Harry Potter le pertenece a JK Rowling, esta historia a White Squirrel, etc., etc.

Notas del autor: No es el final de Hermione. Aún hay muchas circunstancias que podrían cambiar, y entonces, cuidado.

Notas de la traductora: Disculpen el retraso. Estaba de viaje de trabajo y hasta ahora tuve tiempo de editar el capítulo. Espero que lo disfruten!


Capítulo 58

Doce horas antes.

–¿Sr. Crouch? –dijo Bertha Jorkins mientras entraba a la antigua mansión–. Sr. Crouch, necesito su firma en la solicitud para transferir a los dragones. –No hubo respuesta. Eso era extraño. El viejo Barty debería estar en casa si su puerta estaba abierta–. Sr. Crouch, ¿está en casa?

Escuchó murmullos bajos provenientes de algún lugar en la casa. Su curiosidad creció y caminó en puntillas para investigar. Mientras se acercaba a una de las habitaciones pudo escuchar que los murmullos eran de dos voces, una suave y algo rasposa, y la otra chillona como la de un elfo doméstico.

–Y la Copa Mundial de Quidditch será en Inglaterra este año, señor –chilló el elfo doméstico.

–¿En verdad? –dijo la voz del hombre–. Debimos ofrecerles un brazo y una pierna para obtener eso –murmuró la voz del hombre. Se escuchaba adormilada y apagada, a pesar de su comentario sagaz–. Inglaterra no es el mejor lugar para mover a tantas personas.

Esa no era la voz del Sr. Crouch, pensó Bertha, y él ya sabía todo sobre la Copa Mundial. ¿Quién era y por qué estaba ahí?

–Eso sería agradable –continuó la voz apagada–. Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que vi un partido de quidditch.

–Quizás… quizás Winky podría preguntar a su padre si lo dejaría ir a la final. Usted es un buen niño, y puede estar escondido.

¿Su padre? Algo estaba mal. El hijo del Sr. Crouch había muerto hace mucho tiempo.

–Me gustaría eso, Winky. Es bueno tener una amiga aquí.

–Winky está feliz de ayudar, señor. He dicho a su padre que debería tratarlo mejor, amo Barty.

Bertha cubrió su boca con sus manos para no exclamar en voz alta. Era Barty Jr., uno de los mortífagos más malvados, aún con vida y en su propia casa. ¡El Sr. Crouch había sacado a su hijo de Azkaban! Tenía que hacer algo sobre esto.

De repente, hubo una conmoción en la puerta.

–¿Qué fue eso? –dijo Barty Jr. en una voz que de pronto no se escuchaba apagada.

Barty Crouch padre había llegado a casa y encontrado la puerta abierta. Eso lo puso en alerta al instante. O su hijo se había escapado, o era la primera vez en cuarenta años que había salido y olvidado cerrar la puerta. Corrió dentro y directo a la habitación de su hijo, solo para encontrarse con una bruja en el pasillo.

–¿Bertha? –dijo con sorpresa.

–¡Sr. Crouch!

–¿Qué estás haciendo aquí? –demandó, su mirada llena de furia.

–Me preguntaba porque tiene a un mortífago en su casa –dijo ella.

–Yo… ¡no se de que estás hablando! ¿Un mortífago en mi casa? ¿Cómo te atreves?

Pero él sabía que ella sabía. Sacó su varita.

Bertha sacó la suya en un instante.

–¡No se acerque más! –dijo.

¡Expelliarmus!

Bertha intentó bloquearlo, pero su jefe era muy rápido para ella.

–¿Creíste que podrías detenerme? –demandó Barty–. Fui jefe del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. ¡Lideré la lucha contra Quien-No-Debe-Ser-Nombrado! Ahora, no puedo permitir que recuerdes esto. Obliv… ¡AH!

Sin advertencia, el viejo Barty cayó al suelo. Bertha miró a su alrededor con sorpresa, buscando a la fuente del ataque. Entonces, una mano delgada apareció y se quitó una capa de invisibilidad, revelando a un hombre alto con cabello pálido y pecas: Barty Junior. Bertha estuvo agradecida por aproximadamente un segundo antes de recordar que su héroe era un mortífago.

–¡Hijo! ¡No! –gritó Barty padre a su hijo–. ¡Regresa a tu cuarto! ¡Regresa a tu cuarto en este instante!

–¡Amo Barty! ¡Debe esconderse! –chilló la elfina, saliendo a toda prisa de la habitación.

Rápido como un guiño, Barty Junior tomó la varita de su padre del suelo y la apuntó a la elfina.

¡Imperio! –La elfina se detuvo y lo miró con ojos vidriosos–. No intentes detenerme.

–¡Hijo! ¡Para!

–No esta vez, padre. Finalmente me liberé de tu control –dijo Barty Junior, con ira fanática en su mirada–. ¿Qué tal si pruebas algo de tu propia medicina? ¡Imperio!

Bertha dejó salir un grito ahogado cuando se dio cuenta de lo que eso implicaba. El viejo Barty había estado usando la maldición Imperio contra su propio hijo. El hombre mayor ahora temblaba mientras parecía luchar el control, pero se detuvo, su mirada también vidriosa.

–Continúa yendo a trabajar y viviendo tu vida de manera normal –ordenó su hijo–. Continúa actuando como si estuviera muerto. Cuando compres una nueva varita, di que la vieja se rompió. No intentes encontrarme o envíes a Winky a hacerlo.

Bertha se inclinó hacia su varita caída, pero Barty Junior la vio.

–No tan rápido. ¡Imperio! –Bertha no tuvo oportunidad de resistirse–. ¿Por qué estás aquí?

–Necesitaba la firma de tu padre en unos documentos –dijo ella.

–Déjalos aquí para que los firme y sígueme.

Obedientemente, Bertha tomó su varita y siguió a su captor. Barty Junior la llevó fuera de la casa, tomó su mano, y ambos desaparecieron.

Barty conocía todos los puntos donde alguien podía aparecerse internacionalmente sin levantar sospecha… especialmente en algunos lugares sórdidos en Jersey, Luxemburgo, y Liechtenstein. Necesitaba tiempo para descansar después de aparecerse tan lejos, pero no tuvo problemas en calmar su paso. Mientras él descansaba, hizo que Bertha lo pusiera al corriente en todo lo que estaba ocurriendo en el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Era sorprendentemente interesante.

Una vez llegó a Yugoslavia, las cosas eran lo suficiente caóticas que las fronteras no estaban siendo bien patrulladas. Desde ahí era una línea recta hasta el lugar donde había escuchado de Dolohov que se encontraba la base de operaciones de emergencia de su amo en Albania. Una vez que estuvo cerca, presionó la punta de la varita de su padre contra su brazo izquierdo. La marca tenebrosa era tenue, pero aún funcionaba, y justo a la una de la mañana (hora local, medianoche en Inglaterra), su mecanismo de rastreo lo llevó justo a donde quería ir… justo a los pies de su amo.

Si su amo tenía pies, claro.

En cuanto se aparecieron en un bosquecillo de árboles torcidos, escuchó un siseo, y una serpiente se lanzó contra él, sólo para detenerse a pulgadas de su rostro.

Parecía que Lord Voldemort actualmente se encontraba poseyendo el cuerpo de una víbora mágicamente engrandecida de ojos rojos… una muestra de magia impresionante para lograr que la serpiente fuera lo suficiente fuerte para poseerlo a largo plazo sin matarla. Barty lentamente cayó sobre sus rodillas ante él, y con un gesto de su mano, Bertha hizo lo mismo.

–Amo, he regresado a usted… –susurró.

La serpiente sólo podía sisear, pero Barty podía escuchar la voz de su amo en su cabeza: Bartemius Crouch Jr. Hay pocas cosas que pueden sorprender a Lord Voldemort, pero tú lo has logrado. Me dijeron que habías muerto.

–Mi padre no es tan inocente como presume, mi lord –respondió Barty–. Mi madre sacrificó su vida para liberarme de Azkaban, sólo para ser encarcelado en mi propia casa. Vine a encontrarlo al momento en el que fui libre.

La serpiente pareció reírse. Por supuesto, Lord Voldemort sabía que su sirviente decía la verdad. Era bueno tener un sirviente leal regresar finalmente a él… mejor de lo que había esperado, de hecho. Siempre son los más nobles quienes caen más lejos, dijo. Y dime, mi fiel sirviente, ¿quién te acompaña?

–Una de las empleadas de mi padre, mi lord. Se que aún busca al niño Potter, y Bertha tiene información interesante sobre el próximo año en Hogwarts que podría ser útil...


Después de varios movimientos, la profesora McGonagall, el profesor Flitwick, y un trío de aurores llevaron a Sirius y a Pettigrew fuera de la enfermería a un lugar más seguro donde pudieran ser interrogados. Con los estudiantes de tercer año de Gryffindor y Ravenclaw yendo a la clase de Astronomía al mismo tiempo que los aurores y los interrogadores entraban y salían de la escuela, la noticia de lo que había ocurrido seguramente se difundiría como una llamarada, pero por ahora, los cuatro estudiantes en las camas de hospital descansaban en silencio. Hermione aseguró a la profesora Vector que estaba bien y le dijo que podía regresar a la cama, lo cual la maestra aceptó con renuencia.

Pero mientras Hermione se estaba calmando, Harry, Ron, y Ginny apenas comenzaban a sentir el peso de la situación. Con Harry, por lo menos, no le sorprendió. Siempre parecía sentir la sorpresa de sus aventuras mucho después de lo ocurrido. Aunque Ginny comenzaba a preocuparle. No había estado involucrada en uno de sus desastres antes (había estado inconsciente durante la pelea con el basilisco).

–A...a...así que lo logramos, ¿no? –dijo en voz baja–. ¿Ganamos?

–Supongo –respondió Hermione–. Tanto como podríamos ganar, de cualquier modo, si Voldemort aún sigue libre.

–¡Ah!

–Lo siento –suspiró Hermione, permitiendo el estado emocional delicado de Ginny,

–¿A...así es como es su vida todo el tiempo? –preguntó.

Parece ocurrir una o dos veces al año –dijo Ron. Sonaba a que intentaba ser gracioso, pero incluso él temblaba.

–¡Por la barba de Merlín! ¿Cómo pueden hacer esto todo el tiempo? Pensé que la cámara de los secretos era malo, pero… Hermione, lo siento. Tenías razón sobre los d...dementores. No podía verlo. Esas c...cosas son las criaturas más terribles en el planeta.

Hermione podía ver a Ginny, quien normalmente mantenía una expresión de fortaleza más grande que la de ella, a punto de quebrantarse, así que hizo lo único que se le ocurrió. Con esfuerzo, se forzó a salir de la cama y se sentó al borde de la cama de Ginny, rodeándola con su brazo bueno para confortarla, como la profesora Vector había hecho con ella. Ron la siguió poco después. Bajó de su propia cama sosteniéndose de la muleta que había exigido de Madame Pomfrey a quejas, y se sentó al otro lado de Ginny. Sus manos temblaban.

–Acepto que tenías razón, Hermione –dijo–. Pensé que estabas exagerando, pero es diferente cuando los ves de cerca.

–Gracias –dijo a ambos–. Todo estará bien. Mejorará con el tiempo. Es lo más importante que he aprendido.

–Me salvaste de nuevo, Hermione –dijo Ginny–. Dos veces. No se como lo sigues logrando. ¿Cómo es que tengo una amiga como tú?

–¿Una amiga como yo? –dijo Hermione–. Eso no es justo. Es pasando tiempo conmigo que te involucraste en todo este asunto.

–¡No! ¡No creo eso para nada! Yo… –comenzó Ginny, pero Hermione comenzó a reírse en voz baja.

–Es broma. Es broma. Se que no piensas eso, Ginny. Y nunca tuviste que hacer nada. Los amigos están ahí de ese modo. –Miró a la cuarta cama donde se encontraba su amigo más cercano, sin moverse, mirando a la nada–. ¿Estás bien, Harry?

–¿Eh? Sí, estoy bien… –dijo, saliendo de su trance–. Estoy… estoy feliz. En serio. Es sólo que… quería matarlo… quería matarlo tanto… probablemente lo hubiera hecho si supiera un buen hechizo para hacerlo. Pero estaba completamente equivocado, y tú eras la única que tenía idea.

–No es tu culpa, Harry. No tenías razón para pensar de otro modo.

–Lo se, pero… es tan desquiciado. Con el Ministerio, y después los dementores… casi lo perdí en cuanto lo encontré.

–Sí, pero no lo hiciste –dijo Ron–. Y Dumbledore dijo que aclararía todo. Piénsalo: vas a poder dejar a los Dursley. Y apuesto a que Sirius te dejará visitarnos cuando quieras. –Harry sonrió melancólicamente; había lágrimas en sus ojos.

–Sí… sabes… lo único que siempre quise al crecer era que un pariente lejano llegara y me llevara lejos de ahí. –Hermine sonrió.

–Pues, parece que finalmente se cumplió tu deseo, Harry. Y no creas que no te lo mereces. No podría haberle pasado a una mejor persona.


Para el desayuno, la historia de que Sirius Black era inocente y el verdadero asesino había sido capturado por los usuales Gryffindor ya estaba en boca de todos. Lavender y Parvati visitaron la enfermería en cuanto les permitieron salir del dormitorio esa mañana, donde encontraron a Hermione comiendo su desayuno temprano con una sola mano con mucho trabajo.

–¡Lo hiciste! –exclamó Lavender feliz–. ¡Capturaste al sirviente del Señor Oscuro con hechizos desconocidos! ¿Ves? Te dije que la profecía era sobre ti.

–Sí, sí, era una profecía verdadera –admitió ella–. Pero el profesor Dumbledore dijo que la profesora Trelawney solo ha realizado otra profecía antes.

–Sí, pero fueron profecías importantes, ¿no es así? –dijo Parvati.

Hermione sacudió la cabeza. Parecía que nada convencería a esas chicas de ser escépticas en clase de Adivinación.

–Eso supongo –dijo ella–. Sólo apreciaría que la próxima profecía no involucrara que casi fuera besada por un dementor y después casi fuera atacada por un loco pervertido. Me gustaría tener un año tranquilo alguna vez. –Las otras chicas palidecieron ante eso.

Después de terminar su desayuno, Hermione regresó su atención a sus estudios.

–Madame Pomfrey, ¿puedo salir de aquí? Solo mi mano está lastimada, y en verdad no quiero perderme Aritmancia. –Pomfrey sacudió la cabeza con cansancio.

–Tú y tu Aritmancia, Granger. De acuerdo, pero no quiero que escribas, levantes algo, o lances ningún hechizo con esa mano hasta que yo lo diga, y necesitarás regresar a que te cambie los vendajes dos veces al día. Sugiero que pidas a alguno de tus amigos que tome notas por ti.

–Sí, Madame, lo haré –dijo. Pero incluso cuando lo dijo, pensó que quizás podría ser más ingeniosa que eso–. ¿Pero qué no hay plumas que escriben solas, Madame?

–Claro, pero son caras y tendrías que ir a Hogsmeade a comprar una –dijo Madame Pomfrey sin darle importancia mientras cambiaba el vendaje de Hermione.

Hermione recordó cierta aventura ese año.

–Está bien, Madame Pomfrey –dijo–. Creo que se donde puedo encontrar una. –Tuvo sólo el tiempo suficiente para correr a la torre de Gryffindor a tomar sus libros y pergamino en su bolso y después se apresuró al tapiz de Barnabas el Chiflado.

Necesito una pluma que escriba sola. Necesito una pluma que escriba sola. Necesito una pluma que escriba sola.

La sala de los menesteres le mostró un decorado escritorio y una cubeta con varias plumas extrañas. Muchas de ellas estaban rotas y las hizo a un lado al instante. Y algunas aún necesitaban algo de trabajo. Las que podían sostenerse solas en su punta las probó colocándolas en medio de un pedazo de pergamino y hablando en voz alta. Algunas no respondieron al ruido, no tomaban tinta, escribían en letra ilegible, tenían errores ortográficos, pero continuó hasta que encontró dos plumas de dictado que parecían funcionar perfectamente.

Por curiosidad, también probó una pluma verde ácido que llamó su atención en la cubeta. La sostuvo sobre su punta en el pergamino antes de hablar:

–Mi nombre es Hermione Granger.

La pluma, sin embargo, no escribió lo que había dicho. En su lugar, escribió, Hermione Granger, una hermosa hija de muggles que ha enfrentado la furia de magos oscuros, monstruos gigantescos, y demonios...

Hermione comenzó a reírse. No tenía idea de que tipo de pluma era, pero decidió guardarla para entretenerse.

En cuanto entró a Aritmancia todas las miradas se dirigieron a ella, lo cual se sentía bastante incómodo, pero intentó que no la afectara. Hermione había tenido la intención de presentar su encantamiento láser en clase ese día, el cual podía hacer con su mano izquierda, aunque solo después de tres intentos. Como bono, intentó su encantamiento para que nudos se ataran solos que había usado con Pettigrew, pero no podía hacer el movimiento con su mano izquierda de la misma manera, así que escribió la expansión aritmántica con su pluma dictadora (la cual atraía atención por si sola) y la entregó a la profesora Vector. Incluso después de tanto tiempo, la profesora Vector estaba impresionada de que hubiera creado ese hechizo tan rápido en su cabeza.

Después de clase, apenas y notó que Rebecca Gamp la había seguido hasta llegar a su lado.

–Vaya, Granger, parece que lograste sobrevivir otro año –dijo–. Después de todo, ¿qué más podría ocurrir en tres semanas? Bueno, además de que Pettigrew se escape y regrese por venganza, si los rumores son ciertos.

–No creo que escape –dijo Hermione–. Está siendo vigilado por personas en las que Dumbledore confía, y saben que es un animago. No va a ir a ningún lado. –Además, sabía la parte de la profecía de Trelawney que decía que su "destino estaba sellado".

–Bueno, debió ser escalofriante estar ahí con los dementores. No se lo que haría si se acercaran tanto a mi.

Hermione tembló, y sintió una punzada de dolor en su mano.

–Sí, bastante escalofriante –murmuró.

–Pareces estar a punto de morir muchas veces aquí. ¿Cuántas veces van ahora?

–Cuatro –respondió Hermione resignada–. Dependiendo de como las cuentes.

–Vaya, eso es muy mala suerte –dijo Rebecca–. Este lugar debe de estar maldito para ti.

Más para Harry, diría yo, pensó Hermione.

–La idea ha cruzado mi mente –dijo ella con determinación–. Pero creo que puedo cuidarme sola… o por lo menos, puedo aprender a hacerlo.

–Pues, es tu funeral.

Hermione se detuvo. Algo sobre la manera en la que la joven lo había dicho le había molestado, y con su temperamento aún sensible por lo ocurrido anoche, llegó a su límite. Se dio la vuelta de golpe.

–De acuerdo, Rebecca. ¿Cuál es tu problema? –demandó–. Has sido… una molestia todo el año. ¿Estás intentando asustarme para que no regrese a Hogwarts? Porque no está funcionando. ¿En verdad te importa tanto ser la mejor en la clase?

–En verdad no lo entiendes, Granger –soltó Rebecca–. Soy una Gamp… de los Gamp de las Leyes de Gamp… la mejor línea de creadores de hechizos en Europa. Se suponía que yo debía ser el prodigio en aritmancia. Se suponía que yo iba a ser la favorita de la profesora Vector. Se suponía que yo iba a tener un estudio independiente y una maestría temprana. Y llegas , una pequeña hija de muggles saltarina que en su primer año me sobrepasa.

–Pues, lamento que mi sangre no sea lo suficiente buena para ti… –dijo Hermione con enojo.

–Por favor, no soy una Slytherin. Granger. No es sobre sangre… es sobre legado. Vienes aquí sin saber nada sobre la historia de la creación de hechizos que mi familia construyó, y esperas avanzar sólo con tu cerebro… y funciona. No es justo.

–Vine aquí a estudiar aritmancia dando lo mejor de mi, Rebecca. Eso es todo. No estoy interesada en demostrarle nada a nadie… bueno, excepto por Malfoy. Lamento si estás celosa, pero vas a tener que acostumbrarte. No voy a cambiar quien soy sólo porque tienes un problema con eso.

Rebecca apretó los puños, y por un momento Hermione pensó que quizás la golpearía… o sacaría su varita para lanzarle un maleficio.

Hermione dio un paso atrás.

–Rebecca, no quiero pelear contigo –dijo–. Ya tengo suficientes problemas con los enemigos de Harry.

–Tú… ¿por qué no puedes ser una Gryffindor normal Granger? –demandó la estudiante mayor. Pero no esperó por una respuesta. Se dio la vuelta y se alejó con furia.

Las miradas fueron peor durante el almuerzo que en clase. Muchos Gryffindor felicitaron a Hermione por sus conocidas actividades heroicas, y por las sospechadas, pero podía ver que aún había muchos que sospechaban de Sirius Black, y por extensión, de ella. Mientras tanto, se sorprendió al escuchar los susurros sobre el profesor Lupin rodeando al gran comedor.

–No se como lo haces, Harry –dijo mientras se sentaba con sus compañeros de año. No habían tenido oportunidad de hablar toda la mañana–. ¿Alguna noticia sobre Sirius?

–Está en custodia –respondió Harry–. Pero Dumbledore dice que Fudge está jugando bien, así que debería ser solucionado antes de que acabe el año escolar… esperemos.

–Esa es una buena noticia. Tú...

–¡Hermione! –Fue interrumpida por un par de exuberantes pelirrojos.

–¡Oh gran Dama Aritmaga! –dijo Fred, haciendo reverencia enfrente de ella.

–Que ha liberado nuestro hogar de un terrible traidor –agregó George, también haciendo reverencia.

–Quizás haya dudado antes de ti, pero ese plan fue brillante –dijo Fred.

–Sí –dijo George–. Lupin, Pettigrew, Black, el mapa. No se como lo hiciste, pero eso fue a nivel de Dumbledore.

–No es para tanto –dijo Hermione–. Adiviné una cosa sobre el profesor Lupin. El resto fue sólo suerte.

–Pero ese es el mejor tipo de plan –dijo George riéndose–, el que incluso no ves venir.

–No puedo creer que esa rata resultó ser una rata más grande de lo que pensamos –continuó su gemelo.

–De cualquier modo, es bueno verte viva.

–He inventando hechizos.

–Y luchando contra dementores.

–Lo menos que digan sobre eso, mejor –interrumpió Hermione.

–¿Pero usaste o no el encantamiento Patronus? –preguntó Fred.

–Bueno, sí, pero solo porque he estado practicando todas las noches antes de ir a dormir por tres meses.

Los gemelos se rieron.

–Esa es nuestra Hermione –dijo George, colocando una mano sobre su hombro–. Solo tú podrías dar una respuesta como esa.

–Y más importante –continuó Fred con seriedad–. ¿Es cierto que gritaste al Ministro en su cara por un minuto?

El rostro de Hermione tomó un vívido color magenta.

–Eh… Creo que fue como medio minuto.

Se rieron de nuevo.

–Brillante –dijo Fred–. Mi papá dice que a muchos en el Ministerio les gustaría hacer eso si pudieran salirse con la suya. ¿Y hechizaste a un mortífago en la cara?

–¿Con la mano izquierda? –agregó George.

Hermione se cubrió el rostro con su mano buena.

–Oh, genial, ahora tengo un patrón.

Esto causó aún más risas.

–Expandiéndote este año, ya veo. ¿Y quién está en tu lista para el próximo año? –preguntó Fred.

Ella suspiró y los miró con fastidio.

–Quien sea que haga lo más malvado o tonto en mi presencia… así que probablemente ustedes dos.

Sabiamente la dejaron en paz.


La pluma dictadora de Hermione le sirvió bien en Runas Antiguas (donde la profesora Babbling dio a Ron varios puntos por pensar rápido sobre las runas de advertencia y de refuerzo) e Historia. De hecho, funcionó bastante bien en historia: al no tener que tomar notas, se quedó dormida. Sin embargo, eso aún le dejaba el problema de que no podía usar su varita de manera segura por una semana. Sus clases de Encantamientos, Transformaciones, y Defensa, sin mencionar la revisión para los exámenes, sería un desafío.

Bueno, tendría que hacer algo al respecto, ¿no es así? Al terminar las clases, subió a la torre de Gryffindor. (Para su deleite, los trolls de seguridad también se habían ido.) Una vez dentro de la sala común, miró a su alrededor a las manos de todos.

–¡Neville! –dijo cuando encontró lo que estaba buscando.

–¡Ah! Eh, hola, Hermione –dijo su compañero–. ¿Qué tal?

–Tú eres zurdo.

–Eh, sí. ¿Y?

–Pues, no puedo usar mi mano derecha por el momento. Me preguntaba si podrías enseñarme como realizar hechizos de manera correcta con mi mano izquierda.

¿Enseñarte? –dijo Neville con sorpresa–. ¿Quieres que yo te enseñe a ti?

–Claro, ¿por qué no?

–Pues… ¿no crees que deberías preguntarle a alguien que saque mejores calificaciones y eso?

–Te va bien en Encantamientos. Tu manejo de la varita es bueno. Y tendrías que ser muy malo para ser peor que yo con mi mano izquierda. ¿No escuchaste lo que hice a Pettigrew?

Neville levantó la mirada.

–¿Quieres decir los escarabajos? ¿Es cierto?

–Desafortunadamente. Tuve suerte de que no rebotara y me afectara a mi. Por eso quiero que me enseñes.

–Oh. Pues, supongo que puedo intentarlo.

–Genial. Muchas gracias. Veamos si podemos encontrar un aula vacía antes de la cena… si no te molesta.

Neville se levantó y fue con ella. Definitivamente parecía estar de buen humor al escuchar que era mejor que Hermione Granger en algo.

–Oye, Hermione, gracias por hablar con McGonagall por mi –dijo–. Quitó mi castigo sobre la contraseña… y el de Hogsmeade también. Puedo ir a la última visita el sábado.

–Es lo menos que podía hacer. Lamento que Crookshanks te metiera en tantos problemas en primer lugar.

–Mmm… supongo que fue por una buena causa.

–Ah, aquí estamos –dijo Hermione al encontrar un aula.

–De acuerdo… ¿cómo quieres hacer esto?

–No lo se. ¿Por qué no comenzamos con el encantamiento levitatorio? Puedes demostrarlo y después ayudarme con el movimiento de varita.

–De acuerdo, supongo –dijo Neville. Elevó su varita–. Wingardium Leviosa. –Una silla se elevó al aire y flotó con gentileza abajo.

–Eso fue un reflejo de como se hace con la mano derecha –noto Hermione–. ¿Todos los hechizos son así?

–No. Algunos movimientos de varita son en reflejo y otros no. Y algunos son completamente diferentes. Aunque no recuerdo cuales, pero es más fácil con Encantamientos y Transformaciones. El Libro Estándar de Hechizos tiene una edición para zurdos que puedo usar.

¿Un libro para zurdos? Eso era nuevo para Hermione, pero tenía sentido. Intentó agitar su varita del mismo modo que Neville lo había hecho. La silla solo se movió en el suelo, pero continuó tratando. Le tomó bastante práctica lograr que el movimiento de varita fuera suave y preciso con su mano izquierda, como si estuviera en Encantamientos de primer año de nuevo, pero al final lo logró. La mala noticia era que probablemente no le ayudaría en clase mañana, pero continuaría practicando. Quizás le tomaría todo el verano, y por suerte podía hacer sus propias varitas de juguete para practicar si conseguía flor voladora, pero estaba determinada a no encontrarse sin una varita que funcionara.


Las cosas parecieron mejorar para Hermione, así que ya estaba esperando el siguiente problema. Fue el viernes en la mañana cuando ocurrió. Usualmente no recibía correo los viernes, así que se sorprendió cuando una lechuza dejó una carta sobre su plato. La abrió y al instante se puso tan blanca como una hoja de papel.

–Oh, no –suspiró.

–¿Hermione? ¿Qué ocurre? –dijeron sus amigos.

–Les escribió.

–¿Eh?

–Fudge escribió a mis padres… Me están sacando de Hogwarts.

Querida Hermione:

Tienes bastante que explicar, señorita. Por tus cartas, estábamos bajo la impresión de que todo estaba bien en Hogwarts sin ningún peligro mortal este año. Imagina nuestra sorpresa cuando recibimos una carta del mismísimo Ministro de Magia que casualmente declaraba que personalmente estuviste involucrada en la captura de un asesino en serie que había estado escondido en la escuela todo este tiempo.

También parece que dos veces intentó hacer algo dentro de la escuela, lo cual nunca mencionaste, y el Ministerio tuvo que disculparse porque esos guardias-demonios que mencionaste se salieron de control e intentaron "Besarte". No explicó lo que significaba, pero considerando el tono, suponemos que es más que un simple acoso.

Queremos una explicación completa de ti sobre lo que ha estado ocurriendo este año, y escribiremos a tus maestros para asegurarnos de que sea certero. Algo que sí sabemos es que enviaremos tu solicitud para ingresar a Beauxbatons de inmediato. No habrá discusión. Dimos muchas oportunidades a los magos en Gran Bretaña y, obviamente, ninguno sabe como mantener una escuela a salvo. Como tus padres, es nuestro deber sacarte de ahí antes de que se acabe tu suerte. Si te comportas, podemos dejar que visites a tus amigos más tarde este verano, pero no regresarás a Hogwarts el próximo año.

Con amor,

Mamá y Papá

Los susurros comenzaron a dispersarse por el gran comedor al instante. Que alguien se saliera de Hogwarts era bastante inusual. Todos los Gryffindors lucían paralizados.

–¡No pueden hacer eso! –gritó Ron–. No pueden sacarte de Hogwarts.

–Sí, pueden, Ron –dijo ella con tono de derrota–. Son mis padres. Pueden enviarme a la escuela que quieran. No puedo detenerlos.

–Tienes que hablar con ellos –rogó Ginny–. Diles que no quieres ir a ningún otro lado. –Hermione sacudió la cabeza.

–Me sorprendió que dejaran que regresara el otoño pasado. Hay una razón por la que no les dije lo que estaba pasando con Sirius. Sólo me metería en más problemas por intentarlo.

–Pero debe haber algo que puedas hacer –dijo Parvati desde el final de la mesa–. Deberías hablar con el profesor Dumbledore. Tus padres son muggles; debe de haber algún límite en lo que pueden hacer por ti.

–¡Parv! –Hermione se hizo para atrás por la sorpresa–. Aún si Dumbledore tiene el poder de anular su decisión sobre escuelas, lo cual dudo, no creo poder hacer eso a mis padres. Eso sería como… como huir de mi casa o algo… Lo siento, chicos… No creo poder regresar.

Todos sus amigos lucían incrédulos, pero no escucharía otra palabra para detenerla de que se fuera. Por mucho que quería que sus amigos lucharan por ella, sabía cuando había sido derrotada.

–No será lo mismo sin ti –le dijo Ginny.

–Lo se. Merlín, lo se. Tendré que comenzar de nuevo en Francia y todo. Pero prometo que escribiré, y aún visitaré durante los veranos. Y… de hecho, cumpliré la mayoría de edad durante mi sexto año, así que podría transferirme de regreso si quisiera –agregó esperanzada–. De esa manera podemos terminar juntos.

–Eso sería agradable –dijo Harry con voz baja. Ella se detuvo y lo miró.

–¿Vas a estar bien, Harry? –dijo–. Me voy a preocupar más por ti que por nadie más. No voy a estar aquí para ayudarte cuando tu vida esté en peligro.

Ese pensamiento lo trajo de regreso a la realidad. Hermione había salvado su vida regularmente, y estaba sorprendido de que estaba a su lado a pesar de todos los problemas en los que se metía. Pero pusa una expresión de valentía.

–Me las arreglaré. Ron y Ginny aún estarán aquí, y ahora podré escribir a Sirius para pedirle ayuda. Nunca podré pagarte por eso.

–Te dije que es menos de lo que te mereces –respondió ella–. Sólo permanece vivo y será suficiente para mi.

Le costó algo de esfuerzo el terminar su desayuno después de esa noticia, pero Hermione lo logró, e interceptó a la profesora Vector una vez salió del comedor.

–Profesora –dijo–. Son mis padres. Ellos...

–Lo escuché desde la mesa principal, Hermione –dijo Vector con solemnidad–. ¿Así que no regresarás el próximo año?

–Sí. Lo siento, profesora. No puedo detenerlos...

–Está bien –dijo confortándola–. Aún puedes permanecer en contacto. Lamentaré verte ir, pero me alegrará saber que estás a salvo, y aún quiero ayudarte con esos ensayos si puedo. –Hermione asintió con tristeza.

–¿Podría hacer algo más por mi, profesora?

–Cualquier cosa, Hermione.

–Por favor cuide a Harry. Sabe los muchos problemas en los que se mete. Necesita que alguien cuide de él. –Vector suspiró.

–Tu amigo Potter parece ser una fuerza de la naturaleza, pero haré lo que pueda.

–Gracias, profesora.

Para media mañana, a todos los que les importaba sabían que Hermione iba a dejar la escuela a finales del año. Muchas personas ofrecieron sus condolencias. A pesar de la incertidumbre al principio de la semana, se había vuelto bastante popular al ayudar a capturar a Pettigrew, y más importante, ayudar a alejar a los dementores de la escuela, más allá de su amistad con Harry Potter.

–¿Es cierto, Granger? –La encontró Rebecca Gamp después de Pociones–. Mami y papi te están sacando de la escuela.

–No hay necesidad de regodearse, Rebecca –gruñó Hermione–. Suenas como una Slytherin.

–Oh, eso es bajo, Granger –dijo la Ravenclaw.

–¡Y también es regodearse! Se cumplió tu deseo. Me iré la próxima semana. Así que puedes ser la primera de la clase como siempre quisiste. ¿Pero sabes qué? Eso no va a detenerme de enviarme cartas con la profesora Vector. Y eso no va a evitar que continúe publicando artículos. ¿Crees que va a silenciarme? A lo mucho alentará mi paso.

Eso hizo que Rebecca se pusiera roja.

–No puedo contigo, ¿no es así, Granger? ¿Por qué estás haciendo esto?

–¿Por qué yo lo estoy haciendo? ¿Por qué lo estás haciendo ? ¡No es una maldita competencia! Mira, probablemente no quieres mi consejo en este momento, pero si hay algo que aprendí este año es que todo el talento del mundo no te ayudará si no puedes tomar control de tu vida. tienes que hacer el trabajo, no sólo intentar detenerme. ¿Por lo menos intentaste estudiar para saltarte un año como sugirió la profesora Vector?

La joven mayor lanzó una mirada de fastidio a Hermione.

Claro que lo hice. Soy una Ravenclaw después de todo.

–Pues, ahí está. Eso ya es suficiente para conseguirte un estudio independiente y una maestría temprana. Ahora, bájale. ¿Qué no tienes TIMOs para los cuales estudiar? –Hermione se fue molesta antes de que Rebecca pudiera responder. Algunos días las personas a su alrededor en realidad la molestaban. Se preguntó si así fue como Ginny se volvió tan condicionada a usar maleficios.

Mientras se apresuraba, llegó a clase de Defensa temprano, aunque resultó que Harry y Ron estaban cerca detrás de ella. No habían podido hablar con el profesor Lupin desde el incidente, y cuando llegaron, se sorprendieron al ver al profesor Lupin sentado con poca energía en uno de los escritorios de estudiantes al frente de la clase, mientras que Hagrid estaba sobre el escritorio del profesor, el único mueble en el aula lo suficiente grande para soportarlo.

–¿Hagrid? ¿Qué estás haciendo aquí? –preguntó Harry.

Fue Lupin quien respondió:

–Pues, después del desafortunado incidente de la otra noche, el Consejo no estaba muy contento con el director Dumbledore por contratar a… bueno, a alguien como yo. Algunos querían despedirme al instante.

–¿Qué? ¡Eso no es justo! –dijo Hermione.

–¡No puede irse! –dijo Harry en acuerdo–. Es el mejor profesor de Defensa que hemos tenido. ¿A quién le importa si es un hombre lobo? –Lupin sacudió su cabeza con tristeza.

–Se que a ustedes no les importa. Quizás a sus familias tampoco. Pero no todos son tan tolerantes. Ya he recibido varios vociferadores de padres furiosos, y también el director.

–Es estúpido –se quejó Hermione–. Solo es peligroso una noche al mes, y...

–Eres muy amable, Hermione –dijo él, levantando su mano–, pero en una escuela llena de niños, eso es más que suficiente. Olvidé tomar mi poción matalobos esta semana, y olvidé la hora en que salía la luna. No puedo permitir un error así, y mucho menos dos. Sin embargo, como sólo queda una semana más antes de los exámenes, el profesor Dumbledore convenció al Consejo de que me dejara terminar el año con la condición de que todas mis clases fueran supervisadas por otro profesor.

–Yo me ofrecí para la mayoría porque soy el más grande y puedo mantenerlo en línea –habló Hagrid. Guiñó al trío. Probablemente, estaban seguros, era porque a Lupin le gustaba trabajar con criaturas "interesantes".

La lección fue buena, pero triste para los Gryffindor, a quienes les agradaba bastante Lupin, y para los Ravenclaw, porque habían aprendido algo por primera vez. Bueno, por lo menos podré aprender Defensa de alguien competente el próximo año, pensó Hermione, pero sería agradable si ellos también pudieran.

Por supuesto, los Slytherin no pudieron resistir burlarse de Hermione, interrumpiendo lo que de otro modo fue una tarde agradable relajándose en el pasto afuera con Ron, Ginny, y Harry.

–Vaya, vaya –dijo Draco Malfoy lentamente mientras se acercaba a ellos con Pansy Parkinson tomada de su brazo y sus dos guardaespaldas atrás–. ¿Los rumores son ciertos? ¿Finalmente nos desharemos de la sangre sucia? Sólo quedan tres tontos Gryffindor, supongo.

Ron y Ginny se pusieron de pie al instante para defender a Hermione, sacando sus varitas.

–Cierra la boca, Malfoy –gritó Ron.

–Ron. Ginny, –siseó Hermione, indicándoles que bajaran sus varitas. Se puso de pie–. ¿Podemos saltarnos esto, Malfoy? Mi día ya es lo suficiente malo. Sí, no regresaré, aunque no tengo opción. ¿De acuerdo?

–Oh, no te preocupes por nosotros, sólo estamos disfrutando el momento –dijo Malfoy–. Oye, Potter, ¿no has pensado en irte con Granger? Has estado a punto de morir casi tanto como ella. Quizás a ti también te iría mejor en otro lado.

–Pero entonces no podría ganarte en quidditch –respondió Harry–. ¿Qué hay de divertido en eso?

–¿Ah, sí? Ya veremos si sobrevives sin tu novia salvándote el trasero.

–No es mi novia.

–No soy su novia.

–No es su novia –dijo Ginny al final y de inmediato escondió su rostro sonrojado cuando todos la voltearon a ver–. Lo siento –chilló.

–¡Ja! Lástima que ya tengo pareja, Potter –dijo Parkinson–. Parece que te mueres por mejores opciones… una comadreja y una ardilla.

Hermione sólo se encogió un poco.

–¡Discúlpate! –dijo Ginny.

–¿Vas a obligarme?

Ron, Ginny, y Harry sacaron sus varitas, y los cuatro Slytherin respondieron del mismo modo.

–No, no –dijo Malfoy–. Son cuatro varitas contra dos, además de la pequeña Weasley. Granger tiene una mano inútil.

Hermione lo miró con determinación. ¿Mano inútil?

–Sabes, Malfoy –dijo–, si te crees un aritmago, deberías aprender a contar. Ginny fácilmente vale lo que un estudiante de tercer año en lo que respecta a maleficios, ¿y no escuchaste sobre el maleficio que usé en Pettigrew? ¿El que Madame Pomfrey no sabía como cancelar? Mi mano izquierda es lo suficiente útil. –Vio a Malfoy comenzar a sudar bajo su mirada. Probablemente no estaba esperando que respondiera tanto a sus burlas–. Vamos, tengo un examen para el que estudiar –dijo.

Los dos grupos mantuvieron sus varitas en alto hasta que se separaron, pero los Slytherin no se movieron.

–¡El próximo año, Potter! –gritó Malfoy detrás de ellos.

–¡Adelante, Malfoy! –gritó él de regreso.

De todos modos, Hermione estaba hirviendo mientras caminaba lejos. Nunca le habían gustado sus dientes frontales desde que habían crecido. Sus padres decían que no eran tan malos, y fácilmente podría arreglarlos usando frenos removibles por un año, pero sabía que había métodos mágicos de arreglar sus dientes. Había estado en Hogwarts por tres años y nunca había visto a un mago o bruja usando frenos… eso, y las pocas personas a las que se lo había mencionado pensaban que era una idea ridícula. Había mencionado el tema el verano pasado, pero debió saber mejor de un par de dentistas. Eso era algo que sus padres estaban seguros saber más, y habían dicho que los dientes y la magia no deberían mezclarse. Hermione comenzaba a pensar si simplemente no querían ser obsoletos. Quizás debería insistir más en el tema este verano.


–Varitas de juguete compradas, prueba final –dijo Hermione y la pluma dictadora escribió sus palabras exactas. Esto hubiera sido muy bueno para sus experimentos científicos todo el año–. Prueba de poder destructivo de una varita de un galeón. ¿Listo, Fred?

–Listo. –Fred apuntó la varita al blanco–. ¡Diffindo!

Para esta prueba, quería obtener una medida certera del poder que la varita podía dar, y parecía que podría aguantar hechizos bastante poderosos. Así que pidió a la sala que conjurara un bloque de madera grande… un tronco de árbol grueso, de hecho… al cual Fred lanzaría hechizos cortantes una y otra vez hasta que la varita se quemara… aunque no particularmente poderosos, para que pudieran medir con más exactitud. Era una buena medida de poder, la cual demostró sorprendentes resultados. Las varitas de juguete más baratas apenas y podían aguantar el encantamiento cortante. Las de medio nivel penetraban a una pulgada o similar. Pero esta varita cara cortó casi un pie antes de echar chispas y explotar de manera violenta en la mano de Fred. Claro, una varita real podía cortar árboles enteros por años si su dueño lo deseaba, pero era un salto sorprendente.

–Once pulgadas y media –midió Hermione.

–Vaya, podría usarse en una emergencia… por un par de maldiciones, por lo menos –notó Fred.

–Con razón costó un galeón.

–Sí, pero veamos que bien funciona contra una de las nuestras –dijo George.

–Sí, veamos –dijo Hermione con entusiasmo. Tomó su mejor intento para crear una varita de calidad. Estaban orgullosos de esta varita. Les había costado bastante trabajo… mucho más que un galeón de trabajo… para que resultara (o eso esperaban) mejor que un juguete caro. Y ahora, en verdadero modo Weasley, iban a destruirla–. Prueba de varita número veintitres –dijo–. Rama de abedul seleccionada por su veta fuerte y derecha, pegamento mágico y barniz similar al de los juguetes de un galeón, sin runas, y… núcleo de cola de hipogrifo… Gracias, Buckbeak. Prueba de poder destructivo, mismo procedimiento. Adelante, George.

George tenía un trabajo difícil. Solo un mago muy poderoso podía cortar un árbol de un solo golpe, y deliberadamente estaban usando hechizos débiles. Lanzó un Diffindo al tronco una y otra vez, cortando cada vez con más profundidad hasta que su brazo se agotó, y después se la entregó a Fred, quien eventualmente se la tuvo que entregar a George de nuevo. Hermione hubiera participado, pero no quería arriesgar usar su mano izquierda con ese hechizo.

–Vaya, esta cosa en verdad aguanta –dijo George mientras comenzaba su segundo turno–. Apenas y vamos por… –¡CRACK! ¡BAM! El ruido no salió de la varita. Habían cortado tanto el grueso tronco que la parte superior se había separado y caído al suelo.

–¡Auch! –dijeron los gemelos al mismo tiempo–. ¿Ahora qué? –dijeron después de una pausa.

–Mmm, supongo que continuamos –dijo Hermione.

George obedeció y agitó la varita como una navaja, cortando el ahora tronco horizontal. Logró cortar bastante hasta que de pronto la entregó de regreso a Fred.

–¿Por qué no acabas con ella, hermano?

Fred la tomó en su mano y sus ojos se abrieron con sorpresa.

–Merlín, está caliente –dijo–. Esto no puede ser una buena señal. Por eso decidiste entregarla. Bueno, tú te encargarás de la siguiente. De acuerdo, ¡Diffindo! ¡Diffindo! ¡Diffin…!

¡BANG! La varita explotó, enviando astillas por toda la sala. Los gemelos tuvieron que quitar unas cuantas de su rostro, pero Hermione estaba lo suficiente alejada que salió librada.

–Traten de encontrar los pedazos… –murmuró cuando sus oídos dejaron de sonar–. Resultados de la prueba: falla de la varita es más violenta después de uso prolongado. Midiendo la profundidad del corte… combinando ambos, cinco pies, dos pulgadas.

–¡Cinco pies! –exclamó Fred–. Demonios, una varita como esa podría durar una semana.

–Parece que la fibra de animal como núcleo en verdad ayuda –dijo George.

–Sí, y oye, mira esto. –Fred levantó lo que había quedado de la varita–. El pelo aún sigue en una pieza.

–¿Lo está? Interesante –dijo Hermione–. Eso significa que el cabello de hipogrifo definitivamente puede aguantar más magia que la madera. Es una lástima que no sabemos si alertará la alarma de uso de magia de menores… pero, eso solo es un problema para mi –gruñó.

–Pues, sabes, ya que estás dejando Hogwarts, podrías escaparte con algo más de lo normal –sugirió George–. Podrías intentar usarla una vez y ver si alerta a las autoridades.

–¿Qué? ¿Romper deliberadamente la Restricción Contra el Uso de la Magia de Menores? –exclamó.

–Bueno, la has estado quebrantando de algún modo por los últimos dos años con esos hechizos en runas, ¿o no? –dijo Fred.

–Bueno, sí...

–Y Harry solo recibió una carta de advertencia por ese encantamiento de flotación que Dobby realizó. Y eres la que dijo que todo el asunto era injusto en primer lugar –dijo George.

–Sí… Sería agradable saber que tan lejos puedo empujar este arte –dijo ella–. Si pudiera crear una varita que funcionara, incluso si solo dura un día, podría practicar mis hechizos con mi mano izquierda.

–Esa es la actitud –respondió con una sonrisa–. En serio, todos los hijos de muggles rompen las reglas antes o después, y nos salimos con mucho más que eso en casa cuando mamá no nos ve.

–De acuerdo. Mis padres probablemente lo acepten si lo pido bien. Si lo hacen, les escribiré sobre los resultados.