Calentar Harry Potter a 37 grados y servir. No guardar en la alacena. Agregar algo de White Squirrel y dar el crédito a JK Rowling.
¡Muchas gracias por su apoyo! ¡Disfruten el capítulo!
Capítulo 40
Mientras los Granger cenaban con la profesora Vector, Harry tuvo su propia reunión con una maestra, aunque una más corta y directa.
–Sr. y Sra. Dursley –dijo la profesora McGonagall.
Los Dursley se encogieron y tía Petunia frunció el ceño.
–Usted… ¿qué es lo que quiere? –Dijo.
–Quería decirles –dijo con delicadeza–, que desafortunadamente, y digo esto por el bien de su sobrino y no el de ustedes, el Sr. Potter necesitará quedarse con ustedes de nuevo este verano. Y después de… los desafortunados eventos del verano pasado… –Lanzó una mirada molesta a los Dursley para indicarles que recordaba que habían más que pasado el nivel de "desafortunado"–...Vendré a revisar el estado del Sr. Potter periódicamente, asegurarme de que está bien y es capaz de completar su tarea de verano… escrita, les aseguro, nada de magia… y que es capaz de mantener correspondencia con sus amigos. Estoy segura de que como cortesía su sobrino se limitará a sí mismo a enviar mensajes en la noche para atraer menor atención. –Lanzó una mirada a Harry.
–¿Eh? Ah, sí, profesora –dijo Harry rápidamente. A pesar de las buenas noticias, aún estaba temblando un poco por el viaje en el carruaje esa mañana. Hermione había explicado a Ron y a él sobre los thestrals, pero no redujo el impacto. Era el tipo de cosa que permanecía contigo todo el día y sólo se iría (o eso esperaba) al dormir.
Vernon y Petunia fueron de rojo a blanco y de vuelta a rojo durante ese pequeño discurso, aunque lucían algo aplacados por la concesión.
–Bien. Nuestra profesora de Aritmancia, lo que ustedes llamarían la maestra de matemáticas, la profesora Vector, quizás también visite unas cuantas veces. Finalmente, Sr. Potter, ¿recuerdas cómo usar el autobús noctámbulo? –Harry asintió–. Si tienes alguna emergencia, simplemente llama el autobús noctámbulo y dile a dónde necesitas ir.
–Sí, profesora. –Harry ya estaba formulando una idea sobre eso.
–Muy bien. Y una cosa más, Sr. y Sra. Dursley. Creí que deberían saber que su sobrino recientemente mató a la serpiente más grande del mundo con una espada, salvando la vida de varios de sus amigos en el proceso. –Los Dursley palidecieron, especialmente Dudley, recordando el incidente con la boa constrictor–. Quizás piensan que él es... ¿qué solías llamar a tu hermana, Petunia? ¿Un monstruo? Pero para mí, no merecen estar en su presencia y es una gran desgracia que él tenga que estar en la suya. Buenas noches. –Se dio la vuelta y se alejó de ellos.
Los Dursley miraron a Harry nerviosos, como si fuera a producir una espada de su baúl en cualquier momento. Pero continuó de pie ahí, esperando.
–Súbete al auto, muchacho –murmuró Vernon, y eso fue todo.
Cuando llegaron a Privet Drive, lejos de las miradas curiosas, Harry actuó. Antes de que su tío tuviera la oportunidad de llevarlo a su cuarto, Harry decidió hablar.
–De acuerdo, tío Vernon, tía Petunia, Dudley, yo también tengo unas cuantas cosas que decir.
–Creo que ya dijiste lo suficiente, muchacho –gruñó el tío Vernon.
–No, creo que no lo he hecho –respondió Harry. Buscó en su bolsillo y sacó un círculo de runas–. ¿Ven esto? Esta vez funciona. –Apuntó las runas al horrible florero en la mesa–. Wingardium Leviosa. –El florero se elevó al aire y bajó de nuevo.
Dudley gritó y corrió a la cocina. El tío Vernon mostró su usual color púrpura y parecía listo para explotar. Sólo la tía Petunia conservó el poder del habla.
–Tú… ¡no puedes hacer eso! –tartamudeó–. ¡Te expulsarán! –Miró a las ventanas con miedo, esperando por la llegada de la carta.
–No lo harán –dijo Harry con prepotencia–. Ninguna lechuza vendrá esta vez, tía Petunia. No me meteré en problemas si uso esto en lugar de mi varita… y tengo muchas más.
–¡Y tú puedes esperar más! –bramó el tío Vernon. Se lanzó contra Harry, pero Harry estaba listo y sostuvo otro círculo de runas enfrente de su rostro. Este decía Flipendo. Ya que no era un completo idiota, Vernon se detuvo.
–¿Quieres descubrir lo que hace este, tío Vernon?
Vernon permaneció en silencio, sudando profusamente.
–¿Qu...qué es lo que quieres? –preguntó la tía Petunia por él.
Harry sabía que no podía pedir mucho. Sólo tenía unas cuantas runas y aún no estaba seguro de cuanto durarían.
–Sólo cortesía básica –dijo–. Déjenme en paz y yo los dejaré en paz. Incluso continuaré realizando mis labores domésticas, las razonables. Pero si decido tomarme un día para visitar a mis amigos, les pido que se hagan a un lado. Además, hará que me aleje de ustedes por unas horas.
A los Dursley no les gustaba permitir que Harry disfrutara de algún tipo de placer en su vida. ¿En verdad era más barato teñir los uniformes viejos de Dudley que comprar nuevos? Más barato, quizás, pero también era más esfuerzo, y si había algo que los Dursley odiaban más que gastar dinero en Harry era el tener que esforzarse por él. No, hacían lo que podían por hacerlo miserable, y la idea de que Harry pasara un día visitando a sus amigos raros los enfurecía. Pero a pesar de las apariencias, no eran tontos, y Harry aún sostenía un hechizo sin identificar sobre la cabeza del tío Vernon.
–Bien, bien –dijo Petunia en un intento de tono calmado para tranquilizar a su sobrino. Nunca lo admitiría, pero se estaba maldiciendo internamente por nunca prestar la suficiente atención a Lily para saber lo que Harry en verdad podía hacer–. Sólo pon esas… cosas de lado y no te daremos problemas… y dejaremos que desaparezcas alguna tarde de vez en cuando. –Vernon continuó en su tono púrpura poco saludable por su enojo ante el trato, pero no estaba en posición de discutir–. Si terminas tus labores –agregó Petunia, sabiendo que no había manera de que pudiera enforzarlo.
–Las razonables –aceptó Harry.
La mañana siguiente, Hermione decidió relajarse en su primer día de verano, y sus padres tuvieron una idea similar de una mañana relajante ese domingo y no molestaron en moverse muy rápido. Eso nunca había sido un problema antes. ¿Por qué debería serlo ahora?
¡BUM!
La casa tembló. Se escuchó una exclamación de sorpresa y un fuerte golpe abajo, y sus padres gritaron con miedo. La mente de Hermione inconscientemente pensó en todas las posibilidades de monstruos, magos oscuros, un auto estrellándose contra el salón, y más, y llegó a la explicación correcta en una fracción de segundo: había un elfo en la casa.
–Rayos, debí haberlo pensado… –dijo maldiciendo su falta de visión. Un pitido fuerte y varios gritos más se escucharon de abajo, pero para entonces ya se estaba moviendo. Tomó su varita de su escritorio (tomaría la advertencia y diría que había sido una emergencia si era necesario) y salió corriendo de su habitación, pasando a sus padres y prácticamente saltando las escaleras hasta llegar a la cocina. Al momento en que llegó ahí abrió la puerta de la alacena, tomó el extintor, jaló la palanca, y se dio la vuelta para enfrentarse a las llamas.
Dan y Emma Granger pensaron que ya habían experimentado suficientes emociones por un año y esperaban tener un verano tranquilo, pero ese no era el caso. Hermione sólo había estado de vuelta doce horas antes de que algo explotara, y ella había corrido delante de ellos con su varita en mano. La siguieron, y cuando llegaron a la cocina, fueron recibidos por una visión escalofriantemente similar a una de sus historias. Su hija estaba de pie con su varita en sus dientes, sosteniendo el extintor como un arma, apagando las llamas en uno de los gabinetes cerca de la estufa mientras el recién contratado elfo estaba parado en el lavabo, sosteniendo el grifo rociador como una manguera, valerosamente intentando ayudar. En segundos, las llamas fueron milagrosamente derrotadas y Hermione soltó el extintor, estiró la mano a toda velocidad, y cerró todas las perillas de la estufa.
–¡Vaya! –Suspiró con alivio mientras guardaba su varita sin usar en su manga y se daba la vuelta para ver a sus padres–. Eh… ¿buenos días?
¡CLANG!
–¡Dobby, basta! –Tomó al elfo del andrajoso cuello de su atuendo para evitar que se golpeara la cabeza contra el lavabo. Él comenzó a llorar con fuerza.
–¿Es así como es tu vida todo el tiempo, Hermione? –preguntó Dan, diciendo lo único que le llegó a la mente.
–Sólo una vez al mes o algo así –dijo Hermione mientras giraba la silla en la que Dobby claramente había estado parado para alcanzar la estufa y lo cargó fuera del lavabo para sentarlo en ella–. Dobby, por favor tranquilízate –dijo.
–¡Dobby lo siente, señorita Hermione! –lloró–. La familia de la señorita Hermione fue tan amable al contratar a Dobby, ¡pero Dobby falló! ¡Dobby quemó la casa de sus nuevos amos! ¡Dobby malo! ¡Dobby malo! –Tembló violentamente, intentando golpear su cabeza contra algo de nuevo.
–¡No, Dobby, está bien! ¡No es tu culpa! –dijo Hermione, pero el elfo apenas la escuchó.
–¿No lo es? –dijo Emma con incredulidad–. ¿Te molestaría explicar eso?
–¡Dobby es un elfo malo! Dobby hizo mal. ¡Dobby debe de encontrar un nuevo trabajo! –Lloró el elfo.
–No, no, Dobby, no vamos a despedirte –insistió Hermione esperando que sus padres estuvieran de acuerdo–. Y no hiciste nada malo. Es mi culpa. –Los sollozos de Dobby se detuvieron de golpe por la sorpresa de que una bruja tomara la culpa–. Debí de haberte enseñado como usar los electrodomésticos muggles. Nunca antes habías visto este tipo de estufa, ¿verdad?
Dobby levantó la mirada con los ojos ampliamente abiertos y con lágrimas cruzando su larga nariz. Sopló su nariz y sacudió la cabeza.
–¿No? –dijo Emma sorprendida.
–Hogwarts utiliza estufas de leña –explicó Hermione–. Y estoy segura de que las familias antiguas también lo hacen. Probablemente nunca ha visto un aparato electrónico en su vida. –Dobby sacudió su cabeza de nuevo con tristeza.
–¿Leña? –dijo Dan.
–¿Por qué arruinar lo que sirve? Así es como los magos funcionan. Además, un aparato eléctrico no funcionaría en Hogwarts, así que probablemente es más seguro.
–Entonces… ¿qué ocurrió aquí? –continuó.
Dobby levantó la mirada e intentó responder, pero sólo tembló de nuevo y comenzó a sollozar.
–Sh, Dobby, está bien –dijo Hermione antes de dirigirse a sus padres–. Obviamente quería prepararnos el desayuno. Así que comenzó a jugar con las manijas, intentando descubrir cómo funcionaba la estufa, dejó salir el gas en todos los hornillos, y el encendedor eléctrico lo prendió todo y lo lanzó… Dobby, ¿estás bien? –dijo con frenesí. Rápidamente examinó al elfo y su madre se apresuró a ayudar. Pronto descubrieron que Dobby tenía un moretón en su cabeza donde se había golpeado contra el lavabo, y otro en la nuca donde se había golpeado al caer al suelo, y su funda de almohada lucía algo chamuscada, pero sorprendente, no parecía tener ninguna quemadura.
–Oh, vaya –dijo Emma–. En verdad deberías poner algo de hielo en esto. Prepararé una compresa. –Rápidamente fue a buscar el kit de primeros auxilios y algo de hielo de la heladera.
–La señora Granger es muy amable con Dobby, señora –lloró el elfo–. Los antiguos a...amos de Dobby nunca… nunca ayudaron a Dobby cuando se lastimaba.
–Bien… pues, no somos como tus antiguos amos, Dobby –dijo Emma–. En el mundo muggle tenemos algo llamado leyes de protección en el trabajo.
–Ah, sí –dijo Dan con renuencia, obviamente nada feliz con cómo estaba resultando ese arreglo–. Sólo déjanos mostrarte cómo usar la cocina antes de que intentes cocinar algo.
–Dobby lamenta lo que ocurrió, señor Granger, señor –dijo mientras Emma colocaba el hielo–. Dobby aceptará cualquier castigo…
–Dobby, por favor detente. No estás en problemas –interrumpió Hermione, lanzando una mirada molesta a su padre indicando que esperaba que estuviera de acuerdo–. Nadie salió lastimado y este daño no es tan malo. Eh… en el mundo muggle, es la responsabilidad del jefe el entrenar al empleado en su trabajo, así que no podemos culparte por no saber lo que estabas haciendo –Por supuesto, estaba segura de que los Malfoy lo hubieran culpado y golpeado hasta dejarlo moribundo, pero esa era otra razón para mostrarle que había una alternativa.
–Listo, eso debería ayudar –dijo Emma cuando terminó de hacer lo que podía por sus moretones–. Nos alegra que no te lastimaras tanto… –Observó al elfo con precaución, sin estar segura de qué decir. ¿Cómo se debe de hablar a alguien que no es humano? Hermione parecía saber cómo hablar con él con facilidad, pero Dan y Emma apenas sabían lo mínimo por sus descripciones. Aun así, recordando las cartas de los últimos años y la conversación de la noche anterior, quiso intentarlo–. Si estás dispuesto, preparemos el desayuno juntos para poder mostrarte como se hace.
Dobby se puso de pie con entusiasmo.
–Oh, sí, señora Granger, señora, a Dobby le gustaría mucho. Dobby será un buen estudiante para su nueva familia, señora.
–Estoy segura de que así será, Dobby –dijo Hermione con gentileza.
Sentaron de nuevo a Dobby en su silla (En verdad deberíamos conseguirle un taburete o una silla con ruedas, dijo Hermione) y le mostraron como usar la estufa de manera correcta sin destruir nada, aunque necesitaría algo de práctica para obtener la temperatura correcta para diferentes cosas. También le mostraron como usar el resto de los electrodomésticos, lo cual resultó en un desayuno un poco diferente de lo normal, pero querían dejarlo de lado rápidamente. Dobby pensó que la tostadora era algo bastante inteligente, la licuadora y el triturador de basura algo escalofriantes, y el microondas era casi magia para él, especialmente por su advertencia:
–Hagas lo que hagas, no coloques nada de metal dentro u ocurrirán cosas terribles. –Hermione también intentó convencerlo de sentarse en la mesa con ellos, pero eso probó ser un paso de más para la criatura, y tuvieron que dejarlo que se sentara en la esquina para mantenerlo coherente. Hermione decidió que necesitarían trabajar en eso.
El día estuvo bastante ocupado. No hubo más desastres ya que el drenaje y los artículos de limpieza trabajaban de manera similar a lo que Dobby estaba acostumbrado, pero los Granger sí tuvieron que asegurarse de que supiera como usar cosas eléctricas para que no terminara electrocutado, y cómo funcionaban la lavadora y secadora. Tuvieron que tomar sus medidas y comprarle ropa de verdad. Le compraron varios atuendos para niños incluyendo (con algo de dificultad, pero ante la insistencia de Hermione para ocasiones especiales) un pequeño esmoquin como uniforme de mayordomo. No era mucho, pero cuando Dobby vio la pila de ropa, se desmayó.
Durante los días siguientes, aunque Dobby continuó siendo supervisado mientras preparaba la comida, la ansiedad de Dan y Emma sobre su arreglo disminuyó y descubrieron que, para su deleite, Dobby era un muy buen cocinero. Claro, sus decisiones no siempre eran las más saludables, pero Hermione explicó que los magos probablemente no sabían mucho sobre esas cosas, así que Emma juró enseñarle sobre nutrición moderna durante el verano.
Lo más incómodo en la semana fue cuando Dobby insistió que no quería el cuarto de huéspedes de los Granger, aún si tenían bastante espacio. No tenían una habitación del tamaño ideal para un elfo, pero Dobby sugirió que si limpiaban la alacena debajo de las escaleras, sería una buena habitación. Incluso a Hermione no le gustó eso porque era muy pequeña y no tenía una ventana, y le recordó que los elfos de la escuela tenían habitaciones más grandes, pero Dobby le dijo que era mejor de lo que había tenido antes, y necesitaba un lugar a donde ir cuando tuvieran visitas para que no lo vieran. Además, estaría viviendo con los elfos de la escuela durante la mayor parte del año. Tomó un tiempo convencerlos, pero Hermione recordó lo tercos que eran los elfos en su personalidad dependiente, y estuvieron de acuerdo en darle la alacena.
Querido Harry:
Por una vez tengo buenas noticias: mi plan de contratar a Dobby funcionó bastante bien. Tomó algo de trabajo, pero arreglamos los detalles y mis padres parecen estarse encariñando con él. Creo que está mucho mejor ahora que lo tratan bien, y… digamos que es más fácil estar a su alrededor.
Lamento escuchar lo que ocurrió con la llamada de Ron. En verdad debemos ser más exactos cuando describamos tecnología muggle a los magos. Dobby casi destruyó nuestra cocina cuando intentó hacerla funcionar por sí solo (parte de lo trabajoso que mencioné). Pero no te preocupes. Estamos bien.
No pude escribir antes porque mis padres me castigaron por mi "comportamiento imprudente", pero ya se acabó, así que si tus parientes te lo permiten, puedes venir a cenar uno de estos días. A mis padres les encantaría conocerte bien, y estoy segura de que Dobby estará feliz de verte de nuevo (no te preocupes, lo podemos mantener en línea).
Espero que tus parientes no te estén tratando tan mal este verano. Estoy segura de que algunas de las cosas que te hicieron antes son ilegales, y honestamente creo que estarías mejor en algún otro lugar. No quiero forzar las cosas, pero por favor dile a la profesora McGonagall si algo no está bien cuando te visite antes de que las cosas terminen tan mal como el año pasado.
Con amor, Hermione
P.D. Y asegúrate de terminar tu tarea de verano antes de que sea tarde.
Harry en verdad apreciaba la preocupación de sus amigos, pero este verano estaba comenzando bastante bien. No había habido interrupciones extrañas, recibía su correo, e incluso con sus labores, sin nada más que hacer, estaba progresando en su tarea. Claro, los Dursley aún lo miraban con su odio usual, pero eso era normal, y con la profesora McGonagall visitándolo cada semana o dos, no se atrevían a intentar nada.
Una vez que se acostumbró a su rutina en Privet Drive se sintió seguro de poder organizar una cena con los Granger, y una fecha fue rápidamente acordada. Se aseguró de terminar sus labores del día para que no hubiera quejas (legítimas), y subió al autobús noctámbulo, entusiasmado por una bendita noche libre de los Dursley.
La casa de los Granger lucía más agradable que la de los Dursley, aunque aún bastante formal. Al igual que Privet Drive, había pocas señales de que una niña vivía ahí, pero claro, Hermione no era una niña normal. De hecho, normal salió por la ventana cuando tocó el timbre y la puerta fue abierta por un elfo hiperactivo de ojos verdes usando un esmoquin que parecía que en alguna boda hacía falta el pequeño cargando los anillos. Harry sólo tuvo un segundo para meditar lo que había visto antes de que Dobby abandonara todo decoro y saltara a abrazar a su héroe con más fuerza de la que parecía poseer.
–¡Harry Potter, señor! ¡Harry Potter! –chilló–. Dobby ha estado esperando ver a Harry Potter de nuevo, señor, ¡y Harry Potter vino a ver a la nueva familia de Dobby!
–Eh, sí, es bueno verte también, Dobby –respondió con tanta sinceridad como pudo. Hubiera preferido no estar a punto de ser asfixiado.
Una risa se escuchó al otro lado del vestíbulo.
–De acuerdo, Dobby, déjalo respirar.
Dobby cayó al suelo y llevó a Harry dentro de la casa.
–Sí, señorita Hermione –dijo algo avergonzado.
–Hola, Hermione –dijo Harry.
–Hola, Harry. –Lo abrazó con más gentileza que Dobby–. ¿Cómo has estado?
–Estoy bien… mucho mejor que el verano pasado, en verdad.
–¿Tus parientes…?
–Igual que siempre, pero tienen miedo de McGonagall. –Harry sonrió ante eso, pero Hermione tuvo que forzarla.
–Hola, Harry –interrumpió el señor Granger.
–Hola, Sr. y Sra. Granger –dijo Harry, estrechando sus manos–. Muchas gracias por dejarme venir. Probablemente me volvería loco y transformaría a Dudley en un tritón si no me alejaba este verano.
–¿Un tritón? –dijo la señora Granger preocupada, mirando a su hija.
–¿Mejoraría? –Agregó el señor Granger, sólo bromeando un poco.
–No lo quiere decir de manera literal –les aseguró Hermione–. No aprendemos a transformar humanos hasta nuestro sexto año. –Por alguna razón, no pensaban que eso era reconfortante.
–Bueno, estamos felices de recibir a uno de los amigos de Hermione –dijo la señora Granger–. Por favor, pasa. Dobby tiene la cena lista.
Cuando Harry vio la mesa con la cena, muchas de sus preocupaciones por Hermione contratando a Dobby desaparecieron. Quizás estaba un poco loco, pero podía cocinar tan bien como los otros elfos, y cualquier día en el que pudiera recibir una gran comida durante el verano estaba bien para él. Dobby aún lucía algo incómodo mientras se sentaba a la mesa a comer con ellos (sobre una pila de directorios telefónicos). Elevó una ceja en dirección a Hermione.
–Nos tomó una semana que estuviera cómodo con eso –murmuró.
Eso debía ser algo que jamás era visto en los hogares mágicos, pensó Harry, y se preguntó algo entretenido que diría Draco Malfoy si lo viera.
–Esto está muy bueno, Dobby, gracias –dijo después de unas cuantas mordidas.
Dobby se sonrojó.
–Dobby está feliz de servir, Harry Potter, señor.
–Así que, Harry –dijo la señora Granger–. No hemos tenido la oportunidad de hablar contigo desde el verano pasado, pero Hermione nos contó todo lo ocurrido este año… incluyendo el asunto con el basilisco. Fue muy… valeroso de tu parte, el enfrentarte a esa cosa. –Quería decir imprudente, irresponsable, y loco, pero se contuvo por el bien de Hermione.
–Pues, no podíamos dejar que Ginny muriera –respondió Harry incómodo–. Y Ryddle hubiera venido tras el resto de nosotros poco después. Ya había atacado a Hermione una vez, y también me quería a mí…
Hermione le lanzó una mirada para advertirle que tuviera cuidado de lo que decía. Lo único que no les había dicho a sus padres del suceso era que Ryddle había ido tras ella para llegar a él. Ella no creyó que se lo tomarían bien.
–Estamos felices de que se ha ido –dijo ella. Bueno, esa versión de él se ha ido, agregó mentalmente.
–Sí… Aunque es Hermione quien merece el crédito –dijo Harry intentando ayudar–. Nunca hubiéramos encontrado la cámara o saber cómo derrotar al basilisco sin ella.
–Pero tú fuiste quien lo mató y prácticamente fuiste aplastado por hacerlo –intentó desviar la conversación de ella.
–Sí, pero tú fuiste quien descubrió como deshacerse de Ryddle.
–Bueno, como dijo el profesor Dumbledore, todos nos salvamos por lo menos una vez esa noche –dijo rápidamente.
–Sí, supongo que hacemos un buen equipo –dijo Harry algo incómodo.
Hermione asintió evasivamente.
–Esperemos que no tengamos que poner eso a prueba de nuevo.
Aun así, fue una buena visita. De hecho, él nunca había podido sentarse a la mesa y hablar como una familia normal (los Weasley no contaban como una familia normal, se recordó a sí mismo). Los Granger le contaron sobre sus vidas y aclararon algunos detalles sobre el mundo muggle con los que él no había estado al corriente. Harry no tenía mucha experiencia hablando de sí mismo, pero ellos lo comprendieron. Se preguntó si así hubieran sido las cosas si sus padres hubieran vivido. ¿Tendría hermanos y hermanas? ¿Tendría un elfo? ¿El elfo hubiera comido en la mesa? Probablemente lo último no, pero aun así, esperaba que Hermione apreciara lo afortunada que era. Regresó tarde a Privet Drive, pero sonriendo, y nada de lo que dijeron sus familiares lo afectó. Esa visita definitivamente lo ayudaría a aguantar las siguientes semanas.
Hermione se dio cuenta de que estaba tan ocupada como siempre ese verano. Entre la tarea de verano, intentando adelantar sus nuevos estudios en álgebra lineal, cursos rápidos en ciencias muggles e historia, y su ensayo para Magizoología Mensual, no había mucho tiempo para dedicarse a su proyecto de creación de hechizos, aunque definitivamente no iba a abandonarlo.
Había aprendido las bases de la ingeniería inversa de hechizos en Aritmancia el año anterior, similar a la detección de hechizos, su análisis, y modificación. No había tenido razón para utilizar esa habilidad en práctica aún, además de su encantamiento de cambio de color para enfrentarse al basilisco, pero decidió que ahora era un buen momento para ponerlo en buen uso, cuando tenía algo de tiempo extra ese verano. Después de todo, había cierto hechizo que quería aprender a realizar, y sólo con ingeniería inversa sería capaz de comprenderlo lo suficiente bien para hacerlo.
Comenzó con lo que sabía. Primero, era un hechizo que afectaba a las personas. Eso quería decir que debía de incluir ciertos elementos aritmánticos que lo hacían más complicado que encantamientos básicos. Al igual que la Ley de Gamp prohibía la transformación de vida como una de sus cinco excepciones (seres vivos, claro, no creaciones mágicas), también muchos hechizos eran menos efectivos en las cosas vivas.
Segundo, era un maleficio (a menos que fuera uno de esos nombrados erróneamente, como la maldición de las piernas unidas era aritmánticamente un maleficio). Eso quería decir que su mecanismo de acción principal era descrito usando ecuaciones trascendentales. Esos eran de nivel de matemáticas de sexto año, en su mayoría, pero eso era trivial para ella, y las técnicas eran similares.
Tercero, el hechizo era, en su núcleo, un hechizo de transformación. Esa era la parte difícil. En clase, se habían enfocado menos en la aritmancia detrás de las transformaciones que en la de los encantamientos, y los libros de texto eran similares, pero estaba segura de que tenía lo suficiente para continuar.
Finalmente, sabía lo que el hechizo hacía, la encantación, y tenía una idea decente del movimiento de la varita. Eso no era suficiente para realizar el hechizo, aunque uno probablemente podría lograrlo intentándolo por un tiempo. En su lugar, comprensión de las energías involucradas era requerida, y por eso, necesitaba trabajar en reversa con aritmancia para poder hacer ingeniería inversa y reproducir el hechizo basándose en esos parámetros. Era más difícil que cualquier cosa que había hecho en clase, pero tenía todo el verano para hacerlo. Y mientras examinaba las notas que había creado, estaba segura de que podía hacerlo, aún si no podía probarlo.
Hermione comenzó a trabajar en el problema de nuevo, como lo había estado haciendo en ocasiones desde el inicio de sus vacaciones, pero ese día fue interrumpida por la llegada de una lechuza de aspecto desaliñado que resultó llevar una carta de Ron. Le dio a Errol algo de tomar mientras tomaba la nota y la leía con bastante sorpresa. Eran buenas noticias. Parecía que los Weasley habían tenido algo de suerte. Y funcionaba para ella. Sus padres también querían irse de vacaciones, así que ella tampoco estaría durante el mismo periodo. Sólo esperaba que Harry se lo tomara bien.
Querido Harry:
¡Adivina que! ¡Mi papá ganó el premio del Profeta! Es una enorme lotería anual en el periódico. ¡700 galeones! Los vamos a usar todos en unas vacaciones a Egipto para visitar a Bill, pero mamá y papá también me comprarán una varita nueva, así que Hermione está libre de hacerlo. Queremos invitarlos a ambos a cenar antes de irnos. ¿Crees poder venir el sábado que sigue? Los padres de Hermione también vienen. Hazme saber lo que digan los muggles, ¡y no dejes que te depriman!
Hasta luego,
Ron
Usar la red flu rumbo a la Madriguera el año anterior fue algo confuso, pero los Granger pensaron que era preferible a lo que estaban haciendo ahora: usar el autobús noctámbulo.
–La próxima vez, usemos el auto –gritó Hermione. Ella y sus padres estaban juntos contra la pared, evitando deslizarse fuera de los asientos y esperando que el autobús no se estrellara.
–Es lo que Ron dijo el año pasado –respondió Harry. Él tampoco se estaba divirtiendo mucho en el autobús, pero había estado en él lo suficiente que sólo apretó sus dientes y se agarró con fuerza.
Llegaron a la Madriguera enteros, y fueron dejados en la entrada a la propiedad… donde comenzaban las barreras. Mientras caminaban a la entrada principal, la señora Weasley salió de la casa, seguida de los Weasley más jóvenes.
–Sr. y Sra. Granger, es un placer verlos de nuevo –dijo la señora Weasley–. Y a ustedes también, Harry, Hermione. Pasen, pasen.
Entraron a la casa en fila, donde ya podían oler el aroma de una de las famosas cenas de la señora Weasley en el horno. La Madriguera tenía el mismo aspecto cálido, hogareño, y caótico que el año anterior, excepto por la montaña de equipaje en la puerta, donde la mitad de sus cosas para el viaje estaban listas. Los niños se mezclaron en el grupo en la sala mientras la señora Weasley regresaba a la cocina para poner la mesa.
–Hola, amigos –dijo Ron, dando un golpe a Harry en la espalda–. Es bueno verlos.
–A ti también, Ron –dijo Harry.
–Ho...hola, Harry –dijo una voz tímida. Se dieron la vuelta para ver a Ginny completamente sonrojada, sin poder verlo a los ojos.
–Hola, Ginny –dijo Harry, haciendo un breve gesto con su mano. Ginny respondió el gesto y después dirigió su atención a otro lado para poder respirar.
–Felicidades por el viaje –dijo Hermione. Abrazó a Ron algo incómoda y distante–. Suena divertido. Nosotros vamos a ir a Francia la próxima semana.
–Genial. ¿Vas a ir a la zona mágica de Paris?
–Eso quiero, pero no sabemos cómo encontrarla.
–Percy probablemente sabe –habló Ginny–. Sabe todas las cosas relacionadas al Ministerio.
–¿En serio?
–Oh, sí –dijo George, acercándose con una sonrisa–. Ya tiene todo planeado para ser Ministro de Magia. Ha estado escribiéndose con alguien en Cooperación Internacional o algo así.
–Es bastante fastidioso –agregó Fred.
–Pero estoy seguro de que puede averiguarlo por ti.
–Gracias, le preguntaré.
Percy, resultó, se la pasaba encerrado en su cuarto la mayoría de los días. Por las cartas de sus hermanos menores, Harry y Hermione aprendieron que los Weasley tuvieron una larga discusión familiar sobre lo ocurrido el año anterior. Resultó que aunque Percy estaba preocupado porque Ginny pudiera estar enferma, no la había estado espiando como ella había pensado. De hecho, él pensó que ella lo estaba espiando a él, intentando encontrarlo con su hermana, quien resultó ser Penelope Clearwater. Percy aún se sentía culpable por eso, y era algo incómodo para él y Ginny estar en el mismo cuarto. O quizás era más eso, como los gemelos sospechaban, y pasaba mucho de su tiempo escribiéndole a Penelope. De cualquier modo, cuando Hermione lo encontró y le preguntó, él no sabía de memoria donde encontrar la zona mágica de Paris, pero dijo que estaba en un directorio en su cuarto y que lo buscaría después.
–Bien, esto no se va a comer solo –dijo la señora Weasley una vez que todos se sentaron a la mesa–. Adelante.
La comida era excelente, al igual que en su visita anterior. La señora Weasley en verdad tenía un don, y estaban seguros de que le gustaba deleitar a sus invitados.
–Quería agradecerles en persona por criar a una hija tan valiente y cariñosa, Sr. y Sra. Granger –dijo–. Estamos tan agradecidos con ella y Harry por salvar a Ginny.
–Eh, sí, ciertamente es única –dijo Emma algo incómoda. Si tan solo eso no la pusiera en peligro mortal.
Por suerte, nadie presionó el asunto (Hermione lanzó una mirada molesta a Harry y Ron para que no dijeran nada) y pronto cambiaron de tema. Ron mencionó las últimas noticias en la fase de grupo de la Copa Mundial de Quidditch. Hermione no había prestado mucha atención a eso… apenas y había registrado que había una Copa Mundial de Quidditch, pero se preguntó si sería un ejercicio interesante el mirar las estadísticas. La familia Weasley entera estaba interesada en el quidditch (a diferentes niveles, por supuesto), así que los Granger recibieron un largo discurso sobre el tema. Aunque los intereses de Ginny eran más cercanos. Había estado practicando su vuelo más ahora que sus hermanos la dejaban volar con ellos, y Fred y George, por lo menos, tenían cosas buenas que decir sobre su habilidad. Hermione estaba feliz de ver que Ginny ya no estaba enfocándose en Harry; no lo estaba ignorando, pero estaba abriéndose más con Hermione y sus hermanos y no se paralizaba cada vez que hablaba con Harry directamente. Era difícil de notar, pero pensaba que Harry también lucía más tranquilo por eso.
Mientras tanto, el señor Weasley tenía una nueva lista de preguntas sobre el mundo muggle, y se necesitó el esfuerzo combinado de la señora Weasley y Percy para mantenerlo en línea. Aunque este año, los Granger tenían más preguntas sobre el estilo de vida mágico debido a su intento de combinar su vida con, en términos muggle, un trabajador doméstico criado en esa cultura.
–Así que, Ronald nos cuenta que contrataron a un elfo doméstico –dijo el Sr. Weasley con tono de pregunta.
–Oh, sí –dijo Emma–. Dobby ha resultado ser bastante bueno hasta el momento. Un buen cocinero, bastante dedicado, y la casa nunca se ha visto mejor.
–Seguramente. Es sólo que es tan extraño escuchar que un elfo trabaja por un sueldo. No creo haber escuchado de algo así antes.
–Bueno, es cierto que la mayoría de los elfos nunca pensarían en hacerlo –dijo Hermione–. Y espero que ninguno sea abusado de tal modo para llevarlo a decidirse por eso, como Dobby.
–Estábamos escépticos –dijo Dan–, pero parece estar funcionando para nosotros. Él quería que alguien le pagara, y en el mundo muggle, estamos requeridos a pagarle algo, aún si no es mucho. Además, puede cuidar de Hermione si hay una emergencia.
Hermione casi se ahogó con su bebida. ¿Acaso eso quería decir que sus padres estaba considerando dejarla regresar a Hogwarts, o estaba hablando en general? Pero no lo aclaró, y la conversación continuó.
–Eso suena útil –habló la señora Weasley–. Es la razón por la que amo nuestro reloj. –Señaló el reloj con nueve manecillas en la pared que indicaba en donde se encontraban todos los miembros de la familia. Hermione notó lo que no había visto el año anterior… que una de las posiciones en el reloj decía "Peligro Mortal". Eso sería útil, pensó–. No es lo mismo, por supuesto –agregó la señora Weasley–. Pero es bueno tenerlo.
–Ciertamente –dijo Emma, impresionada–. ¿Cómo lo obtuvieron?
–Oh, es una reliquia de la familia Prewett –respondió como si no tuviera importancia–. Tenemos el libro de hechizos de la familia que dice cómo hacer uno en el ático, pero sólo comprendo la parte que explica cómo agregar nuevas manecillas.
–Ah, bueno, quizás Hermione pueda examinarlo algún día.
Todos los Weasley se detuvieron y observaron a Emma.
–¿Dije algo malo? –dijo algo nerviosa.
–No, lo siento, Sra. Granger –dijo la señora Weasley–. No conoce las tradiciones. Muchas de las familias antiguas tienen libros de hechizos. Ellos… son… bueno, si piensa que…
Percy la salvó.
–No están mágicamente o legalmente unidos a la familia, si es lo que piensan, pero a muchos de nosotros no nos gusta compartirlos fuera de la familia.
–Claro. Gracias, Percy. Es en relación con la identidad familiar… y para no dar hechizos poderosos a personas que no pueden controlarlos.
–Y es la razón por la que nunca nos ha dejado verlo –dijo Fred. Su madre le lanzó una mirada molesta.
–Oh, vaya, lo siento –dijo Emma–. No quise decir nada con eso.
–No te preocupes –dijo el señor Weasley con amabilidad–. Estoy seguro de que hay bastante que aprender al entrar al mundo mágico. Y no es extraño el compartir hechizos de la familia con buenos amigos.
–Además, Hermione y Harry ya prácticamente son parte de la familia –dijo George.
–Sí, por supuesto, considerando los últimos dos años que los niños han pasado. Y ustedes son bienvenidos cuando gusten –dijo la señora Weasley.
Hermione se sonrojó y sonrió con timidez ante eso, aunque Harry estaba rebosando de alegría. Ella aún pensaba que Harry hubiera preferido quedarse ahí todo el verano (y si los libros que mencionaban a su familia eran correctos, fácilmente podía pagar la estancia) si Dumbledore no hubiera insistido en que se quedara con sus parientes. De lo que estaba segura era de que iba a continuar observando a Harry para asegurarse de su bienestar tanto como pudiera.
–Lamento que ambos vayamos a estar lejos al mismo tiempo, Harry –le dijo mientras se preparaban para irse–. No tendrás a donde ir por un mes.
La expresión de Harry decayó un poco pero mantuvo una mirada valerosa.
–Está bien. Los Dursley no se han portado tan mal. He aguantado cosas peores.
–Aún sería mejor si tuvieras un lugar a donde ir.
–Sí… pero estoy seguro de que a la profesora McGonagall y la profesora Vector se les ocurrirá algo si hay algún problema.
–Sabes, Harry –dijo el señor Weasley–, si tienes una emergencia de verdad, puedes quedarte con los Diggory. Amos Diggory también trabaja en el Ministerio y estoy seguro de que te ayudará si le explicas las cosas.
–Oh, por supuesto –agregó Hermione–. Sé que Cedric te ayudará si lo necesitas.
–Gracias –respondió Harry–. Lo tendré en mente.
