Aún si lo que escriben con su mano izquierda no es legible, Harry Potter le pertenece a JK Rowling, y esta historia le pertenece a White Squirrel.
Notas del autor: Gracias a las sugerencias para el patronus de Hermione. En verdad las consideré, pero desafortunadamente, las dos respuestas más populares (muy por encima de las demás) no funcionan para mi. Las sirenas son seres conscientes, lo cual no quiero. Se supone que los patronus son animales, y uno consciente no funciona para este fic. La otra opción, un nundu, me parece querer darle una criatura muy poderosa como patronus. Y aunque la forma y el poder no están relacionados, Hermione es más sabia que poderosa, así que no creo que va con su personalidad.
Me sorprendió ver que a tantas personas no les gusta la nutria, la cual, como dije, combina bien con su personalidad (las nutrias son muy inteligentes, usan herramientas, tienen personalidad juguetona, la cual va bien con la amistad con Fred y George en esta historia). Así que lamento estar en desacuerdo, pero no veo razón convincente para cambiarlo.
Muchas personas sugirieron que Dobby debería aparecer a todos de vuelta al castillo. Siempre he creído que los elfos domésticos son descritos con mucho poder. No queda con la historia. Así que limité su poder lo más que pude aún siendo consistente con el canon. Básicamente, Dobby no puede llevar a muchas personas individualmente o en grupos sin agotarse. Tampoco puede saber donde esta la poción matalobos de Lupin ya que no hay garantía de que Snape la dejara en su oficina. Gracias a Endgames por sus consejos sobre este capítulo.
Capítulo 57
–¡Significa que la luna saldrá en diez minutos! –dijo Hermione con frenesí.
Black, Lupin, y Pettigrew lucían horrorizados, pero Harry, Ron, y Ginny la miraron sin comprensión.
–¿Y? –preguntó Ron.
–¡¿Y?! Lo siento, profesor. ¡Lupin es un hombre lobo!
–¡¿Qué?! –dijeron Ron y Ginny.
Pero Harry aún no parecía comprender.
–¿Y?
–¡Harry! ¡Los hombres lobo son criaturas oscuras peligrosas! –dijo Ron.
–¿Hermione, tú lo sabías? –preguntó Ginny.
–Soy bastante lógica, ¿recuerdas? –dijo ella–. Honestamente, lo descubrí en septiembre. ¿Qué nadie notó que siempre se enfermaba el día después de la luna llena? Por Dios, Snape nos obligó a escribir un ensayo sobre los hombres lobo la primera vez que ocurrió.
–De acuerdo, ¿pero cuál es el problema con los hombres lobo? –insistió Harry.
–¡Son criaturas terribles que quieren comernos! –dijo Ron.
–Ronald, eso no es justo –lo regañó Hermione–. Son magos perfectamente normales excepto durante la luna llena… la cual es, desafortunadamente, hoy. ¡Tenemos nueve minutos y medio antes de que haya un hombre lobo furioso en esta habitación!
–Remus, ¿tomaste tu poción? –preguntó Black.
–No, no lo hice –dijo Lupin con tristeza.
–¿Qué poción? –preguntó Harry.
–La poción matalobos. Me permite mantener mi mente humana cuando me transformo. Sólo fue inventada hace unos años. Pero me perdí la última dosis. Es inútil. No lo entiendo. Revisé el reloj. La luna se supone que no sale tan temprano en esta época del año. Estaba seguro de que tenía otra media hora antes de tener que regresar.
–¿Esta época del año? –dijo Hermione, los ojos abiertos ampliamente–. Oh, profesor, la hora en Hogwarts fluctúa de media a una hora todos los días de manera relativa al sol y la luna. ¿No lo recuerda?
–¡Oh, Merlín! –dijo Lupin–. ¿Cómo pude olvidarlo?
–No hay tiempo, Lunático –dijo Black–. ¡Nueve minutos! Tenemos que sacar a los chicos de aquí.
–¡Canuto, no hay suficiente tiempo! Nunca regresarán a Hogwarts tan rápido.
–No necesitan hacerlo. Sólo necesitan salir de la casa.
–¡No! Los encantamientos en la casa ya no están funcionando. Dumbledore me lo dijo a principio del año. ¡Lunático podrá seguir su rastro con su olfato! –Black palideció.
–Oh no… -dijo–. De acuerdo, podemos hacerlo. Me quedaré atrás para distraerlo en mi forma canina. Ustedes pueden regresar por nosotros en la mañana.
–¿Podemos llevar a Pettigrew de regreso al castillo por nuestra cuenta? –dijo Ginny–. ¿Y si intenta escapar?
–Sí, quizás te necesitemos, Sirius –rogó Harry.
–Lo siento, Harry, no podemos arriesgar que Lunático nos siga en el túnel. Podríamos aturdirlo.
–Eso los haría avanzar lento, incluso con magia –advirtió Lupin–. Ya tienen que llevar a Ron.
–¿Y si sellamos la puerta? –sugirió Ron.
–No, eso nunca detendrá a Lunático –lo rechazó Lupin.
–¿Incluso con magia?
–No por el tiempo necesario. Necesitamos runas.
–¡Yo puedo tallar runas! ¿Pueden arreglar mi pierna?
–Ferula! –dijo Lupin. La pierna de Ron fue vendada en un una férula–. Es lo mejor puedo hacer, pero no tenemos tiempo de tallar runas.
Pero Ron se puso de pie, caminó con dificultad a la puerta, y sacó su navaja para tallar runas de su bolsillo.
–Tengo una idea. No tiene que ser elegante –dijo.
–No, Ron, tiene razón –dijo Hermione–. No tenemos tiempo. ¡Ocho minutos!
–No, en serio, lo tengo –dijo Ron mientras tallaba–. Sólo unas cuantas runas de fortificación.
–¿Y de dónde vas a sacar el poder? Tomará mucho tiempo tallar las secuencias para usar las líneas ley, y ni siquiera lo hemos cubierto en clase.
–No necesitamos las líneas ley. Lo haremos como nuestros pequeños bloques de madera… colocaremos un montón de hechizos en ellas.
Miró lo que estaba tallando e hizo el cálculo: la fuerza probable que un hombre lobo usaría contra la puerta, el poder que era colocado en un hechizo de fortificación como Duro, cuantos hechizos podían lanzar a la puerta en un minuto, la cantidad de runas… no era bueno.
–Ron, no va a funcionar, con el poder que tenemos y la manera en la que estás tallando, sólo nos va a dar una media hora.
–Hermione, sólo necesitamos una media hora.
–Pero...
–¡Hermione, no todo tiene que ser una E perfecta! –dijo Ron sobre ella–. Lo único que necesitamos es que aguante lo suficiente para poder escapar. Es todo. No necesitamos una calificación perfecta en la tarea. Ahora, ¿vas a quedarte ahí quejándote o vas a hacer algo útil?
Hermione observó a Ron sin habla. Quizás no ocurría con frecuencia, pero Ron la impresionaba a veces. Abrió la boca, la cerró, la abrió de nuevo, la cerró otra vez, y finalmente encontró las palabras.
–De acuerdo, seis minutos y medio. Tengo una idea también. Necesito una cuerda… algo fuerte, pero flexible y preferiblemente sin ser transformado.
–Debe de haber algo por aquí –dijo Black–. Accio cuerda. –Unos segundos después, un carrete de cordel voló hacia sus manos y se lo entregó. Lo examinó y lo encontró en buena condición.
–¡Listo! –dijo Ron–. Comiencen a lanzar hechizos. ¡Duro!
Lupin, Black, e incluso Harry y Ginny comenzaron a lanzar hechizos a la puerta para fortificarla, pero Hermione estaba ocupada terminando su propia idea.
–Dobby, asegúrate que esas cuerdas se queden en él –dijo, señalando a Pettigrew. Entonces, enredó el cordel una vez alrededor de su muñeca izquierda, y apuntó su varita hacia este–. Lapsu Nodum Strictus. –El cordel se ató en un simple nudo y se apretó, pero el truco del hechizo llegó cuando movió su varita, y la tensión se incrementó. Apretó el nudo hasta que comenzó a sentirse incómodo, y cuando liberó el hechizo, descubrió que cuando intentaba aflojarlo, se apretaba de inmediato de vuelta a la misma tensión.
–Sí, lo logré a la primera –dijo. De inmediato procedió a atar el cordel alrededor de las muñecas de Pettigrew, amarrándolas a su espalda y atándolo a ella–. Lapsu Nodum Strictus. Lapsu Nodum Strictus.
–De acuerdo, eso debería aguantar –dijo Black al otro lado del cuarto, y dejaron de lanzar hechizos a la puerta–. ¿Qué hiciste, Hermione?
–Es un nudo que se aprieta solo –dijo–. Ahora, si se transforma, el cordel lo mantendrá atado… y probablemente disloque sus brazos. –Pettigrew tembló. Black elevó sus cejas.
–¿Dónde aprendiste ese hechizo?
–Lo acabo de inventar.
Las cejas del hombre se elevaron aún más, y miró a Lupin para confirmarlo.
–Es fácilmente la igual de Lily, Sirius –dijo Lupin–. Y en Aritmancia, la mejor que Septima Vector ha visto. Tomará su TIMO el próximo mes… ¡cinco minutos! Tienen que irse. Llévate mi varita, devuelve a Harry y a Ginny las suyas, y cierra la puerta detrás de ustedes.
–De acuerdo. ¡Vámonos! ¡A prisa! –dijo Black. Los cuatro estudiantes y Dobby lo siguieron. Hermione jaló a Pettigrew de la correa improvisada mientras que Harry ayudaba a Ron para que tuvieran tres piernas buenas entre los dos. Cerraron la puerta reforzada y bajaron las escaleras.
–Dobby –dijo Hermione–, ve con el profesor Dumbledore. Dile que Peter Pettigrew está vivo, Sirius Black es inocente, y los estamos llevando a los dos al castillo. Y tiene… entre veintisiete y cuarenta y dos minutos antes de que Lupin escape de la casa de los gritos.
–¿Está segura de que está a salvo aquí, señorita Hermione? –dijo Dobby con preocupación.
–Tan a salvo como puedo estar en esta situación. Necesitamos la ayuda de Dumbledore.
–Sí, señorita. –El elfo desapareció.
–Hermione, amárrame a Pettigrew también –dijo Ginny cuando llegaron al túnel.
–¿Qué? ¿Estás segura? –respondió.
–No quiero que escape. "Scabbers" mordía todo, pero no puede morder dos cuerdas con rapidez.
–De acuerdo. –Hermione lanzó su hechizo para amarrar a los tres juntos mientras corrían–. Ron, ¿qué estás haciendo? ¡Tenemos que irnos!
–¡Un segundo! –Ron se quedó atrás del grupo, se agachó, y escribió una línea en el suelo. Entonces, se arremangó y escribió la misma línea con lodo en su brazo antes de agitar su varita–. Bliviklet. Listo, ¡vámonos! –Corrieron de nuevo y explicó–. Lunas enlazadas, ¿recuerdan? Son buenas para monitorear. Cuando se rompa, sabremos que Lupin escapó.
Hermione fue dejada sin habla de nuevo.
–Ron, ¿cómo es que se te ocurre todo esto? –dijo.
–Soy bastante lógico para hacer cosas rápidas con el mínimo de esfuerzo –respondió con orgullo.
Hermione estaba tan feliz de estar en la oscuridad ya que se sintió sonrojarse con vergüenza. Había acusado a Ron de muchas cosas similares en los últimos tres años, usualmente justo después de que la había llamado sabelotodo. Aparentemente, su flojera era útil de vez en cuando… muy de vez en cuando.
Con la runa de advertencia, se sintieron lo suficiente cómodos para alentar el paso a una caminata rápida en la que era menos probable que se tropezaran, y menos probable que Ron se colapsara. A una tercera parte del túnel, escucharon un fuerte golpe detrás de ellos. Lupin se había transformado. Pero después de varios golpes, parecía que la puerta aguantaría.
–¡Oh, no! ¡Crookshanks! –exclamó Hermione de repente–. ¡Aún sigue ahí!
–Estará bien –dijo Black rápidamente–. Los hombres lobo no atacan a los animales. Quizás lo mantenga ocupado un poco.
–Oh.
–Tu gato ha sido mi mejor amigo en la escuela –agregó–. Muy inteligente. Podía comunicarme con él un poco en forma canina. Le pedí que me trajera a Peter, pero no pudo hacerlo.
–¿Qué? ¿Por eso estaba tras él todo el tiempo? –exclamó Ron.
–Claro. Los gatos normalmente no se prenden tanto de una rata. Eso sería ridículo.
–Merlín, debió saberlo desde el principio –dijo Ron–. Es por eso por lo que lo atacó en la tienda. Hermione, en verdad lamento todo. Crookshanks es más inteligente que todos.
–No tenías manera de saberlo, Ron… –comenzó ella.
–No, es en serio. –Indicó a Harry que se acercara más a ella. Se le estaba acabando el aliento por el esfuerzo–. Te he tratado de lo peor todo el año, y todo el tiempo tú sólo estabas tratando de ayudarnos. Quiero decir, pensé que me agradaba este pervertido, pero no lo merecías cuando estabas asustada y te estábamos ignorando. Quiero decir, los gemelos tuvieron que encontrarte. Yo ni siquiera te busqué.
–Sólo los gemelos podían encontrarme –murmuró.
–Bueno… aún así tenías razón. Yo fui un tonto.
–¿Como siempre? –dijo Ginny.
–Ginny, no arruines mi momento. Mira… nos has ayudado a salir de muchos problemas... Supongo que debí… hablar contigo en lugar de sólo gritar.
–Eso… es muy maduro de tu parte, Ron –respondió Hermione con sorpresa–. Y… gracias.
Más vale tarde que nunca de todos modos. Sólo espero que sea un cambio permanente.
–Sí, yo también lo siento, Hermione –dijo Harry–. Siempre has estado ahí para mi cuando te necesito, pero no estaba prestando atención cuando tú lo necesitabas.
–Bueno, sí me ayudaste con el encantamiento patronus, Harry, pero gracias.
–Pues… cuando Crookshanks no pudo capturar a Peter, logró obtener las contraseñas para la torre –dijo Black, retomando la conversación con incomodidad–. Un niño las tenía en su mesita de noche. –Hermione soltó un grito ahogado.
–Así que Neville no las perdió en la lavandería… ¡Tú eres la razón por la que se metió en tantos problemas!
–Lo siento –dijo Black–. Cuando sea exonerado, escribiré a su abuela para que le quite cual sea que fue el castigo terrible que le dio.
Se apresuraron, los golpes detrás de ellos recordándoles que tenían prisa. Aunque ahora que se sentían un poco a salvo, Hermione tomó el valor de hacer la pregunta que aún no comprendía.
–¿Sr. Black? –dijo.
–Por favor, llámame Sirius –murmuró.
–Sirius… si no te molesta decirnos, ¿cómo escapaste de Azkaban?
Sirius tembló un poco.
–Azkaban es un lugar terrible, terrible –dijo–. Es una fortaleza oscura en una isla inmarcable en el mar del norte. Al Ministerio le gusta pensar que es a prueba de escapes, pero el punto débil son los guardias.
–¿Los dementores? –dijo Hermione con incredulidad.
–Sí. ¿No se te ocurriría, verdad? Pero los dementores son ciegos. Rastrean por las emociones, y no pueden detectar a animales tan bien. Los humanos casi no interactúan con los prisioneros. La mayoría se vuelven locos, pero yo tenía mi inocencia de la cual sostenerme. No era un pensamiento feliz, así que no podían quitármela. Por doce años permanecí ahí. Yo… pensé que me lo merecía… pero entonces vi esa foto, y tuve que escapar. Fue bastante simple de hecho… casi morí, pero fue simple. Estaba muy delgado… incluso más delgado como Canuto. Una noche me escabullí cuando entregaron mi cena y logré pasar entre los barrotes hasta la puerta principal. Entonces, nadé a la orilla. Honestamente, me sorprende haberlo logrado, pero aquí estoy.
–¿Y porqué se convirtieron tú y mi papá en animagos? –preguntó Harry.
–Descubrimos el secreto de Remus en nuestro segundo año. Transformarse solo es más difícil para un hombre lobo. Comienzan a morderse y rasguñarse a sí mismos cuando están encerrados… bueno, muchos animales hacen eso, pero es especialmente malo para ellos. Así que nos convertimos en animagos para hacerle compañía y dejarlo salir un poco ya que estaríamos a salvo como animales. Nos tomó tres años, y es un milagro que no salió terriblemente mal, pero bueno, éramos jóvenes y atrevidos.
–Me sorprende que no le dijeron al profesor Dumbledore –dijo Hermione.
–Sí, a mi también, de hecho, pero eso tendrás que hablarlo con él. Me desvié un poco para intentar acercarme a ti, Harry, pero siempre había muchas personas alrededor.
–Te vi –dijo Harry–. En Privet Drive, y después en el partido de quidditch… ¿Tú enviaste la saeta de fuego, no es así?
–Claro. Sólo lo mejor para mi ahijado. Me alegra que McGonagall te dejara conservarla. No estaba seguro de que lo haría. Vuelas muy bien… tú también, Ginny.
–Eh, gracias –dijo Ginny, sonrojándose.
–¿Y qué de ti, Hermione? –continuó–. Imposiblemente buena en aritmancia es una cosa, ¿pero cómo es que una hija de muggles obtiene un elfo de familia antigua? ¿Y por qué estaba usando ropa?
–Oh, ese es Dobby. Harry y yo engañamos a Lucius Malfoy para que lo liberara el año pasado y lo contraté con paga.
La quijada de Sirius cayó, y entonces sonrió ampliamente.
–Hermione, creo que estoy enamorado.
–Tendrás que ponerte en fila detrás de Fred y George –dijo ella.
Sirius se rió… una risa débil y rasposa, pero una risa.
–Y de respuesta rápida. Creo que te hubieras llevado bien con nosotros cuando estábamos en la escuela.
–Gracias… creo… Así que, si sabías lo que ocurrió con Pettigrew, ¿por qué no lo revelaste durante tu juicio?
–¿Qué juicio? Nunca tuve un juicio.
–¡¿Qué?! –gritó Hermione–. ¡¿Quieres decir que envían a la gente a la cárcel sin juicio en este país?!
Todos dieron un nervioso paso atrás para alejarse de Hermione.
–Se supone que no –dijo Sirius–. Probablemente se suponía que debían de darme un juicio, pero estaban tan seguros de que lo hice que nunca regresaron por mi. Para ahora, probablemente se les olvidó que nunca levantaron cargos. Bueno, no es importante. Lo aclararemos pronto –dijo esperanzado–. De hecho, Harry, comprendería si aún quieres vivir con tus tíos, pero… legalmente, podré obtener tu custodia… si tu quisieras… un hogar diferente...
–¿Estás bromeando? –exclamó Harry entusiasmado–. ¿Dejar a los Dursley! ¡Claro que quiero! ¿Tienes una casa? ¿Cuándo me puedo mudar?
–¿Es en serio Harry?
–¡Sí, en serio!
Hermione sonrió a pesar de sí misma. Si algún día ponía sus manos en quien sea que haya negado a Sirius un juicio… pero alejó la idea de su mente. Parecía que las cosas finalmente estaban mejorando para Harry. Eso era lo importante.
Llegaron al final del túnel y Sirius se estiró y apretó el nudo para inmovilizar al sauce boxeador. Escalaron, se alejaron de las ramas, y comenzaron a caminar hacia el castillo.
Y entonces, el buen humor de Hermione desapareció, y un terror congelante descendió. Conocía bien la sensación ahora.
–Oh, no. –Alentaron sus paso y miraron a su alrededor, y la visión con la que se encontró se sintió como una lanza de hielo en su corazón–.Oh, por favor Dios, ¡no!
Docenas de dementores, probablemente todo el contingente en los terrenos, estaban volando hacia ellos desde todas las direcciones. Recordó lo que el profesor Dumbledore había dicho al comienzo del año: dementores no eran criaturas sutiles. Habían sido ordenados a dar el beso a Sirius Black en cuanto lo encontraran, y nada los alejaría de su presa… ciertamente no palabras, ni el hecho de que era inocente, si eran capaz de comprenderlo. Probablemente también besarían al que se interpusiera.
–¡CORRAN! –gritó.
–¿A DÓNDE? –gritó Ron.
Tenía razón. Estaban rodeados. Sirius sostuvo su cabeza y cayó sobre sus rodillas. Pettigrew no podía hacer nada. Ginny parecía estar a punto de desmayarse, y Ron apenas y podía estar de pie. Los dementores se estaban acercando con rapidez.
–Harry, ¡tienes que lanzar tu patronus! –Levantó su propia varita y se enfocó lo más que pudo. Era más difícil con dementores reales acercándose a ella, chupando todos sus recuerdos felices… más difícil de lo que un boggart podía hacerle.
–¡Expecto Patronum! –gritó. Una niebla blanca salió de su varita, pero no más.
–¡Expecto Patronum! –gritó Harry. Su intento no fue mejor.
–¡Harry, por favor! –dijo ella–. Vas a liberar a tu padrino. No vas a tener que ver a los Dursley de nuevo. ¡Tienes que lanzar tu patronus!
–¡Expecto Patronum! –gritó Harry. Una niebla blanca salió de su varita y formó un escudo.
Vamos, Hermione, se dijo a sí misma. Vacaciones con mamá y papá, hablando con mis amigos. Vamos, lo has hecho antes, ¡lanza el hechizo!
–¡Expecto Patronum!
La luz blanca salió de la varita de Hermione. Se enfocó en ella, aferrándose a la luz como una línea de vida con todo su ser, desesperadamente intentando forzar más poder en su varita. Con tremendo esfuerzo, la luz creció más brillante, se unió, solidificó, y de repente, por primera vez, tomó forma.
Enfrente de ella se encontraba una brillante nutria plateada.
–Vaya –susurró.
Su patronus retozó, dio vueltas, y la rodeó en el aire, lista para atacar a los dementores en cualquier dirección. Mirando a Harry, se asombró ante la visión. Detrás de él se encontraba un orgulloso y majestuoso ciervo plateado.
–Cornamenta –respiró Sirius–. No puedo creerlo.
–Gracias, Lunático –dijo Harry, apretando sus dientes por el esfuerzo.
–Eh, ¿chicos? –Ron señaló fuera del círculo. Lo dementores estaban avanzando. Los patronus temblaron cuando Harry y Hermione comenzaron a sentir el agotamiento. Había demasiados dementores.
–¡Permanezcan juntos! –gritó Harry. El grupo se acercó más para que los patronus pudieran rodearlos a todos. Ginny se sentó sobre Pettigrew, y Hermione tuvo que caer al suelo y prácticamente estaba sobre ella. Harry jaló a Ron y Sirius más cerca de él, apenas pudiendo estar de pie.
–¡Ayuda! –gritó Ginny–. ¡Quien sea! ¡Ayuda! ¡Dementores!
–¡Dobby! –gritó Hermione.
¡Pop!
–Señorita Hermi…. ¡AHHH!
–¡Dobby, no! –¡Estúpida! Su abuso lo está afectando–. ¡Dobby, no! ¡Vete! ¡Ve por Dumbledore! –Pero Dobby tembló en sus pies antes de desmayarse a su lado. Entonces, la luz de los patronus parpadeó y sintió el frío congelante aún más cerca. Los dementores estaban sobre ella, presionando para avanzar. Hermione cambió de posición, protegiendo a Ginny y a Dobby con su cuerpo y colocando su brazo izquierdo sobre su boca. La nutria plateada palideció y se volvió casi transparente y flotó sobre ellos. Apenas y podía ver al ciervo de Harry parpadear mientras intentaba proteger a Ron, a Sirius, y a él mismo. ¡Mis amigos no! Rogó en silencio. ¡Ginny no! ¡Ron no! ¡Harry no! ¡Sirius no! Harry finalmente encontró una familia; ¡no pueden quitársela ahora! Vamos, vamos, vamos… vacaciones con mamá y papá, tiempo con mis amigos, ayudando a otros en aritmancia, molestando a Malfoy… Mantuvo su patronus, pero apenas. La nutria se sentó sobre su pecho, bufando con fuerza, casi desvaneciéndose.
El dementor más cercano se inclinó, y para su horror, se quitó su capucha. Tenía un rostro arruinado: sin ojos o nariz, sólo piel con manchas y escamas grises. Lo único que había era una boca, pero incluso eso no era una boca, sino un agujero sin forma. El aliento del demonio sonaba como un fumador muriendo de enfisema; olía como un cuerpo pudriéndose; se sentía como un viento helado.
¡NO! ¡Mis amigos no! ¡No puedo perderlos! Continuó luchando, y de algún modo, la nutria mantuvo su forma, pero el monstruo se acercó más y colocó una mano helada sobre el brazo de Hermione. Dolor atravesó su cuerpo. Su mano se sentía como si la hubieran sumergido en agua helada, y peor. Quemaba en frío, y no podía aguantar más. Lloró en agonía mientras mantenía sus dientes apretados, y en sus oídos, escuchó a Tom Ryddle burlándose de ella. Sabía que su patronus fallaría en cualquier segundo y estaría acabada. Y entonces...
–¡EXPECTO PATRONUM!
Se escuchó un breve zumbido, y entonces, ¡BAM! El dementor fue lanzado lejos de ella por una luz blanca cegadora. Escuchó un grito, pero no era humano. Los dementores se alejaron en la presencia de una luz imposiblemente brillante… una luz que irradiaba calor y seguridad y alejó el agarre helado en el mundo.
Hermione se sentó con algo de esfuerzo y miró a su alrededor. A través de las estrellas en sus ojos, vio formas borrosas reincorporándose del suelo, y… sí, tres de… Harry, Ron, y Sirius.
–¿Ginny? –preguntó preocupada.
–Aún aquí –gimió la joven.
–¿Dobby?
–Dobby lo sentirá en la mañana –chilló el elfo con debilidad.
–Lo siento, Dobby. ¿Pettigrew?
Ambas niñas se dieron la vuelta y revisaron al traidor. Mientras su visión se aclaraba, vieron a Pettigrew inmóvil en el suelo, mirando a la nada.
–¿Está fingiendo? –dijo Ginny.
–No lo sé… –Hermione tenía miedo. No sabía lo que ocurriría si Pettigrew había sido besado–. Patéalo en su entrepierna de nuevo.
Pettigrew era buen actor, pero con esa amenaza, tembló un poco.
–Vaya. Aún vivo y con lo que pasa por un alma –murmuró. Miró a su mano y se sintió mareada. Su mano entera tenía un tono azul y aún le dolía. El toque del dementor le había causado que se congelara. Ni siquiera podía soltar y guardar su varita. Lo bueno era que el dolor quería decir que seguía viva.
Parpadeó de nuevo para alejar la imagen del patronus, y levantó la mirada para ver al profesor Dumbledore corriendo hacia ellos desde el otro lado de los terrenos. Lucía furioso, lo cual era una visión tan aterrorizante como había sido durante el partido de quidditch.
–¡Cornelius, te dije que alejaras a los dementores! –bramó. Un hombre detrás de él con un bombín color verde lima tembló.
–¡Oh, profesor, gracias a Dios! –llamó Hermione, y entonces, la escena descendió en una cacofonía de ruido.
Ginny gritó. Pettigrew se había dado la vuelta y había tomado su varita con sus manos aún atadas. Hermione vio en un parpadeo que tenía su espalda al grupo, y estaba apuntando su varita al suelo, y varias ideas cruzaron su mente de manera tan rápida que no podía articularlas.
Dumbledore estaba a segundos de capturar a Pettigrew, dejándolo con solo una oportunidad para escapar.
Pettigrew sabía que había enviado a Dobby a decir la verdad a Dumbledore.
Pettigrew ya había escapado de captura certera una vez hace doce años… de manera muy violenta.
El mundo se movió de nuevo cuando Sirius gritó algo que no pudo comprender. Entonces, Pettigrew gritó:
–¡Fracassa Veloci!
Hermione actuó:
–¡Spongify! ¡AHHH!
¡BUUM! ¡CRACK!
Se escuchó el ruido como de un cañón, y todos fueron lanzados al suelo por Pettigrew, incluyendo el Ministro de Magia. Hermione sintió como si hubiera sido golpeada por un camión de bomberos, y su brazo congelado la hizo sufrir por el dolor y esfuerzo de un sencillo encantamiento de primer año.
Sabía que tenía menos de un segundo antes de que todos murieran por la fragmentación de la maldición granada. Probablemente Pettigrew creyó que podría escapar si las personas atándolo estaban muertas, y si se llevaba a Dumbledore también, mejor. Pero ella sabía lo que el hechizo hacía e hizo lo único que pensó: lanzó un encantamiento para ablandar al suelo. Entonces, en lugar de ser atacados por metralla, los fragmentos se desintegraron, y aunque fueron lanzados lejos, seguían vivos.
Pettigrew se dio la vuelta, aún atado al cordel y cuerdas, aparentemente mareado y confundido porque la maldición no los había matado. Sus ojos mostraron su furia, y parecía listo para atacarlos con algo peor, pero Hermione ya estaba lista. Arrebató su varita de su mano congelada, la sostuvo con su mano izquierda sin pensar en las consecuencias, la apuntó al rostro de Pettigrew, y gritó:
–¡CHIROPTERA MUCOSA!
En retrospectiva, un Expelliarmus hubiera sido una mejor elección, pero fue efectivo. Quizás muy efectivo. Incluso Hermione miró con horror cuando un murciélago no logró salir de la nariz de Pettigrew. En su lugar, cayó al suelo, tosiendo y retorciéndose, y docenas de escarabajos negros enormes salieron de su boca. Aparentemente, realizar hechizos con su mano izquierda no funcionaba tan bien.
–¡Desmaius! ¡Desmaius! –Dumbledore estaba de pie de nuevo y rayos de luz roja golpearon tanto a Sirius como a Pettigrew, causando que ambos cayeran inconscientes. Los escarabajos continuaron saliendo de la boca de Pettigrew lentamente, ocasionando que roncara de manera escalofriante.
–¡NO! –gritó Harry–. ¡ES INOCENTE!
–¡Es cierto profesor!
–¡Lo escuchamos todo!
–Les prometo que los interrogaremos –los interurmpió Dumbledore–. ¿El profesor Lupin aún sigue en la casa de los gritos?
Ron removió su manga y revisó la marca en su brazo. Aún era legible.
–Eh, sí, por ahora –dijo–. Coloqué una runa de advertencia.
–Muy bien pensado, Sr. Weasley –dijo Dumbledore. Sacó cuatro barras de chocolate de su túnica y las entregó a los cuatro niños–. ¿Están todos bien?
Hermione elevó su mano congelada. Ron señaló su pierna rota. Harry tenía una mancha helada en su manga, pero su mano no parecía congelada.
–Madame Pomfrey se encargará de eso –les dijo Dumbledore–. Coman, rápido.
Hermione colocó la barra de chocolate entre sus dientes para sostenerla y rompió la esquina con su mano buena. Entregó la esquina a Dobby, quien estaba temblando a sus pies, antes de dar una gran mordida. Le sorprendió lo mucho que el chocolate ayudaba. No hubiera pensado que las endorfinas serían tan fuertes.
–Profesor, ¡tiene que escucharnos! –rogó Harry–. Sirius Black es inocente. Peter Pettigrew...
–Lo se, Harry. Dobby me lo dijo todo –interrumpió Dumbledore–. Me aseguraré de que todo esto sea arreglado. Sin embargo, el Ministro...
–Albus, ¿qué demonios fue eso…? –dijo Cornelius Fudge mientras se acercaba a ellos. Se detuvo cuando vio a los dos hombres inconscientes–. ¡Por la barba de Merlín! ¡Es Pettigrew!
–Es cierto, Ministro –dijo Ron–. Es un animago. Ha estado escondiéndose como Scabbers por doce años.
–También era el guardián del secreto –agregó Hermione–. No dijeron a nadie que habían cambiado.
–Pettigrew usó ese hechizo… –comenzó Harry.
–¡AH! ¡NO! –interrumpió Ron. Elevó su brazo. La runa de advertencia se había convertido en una mancha de lodo.
–¿Qué ocurre, Sr. Weasley? –dijo Dumbledore.
–¡Lupin acaba de liberarse!
–¿Qué? –dijo Fudge–. ¿De qué estás hablando?
–Un hombre lobo estará aquí en unos minutos, Cornelius. No temas, yo lo detendré. Todos deben de regresar al castillo de inmediato. Vayan a la enfermería. Dobby, ve por otro elfo para que te ayude a levitar a estos dos...
–Lo tengo, profesor –dijo Hermione–. ¡Sonya!
¡Pop! Ya que estaban de vuelta en los terrenos y su turno había acabado, Hermione sabía que podía llamar a su otra amiga elfina.
–Señorita Hermione… ¡Ah! ¡Sirius Black! –lloró.
–No, está bien, Sonya. Te explicaré después. Ayuda a Dobby con estos dos. ¡Tenemos que regresar al castillo!
Los dos elfos levitaron a los magos inconscientes, y todos corrieron colina arriba. Pero los elfos no eran tan rápidos con sus piernas cortas, así que Hermione cargó a Dobby y lo dejó que se sostuviera en su espalda y de su cuello.
–Ginny, lleva a Sonya –dijo. Debían de lucir muy extraño: cuatro niños, con dos elfos sobre sus hombros, el Ministro de Magia, y dos criminales inconscientes corriendo colina arriba hacia el castillo. Harry y Ron eran los más lentos del grupo, especialmente en terreno difícil. Ginny movió a Sonya para poder ayudar a su hermano con su otro brazo. Mientras tanto, Dobby hablaba a toda velocidad, intentando explicar a Sonya lo que estaba ocurriendo.
Cuando llegaron al patio de la torre del reloj, repentinamente escucharon un aullido seguido de una serie de gritos y rayos de luz roja, y después hubo silencio.
Se detuvieron para respirar. Parecían estar a salvo por el momento.
El Ministro observó a los dos prisioneros con asombro.
–¿Lo capturaron? ¿En verdad capturaron a Sirius Black?
Hermione se dio la vuelta para enfrentarse al hombre. Lucía igual que cuando lo había visto en las Tres Escobas: un hombre bajo y gordo, con un bombín color verde lima y el aire de un político. Y entonces, con el calor de la batalla disipado, la ira de Hermione encontró un escape.
–¡USTED! –gritó histéricamente, corriendo hacia él y acercándose bastante a su rostro. Fudge dio un nervioso paso atrás–. ¡¿QUÉ DEMONIOS ESTABA PENSANDO COLOCANDO DEMENTORES ALREDEDOR DE UNA ESCUELA?! ¡NO NOS MANTUVIERON A SALVO! ¡HUBIERAN BESADO A LOS CUATRO JUNTO A BLACK SI DUMBLEDORE NO HUBIERA LLEGADO! ¡¿Y SI HUBIÉRAMOS SIDO REHENES?! ¡CASI PERDÍ MI ALMA POR SU INEPTITUD! ¡HARRY POTTER CASI PERDIÓ SU ALMA! ¡DESPIERTE, FUDGE! ¡NO PUEDE USAR DEMONIOS DEL INFIERNO COMO GUARDIAS CUANDO NO PUEDEN DISTINGUIR ENTRE LOS CULPABLES Y LOS INOCENTES!
–¡SEÑORITA GRANGER!
Se detuvo y se dio la vuelta de nuevo. Dumbledore estaba de regreso.
–¡Dumbledore, controla a tu estudiante! –gritó Fudge–. ¡Se ha vuelto loca!
–Señorita Granger, por favor tranquilícese –dijo Dumbledore–. Necesitas descansa hasta que esté más tranquila.
Hermione dio un salto atrás, horrorizada por lo que había hecho, aún si era merecido.
–Lo siento, profesor –dijo mirando a sus pies–. No sé que me pasó. Después de todo lo ocurrido esta noche… Perdí el juicio.
–Lo entiendo, señorita Granger. Has pasado una experiencia traumática. Reduciría puntos por gritar al Ministro, pero tendría que devolverlos por tu ejemplar uso de la magia. Y Cornelius, aún si no apruebo del método de la señorita Granger, tiene un buen punto. Te advertí de los peligros de colocar a los dementores aquí.
–Y yo te dije que era la mejor manera de encontrar a Black –dijo Fudge con tono imperioso–. Y funcionó, ¿no es así? Encontramos a Black.
–Y los dementores también intentaron besar a cuatro niños inocentes –dijo–. Lo viste. Si la señorita Granger y el Sr. Potter no hubieran demostrado una extraordinaria hazaña para estudiantes de tercer año utilizando un encantamiento patronus, como viste, el Niño Que Vivió no tendría su alma en este momento. –Fudge palideció.
–Pues, ese es… un problema serio, sí –dijo nervioso–. Ellos, eh, tendrán que sufrir las consecuencias. Aunque no pudo haber estado tan cerca –dijo al instante–. No estoy convencido de haber visto un patronus además del tuyo, Albus. Pero… no es importante. Ahora que tenemos a estos dos, ya no necesitamos a los dementores. –Señaló a Sirius y Pettigrew.
–Además –continuó Dumbledore sobre la objeción de Fudge–, no fueron los dementores quienes encontraron a Black, sino la señorita Granger y sus amigos en lo que estoy seguro es una historia muy interesante. Parece que Sirius no es tan culpable como lo hemos pensado.
Fudge no se rió de la broma del director.
–¿La palabra de un elfo, Albus? –dijo Fudge con escepticismo–. Debes saber que no vale nada en corte.
–¿Qué? –siseó Hermione con sorpresa. Dobby sólo sacudió su cabeza cuando lo miró.
–Pero debes admitir, Cornelius. Con Pettigrew vivo, es claro que no comprendemos por completo lo que ocurrió el primero de noviembre de 1981. Eso por sí solo debería ser suficiente para cancelar la orden del beso en lo que se lleva a cabo una investigación exhaustiva en ambos individuos.
–Albus, no puedes pensar que Black es inocente –respondió Fudge–. Yo mismo lo vi riéndose en medio de la calle, y ahora es claro el porqué. Estos dos estaban trabajando juntos.
–¡NO! –gritó Harry. Soltó a Ron, quien se tambaleó y se recargó en Ginny, y corrió hacia Fudge.
–¡Ministro, escuche! ¡Sirius Black es inocente! ¡Pettigrew lo hizo todo!
–Claramente debió ser una conspiración. Tú mismo dijiste que Black tenía un aliado, Albus.
–¿Un aliado? –dijo Hermione con confusión–. Oh, no, la profecía. ¿Piensa que Black es el segundo sirviente? ¡No lo es! ¡Es completamente inocente! ¡Nunca trabajó para Voldemort!
–¡Ah! Suficiente, niña –dijo Fudge–. Dejé que continuaras porque claramente estás traumada y posiblimente recibiste un Confundus, pero...
–¡NADIE ME CONFUNDIÓ! –gritó–. ¡SIRIUS ES INOCENTE!
–Señorita Granger, por favor –dijo Dumbledore con voz calmante–. Se que escuchaste las palabras de la profecía de tus amigas. Habló de dos sirvientes. ¿Cómo la interpretas?
Hermione respiró profundamente, determinada a no explotar de nuevo sin importar lo fastidioso que era Fudge.
–No lo sé, señor, pero… pero atrapé a Pettigrew con un hechizo que yo inventé –dijo, y las cosas comenzaron a tomar sentido–. Eso lo haría el sirviente "atado por hechizos desconocidos". Profesor… ¿cree que lo que dijo la profesora Trelawney es una profecía real?
–Sí lo creo… la segunda en su carrera. Quizás debería darle un aumento. Pero por favor, continúa.
–Pues… el otro sirviente se supone que escapará antes de la medianoche… Claro. Sólo deben de mantener a Sirius capturado hasta la medianoche, y eso probará que él no es el otro sirviente. Es bastante sencillo. No creo que el que escapa estuvo aquí en primer lugar.
Dumbledore lucía serio ante la noticia.
–Muy bien. Mantendremos a Black asegurado hasta la medianoche. Cornelius, puedes por supuesto traer a aurores para interrogarlo.
–¿En verdad crees que es necesario?
–Ministro, lo único que tiene que hacer es interrogar a Pettigrew con Veritaserum… –dijo Harry.
–De una vez interróguelos a ambos –agregó Hermione.
Dumbledore lanzó una mirada penetrante al Ministro. Sus ojos no estaban brillando.
–Eso no debería ser un problema, no es así, Cornelius –dijo–. Solo puede revelar la verdad. Quieres ser conocido por defender la justicia, por supuesto.
Hermione supuso que no era un buen momento para mencionar el hecho de que Sirius nunca había recibido un juicio, así que mantuvo la boca cerrada.
–Oh, muy bien, Albus –gruñó el Ministro–. Enviaré por un interrogador al instante. Y suspenderé la orden de beso, pero te digo que es una pérdida de tiempo… –Caminó, quejándose con nadie en particular.
–Muy bien –dijo Dumbledore–. Ahora, en verdad deben de ir a la enfermería. Les aseguro que tanto Black como Pettigrew serán interrogados, y como Jefe de Magos, me aseguraré de que la justicia sea servida para ambos. Si en verdad están diciendo la verdad sobre todo, podré calmar las cosas con el Ministro pronto.
Muy aliviados, los cuatro se tambalearon a la enfermería con Dumbledore levitando a Sirius y Pettigrew detrás de ellos.
–Gracias, profesor –dijo Harry cuando recuperó el aliento.
–Sí, gracias –agregó Hermione. Sintió el cansancio sobrellevarla mientras la adrenalina se desvanecía, y esperaba poder llegar a la enfermería por sí sola–. Malditos dementores –murmuró para sí misma–. Que se pudran y regresen al infierno donde pertenecen… Por Dios, el Ministro podría matar a alguien por puntos políticos… –Se calló, no queriendo decir en voz alta lo que estaba pensando: comenzaba a preguntarse si en verdad quería quedarse en Gran Bretaña. Se había prometido a sí misma que no huiría más, pero entre esas dos cosas, no estaba segura si alguien en el país en verdad estaba a salvo, y eso era sin contar la cosa terrible que seguramente ocurrirían el próximo año.
–Por Merlín –dijo Madame Pomfrey cuando vio al grupo de pacientes entrar a la enfermería, cojiendo, sosteniendo sus brazos y piernas, y cubiertos de lodo–. ¿Qué ocurrió?
–Dementores –dijo Ginny.
–¿Dementores de nuevo? ¿Exposición seria, asumo?
Hermione murmuró algo.
–¿Qué fue eso, señorita Granger?
Hermione apenas pudo hablar lo suficiente en alto para que la escuchara.
–Dije que lo suficiente cerca para ver sus rostros.
Madame Pomfrey palideció.
–Chocolate… –Los cuatro estudiantes mostraron sus barras de chocolates a medio comer–. Bien. Bien.
–Madame Pomfrey, mi mano… –Hermione se la mostró, con algo de dolor. Su falta de adrenalina también estaba dejando que el dolor regresara.
–Por la barba de Merlín, ¿te tocó? –exclamó la medimaga–. Recuéstate, recuéstate, rápido. Sr. Weasley, iré contigo en un momento. Señorita Weasley, ¿puedes sostener su otro brazo? –Convocó un tazón a la mesita de noche y sostuvo su mano sobre este–. Lo siento, señorita Granger. Aguamenti.
Hermione gritó en agonía. Su mano se sentía como si estuviera en fuego mientras el agua caía sobre ella. Se movió donde estaba acostada, pero Madame Pomfrey y Ginny la sostuvieron con fuerza.
–¿Qué le están haciendo? –gritó Ron. Él y Harry se levantaron y comenzaron a acercarse.
–Quédense donde están, ustedes dos –advirtió Pomfrey–. Todo está bien, Granger. Solo es agua tibia, pero necesito calentar tu mano de inmediato. Contacto directo con dementores puede causar daño serio si no es tratado. –Esperó hasta que Hermione dejó de moverse lo suficiente para sostener su mano dentro del tazón de agua y se alejó para atender a sus otros pacientes. Harry y Ginny solo necesitaban descansar, pero las múltiples mordidas de perro en Ron y su pierna rota necesitaban más atención. Finalmente regresó su atención a los dos hombres inconscientes, de los cuales uno aún continuaba escupiendo escarabajos.
–¡Sirius Black! –exclamó–. Lo capturaron y… ¡Por la barba de Merlín! ¿Peter Pettigrew? ¿Cómo?
–Es una larga historia, Poppy –dijo Dumbledore–. Por el momento, ¿puedes revertir el maleficio en él?
Madame Pomfrey intentó unos cuantos contrahechizos generales, pero ninguno funcionó.
–Mmm… Creo que te iría mejor que a mi, Albus. ¿Sabes qué maleficio es? –preguntó.
–Sonó como el maleficio de los mocomurciélagos –dijo Ginny.
–Lo dudo, señorita Weasley. Estos no son ni mocos y murciélagos.
–Lo fue –dijo Hermione avergonzada–. Lo lancé con la mano izquierda, y creo que lo arruiné. La garganta aún es una membrana mucosa… Pero no estoy segura porque escarabajos.
–Ah, de hecho, creo que ahora lo entiendo –dijo el profesor Dumbledore–. En Griego, "murciélago" es chiroptera mientras que "escarabajo" es coleoptera. No muy diferente. Si consideramos eso, debería ser sencillo desarrollar un contrahechizo. –Agitó su varita con un movimiento complejo que debía ser una contramaldición improvisada, y Pettigrew de inmediato dejó de toser. Los ojos de Hermione se abrieron ampliamente cuando lo vio. Tenía mucho que aprender antes de poder crear un arreglo para un hechizo arruinado tan rápido como ese–. Listo, ¿asumo que puedes con el resto, Poppy? –Madame Pomfrey asintió de inmediato y comenzó a limpiarlo.
–Bien. Dobby, Sonnitt, por favor informen a la profesora McGonagall y el profesor Flitwick que se reporten aquí de inmediato. Ellos serán capaces de asegurarse de que los animagos no escapen.
–Sí, profesor Dumbledore, señor –dijeron los elfos al mismo tiempo y desaparecieron.
Pero incluso antes de que esos dos profesores llegaran, Septima Vector se apresuró dentro de la enfermería.
–¡Hermione! –exclamó, caminando directo hacia su estudiante favorita–. ¿Estás bien? Fred y George están diciendo a todos los maestros que fuiste atacada por… –se detuvo cuando vio al hombre de cabello negro recostado sobre la cama cercana–. ¡Sirius Black! ¡Finalmente capturaron al asesino!
¿Qué? ¿Cómo? Hermione parpadeó con confusión al darse cuenta de lo atrasada que estaba su maestra en las noticias.
–Profesora Vector, yo… –levantó su mano congelada del agua y se sintió algo enferma. Ya no estaba azul, pero estaba roja y con bastantes ampollas.
–Tranquila, Granger –interrumpió Madame Pomfrey–. Necesitarás mantener la piel protegida mientras se cura. –Tomó la mano y, con un suave toque, comenzó a colocar una pomada en ella, y después la envolvió con vendajes antes de colocarla sobre su estómago.
–Profesora, no es lo que parece –dijo Hermione a Vector, quejándose un poco mientras la medimaga trabajaba. Señaló a la otra cama.
Vector soltó un grito ahogado de nuevo.
–¿Ese es Peter Pettigrew?
–Sí, profesora. ¿Recuerda cómo dije que la muerte de Pettigrew no tenía sentido?
Ahora Vector parpadeó con sorpresa. ¿Qué? ¿Cómo?
–¿Sí? –dijo–. Y… ¿Supongo que era porque no estaba muerto?
–Sí, profesora. Fingió su propia muerte con esa explosión. Apenas y lo detuvimos de hacer lo mismo esta noche. Sirius Black es inocente.
La boca de la profesora Vector permaneció abierta.
–Nosotros… eh… descubrimos cual de ellos decía la verdad, e inventé un hechizo para mantener a Pettigrew atado porque es una rata animago, y regresamos aquí… Pero entonces, cuando regresamos, los dementores...
Pero eso fue mucho. Mientras intentaba contar la historia, Hermione perdió la compostura por completo. Podía manejar las cosas mucho mejor que el invierno pasado, pero los dementores eran otro asunto. Rodeó a su maestra con su brazo bueno y lloró sobre su hombro.
–Lo siento –dijo con voz suave–. Fue horrible. Casi me hace querer ir a casa y no regresar.
–¿Hermione…?
–¡Vinieron tras todos! Los dementores. ¡Casi nos atraparon! Me hubieran besado si no hubiera logrado realizar un patronus...
Vector estaba atrapada entre el horror y el asombro.
–¿Realizaste un patronus?
–Sí, es una nutria...
–¿Realizaste un patronus corpóreo?
–Sí, y casi me agotaron antes de que Dumbledore llegara. Fudge está loco, colocando a esas cosas aquí. Y entonces Sirius… profesora, ¡Sirius nunca recibió un juicio! ¡Siento como si estuviera viviendo en una república bananera! ¿Estoy mal, profesora? ¿Acaso estoy mal por no estar segura de querer regresar el próximo año?
–Yo… –Vector apenas y podía comprender lo que estaba ocurriendo, y no tenía idea de que era una "república bananera", así que sólo rodeó a su estudiante con sus brazos intentando calmarla, teniendo cuidado de no lastimar su mano herida. Le tomó varios minutos de una explicación confusa de los amigos de Hermione y el director el comprender lo que había ocurrido, y Vector estaba furiosa al final. Si tuviera catorce años de nuevo, también hubiera gritado a Fudge por un rato. No solo parecía que un hombre inocente había pasado doce años en Azkaban sin recibir juicio y el verdadero asesino había pasado los últimos siete años viviendo en Hogwarts como una rata, pero los dementores habían intentado besar a cuatro niños, y fue solo gracias a los meses de esfuerzo de parte de Harry y Hermione para aprender el encantamiento Patronus (en el caso de Hermione, solo para alejar las pesadillas) que habían sobrevivido. Recordó su conversación en febrero, el horror existencial e incluso la posibilidad de la destrucción del alma. No había pensado mucho sobre el tema entonces, pero ahora, sintió que se enfermería.
–No lo sé, Hermione –dijo–. Se que quieres quedarte con tus amigos, pero te dije el otoño pasado que el mundo mágico de Gran Bretaña ya no es seguro, y si este tipo de… –Palabras como "incompetencia" y "corrupción" apenas y lo cubrían–. Y si este tipo de cosas ocurren aquí tres años seguidos… si la mejor seguridad que la magia puede ofrecer no puede mantener a un hombre alejado de esta escuela… quizás es hora de que te alejes… Honestamente, ni siquiera estoy segura de que decir a mi sobrina nieta, Georgina.
–Creo que me quedaré –dijo Hermione–. No quiero dejarla. No quiero dejar a Harry y Ron y Ginny y a mis otros amigos, pero es difícil. Es más difícil que antes… –Quedarse tendría un gran costo también. Sus padres nunca podían saber lo que había ocurrido. Tendría que pretender que todo había estado perfectamente bien este año si quería regresar.
En eco a través de los terrenos, el reloj marcó la medianoche. Dumbledore miró al aún durmiente Sirius por un momento y entonces, al ver que nada interesante ocurría, asintió con solemnidad.
–Bueno, la medianoche ha pasado sin problemas. Oh, y creo que bajo las circunstancias, los tres de ustedes están excusados de su clase de Astronomía. Parece que tenías razón, señorita Granger. Black no era el sirviente que que escaparía, ni el sirviente en los terrenos.
–Profesor, ¡la profecía dice que otro sirviente regresaría a Voldemort! –dijo Harry con preocupación.
–¿Qué? –exclamó Vector.
–Así es, Harry –dijo Dumbledore.
Cuando no elaboró, Harry continuó.
–Pues, ¿qué no es malo?
–Sí, muy malo, pero he sospechado por mucho tiempo que Voldemort regresaría algún día. No es un gran secreto. Aún tenemos algo de tiempo antes de que pueda actuar. De cualquier modo, creo que la pregunta más urgente es, ya que tenemos tanto a Black como a Pettigrew, ¿quién es el sirviente que escapó?
–¿Quién fue entonces, profesor? –preguntó Harry.
Dumbledore guardó silencio por un largo tiempo antes de responder.
–Quisiera saberlo.
Cornelius Fudge estaba preocupado. Ya tenía un escándalo en sus manos y posiblemente otro en camino. Era muy tarde para encubrir el desastre con los dementores; si se era honesto, nunca hubiera imaginado que atacarían niños. Y también estaba Black. Si resultaba ser inocente, sería desastroso para él. Podría culpar de mucho a Barty Crouch, claro, pero él había atestiguado en contra de Black hace doce años. Había sido un testigo principal, de hecho. Aún podía recordarlo… Black riéndose en la calle. Y ahora Dumbledore decía que no era la risa de un maniaco, si no un colapso nervioso.
Oh, como quisiera poder ocultarlo todo, pensó Fudge, pero no, Dumbledore ya estaba muy metido. Demandaría una investigación completa, y no aceptaría ningún error.
No, necesito actuar antes que él, pensó el Ministro, y de inmediato comenzó a planear. En cuando recibiera los resultados de la investigación, daría una conferencia de prensa disculpándose "de parte del Ministerio" por cualquier error y manipulando la historia lo más que pudiera a su favor. Entonces, si no era suficiente, mencionaría el hecho de que Dumbledore había contratado a un hombre lobo para distraer al público. Oh, y escribiría cartas personalizadas a las familias de los cuatro niños disculpándose por el comportamiento de los dementores. Al público siempre le gustaba ese tipo de basura personal que demostraba que les importaba y eso.
Notas del autor: Lapsu Nodum Strictus: del latín para "nudo atado en periodo".
Fracassa Veloci: basado en el latín para "romperse rápido".
