Mientras Harry Potter iba a St. Ives, se encontró con JK Rowling y siete libros. Yo me encontré a White Squirrel en este sitio web.

Notas de la traductora: Muchas gracias a todos por sus comentarios. En verdad aprecio el apoyo a esta traducción. También les agradezco su paciencia. Traducir dos largas y complicadas historias y un trabajo a tiempo completo no me permite actualizar tan pronto como que gustaría , pero como ven, intento apegarme a mi promesa de publicar cada dos semanas tanto como me es posible.

En fin, aquí les dejo un nuevo capítulo y espero con ansias sus comentarios!


Capítulo 51

Necesitamos un lugar donde estudiar varitas de juguete. Necesitamos un lugar donde estudiar varitas de juguete. Necesitamos un lugar donde estudiar varitas de juguete.

Con ese pedido, la sala de los menesteres produjo un gran cuarto de trabajo. En medio del cuarto había una mesa larga de trabajo iluminada por dos lámparas y con una extraña variedad de herramientas. Algunas parecían versiones miniatura de antiguas herramientas de carpintería… taladros manuales, punzones, cinceles, sierras pequeñas, garlopas, martillos, y pinzas. Otros lucían más como los instrumentos de disección en la clase de biología en su último año antes de que fuera a Hogwarts: bisturíes, fórceps, tijeras, y jeringas. También había una poderosa lupa montada en la mesa e incluso un microscopio, aunque uno que parecía del siglo XIX.

Un área de descanso al fondo del cuarto tenía tres sillones cómodos, pero al otro lado había más recursos: tres escritorios y un librero pequeño, el cual, al examinarlo de cerca, tenía varios libros sobre la creación de varitas, herbología (probablemente para identificar madera), encantamientos, e incluso uno sobre juguetes mágicos.

Incluso cuando habían visto antes las habilidades del cuarto, Fred y George observaron con asombro detrás de Hermione, quien también estaba muy impresionada por lo que había producido.

–Genial –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

–Vaya, en verdad pensaste en todo, Hermione –dijo Fred.

–No dije mucho. Fue la sala quien lo hizo –los corrigió Hermione.

–¡Libros! –dijo George–. ¿Esto quiere decir que podemos pedir cualquier cosa a la sala?

–Lo dudo –dijo ella. Inspeccionó los libros con más atención. Muchos eran muy viejos y polvosos, y estaban en mala condición–. Miren como están. No puedo imaginar que la sala conjure esta información de la nada. Apuesto a que los trae de donde sea que todas las cosas ocultas aquí van. Y… sí, miren, todos tienen títulos de libros que yo hubiera elegido para este proyecto. No hay ninguna sorpresa. Así que o yo lo adiviné, o el cuarto sólo tiene acceso a ciertos libros en base a lo que uno espera. Dudo que sería de mucha ayuda si no tienen idea de lo que están buscando.

–Mmm… suena a que necesitamos experimentar un poco con la sala –sugirió Fred.

–Quizás después –respondió Hermione.

–Oye, ¿qué hay aquí…? ¡Genial! ¡Miren! –George había encontrado un bote a un lado del librero, pero no era un bote de basura, como había parecido. Hermione miró dentro y se sorprendió al encontrar docenas y docenas de varitas de juguete. La mayoría lucían dañadas, quemadas, o rotas, pero algunas parecían seguir funcionando.

Al verlas, Hermione comenzó a reírse, y se rió con tanta fuerza que se cayó, y los gemelos tuvieron que atraparla.

–¡Debí saberlo! –dijo, limpiando una lágrima de su ojo–. Pedí un lugar donde estudiar varitas de juguete, y nos dio todas las varitas que tenía también.

–¡Excelente! –dijo Fred.

–¿Pero quién más traería varitas de juguete a la escuela además de nosotros? –se preguntó George.

–¿Otros a los que les gusten los experimentos? –especuló Hermione–. ¿O algunos estudiantes de primero? Incluso si no son muchas personas, bastantes se acumulan después de un siglo o dos si aquí es a donde va toda la basura. Pero bueno, ahora tenemos más con qué experimentar.

–Cierto… ah, pero entonces desperdiciaste esos dos galeones en las que tu compraste –dijo George. Ella sacudió los hombros.

–No es una pérdida total. Las que compré son una entidad conocida… directas del empaque, nunca han sido usadas, y varias del mismo modelo. Además, al paso que voy, probablemente recupere esos dos galeones con mis apuestas en la Copa Mundial de Quidditch. –Los gemelos se rieron.

–Es probable –dijo Fred–. Tu aritmancia te ha servido bien para eso.

–Sólo ten cuidado –agregó George–. Van a la etapa de torneo el próximo verano, y será más difícil.

–Veremos –dijo Hermione con confianza–. Saben, lo interesante es que a Inglaterra, Escocia, Gales, e Irlanda les está yendo bien en la etapa de grupo. Pero supongo que es lo que pasa cuando se inventa el deporte en la región. Pero bueno, vamos a trabajar.

–Cierto. ¿Cómo hacemos esto?

–Pues, tengo unas ideas para algunos experimentos que podemos hacer con las varitas que compré, pero creo que sería bueno examinar a estas otras antes de que las usemos, en caso de que aprendamos algo nuevo y para no desperdiciarlas. Sólo hay una con la que quiero comenzar ahora. –Sacó una de las varitas baratas de un sickle de su bolso y abrió el paquete–. Quiero ver cuánto tiempo dura con un encantamiento Lumos antes de quemarse… ustedes saben, para ver que tan buena es para su función básica.

–Pero incluso una barata podría durar horas –le recordó Fred.

–Lo se. Es por lo que quiero comenzar ahora. Podemos apagarla cuando queramos. Sólo necesito cronometrar cada vez que la usemos. –Examinó la varita. Era pequeña… no muy diferente de lo normal con sus ocho pulgadas de largo, pero muy delgada. Parecía estar hecha de un tarugo de cinco dieciseisavos de pulgada, mientras que su varita tenía un grosor de media pulgada y un cabello en la base, e incluso eso era más delgado de lo normal. La varita de juguete estaba curvada en un extremo, y no tenía ninguna decoración. Anotó todo esto en su cuaderno y se la mostró a los gemelos–. ¿Alguno de ustedes quiere prenderla?

–Claro –dijo George, tomándola.

Hermione preparó el cronómetro en su reloj nuevo.

–Cuando estés listo. –George agitó la varita.

Lumos.

Hermione inició su cronómetro. La varita se iluminó con una luz blanca brillante que parpadeó mucho más que una varita normal, como una luz fluorescente que estaba a punto de fundirse. Debía ser la calidad de los materiales, pensó. Tomó nota de eso también.

–Luce bastante enferma –notó Fred.

–Bueno, es muy barata –respondió George–. ¿Qué sigue, oh sabia aritmaga?

–Ahora, creo que deberíamos revisar todas las varitas en el bote para ver cuales funcionan. Podemos desmantelar las que no sirven para descubrir como son hechas.

–Sensato –comentó Fred.

Examinaron las varitas de juguete usadas y eventualmente las dividieron en cuatro pilas, aunque era algo inconveniente ya que uno tenía que continuar sosteniendo la varita iluminada. La primera y más grande pila consistía de las varitas que no produjeron ningún resultado. Casi todas estas mostraban daños serios: rajadas grandes, estaban partidas a la mitad, o tenían marcas de quemaduras. Las varitas en la segunda pila parpadearon o soltaron chispas por un segundo y después se "quemaron" con un ruido extrañamente similar al de un foco fundiéndose. Esto siempre, por lo menos, producía marcas de quemaduras cerca de la punta y usualmente causaba que se rompieran. Dos de ellas se prendieron en fuego y una explotó de manera violenta y lanzó tales astillas que tuvieron suerte de que ninguno fue golpeado en el ojo. El cuarto de inmediato les dio pares de lentes de seguridad después de eso.

–Vaya, este lugar es bastante inteligente –dijo George.

La tercera pila de varitas fueran aquellas que no se quemaron, pero se rehusaron a lanzar Lumos de manera correcta y sólo produjeron chispas. La cuarta era la pila más pequeña, sólo once varitas, que se iluminaron con Lumos, aunque todas menos tres parpadearon de tal manera que obviamente había algo malo con ellas. No era sorprendente que casi ninguna funcionaba correctamente. Después de todo, si funcionaban bien y no eran contrabando, ¿por qué estarían con la basura y las cosas ocultas?

–Tenemos una gran selección aquí –dijo Fred–. La pregunta es, ¿qué las hace funcionar?

Esa es la pregunta –dijo Hermione–. Lo único que podemos hacer realmente es desmantelarlas para ver que podemos encontrar. –Fred sonrió.

–Bueno, por suerte para ti, esa es una de nuestras especialidades. Verás, hemos considerado la posibilidad de vender nuestra propia línea de productos, y no llegaríamos muy lejos si no pudiéramos diseccionar a la competencia.

Una expresión de miedo atravesó el rostro de Hermione.

–¿Van a vender bromas? –dijo–. Merlín nos ayude a todos.

Fred y George se rieron.

–Algún día, lo que en verdad queremos hacer es abrir una tienda –explicó George–. Consideramos que entre mi cerebro y la planeación de Fred...

–Sin mencionar mi elegante apariencia –agregó Fred.

–...probablemente podemos ganar contra Gambol & Japes en el callejón Diagon.

–Nosotros, eh, quizás podamos aceptar a otro socio, si estás interesada –sugirió Fred con una sonrisa.

–No puedo apoyar tal rompimiento de las reglas –dijo Hermione con aire de inocencia, sabiendo bastante bien que había tomado gran parte de eso–. Pero admiro su iniciativa. Estoy segura de que será genial. Ahora, veamos que pueden descubrir de estas.

Lo primero que el trío hizo fue examinar con más atención varias de las varitas de juguete debajo de la lupa. Todas las rotas tenían alguna rajada, y cerca o dentro de estas había quemaduras, que parecían originar de la punta. Las rajaduras parecían seguir el grano de la madera, el cual no era particularmente recto ni alineado con el mango. Sin embargo, pronto notaron que en algunas, las rajaduras iban perfectamente a lo largo de la madera, y cuando las examinaron más de cerca, Hermione notó que iban a lo largo de la veta.

Ese parecía un buen lugar donde comenzar. Usando las herramientas a su disposición, con cuidado abrieron una de las varitas a lo largo de la veta. Era fácil de ignorar, pero parecía como si el tarugo hubiera sido partido a la mitad y vuelto a unir. Entre las dos mitades había los remanentes de un hilo de fibra o de algo, y quemaduras más pronunciadas, como si hubiera sido quemada desde adentro.

–Pues, parece que esta fibra es el núcleo de la varita, o algo así –razonó Fred.

–Y parece que es el punto débil del artefacto –dijo Hermione.

–¿Pero, lo es? –respondió George–. Quizás la madera se rompe primero, y el estar expuesta al aire causa que se queme.

–Mmm, ese es un buen punto –dijo Hermione–. Aunque, la varita vieja de Ron tenía el pelo de unicornio expuesto y no se quemó… Por supuesto, es un material completamente diferente, diferente proceso de manufacturación, y quien sabe que más.

–Es una lástima que no podemos diseccionar una varita de verdad –dijo Fred.

–No… –Hermione se iluminó al instante–. Pero podemos examinar una. –Sacó su propia varita y la sostuvo debajo de la lupa–. No puedo creer que nunca he prestado verdadera atención a esta cosa antes.

Lo primero que notaron sobre su varita fue que estaba hecha con más cuidado. En lugar de ser lijada, debió de ser pulida con papel fino (o un hechizo), y barnizada. Además, el barniz estaba en estado perfecto después de dos años y medio de uso y probablemente también era mágico. La madera era de muy buena calidad… con los granos en la madera perfectamente alineados, paralelos al mango, como la madera de un violín fino. Ollivander la había llamado madera de vid, pero nunca había explicado qué tipo de vid, aunque si el patrón que había tallado en ella era una pista, probablemente era hedera helix, y no debió de ser fácil encontrar una pieza de esa planta tan perfecta. No sabía si había alguna cualidad mágica adicional en la madera, pero parecía probable. No había fisura visible dónde insertar el núcleo de fibra de corazón de dragón, aunque aún debía de haber una, invisible bajo el barniz mágico o mágicamente reparada.

Aunque había algo extraño… algo que había visto antes pero nunca había prestado verdadera atención… pequeñas marcas en la madera entre las tallas de vid, excepto que debajo de la lupa, no eran simples marcas.

–¡Vaya, son runas! –exclamó Hermione.

–¿Runas? –dijeron Fred y George con sorpresa.

–¡Sí! Miren. Justo ahí. No puedo creer que nunca lo vi antes. –Había pequeñas letras de un cincuentavo de pulgada a lo largo de la varita, talladas con increíble precisión con una herramienta pequeña mucho más avanzada de lo que la sala les había dado. Debían de estar rellenadas con barniz, o Hermione hubiera sentido la aspereza en sus dedos, pero estaban en la madera, y eso era lo importante. Probablemente estaban al límite de lo que podía ser tallado con certeza en la estructura celular de la madera.

–No creen… –dijo Fred. Él y George sacaron sus varitas y las examinaron.

–Demonios, también están aquí –dijo George–. No puedo creer que nosotros no lo hayamos notado.

–Y miren, no todas son nórdicas –dijo Hermione–. ¿Ven? Esa línea parece latín escrito en letra gótica. –La profesora Babbling había explicado una vez que el espacio entre las letras estilo gótico era más uniforme que el moderno, lo cual era más fiable para las runas.

–Me pregunto para que son –dijo Fred.

Hermione examinó las letras más de cerca.

–Pues… –dijo titubeando–, no se lo que son todas, pero puedo ver varias runas que tienen que ver con permanencia, fuerza, y poder. Probablemente son para crear una varita de verdad que pueda aguantar una vida entera de hechizos, mientras que por lo que hemos escuchado, las mejores varitas de juguete no pueden hacer eso incluso con hechizos de primer año.

–La magia puede ser dura con las cosas –dijo George.

–Siempre me había preguntado lo que el viejo Ollivander hacía con su tiempo –agregó Fred–. Debe de vender sólo unas cien varitas al año. Y es por esto por lo que cuestan siete galeones cada una. No quisiera tener que tallar todo esto.

Hermione pensó que sería interesante el hacer su propia varita algún día, pero estuvo de acuerdo con que no querría hacer eso como oficio. Parecía que había más en la creación de varitas reales que mejores materiales. Incluso su cara varita de juguete de un galeón, la cual era de madera de buena calidad y estaba barnizada, sólo tenía decoraciones… ninguna runa a la vista.

–Me gustaría entender mejor lo que significan estas runas –pensó para sí misma–. Quizás debería preguntarle a Ron.

–¿Ron? –dijeron los gemelos con incredulidad.

–¿Quieres decir, nuestro hermanito, Ron? –agregó Fred.

–¿El que nunca se esfuerza en nada? –dijo George. Hermione tomó un gran respiro.

–Se esfuerza en lo que es bueno. Y es sorprendentemente bueno para las runas… lo suficiente bueno para pedirle una segunda opinión. Quizás no al nivel de, digamos, analizar el mapa del merodeador, pero ese sería un gran proyecto para cualquiera.

Una expresión indescifrable atravesó los rostros de los gemelos.

–¿Runas? ¿Quién lo hubiera sabido? –dijo George.

–Mientras tanto, continuaremos trabajando –dijo Fred, agitando la varita que aún estaba prendida–. Sabes, deberíamos hacer esto de nuevo, Hermione. Me agrada a donde vamos.

–A mi también.

–Sí, definitivamente. Esto es divertido –dijo Hermione.


Las clases pronto comenzaron de nuevo, más o menos igual que antes, y Hermione estaba tan ocupada como siempre. Por supuesto, había pasado su examen de álgebra lineal con calificación perfecta y también había mostrado a la profesora Vector su libro de texto de geometría no-euclidiana. Vector estuvo de acuerdo que era un buen tema que aprender ya que era crucial para varios temas avanzados como los encantamientos de prolongación, arquitectura mágica, y geomancia.

Mientras tanto, la siguiente lección anti-dementores de Harry con el profesor Lupin el jueves evidentemente no terminó bien. Lupin había mencionado un tiempo atrás que había conocido al padre de Harry en la escuela, y aunque Harry se había tranquilizado desde las vacaciones, aún demandó saber porque Lupin no había mencionado a Sirius Black. Aparentemente no consideró que la respuesta de Lupin de "Sí, lo conocí, o pensé conocerlo" era muy satisfactoria, y había arruinado su habilidad para lanzar el hechizo.

–Vamos, Harry –le dijo Hermione después–. Black también era su amigo. Probablemente le duele casi tanto como te duele a ti.

Harry aceptó con renuencia, pero estuvo de mal humor por el resto de la noche. Lupin también pareció estar perdido el día siguiente, por lo menos considerando que había pasado una semana desde la luna llena, así que Hermione decidió que era hora de quedarse después de clase para otra breve charla.

–Quería disculparme por Harry ayer, profesor –le dijo–. Entiendo que debe de ser difícil para usted. Es sólo que no le agrada que las personas le guarden secretos. Tienden a hacer eso mucho, especialmente este año. –Lupin suspiró.

–Sí, supongo que lo hemos hecho –dijo–. Sólo puedo excusarnos diciendo que casi todos los involucrados pensamos que era por su bienestar. ¿Cómo lo tomó la primera vez? –Hermione hizo una mueca.

–Muy mal. Por un momento, pensamos que iba a hacer algo estúpido. Tuve que hechizarlo para que entrara en razón… Encantamiento desarmador. –Él sonrió y se rió un poco.

–Harry es muy afortunado de tener una amiga como tú. Recuerdo que hubo ocasiones cuando tuve que hechizar a James… y a Sirius… –su humor se ensombreció–. Sabes, Hermione, todos dicen que no tenían idea de que Sirius Black iría al lado oscuro, pero hubo una vez… sólo una. Una de sus "bromas" fue muy lejos… No te daré detalles, pero es suficiente decir que podría haber matado a alguien. Estaba tan molesto que casi lo lancé por una ventana… Ahora, creo que lamento no haberlo hecho.

Hermione se sintió incómoda. Quería hacer algo… alcanzarlo de algún modo, tal vez, pero no conocía a Lupin tan bien como a la profesora Vector.

–Estoy segura de que hizo lo que consideró correcto en ese momento, profesor –dijo.

–Sí, lo hice –dijo–, y Black logró evitar ser expulsado. Pero siempre me pregunté si esa fue la primera señal… Pero no debería de molestarte más. Deberías regresar con tus amigos.

Ella le lanzó una mirada de solidaridad y decidió tomar la oportunidad de realizar la pregunta que aún la molestaba.

–Profesor, no es mi intención hacerlo revivir recuerdos incómodos, pero hay algo que no tiene sentido para mi. –Lupin entrecerró los ojos.

–¿Qué es?

–Pues, ¿tiene alguna idea de qué tipo de hechizo Black usó en Pettigrew? –Lupin soltó un grito ahogado y palideció.

–Ese no es el tipo de magia con el que quieras involucrarte, Hermione –dijo.

–No estoy interesada en la magia oscura, profesor –insistió–. Solo lo pregunto porque hay algo que no tiene sentido, y usted sabe cómo soy con los problemas de matemáticas. Verá, no se mucho sobre magia oscura, pero los muggles saben algo sobre explosiones y he escuchado la descripción… y no puedo ver como es que un dedo y una túnica terminaron intactos después de esa explosión cuando no encontraron nada más excepto un cráter, y doce inocentes murieron.

Las cejas de Lupin se elevaron un poco, y la observó mientras procesaba sus palabras. Hermione prácticamente podía ver los engranajes de su mente moviéndose a toda velocidad. Obviamente, tampoco había pensado en ese problema. Los magos aceptaban muy fácilmente "magia" como explicación.

–Yo… yo… me temo que no tengo idea de que hechizo fue, Hermione, pero… creo que quizás tengas razón sobre que hubo algo inusual en eso… académicamente, por supuesto. Sin embargo… en verdad creo que es mejor que te vayas. Si se me ocurre algo sobre tu pregunta, te lo diré… hasta cierto punto.

–Sí, señor –dijo Hermione, ocultando su decepción. Comenzó a irse, pero justo antes de llegar a la puerta, se dio la vuelta–. Profesor –dijo–, si conoció al padre de Harry, y a Black, entonces esa brillante hija de muggles que también fue su amiga… –Él sonrió y asintió, con expresión de alivio.

–La madre de Harry –confirmó–. Y en verdad creo que eres una de las pocas mujeres que he conocido que está a su nivel. Creo que las dos hubieran sido buenas amigas si hubieran tenido la oportunidad de conocerse.

–Gracias, profesor. –Hermione asintió y se fue con una sonrisa. Considerando lo bien que todos hablaban de Lily Potter ese era un gran cumplido.


–¡Oh! ¡Mala suerte para Cho Chang! –anunció Lee Jordan–. Draco Malfoy atrapa la snitch con medio campo de distancia obteniendo la victoria para Slytherin, doscientos sesenta contra doscientos cincuenta. Bueno, a veces esa es la suerte del juego.

–¡No puedo creerlo! –se quejó Harry mientras él y sus amigos caminaban de regreso al castillo–. Si Cho hubiera seguido a Malfoy como hizo con Cedric, le hubiera ganado fácilmente.

–No lo hizo porque Malfoy es un buscador mediocre –le dijo Hermione–. No pensé que tendría la oportunidad de capturar la snitch primero. Debes saberlo.

–Sí, lo sé, pero aún no me agrada –gruñó–. Cho lo merecía. Es mucho mejor que Malfoy.

–Sí, lo entiendo, Harry –respondió–. Yo había apostado tres a uno a favor de Cho, y la razón de ese uno era por lo que ocurrió… la snitch apareció en el lado del campo de Malfoy… o Cho siendo atacada por una bludger.

–¡No es posible! ¡Es muy buena para eso! –defendió Harry a la buscadora de Ravenclaw.

–De acuerdo, de acuerdo. Sí, es una buena jugadora, Harry.

–Y no luce nada mal –murmuró Ron.

–Sí… –dijo Harry–. Eh, quiero decir… –no dijo más y se sonrojó al darse cuenta de lo que había dicho. Ginny, sin embargo, palideció y permaneció atrás, buscando a Hermione con la mirada para que la ayudara.

–Sólo dale espacio, Ginny –susurró–. No puedes esperar mucho de los muchachos, especialmente a esta edad. –Suspiró con tristeza.

–Tú… suena como que tienes el mismo problema –susurró Ginny de regreso. Ahora, fue Hermione quien se sonrojó.

–¿Qué? ¡No! –Ginny sonrió, olvidándose por un momento de sus propios problemas amorosos.

–¿Alguien que conozca?

–Yo… no se de qué estás hablando –tartamudeó Hermione mientras intentaba alejar de su mente la imagen de cierto Hufflepuff alto de cabello oscuro. Sólo es un amigo. Por suerte para su orgullo, llegó una distracción en la forma de un ruidoso grupo de Ravenclaw.

–Oye, Lunática, ¿dónde están esos nargles tuyos cuando los necesitamos?

Luna Lovegood estaba caminando rápidamente, obviamente intentando poner algo de distancia entre ella y las niñas (y un varón esta vez) quienes Hermione sabía eran los que usualmente le daban problemas y la aislaban del resto de su casa.

Pero al mismo tiempo, al observarlos por un largo tiempo, Hermione notó algo sobre la actitud de Luna. Algunos la hubieran llamado beligerante, pero Hermione lo vio más como una necesidad de intentar llevarse bien con todos y tratar todo como una conversación agradable… bueno, a menos que se insultara a sus padres. Hermione sospechaba que era algún tipo de mecanismo para salir adelante… una manera de negar que en verdad la estaban molestando, y en este caso, ese rasgo se manifestó cuando Luna se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia atrás.

–Me temo que los nargles no son fáciles de controlar, especialmente para influenciar un juego de quidditch. Ciertamente, yo nunca he tenido suerte con eso. –Se dio la vuelta de nuevo y aceleró su paso un poco.

–No sirves de nada, entonces –dijo uno de los bravucones.

–Ginny, vamos –susurró Hermione y las dos corrieron para interceptar a Luna–. ¡Oigan! –Hermione llamó a los bravucones–. Sólo porque perdieron no es razón para que se quieran desquitar con una de sus compañeras.

–No te metas, Granger –dijo el muchacho, un estudiante de cuarto año a quien no conocía.

–¿Por qué te importa? No era tu equipo jugando –dijo la joven de cuarto año de cabello rizado a quien había visto antes.

–Pero somos Gryffindor. Tampoco queremos que Slytherin gane. Por lo menos la copa aún está entre nosotros y ustedes por como destrozaron a Hufflepuff el mes pasado.

–¿Estás bien, Luna? –preguntó Ginny, alcanzando a su compañera de año.

–Hola, Ginny -respondió Luna con una sonrisa–. Estoy bien, aunque ese juego fue decepcionante. Pero sabes lo que dicen: ganes o pierdas, siempre hay pudín, ¿verdad?

–Eh… creo que eso es lo que dices, Luna –dijo Ginny algo incómoda, sacudiendo la cabeza. Se dio la vuelta para ver a los que la habían estado molestando–. Saben, no luce bien en su casa si no apoyan a los suyos, así que creo que deberían de dejarla en paz.

–Gracias, Ginny –dijo Hermione–. En Gryffindor, por lo menos sabemos apoyar a nuestros amigos. –Sin embargo, por las miradas que estaba recibiendo, no creía que fuera tan simple. Se acercó más a sus amigas–. Aún creo que sería mejor que hablaras con los maestros, Luna. –Ella respondió con una triste sonrisa.

–Entiendo porque lo dices, Hermione –dijo–, pero no quiero causar más problemas. Los Ravenclaw somos inteligentes. Estoy segura de que encontraran maneras de causar problemas dentro de las reglas.

Hermione elevó las cejas. Eso era sorprendentemente coherente viniendo de Luna. ¿Acaso estaba teniendo más problemas de los que dejaba ver? Hermione no tenía una respuesta, así que decidió encontrar una solución creativa. Caminó por el castillo hasta encontrar a dos de sus compañeros de casa.

–Fred, George, ¿pueden apoyarme en algo?


Hermione se detuvo enfrente de la puerta de la torre de Ravenclaw. Interesantemente, no había un retrato, sólo una puerta sólida, la cual no tenía manija, pero tenía una aldaba de bronce con forma de águila. Había escuchado que no tenían contraseña… sólo un acertijo que debía ser resuelto. Eso le funcionaría. Era hora de actuar.

Dio a los bravucones la oportunidad de cambiar. Estaban limitados en lo que podían hacer, pero hubo unos cuantos incidentes en los que atormentaron a Luna verbalmente o con bromas leves durante los siguientes días, e incluso uno en el que alguien escondió algunas de sus cosas.

–¡Atroz! –dijo Fred cuando Hermione explicó la situación.

–Una falta grave a la etiqueta de los bromistas –dijo George–. Bromas deben de ser agradables y no crueles, a menos que los Slytherin estén involucrados.

Al punto en el que aceptaba las bromas, Hermione estuvo de acuerdo, y era por eso que estaba ahí. Había enviado a Ginny a distraer a Luna para poder atacar el problema desde su fuente. Golpeó dos veces la aldaba, y de repente, el águila habló:

Mientras viajaba por tierras tumultuosas,

Conocí a un hombre con siete esposas,

No podían llevar a todos sus gatos,

Así que los guardaron en sus zapatos.

Cada uno siete crías tuvo y todas vendieron,

Para defender de ratas el grano de un molinero.

Y si cada gato tenía nueve vidas,

¿Cuántas ratas fueron escabullidas?

Hermione elevó una ceja a la aldaba. El acertijo era ambiguo y técnicamente no tenía la información suficiente para resolverlo. Si la intención era el número tradicional de 343 gatos, entonces la respuesta debería ser 151,263, pero incluso la mayoría de los Ravenclaw adivinaría eso. Además, sabía que la solución tradicional del acertijo era el reconsiderar sus suposiciones...

–Cero –respondió ella–. Los gatitos se las comieron todas.

–Bien razonado –dijo la aldaba, y la puerta se abrió.

Hermione atrajo varias miradas cuando entró a la sala común de Ravenclaw usando su túnica con decoraciones en rojo Gryffindor.

–Oye, estás en el lugar incorrecto –le gritó uno de los estudiantes mayores.

–Sólo estoy aquí para una visita –respondió. Examinó el cuarto. Era un lugar de aspecto fresco, con techos altos y libreros llenos de libros de referencia populares para que los Ravenclaw no monopolizaran tanto la biblioteca. Era más elegante, pero más impersonal que la sala común de Gryffindor. Mientras observaba descubrió que tuvo suerte. Su mirada descansó en las compañeras de Luna, las instigadoras principales de su tormento.

–Lamento entrar de este modo –continuó–, pero quería ayudar a Luna Lovegood con los problemas que ha estado teniendo, y en lugar de ir con los maestros sin informarle, esto fue lo mejor que se me ocurrió hacer.

Escuchó varias murmullos en la sala común, quejándose de que estaba desperdiciando su tiempo y varias personas se dieron la vuelta y la ignoraron, y hubo algunos gritos desafiantes que insistieron que "Lunática" estaba loca.

–Sí, se que Luna puede ser… excéntrica –dijo Hermione con frialdad–, pero aun así la considero mi amiga. De hecho, ni siquiera es mi amiga más extraña, y es bastante agradable a su manera. Ahora, he notado que frecuentemente ha sido aislada, insultada, y molestada por miembros de su propia casa este año, y por lo que escuché, el año pasado también. No se lo que les dijo el profesor Flitwick, pero la profesora McGonagall nos dijo que tu casa es como tu familia, y tu familia no te hace eso. Quiero que pare.

Hermione estaba siendo observada por muchos… miradas confusas y molestas, pero algunas interesadas e incluso preocupadas. Sin embargo, una de las niñas de segundo cometió el error de hablar.

–¿Ah sí? ¿Y que vas a hacer al respecto, Granger? No tienes pruebas. –Hermione sonrió con calma.

–No, pero se que personas en particular le han estado dando más problemas a Luna –dijo. Tú incluida, estaba claramente implícito–. Y si esas personas o alguien más continúan dándole problemas, puedo, y lo haré, lanzar a los gemelos Weasley en su contra.

Escalofríos llenaron la sala. La niña que la había confrontado y otras de las bravuconas palidecieron y se dieron la vuelta sin responder.

–Gracias por su tiempo –terminó con una sonrisa y dejó la sala común en silencio.


Sorprendentemente, la situación de Luna mejoró después de eso. Supongo que es cierto lo que dicen los estadounidenses, pensó Hermione. Habla con voz suave y carga una varita larga. Regresó a su rutina normal durante las siguientes semanas… eso fue, hasta que las cosas comenzaron a salir mal de nuevo al final de enero. Era jueves, y Hermione tenía un periodo libre temprano mientras Harry estaba en Aritmancia y Ron estaba en Estudios Muggles. Se tomó el tiempo para relajarse y estudiar geometría un poco, y todo iba bien hasta que fue a Transformaciones, a donde Lavender y Parvati llegaron después de Adivinación. Sus dos compañeras de cuarto le lanzaron miradas nerviosas durante todo el periodo y en general lucían bastante serias. Continuaron esto durante el almuerzo, hasta que Hermione finalmente se cansó y las confrontó.

–De acuerdo, ¿cuál es su problemas? –demandó–. Lucen como si hubieran visto un fantasma.

–¿Disculpa? –dijo Nick Casi Decapitado, quien estaba flotando cerca.

–Lo siento, es un hábito –dijo Hermione, avergonzada.

–Oh, Hermione, ¡debes tener mucho, mucho cuidado! –dijo Parvati.

–Sí, algo terrible va a ocurrir –agregó Lavender.

–¿Eh? ¿De qué están hablando?

–Estábamos quemando hojas de laurel en Adivinación para piromancia –explicó Parvati.

–Y las de nosotras no se estaban quemando nada bien –continuó Lavender sin aliento–. Y ese es un mal augurio. Estaban crujiendo, y la llama se estaba curvando alrededor.

–Así que por supuesto, la profesora Trelawney vino a examinarlo más de cerca –dijo Parvati–, y justo cuando lo hizo, ¡fum! El fuego se apagó y hubo una gran columna de humo que rodeó toda la mesa.

La observaron por varios segundos con los ojos abiertos como si eso debiera significar algo para ella. Hermione elevó una ceja.

–¡Significa catástrofe inminente! –Hermione suspiró. Estaba muy feliz de no haber tomado Adivinación.

–Probablemente fue una brisa provocada por todos los chales que usa. Honestamente, es un milagro que ella misma no se ha prendido fuego.

–Pero esa no es la peor parte –dijo Lavender sin escucharla–. Después de que el fuego se apagó, las cenizas cayeron en forma de esa extraña S que siempre estás escribiendo.

–¿El símbolo de una integral?

–¡Ese! Era una advertencia para ti, Hermione.

–Lo dudo, Lavender. Aún si es un verdadero presagio, el símbolo de una integral es una forma muy común. Probablemente sólo fue una coincidencia. –Parvati sacudió la cabeza.

–No lo creo. Las cenizas muestran al sujeto de la predicción, y la profesora Trelawney lo confirmó. Dice que hay dolor y terror viniendo por ti, y pronto.

–¡Coincidencia! –insistió Hermione–. Creo que los dementores las están afectando. No hay dolor y terror viniendo por mi en particular.

–Sólo ten cuidado –dijo Lavender.

–De acuerdo, pero les digo, voy a estar bien.

Hermione estaba perfectamente segura de que nada malo iba a ocurrir, pero al atardecer, recordó algo que la molestó en el fondo de su mente el resto de la noche: era luna llena. Por mucho que pensaba que la adivinación no valía más que el horóscopo en el Times, se sentiría mejor en la mañana cuando saliera el sol y pudiera ver que el profesor Lupin estaba bien.