. Pero bueno, es técnicamente legal. No es como si los elfos tienen una cámara de comercio. –Suspiró con cautela. No le gustaba la situación de los elfos domésticos al igual que la de los hijos de muggles, pero esto había sido algo difícil de explicar a sus padres antes de que se volvieran sus amigos–. El hecho es que los elfos son diferentes que nosotros. Ni siquiera son humanos modificados. Son animales de mayor nivel. No es una situación ideal, pero pensé que quizás Dobby podría ser un ejemplo para los otros elfos trabajando para una familia que se preocupa por él… ustedes saben, mostrarles que hay una alternativa.

Hermione sacó varios pergaminos de aspecto oficial de su bolso y los dejó sobre la mesa. En la parte superior decían: Ministerio de Magia, Departamento para la Regulación y Control de las Criaturas Mágicas, Oficina de Realojamiento de Elfos Domésticos.

–Miren, hablé con el profesor Dumbledore antes de venir a casa, y en verdad le gustó la idea. Incluso me ayudó con los documentos oficiales del Ministerio. Lo curioso es culpa de ellos: Hay una costosa tarifa al adoptar a un elfo para prevenir que las familias con menos recursos obtengan un elfo rechazado, pero no hay tarifa por contratar a alguien por sueldo ya que nadie se molestó en crearla. –Se rio un poco–. De cualquier modo, el profesor Dumbledore dijo que podemos contratar a Dobby, y que podría trabajar con nosotros como nuestro elfo durante las vacaciones, pero durante el año escolar, podemos subcontratar sus servicios a Hogwarts con paridad. Entonces estará en el castillo, y bajo el contrato, el profesor Dumbledore dice que aún podría llamarlo cuando fuera necesario o comprar su contrato por tres sickles al día.

Dan y Emma observaron abrumados los documentos. Todo estaba en el contrato. Parecía mucho más sencillo y directo que cualquier contrato muggle. Claramente, los magos preferían no complicar las cosas… o no tenían tanta experiencia.

–Pues, esto es… –Dan buscó las palabras correctas para lo que quería decir–. Es bastante comprensivo, y… supongo que parece una oferta generosa, pero honestamente, Hermione, siempre hemos estado bien sin ayuda en la casa. No veo porque ahora lo necesitamos...eh, sin ofender, Dobby.

–Quizás no en casa, ¿pero qué tal en Hogwarts? –dijo Hermione, yendo por el golpe final–. Es por eso por lo que quería que trabajara ahí. Sé que piensan que Hogwarts es peligroso. Aún creo lo que dijo la profesora Vector sobre que sólo es mala suerte, pero supuse que si tengo a Dobby, puedo llamarlo si me meto en problemas sin tener que preocuparme de si Sonya está trabajando o algo así. –Excepto que justo entonces Hermione recordó algo que Sonya había dicho que podría arruinar el plan completo–. Oh, pero Dobby –dijo nerviosa–, ¿puedes utilizar ese hechizo de localización que permite que vengas a mi aún con este tipo de contrato?

–Sí, señorita –sonrió Dobby–. Con el contrato, Dobby puede poner la traza de elfos en todos ustedes, aún si trabajo por sueldo. Pero esa es magia antigua, y no todos los elfos la conocen.

–Bien. Gracias. –Era suerte que Dobby venía de una familia tan antigua y tradicional–. Así que no habrá problema. Con este contrato, puedo llamarlo y pedir ayuda en cualquier momento.

Dan dejó salir un largo suspiro. Parecía que Hermione en verdad estaba determinada a regresar a ese lugar. Claro, él y su esposa podían ver el bien que le había hecho y lo dedicados que eran sus amigos ahí, pero en ese momento, sentían que las pérdidas valdrían la pena. Aún si podían ver como los horrores que había presenciado en los últimos dos años eran una terrible coincidencia, no estaban preparados para confiar en eso... Pero todo lo que Hermione les había dicho sobre los elfos domésticos indicaba que eran bastante útiles y leales si se les trataba bien. Quizás…

–Profesora, ¿podría salir junto a Hermione y Dobby por un momento? Creo que Emma y yo necesitamos discutir esto en privado.

–Por supuesto, Sr. Granger. Vamos, salgamos.

Vector llevó a Hermione y a Dobby al área principal del pub, donde tomaron una mesa y esperaron nerviosos. Hermione estaba moviéndose en su asiento.

–Hermione –susurró Vector–, quiero que sepas que pase lo que pase, estoy orgullosa de ti. Y quiero continuar con ese estudio independiente del que hablamos.

–¿En verdad? –dijo Hermione esperanzada.

–Sí… lo que podamos realizar por correspondencia, claro. Tampoco me preocuparía por tus estudios en Beauxbatons. Estoy segura de que brillarás igual ahí.

–Gracias, profesora.

Hablaron de cosas sin importancia por un tiempo, hasta que Dan salió y les pidió que regresaran al cuarto privado.

–De acuerdo, primero lo primero –dijo–. Dobby, hemos decidido que nos gustaría ofrecerte trabajo bajo este contrato por lo menos hasta finales de agosto. Consideraremos continuar después de que solidifiquemos el resto de nuestros planes.

Ante eso, Dobby dio un salto feliz y estrechó la mano de Dan de nuevo.

–¡Amo Daniel Granger, señor! –chilló–. Usted es muy generoso con Dobby. Dobby es muy feliz de trabajar por sueldo, señor. Dobby será el mejor elfo para la señorita Hermione Granger y su familia.

–Eh, gracias, Dobby. Hermione, tu madre y yo decidimos que no tomaremos una decisión sobre Hogwarts aún –dijo con renuencia–. Probaremos este trato con Dobby durante el verano para ver como es y decidiremos más cerca de septiembre.

Hermione suspiró con alivio. Por lo menos tenía tiempo de convencerlos.

–Gracias, papi –dijo–. En verdad lo aprecio.

–Y profesora Vector, gracias por ser tan honesta con nosotros de nuevo. Tenemos mucho que pensar, pero la mantendremos informada de nuestras decisiones.

–Gracias, Sr. Granger. Me alegra que Hermione tiene una familia que la apoya. Puedo ver que mucha de su fortaleza viene de tener personas a su alrededor que se preocupan por ella. –Hermione se sonrojó profusamente–. Sólo quiero que sepan… su hija no está indefensa. Sé que sólo ha completado dos años de estudio, pero puede protegerse a sí misma mejor de lo que piensan… Buenas noches… y gracias por escucharme.

Dan y Emma la observaron irse y no pudieron evitar darse la vuelta y lanzar a su hija una mirada curiosa. Por terrible que todo sonaba, parecía que en verdad había logrado una impresionante muestra de magia, sin mencionar el hechizar a ese mago malvado en el rostro de nuevo, por loco que eso se escuchaba. Los hacía preguntarse cuanto lograría una vez que terminara.


El viaje a casa fue extraño. Dobby nunca había estado en un auto antes, y los Granger esperaban que nadie lo notara mientras observaba con asombro por la ventana al Londres muggle.

–El mundo muggle es enorme y brillante, ama –chilló el elfo–. Debe de haber… más de cien mil muggles en Londres, ama.

Los Granger intentaron no reírse. Dobby obviamente había elegido un número mayor a la población mágica de Gran Bretaña sin saber más. Por su uso de la palabra "ama", Hermione necesitó un momento para darse cuenta de que se había dirigido a ella. Tendría que hacer algo sobre eso.

–Dobby, hay unos siete millones de muggles en Londres –dijo con gentileza.

Los enormes ojos verdes de Dobby parecían que iban a salirse de su cabeza.

–¡Millones de muggles! Dobby nunca lo supo. El am… –tembló por un momento y bajó su voz hasta que fue un susurro–. El antiguo amo de Dobby dijo… dijo que los muggles son animales arrastrándose en la superficie… Disculpe a Dobby, ama. Dobby nunca supo que podía haber tantos muggles para construir una ciudad tan grande.

Hermione decidió no sobrecargar su cerebro con el conocimiento de cuantas otras ciudades muggles había.

–Tu antiguo amo está tan aislado que probablemente nunca pisó pie fuera de la zona mágica de Londres.

Dobby asintió y Hermione tuvo que tomar sus manos antes de que se golpeara a sí mismo. También tendría que trabajar en eso.

Dobby nunca había viajado una distancia significativa en un método normal, así que manejar por el campo con las luces menguantes detrás de ellos también era una nueva experiencia, pero finalmente, llegaron a su hogar en Crawley.

–Bien, este es nuestro hogar, Dobby –dijo Hermione mientras entraban. El elfo entusiasmado ya estaba trabajando, levitando el baúl de Hermione fuera del auto–. Estoy segura de que no es tan grande y elegante como la casa de los Malfoy, pero yo creo que es agradable.

–Dobby piensa que es un buen hogar para una familia pequeña, ama. Los amos Malfoy tenían una familia más grande cuando Dobby era joven.

–También estamos felices de tenerte con nosotros, Dobby –dijo Hermione agachándose para acercarse a él y esperando que estuviera hablando también por sus padres–. Sin embargo, si vas a trabajar para nosotros, hay unas cuantas reglas.

Dobby levantó la mirada.

–¿Si, ama?

–Regla número uno: nada de castigarte a ti mismo. Si crees que mereces un castigo, pregúntanos a nosotros y nosotros lo decidiremos.

Dobby asintió feliz.

–Sí, ama.

–Regla número dos: no tienes que llamarnos amo y ama. Simplemente puedes usar nuestros nombres, ¿de acuerdo?

–Sí, am… señorita Hermione –el elfo se obligó a decir. Hermione no se molestó en intentar eliminar el hábito verbal en el que todos los elfos parecían decir "señor" o "señora" en cada frase. Si se era honesta, era algo adorable.

–Y regla número tres: si piensas que debes de proteger a alguien haciendo algo extraño, como… tirar un pudín al suelo… o sellar la barrera para llegar al andén nueve y tres cuartos… o hechizar una bludger para atacar a alguien… a menos que sea una emergencia, pregúntanos primero.

Dobby le lanzó una sonrisa avergonzada y asintió.

–Bien. Creo que esto resultará –dijo Hermione mientras se ponía de pie. Eso era bastante optimista, tenía que admitir. Dobby había sido maltratado por décadas y no tenía la opción real de ver a un terapeuta. También sabía lo buenos que eran los elfos para encontrar tecnicismos en las reglas, como muchas de las actividades de Sonya demostraban, pero esperaba que al trabajar con una familia que lo tratara bien ayudaría a que Dobby no quisiera hacer cosas así.

Mientras terminaban su conversación, la madre de Hermione le lanzó una mirada curiosa.

–¿No lo castigarías de verdad, o sí? –preguntó en voz baja.

–Oh, nunca lo golpearía como Malfoy, se me ocurrió la tercera regla por algo. Simplemente supuse que si hace algo, haremos como a un niño pequeño y le quitaremos algo que le gusta… como obligarlo a mirar mientras nosotros preparamos la cena.

Ante eso, Dobby dejó salir un chillido de terror.

–La señorita Hermione es muy inteligente –dijo él algo nervioso–. Dobby será un buen elfo.

Hermione se rio mientras sus padres lucían entretenidos. Sí, aún es un elfo doméstico en su corazón, pensó.

–Debería de usar ropa de verdad –notó Dan–. Eh… sin ofender, Dobby, pero es de mal gusto tener un trabajador doméstico usando algo salido de una novela de Dickens.

–Está bien, Sr. Granger. Dobby puede obtener ropa ahora que trabaja por sueldo. –Los Granger notaron que sonreía ampliamente cada vez que decía eso.

–Podemos ir a comprar algo mañana –sugirió Hermione. Entonces, se interrumpió cuando dejó salir un gran bostezo–. Oh Merlín, ha sido un largo día –dijo de manera quizás algo exagerada–. Será mejor que me vaya a dormir… –Comenzó a subir las escaleras.

–Espera un momento, señorita –la interrumpió su madre–. Aún falta discutir tu castigo.

Hermione tragó saliva y se dio la vuelta.

–¿Castigo? –preguntó nerviosa.

–Sí, estamos orgullosos de que salvaste a tu amiga y detuviste a un mago oscuro, pero aún no nos agrada como ocurrió. Personalmente, aún no estoy convencida de que bajar a esa cámara era tu única opción, pero aún si permitimos eso, tú misma admitiste que debiste ir al director o con un profesor en lugar de ir a la biblioteca. Ahora, ignoramos tu comportamiento impulsivo el año pasado considerando las circunstancias, pero no lo vamos a hacer de nuevo.

Hermione Granger podía enfrentar a un basilisco, ¿pero a sus padres? Eso era otro nivel por completo.


–Castigada –se quejó Hermione mientras Dobby la ayudaba a desempacar su ropa–. No puedo creer que me castigaron por salvar el mundo. Me siento como si estuviera en una de esas tontas caricaturas.

–Si Dobby puede decirlo, señorita Hermione, Dobby piensa que usted está castigada por desobedecer a sus padres. El amo Draco… –El elfo tembló mientras se obligaba a revelar información privada de la familia. Ella estuvo a punto de sujetarlo, pero él logró controlar el impulso–. El amo Draco era castigado mucho peor si desobedecía cuando era más joven, señorita, y también el amo Lucius y el amo Abraxas –susurró.

Hermione parpadeó sorprendida. ¿Dobby conocía a tres generaciones de Malfoy?

–Dobby... –dijo–, si no te molesta que te lo pregunte, ¿cuántos años tienes?

–Dobby tiene sesenta y cinco años, señorita.

Esa era una sorpresa, aunque quizás no debería haberlo sido. Quizás era su forma infantil de hablar, pero Hermione no imaginaba que los elfos fueran tan mayores. Flory, la jefa de elfos, era la excepción; pero incluso Tilly, quien era la abuela de Sonya y probablemente era mayor que Dobby, era difícil de imaginar como tal. Dobby también lucía de edad media debajo de las cicatrices, pero recordó que los elfos vivían más que los magos.

De cualquier modo, no le sorprendía que la familia Malfoy fuera tan estricta. De hecho, no hubiera esperado menos considerando lo que Lucius Malfoy había intentado en la escuela. Casi la hacía sentirse mal por Draco… casi.