Harry Potter le pertenece a JK Rowling. Sin embargo, durante la luna llena, Harry Potter… aún le pertenece a JK Rowling. Oh, y esta historia le pertenece a White Squirrel.
Notas del autor: Vaya, parece que mi último capítulo tocó un punto sensible. Me sorprendieron todos los reviews detallados que recibí, por los cuales estoy muy agradecido. He tomado muchas de sus sugerencias a corazón y las incluiré en la historia en los capítulos siguientes, pero también pido paciencia. Hermione apenas tiene catorce años, y tiene muchas cosas con las que lidiar que la mayoría de las niñas nunca tienen que experimentar. Crecerá a su propio tiempo.
Y en lo que respecta a Rebecca Gamp… manténganse alertas. Es más lista de lo que parece.
Capítulo 46
Cuando llegó el trece de septiembre, Hermione estaba lista. Las profesoras Sinistra, Vector, y Babbling pusieron sus mentes a trabajar juntas y descifraron a qué hora se elevaría la luna de acuerdo a los relojes de Hogwarts. Los cálculos sólo podían realizarse con certeza con un mes de anticipación, pero era suficiente. En el momento correcto, Hermione escuchó con atención en su ventana. No escuchó ningún aullido, pero eso no probaba nada. El profesor Lupin, o cualquier otro hombre lobo, simplemente podría estar muy lejos para que lo escuchara.
La verdadera prueba llegó la mañana siguiente cuando la clase se sentó para Defensa, y a través de las puerta no entró el profesor Lupin sino el profesor Snape, con su túnica negra flotando detrás de él (¿Cómo es que logra que haga eso? Se preguntó Hermione). Aparentemente, el profesor Lupin estaba enfermo. No tenía idea de como es que Snape tenía tiempo de enseñar Defensa ya que también estaba enseñando su clase básica de Pociones, pero así lo hizo, y fue más desagradable de lo normal… y estaba obsesionado con los licántropos.
Hermione casi se soltó a llorar cuando Snape la llamó sabelotodo insufrible. Sabía que tenía una tendencia a entusiasmarse de más, y a responder preguntas fuera de turno, pero no fue correcto. Lo irónico era que Ron la llamaba sabelotodo por lo menos dos veces a la semana, y él era quien la estaba defendiendo. Aunque con Ron, comprendía el sentido en el que lo decía, pero no podía aguantar ese tipo de insulto por parte de un maestro, incluso uno que no le agradaba desde un principio. Era como estar en la primaria de nuevo… los años malos. Pensó que fue amable de parte de Ron el defenderla, aunque hubiera preferido que no terminara en detención por su culpa.
Su verdadera consolación fue agregar el incidente a su lista de quejas en contra de Snape. Estaba intentando ser justa y anotando sólo los incidentes que serían inequívocamente inaceptables en una escuela muggle, pero aún así, esa lista era casi alarmante, aunque los demás maestros (lo anotaba como comparación) por lo menos eran profesionales. Sí, Snape recibiría lo que se merecía en algún momento. Se permitió una sonrisa. Era hora de que alguien lo pusiera en su lugar.
El lunes, el profesor Lupin ya estaba de regreso y lucía tan bien como siempre. Canceló el ensayo sobre hombres lobo que Snape había ordenado y regresó a su plan de estudios original, para el alivio de todos, aunque Hermione sintió que había desperdiciado su tiempo escribiéndolo.
Sólo tenía unos minutos antes de tener que ir a Runas Antiguas, pero le dijo a Ron que se adelantara y se quedó atrás a hablar con el profesor Lupin después de clase.
–¿Puedo ayudarte, Hermione? –dijo.
–Sólo quería decirle que pensé que el profesor Snape fue muy injusto…
–Bueno, por supuesto, saltarse al final del libro de ese modo cuando sabía que no estaban listos…
–No sobre eso, profesor. Quiero decir, no es que dijera algo en contra de los hombres lobo, pero fue claro lo mucho que le desagradan. Y no es justo porque la mayoría de los hombres lobo nunca han hecho nada malo. Sólo están enfermos, y son perfectamente seguros la mayoría del tiempo. No deberían de ser tratados como animales sólo por eso, y muchos libros básicamente dicen que lo son.
El profesor Lupin se congeló cuando Hermione comenzó a decirle su opinión sobre los licántropos, pero realizó la conexión con facilidad y se sorprendió con gusto al escuchar que era tan tolerante.
–Es amable de tu parte, Hermione –dijo con voz suave–. Desafortunadamente, en la mayoría del mundo mágico, así es como las personas piensan.
–Pues, yo soy hija de muggles, profesor, y de donde yo vengo… bueno, digamos que tenemos algo similar con el SIDA, pero por lo menos las personas están cambiando sobre eso.
–Cierto. Muy cierto. Se un poco sobre el tema –dijo Lupin–. Bueno, imagino que para alguien con tu inteligencia, fue obvio porque Snape asignó ese ensayo.
Hermione se mordió el labio nerviosa. El profesor Lupin elevó sus cejas e inclinó su cabeza, esperando una respuesta.
–De hecho, profesor –dijo ella–, lo descubrí una semana después de que comenzaran las clases. Vi la fase de la luna en la primera clase de Astronomía, y mi cerebro hizo lo demás.
Lupin chasqueó la lengua.
–Debí saberlo –reflexionó–. Con una mente como la tuya, era de esperarse. Aunque tengo que preguntar, ¿crees que alguien más lo haya descubierto?
–No lo creo, señor, o estarían hablando sobre el tema. Honestamente, parecen bastante obtusos al respecto… No se preocupe, no le diré a nadie. Es el único profesor de Defensa bueno que hemos tenido y no merece eso.
Su maestro sonrió.
–Sabes, me recuerdas mucho a una antigua amiga mía, Hermione… ella también era hija de muggles, y muy brillante, y muy amable… no la conoces. Murió en la guerra.
–Lo siento, profesor.
–Bueno, así es la vida. Pero aprecio tus sentimientos. No muchas brujas o magos están dispuestos a asociarse con los hombres lobo.
–Pues, la mayoría de las brujas y los magos tampoco piensan mucho sobre los elfos domésticos, fantasmas, o squibs, y puedo decir por experiencia que no saben de lo que se están perdiendo –dijo Hermione.
Lupin se rió de nuevo.
–Un sabio sentimiento. Bueno, será mejor que te vayas. Te escribiré una nota en caso de que llegues tarde.
–Gracias, señor.
–¡Hermione, aleja a tu gato estúpido de Scabbers!
–No es estúpido, Ronald. Es muy listo. Tú no apruebas su estilo de vida. Crookshanks… Crookshanks, ven aquí.
–¿Estilo de vida? ¡Se la pasa intentando comerse a Scabbers! -gritó Ron, intentando capturar a la rata de debajo de un sofá en la sala común.
Hermione logró atrapar al también inquieto Crookshanks por en medio y lo levantó. El gato continuó mirando a Ron.
–Le gusta cazar su propia comida. Es más saludable para él. Además, una mascota pequeña como Scabbers no debería de estar tan suelta, especialmente considerando que está enfermo. Crookshanks no es el único gato en la torre después de todo.
–¿Y de quién es la culpa que está enfermo? –demandó Ron.
–Tú fuiste el que dije que se enfermó en Egipto. Yo sólo estoy intentando ayudar -resopló ella.
–No le hagas caso a Hermione, Ron –intervino Lavender Brown–. No piensa que las mascotas de otras personas importan.
–Eso no es cierto, Lavender… Crookshanks, súbete… Considerando que Ron deja que Scabbers se pasee todo el tiempo, me sorprende que los otros gatos no lo hayan atrapado… Vamos, vete a la cama, Crookshanks. Voy a Astronomía. Regreso en dos horas. –Personalidad dominante estaba bien, pero también podía ser terca. Le tomó algo de insistencia, pero finalmente convenció a Crookshanks de regresar a su cuarto. Lavender continuó mirándola con molestia–. Vaya –murmuró para sí misma–, lamento mucho lo del conejo. Sólo dije que no podías estar sufriendo por algo que no estabas esperando. –Lavender estaba convencida de que la profesora Trelawney había predicho la muerte de su conejo, aún cuando la predicción no coordinaba con los hechos.
–Vamos, Lav, vamos a llegar tarde –la llamó Parvati, y el resto de los Gryffindors dejó la sala común y se dirigió a la torre de astronomía.
La profesora Sinistra lucía tan emocionada como una estudiante… un efecto escalofriante bajo la luz del hechizo de filtro rojo de Hermione… y Hermione tenía una buena idea de porque. Sus padres lo habían mencionado en su última carta.
–Damas y caballeros –dijo Sinistra, prácticamente dando saltos–. Recientemente recibí una noticia muy interesante. El próximo julio… un cometa va a estrellarse contra el planeta Júpiter.
La reacción no fue lo que Hermione esperaba, aunque quizás debió hacerlo: la mitad de la clase soltó gritos ahogados, y Lavender y Parvati gritaron horrorizadas.
–¡Lo sabía! –lloró Lavender–. La profesora Trelawney dijo que algo terrible iba a ocurrir. ¡Debe ser que Júpiter será destruído! Oh, Merlín, ¿qué hará esto con mi horóscopo?
–No, no, clase –dijo Sinistra frenéticamente–. Estoy segura que he mencionado antes que los cometas no son grandes bolas de fuego. Son pequeños pedazos de hielo rodeados por nubes. De hecho, la mayoría de ellos son muy tenues y no pueden ser vistos a simple vista, y no son grandes y brillantes como el cometa Halley de hace unos años. Un cometa no puede destruir Júpiter. Es muy pequeño. Pero lo que esperamos es que producirá unas pequeñas explosiones muy interesantes que pueden ser vistas con un telescopio. Y el telescopio Hubble debería de estar funcionando para entonces, así que tendremos fotos maravillosas.
Eso sacó a toda la clase de su estado horrorizado y comenzaron a hacer preguntas, especialmente los niños, quienes estaban naturalmente más interesados en las "explosiones".
–El cometa se llama Cometa Shoemaker-Levy 9 porque dos muggles llamados Shoemaker y Levy lo descubrieron –explicó Sinistra–. Sí, les he dicho que sus telescopios son más grandes y mejores que los nuestros. Fue observado en órbita alrededor de Júpiter, y la enorme gravedad de Júpiter lo destrozó en veintiún pedazos. Y todos esos veintiún pedazos van a estrellarse contra el planeta el próximo julio. No, desafortunadamente será muy tenue para verlo. Es magnitud catorce, así que incluso con nuestros telescopios, aquí, no es posible… no, ni siquiera ampliando sus pupilas mágicamente, lo cual no quieren hacer muy seguido de todos modos…
Hermione lamentó la mala calidad de los ojos humanos. Agobiados al estar sólo hechos de moléculas orgánicas, los fotoreceptores en el ojo humano sólo registran un cinco por ciento de los fotones que los alcanzan. Hizo el cálculo con rapidez: si esa barrera podía ser sobrepasada, el cometa Shoemaker-Levy 9 podría ser visible a simple vista, y el cielo se vería mucho más sorprendente en general. Y ahí estaba ella, atrapada por sus moléculas orgánicas. Bueno, una niña podía soñar.
–Sabe, profesora –dijo a la maestra una vez la clase terminó–, casi hubiera estado tentada a anunciar un Baile del Fin del Mundo por el impacto del cometa. Sería divertido.
–¿Disculpa, señorita Granger? –dijo Sinistra con confusión–. ¿Baile del Fin del Mundo?
–Es una referencia a Jonathan Swift… no importa. Pero el cometa definitivamente es emocionante. Siempre he admirado lo mucho que sabe de astronomía muggle, profesora.
–Mestiza, señorita Granger –respondió Sinistra–. Mi padre me introdujo al tema de manera muggle, lo cual es tan bueno o mejor que nuestros métodos en casi todos los aspectos. Bastantes brujas y magos nunca prestan atención a las ciencias muggles.
–Sí, lo he notado, profesora –dijo Hermione–. Espero que la misión del telescopio Hubble resulte.
–Yo también, señorita Granger. Pero creo que no hay causa para preocuparse. Los muggles son confiables para ese tipo de cosas.
Hermione consideró mencionar su idea sobre mejorar la visión nocturna a la profesora Sinistra, pero decidió no hacerlo por el momento. Aún no estaba lo suficiente segura del concepto, pero si lograba encontrar la inspiración, sería otra historia.
Halloween llegó el fin de semana siguiente y con este, el primer fin de semana de Hogsmeade. La visita había sido movida al domingo en lugar del sábado ya que así caería el día del festejo. Hermione se preguntó si el hecho de que Halloween era el día después de la luna llena tendría algo que ver con eso, pero lo dejó de lado. De cualquier modo, con el banquete en la noche para cerrar la celebración, seguramente sería un día emocionante, y a pesar de los últimos dos años, se rehusó a permitirse creer que algo malo ocurriría.
–Bien, definitivamente tenemos que ir a Honeydukes –dijo Ron, siendo el experto en el tema gracias a sus hermanos mayores–. No creerán todos los tipos de dulces que tienen ahí. Y Fred y George siempre se vuelven locos por Zonko. Y tenemos que ir a la Casa de los Gritos. Es el…
–Edificio más embrujado en Gran Bretaña –dijeron Hermione, Harry, y Ron al mismo tiempo.
–Pues… sí… Será bueno salir del castillo por un día –murmuró Ron.
Ginny lucía un poco triste por tener que quedarse en el castillo otro año cuando los vio durante el desayuno, pero les dijo que se divirtieran y se alejó. El trío caminó hacia el vestíbulo de la entrada, donde Filch estaba revisando una lista. El conserje apenas y sonrió cuando vio a Hermione. Darle unas cuantas runas cargadas para preparar pociones cada mes continuaba haciendo maravillas con su personalidad, aunque aún tenía un reputación que mantener en público. Estaba a punto de dejarlos pasar cuando la profesora McGonagall se apareció, aparentemente de la nada.
–Potter, ¿vas a ir a Hogsmeade? –dijo.
–¿S...sí? –respondió Harry.
–¿Estás consciente, por supuesto, de que Sirius Black aún está prófugo?
–Profesora, no puede… no puede estar aquí, ¿o sí? –dijo Harry con preocupación. ¿No lo harían quedarse atrás, o sí?
–Espero que no, pero se le ha observado en la zona y debes tener cuidado. Además, el profesor Dumbledore me pidió que te advirtiera no dejar las calles de la aldea en ningún momento, incluyendo visitar la Casa de los Gritos.
–¿Qué? ¿Por qué? –dijo Ron.
–Porque, Sr. Weasley, está muy lejos del resto de la aldea para ser patrullado de manera adecuada. Por tu seguridad, Potter, será mejor que no vayas por el momento.
Harry suspiró, pero asintió con renuencia.
–Sí, profesora.
–No es justo –dijo Ron mientras subían al carruaje jalado por thestrals (la visión de los caballos esqueléticos ya no molestaba al trío)–. Tuviste tantos problemas para conseguir que tu tío firmara tu permiso, y aún no puedes ver la aldea entera.
–La profesora McGonagall tiene razón, Ron –dijo Hermione–. Con Sirius Black suelto, Harry necesita estar a salvo. Debemos agradecer que lo dejó venir.
Ron abrió su boca para responder, pero se detuvo cuando vio a Harry. Estaba temblando. Hermione comenzó a sentir frío. Comenzó a pensar que quizás no era una buena idea llevar a Harry con ellos. ¿Qué tal si Sirius Black estaba ahí? ¿Qué haría si los veía juntos? ¡No! Eran los dementores de nuevo. Merlín, odiaba esas cosas. Era como si estuvieran absorbiendo toda la felicidad a su alrededor.
–Puedo ver porque no le agradan a mi papá –dijo Ron una vez que estuvieron a salvo lejos de ellos.
Harry estaba sentado muy quieto y observando a la nada.
–¿Pero por qué me afectan más que a ustedes? –dijo.
–No lo sé –respondió Hermione–. Intenté investigarlos en la biblioteca, pero mucha de la información sobre ellos está en la sección prohibida… Aunque, quizás pueda convencer a la profesora Vector de darme un pase.
Pero un breve encuentro con los dementores no era suficiente para arruinar su día. Hermione estaba emocionada de ver una auténtica aldea completamente mágica, y Ron y Harry estaban emocionados por un día en el pueblo. Hogsmeade era una pequeña aldea pintoresca, con techos inclinados y altas chimeneas, y lucía bastante más antigua que el callejón Diagon. Su aspecto era más tranquilo que ese lugar, donde las tiendas y puestos constantemente mostraban a gritos sus artículos, pero Hermione se sintió inundada de inmediato por la cultura mágica en una manera que nunca había ocurrido en Londres. Al estar separado del resto del mundo, ese era el lugar ideal para vivir, bajo estándares de los magos.
Aún cuando se saltaron la Casa de los Gritos, Hermione se divirtió bastante, y estaba segura de que sus dos mejores amigos también lo habían hecho. Ambos compraron una cantidad excesiva de dulces en Honeydukes (ella se justificó diciendo que era Halloween, el único día que sus padres no se molestaban si comía muchos dulces). Harry llevó a examinar su chivatoscopio a Dervish y Banges, pero el mago no encontró algo malo en él, excepto que era barato. Hermione se abasteció de suministros en la tienda de plumas de Scrivenshaft. Ron insistió en que fueran a la tienda de bromas de Zonko para comprar unas cosas, aún cuando sus hermanos eran los amos del territorio. De hecho, fueron esos dos a quienes vieron en la tienda.
–Mira quien está aquí, George –dijo Fred–. Los nuevos.
–Hola, chicos –los saludó Harry.
–¿Me atrevo a preguntar que están tramando? –les preguntó Hermione.
–Probablemente no –dijeron los gemelos al mismo tiempo.
–Oye Hermione –agregó George–, ¿cuál es tu predicción para el partido de quidditch del próximo sábado?
–¿Próximo sábado? Pero no hay… Oh, quieres decir Gyffindor contra Slytherin. Espero que no estén planeando apostar en sí mismos.
–Por supuesto que no –respondió Fred indignado.
–Sólo queremos saber tu predicción –dijo George.
–Has estado haciendo un buen trabajo con la Copa Mundial –continuó Fred.
–Oh, bueno, eso es fácil –dijo Hermione–. Ustedes son los favoritos para ganar… probabilidad de cuatro a uno. Tienen un equipo veterano, y Malfoy no es un gran buscador.
–Bastante cierto, Hermione –respondió Fred.
–Sí, les daremos lo que se merecen –dijo George.
–Por cierto, si no lo han hecho, les recomiendo ir por una cerveza de mantequilla a las Tres Escobas.
–Muy recomendado. Íbamos camino para allá.
–Suena bien –dijo Ron–. Quería probarla. Mi mamá no nos dejó probarla hasta que cumplimos trece.
–Que ella sepa –dijeron los gemelos, sonriendo.
Las Tres Escobas claramente era el centro social de Hogsmeade… una posada y pub pequeño pero lleno de personas, con varios personajes inusuales, incluyendo a un par de duendes y una mujer mayor que Hermione estaba segura en verdad era una arpía. Madame Rosmerta, la dueña, era una mujer de edad mayor con una mirada severa y una mano firme para lidiar con todos los magos que pasaban por el lugar. Hermione juzgó que era bastante hermosa, especialmente considerando el sonrojo de Ron como evidencia cuando fue a ordenar sus bebidas.
A Hermione le gustó la cerveza de mantequilla. Sabía a gaseosa de vainilla con una dosis fuerte de dulce de mantequilla y un leve golpe de alcohol que sus padres no aprobarían, pero no podían quejarse porque no tenían problema dándole una copa de vino durante las fiestas. De hecho, si se preparaba más espesa y agregaba una pizca de nuez moscada, probablemente obtendría algún tipo de ponche de huevo. Podía ver porque era tan popular.
Había muchos estudiantes en el pub. Muchos de ellos saludaron a Harry cuando entraron, y una pareja pronto se acercó a Hermione. Sólo se sorprendió un poco cuando vio Roger Davies y Rebecca Gamp acercarse agarrados del brazo. Roger estaba sonriendo, pero Rebecca la observaba de manera extraña.
–Hola, Hermione, ¿qué tal te parece Hogsmeade? –preguntó Roger.
–Es genial. Necesitamos poder salir del castillo de vez en cuando, y es muy divertido aquí. Así que, ¿ustedes dos? –preguntó.
–Pensamos en darle el intento –dijo Rebecca, sonriendo–. Hogsmeade es más entretenido cuando tienes con quien disfrutarlo.
–Puedo imaginarlo.
–Acabamos de venir de la Casa de los Gritos –continuó Roger–. ¿Ya la vieron?
Hermione y Ron miraron a Harry con incomodidad.
–Eh, no –dijo Hermione–. Nosotros… la vamos a dejar para otro momento.
–Oh, que lástima –respondió Rebecca–. Oye, Hermione, me estaba preguntando: ¿qué has estado haciendo en la oficina de la profesora Vector los sábados?
Las cejas de Hermione se elevaron con sorpresa. No lo estaba manteniendo en secreto, pero no creía que alguien notaría sus reuniones de los sábados por la tarde.
–Estoy tomando un estudio independiente con la profesora Vector –dijo.
Rebecca tosió, y sus ojos se abrieron más.
–¿Tú? –dijo con incredulidad–. ¿Por qué estás tomando tú un estudio independiente? Estás en año TIMO con nosotros.
–Es sobre álgebra linear… más que nada trabajo más avanzado con matrices. Estamos estudiando los principios generales de la creación de hechizos y las transformaciones con eso.
–Oh, pues… que bien por ti –dijo Rebecca, pero claramente no le agradaba–. ¿Crees que exista la posibilidad de que la profesora Vector este interesada en tener otra estudiante?
Hermione sacudió los hombros a modo de disculpa.
–Puedes preguntarle si quieres. Si puedes mantenerte al paso con el álgebra linear, yo no tendría objeciones.
–Creo que lo haré, muchas gracias -respondió con un aire de superioridad y se alejó, jalando a un Roger confundido con ella.
–Pues, eso fue extraño –dijo Hermione a Ron y Harry–. No sabía que ya estaba interesada en trabajo avanzado.
Los niños sólo sacudieron los hombros.
Desafortunadamente, la visita no podía ser sólo juegos y diversión, y cierto trío de Slytherin hizo su aparición.
–Oye, Granger –dijo Draco Malfoy–, escuché que no piensas mucho de mi habilidad para el vuelo. ¿Cuatro a uno en favor de Potter, no? –Aparentemente los gemelos habían estado dispersando su predicción.
Hermione no dejó que la afectara.
–De hecho, eso era para el equipo en general. Pondría una probabilidad de cinco a uno a favor de Harry por sí solo.
–Típica Gryffindor –respondió–. Tienes mucho valor para decir eso en mi cara.
–Sólo hice un cálculo aritmántico basado en tu desempeño el año pasado, Malfoy –dijo ella–. Puedo describirlo para ti si lo prefieres.
–Es cierto. Su cálculo suena correcto –agregó Harry.
–Mira quien habla, Potter –dijo Malfoy como respuesta–. Por tu bien ojalá no haya dementores en el juego. Me sorprende que los enfrentaste para venir aquí.
Harry echó humo y apretó los puños. Crabbe y Goyle lo notaron y dieron un paso al frente. Pero Hermione dio un codazo a Harry.
–Oye, Malfoy, estoy trabajando en un nuevo hechizo. ¿Quieres probarlo?
Él titubeó por un momento.
–No te atreverías, Granger. No con todos estos testigos.
–No asumas lo que haría o no.
Malfoy hizo una mueca en burla, pero ella continuó observándolo. Era un riesgo calculado, pero estaba segura que la presencia de testigos lo detendría de intentar algo. Como había predicho, su respuesta fueron más fanfarronadas.
–Pues, si algún día te sientes lo suficiente Gryffindor para intentar un duelo de verdad, sabes donde encontrarme. Vamos, Crabbe, Goyle. –Los tres regresaron a la barra para pedir cervezas de mantequilla para ellos.
–Eso fue brillante –susurró Ron.
–Sólo fue un pensamiento estratégico –dijo ella–. No puede hacer nada más que yo en este lugar.
–Bueno, sí, pero fue brillante.
–¿Qué hace tu nuevo hechizo? –preguntó Harry.
Hermione sonrió e hizo un gesto con su dedo para que se acercaran. Se inclinó para hablar en un susurro.
–No tengo uno. Estaba fingiendo. –Se rió y los niños se unieron.
–Por la barba de Merlín, ¿tú mintiendo? –dijo Ron con admiración–. ¿Por qué te la vives quejándote de perder en cartas contra esa elfina?
–Porque Sonya tiene poderes. Nadie puede competir contra ella. Los mortales como yo tenemos que conformarnos con ganar contra Malfoy.
–Un brindis por eso –dijo Ron, elevando su vaso.
–Ustedes tres adelántense. Necesito lavarme las manos –dijo Hermione mientras los cuatro caminaban al gran comedor para el banquete de Halloween. Se habían reunido con Ginny y la habían inundado de dulces de Honeydukes para recompensarla por haber tenido que estar encerrada en el castillo todo el día. Hermione estaba segura de que ya había comido muchos dulces, y aún había un banquete que celebrar, pero por lo menos bajaría la comida con todas las escaleras que tenían que subir ahí.
Sin embargo, cuando fue al baño para arreglarse para el banquete, fue recibida por un sonido familiar. Alguien estaba llorando.
–¿Hola?
Mirando al suelo de los cubículos por la responsable de los soplidos agudos, llegó al final y vio los pies de alguien en una pose familiar, sentada en el suelo, su espalda contra la pared.
La niña era muy pequeña, era obvio… alguien de primer o segundo año. También estaba descalza. Su piel era pálida y su voz aguda y un poco chillona. Hermione no conocía a todas las niñas en el castillo, pero tenía una buena idea de quien era.
–¿Luna? ¿Eres tú?
Los soplidos se detuvieron.
–¿Qué fue eso? ¿Alguien dijo algo?
–¿Luna Lovegood? Soy yo, Hermione Granger. ¿Puedo ayudarte?
–¿Hermione? Oh, hola –dijo Luna con una cruda imitación de su normal voz calmada. Claramente estaba intentando parecer valiente, pero tenía más dificultad de los normal.
–¿Estás bien? Te escuché… -comenzó.
–Estoy… bien… –dijo Luna soplando su nariz de nuevo.
La niña ciertamente no sonaba bien, y con alguien tan extraño como ella, y con su comportamiento inusual, Hermione no sabía donde comenzar.
–Eh… el banquete está a punto de comenzar –intentó–. Si sales ahora, podemos ir juntas.
–Lo siento, no tengo mucha hambre.
–Pues, la verdad es que yo tampoco… muchos dulces. Pero no es bueno perderse el banquete de Halloween. Creeme, esto me pasó mi primer año y casi me mató un troll de montaña.
Hubo un largo silencio. Incluso Luna Lovegood pareció tener problemas digiriendo eso, y Hermione no pudo pensar en que más decir.
–Eso suena improbable –dijo Luna finalmente en voz baja–. ¿Acaso hubo torposoplos involucrados?
–Eh… no tengo idea. Pero se que alguien se preocupará si no estás ahí.
Escuchó otro sollozo.
–Es muy amable de tu parte, Hermione, pero no creo que alguien note que no estoy.
–Alguien lo hará, te lo prometo. No creí que alguien notaría que yo no estaba, pero sí se preocuparon.
Luna no respondió al principio, pero entonces comenzó a moverse, poniéndose de pie y abriendo la puerta.
Hermione casi soltó un grito ahogado cuando la vio. Su largo cabello rubio, el cual caía hasta su cintura, estaba desarreglado y más enredado que el de Hermione, haciéndola lucir como si tuviera la melena de un león en su cabeza y colgando sobre su espalda. Se podía ver su varita entre la masa, aparentemente sobre su oreja. No tenía calcetines o zapatos, nada debajo de las rodillas, lo cual no podía ser cómodo en ese clima. Parecía también haber perdido su corbata de Ravenclaw, y sus ojos estaban rojos, como si hubiera estado llorando todo el día.
Sin decir otra palabra, Hermione la tomó y la rodeó con sus brazos.
Luna se congeló por un momento, pero gradualmente comenzó a relajarse.
–Oh… oh vaya… –dijo cuando la sorpresa pareció irse–... Esto es muy agradable, ¿pero a qué se debe?
Hermione se alejó y la sostuvo a un brazo de distancia.
–Parecía que necesitabas un abrazo.
Ella inclinó la cabeza.
–Creo que tienes razón. Gracias, Hermione.
–Entonces… ¿quieres hablar sobre lo que pasó?
–Pues… Hoy ha sido un día muy difícil.
–Eso… adiviné –dijo Hermione, examinándola de arriba para abajo–. ¿Puedo preguntar si hay alguna razón por la que no estás usando calcetines?
–Todos mis calcetines y zapatos están perdidos. –Hermione esperó a que Luna dijera más, pero no lo hizo.
–Eh, Luna, las cosas no se pierden por sí solas… o por lo menos no tantas.
–Lo había considerado –dijo Luna–. Al principio pensé que era culpa de los nargles. Sin embargo, parece… –su voz se escuchó un poco más aguda–. Parece que mis compañeras de cuarto están jugando y toman y esconden mis cosas.
–¡Eso es terrible! –exclamó Hermione. Luna se estremeció–. Eso no es un juego. Eso es cruel. ¿No las reportaste?
–Le dije a los prefectos que mis cosas habían desaparecido las primeras veces, pero no pareció ayudar… Creo que no me creyeron cuando sugerí los nargles. Y siempre regresan al final.
Lo cual quería decir que los prefectos eran parte del problema o no les importaba. Hermione se decidió a hablar con Roger ya que era uno este año, y quizás con Rebecca también.
–No deberías dejarlas que hicieran eso… ¿Es por eso por lo que estabas aquí? –dijo con voz dulce.
El rostro de Luna se entristeció.
–No, no fue por eso.
–¿El cabello? –se aventuró Hermione. Luna no parecía el tipo de niña que se preocupaba por su cabello, pero valía la pena preguntar.
–No, eso tampoco –respondió–. Se ve algo desarreglado, ¿no?. Mi champú parece haber sido reemplazado por lo que sea que tú usas.
Hermione suspiró.
–Mi cabello hace esto por sí solo, pero concedo tu punto. –Se detuvo e intentó comprender lo que estaba ocurriendo con esa niña. Luna Lovegood era increíblemente difícil de leer. Cada vez que Hermione había visto a Luna ella había lucido tranquila y animada, no propensa a muestras de emoción dramáticas… excepto las veces en el gran comedor cuando Luna había considerado algo hilarante y se había reído con fuerza hasta que no podía respirar. Evidentemente, aunque normalmente era muy tranquila, cuando sus emociones la abrumaban, se soltaba de modo espectacular. Si lo hacía con su risa, provocaba que todos en el gran comedor se detuvieran y la observaran; pero con sus lágrimas, para ser afectada de tal modo, debía de estar sufriendo bastante… un dolor que Hermione conocía muy bien, aún si no conocía los detalles.
Sólo pudo pensar en intentar empatizar con Luna, así que le contó una versión abreviada de la historia que le había dicho a Ginny unas semanas antes sobre ese Halloween… como había sobrepasado algo tan terrible que se había colapsado un día… y entonces había tenido la mala suerte de encontrarse con un troll.
Luna pareció simpatizar con su situación.
–Eso suena escalofriante, Hermione –dijo–. Espero que hayas mejorado tu control desde entonces. -Hermione se sintió incómoda con ese comentario. Luna tenía una tendencia a decir todo lo que le llegaba a la mente. Pero entonces, cambió de tema, como hacía tan seguido–. Suena a que fuíste la víctima de un dragón de la suerte.
–Eh… –dijo Hermione.
–Un dragón de mala suerte, por supuesto. Espero que no haya uno cerca hoy. No me gustaría encontrarme con un terrible heliopata o un umgubular slashkilter.
Fue difícil para Hermione mantenerse enfocada y no rechazar las criaturas al instante.
–No creo que fuera un dragón de mala suerte, Luna –dijo intentando ser amable–. Creo que Voldemort actuó ese día porque era el aniversario de su derrota.
Luna chilló sorprendida.
–No muchas personas se atreven a decir el nombre de Quien-Tú-Sabes -dijo.
–No muchas personas creen en supersticiones de nombres en el mundo muggle –respondió Hermione.
–No son supersticiones. Los tabúes pueden ser muy peligrosos.
–Eh, claro, Luna.
Luna permaneció en silencio por uno sminutos, y Hermione esperó a que hiciera algo, aunque conociendo a Luna, quizás no sería por un tiempo.
–Fue muy amable de tu parte el contarme tu historia, Hermione –dijo finalmente–. Nunca he tenido ningún amigo además de Ginny. –La voz de Luna casi había regresado a su versión normal, pero Hermione aún podía escuchar un dejo de tristeza–. La mayoría piensa que soy algo extraña. Algunos de ellos incluso me llaman "Lunática Lovegood".
Hermione soltó una exclamación de indignación. La niña era bastante extraña, sí, pero eso no quería decir que las personas deberían de insultarla.
–Algunas personas fueron amables –continuó–, pero mis compañeras de cuarto y algunos de los Ravenclaw mayores siempre se burlan de ellos por eso. Se rindieron después de un tiempo. Hoy… más temprano, todos mis compañeros de año estaban molestando a unos de primero que intentaban ser amables conmigo. –Como una presa desbordándose, sus lágrimas comenzaron a fluir de nuevo, y Hermione colocó un brazo alrededor de su hombro–. Fueron los últimos dos en intentarlo, y es terrible que los lastimen así sólo por ser amables.
Hermione se sintió enferma. Las personas habían estado haciendo eso a Luna por un año (y Hermione apenas lo había notado, al igual que con Ginny), y lo que finalmente la destrozó fue no sólo ser completamente aislada por su casa, pero el ver la misma injusticia en estudiantes menores, algunos quienes seguramente eran nuevos en este mundo y estaban abrumados, al igual que Hermione lo había estado. Recordó que Harry había mencionado que su primo había asustado a todos para que no fueran sus amigos durante la primaria. La posición de Luna parecía igual de mal, y decidió hacer algo.
–Luna –dijo–, no deberías dejar que las personas controlen tu vida de ese modo. Debes reportar esto.
–Pero puedo manejarlo. No quiero causar más problemas.
–Pero no sólo te está afectando a ti. También está afectando a esos de primero. Además, no puedes ir por la vida sin tener amigos. Créeme, tuve un momento así y fue el peor año de mi vida… Bueno, yo puedo ser tu amiga, Luna.
Luna mostró una débil sonrisa a través de su desordenado cabello.
–No tienes que hacer eso por mi, Hermione.
–Por favor, con todo lo que he pasado estos últimos dos años, unos cuantos bravucones no serán problema. Vamos, veamos si podemos arreglarte. Alguien se preocupará si te pierdes el banquete.
–Yo… supongo que no me molesta ir así –dijo Luna nerviosa–. No creo poder arreglar mi cabello o encontrar mis zapatos tan rápido.
–Estoy segura de que podemos hacer algo mejor que… esto –Hermione la señaló con poca seguridad. Lucía bastante desarreglada–. ¿Sabes dónde esconden tu ropa normalmente?
–No, normalmente sólo aparece.
–Mmm… -Hermione no sabía que hacer sobre eso. La mejor idea que pensó fue subir a la torre, tomar su par de zapatos extra e intentar cambiar la talla, pero eso tomaría tiempo, y no estaba segura de que funcionaría. Pero entonces, tuvo otra idea: si las posesiones de alguien estaban siendo tomadas y escondidas en el castillo, ¿quienes serían los primeros en encontrarlas? ¿Y cómo reaccionarían al hacerlo?– Pues, entonces –dijo con una sonrisa–, es bueno que tengo un amigo cuya especialidad es la ropa. ¿Dobby?
Dobby se apareció a su lado.
–¿La señorita Hermione llamó a Dobby? –preguntó.
–Sí, Dobby, ella es Luna Lovegood. Luna, él es Dobby. Trabaja para mi.
–Hola Dobby –chilló ella. Incluso considerando que era Luna, Hermione se sorprendió de que la niña no reaccionara al decir que le pagaba a un elfo.
–Dobby, ¿los otros elfos te han pedido que recojas ropa escondida en lugares extraños, especialmente zapatos y calcetines? –preguntó Hermione.
Los ojos de Dobby se abrieron un poco más.
–Sí, lo han hecho, señorita Hermione.
–Creo que algunas prendas le pertenecen a Luna. Algunas personas las han estado escondiendo.
–¿Estudiantes esconden la ropa de Luna Lovegood? –dijo Dobby–. Así que eso es lo que está pasando. A los otros elfos no les gusta, señorita Hermione. Algunos piensan… que alguien los está intentando liberar, señorita.
Ella gruñó. Y estoy hasta arriba en la lista de sospechosos, pensó. Una razón más para detener esto.
–Veré si puedo hablar con ellos -respondió–. ¿Podrías revisarla y traer un par de zapatos y calcetines suyos si hay alguno?
–Sí, señorita, Dobby puede. –Y entonces se acercó a Luna y la olfateó.
–Eh… Dobby… ¿qué fue eso?
–Dobby debe aprender cual es el aroma de la señorita Luna Lovegood, señorita. Los elfos separamos la ropa por aroma cuando se revuelve.
–¿Por aroma? –dijo Hermione con incredulidad.
–Sí, señorita. Todas las túnicas son similares, así que los elfos necesitamos otra manera de distinguirlas, señorita.
–Oh, yo pensé que lo hacían con magia. Que tonta –dijo Hermione sarcásticamente. Justo cuando creía saberlo todo sobre los elfos…
–Dobby encontrará la ropa de la señorita Luna Lovegood –dijo con firmeza, y desapareció.
–Parece muy amable –dijo Luna.
–Sí. Lo contratamos después de que lo removimos de la familia Malfoy el año pasado. Ha sido muy útil, especialmente considerando que los sangre pura raramente piensan en los elfos… sin ofender.
–Está bien. He descubierto que muchas personas son de mente cerrada –respondió Luna con calma. Hermione no pudo evitar sentir que ese comentario fue dirigido en parte a ella.
Unos minutos después, Dobby apareció de nuevo con un brazo lleno de ropa, en su mayoría calcetines, corbatas, dos pares de zapatos, y más alarmante, un juego de ropa interior. Dobby en verdad nunca hacía nada a medias.
–Estas son todas las prendas de la señorita Luna Lovegood que Dobby encontró –dijo con entusiasmo.
Luna sonrió y tomó un par de calcetines y zapatos y se los puso.
–Listo, ahora mis pies se sentirán mejor. Gracias, señor –dijo mientras tomaba una corbata también.
–¿Señor? -dijo Dobby con asombro–. Me agrada mucho.
Hermione se rió. Eso lo sellaba. Si a Dobby le agradaba, definitivamente sería una buena amiga.
–Dobby, por favor lleva el resto de esto al cuarto de Luna, y también lleva las cosas de ella que encuentres de inmediato… pero descansa primero si lo necesitas. –Después de que Sonya se había agotado, Hermione se aseguró de contar el número de apariciones si Dobby hacía algo intenso.
–Sí, señorita Hermione. Dobby lo hará. -Tomó el resto de la ropa y desapareció.
–Listo –dijo Hermione a Luna. Ella lucía mucho mejor con uniforme completo–. Ahora, para tu cabello… –No había estado diciendo la verdad por completo cuando dijo que no tenía un nuevo hechizo, pero era cierto que no tenía nada nuevo que pudiera usar contra Malfoy–. No soy buena con el cabello, pero tengo un nuevo hechizo para Aritmancia que quizás ayude. ¿Te molesta si lo intento?
–Para nada. Yo misma he estudiado algo de Aritmancia. Es muy interesante.
–¿Oh? Deberíamos hablar sobre eso un día. –Hermione volteó a Luna y separó su largo cabello en tres pedazos. Luna quitó su varita de su oreja para que no estorbara. Entonces, Hermione agitó su varita.
–Fasciculi Pilis Plectere. –Observó con placer como el cabello de Luna se trenzaba por sí solo… pero sólo hasta los hombros, dejando una coleta alborotada que caía por su espalda–. Hmm… aún necesita algo de trabajo, supongo. Funcionó con la mía. –No había considerado necesitar probarlo en cabello largo. Por falta de una mejor opción, acomodó la trenza un poco y realizó el hechizo dos veces más, y el cabello de Luna estaba trenzado hasta su cadera. Tomó una banda de su bolsillo y ató la punta.
–Listo, ahora luces perfectamente presentable. ¿Estás lista para ir al banquete?
–Supongo. –Los ojos de Luna aún estaba rojos, pero finalmente lucía animada, así que se lavó el rostro y se fueron.
Hermione se preguntó como reaccionarían las personas al verlas llegar tarde al banquete. Ya que Luna parecía atraer el tipo incorrecto de atención, podría ser desagradable. Sin embargo, resultó ser que tuvieron suerte. Caminaron al mismo tiempo que los fantasmas entraron al comedor en masa, así que mucha de la atención fue desviada. Caminó con Luna hasta el pasillo entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw donde encontró al resto de sus amigos. Estaba a punto de ofrecer a Luna que se sentara con ellos, pero la Ravenclaw encontró un lugar en su propia mesa. Sus compañeros de casa se hicieron a un lado… obviamente no por modales, pero para alejarse de ella.
–Gracias, Hermione –dijo con voz suave, y se sentó.
–No hay de que -respondió y se sentó a un lado de Ginny, enfrente de Ron y Harry. Escuchó susurros detrás de ella de "¿Cómo se arregló la lunática?" y "¿Qué estaba haciendo Granger con ella?", pero los ignoró.
–Hola, Hermione, ¿dónde estabas? –demandó Ron.
–Sólo ayudaba a una amiga –dijo mientras llenaba su plato.
Ron miró detrás de ella a la mesa de Ravenclaw.
–¿Quién, Lunática? ¿Cuál es el problema?
Hermione le lanzó su mirada más molesta.
–Su nombre es Luna, Ronald –dijo lo suficiente fuerte para que las personas detrás de ella la escucharan. Entonces, se inclinó para hablar en susurros–: La encontré llorando en el baño. Resulta que tengo algo de experiencia con eso.
Ron se puso rojo mientras recordaba cómo había incitado esa situación dos años antes.
–¿Está bien? –dijo Ginny preocupada.
–Está mejor. Voy a intentar ayudarla con personas molestándola en su casa.
–Pues, buena suerte. Es amable, pero es algo extraña –respondió Ginny.
La cena fue excelente, como siempre, con los fantasmas aportando el entretenimiento, e incluso después de tantos dulces, Hermione logró comer más de lo que debía. Cuando terminó, subieron las escaleras a la torre de Gryffindor, y Hermione disfrutó que nada malo había ocurrido ese día.
Desafortunadamente, habló muy pronto. Cuando llegaron al agujero del retrato, la Dama Gorda no estaba ahí y su retrato había sido rajado hasta ser listones. Y Peeves el Poltergeist sabía precisamente porque.
–Terrible temperamento tiene, ese Sirius Black.
Hermione se paralizó.
¡No entres en pánico! ¡No entres en pánico! No entres en pánico… No debía haber comido ese segundo plato.
–Todos los estudiantes regresen al gran comedor al instante –ordenó Dumbledore.
Los Gryffindor se dieron la puerta y se apresuraron a bajar las escaleras. Hermione aún se sentía a punto de vomitar cuando sintió a alguien jalando su brazo. Finalmente notó que su mano estaba entumecida por el fuerte agarre de alguien. Era Ginny. Ella y Ron estaban mirando con preocupación a Harry, quien lucía tan enfermo como Hermione se sentía.
Hermione se obligó a sí misma a respirar profundamente y analizó la situación. Sirius Black, notable asesino, había entrado al castillo. Objetivamente, eso no era muy diferente de los últimos dos años, excepto que había pasado a los dementores (lo cual nadie había hecho antes), a los aurores (quienes había estado evadiendo por meses), y las barreras del castillo (lo cual era difícil, pero no imposible). También, probablemente estaba ahí para matar a Harry.
En otras palabras, era otro año normal en Hogwarts… o eso es lo que se intentaba decir a sí misma.
Los profesores no se tomaron el tiempo de hablar con alguien en específico. Sólo encerraron a los estudiantes en el gran comedor con cientos de bolsas para dormir mientras buscaban en el castillo. Nuevas barreras fueron activadas dentro del comedor, y las enormes puertas se sellaron de arriba a abajo.
–Si aún está en el castillo –dijo Hermione mientras los cuatro tomaban cuatro bolsas para dormir en la esquina.
–Dumbledore cree que quizás lo está –dijo Ron.
–O quiere asegurarse de que no lo está –sugirió Ginny.
–Sería mejor si tuvieran una manera de rastrearlo… ¡por supuesto! –Saltó y se acercó más a la esquina, dentro del último nicho en la pared–. ¿Dobby? –llamó en un susurro.
–Señorita Hermione…
–¡Sh! Dobby, Sirius Black estuvo en la entrada de la torre de Gryffindor hace poco. –Dobby soltó un grito ahogado, pero ella lo calló de nuevo–. ¿Puedes localizarlo por su aroma como hiciste con las cosas de Luna?
Dobby inclinó su cabeza y lo consideró. Obviamente estaba fuera de su experiencia.
–Dobby puede intentarlo, señorita, si no han habido muchas personas ahí –susurró.
–Bien. Quiero que hagas eso, pero ten cuidado, y si lo encuentras, no dejes que te vea. Ve directo a Dumbledore.
–Sí, señorita Hermione. –Desapareció para unirse a la búsqueda.
–¿Enviaste a un elfo a que lo olfateara? –dijo Ginny con incredulidad–. ¿Desde cuándo puedes hacer eso?
–Desde esta noche, aparentemente. Las personas en verdad necesitan prestar más atención a los elfos. Pero me pregunto porque Black eligió esta noche. No había nadie en la torre.
–Supongo que confundió los días –dijo Ron–. Al estar en fuga, quizás no sabía.
–Quizás no.
–Eso debe ser –dijo Ginny–. Sino, ¿a quién más estaba buscando?
¿A quién más? ¿O qué más?
Percy caminaba alrededor y mandaba a todos a dormir, como si Hermione (y muchos otros) pudieran hacerlo. Estaba a punto de acostarse, pero tuvo otra idea. Se acercó a un grupo de Ravenclaw, donde una bolsa estaba separada del resto, y se inclinó.
–Luna, ¿estás bien aquí?
Luna abrió sus ojos donde estaba recostada con serenidad.
–Oh, sí, estoy bien, gracias.
–Pues, si estás segura… pero eres más que bienvenida a dormir con nosotros por allá.
–Eso es muy amable de tu parte, Hermione, pero está bien. Las barreras se sienten bastante seguras aquí. Puedes dormir conmigo si quieres si te sientes incómoda.
Hermione se sentía muy incómoda y ahora más. Luna parecía tener ese efecto en las personas. Por suerte, fue salvada cuando Percy gritó: "¡Luces!"
–Gracias –dijo–, pero creo que yo también estaré bien –y corrió de regreso a su grupo.
Hermione durmió muy poco esa noche. Ella y sus amigos escucharon por noticias cada vez que un maestro entraba, pero Black no fue encontrado. El profesor Snape insinuó que el profesor Lupin pudiera estar involucrado, pero Dumbledore lo rechazó de inmediato. Hermione también lo hizo, aunque por una razón diferente. Considerando que era la noche después de la luna llena, el profesor Lupin probablemente estaba muy enfermo para ser de mucha ayuda.
No fue hasta temprano en la mañana que Hermione escuchó de Dobby de nuevo, cuando el pequeño elfo se le acercó,jugando con sus dedos nervioso.
–Dobby lo siente, señorita Hermione. Dobby no pudo encontrar al mago malo Black.
–Eso sospeché –dijo algo dormida–. ¿Sabes cómo se escapó?
–Dobby piensa que ocultó su aroma, señorita.
–¿Ocultó su aroma…? ¿De los elfos?
–Dobby no cree que le importen los elfos, pero puede que le importe la profesora McGonagall.
–¿La profesora McGonagall?
–También estaba rastreando a Sirius Black por su aroma.
–Có… como un gato, por supuesto. Es bueno ver que alguien más lo pensó. Apuesto a que la Sra. Norris también estuvo ahí. Gracias por intentarlo.
–Dobby está feliz de servir, señorita Hermione.
Notas del autor: Fasciculi Pilis Plectere: Del latín para "trenzar bultos de cabello".
