Las cuatro excepciones principales a la Ley de Derechos de Autor no incluyen a Harry Potter, así que agradezcamos a JK Rowling el que no nos ha demandado a todos.

Notas del autor: Crédito a Pahan por la idea de "Eigen". De hecho, no tengo problema con los "vectores de Eigen", pero era muy bueno para dejarlo ir.


Capítulo 50

Al principio, Rebecca Gamp pensó que estaba teniendo un buen día. Después de embarcarse en esa álgebra lineal que Granger había estado estudiando, poniendo bastante tiempo y esfuerzo y trabajando a toda velocidad, la profesora Vector le había dicho que era bienvenida a atender la sesión de estudio independiente esa tarde. Desafortunadamente, pronto aprendería lo difícil que mantener el paso en verdad era.

Granger, por supuesto, comenzó de inmediato.

–Bueno, puedo imaginar que los eigenvectores serían una gran ayuda para encontrar términos invariables en hechizos de transformaciones… –se detuvo porque Rebecca había comenzado a reír en voz baja.

–Oh, nada –sonrió Rebecca–. Es sólo que "Eigenvector" suena como una mala novela romántica. –Vector se sonrojó y Granger las miró con confusión.

–Lo siento, creo que no entiendo –dijo.

Una vez Vector recuperó el control, explicó.

–El siglo pasado existió un aritmago alemán llamado Siegfried Eigen, quien fue el primero en aplicar estas técnicas a la creación de hechizos. Probó que las cinco excepciones principales a las leyes de Gamp, las cuales ya eran conocidas en ese tiempo, eran vectores… lo que llamó "eigenvectores" de la matriz de expansión para el hechizo general de transformación.

–¿En serio? Pensé que "eigen" sólo significaba "propio" en alemán –dijo Granger.

–Una coincidencia afortunada –dijo Vector–. Eigen comenzó a publicar algunos de sus resultados en el mundo muggle, en violación al Estatuto del Secreto. El Ministerio alemán intentó encubrirlo, pero desafortunadamente, para entonces David Hilbert ya había tomado la terminología y permaneció en el mundo muggle. Aún hablamos de vectores característicos y raíces características aquí.

–Por supuesto, sin querer ser sobrepasada, mi tía tatarabuela, Hesper Gamp Black, comprobó que la lista de las cinco excepciones no está completa –dijo Rebecca con orgullo–. Hay por lo menos una más que ser encontrada.

–Sí, los aritmagos han estado buscando por cien años la sexta excepción a la ley de Gamp. Hay varias teorías, pero ninguna ha sido comprobada –dijo Vector.

Granger estaba tomando notas con entusiasmo, sin duda preguntándose si ella podía resolver el problema.

–¿Hesper Gamp Black? –dijo con interés.

–Oh, cierto –gruñó Rebecca. Consideró no decir nada, pero en realidad no debería importar, pensó–. Bueno, si debes saberlo, Hesper es la tatarabuela de Sirius Black.

–¿Eres pariente de Sirius Black? –dijo con expresión de asombro.

–No luzcas tan sorprendida, Granger. Todas las familias sangre pura están relacionadas de algún modo. Tu amigo Weasley está relacionado con él al mismo nivel que yo.

–¿Lo está? Nunca lo mencionó.

–Quizás no lo sepa. Los Weasley son conocidos por no creer en esas cosas. Pero bueno, estamos aquí para estudiar aritmancia, ¿no?

–Así es, señorita Gamp –dijo Vector–. Pensé que deberíamos dar una mirada a como los vectores característicos ayudan a la construcción de hechizos de transformación más específicos.

Con eso, continuaron a toda prisa, especialmente Granger. Rebecca había visto la habilidad de la joven para la aritmética, pero esto estaba a otro nivel. Daba saltos sobre el material, con conclusiones lógicas a gran velocidad y a veces incluso tenía que explicarlas a la profesora Vector.

El concepto básico de los vectores característicos era que si se tomaba una imagen bidimensional (aunque funcionaría en cualquier número de dimensiones) y se estiraba y apretaba de diferentes maneras, las direcciones en las que era estirada o apretada eran vectores característicos… lo que los muggles tontamente llamaban eigenvectores o vectores propios. Los vectores característicos nunca cambiaban de dirección mientras que el resto de los vectores sí, lo cual los hacía esenciales para comprender cierto tipo de hechizos.

La parte difícil… la parte que Rebecca no podía comprender, era el hecho de que si se giraba la imagen para que todos los vectores cambiaran de dirección, aún había eigenvectores, aunque imaginarios. Podía hacer el cálculo y obtener la respuesta correcta, pero no podía verlo de la manera en que Granger aparentemente podía, por lo que estaba diciendo. Incluso cuando logró contribuir a la discusión, no pudo evitar sentirse como un estorbo… como si las estuviera limitando… ¡ella! Y podría haberlo ignorado, sino fuera por la conversación que Granger y Vector tuvieron al final de la lección.

–La profesora McGonagall mencionó que te quedarás a pasar Navidad –dijo Vector–. ¿Cómo terminarás tu curso de álgebra lineal?

–Le escribiré al profesor Tremaine y le pediré que me envíe el examen final. ¿Estaría dispuesta a supervisarlo durante las vacaciones?

–Por supuesto...

–¿Examen final? –soltó Rebecca–. ¿Ya estás tomando el examen final en esto?

Granger lucía sorprendida por la pregunta.

–Sí –dijo–. Tomo dos cursos al año a través de un programa por correspondencia en una universidad muggle. Así es como funcionan esos títulos… o maestrías para ti. –Rebecca palideció un poco.

–¿Dos al año? –dijo–. ¿Cómo puedes hacer eso? Tuve que saltarme varias cosas para poder ponerme al corriente contigo.

–Pero comenzaste más tarde, Rebecca. Vas muy bien considerando que sólo hemos hablado de matrices básicas en clase. Si quieres, puedo pedir al profesor Tremaine si está dispuesto a enviarte materiales para el curso completo en primavera. –Rebecca se enfureció. No apreciaba ser subestimada.

–¿Y qué harás?

–Aún no estoy segura. Tendré que preguntar al profesor Tremaine que recomienda que estudie.

–Cuando decidas, avísame –dijo Rebecca con tono altivo–. Creo que continuaré con estas notas por ahora… Pero en serio, ¿crees que vas a ser algún tipo de super aritmaga con todo esto? –Granger sólo sacudió los hombros.

–Aún no estoy planeando ser nada. Sólo pienso que la aritmancia es fascinante y quiero continuar estudiando.

Rebecca Gamp soltó un gemido de indignación y salió molesta de esa reunión. Era lo suficiente inteligente para saber que sería casi imposible ponerse al corriente con Granger. Esa maldita niña era muy rápida. Podía con álgebra lineal, pero sólo Merlín sabía que cosa Granger haría después. Ya había estado estudiando cálculo por dos años después de todo. Claro, Rebecca estaba dos años arriba en sus otras clases y probablemente era mejor creando hechizos en este momento por eso, pero era cuestión de tiempo antes de que Granger la dejara comiendo polvo, y peor, Granger lo sabía. Quizás no se lo echaba en cara. Quizás en verdad su interés sólo era académico. Quizás incluso estaba siendo amable al ofrecer ayuda, pero se escuchaba condescendiente porque sabía lo inteligente que era. Vector también lo sabía, y probablemente el resto de la clase. Además, Vector obviamente la adoraba.

Incluso Roger no lo comprendía. Le gustaba la Aritmancia, pero nunca había pensado en hacer una carrera de eso. Las personas no comprendían lo difícil que podía ser. Su tía tatarabuela Hesper había trabajado años para superar el que Siegfried Eigen le había ganado, y lo logró. Pero Granger… Rebecca odiaba admitirlo, pero estaba en otra categoría por completo. Si continuaba avanzando de ese modo, su nombre algún día estaría junto a los de esas leyendas en el libro de texto, y probablemente pensaría que fue fácil.


Querida señorita Granger:

Adjunto encontrará una copia del examen final para su curso de álgebra lineal, además de instrucciones y un formulario para su profesora Vector (¿en verdad es su nombre?). Estoy de feliz que haya disfrutado del curso y estoy seguro de que le irá bien en el examen. Ha sido el tema de conversación en el departamento desde que nos contactó por primera vez.

Sobre su pregunta de qué estudiar después, el curso más natural después de álgebra lineal sería álgebra abstracta, la cual se enfoca en teoría de grupos durante el primer curso. Esto es de gran utilidad en física avanzada. Sin embargo, considerando lo que me escribió antes, en especial su interés en transformaciones geométricas, creo que quizás prefiera ir en una diferente dirección. Por lo tanto, también adjunto el folleto de un excelente libro sobre geometría no-euclidiana. Este libro habla sobre diferentes tipos de geometría no-euclidiana en el lenguaje de álgebra lineal y teoría de grupos basado en el programa de Erlangen publicado por Klein, y quizás sea un paso conveniente antes de tomar álgebra abstracta más adelante. Espero que le sea útil.

Prof. Tremaine

–¿Geometría no-euclidiana? –dijo Hermione. No había pensado sobre eso. Las universidades no ofrecían tantos cursos en geometría. Pero entonces, miró alrededor a las paredes de Hogwarts… esas paredes que no podían existir sin manipular un poco el tiempo y el espacio… y sonrió–. Eso sería muy útil.


Una semana antes de Navidad, y el día antes de que la mayoría de los estudiantes iría a casa para las vacaciones, hubo otro fin de semana en Hogsmeade. Y nuevamente, la profesora McGonagall informó a Harry que debería quedarse en el centro de la aldea y evitar la casa de los gritos.

–Pero no hay problema –dijo–. Tengo una idea. –Sacó su capa de invisibilidad de debajo de su capa de invierno.

–¡Genial! –dijo Ron.

Hermione se golpeó la frente con la mano.

–Harry, hay nieve en el suelo –dijo–. Todos verán tus huellas.

–No hay problema, Hermione –insistió Ron–. Podemos caminar en fila con él en medio. De ese modo cubriremos sus huellas.

Ella sólo lo observó. Era una buena idea… arriesgada, pero buena. Y no parecía que iban a rendirse.

–De acuerdo –exclamó, murmurando "niños". Sin embargo, nunca llegaron a la casa de los gritos debido a la terrible distracción que escucharon cuando se detuvieron en las Tres Escobas por una cerveza de mantequilla.

Al principio, era un día perfectamente agradable entre el aire libre, la nieve, y el tiempo con los amigos. Incluso Hermione estaba disfrutando el relajarse un poco. Pero entonces, para su sorpresa, el Ministro de Magia, Cornelius Fudge, entró al pub, seguido de la profesora McGonagall, el profesor Flitwick, y Hagrid. Se sentaron en el bar y comenzaron a hablar con Madame Rosmerta. Sentados donde estaban directamente detrás de ellos, Hermione, Ron, y Harry parecieron no ser vistos por ellos.

–¿Y qué lo trae a nuestra aldea, Ministro? –dijo Madame Rosmerta con amabilidad.

–Que más, querida, Sirius Black –respondió Fudge en voz baja.

De repente, tan rápido como un flash, Harry se metió debajo de la mesa y se cubrió con la capa de invisibilidad antes de salir y sentarse de nuevo.

–¿Harry? –dijo Hermione con confusión–. No quiere decir que está aquí ahora.

–¡Sh! Quiero escuchar lo que va a decir sobre él –dijo Harry–. Nadie me quiere decir nada.

Para cuando terminó, todos deseaban que no hubiera ocurrido.

Cuando Ron y Hermione le quitaron la capa, Harry lucía paralizado, y sólo podía hablar en monosílabos. Ron sugirió que le pusieran la capa de nuevo hasta que regresaran al castillo para que nadie lo molestara, y aún cuando regresaron, tuvieron que encaminarlo o no hacía nada.

Ginny saltó a ellos con entusiasmo, ignorante de lo que había ocurrido.

–Hola chicos, ¿qué tal estuvo Hogsmeade? –dijo. Entonces, notó sus expresiones–. ¿Está todo bien?

–Aquí no –susurró Hermione. Ginny los siguió mientras llevaban a Harry a un aula vacía. Hermione no estaba segura de que estuviera listo para enfrentar la sala común–. Harry, ¿hay algún problema si le decimos? –preguntó.

Harry asintió sin prestar atención.

–¿Harry? ¿Harry, que ocurre? –dijo Ginny preocupada.

–Estábamos en las Tres Escobas –dijo Hermione–. Y el Ministro Fudge entró, y escuchamos...

–Era su amigo –dijo Harry de repente con voz rasposa, y comenzó a llorar–. Y los traicionó… ¡ERA SU AMIGO!

-¡Ah! –Ginny dio un paso atrás con miedo–. ¿Qué? ¿No entiendo?

–Sirius Black –explicó Hermione–. Era amigo de los padres de Harry.

–¡No!

–Es cierto –dijo Ron–. Fue horrible. Lo hicieron padrino de Harry. Pero después… él fue quien los traicionó con Quien-Tú-Sabes.

-¡Por Merlín! ¡No!

–¡Él fue! –gruñó Harry.

–¿E… estás seguro? –dijo Ginny titubeando–. ¿Cómo lo saben…?

–¡Porque era el único que pudo haberlo hecho! –soltó Harry–. ¡Y fue a propósito! Ese hechizo… –no dijo más.

Ginny miró a Hermione con confusión.

–Usaron un hechizo arcano llamado encantamiento Fidelio para esconderse. Es una manera de ocultar mágicamente un lugar para que sólo una persona pueda revelarlo… y el profesor Flitwick dice que bloquea muchas maneras de forzar a alguien a decirlo. Tuvo que elegir revelarlo.

–¡Oh, Harry, lo siento tanto! –Ginny lanzó sus brazos alrededor de su cuello sin pensarlo–. No puedo creer que eso ocurrió. Pensé que sólo estaba ahí por matar a todas esas personas.

–No, eso ocurrió después –dijo Hermione–. Otro amigo de ellos, Peter Pettigrew, fue tras Black, pero Black… ganó. –Recordaba las palabras de Fudge claramente, aún si no podía soportar repetirlas–. Black lanzó una última maldición… una maldición tan oscura que incluso los Inefables aún no saben cual fue… ¡y todo lo que quedó de Pettigrew fue su dedo! Su túnica raída y un dedo… y esos doce muggles murieron con él, y un cráter que había destrozado hasta la alcantarilla.

–¿Pero cómo? ¿Cómo pudo hacer eso con una sola maldición? –dijo Ginny, temblando después de que Harry lo describió con términos más coloridos.

–Probablemente un hechizo que aprendió directamente de Quien-Tú-Sabes –dijo Ron–.¿Quién sabe qué cosas terribles sabía?

–¿Estás bien, Harry? –susurró Ginny.

–¿Te parece que estoy bien? –dijo Harry molesto.

–Lo siento –chilló ella–. Por supuesto que no estás bien. Pero estamos aquí para ti, ¿lo sabes, verdad? –Harry se puso de pie, aparentemente ignorándolos.

–Gracias –murmuró, antes de atravesar la puerta sin ellos.

Los tres observaron a Harry con cautela por el resto del día. Continuó con su rutina, pero su mente parecía estar lejos, para sorpresa de nadie. Hermione no podía imaginar lo que estaba sintiendo. Era suficiente difícil escucharlo indirectamente. Incluso entonces, podía verlo en su mente cuando cerraba los ojos. Cuando se acostó en su cama esa noche, preocupada y emocionalmente agotada, no pudo evitar imaginar a Black entregando a los padres de Harry a Voldemort, ambos hombres riéndose de su estupidez. Imaginó a Black persiguiendo a Pettigrew al otro lado del país, a través de campos y caminos de tierra, calles y callejones, finalmente acorralándolo en medio de una multitud, riéndose como un loco, elevando su varita, y lanzando una maldición a Pettigrew que...

¿Qué hizo qué, exactamente?

De repente, estaba completamente despierta de nuevo. Era una pregunta válida. Todo lo que había quedado de Pettigrew, Fudge había dicho, fueron su túnica raída y un dedo. Y aún así, la explosión había sido lo suficiente poderosa para matar a doce inocentes y destrozar una tubería de drenaje. Eso no sonaba a una explosión sencilla. ¿Qué explosión podría destrozar a un cuerpo por completo… casi por completo… pero que dejó una túnica identificable detrás. Si fue una voladura, y por muy repugnante que sonara, debió de dejar pedazos de Pettigrew por todos lados. Había magia que hacía cosas desaparecer por completo, ¿pero entonces por qué habían quedado la túnica y doce cuerpos? Aún si fue algún hechizo desvanecedor masivo de efecto de área que sólo funcionaba con tejido vivo, ¿por qué sólo un dedo?

Todo era académico, por supuesto. Black era un hombre terrible que tenía un hechizo terrible para hacerlo, pero como una suma incorrecta, su cerebro no podía dejarlo ir hasta resolver la inconsistencia. Pero mientras estaba recostada en su cama, nada llegó a su mente.

Bueno, había una cosa más que llegó a su mente. La profesora Vector había dicho a Hermione hace mucho tiempo que había enseñado a la madre de Harry. Y si estaban en el mismo año, ella, como muchos de los otros maestros, debió conocer a Sirius Black.


–Hola, señorita Gamp.

Rebecca Gamp levantó la mirada de su libro en su compartimiento en el expreso de Hogwarts y vio a Draco Malfoy, de entre todas las personas, parado en la entrada.

–Sr. Malfoy –lo saludó con cautela–. ¿Puedo ayudarlo?

–Pasaba por aquí y quise pasar a hablar por un momento.

Oh-oh, pensó Rebecca. Draco Malfoy nunca se detenía a hablar por un momento, especialmente considerando que nunca habían hablado antes.

–¿Sobre qué? –preguntó.

–Te vi ayer en las Tres Escobas –dijo casualmente–. Creo que estábamos observando a las mismas personas. ¿Los tontos Gryffindor también te están molestando?

Se relajó un poco. Por lo menos no era directamente sobre ella.

–No, sólo Granger –dijo.

–Ah, Granger –gruñó Malfoy–. ¿Qué te ha hecho?

–Sólo ser insuferablemente inteligente. La profesora Vector le está enseñando Aritmancia a nivel maestría en un estudio independiente en el que apenas puedo seguir el ritmo.

–Sí, sabía que Vector tenía un punto sensible por esa sangre sucia. Que Slytherin.

–Oye, no hay necesidad para ese vocabulario, Malfoy –regañó Rebecca al joven de manera automática–. Pero tienes razón. Deberías ver como Vector la adula.

–Que asco –dijo Malfoy–. ¿Sabes lo que me hizo a mi? Además de hechizarme unas cuantas veces, engañó a mi padre para que liberara a nuestro elfo.

–¡No! –exclamó Rebecca. No le importaba la vida personal de los Malfoy, pero eso era un terrible insulto.

–Sí. También fue por culpa de ella y Potter que mi padre fue removido del Consejo de la escuela. Merlín, ¿quién se cree que es viniendo aquí de ese modo? Quiero decir, mírate. Vienes de una de las mejores familias creadoras de hechizos en Gran Bretaña, y ella ni siquiera sabía que la magia existía hace tres años.

Rebecca sacudió su cabeza con tristeza.

–No importa. Granger es más inteligente que yo, y ambos lo sabemos.

Malfoy hizo una mueca. No podía soportar el hecho de que una sangre sucia superara a los sangre pura de ese modo, pero incluso él tenía que enfrentar los hechos. Granger estaba mucho más allá de su nivel en Aritmancia, y aparentemente también del de Gamp. Por lo menos Potter era competencia promedio para él, y Weasley ni siquiera tomaba la clase.

–¿Y qué cree que va a hacer con eso entonces? –preguntó.

–Eso es lo peor. Es tan Ravenclaw, sólo quiere estudiar. Ninguna ambición ni nada.

–Bueno, no todos podemos ser Slytherin. ¿Y qué vas a hacer al respecto?

–¿Qué puedo hacer? Me ha derrotado. Puedo intentar alcanzarla, pero… ¿y a ti qué te importa?

Malfoy sacudió los hombros sin importancia.

–¿Has considerado hacer que la expulsen? –Rebecca abrió su boca con sorpresa. No podía estar sugiriendo…

–No soy malvada, Malfoy –dijo–. Además, nunca podrías hacerlo. ¿Qué no recuerdas lo niña buena que es y que es la favorita de los maestros?

–Creo que es posible –dijo–. Granger es más feliz realizando maleficios de lo que solía ser, y ya se ha metido en problemas por atacarme. Con un buen empujón, quizás caiga. Tienes que admitirlo, Gamp, el que la expulsen la detendría un poco.

Quizás era algo tentador, pero…

–No soy malvada, Malfoy –dijo.

–Sólo piénsalo –dijo antes de dejar el compartimiento.


El día siguiente fue uno largo. Después de pasar una noche sin dormir mucho, Hermione, Ron, y Ginny pasaron la mayor parte de la mañana intentando convencer a Harry (quien no había dormido) de que buscar venganza contra Black sería una cosa monumentalmente estúpida… justo lo que el señor Weasley le había advertido que no hiciera… justo lo que Malfoy maliciosamente lo había intentado convencer que hiciera. Pero todos los argumentos perfectamente racionales de Hermione cayeron en oídos sordos. Y la pobre de Ginny… si fuera cualquier otro menos Harry Potter, Hermione estaba segura de que le hubiera dado una bofetada en los primeros diez minutos, pero aún no había superado su complejo de creerlo un héroe.

El intento de Ron de distraer a Harry visitando a Hagrid fue sólo un un éxito parcial. De hecho, lo único que habían logrado fue que Harry había hecho llorar a Hagrid, demandando con enojo el porque nunca le había dicho que Black conoció a sus padres. El hombre enorme sollozó que no había querido preocupar a Harry, y Harry se había ido de golpe aún furioso.

Para mediodía, Hermione comenzaba a sentirse paranoica de que Harry se pondría su capa de invisibilidad e iría a intentarlo, con o sin dementores.

–Harry, por favor –escuchó rogar a Ginny con lágrimas en sus ojos una vez más en la sala común–. Incluso si encuentras a Black, ¿cómo vas a evitar que te mate como lo hizo con Pettigrew? Ni siquiera tendría que golpearte directamente. Sólo tendría que apuntar cerca de ti, y estarías muerto.

–Puedo sorprenderlo. Tengo una capa de invisibilidad, ¿o no?

–¡Black sabe sobre ella! –gritó Ron–. Piensa Harry, la capa perteneció a tu papá. Black debe saber que la tienes.

–¡Estoy cansado de pensar, Ron! –gritó Harry–. Sólo he estado pensando desde ayer. ¡No puedo quedarme sentado mientras él está ahí afuera! –Comenzó a moverse.

–Oh, por… –se enfureció Hermione. De repente, sacó su varita, se volteó y la apuntó a Harry–. ¡Expelliarmus! –dijo, empujando tanta fuerza como pudo en el hechizo.

Harry cayó al suelo y su varita voló directamente a la mano de Hermione. Ron y Ginny soltaron una exclamación de sorpresa. Hermione se paró sobre él y él levantó la mirada con sorpresa y dolor por su traición.

–¡Harry Potter! –dijo ella–. ¿Qué te dije hace dos años?

–¿Qu...qué? –dijo, su mente dando vueltas.

–Cuando intentaste ir tras la piedra filosofal por ti solo, ¿qué te dije? –Nuevamente su mirada mostraba confusión–. Te dije que si pensaba que teníamos la posibilidad, aunque fuera mínima, estaría a tu lado… aunque fuera para asegurarme de que no murieras. Pero tienes trece años, Harry. No podrías aturdir a Black si te lo encontraras, mucho menos matarlo. Ahora, dame una década para descubrir que rayos Black usó contra Pettigrew y como contraatacarlo, y entonces quizás tengamos una oportunidad, pero te lo digo ahora, ¡no dejaré que mi mejor amigo tire su vida a la basura en algo que sólo lo hará pedazos!

Los tres la observaron con asombro. Ginny fue la primera en romper el silencio.

–Comienzo a ver porque Fred y George dicen que no debemos hacer enojar a Hermione.

–Sí, hermanita, da miedo cuando se enoja –dijo Ron.

Harry aún lucía listo para amotinar.

–Harry, si te devuelvo tu varita, ¿prometes que no harás algo estúpido? –preguntó Hermione. Pensó que Harry le gritaría, pero respiró profundamente y respondió en un gruñido.

–De acuerdo, no haré algo estúpido.

–Bien. Entonces, lamento haberte lanzado un hechizo. –Se inclinó y le devolvió su varita–. Sabes, Harry, hay un poeta muggle llamado George Herbert quien escribió algo que creo que es aplicable aquí: "Vivir bien es la mejor venganza". Tienes una buena vida, Harry, a pesar de tus terribles parientes. Haz hecho lo mejor que haz podido a pesar de todo lo que Black ha hecho. Y ya que venganza sería suicidio en este momento, creo que deberías hacer el esfuerzo de vivir esa filosofía.

Ya fuera por esa última sugerencia o porque fue calmado por el enojo de Hermione, Harry pareció dejar de estar deprimido después de eso, al punto de que Hermione se sintió tranquila dejándolo con Ron y Ginny para ir a su reunión con la profesora Vector, la cual había sido cambiada de día debido al viaje a Hogsmeade.

Una hora de aritmancia después, Hermione habló nerviosa mientras terminaban.

–Profesora, me preguntaba si podía preguntarle algo.

–Claro que puedes, Hermione. ¿Qué ocurre?

–Usted… ¿dio clases a Sirius Black? –Vector palideció.

–¿Por qué lo preguntas?

–Pues, escuché que Black fue amigo de James Potter, y usted mencionó que lo conocía.

–Oh, no exactamente. Y no estoy segura de que alguien conociera a Black de verdad. Nunca le enseñé directamente. Él no tomó Aritmancia, pero sabía de él. No podía creer que se fuera al lado escuro. Él siempre pareció ser una de las pocas personas buenas en su familia.

–Es lo que todos dicen, profesora –dijo Hermione–. Creo que me hace preguntarme si era un agente dormido.

–¿Un agente dormido?

–Alguien que se infiltra y no hace nada hasta un tiempo específico o recibir una señal. No veo como pudo ser otra cosa.

–Mmm… no, supongo que no. No se que hace que un hombre de la espalda a un amigo que literalmente era mejor que su familia. Su propia familia no podía aguantarlo, ni él a ellos, si lo que dijo al terminar la escuela era cierto.

Eso era nuevo para Hermione. No podía comprenderlo tampoco. Eso sería como si Harry la traicionara, o a Ron, y a Ginny. Era impensable… su mente ni siquiera podía concebirlo.

–Pero hay una cosa más que no tiene sentido, profesora –continuó.

–¿Oh? ¿Y qué es?

–Lamento ser tan macabra, pero… también descubrí lo que ocurrió con Peter Pettigrew, y...

–Hermione, ¿acaso buscas estas historias escalofriantes? –dijo Vector.

–¡No! –respondió honestamente–. Fue coincidencia que lo descubriera. Pero me lo estaba preguntando porque no tiene sentido… Profesora, ¿tiene idea de qué hechizo Black usó contra Pettigrew?

–No, no lo sé –dijo con firmeza–. Y honestamente, me sorprende que estés interesada en saberlo.

–No lo estoy. Es sólo que algo no tiene sentido, profesora. Dicen que lo único que encontraron de Pettigrew fue su túnica y un dedo. ¿Pero qué tipo de hechizo destruye de ese modo un cuerpo por completo, pero deja una túnica intacta y un dedo, especialmente cuando fue lo suficiente fuerte para matar a doce inocentes y dejar un cráter en la calle? –No mencionó su discusión con Harry, para lo cual la respuesta también era importante.

Y con eso, Septima Vector comenzó a pensar. Por doce años simplemente había aceptado los testimonios de los testigos sin cuestionarlo. Pero Hermione tenía razón. Cuando se examinaba con detalle… algo no tenía sentido.

–Honestamente no lo sé, Hermione –dijo–. Sí parece extraño… pero no creo que sea algo de lo que debas preocuparte. No todos los secretos de las Artes Oscuras nos son conocidos, y eso es lo mejor.

–Sí, profesora –dijo. Haría lo posible por quitarlo de su mente. Aunque para Hermione Granger, cualquier cosa, incluso metafóricamente, que era similar a un problema matemático sin resolver era una tentación irresistible.


La mañana de Navidad, Hermione y Ginny bajaron las escaleras para encontrarse con los muchachos, esperando tener un día feliz. La actitud de Harry se había relajado durante la semana, pero aún existía la posibilidad de que intentaría arruinar la celebración.

Pero parecía estar contento esa mañana, al igual que Ron y los gemelos, quienes habían decidido quedarse a pasar las fiestas por el bien de Harry y Hermione.

–Hermione, Ginny, vean todo lo que tiene Harry –dijo Ron con entusiasmo–. Mamá le envió un montón de comida. –De repente, se sonrojó cuando vio lo que Hermione estaba usando–. Eh… ¿mamá te envió un suéter?

Hermione estaba usando uno de los suéteres navideños de Molly Weasley, el mismo que Harry y todos los Weasley. El suyo era de un color rosa similar al de la sudadera que había traído de casa, y Lavender y Parvati insistían que combinaba con su cabello.

–Sí, lo hizo –respondió–. Me sorprendió, pero me gusta.

–De nada –dijo George.

–¿Disculpa?

–Pensamos que después de que salvaste a Ginny… –comenzó Fred.

–... y después de de varios… proyectos de colaboración… –agregó George.

–...deberías ser promovida a Weasley honoraria, como Harry.

–Mamá estaba feliz de hacerte un suéter.

–Pues, gracias –dijo Hermione. Weasley Honoraria sonaba a un título inusual, pero era bueno saber que les importaba tanto–. ¿Veo que ustedes dos cambiaron de suéteres de nuevo? –agregó, observando que la F y la G fueron intercambiadas.

–No sabemos de que estás hablando –dijo el gemelo con la G–. Yo soy Gred y él es Forge.

–Ajá. Lo que tú digas, Fred –respondió Hermione.

Harry miró a ambos gemelos.

–¿Cómo puedes saberlo?

–Fácil. Fred es el gemelo malvado, y George es el… gemelo menos malvado.

–Oh, nos descubrió, hermano –dijo George.

–Tendremos que ser más malvados ahora –respondió Fred.

Harry, Ron, y Ginny se rieron.

–¿Recibiste algo más, Hermione? –preguntó Harry.

-Oh, claro –dijo con una sonrisa–. Mis padres me enviaron mi libro nuevo de geometría no-euclidiana. Y encontraron un reloj mecánico muy lindo con alarma y cronómetro. –Les mostró el objeto–. No pudo ser fácil encontrar uno en talla de mujer.

Justo entonces, Crookshanks, quien la había seguido desde su cuarto, se movió contra Ron. Scabbers escapó de su bolsillo y corrió al otro lado de la sala común a sorprendente velocidad.

–¡Crookshanks, basta!

–¡ATRAPEN A ESE GATO!

La sala común estaba en caos con personas tropezándose unas con otras hasta que ambos animales estuvieron bajo control. Otro día en Hogwarts.

Con la amenaza de Sirius Black sobre sus cabezas, la escuela estaba bastante vacía. Los seis Gryffindor constituían dos tercios de los estudiantes en el castillo. Durante el almuerzo, Dumbledore decidió que todos los estudiantes y maestros, diecisiete en total, se sentaran en una mesa larga y redonda en el centro del gran comedor, lo cual definitivamente era una experiencia inusual.

Más tarde, una vez que estuvo segura que el turno de limpieza había terminado, Hermione sugirió que fueran a visitar a los elfos y desearles Feliz Navidad. Fred y George se habían ido a realizar más travesuras, pero convenció a Harry, Ron, y a Ginny de que fueran con ella.

–¿Alguna vez te he mostrado dónde viven los elfos, Ginny? –preguntó mientras subían la pequeña escalera de caracol para llegar al espacio sobre el gran comedor.

–No, no lo habías hecho. Aunque lo habías mencionado. Suena genial.

–Oh, lo es. Todo es pequeño. Apuesto a que muchas personas se sorprenderían de lo bien que viven los elfos aquí.

–Sí, todo es pequeño, incluyendo el espacio –se quejó Ron. Comenzaba a ser difícil para él el gatear por los pasillos diseñados para los elfos.

Cuando llegaron al pequeño pasillo que llevaba a los dormitorios, encontraron a varios elfos relajándose, quienes los saludaron y los llevaron a la sala común. Sus toallas habían sido encantadas para lucir rojas y verdes por el día.

–Feliz Navidad a todos –dijo Hermione cuando entró.

Fue recibida con más frialdad que en años anteriores, aunque un número de elfos aún se acercó a los cuatro, especialmente a Harry, y los llevó a unos asientos. Sin embargo, Hermione fue golpeada por un misil rojo y verde, el único en ropa normal, cuando Dobby se lanzó sobre ella.

–¡Señorita Hermione! ¡Señorita Hermione! ¡Feliz Navidad! Es bueno verla.

–Feliz Navidad, Dobby –dijo.

Harry y Ron rápidamente fueron sentados cerca de Sonya y Tilly, mientras que Ginny miraba a su alrededor con sorpresa a todos los elfos en la sala común diseñada para ellos.

–Oh, cierto –dijo Hermione–. Todos, ella es Ginny Weasley, la hermana de Ron.

–Hola, señorita Ginny Weasley –dijeron varios elfos.

Las niñas tomaron sus asientos y saludaron a los otros elfos en la mesa. Dobby de inmediato regresó con un paquete para Hermione.

–Señorita Hermione, Dobby hizo esto para usted –dijo con timidez.

–Vaya, muchas gracias, Dobby. No tenías que darme nada. –Abrió el regalo, revelando dos calcetines hechos a mano que sólo alguien con la mente de Dobby llamaría un par. Uno era rosa con árboles de navidad verdes, mientras que el otro era verde con pequeños ángeles blancos–. Eh, gracias. Yo también tengo algo para ti.

Muchos de los elfos se detuvieron y observaron a un elfo recibiendo un regalo de parte de una bruja, pero Dobby parecía a punto de estallar en lágrimas cuando lo tomó de sus manos, y la abrazó con agradecimiento. El regalo de Dobby era un pequeño paquete de gobstones.

–Sólo ten cuidado al apostar –dijo Hermione.

Escuchó una risita a su derecha, y Hermione se dio la vuelta para ver los ojos azules de Sonya brillando con picardía.

–Sonya no cree que ese sea el mejor regalo, señorita Hermione Granger. Dobby no ha tenido mucha suerte conservando sus gobstones.

Hermione sólo sonrió.

–También tengo un regalo para ti, Sonya.

Los ojos de Sonya se abrieron más mientras tomaba su regalo. Resultó ser una baraja de lujo de snap explosivo… con hechizos para evitar trampas.

–Hermione Granger es una bruja muy traviesa –dijo–, pero Sonya es feliz de que la haya recordado.

–Hola, señorita Ginny Weasley –chilló una voz pequeña. Un pequeña elfina de menos de dos pies de altura estaba jalando su manga.

–Que adorable eres –dijo Ginny–. ¿Cómo te llamas?

–Soy Smidgen, señorita… tiene cabello muy bonito, señorita.

–Gracias, Smidgen –se rió Ginny.

De repente, una elfina adulta jaló a la pequeña de regreso.

–Smidgen, no deberías de estar con los amigos de Dobby –susurró.

–Pero son amables, mami –dijo Smidgen.

–Son malas influencias para los elfos pequeños.

–Disculpa –dijo Hermione con firmeza–. ¿Cuál es tu nombre?

–Soy Speckle, señorita Hermione Granger –dijo la madre elfina en un tono que nunca había escuchado antes en un elfo. Sólo podía describirlo como molesto.

–Bueno, Speckle, no veo como somos malas influencias –le dijo Hermione–, especialmente considerando que ninguno tuvo problemas conmigo durante mis primeros dos años aquí.

–Eso fue antes de Dobby, señorita –dijo Speckle.

Hermione suspiró.

–Dobby, ¿esto aún pasa con frecuencia? –dijo.

Dobby parecía renuente a hablar, pero eventualmente respondió en un susurro.

–Muchos de los elfos aún no están felices con Dobby, señorita Hermione. No respetan a un elfo libre.

–Ah. –Hermione se puso de pie y se dirigió a los elfos–. Escuchen, se que muchos no están de acuerdo con la manera en la que Dobby vive su vida, pero es un buen elfo. Sólo está aquí para trabajar, al igual que ustedes. Su situación es un caso especial. No está buscando reclutar a nadie, y no estoy interesada en liberar a un elfo que no quiera ser libre. Esa ha sido mi política desde que vine aquí por primera vez, y no ha cambiado. Solían decir que era una buena amiga de los elfos, y espero que puedan aceptar a Dobby y a mis amigos con el mismo espíritu, especialmente en Navidad.

–¿Ves, mami? Son amables –dijo Smidgen–. No son malos con los elfos.

Speckle aún hizo un alboroto, pero con aseguranzas de Tilly, la maestra de los elfos, permitió que Smidgen se uniera a ellos en su mesa. Pronto comenzó a trenzar el cabello de Ginny.

–Sonya, tú estás bien con Dobby, ¿verdad? –preguntó Hermione nerviosa.

Sonya cruzó sus brazos.

–Sonya no está de acuerdo con la vida de Dobby, pero Sonya es amable con él por el bien de Hermione Granger.

Bueno, eso es mejor que nada.

–Gracias, Sonya. ¿Sabes que aún eres mi amiga aquí, verdad?

Sonya suspiró ante la pregunta.

–Sí, señorita, siempre ha sido una buena amiga para Sonya.

–Bien. Ahora, ¿quieres repartir esas cartas?

Se fueron un poco antes de la cena. Harry y Ron sorprendentemente se la pasaron bien con los elfos, y Ginny pareció disfrutar la introducción a su mundo. Para cuando se fueron, su cabello estaba completamente trenzado en un patrón único e irregular, cortesía de Smidgen.