Harry Potter tiene un volumen finito, pero el universo de JK Rowling es infinito, como es demostrado por todos los fans, y en este caso en particular, por White Squirrel.
Capítulo 52
El día siguiente, en otra lección desagradable, el profesor Snape les informó que el profesor Lupin estaba enfermo de nuevo, pero se recuperaría. No había razón para temer o sufrir.
–¿Creen que Snape le está haciendo algo? –dijo Ron el día siguiente después de que Hermione los molestó hasta que hicieron su tarea de Defensa–. Todos saben que quiere el trabajo. –Harry lo observó como si la idea no se le hubiera ocurrido.
–No lo sé –dijo preocupado–, pero creo que Lupin una vez dijo algo de recibir pociones de Snape. Aunque uno pensaría que Dumbledore no lo dejaría salirse con eso.
–No lo entiendo. Es como si estuviera enfermo cada mes.
Hermione murmuró para sí misma con frustración. ¿Acaso la escuela entera era tan ciega? Ella lo había descubierto en un mes, y ahora era finales de enero y nadie parecía dispuesto a admitir que sospechaban de Lupin. Lo único que podría comprender era que todos tenían tal prejuicio contra los hombres lobo que se rehusaban a creer que Dumbledore contrataría uno, y aquellos que no, como ella, confiaban en él; pero eso parecía ser un bote con agujeros en lo que respecta a los demás hijos de muggles.
–¿Y qué estás murmurando ahora? –demandó Ron.
–Nada, nada.
–Sí, lo estabas haciendo. En verdad estoy preocupado por Lupin. Algo malo le está pasando.
–Uj. Tiene una condición que lo obliga a estar incapacitado cada mes –dijo ella–. No es tan inusual.
–O eso es lo que Snape quiere que pensemos.
–Ron, a mi tampoco me agrada Snape, pero es obvio que tiene razón en esto.
–Obvio para ti, quizás. ¿Puedes explicarlo a nosotros los mortales?
Hermione le lanzó una mirada molesta. Cada luna llena había momentos cuando quería decir el secreto y burlarse de lo ciegos que todos eran, pero no podía hacerlo.
–¿Sabes qué? No –dijo. Ron y Harry abrieron sus bocas con sorpresa–. No esta vez. Si no pueden descubrirlo por sí solos, no voy a ayudarlos.
–Eh… ¿estás bien, Hermione? –dijo Harry ante su repentino cambio.
–Estoy bien, Harry. Sólo creo que necesitan resolver sus problemas solos por una vez… Necesito ir a mi reunión con la profesora Vector. –Recogió sus libros para irse–. No flojeen mientras no estoy –agregó, sabiendo perfectamente que probablemente lo harían.
La profesora Vector notó su humor al instante cuando llegó.
–¿Hay algún problema, Hermione? –preguntó.
–Nada, profesora… –respondió–. Es sólo que… ¿cómo es que todos pueden estar tan ciegos sobre el profesor Lupin? –Después de tanto, Vector no mostró su sorpresa porque Hermione supiera este secreto.
–Si has investigado, como siempre, ya deberías de saberlo –respondió–. Los hombres lobo son parias en la comunidad mágica. Son temidos por su contagio, y muchas personas creen, injustamente, que son viciosos e inmorales en forma humana. El contratar a un hombre lobo para que de clases es tan impensable que muchas personas no pueden imaginar que alguien pensaría en hacerlo. Después de todo, el profesor Lupin es el único hombre lobo que vino como estudiante, por lo menos en mis años aquí, y ningún otro estudiante lo descubrió, excepto quizás sus amigos más cercanos. Buscarán cualquier otra explicación que los satisfazca primero… espero que no lo hayas discutido con ninguno de tus compañeros.
–Por supuesto que no, profesora. Ya le dije al profesor Lupin que lo mantendría como un secreto. Pero no puedo creer que alguien más no lo haya descubierto.
–Pues, si hay algo en lo que estoy de acuerdo con el profesor Snape, es que muchos magos y brujas no son muy lógicos –dijo Vector–. De cualquier modo, comencemos. Cada vez encuentro más y más interesante tu libro de geometría no-euclidiana. Admito que yo sólo he visto las aplicaciones geométricas más básicas de vectores y matrices más allá de la álgebra lineal estricta.
Probablemente porque aritmancia está un siglo atrás de las matemáticas muggle, pensó Hermione.
–Definitivamente es interesante –dijo–. En este momento, la única aplicación que viene a mi mente son encantamientos de extensión más rígidamente controlados, pero estoy segura que hay otras.
–Mmm… quizás. Sospecho que la habilidad de anclar matemáticamente transformaciones lineales al espacio físico podría hacer cosas interesantes para muchas áreas de arte mágico. Leyendo un poco más adelante, creo que el tema de la geometría de proyectiva podría ser bueno para un ensayo.
–Oh. Tendré que pensarlo.
Geometría afín y geometría proyectiva eran solo dos de las docenas de formas de geometría que eran exploradas en el libro, cada una versiones generalizadas de geometría euclidiana tradicional que podían ser caracterizadas (de algún modo) por lo que se podía hacer con ellas. En la geometría euclidiana, la única que la mayoría de las personas aprendía, dos formas eran consideradas la misma si una podía ser convertida en la otra si se era movida, girada, o volteada (o trasladada, rotada, o se hacía una reflexión sobre su eje simétrico, en términos técnicos)... como si fueran objetos físicos.
En geometría afín, cualquier transformación afín era permitida. Transformaciones afines incluían todas las transformaciones lineales que había aprendido el semestre anterior, además de traslación. Con las transformaciones afines, cualquier triángulo podía ser convertido en otro triángulo, por ejemplo, pero líneas rectas permanecían rectas, líneas paralelas permanecían paralelas, y proporciones en una línea también permanecían iguales.
Geometría proyectiva era un poco más complicada. Tenía algunos conceptos extraños como líneas paralelas encontrándose en una "línea en infinito", pero transformaciones proyectivas podían ser pensadas en términos de un punto de luz proyectando una imagen desde una pantalla a otra, excepto que en este abstracto matemático perfecto, las dos pantallas podían estar en cualquier ángulo y posición, incluso detrás de la luz. En términos de álgebra lineal, esto resultaba ser una transformación lineal de tres dimensiones. En geometría proyectiva, líneas rectas permanecían rectas, pero las proporciones no eran iguales. Las líneas paralelas tampoco permanecían paralelas ya que se encontraban en infinito, y en geometría proyectiva, cualquier cuadrilátero podía transformarse en otro, y cualquier sección cónica (círculo, elipse, parábola, o hipérbola), podía transformarse en otra, siendo más versátil.
Pero por ahora, se estaban enfocando en los puntos básicos de la geometría afín.
–Hay algo interesante que noté en el libro, profesora –dijo Hermione.
–Oh, ¿qué fue? –preguntó Vector.
–El libro menciona de pasada que muchos fractales son similares a sí mismos bajo transformaciones afines, pero no euclidianas. Nunca lo había notado antes, pero es cierto. Ciertamente muchos de los fractales naturales como los helechos son así. Por supuesto, partes del conjunto de Mandelbrot sólo son similares a sí mismas proyectivamente...
–Espera, espera, tranquila, Hermione –la interrumpió Vector–. Estás hablando fuera de mi campo. Sólo tengo comprensión básica de lo que es un fractal.
–Oh, cierto, debí darme cuenta. La mayor parte del campo de geometría fractal fue inventada en el siglo veinte, y mucho es impulsado por las computadoras… Es una lástima, profesora. Geometría fractal es una de las geometrías más hermosas. Tendré que ver si puedo encontrar un buen libro sobre el tema.
–Estoy segura de que lo disfrutaría –dijo Vector con una sonrisa–. Así que un fractal es… algún tipo de estructura que se divide, ¿como un helecho o un copo de nieve?
–Oh, no, no, es mucho más general que eso. Eh… –Hermione intentó pensar cual sería el mejor ejemplo para hacer comprender su punto–. Mire esto. Dibujo un rectángulo equilátero. Entonces, remuevo la cuarta parte de en medio de este modo. –Tomó un pedazo de pergamino y marcó un triángulo con su pluma. Entonces, dibujó un segundo triángulo más pequeño entre los puntos medios del primero y lo llenó de tinta, dejando tres triángulos similares a su alrededor–. Entonces, remuevo la cuarta parte de en medio de cada uno de los triángulos restantes. –Repitió el proceso, dejando nueve triángulos más pequeños unidos en las esquinas–. Entonces, lo hago de nuevo. –Llenó de nuevo el medio de esos nueve triángulos también–. Y, en teoría, se repite el proceso al infinito, aunque los triángulos son visiblemente pequeños después de unos cuantos pasos, así que no importa. Entonces, como puede ver, cualquier parte de la imagen… –Dibujó un círculo alrededor de los tres triángulos medianos–...luce como una versión más pequeña del total. Esa es la definición de un fractal. Este es llamado el Triángulo de Sierpinski.
–Ya veo –dijo Vector con interés–. Y entonces los helechos, árboles, y copos de nieve son fractales naturales porque expanden sus ramas de tal manera que cada parte es similar al entero.
–Así es, profesora. Aunque hay muchos otros fractales más interesantes que este. Y suelen a tener propiedades extrañas. Bueno, estoy segura de que puede ver eso con cada paso… cada iteración… el área de cada triángulo se reduce una cuarta parte, y el perímetro se incrementa por un medio. Así que si el proceso se continúa hasta el infinito, ¡un verdadero Triángulo de Sierpinski tiene un área de cero pero su perímetro es infinito! –La profesora Vector palideció ante tal revelación.
–Hermione –dijo–, creo que debería advertirte que deberías tener mucho cuidado en este campo. Los aritmagos que juegan con infinitos de este modo tienden a volverse locos.
Hermione se rió de manera inapropiada, recordando la historia apócrifa en la que las pruebas de Georg Cantor sobre la desigualdad de los infinitos lentamente lo volvieron loco.
–No se preocupe, profesora –le aseguró a su maestra–. Las matemáticas muggle lo han estado haciendo por décadas. Estaré bien. –Sin embargo, Vector no estaba muy feliz con el tema.
–No suena muy interesante –dijo–, pero creo que voy a tener que construir mi tolerancia por lo imposible lentamente. –Cambiando de tema, tuvieron una conversación muy productiva sobre las aplicaciones de la geometría afín mientras tomaban una taza de té. Fue sólo cuando estaban terminando, en un impulso, que Hermione realizó la pregunta que la había estado asediando por meses.
–Puede que esto suene extraño, profesora, ¿pero por qué los dementores usan capuchas? ¿Acaso es su uniforme o algo así?
El color desapareció del rostro de su maestra, y de repente se volvió muy fría y distante.
–Señorita Granger –dijo–, en verdad tenemos que hablar sobre como pareces gravitar a estos temas tan macabros. Esto en verdad es algo que es mejor que no sepas.
–¿Mejor que no lo sepa? –dijo Hermione con incredulidad. Raramente había algo así, en su opinión–. ¿Acaso como lucen debajo es tan malo?
–No es por como se ven –dijo Vector titubeante–. De hecho, yo misma no se como son, y no me interesa. No hay muchas descripciones buenas… Lo que los dementores usan no son capas. Lo que parecen capas en realidad es parte de sus… cuerpos… aunque ya que los dementores son espíritus, no se puede hablar de cuerpos en el sentido normal. El punto es, ellos eligen dejar sus capuchas sobre sus rostros. Muy pocas personas han visto lo que hay debajo, y sólo una minoría de ellos estaban en condición de describirlo.
–¿Y por qué es eso, profesora? –Vector suspiró.
–Eso, Hermione, es la parte que es mejor que no sepas.
–Profesora, eso no está funcionando –insistió ella–. Sólo está haciendo que sienta más curiosidad. –Vector lució más seria.
–Señorita Granger, como académica raramente digo esto, pero no debería hacer preguntas de las que no quiere saber la respuesta.
–Pues, no puedo saberlo hasta que no lo escuche, ¿o si? –respondió. Vector no dijo nada–. ¿Qué tan terrible puede ser, profesora? ¿Acaso tienen ojos asesinos como el basilisco? ¿Petrifican? ¿Borran la memoria o causan daño cerebral?
–No, no, no –Vector detuvo las especulaciones entusiasmadas de su estudiante–. Es peor que cualquiera de esas cosas.
–¿Peor? ¿Cómo puede ser peor? –demandó Hermione–. Profesora, estoy segura de que puedo encontrar la información en algún lado. Si es tan malo como dice, estoy segura de que al profesor Snape le encantaría decirme.
Era un golpe bajo, pero funcionó. Por mucho que le dolía, Vector no podía soportar la idea de que Hermione aprendiera los secretos más oscuros del mundo mágico de Severus.
–De acuerdo, de acuerdo. Estoy segura de que ambas nos arrepentiremos, pero te lo diré… La única vez que un dementor se quita su capucha es para dar… el Beso del Dementor. –Tembló un poco al decir las palabras.
–¿El Beso del Dementor? –dijo Hermione. Eso sonaba asqueroso por lo que ya sabía sobre los dementores, y mucho más amenazante también.
–Sí, el beso del dementor. –Vector lucía algo enferma mientras lo describía–. Tienen algún tipo de boca u hocico, el cual colocan sobre la boca de la víctima, y ellos… ellos succionan el alma de la víctima.
Hubo un largo silencio mientras Hermione parpadeaba y la observaba con confusión, intentando comprender esas palabras. Eran balbuceos para ella. No tenía punto de referencia que tuviera sentido para poder interpretarlas.
–¿Succionan el alma de la víctima? –dijo–. ¿Cómo puede decir…? ¿Eso qué hace…? ¿Qué significa eso?
–Significa justo lo que dije –dijo Vector con voz suave–. El alma de la víctima… se va. Su cuerpo es una carcasa vacía… vivo, pero sin conciencia, ciertamente sin mente, sólo respuestas en reflejo a estímulos. Creo que los muggles lo llaman "muerte cerebral". Requieren de cuidado intensivo de un sanador para ser mantenidos con vida, y no tiene sentido ya que no hay esperanza de recuperación. El alma de la víctima está perdida por siempre.
Hermione aún no lo comprendía… o más bien, no quería comprender. No quería creerlo. Intentó detener su mente de hacer las conexiones, pero no podía hacerlo. Su cerebro traidor puso los hechos enfrente de ella, y al instante, el desgarrador horror existencial llegó a ella casi como su hubiera un dementor en el cuarto.
Los dementores pueden succionar el alma de las personas.
Los DEMENTORES pueden succionar el ALMA de las personas.
¡LOS DEMENTORES PUEDEN SUCCIONAR EL ALMA DE LAS PERSONAS!
Septima Vector observó con preocupación como su estudiante favorita estaba tiesa como una estatua mientras digería la terrible verdad. Había momentos cuando olvidaba que Hermione aún era, en el fondo, una niña sensible, pero hoy el recordar ese hecho no la ayudaba. Era muy tenaz para dejarlo ir. El rostro debajo de esos rizos alborotados lucía cada vez más temeroso y tan pálido como una tiza, y pronto tomó un tono verde grisáceo.
–¿Hermione? –preguntó Vector.
Hermione no dijo nada, pero sus manos estaban temblando visiblemente, y dejó salir un gemido en voz baja, casi de manera imperceptible.
–¿Hermione? –dijo Vector preocupada. Ella comenzó a ponerse de pie.
Estaba mal, pensó Hermione. Ella tenía razón, y yo estaba mal. Era mejor no saberlo… De repente, una sensación instintiva la hizo ponerse de pie de golpe y apresurarse a la puerta, pero en lugar de salir del cuarto, se inclinó sobre el bote de basura, se arqueó, y perdió su almuerzo.
–¡Hermione! –gritó Vector. Se apresuró a su lado, estirando una mano para apoyarla y retirando su cabello de su rostro con la otra. Hermione se arqueó varias veces más hasta que no tuvo nada más que nudos en su estómagos y una sensación irritante en su garganta.
–Oh, Hermione –dijo Vector con tristeza–. Lo siento tanto. Intenté advertirtelo. –Sacando su varita, conjuró un trapo para que Hermione se limpiara su rostro y desvaneció el contenido del bote.
–No, yo lo siento, debí de escucharla –murmuró Hermione. Estaba temblando sobre sus pies.
–Probablemente sí, pero conociéndote, creo que era inevitable –suspiró Vector. Convocó dos sillas hacia ellas para que pudieran sentarse–. Estas son verdades muy oscuras que serían difíciles de aprender para cualquiera. No puedo decir que se como ayudarte, pero… pero estoy aquí para ti. –Hermione se inclinó con pesadez sobre la silla.
–Gracias –murmuró.
Vector raramente había visto a alguien ponerse tan mal tan rápidamente. Hermione estaba mirando al suelo, su cabello sobre sus ojos, su piel pálida, y sus manos temblando mientras se aferraba al trapo en ellas. Su aliento se desvanecía entre los sollozos apagados. Vector sólo podía adivinar que se lo estaban tomando tan mal porque era hija de muggles y no había sido criada con el conocimiento del lado oscuro de la magia.
Pero entonces, lentamente, Hermione levantó la mirada, y entre las lágrimas cayendo sobre su rostro, la tormenta de emociones en esos ojos, había algo más que horror y aflicción… algo que hizo temblar a Vector: odio. Odio como el que sólo había visto en la niña… quizás… cuando Lockhart había intentado borrar su memoria.
–Profesora… –dijo con voz temblorosa, intentando obligar a su lengua a obedeces–, ¿por qué se les permite existir a esas monstruosidades? ¿Por qué no han sido eliminadas?
Vector fue tomada por sorpresa. No le agradaban los dementores. A muy pocas personas civilizadas les agradaban. Si había una especie en el mundo sin la que estarían mejor, ciertamente eran los dementores, pero el escuchar esas palabras de la dulce boca de Hermione Granger fue sorprendente. Aún así, respondió lo mejor que pudo.
–Pues, la respuesta sencilla es que técnicamente no está vivos. Los dementores… son como hongos, básicamente. Crecen donde sea que hay decadencia, y se desvanecen si son cortados de sus fuentes de esa decadencia. Es posible matarlos de hambre, pero… hay unos dos mil dementores en Azkaban… una de las poblaciones más grandes en el mundo gracias a los magos oscuros locos que construyeron el lugar. Mantenidos ahí, alimentados de los peores criminales, son contenidos. Si el Ministerio decidiera matarlos de hambre, podría tomar años, podría haber una batalla… una batalla que nadie quiere tener. Peor, puede que los dementores vayan a Escandinavia o a los Países Bajos en lugar de Inglaterra. Hay presión internacional para mantener las cosas como están.
–Así que hicieron un literal trato con el diablo –concluyó Hermione–. Debe haber otro modo.
–¿De destruírlos? No. Ningún hechizo o golpe físico ha logrado "matar" a uno. El encantamiento Patronus es lo único que los repele. Pero honestamente, Hermione, ¿estás bien? ¿Crees que debes ir a la enfermería? Estás actuando algo… extraña.
–¿Le parece que estoy bien? –soltó ella–. ¡Estoy teniendo una crisis existencial! ¡No creo que Madame Pomfrey pueda ayudarme con eso!
–Lo se… se que es escalofriante –dijo Vector con calma–, pero el castillo es perfectamente seguro. No es tan malo.
–¡¿No es tan malo?! –gritó Hermione–. ¿Acaso escuchó lo que dijo hace un minuto? Nunca he sido religiosa, profesora… Navidad y Pascua y algunas otras veces al año, ¿sabe? Pero ahora me dice que las almas inmortales definitivamente existen, ¿y que en realidad no son inmortales?
Vector se hizo hacia atrás un poco. Finalmente había comprendido el problema. La Cristiandad no era muy común en el mundo mágico… o en el mundo mágico de Europa, para ser más precisa. Se habían separado durante los días de la Inquisición, pero lentamente había sido introducida de nuevo por los hijos de muggles durante los siglos siguientes. Aunque casi todos los magos creen en la vida después de la muerte. Hay suficiente evidencia… rumores del velo y eso… y en este caso, la idea de que un alma puede ser… removida de ese modo… bueno, la mayoría de las personas intenta no pensar mucho sobre eso. Pero para Hermione debía ser peor. En una cultura en la que era normal la frase "alma inmortal", la posibilidad hacía que sus creencias fueran puestas en duda, incluso aquellas a las que no había prestado mucha atención hasta ahora. No tenía caso mentirle ahora.
–Honestamente, no lo sé –dijo Vector con tono de disculpa. Hermione parecía confundida–. En general, las personas creen que el beso del dementor destruye el alma –continuó–, pero eso sólo es una suposición basada en lo que se puede ver. Es posible que el alma sobreviva, pero está atrapada dentro del "cuerpo" del dementor. O que el alma es extirpada del cuerpo y enviada a donde debe ir, sin ser visto. No hay manera de saberlo con certeza. –Hermione finalmente comenzó a calmarse y se limpió sus ojos.
–¿No hay manera de probarlo, profesora? ¿Incluso con la magia?
–¿Cómo? ¿Abriendo a un dementor para ver que hay dentro? Incluso si fuera posible, no quisiera ser quien lo intente.
–Pues, alguien debería de hacer algo, ¿no lo cree? –demandó–. Creo que la distinción es algo importante. Quiero decir, piénselo. Si el beso del dementor sólo extirpa el alma del cuerpo, entonces sólo son criaturas oscuras al nivel de un basilisco. Pero si en verdad pueden destruir un alma, ¡entonces su sola existencia es una abominación contra Dios! –Vector sostuvo sus manos.
–Lo siento. No es que no esté de acuerdo contigo, pero incluso si encuentras a personas que estén de acuerdo con tu teología… o filosofía… simplemente no hay muchos que pidan una investigación para responder esas preguntas. Las únicas personas que tienen contacto frecuente con los dementores son los prisioneros en Azkaban y unos cuantos aurores, y han estado bien contenidos hasta hace poco, así que preguntas sobre el beso de un dementor son en su mayoría académicas.
–¿Hasta hace poco? –dijo Hermione preocupada. Vector maldijo su boca floja en voz baja, pero era muy tarde para dejarlo ir.
–Cuando la prisión de Azkaban fue establecida, se creó una ley para indicar que el castigo por escaparse de Azkaban era el beso del dementor...
–¿Quiere decir que el Ministerio lo usa? –gritó Hermione.
–No normalmente, pero era pragmático. Cualquiera que pueda escaparse de Azkaban una vez probablemente puede hacerlo de nuevo, y nadie nunca ha podido replicar lo que Grindelwald hizo en Nurmengard. Admito que quizás sería mejor el hacerlo como una ejecución normal, pero ya que nunca nadie había escapado de Azkaban hasta ahora, nadie se preocupó por cambiarlo. –Hermione respiró profundamente, en su mayoría apaciguada por ese punto.
–¿Así que eso es lo que harán a Sirius Black? –Vector asintió.
–A menos que alguien intervenga a su favor, y no puedo imaginar que alguien lo haría, por lo que he escuchado, el Ministro parece estar algo entusiasmado por hacerlo. Ha intentado convencer al Wizengamot de autorizar que el beso del dementor sea usado contra Black en cuanto sea visto.
–¿En cuanto sea visto? ¿Pueden hacer eso?
–Sabes que Black es peligroso. Sabes lo que hizo la última vez que fue acorralado. Los dementores son inmunes a cualquier cosa que pudiera lanzare contra ellos, y aún si pueden actuar por sí solos, quizás salven vidas por una vez.
–Entiendo el uso de fuerza bruta, profesora, pero hay una diferencia entre fuerza bruta mortal en defensa de otros y ejecución sumaria. Todos los muggles lo saben.
–Quizás, pero ahora estás hablando de política y creo que ya has tenido tu dosis de preocupaciones por un día. Si hay algo más con lo que pueda ayudarte, lo haré, pero en verdad creo que deberías ir a ver a Madame Pomfrey por un filtro calmante y descansar.
–Gr...gracias, profesora, pero creo que estaré bien –dijo temblando–. Creo que iré por algo de comer y me iré a dormir temprano.
–Muy bien. Espero que te sientas mejor el lunes.
–Sí, profesora. –Hermione guardó sus cosas y salió del cuarto, aún temblando un poco–. Filtro calmante –murmuró para sí misma–. Ya no tengo doce años. –Sin embargo, dudó un poco cuando llegó a la cena porque se dio cuenta que aún sentía los nudos en su estómago. No tenía apetito a pesar de haber perdido su almuerzo, y comió lenta y mecánicamente, como un hábito. Ignoró todas las preguntas de sus amigos sobre si estaba bien.
Probablemente hubiera estado bien, excepto que cruzó miradas con Luna Lovegood, quien le sonrió y agitó su mano para saludarla. De repente, recordó ese día en noviembre cuando Luna le había confiado su fe absoluta de que vería a su madre algún día, y Hermione comenzó a sentirse enferma de nuevo. No podía quitar el pensamiento de su mente, sin importar cuanto lo intentó. Incluso cuando la probabilidad de que una niña tan dulce como Luna se encontraría con dementores sueltos era astronómica incluso si la naturaleza del beso era incierta, sólo la posibilidad de que un demonio come almas existía en el mundo… su mente se rehusaba a pensarlo. Empujó su plato a un lado.
–En verdad no tengo hambre –dijo–. Creo que voy a ir a dormir. –Y con eso, salió a prisa del gran comedor. Unos cuantos minutos después se encontraba acurrucada en su cama con las cortinas cerradas. Continuó rehusándose a responder preguntas de sus compañeras cuando regresaron, sólo pidiéndoles que la dejaran sola, y si Lavender y Parvati decían una palabra sobre la predicción de la clase de adivinación, les lanzaría el maleficio de los mocomurciélagos.
No durmió mucho esa noche.
