Hubo una bifurcación en un bosque, y JK Rowling tomó el camino menos usado, y eso hizo toda la diferencia. Somos nosotros quienes nos perdemos y usamos lo poco que encontramos para crear y traducir estas historias.

Notas del autor: Después de leer los reviews, decidí que estaba siendo muy duro con Fred, George, y Ginny, así que cambié unas partes para que fueran más amables con Hermione. Gracias a los que trajeron a mi atención este problema, y especialmente gracias a Endgames y Pahan por ayudarme a encontrar mi camino.

Segundo, muchos se quejaron de que Hermione es muy débil, bastante pusilánime, y necesita cambiar para solucionarlo. Esto es a propósito, y cambiará, comenzando con este capítulo. Este ha sido mi plan desde el comienzo de tercer año. Hermione se convertirá en una bruja brillante y poderosa, pero tenía que hacerla que atravesara varias pruebas y tribulaciones para que llegara al punto en el que pueda buscar esa meta con toda su capacidad. Ya había aprendido a valorar diversidad, escepticismo a las autoridades, enfrentarse a sus amigos, y no huir de sus problemas (aunque necesitaba un repaso en eso). Ahora, necesita aprender la lección final: tomar control de su vida. Sí, se que ha sido un camino difícil para ella hasta el momento, pero en verdad no podía realizar los cambios necesarios en su vida hasta tocar fondo, y es donde está en este momento. Ahora, sólo le queda subir.

Y tercero, oficialmente ya no estoy planeando el par de Hermione/Ron para esta historia. Aunque aún creo que en teoría podría funcionar, Hermione no va a esperar el tiempo que Ron necesita para madurar. Me disculpo si esto ofende a alguien, pero para aquellos que aprueban, aquí lo tienen, pero esta historia ha tomado vida propia. Lo único que puedo hacer es seguirla a donde vaya, y a donde va es a algo diferente y creo que alguien mejor para Hermione. ¿Quién? Sigan leyendo para descubrirlo.

(PD. No es Harry. Él y Ginny aún van bien. Disculpas para los que prefieren HxH).

Notas de la traductora: ¡Feliz Año Nuevo! Y ¡Feliz Aniversario! Una gran disculpa por la semana de retraso. Estaba de vacaciones y aunque el capítulo ya estaba listo, tuve menos conectividad de la esperada. Pero publicaré el siguiente capítulo el próximo fin de semana, y de ahí regresamos a un capítulo cada dos.

Muchas gracias por todo su apoyo estos dos años, en especial a los que dejan reviews, y por continuar siguiendo esta historia. Es un placer poder compartirla con ustedes y estos dos años han sido muy entretenidos y un gran proceso de aprendizaje.

Les deseo un excelente año y los veo en una semana. ¡Disfruten!


Capítulo 54

Harry se sentó en un rincón de la sala común para trabajar en su tarea de Defensa solo. Defensa era su materia favorita, así que no estaba mal, pero parecía estarlo haciendo bastante últimamente… trabajar solo. Ron y Hermione aún estaban tan enojados que no estaba seguro de si se hablarían de nuevo. Claro, no tenía idea de como ayudarlos. Si lo pensaba, no tenía idea de donde estaba Hermione en ese momento.

Había intentando hablar con Ron sobre el tema, pero él no quería escuchar. Harry no quería forzarlo tampoco. Por mucho que le agradaba Hermione (aunque aún estaba molesto por su propia pelea), sentía un poco de lealtad especial hacia Ron por ser su primer amigo, bueno, además de Hagrid, y en verdad no quería aislar a otro amigo en ese momento.

–¿Knut por tus pensamientos?

Harry salió de sus pensamientos y vio el brillo del largo cabello rojo de Ginny mientras se sentaba en el sillón a su lado. Avergonzado, se dio cuenta que debió de haber estado mirando a la nada por varios minutos.

–Oh, hola, Ginny –dijo–. Yo estaba, eh… tarea.

–Que bien… –respondió ella. Intentó pensar en las palabras correctas para expresar lo que quería decir. Incluso después de meses de esfuerzo de su parte, aún encontraba difícil hablar con Harry de temas serios–. Dime, Harry, ¿has visto a Hermione últimamente? –dijo casualmente–. Me está preocupando un poco.

Harry rápidamente lució incómodo, y adivinó que tenía razón al pensar que él había estado pensando sobre lo mismo.

–No, no realmente. ¿Por qué? –dijo.

–Pues, nadie la ha visto fuera de clases. Ni siquiera ha hablado conmigo, y sus compañeras de cuarto dicen que no ha llegado a dormir desde que Black estuvo aquí.

–¿Pero dónde más podría estar? –dijo Harry confuso.

–No lo se. Incluso Fred y George no lo saben, y siempre parecen saberlo todo. Esperaba que tú pudieras decirme.

–No, lo siento. No la he visto, y Ron no quiere hablar con ella.

–Ron es un tonto.

–Bueno, era Scabbers...

–Sí, y aún es un tonto, Harry. Vamos, es Ron –insistió Ginny. Titubeó de nuevo, pero buscó su coraje Gryffindor para continuar–. Hermione no quería hacerte enojar, sabes. –Harry sacudió los hombros.

–Supongo.

–Viste lo molesta que estaba por los dementores, incluso antes. Sólo reaccionó de más. Yo… no creo entender exactamente lo que quiere decir… sobre un trato con el diablo y eso. Creo que entiendo una parte, pero debe ser algo muggle. ¿Tuvo sentido para ti?

–No realmente –admitió Harry–. Mis tíos no me dejaban ver programas de televisión con cosas así. Supongo que quiere decir que si haces un trato con algo malo termina mal para ti porque se te regresa.

–Eh. Supongo que eso tiene sentido con los dementores –admitió Ginny–. Son muy tenebrosos. Pero el Ministerio los ha mantenido en línea por trescientos años, así que probablemente no es tan malo. Pero conoces a Hermione, siempre es el principio de todo con ella.

Harry lo pensó. Hermione siempre estaba más comprometida con los principios que él o Ron. Había quebrantado las reglas un par de veces, siempre por una buena razón, y siempre era la que los desalentaba de una mala acción. Aún no apreciaba lo que había dicho sobre Black, pero podía ver de donde venía.

–Supongo que tiene sentido –admitió.

–Creo que deberías disculparte con ella –soltó Ginny. Harry le lanzó una mirada inquisitiva–. te pasaste un poco al meter a sus padres. Se que no tenemos derecho de hablarte a ti sobre eso, pero Hermione se molestó mucho después de eso, y se arrepentió de haberte llevado a ese punto. Y no te preocupes por Ron. Fred y George podemos mantenerlo en línea.

–Mmm… supongo que podría haberla tratado mejor –dijo lentamente.

–Creo que podría ocupar algo de ayuda si la encontramos –dijo ella.

–Sí, probablemente… –dijo Harry. Se detuvo por un largo minuto, luchando con la pregunta que se lo estaba carcomiendo–. ¿Ginny? –preguntó

–¿Sí?

–¿Tú no crees que estoy mal, verdad? ¿Sobre Black recibiendo lo que se merece?

–Por supuesto que no, Harry. Alguien te hizo un mal, y quieres ser recompensado. Tienes todo el derecho. –Harry le dio una sonrisa que hizo que su estómago diera una vuelta.

–Gracias –dijo.


–Busqué por todos lados, George. Hermione no estaba en el mapa anoche.

–No creo que sea capaz de dejar el castillo, pero… –respondió George.

–Así que debe de ser la sala de los menesteres -dijo su gemelo.

–Sólo quiero estar seguro, Fred. Parvati dijo que siempre desaparece después de la cena, así que deberíamos de verla justo ahora...

Y sí, en unos minutos, un punto etiquetado como Hermione Granger apareció en el séptimo piso, se detuvo frente a la entrada a la torre de Gryffindor por un largo tiempo, y después huyó en la dirección opuesta, hacia el ala este.

–Bueno, eso es todo –dijo George mientras desaparecía en una pared en el mapa–. Debe de estar yendo ahí todas las noches.

–¿Alguien más está ahí? –preguntó Fred. Las cejas de George se elevaron.

–Tiene catorce años.

–Podría pasar.

Sin embargo, nadie más se acercó al pasillo esa noche, descartando un amorío secreto.

–Así que o se está cayendo a pedazos o trabaja en un proyecto secreto –concluyó George.

–Espero que sea lo segundo. Sería más divertido.

–Pero tengo el mal presentimiento de que no lo es. Ha estado actuando extraña por dos semanas. Y nosotros tampoco hemos sido muy buenos con ella esta semana.

–Bueno, lo que sea que está haciendo, me parece que es momento de que interrumpamos esa fiesta –respondió Fred.

–Estaba pensando en una alarma Weasley –dijo George en acuerdo.

Fred sonrió.


Cuatro veces más Hermione había intentado pasar a los trolls de seguridad, y cuatro veces más había salido huyendo. Se empujó a sí misma y se acercó un poco más cada vez, pero no era un gran progreso. Nunca hubiera imaginado que tendría que estar enfrente de uno de nuevo, pero había desarrollado una gran fobia hacia ellos. Apenas y podía ver al tapiz de los trolls bailarines en el pasillo afuera de la sala de los menesteres. Sólo podía esperar que en unas semanas, su inventada terapia de exposición le permitiría regresar a la torre. Mientras tanto, el aislamiento la estaba afectando. Sólo desayunó en la sala una vez más, el miércoles después de Astronomía, pero incluso fuera de la sala, apenas y hablaba con alguien más de lo que necesitaba para sus clases.

Después de una semana, aún encontraba difícil comenzar sus mañanas y hacer su tarea en las noches. En el fondo de su mente, comenzaba a estar de acuerdo con Dobby de que vivir sola no era bueno para ella, pero aún no parecía que pudiera hacer mucho al respecto. Y no sólo era el aislamiento. Eran las pesadillas. Estaban más orientadas a los dementores de nuevo más que a los trolls, pero lo principal es que continuaban sin dejarla dormir en las noches. Consideró pedir una poción para dormir sin sueños a Madame Pomfrey, pero sabía que no era mejor que el uso prolongado de la poción pimentona.

Y así, todos los días, luciendo cada vez más cansada y desaliñada, su temperamento más cortante, y su cabello más enredado, se forzó a ir a clases, recibiendo las miradas preocupadas tanto de estudiantes como de maestros. Algunos de sus amigos y maestros intentaron acercarse para ofrecerle ayuda, pero continuó rehusándose a responder preguntas y a socializar en general. Y aunque Harry se había calmado un poco, Ron parecía estar bien sólo con eso.

Para agregar otro insulto, Draco Malfoy y sus secuaces habían comenzado a burlarse de todo el asunto.

–¿Asustada de unos pequeños trolls, sangre sucia? Quizás deberías de huir a un lugar más seguro si no puedes aguantar aquí con los magos de verdad. –Al mismo tiempo, la envidia de Rebecca Gamp parecía haber ganado porque comenzó a usar el tema también. Era más sutil, con sólo unos leves comentarios.

–Sabes, Gran Bretaña no es el mejor lugar para los hijos de muggles. Hay muchos prejuicios sangre pura aquí. Yo no creo en esas cosas, pero muchos sí. Beauxbatons es mucho más abierto a los hijos de muggles y a estudiantes con ancestros de diferentes especies. –De algún modo, eso era peor. Le ponía la idea en la en la cabeza y no la podía sacar. Con el estado en el que estaba Hermione, transferirse comenzaba a sonar como una buena idea de nuevo.

Podía notar de manera indiferente que estaba a punto de colapsarse. No pensaba que podría aguantar mucho más antes de que cayera a pedazos por completo y reprobara sus clases o terminara en la enfermería. Pero aún no tenía idea de que hacer al respecto.

¿Cuál era su problema?

No podía seguir así.

Y entonces, la mañana después de la sexta noche en la sala, algo ocurrió. Estaba recostada en la cama, planeando en hacer nada hasta el almuerzo. Era un día de visita a Hogsmeade, pero no iba a ir. No sería divertido ir sola… mucho menos porque era el fin de semana antes de San Valentín y todas las parejas estarían afuera. Pero entonces, escuchó la manija moverse, y su cabeza se levantó justo a tiempo para ver a dos pelirrojos entrar al cuarto.

–¡Despierta, pequeña Hermione! –gritaron.

–¡Ah! –Tomó su varita en pánico–. ¡Everte…! –Se detuvo cuando vio quien era–. ¿Fred? ¿George? ¿Qué están haciendo aquí?

–Nos preguntábamos que estabas haciendo –respondió George.

–¿Una fiesta de pijamas, no? –agregó Fred con una sonrisa. Hermione le lanzó una mirada molesta.

–¿Saben que aún tengo mi varita apuntada hacia ustedes, no?

–Aún tan enérgica como siempre.

–Eso nos gusta.

No bajó su varita, pero sí les dio otra oportunidad.

–¿Tienen una verdadera razón para estar aquí?

–Hemos estado preocupados por ti, Hermione –dijo George–. Todos. Nadie te ha visto fuera de clase o las comidas. Lamentamos haberte ignorado el fin de semana pasado. Hemos querido hablar contigo desde el martes, pero has sido muy difícil de encontrar. ¿Suponemos que has estado… aquí?

–¿Y qué es este lugar? –preguntó Fred.

–Es lo más cercano que la sala pudo imitar a mi habitación en casa.

–Ah. Es un lugar agradable.

–Así que –le ordenó George–. ¿Por qué has estado pasando todo tu tiempo aquí?

–Porque… –Hermione se enfureció–. ¿Por qué? ¿Disculpa? ¿Trolls de seguridad? No puedo entrar en la torre sin entrar en pánico. ¿Qué no recuerdan el pequeño incidente que tuve en mi primer año?

–Oh, eso –dijo Fred con comprensión–. Supongo que no lo habíamos pensado… Pero no puedes esconderte aquí siempre.

–Ha funcionado bastante bien hasta el momento.

–¿Oh, en serio? –la reprendió–, ¿Y supongo que ese nido en tu cabeza es la última moda?

–Yo… –Ella perdió el aliento, y de manera inconsciente comenzó a intentar aplacar su cabello despeinado. Ese era sólo uno de los síntomas de su problema, pero no podía negarlo.

–Exacto.

–Vamos, necesitas relajarte un poco –dijo George–. ¿No vas a ir a Hogsmeade?

–No. No tengo con quien ir.

–¡Tonterías! Tienes muchos amigos. –Ella sacudió la cabeza con tristeza.

–Ron aún está enojado conmigo...

–Ron es un idiota...

–...como siempre –respondieron los gemelos.

–Siempre se está quejando de Scabbers.

–De lo aburrido e inútil que era.

–Lo golpearemos en forma en unas semanas.

–No te preocupes por él.

–Sí, pero Harry...

–Creo que está más preocupado por ti que enojado –le dijo Fred.

–Sí, Ginny ha estado trabajando en él –dijo George.

–En verdad deberías de hablar con ellos de nuevo.

–Además, podrías ir con nosotros.

–Yo… –intentó de nuevo. Era tentador, pero entonces pensó en lo que tendría que hacer para llegar ahí–. No puedo –susurró, mirando a sus pies.

–¿Por qué no? –preguntó George con preocupación.

–No… no puedo enfrentar a los dementores de nuevo.

–Claro que puedes –insistió Fred–. Lo hiciste antes.

–Pero eso fue antes de saber… ¿Saben lo que esas cosas hacen a las personas?

–¿El beso del dementor? Sí, Ron ha estado hablando sobre eso –dijo Fred–. Pero realmente, es perfectamente seguro. Los aurores los mantienen en línea.

–Lo siento, chicos –susurró ella de nuevo–. No puedo hacerlo.

–Oh, no, Hermione –insistió George–. ¿Qué pasó con no huir de tus problemas? –Ella lo miró con molestia.

–Eso fue antes de que fueran fobias de verdad.

–Mmm, ¿vamos a dejar que se salga con eso, Freddie?

–No, no lo creo, Georgie –dijo Fred–. Quizás seamos los payasos de la clase, pero podemos ver que estás a punto de colapsarte, y vamos a denerte. Tienes diez minutos para arreglarte para ir a Hogsmeade o te llevaremos como estás. –Los ojos de Hermione se abrieron como platos.

–¡No lo harían! –Ambos sonrieron.

–¿Es un desafío? –dijeron al mismo tiempo.

–Pero… pero… no podré hacer nada con mi cabello en ese tiempo –dijo débilmente.

Fred sonrió aún más. Tomó el reloj de la mesita de noche, movió las manecillas, y lo puso en su lugar.

–Nueve minutos y cuarenta y cinco segundos.

Oh, sí, lo decían en serio. Se puso en acción, apuntando su varita a ellos de nuevo.

–¡Fuera! ¡FUERA!

Ellos continuaron sonriendo mientras caminaban a la puerta.

–Nueve minutos y treinta segundos –agregó Fred como despedida.

Nueve minutos y quince segundos después, en lo que probablemente era un récord personal, Hermione estaba completamente vestida en su ropa de fin de semana, sus dientes cepillados y usando su abrigo de invierno. Aún no estaba feliz de salir con su cabello en nido, pero se dio cuenta al último minuto que tenía un hechizo para lidiar con eso rápidamente. Rápidamente separó su cabello en tres partes, sosteniendo cada una con su mano izquierda, y después tomó su varita, esperando que no temblara mucho.

Fasciculi Pilis Plectere. –No lucía muy bien, pero por lo menos no parecía como si hubiera pasado la noche en el bosque prohibido. Su cabello estuvo trenzado y amarrado justo antes de que la alarma sonara y Fred y George entraran de vuelta a la sala.

Cada gemelo la tomó de un brazo, y la levantaron y cargaron fuera de la sala, rehusándose a bajarla hasta llegar a las escaleras, donde ella tenía miedo que terminaría rodando con ellos.

–¡Ya, ya! –dijo–. Puedo caminar.

Se rieron y la bajaron, pero no soltaron sus brazos. Los tres caminaron tomados de los brazos hacia la puerta principal. Filch, quien aún estaba en buenos términos con ella, le lanzó una mirada sospechosa, como si acusándola de juntarse con el enemigo mientras los checaba en la lista. Intentó sacudir los hombros insinuando que la estaban obligando. La llevaron a un carruaje, y se fueron.

Pero no todo estaba bien. Como había temido, los dementores la afectaban peor ahora que sabía más sobre ellos. Cuando la sensación helada descendió sobre ella, recordó los peores momentos que había pasado esas últimas dos semanas… vomitando en la oficina de Vector, su pelea con sus amigos, sus nervios enfrente de los trolls.. Y entonces sintió una ola de pensamientos tenebrosos obsesionándose sobre el horror filosófico del beso del dementor repitiéndose enfrente de ella. Vio los rostros de sus amigos desvaneciéndose en la oscuridad. Escuchó la risa helada de Voldemort burlándose de ella...

Y se acabó. La sensación fría se desvaneció. Se dio cuenta de que estaba llorando. Y también se estaba aferrando a George como si su vida dependiera de eso. Se alejó de él, sonrojándose.

–Vaya, Hermione, no sabía que te gustaba tanto –dijo George.

–Creo que me voy a poner celoso –agregó Fred.

–Yo… les dije… dementores… –dijo temblando.

–Sí, lo vimos –dijo George con preocupación–. ¿Es peor?

–Ajá… no me lo puedo quitar de la cabeza. Desde que la profesora Vector me dijo...

–Intenta no pensar en eso por ahora –dijo George–. Vamos, es un día maravilloso.

–El aire está claro, las aves cantan –continuó Fred.

–Estas afuera para dar un paseo por el pueblo.

–Y tienes a un mago apuesto en cada brazo.

Hermione abrió más los ojos, y se sonrojó más, pero no podía escaparse. George se rio.

–Sí, serás la envidia de todas la chicas en la escuela.

–¿Gustas una taza de té en Madame Pudipié, cariño? –continuó Fred con un acento intelectual. A Hermione no le agradaba a donde iba esto.

–Eh… ¿qué es Madame Pudipié?

–Oh, genial, Fred –dijo George–. Es una frívola tienda de té donde les gusta ir a todas las niñas en citas. Siempre hacen un gran alboroto en San Valentín… encaje rosado por todos lados, querubines volando, y más.

–¿Y quieren que yo vaya ahí? –demandó.

–Claro, será divertido.

Ella no lucía convencida.

–Tienes que admitirlo, Hermione –le dijo Fred–, sería una broma genial. –George asintió en acuerdo. Lentamente, una sonrisa apareció en el rostro de Hermione.

–Oh, de acuerdo.

La tienda de té de Madame Pudipié era peor de como los gemelos la habína descrito. Era una pequeña tienda con mesas tan apretadas que las parejas (y todas eran parejas) prácticamente tenían que sentarse mientras se tocaban. Hacía calor y había vapores, y prácticamente todo estaba decorado con encaje, volantes, o moños. Querubines dorados volaban por todo el aire, lanzando confeti rosado a los clientes.

–Eso no puede ser sanitario –susurró. Los gemelos sacudieron los hombros.

Fred caminó a la bruja esperando en la puerta y habló en voz muy alta.

–Mesa para tres, por favor.

Todos en la tienda levantaron la mirada y los observaron.

–No, en serio –agregó.

–De… acuerdo… déjenme encontrar una silla extra –dijo la bruja, y los sentó en una de las mesas pequeñas. Incluso tan temprano la tienda estaba bastante llena, y con los volantes rosados y la suave música romántica en el fondo, muchas de las parejas ya estaban besándose en una de las muestras públicas de afecto más grandes que Hermione había presenciado.

Madame Pudipié, una mujer robusta con cabello negro en moño, se apretó entre las mesas para hablarles.

–¿Qué puedo traerles, queridos? –Hermione tenía el presentimiento de que intentaba no sonar juiciosa.

–Té negro suena bien –sugirió Fred.

–Lo mismo para mi –dijo George.

–Eh… lavanda, fuerte –dijo Hermione. Le serviría para los nervios.

–Vuelvo en un minuto, queridos.

En cuanto Madame Pudipié se fue, Hermione habló en susurros a los gemelos.

–Si empiezan a hablar sobre nosotros –les advirtió–, les lanzaré maleficios hasta que sólo hablen de eso.

Los gemelos se miraron el uno al otro.

–Vale la pena.

–¿Hermione? –dijo una voz femenina con sorpresa. Roger Davies y Rebecca Gamp estaban sentados a unos pies de distancia–. ¿Qué estás haciendo aquí… con esos dos? –Hermione pensó rápidamente. Sonrió y lanzó una mirada a Fred y George.

–Oh, tú sabes –dijo–, hablando… negocios.

Fred y George sonrieron, y Rebecca pareció retroceder.

–Bueno… que te diviertas –dijo Roger antes de regresar su atención a su cita.

Unos minutos después llegó el té. Algo bueno sobre la tienda… el té era muy bueno.

–Hablando de negocios –agregó Hermione–, mientras estaba distraída la semana pasada, tuve la oportunidad de hablar con la profesora Sprout sobre los núcleos de las varitas de juguete. El de la varita más barata era flor voladora, como lo pensamos. La de en medio resultó ser de un geranio colmilludo.

–Oh, geranio colmilludo. Eso es interesante –dijo Fred–. ¿Y qué de la rota que parecía de un galeón?

–Pues, estaba bastante quemada, pero la profesora Sprout pensó que era díctamo.

–¿Díctamo? –dijeron ambos con sorpresa.

–Creo que ahora sabemos porque cuesta un galeón –agregó George.

–Estoy más interesada en el hecho de que son plantas fibrosas –dijo Hermione–. Y las varitas reales usan fibras animales… unicornio, fénix, y dragón.

–Bueno, esos son las que usa Ollivander –dijo Fred–. Creo que escuché de algún tipo que usaba una varita de díctamo… quizás en clase de Historia o algo así.

–Mmm. Pero debe ser inusual –dijo Hermione–. Me pregunto si la distinción es importante. Quiero decir, sabemos que el Ministerio tiene una manera de distinguir magia accidental de magia realizada con una varita real y de magia realizada con una varita de juguete. Así que, ¿las varitas activan la traza de manera diferente porque usan fibras animales o porque tienen runas talladas en ellas?

–Oh ambas –sugirió George.

–Bueno, veamos lo que sabemos –razonó Fred–. Parece que las varitas de juguete usan madera barata, se parten en dos, un núcleo de algún tipo de planta mágica, y son pegadas de algún modo, algunas veces con barniz.

–Y las varitas reales tienen madera de mejor calidad, núcleo de un animal mágico, y pequeñas runas talladas en ellas –agregó George.

–Pero esas son las diferencias que podemos ver –dijo Hermione–. Aún no podemos examinar a profundidad una varita real… excepto… ¿Ron aún tiene su varita vieja? ¿La que se rompió?

–Mmm… probablemente, pero estaría en casa –respondió Fred–. Buscaremos en verano.

Hermione estaba a punto de tomar otro trago cuando uno de los querubines lanzó un puñado de confeti sobre sus cabezas y este cayó en el té. Lanzó una mirada a la criatura alada, e hizo una mueca en dirección a su taza.

–¿Alguno de ustedes sabe un buen encantamiento purificador? –preguntó.

–Pues, Katharizi es usado para purificar agua, pero no estoy seguro de que funcione bien con té –dijo Fred.

–Sí, quizás termines con sólo agua –agregó George–. Veamos, remover partículas grandes… –Sacó su varita y señaló a su propia taza–. Intentemos… Percolare. –El confeti se elevó de la taza, acompañado por la mayoría de los posos–. Eh, estuvo cerca –dijo, y rápidamente limpió las otras dos tazas.

–Gracias –dijo Hermione–. Y bueno, me preguntaba que ocurriría si intentaba hacer una varita de juguete con una fibra animal.

–Mmm… un experimento interesante –dijo George–. Pero dudo que podamos obtener pelo de unicornio o algo así.

–No, pero probablemente puedo obtener algo de pelo de hipogrifo de Hagrid… aunque sería mejo que intentáramos hacer algunas con base en plantas primero, para asegurarnos de que podamos. Quizás necesitemos pegamento mágico o algo para que funcione.

–Pues, me parece que tenemos un plan para el próximo fin de semana –dijo Fred.

–Me agrada como piensas, Hermione –agregó George.

–Gracias. Oh, por cierto… –Se acercó más y susurró–, no pensé en preguntar… ¿revisaron el mapa después de que Sirius Black entró al castillo el fin de semana pasado?

–Sí, pero no lo vimos –respondió Fred.

–Sí, debió de escaparse a una maldita velocidad –agregó George–. Lo buscamos de inmediato en ese pasadizo secreto que Filch no conoce, pero no estaba ahí. –Ella suspiró con derrota.

–Pues… se que no pueden estar viéndolo todo el tiempo, pero si lo están haciendo, y ven su nombre...

–Le tendremos que decir a un maestro. Lo sabemos –aceptó Fred con solemnidad.

–Pensaremos en una buena historia –le aseguró George.

–Bien –dijo Hermione–. Si alguien pudiera capturar a Black, muchas cosas cambiarían. –Una idea le llegó de pronto… algo que la profesora Vector había dicho dos semanas antes: "El profesor Lupin es el único hombre lobo que estuvo aquí como estudiante, por lo menos en mi vida". Eso y los nombres de los merodeadores: Lunático, Colagusano, Canuto, y Cornamenta. Claro, Lunático no tenía que ser el apodo de un hombre lobo. Incluso Luna tenía ese terrible apodo, por ejemplo. O quizás era otro buscapleitos que había embromado a Snape y vivido para contarlo. O quizás no significaba nada. Aún así, eran cuatro, y sabía que Lupin era parte de un grupo de cuatro amigos y probablemente era lo suficiente inteligente para hacer algo como el mapa. Era una oportunidad que valía la pena tomar para capturar a Black, en su opinión.

–Chicos, ¿confiarían en mi para algo? –susurró. Ellos intercambiaron una mirada.

–Probablemente, sí...

–¿...qué es? –dijeron.

–Si ven a Black, creo que pueden confiar en el profesor Lupin sobre el mapa.

Los ojos de los gemelos se abrieron como platos mientras se inclinaban hacia ella.

–Es mucha confianza la que pides, Hermione –dijo Fred.

–Sí, decir el secreto de nuestro éxito a un profesor… –agregó George.

–Lo sé. No se los pediría si no fuera de vida o muerte. Pero he estado hablando con el profesor Lupin… no le dije sobre el mapa, pero algunas de las cosas que dijo… creo que quizás… conoció al Sr. Lunático cuando era estudiante. Tengo el presentimiento de que reconocerá el mapa si lo ve.

Los gemelos permanercieron en silencio por un momento, tomando un gran respiro mientras procesaban eso.

–Si encontramos a Black, será por una buena causa, Fred –susurró George lentamente.

–Eso sería suerte –susurró Fred de regreso–. Pero es un gran precio.

–Pero es para capturar a Black. Hemos tomado riesgos más grandes.

–No así. No sabemos si tiene razón sobre el mapa...

–Vamos, es Hermione, ella...

Ambos la miraron, se detuvieron, e intercambiaron miradas por unos segundos, aparentemente comunicándose con parpadeos y expresiones faciales… en su mayoría de fastidio. Hermione había escuchado sobre la "telepatía de gemelos", pero nunca había visto algo que luciera similar. Sabía que a los gemelos les gustaba mantener un frente unido, aunque seguramente no estaban de acuerdo todo el tiempo. No eran completamente similares después de todo. Por ejemplo, George siempre le había parecido el gemelo más sensato, como era evidente en ese momento.

–Miren, chicos… –habló Hermione–. Si es tan importante para ustedes, si Lupin lo confisca, les ayudaré a crear uno nuevo. Si los merodeadores pudieron hacerlo, nosotros también.

Fred colocó su mano sobre su corazón con falsa indignación.

–¡Blasfemia! –exclamó–. ¡Quemen a la blasfema! –Pero le sonrió.

Esa es la Hermione que conocemos –dijo George, dandole un golpecito en la nariz–. Si estás dispuesta a hacer eso por nosotros, creo que podemos darte la oportunidad. ¿Verdad, Freddie?

–¿De replicar el mapa? Eso podemos hacer –dijo su gemelo en acuerdo.

–Gracias –dijo Hermione–. Eso significa mucho para mi.


El resto del paseo fue sorprendentemente agradable. Pasaron un largo tiempo en Zonko y Honeydukes, y Hermione finalmente tuvo la oportunidad de ver la casa de los gritos que siempre se había saltado en sus visitas anteriores.

–Que lugar tan desagradable –le dijo Fred.

–Sí, Nick Casi Decapitado dijo que incluso el Barón Sanguinario se mantiene lejos –dijo George.

–Intentamos entrar, por supuesto.

–Pero hasta el momento, ha resultado imposible, por desgracia.

Se encontraron con Harry y Ron y tuvieron una conversación muy incómoda. Bueno, Harry no estuvo tan mal. Se había calmado un poco durante la última semana.

–Escucha, Hermione –dijo algo vacilante–. Yo, eh, lamento haberte gritado. Supongo que entiendo porque tienes ese problema con los dementores. Sólo creo que Black merece lo que va a recibir.

Hermione lo observó por un minuto, sin saber que decir. En verdad quería a sus amigos de vuelta, y Harry parecía sincero… normalmente lo era. Era el tipo de persona que era.

–Gracias… por disculparte, Harry –dijo eventualmente–. Y lamento haberte gritado. He visto lo molesto que te tiene el asunto de Black. Creo que podemos estar de acuerdo en que no estamos de acuerdo. –Harry asintió, pero aún estaba algo incómodo a un brazo de distancia.

–¿Estás bien? –preguntó–. Nadie te ha visto… –Ella respiró profundamente antes de responder.

–Sí, yo… tuve una semana difícil, pero me siento mejor.

–Eso es bueno.

Ambos miraron a Ron, quien estaba parado cerca e ignorándola de manera obvia. No la saludó e incluso miró a Harry con impaciencia. Fred y George se aclararon la garganta. Él sólo les lanzó una mirada rápida.

–Anda, Harry –antes de darse la vuelta y dirigirse de regreso al castillo.

–Aún está bastante molesto –dijo Harry de manera obvia antes de seguirlo. Fred y George rodearon a Hermione, y se apresuraron a alcanzarlos.

–Pequeño Ronnie –llamó Fred–, cuando las personas se disculpan, lo amable es unirse.

–Yo no soy quien debe de disculparse –respondió.

–¿Oh? ¿Fuiste quien fue ignorado toda la semana? –dijo George.

–¿A quien sus amigos abandonaron? –agregó Fred.

–¿Quién no puede entrar a su propia torre?

–¿Escuchas a alguien, Harry? –dijo Ron.

Hermione suspiró con frustración. Ese estúpido orgullo… era en mayoría su culpa, sin importar lo que dijera. Lo que en verdad le sorprendía es que continuara el tratamiento de silencio por tanto tiempo. Claro, con la semana que había tenido no se había esforzado mucho en hablar con él, pero aún así. Si él era razonable, ella estaría dispuesta a disculparse por su parte, pero no iba a rogar los pies de Ron Weasley. Estaba más allá de eso.

–¿No podemos darle un descanso? –dijo Harry lo suficiente fuerte para que ella lo escuchara.

–No. Está actuando como si Scabbers estuviera de vacaciones o algo.

Eso fue mucho para ella. Se apresuró más, tomó a Ron por el hombro, y lo hizo darse la vuelta para que la viera.

–Ronald –dijo con firmeza. Elevó la cabeza y levantó la nariz un poco–. Lamento que se comieran a Scabbers, ¿de acuerdo? –dijo–. Estoy segura de que te importaba tanto como a mi me importa Crookshanks. Pero debes de recordar, le doy a Crookshanks la misma libertad que otros gatos tienen en la torre, mientras que en el mundo muggle, las mascotas roedores no se dejan sin protección bi supervisión. Te informé en múltiples ocasiones que no lo estabas cuidando. Lamento no haber controlado mejor a Crookshanks, pero tú también tienes que tomar responsabilidad.

–Pues, Scabbers nunca tuvo problemas antes de que compraras ese gato –respondió Ron.

Hermione sólo hizo una mueca y continuó. Lo había intentado. Era lo mejor que podía hacer mientras él actuaba así. Los gemelos miraron a Ron con enojo. Oh, estaba segura de que ellos podrían convencerlo después de un tiempo, pero en verdad necesitaba crecer.

Los cinco se subieron a un carruaje y comenzaron su camino de regreso. En cuando sintieron el frío de los dementores en la entrada, los gemelos la tomaron en uno de sus característicos abrazos de cuatro brazos. Le ayudó un poco… no era tan malo como cuando habían salido, pero aún se sintió llena de miedo y aferrándose a su cabeza.

Cuando su visión se aclaró, Harry estaba muy preocupado resistiendo el efecto que los dementores tenían en él, pero Ron la miraba con confusión.

–Dementores –dijeron los gemelos al mismo tiempo.

–Ha estado deprimida por dos semanas...

–... por culpa de esas cosas.

Ron lucía incómodo, pero se cruzó de brazos y quitó la mirada. Mientras tanto, el efecto de los dementores combinado con su discusión parecía haber eliminado toda la felicidad que había ganado durante el día. Hermione de repente se sentía tan deprimida como había estado esa mañana.

Las cosas sólo empeoraron durante la cena, ya que Fred y George se rehusaron a dejarla que escapara a la sala de los menesteres. En su lugar, la tomaron por los brazos de nuevo y la llevaron con ellos a la torre de Gryffindor.

–Chicos, no creo poder hacer esto –dijo temerosa.

–Es hora de que dejes de huir de tus miedos, Hermione –insistió mientras luchaba.

–¿Por qué tanto alboroto? –dijo Ron mientras caminaba al lado del grupo.

Trolls, Ronald –soltó ella–. Después de que uno intenta golpearte en la cabeza con su bastón uno empieza a verlos de manera diferente.

–Pues apuesto a que Scabbers comenzó a ver los gatos diferente después...

–Ron, si valoras tu salud no terminarás lo que ibas a decir –le gruñó George, sacando su varita–. Abre tus ojos por una vez y mira lo que le está haciendo. –Y sí, Hermione estaban tan blanca como una hoja de papel mientras se acercaban al pasillo que los llevaba a la torre y había comenzado a sudar y respirar con dificultad.

–Vamos, Ronnie, tú siempre eras quien se quejaba de lo inútil que Scabbers era –lo reprimió Fred.

–Y Hermione se ha estado cayendo a pedazos esta semana, si te hubieras molestado en notarlo –le dijo George. Pero antes de que Ron pudiera responder, Hermione soltó un leve grito. Estaba enfrente de los trolls.

–De acuerdo, hay que hacer esto -dijo Fred.

–No, no quiero –dijo ella.

La elevaron por los brazos de nuevo.

–¡Ya! ¡Ya! ¡Lo haré! –Dio unas patadas hasta que la bajaron. Si iba a hacerlo, lo haría con sus propios pies. Aunque continuaron agarrándola por los brazos, de lo cual estaba muy agradecida. Caminó lentamente. Su corazón latía con fuerza, e intentó no temblar mucho. Uno de los trolls gruñó de manera amenazante a la niña que actuaba de manera graciosa, y Hermione ya no pudo más y gritó.

A los trolls no les gustaban los ruidos fuertes.

Los cuatro trolls gruñeron y rugieron. No usaban bastones, pero comenzaron a dirigirse al grupo, lo cual causó mas gritos. Finalmente, Fred colocó su mano sobre la boca de Hermione y los trolls les dieron el espacio para pasar. Los gemelos la empujaron hasta que llegaron al retrato de la Dama Gorda.

–¡Vaya! –dijo la pintura de manera imperiosa.

–No ahora. Casquivana. ¡Casquivana! –dijo Fred.

La Dama Gorda se hizo a un lado, y se apresuraron dentro de la sala común. Fred y George la dejaron ir, y Hermione de inmediato se colapsó en la alfombra, aún temblando, con lágrimas cruzando su rostro.

Ron aún no sonaba feliz.

–Hermione, ¿por qué hiciste…? ¡Ouch! –Fred le dio un codazo fuerte.

–No lo hizo a propósito –escuchó una voz murmurar entre la multitud.

–Debimos ayudarla la semana pasada.

–¿Qué no ha causado suficiente…? ¡Ah! –Se escuchó el ruido de alguien siendo golpeado en la parte de atrás de la cabeza.

–Deja de ser un idiota, Ron.

Hermione se sonrojó y se levantó de la alfombra. Debía de lucir patética así, aunque por lo menos finalmente había pasado al troll. Se limpió los ojos y se levantó lo mejor que puedo. Cuando se dio la vuelta, descubrió que los otros niños habían maniobrado para que Ron estuviera de pie enfrente de ella. Se preparó a si misma para su siguiente insulto, pero aparentemente, la visión de una niña llorando lo afectaba. Oh, Merlín, y me dije que no iba a estar a sus pies, pensó. Elevó su cabeza de manera desafiante para compensarlo.

–Hermione, yo, eh… –comenzó Ron. Sus ojos se movieron hacia Fred–. Lamento actuar como un tonto. Luces como si estuvieras teniendo una crisis nerviosa, y, eh… no debí de patearte cuando estabas abajo. –Sorprendentemente, sonaba sincero a pesar de haber sido practicamente obligado. Claro, al ver el estado en el que estaba probablemente era suficiente para que recuperara su sensatez. Pero podía ser tan frustrante a veces. Aún pensaba que tenía verdadero potencial si lo usaba de manera correcta, pero parecía que iba a ser un largo camino.

Tomó un gran respiro y lo miró a los ojos.

–Gracias, Ron –dijo, algo distante–. Y quise decir lo que dije. Lamento lo de Scabbers.

–Bueno… era bastante inútil –dijo Ron con renuencia–. Es sólo que era todo lo que podía tener...

Hubo un silencio incómodo, el cual fue interrumpido por Fred.

–Genial. ¿Podemos regresar a ser amigos todos?

–Sí, amigos –dijo Harry con firmeza.

–...Sí, amigos –dijo Ron. Todos miraron a Hermione.

Ella miró a los niños y tomó su decisión.

–Sí… amigos.

Esto fue seguido por otro silencio incómodo antes de que fueran por caminos separados. Incluso si oficialmente ya eran amigos de nuevo, tomaría un tiempo antes de que fuera tan cercana a Ron como antes. No tenía ilusiones sobre eso, y con algo de suerte, Ron tampoco.

–¡Hermione! ¡Regresaste! –lloró Parvati cuando subió las escaleras a su cuarto.

–¿Estás bien? –preguntó Lavender–. Casi nadie te ha visto toda la semana. Te dijimos lo que la profesora Trelawney dijo...

–No tiene nada que ver con la profesora Trelawney –dijo Hermione, mientras Crookshanks saltaba sobre su regazo. Lucía tan feliz de verla como sus compañeras. Podía cazar, como sabía muy bien, pero se sintió mal por dejarlo solo por tanto tiempo–. Descubrí que tengo fobia de los trolls por lo de primer año. No podía entrar a la torre hasta que Fred y George me obligaron.

–¿Pero dónde dormiste? –dijo Parvati preocupada–. ¿Cómo es que no te descubrieron?

–Ese… ese es mi secreto, Parvati –dijo Hermione–. Pero bueno, ya voy a estar de regreso, así que está bien.

–Pues, nos alegra que estés mejor.

Hermione abrazó a Crookshanks bastante esa noche. Era agradable tener a alguien que parecía comprenderla, aún si era un gato, pero incluso eso y reconciliarse con sus amigos no fue suficiente para eliminar lo peor esa noche: después de enfrentarse a los dementores dos veces y a los trolls una vez ese día, sus pesadillas eran peor que nunca. En la sala de los menesteres por lo menos no hubiera molestado a nadie más, pero ahora, despertó a sus compañeras con sus gritos en múltiples ocasiones. Intentaban apoyarla, pero durante la tercera interrupción, su paciencia parecía estar cayendo.

–En serio, Hermione, ¿cuál es el problema? –dijo Lavender–. ¿Qué te tiene tan asustada de repente?

–Los dementores –gruñó–. No lo entenderían. –Se había rendido de intentar explicarlo. Pasó la mitad de su tiempo esa noche despierta, los comentarios de sus compañeras cada vez más duros. Y le había estado yendo tan bien ese día. Para la quinta vez, era temprano en la mañana, y muy tarde para regresar a dormir. Lavender y Parvati, poco acostumbradas a no tener su sueño de belleza, se tambalearon toda la mañana, actuando muy gruñonas.

–Mira, no sabemos cual es tu problema, Hermione, pero necesitas encontrar una manera de lidiar con esto. No vamos a dejar de dormir toda la semana y terminar como tú –dijo la rubia.

–Lo estoy intentando, Lavender. No se porque a nadie le afecta tanto, pero estoy haciendo lo más que puedo.

–Pues necesitas hacer algo porque nadie en este dormitorio va a divertirse mucho hasta que te tranquilices.

Y con eso, Hermione cayó sobre su cama, llorando de nuevo. Se estaba cayendo a pedazos. No podía dormir, ciertamente no podía mejorar, y en ese momento, parecía que se había reconciliado con un grupo de amigos sólo para aislar a otro.

No sabía lo que iba a hacer. Casi sentía como si hubiera caído en una historia de Lovecraft y aprendido que hay cosas que uno no debe ser por todos los problemas que le estaba causando. ¿Por qué no podía encontrar una manera de deshacerse de las pesadillas de los dementores? Incluso Harry lo había superado, y sus recuerdos eran peores...

Se paralizó. De repente, más rápido de lo que creyó posible, sus lágrimas se detuvieron. Se obligó a levantarse y salir de la cama con un sentimiento que no había sentido en semanas: determinación. Harry había aprendido como repeler dementores, pensó. Yo también puedo. Lo haré también. Era sorprendente lo mucho que una simple idea cambiaba su perspectiva. Sólo un cambio ligero en su punto de vista logró que lo imposible pareciera fácil… o por lo menos alcanzable. En retrospectiva, debió ser obvio, pero por alguna razón le había tomado tocar fondo el poder hacer la conexión. Pues, no más. Iba a tomar control de su vida. Sólo la idea… el conocimiento de tener un plan que estaba segura funcionaría… la hizo sentir mejor de lo que había estado desde antes de que la profesora Vector le dijera la terrible verdad. Se sentía… empoderada.

Al contrario que la semana anterior, le fue fácil continuar. Se vistió rápidamente, sintiéndose entusiasmada por comenzar su día, a pesar de su falta de dormir. Mientras iba al baño a lavarse los dientes y miraba con atención a su reflejo, otra idea llegó a su mente que nunca había pensado antes: Quizás debería hacer algo sobre mi cabello.


Notas del autor: Katharizi: basado en el griego para "limpiar" o "purificar".

Percolare: basado en el latín para "filtrar" o "pasar por un colador".