Todos los Harry Potter son transformaciones lineales de JK Rowling.


Capítulo 47

–Profesora Vector, estoy muy preocupada –dijo Hermione. Había llegado a clase de Aritmancia lo suficiente temprano para tener una conversación privada, con ojos rojos por la preocupación y falta de sueño. También había sido molestada por el nuevo retrato guardián en camino a recoger sus libros… un caballero loco de la torre norte.

–Todos lo estamos, Hermione –dijo su maestra con poca energía. Si Hermione no había dormido mucho, Vector no había dormido nada.

–No entiendo como es que entró –dijo Hermione–. ¿Quizás los túneles de drenaje? Así es como Quirrel metió al troll.

–Eso pensé –dijo Vector–, pero todos fueron sellados con rejas y tienen encantamientos contra intrusos en ellos. Los hubiera activado entrando por ahí.

–¿La cámara de los secretos?

–También vigilada con un encantamiento contra intrusos.

–¿Hay pasadizos secretos que entren y salgan de la escuela?

–Bastantes, pero el Sr. Filch nos dijo que el único posible termina fuera de las paredes del castillo, así que tenemos el mismo problema de como los dementores no lo detectaron en los terrenos. Y sobre eso, no se nada. Sólo puedo adivinar… pero no quiero preocuparte.

Hermione suspiró.

–Profesora, me voy a preocupar de cualquier modo. No veo como las cosas podrían ser peor.

–No me refería a Black. Me refería a los dementores. ¿Qué sabes sobre ellos?

–No mucho. No hay mucho que no esté restringido en la biblioteca. Sé que son espíritus de putrefacción; lentamente destruyen todo lo que está a su alrededor, y sé que experimento graves síntomas de depresión cuando están cerca. Son… están tan… mal que no tienen sentido. Quisiera saber más.

–Es posible que lo reconsideres si te digo… –dijo Vector. Lentamente, examinó sus palabras–. Síntomas de depresión… no estoy tan familiarizada con la sanación mental como debería, pero supongo que eso es acertado. Los dementores, siendo espíritus de putrefacción, se alimentan de cosas buenas: luz, calor, color, plantas verdes, y más importante, emociones buenas como la paz, la esperanza, la felicidad, recuerdos alegres, y pensamientos sobre tus seres queridos. Y en su estela, dejan frío, decepción, niebla, muerte, putrefacción, y lo que tú llamas depresión. Con todos los buenos recuerdos succionados, lo único que puedes hacer es revivir los malos.

Hermione tembló. Recordó como el castillo se había sentido más frío y desolador todo el semestre, incluso a salvo dentro de las barreras. Recordó como todas las cosas malas que habían ocurrido en los últimos dos años llegaban al frente de su mente cuando esas cosas se acercaban. Con esa descripción, los dementores sonaban como las criaturas más repugnantes en la faz de la tierra.

–¿Eso que tiene que ver con Black? –preguntó.

–De algún modo, puede pasarlos. Como dije, los dementores se alimentan de la paz, la esperanza, la alegría, y el amor. Y lo único en lo que puedo pensar, aunque nunca lo había escuchado antes, es que Black se ha vuelto tan loco que ya no tiene nada de eso.

La boca de Hermione se abrió de golpe.

–Eso es terrible –dijo–. Oscuro es una cosa, pero tendría que ser lo más malvado que puede existir.

–Estoy de acuerdo –dijo Vector sombríamente–. Tan malvado como es, me cuesta trabajo creer que no tiene familia o amigos a los que recuerde con cariño, o recuerdos felices de tiempos mejores. Si es capaz de hablar de manera coherente, debe tener algo que ofrecer a los dementores, y aún así, es la única respuesta en la que puedo pensar.

Hermione se sentó tiesa y miró a su escritorio por un minuto, permitiendo que sus pensamientos más oscuros la rodearan. Black estaba haciendo lo imposible… más imposible de lo normal, aún para Hogwarts. Intentó aplicar el axioma de Doyle… eliminar lo imposible, y lo que quede debe ser la verdad. Black no había sido notado entrando al castillo por los dementores o cualquier hechizo de monitoreo. Por lo tanto, o tenía una defensa en contra de los dementores de la que nadie sabía, o tenía un pasadizo secreto que nadie conocía, o ambos. Fuera lo que fuera, le daba una ventaja táctica significante, una que ya había utilizado una vez y que continuaría usando.

Estaban en problemas.

–Profesora, tengo la tentación de no contar esto a mis padres –dijo Hermione de repente. Vector levantó la mirada con sorpresa. Al ver la pregunta escrita en su rostro, Hermione continuó–. Sólo me dejaron regresar porque confiaban en la seguridad del Ministerio, y ahora es obvio que no es suficiente. Dobby es genial, pero no creo que dejen que él sea mi única línea de defensa.

Vector presionó sus labios juntos con preocupación.

–No puedo decirte que hacer sobre eso, Hermione –dijo ella–. Sólo puedo repetirte que lo que dije hace dos años. Ya has sido más abierta con tus padres que cualquier hijo de muggles al que he conocido, y eso es muy valiente de tu parte. Es más de lo que tendrías que soportar, y no hay vergüenza en ocultar algo. Pero al mismo tiempo, pone un gran peso en una familia el guardar un secreto. Creo que tus padres estuvieron bien en permitirte regresar, pero la escuela ha tenido bastante mala suerte con todas estas amenazas tres años seguidos…

Se detuvo para acomodar sus pensamientos por un momento. Hermione esperó con paciencia.

–No estoy segura de haberte dicho esto –dijo cuando continuó–. Nunca formé una familia o tuve mis propios hijos, pero tengo un sobrino. Y su hija, Georgina, comienza Hogwarts el próximo año. –Las cejas de Hermione se elevaron. No lo sabía–. Así que créeme cuando te digo que estoy muy preocupada por la seguridad de esta escuela. Hemos tenido mala suerte estos dos años, pero después de anoche… quizás es hora de aceptar los hechos y admitir que Hogwarts… de hecho, la zona mágica de Gran Bretaña, ya no es segura. Y por eso, quizás es hora de comenzar a guardar ciertas cosas de tus padres, o quizás es hora de que continúes tu educación en otro lugar. Pero tú eres la única persona que puede responder eso.

Hermione estaba sin habla. Esa definitivamente no era la respuesta que estaba esperando escuchar, aunque pudo adivinar que probablemente era lo que necesitaba. Aún no sabía que hacer, pero ahora se daba cuenta de la gran decisión que era… y que era una decisión que ya había comenzado a tomar.

–Profesora –dijo–, ya decidí no contar a mis padres otra cosa… que… pues… -miró a la puerta para asegurarse que nadie más iba a entrar y susurró–: sé que Black está detrás de Harry.

Vector dejó salir un grito ahogado.

Por supuesto que lo sabes –dijo. Hermione asintió.

–Tampoco les dije que Ryddle estaba detrás de mi el año pasado para llegar a Harry. O que estoy segura que el espíritu de Voldemort… –Vector suprimió otro grito ahogado–... intentó poseerme hace dos años cuando atacó a Harry. Yo… no quise darles la oportunidad de decirme que dejara de asociarme con él. Puedo dejar Hogwarts, profesora, pero no puedo hacer eso. Harry merece más que eso con la vida que ha tenido.

Vector sonrío débilmente.

–Eres una buena amiga, Hermione. Y una verdadera Gryffindor.

–He estado sin amigos como Harry lo estuvo una vez, profesora –dijo Hermione con resolución–. Los buenos amigos valen la pena el riesgo.

–Sí, así es. Pero depende de ti decidir hasta que punto lo llevas. Y si puedo darte otro consejo, sería consultarlo con tus amigos mayores. Son más cercanos en edad, por lo menos. Su perspectiva podría ayudar.

–Gracias, profesora. Creo que lo haré.


–Señorita Gamp, veo que está entusiasmada por avanzar sus estudios –dijo la profesora Vector cuando la afrontó después de clase–. Sin embargo, no hago acomodaciones especiales para nadie.

–Profesora, estoy segura de que puedo trabajar más allá de mi nivel en clase –dijo Rebecca–. Y Hermione lo ha estado haciendo por dos años.

–La señorita Granger es un caso especial –dijo Vector con firmeza–. Sus talentos hubieran sido desperdiciados sin ser usados por dos años, así que la dejé comenzar la clase por completo antes. Sin embargo, incluso entonces, sus matemáticas eran un estudio personal independiente.

–Pero…

–Puedo ver que eres una estudiante dotada, Gamp… segunda en tu clase, incluso. Sin embargo, si quieres avanzar, sugiero que encuentres a alguien como Percy Weasley para que te asesore. Entonces, estaré feliz de darte una evaluación para que entres a la clase de séptimo año el próximo año. Pero no hay razón para realizar un estudio independiente a menos que sea en el nivel EXTASIS.

–¿Y si puedo hacer esas matemáticas? –preguntó Rebecca.

–Puedo darte las notas de álgebra lineal en las que he estado trabajando con la señorita Granger –respondió Vector–. Si puedes mantener ese tipo de trabajo, entonces claro que eres bienvenida. De otro modo, me temo que no hay mucho que pueda hacer por ti.

Rebecca tomó un gran respiro.

–Está bien, profesora –concedió–. Les daré una mirada.


–Es una decisión difícil, puedo verlo –dijo Cedric Diggory cuando Hermione contó su dilema a su grupo de estudio al día siguiente.

–Se siente peor que el año pasado –dijo Roger–. Quiero decir, unos cuantos hijos de muggles se transfirieron el año pasado por el heredero, pero Black es un loco asesino, y no sólo está detrás de los hijos de muggles. Muchas personas más podrían irse por esto.

Alicia Spinnet sacudió la cabeza.

–Sí, pero Hermione es hija de muggles. No estás en más peligro.

Pero el peligro en el que ya he estado casi provocó que muriera varias veces, pensó Hermione.

–No lo sé –dijo Cedric con seriedad, bajando su voz–. Mi papá dice que hay un rumor en el Ministerio de que Black está detrás de Harry Potter.

–Más que un rumor, por lo que he escuchado –confirmó Hermione.

Los demás se estremecieron.

–¿Pero por qué? –dijo Alicia.

–Porque Black solía trabajar para Voldemort. –Todos soltaron un grito ahogado–. ¿En verdad vamos a hacer esto? –demandó Hermione. Parecía que la reacción era más molesta cada vez que ocurría–. Harry lo derrotó y ahora Black quiere venganza. Es tan sencillo como eso.

–Pues, no sólo tus padres –dijo Alicia–. Mis padres no me querrían en la misma torre que él si escucharan eso.

–Mis padres no están tan preocupados –dijo Cedric–, pero mi padre trabaja en el Ministerio, así que está seguro de que los dementores se encargarán de él.

Roger tomó el lado neutral.

–No se sobre mis padres, pero estoy recibiendo una E en Defensa, así que probablemente podría defenderme lo suficiente para escapar y pedir ayuda. ¿Pero padres muggle? No lo sé. Quizás quieras esperar a decirles. Esperar a que tengas verdaderas respuestas. O si tenemos suerte, capturarán pronto a Black y no tendrás que preocuparte.

–Sí, supongo… aunque no estoy segura de poder aguantar durante Navidad –dijo Hermione.

–Pues, no dejes que te moleste por ahora –dijo Cedric–. No hay mucho que puedas hacer al respecto.

–Lo sé. Siempre lo sé, pero nunca ayuda. Y dos noches sin dormir están comenzando a afectarme.

–Tómate la tarde libre –dijo Alicia. Hermione lucía escandalizada–. Sabes que trabajas mejor cuando duermes lo suficiente.

–Sí, lo se –admitió.

–O sólo continúa con algo como esto –agregó Alicia–. Siempre estás diciendo que la Aritmancia hace todo mejor.

Hermione se permitió sonreir.

–No creo haber utilizado esas palabras exactas. –Sacó sus apuntes más recientes y sus cálculos–. Pero sí necesito rediseñar este hechizo para la presentación de la próxima semana.

–¿Cuál? ¿El del cabello? –Alicia examinó sus notas–. Pensé que dijiste que ya casi lo acababas.

–Lo hice, pero descubrí que no funciona con cabello más largo que el mio.

–Oh, suena complicado –dijo Roger–. Lo que en verdad quiero inventar es un encantamiento sombrilla, pero casi todos los escudos son más avanzados de lo que estamos haciendo. No estoy seguro de que es posible.

–Mmm… pero los hechizos de movimiento no lo son –sugirió Cedric–. Me pregunto si podrías imitar los efectos con los factores de levitación correctos.

–No lo sé -dijo Hermione–. Eso suena complejo. Las primeras ideas que vienen a mi mente serían casi imposibles de mantener por un largo tiempo.

Roger sacudió los hombro.

–Vale la pena. Rebecca está haciendo algo bastante fuera de lo normal. Estaba haciendo algo como un avión de papel, pero de repente, dijo que quiere realizar un encantamiento de transformación de tejido a fieltro.

–¿Tejido a fieltro? –dijo Hermione con sorpresa.

–Sí.

Eso parecía extraño, pensó, y difícil… y mucho más avanzado que la tarea. La tela era una de las cosas en la que la magia (principalmente las transformaciones) no funcionaba tan bien, aunque cambiar de un tipo de tela a otro, especialmente uno de bajo nivel, podría ser más fácil. Intentó pensar como lo haría. A un nivel fundamental, era una simplificación de la estructura.

–Ah, ya veo –dijo–. Si estuviera intentando hacer eso, probablemente usaría matrices de proyección.

–Creo que usó esas palabras –confirmó Roger–. No sabía lo que significaban.

–Es… bueno, lo estudiaremos el próximo año, pero… lo estamos estudiando con sistemas degenerativos de ecuaciones lineales. Es una idea bastante lista… aunque no estoy segura de que se pueda lograr a nuestro nivel.

–No lo sé, pero es una Gamp, así que está en su sangre. Quizás lo logre.

–¿Disculpa? ¿Qué tiene que ver su familia?

–Tú sabes, los Gamp de las leyes de Gamp.

Los ojo de Hermione se abrieron como platos. No podía creer que no había realizado la conexión antes.

–¿Su familia descubrió las Leyes de Transformación Elemental de Gamp?

–Por supuesto. Varios de ellos han sido grandes creadores de hechizos por siglos –dijo él como si no importara.

Eso explicaba muchas cosas, pensó Hermione. Desafortunadamente, Roger parecía ser quien no lo comprendía. Pero sería interesante si Rebecca lograba algo con su estudio. Hermione no creía que Rebecca lograría alcanzarla en algo como cálculo, pero quizás lo hiciera en álgebra lineal.

–¿Y cuál es tu hechizo, Cedric? –continuó Roger.

–Pues, mi idea era crear un hechizo que separaría y haría pilas de monedas para contarlas con facilidad… no estoy seguro de porque lo pensé. Estaba pensando en la manipulación de objetos pequeños.

–¿En general o sólo galeones, sickles, y knuts? –preguntó Hermione.

–Sólo galeones, sickles, y knuts, definitivamente –dijo–. No podría hacerlo con todos los tipos internacionales de moneda.

–¿Podrías hacerlo con galeones, sickles, knuts, y otros? –sugirió Alicia.

–¿Otros…? Quizás. –Cedric tomó nota–. Aunque aún no puedo resolver como separarlos y hacer las pilas en un sólo hechizos. Quizás tendré que conformarme por sólo clasificarlas.

–¿Puedo examinarlo? –preguntó Hermione.

–Adelante. –Le mostró sus calculaciones.

–Mmm… –analizó su método–. No, dudo que logres hacerlo con sólo polinomios –concluyó–. Quiero decir, podrías hacerlo… series de potencias y eso, pero necesitarás algo más avanzado que esto.

–Sólo clasificarlas sería suficiente para la tarea –le aseguró Alicia–. Sólo estamos creando hechizos sencillos.

–¿Cuál es el tuyo? –preguntó Hermione.

–¿El mio? Un encantamiento giratorio. Usamos muchos otros encantamientos de movimiento, pero no muchos para girar, y debería ser bastante sencillo.

–Podría ser útil, especialmente a altas velocidades. La utilidad de las centrífugas… no, eso es tonto. Creo que podrías crear un hechizo para separar las cosas directamente. Pero aún así, es una gran idea.

–Sí, pero creo que la fricción me está deteniendo.

Cedric se inclinó para examinar las notas de Alicia.

–Creo poder tener algo… –Buscó entre sus notas y le entregó una página–. ¿Crees que esto ayude? Estaba usando esta ecuación para hacer que las monedas se deslicen con facilidad.

–Quizás… gracias.

–Es para lo que estamos aquí.

–Sólo espero que pueda hacer que mi hechizo funcione antes del partido de quidditch –dijo Roger–. Parece que será uno húmedo.

–Habla por ti mismo –dijo Alicia–. Nosotros somos quienes tenemos que volar en eso.

Continuaron con su trabajo, intentando ayudarse en lo que podían. Finalmente, se separaron por la tarde y Hermione recordó que tenía una cosa más de la que hablar.

–Por cierto, Roger, ¿qué sabes de Luna Lovegood?

–Lovegood, Lovegood… –Intentó recordar los nombres de sus cargos–. Oh, Lunática… eh, lo siento, Luna –dijo–. Sí, la pequeñita de segundo año de cabello rubio.

–Sí, ella.

–No se mucho sobre ella. Por lo que he escuchado, está loca, y su padre está a cargo de esa revista maniática, El Quisquilloso.

–No está loca, Roger –dijo Hermione molesta–. Es bastante excéntrica, y cree en muchas cosas extrañas, pero es una Ravenclaw.

–Bien, bien –dijo–. No sabía que eran amigas. ¿Cuál es el problema?

–Pues, pensé que querrías ser informado de casos de abusos en tu casa. –Roger se sonrojó–. Además de ser llamada "Lunática", parece que personas han estado robando su ropa y la esconden en el castillo –explicó.

–¿Lo están? –dijo con sorpresa–. No le ha dicho a ningún prefecto.

–No este año, porque la ignoraron el año pasado. Y no quiere causar problemas. Pero los elfos domésticos han estado encontrando sus cosas, y creen que yo estoy detrás de eso, intentando liberarlos. Así que apreciaría si les dijeras que pararan.

–Los elfos domésticos… –Roger comenzó. Hermione pensó que quizás había confundido su cerebro ya que la mayoría de los magos no pensaban en esos términos–. Bien, sí, lo siento. Hablaré con ellos. ¿Quién lo está haciendo, específicamente?

–Yo comenzaría con sus compañeras de cuarto.

–Cierto. Haré eso. Y se lo mencionaré a Rebecca también. No hay lugar para abusos en nuestra casa.

–Estoy de acuerdo. Gracias.


–¡Este clima es terrible!

El primer partido de quidditch del año tomaría lugar en medio de un huracán.

–¡En el mundo muggle cancelan partidos por tormentas eléctricas!

–¡Hay barreras anti-rayos en los terrenos!

Los espectadores apenas y podían hablar sobre el ruido.

–¡Alguien se va a caer de su escoba con este viento!

Las sombrillas no tenían uso en estas condiciones, ni tampoco el encantamiento de Roger que apenas funcionaba, así que todos pronto estuvieron empapados hasta la piel en la lluvia helada. Unos cuantos estudiantes mayores colocaron encantamientos impermeabilizantes en su ropa, pero era muy tarde para que hiciera algo de diferencia. Madame Pomfrey necesitaría pedir una orden extra de pociones pimentónicas después de esto.

–¡Harry casi lo golpea! ¿Qué cree que está haciendo?

–¡Es la lluvia! ¡Debe de estar volando ciego con esos lentes!

Que encabezado sería ese si Harry Potter sobrevivía un encuentro cercano con Sirius Black sólo para morir en un accidente de quidditch la semana siguiente.

–¡Están pidiendo un tiempo fuera! –gritó Ron.

–¡No ayudará! –gritó Hermione de vuelta–. Espera un minuto… –Si un encantamiento impermeabilizante funcionaba en la ropa…– ¡Ya regreso! –Corrió hacia el campo y lanzó el mismo encantamiento en los lentes de Harry. El agua de inmediato comenzó a deslizarse y pudo ver con claridad. Oliver Wood lucía como si fuera a besarla, y ella dio un nervioso paso atrás, pero sólo comenzaron de nuevo, con Harry finalmente capaz de volar en línea recta.

Hermione esparaba que Harry atrapara la snitch pronto. Quidditch continuaría, día y noche, pero jugar de noche en estas condiciones sería un ejercicio de futilidad o peor. Malfoy no estaba mejor… muy lejos, de hecho. Harry había dicho que los Slytherin no habían practicado tanto en mal clima y se veía. Malfoy parecía no tener idea de que hacer, dando vueltas alrededor del campo y buscando la snitch en vano.

Después de un tiempo, Hermione vio a Harry detenerse con una mirada extraña, como si estuviera distraído por algo en las gradas. Wood le gritó algo, y continuó.

Y entonces Ginny gritó, pero no estaba señalando a algo en el aire. Estaba señalando al suelo.

Hermione sintió el frío helado y la angustia sobrellevarla, y miró abajo con miedo. Dementores. Estaban en el campo… ¡por lo menos cien de ellos! Probablemente la manada entera en los terrenos. Su sentimiento de desesperación aumentó con el peligro inminente. Tenía el presentimiento de que alguien… o quizás varias personas… moriría pronto.

Los gritos llenaron las gradas. Muchos de los estudiantes estaban paralizados con terror. Y entonces, se escuchó un rugido. Hermione se dio la vuelta para ver la zona de los profesores y vio algo que esperaba no tener que ver de nuevo: un Albus Dumbledore enojado.

Había un aura alrededor de Dumbledore, y parecía irradiar poder. Dumbledore no podía tener tanto poder más en comparación con un mago promedio, o por lo menos no más que Muhammad Ali era más fuerte que el muggle promedio en la calle, pero la manera en que lo usaba… El aura lucía como luz pura, pero la lluvia se convertía en vapor al tocarla, y su mirada podría matar a un basilisco. Y entonces, lanzó un hechizo, pero no era como ningún otro hechizo que Hermione hubiera visto. Era una luz cegante blanca… no, plateada. Se lanzó contra los dementores como una flecha, lanzando ondas de luz a su alrededor. Cuando se estrelló contra los dementores, la manada entera se tropezó contra la luz como pinos de bowling. Entonces, Dumbledore saltó de las gradas, reduciendo su velocidad en su caída de algún modo, y corrió hacia ellos para reforzar su hechizo. Comenzaron a huir cuando Hermione escuchó otro grito a su lado.

–¡Harry!

Levantó la mirada hacia donde Ginny estaba mirando y lo vio. Harry había caído de su escoba y caía en dirección al campo. Caía de una gran altura.

Y de repente, la desesperanza se fue de los pensamientos de Hermione y fue reemplazada por fría calculación. La oscuridad aún estaba ahí, presionando a su alrededor a pesar del hechizo de Dumbledore, pero algo más fuerte la estaba empujando: cayendo a treinta y dos pies por segundo cuadrado, velocidad terminal de ciento veinte millas por hora, aceleración máxima para caminar sin heridas de cincuenta ges si aterrizaba correctamente. Esto, esto era algo que podía controlar.

¡Wingardium Leviosa!

Harry era muy grande y estaba muy lejos para levitarlo por sí sola, pero como esperaba, Ron, Ginny, y unos cuantos más entendieron el mensaje y también gritaron: "¡Wingardium Leviosa!" Más los siguieron, pero fueron ahogados por Dumbledore gritando: "¡Aresto Momentum!" Y la combinación de la fuerza de hechizos fue suficiente para que Harry cayera lentamente, aunque inconsciente, al suelo.


–Deberías de comenzar a cobrarle, Hermione. ¿Cuántas veces lo has salvado ya?

–Chicos, tranquilos. Se desmayó. Pudiera haber sido golpeado por un camión como terminó.

–Lo sorprendente es que terminó mejor que Wood.

Harry Potter se despertó en un lugar más cómodo y cálido que donde recordaba haber estado por última vez. Sin embargo, no tenía idea de cómo había llegado ahí o de que estaban hablando las voces misteriosas a su alrededor.

–Eso fue lo más escalofriante que he visto… –dijo una voz llorosa.

De repente, recordó el frío, las figuras encapuchadas, y la mujer gritando. ¡Tenía que ayudarla! Sus ojos se abrieron de golpe y comenzó a moverse en la cama, pero fue sostenido. Se orientó. Estaba en la enfermería. La voz llorosa pertenecía a Ginny. Los que habían hablado antes eran Hermione y los gemelos. Ron y las cazadoras también estaban ahí. Todos estaban llenos de lodo o por lo menos empapados por la lluvia.

–¡Harry, amigo! –exclamó Fred–. ¿Estás bien? Nos asustaste bastante allá afuera.

Lo recordó. Estaba seguro de haber visto al mismo perro negro en las gradas que había visto en Privet Drive, después la snitch, y entonces…

–¿Qué ocurrió? –preguntó.

–Te caíste –dijo Fred.

–Una gran caída –agregó George.

–Pensamos que ibas a morir –sollozó Ginny.

–Por suerte la caída fue tan larga que Hermione tuvo tiempo de atraparte –dijo Alicia.

–¿Hermione? –miró a su amiga de cabello alborotado.

–Hechizos levitatorios –explicó con ojos rojos–. Yo sólo fui la primera.

–Pero a nadie más se le hubiera ocurrido –dijo Fred.

–¿Y qué del partido? –dijo Harry con ansiedad–. ¿Tendremos repetición?

Nadie dijo nada. Todos lucían serios.

–¿Qué? ¿Acaso… perdimos? –dijo Harry horrorizado.

–Fue muy cercano, Harry –le dijo Hermione–. Si hubiera estado Cedric Diggory o Cho Chang ahí, probablemente hubieran capturado la snitch antes de que alguien cancelara el juego. Pero Malfoy… –miró sobre su hombro. Harry vio al equipo de Slytherin al otro lado de la enfermería. Varios de ellos miraban con molestia a los Gryffindor–. Voló fuera del campo cuando vio a los dementores. Eso compró algo de tiempo.

–¿Tiempo para qué? –dijo Harry, confundido.

–Pues, tú sabes que las reglas dicen que un partido sólo puede ser cancelado si ambos capitanes están de acuerdo…

–Oh no… –dijo Harry, sabiendo que los Slytherin querrían continuar. De repente, escuchó un gruñido a su lado. Se dio la vuelta y vio a Oliver Wood en la cama a su lado, con moretones y cansado.

–Flint necesitó ser convencido –gruñó Wood.

–Sí, se puso feo –agregó George.

¡Flint, pide una repetición! –gritó Wood.

¡Olvídalo, Wood! –gritó Flint de vuelta–. Vamos a seguir jugando.

¡Tu buscador salió huyendo!

Por lo menos sigue consciente. El tuyo ni siquiera pudo permanecer en su escoba cuando unos cuantos espíritus oscuros se acercaron, el idiota.

Wood golpeó a Flint en la cara, lanzándolo al suelo y golpeándolo tan fuerte como pudo.

¡Hijo de puta! –gritó–. ¡Harry casi murió por culpa de esas cosas! ¡Cancélalo! ¡Cancélalo!

Un momento después, Flint puso sus manos en su varita y hechizos comenzaron a volar. Era aterrador, ver a dos estudiantes de séptimo año enfrentarse sin reservas. Dumbledore ya se había llevado a Harry al castillo, y se necesitó al resto de los profesores para detenerlos.

–Flint eventualmente tuvo que pedir que lo cancelaran porque sus rodillas habían recibido varios maleficios –concluyó Fred.

–Y porque luchar un duelo en medio del partido vale tantas faltas que Madame Hooch perdió la cuenta –agregó George.

–Si la regla de no varitas es aplicada de manera estricta, serían diecisiete penales para Slytherin y doce para Gryffindor –dijo Hermione con calma–, aunque Wood golpeando el rostro de Flint debería de valer más de uno.

–Y esto es por lo que ella es la gurú del quidditch –respondió Fred con una sonrisa–. Hermione Granger nunca pierde la cuenta.

Wood, sin embargo, regresó a lo importante.

–¿Qué ocurrió ahí afuera, Potter?

–Me desmayé –dijo avergonzado–. No se porque. Vi a los dementores, escuché gritos, y entonces… me desmayé.

Wood suspiró con pesadez.

–No es tu culpa, Potter –admitió–. Esos dementores nunca debieron estar ahí. Dumbledore estaba furioso. No me sorprendería si transformara a Fudge en un sapo. Desafortunadamente, esto nos deja con dos problemas.

–¿Dos problemas? ¿Cuáles?

–Primero, necesito saber que puedo confiar en ti si ocurre de nuevo, Merlín no lo permita. Cual sea tu problema con los dementores, si no lo puedes superar, tendremos que jugar con el buscador reserva.

Harry estaba horrorizado. ¿Ser enviado a la banca en el equipo de quidditch? Tenía que encontrar la manera de enfrentarse a los dementores. Y entonces lo recordó:

–Pero no tenemos un buscador en reserva.

–Entonces tenemos que conseguir uno rápido.

–¿Pero quien?

Wood lo pensó por un momento.

–Ginny.

–¡Ah! ¿Y...y...yo? -chilló la Weasley más joven.

–Vi tus resultados en la clase de vuelo el año pasado. Eres muy buena, y está en tu sangre.

–P...pero Harry, ¿tú estás bien con eso?

Harry suspiró, pero sacudió la cabeza.

–Te he visto volar. Supongo que si yo no puedo, me sentiría mejor que tú lo hicieras que alguien más. Puedes tomar prestada mi Nimbus si la necesitas.

De repente, todos lucieron aún más abatidos.

–¿Qué? –dijo Harry, más nervioso que antes.

–Ese es el segundo problema –dijo Wood.

¿Qué?

–Pues, cuando te caíste –dijo Hermione lentamente–, todos te estaban prestando atención a ti, y…

–Harry, tu escoba… –agregó Ron.

–Se fue volando hacia el sauce boxeador –dijo Ginny, de nuevo con lágrimas–. Lo siento tanto, Harry.

Cuando Harry vio los pedazos y astillas que quedaban de su Nimbus 2000, se soltó a llorar, aunque en voz baja, como si hubiera perdido a uno de sus mejores amigos. Hubiera sido devastador de cualquier modo, pero sólo Hermione y los Weasley lo conocían lo suficiente para comprender: Harry había tenido muy pocas cosas buenas en su vida, y volar era su favorita. Fred y George rápidamente cerraron las cortinas entre la cama de Harry y Wood, y pidieron a las cazadoras que se retiraran y que no mencionaran esto a nadie. Hermione, Ron, y Ginny se hubieran quedado, pero Madame Pomfrey pronto los corrió.

Sin embargo, Hermione se detuvo antes de irse.

–No te preocupes, Harry –dijo, intentando sonar reconfortante–, encontraremos la manera. Siempre lo hacemos… Oh, y por cierto, es ocho.

–¿Qué es ocho? –dijo Harry.

Hermione sonrió.

–El número de veces que he salvado tu vida.

Dada la elección entre reirse y sentirse incómodo, Harry tuvo que reírse. Hermione Granger nunca pierde la cuenta.


Por muy cansada que estaba por su preocupación crónica por Sirius Black y después el accidente de Harry, Hermione aún tenía cosas que hacer el domingo. Necesitaba probar su hechizo mejor que lo había hecho antes, trenzando hilos como prueba en objetos inanimados, después su cabello, y finalmente el de sus compañeras de cuarto. Aparentemente, eso no fue suficiente. Necesitaba asegurarse de que funcionaría en el caso más extremo, pero no tenía los suficientes recursos para eso. Lo que necesitaba era…

De repente, tuvo una idea de donde podría encontrar lo que necesitaba, y corrió al pasillo del séptimo piso. Hasta el momento, sólo había usado la sala de los menesteres como un lugar privado donde relajarse o hablar con Ginny lejos de otras personas, pero sabía que debía tener otras funciones. Sonya había dicho que era usada para esconder cosas. ¿Qué más podría producir? Al llegar al pasillo, caminó tres veces pensando: Necesito un lugar donde probar mi hechizo. Necesito un lugar donde probar mi hechizo. Necesito un lugar donde probar mi hechizo. La puerta decorada apareció, y la abrió.

Dentro había lo que parecía ser un estudio, lleno de maniquíes, en su mayoría femeninos. Y cada maniquí tenía una peluca de diferente largo, color, y tipo; de pelucas de cabello rubio fino a pelucas de cabello rojo y áspero; de cabello tanto liso y tieso como el de Su Li a rizado como el de Romilda Vane; y las más largas caían hasta el suelo.

–¡Sí! –lloró. Esta era su oportunidad. Podía probar su encantamiento para trenzar en todo tipo de cabello, incluyendo los más difíciles. Su mente dio vueltas con las posibilidades. El cuarto sería útil para probar todo tipo de hechizos, incluso hechizos que eran muy peligrosos para probar en el resto del castillo, si tenía la necesidad.

Era hora de en verdad ponerse a trabajar.


Dos horas después, dos pelirrojos revisaban periódicamente cierto pergamino con preocupación.

–Aún me pregunto si debimos decirle a alguien –dijo George.

–¿Qué bien haría? –respondió Fred–. Sólo nos harían un montón de preguntas que no podemos responder… en ambos sentidos de la frase. Además, esto ha ocurrido antes en la misma zona.

–Lo se, pero me pone nervioso. No debería de ocurrir con este mapa, desaparecer de ese modo –dijo George.

–No es el único lugar que no muestra.

–Sí, pero es el único lugar que obviamente no está ahí. Te lo digo, Fred, hay algo extraño sobre ese pasillo.

–Pues, es por lo que estamos vigilando… ¡Ja! Ahí está, George. Séptimo piso, como antes.

–De acuerdo, ¡vamos!

Los gemelos Weasley corrieron por los pasillos, alejados de todos los que podrían regañarlos por correr. Hermione, tomándose su tiempo, no había llegado muy lejos antes de que llegaran a ella en una esquina, de golpe, haciéndola dar un salto.

–¡Hermione! –exclamaron juntos, con grandes sonrisas.

–Nuestra querida señorita… –continuó Fred…

–Nuestra ama de las matemáticas… –dijo George.

–Nuestra genio para la creación de hechizos…

–Nuestra prodigio para los pronósticos…

Estaba en problemas.

–¿Te molestaría decirnos en dónde…?

–¿...has estado las últimas dos horas?

Lo sabían. Sabían que algo estaba ocurriendo, por lo menos. Se tranquilizó y los miró con seriedad.

–Sí, me molestaría –dijo–. ¿Les molestaría decirme por qué están tan interesados?

–Estábamos preocupados por ti –respondió George.

–Sí, no sabíamos donde estabas –agregó Fred.

–Conocemos muchos de tus lugares preferidos, pero hay uno por aquí que aún es un misterio.

Hermione se cruzó de brazos.

–¿Y que hay de inusual en eso? –resopló.

–Porque siempre podemos encontrar a las personas –le dijo Fred.

–¿Cómo crees que nos volvimos tan buenos bromistas? –preguntó George.

–Y, ¿cómo es que, exactamente, pueden hacerlo? –demandó.

–Es un secreto –dijeron juntos.

–Y estábamos hablando de tu pequeño escondite –agregó Fred.

Ella sonrió.

–Es un secreto –respondió.

Los gemelos se rieron. Comenzó a caminar de nuevo, pero George se puso completamente serio y dijo algo que la hizo detenerse.

–Hermione, en verdad estábamos preocupados por ti. Verás, la última vez que no podíamos encontrar a alguien fue cuando Ginny fue llevada a la cámara.

Hermione se dio la vuelta y les dirigió una mirada empática. Realizó un cálculo rápido: Fred y George habían sido de confianza en el pasado. Tenía un proyecto en el que quería trabajar con ellos, y también tenía el lugar perfecto para hacerlo. Sólo necesitaba ponerlo todo junto. Les mostró una sonrisa traviesa que inmediatamente levantó su interés.

–Me muestran el suyo y les mostraré el mío.

Los gemelos soltaron una carcajada, se juntaron y hablaron en susurros por un minuto.

–¡Es un trato! –acordaron.

Hermione tomó a cada uno de la mano y los llevó de vuelta al pasillo del séptimo piso, deteniéndose en frente del tapiz.

–Sólo unas cuantas personas saben que esto está aquí –dijo–, y sólo los elfos, Ginny, y yo saben como funciona. Le dije a Ginny para que pudiera alejarse de todos si lo necesitaba. –Con eso, caminó enfrente mientras pensaba, necesito un lugar donde los gemelos me muestren su secreto. Necesito un lugar donde los gemelos me muestren su secreto. Necesito un lugar donde los gemelos me muestren su secreto.

Fred y George soltaron un grito ahogado cuando la puerta apareció. Obviamente pensaban que conocían todos los cuartos secretos. Hermione caminó a la puerta y miró dentro. Esta vez, la sala había tomado forma similar a su modelo de una sala común en miniatura, pero más grande, con una mesa de trabajo y espacio alrededor y en el fondo. No sabía cual era su secreto, pero asumió que era un lugar adecuado donde verlo.

–Vaya…

–...esto es una locura –dijeron los gemelos.

–¿De dónde salió?

–Siempre ha estado aquí –explicó Hermione–. Si caminan enfrente del tapiz tres veces, se convierte en lo que sea que necesiten. Más temprano, lo acomodé para probar un hechizo en el que estaba trabajando, y pensé que si íbamos a trabajar juntos en esas varitas de juguete (aún necesitamos hacer eso), este sería un buen lugar para hacerlo.

–Mejor que bueno –respondió Fred–. ¡Esto es maravilloso!

–¿En verdad puede ser lo que sea? –preguntó George.

–Bueno, probablemente no una alacena –dijo Hermione–. Dudo que pueda violar las leyes de Gamp.

–Pero aún así, ¿cómo lo descubriste? –preguntó Fred.

–Fácil. Le pregunté a los elfos.

–Le preguntó a los elfos, Gred.

–Le preguntó a los elfos, Forge.

–Fuera de lo normal, por completo.

–Sólo tú puedes hacerlo ver fácil, Hermione. –Se movieron a cada lado de ella y la tomaron en uno de sus usuales abrazos de cuatro brazos.

–Ya, ya, ¿creo que ahora van a mostrarme su secreto?

Hicimos un trato –dijo George.

–Eso hicimos. –Fred sacó un pedazo doblado de pergamino de su túnica y lo colocó sobre la mesa–. Es nuestra posesión más valiosa –dijo–. Ni siquiera Lee sabe sobre esto.

Aún lucía como un pergamino en blanco. Hermione elevó una ceja escéptica en su dirección.

Fred y George sacaron sus varitas, dieron un suave golpe al pergamino, y dijeron:

–Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas.

Líneas delgadas de tinta salieron de sus varitas y se esparcieron por el pergaminos. Figuras y planos arquitectónicos comenzaron a aparecer, y en la parte superior de la página, las palabras:

Los Sres. Lunático, Colagusano, Canuto y Cornamenta

Proveedores de ayuda mágica a los traviesos

Se enorgullecen en presentar

EL MAPA DEL MERODEADOR

Hermione observó la página y después a los gemelos. La miraron con grandes sonrisas, pero se horrorizaron al ver la expresión de Hermione cambiar a enojo. Estuvo cerca de usar cierto hechizo que estaba guardando en ellos, pero no, ese estaba reservado para alguien más. Deseó tener algo que arrojarles, y de repente, parecía que el sofá tenía más cojines que antes. Los tomó y lanzó uno por uno a los desafortunados pelirrojos, persiguiéndolos alrededor del cuarto.

–¡Son unos desgraciados, Fred y George Weasley! –les gritó–. ¡Tenían un mapa del castillo todo este tiempo y no me lo dijeron!

–¡Oye…!

–¡Espera…!

–¡Tranquila, Hermione! –le gritaron mientras bloqueaban y evadían los cojines.

–¡No… Ah! ¡No le mostramos el mapa a cualquiera! –dijo George.

–Sí, y queríamos… ¡Ah! Queríamos ver como te iba por ti sola con tu proyecto –continuó Fred.

–Se honesta, ¿hubieras encontrado este cuarto si lo hubiéramos hecho?

Hermione se detuvo (aunque también fue porque se le habían acabado los cojines).

–No, no lo hubiera encontrado –admitió. Tampoco hubiera explorado la gran torre y ganado el respeto de los gemelos encontrando una manera de embromarlos. Y tampoco hubiera conocido a Sonya y a los otros elfos. ¿Qué hubiera hecho si el primer elfo al que hubiera conocido era Dobby? No hubiera sido agradable.

Los chicos salieron de su escondite.

–Y esto es por lo que no se debe hacer enojar a Hermione Granger -dijo Fred.

Hermione les sonrió de manera dulce.

–De cualquier modo –continuó George regresando a la mesa–, este no es un mapa ordinario. Mira más cerca. –Abrió el mapa, el cual había crecido y lucía más como un atlas que un simple trozo de pergamino doblado. Hermione miró y perdió el aliento. El mapa no sólo mostraba el castillo. Era un sistema de seguridad completo y vivo. Pequeños puntos cubrían el mapa, moviéndose lentamente, cada uno marcado con una pequeña etiqueta con un nombre.

–¿Esto muestra dónde están todos? –dijo Hermione con asombro.

–Todos, todo el tiempo –dijo George con orgullo. Saltó a una página que parecía mostrar todas las torres y señaló una–. Incluso Dumbledore.

–Bueno, no todos –lo contradijo Fred–. Los elfos no aparecen, ni tampoco sus cuartos. Y en este momento… –se movió una página al final que mostraba el séptimo piso–. Tampoco nosotros. –Y sí, el lugar en el que se encontraban estaba marcado como un muro vacío.

–Pero tiene la oficina de Dumbledore –dijo Hermione–. ¿Dónde lo encontraron?

–Lo robamos de Filch nuestro primer año –le dijo Fred–, y nos ha servido fielmente desde entonces.

–Sí, los Sres. Lunático, Colagusano, Canuto, y Cornamenta –agregó George–. Les debemos tanto.

–¿Creen que esto fue creado por estudiantes? ¿Qué estoy diciendo? ¿Qué maestro crearía esto, con un título así? ¿Pero cómo es posible? Los hechizos deben de ser muy avanzados para mostrar a todos en tiempo real, y debe de ser actualizado automáticamente cuando los cuartos cambian en el castillo. Eso podría ser increíblemente valioso. Me pregunto como fue creado. –Hermione sacó su varita.

–¡Espera! ¡Espera! –los gemelos se lanzaron para detenerla.

–Está bien –dijo–. Sólo iba a realizar unos hechizos de detección. No voy a intentar modificar nada.

Fred y George se observaron y asintieron en silencio.

–De acuerdo –dijo George–. Si hay alguien en quien confiamos, eres tú.

–Sólo ten cuidado –agregó Fred.

–Por supuesto –dijo Hermione con delicadeza. Entonces, se tronó los dedos y lanzó un hechizo… y otro, y otro, y muchos más a gran velocidad. Rayos de color y diferentes formas, representaciones de los hechizos, aparecieron en la página, se elevaron al aire, y cayeron más rápido de lo que los dos Weasley podían leerlos, pero Hermione observó con atención y pareció obtener algo de ellos. El mapa del merodeador era un trabajo complejo en encantamientos, notó, casi como un programa de computadora. Estaba comenzando a formar una imagen mental de hechizos de alto poder, muchos más usados para detalles, y lo que parecía ser una gran cantidad de runas debajo.

Y entonces, tan rápido como un parpadeo, las formas desaparecieron, y la página se puso en blanco.

–¡AH! –lloraron Fred y George.

–¿Qué…? –comenzó Hermione con horror, pero entonces, vio algo más. Nuevas palabras comenzaron a formarse en la página, en cuatro diferentes tipos de letra:

El Sr. Cornamenta detecta el uso de hechizos de detección no bienvenidos en el mapa del merodeador.

El Sr. Lunático sugiere que los hechizos complejos indican que un maestro intenta obtener acceso al mapa.

El Sr. Canuto no está de acuerdo con el Sr. Lunático. El intruso lanza hechizos muy rápido para comprenderlos… ¿a menos que seas tú, Dumbledore?

El Sr. Colagusano pide que el intruso se identifique a sí mismo y explique porque desea acceder el mapa.

Fred y George suspiraron con alivio.

–Pensamos por un momento que lo habías roto –dijo Fred.

–Parece que no les agradan los intrusos -dijo George–. Por el lado bueno, el Sr. Canuto piensa que eres Dumbledore.

–¿Pero qué hago ahora? –preguntó Hermione.

–Si das un golpe con tu varita al mapa y hablas, te responderán –respondió George.

–Usualmente –agregó Fred.

–De acuerdo… –Hermione elevó su varita sobre el pergamino, pero se detuvo–. ¿Qué pasó con "nunca confíes en nada que pueda pensar por sí mismo si no puedes ver donde tiene el cerebro"?

Fred y George abrieron los ojos con horror.

–¿No crees que el mapa es...? –comenzó George.

–No. Por suerte, pude ver donde tiene el cerebro… o algo así… debajo en la capa de runas. Creo que es de ahí de donde provienen las respuestas. No veo nada de magia oscura. Sólo pensé en decirles que su padre no apreciaría lo que han estado haciendo… ni tampoco Ginny. -Ambos hicieron una mueca de vergüenza. Entonces, Hermione tocó el pergamino con su varita y habló–. Mi nombre es Hermione Granger. Soy una estudiante, no una maestra. Sólo soy buena en Aritmancia. Quería descubrir como funciona el mapa.

El texto desapareció al instante y fue reemplazado por más:

El Sr. Lunático envía sus saludos a la señorita Granger y aconseja decir una mejor mentira.

El Sr. Cornamenta está de acuerdo con el Sr. Lunático y le gustaría agregar que es obvio que nadie es tan rápido en Aritmancia.

El Sr. Colagusano repite su pregunta a la señorita Granger, si es que es su nombre verdadero.

El Sr. Canuto quisiera agregar su asombro de que alguien puede comprender eso en primer lugar.

Hermione se molestó ante la acusación. No iba a aceptar eso tan fácil. Golpeó con el pergamino con su varita de nuevo.

–No estaba mintiendo. Soy muy buena en aritmancia. Estoy tomando mi TIMO en tercer año, y estaba comenzando a tener una idea de como funciona esta cosa antes de que me interrumpieran.

El texto cambió una vez más.

El Sr. Colagusano se disculpa con la señorita Granger por el hecho de que algo tan atrevido debe ser cierto o una locura.

El Sr. Canuto está de acuerdo con el Sr. Colagusano y quisiera agregar que la señorita Granger suena como una señorita aterrorizante.

El Sr. Cornamenta está en desacuerdo con sus asociados considerando que ha dicho mentiras igual de audaces en el pasado.

El Sr. Lunático rechaza el comentario del Sr. Cornamenta en base a los acertados hechizos de la señorita Granger, pero le aconseja que acceso al mapa del merodeador no está abierto al público en general.

–De acuerdo. ¿Cómo regreso al mapa, entonces?

La respuesta fue una sóla línea, escrita en la letra del Sr. Cornamenta:

Sólo aquel que dice el juramento del merodeador puede obtener los secretos de los merodeadores.

–De acuerdo –gruñó Hermione. Tenía una buena idea de cual era el juramento–. Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas. –En segundos, el mapa regresó, justo como estaba.

Fred y George suspiraron con alivio.

–Vaya, Hermione –dijo Fred–. No puedo creer que usaras el mapa de ese modo.

–Es cuestión de comprender como funciona –dijo sacudiendo los hombros–. Si cooperaran, probablemente podría comprenderlo y agregar las áreas que no están marcadas, pero me tomaría bastante tiempo.

Los ojos de los gemelos se abrieron ante la posibilidad, pero George se mantuvo práctico.

–Creo que es suficiente por ahora.

–Está bien por mi. Por ahora. –Hermione comenzó a doblar el mapa por ellos–. Esperen -dijo–. ¿Creen que esto podría ser usado para rastrear a Sirius Black si entra de nuevo?

Ellos asintieron.

–Debería aparecer si está aquí –dijo Fred.

–Lo revisamos después de que entró al castillo en Halloween –agregó George–. Pero para cuando lo hicimos, ya se había ido.

–¿Saben cómo es que entró? –Hermione presionó–. ¿Acaso el mapa muestra pasadizos secretos? –Nunca pensó en preguntar a Sonya sobre los pasadizos secretos para salir del castillo.

Fred y George se rieron.

–Que si muestra los pasadizos secretos, pregunta –dijo George.

–Que si muestra los pasadizos secretos –respondió su gemelo.

–Mi querida, el mapa definitivamente muestra los pasadizos –explicó George, dando vuelta a las páginas y señalándolos–. Estos cuatro los conoce Filch. Este fue destruído el año pasado. Este llega afuera, debajo del sauce boxeador. No hay manera de pasarlo. Pero este… –Señaló a un pasillo oscuro en el tercer piso–. Pensamos que somos los únicos que lo conocemos.

Hermione elevó las cejas.

–Pero si hay un pasadizo que los maestros no conocen, ¿no sería como Black entró?

–No –dijo Fred–. Este sale en Honeydukes, y los dueños viven sobre la tienda. Barreras antirrobo y lo normal. De día y noche, no podría entrar sin que lo descubrieran.

–No lo sé –dijo Hermione–. Se escapó de Azkaban… Por supuesto, si puede hacer eso, hay un número de maneras como pudo haber entrado –dijo acongojadamente–. De acuerdo, el mapa no es de mucha ayuda. ¿Cómo lo cancelo?

–Oh, eso es fácil. –Fred y George tocaron el pergamino de nuevo con sus varitas.

–Travesura realizada.