La posesión de JK Rowling sobre Harry Potter es invariante bajo la teoría de trenzas. La posesión de White Squirrel sobre esta historia es otra.
Capítulo 48
El lunes durante el desayuno parecía que las cosas habían regresado tan a la normalidad como era posible en Hogwarts, aunque Harry aún se encontraba cabizbajo por el quidditch. Hermione, sin embargo, estaba de buen humor. Su presentación para la clase de Aritmancia, después de algo de trabajo, estaba lista. Excepto que pensaba que sería mejor con un ejemplo vivo. Pero eso era fácil de solucionar. Encontró a la persona que estaba buscando en la mesa de Ravenclaw.
–Luna, ¿a qué hora termina tu primera clase hoy?
A las nueve cincuenta y cinco, después de que su clase terminara, Luna Lovegood entró en medio de la clase doble de Aritmancia de Hermione. Hermione de inmediato se puso de pie y caminó al frente de la clase.
–Gracias por venir, Luna –dijo. Varios Ravenclaw sacudieron la cabeza–. Ya estoy lista, profesora.
–De acuerdo, señorita Granger, adelante –dijo la profesora Vector con tono entretenido.
–Todos, ella es Luna Lovegood. Le pedí que viniera porque probablemente tiene el cabello más largo en el castillo. Date la vuelta por favor, Luna. –Lo hizo, mostrándoles su larga cascada de cabello–. Mi presentación de hoy es un encantamiento de trenzado, y quería probar que funciona en cabello de cualquier largo. –Tomó el cabello de Luna y lo separó en tres pedazos a los lados de su cabeza y elevó su varita, preparándose mentalmente. Logró mantener el encantamiento igual, pero el nuevo movimiento de varita requerido era largo y extremadamente preciso, tan preciso que apenas y podía realizarlo. Movió su varita lentamente y con cautela.
–Fasciculi Pilis Plectere.
Hermione observó como el cabello de Luna se trenzaba por sí solo, izquierda, derecha, izquierda, derecha, una y otra vez, abajo, abajo, abajo, hasta llegar al final, y lo ató con una banda elástica.
–Excelente, señorita Granger –dijo la profesora Vector. La clase aplaudió con amabilidad–. Un buen uso de elementos de tejido, y sospecho que podrías obtener puntos extra del profesor Flitwick por ese movimiento de varita.
Hermione sonrió. Después de esas últimas semanas, se sintió como si sus estudios solitarios en matemáticas en primaria habían sido justificados ahora que colocaban una de las formas de magia más poderosas en la punta de sus dedos. Además, sintió que en verdad estaba logrando algo. Sus antiguos logros, aún si le habían dado dos artículos académicos y la habían salvado de un basilisco, se sentían triviales en términos de dificultad; pero la verdadera creación de hechizos era algo que en verdad podía saborear. Podía ver el potencial. Era un poder que muy pocos realizaban, incluso en el campo, y no había manera de decir que podría hacer.
–Y gracias por ofrecerse como voluntaria, señorita Lovegood –agregó Vector, sacando a Hermione de sus pensamientos.
–No hay de que, profesora –respondió Luna–. Me encanta la Aritmancia. Prefiero las Runas, pero ambas son importantes para creación de hechizos avanzados. Mi mamá me enseñó bastante del Silabario de Spellman cuando estaba viva.
–¿Ya sabes el Silabario de Spellman? –dijo Vector con sorpresa.
–Sí, bastante. A mi mamá le encantaban las runas. Mi papá aún usa sus acertijos para el Quisquilloso. Escribió los suficientes para durar hasta que pueda hacerlos yo.
–Debiste decir algo, entonces. La profesora Babbling probablemente te hubiera permitido comenzar antes.
–Oh, eso sería agradable.
–¿Sabes qué, Lovegood? –dijo Vector en voz baja–. ¿Por qué no hablas con la profesora Babbling de todos modos? Si conoces el material lo suficiente bien, quizás te permita avanzar a la clase de cuarto año el próximo año.
–Oh, vaya, eso suena excelente. Entonces podríamos tener una clase juntas, ¿verdad, Hermione?
–Bueno, depende del horario, pero es posible –dijo ella nerviosa. No estaba segura de cuanto de Luna podía aguantar al mismo tiempo, aunque no apreció que varios Ravenclaw se estuvieran riendo de las dos.
Oliver Wood ordenó una práctica de quidditch después de clases el lunes, a pesar de que Madame Pomfrey hubiera preferido que no dejara la enfermería tan pronto. Después de algo de discusión, el partido de quidditch había sido reprogramado para el once de diciembre. Eso no era bueno para Harry ya que no le daba mucho tiempo para resolver cualquiera de sus problemas. Por ahora, él y Ginny practicarían como buscador, pero con ambos en escobas de la escuela, las posibilidades de Gryffindor para la copa de quidditch no eran tan buenas como antes, como Hermione tuvo que explicar largamente a las personas que le preguntaron.
Por lo tanto, Ginny también estaba en la práctica, y Ron y Hermione la acompañaron para dar apoyo moral a ella y a Harry. Ginny había pedido a Hermione le trenzara su cabello en dos coletas para hacerlo a un lado. Hermione había notado que Harry estuvo muy callado durante la clase de Historia, pero no durmió nada, lo cual era extraño, y cuando llegó la hora de la práctica lucía bastante determinado.
–De acuerdo, Potter, ¿qué hay de nuevo? –preguntó Wood.
–Pues, tengo buenas y malas noticias –reportó Harry–. Las buenas son que el profesor Lupin dijo que hay manera de enfrentarme a los dementores, y me va a enseñar.
Eso entusiasmó a la mayoría del equipo, pero Wood permaneció cauteloso.
–¿Y las malas?
–Las malas noticias son que dijo que tendría que ser muy bueno para estar listo a tiempo para el partido contra Slytherin… y que aún no tengo una escoba –dijo nada contento.
–De acuerdo –dijo Wood–. Tendremos que hacer lo que podamos. Usa las escobas de la escuela por ahora, y veré si podemos encontrar algo. Potter, quiero que tú entrenes a Ginny a jugar como buscadora.
–¿Qué? –dijeron Harry y Ginny al mismo tiempo y se miraron el uno al otro.
–¿Yo? –agregó Harry–. Pero no se nada sobre entrenar.
–Pero eres un jugador brillante, incluso con las circunstancias presentes, y eso cuenta. Si no vas a jugar por lo menos quiero que entrenes a quien lo hará. Sólo enséñale todos los movimientos y formaciones que haces normalmente.
Harry aún lucía petrificado ante la posibilidad.
–Pero… yo… quiero decir, puedo, pero…
–No te preocupes, pequeño Harry –intervino Fred.
–Sí, estaremos ahí para ayudarte –dijo George.
-Sólo recuerda, Ginny –agregó Fred–, manten tu mirada en la snitch, no en el entrenador.
Ginny y Harry adoptaron un tono rojo brillante.
–De acuerdo, todos, repasemos las formaciones, como la semana pasada –dijo Wood–. Hubiéramos tenido este partido en la bolsa si no fuera por la interferencia, así que tenemos que mantenernos alerta. Vamos.
El equipo montó sus escobas. Harry no lucía muy feliz con su escoba de la escuela, pero no había mucho que pudiera hacer. Se elevó al aire, pero Ginny continuó en el suelo, sosteniendo su escoba con una mano y temblando un poco. De repente, tomó a Hermione por la túnica.
–¡Tienes que ayudarme, Hermione!
–Ginny… –Hermione retiró sus dedos de su túnica–. No te sirvo de nada en el aire. Tienes que hacer esto por ti sola. Tus hermanos pueden ayudarte también, pero tienes que enfocarte.
–Pero es Harry, ¡enseñándome!
–Sí, pero también es quidditch. Tú eres buena en quidditch. Te he visto. Concéntrate en eso y serás capaz de lograrlo. No te preocupes por impresionar a Harry. Sólo preocúpate por dar lo mejor de ti.
Ginny tomó un gran respiro y después otro.
–De acuerdo –dijo–. Bien, puedo hacer esto. –Tomó otro gran respiro y montó su escoba.
–De acuerdo… eh... –tartamudeó Harry mientras ella lo observaba en el aire. Ginny estaba muy paralizada para hablar–. Se que ya sabes lo básico sobre el vuelo, así que supongo que puedes comenzar con estas. –Sacó varias pelotas de golf del bolsillo de su túnica–. Eh, aventaré unas cuantas y tú intentarás atraparlas, ¿de acuerdo?
Ginny asintió sin palabras.
–Bien, aquí vamos.
Lanzó una de las pelotas de golf con fuerza hacia un lado en un gran arco. Ginny titubeó por un momento, pero entonces dio un giro drástico y se lanzó en esa dirección. Movió sus brazos con locura para alcanzar la pelota pero no se acercó mucho, y se resbaló y tuvo que sostenerse de su escoba para no caerse.
Harry se puso serio y esperaba que sólo fuera un accidente. Ginny lo volteó a ver, se sonrojó aún más, y bajó la mirada para observar el césped.
–De acuerdo... –dijo Harry–. Intentemos eso de nuevo. Mantén tu mirada en la pelota y síguela de inmediato. ¿Lista?
Ginny lo miró con dificultad y asintió. Harry lanzó la segunda pelota de golf en una dirección diferente. Esta vez, Ginny se lanzó por ella de inmediato y se acercó bastante, pero se puso nerviosa en el último momento y estuvo a pulgadas de alcanzarla. Lucía bastante incómoda, pero Harry intentó hacerla sentir mejor.
–Mejor, mejor –dijo–. Inténtalo de nuevo. Enfócate. –Tuvo una idea. Dándole un momento para que estuviera lista, lanzó la pelota casi sobre su cabeza. Estaba seguro de que estaba dentro de sus habilidades, pero sólo si en verdad estaba enfocada. Funcionó. Al ver el desafío, Ginny fue por ella con dos puños. Dio una rápida aunque descuidada vuelta atrás, y se lanzó en picada tras la pelota, volando a toda velocidad y atrapándola a sólo un par de pies del suelo. Harry lo hubiera hecho con más gracia, incluso en la escoba de la escuela, pero definitivamente estaba por encima del nivel de Malfoy.
–¡Sí! –gritó Harry–. Eso es de lo que estaba hablando. Continúa así y todo saldrá perfecto.
–¿En serio? –chilló Ginny, casi soltando la pelota de golf.
–Definitivamente. Intentemos unas cuantas más. Si puedes atrapar tres seguidas, continuaremos con las formaciones. Anda, lánzala de regreso.
Ginny lanzó la pelota de regreso y está voló directamente a Harry. Él la tomó en el aire con facilidad, sin siquiera tener que mover su escoba.
–Vaya, buen brazo. Deberías intentar ser cazadora, si tienes la oportunidad. Ahora, ¡piensa rápido! –Lanzó la pelota de regreso y probó lo fácil que Ginny podía distraerse con un cumplido de su héroe.
Le tomó un tiempo a Ginny el poder atrapar tres seguidas, pero con el apoyo de Harry, mejoró poco a poco. Observando desde las gradas, Hermione se maravilló de lo cómodo que Harry se veía mientras volaba en una escoba, y lo mucho que podía ayudar a Ginny aún sin experiencia enseñando. Al mismo tiempo, se sorprendió por como Ginny se veía más tranquila alrededor de Harry cuando ella estaba en una escoba. Eso era lo único que Hermione no podía hacer. Podía volar si tenía que hacerlo, pero nunca había disfrutado las lecciones de vuelo en su primer año. Por su parte, Ron estaba sorprendido de que su "hermanita" podía volar tan bien.
–Buen trabajo. Estás mejorando –dijo Harry cuando Ginny finalmente atrapó tres seguidas–. Sólo recuerda que una snitch de verdad se moverá a tu alrededor como un insecto. No volará en forma de arco así que será más difícil seguirla. Pero regresemos con el equipo para que podamos repasar las formaciones.
Volaron con el equipo por la mayor parte del resto de la práctica, y entonces Harry permitió que Ginny lo intentara con la verdadera snitch. Considerando el tiempo, Harry tuvo que buscarla y señalar donde se encontraba, pero ella la persiguió, y después de una difícil persecución, la atrapó. No fue un gran espectáculo, pero estuvo bien como su primer intento.
–Estuviste muy bien, Ginny –dijo Hermione una vez que aterrizaron y comenzaron a caminar d regreso al castillo.
–Sí –agregó Ron–. Lo vi, pero no podía creerlo.
–Gracias –dijo ella, sólo sonrojándose un poco esta vez–. Aunque tuve un gran maestro… y aún no logro ni acercarme a su nivel.
–No hay problema, Ginny –dijo Harry–. Sólo tienes que derrotar a Malfoy, y estoy seguro de que puedes hacer eso.
–¡Ah! ¿En serio, Harry?
–Definitivamente.
Ginny sonrió.
Aunque Hermione tenía una pregunta seria, algo que le había estado molestando toda la tarde.
–Harry, ¿eso fue todo lo que hablaste con el profesor Lupin… sobre las lecciones anti-dementores? –dijo–. Parecías… preocupado.
Harry se puso serio y les indicó que se acercaran y bajó su tono de voz.
–No, me explicó unas cosas también… sobre porque reacciono peor a los dementores que todos los demás.
–¿Lo hizo? –dijo Ron con sorpresa–. Yo pensaba que iban tras de ti por alguna razón.
–No, no es eso. Dijo que los dementores obligan a revivir los peores recuerdos, y siempre me desmayo porque tengo peores recuerdos que la mayoría.
–¿Cómo es eso? –preguntó Ron–. Hemos hecho las mismas cosas, y no nos afectan de igual manera.
–No quise decir en Hogwarts –dijo Harry–. Descubrí de dónde venían los gritos. Cuando los dementores se acercan, yo puedo… -cerró sus ojos y respiró profundamente–. Puedo escuchar a Voldemort asesinando a mi mamá –susurró.
Sus tres amigos soltaron exclamaciones de terror. Ginny se aferró de su brazo con fuerza. Ron miró sus pies incómodo. Hermione colocó una mano reconfortante en el hombro de Harry, aunque aún estaba confundida.
–Pero… ¿cómo es eso posible? –dijo.
–¿Eh? –dijo Harry.
–Sólo tenías quince meses de edad. El sistema límbico no se desarrolla por completo para retener tus recuerdos hasta los dos años. Debería ser neurológicamente imposible que recuerdes memorias a largo plazo… –Se dio cuenta de que los otros tres la estaban observando–. ¿A menos que sea diferente para los magos?
–No lo sé, pero puedo escucharlo –dijo Harry–. Y lo peor es que es lo único que recuerdo de ella.
–Oh, Harry –dijo Hermione–. Lo siento tanto. No quise...
–Está bien –le dijo–. Es por lo que necesito las lecciones. Cuando la escucho gritar, me desmayo.
Nadie tenía más que decir a eso, pero Ginny soltó su fuerte agarre y le dio un golpe suave e incómodo en el brazo. Continuaron en silencio hasta que se encontraron con otro cuarteto, uno menos bienvenido: Draco Malfoy apareció enfrente de ellos con Pansy Parkinson en su brazo y sus dos guardaespaldas. Al ver tanto a Harry como a Ginny en túnicas de quidditch, Malfoy sonrió.
–¿Me engañan mis ojos? La niña Weasley entrena como buscadora. Parece que te están reemplazando, Potter. ¿El miedo a los dementores te ahuyentó del equipo?
Unas cuantas horas antes, Harry Potter se hubiera sentido avergonzado y frustrado por ese insulto, pero después de la práctica que había tenido, estaba teniendo un buen día a pesar de todo. Colocó sus pies firmes en el suelo, pensando más rápido de lo que sus amigos lo habían visto hacerlo.
–No, Malfoy. Sólo pensamos que nos sería útil tener a alguien en reserva, y pensamos que tú serías un buen contrincante como calentamiento para ella.
–¡Ja! –Malfoy no caía tan fácil–. ¿Esta niña esquelética? Como si pudiera. Se que es sangre pura, Potter, pero vamos.
Ambos Weasley se enfurecieron ante eso, pero Ron también se estaba sintiendo listo.
–Oye, Hermione, ¿qué posibilidad les das? –gruñó.
–Pues, asumiendo que Ginny continúa practicando como lo hizo hoy, y comparándolo con tu desempeño hasta el momento, Malfoy –respondió Hermione con calma–, considerando que ignoraste la snitch que estaba prácticamente bajo tu nariz el año pasado, y volaste fuera del estadio a la primera señal de problemas el sábado cuando pudiste haber ganado… le doy a Ginny algo entre cinco a dos y tres a uno.
–Oh, cállate, ardilla. A nadie le interesan tus números –soltó Parkinson.
Hermione se congeló mientras Malfoy se reía de ella. No había sido llamada "ardilla" por mucho tiempo… no desde que sus dientes delanteros habían salido por primera vez, y "a nadie le interesan tus números" era prácticamente lo que le habían dicho durante su tercer año en escuela primaria. Pero aún dolía. Y aún así… ahora sabía lo que los números podían hacer. Quizás era hora de usar ese hechizo que había estado guardando. Hubiera estado horrorizada de pensarlo hace dos años, pero ahora, bueno… Sólo dame una razón, Malfoy, pensó.
Harry no había notado aún la reacción de Hermione. Estaba muy ocupado molestando a Malfoy.
–Ginny va a derrotarte, Malfoy –se burló–. No puede perder conmigo entrenándola.
–¿Ah sí? –se burló Malfoy–. ¿Ella y qué escoba? Tendrá suerte de permanecer en esa basura barata en la que tiene que volar. Por supuesto, eso aún sería mejor que tú, Cara Rajada.
Ginny sacó su varita. Malfoy de inmediato reaccionó sacando la suya, y en un instante, seis otras varitas estuvieron fuera.
–¿Quieres pensarlo de nuevo, Malfoy? –se burló Ginny.
Malfoy rápidamente analizó la situación y realizó un cálculo fatal. Comenzó a agitar su varita en dirección a Ginny.
–¡Everte Statum!
–¡Chiroptera Mucosa!
–¡AH! –gritó Malfoy cuando la maldición de los mocomurciélagos lo golpeó.
Todos se detuvieron y observaron con sorpresa. Por que no fue Ginny, quien había sido lanzada contra su espalda, sino Hermione, quien estaba de pie, molesta, y con su varita apuntando al rostro de Malfoy mientras un murciélago salía de su nariz y lo golpeaba con sus alas.
–¡Expelliarmus!– gritó Harry en dirección a Parkinson antes de que ella pudiera lanzar un hechizo, pensando que era la más peligrosa de quienes quedaban.
Crabbe y Goyle, quienes no eran muy listos, lanzaron maleficios a Hermione por atacar a Malfoy, pero Ron la hizo a un lado, y ambos quedaron completamente abiertos para él y Ginny, quien se acababa de poner de pie de un salto.
–¡Tarantallegra!
–¡Mordeodigiti!
La pelea concluyó rápidamente, con los Slytherin completamente derrotados.
–¡Pagarás por esto, Granger! –gritó Malfoy, pero con todos incapaces de lanzar hechizos por el momento, salieron huyendo.
–Pf. Ese niño en verdad no puede ver las cosas –dijo Ginny. Entonces, se dio la vuelta para mirar a Hermione molesta–. ¡Hermione Granger! ¿Fuiste detrás de mis espaldas y convenciste a Bill que te enseñara ese hechizo?
–No –dijo Hermione, bajando las manos de Ginny–. Sólo te he visto lanzarlo suficientes veces que fui capaz de revertirlo aritmánticamente y adoptarlo.
–Tú… ¿usaste aritmancia?
–¿Descubriste como lanzar su hechizo sólo mirando? –dijo Ron asombrado.
–Sí. Claro, no fue fácil. Tomó bastantes matemáticas de sexto año, pero lo logré.
–¡Eso es brillante! –dijo Ron. Hermione sonrió tímidamente.
Ginny la observó por otro momento.
–Suficiente. Tomaré Aritmancia el próximo año.
Ron gruñó.
–Genial, Hermione, acabas de hacer que mi hermana sea más peligrosa.
–Tú sólo estás celoso porque estás atrapado en Runas –dijo Ginny.
–Oye, me gusta Runas –dijo.
–¿A Ron le gusta una clase? Márquenlo en el calendario.
–Cuídate, Ginny. Aún tengo la maldición de las babosas que me enseñó Charlie.
Ginny sólo se rio.
Pero no todo fue diversión y juegos camino a la cena ya que se encontraron con una profesora McGonagall algo molesta. Todos se miraron algo incómodos.
–Señorita Granger, ¿en verdad lanzaste un hechizo contra el Sr. Malfoy esta tarde? –dijo.
Hermione palideció. ¿Qué dirían sus padres si recibía detención, especialmente por una pelea?
–Yo… yo…
–No, profesora –intervino Ginny–. Yo lo hice.
–¿Qué? –exclamó Hermione–. Ginny, no… ¡auch! –Ginny le dio un codazo en las costillas.
–¿En verdad, señorita Weasley? Porque el Sr. Malfoy dice algo diferente –dijo McGonagall con sospecha.
–Pues entonces también le afecté el cerebro. Es mi hechizo. Nunca se lo he enseñado a nadie más. Hermione me lo pidió tres veces el año pasado y la rechacé. –Todo eso era verdad.
–Malfoy lanzó el primer hechizo, profesora –agregó Harry.
McGonagall entrecerró los ojos, y apretó sus labios en una línea delgada mientras observaba a los cuatro con sospecha.
–¿Eso fue lo que ocurrió? –preguntó. Hermione no dijo nada, más que nada porque Ginny le estaba pisando el pie. Los niños parecieron tener la misma idea–. ¿También entiendo que la señorita Weasley fue la primera en sacar su varita? –Ginny asintió con renuencia–. Muy bien, señorita Weasley. Detención mañana y diez puntos menos de Gryffindor. –Ginny bajó la cabeza de manera exagerada–. Cinco puntos al resto de ustedes por pelear en general. El Sr. Malfoy y sus amigos recibieron un castigo similar. –Eso no sonaba tan mal, pensaron–. Oh, y señorita Granger... –agregó McGonagall. Hermione palideció de nuevo–. Estoy segura de que la profesora Vector encontraría tu habilidad para analizar los hechizos muy impresionante, pero no tendría que recordarte que hechizar a tus compañeros no es aceptable.
–Profesora, yo… –comenzó, pero Ginny la detuvo.
–Ella lo comprende, profesora –dijo Ginny.
–Ya veo –dijo McGonagall–. Eso es todo por ahora.
–Maldita sea, es tan inteligente, es aterrador –dijo Ron una vez estuvieron fuera de su oído.
–Ginny, ¿por qué hiciste eso? –demandó Hermione–. No deberías de haber tomado la culpa por mi.
–No hay problema –respondió la niña más joven–. Me hubiera metido en problemas de cualquier modo, y tenía que pagarte de algún modo por todo lo que has hecho por mi.
–Pero no tenías que...
–Pues, ni modo. Además, ya me he metido en problemas por ese hechizo. Tú tienes una reputación de niña buena que mantener.
Hermione soltó una risotada.
–¡Ja! Si supieran lo que en verdad hice el año pasado… pero gracias, Ginny. Eres una buena amiga.
A pesar de que Ginny había tomado la culpa, el rumor pronto se esparció en la escuela de que Hermione Granger ya no estaba tan indefensa como antes. El cambio fue sutil, pero sorprendente. Los Slytherin la miraban con más molestia, por supuesto, pero ninguno intentó algo. Sin embargo, varios de primer año, quienes tuvieron encuentros desagradables con los Slytherin, al igual que ella en su momento, parecían admirarla más. Y, por supuesto, Fred y George, quienes habían recibido ese hechizo en varias ocasiones, hicieron reverencias exageradas cuando lo descubrieron.
–Te dije que no querías que Hermione se enojara –dijo Fred.
Su nueva reputación no era exactamente por lo que quería ser conocida, pero ayudó un poco unos días después. Los estudiantes se estaban reuniendo después del almuerzo y Hermione encontró a Luna. De hecho, era difícil de ignorar con todo su cabello y su… excéntrico gusto para los accesorios. Hermione estaba caminando hacia ella para saludarla y ver como se encontraba cuando la Ravenclaw fue rodeada por tres de sus compañeras de casa.
–Oye, Lunática –dijo una de las chicas, una niña alta de cabello ondulado que Hermione estaba segura estaba en cuarto año–. Rebecca dice que te gusta la aritmancia y las runas. ¿Tienes planeado seguir los pasos de tu mami?
Hermione frunció el ceño, preguntándose de que se trataba todo eso. Lo único que sabía de la mamá de Luna era que había pasado su amor a las runas a su hija y que ya no estaba viva. Se acercó más. La joven Ravenclaw de cuarto año y las otras dos que pensaba estaban en el año de Luna se rieron y se burlaron. Chocaron y dieron codazos a Luna mientras pasaban, y una "accidentalmente" jaló su largo cabello. Ella había sufrido peor, pero Hermione aún se molestó ante lo que vio.
Cuando Luna respondió a la otra niña, sonaba menos soñadora que lo normal… entre su tono normal y un sollozo, y Hermione notó algo… una expresión imperceptible en sus ojos. Hermione dudó que las molestas niñas lo notaran, pero lo reconoció de cuando había encontrado a Luna en Halloween, y más de su propia expresión en el espejo cuando había tenido que aguantar ese tipo de abuso… esas veces cuando se había dicho que no le molestaba, y casi lo creyó.
–Siempre he admirado el trabajo de mi madre –dijo Luna–, pero siempre he considerado que una estrategia más rigurosa sería mejor en mis estudios.
–Oh, por lo menos te enseñó eso –dijo una de las niñas más jóvenes–. Supongo que no fue una pérdida total. –Se rieron de nuevo, y en ese momento, Hermione las alcanzó.
–Ejem –tosió–. Hola Luna, ¿hay algún problema aquí?
Las otras tres jóvenes se detuvieron y la observaron, pero Luna sonrió.
–Estoy muy bien, Hermione. Gracias.
–Que bueno. Odiaría ver que tienes problemas –respondió.
–¿Por qué te importa la Lunática, Granger? –dijo la otra niña de segundo año–. Está completamente loca. –La de cuarto año la miró para que se callara. Evidentemente, estaba más al corriente en los rumores de Hermione.
–Luna es mi amiga, y no aprecio que le pongan apodos –dijo Hermione con voz cortante–. Estoy segura de que Roger Davies lo mencionó cuando dijo a las personas que dejaran de ocultar sus cosas.
–Quizás lo mencionara –dijo la joven de cuarto año, haciendo una mueca cuando Hermione mencionó a un prefecto–. Sólo acompañaba a estas dos a la biblioteca. –Colocó una mano en cada uno de sus hombros–. Hasta luego, Lunát… eh, Lovegood, Granger.
Hermione observó a Luna por un momento.
–¿Qué fue todo eso? –dijo con cautela.
–Pues, no piensan mucho de mis padres –dijo Luna–. Sospecho que es porque mi papá está a cargo del Quisquilloso… es una revista. Puedo darte una copia, si quieres.
–Eh… ¿de acuerdo? –dijo Hermione, un poco preocupada al no saber en lo que se estaba metiendo.
–Vende bien para nosotros, pero toda publicación tiene sus detractores.
Si el padre de Luna era algo como ella, Hermione podía adivinar porque.
–Y… ¿tu madre…?
–Mamá era buena creando hechizos –dijo Luna–. Aunque le gustaba experimentar.
–Manipulación directa de las energías mágicas –recordó Hermione.
–Así es. Es bastante útil. Se pueden hacer cosas que no podrían hacerse sólo con la aritmancia, pero también es peligroso. Aunque mamá era buena. Trabajó muchos años sin ningún problema serio. Pero un día, uno de sus hechizos fue mucho para ella. Había soñado con diseñar un encantamiento escudo que pudiera absorber algo de la energía que lo golpeaba para reforzarse.
Las cejas de Hermione se elevaron. Nunca había escuchado de algo como eso.
–Eso… –comenzó–. No puedo comenzar a imaginar si es posible aritmánticamente. Suena… muy difícil.
–Quizás. Pero es posible el capturar los hechizos y diseccionarlos manualmente. Mi mamá quería hacerlo por sí sola, pero todo lo que producía era inestable. No sostenía la energía. Una vez creyó que lo había logrado, pero cuando tocó el escudo, explotó y destruyó la mayor parte de la casa… Yo tenía nueve años.
Hermione abrió su boca un poco y completó la historia en su mente.
–Lo siento mucho, Luna –dijo, colocando un brazo a su alrededor. Estaba enojada. No podía creer que alguien se burlaría de Luna usando la muerte de su madre. Las cosas raramente llegaban tan lejos entre Malfoy y Harry.
–Sí, fue bastante horrible –dijo Luna, aún sonando bastante alegre y conversacional–. Lo peor fue cuando papá tuvo que separarme de ella y correr a la puerta. La casa casi se colapsó. Aún la extraño mucho. Pero aún tengo a mi papá. Y bueno, sé que la veré de nuevo algún día.
La mente de Hermione dio vueltas por un momento hasta que comprendió lo que Luna había querido decir. Se detuvo, se dio la vuelta, y observó sus ojos plateados. Tenían una mirada diferente: brillante, sin dudas o reservaciones. Luna debía ser una niña de fe extraordinaria, pensó. Raramente conocía a alguien cuya fe fuera tan fuerte. O que pudiera aguantar el abuso de ese modo. Si alguien decía esas cosas a Harry, habría hechizos, por lo menos.
–E...estoy segura de que lo harás, Luna… –dijo algo incómoda, sin saber como responder–. Entonces… ¿Aritmancia y Runas?
–Sí, aún quiero crear hechizos como mi mamá… aunque también disfrutaría buscando nuevas criaturas mágicas, como papá… pero decidí que necesito mejor conocimiento académico. Algún día, espero poder descubrir que salió mal.
–Vaya… eso… pues, cuando llegues a eso punto, si hay algo en lo que pueda ayudar, lo haré.
–Eso es muy amable de tu parte, Hermione. Y es muy amable también que digas que eres mi amiga. Creo que me agrada tener una amiga. –¿"Una" amiga? Pensó Hermione. Tendré que hablar con Ginny–. La mayoría de las personas piensan que soy extraña, ¿sabes? Pero tú has sido muy amable. –Bajó la mirada y también su voz–. Se que no estás de acuerdo conmigo sobre los nargles y los snorkacks. La mayoría no creen que existan.
Hermione se mordió su labio, incómoda.
–No, no lo creo –admitió ella. Era bastante frustrante, pensó. Podía admirar la fe de Luna, pero también creía en las cosas más imposibles y sin nada de evidencia. Y aún así, había algo adorable en eso. Le tomó un poco el comprender porque, pero se dio cuenta de que Luna no era su única amiga con ideas extrañas–. ¿Pero sabes qué? –dijo–. Creo que ser amiga con los elfos me ha enseñado sobre tolerancia por personas que creen en cosas diferentes.
Luna inclinó la cabeza hacia un lado.
–Supongo que tienen una perspectiva única sobre las cosas.
–Única es poco. Soy hija de muggles, ¿recuerdas? No creo en la esclavitud en ningún nivel, incluyendo esclavitud voluntaria. Pero si puedo mantener la mente abierta sobre eso por ellos, supongo que puedo abrir mi mente a la criptomagizoología.
Luna continuó observándola, luciendo aún más sorprendida de lo normal.
–Eres una bruja inusual, Hermione.
Hermione se rio un poco, incapaz de decidir si ser llamada inusual por Luna Lovegood era algo bueno o malo.
–Esa soy yo –dijo–. No puedo hacer las cosas de manera normal. Honestamente, Luna, quedas bien entre mis otros amigos. Quiero decir, hablo con Filch, por todos los cielos. Y aún visito a Myrtle de vez en cuando, y también está Hagrid y… ¿Por qué de repente siento como si viviera en la Isla de los Juguetes Rotos?
Luna se rio.
–¿Eso es similar a la isla perdida de Tule? Es donde se encuentra la zona de reproducción de verano de los heliopatas. Necesitan el sol de medianoche.
Hermione evitó sacudir la cabeza. Había estado sorprendida por un momento que casi todo lo que Luna había dicho en esa conversación había tenido sentido, pero era mucho que pedir.
–No, Luna –dijo–. Es algo muggle. Te lo explicaré más cerca de Navidad.
