JK Rowling es la dueña de todo. White Squirrel es el dueño de esta historia. A mi sólo me gusta Harry Potter y las matemáticas.
Notas del autor: El cúmulo doble de Perseo visto a través de un reflector de dieciocho pulgadas es probablemente mi vista astronómica favorita. Definitivamente véanlo si tienen la oportunidad.
Capítulo 53
–Runas conectadas –dijo la profesora Babbling en clase el lunes–. Pares o grupos de runas pueden estar conectados mágicamente por hechizos o por otras runas para un gran número de efectos. Los encantamientos más avanzados requieren múltiples tipos de conexiones. Nombrando unos ejemplos sencillos, el conectar múltiples runas idénticas puede reforzar un hechizo o aplicarlo a un área más amplia. El conectar diferentes runas puede desencadenar múltiples hechizos juntos, uno tras otro. Esto es especialmente importante para las barreras, ya que rupturas en las barreras deberían provocar múltiples efectos, incluyendo hechizos defensivos y el notificar al dueño de la propiedad. Otro ejemplo común es que runas de comunicación conectadas en una red de runas permiten que la red entera sea controlada desde las runas en los sillares ancla y pueden transmitir información a la red entera...
Muchas personas observaban una visión inusual mientras Babbling hablaba: Ron Weasley tomaba notas sobre la lección con entusiasmo, mientras que Hermione Granger observaba medio dormida y sólo escribía unos cuantos puntos esenciales algo desinteresada. Nadie, ni siquiera sus amigos, habían logrado convencerla de revelar que la había molestado tanto el fin de semana, pero claramente no había dormido mucho y no había podido enfocarse considerando lo mucho que le costó terminar la tarea. Lavender y Parvati no la habían visto así desde su primer año, y había aparecido tan repentinamente que era muy preocupante, pero cuando la presionaron, ella sólo dijo que no querían saber y les gritó que se alejaran. Tuvieron suerte de que honró su acuerdo de irse a dormir a tiempo ya que tenían miedo de su nueva habilidad para crear hechizos, pero podían notar que no estaba durmiendo mucho después de irse a acostar.
–Sólo estudiaremos por el momento el método más sencillo de conectar runas. Usualmente sólo es útil para pruebas, pero es una buena introducción para más adelante. –Babbling escribió un hechizo en la pizarra, Bliviket, con un complicado movimiento de varita–. Como pueden ver, este ya es un movimiento de varita más complejo de lo que han estudiado porque el hechizo debe ser lanzado en ambas runas. Este hechizo debe ser lanzado en un par de runas idénticas y crea lo que se conoce como un par enlazado. En tal par, cualquier acción en una de las runas es inmediatamente replicada en la otra, así que si es una runa para lanzar un hechizo, el activar una activará las dos. Sin embargo, el enlace sencillo falla cuando las runas son dañadas. Si una de las runas es destruída o borrada, ambas lo son.
A pesar de su falta de sueño, Hermione elevó la cabeza con atención. Sonaba bastante como entrelazamiento cuántico. Se preguntó perezosamente si las matemáticas resultarían similares si examinaba la aritmancia.
–Pares enlazados pueden ser útiles para defensas sencillas o sistemas de monitoreo… por ejemplo, una runa monitor puede informar si su pareja ha sido destrozada, al igual que en una barrera, aunque es temporal. Pero esto es principalmente académico ya que todo lo que pueden hacer puede hacerse con hechizos más estables y flexibles, usualmente incorporando más de dos runas –concluyó Babbling–. Sin embargo, espero que les muestre el potencial de estas técnicas y los prepare para más avanzadas más adelante.
No, no era tan similar al entrelazamiento cuántico, decidió Hermione. El entrelazamiento cuántico por sí solo no podía transmitir información. Pero la mecánica de unir runas juntas de ese modo era interesante. Y Ron continuaba sorprendiéndola al estar de acuerdo con ese sentimiento.
–Es genial como puedes hacer que las runas hagan todo tipo de cosas con sólo un sillar anclar –dijo–. Quiero decir, ¿recuerdas ese cuarto de runas defensivas que Babbling creó en nuestro primer año? Parecía que en verdad fueron una gran pelea.
–Ajá –respondió Hermione con cautela–. De alguna manera, parece como una forma rudimentaria y orgánica de programación computacional, lo cual es interesante porque quiere decir que los magos lo han estado haciendo por más siglos que los muggles, aún si parece bastante ordinario. Lo que en verdad me interesa es si se podrían usar métodos numéricos modernos para realizar aritmancia a gran velocidad.
–Como si no dieras ya el suficiente miedo –bromeó Ron–. Lo último que necesitamos es que hagas aritmancia más rápido. –Hermione le lanzó una mirada molesta.
–Ya, en serio Hermione, ¿cuál es el problema? –dijo, notando su mal humor–. Haz estado actuando extraña desde el sábado. ¿No tuviste una pelea con Vector, verdad? –¿Una pelea con Vector? Casi podría reírse.
–No, Ronald –resopló–. Sólo tengo unas cosas que comprender yo sola. –Y antes de que él pudiera responder, aceleró su paso y se alejó.
Pero las personas continuaron notando el precario estado mental de Hermione.
–De acuerdo, Hermione, en verdad estamos preocupados. ¿Cuál es el problema? –dijo Cedric durante el grupo de estudio al día siguiente.
–Yo… yo… nada –tartamudeó–. Es sólo que… necesito lidiar con unas cosas.
–Pero no deberías ocultarlo –dijo Alicia–. Por lo menos dinos lo que ocurre.
–En verdad no quieres saberlo, Alicia. Además, estaré bien en unos días.
–No, no lo estarás –insistió–. No al paso al que vas. Claramente no estas durmiendo, y ya sabes como te pones cuando eso ocurre.
–En serio –agregó Roger–, ¿qué te tiene tan molesta tan de pronto?
–No quiero hablar del tema –dijo cerrándose–. Vamos, necesitas ayuda con esas funciones polinomias, ¿no? –Abrió su libro de texto con fuerza.
Cedric estiró una mano y tomó su muñeca con gentileza.
–Hermione, no tienes que hacer esto sola –dijo–. Si quieres conservar privado lo que sea que está ocurriendo, está bien, pero queremos ayudarte si podemos.
Hermione se sonrojó y perdió el aliento al contacto. En verdad no quería pensar lo si sentía algo por Cedric o no en ese momento. Pero se detuvo y lo consideró: sus amigos de su grupo de estudio eran dos años mayores, y el padre de Cedric le decía bastante de lo que ocurría en el Ministerio. Quizás...
–Yo… no intentaba ocultarlo –dijo, mirando a su libro–. Intentaba salvarlos del horror. Verán, el fin de semana pasado dejé que me ganara mi curiosidad y convencí a la profesora Vector de que me dijera sobre el beso del dementor. –Cedric se reclinó hacia atrás y asintió.
–Ah… asunto tenebroso… Y parece que te lo tomaste bastante mal. Se que algunas personas son más sensibles a los dementores que otras. ¿Hay algo que podamos hacer? –Ella se rindió y dejó salir un gran suspiro.
–No lo sé –dijo sin voz–. Se que apenas y he tenido contacto con esas… cosas, pero aún así, cada vez que cierro los ojos, veo… –se detuvo y tembló–. No se porque me lastima tanto… sólo creo que hay algo mal en el mundo en el que vivo cuando algo como los dementores existen, y peor si trabajan con el Ministerio.
–Pues, yo no creo que sea tan malo –dijo Roger–. Quiero decir, no me agradan, pero me siento mejor sabiendo que están vigilando Azkaban.
–Pues no están haciendo un buen trabajo.
–¿Una fuga en trescientos años? No es un mal récord. Tú sólo estás preocupada porque están aquí. Te sentirás mucho mejor cuando capturen a Black y se vayan lejos. –Hermione suspiró de nuevo.
–No es que estén en los terrenos. Es el principio de todo. En cada historia muggle que he leído, hacer un trato con un demonio chupa almas nunca termina bien.
–Sí, pero los muggles nunca comprenden la magia por completo –la ignoró Alicia. Ella le lanzó una mirada molesta. ¿Acaso nadie comprendía?
–¿Estás diciendo que no tienes un problema haciendo un trato con demonios chupa almas?
–No tienes porque responder con ese tono. Y tenemos que hacer algo con ellos, ¿no?
–Mi papá me lo explicó –agregó Cedric–. No es ideal, pero es la manera más segura de contener a los dementores sin lastimar a muchas personas.
Hermione no estaba convencida de eso. Sin importar lo que sus amigos dijeran, su cultivado sentido de justicia que sus padres le habían dado aún se encontraba en el fondo de su mente. En su interior, aún creía que los dementores de Azkaban algún día serían vistos, por lo menos, como las cárceles de deudores y los postes de azotes en el siglo pasado. Pero estaba muy cansada para discutir.
–Mejor vamos a trabajar –dijo–. Necesito terminar con esto, y tengo Astronomía hoy en la noche, Aritmancia a primera hora en la mañana… no puedo lidiar con esto ahora, ¿de acuerdo?
–Sí, sí –dijo Roger.
–Sólo… intenta cuidarte –agregó Alicia.
–Sí, por favor –dijo Cedric en acuerdo–. Eh, mira, se que esto no es algo que quieres escuchar, pero sólo quiero decirte la opción… Si en verdad te está lastimando tanto, siempre tienes la opción de que te desmemoricen el conocimiento.
–¿Qué? ¡No! –gritó Hermione–. Nunca haría eso. Además, no cambiará la verdad y probablemente terminaría descubriendo la información de nuevo.
–De acuerdo, supuse que dirías eso –respondió él–. Sólo quería que supieras que existe. –Hermione asintió débilmente.
–Gracias, Cedric, pero es una línea que no voy a cruzar. –Continuó con su trabajo y avanzó un poco, pero estaba terriblemente desenfocada. Aún no tenía mucha hambre para cuando llegó la cena, y se había obligado a trabajar la mayor parte de la tarde para terminar su tarea, lo cual no era una buena señal. No dijo nada mientras la clase subía con cansancio a la cima de la torre de astronomía. A pesar de lo cansada que estaba, no tenía mucho sueño… las pesadillas tendían a hacer eso a una persona. Pero lo que vio al llegar al techo sí llamó su atención.
La profesora Sinistra había instalado en el techo uno de los telescopios más grandes que había visto en persona. Tenía lo que parecía ser un espejo de dieciocho pulgadas y hubiera estado a ocho pies de altura si hubiera estado apuntado al cénit, y necesitaba un banco para alcanzar el ocular, aunque en ese momento apuntaba al este a un nivel bajo. Incluso Zacharias Smith estaba interesado en esa pieza de tecnología óptica.
Sinistra estaba de pie con una lámpara con una tenue luz blanca en lugar de la usual luz roja, y pronto explicó el porque.
–Buenas noches, clase. He preparado algo especial para ustedes esta noche. Finalmente logré obtener unas buenas fotografías del Hubble, el telescopio espacial muggle. Se que muchos de ustedes no creían mis declaraciones sobre este telescopio volador, así que voy a hacer lo que pueda por probarlo. Los muggles tienen fotografías de muchos objetos en el cielo… cúmulos de estrellas, nebulosas, y galaxias… pero esta es la que más promueven y es una de las mejores. –Sostuvo una fotografía tamaño poster bajo la luz tenue… una que lucía como varias manchas.
–Esta es una fotografía del centro de la galaxia Messier 100 usando el espejo antiguo y defectuoso –explicó–, y esta es la fotografía usando el espejo corregido. –Cambió la imagen por otra, una en la que las manchas se convirtieron en nubes azules en forma de espiral, brillando junto a las estrellas, con un brillo amarillo en el centro. Era hermoso, pensó Hermione, y para su deleite, no fue la única que lo pensó.
–Que increíble.
–Nunca había visto nada como eso.
–¿En verdad está en el cielo?
–Sí, es bastante real –dijo Sinistra–. Y hay más. Esta es una imagen de una zona más grande de la galaxia. –Cambió de fotografías de nuevo. La pequeña espiral resultó ser parte de un conjunto más grande de estrellas nebulosas que era mucho más impresionante.
–¿Está rota? ¿Por qué hay una mordida en la imagen? –preguntó alguien.
–No la hay. Esa es la forma de la cámara.
–¿Por qué hicieron la cámara así? –Sinistra titubeó, poco familiarizada con los aspectos más finos de la astrofotografía, así que Hermione levantó su mano.
–En realidad son cuatro cámaras que hacen cosas diferentes –dijo. Sus padres le habían enviado algo de información en su última carta–. Si miran más de cerca, pueden ver los bordes entre las fotografías.
–Gracias, señorita Granger –dijo Sinistra–. Ahora, Messier 100 se encuentra en el cielo en este momento. –Hizo un movimiento con su mano en la dirección a donde el telescopio estaba apuntado–. Este telescopio nos permitirá ver mucho mejor que nuestros pequeños telescopios. Sin embargo, les advierto que no será tan impresionante como en las fotos. El telescopio espacial Hubble toma un largo tiempo para crear estas imágenes. Sin embargo, tengo una manera de mejorar la vista un poco. Raramente hago esto, pero es una ocasión especial.
Ante esto, colocó el filtro rojo en su lámpara… el que Hermione había hechizado para ser rojo profundo… y sostuvo una bandeja con vasos pequeños con un líquido, como vasos para comulgar.
–Esta es una poción para visión nocturna de alta calidad –explicó Sinistra–. Sus efectos son dos. Primero, hace que los ojos permanezcan en su estado de visión nocturna por un corto periodo, en lugar de requerir varios minutos para adaptarse y ser fácilmente arruinado por una luz brillante. Y segundo, mágicamente dilata sus pupilas lo más amplio que es normalmente posible, al margen de sus iris, maximizando su habilidad de ver luz tenue. Quiero agregar que esta poción no debería usarse con frecuencia ya que estar expuestos de manera excesiva puede causar problemas de la vista. Y más importante, mientras la poción este en efecto, sus ojos no podrán ajustarse a la luz brillante y el efecto no es agradable. Por lo tanto, cualquiera que produzca algo que no sea luz roja antes de que se acabe el efecto será estrictamente disciplinado. ¿Entendido?
–Sí, profesora Sinistra –dijeron todos.
Hermione bebió la pequeña dosis de poción. No sabía muy mal, pero causó una sensación cosquilleante en sus ojos. Supuso que la falta de sueño no estaba ayudando a su reacción. Pero entonces, levantó la mirada y soltó una exclamación de asombro, junto al resto de la clase. Había tres veces más estrellas de las que nunca había visto. La visión le dio lágrimas en los ojos. Oh, si tan solo hubiera una manera para que los ojos se adaptaran así de manera natural. El ojo humano era un instrumento tan imperfecto para ver la magia del universo. El ver a Messier 100 a través del telescopio no mostraba mucho, pero era más impresionante que cualquier otra galaxia que hubiera visto antes. La estructura en espiral era claramente visible en las estrellas nebulosas. La profesora Sinistra después continuó con otros objetos interesantes en el cielo invernal… una multitud de otras galaxias que demostraban formas similares. La nebulosa de Orión era fenomenal. El gran cúmulo globular Messier 13 era un enjambre brillante de estrellas. Pero el favorito de Hermione tenía que ser el cúmulo doble de Perseo. Los dos grupos de estrellas jóvenes parecían como un puñado de diamantes dispersados en un campo incluso con ojos normales, y lucían fenomenales esa noche.
Al final, todos estuvieron de acuerdo que fue la mejor clase de Astronomía que habían tenido. Hermione incluso durmió bien esa noche. Hubiera estado bien descansada el día siguiente si no se hubiera quedado despierta hasta las dos de la mañana.
Desafortunadamente, el frío día y su persistente preocupación trajo su ansiedad de vuela. Incluso consideró el pedir una poción pimentona a Madame Pomfrey con la excusa de que había estado despierta hasta tarde por Astronomía, pero sabía que sólo era una solución temporal. No podía ser usada a largo plazo, y no tenía idea de cuando o como podría salir del agujero en el que estaba. Entonces, el jueves, las cosas empeoraron.
–Explica porque los muggles necesitan electricidad –dijo Ron mientras leía su tarea de Estudios Muggles–. Pues, obviamente porque no tienen magia. ¿O cómo harían las cosas? –Comenzó a poner su pluma en el pergamino, pero Hermione lo detuvo.
–Ron, deberías de saber mejor a estas alturas –lo regañó–. Los muggles no teníamos electricidad hasta hace unos cien años, y nos iba bastante bien.
–¿Nos? –dijo, elevando una ceja.
–Nosotros… ellos… la sociedad muggle, quiero decir. Y aún soy parte de ella. El punto es, los muggles estuvieron bien sin electricidad por gran parte de su historia.
–¿Así que estás diciendo que ellos no la necesitan? –preguntó.
–No, no diría eso. Mucho de la sociedad muggle hoy en día funciona con electricidad… mucha de su tecnología… muchos de nosotros… ellos no podrían sobrevivir sin ella.
–¿Así que no pueden vivir sin ella? –dijo Ron con sorpresa.
–Muchos no. Varios muggles utilizan medicina muggle… sanación… que requiere electricidad… al igual que Madame Pomfrey no podría hacer mucho sin magia. Y nosotros utilizamos electricidad para mantenernos calientes. El prender un fuego funcionaría, pero la electricidad es más confiable y muchas casas muggle nuevas no tienen chimeneas. Así que podría decirse que nos… se han hecho dependientes de manera similar a como los magos dependen de la magia.
–¿Pero por qué?
–Pues, la electricidad permite que muchos muggles vivan en lugares en los que no podrían. El ser dependiente es el pago que damos para… dan para...
–Hermione. Tú eres una bruja. Ellos son muggles, ¿lo recuerdas? –se burló Ron. Antes de poder responder, Ginny habló cerca de ellos.
–Hola, Harry. ¿Cómo estuvo tu lección? –Ron y Hermione levantaron la mirada para ver a Harry entrar a la sala común, aparentemente perdido en sus pensamientos.
–Eh, estuvo bien, Ginny –dijo cuando salió de su trance–. El profesor Lupin dice que estoy listo para ahuyentar a los dementores si se aparecen en otro partido de quidditch, así que estaré listo para jugar de nuevo el sábado.
–¡Oh, Harry, eso es genial! –dijo Ginny, saltando a abrazarlo. Hermione se puso de pie y lo abrazó con ligereza, y Ron le dio una palmada en la espalda. El equipo entero de quidditch pronto se unió a celebrar la buena noticia, pero aún así, a pesar de todo, Hermione notó a Harry cabizbajo y perdido en sus pensamientos.
–Harry, ¿qué ocurre? –preguntó Hermione, sentándose a su lado–. ¿Acaso el profesor Lupin te dijo algo más?
–Eh, sí –dijo con reserva–. Yo, eh, le pregunté que hay debajo de la capucha de un dementor. –Hermione soltó una exclamación de sorpresa.
–¿Entonces te dijo sobre el beso del dementor?
–Sí. ¿Tú cómo lo sabes? –Ella se acercó más y habló en un susurro.
–La profesora Vector me lo dijo el fin de semana pasado. ¿Estás bien? Yo no he podido dormir toda la semana. –Los ojos de Harry se abrieron más con comprensión
–¿Eso es por lo que has estado tan molesta? –susurró–. No es tan malo. Quiero decir, es escalofriante, sí, pero la única persona que recibirá el beso es Sirius Black, y se lo merece.
–¡Harry! ¿Cómo puedes decir eso? –soltó. Harry la miró con sorpresa y después con dolor. Su expresión se endureció.
–Traicionó a mis padres, ¿lo recuerdas? –Hermione se sintió rendirse un poco.
–Lo sé, Harry, ¿pero en verdad crees que merece… eso? –Él le mostró una sonrisa extraña.
–Eso fue lo que dijo el profesor Lupin. Pero algunas personas merecen eso… por algunas cosas.
–¿De qué hablan? –dijo Ginny mientras ella y Ron se les unían.
–El beso del dementor –dijo Harry–. Es lo que harán con Sirius Black cuando lo encuentren.
–¡Harry! –exclamó Hermione.
–¿Qué es el beso del dementor? –preguntó Ginny.
–No quieres saberlo –respondió ella.
–No, en serio, ¿qué es?
–No, en serio, no quieres saberlo.
–No me vas a mantener fuera de esto, ¿o sí?
–¿O a mi? –agregó Ron.
–Ellos van a… –comenzó Harry.
–¡Harry, no les digas! –dijo Hermione–. No se porque tú no tienes un problema con eso, pero me ha estado volviendo loca toda la semana. No necesitas preocuparlos.
–Oh, vamos, Hermione. No puede ser tan malo –dijo Ron.
–¡Sí puede! ¿Qué no escuchaste que me ha estado volviendo loca toda la semana?
–Sí, pero tú eres tú.
–¿Y eso qué quiere decir?
–Bueno, siempre te dejas llevar por todo.
–No es cierto.
–Lo es –dijo Ginny con firmeza.
–No lo es. Y aún así no quieren saberlo.
–Harry sólo dinos.
–Van a...
–¡Harry! –Hermione lo interrumpió de nuevo.
–Hermione, déjalo –dijo Ginny.
–¡Ah! ¿Van a chuparle su alma, de acuerdo? –casi gritó Hermione. –Ron y Ginny cayeron en silencio y dieron un paso atrás.
–Oh –dijeron.
–¿Eso es todo? –preguntó–. ¿Sólo "oh"? –Ambos Weasley se miraron el uno al otro y Ginny sacudió los hombros.
–Pues, se lo merece –dijo.
–¡Ginny!
–¿Qué? ¿No crees que él lo merece?
–Yo… no creo que nadie lo merezca –insistió Hermione.
–¿Por qué no? –preguntó Ron con fastidio–. Sabes lo que hizo… lo que le hizo a los padres de Harry, lo que le hizo a Pettigrew y a todas esas personas.
–No me lo recuerdes –murmuró–. Se lo que hizo, tanto en el mundo mágico como en el muggle. Pero uno no se mete con las almas. No está bien.
–No se porque estas haciendo un alboroto de esto –dijo Harry–. Black va a recibir lo que se merece.
–No entiendo porque a ti no te molesta tanto. Esto no es sobre Black. ¿Acaso no entiendes el horror existencial de los demonios chupa almas?
–Relájate, Hermione –dijo Ginny–. Sólo le pasará a Black, y Harry tiene el derecho a verlo pagar.
–Gracias, Ginny –dijo él.
–¡Ese no es el punto! –dijo Hermione–. ¿Qué parte del "horror existencial de los demonios chupa almas no entiendes"?
–¡Traicionó a mis padres, Hermione! –gritó Harry–. ¿Cómo te sentirías tú si hubieran sido tus padres a quienes traicionó con Voldemort?
Hermione se paralizó, sus ojos ampliamente abiertos. La sala común entera los estaba observando. Ella estaba mortificada. Harry había cruzado la línea, en su opinión, pero no estaba segura de como responder sin cruzarla de vuelta. Lágrimas comenzaron a cruzar su rostro, pero Harry no parecía estar arrepentido, y fue entonces que se enojó.
–¡Sí, merece morir! –gritó de vuelta–. ¡Anda y apuñálalo si es lo que quieres! ¡Lo que no entiendo es porque a nadie le importa el estar haciendo un maldito trato con el diablo! ¿Qué nadie ha leído a Goethe en el mundo mágico? Estoy segura de que más personas inocentes fueron besadas por los dementores antes de que fueran controlados por el Ministerio que el número de criminales del que se han alimentado. Esas cosas no deberían existir.
–Pues, ¿por qué no te preocupas tú de eso y yo me preocupo de Black? –Harry le gruñó–. Vamos, Ron. –Se dio la vuelta y subió las escaleras a pisotadas. Ron sólo la miró en silencio, sacudió la cabeza, y lo siguió.
Hermione miró a Ginny esperanzada. Ginny suspiró mientras observaba a Harry y Ron irse. Hermione no estaba segura de que lado tomaría la pelirroja. Ambas niñas habían crecido más cercanas ese año, pero a ella aún le gustaba Harry, y quizás era algo más sustancial. Lentamente, Ginny se dio la vuelta para verla.
–Lo siento. Parece que Harry aún está bastante molesto por Black.
–Sí, puedo verlo –murmuró Hermione.
–Debes admitirlo, te estás estresando mucho por los dementores –agregó.
–Sí, supongo, pero Harry… quiero decir, ambos lo estamos. Pero te dije que me ha estado volviendo loca toda la semana. No puedo pensar bien con esas cosas a mi alrededor. Sólo quisiera que alguien pudiera ver lo terrible que es el beso del dementor.
–Pues, comprendo que es terrible –dijo Ginny–. Pero no se si diría que es tan terrible, lo siento. –Hermione no respondió.
–No creo que lograrás más con esos niños hoy. Deberías de intentar descansar. Te ves agotada.
–La historia de mi vida –murmuró para sí misma. Ginny no pareció escucharla y subió las escaleras de las niñas. Hermione se sentó en silencio. El resto de la sala común gradualmente había regresado a lo que estaban haciendo. Se dio cuenta de que había empujado a Harry muy lejos considerando su estrés emocional, incluso si no podía comprender porque todos actuaban tan tranquilamente sobre los dementores. Probablemente nunca estarían de acuerdo sobre el tema; sólo esperaba poder arreglar las cosas en la mañana.
–¡AHHHHHH! ¡NOOO!
Un terrible grito inhumano como el de un Jack Russell Terrier luchando con un gato salvaje se escuchó de las escaleras de los niños. Hermione se puso de pie al instante, pero se paralizó, al igual que el resto de la sala común, mientras observaba. Con pasos apresurados, Ginny corrió de regreso a la sala común.
–Eso se escuchó como Ron. ¿Qué ocurrió?
Pero antes de que alguien pudiera responder, se escucharon pasos fuertes en las escaleras de los niños, y Ron se apareció enfrente de ellas, gritando con rabia, con Harry siguiéndolo a toda prisa. Ron estaba jalando una sábana, la cual sacudió en el rostro de Hermione tan cerca que ella se tambaleó y cayó sobre un sillón.
–¡MIRA! ¡MIRA! –gritó, aún sacudiendo la sábana en su rostro. Apenas y podía ver lo que estaba ocurriendo, aunque pensó notar unas manchas rojas.
–Ron, ¿qué…? –tartamudeó. Ron aún gritaba con incoherencia.
–¡SCABBERS! ¡MIRA! ¡SCABBERS! ¡SANGRE! ¡NO ESTÁ! ¿Y SABES LO QUE HABÍA EN EL SUELO?
–N...no… –chilló ella.
–¡PELOS DE GATO! ¡PELOS DE GATO NARANJA! –Lanzó varios pelos naranja con fuerza sobre su regazo–. ¡TU MALDITO GATO SE LO COMIÓ!
–¡RONALD, CÁLMATE! –Lo empujó con fuerza para darse espacio para ponerse de pie–. No sabes si fue Crookshanks...
–¡SÍ LO FUE!
–ESOS PELOS PODRÍAN HABER ESTADO AHÍ POR SEMANAS… –gritó ella sobre él.
–...ESTABA TRAS SCABBERS DESDE EL COMIENZO...
–HAY MUCHOS OTROS GATOS EN LA TORRE...
–...NI SIQUIERA INTENTASTE CONTROLAR A ESA BESTIA...
–...NO LO LLAMES ASÍ...
–...ES JUSTO LO QUE ES...
–...Y QUITA ESA COSA DE MI CARA...
–...NO ME DIGAS QUE HACER...
Desesperada, Hermione sacó su varita. Ron intentó hacer lo mismo, pero ella era más rápida ahora.
–¡CHIROPTERA MUCOSA!
Hubo un fuerte ruido mientras Ron caía de espaldas con fuerza y volteaba una mesa, colapsándose en el suelo. La sala común entera perdió el aliento al ver a Hermione agitando una varita, sus ojos prometiendo lo mismo a cualquiera que se atreviera a desafiarla. Ron levantó la mirada con sorpresa.
–Ronald Bilius Weasley –dijo–, no tienes prueba de que Crookshanks se comiera a Scabbers. Te quejas de que dejo a Crookshanks estar en todos lados, pero tú eres quien deja que Scabbers sea libre en la torre, es un milagro que no ningún otro gato no se lo haya comido hace años. ¡Así que déjame en paz!
Escuchó más expresiones de sorpresa. Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y atravesó el agujero del retrato dando pisotadas. Eventualmente corrió a la biblioteca y se quedó ahí hasta que Madame Pince la corrió, aunque no logró leer mucho de nada.
Ron se rehusó por completo a hablar con Hermione después de eso. Entre su enojo por Scabbers y su discusión con Harry, ninguno de ellos estaba dispuesto a asociarse con ella. Y quizás ella era algo parcial, pero no ayudaba que intentaban convencerla de que estaba mal sobre Crookshanks cada vez que hablaban con ella. Fred y George no eran particularmente leales a Ron o Scabbers, pero con Harry en tan mal humor, el equipo de quidditch entero lo estaba sintiendo. Los gemelos intentaron no dejar que la pelea afectara su amistad con ella, pero sus conversaciones se volvieron breves y forzadas. No ayudaba que con todo acumulándose, Hermione no tenía mucha energía mental para lidiar con las personas, así que como resultado, se sentía lo más sola que había estado desde esos primeros días en su primer año.
Y esos no eran los únicos paralelos con su primer año. Al ser incapaz de dormir y cada vez menos capaz de enfocarse en su trabajo, se sentía como si todo su esfuerzo de dos años para crear una mente estable habían sido destrozados, y había quedado con muy poco apoyo de sus amigos para salir adelante. Viernes pasó en un borrón. Apenas y logró estar en Pociones sin meterse en problemas, y no miró al profesor Lupin cuando le preguntó si había algún problema.
El sábado era el partido de quidditch entre Gryffindor y Hufflepuff, y las cosas no habían mejorado. Aún peleada con Harry, se descubrió a sí misma apoyando a Cedric. Quizás estaba siendo injusta, pero sentía que era el amigo que más la apoyaba en ese momento. El día era frío y claro para el partido, pero Hermione lo sentía nublado y desolado. Quidditch no era lo mismo sin alguien que animara con ella.
–Hola, Hermione –dijo una voz tímida. Levantó la mirada para ver quien había hablado.
–Hola, Neville -dijo sin entusiasmo.
–Es un día agradable, ¿no lo crees?
–Sí, supongo.
–¿Estás bien, Hermione? –preguntó después de un momento.
–Sí… no, no realmente… pero es algo personal.
–Oh, lo siento.
Hermione no prestó mucha atención al partido, y mucha menos a los comentarios ocasionales de Neville. Para su sorpresa, Luna se apareció, paseándose entre las gradas, pero aún no podía soportar ver la sonrisa calmada de la pequeña Ravenclaw, e intentó ignorarla con gentileza, dejándola hablando con Neville.
Observó a Cedric esperanzada. Los cazadores estaban parejos, así que el resultado dependía de Cedric contra Harry. Ambos habían descubierto la snitch e iban tras ella mano a mano, pero entonces, escuchó gritos en las gradas. Bajó la mirada al campo y sintió su corazón contraerse. Tres dementores altos, negros, y encapuchados estaban deslizándose en el campo.
Hermione gritó. Comenzó a respirar rápidamente y se sintió mareada. Sintió un dolor en su pecho. Quería salir huyendo… escapar lo más lejos posible de esos demonios y sus terribles bocas ocultas.
De repente, escuchó a Harry gritar, y una cosa enorme y plateada, mucho más débil que la de Dumbledore pero obviamente el mismo hechizo, corrió por el pasto y se estrelló contra los dementores hasta tirarlos al suelo. Segundos después, Harry capturó la snitch y ganó el partido para Gryffindor.
Hermione recuperó el aliento y miró al suelo nerviosa. Los dementores no se levantaron y huyeron como habían hecho con Dumbledore. En su lugar, vio extremidades pálidas intentando escapar de entre las túnicas negras. No eran dementores. Cuando finalmente llegó al campo, la profesora McGonagall estaba gritando a Malfoy, Crabbe, Goyle, y Marcus Flint por su truco.
Harry y el equipo entero de Gryffindor estaban tan felices que Hermione apenas tuvo tiempo de ofrecer unas cuantas palabras apresuradas de condolencia a Cedric antes de ser llevada a la sala común junto al resto de su casa. Aunque no estaba de humor para celebrar, con tantos de sus amigos aún ignorándola. Simplemente se sentó en una esquina e intentó enfocarse en su Aritmancia. Alicia intentó hablar con ella, sin éxito. Ron aún realizaba varios comentarios molestos sobre como Scabbers había sido comido, y después de un comentario de más, Hermione no pudo soportarlo más. Se soltó a llorar y corrió a su dormitorio.
Pensaba que las cosas no podían ser peores en ese momento, pero debió saberlo mejor. Más tarde esa noche, fue despertada por un grito horrible, aparentemente proveniente del otro lado de la pared… el dormitorio de los niños de tercero estaba al mismo nivel en la torre. Sonaba como Ron de nuevo, pero aún peor que cuando había descubierto las sábanas ensangrentadas. Sin pensarlo, se puso de pie de un salto y corrió a la sala común.
Para cuando llegó ahí, unas cuantas de las niñas y muchos de los niños llegaron desde sus respectivas escaleras, y la profesora McGonagall los observaba enojada. Hermione llegó justo a tiempo para escuchar a Ron gritar de nuevo.
–¡NO FUE UNA PESADILLA! ¡ME DESPERTÓ! ¡SIRIUS BLACK ESTABA DE PIE SOBRE MI CON UN CUCHILLO!
Oh, no.
La profesora McGonagall hizo el comentario obvio sobre como Sirius Black no podría haber atravesado el agujero del retrato, a lo que Ron respondió con la sorprendentemente inteligente sugerencia de que checara con Sir Cadogan, quien protegía la torre. Ya que Sir Cadogan cambiaba la contraseña dos veces al día, Hermione dudaba que alguien pudiera haber entrado sin autorización. Desafortunadamente, olvidó considerar lo torpe que era Sir Cadogan. No sólo no reconoció a Sirius Black cuando lo vio, sino que no sospechó cuando un adulto que no era un maestro intentó ingresar a la torre leyendo una semana entera de contraseñas de un pedazo de pergamino… una lista escrita por Neville, para su horror.
Nuevamente, oh no.
Si Hermione estaba pasando un mal momento, Neville pensó al día siguiente, estaba seguro de que él ahora lo estaba pasando igual de mal. La profesora McGonagall le había dado una semana de detenciones, le había prohibido que fuera a Hogsmeade por el resto del año, había prohibido que le dijeran la contraseña para entrar a la torre de Gryffindor hasta que Black fuera descubierto, y peor, había escrito a su abuela. Estaba seguro de que un vociferador estaba en camino. Ningún Gryffindor le estaba hablando, y la mayoría de las casas estaban igual de furiosas, o molestas. De hecho, pronto descubrió que la única persona con quien podía hablar era Luna Lovegood.
–La cosa es, no entiendo como Black pudo obtener ese pergamino –le dijo a la extraña Ravenclaw en la biblioteca mientras las personas los miraban y se burlaban de ellos–. Los únicos lugares en los que lo ponía eran mis bolsillos y mi mesa de noche. Supongo que pude haberlo olvidado, pero no creo haberlo puesto en ningún otro lugar.
–Mmm… supongo que podrían haberlo tomado los nargles –dijo Luna son tono impasible–, pero usualmente sólo causan travesuras, no peligro.
–Yo, eh… no creo que fueran los nargles, Luna –dijo él.
–Bueno, supongo que podría haberse caído de tu bolsillo –concedió ella–. O quizás lo dejaste con la ropa sucia por accidente. –Neville gruñó.
–Es lo único que se me ocurre que podría haber pasado –dijo él–. ¿Pero por qué buscaría ahí? No es lo más fácil.
–Sospecho que convenció a un blibber maravilloso de que le mostrara el camino. –Neville no sabía como responder a eso, así que no lo hizo.
–¿Has hablado con Hermione Granger últimamente? –preguntó Luna–. No parece que le esté yendo bien. Me está preocupando. –Él encogió los hombros.
–Dijo que tenía problemas personales o algo así. Y sé que tuvo una gran pelea con Harry y Ron.
–Ha acumulado una de las peores infestaciones de torposoplos que he visto –susurró–, y alarmantemente rápido. Me gustaría ayudarla, pero dejó de hablarme.
–Yo, eh, no se nada de eso –respondió Neville–. Ha estado de mal humor, creo. No habla conmigo por lo que paso con la contraseña. No quería que nadie fuera lastimado, pero no puedo recordar dos contraseñas seguidas –murmuró con tristeza–. Apenas y puedo recordar la contraseña de manera normal.
–¿Has intentado mnemotécnicas? –preguntó Luna. Neville lanzó a la niña una mirada algo molesta.
–¿Es otra criatura? –Luna se rio.
–No, es una manera de recordar las cosas. Tomas una palabra que comienza con la misma letra que cada contraseña y las usas para crear un enunciado gracioso. O puedes combinar las contraseñas juntas en una canción o poema y serían más fáciles de recordar.
–Eso suena difícil –respondió después de un momento.
–Es más fácil de lo que parece.
–Bueno, no importa, tienen prohibido darme la contraseña hasta que capturen a Black. Ni siquiera puedo regresar a la torre solo. –Luna no parecía preocupada.
–A mi me ayuda a memorizar ingredientes de pociones –dijo.
–Eh… supongo que puedo intentarlo, entonces.
Dijeron muy poco después de eso, y Neville pronto recogió sus cosas para irse, pero mientras lo hacía, Luna se puso de pie y lo abrazó.
–Eh… gracias, pero ¿para qué fue eso? –preguntó, sonrojándose. Luna inclinó la cabeza y le sonrió.
–Parecía que necesitabas un abrazo.
–Eh, gracias, Luna.
Nadie en Gryffindor durmió después de la intromisión de Black. Hermione finalmente se rindió y pidió a Madame Pomfrey una poción pimentona, la cual recibió, junto a un sermón sobre su uso adecuado. Después de beberla podía comprender porque el sermón era necesario. No estaba en peligro de quedarse dormida ese día, pero no ayudaba a remover la confusión de su mente, y no estaba segura de usarla como sustituto a largo plazo para dormir, aún con lo difícil que le era dormir en ese momento.
Pero tenía bastante tarea que hacer a pesar de que era domingo, y las horas parecían pasar muy rápido. Le costó aún más trabajo con su falta de enfoque. Desayuno, almuerzo, y cena pasaron. Comió un poco, pero sabía que no estaba comiendo lo suficiente. Aún no tenía hambre. Sí, era como en su primer año, pensó, reflexionando sobre su semana. Todo se estaba cayendo a pedazos al mismo tiempo: la profesora Vector diciéndole sobre el beso del dementor, atrasándose en su trabajo, esa pelea con Harry, Crookshanks comiéndose a Scabbers (sí, probablemente lo hizo, admitió para sí misma), y ahora Sirius Black entrando al castillo de nuevo.
No podía seguir así.
Estaba aislada, agotada, estresada, privada de sueño, y extremadamente cansada, como en su primer año, pero era peor ahora porque sus amigos estaban activamente enojados con ella. Hubiera preferido quedarse en cama hasta la clase de Aritmancia el lunes, pero no, aún tenía trabajo que hacer, así que continuó empujándose a sí misma, pero por Dios, no tenía mucha energía con la cual continuar.
No podía seguir así.
Después de la cena, subió con pesadez los siete pisos a la torre de Gryffindor, esperando que estaba lo suficiente cansada para dormir la noche completa. Desafortunadamente, nunca tuvo la oportunidad de descubrirlo. Al acercarse al pasillo, escuchó unos extraños gruñidos que la pusieron nerviosa. Mientras más se acercaba, un terrible odor inundó sus fosas nasales, uno que casi la hizo vomitar su escasa cena.
No quería creerlo, pero cuando dio la vuelta a la esquina y los vio, ya no pudo más. Era mucho… un insulto más encima de una larga, larga lista de heridas, como si McGonagall le hubiera dado una bofetada. Sabían… sabían como reaccionaría a esto, y aún así ni siquiera habían intentado advertirle.
Cuatro enormes, olorosos, y feos trolls estaban protegiendo la entrada a la torre de Gryffindor.
Hermione corrió.
Hermione corrió a ciegas por los pasillos, gritando, sin importarle quien la viera o que pensaran. ¡Había trolls en el castillo! ¡Cuatro! Sólo una de esas bestias infames casi la había matado dos años atrás, y ahora habían traído a cuatro, a propósito, para proteger la entrada a la torre de Gryffindor. No. No podía más. Encima de todo lo que estaba aguantando, no podía enfrentar eso. El puro olor era suficiente para hacerla entrar en pánico. Su reacción de lucha o huída había comenzado antes de poder darse cuenta de lo que estaba ocurriendo.
Se detuvo detrás de una esquina para recuperar el aliento. Su corazón latía con fuerza, y estaba temblando de cabeza a pies. Sentía que necesitaba llegar a un lugar seguro antes de que quedara inconsciente, ¿pero dónde? Trolls adentro, dementores afuera… su mundo se había vuelto loco, y estaba atrapada. Además, no podía quedarse afuera de la torre por siempre. Necesitaba un lugar a donde ir. Necesitaba...
Lo tenía. Comenzó a correr de nuevo, pero esta vez, corría a un lugar. Llegó al pasillo vacío y comenzó a pasearse con frenesí. Necesito un lugar donde dormir a salvo. Necesito un lugar donde dormir a salvo. Necesito un lugar donde dormir a salvo, y donde los trolls y los dementores no puedan entrar. La puerta pulida de la sala de los menesteres apareció y corrió dentro, donde de inmediato cayó sobre sus rodillas con alivio. Estaba de rodillas en una réplica extraordinariamente acertada de su habitación en casa… si su habitación tuviera paisajes pintados en lugar de ventanas y antorchas en lugar de electricidad. También había un baño pequeño adjunto donde su habitación real tenía un muro vacío, e incluso (imitando sus expectaciones), un reloj alarma mecánico en lugar de uno digital. El resto de la habitación era tal cual como la recordaba, tanto que casi esperaba que sus padres entraran detrás de ella, algo que sería bienvenido en ese momento.
Era perfecta. Podía quedarse ahí toda la noche y decidir que hacer en la mañana, esperando sentirse más tranquila y descansada. Naturalmente, sus compañeras de cuarto notarían que había estado fuera toda la noche, pero ciertamente no sería encontrada en los pasillos así que nadie podría acusarla de nada. Con cautela, subió a la cama y dejó salir en lágrimas todos sus problemas. Eso no era productivo, pero esperaba actuar de manera más racional una vez que lo sacara de su sistema, y llorar en una copia de su cuarto era más seguro y cómodo (sin mencionar que menos patético) que llorar en un baño todo el día.
Durmió en su túnica esa noche. Desafortunadamente, aunque estaba menos histérica cuando llegó la noche, la habitación segura, cómoda, y aislada no hizo mucho para ayudar con sus pesadillas. Estas fueron peor que nunca… llenas de trolls y dementores y algún tipo terrible de híbrido de los dos, conjurado de por su sueño, y el basilisco hizo una aparición en un momento. A pesar de pasar casi doce horas en cama esa tarde y noche, no durmió muy bien.
Fue despertada la mañana siguiente por un sonido insoportable. Se levantó de la cama de un salto, tomó su varita de la mesita, agitándola y buscando el peligro. Para su sorpresa, se descubrió en su habitación en casa, bastante desorientada. ¿Qué había ocurrido? ¿Acaso todo había sido un sueño? ¿Acaso sus padres la habían sacado de la escuela mientras dormía? ¿Y desde cuándo había antorchas y pinturas de paisajes en su habitación?
Entonces, lo recordó. Estaba en la sala de los menesteres en Hogwarts, y el terrible sonido era la alarma del reloj mecánico. Quizás debí usar la alarma en mi reloj, pensó mientras lo apagaba.
Cayó de vuelta sobre la cama. Después de la terrible semana, las lágrimas, y las pesadillas, no tenía la energía de regresar a trabajar ese día. Deseaba poder quedarse ahí, pero escaparse de su dormitorio una noche era una cosa, y no iba a perderse las clases. Necesitaba arreglarse...
Y entonces se dio cuenta de que todos sus libros y ropa limpia estaban en la torre de Gryffindor… detrás de los "trolls de seguridad". Aún no pensaba poder subir de nuevo. Su pulso se aceleró ante la idea. Pero tenía que obtener sus cosas de algún modo. Quizás podía pedir a alguna de sus compañeras que se lo trajera, pero entonces tendría que responder muchas preguntas incómodas. De hecho, la idea de bajar a desayunar era agotadora. No estaba segura de poder enfrentar a sus compañeras de casa en ese momento. No podía ver una manera de salir de esto. A menos que…
–¿Dobby?
¡Pop!
–¿La señorita Hermione llama a Dobby? –dijo el elfo, para después mirar a su alrededor–, ¿por qué está la señorita Hermione en su casi habitación?
–Yo, eh, necesitaba un tiempo a solas anoche, Dobby –dijo ella.
–¿Está bien la señorita Hermione?
–Sí, estaré bien. Sólo necesito trabajar en unas cosas. Escucha Dobby, ¿podrías ir a mi dormitorio y traerme mis libros, una túnica limpia, eh, mi cepillo de dientes, pasta, y cepillo para el cabello… y podrías hacerlo sin que mis compañeras te vean, por favor?
–Sí, señorita, Dobby puede. Un buen elfo no es visto. –Desapareció. Unos minutos después, reapareció con un bulto con todas las cosas que había pedido. En verdad era una pequeña criatura eficiente.
–Muchas gracias, Dobby –dijo ella.
–De nada. ¿Necesita que Dobby le traiga a la señorita Hermione algo más? –Estaba a punto de dejarlo ir, pero se detuvo y sonrió.
–Un plato de tocino, huevos, y pan tostado, y un vaso de jugo de naranja estaría muy bien. –El rostro de Dobby se ensombreció un poco.
–Debería de ver a sus amigos, señorita –dijo–. Se supone que los estudiantes no deben comer afuera del gran comedor.
–Pues, yo, eh… –miró al reloj–. Es sólo que ya es tarde, Dobby. –Estaba sorprendida de que había comenzado su mañana tan tarde–. Regresaré a mi horario normal mañana. Puedes cobrarme estas labores personales si es necesario. –El elfo pareció calmarse con eso, y asintió sus orejas moviéndose.
–Entonces Dobby traerá el desayuno, señorita.
El desayuno fue servido más rápido que cuando trajo sus cosas, todo con porciones perfectas. Hermione en verdad estaba feliz de que había enseñado a Dobby las bases de la nutrición durante el verano. Durante las primeras semanas, constantemente había servido pociones que eran muy grandes, pero esta era la cantidad correcta. Podría haber consumido su desayuno en cama, pero no quería comenzar un hábito, así que comió en la réplica de su escritorio. Por extraño que parecía, sintió que comprendía mejor a los Malfoy: lo suficiente ricos que no tenían que trabajar y con un sirviente que tenía que hacer todo lo que decían, sin importar lo trivial; era una sorpresa que Draco no actuaba más prepotente de lo que lucía.
Sin embargo, su lento comienzo no se aceleró mucho. No tenía tiempo de dar a su cabello el tratamiento que necesitaba (incluso bajo sus estándares), e incluso entonces, apenas llegó a tiempo a Aritmancia. La profesora Vector se levantó de su asiento cuando la vio.
–¡Señorita Granger! –exclamó–. ¿Estás bien? Te perdiste el desayuno, y tus compañeros de casa dijeron que nunca llegaste a dormir anoche.
–Sí, estoy bien, profesora –dijo ella, sin querer explicar.
–¿Pero dónde estabas?
–Yo… –miró al resto de la clase, quienes la estaban observando–. Prefiero no hablar de eso, profesora, pero le prometo que estaba perfectamente a salvo.
–¿Pero estabas en el castillo?
–Por supuesto. –Vector suspiró.
–Muy bien, pero por favor ven a mi por ayuda o a alguno de los otros profesores si lo necesitas.
–Sí, profesora.
Rebecca Gamp observó a Granger en clase ese día con interés. La niña lucía muy agitada de repente. Y no era estrés como había sido durante su primer año. Tenía miedo. Más miedo que el año pasado cuando el heredero de Slytherin estaba deambulando. No podía imaginarse porque. Las cosas no eran tan atemorizantes ahora que lo había estado todo el año con Sirius Black suelto, pero algo la estaba molestando.
Un pensamiento le llegó a ella… lo que Draco Malfoy había dicho en el tren hacía unas semanas.
–¿Haz considerado intentar que la expulsen? –No, aún no haría eso, pero si podía averiguar lo que estaba consumiendo a Granger ahora… asustarla para que se fuera de la escuela comenzaba a parecer una idea tentadora.
Hermione continuó su rutina ese día. Fue a todas sus clases sin problemas, aunque fue difícil permanecer despierta en Historia. Estaba tentada a almorzar y cenar en la sala de los menesteres, pero resistió la necesidad, aún cuando no tenía con quien hablar durante las comidas. Harry y Ron (especialmente Ron) aún no le hablaban, y sus compañeras de cuarto continuaban preguntándole cosas que no quería responder. Logró una conversación desanimada con Alicia, pero fue todo.
Aún así, estaba a punto de ignorar sus problemas y regresar a la normalidad, pero cuando regresó a la torre de Gryffindor esa noche, titubeó de nuevo. Neville era el único en el pasillo, recargado contra la pared cerca de la esquina e intentando no ver a los trolls.
–Oh, Hermione, bien –dijo–. Necesito la contraseña...
Pero no lo estaba escuchando. Estaba muy ocupada mirando a los trolls desde que había dado la vuelta en la esquina. Se sentía pegada al suelo, y no podía quitar su mirada de los rostros feos y horribles.
Aparentemente, los trolls no apreciaban que los mirara así. Dieron un paso hacia ella, gruñendo de manera amenazante.
Se dio la vuelta y corrió, sin detenerse hasta llegar a la sala de los menesteres.
Una vez dentro, se soltó a llorar de nuevo. Así que este era su límite. Había hechizado a Voldemort en el rostro dos veces. Había mirado a un basilisco a los ojos. Había estado cerca de un dementor. Y un terrible escuadrón de trolls de seguridad la había hecho huir en pánico… trolls que sus compañeros de casa pasaban sin ningún problema. Que Gryffindor era.
¿Cuál era su problema?
No podía seguir así.
–¿Dobby? –llamó cuando se tranquilizó un poco.
¡Pop!
–¿Sí, señorita Hermione?
–¿Podrías traer el resto de mi ropa aquí, por favor? –Las orejas de Dobby cayeron con preocupación.
–Los estudiantes sólo deben de dormir en sus dormitorios, señorita. Y Dobby piensa que no es bueno para la señorita Hermione el vivir sola. –Ella tomó un gran respiro. Le costó mucho trabajo el no responder de manera cortante.
–Bien, Dobby, tu consejo será… eh, considerado –dijo–. Pero aún así, quisiera el resto de mi ropa, por favor.
–Sí, señorita Hermione.
Notas del autor: Bliviklet: del danés para "enlazar".
