Harry Potter no me pertenece, y tampoco esta historia. ¿Necesito repetir a quién si?

Notas de la traductora: Hoy, White Squirrel publicó el último capítulo de Annals of Arithmancy, la tercera historia de este universo, marcando el final de la serie y 5 años de trabajo de su parte. Es un honor para mi el traducir esta magnífica serie y espero que todos estén disfrutando de nuestro trabajo. Haré lo posible por concluir esta traducción del mismo modo que él se comprometió a terminar el universo de The Arithmancer.

Y ahora, les dejo el comienzo de la cuarta parte de esta primera historia. Gracias por todo su apoyo.


Capítulo 60

–¡Cincuenta y cinco quejas, Severus! –Minerva McGonagall lo regañó durante la reunión de maestros de fin de año–. La mayoría de una misma clase, y muchas en contra de estándares en enseñanza razonables. En serio, ¿amenazaste a un estudiante con envenenar su mascota?

–No lo hubiera hecho si pensara que el sapo no sobreviviría, Minerva –respondió Snape con frialdad–. Mientras que el resto, el laboratorio de pociones es un lugar peligroso. Si tengo que ser duro para mantener la disciplina, pues que así sea.

–Esas son tonterías y lo sabes. Si tus porcentajes de accidentes fueran menos que los de Slughorn, lo creería, pero son mayores en las clases de los primeros dos años. Sabes que Madame Pomfrey tiene que mantener un récord de todos a los que trata.

–Ejem –interrumpió el director–. Creo que sería mejor que lidiáramos con esto en privado, Minerva. –Su tono dejó claro que no iba a aceptar oposición–. Ahora, ¿qué del resto de las quejas de la señorita Granger?

–Las he copiado y distribuido entre los maestros mencionados –dijo–. Quizás necesitemos una conversación en privado contigo, Sybill, y contigo Hagrid. Algo que resaltó, sin embargo, es la queja sobre lo desproporcionado que son los castigos y premios. Quizás sería útil escribir una lista de castigos estándar para ofensas comunes, como la tardanza. –A Snape no pareció agradarle eso en lo absoluto.

–Una idea interesante –dijo Dumbledore en acuerdo, acariciando su barba–. Dejaré en manos de los jefes de casa el escribir una propuesta.

Una vez concluída la reunión, el resto de los profesores se fueron, dejando solo a Dumbledore, McGonagall, y Snape en la sala.

–Cincuenta y cinco, Severus –repitió McGonagall–. Eso es diez veces más que lo que dio a otros maestros además de Binns, y no quieres que comience a hablar sobre titularidad y antigüedad.

–Quejas de una estudiante que esta yéndose de la escuela y tiene obvios prejuicios –respondió Snape–. No considero que esto valga tantos problemas.

–Siempre he considerado que la señorita Granger posee considerable integridad –dijo–. Por lo menos intentó evaluar al resto de nosotros de manera justa, y sus quejas no fueron diferentes de las que he escuchado sobre ti durante la última década, sólo más sistematizadas. ¿Puedes decirme con honestidad que eres un buen maestro, Severus?

–Hago mi trabajo, Minerva. Cumplo con mi deber para esta escuela y el país.

McGonagall estaba a punto de responder cuando Dumbledore la interrumpió.

–Minerva, sabes porque Severus tiene que permanecer aquí, y porque debe de comportarse de manera poco ideal como instructor.

–Como espía, y para mantener su imagen como amigo de los Slytherin y los sangre pura –recitó McGonagall–. Y "poco ideal" se queda bastante corto, Albus. Yo diría que es bastante fuera de lo profesional. De hecho, eso justo fue lo que dijo la señorita Granger.

–Quizás –respondió Dumbledore–, pero también estás al tanto de la nueva profecía de Sybill. Quizás estemos en mayor riesgo el próximo año, con invitados y eventos especiales. Es más vital que nunca que mantengamos nuestro arreglo. –McGonagall suspiró.

–Acepto eso, Albus, con renuencia si puedo agregar, pero honestamente, no lastimaría mucho la posición de Severus si anunciamos que no le vas a dar tanta libertad.

–No quisiera ser tan público. Sin embargo, Severus, algunas de estas quejas son muy preocupantes –agregó con aspereza–. Espero que te abstengas de insultar o amenazar a los estudiantes… o a sus mascotas. Y reitero que no es necesario que seas más severo con Harry Potter que con el resto de los Gryffindor.

–Entiendo, señor –gruñó Snape. Si actuaría en lo último estaba por ser visto.


–De acuerdo muchacho, súbete al coche –dijo el tío Vernon–. No ayudas parado nada más luciendo anormal.

–Disculpen, ¿ustedes son los Dursley? –dijo otra voz desde cerca. Se dieron la vuelta y vieron a un hombre en ropa muy elegante, pero con cabello negro largo y arreglado que Vernon y Petunia no aprobaron.

–¿Quién quiere saberlo? –dijo Vernon con cautela.

Harry sonrió.

–Tío Vernon, tía Petunia, Dudley, él es mi padrino… Sirius Black.

–¡S...S...Sirius Black! –exclamó Vernon, poniéndose de colores poco naturales–. ¡Él… él es ese asesino que mencionaron en el noticiero el año pasado!

–Oh, sí, eso –dijo Harry–. Resulta que es inocente. ¿Quién lo hubiera sabido? Claro, pasar doce años en prisión por un crimen que no cometió lo dejó al borde de...

Sirius sonrió con maldad a los Dursley, quienes dieron un paso atrás.

–¿Qué...qué es lo que quieres? –dijo tía Petunia, el miedo claro en su rostro.

–¿Qué quiero? –dijo Sirius–. Sólo estoy aquí para darles la buena noticia.

–¿Buena noticia? –gruñó tío Vernon–. La única buena noticia hubiera sido si el muchacho no se hubiera aparecido este año.

–Bueno, no tan buena –dijo Harry–, pero este año, sólo estamos atrapados juntos por dos semanas.

Los Dursley se animaron ante eso.

–¿Sólo dos semanas? –dijo Vernon.

–Así es –respondió Sirius–. Después de eso, me lo llevaré conmigo.

–Bueno, eso es algo.

–Sí. Sólo recuerden… –Lanzó otra sonrisa malvada a Vernon, con un toque de locura–. Recibiré un reporte completo de mi ahijado cuando esas dos semanas terminen.

Los Dursley asintieron nerviosos antes de llevarse a Harry, y Sirius continuó a su reunión con los Granger.


–Necesito otro trago –dijo Dan Granger después de que Hermione y la profesora Vector (aunque no estuvo involucrada esta vez), y, sorprendentemente, Sirius Black, se reunieron con él y su esposa durante su tercer reunión anual en el Caldero Chorreante.

–Sí, yo también –dijo su hija.

–¡Hermione! –la regañó Emma.

–¿Qué? Sólo es cerveza de mantequilla.

–Bien… en resumen –dijo Dan lentamente–, usted, Sr. Black, el supuesto asesino en masa del que estábamos tan preocupados, es inocente, y su supuesta víctima fingió su muerte y lo culpó por ella, pero usted nunca recibió juicio. Entonces, la elogiosa seguridad del Ministerio en la que pusimos nuestra fe no solo falló en detenerlo de que entrara al castillo dos veces (lo cual nunca nos dijiste, Hermione), sino que consistía en demonios chupa-almas que no pueden distinguir entre los inocentes y los culpables. Y mientras tanto, el verdadero asesino estuvo en el castillo todo el tiempo disfrazado como la rata mascota de tu amigo Ron.

–Y entonces usted, Sr. Black, se escabulló dentro de los terrenos del castillo disfrazado como un perro y secuestró a Ron para capturar la rata y , Hermione, lo seguiste y te encontraste acorralada por el hombre que creías era un asesino en masa.

–No sabía quién era el perro –protestó Hermione–. Cuando vi que era Sirius Black, hice lo sensato y llamé a Dobby para que me ayudara.

–Y él tampoco pudo detenerlo.

–Eso no fue su culpa, papá. Sólo puede haber un mago en cientos que conoce los trucos de los elfos domésticos.

–Es cierto –dijo Sirius–. Solo alguien de una familia rica y antigua que se molestó en prestar atención a los elfos podría saber cómo salir de esa.

Pero Dan no fue aplacado.

–Entonces lograste capturar al asesino real, pero apenas escapaste de tu profesor de Defensa, quien es un hombre lobo, porque era la luna llena, solo para ser rodeada por demonios chupa-almas, y sólo sobreviviste ese encuentro por suerte, con una mano congelada en el proceso.

–No todo fue suerte –dijo indignada–. Trabajé duro para aprender el encantamiento Patronus. No hubiera aguantado hasta que llegara el profesor Dumbledore sin eso.

–Y finalmente, el verdadero asesino usó un hechizo explosivo para intentar matarlos a todos, y apenas y lo detuviste transformando la metralla en lodo, y después lo hechizaste en el rostro. ¿Eso lo cubre todo?

–Sí, papá, eso es todo. Pero sabes que, no voy a pelearlo esta vez. Iré a Beauxbatons este otoño. Puedo ver que no voy a cambiar sus mentes de nuevo. Y honestamente, es un alivio después de ser casi besada por un dementor y ver lo profunda que es la incompetencia del Ministerio.

Dan guardó silencio, sin saber cómo responder. La historia era ciertamente terrible. Había tomado una dolorosa conversación con la profesora Vector, similar a la que tuvo Hermione en febrero, para que él y Emma comprendieran por completo a los dementores. Sirius había temblado ante la mera descripción, y Hermione también lo hubiera hecho si no hubiera sido atrapada por su madre en un abrazo rompe-costillas.

–Nosotros, eh, estamos felices de que finalmente ves las cosas de nuestro modo –dijo Emma–. Y sólo te tomó cuatro experiencias casi letales para hacerlo.

–Pues, estadísticamente, aún era bastante improbable basado en eventos pasados en Hogwarts. Aun es normalmente seguro. Es sólo que...

–¿Cuando algo sale mal el lugar es una trampa mortal? –sugirió Emma–. Sin ofender, profesora.

La profesora Vector lucía algo ofendida, pero guardó sus comentarios.

–¿Por lo menos podemos descubrir que salió mal? –presionó.

Vector suspiró.

–Donde comenzar… –dijo en un susurro.

–Pues, lo primero que salió mal –interrumpió Sirius–, fue que Barty Crouch padre me envió a Azkaban sin juicio hace trece años. Si no hubiera hecho eso, todos sabrían sobre Colagusano y nada de esto hubiera ocurrido en primer lugar.

–Me parece justo –asintió Vector–. Por suerte, Barty Crouch ya no está a cargo del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica. Fue transferido al Departamento de Cooperación Mágica Internacional después del desastre con su hijo, y le será difícil mantener ese trabajo ahora. Pero este año, la culpa de la falla de seguridad cae en el Sr. Lupin, lamento decir. Nos dijo después del hecho que se sentía culpable por haber traicionado la confianza del profesor Dumbledore y merodeado el bosque como hombre lobo cuando era estudiante. Por eso, nunca contó al director sobre la habilidad animaga del Sr. Black, y el Sr. Black fue capaz de evadir los guardias.

Sin mencionar la parte sobre cómo Crookshanks los había ayudado.

–Pero eso fue bueno para mí, así que diría que todo salió bien –dijo Sirius.

–Qué lástima –dijo Hermione–. El profesor Lupin era un muy buen maestro.

–Sí, sus habilidades eran mejores que la de la mayoría de nuestros profesores de Defensa –dijo Vector–. Muy desafortunado. Y por supuesto, el último problema fue que Fudge colocó todos esos dementores alrededor de la escuela, una decisión que fue altamente protestada por todos los maestros, pero él nos ignoró. Y aunque no lo puedo apoyar profesionalmente… a muchos de nosotros no nos hubiera molestado hechizarlo en el rostro por eso.

–Yo lo hubiera hecho –dijo Sirius.

–Desafortunadamente, tomará más que eso que pierda su trabajo.

–Y es por eso por lo que estamos felices de que Hermione se está yendo –dijo Dan con franqueza–. Lamentamos tener que separarlas, pero...

–No, lo entiendo perfectamente, Sr. Granger. He hablado con Dumbledore a larga sobre la seguridad de la escuela, e incluso pedí a mi sobrino que reconsiderara enviar a su hija este otoño. Dudo que lo haga, pero después de tres años seguidos de esto, no puedo deshacerme del presentimiento de que alguien está en contra de Hogwarts. Tendré que mantenerla vigilada.

–Mmm, espero que no –dijo Sirius–. Harry aún regresará.

–Pues, si puedo decirlo, Sr. Black, quizás usted también debería reconsiderarlo –dijo Dan.

–Eh… no es tan fácil con Harry –dijo en voz baja, esperando que no pidieran más detalles.

–Y Hermione, tú aún no has respondido porque no nos dijiste que entró en el castillo –dijo Emma–. Sabías lo peligroso que se suponía que era.

–Porque sabía que me sacarían en cuanto pudieran –dijo ella–. Esperaba que lo atraparan antes de que el año terminara y entonces no tendríamos que preocuparnos por eso. Y pensé que podría llamar a Dobby en una emergencia, lo cual hice.

–Y ya vimos cómo resultó eso… Lo discutiremos en más detalle cuando lleguemos a casa.

–Sr. y Sra. Granger, intenten no ser muy severos con su hija –dijo Sirius–. Es una de las brujas más valientes e inteligentes que he conocido. La vi luchar contra un supuesto asesino, resolver un misterio en segundos, inventar un nuevo hechizo en minutos en su cabeza, y realizar un Patronus corpóreo, algo que muchos magos adultos no pueden hacer. Y no hay que olvidar que salvó mi alma, literalmente. Tienen una hija extraordinaria.

–Sí, lo sabemos –respondió Dan–, pero pensamos que estaría mejor siendo extraordinaria en otro lugar.

–Aún voy a visitar a mis amigos –dijo Hermione con tono desafiante.

–Sí, lo sabemos, cariño –dijo Emma–. Podrás visitar durante las vacaciones. No vamos a detenerte. No queremos separarte de tus amigos, pero esperamos que hagas nuevos en Beauxbatons. –Hermione asintió.

–Bien, será mejor que nos vayamos –dijo Dan, poniéndose de pie y estrechando sus manos–. Gracias por reunirse con nosotros de nuevo. Buena suerte el próximo año.

–Gracias –dijo Vector–. Quizás la necesitemos.

Hermione dio un paso al frente y abrazó a Vector.

–Voy a extrañarla, profesora.

Vector sonrió y le dio un suave golpe en la espalda.

–Hermione, ya no eres mi estudiante –dijo–, y honestamente, eres más cercana a mi igual que tus logros académicos sugieren. Sería completamente apropiado que me llamaras Septima. –Hermione sonrió ampliamente.

–Gracias… Septima.

Se fueron por caminos separados, los Granger de regreso al mundo muggle y Sirius y Vector de regreso al mágico.

–Y, ¿Hermione? –dijo Dan de camino al estacionamiento.

–Sí, lo sé, lo sé, estoy castigada.

–Sí, lo estás. También Dobby. Debió de decirnos lo que estaba ocurriendo. Así que, eh, tendrás que preparar la cena por dos semanas, Hermione. –Hermione lo miró con sorpresa.

–Te he enseñado bien, ¿no es así? –dijo. Su padre sólo le lanzó una mirada engreída.

–Tenías que sacar tu cerebro de algún lado, cariño.

–De acuerdo –gruñó–. También prepararé el desayuno… si puedes aguantar mi sazón.


Hermione estaba castigada por dos semanas, lo cual parecía justo considerando el tiempo que Harry estaba siendo castigado al tener que quedarse con los Dursley. Pasó ese tiempo practicando sus movimientos de varita zurdos, escribiendo una lista de compras, concluyendo sus estudios en geometría no-euclidiana, e intentando cocinar. Estaba más decepcionada de que no podía usar magia en casa. No podía practicar el encantamiento Patronus (lo había practicado en la escuela, pero aún no estaba al punto en el que pudiera producir una nutria de manera consistente). Y no podía mantener los encantamientos en su cabello. Su cabello regresó a sus enredos en dos días, y lentamente comenzó a crisparse después de eso. Tampoco podía comenzar su tarea porque estaba esperando por la llegada de su orden de libros de texto franceses.

Dobby estaba muy triste porque no tenía permitido cocinar por dos semanas para que comprendiera lo seria que había sido la falta de confianza de él y Hermione. Fue más difícil de lo que esperó. Podía manejar el abuso físico de sus antiguos amos, pero ellos nunca hubieran puesto el esfuerzo de quitarle su trabajo. También le dieron nuevas órdenes:

–Si Hermione está en un ambiente peligroso, nos informarás lo más pronto posible mientras tu presencia no sea necesaria ahí para protegerla. Y si descubres que está en peligro inmediato, la ayudarás a salir de ahí si puedes. Y si descubres que está haciendo algo poco saludable como encerrarse en ese cuarto de nuevo… –(Eso también había sido parte de la historia que había sido obligada a revelar)–... le pedirás al jefe de casa o cual sea el equivalente en Beauxbatons que intervenga.

Harry estaba pasando un tiempo peor con los Dursley, aunque lo extraño era que no estaban comportándose de manera insoportable contra él. En su lugar, Dudley estaba descubriendo por primera vez en su vida, excepto por un pequeño incidente que involucró las cartas de Hogwarts de Harry, que sus berrinches habían dejado de funcionar. Había sido puesto a dieta. Oh, la discusión sacudió la casa ese día, pero tía Petunia pareció finalmente poner mano firme sobre su hijo. No cambiaría de opinión. Claro, hizo que toda la familia también siguiera la dieta, pero Harry no pasaría hambre por más de dos semanas.

Aunque aún parecía muy bueno para ser cierto. Harry tenía un padrino… uno que no era un asesino o un fugitivo. Tenía una familia que se preocupaba por él y lo iba a sacar de ese lugar. Parte de él no quería creerlo… no quería ser esperanzado en vano… y sólo hizo un esfuerzo a medias por empacar antes de que Sirius llegara, pero sí, Sirius llegó temprano el sábado en la mañana… justo en medio del desayuno.

–Oh, eres –dijo tío Vernon, intentando actuar como si él estuviera en control de la situación–. Tenemos al muchacho aquí, en una pieza, como lo querías… ¡Muchacho, ven aquí!

Harry saltó a la puerta, donde de inmediato abrazó a su padrino.

–Sirius, es bueno verte –dijo.

–Igual, cachorro –dijo Sirius, sacudiendo su cabello–. ¿Listo para irte? Tengo un departamento que parece habitable… ¿y qué rayos estás usando? –agregó cuando vio que Harry usaba ropa con colores desgastados y que apenas y le quedaba ya que era bastante larga.

–Oh, es ropa vieja de Ron –respondió Harry–. Lo único que tengo además de lo de Dudley. –Señaló rápidamente detrás de su hombro.

Sirius levantó una ceja y miró a tío Vernon con molestia, fácilmente comprendiendo la historia. Entonces se acercó para dar una mirada a la cocina, donde Dudley estaba ocupado consumiendo los cuartos de toronja de Vernon y Harry.

–¿Es el grande? –preguntó a Harry.

–¿Cuál grande?

Tío Vernon se puso morado, pero era lo suficiente inteligente para no decir nada enfrente de los magos.

–Cierto, nuevo plan: ve por tus cosas, y te voy a comprar un guardarropa completo… privilegio de padrino.

–¿Podemos desayunar primero? –preguntó Harry–. Lo único que tenemos aquí son toronjas. –Sirius ladró una carcajada.

–Podemos comprarte lo que tú quieras, Harry.

Harry no escuchó las palabras intercambiadas entre Sirius y sus parientes mientras terminaba de empacar su baúl. Quizás más palabras no fueron necesarias. Pero para cuando se fue, los tres Dursley estaban más pálidos y asustados que cuando Hagrid había llegado por él esa noche de julio.

Gracias a la influencia de la mamá de Harry y su propia fase de adolescente rebelde que nunca terminó, Sirius sabía cómo moverse en una tienda departamental, y siendo un hombre promedio, su paciencia para las compras era limitada, lo cual hizo que la compra del guardarropa fuera más soportable para Harry. Estaba feliz de finalmente tener ropa muggle que le quedara. Después de unas horas de eso, tomaron un descanso para almorzar en el Caldero Chorreante.

Lo bueno del mundo mágico era que ya que era tan pequeño, la mitad del tráfico entraba por un mismo par de puertas, así que era más que probable encontrarse con un conocido. En este caso, ese conocido fue...

–¡Hermione! –la llamó Harry. Se puso de pie para saludar a los Granger. Hermione se acercó a toda prisa y lo abrazó.

–Harry. ¿Estás bien? ¿Cómo se portaron los Dursley? ¿Ya te mudaste…?

Respira, Hermione –dijo Harry con una sonrisa.

–Lo siento –chilló ella. Pero aun así, notó que Hermione estaba sonriendo… sonriendo ampliamente y luciendo algo deslumbrada. Pensó que lucía como él se sentía después de haber ganado la copa de quidditch por primera vez. También estaba, extrañamente para el verano, usando una chaqueta de cuero que casi llegaba al suelo.

–Pues los Dursley no causaron problemas, excepto que Dudley estaba a dieta, así que todos tenían que estarlo –dijo Harry–. Y me mudé esta mañana, y Sirius insistió en comprarme un guardarropa nuevo, y aquí estamos.

–Sí, y tenemos un día ocupado esperándonos –agregó Sirius–. El Ministerio aún se siente culpable por encarcelarme, así que me dieron dos boletos para la Ceremonia de Apertura de la Copa Mundial de Quidditch esta noche.

–¡Por todos los cielos! –dijo Hermione con sorpresa–. Seguramente será muy divertido. Me metí mucho en el quidditch este año a través de las estadísticas. Le di mis predicciones a Fred y George en el tren.

–Oh, ¿quién crees que gane? –preguntó Sirius.

–Le doy algo de ventaja a Irlanda, pero Uganda, Bulgaria, y Perú lucen bastante bien.

–Mmm. Todos buenos equipos, por lo que he leído.

–Buen, diviértete esta noche, Harry.

–Gracias. ¿Y cómo has estado tú? Pensé que estabas castigada.

De algún modo, la sonrisa de Hermione creció aún más.

–Me quitaron el castigo –dijo–. Después de lo que recibí esta mañana, mamá y papá dijeron que podía comprar todas las cosas en mi lista.

–Dos semanas después de terminar el año –dijo Sirius–. Los resultados de los TIMOs, supongo. Estoy seguro de que sacaste una E.

–No exactamente –respondió ella, luciendo como el gato que se comió al canario.

–¿No exactamente? –dijo Harry frunciendo el ceño–. ¿Qué más podrías haber sacado?

–Mira por ti mismo. –Le entregó la carta de aspecto oficial. Harry la abrió y comenzó a leer:

Resultados del Título Indispensable de Magia Ordinaria

Calificaciones Aprobatorias

Extraordinario (E)

Supera las Expectativas (S)

Aceptable (A)

Calificaciones Reprobatorias

Pobre (P)

Desastroso (D)

Troll (T)

Hermione Jean Granger obtuvo:

Aritmancia E*

–¿E con asterisco? –dijo Sirius–. Nunca había escuchado de eso. ¿Es nuevo?

Pero su pregunta fue respondida por la carta adjunta a las calificaciones:

Querida señorita Granger:

La única razón por la que recibió una E en su examen de Aritmancia es porque no hay calificación mayor disponible. Una I por Increíble o una F por Fantástico quizás sería apropiado. Ha recibido la calificación más alta registrada en la versión actual del examen la cual fue implementada en 1950. Sólo en dos ocasiones en mi siglo de examinación de jóvenes magos y brujas he visto a una estudiante que se distingue de tal modo en una materia. La primera vez fue Albus Dumbledore, aunque la segunda persona no es muy conocido por nombre. La felicito por una verdaderamente extraordinaria presentación.

Creo que podría, si lo eligiera, pasar ahora su EXTASIS en Aritmancia con una A. Aunque estoy segura de que continuará con sus estudios, quizás debiera considerar hacerlo considerando su intención de retirarse de Hogwarts ya que una cualificación más avanzada podría ser útil para sus esfuerzos.

Sinceramente,

Griselda Marchbanks

Gobernadora del Tribunal de Exámenes Mágicos

–¡La mejor calificación en cuarenta años! –exclamó Sirius–. Eso es increíble y fantástico. Sabía que eras inteligente, pero eso es más de lo esperado.

–Qué buena noticia –dijo Harry–. ¿Vas a tomar el EXTASIS?

–Gracias –dijo Hermione–, y no, tomaré el equivalente francés, o veré si puedo tomar el EXTASIS por sí solo en dos años. No es tan impresionante como suena. Dado el tamaño de las clases de Aritmancia, apenas y es la mejor de mil, y siempre sacaba mejores calificaciones en matemáticas en la primaria.

–Pero la mejor de mil dos años antes –le recordó Sirius.

–Cierto… pero eso… –Comenzó a sonrojarse–. Esa no fue la única carta que recibí esta mañana.

–¿No fue? –dijo Harry. No tenía idea de que otro tipo de carta Hermione podría haber recibido.

Quizás su nuevo ensayo había sido aceptado en Anales en Aritmancia, pero resultó no ser el caso, no ese día por lo menos. Le entregó una carta nueva, esta claramente con más desgaste de viaje, con pergamino que estaba algo sucio. Para su sorpresa, el remitente era de India. Lo abrió y leyó:

Querida señorita Granger:

No me conoce, pero soy un rompe-maldiciones que trabaja para Gringotts en mi país natal, India, abriendo tumbas antiguas para acceder al tesoro dentro. Hace varios meses encontré su ensayo en Magizoología Mensual, 'Método para Bloquear los Efectos Dañinos de la Mirada de un Basilisco en Línea Visual Directa.' En caso de que no lo sepa, su ensayo fue reimpreso en los circulares de rompe-maldiciones en diciembre debido a su relevancia en nuestra línea de trabajo. Pensé que su método era bastante innovador y me sorprendió que tuvo la oportunidad de probarlo.

No se cuánto sabe sobre romper maldiciones, pero es una profesión peligrosa la cual requiere no sólo un conocimiento íntimo de la magia, pero de otros métodos de defensa. Las tumbas frecuentemente son protegidas por guardianes, ya sean seres, bestias, o espíritus, además de hechizos.

Y ahora, quiero agradecerle desde el fondo de mi corazón porque su trabajo ha salvado mi vida y la vida de mi compañero. Hace un mes, estábamos abriendo una tumba cerca de Haryana y descubrimos algunos indicadores de que un basilisco estaba presente. Esto es más común en India que en otros lugares y es una de las protecciones más peligrosas encontradas en tales tumbas. Normalmente procedemos en tales situaciones llevando un gallo con nosotros dentro de la tumba para poder matar al basilisco con rapidez, pero sugerí que también usáramos su técnica de los lentes azules.

Cuando entramos a la tumba, el basilisco fue alertado de nuestra presencia por nuestro aroma, y el gallo de inmediato resultó ser inefectivo. La bestia había sido dejada sorda. Nos sorprendió al deslizarse fuera de su nido y ambos fuimos expuestos a su mirada, pero aunque sufrimos un terrible dolor de cabeza, ambos permanecimos con vida y conscientes. El basilisco era un espécimen muy grande, de más de treinta pies de largo, pero eventualmente logramos matarlo usando una combinación de maldiciones y lanzas conjuradas, y su piel fue una gran adición a nuestra comisión.

No podemos pagarle lo suficiente por lo que su investigación hizo por nosotros, pero esperamos que acepte como agradecimiento una chaqueta de piel de serpiente, hecha de la bestia que nos atacó. Es tan fuerte como la piel de dragón y más valiosa, y puede ser ajustada para que le quede por cualquier sastre mágico. Le deseo suerte en sus futuros proyectos.

Namaste,

Ashoka Narahari

Harry miró con asombro a Hermione y examinó con más atención su abrigo nuevo. Lucía mejor de lo que hubiera esperado de algo hecho del monstruo horrible que había visto en la cámara de los secretos. Era de un elegante color verde oscuro con tonos marrones que combinaban con su cabello y aparentemente había sido curada para resaltar los patrones en las escamas, luciendo como una pitón enorme.

–Vaya –dijo Harry–. Es increíble. Y el abrigo luce bastante bien.

–Más que bien –dijo Sirius–. Yo diría que sexy una vez que lo ajusten de manera correcta. –Hermione sonrojó y el señor Granger lanzó a Sirius una mirada amenazante–. ¿Qué? –agregó–. Fui joven una vez. A los chicos les gusta el aspecto duro en una mujer. ¿No es así, Harry? –dijo dando un leve codazo a Harry.

–Por favor déjame fuera de esto –dijo su ahijado.

–Eh, gracias –dijo Hermione–. Ni siquiera es sobre el abrigo. Es maravilloso ver que mi trabajo está ayudando a las personas.

–¿Además de todas las veces que me salvaste? –dijo Harry.

–Bueno, eso también.

–Oye, ¿y qué pasó con el basilisco que matamos? –preguntó Harry.

–¡¿Qué?! –dijo Sirius.

–Oh, lo siento. Supongo que no has escuchado la historia completa.

–No, supongo que no –gruñó.

–Es una buena pregunta –dijo Hermione–. Supongo que sigue en la cámara de los secretos. Técnicamente es propiedad de la escuela, pero sería buena compensación por ser casi comidos por esa cosa. Con todos los problemas en los que te metes, Harry, te sería útil un abrigo de piel de basilisco.

El señor y la señora Granger lucían algo verdes ante la actitud de su hija.

–Bueno –dijo el señor Granger algo incómodo–, vamos al callejón Diagon a que ajusten ese abrigo y algunas otras compras.

–Iremos con ustedes –dijo Sirius–. Harry necesita nuevas túnicas de día… y quizás una chaqueta de piel de dragón. Es casi igual de buena. Y de camino, puedes decirme todo sobre cómo mataste a un maldito basilisco.

Harry sonrió a medias y Hermione le lanzó una mirada de disculpa.

Después de un tiempo incómodo contando su aventura al final de su segundo año, y al terminar sus compras en Madame Malkins y después Twilfitt y Tattings para algo más elegante, los Granger y Sirius y Harry se fueron por caminos separados. Dejaron el abrigo de Hermione para recogerlo en unos días, y para Hermione, lo siguiente en su lista era comprar lo que hacía falta en su kit de pociones, así como otros materiales para varitas de juguete, así que caminaron en dirección al boticario.

–Deberíamos de comprar algunos bloques de runas también, en caso de que queramos preparar algo este verano –dijo a sus padres. Los círculos de runas que ella y Ron habían diseñado en su primer año, tallados en bloques de madera y cargados con hechizos de una varita, estaban vendiéndose bien en el boticario a familias muggles. Esto no era sorprendente ya que permitían que tanto magos como muggles prepararan pociones sencillas sin el uso de una varita.

–¿Creen que es suficiente? –preguntó cuándo llevaron sus compras al cajero.

–Pues, eso depende de lo que quieres preparar, ¿no es así? –dijo el empleado.

La pregunta no había sido para él, pero Hermione lo dejó pasar.

–Lo sé –dijo–. Cada poción es diferente, pero considerando los hechizos usuales, esto debería de ser suficiente para unas cuantas.

–¿Tus padres han usado estas runas antes, niña? –preguntó el empleado.

–Sí. Los han usado –dijo Hermione con molestia.

–Bien, entonces. Quería asegurarme. Hemos recibido varias quejas de padres que no tienen cuidado y tienen accidentes.

–Pues, las conocemos bastante bien. Estas runas están basadas en mi ensayo en El Pocionero Practicante.

El empleado palideció un poco al escucharla.

–¿T...tu ensayo? –dijo.

–Sí.

–Eh, no lo patentaste de pura casualidad, ¿verdad?

–¿Patentar? Eh, no, nunca se me ocurrió… No hubiera pensado que era patentable. No es muy original. –Él se rio nervioso.

–Pues, si no fuera original lo hubiéramos vendido antes, ¿no es así? ¿Tienes lo que necesitas?

–Sí, eso creo –dijo Hermione sin prestar atención mientras organizaba las runas en grupos de hechizos similares–. No es un sistema muy eficiente –murmuró para sí misma–. O el más seguro. Sería mejor si vinieran… –se calló cuando una idea llegó a su mente mientras el empleado la veía con cautela.

–¿Disculpa? –dijo él.

–Nada, nada. –Dijo con una sonrisa. Creo que tengo una carta que escribir cuando llegue a casa, pensó.

Hermione se rehusó a contar a sus padres lo que estaba pensando hasta llegar a casa, sólo diciendo:

–Creo que encontré una manera de hacer algo de dinero extra.

Mientras tanto, fueron a Flourish y Blotts, donde compró las ediciones zurdas de El libro estándar de hechizos, años 1 a 4, para la confusión del cajero, junto a unos cuantos libros de magia francesa y Beauxbatons en particular. Después pagó una gran cantidad de dinero en la tienda de segunda mano por una varita rota de verdad, y después, fueron a su última parada del día, Ollivander.

El señor Ollivander era el mismo de siempre: un anciano con cabello blanco alborotado como el de Einstein y penetrantes ojos plateados como los de Luna Lovegood. Tenía un aire extraño y algo escalofriante a su alrededor, pero nadie negaba que era bueno en lo que hacía, y como resultado, vendía la mayoría de las varitas en Gran Bretaña.

El señor Ollivander estaba sentado en su estación de trabajo, examinando con atención a una varita a través de un lente de aumento, cuando entraron los Granger, y usaba una herramienta que Hermione ahora reconocía que era usada para tallar las pequeñas runas en la madera. Levantó la mirada al escuchar la campana sobre la puerta.

–Ah, Hermione Granger –dijo. Decía tener una memoria fotográfica, y Hermione le creía–. Que sorpresa. He seguido sus aventuras, señorita Granger. Muy impresionante. ¿Ningún problema con su varita, espero? Madera de vid y núcleo de fibra de corazón de dragón… diez pulgadas y tres cuartos… una combinación con gran potencial.

–Me ha servido muy bien, señor Ollivander –dijo contenta.

–Ah, excelente. Supe cuándo esa varita la eligió que era una joven que podía ver el mundo en maneras que nadie más podía.

–Oh, eso es bastante cierto –dijo Emma–, y ha causado bastantes problemas los últimos tres años.

–Ese es el caso con los mejores niños, Sra. Granger –dijo el señor Ollivander con una sonrisa–. ¿Y cómo puedo ayudarle?

-Pues, señor Ollivander –dijo Hermione–, esperaba que pudiera examinar unas cuantas varitas por mí.

–¿Oh? ¿Otras varitas? Bueno, supongo que puedo. Veamos, entonces.

Hermione no se molestó en mostrar la varita rota. Eso no era por lo que estaba ahí. Sin embargo, con la ayuda de Fred y George, había preparado otras dos varitas mientras estaban en la escuela que quería que fueran examinadas cuando tuviera la oportunidad. Entregó al señor Ollivander la primera, la que tenía el núcleo de una planta.

–De acuerdo, esto… bueno esto es sólo un juguete, señorita Granger –dijo, luciendo algo ofendido ante el truco.

–No realmente, Sr. Ollivander. Verá, yo la hice.

Sus cejas desaparecieron debajo de su cabello alborotado.

–¿Usted la hizo? –repitió.

–Sí. Bueno, unos amigos y yo. Examinamos un juguete para ver cómo estaba hecho y lo copiamos.

–Bueno, en ese caso, esto es un trabajo impresionante. Es igual a alguna que podría comprarse en una tienda por unos sickles.

–Gracias. Eso esperaba. Aquí está la segunda.

Ollivander la miró con rapidez para después tomarla y examinarla con más atención.

–Mmm… ajá… –dijo–. Abedul… y pelo de hipogrifo, creo. Ingredientes que yo no utilizo… buena calidad, por lo que puedo ver. Sin runas, por supuesto, pero… señorita Granger, ¿tiene interés en la creación de varitas?

–Algo. Estaba más interesada en el hecho de que las varitas de juguete son permitidas bajo la Restricción de Magia de Menores y me preguntaba si podría crear algo más poderoso que aún fuera permitido. Pero no sé si esa activaría la Traza. ¿Esperaba que pudiera decírmelo?

Ollivander la observó con su perturbadora mirada. Pareció pensarlo por un minuto antes de responder.

–Se lo diré, señorita Granger, ya que podría descubrirlo fácilmente por su cuenta: La Traza, la cual esta tallada en la red de runas del país, puede distinguir cuatro tipos de magia: humana, lo que quiere decir, magia accidental; magia no-humana, referente a los elfos domésticos y otras criaturas mágicas; magia con varita; y artefactos mágicos. Claro, una varita es un artefacto… un artefacto muy complejo con sutil voluntad propia, pero un artefacto. Para resolver este problema, el Ministerio entona la Traza para que responda a la huella mágica de un artefacto que produjo magia de una parte de una criatura mágica. Esto sólo aplica a varitas verdaderas y a algunos artefactos poderosos para los que necesita la mayoría de edad para poder adquirirlos.

–Ya veo. Eso tiene sentido… Excepto que, ¿no hay algunas varitas verdaderas con base en plantas?

–Ah, veo que ha investigado. Muy bien. Unas cuantas varitas verdaderas tienen núcleos de plantas, el más común, díctamo. Sin embargo, requieren runas adicionales que mimetizan el comportamiento mágico de las fibras de un animal para poder funcionar de manera correcta, así que aún son detectadas por la Traza de ese modo. Y con ese punto, me temo que su varita de hipogrifo alertará la Traza. Pero es un admirable primer intento –agregó–. ¿Qué sabe de la creación de varitas, señorita Granger?

–No mucho además de lo que aprendimos de nuestros experimentos, Sr. Ollivander. Las varitas tienen un núcleo mágico colocado entre dos piezas de madera de buena calidad, selladas con pegamento mágico, barnizadas, y claro, las varitas verdaderas tienen runas talladas en ellas. –Ollivander asintió.

–Un buen comienzo –dijo–. Un muy buen comienzo. Hay unos cuantos pasos más en el proceso, pero si quiere mejorar su trabajo, tiene que enfrentar un problema fundamental… –Sostuvo la varita entre sus dedos–. Esta no es madera mágica.

–¿No es madera mágica? –dijo ella con confusión–. ¿Qué quiere decir eso?

Cada parte de una varita verdadera debe ser mágica, señorita Granger. Y así como sólo una pequeña fracción de los humanos es mágica, solo una pequeña fracción de los árboles son mágicos. Aun si esta varita tuviera runas talladas, la madera no podría soportar el uso continuo por varios años, aunque de otro modo es de buena calidad. Se rompería o quemaría antes que el núcleo. –Hermione lo miró con comprensión.

–Claro, creo que lo entiendo ahora. Probamos nuestras varitas hasta fallar. Con una varita de juguete comprada, el núcleo se quemaba primero, pero con las nuestras, la madera explotaba. Eso era porque la madera no era mágica.

–Sí, eso sospecho. Los mejores juguetes usan madera con algunos niveles de magia.

–De acuerdo, ¿cómo se sabe cuáles árboles son mágicos?

–Oh, para juguetes, un simple hechizo de detección es bueno, pero un buen creador de varitas puede sentir con más profundidad con sus sentidos cuales árboles son mejores. –Hermione sonrió un poco.

–Estoy segura de que tiene muchos trucos como ese. Apuesto a que tiene su propia receta para el pegamento y barniz, y más.

–Naturalmente… y más que eso. La creación de varitas es un arte muy complejo. Todos los creadores de varitas que valen la pena tienen sus propias recetas y pueden adaptarlas dependiendo del tipo de materiales para ayudar a unirlos mejor. Una buena varita requiere por lo menos cuatro pociones. Explicaré el proceso de manera sencilla. Primero, madera y núcleo adecuados de calidad suficiente deben ser seleccionados, aquellos que funcionarán mejor juntos. La madera después debe ser tratada con una poción, a veces con más de una, para preservarla y hacerla más resistente a la magia. Al mismo tiempo, el núcleo debe de ser tratado con otra poción o pociones. La madera y el núcleo son unidos con el pegamento mágico, y entonces la runas son talladas… runas que son específicas para que la varita dé los mejores resultados. Finalmente, la varita es revestida con barniz que se repara solo para que pequeños rasguños puedan ser removidos con una sencilla pulida.

La mente de Hermione daba vueltas. Había mucho más en la creación de varitas de lo que había esperado, pero de algún modo, tenía sentido. Una de las varitas de Ollivander tenía que aguantar por lo menos diez mil veces más que los mejores juguetes, así que era normal que el proceso fuera optimizado para obtener la mejor calidad posible. Que ella y Fred y George hubieran logrado tal mejora era un gran logro, pero sólo era el comienzo de un largo camino. La verdadera pregunta era como podía mejorar las varitas con base en plantas sin alertar la Traza.

–Vaya. Bueno… gracias, Sr. Ollivander. Me ha dado mucho que pensar. Creo que tendré que realizar más experimentos –dijo. Sus padres se miraron con preocupación.

–Regrese si tiene más preguntas –dijo Ollivander con una sonrisa–. No es común conocer a alguien realizando un estudio independiente con tanto talento. Y aún sostengo lo que dije hace tres años: alguien con su perspectiva única en el mundo hará grandes cosas.


–¿Estás segura de esto, Hermione? –preguntó Emma mientras su hija agitaba una varita de juguete con núcleo de planta en su mano–. Sé que las runas no alertan la Traza, pero una varita es diferente.

–El Sr. Ollivander dijo que estaría bien –respondió Hermione–. Y si no, sólo recibiré una carta de advertencia. –Apuntó el juguete a una de las macetas–. Wingardium Leviosa.

Media hora después, ninguna carta llegó del Ministerio, y era claro que su teoría era correcta. No enviarían una carta por un simple juguete mientras no atrajera la atención con este.

–Genial –dijo–. Ahora puedo mostrarles los hechizos que he inventado. He estado ansiosa por mostrarles este –dijo a sus padres con una sonrisa. Apuntó al suelo con el juguete–. Lux Cohaerens.

–¿Inventaste un láser mágico? –dijo Dan con sorpresa mientras Crookshanks comenzaba a perseguir el punto rojo–. Eso es sorprendente. Quiero decir, si lo que he leído en tus libros de texto es alguna indicación, eso podría ser revolucionario en el mundo mágico.

Gracias, papá. Me alegro que alguien lo comprenda.