Capítulo 42
¡Expecto JK Rowling!
Notas de la traductora: ¡Llegamos a la mitad del camino! Bueno, de la primera parte de la historia. Muchas gracias a todos los que están siguiendo esta historia, y espero que la continúen disfrutando. Y gracias a los que se toman la molestia de dejar comentarios. Gracias, gracias.
Dobby se apareció en Hogwarts y subió a un lugar extraño en el que nunca había estado, pero del que había escuchado historias elaboradas cuando era un pequeño elfo: los dormitorios de los elfos domésticos en Hogwarts. Los cuartos, baños, y sala común de color negro y amarillo, llenos de muebles y objetos del tamaño de un elfo, eran como nada que hubiera visto antes.
Pero no todo era perfecto en Hogwarts, ya que desde el momento en que llegó, Dobby pudo sentir las miradas de los otros elfos en él y escuchar los susurros sospechosos a su alrededor. No pudo negar que destacaba bastante en ese lugar. El resto de los elfos usaba toallas pequeñas iguales, mientras que Dobby, vestido en ropa infantil muggle, lucía extraño tanto para los elfos como para los magos. El hecho de que llegó con equipaje lo hizo parecer aún más extraño.
Muchos de los elfos lucían nerviosos por su apariencia, y los padres intentaron esconder a los pequeños detrás de ellos mientras los niños susurraban preguntas inapropiadas.
–¿Quién es ese?
–¿Qué está usando?
–¿Es un elfo libre?
–¿Qué hace aquí?
Incluso Dobby, tan aislado que era, sabía que esas eran preguntas incómodas para los padres elfos, quienes preferían no mencionar el tema de los elfos libres, mucho menos hablar de amos malos, hasta que los niños fueran mayores. Dobby pudo escuchar a algunos respondiendo de manera simple, pero eso sólo provocó más preguntas que resultaron en los padres lanzándole miradas de molestia.
–¿Por qué quiere ser libre?
–¿Está enfermo?
–¿Por qué tiene esas cicatrices?
–¿Es el elfo que liberó Hermione Granger?
–¡¿Le está pagando?!
–¿Por qué está haciendo eso? Siempre es tan amable con los elfos.
Dobby rápidamente se estaba poniendo más nervioso y se preguntó si todo eso había sido un error. Nunca había estado alrededor de tantos elfos en su vida, y como resultado, se sentía más cómodo con la cultura de los magos que con la suya, lo cual hacía las cosas peor. Y estaba más que consciente de que su… ¿cómo lo había llamado la señorita Granger? Estilo de vida… eso fue. Que su estilo de vida era escandaloso para los elfos normales.
–Espero que recupere el sentido y cree un lazo con el castillo o con la señorita Granger, como un buen elfo –se susurraron muchos elfos, sin importarles si Dobby los escuchaba.
Dobby no creyó que fuera probable. No quería dejar a la señorita Granger si ella lo aceptaba, y estaba seguro de que era muy terca para crear un lazo con él sin pagarle, lo cual por ese momento era como lo quería, aunque definitivamente no le gustaban las miradas molestas y los comentarios burlones a sus espaldas. Comenzó a jorobarse y jugar con sus manos nervioso, como hacía alrededor de sus antiguos amos malos.
De repente, una elfina mayor con una toalla pequeña más elegante se le acercó, acompañada de dos elfinas más, una de ellas Sonya, quien lo miró con molestia y brazos cruzados.
–¿Tú eres Dobby? –preguntó la elfina más anciana.
–Sí, yo soy Dobby –dijo él, obligándose a enderezarse.
–Yo soy Flory, la jefa de elfos –respondió ella, mirándolo con la nariz elevada con desaprobación como una anciana de aldea–. El profesor Dumbledore me habló de tu… contrato –susurró la última palabra como un tabú impactante… y eso era para los elfos–. Tú te reportarás conmigo en todos los asuntos de la escuela. Yo me reporto con la profesora Sprout y el profesor Dumbledore.
–Sí, Madame Flory. Dobby lo entiende –respondió Dobby. El título parecía apropiado para la representante de los amos magos en la escuela.
–Tu… contrato dice que no debes trabajar el turno nocturno, así que limpiarás los baños en los dormitorios de los niños durante el día –le dijo Flory sin más reconocimiento–. También te encargarás de todas las vestimentas ambiguas en el castillo.
Dobby notó a varios de los elfos asintiendo con petulancia. No era difícil notar que el limpiar los baños era el peor trabajo en la escuela. Estaba seguro de que también le hubieran asignado el turno nocturno, excepto que necesitaba dormir al mismo tiempo que la señorita Granger para poder estar ahí más rápido si lo llamaba. Y aun así, tenía el presentimiento de que sería útil tener un elfo cerca que pudiera lidiar con la ropa sin consecuencias.
–Sí, Madame Flory.
–Tilly y Sonnitt te ayudarán a acomodarte –terminó, antes de darse la vuelta y alejarse con pasos lentos.
–Hola, Tilly. Hola, Sonya… –Dobby dijo a las otras dos elfinas–. Yo soy Dobby.
–Se quién eres –respondió Sonya con una mirada fría, luciendo sólo un poco más tranquila por su uso de su apodo–. ¿La señorita Hermione Granger se encuentra bien?
–La señorita Hermione se encuentra muy bien, y está muy feliz de poder regresar a Hogwarts mañana –le dijo Dobby.
–Eso es muy bueno. Hermione Granger le dijo a Sonya que fuera amable con Dobby, así que Sonya será amable, pero Sonya aún piensa que Dobby es un elfo enfermo que no debería dar ideas extrañas a Hermione Granger sobre los elfos.
–La señorita Hermione sabe que Dobby no es como los otros elfos, Sonya. Ella no tiene ideas extrañas –él la defendió. La señorita Hermione le había dicho a Dobby que Sonya era su mejor amiga entre los elfos en Hogwarts, así que no era difícil de adivinar que parte de la razón por la que no le agradaba a Sonya era envidia, pero aun así estaba determinado a ser amable con la joven elfina, por el bien de la señorita Hermione.
–Por favor sigue a Tilly, Dobby –interrumpió la abuela de Sonya. También lo miraba con desaprobación, pero actuaba de manera más formal y amable que los otros elfos–. Tu cuarto es por aquí.
–Diviértete en la escuela, Hermione, y mantente lejos de los problemas –dijo Emma Granger a su hija mientras se despedían para el nuevo año.
–Sí, mamá.
–Y cuídate –agregó Dan–. Sabemos que este año será más difícil, y no queremos que trabajes de más como en tu primer año.
–Yo tampoco, papá, pero tengo a Ron y a Harry y a la profesora Vector para mantenerme en línea. Estaré bien.
–De acuerdo, buena suerte, Hermione. Te amamos.
–Yo también los amo. –Abrazó a sus padres y abordó el tren, siguiendo a Ron y a Ginny dentro del carro.
Buscó a Harry, pero el señor Weasley parecía haberlo llevado a un lado para una conversación de último minuto. Y en verdad era de último minuto. Sintió un jalón mientras el tren comenzaba a moverse.
–¡Harry! –gritó al mismo tiempo que la señora Weasley lo llamaba, y él corrió al borde del andén. Ron sostuvo la puerta abierta, y ella y Ginny lo tomaron de los brazos y lo jalaron dentro.
–Eso estuvo cerca, Harry –le dijo–. No querrías tener que tomar el autobús noctámbulo de nuevo. ¿De qué fue todo eso?
–Necesito hablar con ustedes en privado –murmuró Harry.
–Vete, Ginny –dijo Ron.
–Oh, que amable. –Se dio la vuelta para irse, resoplando.
Recordando su promesa de ser una mejor amiga, Hermione la detuvo.
–Ron, ¿no piensas que esa es la decisión de Harry? –dijo. Dirigió su mirada a Harry.
Harry miró a Ginny y pareció pensarlo por un momento.
–Ginny, puedes quedarte –concluyó.
–Gracias, Harry –dijo Ginny con voz dulce, sonrojándose como siempre.
–¿En serio, Harry? –se quejó Ron.
–Es mi amiga y tu hermana, Ron. Sería bueno que se enterara.
–Encontremos un compartimiento –dijo Hermione, apaciguando la situación.
Sólo el último compartimiento en el tren tenía el espacio suficiente para los cuatro. Sorprendentemente, el único ocupante del compartimiento parecía ser el nuevo profesor de Defensa. Eso puso a Hermione en alerta, considerando cómo habían resultado ser los últimos profesores de Defensa… pero no, esa era la falacia del apostador de nuevo. Oh, genial, ahora se estaba volviendo paranoica.
En cualquier caso, el profesor R. J. Lupin lucía más enfermo que malo. Estaba dormido junto a la ventana, aun cuando era cerca de medio día, y lucía pálido y delgado. Que su túnica lucía raída y llena de parches decía aún más. Eso quería decir que había sido reparada mágicamente tantas veces que los encantamientos ya no funcionaban. No debía haber comprado ropa nueva por muchos años por alguna razón. Hermione recordó que Lockhart había sido el único en solicitar el puesto de Defensa el año anterior. ¿Acaso las cosas estaban tan mal que Dumbledore tuvo que contratar a un vagabundo para enseñar? Eso no era una buena señal.
–Pero bueno… –dijo Ron, dirigiéndose a Harry–, ¿qué necesitabas decirnos?
A pesar de que no había nadie cerca (despierto, por lo menos) escuchando, Harry automáticamente se inclinó para hablar.
–Anoche en el Caldero Chorreante escuché a tus padres discutiendo. –Señaló a Ron y a Ginny.
–Bueno, eso no es nuevo –dijo Ron.
–¡Sh! –le dijo Ginny.
–Estaban discutiendo sobre si decirme algo –continuó Harry–. Tu papá quería decirme lo que en verdad está ocurriendo con Sirius Black, pero tu mamá pensó que me asustaría mucho… como si enfrentarme a Voldemort dos veces no fuera más escalofriante.
Ron soltó un grito ahogado al escuchar el nombre. Ginny se atragantó un poco, pero mantuvo la compostura.
–Vamos, Ron –murmuró Hermione–. ¿Qué está ocurriendo con Black, Harry?
–Pues, primero, nadie sabe dónde está. Nadie lo ha visto, y nadie sabe cómo se escapó de Azkaban. Pero hay algo más: antes de escaparse, Black estaba hablando dormido. Se la pasaba diciendo: "Está en Hogwarts". Piensan que Black va tras de mí.
–¡Ah! –Hermione se cubrió su boca con sus manos horrorizada, pero después se tranquilizó y las bajó–. ¿Por qué siempre eres tú? –preguntó.
–Eso mismo me pregunto yo –gruñó Harry.
Ron lucía atónito ante la revelación, y Ginny (la pobre de Ginny era relativamente nueva en todo esto) estaba temblando y observaba a Harry con horror.
–Por dios, Harry –dijo sin aliento–, nadie se ha escapado de Azkaban antes, ¡¿y ahora va tras de ti?! ¿Qué vas a hacer?
–¿Todo estará bien, verdad? –dijo Hermione, intentando convencerse a sí misma–. Quiero decir, el Ministerio está proporcionando seguridad, ¿no?
–No lo sé –dijo Harry–. El Sr. Weasley dijo que a Dumbledore no le agradan los guardias de Azkaban.
–¿Por qué no le agradarían? Si mantienen la escuela a salvo…
–Supongo que son algo malos o algo. No lo explicó.
–Pues… tienen que ser algo buenos –dijo Hermione nerviosa–. Y... creo que Dobby puede rastrearte en la escuela. Se lo pediré para que puedas llamarlo si necesitas ayuda.
–Eh, gracias. –Creo–. Aunque hay algo más que es extraño. –Se dirigió de nuevo a Ron y Ginny–. Cuando su papá habló conmigo antes de subirme al tren, me hizo prometerle que no buscaría a Black.
–¿Eh?
–¿Qué?
–¿Por qué buscarías a alguien que quiere matarte? –preguntó Hermione.
–Eso es lo que yo dije –respondió Harry.
–¡Tendrías que estar loco para hacer eso! –Exclamó Ron–. Quiero decir, ¡por Merlín! ¡Era el segundo al mando de Quien-Ustedes-Saben!
–Eso también es extraño –dijo Hermione–. Noté algo en mis lecturas. Las personas hablan sobre Black como el segundo al mando de Voldemort. –Ron y Ginny se encogieron de nuevo. Pero ella los ignoró–. Pero Grandes eventos mágicos del siglo XX dice que no lideró ningún ataque hasta… bueno, hasta la noche en la que murieron tus padres, Harry. Suena a que salió de la nada e intentó tomar el mando después de que Voldemort desapareció… más como un agente dormido que como el segundo al mando.
–¿Agente dormido?
–Es como un agente doble… alguien que pretende trabajar para el otro lado, pero comienza a atacarlos desde adentro cuando recibe cierta señal.
–Así que… Quien-Ustedes-Saben lo mantuvo en secreto y quería que se hiciera cargo si algo le ocurría –razonó Ginny.
Ginny era bastante inteligente, pensó Hermione.
–Sí, quizás hizo eso.
Se sentaron en incómodo silencio por un tiempo, y después cambiaron de tema de manera incómoda. Harry no parecía estar tan preocupado por Sirius Black como el resto de ellos, pero era Harry. Era cierto, Voldemort era mucho peor, pero habían tenido mucha ayuda ambas veces que lo habían enfrentado. Hermione sólo podía esperar que la suerte de Harry mejorara este año, especialmente si Black en verdad iba tras él. Por mucho que le molestaba, eso sonaba a algo que no debía mencionar a sus padres si podía evitarlo, especialmente después de que Ryddle había ido tras ella para llegar a Harry el año pasado. Ya se preocupaban por ella lo suficiente.
El clima pareció empeorar con el humor en el compartimiento, cada vez más oscuro y tormentoso mientras el día continuaba. Ron continuó hablando sobre Hogsmeade, en parte por su propio interés y para intentar animarlo, pero entristeció a Ginny ya que ella no podía ir hasta el próximo año. Mientras tanto, Ron se quejó cuando Hermione dejó salir a Crookshanks de su canasta y gruñó con frecuencia mientras su nuevo gato se sentaba enfrente de él observando el bolsillo donde Scabbers estaba durmiendo.
El profesor Lupin se movió un par de veces, pero no se despertó en todo el día. Hermione se preguntó si era un vampiro además de lucir como un vagabundo… lucía lo suficiente pálido, aunque esas cicatrices en su rostro la hacían dudarlo. Quizás tenía alguna enfermedad seria, ¿pero por qué estaba en el tren entonces? Aun así, incluso dormido, fue lo suficiente para alejar a Malfoy y sus secuaces, lo cual era algo bueno.
Cayó la noche y la lluvia pareció intensificarse y ser más fría y ominosa, casi como si el frío y la humedad estuvieran entrando al compartimiento. Todos estaban impacientes por llegar a la escuela y disfrutar del banquete de bienvenida, pero mientras el tren disminuía la velocidad, Hermione observó el paisaje en la ventana y vio que las luces afuera no lucían correctas. Revisó su reloj. Recordaba que el tiempo parecía perder o ganar unos minutos todos los días en Hogwarts, así que no podía decir con seguridad que estaban deteniéndose muy pronto, pero ciertamente no parecía Hogsmeade, y se sintió más segura cuando se detuvieron tan de golpe que pudieron escuchar el ruido de varios baúles y equipaje cayéndose a lo largo del tren.
–¿Qué fue eso? –preguntó Ginny–. ¿Ya llegamos a la estación?
–No –dijo Hermione, mirando afuera–. Estamos en un puente. –No hay manera de escapar, pensó. Tengo un mal presentimiento de esto.
Las lámparas se apagaron. Ginny soltó un leve grito por la sorpresa.
–¿Qué ocurre? –gritó Ron e intentó ponerse de pie y mirar afuera. Pisó el pie de Hermione.
–¡Auch! ¡Ron, ten cuidado!
–Lo siento –murmuró.
–¿Se descompuso el tren? –preguntó Harry.
Eso tendría sentido, pensó Hermione. Probablemente mucho sentido. Miró fuera de la ventana y pareció ver sombras oscuras moviéndose afuera.
Ron también lo vio.
–¡Hay algo afuera! –gimoteó.
–¡Silencio!
Los cuatro soltaron un grito ahogado, pero rápidamente se interrumpieron. Esa voz rasposa y dolorosa no pertenecía a alguien que hubiera hablado en todo el día, lo cual sólo podía significar que era el profesor Lupin. De repente, una suave luz naranja llenó el compartimiento. Lupin parecía haber conjurado un puño de llamas frías, probablemente similares al fuego azul de Hermione, excepto por el color.
¿Acaso lo realizó sin varita? Se preguntó Hermione con admiración. Estaba a punto de preguntarle cuando sintió escalofríos, con más fuerza que antes. Tenía un inexplicable presentimiento. Oh no, no me digas que algo va a pasar antes de que lleguemos ahí, pensó.
–Quédense donde están –dijo el profesor Lupin con la misma voz rasposa.
Hermione se abrazó a sí misma y comenzó a temblar. ¿Cuándo había bajado tanto la temperatura? Sintió nudos en el estómago mientras sentía su energía escaparse.
La puerta del compartimiento se abrió y observó algo terrible. Una mano esquelética entró, medio podrida, con largos dedos, seguida de la figura alta y encapuchada a la que pertenecía.
¡Oh Dios! ¡Oh Dios! ¡Oh Dios! La mente de Hermione corrió a toda prisa. Desafortunadamente, lo hizo en círculos y produjo pensamientos oscuros y desesperados. Vamos a ser atacados por un monstruo, ¡y el año ni siquiera ha comenzado!
La criatura respiraba de manera lenta y entrecortada. Harry y Ginny estaban temblando tanto que parecía que iban a caerse de sus asientos. Ron lucía paralizado por el terror.
Hermione sintió como si el frío se le hubiera metido en las venas y en el corazón. Oh, ¿por qué quería regresar a esta escuela maldita en primer lugar? Sólo voy a lograr que me maten aquí. ¡Soy una idiota! Ni siquiera me divierto en este lugar. Sólo termino siendo molestada y se burlan de mí por ser inteligente y porque me atacan monstruo y magos oscuros. Por Dios, ¡casi he muerto tres veces! Estoy condenada, ¿no? Debí de quedarme en casa. Sus recuerdos de su pelea contra el troll, Quirrell, el basilisco, y Ryddle regresaron a su mente como una película, todos mostrándola de la peor manera.
Harry se desmayó y cayó al suelo en lo que parecía una convulsión.
¡Oh no, Harry! ¿Qué hago? ¿Qué hago? Vamos, enfócate, ¡enfócate! Pero su mente estaba tan distraída que no podía enfocarse en nada más que lo terrible que era su predicamento. Sabía que debía hacer algo… escapar, gritar por ayuda, lanzar un hechizo, llamar a Dobby, pero rápidamente se dio cuenta que no tenía la voluntad de hacer nada excepto acurrucarse y llorar.
–Sirius Black no está en este compartimiento. Fuera.
Váyanse, por favor, váyanse, pensó. ¿Por qué no puedo hacer nada? No puedo pensar en algo para ayudar. ¡Soy tan tonta! Harry, lo siento mucho. Sólo soy una niña tonta que pensó que podía ayudar, pero no pude…
–¡Expecto Patronum!
Una luz plateada llenó el compartimiento, y todos los pensamientos oscuros de Hermione se alejaron tan rápido que sintió el golpe de inercia. Levantó la mirada y vio una forma indeterminada de color plateado salir de la varita del profesor Lupin y empujar al monstruo encapuchado fuera del compartimiento.
¿Qué… qué ocurrió? Pensó horrorizada. ¿Por qué estaba pensando eso? ¡Nada de eso es cierto! ¿Y por qué no podía pedir ayuda? Podría por lo menos llamar a Dobby. Es lo que se supone que debo hacer. De repente, lanzó una mirada a Harry. Estaba parpadeando y despertándose en el suelo. Las lámparas de aceite parpadearon y se prendieron.
–¿Estás bien? –preguntó Ron nervioso.
–Sí… –gruñó Harry–. ¿Qué ocurrió? ¿Dónde está esa… cosa? ¿Quién gritó?
–¿Eh? Nadie gritó, Harry.
–Pero escuché…
¡CRACK!
Los cuatro dieron un salto y se dieron la vuelta. El profesor Lupin estaba rompiendo… ¿una barra de chocolate gigante? Entregó un pedazo a cada uno, dando a Harry el pedazo más grande.
–Tomen. Coman. Ayudará –dijo.
–¿Qué era esa cosa? –preguntó Harry mientras se levantaba.
–Un dementor. Uno de los guardias de Azkaban.
Los ojos de Harry se abrieron ampliamente.
–¿Ese es uno de los guardias de Azkaban? –preguntó con horror.
–Desafortunadamente. Criaturas terribles, me temo, pero ya se ha ido. Tengo que hablar con el conductor. Coman el chocolate. Ayudará. –Salió en silencio del compartimiento.
–¿Qué… qué ocurrió? –dijo Harry con voz temblorosa. Hermione no recordaba haberlo visto así antes, y sus manos aún estaban temblando. También las suyas, ahora que lo notaba.
–Tú… parecía como si estuvieras teniendo convulsionándote, Harry –dijo Hermione. Su voz se sentía débil, como si no hubiera hablado por días. Escuchó unos resoplidos y se dio la vuelta para ver a Ginny acurrucada en una esquina, sollozando. Hermione se acercó a ella y rodeó a la niña más joven con sus brazos. Ginny tembló y se acercó a su pecho.
–Estaba tan asustada. –Ginny habló con voz más débil que Hermione–. Todo estaba oscuro y frío y… –se detuvo, incapaz de decir más.
–¿Alguno… alguno de ustedes se desmayó? –preguntó Harry preocupado.
–No, nadie se desmayó… –dijo Ron lentamente–, pero me sentía terrible… como si nunca fuera a ser feliz de nuevo.
Nunca ser feliz de nuevo… El pensamiento resonó en la mente de Hermione, y su mente analítica se hizo a la tarea y examinó sus síntomas, susurrando en voz baja.
–Sentimientos de desesperanza, percepción negativa de las cosas que disfruto, falta de energía y motivación, falta de concentración, sentimientos de inutilidad… ¡Merlín! –exclamó, ahora en voz alta–. ¡Creo que acabo de tener un episodio de depresión! ¿En qué estaban pensando al traer a esas cosas aquí?
Ninguno de los otros tenía respuesta. Sin prestar atención, mordió su pedazo de chocolate y se sorprendió al sentir el calor invadir sus extremidades. Increíble, eso es casi estereotípico, pensó.
–En verdad ayuda –fue lo que dijo–. Ginny…
Sostuvo la mano de Ginny para que diera una mordida. La pequeña pelirroja se relajó de inmediato y se movió, aunque sólo un poco. Aún cerca, se inclinó para susurrar en el oído de Hermione.
–Hermione… ¡escuché a Tom!
–¿Qué? –exclamó Hermione, apenas capaz de mantener su voz como un susurro.
–Escuché su voz. Recordé todo lo que me hizo hacer.
–Está bien, Ginny. Ya se fue.
–No lo entiendo –habló Harry–. ¿Por qué hizo eso? ¿Y por qué fui el único que se desmayó?
–Quisiera saberlo –dijo Hermione.
–Espero que haya pudín esta noche –dijo la pequeña de cabello rubio, Luna, creyó Neville que era su nombre. Había intentado entablar una conversación con ella ya que Harry y sus amigos se habían ido a hacer lo suyo, pero era bastante incómodo cuando el resto del compartimiento la llamaba Lunática y la ignoraba de manera evidente.
–Eh, sí –respondió Neville con incomodidad–. Siempre tienen casi de todo durante el banquete de bienvenida.
Nadie tuvo la oportunidad de decir más ya que el tren se detuvo de golpe y las luces se apagaron.
–¿Neville…? –dijo Luna nerviosa–. No me agrada esto. Creo que quizás hay un umgubular slashkilter subiendo al tren, o un enjambre de gusanos aquavirus… –La puerta del compartimiento fue abierta por un mano esquelética–. ¡Ah! ¡O un dementor! –chilló.
Todos en el compartimiento se encogieron de miedo. Todos eran sangre pura por coincidencia, así que por lo menos sabían básicamente lo que un dementor era.
Neville se sentía mareado. Fue vagamente consciente de que estaba temblando y hundiéndose en el suelo. En algún lugar, una voz aguda gritó.
–¡Mami, no! –Pero eso fue lo último que escuchó claramente porque sus oídos comenzaron a ser inundados por gritos distantes, gritos terribles, los gritos de un hombre y una mujer en agonía inimaginable… eso calló todo lo demás. Gritos que, sólo se dio cuenta ahora, habían invadido sus sueños por los últimos doce años.
Y entonces se acabó. El dementor dejó el compartimiento y los gritos se detuvieron. Neville recuperó su sentido en el suelo, respirando con dificultad. Lentamente, comenzó a sentirse normal de nuevo, excepto por un extraño dolor en su mano.
Dio una mirada y encontró la causa. Luna estaba a su lado, temblando, lágrimas en sus ojos, y sosteniendo su mano con tanta fuerza que estaba seguro que le había lastimado un dedo. Con dificultad, él la llevó a los asientos y abrazó a la niña. Era más de lo que hubiera esperado de sí mismo alrededor de una niña, pero fue natural en él como alguien que había pasado por tormentas similares.
–Sh… está bien –susurró–. Ya se fue.
–¿Sientes lástima por Lunática, Longbottom? –dijo una particularmente desagradable Ravenclaw de edad mayor, aun cuando también lucía afectada e intentaba alejar su propio miedo.
–¡Demonios, cállate! –gritó Neville, sorprendiéndose a sí mismo de nuevo. Comenzó a regresar a su personalidad normal después de su impulso, pero logró continuar en tartamudeos–. A...agradece que n...no tienes recuerdos tan m...malos. –Eso fue suficiente para que la niña no dijera más.
La ceremonia de selección fue breve… nada que valiera la pena escribir a casa, aunque Hermione notó a una de las nuevas Gryffindor, Romilda Vane, susurrando a unas personas mientras señalaba a ella y a Ron probablemente como los amigos de Harry, y después les lanzó una mirada algo incómoda. Harry había sido llevado a la enfermería a pesar de sus protestas en contra para ser tratado por exposición severa a dementores. Sin embargo, tanto la profesora McGonagall y el profesor Lupin le aseguraron que estaría bien.
Hermione había sentido los pensamientos oscuros y pesimistas regresar a ella cuando pasaron a un par de dementores en las puertas del castillo. ¿Por qué regrese aquí? Repitió su mente. Pero quizás porque reconoció los pensamientos deprimentes esta vez o porque no estaba tan cerca a los dementores, no la afectaron con tanta fuerza. Aun así, ¿qué tipo de criatura terrible podía robar sus emociones de ese modo, y en qué pensaba el Ministerio poniéndolos alrededor de la escuela? Eso no podía ser bueno para los estudiantes. Se lo dijo a la profesora McGonagall cuando fue por Harry.
–El Ministerio cree que son la mejor manera de mantener la escuela segura –fue lo único que respondió.
De repente, su declaración a sus padres de que el Ministerio estaría al tanto de todo sonaba algo hueca.
–¿De qué me perdí? –dijo Harry mientras se sentaba entre Hermione y Ron.
–Sólo la selección –dijo Ron–. Nada importante.
–Mira, el profesor Dumbledore va a decir algo –dijo Hermione.
El profesor Dumbledore se puso de pie y se dirigió a los estudiantes antes de la comida, en contraste a su costumbre usual. Lucía más serio de lo normal, y su primer anuncio fue con el mismo tono.
–Como sabrán por su inspección del Expreso de Hogwarts, los dementores de la prisión de Azkaban han sido colocados alrededor de la escuela como medida de seguridad. Están estacionados en cada entrada a los terrenos e interceptarán a cualquiera que intente entrar o salir por una ruta alternativa. Sé que esta decisión ha sido controversial para un número de familias, pero les aseguro que esta acción es completamente sancionada por el Ministerio para su protección. –Tal como Harry había dicho, Hermione no creía que lucía muy feliz sobre el asunto.
–Sin embargo –continuó Dumbledore, su tono aún más serio–. Debo recalcar en cada uno de ustedes que los dementores no son criaturas de matiz. Realizan la tarea que se les da… nada más, y nada menos. No diferencian entre grados de daño o desobediencia, y no son disuadidos por ruegos o excusas. Tampoco son engañados por trucos o disfraces… incluso capas de invisibilidad. Los dementores son extremadamente peligrosos y deben de ser tratados como tal, y todos los profesores ayudarán a asegurarse que ningún estudiante los moleste.
Así que son mitad demonio y mitad Terminator, pensó Hermione. Comprendido.
Aún perturbada por el asunto, Hermione en verdad necesitaba una buena noche. Aplaudió cuando el profesor Lupin fue anunciado como el nuevo profesor de Defensa, y ella y sus amigos se sorprendieron cuando Hagrid fue nombrado profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, aunque su corazón no estaba entusiasmado por el banquete esa noche.
Pero se sintió mejor en la mañana. El trío llegó al desayuno con sólo un breve enfrentamiento con Malfoy, y fue rápidamente olvidado mientras comenzaban a comer y la profesora McGonagall les entregaba sus horarios. Nuevamente, McGonagall había logrado manipular el horario de clases para acomodar a Hermione. Ella rápidamente notó que su clase de quinto año de Aritmancia era los lunes y miércoles en la mañana, antes de dirigirse a sus amigos.
–¿Cuál es tu primera clase, Harry? –preguntó.
–Aritmancia.
–Excelente. Estoy segura de que te irá bien. ¿Y qué tal tú, Ron?
–Estudios Muggles –dijo, lanzando su primera mirada de ¿por qué dejé que me metieras en esto?– ¿Tú?
–Periodo libre –dijo Hermione con fastidio–. En el primer día.
–Deberías de tomar Adivinación, Hermione –insistió Lavender cerca de ellos–. Suena bastante divertido.
–Te dije que la profesora Trelawney dijo que no tengo el don. Y de cualquier modo, creo que estoy mejor con la Aritmancia.
–Los números no pueden darte la misma experiencia que el ojo interno –le dijo Parvati. Sacudió los hombros–. Vamos, Hermione, eres peor que Padma.
–¡Oye! Escuché eso –dijo la gemela de Parvati desde la mesa de Ravenclaw.
–Quizás no puede, Parvati –dijo Hermione–, pero intenta preguntar a la profesora Trelawney si puede predecir quién ganará el juego de quidditch entre Escandinavia y Holanda del domingo, y dime lo que dice.
–¿Escandinavia contra Holanda? –preguntó Ron con incredulidad–. ¿Has escuchado como juegan los holandeses? Los escandinavos van a ser destrozados.
–No estaría tan segura –dijo Hermione–. La mayoría de los campos de quidditch en Escandinavia están en las montañas, y el juego será en la arena del Grupo C en Suiza, así que tendrán la ventaja de estar acostumbrados a la altitud. Además, aunque los holandeses han estado jugando bien todo el año, su mejor cazador, Van Grootel, está fuera por una herida, y los números limitados sugieren que mantenía al equipo en forma más de lo que se esperaba. Y sé que los cazadores escandinavos son mediocre, pero su defensa es consistentemente buena, y bajo las circunstancias, los pondría como los favoritos para ganar.
La mitad de la mesa estaba observando a Hermione cuando terminó su pequeño discurso. Lavender y Parvati se lanzaron una mirada de sorpresa y después miraron de nuevo a Hermione. Ron la miraba con algo de admiración.
–Demonio, ni siquiera pensé en la altitud –dijo–, pero rayos, ¿desde cuándo sigues al quidditch?
–Han estado hablando sobre la copa mundial tanto que pensé que sería un ejercicio estadístico interesante –respondió mientras miraba a su alrededor, nerviosa.
–Más importante –intervino Fred detrás de ella, haciéndola temblar–, ¿en verdad crees que los escandinavos ganarán, incluso sin Van Grootel en el campo?
–Los holandeses son difíciles de vencer, incluyendo a sus otros cazadores –agregó George.
–Lo sé, pero aún creo que los escandinavos son los favoritos. El estilo de vuelo de Van Grootel no es tan llamativo, pero si observan los números de algunas jugadas específicas, es bastante claro que es el ancla del equipo.
–Sabes, creo que tienes razón, Hermione –dijo Ron luciendo bastante pensativo, probablemente pensando en las estrategias involucradas.
–No lo sé, pequeño Ron –le dijo Fred–. Creo que es tan probable como nuestra pequeña Hermione volviéndose loca.
–Bueno, siempre ha estado un poco loca, Fred –agregó George.
–¿Así que no están de acuerdo? –dijo ella algo enfurecida.
Eso probablemente no había sido lo correcto.
–Oh –dijo George–, ahora está llena de determinación.
–¿Estás dispuesta a poner la mano al fuego con algo de dinero? –preguntó Fred.
Hermione se hizo atrás.
–Eh, no estoy segura de sí deberíamos de apostar.
–Oh, no necesita ser algo grande –le aseguró George–. Sólo una apuesta amigable… algunos sickles, si no te sientes cómoda con más.
–Sólo queríamos ver que tan segura estás de tus habilidades aritmánticas –agregó Fred con una sonrisa maliciosa.
Hermione no podía dejar ir eso sin responder. Y si lo pensaba, no era tan seguro, pero tampoco era mucho dinero. Y en lo que respecta a las apuestas, los gemelos eran incorregibles, así que no valía la pena objetar. Quizás sí necesitaba relajarse un poco.
–De acuerdo –dijo con una sonrisa conspiratoria–, dos sickles para Escandinavia.
–¡Ese es el espíritu! ¡De acuerdo! –le dijo Fred–. Veremos quien tuvo la razón el lunes. –Los gemelos regresaron a sus asientos.
–Vaya, ¿apuestas en quidditch ahora? –dijo Ron sorprendido–. ¿Qué te pasó?
–Sólo estoy intentando demostrar confianza en mis habilidades –se defendió–. Pero bueno, ¿qué sigue después de la primera clase?
–Transformaciones, y Criaturas Mágicas y Encantamientos después del almuerzo –le dijo Harry.
–Eso suena bien. Veremos que planeó Hagrid. –Sólo esperaba que no fuera otro dragón.
