La probabilidad de que soy JK Rowling o White Squirrel es 1/población actual del mundo. Creo que es más probable que me gane la lotería…

Partes de este capítulo son citas adaptadas de Harry Potter y el prisionero de Azkaban.

Notas del autor: Me doy cuenta de que es poco realista que los padres de Hermione continúen dejándola regresar a Hogwarts. Pero es lo que la trama demanda, y estoy intentando ser lo más realista posible sin hacer como Rowling y no decirles nada. Sé que es difícil de vender y será aún más, pero mientras Hermione aprenda más magia para protegerse a sí misma, su personalidad imponente logrará compensar por eso.


Capítulo 41

–¿Sirius Black? –dijo Dan Granger mientras veían las noticias en la BBC desde su hotel en París–. Es un nombre extraño.

Hermione sacudió los hombros. Algunas personas tenían nombres extraños.

–Suena a un nombre mágico. ¿Te suena familiar?

Hermione lo pensó por un momento.

–No, no lo creo. Probablemente es una coincidencia. No hay muchos magos después de todo.

–No lo sé –dijo Emma–. No dijeron de donde escapó Black. Lo dirían si pudieran.

–Mmm… –dijo Hermione. Era lógico, aunque no lo creía estadísticamente probable. Con los muggles en superioridad de cinco a uno, incluso eventos bizarros probablemente serían por causa natural–. Lo dudo, hablando estadísticamente –dijo–. Aunque supongo que puedo escribirle a la profesora Vector y preguntarle.

–Es una buena idea –le dijo su madre.

Hermione se preguntó cómo estaba reaccionando Harry por la noticia, o si lo había escuchado. Esperaba que el tal Sirius Black no fuera un mago. Si lo era, tenía un mal presentimiento sobre Harry… No, esa era la Falacia del Apostador. No había razón para pensar que Black tenía algo que ver con él, ¿y qué la profesora Trelawney no había dicho que no tenía el don para la adivinación?


Sin que Hermione lo supiera, en ese momento Harry estaba recibiendo una visita de la profesora McGonagall, junto con sus parientes renuentes.

–¿Has estado bien, Potter? –preguntó McGonagall.

–Eh, igual que siempre –dijo Harry. Hubiera preferido ver a sus amigos en su cumpleaños, pero se las estaba arreglando, y los Dursley se estaban manteniendo al margen.

–Muy bien, Potter. Sin embargo, tengo algo que decirte hoy. –Se dio la vuelta y se dirigió a los Dursley–. ¿Han escuchado las noticias muggle sobre el escape del convicto Sirius Black?

–Por supuesto. ¿Qué…? –comenzó Vernon, pero se detuvo y se atragantó mientras se daba cuenta de la verdad.

–Él… ¿es uno de ustedes? –dijo Petunia horrorizada.

–Eso me temo –dijo McGonagall–. Era un seguidor especialmente vil de Quien-No-Debe-Ser-Nombrado.

–Y… y… ¿va a ser un problema aquí? –dijo el tío Vernon con tono amenazante.

–El profesor Dumbledore me asegura que no hay peligro –dijo McGonagall con frialdad–. Creo que están conscientes de las protecciones mágicas en su hogar. ¿Petunia?

Harry se dio la vuelta y observó a su tía con sorpresa mientras ella estaba de pie con la boca abierta. El tío Vernon entrecerró sus ojos y la observó con sospecha.

–Venían con el muchacho –soltó cuando recuperó su voz–. Se supone que… mantienen a los magos malos lejos de nosotros –susurró.

–Oh… bueno, entonces –dijo el tío Vernon, aunque aún no lucía contento por tener magia en su casa.

Con eso, la profesora McGonagall regresó su atención a Harry.

–Potter, el profesor Dumbledore pide que no dejes tu vecindario hasta que sea momento de que hagas tus compras y regreses a la escuela… por precaución, por supuesto. Me disculpo por la inconveniencia.

–Oh… –dijo Harry–, bueno, mis amigos están fuera del país hasta finales del verano, así que iba a hacer eso de todos modos.

–Ya veo. –La profesora se sintió mejor con eso–. Me alegra de que todo resultara. La profesora Vector o yo continuaremos viniendo a asegurarnos que no haya problemas.

–Gracias, profesora.


Ese Potter –dijo tía Marge en voz alta, cogiendo la botella de brandy y vertiendo más en su copa y en el mantel–, nunca me dijiste a qué se dedicaba.

Tío Vernon y tía Petunia estaban completamente tensos. Incluso Dudley había retirado los ojos del pastel y miraba a sus padres boquiabierto.

No… no trabajaba –dijo tío Vernon, mirando a Harry de reojo–. Estaba parado.

¡Lo que me imaginaba! –comentó tía Marge echándose un buen trago de brandy y limpiándose con la manga–. Un inútil, un vago y gorrón que…

No era nada de eso –interrumpió Harry de repente. Todos se callaron. Harry temblaba de arriba abajo. Nunca había estado tan enfadado.

¡MAS BRANDY! –gritó tío Vernon, que se había puesto pálido. Vació la botella en la copa de tía Marge–. Tú, chico –gruñó a Harry–, vete a la cama.

No, Vernon –dijo entre hipidos tía Marge, levantando una mano. Fijó en los de Harry sus ojos pequeños y enrojecidos–. Sigue, muchacho, sigue. Conque estás orgulloso de tus padres, ¿eh? Van y se matan en un accidente de coche… borrachos, me imagino…

¡DONG!

Harry y tío Vernon dieron un salto, y tía Petunia casi gritó. Harry estuvo seguro por un momento de que había explotado un reloj o algo con magia accidental, pero el enojo irracional y la presión seguían ahí, sin ser liberados. Sin embargo, un segundo después, comenzaron a alejarse cuando se dio cuenta de que el sonido, de hecho, había sido el timbre.

Tía Petunia, sorprendentemente, pareció reconocer el peligro de inmediato.

–Ve a la puerta, Harry –dijo para alejarlo de tía Marge.

Harry no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se apresuró a la puerta. Que sea un profesor. Que sea un profesor. Que sea un profesor, pensó. Abrió la puerta. Era la profesora Vector.

–Oh, profesora, gracias a Merlín –dijo, suspirando con alivio–. Creo que estaba a punto de hacer algo indebido.

Vector de inmediato se puso en alerta.

–¿Por qué, Potter? ¿Cuál es el problema?

–Mi tía Marge está aquí –susurró con urgencia–. No sabe sobre la magia y está hablando sobre lo terribles que eran mis padres…

–¿Quién es muchacho? –demandó tío Vernon desde el comedor.

Harry pensó con rapidez.

–Eh, una visita de la trabajadora social, tío Vernon –respondió, agradecido de que la profesora Vector usaba ropa muggle. Su atuendo anticuado incluso lo ayudaría en este caso.

–¿Trabajadora social? –Se escuchó una fuerte voz desde el comedor–. Me gustaría conocer quién puede controlar a una pequeña bestia. –Se escuchó el ruido de alguien intentando ponerse de pie con pesadez mientras tía Marge caminaba al vestíbulo.

–¿Trabajadora social? –susurró Vector con confusión.

–Le dijeron a tía Marge que voy al Centro de Seguridad San Bruto para Delincuentes Juveniles Incurables –susurró Harry en respuesta.

Vector elevó una ceja con sorpresa, pero en ese momento, la tía Marge llegó a ellos. Enfrentada a esa mujer enorme, gorda, y bastante borracha con… ¿bigote? Vector rápidamente se acomodó en su postura más imperiosa e intimidante. Severus hubiera estado orgulloso.

–Buenas noches, señora… –comenzó Vector.

–Marjorie Dursley –dijo en medio de su hipo, sin ofrecer su mano–. La hermana de Vernon.

–Un placer –mintió Vector–. Septima vector. Departamento de…

–Servicios Sociales –murmuró el tío Vernon.

–Servicios Sociales, sí. Me disculpo por la hora, pero necesitaba revisar el estado de Harry y las cosas han estado algo… caóticas en la oficina.

–Me imagino, si la mitad son tan terribles como este chaval –respondió tía Marge, clavando su dedo en Harry con fuerza–. Espero que el muchacho esté siendo disciplinado de manera adecuada en San Bruto.

–Eh… oh, sí, bastante –respondió Vector, aguantando sus ganas de sacudir su cabeza.

–Me aseguraría si fuera usted. El muchacho no parece tomarse seriamente los golpes.

¿Golpes? ¿Hay escuelas muggles que aún golpean a los estudiantes?

–Pues… eh, puede ser así algunas veces. Ya conoce al tipo. Hablan con importancia, aunque son diferentes bajo presión… Debería de haber visto la paliza que recibió en mayo por estar fuera del área permitida de nuevo. No pudo levantarse de su cama hasta la mañana siguiente.

Harry creyó ver una leve sonrisa en el rostro de Vector. Creo que está disfrutando esto mucho, pensó.

–Bueno, diles que continúen. Si tienen suerte, quizás y aprenda antes de llegar a la mayoría de edad. Es lo único que funciona con un buscapleitos con una inteligencia por debajo de lo normal.

Vector tosió un poco. Severus era el único maestro en Hogwarts que declararía eso.

–Justo estaba diciendo a Vernon y a Petunia que todo es por mala sangre –continuó tía Marge–. Usualmente la madre. Yo debería de saberlo… Lo veo todo el tiempo en mis perros. La madre del muchacho era una manzana podrida.

¿Acaso esa "mujer" acababa de llamar a Lily Potter una…? Pensó Vector, pero logró contenerse. En mayor parte.

–No en este caso –dijo–. He visto su expediente. Su padre era el único en el sistema… aparentemente era conocido por realizar bromas elaboradas en sus días de escuela.

Harry enfocó su oído. Eso era bastante específico para ser inventado. ¿Acaso la profesora Vector le estaba diciendo algo de su padre?

–Bromas –se burló tía Marge–. Lo que los culpables nombran a un sucio y podrido engaño. Bueno, entonces es por mal juicio, obviamente, falleciendo en un accidente automovilístico.

Harry apretó sus puños, intentando contenerse de nuevo. En un apuro, ramas torcidas pueden ser enderezadas con unas pinzas ordinarias, dependiendo del tipo, recitó en su cabeza.

–Ah, terrible situación –respondió Vector con inocencia–. He leído el expediente… un camino rural sinuoso, mal clima… –Se acercó a ellos como las amigas chismosas de tía Petunia–. Había algo de evidencia de que un conductor de camión los empujó fuera del camino, pero nunca fue comprobado.

Harry apenas y pudo contener una carcajada mientras tío Vernon y tía Petunia soltaban un grito ahogado detrás de tía Marge. Había hecho más para socavar el poco aprecio que tía Marge tenía por sus padres en diez segundos de lo que él había podido en toda la semana. Por una vez en su vida, tía Marge estaba sin habla.

–Bien, sólo necesito un momento con Potter y puedo retirarme –continuó Vector.

–Eh, cierto, cierto –dijo tía Petunia intentando salvar la situación–. Estaremos en el comedor. –Y ella y tío Vernon llevaron a tía Marge lejos.

–Eso fue brillante, profesora –dijo Harry cuando estuvieron lejos–. ¿Cómo se le ocurrió?

–Quizás se me está pegando la astucia de la señorita Granger. ¿Necesitas más ayuda para lidiar con ella?

–No lo creo. Se va mañana, gracias a Dios. Pero gracias por venir. No tengo a donde ir por el momento, y hubiera sido malo si hubiera hecho algo malo.

–No hay problema, Potter. Escríbeme si hay más problemas.

–Sí, señora… Profesora, ¿mi papá en verdad era un bromista? –preguntó Harry.

Vector asintió.

–Peor que los gemelos Weasley, él y sus amigos. De hecho, en verdad molestaba a tu madre. Por suerte, maduró bastante en su sexto año. Te contaré algunas historias después.

Harry sonrió ante eso, aún si no era la historia que esperaba.

–Gracias, profesora.

–No hay de que, Potter. Buenas noches.

Mientras la profesora vector dejaba la propiedad, no notó, pero Harry sí, a un perro negro grande sentado al otro lado de la calle.


Hermione estaba cada vez más nerviosa después de regresar de Francia. Ya había terminado su tarea, y era muy tarde para rehacerla para otra escuela. Apenas y tendría tiempo de obtener sus libros nuevos, y la estaba matando el no poder decirle a sus amigos lo que estaba ocurriendo. Sus padres también lo notaron, aunque no querían pensar en eso. Si eran honestos, habían pospuesto esa discusión por mucho tiempo.

–Hermione se está poniendo muy nerviosa –dijo Emma mientras se sentaba en la mesa de la cocina.

Dan asintió con seriedad.

–No la culpo. No me gusta tenerla esperando de este modo. No puedo aguantar la idea de enviar a nuestra bebé de regreso a ese manicomio. Quiero decir, no entiendo lo que ve en ese lugar.

–Vamos, Dan, sabes mejor que eso. Ella ve que tiene los mejores amigos que nunca ha tenido. Y una maestra que ha hecho todo por estimular su intelecto y apoyar sus estudios avanzados… sabes lo difícil que tuvimos que trabajar para obtener eso para ella en la primaria… y ha encontrado un tipo de fortaleza diferente que, si somos honestos, ninguno de nosotros sabía que tenía.

–Sí, enfrentándose a la muerte tres veces –exclamó.

–Lo sé –dijo Emma con voz tranquilizante–. Estoy contigo. Es sólo por su bien que estamos teniendo esta discusión. Pero necesitamos decidir esto esta noche. Ya casi se nos acaba el tiempo.

–De acuerdo –dijo Dan, cruzando sus manos–. Hablemos. Creo que debemos enviarla a Beauxbatons. Sí, sé que la devastará dejar a sus amigos, pero es por su propio bien. Hermione continúa diciendo que la amenaza se ha ido, pero me pregunto si no se está engañando a sí misma.

–No está completamente mal –dijo Emma–. El monstruo y el… espíritu ese que lo estaba controlando están muertos.

–Claro, ¿pero qué será la próxima vez? ¿Hombres lobo? ¿Demonios? ¿Y qué tal ese Sirius Black? La profesora Vector dijo que era uno de los terroristas sangre pura supremacistas. Incluso si el Ministerio de Magia proveerá la seguridad, no me agrada.

Eso era difícil de refutar.

–No lo sé –dijo Emma con cautela–. Con tantas oportunidades que le hemos dado ya al lugar… sólo quisiera que hubiera alguna manera de llegar a un compromiso. Quiero que sea feliz. Odio imaginar lo que le hará si la sacamos.

–Yo también, cariño, pero es todo o nada en lo que respecta a las escuelas. No puedo verla regresar hasta no ver que su sistema de seguridad en verdad funciona.

–Lo sé. Quisiera poder. Lo único en lo que puedo pensar es que tendrá a Dobby con ella. Puede llamarlo en cualquier momento, y se puede ver que la protegerá con su vida.

–Pero sólo es un elfo –dijo Dan. Levantó su mano cuando vio a Emma fruncir el ceño–. No tengo nada en contra de los elfos. Ha sido maravilloso este verano. Pero mide tres pies de alto y eso no me da confianza.

Lanzó a un hombre contra unas escaleras –le recordó.

Dan sonrió un poco por eso. El elfo lo había ganado un poco al despertar su instinto de padre protector cuando escuchó eso, pero sólo había sido una pequeña consolación por todos los problemas en los que su hija se había metido en los últimos dos años.

Continuaron hablando por un largo tiempo, pero sólo iban en círculo. Emma en verdad quería encontrar una razón para convencerse de que no sería una locura dejar que su hija regresara a Hogwarts, e incluso cuando su mente estaba más decidida que la de ella, también lo pensó Dan. Pero sin importar lo que dijeran, sus palabras no tenían fundación. Si se eran honestos, ni siquiera sabían lo suficiente sobre el mundo mágico para comprender el riesgo.

–De acuerdo, pensemos esto de manera lógica –dijo Emma después de que habían atacado la última pregunta por un tiempo sin éxito–. Después de todo, es lo que Hermione siempre hace… bueno, normalmente. Comencemos con su primer año. Ese año, hubo un troll y todo el asunto del profesor poseído.

–No te olvides del bebé dragón –dijo Dan–. Quizás no estuvo en peligro, pero definitivamente no debió estar ahí. Y eso es sólo lo que le ocurrió a ella. Su amigo Harry casi murió cuando el maestro embrujó su escoba.

–De acuerdo, eso también. Pero recuerda quien dejó entrar al troll, y quien le dio el huevo de dragón a Hagrid.

Dan asintió lentamente al recordar.

–Todas las cosas que ocurrieron ese año fueron por ese maestro… el profesor Quirrell, quien estaba siendo poseído por Vol… Voldi… ese tal Quien-Tú-Sabes, o cual sea su nombre, y sellaron el agujero por el que entró. El director dijo que lo que hicieron el año pasado lo hubiera detenido.

–Sí, lo recuerdo –respondió Dan–. Pero este año pasado, Quien-Tú-Sabes fue quien causó problemas de nuevo, excepto que usó un libro maldecido para poseer a la amiga de Hermione, Ginny. Sí, mataron al monstruo, así que no puede hacer eso de nuevo, ¿pero qué tal si tiene otros trucos en la manga? ¿Qué tal si tiene otro libro, y posee a alguien para que la ataque directamente?

–¿Pero por qué?

–Pues, le lanzó un hechizo en la cara. Dos veces.

–Oh, cierto –dijo Emma–, pero la profesora Vector ha estado ahí más de veinte años, y nada a ese nivel ha ocurrido. Y de acuerdo a los libros de historia de Hermione, eso incluye diez años de guerra. –Se detuvo y sacudió su cabeza–. De acuerdo, eso ni siquiera es el punto… –Respiró profundamente e intentó articular la idea que estaba produciéndose en su mente–. Mira, piénsalo de este modo: Hermione y la profesora Vector nos dijeron todo sobre los ataques y heridas graves en la escuela, pasadas y presentes. ¿Qué tienen en común?

–Pues, si prestamos atención, suena a que todo lo malo que ha ocurrido en esa escuela, además de heridas deportivas o bravucones, los cuales ocurren en cualquier lado, pero todo en los últimos cincuenta años se debe al tal Quien-Tú-Sabes.

–¡Exacto! –El rostro de Emma se tornó serio–. Pero Sirius Black se supone era uno de sus mejores seguidores.

–Sí… así que la verdadera pregunta es qué medidas de seguridad está tomando la escuela en contra de Sirius Black. Después de todo, ¿por qué se molestaría en actuar Quien-Tú-Sabes si su mejor seguidor está disponible?

–Espera. Tengo la copia de la carta de la profesora Vector por algún lado… –Movió varios papeles en la esquina del mostrador–. Ah, aquí está. Veamos… "Cada entrada a los terrenos será vigilada en todo momento por los guardias traídos de la prisión de Azkaban.

–¿Los mismos guardias que lo dejaron escapar en primer lugar? –dijo Dan.

–Eso es lo que parece. Aun así… "Cualquiera que cruce las barreras en cualquier otro punto que las entradas designadas será arrestado de inmediato, sin excepción. La zona alrededor del castillo, en especial Hogsmeade, será patrullada por aurores (detectives y cazadores de magos oscuros), y magos golpeadores (oficiales de crímenes violentos". Bueno, presencia policial es buena.

–Sí, suena a que alguien está tomando precauciones, por lo menos.

Es más de lo que tenían el año pasado.

–Cierto, pero me sentiría mejor si supieran como escapó en primer lugar. ¿Y qué tal si usa otro libro maldecido o algo?

Pero la profesora Vector también había respondido eso: "Todo el equipaje será escaneado en búsqueda de magia oscura al llegar. Cualquier equipaje mostrando señales de magia oscura será examinado." Suena seguro… Por supuesto, se supone que la prisión de Azkaban era imposible de escapar.

–Así que la verdadera pregunta es, ¿confiamos en estas nuevas medidas de seguridad? –dijo Dan con firmeza.

Eso los llevó a otra larga discusión. Las nuevas medidas de seguridad eran alentadoras, especialmente ya que eran patrocinadas por el Ministerio y no a través de la escuela. Por otro lado, también estaba la reacción visceral de que después de dos años de ese desastre, no querían que Hermione se acercara a ese lugar de nuevo. A través de varios puntos, Emma llegó a la cuestión más importante.

–No quiero pensar que la escuela es tan peligrosa. Después de todo hay otros trescientos niños ahí.

–Sí, y tres de ellos fueron atacados por ese monstruo el año pasado, y uno fue poseído –dijo Dan–. Pero veo tu punto. Hay cientos de otras familias que también quieren mantener a salvo a sus niños, y van a querer asegurarse de que el Ministerio se mantenga al tanto de todo… No lo sé, ¿qué te dice tu instinto? –dijo Dan.

Emma sonrió con cautela.

–Vas a pensar que estoy loca.

–No lo haré, cariño.

–Sí, lo harás, porque yo creo que estoy loca. Honestamente, mi instinto me dice que las medidas de seguridad no serán suficientes… pero mi instinto también me dice que Hermione va a estar bien.

–Bien… eso suena algo extraño –dijo Dan con cautela–. ¿Crees que deberías hacer un examen para medir tu habilidad para la adivinación como ella?

Emma se rió.

–Es sólo que Hermione comenzará a inventar sus propios hechizos este año, y sabemos lo que ya ha logrado con esa habilidad. Además, va a tener a Dobby a su alcance, y quizás a otros de sus amigos elfos si hace las cosas bien. Sé que todavía no cumple catorce años, pero debes de admitir que está creciendo. Creo que puede cuidarse… definitivamente mejor que antes.

–Oh, sé que puede. –Dan suspiró y observó a la nada por un largo tiempo–. Lo más loco es que yo siento lo mismo –concluyó–. No me agrada. Y he perdido la cuenta de cuantas veces he dicho eso. Pero supongo que si lo analizamos de manera racional, tenemos que admitir que objetivamente, el riesgo no es tan alto. Con Dobby y las nuevas medidas de seguridad, está mucho más protegida que antes. Y por mucho que no quiero, tengo que admitir que los desastres en los que se ha metido probablemente fueron coincidencias. No lo sé… Supongo que si tú te sientes cómoda dejándola ir, puedo estar de acuerdo.

–No –dijo Emma–, no creo que nunca me sentiré cómoda, pero creo que es lo suficiente seguro que estoy dispuesta a hacerlo por el bien de Hermione… Aunque no creo que debamos decirle aún. Veamos si nos sentimos igual en la mañana, y lo decidiremos con seguridad.

–De acuerdo, cariño, puedo vivir con eso.

Fue una noche intranquila y sin mucho sueño para ambos (y Hermione tampoco se sentía muy bien), llena de continua examinación interna y conversaciones en murmullos, pero eventualmente, en la fría luz del día, acordaron que estaban dispuestos a dejarla ir… no el darle a Hogwarts otra oportunidad: sentían que ya habían usado todas… pero el darle la oportunidad al Ministerio (y a Dobby) de arreglar las cosas.

El grito resultante de alegría de Hermione fue escuchado en todo el vecindario y casi le dio un ataque al corazón a Dobby.


–¿Hermione? –dijo Emma, dando unos golpes suaves a la puerta abierta de su hija. El entusiasmo de su hija había disminuido en los últimos días, y ahora se enfocaba en prepararse para su regreso a la escuela.

–¿Sí, mamá? –dijo Hermione, levantando la mirada de su libro de álgebra lineal.

Emma cerró la puerta y se sentó en la cama, lo cual elevó la sospecha de Hermione.

–Pues… –dijo lentamente–, ahora que sabemos que vas a regresar a Hogwarts, creo que es justo que firme tu permiso para ir a Hogsmeade.

–Oh, cierto –sonrió Hermione. Se levantó y sacó el pergamino de su montaña de papeles–. Aquí está.

–Bien –dijo Emma, tomando un bolígrafo–. Ahora, esperamos que te comportes y te mantengas al corriente con tu tarea.

Hermione casi se rió.

–Sí, mamá.

–Suena a que será agradable salir del castillo de vez en cuando –dijo su madre distraídamente–. Apuesto a que es popular con los estudiantes mayores ya que es el único lugar al que pueden ir para citas.

–Sí, muchos de mis amigos mayores comenzaron a salir con alguien en su tercer año.

Emma lanzó una sonrisa traviesa a su hija.

–¿Y hay algún chico que esperas te invite a Hogsmeade?

–¡Mamá! –gritó Hermione, indignada–. Yo… yo probablemente iré con Harry y Ron. –Honestamente no había pensado en alguno de ellos de ese modo… ni en ningún otro joven… Bueno, quizás Cedric…

–Bueno, ya casi tienes catorce años, amor –respondió con falsa modestia–. Nunca sabes si algún muchacho llamará tu atención.

De repente, la mente analítica de Hermione comprendió todo. Se recostó en la cama con pesadez, cubriéndose el rostro.

–Oh, no, ¿quieres hablar conmigo sobre eso, verdad?

–Lo siento, Hermione, pero tengo que hacerlo en algún momento. Es un rito en la vida de toda jovencita.

–Mamá, nos dan un seminario sobre todo eso antes del primer fin de semana en Hogsmeade –dijo.

Emma se sorprendió por un momento.

–¿En verdad?

–Sí. Alicia me lo dijo hace dos años. Es básicamente lo mismo que en el mundo muggle… quieren que lo aprendamos de manera correcta antes de que aprendamos mal de los estudiantes mayores… excepto que hay algunas cosas que los hijos de muggles no sabrían.

–Mm… ¿cómo qué? –dijo Emma, repentinamente sintiendo que los roles habían cambiado.

Hermione se sonrojó, pero intentó responder.

–Pues, sólo lo he escuchado de segunda mano, pero aparentemente magia accidental puede ocurrir en… ciertas situaciones. Y entonces… nos advierten sobre no abusar de ciertos hechizos y pociones. –A pesar de su vergüenza, se alegró un poco de ver que su madre se sonrojaba un poco con eso.

–Eh, ¿eso ocurre bastante? –preguntó.

–He intentado evitar los detalles, pero con mis compañeras de cuarto, escucho muchos rumores. Pero bueno, también nos enseñan el encantamiento anticonceptivo…

Emma se atragantó.

–¿Ha...hay un encantamiento? –dijo una vez dejó de toser.

–Mamá, ¿en verdad crees que los magos no han inventado uno en miles de años? –dijo Hermione con voz monótona.

–Pues, no sabía lo difícil que es. Has dicho que la magia no afecta a las personas tan bien como a los objetos inanimados.

–No es tan difícil. En un método de barrera. Probablemente yo podría inventarlo después de otro año de Aritmancia.

Emma se sonrojó de nuevo, al igual que Hermione cuando se dio cuenta de lo que había dicho.

–Y… y… es, tú sabes, ¿eficaz? –preguntó Emma.

Hermione suspiró.

–Mamá, la tasa de crecimiento de la población mágica ha estado estática por siglos.

–De acuerdo, bien, lo entiendo… pero aún necesito hablar contigo sobre eso… al estilo muggle. Es mi deber como madre.

–Bien, hazlo de una vez –gruñó Hermione.

Por suerte para Hermione, crecer con un par de dentistas significaba que estaba familiarizada con la fisiología humana al punto de que lo más vergonzoso no tomó mucho. Después de todo, su madre en verdad tenía buenos consejos sobre citas y relaciones. Claro, no pensaba que los usaría pronto, pero estaba de acuerdo con que era mejor estar preparada.


La profesora McGonagall escribió a Harry y le dijo que el profesor Dumbledore recomendó que no tomara el autobús noctámbulo directamente a Londres, para cubrir su rastro un poco más. Al escuchar esto, los Granger se ofrecieron a llevarlo, así que tomó el autobús a su casa.

Hermione abrió la puerta y lo abrazó de inmediato.

–Harry, es bueno verte –dijo ella–. ¿Cómo has estado?

–Bien –dijo–. Los Dursley no se portaron tan mal este año. E incluso logré que tío Vernon firmara mi permiso para ir a Hogsmeade.

–Oh, Harry, eso es genial. Estaba preocupada por eso.

–Sí, yo también. Creo que si la profesora Vector no se hubiera aparecido cuando lo hizo, lo hubiera hecho enojar bastante o me hubiera escapado de la casa… o ambos.

Hermione frunció el ceño. Tenía miedo de que hubiera tenido un verano terrible. Se preguntó de nuevo si en verdad valía la pena que regresara con sus parientes. Bueno, por lo menos iba a regresar a la escuela al día siguiente para lo que esperaba sería un año normal.

–Pero bueno –dijo–, ¿así que convenciste a tus padres de que te dejaran regresar?

–Sí, o más bien la profesora Vector, Dobby, y yo lo hicimos, e incluso entonces sólo porque el Ministerio está reforzando la seguridad. ¿Escuchaste sobre Sirius Black?

–Ajá.

–¿Y supongo que a tus parientes no les importa que regreses?

–Nop. Están felices de dejarme ir, y apuesto a que estarían más felices si no regresara.

–¡Harry, eso es terrible! No deberías hablar así.

–Es la verdad. ¿Estás lista para irnos? –Cambió el tema rápidamente.

–Casi. Dobby estaba…

Fue interrumpida cuando el elfo corrió a ellos.

–¡Harry Potter, señor! –chilló Dobby, y abrazó las piernas de Harry.

–Ah, sí, es bueno verte también, Dobby –dijo Harry. Hermione se rió ante su predicamento, y Harry la miró con fastidio.

–Hola, Harry –dijo Dan mientras él y Emma se acercaban a la puerta.

–Hola, Sr. y Sra. Granger. Gracias por llevarme.

–No hay problema, Harry –respondió Emma–. Por favor, entra. Ya casi estamos listos.

Harry entró y vio que el baúl de Hermione ya estaba empacado y sus padres estaban llenando su equipaje de noche. Hermione le indicó que tomara asiento mientras observaba el trabajo de Dobby.

–Dobby nos estaba contando sobre una vez que Malfoy se metió en problemas –dijo–. Dobby, si te sientes cómodo contándole a Harry, creo que le gustaría escucharlo. –Los Granger habían fungido como terapeutas no-oficiales para Dobby durante el verano, incluso cuando Hermione iba con su terapeuta con su cuidadosamente creada versión de lo ocurrido en la Cámara de los Secretos. Estaban intentando estimularlo gradualmente a que hablara de sus antiguos amos y para eliminar ciertos hábitos dañinos que había aprendido con ellos.

–¿Malfoy metiéndose en problemas? Definitivamente –dijo Harry.

Dobby mostró una leve sonrisa.

–Dobby le estaba contando a la señorita Granger que aunque sus antiguos amos son muy ricos, señor, el amo Lucius aún quería enseñar al amo Draco a ser responsable.

–¡Ja! –Se burló Harry–. ¿Malfoy? ¿Responsable? Ridículo.

Dobby tembló un poco.

–N...no, Harry Potter, señor. Aunque el amo Draco es un mago m...malo y br...bravucón… –Hermione colocó una mano tranquilizante sobre su hombro para evitar que entrara en pánico–...es cuidadoso con sus cosas.

–Tiene sentido –dijo Hermione–. Quizás es rico, pero el Sr. Malfoy querría que Draco fuera responsable con el dinero ya que tendrá que hacerse cargo de los asuntos familiares algún día.

–Sí, señorita –asintió Dobby–. Y cuando el amo Draco tenía nueve años, el amo Lucius pensó que el amo Draco estaba gastando muchas varitas de juguete.

–¿Varitas de juguete? –dijo Hermione–. ¿Qué es una varita de juguete? –Sus padres se detuvieron y escucharon con interés.

Dobby la miró con confusión.

–Es una varita que es un juguete para los magos y brujas pequeños, señorita –dijo.

Hermione respiró profundamente para calmarse.

Eso lo entiendo, ¿pero qué hacen?

–Se supone que sólo hacen luces y chispas, señorita –dijo Dobby a modo de disculpa–. Pero el amo Draco estaba realizando hechizos de verdad y las quemaba.

Las cejas de Hermione se elevaron hasta ocultarse en su cabello. Su mente estaba andando a toda prisa por lo que eso implicaba sobre cómo funcionaban los hechizos, cómo funcionaban los artefactos mágicos, cómo funcionaban las varitas reales, dejó escapar una serie de preguntas.

–Espera, ¿pueden lanzar hechizos de verdad? ¿Está permitido? ¿Está permitido venderlas? ¿Y se gastan? ¿Qué quiere decir eso? ¿Quieres decir que se gastan después de cierto uso, como una bombilla? ¿O se queman si se pone cierta cantidad de poder, como un fusible…? Oh, eres la persona incorrecta a quien preguntar. ¿Pero sabes si están hechas de manera diferente que las varitas de verdad?

Dobby sacudió la cabeza con tristeza.

–Dobby no lo sabe, señorita Hermione… pero Dobby piensa que deben serlo porque las venden como juguetes, señorita.

Hermione pensó sobre eso y no pudo no estar de acuerdo. Si eran vendidas como juguetes, probablemente no eran rastreadas por el Ministerio o algo por el estilo. Pero eso quería decir que eran juguetes que, en principio, podían lanzar hechizos reales. Suspiró: otra de las ventajas que los hijos de muggles no tenían.

–Deberíamos ver si podemos encontrar algunas en el callejón Diagon –dijo a sus padres.

–Supongo que podemos buscar… –dijo Dan con cautela, preguntándose en que estaban metiéndose esta vez.

–¿Y qué ocurrió con Malfoy, Dobby? –preguntó Harry mientras su cabeza dejaba de dar vueltas por la tangente de Hermione.

–Oh, Dobby lo siente, Harry Potter, señor. El amo Lucius pensaba que el amo Draco estaba gastando muchas varitas de juguete, y el amo Draco culpó a Dobby, pero el amo Lucius no le creyó esta vez porque Dobby no sabe usar una varita, señor. Entonces, el amo Draco dijo que sería mejor si tuviera una varita de verdad, pero el amo Lucius dijo que debía aprender a ser responsable con sus juguetes primero. Entonces, el amo Draco intentó usar tres varitas de juguete al mismo tiempo para que no se quemaran, pero explotaron y destrozaron el florero favorito de la ama Narcissa.

Harry aguantó su risa, pero Hermione estaba confundida.

–¿Qué no pudo usar un Reparo para arreglarlo? –preguntó.

Dobby sacudió la cabeza.

–No, señorita Hermione. El amo Draco ya había destrozado el florero de la ama Narcissa, señorita, y el Reparo había dejado fisuras. –Hermione recordó la advertencia del profesor Flitwick sobre como el encantamiento para reparar funcionaba menos con cada uso–. La ama Narcissa se enojó mucho. Hizo que el amo Draco limpiara su cuarto por un mes y prohibió a Dobby que ayudara. –El elfo se rió de manera conspiratoria. Ninguno de los humanos pensó que fuera tan gracioso, pero Hermione, por lo menos, podía ver porque un elfo lo pensaría.

Una vez terminaron de empacar, se prepararon para irse y subieron todo al auto.

–De acuerdo, Dobby, nos quedaremos a pasar la noche en el callejón Diagon con los Weasley, así que puedes ir directo a Hogwarts y arreglar tus cosas ahí –le dijo Emma.

–Sí, señorita Granger –respondió Dobby con una reverencia–. Ha sido un honor para Dobby trabajar para la familia Granger este verano.

–Ha sido agradable tenerte aquí también, Dobby. Te veremos en Navidad.

–Oh, y si Sonya o cualquiera de los otros elfos te dan problemas, házmelo saber e intentaré arreglar las cosas –agregó Hermione.

–Sí, señorita Granger. –Dobby asintió y desapareció.

–Creo que me he encariñado con el elfo –dijo Dan.

–Ciertamente es útil tenerlo cerca –dijo Emma–, y bastante agradable ahora que se ha calmado un poco.

Harry estuvo de acuerdo con cautela. Era agradable de Hermione ayudarlo, pero…

–Sí, supongo que es bastante agradable cuando no está tratando de hechizarme.


El viaje a Londres fue tranquilo, excepto que Hermione insistió en expresar las virtudes de Aritmancia para Harry, lo cual lo hizo preguntarse si estaba a punto de ponerse la soga al cuello. Se encontraron con los Weasley sin problemas, y Ron se apresuró a contarle sobre lo bien que lo había pasado en Egipto y a mostrarles su nueva varita. Hermione intentó pagarle de vuelta, pero él se rehusó ya que el dinero había venido del premio que habían ganado en la lotería.

Obtuvieron sus libros y otros útiles, incluyendo el Silabario de Spellman y El Monstruoso Libro de los Monstruos para Ron y Hermione (Hermione no podía ver la utilidad de un libro que intentaba morderte y se preguntó de quien había sido la idea de asignarlo). Harry también necesitaba Numerología y Gramática, y Ron necesitaba Vida Hogareña y Hábitos Sociales de los Muggles Británicos (el cual Hermione pensó lucía bastante anticuado).

–Estoy muy orgullosa de que estás dando más de ti este año –dijo la señora Weasley.

Sin embargo, el grupo realizó una última parada ese día, por insistencia de Hermione. Después de preguntar la dirección a los Weasley, rápidamente encontraron la Tienda de Juguetes Encantados de Elvendork.

–¿La tienda de juguetes? –preguntó Ron con incredulidad–. ¿Para qué quieres ir ahí?

–Quería unas cuantas varitas de juguete –dijo ella.

–¿Varitas de juguete? ¿Para qué necesitas varitas de juguete? ¡Ya tienes una de verdad!

–No quiero usarlas, Ron. Quiero experimentar con ellas.

Eso llamó la atención de un par de oídos.

–¿Experimento? –dijeron Fred y George al mismo tiempo.

–Eh, sí. Ya saben, descubrir cómo funcionan, que pueden hacer. Quizás me den algunas pistas sobre las varitas de verdad.

–¿En serio? Nunca lo había pensado antes –dijo Fred.

–¿Te molesta si…? –comenzó George.

–¿Te ayudamos con eso?

–Eh, supongo que mientras no destruyan nada –dijo Hermione nerviosa.

–¿Nosotros?

–¿Destruir cosas?

–¿Que te daría esa idea?

–Es sólo que mamá nunca nos dejó tener una… –aclaró George.

–...después de cierto incidente con el oso de peluche de Ron –terminó Fred.

–Y dijo que eran una pérdida de dinero –terminó George.

–Ya veo –Hermione dijo, mordiéndose el labio.

–Ahora, Hermione –dijo su madre–, tu padre y yo intercambiamos unas cuantas libras extra para comprarte tu regalo de cumpleaños por adelantado, pero no queremos que gastes mucho dinero en juguetes, incluso si es para un experimento. ¿No dijiste que querías una mascota?

–Sí, mamá. Sólo quiero un galeón o algo así para esto.

–Pues… de acuerdo, veamos que tienen entonces.

Caminaron alrededor de la tienda y se maravillaron ante la gran variedad de juguetes encantados, desde animales de peluche animados hasta bloques de construcción que podían ser pegados y despegados para crear estructuras imposibles. Finalmente, encontraron una repisa con una variedad sorprendente de varitas de juguete de diferentes tipos. Las más baratas valían un sickle cada una y parecían tarugos de madera ordinarios de una ferretería muggle, mientras que las más caras costaban un galeón y parecían varitas de verdad, excepto que con menos decoraciones. Estas parecían juguetes bastante caros considerando que las varitas de verdad costaban siete galeones… juguetes para alguien como Malfoy.

Después de algo de discusión y especulación sobre cuanto aprendería sobre la creación de varitas en general, Hermione convenció a sus padres de darle dos galeones para su proyecto, y compró una varita de un galeón, tres varitas de tres sickles, y ocho de un sickle. De ese modo, podría examinarlas y descomponerlas de diferentes maneras.

Tomó sus compras y se acercó a uno de los empleados.

–Así que, ¿estas varitas no están restringidas por la Restricción al Uso de la Magia de Menores? –preguntó Hermione mientras le cobraba.

El vendedor le sonrió.

–¿Hija de muggles?

–Sí –Hermione elevó su barbilla–. ¿Es un problema?

–No, señorita, es sólo que la mayoría de las personas ya sabrían eso. Los juguetes no están restringidos mientras los muggles no los vean.

–Oh, bueno, gracias. ¿Sabe cómo son hechas?

–Ah, creo que similar a las varitas normales, excepto con materiales más baratos. Y no, no tengo idea de cómo las distingue el Ministerio –adivinó su siguiente pregunta–. Querrás a alguien como Ollivander para eso.

–Gracias –se sonrojó Hermione. Revisó su reloj–. Oh, vaya. Supongo que no tenemos tiempo. Aún tenemos que ir a la Tienda de Animales Mágicos. Supongo que lo investigaré por mi cuenta primero.

–Iré contigo –dijo Ron–. Quiero que revisen a Scabbers. No se ve bien desde Egipto. –Sacó a la rata de su bolsillo, y Hermione vio que lucía más delgada y apática de lo normal. Ahora que lo pensaba, Scabbers debía de ser una rata bastante vieja para su especie.

Caminaron en el callejón rumbo a la Tienda de Animales Mágicos. Era una tienda pequeña y abarrotada, con bastante ruido por todos los animales dentro. Hermione reconoció a algunas de las criaturas de Animales Fantásticos y Donde Encontrarlos, como los puffskeins, cangrejos de fuego, y streelers; pero también otras, como enormes sapos morados, tritones de doble cola, y ratas negras que jugaban a saltar la cuerda con sus colas, las cuales le eran completamente desconocidas, lo cual la hizo preguntarse sobre cómo eran creadas las criaturas mágicas.

–¿Puedo ayudarlos? –dijo la bruja en el mostrador.

–Sí, es mi rata –respondió Ron, sosteniendo a Scabbers en alto para que lo viera–. Ha estado luciendo enfermo todo el mes.

–Bien, veamos –dijo mientras lo examinaba–. ¿Una rata mágica?

–Eh… no lo creo.

–¿No? ¿Cuántos años tiene?

–No lo sé.

–Pues, Ron, lo has tenido por dos años –dijo Hermione–. ¿Cuánto tiempo lo tuvo Percy?

–Bastante tiempo, por lo que recuerdo. Debe tener… vaya, casi tantos años como yo.

–¿En verdad? Debe tener algún poder –dijo la bruja–. Una rata de jardín común sólo vive unos tres años. Y no parece que los años la han tratado bien. Le falta un dedo.

–Estaba bien además de eso hasta que fuimos a Egipto –protestó Ron.

–Quizás no aguantó el calor –sugirió Hermione.

–No lo creo. Las ratas son sobrevivientes. Puede ser que está envejeciendo. Ahora, si quieres una más joven... –señaló a las elegantes ratas negras con largas colas en la jaula en el mostrador.

Ron sacudió su cabeza con una mueca. Hermione se sorprendió por el gesto. Por mucho que se quejaba de Scabbers, en verdad no quería deshacerse de él. Quizás era por recibir todo de segunda mano, o quizás en verdad le importaba más de lo que quería admitir.

–Bueno, si en verdad quieres conservarla, puedes intentar este tónico para ratas.

–De acuerdo –dijo Ron–. ¿Cuánto…? ¡AUCH!

Hermione vio un enorme gato naranja atravesar el aire desde la cima de una montaña de cajas, bufando como loco a Scabbers.

–¡NO, CROOKSHANKS, NO! –Scabbers se escapó de las manos de la bruja y salió corriendo por la puerta a una velocidad que hizo que no pareciera enfermo. Ron, Harry, y el gato lo siguieron–. ¡DETÉNGANLO! –gritó la bruja.

Hermione y sus padres saltaron para atrapar al gato. Hermione se hizo a un lado y logró colocar sus brazos alrededor de su parte media. Él intentó escapar mientras ella se ponía de pie, pero ella hizo lo que pudo para calmarlo.

–Sh, sh, tranquilo, gatito. La rata es un amigo. –Algo en el gato la hizo pensar que no le creyó, pero se relajó en sus brazos.

–Buena atrapada –dijo la bruja–. Una amenaza, es lo que ese es.

–¿Qué raza es? –preguntó Hermione. Personalmente, pensaba que era un gato apuesto, aún si algo robusto, con rostro noble, ojos inteligentes, y pelaje largo y sedoso.

–Es un mestizo, es lo que es –fue la molesta respuesta–. Mitad kneazle, con la suficiente soberbia para ser uno completo.

–¿Qué no se supone que los kneazles son excelentes mascotas? –dijo Hermione, aun abrazando a la enorme bestia y acariciándolo detrás de sus orejas. Comenzó a ronronear, y ella canturreó suavemente–. Que buen gatito, Crookshanks.

–Vaya, parece que nuestra hija es buena con los animales –murmuró Dan a Emma con una sonrisa–. ¿Quién lo hubiera sabido?

–Claro, si pueden controlarlos –dijo la vendedora–. Son muy inteligentes, tienen un excelente sentido de la dirección, y una habilidad sorprendente para sentir a personas de poca confianza. Pero a los entusiastas de kneazles no les gustan los mestizos, y la mayoría de los demás no pueden aguantar su… personalidad dominante. Ese monstruo ha estado aquí por años. Nadie quiere llevárselo.

–¡Está bromeando! –exclamó Hermione–. Mírenlo. Es adorable. –La bruja hizo una mueca y no lucía convencida–. Bueno, de donde vengo lo es –insistió Hermione–. A cualquier familia muggle le encantaría tener una mezcla de kneazle y persa como él. Pobre Crookshanks –canturreó de nuevo–. Nadie nos comprende por no ser sangre pura, ¿verdad?

–Es oficial, está enamorada –murmuró Emma a Dan riéndose–. Y pensé que sólo tenía que preocuparme por niños humanos.

–¡Mamá!

–Pues, en verdad pareces agradarle –dijo la bruja–. Mira, si piensas tan bien de él, dejaré que te lo lleves por sólo cinco galeones… aunque no hay compensación monetaria si decides devolverlo.

Hermione se dio la vuelta y observó a sus padres con entusiasmo.

–Hermione, ¿estás segura de que puedes controlar a una mascota como esta? –dijo su madre.

–Estoy segura, mamá. No estaba segura de si quería un gato o una lechuza, así que leí sobre cuidado de los gatos. Los kneazles son un poco difíciles, pero no son tan diferentes.

Su madre sonrió con sabiduría y se dirigió a la vendedora, colocando cinco galeones con un fuerte golpe sobre el mostrador.

–Es un trato –dijo, y después se dirigió a Hermione–. Feliz cumpleaños adelantado, cariño.

Hermione prácticamente estaba brillando mientras cargaba a su nueva mascota fuera de la tienda para mostrar a sus amigos.

Ron y Harry no estaban tan entusiasmados.