¿Una escoba que vuela a ciento cincuenta millas por hora en verdad es práctica para el quidditch? ¿No? Entonces, no soy JK Rowling y Harry Potter no me pertenece. Esta historia tampoco me pertenece, porque si pudiera cambiaría las unidades de medida al sistema métrico, como el resto del mundo.


Capítulo 49

–Se llama encantamiento Patronus –dijo Harry sin entusiasmo. Su primera lección anti-dementores con el profesor Lupin evidentemente no había ido bien. Había aprendido la mecánica del hechizo, lo qual Hermione rápidamente determinó era material opcional incluso a nivel EXTASIS, pero no producía resultados útiles–. Supongo que conjura… algo con esperanza y felicidad que hace que los dementores no puedan "alimentarse" de ti.

–Mmm, puedo ver como podría ser útil –dijo Hermione pensativamente–. ¿Y es la única manera de combatirlos?

–No lo se. Lupin lo hizo sonar como que hay otros métodos, pero piensa que tendría mejor suerte con este.

–Suena lógico.

–Sí. Pero es difícil. No es como los hechizos normales. Tienes que enfocarte en una memoria feliz para lanzarlo, y eso es muy difícil con un dementor alrededor.

Eso sonaba extraño para Hermione. La mayoría de los hechizos requerían intención en parte. Tenías que comprender lo que hacía el hechizo y enfocarte en como lanzarlo. Pero sonaba a que el encantamiento Patronus también necesitaba un estado emocional en particular. Hizo una mueca cuando se dio cuenta de que Harry probablemente no tenía muchos recuerdos de donde elegir. Sus supuestos parientes tenían mucho por lo que responder.

–¿No te está haciendo practicar con un dementor de verdad, o sí? –agregó ella.

–Oh, no, encontró otro boggart –dijo Harry–. Mi miedo es un dementor.

–¿Tiene otro boggart? –dijo ella entusiasmada.

Hermione permaneció después de clase de Defensa al día siguiente.

–Disculpe, profesor –dijo en voz baja.

El profesor Lupin levantó la mirada de donde estaba empacando por la semana.

–¿Sí, Hermione? ¿Puedo ayudarte?

–Harry me dijo que encontró otro boggart.

–Así es. Lo estoy usando para sus lecciones del encantamiento Patronus. ¿Por qué lo preguntas?

–Es sólo que no tuve la oportunidad de enfrentar uno durante la primera lección, y me preguntaba si podría hacerlo con este.

–Oh, eres más que bienvenida, mientras no lo hagas desaparecer por completo, aunque estoy segura de que sólo la teoría te sería buena si te encontraras con uno.

–No estoy segura, profesor –dijo Hermione–. La cosa es, no estoy exactamente segura de que forma tomará el boggart conmigo. No quiero que me tome por sorpresa.

–Oh. ¿No conoces tu mayor miedo? –dijo Lupin con sorpresa.

–No realmente. Quiero decir, no creo que sea algo tan normal como reprobar Aritmancia. Creo debe de ser el basilisco, pero no se siente correcto, y tampoco otras cosas en las que puedo pensar.

–Mmm, interesante. Normalmente, eso quiere decir que no estás pensando en términos suficiente amplios… pero no importa. Sea lo que sea, el boggart lo mostrará. Ven a mi oficina, por favor.

Hermione lo siguió a una oficina con pocos muebles y un extraño ruido proveniente de la alacena debajo de su escritorio.

–Lo encontré en uno de los gabinetes del Sr. Filch, aunque si soy honesto, es difícil distinguir en su oficina –sonrió Lupin, parándose a un lado de la alacena–. Cuando estés lista, Hermione. –Ella se preparó y asintió–. Uno… dos… ¡tres!

El profesor Lupin abrió la puerta. Hermione se preparó para el basilisco o cualquier otro monstruo que estuviera a punto de salir, mientras intentaba comprender cual era su miedo más grande. Sabía que tenía que ser otra cosa… algo que no podía ver… algo más allá de su alcance… Y entonces estuvo ahí, pero no fue un monstruo. Eran sus padres. Y entonces lo supo.

–Oh, no –respiró con horror.

Sus padres estaban delante de ella, agarrados de las manos (necesitaban estar en contacto físico para que el boggart pudiera imitarlos a ambos), y mirándola con seriedad.

–Hermione –dijo su madre. ¡No! ¡No es ella! ¡No es ella!– Lo sentimos mucho, pero tendremos que sacarte de Hogwarts. Es muy peligroso aquí, y obviamente no tienen idea de como mantener a salvo a los niños en este país.

–No, por favor –rogó–. ¡No pueden! –¡No! ¡No es real!

–Deberías de querer esto –continuó su padre–. Un asesino en masa se metió a tu dormitorio. Beauxbatons tiene un programa respetable. ¿Por qué quieres quedarte?

–Mamá, papá, tengo que hacerlo. Todos mis amigos están aquí.

–¿Hermione? –dijo el profesor Lupin, aunque parecía estar muy lejos.

¡No son reales! ¡No son reales! Mis padres no pueden estar en Hogwarts, ¡especialmente en una alacena! Oh, ¿por qué parecen tan reales?

–Y eso es otra cosa –dijo su madre–. Vas a tener que cortar lazos con tus amigos.

–¡No, no pueden hacer eso! ¡No pueden obligarme a hacer eso! –comenzó a llorar. Vamos, ¡tengo que hacer algo! ¡El hechizo! ¡Necesito lanzar el hechizo!

–¡Hermione, no es real! –la llamó Lupin.

–Atraen muchos problemas. Harry parece siempre tener a un mago malvado detrás de él, y es muy peligroso si sabe donde estás –dijo su padre.

–¡No, por favor, todo menos eso! ¡Saben como ha sido la vida de Harry! ¡No puedo abandonarlo! ¡Sería terrible para él perder a un amigo así! –¡No es real! ¡No es real! Dios, por favor, ¡no dejes que sea real!

–La discusión está cerrada, Hermione –dijo él con severidad–. Ahora, ven con nosotros. –Estiró su mano como para tomarla.

–¡Hermione! –gritó Lupin–. ¡Usa el hechizo! ¡Hazlo gracioso!

Hermione estaba temblando hasta los pies. Quería escapar y nunca regresar. De hecho, si no fuera por el profesor Lupin, lo hubiera hecho. Pero tenía que enfrentar esto. Tenía que derrotarlo. Vamos, Hermione, ¡piensa! Pensó. ¿Cómo lo hago gracioso? ¿Qué es lo más absurdo, loco, e imposible que podría ocurrir a mis padres?

Lo tenía.

¡RIDDIKULUS! –gritó.

¡Bang! De repente, sus padres estaban mostrando unos terribles dientes chuecos, peores que los de Marcus Flint, además de un par de colmillos, lo cual hacía imposible que hablaran claramente. Al ver a un par de dentistas luciendo más graciosos de lo que esperaba, se rio hasta llorar. Mientras tanto, el profesor Lupin lanzó un hechizo que envió a el boggart con forma de sus padres de regreso a la alacena y cerró la puerta. Entonces la miró algo incómodo.

–Así que… -dijo nervioso–. Tu peor miedo es...

–Que mis padres decidan que es muy peligroso aquí, me saquen de la escuela, y me envíen a Francia, y nunca vuelva a ver a mis amigos… tiene razón, señor, estaba pensando en términos muy cerrados –dijo con tristeza–. No creí...

–Es un miedo muy maduro en muchos sentidos, Hermione –le aseguró–, y habla de una gran lealtad a tus amigos. Espero que no resulte mal.

–Gracias, profesor. Eh… creo que ahora me alegra no haberlo enfrentado en clase.

–No, puedo ver porque no querrías que eso saliera en frente de la clase.

Ella asintió. Era vergonzoso que el profesor Lupin lo hubiera visto. Objetivamente no era lo más aterrador que podía imaginar, pero ciertamente era lo que pesaba más en su mente. Quizás así era como los boggarts en verdad funcionaban. Si leían la mente, tenía sentido.

–Sabía que no podían ser reales, profesor –dijo–. ¿Por qué parecían tan reales?

–Es la magia de los boggarts. Aunque existe un encantamiento sencillo para repelerlos, son más desagradables de lo que la mayoría de los magos piensan. Si te encuentras con uno y no puedes controlarlo, pueden paralizarte y absorber tu miedo. Es una de las razones por las que es importante aprender el encantamiento temprano.

Ella asintió de nuevo.

–Debería irme –dijo–. Gracias de nuevo, profesor.

–No hay de que –dijo. Hermione se dio la vuelta para irse, pero justo cuando llegó a la puerta, él la llamó–. ¿Hermione? –Ella se dio la vuelta.

–¿Sí, profesor?

Lupin pareció luchar consigo mismo por un minuto.

–¿Qué quisiste decir cuando mencionaste como había sido la vida de Harry?

Hermione palideció. No había querido que se le escapara eso, pero aún así, era un profesor. Estaría bien.

–No conozco la historia completa –explicó–, pero Harry vive con sus tíos durante los veranos, y son personas terribles –explicó. Lupin asintió como si ya supiera eso–. Quiero decir… no nos lo ha dicho todo, pero estoy segura de que por lo menos fue desatentido antes de venir aquí. Debió de ver lo pequeño y delgado que era. Nos dijo que a sus parientes no les gusta la magia. Lo llaman monstruo. Llaman a sus padres monstruos. Lo hacían que se encargara de todas las labores domésticas mientras consentían a su primo. Dejan que su primo lo golpee. E intentaron prevenir que recibiera su carta de Hogwarts. El profesor Dumbledore tuvo que enviar varias cartas hasta que eventualmente envió a Hagrid.

Lupin parpadeó un par de veces con sorpresa.

–Por la barba de Merlín –murmuró–. Sabía… escuché que Harry vivía con personalidades desagradables, pero no creí que irían tan lejos.

–Aún son terribles con él, profesor –dijo de repente–. El verano después de primer año, lo encerraron en su cuarto, y la profesora McGonagall tuvo que salvarlo. Es sólo porque ella y la profesora Vector lo visitan que no se pasan de la raya. Quisiera que el profesor Dumbledore no lo empujara tanto a quedarse con ellos. No es saludable. Sé que no lo es.

–¿El profesor Dumbledore está detrás de eso? –dijo Lupin.

–Sí, señor. Sólo dice algo sobre la importancia de la familia y empuja a Harry a quedarse con ellos por otro verano.

–Mmm… pues… pues, creo que deberías irte, Hermione. Me has dado mucho que pensar.

–Sí, profesor. Y gracias de nuevo –dijo. Dejó la oficina preguntándose que iba a hacer Lupin.


Durante las siguientes semanas, Harry mejoró gradualmente en su aprendizaje del encantamiento Patronus.

–No lo se. Se supone que debe tener una forma, pero sólo luce como niebla blanca –decía normalmente.

Si Lupin había dicho algo sobre sus parientes, no lo mencionó a Hermione. Desafortunadamente, estuvo obligado a admitir que probablemente no estaría listo a tiempo para el partido de quidditch, pero eso era irrelevante de todos modos ya que no tenía una escoba.

Entonces, algo extraño ocurrió el veinticinco de noviembre.

–¡Hermione! ¡Hermione! ¡Tienes que subir a ver esto! –gritó Ron al otro lado de la sala común antes del desayuno. Eso era tan inusual que tomó a Crookshanks y lo apresuró arriba, subiendo al dormitorio de él y Harry en el catorceavo piso.

–¡No lo traigas aquí! –gritó Ron, señalando a Crookshanks, pero Hermione no estaba prestando atención. Estaba preocupada por Harry, Dean, Seamus, e incluso Neville sentados alrededor de la cama de Harry, observando a algo sobre papel de varios colores, el cual Harry aparentemente recibido esa mañana. Al acercarse, su quijada se abrió, y Crookshanks se safó de sus brazos y bajó al piso.

–Harry… -dijo sorprendida–. Eso es…

–¡Una saeta de fuego! –exclamó él–. Es la escoba más rápida del mundo… máxima velocidad de ciento cincuenta millas por hora.

–¡Ciento cincuenta! –Hermione rápidamente hizo el cálculo mental–. Eso debe estar cerca del límite de lo que se puede hacer en el campo, con las fuerzas g y to… Y más importante, ¿cómo rayos obtuviste una saeta de fuego, Harry?

–No tengo idea –dijo Harry–. No había nota ni nada, pero estaba envuelta en papel rojo y verde como un regalo de Navidad.

–Pero Navidad no es por otro mes –señaló Hermione.

–Sí, pero también necesito una nueva escoba antes de eso.

–¿Pero de dónde salió? Una escoba como esa debe costar...

–Precio bajo pedido –dijo Harry–. Debe de costar cientos de galeones.

–Exacto. Podrías comprar un auto nuevo con eso. ¿Quién te la enviaría? –De hecho, Hermione comenzaba a tener una sospecha, pero no quería creerlo.

–¡Oye! ¡Crookshanks, aléjate de Scabbers! –interrumpió Ron–. ¡FUERA!

Lo siento –dijo Hermione con fastidio. Se movió para sacar a su gato del cuarto, pero él fue más rápido. Arañó la pijama de Ron con sus garras, intentando llegar a la rata en sus manos. Ron lo intentó patear, pero falló y pateó el baúl de Harry.

–¡Ron! ¡No lo lastimes! –lloró Hermione. Se lanzó y logró atrapar al gato. Él luchó por un momento, pero finalmente se rindió en sus brazos. Ella abrió la puerta–. Crookshanks, en verdad debes de dejar de ir tras Scabbers. Es muy viejo para tanta emoción, y hay muchas otras ratas en el castillo. Ahora, necesito hablar con Harry por un minuto, ¿de acuerdo?

Crookshanks maulló en protesta, pero ella lo sacó y cerró la puerta con renuencia.

–Necesitas controlar a esa bestia –dijo Ron mientras intentaba calmar a Scabbers.

–No es una bestia, Ronald, y me gustaría que lo intentaras tú –dijo ella mientras Ron colocaba a Scabbers de vuelta en su bolsilla. Ella pensaba que la rata comenzaba a lucir vieja. Había perdido mucho peso, y su pelo comenzaba a caerse. Comenzaba a preocuparse de que su condición fuera terminal, pero no lo dijo–. Bueno, Harry, ¿quién crees que te envió una escoba de último modelo sin ninguna nota?

–Probablemente Dumbledore –dijo Ron como si no importara–. Envió a Harry la… -lanzó a una mirada a los otros chicos–, tú sabes, la capa de tu papá, y no firmó la nota.

–Sí, pero era de mi papá –dijo Harry–. Dumbledore sólo la estaba pasando. No gastaría ese tipo de dinero en un estudiante.

–Bueno, entonces… qué tal Lupin –sugirió Ron.

Hermione no pudo evitar reírse, aún si sabía que no debía. Ningún hombre lobo podría pagar algo así.

–¿Qué? –soltó Ron.

–¿En verdad crees que el profesor Lupin podría pagar algo como esto? –dijo ella.

–No lo se. Le cae bien Harry, y algunos tipos son raros con el dinero.

–Pues, puedo… puedo garantizarte que no puede –dijo Hermione.

–¿Qué, la aritmancia te lo dijo? –dijo Ron.

–...Sí –mintió. No iba a traicionar la confianza del profesor Lupin.

–¿Pero quién más podría haber sido? –preguntó Harry.

Hermione se inclinó y tomó el chivatoscopio de Harry, el cual estaba silbando en silencio en el suelo, y lo examinó. Esa cosa nunca funcionaba bien, siempre prendiéndose en los momentos más extraños a pesar de que lo habían inspeccionado. Pero ahora, tenía que preguntarse… Había considerado si llevar sus preocupaciones directo a McGonagall sin decirles, pero no, eso no era bueno. Lo descubrirían tarde o temprano.

–Tengo una teoría… -dijo–, pero no les va a gustar.

La expresión de Harry decía que desde ahora no le gustaba.

–¿Cuál es?

–Creo –respondió Hermione–, que esa escoba probablemente fue enviada por Sirius Black.

El silencio reinó por un momento y entonces, Ron, Seamus, y Dean comenzaron a reírse.

–¡Ja! Buena, Hermione –dijo Ron.

–No era una broma.

–Pero… pero… vamos, ¿por qué le compraría un asesino a Harry una escoba super cara? –Ron comenzó a reírse de nuevo.

–¡Porque sabía que Harry la usaría! –gritó Hermione, callando a todos–. Quien sabe que tipo de maldiciones alguien como Black podría poner en ella. Probablemente hubiera sido fácil para él robarla, maldecirla, y enviártela, Harry, sabiendo que querrías subirte de inmediato, y después te arrojaría al barranco o algo.

–¡Hermione, eso es una locura! –dijo Harry. Ella se sorprendió de su franqueza–. Debe de haber muchos otros métodos más fáciles y baratos para que Black me ataque. Estoy seguro de que la escoba está bien.

Ella entrecerró sus ojos.

–¿En verdad crees eso, Harry? ¿O sólo quieres creerlo?

–No hay nada malo con la escoba, Hermione –insistió Harry.

Ella no dio paso atrás.

–Entonces veremos si la profesora McGonagall está de acuerdo contigo.

–¿Qué? ¿McGonagall? ¡No! ¡Me la quitará! –dijo Harry con frenesí.

–¿Y por qué? Sólo porque sabrá que hay una buena probabilidad de que tengo la razón. Esa escoba necesita ser examinada antes de que alguien la monte.

–Vamos, Hermione –dijo Ron–, no puedes hacer esto a Harry. Necesita una escoba nueva para ganar la copa de quidditch. –Seamus asintió su acuerdo.

–No ganará nada si la escoba lo suelta al comienzo. –Comenzó a caminar a la puerta–. Debemos de hacer lo responsable y hacer que la examinen.

Miró a Harry vio el miedo en sus ojos.

–Hermione, por favor, no –dijo. Le dolía un poco, especialmente sabiendo que tenía tan pocas cosas buenas en su vida, pero tenía que hacerlo por él si él no lo hacía.

–Lo siento, Harry. Si estoy equivocada, me disculparé, pero esto es por tu propio bien. -Abrió la puerta y se apresuró a bajar las escaleras.

–¡DETÉNGANLA! –bramó Ron.

Hermione corrió las escaleras tan rápido como pudo, con los niños apresurándose detrás de ella. Crookshanks se interpuso entre ellos y los alentó un poco, pero él no era contrincante para ellos en su estado. Hermione casi se tropezó cuando él escapó entre sus piernas.

Ocho pisos después, y estaban afuera del apartamento de la profesora McGonagall, cuando su jefa de casa estaba saliendo para comenzar su día. Desafortunadamente, todos comenzaron a gritar al mismo tiempo, lo cual rápidamente enfureció a la profesora.

¡CRACK! McGonagall movió su varita, y con un fuerte ruido silenció al grupo.

–¡Honestamente! –dijo–. Diez puntos menos para Gryffindor por falta de decoro. Ahora, ¿cuál es el problema? Uno a la vez, por favor.

Harry, Ron, y Hermione dijeron cada uno su versión de los eventos de esa mañana mientras McGonagall escuchaba con una expresión sospechosa. Cuando terminaron, miró a Harry.

–Lo siento mucho, Potter, pero me temo que estoy de acuerdo con la señorita Granger.

–¿Qué? –dijeron Harry y Ron–. Profesora, está bien, en serio –dijo Harry.

–No puedes saberlo, Potter. Se que ninguno de nosotros compró esa escoba para ti, ni ningún miembro del equipo de quidditch o sus familias. Me lo hubieran informado. Si tampoco sabes de donde viene, entonces Sirius Black se vuelve una preocupante posibilidad.

–Pero no puede ser –dijo Harry horrorizada–. ¿Por qué… cómo…?

–Por que Sirius Black es un genio loco –dijo McGonagall–. Ya ha atravesado nuestra seguridad una vez. Es muy posible que lo haría de nuevo con un plan como este. Ahora, me doy cuenta de que es posible que un donador anónimo te enviara esa escoba, Potter, pero tendrá que ser examinada por maldiciones y sabotaje. Es probable que Madame Hooch y el profesor Flitwick la tengan que desmantelar...

–¡¿Desmantelar?! –dijo Ron horrorizado–. ¡No pueden desmantelar una escoba de carreras? ¿Qué tal si arruinan los hechizos?

–Les aseguro que Madame Hooch y el profesor Flitwick son profesionales entrenados, Weasley –dijo McGonagall con molestia.

–¿Pero cuánto tomará? –preguntó Harry–. Necesito esa escoba para el partido en dos semanas.

–Me temo que eso es muy pronto –dijo con renuencia–. Tendrás que usar una escoba de la escuela para ese partido. Sin embargo, si resulta no tener maleficios, deberías de tenerla de regreso a tiempo para el siguiente partido.

–¡Pero es el partido contra Slytherin! –dijo Harry. Nunca perdonaría que Malfoy le ganara sólo porque no tenía una escoba decente.

McGonagall tampoco disfrutaba la idea de que Slytherin ganara contra Gryffindor, pero mantuvo su postura al igual que Hermione.

–Es un pequeño precio a pagar para asegurarse de que no te matará, Potter, y no quiero escuchar más.


Los dos días siguientes fueron dolorosos para Hermione. Ron se rehusaba por completo a hablarle por la saeta de fuego. Harry le habló un poco, pero era entrecortado y sonaba resentido. Sospechaba que por lo menos comprendía, pero no quería admitir que tenía razón. Peor, Ron contó la historia a todo Gryffindor, lo cual los hizo que se pusieran en su contra, especialmente el equipo de quidditch. Incluso Ginny parecía distante, y tuvo que comenzar a tener cuidado alrededor de Fred y George porque podía ver que aunque no tenían malas intenciones, estaban más que dispuestos a hacerle una broma por esto.

No durmió bien las dos noches siguientes.

El sábado amaneció nublado, gris, y frío. Era un día importante. Era el día del partido de Ravenclaw contra Hufflepuff… un juego que no afectaba directamente la posición de Gryffindor en la copa de quidditch, pero determinaría que equipo sería el de vencer en la primavera. Era el primer juego de Cedric como buscador principal y capitán del equipo de Hufflepuff. Roger también estaba jugando como capitán de Ravenclaw, pero extrañamente, Hermione se descubrió apoyando a Hufflepuff.

Pero más importante, quería a sus amigos de vuelta.

Hermione comenzaba a darse cuenta de lo mucho que estaba disfrutando el quidditch ese año, y no era lo mismo sin poder especular con Ron y Harry sobre el juego durante el desayuno, o sin Fred y George preguntándole las probabilidades. Y no sería lo mismo sin sus amigos observándolo con ella. Al igual que cuando estaba cerca de los dementores, su vida se sentía más fría y vacía cuando era aislada por su casa. Recordó como Luna era prácticamente ignorada, y no podía comprender como lo aguantaba.

Había obtenido una copia del ejemplar de ¿Cuál Escoba? de Cedric para ver si podía obtener alguna idea para ayudar a Harry con su problema (si es que podía hacer algo) Aprendió que las ramas de la saeta de fuego eran individualmente seleccionadas para equilibrio y precisión, y que tenía muchos y muchos nuevos encantamientos patentados, al punto de que sería arriesgado intentar "desmantelarla". El trabajo de hierro fue realizado por duendes, lo cual se suponía que era mejor que de cualquier otro por su magia secreta. El mango estaba hecho de ébano y era pulido con polvo de diamante. El número de registro estaba marcado en oro de veinticuatro kilates… Lo tenía todo.

Y nada la ayudaba. Ni siquiera sabían si la que Harry había recibido era robada o comprada legalmente.

No, no era cierto. Tenían un número de registro. Podían revisar con la compañía.

–Con la compañía… –Hermione susurró en voz alto–. Por la barba de Merlín, ¿por qué no pensé en esto antes? –Apenas y pudo esperar a que terminara el desayuno, y entonces se puso de pie de inmediato–. Ven conmigo, Harry –dijo, tomándolo de la muñeca y jalándolo a la oficina de la profesora McGonagall.

–¿Por qué? –gruñó él.

–Porque creo que encontré la manera de resolver el problema de tu escoba.

Harry la siguió voluntariamente por primera vez en dos días. Obviamente, la profesora McGonagall se sorprendió al verlos en su puerta.

–¿Puedo ayudarlos? –dijo con sospecha.

–Profesora, necesitamos hablar con usted sobre la saeta de fuego –dijo Hermione.

McGonagall les lanzó a los dos una mirada molesta.

–Señorita Granger, Sr. Potter. Ya les dije que debe de ser completamente examinada –dijo con severidad.

–No le estoy pidiendo que pare, profesora, pero creo tener una mejor solución –dijo Hermione.

Su maestra aún los miraba con sospecha.

–¿Oh? ¿Y cuál es?

–Pues, primero, ¿sabe si la escoba fue adquirida legalmente, profesora?

–Sí, preguntamos a la compañía y fue comprada legalmente… bajo un nombre falso, lo cual aumenta nuestras sospechas, pero no veo como es relevante.

–De acuerdo. Harry tiene dos problemas ahora. Uno es que necesita una escoba buena para montar en dos semanas, y el segundo, con todo respeto, profesora, es que el pedir al profesor Flitwick y a Madame Hooch que la examinen por lo menos nulificaría la garantía. Así que estaba pensando, ¿no sería más fácil intercambiar la escoba de Harry por una prestada por la compañía y que ellos la inspeccionen? De ese modo, alguien que conoce todos los hechizos en ella puede examinarla… quizás incluso arreglarla, y Harry tendría algo que usar.

La profesora McGonagall abrió la boca, la cerró, y la abrió de nuevo.

–Esa es una idea muy interesante, señorita Granger. Admito que no lo había considerado. Potter, asumo que no necesito preguntar lo que piensas del asunto.

Harry estaba patidifuso ante la idea de Hermione.

–Por la barba de Merlín, ¿por qué no pensé en eso antes?

–Exacto –respondió McGonagall sacudiendo la cabeza–. Debería advertirte, Potter, que en el caso de que tu saeta de fuego resulte estar maldecida, es posible que la compañía no pueda reparar los hechizos, y no podrás quedarte con la prestada.

Harry suspiró.

–Lo entiendo, profesora, pero por lo menos la tendría para el partido contra Slytherin.

–Sí, puedo ver como eso sería deseable –dijo McGonagall con un brillo en sus ojos. En el fondo era una fanática del quidditch–. Informaré al profesor Flitwick y a Madame Hooch y contactaré a la compañía hoy. Deberíamos poder adquirir una escoba prestada esta semana. Y señorita Granger, cinco puntos para Gryffindor por esa excelente sugerencia.

–Muchas gracias, Hermione –dijo Harry con una sonrisa. Lucía como si estuviera a punto de abrazarla, pero se detuvo y le dio unos cuantos golpecitos incómodos en su espalda–. Eh, lamento mucho los últimos días.

–Está bien –dijo ella–. Se que significa mucho para ti. Sólo ve y dile a Ron que puede dejar de ser un tonto. –Si eso es posible, pensó.

Para su crédito, la respuesta de Ron fue no echarle en cara su supuesta victoria moral, aún si no estaba muy feliz de disculparse.

–De acuerdo, entiendo que quizás Sirius Black envió la escoba a Harry, y eso es malo –admitió–, pero aún así, uno no desmantela una saeta de fuego. ¡Es sacrilegio!

Necesita examinar sus prioridades, pensó Hermione.

Fred y George estuvieron más positivos cuando la historia llegó a sus oídos. Alcanzaron a Hermione, Ron, y Harry camino al campo de quidditch para observar el partido.

–Hermione, nuestra amiga de cabello alborotado –exclamó Fred, colocando una mano sobre su hombro.

–Parece que te juzgamos mal –continuó George.

–Pensamos que estabas causando problemas para nosotros, entregando esa saeta de fuego –dijo Fred.

–Incluso si es posible que fue enviada por un asesino. Una reacción comprensible –admitió George.

–Pero parece que como siempre, encontraste una mejor solución para Harry. Sólo necesitábamos tener un poco de fe.

Nos hemos comportado de manera poco amable con nuestra pequeña aritmaga durante estos últimos días, ¿no es así, Fred?

–Así es, George. ¿Una galleta de crema, Hermione? –ofreció Fred–. Para mostrar que no hay resentimientos.

Hermione sacudió la cabeza.

–Oh, de acuerdo –dijo, tomando la galleta ofrecida y poniéndola en su boca. Un momento después, sintió un extraño cosquilleo en sus orejas. Entonces, Harry y Ron se detuvieron y la miraron, intentando no reírse.

–¿Qué? –dijo.

–O...o...orejas… -se burló Ron, señalando su cabeza.

Hermione rápidamente examinó sus orejas. No estaban donde debían de estar. Se habían transformado en triángulos saliendo de entre su cabello, en la parte de arriba de su cabeza. Se dio la vuelta para observar a los gemelos, maldiciendo su falta de atención. Nunca debía confiar en esos dos, especialmente cuando decían que "no hay resentimientos".

–Mmm, aún necesita algo de trabajo –dijo Fred clínicamente–. Se supone que también debe de hacerte crecer pelaje.

–Te dije que debimos de ir con plumas –dijo George.

Hermione aceptó su papel y bufó en su dirección. Entonces, sacó su varita.

–Chicos, ¿recuerdan qué hechizo acabo de perfeccionar?

Fred y George se miraron el uno al otro con terror y salieron corriendo. Ella los siguió y pronto alcanzó a Fred con la maldición de los mocomurciélagos (no estaba preocupada de que esos dos la acusaran con un profesor). Pero un minuto después, sintió sus orejas regresar a su lugar, así que su cómplice fue perdonado… por el momento.

–Ja, muy bien, Hermione –dijo Ginny cuando llegaron a las gradas, chocando su palma–. Así que, ¿quién crees que gane hoy?

–Ravenclaw es el favorito. Tienen un mejor escuadrón de cazadores. Pero todo queda en manos de los buscadores. ¿Dirías que Cedric Diggory o Cho Chang es mejor buscador, Harry?

–No lo sé. Ninguno a actuando como buscador principal antes –dijo.

Ambos equipos salieron al campo, bajo gritos de entusiasmo de la multitud. Mientras Cedric y Roger estrechaban manos, Hermione no pudo evitar notar la diferencia entre este y el juego de Gryffindor contra Slytherin. Cedric y Roger personificaban la epítome de rivalidad amistosa, mientras que entre Oliver Wood y Marcus Flint, lo más amable que podría llamarse era rivalidad hostil.

Tampoco pudo evitar notar las diferencias entre los dos buscadores. Cedric era alto y muscular, y sintió un tiro en su estómago cuando notó lo bien que lucía en su túnica de quidditch. Cho Chang, por otro lado, era pequeña… una cabeza más baja que Harry, quien no era nada alto. Si seguía la mirada de su amigo con atención, Harry parecía estar observándola.

–Pues, parece que Cho tiene la ventaja de peso –sugirió Hermione mientras se elevaban.

–Sí, definitivamente –dijo Harry de manera ausente.

–Pero claro, Cedric tiene mucho talento –dijo Hermione con tono soñador–. Nunca hubiera sido elegido como buscador principal si no pudiera competir con alguien como ella.

–¿Eh? Oh, sí, supongo.

Fue un juego emocionante. Como había predicho, Roger y sus otros dos cazadores dominaron el campo para Ravenclaw, pero Hermione y Harry estaban enfocados e interesados en el duelo de buscadores. Cho parecía estar marcando a Cedric, lo cual Hermione pensó no hablaba bien ella. Ya que era más ligera y rápida, debería de aprovechar y estar al frente. Cedric estaba jugando bien, aún si directo, buscando la snitch con cautela y sistemáticamente, realizando unas cuantas fintas, y bloqueando a los jugadores de Ravenclaw cuando tenía la oportunidad. Tanto ella como Harry estaban observándolos con tanta atención que apenas y notaron a Fred y George deslizar sus cabezas entre ellos.

–¿Disfrutando la vista? –dijeron.

–¡Ah! –Hermione dio un salto y se dio la vuelta. Se sintió sonrojarse. Comenzó a negarlo–. Yo sólo estaba… –pero no podía pensar como terminar.

–Claro –dijo George con una sonrisa.

–Cedric es un buen jugador –logró decir ella.

–Claro que sí –sonrió Fred–. Y también Cho, ¿verdad, Harry?

–Eh… –dijo él.

Fue entonces que Hermione notó que Harry también se había sonrojado. Cho, por supuesto. Hermione podía ver que era muy bonita. Aunque era algo extraño. Nunca había visto a Harry como alguien que pensara sobre niñas, especialmente por su crianza, pero los últimos dos años habían arreglado mucho de eso.

–¡Diggory encontró la snitch! –se escuchó la voz de Lee Jordan por todo el estadio.

Todos levantaron la mirada para ver a Cedric volando a toda prisa detrás de la pequeña bola dorada, con Cho muy cerca de sus talones. Entonces, ella actuó y Hermione finalmente comprendió su estrategia. Había seguido a Cedric hasta que él había visto la snitch, y después voló enfrente de él. Era un buen truco. Una descripción caritativa sería despiadado. Y arriesgado… Cedric casi la tiró de su escoba intentando pasarla. Pero ella probó lo bien que volaba cuando dio una pirueta para evitarlo, y aceleró para capturar la snitch prácticamente bajo su nariz.

–¡Y Chang atrapa la snitch para un puntaje total de trescientos puntos para Ravenclaw y ochenta para Hufflepuff! –anunció Lee–. ¡Una victoria masiva para Ravenclaw!

Harry comenzó a celebrar, ignorando la atención que estaba recibiendo. Hermione aplaudió con amabilidad, pero estaba decepcionada por ver perder a Cedric… oh, Dios, Fred y George tenían razón.

De hecho, Hermione se descubrió sonrojándose de nuevo cuando vio a Cedric en clase mientras le ofrecía palabras de apoyo por perder el juego. Eso era más vergonzoso. Nunca se había sonrojado antes enfrente de Cedric. Año nuevo, nuevos problemas.

Pero tenía otras cosas de las que preocuparse. Una era si ir o no a casa para Navidad. Incluso después de no contar a sus padres todo lo que estaba ocurriendo en Hogwarts, aún sentía que prefería no darles la oportunidad de cambiar su opinión sobre el lugar. A nivel académico, no estaba segura de qué matemáticas quería estudiar después de álgebra lineal, y necesitaba pedirle a sus padres que le enviaran el nuevo libro texto del tema que eligiera durante las vacaciones. Tendría que contactar a su profesor por correo sobre eso. Y otra preocupación llegó a su mente unos días después cuando llegó la saeta de fuego prestada de Harry… la preocupación porque no se estrellara.


Queridos mamá y papá:

Después de gran consideración, he decidido que quiero quedarme en Hogwarts a pasar Navidad. Mis razones son similares a porque estaba planeando quedarme inicialmente el año pasado. Harry se siente solo durante las vacaciones, y quiero hacerle compañía. Lo necesita especialmente este año con todos los dementores alrededor. También quería usar el tiempo para ponerme al corriente con mi lectura en la biblioteca, y tengo un pequeño proyecto en el que quiero trabajar con Fred y George (no se preocupen, no es destructivo o ilegal).

La otra razón por la que quiero quedarme es que siento que debería experimentar una auténtica Navidad de Hogwarts por lo menos una vez. Suena a que es algo maravilloso, por lo que Harry ha dicho. No planeo hacerlo un hábito, pero quiero ver una, y este año es tan bueno como ningún otro. Espero que puedan comprenderlo y no puedo esperar a verlos el próximo verano.

Con amor, Hermione


Harry estaba más emocionado de lo que había estado en todo el año cuando fue a la práctica de quidditch con su nueva saeta de fuego. Oliver Wood estaba embelesado, e incluso Madame Hooch estaba impresionada con la artesanía. Lo único decepcionante es que no estaría listo para volar en el partido. Ningún dementor se había aparecido en el partido de la semana pasada, pero era un riesgo que no podía tomar. Tendría que solucionarlo.

Pero ahora, disfrutaría volando su saeta de fuego, la escoba más rápida en el mundo. Pero la velocidad no era lo más importante… Hermione había calculado que a máxima velocidad, apenas podría permanecer en el campo a menos que hubiera estado actuando también como un piloto de guerra. Pero la aceleración era fenomenal. En cuanto se había elevado del suelo, lo sintió. Las fuerzas g eran enormes, y una o dos veces, estuvo a punto de caerse, pero mantuvo su agarre con una facilidad que nunca había sentido con su Nimbus. Podía dar vuelta en curvas tan complejas a alta velocidad que sus compañeros gritaron y pensaron que se había vuelto loco. Podía quedarse dentro del campo di se maniobraba a cien millas por hora, algo que su Nimbus nunca hubiera logrado… no sin rechinidos. E incluso cuando se lanzó en picada (Hermione le había advertido con vigor que al lanzarse en picada, un desliz y no podría elevarse a tiempo), el control era mucho mejor y podía acercarse más al suelo que antes.

No creyó haberse sentido más vivo antes. El balance y precisión de la saeta de fuego eran tan buenos que parecían obedecer sus pensamientos. Cuando Wood dejó escapar la snitch, la atrapó tres veces seguidas con tal facilidad que comprendió como se sintió Eunice Murray cuando pidió "una snitch más rápida porque esto es muy fácil". Y el equipo entero realizó sus ejercicios tan bien con Harry dirigiéndolos que Wood no tuvo ni una sola crítica.

–¡Es una señal del apocalipsis! ¡Corran! –dijeron Fred y George.

Finalmente, Harry voló al suelo donde estaban sus amigos y bajó de la escoba, dejándola flotando en el aire.

–¡Harry, eso fue increíble! –exclamó Ginny

–Pensé que te habías vuelto loco, volando de ese modo –lo regañó Hermione.

–¿Puedo intentarlo, Harry? –dijo Ron.

–Lo siento, aún no. La práctica aún no termina –le dijo Harry–. Ginny es tu turno.

–¡¿Qué?! –dijeron los cuatro Weasley al mismo tiempo.

–H...Harry, no puedo… –comenzó.

–Sí, no puedes dejar que Ginny vuele así –insistió Ron–. ¡Se matará en esa cosa!

–Oh, ¿y tú no, Ron? –dijo Ginny con molestia–. Yo por lo menos soy lo suficiente buena para estar en el equipo.

–¡Oye!

–Harry, ¿estás seguro de esto? –dijo George–. Sabemos lo buena que eres, Gin, pero ni siquiera has volado en una Nimbus. –Ginny lució algo incómoda después de eso.

–Mira –dijo Harry–. No creo poder volar en el partido, así que Ginny tendrá que hacerlo. Necesitará una buena escoba para ganar contra Malfoy, y esta es la mejor que hay… creo que puedes hacerlo, Ginny –dijo Harry.

–¿En… en verdad? –dijo ella, sonrojándose–. Pero nunca podría volar como tú.

–Quizás aún no, pero como te dije antes, sólo tienes que volar mejor que Malfoy… Pero George tiene razón, la saeta de fuego es más complicada de lo que parece… oye, Wood, ¿puedo tomar prestada tu Barredora 7? Quiero estar cerca de ella. –Ginny se sonrojó de nuevo.

–Claro, Potter –dijo Wood–. Si puedes ponerla en el aire con eso, adelante.

–Genial. Vamos, Ginny. –Harry la llevó al césped, donde le indicó que subiera a la saeta de fuego mientras él montaba la Barredora de Wood. Flotó lo suficiente cerca de ella para sostener el mango de la saeta de fuego con una mano–. De acuerdo, lo primero es que la saeta de fuego tiene un agarre más ligero que cualquier escoba que hayas volado antes. Un ligero empuje te llevará a donde quieras ir, y no quieres empujar con mucha fuerza, por lo menos no hasta que te acostumbres. Así que, elévate, lento y seguro.

Harry soltó el mango y Ginny se lanzó. Tenía razón. Ginny sintió como si pudiera mover la escoba con su dedo meñique. El poder moverse sin esfuerzo con la punta de sus dedos era intoxicante, y le tomó todo lo que pudo el seguir las instrucciones de Harry de manera correcta. No podía creer que estaba montando una saeta de fuego… no sólo la más rápida del mundo, si no la más cara. Nunca había soñado que podría tocar una, y ahí estaba, volando una a los doce años. Un leve empujón aquí, otro acá, y estaba en todo el campo, rápidamente pasando a Harry en la Barredora 7 de Wood.

–Luces bien, Ginny –le dijo Harry–. Ahora, la parte difícil será hacer todos los ejercicios con el nuevo control… eso y las bajadas en picada. Tiene buen control, pero necesitas aprender de nuevo a estimar la velocidad y la distancia. Querrás ampliar tu margen de error y elevarte antes.

–De acuerdo –dijo Ginny, y Harry pronto la hizo lanzarse en picada y realizar otros ejercicios con el resto del equipo, y eventualmente se relajó y la dejó volar libremente, lo cual probablemente era el mejor cumplido de todos. No estaba cerca del nivel de Harry. Dudaba que siquiera podría ganarle con él en la Barredora, pero con otra semana de prácticas, estaba segura de que podría ganar contra Malfoy.


El gran día llegó, y Harry dejó que Ginny cargara la Saeta de Fuego a desayunar para que Malfoy pudiera ver exactamente a lo que se estaba enfrentando. El tonto de Slytherin sonrió con maldad al principio, aún esperando una victoria fácil, pero su felicidad se convirtió en horror cuando se dio cuenta de exactamente que tipo de escoba llevaba. Su Nimbus 2001 había sido la escoba más rápida en el mercado… hasta ahora.

Ginny había ganado contra Harry más de una vez durante la semana pasada con él en la Barredora, y él declaró que definitivamente ganaría contra Malfoy hoy. Hermione también le dio buena probabilidad, y el entusiasmo en el campo era palpable.

–Y hay un gran alboroto en el equipo de Gryffindor –anunció Lee Jordan–. Se sienten tan confiados que usaran a su nueva buscadora reserva, Ginny Weasley… y es obvio que es porque Ginny está montando una nueva Saeta de Fuego, el producto de un nuevo proceso de fabricación, y la cual se está convirtiendo en la escoba de elección para la Copa Mundial de Quidditch.

–Jordan –interrumpió McGonagall–, por favor enfoca tus comentarios en el partido.

Ginny se rio mientras Lee continuó promocionando la saeta de fuego más de lo que anunciaba el partido, pero rápidamente descubrió que un partido de quidditch verdadero era un asunto peligroso. Con ella claramente en una escoba superior, Malfoy y el resto del equipo de quidditch decidieron que la mejor manera de lidiar con ella sería sacarla del juego por completo.

Eso resultó ser un error. Fred y George eran muy protectores de su hermana menor. Con los gemelos rodeando a Ginny, cualquiera intentando meterse con ella tendría que estar dispuesto a recibir el doble de consecuencias. Lo único malo es que reducía la defensa y daba más oportunidades de ataque a la ofensiva de Slytherin, así que tenía más presión de capturar la snitch antes de que ganaran mucha ventaja.

Finalmente, Ginny vio la snitch al otro lado del campo. Malfoy estaba más cerca, pero ella tenía mejor aceleración. Se inclinó y aceleró como una flecha. El tiempo de reacción de Malfoy era sorprendentemente bueno, pero no era contrincante para la Saeta de Fuego. Cuando Ginny se acercó lo suficiente a la snitch para perseguirla, había más de una escoba de distancia entre ellos. Con la velocidad de la Saeta, se acercó más. Casi se tropezó, pero pronto rodeó la pelota con alas con sus dedos.

–¡Ginny Weasley capturó la snitch! –rugió Lee–. Eso demuestra que la Saeta de Fuego puede derrotar cualquier otra cosa en el aire. Una victoria para Gryffindor de doscientos veinte a ciento diez.

Voló al suelo, donde Fred y George la elevaron sobre sus hombros en cuanto desmontaron y la desfilaron cerca de las gradas. Parecía que todo Gryffindor quería felicitarla por su actuación, Harry incluído.

–¡Brillante! ¡Verdaderamente brillante! Estuviste genial, Ginny –dijo cuando se encontró enfrente de él.

–Bueno, tuve un gran maestro –respondió.

De repente, sin advertencia, Harry se acercó y la abrazó.

Ella se paralizó, sin habla, como lo hubiera hecho el año pasado. Su cerebro no quería trabajar en ese momento. Notó que Hermione le sonreía.

–Si yo no podía derrotar a Malfoy, me alegra que tú sí –continuó Harry.

–Gra...gracias –chilló en respuesta.

Ese posiblemente contaba como el mejor día en la vida de Ginny Weasley.